miércoles, 30 de enero de 2013

BESTIAS DEL SUR SALVAJE Poesía de garrafón

Título original: Beasts of the Southern Wild
USA 2012 92 min.
Dirección Benh Zeitlin Guión Lucy Alibar y Benh Zeitlin, según la obra de la primera Fotografía Ben Richardson Música Dan Romer y Benh Zeitlin Intérpretes Quvenzhané Wallis, Dwight Henry, Levy Eastesly, Lowell Landes, Pamela Harper, Gina Montana, Amber Henry, Jonshel Alexander, Joseph Brown Estreno en España 25 enero 2013

Con esta película el debutante Benh Zeitlin parece querer ingresar en el club que en los últimos veinte años han formado cineastas como Spike Jonze, Charlie Kaufman, Michel Gondry, Wes Anderson y Alexander Payne, empeñados en esa poesía de tienda de regalos, pretenciosa y antipática que, paradójicamente, ha conocido y saboreado la admiración incondicional a uno y otro lado del Atlántico, especialmente por cierto sector de la crítica que quiere ver en estos trabajos una mirada fresca, lírica y rejuvenecedora del cine americano. Por no hablar del éxito de este tipo de películas en festivales y certámenes; ésta por ejemplo ha sido bendecida en Cannes, Sundance y los Oscar. Hay quienes sin embargo no vemos más que impostura, poesía de garrafón y cursilería a partes iguales. En esta cinta asistimos a los efectos post apocalípticos que el huracán Katrina (aunque no se cita literalmente) ejerce sobre la ya de por sí miserable población de los márgenes del río Mississippi. Por supuesto que las gentes que lo habitan viven su miseria y su cochambre con un orgullo y una felicidad de esas de que vivo así porque quiero. Y en ese ambiente asistimos al proceso de madurez, otro más, de una niña poetisa (qué cosas llega a decir en off esta niña de 9 años) que soporta todos los males posibles: una madre que le abandona, un padre que le maltrata y una tragedia apocalíptica. Lo que parecía ser la comunión entre un ser inocente y creativo con la naturaleza y los animales, se degrada progresivamente en este manual de madurez en el que unos mastodontes prehistóricos renacidos por efecto del deshielo llegarán a postrarse ante su majestad la dichosa y, también hay que decirlo, preciosa niña, cuando ésta ha demostrado la valentía suficiente y alcanzado así definitivamente la madurez que le permitirá sobrevivir en un mundo implacable. Así las cosas lo que tenía que ser entrañable y sencillo se convierte en pretencioso y aburrido, a lo que hay que añadir el despropósito de nominar al Oscar a una niña de tan corta edad, cuyas excelencias interpretativas derivan de su encanto natural y personal y no del esfuerzo y trabajo que ha de ser objeto de tal reconocimiento; y menos mal que no han nominado a quien hace de padre, que ejercía de panadero antes de embarcarse en esta aventura cinematográfica. Si la cámara tiembla a menudo, la fotografía es granulosa y la música destila buen rollo, todavía nos mantenemos más en el margen de ese desgastado cine indie americano del que han bebido entre otros los realizadores antes mencionados. Este cine presuntamente mágico de cuento infantil ilustrado por Agatha Ruiz de la Prada es un poco tostón.

MOVIE 43 Algo pasa con Hollywood

USA 2013 97 min.
Dirección Elizabeth Banks, Steven Brill, Steve Carr, Rusty Cundieff, James Duffy, Griffin Dunne, Peter Farrelly, Patrick Forsberg, James Gunn, Bob Odenkirk, Brett Ratner y Jonathan van Tulleken Guión Steve Baker, Will Carlough, Jacob Fleisher, Patrick Forsberg, Matt Portenoy, Greg Pritikin, Rocky Russo, Jeremy Sosenko y Elizabeth Wright Shapiro Fotografía Frank G. DeMarco, Steve Gainer, William Rexer y Tim Suhrstedt Música Billy Goodrum Intérpretes Devin Eash, Adam Cagley, Mark L. Young, Hugh Jackman, Kate Winslet, Liev Schreiber, Naomi Watts, Austin Cope, Anna Faris, Chris Pratt, J. B. Smoove, Kieran Culkin, Emma Stone, Richard Gere, Kate Bosworth, Jack McBrayer, Aasif Mandvi, Justin Long, Jason Sudeikis, Uma Thurman, Bobby Cannavale, Kristen Bell, Leslie Bibb, Christopher Mintz-Plasse, Chloë Grace Moretz, Gerard Butler, Seann William Scott, Johnny Knoxville, Halle Berry, Stephen Merchant, Terrence Howard, Elizabeth Banks, Josh Duhamel Estreno en España 25 enero 2013

No se nos ocurre ningún motivo por el que un elenco tan amplio y atractivo de estrellas de Hollywood haya aceptado participar en este enésimo ejemplo de declive de la comedia americana perpetrado por los Hermanos Farrelly y algunos de sus incondicionales. Los seis millones de dólares que dicen que ha costado, gastos comerciales incluidos, no dan para el caché de la mayoría de sus famosos intérpretes. Hasta hoy solo Woody Allen lograba contratar tantos nombres ilustres a costa de que éstos bajasen su caché, obviamente las diferencias entre trabajar en una película de Allen y hacerlo en ésta saltan a la vista, así que habremos de pensar que en tiempos de crisis reírse de todo y de todos es más necesario que nunca; puede que por ello estos conocidos actores y actrices hayan pensado que así colaboran con algún tipo de ONG o algo parecido. Y la verdad es que no es difícil reírse con esta sucesión de cortometrajes que escenifican situaciones de auténtico delirium tremens. Escatología, adicciones, juegos, racismo, maltrato animal, citas a ciegas… todo en torno al sexo, la obsesión por el sexo a través de lenguajes y perversiones de lo más zafias y vulgares, nunca a través de la carne, que como ya se sabe se enseña poca (bueno, tan solo la de la iBabe, que es un reproductor musical con prestaciones muy particulares), y la que se enseña es postiza y se hace en los dos episodios dirigidos por Peter Farrelly, que de eso sabe mucho: Hugh Jackman enseña lo suyo en un lugar insólito de su anatomía, y Halle Berry muestra primero unos senos convencionales y más tarde otros enormes. Imaginen una chica que le pide a su novio que le haga sus necesidades encima, o un gato de dibujos animados haciéndole felaciones a su dueño, en un episodio que hace una clara alusión a la película Ted, la del osito chabacano... pues ya saben de qué va la cosa. No sabemos qué ha pasado en la exhibición del film para que la versión que se puede ver en Estados Unidos sea diferente a la que vemos aquí. El nexo entre los diferentes episodios en América es un guionista de Hollywood que propone diversas historias a un productor, a cual más descabellada, que no acaban de agradarle. Dennis Quaid, Greg Kinnear y Seth McFarlane intervienen en este episodio que sirve de enlace que no vemos en España, donde ha sido sustituido por unos adolescentes que deciden gastarle una broma a un hacker invitándole a que busque en la red la película más atrevida y prohibida de la historia. Pero los resultados no son ni tan atrevidos ni tan provocadores, salvo de risa inevitable y embarazosa, porque las historias propuestas son de auténtico análisis clínico. Como suele ocurrir en estas películas de episodios, unos merecen más la pena que otros, y en esta ocasión nos quedamos con el protagonizado por Naomi Watts en torno a la educación de su hijo adolescente, interpretado por el impagable Austin Cope con cara de desnortado.

martes, 29 de enero de 2013

EL CUARTETO Dos razones para emocionarse, nuestros mayores y la música

Título original: Quartet
Reino Unido 2012 95 min.
Dirección Dustin Hoffman Guión Ronald Harwood, según su propia obra teatral Fotografía John de Borman Música Dario Marianelli Intérpretes Maggie Smith, Tom Courtenay, Billy Connolly, Pauline Collins, Michael Gambon, Sheridan Smith, Trevor Peacock, Michael Byrne, Elina Powell, Luke Newberry Estreno en España 25 enero 2013

Dice Dustin Hoffman que se ha sentido tentado por la dirección en muchas ocasiones, pero no ha sido hasta ahora que por fin ha encontrado el momento y vehículo apropiados para hacerlo. Resulta sintomático sin embargo que lo haya hecho de la mano del cine inglés, y que el producto resultante haya logrado ese sabor y estilo tan eminentemente británicos. Menos raro es que la mayor parte del encanto de este entrañable film resida en sus espléndidos intérpretes, toda vez que siempre se ha dicho que nadie mejor para entenderlos que ellos mismos. Ronald Harwood, prestigioso guionista y ocasional dramaturgo al que le debemos títulos como El pianista, La escafandra y la mariposa, la adaptación de Oliver Twist que dirigió Polanski o Australia de Baz Luhrman, es el artífice de este guión en el que repara en los comportamientos de la gente de la farándula, como ya hizo en La sombra del actor, también protagonizada por Tom Courtenay, el hijo de Zhivago en el film de David Lean, y en Conociendo a Julia. En esta ocasión el punto de mira lo pone en los músicos clásicos, bien sean instrumentistas o fundamentalmente cantantes de ópera. La preparación del famoso cuarteto de Rigoletto, Bella figlia dell‘amore, por parte de cuatro ilustres internos de una residencia para mayores retirados del mundo de la música, el Hogar Beecham, en honor al legendario director de orquesta Sir Thomas Beecham, se convierte en la trama de una amabilísima película sobre el respeto a nuestros mayores, las segundas oportunidades y la templanza adquirida cuando la espera del desenlace final se convierte ya casi en una certeza. El tono elegante y encantador de la cinta, sin llegar nunca al empalago ni la cursilería, y el trabajo excepcional de los intérpretes, especialmente el muy matizado de la siempre grande Maggie Smith, logran un film emotivo y disfrutable que adopta como su mayor logro lanzar una mirada de respeto absoluto por nuestros mayores, que nos han inspirado e iluminado en ese difícil viaje que es la vida. Es como el lado amable de esa otra gran película sobre la ancianidad que tenemos en cartel ahora mismo, el Amor de Haneke. Aparte de Smith, Courtenay, Pauline Collins (Arriba y abajo, Shirley Valentine), Billy Connolly (Su majestad Mrs. Brown y las dos próximas entregas de El Hobbit) y el excéntrico Michael Gambon (Gosford Park, Harry Potter), el film tiene el acierto de contar entre sus secundarios con auténticas voces e instrumentistas de la lírica y la música en general británicas, con la soprano Gwyneth Jones a la cabeza dando vida sin prejuicios y con mucha frescura a una antigua diva rival de la protagonista incorporada por Maggie Smith. Muy oportuno por cierto que se estrene al comienzo del año en el que se conmemora el 200 cumpleaños de Verdi.

EL LADO BUENO DE LAS COSAS Regreso a la comedia romántica tradicional

Título original: Silver Linings Playbook
USA 2012 122 min.
Guión y dirección David O. Russell, según la novela de Matthew Quick Fotografía Masanobu Takayanagi Música Danny Elfman Intérpretes Bradley Cooper, Jennifer Lawrence, Robert de Niro, Jacki Weaver, Chris Tucker, Julia Stiles, Shea Whigham, John Ortiz Estreno en España 25 enero 2013

Cuando la comedia americana se ha devaluado tanto, logrando cotas de zafiedad y mal gusto que nunca hubiéramos imaginado en un género en el que se hicieron famosos gente de la talla de Cary Grant, James Stewart, Katharine Hepburn, William Powell o Myrna Loy, que se estrene un film capaz de devolvernos la fe en un cine que tanto nos hizo disfrutar, se convierte en un acontecimiento. El director de Tres reyes y The Fighter logra con ésta su película más simpática y humanamente más amable, con ayuda inestimable de un gran elenco de actores y actrices, recuperación incluida de un Robert de Niro menos histriónico y caricaturesco de lo habitual. No se trata más que de una comedia romántica con la dudosa particularidad de que sus protagonistas son unos desequilibrados sujetos incluso a medicación. En los 30 eso no era patología y no era raro que en una comedia, especialmente si la dirigía Capra o Hawks, los personajes fueran excéntricos y algo lunáticos. Ahora reside en este detalle la originalidad de un producto que se degusta con agrado, el que provocan sus atractivos intérpretes, un Bradley Cooper (Resacón en Las Vegas) que encuentra en este film su mejor oportunidad de lucir sus dotes interpretativas al margen de su atractivo físico, y una Jennifer Lawrence más hermosa que nunca, que ha sobrevivido triunfalmente al difícil paso de la juventud (Winter’s Bone) a la madurez vía artefactos de ciencia ficción (X-Men: Primera generación y Los juegos del hambre). Es cierto que hay exceso de histerismo en esta comedia, pero la ausencia de mal gusto y la gracia de prácticamente todo el reparto, junto a una impagable secuencia de baile casi al final, la hacen merecedora de los múltiples reconocimientos que está obteniendo, ocho nominaciones al Oscar incluidas. Respecto a sus intenciones más o menos didácticas en relación al desequilibrio mental y emocional y la difícil convivencia con quienes lo sufren, sus postulados y resultados son más bien previsibles y decididamente inofensivos. Finalmente resaltar la buena labor de Danny Elfman en la banda sonora, aunque se trabajo queda corrompido por una ingente cantidad de canciones en su mayoría nostálgicas.

EL VUELO Un dilema moral

Título original: Flight
USA 2012 138 min.
Dirección Robert Zemeckis Guión John Gatins Fotografía Don Burgess Música Alan Silvestri Intérpretes Denzel Washington, Kelly Reilly, Don Cheadle, Bruce Greenwood, Brian Geraghty, Melissa Leo, John Goodman, Nadine Velázquez, Tamara Tunie, James Badge Dale, Garcelle Beauvais Estreno en España 25 enero 2013

Doce años llevaba Robert Zemeckis sin dirigir un drama de ficción en imagen real. Desde Náufrago solo había realizado tres films de animación según la técnica del motion capture: Polar Express, Beowulf y Cuento de Navidad. Pero lo más llamativo no es que Zemeckis, el creador de Regreso al futuro, ¿Quién engañó a Roger Rabbit? y Forrest Gump haya regresado al cine de imagen real, sino que lo haya hecho por la vía del cine adulto que cultivó con menor éxito en Contact, Lo que la verdad esconde y la antes mencionada Náufrago. El vuelo se revela ya desde sus primeras secuencias, con desnudo integral frontal femenino, como un producto más novedoso e interesante dentro de la filmografía del carismático director. Con la ayuda del guión de John Gatins, quien antes había escrito Acero puro, producida por el propio Zemeckis, la historia plantea un dilema moral tan complejo como controvertido, por cuanto convierte a un piloto heroico capaz de salvar con una maniobra milagrosa a casi todo el pasaje de un avión sentenciado, en objeto de análisis ético y moral por su adicción a sustancias altamente nocivas para la salud. Tras unos cuarenta primeros minutos prácticamente irrespirables, en los que somos testigos de un casi inevitable y terrible accidente aéreo, la cinta se adentra en el drama con un gran sentido de la dosificación, el ritmo y la agilidad narrativa, recayendo sobre Denzel Washington gran parte de la responsabilidad dramática del film, algo que como es habitual el actor salva con éxito arrollador; y eso que el suyo es un personaje muy complicado que tiene que despertar simpatías y fobias a partes iguales, no precisamente un ejemplo sino más bien un catálogo de miserias. Alrededor suya surgen una serie de personajes que un magnífico elenco de secundarios consigue llevar a buen puerto, logrando que en conjunto el film despegue con holgura, algo a lo que tampoco es ajeno sus elegante y muy cuidado acabado formal y técnico. Sin duda el mejor drama filmado hasta el momento por un realizador especializado en fantasía.

lunes, 28 de enero de 2013

SENSACIONAL CONCIERTO DE SANTO TOMÁS EN LA ANUNCIACION CON LA BARROCA Y EL CONTRATENOR XAVIER SABATA

Concierto de Sto. Tomás: Historia de la infamia. Ciclo de contratenores. Xavier Sabata, contratenor. Solistas de la Orquesta Barroca de Sevilla. Programa: Sonatas para violín, Concerto a quattro y arias de Tamerlano, Faramondo, Giulio Cesare y Ariodante, de Haendel; Cantata Lasciami un sol momento, de Bononcini; Aria Vinto son dalla mia fede, de Ruggieri. Iglesia de la Anunciación, 28 de enero de 2013

Como debe ser, la máxima institución académica de la ciudad, su Universidad, ha sabido poner en valor las dos formaciones orquestales más importantes de Sevilla, la Sinfónica y la Barroca, agenciándoselas astutamente para sus celebraciones más emblemáticas, y encima funda un tercer conjunto sinfónico en colaboración con el Conservatorio Manuel Castillo, que desde su primera comparecencia pública no ha dejado de sorprendernos. En este concierto de Santo Tomás de Aquino, Ventura Rico tuvo unas emotivas y oportunas palabras en memoria del profesor de Derecho Internacional Juan Antonio Carrillo Salcedo, fallecido hace solo unos días, ocasión que aprovecho para sumarme a los merecidos homenajes que se le están rindiendo y corroborar la valía no solo profesional sino también humana de quien fue uno de los más entrañables y carismáticos profesores que tuve el privilegio de conocer en mis años de estudio en la antigua Fábrica de Tabacos.

Completando el ciclo de contratenores que inició la Barroca el pasado mes de octubre con Carlos Mena y continuó en noviembre con Gabriel Díaz, la celebración este año del patrón de los estudiantes tuvo un sabor especialmente festivo con la magnética y arrolladora participación del contratenor catalán Xavier Sabata. Con un programa magníficamente diseñado en torno al abrazo que en la ópera barroca, especialmente la de Haendel, se han dado el amor y el odio, la ambición y el poder – al fin y al cabo los roles de contratenor han girado habitualmente en torno a la perfidia y la infamia – el conjunto volvió a demostrarnos que los suyos no son solistas de una orquesta, sino más bien una orquesta de solistas. Solo así se explica que de una sola atacada podamos disfrutar de la brillante articulación y sensible fraseo de Andoni Mercero al violín en dos sonatas de Haendel, la expresividad en el chelo de Mercedes Ruiz y la sensibilidad en la flauta de Guillermo Peñalver en el Largo del Concerto a quattro del mismo autor, y el sobrio y elegante tañido de Juan Carlos Rivera al laúd, sin olvidar el inmejorable continuo de los clavecinistas Alejandro Casal y Carlos García-Bernalt y el contrabajista Ventura Rico, así como el ripieno de Valentín Sánchez y María Ramírez en los violines. Una formación de lujo que acomete cada pieza como si no hubiera otra igual, como si en sus manos descansaran gemas de incalculable valor que solo pueden ser tratadas con las mejores prestaciones y las atenciones más absolutas.

Con chaqueta negra de terciopelo, pajarita de lunares y un extraordinario sentido de la teatralidad se presentó Sabata, exhibiendo una voz de tan calculada como fascinante técnica, tan generosa en agilidades que casi podría llamársele el Bartoli de los contratenores, y con aspecto de disfrutar tanto escuchando Fangoria como cantando Haendel. De éste recreó arias feroces y crispadas como Nella terra in ciel de Tamerlano, Domeró la tua fierezza de Julio César, o Voglio che mora de Faramondo. Al mismo tiempo nos cautivó con su forma casi religiosa de entonar sentado un aria de Giovanni Maria Ruggieri, o de suspirar por el amor en la cantata Lasciami un sol momento de Giovanni Battista Bononcini o en un aria de Vivaldi que ofreció como propina. Moviéndose tan cómodo en los extremos más graves de su tesitura, especialmente al expresar rabia y sed de venganza, como en las extensiones más agudas, abordadas generalmente con sedosa dulzura en las piezas de mayor candor, Sabata controla perfectamente fiato, coloratura y la dosis adecuada de vibrato en un repertorio en el que no se debe abusar de él; y para rematar cambia de tono y color de forma abrupta en determinadas ocasiones, sin que el resultado se resienta más que para generar aún más fascinación y, en definitiva, sano espectáculo.

GARCÍA FULLANA Y GONZÁLEZ SANZ: DOS NUEVOS TALENTOS EN EL PANORAMA MUSICAL ESPAÑOL

El pasado viernes 25 de enero tuvimos oportunidad de reencontrarnos con el joven violinista Francisco Gª Fullana, que hace tres años se presentó en la Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza dentro del ciclo Jóvenes Intérpretes. Si ya entonces nos rendimos a la perfecta combinación de técnica y lirismo que caracteriza su estilo, en esta ocasión no hemos podido por menos que maravillarnos ante su espléndida recreación del Concierto de Sibelius, en un programa monográfico dedicado al compositor finlandés en el que la Orquesta de Radio Televisión Española interpretó también el primer movimiento de los cuatro que componen la suite sinfónica Lemminkäinen Op.22 y su Sinfonía nº 3.

La batuta de Adrian Leaper demostró ser una de las que mejor conocen y dominan el trabajo de los integrantes de esta orquesta, de la que ha sido director titular en varias temporadas. Su ductilidad para extraer toda la fuerza y el lirismo que contienen estas páginas musicales quedó patente en una dirección disciplinada, ágil, matizada y muy atenta a los ricos y profusos colores del estilo compositivo de Sibelius. Suntuosa y espectacular lució Lemminkäinen y las doncellas de Saari, acertando en encontrar el equilibrio perfecto entre el poema tonal de Liszt y la épica wagneriana. Por su parte la sinfonía destaca por suponer una transición entre sus dos primeras románticas y la más austera complejidad del resto; en ella el compositor desarrolló una gran cantidad de recursos armónicos y melódicos procurando utilizar un lenguaje sencillo y transparente, algo a lo que la excelente interpretación supo adaptarse adecuadamente.

La combinación de virtuosismo, claridad y cohesión que exige el Concierto para violín fue salvada satisfactoriamente por el joven mallorquín, heroico, íntimo y apasionado según lo demandan las notas en el pentagrama, con un equilibrado sentido de la gama dinámica y de la claridad en la articulación. Un concierto complicado y peligroso en el que muchos naufragan insuflándole un excesivo sabor romántico. Por el contrario el de Fullana fue un Sibelius sincero, emocionante, lleno de bravura, relieve y perfecta entonación, con cadencias espectaculares y un más que evidente entusiasmo puesto en cada una de sus notas.

Y si el violín nos cautivó en el Monumental, dos días después en la Sala Verde de los Teatros del Canal, también en Madrid, sería el piano de Emilio González Sanz el que nos dejaría un inmejorable sabor de boca con el Quinteto con piano Op.81 de Dvoràk. De inconfundible aroma bohemio, la pieza del compositor checo fue abordada por el cuarteto austriaco Adamas con enorme plasticidad y energía, además de una magnífica compenetración entre sus integrantes entre sí y con el joven pianista, tanto en la forma como en su esencia. Lo que más nos llamó la atención del soriano es su capacidad para mantener un equilibrio perfecto entre los pasajes más líricos y poéticos de la obra y los más enérgicos y feroces, pasando con una soltura magistral de unos a otros, sin sobresaltos ni estridencias, con una armonía y un sentido de la mesura realmente encomiables. Sobre el teclado la suya fue una interpretación en la que el control y el dominio de la partitura tuvieron un peso específico notable, sin fisuras ni dubitaciones, expresiva y a la vez henchida de una profunda y sincera emoción, además de un encomiable respeto por el trabajo de sus compañeros.

Antes el Cuarteto ofreció una página del compositor Erich Wolfgang Korngold, melódica, amable y elegante, como suele ser habitual en el compositor de bandas sonoras como El halcón del mar y Abismo de pasión y óperas como Violanta y La ciudad muerta. Se trata de su Cuarteto nº 2 Op.26, con el que los también jóvenes integrantes del conjunto de cuerda dieron rienda suelta a su flexibilidad y melodiosidad, rescatando toda esa elegancia y sensualidad que caracteriza la música tardoromántica de Korngold.

EL LEGADO DE WALT DISNEY El estreno absoluto de The Perfect American de Philip Glass coincide en Madrid con el musical El Rey León

Denuncia el filósofo y crítico cultural Ramón del Castillo, en su interesante pero no muy documentado artículo del programa de mano de The Perfect American, que el libro de Peter Stephan Jungk en el que se basa el libreto de Rudy Wurlitzer para la nueva ópera de Philip Glass, estrenada mundialmente en el Teatro Real de Madrid gracias a la amistad del compositor neoyorquino con Gerard Mortier, no acierta más que a esbozar la personalidad de Walt Disney, sin analizar el papel que su trabajo y su producto ha ejercido en varias generaciones de niños, a los que ha domesticado a su antojo, coartando a través de la fantasía su capacidad para generar precisamente fantasía.

Los postulados de Lincoln manipulados
por los esbirros de Disney
Más que interesarnos la figura de quien estuvo detrás de la creación de Mickey Mouse y el Pato Donald, si era misógino, negrero, racista o incluso fascista, y combinar esas acusaciones con las consabidas y también merecidas ovaciones, lo que de verdad importa es cómo esa personalidad debió cristalizar en un imperio que, invocando un mundo perfecto a imagen y semejanza de valores tan tradicionales como discutibles, ha marcado generaciones enteras de niños y niñas a un lado y otro del Atlántico. De eso no hablan ni Jungk ni Wurlitzer ni la música de Glass. Sólo una secuencia, porque en tales está estructurada este singular drama cantado, en la que el megalómano de Chicago discute con un muñeco biónico de Lincoln, movido por cables a su antojo, encontramos algún punto de crítica realmente efectiva a lo que supone la influencia de Disney en nuestro mundo y hábitos, centros comerciales incluidos. Y es que resulta curioso cómo hace unos días comentábamos que Spielberg ha perdido la oportunidad de hablarnos de un Lincoln insólito, fascinado por las proclamas sociales y filosóficas de Marx, algo que en la ópera de Glass es aprovechado para confrontarlo a un Walter Elias Disney cultivador de un sistema de producción que explotaba y exprimía sistemáticamente a los trabajadores.

La supuesta polémica que habría de generar esta nueva ópera del autor de Einstein on the Beach queda así reducida a pura anécdota. Ya lo avisaba Glass cuando los estudios Disney decidieron apartarle cualquier apoyo y él contestó que se dignaran a verla. Y es que efectivamente no habrían encontrado tanto motivo para condenarla, salvo quizás por el hecho de que su familia no respetara sus deseos de ser criogenizado y encima decidiera incinerarlo, puede que para asegurarse de que no volviera a molestar nunca más. Lo cierto es que aunque hace casi medio siglo que murió, su sombra es tan alargada que los productos Disney, salvo contadas ocasiones, siguen expidiendo un tufo rancio y reaccionario, tan poco conveniente para educar a nuestros niños y niñas en el respeto a la diversidad y en la libertad para elegir tendencias y comportamientos.

Los barítonos Christopher Purves y David Pittsinger
son Walt Disney y su hermano Roy respectivamente
Glass ha estrenado aquí, en Madrid, su nueva ópera, y van más de veinte, cuya música no defrauda a sus incondicionales, pero ni sorprende ni cautiva, simplemente es previsible y perfectamente intercambiable con cualquier otro de sus títulos, incluidas sinfonías y otros trabajos escénicos. Su escucha es agradable, reincidiendo en su pasión por marimbas, castañuelas, percusión y, sobre todo, cuerda en ostinato, con crescendi subyugantes y un esmerado trabajo en intriga y tensión. Pero no es ni más ni menos que más de lo mismo, servido con todo lujo de detalles por su batuta habitual, Dennis Russell Davies, bajo cuyas órdenes la Sinfónica de Madrid luce sus mejores prestaciones en timbre, precisión y agilidad. Más interesantes las partes corales, magníficamente recreadas por el Coro Intermezzo, que las vocales solistas, cuya escritura no da para grandes alardes, si bien a la vista de lo visto tampoco parece que el elenco elegido fuera muy capaz de afrontar agilidades y dificultades canoras.

Como no podía ser menos la dirección escénica se adapta intencionadamente al cine; no en vano la dramaturgia debe mucho a Ciudadano Kane, con recuerdos de la infancia incluidos… una granja llamada Marcelina que funciona como el Rosebud de Welles. Un escenario iluminado y elevado hidráulicamente y unas cortinas giratorias con imágenes proyectadas son el principal reclamo escénico de un espectáculo integral y satisfactorio en el que tampoco falta la danza, integrada en la trama a través de los espasmódicos movimientos de los dibujantes explotados por el caudillo Disney. Lástima que el vestuario resulte anacrónico, aparcado diez años antes de los que quiere representar, los últimos sesenta poco antes de morir el traumatizado protagonista.

El cantante y actor mexicano Carlos Rivera da vida
al joven Simba, protagonista del musical
Y mientras en el Real se analiza, ya hemos dicho que no muy acertadamente, la figura del megalómano empresario, a solo unos metros se representa, en la Gran Vía, uno de los últimos entramados basados en sus rancios postulados. Nada más y nada menos que la versión que de Hamlet perpetró el estudio hace veinte años y que desde hace algunos se ha convertido en uno de los éxitos del teatro musical más alabados de la historia del género. Y es que hay mucha gente que todavía no se ha dado cuenta de que El rey león, las aventuras del leoncito hijo del rey de la selva que pone imprudentemente en peligro la continuidad dinástica, solo bajo cuyo dominio y orden pueden girar el orden social y natural de la vida, encierra todo un evangelio sobre la sumisión, la jerarquía y la diferencia de clase y casta; en definitiva el enaltecimiento del ser superior y el aplastamiento de sus reaccionarios. Traición, muerte y venganza siguen siendo los pilares de este controvertido y erróneamente considerado cuento para niños, para formarles en el mantenimiento de un orden de cosas, ahora en clave de musical.

No se puede negar que el esfuerzo de producción es extraordinario en cualquiera de las plazas en las que se viene representando, porque en todas cuenta con la supervisión de Julie Taymor, una superdotada realizadora de escena y cine, que ha demostrado con creces su capacidad creativa y plástica por ejemplo en películas como Titus, Frida, Across the Universe y La tempestad. Magníficos el vestuario y la iluminación, el juego de marionetas, los artificios ideados para recrear los animales de la selva africana, y la eficaz y dinámica escenografía. Estupenda también la coreografía y demás movimientos escénicos, dentro y fuera del escenario. Las habilidades canoras de los intérpretes son en general satisfactorias, aunque las de algunos son evidentemente más espectaculares que las de otros, en un elenco que aglutina talentos españoles, africanos y americanos a partes iguales. Excelente también la dirección musical, si bien no nos atrevemos a dar nombres porque cambian de una función a otra sin que se especifique.

Sin embargo la partitura no acaba de convencernos; ni las canciones de Elton John y Tim Rice y la música de Hans Zimmer y Lebo M rescatadas de la película, ni el nuevo material de Mark Mancina, Jay Rifkin y la propia Julie Taymor, terminan de cuajar para nuestros gustos; lo que añadido a que se trata de un soporte para las habituales proclamas reaccionarias de los peores productos Disney, tenemos que terminar asegurando que a pesar de sus calidades y excelencias, es éste un musical que no cuenta con nuestro agrado.

jueves, 24 de enero de 2013

ORQUESTA SINFÓNICA CONJUNTA DE LA UNIVERSIDAD Y CONSERVATORIO DE SEVILLA: APOSTANDO POR UN BUEN PROYECTO

Orquesta Sinfónica de la Universidad de Sevilla y el Conservatorio Manuel CastilloJosé Manuel Martínez, violín. Juan García Rodríguez, director. Programa: Concierto para violín y orquesta nº 3 de Schnittke; Serenata nº 2 Op.16 de Brahms. Auditorio de la E.T.S. de Ingeniería, miércoles 23 de enero de 2013

José Manuel Martínez Melero
Estos duros tiempos han malogrado algunos de los proyectos que han germinado en los últimos años, como el Ensamble Nueva Música o la recuperación de la Bética Filarmónica. No parece de momento que vaya a pasar lo mismo con esta joven formación que tantas satisfacciones nos dio en la pasada temporada y en el arranque de ésta con un estupendo Cosí fan tutte.

La estructura de este primero de dos conciertos a celebrar en su sede habitual vuelve a combinar obras contemporáneas con otras de marcado carácter clásico y romántico. Schnittke, uno de los más importantes compositores tardosoviéticos y prolífico autor de bandas sonoras, apenas ha sido programado en esta ciudad. Cultivador de un modernismo moderado y de un estilo ecléctico que él denominó poliestilismo, su concierto para violín nº 3 con orquesta de cámara cuenta con sobradas ocasiones para ofrecer tanto sonidos aristados como más líricos e intensamente emocionales. José Manuel Martínez logró transmitir ambas vertientes, defendiéndose con sobrada solvencia, mucho entusiasmo y una perfecta compenetración con la batuta siempre inquieta de García Rodríguez, que hizo brillar matices y colores de forma muy satisfactoria.

Las serenatas de Brahms, sus primeras obras orquestales, son poco frecuentadas; sin embargo ya pudimos disfrutar de ellas la pasada temporada de la ROSS, dedicada al compositor alemán. De la segunda, que prescinde de violines, los jóvenes ofrecieron una versión amable pero imprecisa e insegura, de tempi rápidos y efectivos reducidos que acentuaron su carácter de divertimento en homenaje a los autores del clasicismo.

Nota: El concierto estuvo dedicado por sus compañeros y compañeras a José Antonio Pérez Madrigal, fagotista de la orquesta fallecido repentinamente el pasado verano.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 25 de enero de 2013

domingo, 20 de enero de 2013

DJANGO DESENCADENADO Western vintage

Título original: Django Unchained
USA 2012 165 min.
Guión y dirección Quentin Tarantino Fotografía Robert Richardson Intérpretes Jamie Foxx, Christoph Waltz, Leonardo DiCaprio, Kerry Washington, Samuel L. Jackson, Walton Goggins, Dennos Christopher, Don Johnson, James Remar, James Russo, Franco Nero, Russ Tamblyn, Don Stroud, Nichole Galicia, Laura Cayouette, Jonah Hill, Ted Neely, Quentin Tarantino Estreno en España 18 enero 2013

Tarantino insiste en revisitar géneros cinematográficos algo olvidados, como el black explotation en Jackie Brown, las artes marciales en Kill Bill, la aventura bélica en Malditos bastardos y ahora el spaghetti western en esta cinta que toma su nombre de un film de Sergio Corbucci de 1966 protagonizado por Franco Nero, que por cierto y por ese motivo tiene un papel coyuntural en esta película. Coincide en su estreno con una película con la que guarda varias similitudes, Lincoln, ambas dirigidas por intocables de Hollywood, con varias nominaciones al Oscar, que nos hablan de esclavitud, se ambientan en una misma época y rescatan en sus repartos a viejas glorias difíciles de identificar debido a la compleja caracterización de sus personajes. Aquí, de hecho, cuesta reconocer a Russ Tamblyn (Siete novias para siete hermanos, West Side Story), Don Stroud (Joe Kidd, Mamá sangrienta), James Remar (The Warriors, Cotton Club) o Ted Neely (Jesucristo en Jesucristo Superstar). El tono naturalmente es muy diferente, y donde en el film de Spielberg hay seriedad e incluso gravedad, aquí hay guasa, broma y, por supuesto, mucha sangre. Pero resulta tan efectiva y desarmante en su objetivo como el fresco del Rey Midas, que no es otro que reflejar y denunciar el dolor humano infringido por el propio hombre a sus semejantes. No en vano el protagonista se erige en una especie de Sigfrido en busca de su Brunilda, como en El anillo del nibelungo, acompañado en su cruzada por un alemán desprejuiciado racialmente. Es decir, alemanes combatiendo contra el mismo horror que ellos mismos provocaron un siglo después a través del genocidio judío, Nadie está a salvo, es la historia de la humanidad, esclavitud, nazismo, terrorismo, violencia en definitiva. Tarantino traduce su análisis al lenguaje que mejor maneja, el de la violencia tan exagerada y descarnada que no molesta (salvo en su debut en Reservoir Dogs, que era insufrible y obscena), y rescata un género al que siempre se le ha visto muy unido, especialmente por la sistemática utilización de música de Morricone en sus películas, que por fin en ésta se digna a componer una canción original. Consciente de que, Leone aparte, aquellas películas que se rodaban en Almería hoy resultan demasiado ingenuas para un público acostumbrado al montaje frenético, el sonido apabullante y los guiones enrevesados, opta por actualizar el género no con esos ingredientes sino con una comicidad extraordinaria, que en ocasiones le acercan a películas como Sillas de montar calientes de Mel Brooks; porque la comedia siempre es bien recibida, quita hierro y a través de ella se pueden decir muchas cosas y que lleguen al espectador. Es como la moda vintage, se toma algo anticuado y se actualiza para adaptarse a las nuevas mentalidades. Su desmesurado metraje, casi tres horas, no pesan gracias a un ritmo y sentido narrativo ágil y divertido, mientras el realizador mima a sus intérpretes y logra de ellos unos trabajos impecables; empezando por el imprescindible Christoph Waltz, que ya logró un Oscar como mejor secundario por Malditos bastardos, y que aquí crea un personaje antológico y de aristas muy definidas, y siguiendo con DiCaprio y un muy caracterizado Samuel L. Jackson. Claro que en estos tres casos estamos hablando de unos personajes muy suculentos en los que la comicidad juega un papel relevante, mientras Jamie Foxx se hace menos receptor de elogios debido a que el suyo es un personaje menos agradecido, más serio y controvertido, y sin embargo luce magistralmente. Por último hay que destacar la habilidad de Tarantino para poner en escena secuencias espectaculares y violentas y combinarlas con otras puramente teatrales, en las que el diálogo juega un papel crucial, con igual efectividad, como todas las que transcurren en el interior de Calvielandia.

sábado, 19 de enero de 2013

LINCOLN Una aproximación clásica y parcial a un gran humanista

USA 2012 150 min.
Dirección Steven Spielberg Guión Tony Kushner, John Logan y Paul Webb, según el libro “Team of Rivals: The Political Genius of Abraham Lincoln” de Doris Kearns Goodwin Fotografía Janusz Kaminski Música John Williams Intérpretes Daniel Day-Lewis, Tommy Lee Jones, Sally Field, Joseph Gordon-Levitt, David Strathairn, Tim Blake Nelson, James Spader, Lee Pace, Jackie Earle Haley, Hal Holbrook, John Hawkes, Bruce McGill, Jared Harris Estreno en España 18 enero 2013

La figura del decimosexto presidente de Estados Unidos ha sido llevada a la pequeña y gran pantalla en varias ocasiones, y pocas para hacer un recorrido completo y exhaustivo por su vida; mayoritariamente se han centrado en episodios concretos de la misma. Es lo que le ocurre a este proyecto tan querido de Spielberg, que setenta años después parece querer convertir en trilogía el magnífico díptico que sobre el hombre como ser humano y político realizaron John Ford y John Cromwell en El joven Lincoln (1939) y Lincoln en Illinois (1940). En la primera Henry Fonda daba vida al joven abogado que se va adentrando poco a poco en la política, y en la segunda Raymond Massey se enfrentaba al personaje desde donde lo dejó Ford hasta su elección como presidente. Para ver su vida como un todo habría que remontarse a 1930, cuando D.W. Griffith la llevó a la pantalla un poco a trompicones y atropelladamente en Abraham Lincoln, con Walter Huston, el padre de John, precisamente dándole vida; o la serie de televisión de 1988 en la que Sam Waterston y Mary Tyler Moore interpretaban a unos convincentes Lincoln y Mary Todd. Spielberg se centra en los últimos coletazos de la carrera política del venerado presidente, una etapa crucial en la que se enfrentó a su reelección, el final de la cruenta Guerra Civil, la unificación del país, el trastorno psicológico de su esposa y especialmente la aprobación de la decimotercera enmienda, aquella que permitió abolir la esclavitud en Estados Unidos, cuestión en la que prácticamente se centra toda la carga narrativa del film. Y para este desafío el popular realizador cambia de registro, al menos en gran parte de su metraje, con el fin de rendir pleitesía absoluta a un personaje tan complejo como el retratado, y a ser posible hacerlo al más puro estilo clásico no de Hollywood sino de las tragedias grecolatinas y sus influencias en el teatro shakespeariano. Encontramos por lo tanto a un Spielberg centrado más que nunca en sus actores y volcado en la inmensa intelectualidad de su guión, firmado por Tony Kushner, autor del de Munich y de la celebrada obra teatral Angels in America. Plagado de sesudas disquisiciones sobre los entresijos de la política, las trampas y argucias para alcanzar un fin, en este caso tan loable como la abolición de la esclavitud, el texto contribuye significativamente a que cueste entrar en la trama, a lo que tampoco es ajeno el hecho de que viniendo de Spielberg sorprenda que haya prescindido del gran espectáculo para centrarse en el intimismo de la Casa Blanca y el Senado. Lincoln es César y también es Enrique V cuando se pasea a caballo por el campo de batalla de Gettysburg repleto de cadáveres de hombres jóvenes, como el personaje de Shakespeare lo hacía por Agincourt. No es hasta casi el final que asoma el auténtico Spielberg, el que fluye con su natural tendencia a la emoción grandilocuente y efectiva y abandona la contención y la veneración extrema que ha mostrado a lo largo de dos horas insólitas en su filmografía, aunque para entonces los episodios restantes hasta llegar al anuncio de su asesinato se suceden demasiado rápidos; por cierto, para conocer lo que aconteció a partir del magnicidio remítanse a la espléndida película de Robert Redford La conspiración. Pero Lincoln, aun siendo un trabajo estimable y meticuloso, en el que el mismo equipo técnico y artístico del director, desde el montaje de Michael Khan a la fotografía de Janusz Kaminski pasando cómo no por la música de John Williams, parecen haberse relajado para ofrecer su faceta más contenida y austera, es una película que acaba caracterizándose más por sus ausencias que por lo que cuenta. Y no por centrarse sólo en una etapa de su vida política y personal, sino porque atiende casi exclusivamente a esa meta de la que los americanos se sienten tan orgullosos como es el fin de la esclavitud de la población negra. Tan sensible a la causa que ya es la segunda vez que la refleja en su filmografía tras Amistad, Spielberg es también un reconocido admirador y seguidor de Obama, el presidente que culmina esa larga y tortuosa lucha por los derechos civiles de los negros, pero que de momento se revela incapaz de cambiar el orden social y económico anclado en el país, hundido todavía en sus perjuicios anticomunistas y su imperialismo capitalista. Lincoln destacó como ferviente defensor de los derechos humanos y de los derechos sociales, para quien el verdadero equilibrio de una nación y la auténtica democracia pasaba por el control del producto y del capital por los propios trabajadores. Y eso en Estados Unidos y por extensión en el resto del Mundo occidental no se ha sancionado, y los trabajadores siguen siendo timados, robados y ultrajados allí, aquí y en todas partes. Eso no interesa a América ni a su historia, y de eso no se hace eco el aclamado film de Spielberg. Él retrata a un hombre grande pero con debilidades, pero olvida que su grandeza era aún mayor y más revolucionaria, aunque a la vez más incómoda para los intereses creados. Lincoln está bien realizada, muy bien interpretada, cuidada en todos sus aspectos técnicos, y escrita con una concisión magistral y un estilo eminentemente intelectual, pero su discurso no llega a atrapar suficientemente, y sobre todo prescinde de muchos datos de interés, porque al fin y al cabo lo de la esclavitud es una vergüenza nacional, pero lo de los trabajadores lo es mundial, y en eso sí que fue un revolucionario y finalmente un marginado. A Lincoln seguramente no le habría gustado la película de Spielberg.

viernes, 18 de enero de 2013

PERIANES EN UNA ATMÓSFERA ESCANDINAVA

6º Concierto de abono XXIII Temporada. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Javier Perianes, piano. Ari Rasilainen, director. Programa: Cantus Arcticus Op.61 de Rautavaara; Concierto para piano y orquesta nº 1 Op.11 de Chopin; Sinfonía nº 5 Op.82 de Sibelius. Teatro de la Maestranza, 17 de enero de 2013

El pianista onubense Javier Perianes
Aún conmocionados por el excelente disco que de varias sonatas de Beethoven ha grabado Javier Perianes, asistimos a la primera actuación de su temporada en Sevilla como artista residente de la ROSS y el Teatro de la Maestranza. Su genialidad está ya fuera de toda discusión, aunque no todo lo que toca tiene necesariamente que traducirse en excelencia. De hecho percibimos en su entregada interpretación del Concierto nº 1 de Chopin una muy calculada búsqueda de sensibilidad a través del rubato, el gesto reposado y la delectación ante el teclado, que a veces se tradujo en un sonido demasiado dulzón, si bien mostró en todo momento un enorme sentido del equilibrio, sin sobresaltos ni arrebatos, pasando con elegancia y sin excesos de los momentos más virtuosísticos, que en el caso de Chopin y por exigencias de su época son abundantes y muy complicados, a los más relajados y rapsódicos. Acentuó el carácter melancólico del segundo movimiento pero faltó más ebullición en la danza del movimiento final. Dicho sea esto por no ser del todo complacientes con quien a estas alturas cuenta con toda nuestra admiración y respeto por tantas buenas sensaciones regaladas, como la extraordinaria Serenata Andaluza de Falla que ofreció como propina.

El director finlandés Ari Rasilanien
Ari Rasilanien acompañó a Perianes controlando el sonido, tan sutil como hermoso, en la misma línea etérea y dulcísima que ya había cultivado en la obra con la que dio comienzo el concierto, el Cantus Arcticus de su compatriota Einojuhani Rautavaara, una de las pocas voces contemporáneas que tendremos ocasión de escuchar este año en los atriles de la ROSS. Aunque la suya es una voz anclada en la tradición neoromántica, de fácil escucha y disfrute, como en esta pieza que mezcla el canto de los pájaros de las cinénagas, el gorjeo de las alondras y el sonido de los cisnes emigrando con una sutil pátina orquestal apoyada fundamentalmente en la cuerda, que exige la precisión, el control de dinámicas, la sugestión y la calculada tensión que la batuta acertó a impregnar en los efectivos orquestales. Una obra que termina convirtiéndose en una experiencia como las que se viven en las salas multimedia de los parques temáticos.

Haciendo honor a su condición de paisano de Rautavaara y Sibelius, logró con la Sinfonía nº 5 de este último una interpretación etérea y equilibrada, de atmósfera relajante y misteriosa, donde la orquesta volvió a mostrarse sutil, y donde se pudo apreciar magníficamente los procesos evolutivos y la interacción entre las familias instrumentales, alcanzando una dimensiones extraterrenales. Los metales, que en Chopin lucieron verbeneros, en la pieza del finlandés se mostraron majestuosos.

jueves, 17 de enero de 2013

EL MUERTO Y SER FELIZ Don Quijote de la Patagonia

España-Argentina-Francia 2012 94 min.
Dirección Javier Rebollo Guión Lola Mayo, Javier Rebollo y Salvador Roselli Fotografía Santiago Racaj Intérpretes José Sacristán, Roxana Blanco, Valeria Alonso, Jorge Jellinek, Lisa Caligaris, Fermí Reixach, Vicky Peña, Carlos Lecuona

Quienes hayan visto los anteriores trabajos de Javier Rebollo, Lo que sé de Lola y La mujer sin piano, no se sorprenderán con su voz contracorriente y ambiciosa de personalidad propia. Rebollo es el tipo de cineasta que conviene a una cinematografía para salirse de la línea impuesta y convencional y permitir así algo de variedad en un panorama cada vez más absorbido por este mundo globalizado en el que vivimos. Por eso su particular universo narrativo no es apto para todos los gustos; en esta ocasión una latosa voz en off, a veces dos, va describiendo todo lo que vemos y lo que no vemos pero podríamos intuir si la dichosa voz no se adelantara. El resultado es un distanciamiento tal con esta historia mínima, género originado en cinematografías como la uruguaya, a la que va dedicada el film, y argentina, donde se desarrolla la trama, que nos impide involucrarnos y casi ni interesarnos por lo que le ocurra al asesino a sueldo terminal que interpreta José Sacristán. El actor está pidiendo a gritos que le den el Goya, seguramente convencido de que es uno de los mejores intérpretes que ha dado España y todavía no se lo han reconocido con el galardón más preciado de nuestro cine. Y es principalmente por eso por lo que nos hemos atrevido a ver el film, constatando sin embargo que la suya no es una interpretación antológica aunque supere los habituales niveles de dignidad, y que si finalmente logra el premio será más por su trayectoria profesional que por este trabajo en concreto. Rebollo coloca a su personaje recorriendo sin rumbo una Argentina rural y deprimida poblada de gente humilde y feliz, atiborrado de analgésicos, confundiendo a menudo ficción y realidad y enfrascándose en aventuras imposibles. Una suerte de Don Quijote moderno, asesino en lugar de caballero, y a quien no le falta su Sancho Panza, una mujer que encuentra en el camino y que le ayudará a mantener los pies en el tierra. No está mal la intención y no resultaría insufrible la historia y su pobre puesta en escena si no fuera por la insoportable voz narradora que todo lo subraya y en un tono además tan pedante; hemos de suponer que esto también forma parte de ese paralelismo con el personaje de Cervantes que le adivinamos.

miércoles, 16 de enero de 2013

LOLA VERSUS La inmadurez sentimental

USA 2012 87 min.
Dirección Daryl Wein Guión Daryl Wein y Zoe Lister Jones Fotografía Jacob Ihre
Música Fall On Your Sword Intérpretes Greta Gerwig, Joel Kinnaman, Zoe Lister Jones, Hamish Linklater, Bill Pullman, Debra Winger, Ebon Moss-Bachrach, Cheyenne Jackson Estreno en España 11 enero 2013

En apenas unos mese hemos visto varias veces en el cine a Greta Gerwig, primero en A Roma con amor de Woody Allen, después en Damiselas en apuros de Whit Stillman (que en Sevilla no tuvo estreno comercial) y ahora en esta nueva comedia romántica de vocación claramente indie. El carisma cómico de la actriz se hace más patente en esta simpática pero intrascendental película en la que interpreta a una joven abandonada por su novio de toda la vida a pocos días del matrimonio. Lo que podría haber dado lugar a un drama existencial sobre el abandono, la rabia y la desorientación ante la dependencia de alguien que ya no te ama, se convierte en una sucesión de episodios sobre aprender a vivir de nuevo en soledad, salir a ligar y aprovechar las nuevas oportunidades que brinda la vida cuando un golpe de efecto cambia todos nuestros planes. Lo que parece más incoherente en la cinta es la obsesión del antiguo novio por recuperarla y la reticencia de ella a retomar la relación, pero ya se sabe que en comportamientos humanos todo cabe; además es precisamente ese detalle lo que hace que el film sea más interesante, por cuanto huye de lo lógico y previsible para profundizar en un proceso de maduración que es a todas luces lo que interesa a su joven realizador. Y es que una vez más estamos hablando de jóvenes entrando en la treintena que viven cómodamente en una ciudad con tantas posibilidades como Nueva York, en magníficos lofts o áticos, disfrutando de un elevado estatus intelectual y trabajos muy reconocidos, y que sin embargo muestran escasa madurez en cuestiones sentimentales. Lola no es que esté en contra de todo y todos, sino que se sumerge en ese proceso de madurez para afrontar los palos de la vida con más optimismo y desde luego con una mejor y mayor perspectiva. El guión lo firma quien en la película se reserva el papel de amiga un poco mamarracha de la protagonista, mientras se agradece reencontrar a la gran Debra Winger disfrutando de una esplendorosa belleza de madurez, acompañada del peor envejecido Bill Pullman.

martes, 15 de enero de 2013

RICHARD RODNEY BENNETT: SENTIDO Y SENSIBILIDAD BRITÁNICA

La pasada víspera de Navidad falleció en Nueva York el compositor británico Richard Rodney Bennett, conocido especialmente por sus trabajos para el cine, en el que destacan títulos como Asesinato en el Orient Express o Cuatro bodas y un funeral. Queremos por ello dedicarle un homenaje en forma de semblanza y una selección musical de algunos de sus trabajos más relevantes para la gran pantalla.

Bennett nació en el condado de Kent en 1936; su madre era miembro del coro que estrenó Los Planetas de Holst, y su padre autor de libros infantiles; se licenció en la Royal Academy of Music en 1965 y perfeccionó sus estudios en París con Pierre Boulez, formándose en el dodecafonismo y en corrientes como el Serialismo y el Simbolismo, a pesar de lo cual en su música apenas se refleja el estilo vanguardista y rompedor de su maestro. Él prefirió cultivar un estilo romántico e inconfundiblemente melódico en todos los géneros que cultivó a lo largo de una fructífera carrera en la que compuso más de doscientas piezas de concierto y cincuenta bandas sonoras para cine y televisión. También fue un consumado pianista de jazz, acompañando a artistas de la talla de Cleo Laine, Marion Montgomery, Claire Martin, Annie Ross o Chris Connor. Y por si fuera poco también hizo sus pinitos en pintura, a través del arte del collage, y posó en diversas ocasiones como modelo escultórico. Su afición por las artes en general se debió seguramente a una sensibilidad especial marcada por su homosexualidad, lo que le llevó a ser considerado una persona muy elegante e influyente en los circuitos gays. En 1998 fue nombrado Sir.

En 2011, coincidiendo con su 75 cumpleaños, se sucedieron conciertos con su música a todo lo largo y ancho del Reino Unido, desde su suite para Asesinato en el Orient Express en los Proms, hasta su Great American Songbook con arreglos de clásicos americanos como Cole Porter, George Gershwin o Richard Rodgers, pasando por su Jazz Calendar o su Sonata inspirada en el Syrinx de Debussy. Muestras todas ellas de una gran versatilidad en la que tienen cabida tres sinfonías, conciertos para varios instrumentos, como el que compuso para el saxo de Stan Getz y que éste no pudo estrenar por fallecer antes, varias óperas, música coral y mucha música de cámara. Su habilidad y prestancia al piano le llevó a ser reclamado por Boulez y Stockhausen para estrenar algunas de sus obras, como las Estructuras 1a del primero. Algunas de sus propias obras, las menos, acusan esta influencia vanguardista, como su ópera The Mines of Sulphur, su Concierto para piano para Stephen Kovacevich o su Concierto para guitarra para Julian Bream. Su trabajo como pianista y cantante de jazz tuvo  su origen en su etapa de estudiante, cuando tocaba en clubs nocturnos para conseguir algún dinerillo extra. En los 70 sus actuaciones en el foyer del Hotel Algonquin de Nueva York se hicieron míticas, y en los 90 recorrió escenarios de todo el mundo con un espectáculo-cabaret.

Gran aficionado a la música de cine desde muy joven, aseguraba que la etapa dorada de la banda sonora fueron los años 30, cuando compositores de la talla de Prokofiev, Shostakovich, Britten, Hindemith o Poulenc escribieron para el medio. Bennett compuso frecuentemente para la televisión, destacando trabajos como Sherlock Holmes en Nueva York (1976) o The Tale of Sweeney Todd (1997). Tender Is the Night (Suave es la noche) es una miniserie de televisión de 1985 que adaptaba la novela de Scott Fitzgerald ya llevada el cine en 1962 por Henry King y con música de Bernard Herrmann. Peter Strauss, Mary Steenburgen y Sean Young estaban entre sus protagonistas, y contaba la decadente vida de los ricos americanos en la riviera francesa durante la época de la Gran Depresión. El tema principal, interpretado por Rumon Gamba y la Filarmónica de la BBC, es un delicado foxtrot que sirvió de sintonía al programa Pantalla Sonora que emitimos en Radiópolis hasta diciembre pasado. Entre sus primeras bandas sonoras destacan Indiscreta (1958) para Stanley Donen y El discípulo del diablo (1959) para Guy Hamilton. The Witches (Las brujas) es una producción Hammer de 1966 dirigida por Cyril Frankel y protagonizada por Joan Fontaine sobre brujería y vudú en África y más tarde también en Inglaterra. En su música apreciamos influencias del dodecafonismo en el que fue formado el compositor. Ken Russell dirigió Million Dollar Brain (Un cerebro de un millón de dólares) en 1967; una historia de espías en la época del comunismo soviético, protagonizada por Michael Caine, Karl Malden y la computadora que da título al film. De su banda sonora hemos seleccionado el impactante tema principal en el que destaca un obsesivo piano.

Tras colaborar con John Schlesinger en 1963 en Billy Liar (Billy el embustero), donde dio rienda suelta a sus habilidades con el jazz, volvió a trabajar con el director de Cowboy de medianoche en Far from the Madding Crowd (Lejos del mundanal ruido, 1967), según la novela de Thomas Hardy adaptada por Frederick Raphael, autor del magnífico guión de Dos en la carretera. Julie Christie interpretaba a una rica heredera que se debate en pleno siglo XIX entre tres hombres, un granjero (Alan Bates), un maduro y próspero hombre de negocios (Peter Finch) y un seductor y granuja sargento del ejército (Terence Stamp). De su hermosa música, por la que obtuvo su primera nominación al Oscar, escuchamos una amplia suite interpretada por Kenneth Alwyn y la Filarmónica de Praga. Nicholas and Alexandra (Nicolás y Alejandra, 1971) fue una de las pocas ocasiones en que el director Franklin J. Schaffner no contó con Jerry Goldsmith para la música. En su lugar Bennett planteó una partitura llena de lirismo y efectismo, apoyada fundamentalmente en la cuerda, que le supuso su segunda nominación al Oscar. Michael Jayston y Janet Suzman daban vida al Zar Nicolás II y su esposa durante el esplendor imperial, el exilio en Siberia tras la revolución bolchevique, sus relaciones con Rasputín y la ejecución de toda la familia. Dos españoles lograron el Oscar por la película: Antonio Castillo por el vestuario, y Gil Parrondo su segundo Oscar (el primero fue por Patton) en el apartado de mejor dirección artística. Hemos seleccionado de su banda sonora original la obertura y el entreacto.

Lady Caroline Lamb (1972) fue la única película que dirigió Robert Bolt, afamado guionista de títulos como Lawrence de Arabia, Doctor Zhivago, La hija de Ryan y La misión, y autor de la obra teatral Un hombre para la eternidad. En la película Sarah Miles es una dama de la nobleza británica que escandaliza a la sociedad por su romance con Lord Byron (Richard Chamberlain) mientras se encuentra condenada a un matrimonio sin amor. Su preciosa banda sonora fue acusada, no sin razón, de plagiar el tema The Windmills of Your Mind de Michel Legrand para El caso Thomas Crown. El propio Bennett arregló una pieza de concierto extraída de su música para el film, una Elegía para viola y orquesta, de la cual escuchamos su segundo y último movimiento en interpretación de Peter Mark y la Orquesta New Philharmonia dirigida por Marcus Dods, tal como aparece en la edición discográfica de la banda sonora original.

Recomendado por Stephen Sondheim, Sidney Lumet requirió sus servicios en Murder on the Orient Express (Asesinato en el Orient Express, 1974), una adaptación de Agatha Christie que creó escuela y en donde Albert Finney interpretaba al inspector Hercules Poirot rodeado de un reparto de estrellas entre las que destacaban Lauren Bacall, Ingrid Bergman, Richard Widmark, Sean Connery, Vanessa Redgrave, Jacqueline Bisset, Anthony Perkins y Michael York. Su obertura arranca como un suntuoso concierto de piano romántico, para dar paso a un melodioso foxtrot, sin duda el tema más inspirado de su filmografía junto al original vals, deudor de La valse de Ravel, que ilustra el viaje en tren y que para Bernard Herrmann constituía todo un desafío, al componer un alegre vals para un tren que representaba la muerte. Para Bennett supuso su tercera y última nominación al Oscar. Con Lumet volvería a colaborar en 1977 en la adaptación de Equus de Peter Shaffer.

Tras una breve incursión en el cine francés en 1977 con L’Imprecateur, en el 79 volvió a ponerse a las órdenes de Schlesinger para el film Yanks (Yanquis), un melodrama romántico protagonizado por Richard Gere y ambientado en la Inglaterra de la Segunda Guerra Mundial plagada de bases americanas. Su guión lo firmaba Colin Welland, que dos años después lograría un Oscar por Carros de fuego. El tema de amor de Yanquis está muy en la línea romántica y apasionada de su autor. Bennett trabajó poco en los 80 para el cine, destacando tan solo su trabajo para El retorno del soldado, un sólido y claustrofóbico trabajo para ilustrar un film protagonizado por Alan Bates, Julie Christie, Glenda Jackson y Ann-Margret. El reconocimiento le llegaría de nuevo en los 90 con dos películas dirigidas por Mike Newell. Por un lado An Enchanted April (Un abril encantado, 1991), una comedia romántica en la que se plasma, como en tantas otras veces, la influencia del romanticismo italiano en el temperamento frío de los británicos. Y por el otro su intimista partitura para Four Weddings and a Funeral (Cuatro bodas y un funeral, 1994), comedia romántica de enorme éxito protagonizada por Hugh Grant y Andie McDowell donde la música de Bennett cedió protagonismo a las canciones seleccionadas para promocionar la película y su banda sonora. De ambas cintas escuchamos interpretaciones de Rumon Gamba y la Filarmónica de la BBC.


Descarga http://archive.org/details/RichardRodneyBennettFilmMusic

DOBLE SESIÓN DE DIBUJOS ANIMADOS Educación en la diferencia

EL ALUCINANTE MUNDO DE NORMAN

Título original: ParaNorman
USA 2012 92 min.
Dirección Chris Butler y Sam Fell Guión Chris Butler Fotografía Tristan Oliver
Música Jon Brion Voces (originales) Kodi Smit-McPhee, Tucker Albrizzi, Christopher Mintz-Plasse, Leslie Mann, Anna Kendrick, John Goodman, Casey Affleck, Jeff Garlin, Jodelle Ferland Estreno en España 21 diciembre 2012

Es asombroso cómo ha evolucionado la animación artesanal stop-motion hasta el punto de apenas evidenciar distinción con la animación digital por ordenador, y esta propuesta es una buena muestra de ello. Especializado en storyboards de las anteriores películas de la productora Laika Entertainment, La novia cadáver y Los mundos de Coraline, Chris Butler debuta en la dirección junto a Sam Fell y escribiendo él mismo el guión de esta película que guarda significativas coincidencias con los títulos referidos y con otros del universo de Tim Burton como Pesadilla antes de Navidad y Frankenweenie. Ese sello se nota incluso en la elección del compositor de la banda sonora, sea Danny Elfman, Bruno Coulais o, en este caso, Jon Brion, colaborador en las primeras películas de Paul Thomas Anderson, y tan alejado de los habituales músicos de la factoría de Hans Zimmer que suelen encargarse de las estruendosas bandas sonoras de las cintas de animación. Y es que nos encontramos ante una propuesta que pretende mezclar el cine infantil con el de terror, y más concretamente con el de zombies. Más de un niño se puede ir a la cama acompañado de pesadillas tras ver esta película, pero eso no debería impedir que se dejara llevar por una historia en la que hay más mensajes y buenas intenciones que motivos de espanto, y ya se sabe que desde la infancia hay cuestiones que se tienen que ir cultivando y madurando en nuestra mente para lograr un futuro de adultos más amable y conveniente. En esta ocasión una niña que hace trescientos años fue acusada de brujería y ajusticiada en la horca, se venga del pueblo donde ocurrieron los hechos y que ahora aprovecha el personaje para convertirlo en atracción de feria y hacer buena caja al respecto, despertando los cadáveres de quienes la llevaron a la horca para provocar el caos en una comunidad ya de por sí bastante caótica y deshumanizada. Zombies contra humanos o más bien al revés, porque la premisa del film radica en el miedo a lo diferente, desprecio a lo que no se considera normal, si es que hay algo que lo sea, y uso indiscriminado de la violencia para combatirlo. El discurso está brillantemente planteado y le sirve de vehículo una brillante puesta en escena en la que no se escatima creatividad y vanguardia especialmente en las apocalípticas escenas finales en las que el héroe, un niño que como el de El sexto sentido ve muertos y además habla con ellos, se enfrenta a la malvada aunque equivocada bruja que finalmente demuestra no ser más que una resentida necesitada como todos de cariño y comprensión. Y a lo largo de este viaje al autoconocimiento se van soltando detalles muy convenientes para la educación de nuestros niños en ciudadanía.

¡ROMPE RALPH!

Título original: Wreck-It Ralph!
USA 2012 108 min.
Dirección Rich Moore Guión Phil Johnston, Jennifer Lee, Rich Moore y Jim Reardon Música Henry Jackman Voces (originales) John C. Reilly, Sarah Silverman, Jack McBrayer, Jane Lynch, Alan Tudyk, Mindy Kaling, Joe LoTruglio, Ed O’Neill, Dennis Haysbert Estreno en España 25 diciembre 2012

Si El alucinante mundo de Norman mezcla sabiamente zombies y cine de animación, ¡Rompe Ralph! hace lo propio con el mundo de los videojuegos, con vocación más infantil pero sensacionalmente efectiva y muy recomendable para mentes aún por cultivar y educar así como para adultos ávidos de diversión y receptivos para el reciclaje emocional y formativo. Como en Norman, el miedo a lo diferente, a lo que se aparta un poco de lo corriente, de lo vulgar, es el leit motiv de una película que aprovecha una puesta en escena extraordinaria para lanzar sus acertadas proclamas. Que John Lasseter se encuentre entre los productores de esta estupenda cinta hace que el film se encuentre más cerca del mundo de Pixar que del de Disney, que es quien realmente la produce en solitario, lo que afortunadamente hace que se eviten los habituales discursos moralizantes, conservadores y familieros. Quienes conozcan bien juegos de Arcade disfrutarán posiblemente más de este espectáculo, pero les aseguramos que quienes no lo pasamos bomba con este prodigio de color, acción, diversión e ingenio. Ralph es el malo de su juego, uno de los más veteranos de un salón de juegos que, como en El soldadito de plomo, cuando de noche echa el cierre sus personajes aprovechan para cobrar vida propia y relacionarse entre ellos como si fueran extras de cine en unos estudios cinematográficos en pausas de rodaje. Bueno más que malo es que lo hicieron así, como a Jessica Rabbit, pero él no quiere ser malo, porque se siente solo y despreciado, así que emprende un viaje que le llevará a varios videojuegos vecinos con sus particulares estéticas perfectamente reproducidas, con el fin de hacer algo heroico, solo para comprender que cada uno tenemos nuestro fin en la vida, seamos como seamos, buenos, malos, acróbatas o parapléjicos. Ya lo decía Shyamalan en La joven del agua, y está bien que se lo inculquemos a los más pequeños desde el principio, y a muchos que no lo son desde ya. En su viaje descubriremos mundos maravillosos que parecen sacados de Alicia en el país de las maravillas, Willy Wonka o Final Fantasy, con gran despliegue de imaginación tanto en la iconografía paisajística como en el diseño de personajes y en los divertidos e ingeniosos diálogos. Un espectáculo por lo tanto impecable, portentoso y muy recomendable.

domingo, 13 de enero de 2013

NURIA ESPERT Y LA LOBA EN EL LOPE DE VEGA DE SEVILLA Una desafortunada traducción del título original al español

THE LITTLE FOXES de Lillian Hellman
Versión de Ernesto Caballero Escenografía y dirección Gerardo Vera Vestuario Franca Squarciapino Iluminación Juan Gómez-Cornejo Música Luis Miguel Cobo
Intérpretes Nuria Espert, Héctor Colomé, Carmen Conesa, Ricardo Joven,
Paco Lahoz, Markos Marin, Jeannine Mestre, Víctor Valverde e Ileana Wilson
Teatro Lope de Vega, sábado 12 de enero de 2013

Escrita por Lillian Hellman en 1939, The Little Foxes se traduce literalmente como Los pequeños zorros, título que hace alusión a la Canción de Salomón de la Biblia, donde dice “traedme a los zorros, los pequeños zorros que arruinan los viñedos, para que mantengamos una buena cosecha”. Se refiere a las alimañas que abusan de los más débiles para crear su imperio de corrupción, extorsión y poder sin límites, algo que en la época en la que está ambientado el drama de la escritora y amante de Dashiel Hammett estaba únicamente permitido a los hombres. Desde el estreno de su adaptación al cine, tan solo un par de años después de que Tallulah Bankhead lo estrenara en Broadway, fue bautizado en España como La loba, en clara referencia al personaje central de la obra, estigmatizándola y condicionando cualquier buen entendimiento y comprensión de las verdaderas intenciones de la autora.

Que Bette Davis, especialista en personajes de mujer fría, perversa y calculadora, inmortalizara el papel de Regina Hubbard en el cine – grandes actrices como Anne Bancroft, Elizabeth Taylor y Stockard Channing también le dieron vida en el escenario en distintas reposiciones – contribuyó también en gran medida a esta condena del personaje femenino central de la pieza. Pero a buen seguro que entre las intenciones de Hellman, conocida feminista y activista de su época, que incluso llegó a introducir en la escena americana el lesbianismo a través de La hora de los niños (cuya adaptación al cine, de nuevo bajo dirección de William Wyler, también vio tergiversado su título en España por el de La calumnia), no estaba condenar a esta mujer; si acaso castigarla por su calculadora ambición, pero no por su posible perfidia. En realidad Regina no hace otra cosa que utilizar sus armas para evitar que en una sociedad en la que la mujer no tiene derecho a nada, vive a la sombra de su marido y apenas puede decidir sobre su fortuna, su voz llegue a tener eco, aunque para ello tenga que echar mano de sucias estrategias. Si el castigo le llega en forma de hija desagradecida, que prefiere arrimarse a la lumbre de un padre egoísta, vividor e idealista (qué fácil es serlo cuando no se tienen problemas económicos y uno se dedica a observar el entorno mientras disfruta de sus caprichos) que a una madre que solo procura un cambio en la sociedad, un futuro mejor para la mujer, para su propia descendencia. Que la hija no lo entienda es un mal que persiste hoy en día en el que muchas mujeres continúan justificando el maltrato machista y las costumbres misóginas.

Por eso a este drama le perjudica su título. Nuria Espert no encarna a una loba; los personajes masculinos, sus ambiciosos hermanos, el necio de su marido y el patán de su sobrino, sí son los pequeños zorros del título original. Gerardo Vera, que para la ocasión nos ofrece una muy estilizada y elegante puesta en escena, parece haber entendido el libreto y nos muestra una Regina humana, cansada de ser utilizada e ilusionada con las perspectivas que para disfrutar por fin de la vida se le ofrecen en forma de lucrativo negocio. ¿Qué no hay pastel para ella? ¿Cómo que no? Es mujer, pero no tonta. Lástima que en aras a una buena publicidad que sepa aprovechar el tirón de su famosa versión cinematográfica se haya tenido que mantener el título de La loba, con lo apropiado que hubiese sido rebautizarlo como Los pequeños zorros, o simplemente Los zorros.

JACK REACHER El factor humano

USA 2012 130 min.
Dirección Christopher McQuarrie Guión Christopher McQuarrie y Josh Olson, según la novela “Un disparo” de Lee Child Fotografía Caleb Deschanel Música Joe Kraemer Intérpretes Tom Cruise, Rosamund Pike, Richard Jenkins, Werner Herzog, David Oyelowo, Robert Duvall, Jai Courtney, Alexia Fast, Vladimir Sizov, Michael Raymond-James, Joseph Sikora, Josh Helman Estreno en España 11 enero 2013

Autor del sensacional y oscarizado guión de Sospechosos habituales y del ingenioso libreto de Valquiria, ambas dirigidas por Bryan Singer, aunque también del bochornoso El turista, Christopher McQuarrie se prodiga poco como guionista y menos aún como director; ésta es su segunda película en más de una década, y lo hace de la mano de Tom Cruise para lanzar una nueva franquicia basada en el personaje creado por Jim Grant bajo seudónimo de Lee Child. Sin embargo la recaudación en Estados Unidos no ha sido muy halagüeña y la saga podría peligrar. Y es una lástima, porque nos encontramos ante un entretenimiento impecable, con una trama bien urdida y mejor escrita, personajes sólidos y muy bien definidos, hasta el punto de que las motivaciones del personaje central están tan bien descritas que justifican que siempre vaya por delante y se muestre tan sagaz para resolver los enigmas que se le plantean. Pero el secreto de este thriller de investigación criminal salpicado de algunas, contadas, secuencias de acción para que su productor y protagonista luzca palmito, está en el factor humano; en su capacidad para identificarnos con el sufrimiento y las ansias de justicia de un argumento en el que se mezcla la polémica de las armas en Estados Unidos con los negocios inmobiliarios fraudulentos y la extorsión siempre en busca de los máximos dividendos. Toda una mezcla que McQuarrie maneja con inteligencia y buen oficio, contando con un equipo técnico de primera en el que destaca la fotografía del veterano Caleb Deschanel, un montaje que consigue que nunca decaiga el interés ni la tensión, y la música del desconocido Joe Kraemer, dosificada con inteligente criterio y nunca estridente ni apabullante. En la misma línea se mueve un reparto excelente, con grandes nombres como Jenkins, Duvall y el ya legendario realizador alemán Werner Herzog, así como la hermosa actriz británica Rosamund Pike, aquí dando vida a una abogada voluntariosa pero algo perezosa. Pero insistimos en que lo que da al film su carta de distinción, al margen de recuperar un estilo de cine policiaco que andaba algo perdido desde los años 70, es su capacidad para conectar a través de la emoción y el sentimiento literalmente humanos, de forma cálida, contundente y, sobre todo, convincente.