martes, 31 de marzo de 2015

CENICIENTA Una princesa de cuento preparada para los niños de hoy

Título original: Cinderella
USA 2015 105 min.
Dirección Kenneth Branagh Guión Aline Brosh McKenna y Chris Weitz, según el cuento de Charles Perrault Fotografía Haris Zambarloukos Música Patrick Doyle Intérpretes Lily James, Cate Blanchett, Richard Madden, Holliday Grainger, Sophie McShera, Helena Bonham Carter, Derek Jacobi, Stellan Skarsgard, Nonso Anozie, Ben Chaplin, Hayley Atwell, Jana Pérez Estreno el Festival de Berlín 13 febrero 2015; en Estados Unidos 14 marzo 2015; en España 27 marzo 2015

Después de pasarse un par de décadas adaptando a Shakespeare, intentando así convertirse en el Laurence Olivier de los noventa, y ofreciendo títulos tan ambiciosos como Los amigos de Peter o La flauta mágica, colorista adaptación en inglés de la ópera homónima de Mozart, hace años que Branagh ha sucumbido a su propio artificio y se ha rendido al cine de encargo, dirigiendo títulos como Thor o éste que nos ocupa, que a buen seguro serán los que estén inflando su cuenta bancaria. Su flema británica y su probada capacidad para la fantasía y la comedia con buen gusto, como demostró en películas como Mucho ruido y pocas nueces o Trabajos de amor perdido, le han llevado a ofrecer una muy competente y convincente versión del clásico cuento de Perrault, uno de los que más fascinación ha ejercido sobre público y cineastas a juzgar por la cantidad de veces que ha sido llevado a la gran pantalla. Sea en musicales con Leslie Caron (Las zapatillas de cristal), Julie Andrews (el clásico de Rodgers y Hammerstein en un especial para la televisión) o Gemma Craven (The Slipper and the Rose, con los autores de Mary Poppins, Richard y Robert Sherman en la partitura), o con versiones modernas como Por siempre jamás con Drew Barrymore, o incluso adaptada a nuevos tiempos con Marisol en La nueva cenicienta, la verdad es que las versiones del cuento se amontonan, con el clásico animado de Disney a la cabeza. Éste y el referente original se concilian en esta nueva entrega de manos del director de Enrique V. La baza en esta ocasión es una suntuosa puesta en escena, con Dante Ferreti en la dirección artística (colaborador de Pasolini y tres veces Oscar, por El aviador, Sweeney Todd y Hugo) y Sandy Powell en el vestuario (ganadora de la estatuilla por La joven Victoria, Shakespeare in Love y también El aviador a las órdenes de Scorsese). Sin renunciar a su buen gusto y rigor documental, ambos artistas han dejado volar también su imaginación, como mandan los cánones del cuento infantil, con un diseño colorista, deliberadamente kitsch y lleno de fantasía, con referentes precisos como el Royal Pavillion de Brighton para el palacio del príncipe. Pero al margen de este apabullante diseño de producción, que el director de fotografía Haris Zambarloukos, que ya ha trabajado con Branagh en La huella, Thor y Jack Ryan: Operación Sombra, se encarga de hacer lucir en todo su esplendor, y el compositor Patrick Doyle, fiel desde sus inicios al cine del realizador de Hamlet, de ilustrar con su inconfundible toque romántico, muy británico, de melodías dulces y almibaradas y algo de fantasía aprendido del imprescindible Danny Elfman. Pero los logros de esta nueva adaptación de la célebre princesa Disney no se quedan en lo artístico. El guión de Aline Brosh McKenna (El diablo viste de Prada, aunque también de ese horror aún en cartelera que se llama Annie) y Chris Weitz (Un niño grande, American Pie, La brújula dorada) no se queda en una mera ilustración de estilo rancio y tradicional; Cenicienta ya no es una desgraciada que espera que un príncipe azul la rescate. Sus motivaciones para soportar la humillación y el desprecio pasan por un incondicional amor hacia sus padres, un referente que también tiene reflejo en el personaje del príncipe, mientras la fuerza y el riesgo se convierten en armas para combatir la desdicha. Por si fuera poco, la heroína no sufre su angustia en silencio sino que tiene a quien contárselo, al margen de los ratoncitos parlanchines que la versión extrae directamente de uno de los mejores hallazgos del clásico de dibujos animados de 1950. Branagh por su parte le hace andar y comportarse con altivez y seguridad, definiéndola así con carácter y una precisión casi matemática, si bien fracasa al definir a su madrastra y hermanastras, demasiado grotescas dentro de un conjunto que no lo demanda. No obstante Cate Blanchett pone su incontestable talento al servicio de la película y nos regala momentos de gran interpretación. Prueba del éxito de las series de televisión en el panorama audiovisual actual, Lily James proviene de Downtown Abbey, mientras Richard Madden lo hace de Juego de tronos, con resultados también notables y muy ajustados. Helena Bonham Carter nos divierte como una hada madrina entre Marilyn Monroe y Johnny Depp; y entre los momentos más espectaculares y excelentemente resueltos, el de la reconversión de carroza, lacayos y caballos en calabaza, ratones, gansos y lagartos. Todo lo cual convierte a ésta en la mejor adaptación hasta la fecha de las princesas clásicas de Diney a carne y hueso, por encima de Alicia en el país de las maravillas, Blancanieves y la leyenda del cazador y Maléfica.

domingo, 29 de marzo de 2015

CLAUSURA DE FEMÁS 2015: EL QUINTO EVANGELISTA SEGÚN HERREWEGUE

32ª Edición Festival de Música Antigua de Sevilla. Collegium Vocale Gent. Thomas Hobbs, evangelista. Tobias Berndt, Jesús. Grace Davidson, arias de soprano. Damien Guillon, arias de contratenor. Zachary Wilder, arias de tenor. Peter Kooij, Pilatos y arias de bajo. Philippe Herreweghe, director. Programa: La Pasión según San Juan, de Johann Sebastian Bach. Teatro de la Maestranza, sábado 28 de marzo de 2015

Philippe Herreweghe
Uno de los dos grandes oratorios de Bach alrededor de la Pasión de Cristo que han sobrevivido volvió a cerrar el Festival de Música Antigua de Sevilla, como ya lo hiciera hace seis años, entonces de la mano de nuestra Orquesta Barroca y el prestigioso Coro Arsys Bourgogne a las órdenes de Pierre Cao. La responsabilidad en esta ocasión corrió a cargo de Philippe Herreweghe y su orquesta y coro del Collegium Vocale Gent, de cuyos itinerantes integrantes surgen también las voces solistas.
Grace Davidson

Resulta difícil asumir en la actualidad que esta excelsa música, al igual que su hermana, la más extrovertida y rimbombante Pasión según San Mateo, fuera despreciada tras la muerte de su autor, que sólo sería reconocido entonces por su música instrumental, especialmente la escrita para órgano y teclado. Afortunadamente desde la recuperación de Mendelssohn de la más famosa de las dos pasiones, el interés por la música vocal de Bach fue creciendo hasta llegar a nuestros días, convertida ya en imprescindible, objeto de estudio, disfrute y análisis para encontrar la vena más plausible y acertada con la que enfrentarse a su interpretación. Tarea nada fácil por cuanto estamos hablando de música litúrgica, concebida para ilustrar la misa del Viernes Santo, con todo lo que de solemnidad pero también de propaganda conlleva. Pero no hay que olvidarse del temperamento artístico de su autor, su énfasis dramático, especialmente evidente cuando se trata de un episodio tan trágico como el del apresamiento, enjuiciamiento y posterior calvario del Mesías. Resulta por lo tanto una muy difícil tarea encontrar el punto intermedio y necesario entre esa imagen piadosa y misericordiosa del pasaje, como si en términos cinematográficos estuviésemos hablando de la imagen de Jesús vista por William Wyler en Ben-Hur, y esa otra mucho más terrible, casi terrorífica, de un hombre sometido a tortura e injusticia extremas, así como a sus dudas y miedos, tal como la representaba por ejemplo Mel Gibson en su tremenda La pasión de Cristo. Se trata por lo tanto de encontrar el equilibrio entre los aspectos meramente litúrgicos, que habrían de ser representados a través de la belleza y la delicadeza, y los más dramáticos, donde sería imprescindible una mayor dosis de agresividad e incisividad en los matices, no en vano el grueso de la tragedia reside en el encuentro y desencuentro entre Jesús y Pilatos. Herreweghe se decanta por lo primero, amparándose fundamentalmente en el destino de la pieza y por lo tanto en su interpretación con criterios reconstructivistas. El temperamento de Bach y su fuerza dramática nos lleva a muchos y muchas a preferir la segunda vertiente, con la consiguiente decepción frente al espectáculo ofrecido por el ya mítico director belga y su no menos legendario conjunto musical.

Zachary Wilder
Nada que reprochar por supuesto a su acabado técnico y su impoluta belleza sonora, asentada en una enorme precisión, justo equilibrio y portentosas prestaciones en cada instrumentista. Lo mismo cabe decir del coro, dieciséis voces agrupadas en cuatro por cada registro, espléndidas y perfectamente coordinadas, aunque a la hora de calificar a los solistas los elogios no sean absolutos. Estupendo el evangelista, el tenor inglés Thomas Hobbes, manteniendo una línea de canto homogénea sin descuidar el énfasis dramático de su cometido narrativo. También el barítono alemán Tobias Berndt convenció con un Jesús colmado de dignidad y seguridad, mientras el veterano bajo holandés Peter Kooij estuvo menos acertado dramáticamente pero mantuvo una línea de canto clara y ajustada. Muy bien, delicada y de timbre muy sedoso, la soprano Grace Davidson, y algo apurado pero con timbre y expresividad satisfactorios el tenor americano Zachary Wilder. Por su parte, el contratenor francés Damien Guillon tuvo que esperar a su segunda aria, Es ist vollbracht! (¡Todo está consumado!), para convencer de que la suya es una voz seductora y firme, pues su intervención al final de la primera parte resultó endeble y bastante imprecisa. En definitiva podemos afirmar que se trató de un magnífico broche final para esta edición del Femás, con una interpretación de La pasión según San Juan hermosa, amable y elegante, no por ello flácida ni endeble, pero casi nunca dramática, salvo en el Coro inicial, Herr, unser Herrscher, que llegó a despistarnos un poco. En la parte vocal, espléndidos coros y turbas, y simplemente aceptable tirando a satisfactoria la intervención de los solistas. En el apartado organizativo, se echaron en falta los imprescindibles subtítulos, con el fin de seguir una trama que condiciona de manera fundamental la interpretación de todos los agentes artísticos implicados.

BLADE RUNNER Las nuevas tecnologías resucitan la reposición

USA 1982 117 min.
Dirección Ridley Scott Guión Hampton Fancher y David Webb Peoples, según la novela de Philip K. Dick “Do Androids Dream of Electric Sheep?” Fotografía Jordan Cronenweth Música Vangelis Intérpretes Harrison Ford, Rutger Hauer, Sean Young, Edward James Olmos, M. Emmet Walsh, Daryl Hannah, William Sanderson, Brion James, Joe Turkel, Joanna Cassidy, James Hong, Morgan Paull Estreno en España 21 agosto 1982; reestreno 19 marzo 2015

La nueva reposición de este clásico de la ciencia ficción, retomando la nueva versión que Scott editó de la película en 2007, demuestra que al público le gusta reencontrarse con las cintas que marcaron época y se han convertido en mitos del cine. Sólo así se explica las largas colas que se forman para verla en su versión original, con imagen y sonido restaurados y copia digital brillante y espectacular. Esta reposición, que se une a las recientes de ¡Qué noche la de aquel día! y Alien, coincide con la aproximación del año en el que se desenvuelve la trama, 2019, y la proliferación en pantalla de títulos que analizan el tema de los androides inteligentes. El paso de los años no ha dañado ni un ápice la película, que mantiene toda su frescura y originalidad, continúa siendo inquietante y exhibe toda su parafernalia técnica y artística con desparpajo y naturalidad , casi como si hubiera sido rodada ayer. Las novedades introducidas por el director de Gladiator apenas se reducen a algunos retoques digitales (el zeppelin, los mandos del automóvil), la inclusión de una imagen onírica de un unicornio, que siempre se dijo que la extrajo de Legend, el film que rodó a continuación, y algunas secuencias descartadas que no añaden nada a la trama. Argumento que se sitúa en una asfixiante y lluviosa visión distópica de la ciudad de Los Angeles, con esa recreación de atmósferas que hicieron tan famoso al realizador al comienzo de su carrera, y que recicla las historias detectivescas del cine negro americano de los cuarenta para generar una extraordinaria reflexión sobre la existencia, el instinto de supervivencia y la razón de la vida misma. Excelente sigue siendo la hipnótica música de Vangelis, en la que cabe incluso escuchar la voz del recientemente desaparecido Demis Roussos, como excelentes siguen resultando las interpretaciones del elenco, empezando por un cínico, descreído y desencantado Harrison Ford y un inquietante y arrogante Rutger Hauer, que nos sigue conmoviendo con su monólogo final.

sábado, 28 de marzo de 2015

10º CONCIERTO DE ABONO DE LA ROSS: MAJESTUOSO SALUDO A LA DULCE MUERTE

10º concierto de la XXV Temporada de Conciertos de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Pedro Halffter, director. Programa: Obertura “La Gran Pascua Rusa” de Rimski-Kórsakov; Preludio del Acto I y Final del Acto III de “Parsifal” de Wagner; Poema del éxtasis Op.54 de Scriabin. Teatro de la Maestranza, viernes 27 de marzo de 2015

El título de una famosa película de Carol Reed de 1965, El tormento y el éxtasis, que contaba el complejo fraguado de la Capilla Sixtina por Michalangelo, sirvió también para definir el espíritu de este décimo concierto de abono, que tuvo la tragedia de Germanwings sobrevolándolo, y con el que Halffter y los maestros y maestras de la Sinfónica rubricaron una temporada inolvidable con un concierto que debería colocar al conjunto, por derecho propio, en la cumbre del actual panorama sinfónico español. Un programa exquisito, diseñado con cariño y mucho corazón, sirvió para dar la bienvenida a esta estación sacra con un elevado porcentaje de misticismo y espiritualidad, entre un emotivo minuto de silencio por las víctimas de la tragedia aérea de los Alpes y una inusual propina en su homenaje, un precioso arreglo de Leopold Stokowski de la Cantata Komm, süsser Tod BWV478 (Ven, dulce muerte) de Bach, que propició las lágrimas de algunas de las personas asistentes al concierto. Las piezas seleccionadas combinaron, como en aquel film, la religiosidad y la admiración por la tradición litúrgica, con la incredulidad y el escepticismo de unos autores motivados por la sensualidad, caso de los rusos, y la devoción del alemán.

La capacidad del maestro madrileño para extraer matices y definir planos sonoros quedó bien reflejada en una suntuosa y espectacular lectura de la Obertura de La Gran Pascua Rusa, prodigio de orquestación y saturación de colores del insuperable en esas lides Nikolái Rimski-Kórsakov. La última de sus tres grandes obras sinfónicas, tras lo cual se centraría en la ópera, recibió de la ROSS un tratamiento solemne y muy inspirado, destacando la serenidad del arranque, su dramático clímax final, prodigioso en el uso de los metales, y las delicadas intervenciones del concertino Éric Crambes en las cadencias intercaladas en las melodías litúrgicas tradicionales que informan la partitura, y que estuvieron henchidas de un profundo y sincero lirismo.

Las primeras notas del Preludio de Parsifal nos evocaron aquella inolvidable puesta en escena que nos trajo Barenboim en el verano del 2004. A Halffter se le ve especialmente emocionado y cómodo con el compositor alemán, y lo tradujo en una interpretación majestuosa y brillante de una página en la que ensambló su gloriosa serenidad e imponente majestuosidad con la explosión de éxtasis que supone el final de la ópera. Esta sensacional expresión del debate moral y estético con el que lidió Wagner en sus últimos años, integró en manos de la ROSS fuerza y espiritualidad, haciendo honor a ese solemne juego escénico sagrado con el que generalmente se define la página. La cuarta de las sinfonías de Scriabin, concebida como poema orgiástico sobre el éxtasis creativo, obtuvo una respuesta contundente de la orquesta y su dirección, haciendo que la línea que separa lo físico y lo espiritual fuese prácticamente imposible de distinguir, gracias a un trabajo de apabullante energía y entusiasmo generalizado de todos los sujetos implicados en una ejecución antológica. Confiamos que la anunciada buena relación entre Halffter y el nuevo director de la ROSS se traduzca en nuevas colaboraciones del director artístico del coliseo con una orquesta a la que debemos buena parte del próspero devenir cultural y musical de la ciudad, lo que nos obliga a atenderla, cuidarla y mimarla en la medida de nuestras posibilidades.

CITIZENFOUR El periodismo como arma imprescindible contra el autoritarismo

USA-Alemania-Reino Unido 2014 114 min.
Guión y dirección Laura Poitras Fotografía Kirsten Johnson, Trevor Paglen, Laura Poitras y Katy Scoggin Música Atticus Ross y Trent Reznor Documental Estreno en el Festival de Nueva York 10 octubre 2014; en Alemania 6 noviembre 2014; en Estados Unidos 23 febrero 2015; y en España 27 marzo 2015

Edward Snowden sacrificó su carrera como consultor e ingeniero en puestos de relevancia de la CIA y la NSA (Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos) al asumir el riesgo que suponía para su libertad y su propia vida revelar los secretos a los que tuvo acceso desde su privilegiada posición y que se referían a la práctica de vigilancia ilegal al conjunto de la ciudadanía norteamericana, privándoles del derecho a su privacidad y libertad misma. El caso dio la vuelta al Mundo hace un par de años y aún está por resolver la petición de asilo político que ha hecho el protagonista a varios países, incluido el nuestro. Buena muestra de que siempre surge de entre la multitud alguien con las agallas suficientes para enfrentarse al sistema e intentar cambiar las cosas por el bien de la humanidad, gente sin la cual nunca avanzaríamos y nos sentiríamos abocados a un destino programado y previamente urdido por los recursos del poder, para el que asirse a sus postulados justifica todos los medios a su alcance. La singularidad de este documental, galardonado con el Oscar, el Bafta y un sinfín de premios más, consiste en grabar de primera mano el proceso, estando presentes en cada uno de los pasos dados por Snowden en los lugares que sirvieron de escenario de la noticia. Periodismo de primera mano y primera categoría que hay que agradecer especialmente a dos personas: Laura Poitras, que tras sus documentales sobre la Guerra de Irak y Guantánamo, fue elegida por Snowden para divulgar sus revelaciones, cuando le escribía e-mails bajo el seudónimo de Citizenfour; y el periodista de The Guardian Glenn Greenwald y su heorica lucha en Estados Unidos y Brasil por reforzar y demostrar la veracidad de su fuente y el riesgo que para nuestro bienestar suponía. Y es ahí donde radica el valor de esta cinta, aparte de su inquietante, atractiva y muy cinematográfica estructura como thriller político; en poner en valor el gran periodismo, el que no asume sin más lo que el poder le transmite, sino que va más allá, pone en tela de juicio lo que nos cuentan, investiga y saca sus propias consecuencias. Sólo así podremos avanzar algo y dejar de ser marionetas al servicio de los hilos tejidos por los de siempre, los que ganan elecciones aunque nadie los quiera, los que buscan chivos expiatorios en inexplicables tragedias humanas, los que ocultan las intrigas para mantenerse en el poder y el control sobre nuestras vidas y destinos. La mayoría nos conformamos con vivir, sobrevivir, disfrutar y procurar que el orden de nuestra existencia no se desequilibre. Otros buscan respuestas, investigan a nuestros enemigos y sirven a la sociedad, sin aceptar que justificarse en actos crueles e injustificados de terrorismo sirva para menoscabar las libertades y derechos que tanto nos ha costado conseguir.

PASOLINI Radiografía borrosa de un carisma irrepetible

Francia-Bélgica-Italia 2014 87 min.
Dirección Abel Ferrara Guión Maurizio Braucci, Abel Ferrara y Nicola Tranquilino Fotografía Stefano Falivene Intérpretes Willem Dafoe, Ninetto Davoli, Riccardo Scarmacio, Valerio Mastandrea, Adriana Asti, Maria de Medeiros, Francesco Siciliano, Andrea Bosca, Giada Colagrande, Damiano Tamilia, Roberto Zibetti, Luca Lionello Estreno en Festival de Venecia 4 septiembre 2014; en Italia 25 septiembre 2014; en España 19 marzo 2015

El siempre controvertido y contracorriente director americano Abel Ferrara reconstruye en esta película los últimos días en la vida del no menos transgresor y mítico realizador italiano Pier Paolo Pasolini, especialmente la gestación de la que tendría que haber sido su siguiente película tras el polémico y escandaloso estreno de Saló o los 120 días de Sodoma, y su asesinato a manos de un grupo de gamberros y un chapero en la playa de Ostia en noviembre de 1975. Con un lenguaje mucho más académico y convencional de lo habitual en el cine de Ferrara y a pesar de los esfuerzos de Willem Dafoe, cuya caracterización sólo merece elogios, y del ambicioso y documentado guión, la cinta no logra ni de lejos reflejar la compleja personalidad del director de Decamerón y Las mil y una noches. Rodada en italiano e inglés (las secuencias dominadas por Dafoe), apenas la esboza, centrándose en su búsqueda del placer homosexual y sus inquietudes religiosas a pesar de su carácter contestatario y revolucionario, que tanto y tan bien reflejó en su complicada filmografía. Entre los mayores alicientes del film se encuentra la recreación de algunos de los pasajes del guión de esa última película nunca realizada, con Ninetto Davoli, que tantas veces trabajó a sus órdenes, dando vida al gran Eduardo de Filippo en la que tendría que haber sido su primera película para el realizador, mientras el propio Davoli es interpretado por Riccardo Scarmacio, lo que constituye un emotivo festín para cinéfilos. Por otro lado Maria de Medeiros interpreta a Laura Betti, que trabajó a las órdenes de Pasolini en cintas como Teorema o la ya referida Saló. En esa película nunca rodada Pasolini observa al Mundo, su caos y su vocación autodestructiva, desde un lugar al que llama Paraíso y al que sus personajes viajan siguiendo la estela del cometa que anuncia la nueva venida del Mesías, otra muestra de inquietud mística del artífice de La pasión según San Mateo, cuya música del célebre oratorio de Bach sirve también de fondo ilustrativo de un film que echa mano además de Maria Callas y su inmejorable Una voce poco fa de El barbero de Sevilla de Rossini.

viernes, 27 de marzo de 2015

EUSKAL BARROKENSEMBLE Y ROCÍO MÁRQUEZ: UNA INFRUCTUOSA BÚSQUEDA DE RAÍCES

32ª Edición Festival de Música Antigua de Sevilla. Euskal Barrokensemble. Rocío Márquez, voz. Miren Zeberio, violín. David Chupete, percusión. Pablo Martín Caminero, violone. Enrike Solinís, guitarra y dirección. Programa: El amor brujo 1715. Sala Joaquín Turina, jueves 26 de marzo de 2015

Rocío Márquez
Siempre hemos aplaudido la saludable iniciativa del Femás de ofrecer propuestas eclécticas que se salgan del planteamiento original del certamen, pero de ahí a ofrecer tantas como lo ha hecho la presente edición podríamos tildarlo ya de abuso. Wild Chain nos ofrecieron unos carmina burana heavy, Accademia del Piacere se fusionó con la danza contemporánea, Enrico Pieranunzi y Vicente Parrilla mezclaron barroco y jazz, Eric Hoeprich interpretó la 41 de Mozart con clarinete, y aún hubo más, demasiado. En esta corriente de experimentación y creatividad debemos también situar esta propuesta de Enrike Solinís y el conjunto que lidera.

No deja de resultar curioso que sea precisamente una formación vasca la que se encargue de bucear entre las posibles fuentes musicales del nacionalismo español, acompañando a una cantaora de éxito como Rocío Márquez en la arriesgada empresa, que se presentaba a priori muy inquietante. El resultado sin embargo fue tan forzado como falto de inspiración y rigor, a lo que añadimos una interpretación desequilibrada que desembocó a nuestro juicio en momentos previsibles y otros incluso mortecinos. Por separado Enrike Solinís exprimió las posibilidades de la guitarra barroca al máximo, extrayéndoles sonoridades eminentemente españolas, muy próximas a sus ídolos de juventud, Amigo o de Lucía; Márquez exhibió una voz rica en matices y modulaciones, alejada de los parámetros del flamenco clásico y discreta en temperamento, brillando especialmente en unos pianissimi estremecedores. Y Miren Zeberio destacó en versatilidad y profunda musicalidad en sus solos al violín. Pero el bajo de Caminero fue esquemático y ramplón en sus recreaciones jazzísticas, y la percusión de Chupete demasiado sutil para un programa que demandaba más visceralidad.

Caminero, Solinís y Chupete a la izquierda
El ejercicio de casar danzas y registros barrocos con pasajes de El amor brujo de Falla y el Concierto de Aranjuez de Rodrigo nos convenció poco en un programa difícil de seguir por el desorden al que se le sometió, marca de la casa según un agradecido Solinís. La música fluyó en ocasiones forzada, con una Danza del fuego húngara o una Canción del fuego fatuo a ritmo de chacona entre lo más conseguido, dentro de un conjunto que aunque a nosotros nos pareció desangelado, contó con el aplauso casi unánime de un público encantado.

Publicado en El Correo de Andalucía el 28 marzo 2015

jueves, 26 de marzo de 2015

PRIDE Problemas sociales tratados con desenfado y seriedad

Reino Unido 2014 120 min.
Dirección Matthew Warchus Guión Stephen Beresford Fotografía Tat Radcliffe Música Christopher Nightingale Intérpretes Ben Schnetzer, George MacKay, Joseph Gilgun, Faye Marsay, Jessica Gunning, Bill Nighy, Imelda Staunton, Dominic West, Paddy Considine, Andrew Scott, Freddie Fox Estreno en el Festival de Cannes 23 mayo 2014; en Reino Unido 12 septiembre 2014; en España 19 marzo 2015

En 1984, la huelga minera del Reino Unido paralizó la industria carbonera del país durante un año y fue objeto de una durísima represalia por parte del gobierno de Margaret Thatcher, que logró imponerse al sindicato minero con grave merma para los derechos de los trabajadores y trabajadoras en general. Entre muchos de los apoyos recibidos por el movimiento obrero, uno fue especialmente incómodo para los propios beneficiarios, el de un grupo de gays y lesbianas que vieron en sus reivindicaciones una lucha similar a la emprendida por ellos, visible en las manifestaciones del Orgullo Gay, y que decidieron por ello unir fuerzas. A partir de esta curiosa crónica, el director teatral Matthew Warchus, con sólo una película anterior, Círculo de engaños, un guión de Sam Shepard cuyo título original era Simpatico y que protagonizaron Nick Nolte, Jeff Bridges y Sharon Stone en 1999, se embarca en una comedia amable y entretenida escrita por el debutante en estas lides Stephen Beresford. Siguiendo el esquema clásico de comedia británica de buen corazón y loables objetivos, que tan buenos resultados ha dado en cintas como El jardín de la alegría o Full Monty, la película reconstruye con saludable libertad los hechos, siguiendo la pauta de la comedia coral y manteniendo siempre en todo caso el respeto y la seriedad que la situación merece, no como nosotros, que siempre tiramos por el camino de la astracanada para ilustrar problemas sociales de candente preocupación (léase Perdiendo el norte). Los resultados son los previsibles, con sus dosis de azúcar, sus emociones y sus discursos edificantes, sobre la base del buen rollo de la buena gente corriente. Nada nuevo ni especialmente estimulante, es lo que es y tampoco hay que pedirle más. Entre lo más memorable quizás el baile disco que se marca el veterano Dominic West en una rudimentaria taberna galesa. En Cannes ganó la Palma Queer, en los Bafta el mejor debut y estuvo nominada a la mejor película comedia o musical en los Globos de Oro.

miércoles, 25 de marzo de 2015

EL AÑO MÁS VIOLENTO Un inevitable pacto con el diablo

Título original: A Most Violent Year
USA 2014 125 min.
Guión y dirección J. C. Chandor Fotografía Bradford Young Música Alex Ebert Intérpretes Oscar Isaac, Jessica Chastain, David Oyelowo, Elyes Gabel, Albert Brooks, Alessandro Nivola, Catalina Sandino Moreno, Ashley Williams, Harris Yulin, Peter Gerety, Christopher Abbott, Glenn Fleshler, Jerry Adler, Elizabeth Marvel
Estreno en Estados Unidos 31 diciembre 2014; en España 19 marzo 2015

El joven realizador J.C. Chandor está cosechando una filmografía impecable. Si nos sorprendió con su debut, Margin Call, una lúcida y muy crítica crónica sobre la génesis de la actual crisis económica, y logró engancharnos con ese tour de force que fue Cuando todo está perdido, en el que Robert Redford se enfrentaba él solito a una odisea en el único escenario de un pequeño yate, ahora logra con su tercera película su mejor título hasta el momento. Tomando como referencia el año 1981, uno de los más violentos que se recuerdan en Nueva York, y de lo que da buena cuenta la radio y otros medios de comunicación a lo largo del metraje, Chandor nos cuenta la historia de un empresario que pretende hacer negocios desde la legalidad y las buenas prácticas. Para ello echa mano de la iconografía del mejor cine negro americano de los años 70, y con un esquema argumental y una estructura narrativa que recuerda al mejor Coppola con una pátina de Yates, Pollack, Lumet y Pakula, nos sumerge en una vorágine de intriga y angustia alrededor de las vicisitudes del protagonista para sacar adelante su poderosa y ambiciosa empresa sin sucumbir a los encantos de la corrupción y el camino fácil de la estafa y la extorsión. A Chandor en realidad le interesa hablar de la violencia subyacente en la sociedad norteamericana, y de cómo es imposible triunfar sin dejarse acariciar por las redes de la corrupción y la competencia desleal. Todo el aparato logístico empresarial, financiero y policial está levantado sobre estas prácticas que Chandor denuncia de forma tan certera como sutil a través de un guión tan inteligente como atractivo. Dirigida con elegancia y ritmo pausado, consigue atrapar nuestra atención desde el minuto cero, invitándonos a un viaje contrarreloj lleno de suspense y emoción, para al final llegar a la conclusión de que éste no es un mundo para débiles ni soñadores utópicos, y que el triunfo en los negocios va siempre acompañado de sucias artimañas en las que todos los jugadores implicados acaban ensuciando sus manos, no siendo ajena a esta maraña la política, y eso lo sabemos muy bien. El cada vez más imprescindible Oscar Isaac, de origen guatemalteco, como demuestra en la versión original de la película, borda un papel inicialmente ofrecido a Javier Bardem, mientras el resto del elenco le arropa con convicción y entusiasmo. Especialmente destaca una Jessica Chastain caracterizada como Michelle Pfeiffer en El precio del poder (Scarface), y que da vida a la un tanto manipuladora y ambigua esposa del protagonista. Una inquietante banda sonora del colaborador habitual Alex Ebert, ejemplarmente utilizada para generar ese suspense aludido, y una magnífica fotografía en encuadres y tonalidades, obra de Bradford Young, responsable también Selma, película con la que ésta comparte también a los actores David Oyelowo y Alessandro Nivola, completa un excelente trabajo, uno de los mejores títulos americanos vistos en los últimos años.

martes, 24 de marzo de 2015

IDILIO DE DIANNE REEVES Y LA AFICIÓN SEVILLANA

Dianne Reeves, voz. Peter Martin, piano. Romero Lubambo, guitarra. Reginald Veal, bajo. Terreon Gully, batería. Teatro Lope de Vega, lunes 23 de marzo de 2015

El excelente cartel de jazz que está ofreciendo esta temporada el Lope de Vega añadió a Dianne Reeves, que volvió a Sevilla apenas cinco años después de su actuación en el Maestranza, y prometió volver otra vez no tanto por el entusiasmo con el que la recibió el público como por el que ella misma sintió hacia una afición que se acopló como un guante a sus propuestas, y con el que mantuvo un idilio en toda regla. Tanto es así que ella y su espléndida banda lograron improvisar sobre la marcha todo un tema sobre la base de las palmas por bulerías de una audiencia que además supo plegarse, con ese buen oído y sentido del ritmo que le caracteriza, a los cambios de registros y dinámicas del tema en cuestión.

Con un quinto Grammy como mejor vocalista de jazz recién obtenido bajo el brazo, la ya legendaria cantante no se limitó ni mucho menos a presentar el disco por el que lo ha conseguido, Beautiful Life, del que apenas se escucharon sus versiones de Waiting in Vain de Bob Marley y Dreams de Fleetwood Mac, Satiated, un tema nuevo del gran Wayne Shorter, y Tango, su inevitable coqueteo con la música latina, esta vez de la mano del gran guitarrista y cantautor Raul Midón. Estuvo arropada entre otros por el inestimable y elegante acompañamiento al teclado de su arreglista y director musical Peter Martin, así como por el guitarrista brasileño Romero Lubambo, de toque tan virtuoso como sofisticado.

En apenas una hora Reeves pasó de presentarse de forma correcta e invitando al relax a través de la música, a mostrar ese entusiasmo al que nos referíamos y que le llevaría a comulgar con los buenos aficionados allí congregados. Entre los clásicos versionados destacaron dos temas de Gerhswin, un rítmico y vibrante Summertime con el que la banda calentó el ambiente, y el muy romántico Our Love Is Here to Stay con el que esta devota de Sarah Vaughan dejó su impronta personal. Un estilo que derivó en una evidente reivindicación de sus raíces étnicas, vestimenta incluida, justo en estos tiempos tan convulsos para la comunidad afroamericana, lo que aprovechó para efectuar numerosos y complicados juegos vocales que evidenciaron su tremenda flexibilidad y virtuosismo interpretativo sin paliativos, apoyados en una voz rotunda de timbre grave y proyección generosa.

martes, 17 de marzo de 2015

PURO VICIO Una laberíntica trama policial

Título original: Inherent Vice
USA 2014 148 min.
Guión y dirección Paul Thomas Anderson, según la novela de Thomas Pynchon Fotografía Robert Elswit Música Jonny Greenwood Intérpretes Joaquin Phoenix, Josh Brolin, Owen Wilson, Katherine Waterston, Reese Witherspoon, Benicio del Toro, Jena Malone, Maya Rudolph, Martin Short, Joanne Newsom, Sasha Pieterse, Eric Roberts, Hong Chau, Serena Scott Thomas, Jefferson Mays, Michael Kenneth Williams, Yvette Yates Estreno en Estados Unidos 9 enero 2015; en España 13 marzo 2015

De la mente de dos personalidades nada convencionales del panorama intelectual norteamericano como son Paul Thomas Anderson y Thomas Pynchon, surge esta extravagante y compleja película de resortes laberínticos y complicada comprensión. Durante mucho tiempo se ha homenajeado el cine negro americano de los años cuarenta; desde hace menos le toca el turno al no menos carismático cine policíaco de los setenta, en el que se curtieron actores como Gene Hackman, Elliot Gould o James Caan, así como realizadores como Robert Altman o Robert Benton. Más cerca del primero se encuentra este nuevo film de Paul Thomas Anderson, en quien quisimos ver un nuevo Martin Scorsese en sus celebradas Boogie Nights y, sobre todo, Magnolia. Más rara aún que Pozos de ambición y The Master, Puro vicio (o vicio propio, que es el título original de la novela y designa en jerga de seguros a un defecto interno u originario del que el asegurador no se hace responsable), es una cinta que puede fascinar e irritar a partes iguales. Desde luego no es un film sencillo ni meramente coyuntural, sino que encierra muchas capas y exige varios visionados para llegar a su fondo y lograr entender todas sus tesis y propuestas. Un ir y venir continuo de personajes van tejiendo su difícil dramaturgia alrededor de un asunto de corrupción inmobiliaria, con una muy cuidada ambientación a principios de los setenta y abundante presencia de estupefacientes y narcóticos, alcohol y sexo, aunque sin llegar en ningún caso a la provocación en la que su autor literario es un consumado maestro. Lástima que el guión se resienta de excesiva falta de naturalidad, con jóvenes bohemios largando frases lapidarias y pensamientos poéticos con la facilidad con la que únicamente lo haría una persona muy madura y cultivada. Así mismo sobra el aluvión de canciones de la época como telón de fondo a menudo injustificado. Por el contrario Jonny Greenwood, que ya colaboró con Anderson en sus dos anteriores películas, firma una intrigante y muy ajustada banda sonora. Joaquin Phoenix se revela como un posible sucesor de Jack Nicholson, aunque afortunadamente más contenido. Difícil resulta cogerle el punto al multipersonaje que interpreta Josh Brolin, mientras la lista de atractivas mujeres que pueblan la pantalla sitúan la cinta a la altura de un Casino Royale, ese disparate en torno a James Bond perpetrado por entre otros John Huston en los años sesenta.

DOCTOR ATOMIC: ESPLÉNDIDA COMBINACIÓN DE DISCIPLINAS ARTÍSTICAS

Ópera de John Adams con libreto de Peter Sellars. Pedro Halffter, dirección musical. Yuval Sharon, dirección de escena. Dirk Becker, escenografía. Sarah Rolke, vestuario. Juan Manuel Guerra, iluminación. Benedikt Dichgans y Philipp Engelhardt, videocreación. Con Lee Poulis, Jessica Rivera, Jovita Vaskeviciuté, Jouni Kokora, Beñat Egiarte, Peter Sidhom, Christopher Robertson y José Manuel Montero. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza, dirigido por Íñigo Sampil. Producción de Badisches Staatstheater Karlsruhe. Teatro de la Maestranza, lunes 16 de marzo de 2015


Ha sido el proyecto más ambicioso de la presente temporada lírica del Maestranza, un reto para su director artístico y objeto de polémica entre quienes apuestan por la renovación del género y quienes prefieren mantener sus líneas básicas, con abundantes cambios de opinión entre los segundos tras los buenos resultados obtenidos con la música de Adams y el espléndido montaje del israelí Yuval Sharon. En cuanto al primero, su partitura no es precisamente dura ni difícil aún para oídos poco curtidos en nuevas tendencias. Se pueden adivinar en ella influencias tan populares como la música de cine, con ecos de Elliot Goldenthal (Alien 3, Sphera), Don Davis (Matrix) y, por supuesto, John Williams, especialmente en los momentos más agresivos y agitados de la pieza. Respecto al montaje, proveniente de la Ópera de la ciudad alemana de Karlsruhe, aprovecha una gran cantidad de recursos técnicos y arquitectónicos para recrear una época y unos espacios con la mayor creatividad posible, sin optar por el camino fácil de la dramaturgia convencional. Puede tacharse la música de Adams de poco arriesgada y experimental, pero no se le puede negar una gran vistosidad y variedad de registros expresivos, que van de la violencia, la agitación y la turbiedad al lirismo más exacerbado, la sensualidad y la voluptuosidad de las líneas y las formas instrumentales. Una música envolvente y atmosférica cuya escucha se hace atractiva, ni enerva ni entusiasma, pero convence.

Lee Poulis (Oppenheimer) en otra producción distinta de
Doctor Atomic, pero con idéntica vestimenta
Halffter triunfó, como era de esperar, en esos registros líricos de marcada sensualidad, mientras retuvo los ataques en los abundantes pasajes agresivos, de forma que en sus manos la partitura a menudo resultó más lánguida de lo conveniente. Aún así fue una lectura atenta a los matices y detalles, nada que nos sorprenda tras todos estos años disfrutando de su trabajo. Doctor Atomic no es un concepto distinto al de ópera tal como la entendemos tradicionalmente; de hecho respeta toda la tradición operística y hereda sus postulados, tanto en dramaturgia como en gramática musical. Las voces cantan melodiosamente, hay arias y dúos, coros e interludios musicales, de la misma forma que hay actos, escenas, cuadros y una línea argumental. La única diferencia quizás es que no trata de grandes y difíciles amores en contextos históricos, sino de un problema de conciencia, un estigma en la sociedad norteamericana en torno a la cuestión ética de la bomba nuclear que asoló a mitad de los cuarenta las ciudades de Nagasaki e Hiroshima. Peter Sellars podría haber puesto su mirada en los hechos tal como fueron narrados en la película de Roland Joffe Creadores de sombras (en inglés Fat Man and Little Boy, en alusión a las bombas que destruyeron respectivamente cada una de estas ciudades). Sin embargo su intención va más allá, procurando explorar los personajes y sus implicaciones en los hechos más que reconstruirlos, como ocurriera en otras óperas de Adams, como Nixon en China y La muerte de Klinghoffer. Por eso la puesta en escena de Sharon divide la pieza en dos partes muy diferenciadas, una primera en la que tras una pantalla en la que se explica el proceso histórico y la creación del artefacto, se abren ventanas como viñetas de cómic o cuadros de Hopper. En ellos los científicos discuten sobre su implicación en un genocidio o la solución a un desastre mayor, o especulan sobre el servicio al mundo y la vida o al amor, mientras recitan poemas y exhiben anhelos. Un trabajo de una envergadura y una complejidad tales que invitan a la admiración sin paliativos, cuyo engranaje funciona perfectamente gracias a un enorme esfuerzo por parte de todo el personal técnico y artístico. Y en la segunda, un único escenario constituido por un pergamino de papel técnico cuadriculado sobre el que se dibujan no las líneas de un gráfico sino las elucubraciones de un equipo de científicos condicionados por un aparato burocrático represor y embaucador; mientras las fuerzas de la Naturaleza, personificadas en nuestros ancestros, el indio americano en este caso, pretenden equilibrar una situación angustiosa que la música se encarga de hacer cada vez más irrespirable conforme nos vamos acercando al fatal y horripilante desenlace. Una solución por lo tanto eminentemente conceptual.

Escena del segundo acto
Los intérpretes, además de mantener en todo momento una línea de canto homogénea y coherente, se han de prestar a un movimiento escénico controlado y milimétricamente calculado, y lo hacen con éxito, de la misma forma que funciona el continuo ir y venir del coro, los figurantes y los numerosos bailarines, que también los hay. Hombres y mujeres de blanco, quizás científicos con manchas éticas en sus vestidos, y otros y otras de negro, puede que futuras víctimas o simplemente eslabones de ese sistema burocrático y represor al que nos referíamos, que corren, caen y bailan al son de una danza macabra, una danza de la muerte. Un espectáculo por lo tanto completo, costoso y complejo, que vale muchísimo la pena disfrutar y admirar. Para el Coro del Maestranza ha sido un auténtico reto, superado con sobresaliente, por su perfecta dicción en inglés y su enorme capacidad de modulación y flexibilidad de registro. Jessica Rivera, que estrenó esta producción y para la que Adams adaptó el papel a soprano tras el estreno absoluto por la mezzo Kristine Jepson, logró transmitir la carga emocional de su personaje de esposa de Oppenheimer, el famoso científico a la cabeza del Proyecto Manhattan, con una línea de canto dulce y equilibrada. La mezzo lituana Jovita Vaskeviciuté realizó un convincente trabajo como Pasqualita, la criada india de los Oppenheimer, con voz y presencia rotundas y autoritarias. El barítono Lee Paulis también convenció en el rol principal, aunque en el muy melódico Batter My Heart con el que expresa su personal crisis ante la prueba atómica, evidenció alguna dificultad de emisión, justo mientras cantaba en plena platea frente al público. Menos interesante resultó el engolado bajo finlandés Jouni Kokora como Edward Teller, el otro científico encargado de la misión. Mejor el tenor vasco Beñat Egiarte, la voz de la conciencia y las buenas prácticas de la ciencia, de voz suave y muy bien proyectada, aunque para ello todos y todas contaban con la ayuda de la amplificación, expresamente indicada en la partitura. Los barítonos Christopher Robertson (el meteorólogo) y Peter Sidhom (el general Graves, jefe militar del proyecto), así como el tenor madrileño José Manuel Montero, cumplieron con sus discretos cometidos, para así todo el elenco lograr una estupenda y muy estimulante noche de ópera, de fusión de disciplinas artísticas, como Wagner la soñaba.

El barítono español Gabriel Urrutia Benet interpretó a Oppenheimer
en el montaje original de esta producción de Badisches Staatstheater Karlsruhe
Un teatro público tiene la obligación de programar trabajos contemporáneos y no quedarse anclado en los títulos de siempre y las estéticas de otra época, aunque para ello arriesgue en taquilla. Un teatro público no sólo debe entretener sino también educar y ofrecer nuevos caminos de expresión; iniciativas como ésta cumplen ese cometido, y aún se puede arriesgar más. Si nos gusta asistir a exposiciones de pintura contemporánea y no anclarnos en Goya y Velázquez, por qué hemos de ser reacios a explorar más allá de Verdi y Mozart. Si la apuesta es de la calidad de la presente, el salto merece la pena. Ahora "sabemos que la materia puede convertirse en energía y alterar su forma", de la misma manera que sabemos que los gustos se pueden educar y moldear, y con un poco de energía mejorar.

lunes, 16 de marzo de 2015

FIORENZA CEDOLINS EN EL MAESTRANZA: COMEDIA A LA ITALIANA

Recitales Líricos. Fiorenza Cedolins, soprano. Inessa Filistovich, piano. Programa: Arias de Puccini, Giordano, Boito y Mascagni; canciones de Falvo, Cottrau, Tosti, Cardillo, Denza, Obradors y Falla; piezas para piano de Granados, Albéniz, Glinka y Schredin. Teatro Maestranza, domingo 15 de marzo de 2015


Apareció esplendorosa como una diva, vestida como si alguien le hubiera comentado que en la Alameda de Hércules había un mercadillo romano. Y dejó bien claro desde el principio que lo suyo era interpretación, drama o comedia, pero pura actuación. Quizás por eso comenzó con Tosca y terminó en las propinas con Adriana Lecouvreur de Cilea.

Hace casi cuatro años fue Isabel de Valois en la última producción de Don Carlo vista en Sevilla. No convenció y desde entonces parece que haya desterrado de su repertorio a Verdi, uno de sus tres amores; los otros dos son Puccini y su marido. El segundo estaba en la sala, y con el primero empezó y terminó la primera parte. Fue temperamental en Tosca, cómica en Gianni Schicchi, dramática en Manon Lescaut y trágica en Turandot, emocionándonos con una estremecedora Tu che di gel sei in cinta. Domina todos los registros dramáticos y el sentido del espectáculo, con un programa bajo el brazo diseñado para lucirse, y con la complicidad de una pianista tan cómica como ella, a quien presentó como La tigresa de Bielorusia. El resultado fue pura diversión, consiguiendo atraparnos con todo lo que hizo, dijo y cantó. Hubo incluso momentos tan surrealistas como la que lió con la larga cabellera de la pianista en Del cabello más sutil de Obradors.

Paseó su voz potente y de hermoso timbre entre presentaciones de cada pieza en un muy aceptable castellano, lo que sin duda debió afectar a la calidad de la voz, y cómicas equivocaciones en el orden del programa. Desparpajo no le falta, e hizo lo mejor que pudo para defender el repertorio, lo que no evitó agudos poderosos pero entrecortados, pianissimi forzados y excesiva afectación en las canciones napolitanas, que demandan más sencillez y naturalidad. Aun así destacamos el enorme sentimiento depositado en Core 'ngrato y de nuevo su vena cómica, imitando una pianola, en Santa Lucia. Fallan técnica y recursos, pero talento para entretener y sorprender le sobra, así que puede seguir dedicándose a esto, aunque la voz haya perdido color y otras cualidades desde su debut en Génova apenas hace veinte años. Filistovich hizo gala de pegársele la simpatía y el desenfado de Cedolins y ofreció en solitario solventes páginas de inspiración española.

Fe de errata: No le llamaba Tigresa de Bielorusia sino Tigre de Siberia. Perdón por el lapsus

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 17 de marzo de 2015

FEMÁS 2015: HIPPOCAMPUS, DOSCIENTOS AÑOS EN PANTALLA PARTIDA

32ª Edición Festival de Música Antigua de Sevilla. Hippocampus. Alberto Martínez Molina, dirección. Rachel Elliott, soprano. Jesús M. García Aréjula, barítono. Programa: Entre Gigantes (Bach y Cabezón: Arias y fugas, tientos y glosados). Sala Joaquín Turina, domingo 15 de marzo de 2015

Cuando era adolescente se estrenó una endeble pero entrañable película musical protagonizada por Olivia Newton John y Gene Kelly titulada Xanadú. En uno de sus muy kitsch números musicales, el veterano bailarín y el galán de la cinta fabulaban sobre cómo debía ser el espectáculo de inauguración de la discoteca que daba título al film. Una big band de los años 40 se alternaba así con una banda rock de los 80, fusionándose al final. Salvando naturalmente las enormes distancias, esto fue lo que se me antojó con una de las propuestas más refinadas y exquisitas del presente festival, con la que Alberto Martínez Molina volvió a deleitarnos tras hacerlo el año pasado junto al violinista Hiro Kurosaki, esta vez acompañado de su grupo Hippocampus.

Doscientos años separan a Antonio de Cabezón, músico de la corte de Felipe II, y el inimitable Johann Sebastian Bach. El órgano, la polifonía y el contrapunto les unía; el viaje de dos años del español por tierras centroeuropeas pudo dejar su huella e influir en el alemán. Así lo quiso poner de relieve el conjunto, con una estructura de concierto quizás un poco rígida pero muy efectiva para el propósito perseguido, y desde luego henchida de un encanto y un buen gusto envidiables. Tientos y canciones glosadas del primero se fueron dando la mano con arias y fugas del segundo, a través de una orquesta dividida en dos a cada lado del escenario, como si de una pantalla dividida de esas que tanto gustaban a Brian de Palma se tratara. Barrocos a la izquierda, renacentistas a la derecha, cada uno aprovechó su momento exhibiendo enorme musicalidad y delicadeza, destacando entre los primeros la cuerda grave y el oboe de Xavier Blanch, encargado de potenciar el color de las arias escogidas de Bach, y de los segundos las vihuelas y el sonido sedoso de Laura Puerto al arpa de dos órdenes. Clave y órgano ocuparon el centro y se encargaron de suavizar las transiciones y dar homogeneidad al conjunto.

En la parte vocal, los roles se intercambiaron e incluso interactuaron, con la voz pequeña pero muy en estilo, dulce y bien modulada de Rachel Elliott, enriquecida con la más hercúlea, flexible y segura de García Aréjula. La apoteosis final, esa fusión con la que terminaba Dancin’ de Xanadú, llegó de la mano de la propina, el duelo final de la Cantata no. 53 de Bach, a la que se unieron los instrumentos renacentistas porque, en palabras de un agradecido y elocuente Martínez Molina, ellos pueden.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 15 de marzo de 2015

FEMÁS 2015: À L'ESPAGNOLE, TODO BELLO EN EL CABARET DEL SOL

32ª Edición Festival de Música Antigua de Sevilla. Accademia del Piacere: Fahmi Alqhai, viola de gamba y dirección. Mariví Blasco, soprano. Rodney Prada, Rami Alqhai y Johanna Rose, violas de gamba. Enrique Solinís, guitarra barroca y laúd. Javier Núñez, clave. Pedro Estevan, percusión. Compañía Antonio Ruz: Antonio Ruz, coreografía y dirección. Melania Olcina, Lucía Bernardo y Tamako Akiyama, bailarinas. Jordi Vilaseca, Manuel Martín e Indalecio Seura, bailarines. Daniela Presta, vestuario. Olga García, iluminación. Programa: À l'Espagnole. Fantasía escénica (obras de Guédron, Boesset, Briceño, Campra, Lully, Couperin, Marin Marais y Telemann). Teatro Alameda, sábado 14 de marzo de 2015


Retrato de familia: músicos y bailarines juntos
Cada vez son más las propuestas que transgreden lo que habría de ser el espíritu serio y riguroso de un festival especializado en música antigua; esta edición de hecho han sido varias. Pero cuando una tiene la calidad de la que nos ocupa no hay más remedio que rendirse a sus encantos y aplaudirla sin prejuicios ni resentimientos. Es evidente que detrás de este espectáculo que combina música y danza de manera magistral, existe un trabajo y un esfuerzo descomunales, tanto por parte de los selectos integrantes de Accademia del Piacere, con Fahmi Alqhai, director a su vez del festival, al frente, como de los bailarines de la Compañía del cordobés Antonio Ruz, que ya colaboró hace dos ediciones junto a Vocalconsort Berlin con intenciones más humildes.

Un momento del ensayo, con Tamako Akiyama y Jordi Vilaseca en primer
plano, y los hermanos violagambistas Alqhai al fondo
Todos bellos y bellas, intérpretes musicales y de danza arrancaron componiendo un retrato de grupo muy en estilo barroco, negro en la vestimenta y austeridad en la puesta en escena, y declamando nombres y conceptos en francés y castellano paradigmáticos de dos culturas que se influyen y alimentan recíprocamente, especialmente en aquella era de esplendor. Sentadas las bases de un programa en torno a la longeva corte de Luis XIV, el Rey Sol, donde sin embargo primaba el color y la exuberancia, surgen dos partes bien diferenciadas. La primera alegre, sensual y desenvuelta, y la segunda tenebrista y sobria, ya sin la colaboración de una Mariví Blasco en estado de gracia, que protagonizó la primera mitad exhibiendo una voz poderosa, aterciopelada y con autoridad, que se fue relajando hasta alcanzar mimbres puramente folk de enorme belleza en Ay amor loco (Luis de Braceño) y Sé que me muero amor (de El burgués gentilhombre de Lully), mientras se dejaba seducir por la danza y se prestaba a incómodos cuadros acrobáticos. Todo ello conducido por el joven Indalecio Seura, maestro de ceremonias de un cabaret barroco por el que se deslizaron las poderosas y hermosísimas coreografías de Ruz, dejando a un lado los movimientos espasmódicos para centrarse más en la armonía y el erotismo de los cuerpos, solos o coordinados.

No menos belleza y seducción extrajeron Alqhai, Solinís, Núñez, Estevan o Rose de sus instrumentos, combinando fuerza y delicadeza a través de un sonido envolvente y sensual, con la célebre Marcha Turca de Lully como visagra entre las dos partes aludidas, y solos de Alqhai a la viola de gamba en torno a un imprescindible Marin Marais de inmenso lirismo y capacidad de evocación. Folías y sarabandas, sin olvidar la Europa Galante de Campra y L'Espagnole de Couperin, servidas con enorme sentido de la belleza y la responsabilidad en un proyecto dominado por un elegante sentido de la ensoñación que merece ahora un largo recorrido y encandilar así a otros públicos, como hizo con el que agotó las localidades de la única función programada en este festival.

CHAPPIE Ridículo Robocop Chapichulo

USA 2015 120 min.
Dirección Neill Blomkamp Guión Neill Blomkamp y Terri Tatchell Fotografía Trent Opaloch Música Hans Zimmer Intérpretes Sharlto Copley, Dev Patel, Hugh Jackman, Sigourney Weaver, Ninja, Yo-Landi Visser, José Pablo Cantillo, Brandon Auret
Estreno simultáneo 6 marzo 2015

Quizás la aproximación de la fecha en la que se ambientaba Blade Runner, 2016, esté propiciando la actual tendencia a estrenar películas sobre robots inteligentes. La interesante pero vapuleada Autómata – ya se sabe que a lo español siempre le cuesta más convencer a la atribulada crítica -, la seudo intelectual Ex-Machina, y ahora este nuevo título del director de District 9, que tanto entusiasmó a la crítica, y Elysium, ya instalada en la maquinaria mercantil de Hollywood. Lo que ofrece el realizador sudafricano es ridículo hasta el sonrojo, planteando la historia de un robot policía que cae en desgracia y reseteado como androide con conciencia. Lo que surge es un humanoide con forma de robocop escuálido, inocente y dulzón, adoptado por una familia disfuncional de cretinos delincuentes, tan inocentes y bobalicones como el robot protagonista. A partir de ahí Chappie, papi y mami son las palabras que más se repiten en un guión simplón y arquetípico, con villanos de manual y situaciones tan ridículas como irrelevantes. Blomkamp pretende convertir su cacharro en una especie de E.T., pero la emoción y el talento brillan por su ausencia. Ni siquiera funciona como producto infantil sobre el bien y el mal, la educación para combatir la maldad y la miseria, pues en su tramo final la violencia es de tal virulencia que no la hace recomendable para un público inmaduro. Su pretencioso y ridículo discurso sobre la conciencia que no muere y el cuerpo que caduca, en busca de un paraíso eterno, se sirve a través de un planteamiento pueril muy alejado de sus referentes, Isaac Asimov, Philip K. Dick, Brian Aldiss o incluso Carlo Collodi.

sábado, 14 de marzo de 2015

FEMÁS 2015: ERIC HOEPRICH Y LA TEMPESTAD, MOZART DE CÁMARA CON PLANTEAMIENTO SINFÓNICO

32ª Edición Festival de Música Antigua de Sevilla. La Tempestad. Silvia Márquez, dirección. Eric Hoeprich, clarinete. Programa: Obertura de Don Giovanni, Quinteto para clarinete y Sinfonía No. 41 "Júpiter" de Mozart. Sala Joaquín Turina, viernes 13 de marzo de 2015

Hoeprich con un clarinete di bassetto
Mozart dedicó sus dos sublimes piezas para clarinete, el Quinteto y el Concierto, al virtuoso Anton Stadler, para quien concibió largas melodías de estilo arioso. Precisamente uno de los conjuntos fundados por el clarinetista y lutier norteamericano Eric Hoeprich es el Trío Stadler, integrado por clarinetes tenores di bassetto, que tras mucho tiempo en desuso hoy disfrutan de una nueva vida gracias a la interpretación revisionista, y con uno de los cuales acudió a esta cita ineludible con el público del Femás. Considerado una autoridad en la interpretación históricamente informada, su colaboración con La Tempestad ofrecía además el aliciente de incluir otras obras mozartianas de corte sinfónico reducidas a arreglos camerísticos y ofrecidas con un planteamiento de concierto de abono sinfónico, introducido por una obertura, seguido de obra con solista y concluido en su segunda parte con una sinfonía.

De Hoeprich obtuvimos lo esperable, un control absoluto del instrumento, de la respiración y de la ornamentación, sin excesos ni aspavientos, con la sencillez y la facilidad que sólo logran los grandes. Mantuvo un tono conmovedor y una indiscutible musicalidad a lo largo de todos los registros del instrumento, arropado en el Quinteto por una cuerda alegre y despreocupada pero sin el empaste necesario; incluso acusó desequilibrio en los pasajes dialogados con un primer violín, Cibrán Sierra, demasiado temperamental y volcado en mantener en todo momento un lirismo exacerbado. En la propina el siempre agradecido andante del Concierto para clarinete sonó lírico y ensoñador.

La Tempestad
No cabe duda de que Márquez dirigió al conjunto, pero su gesto era más de control que de dirección, lo que hizo innecesaria su colocación de espaldas al público, incidiendo en un fortepiano prácticamente inaudible. Atravesado frente al conjunto, como es habitual, hubiera cumplido mejor su cometido. El arreglo de Joseph Küffner de la Obertura de Don Giovanni sonó endeble en la introducción y briosa en el desarrollo, mientras la adaptación de la propia Márquez y Antonio Clares de la Sinfonía nº 41, incluida en el trabajo Mozart infrecuente del grupo, al estilo de las reducciones que Johan Peter Salomon realizó de las sinfonías de Londres de Haydn también grabadas por ellos, fue todo un acierto, captando todos los matices y estados de ánimo de la pieza, sin prescindir de su expresividad y musculatura gracias a un excelente trabajo de la cuerda grave. Para suplir los timbales contamos con las molestas patadas en el suelo del inquieto Sierra. Las maderas por el contrario quedaron reducidas a la flauta de Guillermo Peñalver, curiosamente un instrumento que Mozart apreciaba poco pero que obtuvo del músico de la Barroca un resultado exquisito y absolutamente adecuado.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 15 marzo 2015

NEGOCIADOR Ni en serio ni en broma

España 2014 80 min.
Guión y dirección Borja Cobeaga Fotografía Jon D. Domínguez Música Aránzazu Calleja Intérpretes Ramón Barea, Josean Bengoetxea, Carlos Areces, Melina Matthews, Jöns Pappila, Óscar Ladoire, Raúl Arévalo, Secun de la Rosa, María Cruickshank, Santi Ugalde Estreno en el Festival de San Sebastián 22 septiembre 2014; estreno comercial 13 marzo 2015

Borja Cobeaga ha exhibido su talento por el cortometraje, con hitos como Éramos pocos, nominado al Oscar, la televisión – Muchachada Nui y Vaya semanita, cuyo concepto tiene mucho que ver en este film – y el largometraje, centrándose hasta ahora en comedias románticas con un punto marciano, como Pagafantas y No controles. El éxito obtenido con Ocho apellidos vascos, de la que fue coguionista, le ha permitido embarcarse en esta curiosa película que fantasea sobre la negociación entre el gobierno socialista y ETA en 2005 para acabar con la violencia en el País Vasco. Un tema al que uno se acerca con cierto temor y prejuicio, temeroso de que pueda herir nuestra sensibilidad, y por esa tendencia del cine español a frivolizar sobre temas tan duros y dramáticos como éste tirando por el camino frívolo de la comedia. Algo así como lo que ocurría la semana anterior con el estreno de Perdiendo el Norte, una típica españolada como las que se hacían en época de Franco para ilustrar el drama de tantas y tantas personas de este país que están teniendo que emigrar al extranjero ante las escasas oportunidades que les brindan nuestros patéticos y desvergonzados gobiernos. Hoy que tanto se critica a Zapatero, a nadie le interesa recordar que con él terminó uno de los mayores dramas que han asolado este país durante décadas, sesgando la vida de miles de inocentes. Cobeaga lo hace aunque para ello ponga en evidencia nuestra idiosincrasia e ineptitud. Un político socialista de profunda raigambre vasca pero sentimiento también español, se empeña en ser vértice de una negociación en Francia con la organización terrorista. Los tópicos se van poniendo en evidencia, mientras un cúmulo de despropósitos va alumbrando un diálogo en el que jugar a la empatía y la casualidad funciona mejor que esgrimir argumentos políticos o de índole humanista. Nadie domina ni controla el discurso, fundamentándolo en argumentos sin peso ni convicción, moral ni histórica, como evidencia la conversación con la prostituta cubana o el sintomático final. El mayor mérito de Cobeaga es manejar sus cartas sin molestar, con respeto y seriedad, a pesar de lograr mantener un tono humorístico pero sin astracanadas, basado siempre en la sonrisa con ocasionales carcajadas y apoyándose fundamentalmente en los ridículos personajes que plantea. Aunque se eche de menos mayor incisividad y mordacidad, la empresa y el talento lucen, consiguiéndose una película notable, entretenida y muy bien planteada y estructurada, que se beneficia además de estupendas interpretaciones y un tono irónico saludable y envidiable. Lo que llama la atención es que habiéndose presentado en el Festival de San Sebastián, donde obtuvo el Premio Irizar al cine vasco, no se acordaran de ella en los Goya, aunque fuera para reconocer el excelente trabajo de Ramón Barea.

SELMA Crónica fría pero de candente actualidad

Reino Unido-USA 2014 128 min.
Dirección Ava DuVernay Guión Paul Webb Fotografía Bradford Young Música Jason Moran Intérpretes David Oyelowo, Tom Wilkinson, Carmen Ejogo, Giovanni Ribisi, Common, Alessandro Nivola, Cuba Gooding jr., Tim Roth, Oprah Winfrey, Dylan Baker, Martin Sheen Estreno en Estados Unidos 9 enero 2015; en España 6 marzo 2015

Ava DuVernay lleva muchos años en el oficio, trabajando fundamentalmente en los departamentos de publicidad de destacadas producciones. Mientras tanto se ha forjado también como realizadora en cortometrajes, documentales y un par de largometrajes de temática feminista, siempre desde el ángulo de su raza afroamericana, que preceden a este su primer título de gran repercusión internacional, bendecido además por los Oscar, el de mejor canción que obtuvo y el de mejor película al que fue candidata. Selma es la población de Alabama que sirvió de punto de arranque para una de las gestas más memorables de la lucha por los derechos civiles y el derecho al voto que lideró Martin Luther King en los convulsos años 60. Una lucha que recuerda la infamia permanente en la que se encuentra asentado el país que simboliza la cumbre de las libertades públicas y los derechos fundamentales, y que sin embargo no ha cerrado heridas tan profundas como la bomba atómica, las guerras muchas de ellas injustificadas en las que se involucra, la industria armamentística que supone su mayor ingreso, y por supuesto el racismo aun lamentablemente tan de actualidad, como atestiguan los tristes acontecimientos que están teniendo lugar hoy en Ferguson, Missouri. La película de DuVernay se implica en el llamado domingo sangriento y la posterior marcha sobre el puente Edmund Pettus que tanto disgustó a los seguidores de King, venidos de todos los puntos del país, independientemente de su raza o color, conmovidos por las atrocidades vistas en televisión y narradas en prensa. Comienza con el Premio Nobel de la Paz en 1964 y termina tras la aprobación por la autoridad judicial de la marcha definitiva hasta Montgomery que derivó en la ley que garantizaba el voto a los afroamericanos, principal reivindicación de la gesta. Destaca sin embargo la frialdad con la que la realizadora ha retratado los acontecimientos; demasiada sobriedad para unos hechos que reclaman un poco de desmelene, más visceralidad e invitación a la rabia. Sorprende además que no haya prescindido del carácter puntualmente castrador de la esposa de King, otro de esos personajes retratados como si cuestionasen la utilidad de la lucha por contravenir sus propios intereses familiares; una imagen muy tópica de la mujer que convendría desterrar independientemente de su supuesto y puntual acierto histórico. Con todo ello la cinta se hace aburrida en muchos de sus tramos, y su vocación academicista y escrupulosa gramática no ayudan mucho, por logradas que sean las interpretaciones, especialmente en el caso de David Oyelowo, magistralmente caracterizado como el gran hombre cuyo asesinato nos impidió ver hasta dónde podría haber llegado y limpiado gran parte de la vergüenza de un país erigido en paradigma de la libertad, donde se ejerce frecuentemente la autocrítica pero deviene en poco o nada de remisión. A la espera de que algún día Spielberg pueda echar mano del personaje, aprovechando que tiene los derechos sobre sus discursos, nos conformaremos con este homenaje aséptico y respetuoso.

miércoles, 11 de marzo de 2015

INVITACIÓN A LA MÚSICA DE JOHN ADAMS

Estos días se está escribiendo mucho sobre la ópera de John Adams Doctor Atomic, cuyo estreno absoluto en nuestro país tiene lugar el viernes 13 de este mes, sólo diez años después de su composición. Raro es el día desde hace una semana que los periódicos no incluyan reportajes, crónicas o entrevistas sobre el esperado título. No cabe duda de que nos encontramos ante un acontecimiento del que el Teatro de la Maestranza y con él Sevilla debe sacar buen rédito, pues se trata de una ocasión única para realzar el papel de la lírica en nuestra comunidad y elevar el estatus del coliseo al nivel de los grandes, que sin complejos ni miedos se atreve a programar títulos alejados del repertorio clásico y habitual, como ya hizo cuando estrenó Der ferne Klang de Schreker, La mujer silenciosa de Strauss o Lulu de Berg, por citar algunos, siempre bajo dirección artística de Pedro Halffter.

La música del compositor cuyo nombre coincide con el del segundo presidente de Estados Unidos y padre de la patria, parece ser poco conocida entre nuestros aficionados, a pesar de su índole amable y agradecida para el oído, tan alejada de la música experimental y vanguardista que habitualmente identificamos con música clásica contemporánea. En 2010 el realizador italiano Luca Guadagnino dirigió una elegante y sofisticada película en la que Tilda Swinton interpretaba a una inglesa madre de una familia de la alta burguesía italiana que, aburrida de su acomodada existencia, descubre la pasión de la mano del amigo de uno de sus hijos. Guadagnino estuvo diez años detrás de John Adams para que se encargara de la partitura de Io sono l'amore (Yo soy el amor), cediendo éste finalmente los derechos de un buen puñado de piezas suyas que funcionan como un guante en la dramaturgia del film. Su edición discográfica nos permite viajar por la música de Adams a modo de exposición, logrando así hacernos una idea bastante completa de su estética musical.

The Chairman Dances, espectacular foxtrot orquestal extraído de su primera ópera, Nixon in China, se ofrece entera. Esta obra y las segunda y tercera parte de Harmonilehere cuentan con la interpretación de Edo de Waart y la Sinfónica de San Francisco, y son familiares para el público sevillano, ya que el año pasado la Sinfónica Conjunta interpretó los bailes del presidente bajo la batuta de Juan García Rodríguez, mientras Halffter dirigió a la ROSS la segunda de las piezas reseñadas. El lirismo jazzístico del primer movimiento de Century Rolls recibe de manos del pianista Emmanuel Ax una excelente recreación, acompañado de Christoph von Dohnányi y la Orquesta de Cleveland. Los coros con aires místicos de la ópera Klinghoffer's Death están muy bien representados en la escena 2ª del Acto I con Kent Nagano al frente de la Orquesta de la Ópera de Lyon y las voces femeninas del English Opera Chorus. Nagano se hace cargo de los juguetones y enrollados metales de Lollapalloza, en esta ocasión frente a la Halle Orchestra. Mientras el propio Adams y la Orquesta de St. Luke recrean el ambiente misterioso, suspendido y meditabundo de Shaker Loops, de la que se ofrecen sus partes 3 y 4. Su vertiente más minimalista se refleja en Fearful Symmeries, cuya versión completa contaba con el barítono Sanford Sylvan. Nonesuch editó esta banda sonora que sirve perfectamente como aperitivo y sampler para iniciarse en la música del único autor vivo cuya música se ha escuchado en una temporada lírica de nuestro teatro.

EN TERCERA PERSONA Gente en páginas

Título original: Third Person
USA -Reino Unido 2013 136 min.
Guión y dirección Paul Haggis Fotografía Gianfilippo Corticelli Música Dario Marianelli Intérpretes Liam Neeson, Mila Kunis, Adrien Brody, Olivia Wilde, James Franco, Moran Atias, Maria Bello, Kim Basinger, Loan Chabanol, Riccardo Scarmacio, Caroline Goodall Estreno en el Festival de Toronto 9 septiembre 2013; en Estados Unidos (limitado) 20 junio 2014; en España 6 marzo 2015

El trabajo de Paul Haggis como guionista se remonta a finales de los 70 con Vacaciones en el mar, y después de escribir el guión de varios episodios de otras populares series de televisión como Treintaytantos o La ley de Los Angeles, Clint Eastwood lo lanzó al éxito en el cine con Million Dollar Baby, Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima, a las que siguieron dos notables títulos de James Bond, Casino Royale y Quantum of Solace. En la dirección alcanzó la cumbre con Crash, ganadora de tres inesperados pero muy merecidos Oscars. Se trataba de un film que exploraba la violencia inherente a la sociedad urbana moderna, radiografiando muy especialmente la de Los Angeles y utilizando para ello una particular técnica narrativa utilizada en los 90 por Robert Altman (Vidas cruzadas) y Paul Thomas Anderson (Magnolia). En el valle de Elah fue otro importante y certero hito en su filmografía, con un inmenso Tommy Lee Jones intentando averiguar las extrañas circunstancias de la muerte de su hijo, regresado de Irak e involucrado en un retorcido acto vandálico. La siguiente no sería su mejor apuesta, un remake del thriller romántico francés Pour elle, que se tituló Los tres próximos días y en el que la actriz israelí de origen marroquí Moran Atias, que ya había participado en la serie de televisión basada en Crash, tenía un papel destacado. Juntos, Haggis y Atias, se han embarcado en esta singular y desconcertante película, él una vez más como director y guionista y ella estrenándose como productora, además de interpretar uno de los principales personajes de un reparto coral y sumamente atractivo. Las localizaciones en Roma, Nueva York y París, aunque inviten al pintoresquismo, añaden atractivo a una enigmática historia cuya primera mitad puede llegar a atrapar sin apenas contar nada, o al menos no saber qué es lo que nos quiere contar. Su calculado montaje, encadenando historias con la naturalidad de un trazo firme y seguro, como si unas encajaran en otras, van añadiendo misterio a una trama que poco a poco se va perfilando y que coloca a Liam Neeson, como autor de novelas con una complicada existencia sentimental, en el centro de un universo enrarecido y sofocante. El experimento se va revelando poco a poco como un ensayo sobre la creación literaria y cómo los factores personales, a menudo autobiográficos, influyen decisivamente en la ficción. Eso y el dolor ante un hecho trágico e inesperado que potencia nuestro sentido de la responsabilidad, mal acuñado como culpa merced a un ancestral dominio de la religión como ente educador y castrador, se erigen en contenido temático del film. Cierto que la empresa se antoja un poco, en su puesta en escena y presunta intención poética, carne de centro comercial y revista del corazón, con pinceladas de glamour pero también de cursilería, aunque de sus excelencias o miserias sólo el tiempo podrá dar parte. De momento ha sido muy mal recibida y le ha reportado a su autor los improperios más inmerecidos. Sin duda es un film parcialmente malogrado, pero tiene suficiente enjundia y atractivo como para merecer un respeto. Entre sus atractivos figuran también su minuciosa y luminosa fotografía así como la lírica banda sonora de Dario Marianelli. Y no tiene precio disfrutar después de varios años de ausencia de la inmarchitable belleza de Kim Basinger, que enamoró a toda una generación en los años 80 y parte de los 90.