martes, 31 de enero de 2017

DIRÉ TU NOMBRE Un amor intenso en el peor de los paisajes posibles

Título original: The Last Face
USA 2016 131 min.
Dirección Sean Penn Guión Erin Dingman Fotografía Barry Ackroyd Música Hans Zimmer Intérpretes Javier Bardem, Charlize Theron, Adèle Exarchopoulos, Jean Reno, Jared Harris, Sibongile Mlambo, Denise Newman, Oscar Best, Zubin Cooper, Sebelethu Bonkolo, Hopper Penn Estreno en el Festival de Cannes 20 mayo 2016; en España 27 enero 2017

Sean Penn no ha tenido mucho éxito como director. Éste su quinto largometraje, tras la fría acogida que tuvieron los dos que protagonizó Jack Nicholson y el ultimo, Into the Wild (Hacia rutas salvajes), desde su estreno en Cannes no ha podido cosechar peores críticas. De momento solo se ha estrenado en Francia y en nuestro país, y no tiene fecha de estreno ni siquiera en Estados Unidos. Puede que Penn no destaque como director, pero se nota que dentro y fuera de la industria, en su vida personal y profesional, tiene las cosas muy claras. Siempre ha sido alguien muy comprometido, al igual que la pareja protagonista de esta dura crónica, Charlize Theron y Javier Bardem. Nadie puede decir de ellos que sean tan frívolos como para no comprometerse y responsabilizarse en algo tan cruento como lo que cuenta esta necesaria película. Desde la atalaya que nos proporciona vivir en este tercio del Mundo privilegiado es fácil tildar de pornográfico lo que otros hacen para si no mejorarlo al menos denunciar lo que es infame e inaceptable. No tenemos altura moral ni para reprocharle ni para censurarle que lo haga con toda la crudeza posible. Bardem y Theron viven una historia de amor tan intensa como tenso es el ambiente en el que se desarrolla, en medio de las cruentas e interminables guerras que minan y desangran el continente africano, en este caso muy en especial Liberia. No se trata más que de la herencia de occidente, que descuida su educación mientras alimenta su voracidad armamentística, y de forma tan hipócrita como humanista sufraga lujosas oficinas en Europa y Estados Unidos con el pretexto de organizar ayuda y remedio a toda esa miseria e inmundicia que otros tragan. Profesionales de la medicina y del voluntariado humanitario se juegan continuamente la vida, y a esas personas va dedicada esta terrible crónica sobre la crueldad más extrema y el daño que provoca en millones de seres humanos, con especial hincapié en la inocencia de los más jóvenes y débiles. Cierto que la generosidad también es vocacional y adictiva, una bendición para quienes se sienten preparados para extenderla, pero eso no la hace menos meritoria o válida. Triste, melancólico y terrible, así deja el cuerpo esta película que no ahorra dureza, aunque a todas luces la realidad sea mil veces peor que lo que Penn se atreve a mostrar; y aún así lo llaman pornografía. Creía que eso era algo que daba placer, como a quienes les gusta pasar miedo en una película de terror. Pero disfrutar con esto, lo dudo; poco hay de pornográfico en el sufrimiento y el dolor de quienes luchan por no padecerlo, quienes pierden a sus hijos y sus madres, quienes padecen la crueldad extrema de quien imita comportamientos del mundo supuestamente civilizado, sin entender el alcance de lo que hacen. Y en medio de todo ese horror explícito y nauseabundo, dos personas se conocen, se enamoran intensamente y pelean por entenderse y respetarse. Penn no sacrifica el glamour y atractivo que tienen sus protagonistas y les da oportunidad de lucirlo, especialmente ella, con localizaciones también en nuestro civilizado mundo, sus cenas, homenajes, conciertos y buenas viviendas que hacen aún más incomprensible que en pleno siglo XXI exista todavía tanto sufrimiento en gran parte del globo, aunque no nos lo cuenten tanto como lo que ocurre en Oriente Medio y en nuestras ciudades cuando las atacan. Penn lo denuncia, se esmera en reflejarlo y le atacan. Bien, será que su actitud es execrable, no como ese señor que hace comedias gamberras que se llama Judd Apatow y que ha reescrito la historia del cine americano. No es Penn quien se toma esto a la ligera, sino quienes lo juzgan.

lunes, 30 de enero de 2017

BILLY LYNN Ingredientes contrapuestos para dar forma a la gran tragedia americana

Título original: Billy Lynn’s Long Halftime Walk
USA 2016 110 min.
Dirección Ang Lee Guión Simon Beaufoy y Jean-Christophe Castelli, según la novela de Ben Fountain Fotografía John Toll Música Jeff y Mychael Danna Intérpretes Joe Alwyn, Garrett Hedlund, Kristen Stewart, Steve Martin, Vin Diesel, Chris Tucker, Beau Knapp, Ben Platt, Mackenzie Leigh, Arturo Castro, Mason Lee, Astro, Ismael Cruz Cordova, Barney Harris, Tim Blake Nelson Estreno en Estados Unidos 18 noviembre 2016; en España 27 enero 2017

Una peligrosa y arriesgada intervención de un pelotón de guerra norteamericano en Irak convierte a sus integrantes, y en especial al que da nombre a la película, en héroes de guerra, por lo que son invitados a pasar unos días en suelo americano e intervenir en el espectáculo de intermedio de un importante partido de fútbol americano, al más puro estilo Super Bowl, a modo de homenaje aunque como comparsa de las Destiny’s Child (estamos en 2004). Al margen de ser la primera película rodada a 120 fotogramas por segundo, lo que se traduce en una calidad de imagen extraordinaria, no perceptible sin embargo en sistemas de proyección convencionales, a Ang Lee la novela de Ben Fountain le sirve para realizar un complicado experimento estructural, donde cada idea e ingrediente tiene su opuesto, como el ying y el yang. Así, nos habla de guerra y de amor (el protagonista es virgen pero un consumado guerrero); de armas y de espectáculo, las dos mayores fuentes de financiación de Estados Unidos; de amor de sangre y atracción de niñata, violencia fuera y dentro del país, fuegos artificiales y bombas… y así un sinfín de símiles y elementos antagónicos que dan consistencia a un trabajo que quizás pueda parecer la enésima ocasión en que los americanos entonan el mea culpa, cuando ya sabemos que las cosas siguen igual o peor. Pero al menos siempre hay alguien que critica, satiriza y protesta, y que lo haga el consumado maestro responsable de películas como Brokeback Mountain, Sentido y sensibilidad o La vida de Pi, proporciona una mayor garantía de credibilidad. En el conjunto nos parece ver la combinación de otros títulos como Banderas de nuestros padres de Eastwood, Un domingo cualquiera de Stone y Redacted de De Palma, pero de forma tan eficaz que esta mezcla y esa continua contraposición en la que se articula el libreto nos parece ideal para poner en pie una cinta que a buen seguro ganará con el tiempo. En el reparto sobresalen el joven y carismático debutante Joe Alwyn, Garrett Hedlund, esa mezcla de Harrison Ford y Steve McQueen, en su mejor papel, así como unos Steve Martin y Vin Diesel convencidos del trabajo desempeñado en esta sempiterna dramatización de la gran tragedia americana.

JUAN PÉREZ FLORISTÁN: UN JOVEN ANTE LA INMENSIDAD

Juan Pérez Floristán, piano. Programa: Sonata en Si menor S.178, de Liszt; 4 Preludios, de Debussy; Sonata, de Bartók; 3 Preludios, de Gershwin; Danzas argentinas, de Ginastera. Teatro de la Maestranza, domingo 29 de enero de 2017

Fue en diciembre de 2007, con sólo catorce años, cuando lo escuchamos por primera vez y ya le dimos matrícula de honor. Nos sorprendió su versatilidad y destacamos su sensibilidad y musicalidad, a la vez que reparábamos en ciertos defectos de expresividad que estábamos seguros sería capaz de depurar con el tiempo. De aquella sala Manuel García saltó a la sala principal del Maestranza en tres ocasiones, acompañado por la Sinfónica, y volvió a la sala pequeña en uno de los conciertos de cámara del conjunto hispalense. Pero éste ha sido su debut en solitario en el escenario principal del lugar donde ha crecido como espectador y artista, como él mismo aseguró en el emotivo, agradecido y humilde discurso con el que terminó el programa de este concierto que dedicó a Julio Gª Casas y que se ha convertido ya sin duda en una noche para recordar.

El joven sevillano revalidó el talento que exhibió en sus comparecencias anteriores y rubricó el premio que recibió el año pasado en Santander, desde la primera y muy complicada obra elegida para este programa diverso en estilos y registros, que abordó con una personalidad muy formada y característica sin por ello traicionar el espíritu de cada pieza. La Sonata de Liszt es una obra maestra que exige tanta reflexión como concentración, y con la que el artista puede quedarse en la superficie del virtuosismo y el tan recurrente carácter maquiavélico que se le asigna, o extraer todo un poemario digno de los intérpretes más sensibles y exigentes, como hizo él, manteniendo nuestro interés desde la primera hasta la última nota, dejando fluir la música con naturalidad y flexibilidad a través de sus numerosos cambios de registro, exhibiendo una digitación precisa y cristalina y destacando sus elocuentes silencios así como sus pasajes más arrebatados, hasta conseguir una versión sincera y emocionante; y sin partitura, con toda su compleja arquitectura perfectamente diseñada en su interior.

Después puso en relieve el generoso cromatismo de los cuatro Preludios de Debussy seleccionados, del paisajismo lleno de contrastes de La puerta del vino a la turbulencia marina de Lo que vio el viento del oeste, ahondando en delicadeza y reflexión. Con la difícil Sonata de Bartók dejó bien claro su dominio del ritmo y sentido de la percusión, insistiendo en ese virtuosismo que ya derrochó en las piezas anteriores y que asomó de nuevo en unos vertiginosos Preludios extremos de Gershwin, mientras en el central hizo gala de un amplio lirismo y se permitió la licencia de improvisar al más puro estilo jazzístico, acertando. Fiesta, sensualidad y de nuevo virtuosismo, desde la sinceridad y el cariño más absoluto por el instrumento y el amor incondicional por la música, en las Danzas argentinas de Ginastera y un espectacular arreglo propio de unas bulerías jerezanas que brindó a la tierra que le vio nacer y desde la que ya ha despegado para llegar muy lejos.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 29 de enero de 2017

VIVIR DE NOCHE Un gángster diferente tratado de forma clásica

Título original: Live by Night
USA 2016 129 min.
Guión y dirección Ben Affleck, según la novela de Dennis Lehane Fotografía Robert Richardson Música Harry Gregson-Williams Intérpretes Ben Affleck, Sienna Miller, Zoe Saldana, Elle Fanning, Chris Cooper, Brendan Gleeson, Chris Messina, Remo Girone, Robert Glenister, Matthew Maher, Max Casella, Miguel J. Pimentel, Anthony Michael Hall Estreno en Estados Unidos 13 enero 2017; en España 27 enero 2017

Las novelas y relatos de Dennis Lehane han seducido a Clint Eastwood (Mystic River), Martin Scorsese (Shutter Island), Michaël R. Roskam (La entrega) y Ben Affleck (Adiós pequeña adiós), que repite ahora con esta historia de gángsters no del todo convencional. Y es que su protagonista es en cierto modo un buen hombre al que las circunstancias, y especialmente una cruenta experiencia en el campo de batalla durante la 1ª Guerra Mundial, le ha llevado a delinquir y de ahí a prestar sus servicios a la escoria de la mafia. Affleck demuestra una vez más su habilidad para contar historias, muy por encima de su faceta como actor, donde exhibe registros planos y sin matices. Recupera el estilo para hablar del crimen organizado que tan bien le fue a Brian de Palma en Scarface y Los intocables de Eliot Ness, y de paso revisita el cine del género que se cultivaba en plenos años treinta, época que retrata la película, cuando Howard Hawks, Mervyn LeRoy o William A. Wellman firmaban grandes películas al servicio de Paul Muni, George Raft y James Cagney. Pero su estilo resulta demasiado aseado, como si vestuario y decorados, aunque espléndidos, fuesen demasiado obvios y faltos de verosimilitud, a la vez que nos regala momentos impactantes, pocas veces vistos, como una vertiginosa persecución de coches antiguos haciendo uso de la mejor y más avanzada tecnología. El ritmo y la estructura narrativa es satisfactoria, mientras por delante de nuestros ojos va desfilando un magnífico reparto, la luminosa fotografía de Richardson contrasta con la nocturnidad del título, y la música de Gregson-Williams nos sumerge en el aire melancólico que transpira una propuesta que se ve con interés pero sin entusiasmo.

MÚLTIPLE de trastorno (el del director por cada espectador/a)

Título original: Split
USA 2016 116 min.
Guión y dirección M. Night Shyamalan Fotografía Michael Gioulakis Música West Dylan Thordson Intérpretes James McAvoy, Anya Taylor Joy, Betty Buckley, Haley Lu Richardson, Jessica Sula, Brad William Henke, Izzie Coffey, Sebastian Arcelus, Neal Huff, Ann Wood Estreno en Estados Unidos 20 enero 2017; en España 27 enero 2017

M. Night Shyamalan siempre será gratamente recibido en nuestra memoria de apasionados al cine, y nada mejor que el thriller para generar pasiones, que es el género que él ha cultivado mayoritariamente. Pero la magia y el talento que exhibió desde El sexto sentido a El incidente, seis estimables películas, algunas excelentes, en las que utilizó el género como metáfora para hablarnos de asuntos más trascendentales, no se ha vuelto a repetir ni en La visita ni en esta película que tan bien parece haber sido recibida en círculos entendidos. El director de Señales nunca se ha conformado con hacer cosas convencionales; cuando se atrevió con los superhéroes decidió darles la vuelta y explorar su lado más perverso y oscuro. Así ocurrió en El protegido y parece querer volver a probar en esta película en la que pretende hacer psicoanálisis a propósito de la identidad múltiple, sin renunciar al elemento fantástico. Pero cualquier cineasta serio y comprometido sabe que hasta para hacer cine fantástico hay que convencer, y ni la interpretación histriónica de McAvoy, que le acerca más a un payaso que a un enfermo con trastorno de identidad disociativo, ni los parámetros sobre los que se asienta el disparatado guión de Shyamalan consiguen convencer ni de lejos. En cambio tenemos a una psiquiatra anciana y solitaria (espléndida Betty Buckley, la entrañable matriarca de Con ocho basta) que atiende a un paciente manifiestamente peligroso en su casa, unas chicas que afrontan un secuestro de la forma más absurda posible y sin que la situación genere apenas inquietud más allá de un prometedor arranque, y un desarrollo reiterativo que desemboca en un final esperpéntico. Para colmo juega con una doble narración en la que quiere indagar en cómo unos traumas similares afectan de una forma (lúcida) u otra (trastorno) según a quién afecte. Demasiada ambición para tan confuso experimento. La música de James Newton Howard y un cameo al final de la película pretende darnos las claves de lo que nos ha contado el director, pero lo cierto es que el espectáculo nos ha irritado considerablemente de principio a fin.

sábado, 28 de enero de 2017

GALA ASECAN 2017: LA EMOCIÓN DE UN ENCUENTRO ANUAL

Foto de familia
Desde mi óptica de socio de ASECAN (Asociación de Escritores y Escritoras de Cine de Andalucía) no puedo sino agradecer a su actual presidente Javier Paisano que la recuperara de la crisis que sufrió a principios de este nuevo siglo. Nació de forma humilde y muy discreta a principios de los años ochenta del pasado siglo, de la mano de gente que hizo mucho por la crítica andaluza en aquella época, como Juan Fabián Delgado, Francisco Casado y Rafael Utrera; y conoció su momento de mayor esplendor en los noventa, cuando el Cervantes, el Rialto, el Central y el mismo Lope de Vega acogieron galas nocturnas que quedaron para siempre en nuestra retina, y donde disfrutamos con el desparpajo y la desvergüenza de la familia Bardem, el debut de un entonces desconocido Paco León dando vida a una modelo presentadora que despistó a más de uno y una, o sentidos homenajes como el que se brindó a la inigualable Antoñita Colomé o al indispensable Juan Diego. Pero de la noche a la mañana Asecan se convirtió en una sombra, para renacer a principios de esta década y regalarnos a todos y todas quienes amamos este mundo del cine y la farándula un día de orgullo y satisfacción, además de toda la actividad que realiza a lo largo del año, y por extensión a toda esa Andalucía que sigue convencida de que la cultura, el arte, es el mejor vehículo que hay en el Mundo para alcanzar la libertad y la felicidad.

Julio Diamante, Premio de Honor
Como todos estos años anteriores, la gala Asecan fue un recipiente de emociones verdaderas y sinceras. Las de quienes reciben los premios, quienes los comparten y quienes nos sentimos parte de una familia que vive en este día el mejor y más dichoso de los encuentros. Los premios han pasado de aquellos dos únicos que celebraban la mejor producción española y extranjera del año, y que se entregaban en los Cines Corona de Los Remedios, a los quizás excesivos veintiocho premios que se entregaron en esta edición. Y decimos quizás porque en realidad es la forma de no dejar fuera a nadie que se dedique a esto tan difícil del cine en nuestra comunidad autónoma, en cualquier campo, artístico, técnico o de análisis e investigación. Y no son tantos cuando se entregan con la gracia y agilidad que le procuran sus presentadores desde hace ya algunas ediciones, Rafael Pontes y la cordobesa Marta Jiménez. Ella además logró el premio al mejor libro sobre cine editado en Andalucía, un original acercamiento al protagonista de Lost in Translation, Yo, Bill Murray. Premio compartido con Enrique Iznaola por Rodajes en Jaén: Memoria Cinematográfica de la provincia de Jaén, gran valedor del cine en esa provincia, desde donde ha puesto todos los recursos que le procura la Diputación para promover la actividad cinematográfica también en aquella extraordinaria tierra. Premios que como el de difusión del cine en Andalucía o labor informativa sobre cine, dan entidad propia a nuestros galardones, y que este año reconocieron la labor ejercida por profesionales como Miguel Olid, redactor y crítico en ABC, además de incansable investigador y consumado cineasta, y Rafael Rus, de Onda Jaén, así como por Andalucía Film Commission.

Veintiocho premios que permiten que aunque la gran superproducción El hombre de las mil caras del sevillano Alberto Rodríguez, lograra nueve premios, no fuera la única película que obtuviera reconocimiento. Hasta un total de trece cintas en distintos formatos se llevaron uno o dos galardones, permitiendo que una variopinta representación de la comunidad cinematográfica de Andalucía subiera al estrado a agradecer la distinción, celebrar la llegada de nuevas generaciones (muchos y muchas nos hicieron partícipes de su reciente o pronta paternidad o maternidad), reivindicar más y mejores papeles para mujeres (estupenda y emotiva Mercedes Hoyos, mejor actriz por Todo saldrá bien), expresar su satisfacción por cómo ha evolucionado el cine en nuestra comunidad (excelente, lúcido y conmovedor Julio Diamante a sus ochenta y seis años, precedido por la admiración que le profesó el director del Festival de Málaga, premio a la mejor difusión del cine en Andalucía), o convencernos de que aún a los noventa y dos se sigue siendo joven y lleno de ilusiones (el empresario malagueño Francisco Gómez Reyes), y de paso arrancarnos más de una sonrisa y alguna que otra lágrima.

Simpática y polifacética Paz de Alarcón
Pura emoción un año más en una sencilla gala, por obligación y por vocación, amenizada por la banda Ungravity, que nos descubrió a una Paz de Alarcón, bien conocida de los amantes al teatro, más polifacética todavía como espléndida cantante no sólo de cabaret (que eso lo sabíamos gracias a sus espectáculos junto a Juanjo Macías), sino también en registro rock, homenajeando a Leonard Cohen (First We Take Manhattan) y Triana (El lago), y de paso así a las producciones andaluzas Omega y Todo es de color. También fue un acierto interpretar en directo, en la cándida voz de Lara Chaves, la canción ganadora del Asecan, So Far and Yet So Close, del film El país del miedo, nominada al Goya el año pasado y compuesta por el malagueño Antonio Meliveo (Solas). Por su parte el sevillano Pablo Cervantes se llevó el premio a la mejor banda sonora por Ebro, de la cuna a la batalla, en una categoría en la que se echó en falta la espléndida música del jerezano Julio de la Rosa, que ha combinado a la perfección rock y minimalismo en la multipremiada película de Alberto Rodríguez.

En el recuerdo quedará también la imagen con la impactante mirada de la sufriente inmigrante y madre protagonista del documental Bolingo: El bosque del amor, de Miguel Ángel Salgado, así como el simpático video de Migue Amodeo, mejor director de fotografía por La novia, que salía junto a su esposa de cuentas esa misma mañana. Para terminar, es una lástima que muchas de estas producciones no hayan llegado a las pantallas, algunas de las que sí lo han hecho apenas hayan tenido publicidad y hayan sucumbido a un mercado voraz, y otras se exhiban directamente en la pequeña pantalla gracias al auspicio de Canal Sur. Pero como dijo Gervasio Iglesias al recoger su premio a la mejor película del año, muchos y muchas cineastas hoy nominados y premiadas preparan ya, o tienen a punto de estrenar, trabajos que van a dar mucho que hablar y nos van a sorprender muy gratamente. Brindemos como lo hace la gente de Las Tres Mil Viviendas, retratada en el documental de Remedios Malvárez, premiada como mejor directora novel: Alalá… que significa Alegría.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 29 de enero de 2017

LION Socorro desde un planeta muy dividido

Australia-USA-Reino Unido 2016 120 min.
Dirección Garth Davis Guión Luke Davies, según la novela de Saroo Brierley “A Long Way Home” Fotografía Greig Fraser Música Dustin O’Halloran y Hauschka (Volker Bertelmann) Intérpretes Dev Patel, Sunny Pawar, Nicole Kidman, Rooney Mara, David Wenham, Abhishek Bharate, Priyanka Bose, Nawazuddin Siddiqui, Tannishtha Chatterjee, Deepti Naval, Divian Ladwa Estreno en el Festival de Toronto 10 septiembre 2016; en Estados Unidos 6 enero 2017; en Australia 19 enero 2017; en España 27 enero 2017

Luke Davies, autor del guión de la última película de Anton Corbjin Life, que retrataba la relación entre el fotógrafo de la famosa revista americana Dennis Stock y el mito James Dean, se encarga ahora de adaptar una conmovedora autobiografía del joven Saroo Brierley, uno de los miles de niños que desaparecen cada año en la India, la mayoría para correr destinos muy desagradables. Él tuvo suerte y, tras perderse en Calcuta, logró no sin pasar diversas calamidades, ser adoptado por una pareja australiana. Una de esas historias que merecen ser contadas y que con gran esmero lo hace Garth Davis, otro de esos nuevos cineastas curtidos en la televisión que debuta en el cine con más aciertos que fallos. Hay dos partes bien diferenciadas en esta bienintencionada película, con resultados también distintos. En la primera nos sumergimos, de la mano del niño Sunny Pawar, en la miseria desbordante de una India sumida en el caos y la corrupción, base de la maldad y el sufrimiento. En la segunda Dev Patel (Slumdog Millionaire, El exótico Hotel Marigold, El hombre que conocía el infinito) disfruta de una vida apacible en Australia, fruto de esa buena educación que nos permite tomar mejor conciencia de nuestro entorno y cultivar nuestros mejores sentimientos. Un giro quizás demasiado forzado hace de visagra en esta película, cuando el protagonista descubre la importancia de las raíces, para conocerse mejor y adoptar una postura más comprometida con su entorno y las diferencias con aquél del que proviene. La cinta se convierte así en valiosa crónica de la injusta división en el planeta entre pobre y ricos, el valor de unos humanos frente al poco que concedemos a otros, y cómo algunas personas aportan lo que pueden para soslayar estas diferencias y hacer un poco más habitable este mundo. En ese sentido sobresale la interpretación de Nicole Kidman, con un papel estupendo del que saca el mejor partido componiendo una mujer convincentemente generosa y comprometida. El rigor casi documental y nunca preciosista de esa primera parte, presidida por la conmovedora relación fraternal que desencadena la tragedia, contrasta con el estilo más convencional de una segunda que parece patrocinada por alguna ONG tipo Manos Unidas, y Google Earth. Lo peor es que ni el guión ni la dirección profundizan en un tema que es mucho más grave de como se plantea, al margen de aciertos aislados que reflejan la falta de progreso en un país que sin embargo a niveles macroeconómicos parece haber prosperado mucho.

jueves, 26 de enero de 2017

HIELO Y FUEGO EN EL 5º CONCIERTO DE ABONO DE LA ROSS

5º concierto de la 26ª temporada de abono de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Ángel Lasheras Torres, Joaquín Morillo Rico, Ian Parkes y Javier Rizo Román, trompas. Pablo González, director. Programa: Suite de Pulcinella, de Stravinski; Konzertstück para cuatro trompas y orquesta Op.86, de Schumann; Sinfonía nº 8 Op.93, de Beethoven. Teatro de la Maestranza, jueves 26 de enero de 2017

Pablo González atesora aun siendo joven una buena trayectoria dirigiendo orquestas de lo más diversas por toda Europa y otros países del Mundo, y recibiendo prestigiosos galardones que lo sitúan como una de las batutas más valoradas del panorama nacional. Se dice que es apasionado e intenso, quizás por atacar las obras con un estilo a veces demasiado personal, aunque con resultados muy desiguales. En esta comparecencia en el primer concierto de abono de la Sinfónica de este año ofreció un Stravinski muy decepcionante, un Schumann correcto sin más, y un Beethoven sencillamente soberbio.

Pulchinela constituye una visión del ritmo y la orquestación del siglo XVIII pasada por el filtro del XX a partir de la commedia dell’arte, que González no acertó a captar. Su tono irónico y bufonesco se respira desde la primera nota si no se opta por una interpretación que busque lo hermoso y bucólico, dando esa sensación de pastiche que la obra no merece. A la dirección le faltó gracia y vitalidad; ni siquiera el buen trabajo del concertino acertó a dotar al conjunto de ese aire de concerto grosso que posee, mientras no hubo ni atisbo del estilo cabaretero casi jazzístico que tienen ciertos pasajes. Sólo la Gavota y sus variaciones se salvaron del resto, gracias a unas maderas y una trompeta muy atinados. Con Schumann el problema residió más bien en las trompas solistas, instrumento desde luego muy difícil y que en esta pieza tiene que traslucir todas las virtudes que desarrolló en una época en la que las óperas de Wagner lo erigieron a lo más alto. Tras unas competentes fanfarrias, el diálogo contrapuntístico apenas llegó a fluir, mientras afloraron demasiados desequilibrios con la orquesta, acertada en registro pero sin el ardor casi juvenil que trasluce la pieza.

Donde sí hubo fuego fue en la Sinfonía nº 8 de Beethoven, pura incandescencia de tempi rápidos, expresión apasionada y arquitectura ágil. Sólo aquí se pudo entrever esa risoterapia a la que intentaba invitar el programa, con movimientos extremos atrevidos y elegantes, una interpretación pulcra y detallada, y una impresión general absorbente, casi extenuante, con todos los efectivos de la orquesta rindiendo al máximo en una estética de absoluta distensión en la que dominó júbilo y vigor.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

LA TORTUGA ROJA Hermosa invitación a disfrutar de la naturaleza

Título original: La tortue rouge
Francia-Bélgica-Japón 2016 80 min.
Dirección Michael Dudok de Wit Guión Michael Dudok de Wit y Pascale Ferran Música Laurent Pérez del Mar Animación Estreno en el Festival de Cannes 18 mayo 2016; en Francia 29 junio 2016; en España 13 enero 2017

Pascale Ferran comulgó con la naturaleza en El amante de Lady Chatterley, más que en ninguna otra adaptación previa de la famosa novela, y de otra forma lo hizo también en Bird People, donde un gorrión simbolizaba la idea de libertad plena con la que soñamos los seres humanos. Mientras en aquellas dos películas realizaba las labores de directora y guionista, en La tortuga roja se reserva sólo la segunda, o debiéramos especificar la de autora de una historia con pautas, ya que no hay diálogos en esta cinta de dibujos animados. Un proceso similar pero inverso al que sufría la camarera de Bird People lo sufre aquí la tortuga del título con el fin de crear una metáfora de la soledad y el aislamiento que padece el robinson protagonista, un joven náufrago cuyos intentos por abandonar la paradisíaca isla a la que ha ido a parar, se convierte en adaptación al medio y comunión con una naturaleza que lo tiene todo para hacernos felices y que desgraciadamente tanto despreciamos y maltratamos en nuestra vida cotidiana. La cinta es un hermoso cuento con la realización del holandés Michael Dudok de Wit, especializado en el género, y la producción de los míticos Estudios Ghibli, que convirtieron en leyendas a Hayao Miyazaki e Isao Takahata. Supone un disfrute para los sentidos, con dibujos sencillos pero muy hermosos, que se deslizan en espacios y ambientes de auténtica belleza onírica, mientras pequeñas criaturas de la naturaleza como los revoltosos cangrejos, hacen nuestras delicias, y un sonido envolvente de lluvias, tormentas, tsunamis, mar y pájaros, nos invitan a una experiencia envolvente. Con el documental Ghibli y el misterioso Miyazaki, dirigido por Yves Montmayeur en 2005, Francia demostró ser el primer valedor del estudio de animación nipón en Europa, corroborándolo con su definitiva participación en la producción de esta joya. Con su reciente nominación al Oscar, que se suma a las varias ya cosechadas por Ghibli, Hollywood (y Disney como distribuidora) demuestra que tampoco le quita el ojo. También fue Premio Especial del Jurado en la sección Un certain regard del pasado Festival de Cannes.

martes, 24 de enero de 2017

LA LUZ ENTRE LOS OCÉANOS Irritante letanía sobre el perdón y la redención

Título original: The Light Between Oceans
USA 2016 130 min.
Guión y dirección Derek Cianfrance, según la novela de M. L. Stedman Fotografía Adam Arkapaw Música Alexandre Desplat Intérpretes Michael Fassbender, Alicia Vikander, Rachel Weisz, Bryan Brown, Anthony Hayes, Caren Pistorius, Leon Ford, Benedict Hardie, Florence Clery, Jane Menelaus, Garry McDonald, Emily Barclay Estreno en el Festival de Venecia 1 septiembre 2016; en Estados Unidos 2 septiembre 2016; en España 20 enero 2017

Que a Derek Cianfrance le gustan los melodramas (Blue Valentine) y los folletines (Cruce de caminos) ya lo sabíamos, pero que llegara tan lejos en ésta su última película, y con hechuras tan clásicas y académicas, no lo intuíamos. Y no es que no nos guste el estilo clásico, incluso anticuado, que ha adoptado, sino más bien todo lo contrario, pero no al servicio de un producto tan pueril e irritante como éste, dominado además por un tono pretencioso de gravedad y solemnidad, además de forzado y tristón. Cuenta con un reparto excelente, un escenario único como es el lugar remoto de Australia en el que se ubica el faro al que hace mención el título, una bucólica fotografía y una hermosa banda sonora, como suele ser habitual en Alexandre Desplat. Pero el libro que adapta, la historia que cuenta, es tan lamentable que apenas logra levantar cabeza. Y eso que apunta muchos temas de los que podría haberse sacado jugo, pero los deja en la superficie, sin desarrollo ni interés. La posibilidad de cometer un crimen sin creerlo tal, la capacidad para entregarse hasta lo insospechado por amor, el dolor de la guerra y ese infundado odio al enemigo, ya apuntado en la reciente Frantz, y un sinfín de cuestiones pasan sin convicción, como sin quererlo, por esta desdichada película más preocupada en erigirse en una especie de letanía sobre la redención y el perdón, en un tono irritantemente piadoso y casi religioso. Su argumento hace aguas por todas partes, como los océanos que menciona el título, y sus moradores ni insuflan credibilidad ni emoción alguna. Por todo ello no queda más remedio que considerarla una película absolutamente fallida y evitable. Y hay quien lo compara con David Lean... ay si levantara la cabeza.

CONCIERTO DE CÁMARA DE LA BÉTICA: ENTRE LO ESPIRITUAL Y LO CARNAL

Beticámara. Cristina Montes, arpa. Jesús Sánchez, flauta. Antonio Salguero, clarinete. Cuarteto Bética: José Manuel Martín Melero y Alan Andrews, violines. Michael Thomas, viola. Israel Fausto Martínez, violonchelo. Programa: Sonata para flauta, viola y arpa, de Debussy; Sonatine para flauta y clarinete, de Jolivet; Cuarteto No. 10 «Birthday», de Milhaud; Introduction et Allegro, de Bizet. Espacio Turina, lunes 23 de enero de 2017 

El excelente flautista
Jesús Sánchez Valladares
Si tuviéramos que definir brevemente este concierto bastaría decir que fue sensacional e intenso. La Bética se consolida definitivamente, después de los dos conciertos que nos ha ofrecido entre el sábado y el lunes, como conjunto que merece nuestra atención sin paliativos, alcanzando una depuración técnica que roza la perfección y consiguiendo con programas tan exquisitos como éstos transmitir grandes dosis de sensibilidad e inspiración. Por eso demanda, después de varios años intentando hacerse un hueco serio en la programación musical de la ciudad, una afición más numerosa y fiel, en la línea de la que gozan otras orquestas sevillanas como la Barroca y la Sinfónica. Desde que hace años los grandes conjuntos camerísticos y solistas de prestigio internacional dejaron de recalar en nuestra ciudad, al menos con la frecuencia con la que lo hacían antes, tenemos que conformarnos con el talento local. Afortunadamente hay mucho y rellena con solvencia y dignidad tan lamentable hueco.

En la segunda y más hermosa de las sonatas que compuso Debussy los instrumentos casaron admirablemente como si de un idilio a tres se tratara. Thomas optó por dotar al conjunto de aspereza y crispación en lugar de la melancolía que se le supone a la viola. Una decisión perfectamente válida que combinó bien con la delicadeza de Cristina Montes al arpa y la sensualidad de Jesús Sánchez a la flauta, derivando en una inusitada alegría dionisíaca. Este último añadió fuego e intensidad a la Sonatina de André Jolivet, en diálogo vivo y agitado con el también espléndido clarinetista Antonio Salguero, con quien compitió en magia, brillo y elegancia mientras ambos ponían énfasis en el evidente virtuosismo de la pieza.

El Cuarteto Bética atacó con energía y decisión el Cuarteto No. 10 de Milhaud, bautizado Birthday porque se estrenó el día del cumpleaños de Elisabeth Coolidge, la mecenas americana que propició su composición para el Cuarteto Pro Arte. El carácter sutil y meditativo de los movimientos impares quedó bien patente en una magnífica interpretación que puso de relieve la naturalidad de los armónicos y la fuerza expresiva de los pares, siempre bajo una indiscutible depuración técnica. La misma que propició que todos los instrumentistas convocados bordaran una Introducción y Alegro de Bizet de inusitada belleza, riqueza cromática y progresión expresiva que acabó en fogosidad. Una alternancia entre la espiritualidad de las piezas de Debussy y Bizet y la carnalidad de Jolivet y Milhaud que logró la satisfacción plena de un público privilegiado.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 23 de enero de 2017

MIDNIGHT SPECIAL Huida con amor paternal como motor

USA 2016 111 min.
Guión y dirección Jeff Nichols Fotografía Adam Stone Música David Wingo Intérpretes Michael Shannon, Jaeden Lieberher, Joel Edgerton, Kirsten Dunst, Adam Driver, Sam Shepard, Paul Sparks, David Jensen, Scott Haze, Garrett Hines, James Moses Black Estreno en el Festival de Berlín 12 febrero 2016; en Estados Unidos 18 marzo 2016; en España (no en Sevilla) 18 noviembre 2016

Jeff Nichols parece empeñado en no estancarse en ningún género cinematográfico e ir poco a poco tocándolos todos, aunque en el fondo siempre subyace un mismo tema: el amor. En esta inclasificable película cruce entre road movie y ciencia ficción, tres personajes huyen de nuevo de una sociedad sumida en el caos y la violencia, buscando un destino inevitable e irrenunciable y procurando que éste no se malogre. Uno de ellos es un niño muy especial al que acompañan su padre y el mejor amigo de éste, y a los que más tarde se les unirá la madre. Una secta y unos servicios de inteligencia despistados les perseguirán sin cuartel, mientras sumidos en el misterio y la inquietud, los espectadores vamos lentamente averiguando cosas de esta enrarecida trama. Y es que Nichols dosifica muy bien la información, y la adorna de una atmósfera casi fantasmagórica, aunque en el camino se vaya dejando detalles y definiciones que diesen al argumento un poco más de plausibilidad. Quizás por eso la cinta no resulte redonda, y el homenaje a Spielberg y Carpenter que confiesa ser vaya diluyéndose paulatinamente hasta derivar en un tercio final menos logrado que el resto del desarrollo, y eso que es donde la película cobra un mayor relieve plástico y espectacular. Pero decíamos que al final sus historias siempre hablan de amor, y aquí se manifiesta de muchas formas, pero sobre todo de un padre hacia su hijo. Acompañan a Nichols en este extraño viaje su actor fetiche, Michael Shannon, y quien va camino de convertirse en otro, Joel Edgerton, protagonista de su última aventura, directamente Loving. La mirada poética de Nichols, a pesar de tanta violencia y crispación, está presente también en esta cinta que incomprensiblemente no llegó a estrenarse comercialmente en las pantallas de nuestra ciudad.

domingo, 22 de enero de 2017

SHIN GODZILLA La bestia inflada y reivindicada

Título original: Shin Gojira
Japón 2016 120 min.
Dirección Hideaki Anno y Shinji Higuchi Guión Hideaki Anno Fotografía Kosuke Yamada Música Shirô Sagusi Intérpretes Satomi Ishihara, Hiroki Hasegawa, Yutaka Takenouchi, Akira Emoto, Kengo Kôra, Jun Kunimura, Ren Oshugi, Mikako Ichikawa, Pierre Taki, Mark Chinnery Estreno en Japón 29 julio 2016; en España 20 enero 2017

Godzilla apareció en el cine japonés a mediados de los años cincuenta del siglo pasado, como consecuencia de las destrucciones atómicas de Nagasaki e Hiroshima y el pánico nuclear desatado en la época a nivel mundial. Desde entonces su adaptación en distintas aventuras y vicisitudes ha sido continua, bien sea en el cine, la televisión o la animación. Los últimos ejemplos populares han sido las olvidables adaptaciones norteamericanas de Roland Emmerich en 1998 y Gareth Edwards en 2014. Pero el producto ha sido siempre nipón, y ahí están para demostrarlo y reivindicarlo Hideaki Anno, que proviene fundamentalmente de la animación, y Shinji Higuchi, que hace apenas unos años estrenó el remake de otro clásico apocalíptico del país asiático, El hundimiento de Japón. Los avances tecnológicos, que no son patrimonio de Hollywood, han propiciado una vistosísima revisión del monstruo, si bien en el apartado dramático la cinta deja mucho que desear, con personajes tan desdibujados como faltos de carisma, todos ellos enmarcados en la administración japonesa, a imagen y semejanza de los blockbuster americanos catastrofistas de los últimos veinte años. Un montaje muy fragmentado, con secuencias brevísimas, y un desarrollo tan previsible como archivisto, no ayudan a mejorar la valoración de una cinta que además cuenta con un monstruo a menudo cómico en su diseño y movimiento. Los efectos visuales sin embargo son impactantes y propician un espectáculo visual notable que mejora en su tercio final con los originales y costosos métodos ideados por el gobierno para acabar con la bestia. El homenaje a la serie iniciada en 1954 se extiende a la música, donde las referencias, algunas veces directas, a la música de Akira Ifukube son continuas. A pesar de sus dimensiones, su paso por Sitges no parece que dejara mucha huella.

LA AUTOPSIA DE JANE DOE Forenses en el tren de la bruja

Título original: The Autopsy of Jane Doe
Reino Unido-USA 2016 99 min.
Dirección André Øvredal Guión Ian B. Goldberg y Richard Naing Fotografía Roman Osin Música Danny Bensi y Saunder Jurriaans Intérpretes Emile Hirsch, Brian Cox, Ophelia Lovibond, Michael McElhatton, Olwen Kelly, Jane Perry, Parker Sawyers Estreno en el Festival de Toronto 9 septiembre 2016; en Estados Unidos 21 diciembre 2016; en España 13 enero 2017

La autopsia del cadáver de una desconocida o mujer sin identidad, pues eso significa en inglés Jane Doe, se convierte en una pesadilla para los médicos forenses que la realizan, desde el momento que unos inexplicables hechos les obligan a sufrir un infierno encerrados en el sótano donde hacen su trabajo, mientras fuera se desata una incontrolable tormenta. Muchos tópicos, ¿verdad? Sin embargo empieza siendo una interesante e incluso inquietante propuesta, con misterios y muchas preguntas por resolver. El realizador noruego demuestra pericia para generar esa atmósfera turbadora en la que se desarrolla la trama, exhibiendo la más desagradable de cuantas autopsias hayamos podido presenciar en una pantalla de cine, aunque sin llegar en ningún momento a ser exactamente gore. Lástima que a mitad de metraje la trama derive hacia el género abiertamente fantástico sin que los guionistas sean capaces de dotar al conjunto de credibilidad y coherencia, mientras sus protagonistas se lanzan a hacer conjeturas sin fundamento, tan forzadas como escasamente convincentes. Sustos propios del tren de la bruja, efectos de sonido estridentes y música al uso propician un producto que inexplicablemente, y a pesar de sus muchas deficiencias, obtuvo el Premio Especial del Jurado en el Festival de Sitges.

CRISTINA MONTES Y LA BÉTICA DE CÁMARA: ORGULLO POR EL TALENTO LOCAL

Orquesta Bética de Cámara. Cristina Montes, arpa. Michael Thomas, director. Programa: Petite Suite, de Debussy; Concierto para arpa, de Boieldieu; Sinfonía en Do mayor, de Bizet. Espacio Turina, sábado 21 de enero de 2017

No nos cansamos de repetir lo orgullosos que nos sentimos de que en apenas treinta años Sevilla haya pasado de un práctico analfabetismo musical a atesorar al menos cuatro más que estimables orquestas sólo en la capital. La Bética de Cámara es una de ellas, que cada vez depura más su habilidad técnica y capacidad expresiva, como demostró en el exquisito programa con el que inauguró el año. No es la primera vez que Thomas exhibe su admiración por la música francesa; ya en junio de 2015 en el Alcázar ofreció un concierto de similares características. Este lunes además complementa el programa en formato pequeño de cámara.

La Pequeña Suite de Debussy es un conjunto de miniaturas coreográficas de carácter tan delicado como complaciente, concebido para piano a cuatro manos pero orquestado con notable encanto y ligereza por Henri Büsser. A pesar de su conocido entusiasmo y empeño, la batuta de Thomas optó una vez más por el trazo grueso, acusándose evidentes desequilibrios en la primera página, pero también brillantez en el Cortejo y melancolía en el Minueto. Majestuosa, a pesar de ejecutarse por apenas una veintena de músicos, resultó la Sinfonía que Bizet compuso muy joven como ejercicio académico y que hoy disfruta de gran popularidad. Todo su enérgico ritmo y vigoroso perfume quedó patente en una interpretación en la que sin embargo volvió a asomar con frecuencia el estilo tosco que traiciona a un director sin duda admirable como persona y trabajador incansable. Cabe destacar el adagio, con un acertado tono elegíaco y un sensacional oboe solista.

El arpa era un instrumento muy apreciado en los salones parisinos del siglo XVIII. François Adrien Boieldieu compuso uno de los más célebres conciertos para el instrumento en plena transición de siglos, y la deslumbrante, también en belleza y atuendo, arpista sevillana Cristina Montes, lo hizo valer. Avalada por diversos premios internacionales, el mismísimo Barenboim y su plaza en la magnífica Orquesta de la Comunitat Valenciana, la joven arpista hizo gala de una extrema sensibilidad, no digamos ya de dominio técnico y buen gusto para paladear cada nota de esta compleja pieza y potenciar sus frecuentes acentos dramáticos. Lástima que la orquesta no siempre mantuviera el justo equilibrio con la sutil solista, tapándola ocasionalmente.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 21 de enero de 2017

UNA SEMANA DE HOMENAJE A EDUARDO GARCÍA MAROTO

Aunque comenzó su carrera ya en el cine sonoro, Eduardo García Maroto puede considerarse uno de los pilares fundamentales del cine hecho en nuestra tierra, sin el cual no se entenderían ni tan siquiera algunos de los logros fundamentales de nuestra cinematografía, que alcanzan hasta las once nominaciones a los Goyas logradas este año por El hombre de las mil caras de Alberto Rodríguez. Aunque nunca olvidada del todo, su figura reclamaba recuperación, admiración y homenaje; y eso es precisamente lo que se ha encargado de hacer el crítico y cineasta sevillano Miguel Olid en un comienzo de año que saludó el día 10 de enero, y hasta mañana domingo 22, una exposición en el Antiquarium con unas cincuenta fotografías que recorren su apasionante vida en el cine; y un seminario en el CICUS que tuvo lugar los pasados días 18 a 20, y en el que entre otras cosas se pudieron rescatar películas hoy difíciles de revisar como Los cuatro robinsones (1939), Mi fantástica esposa (1944) y Tres eran tres (1955).

Miguel Olid Suero
Su cine sin embargo se vio truncado por la Guerra Civil y el franquismo, que no supo entender la ironía de sus comedias y las fue censurando paulatinamente a pesar de que trabajó a las órdenes del régimen como montador de varios cortometrajes documentales sobre la guerra desde el lado falangista, así como de la mítica película propagandística Raza. Pero esa censura le llevó a reinventarse continuamente realizando todo tipo de trabajos en el cine, hasta que a mediados de los cincuenta desembarcaron en Andalucía las grandes productoras norteamericanas para abaratar precios en sus superproducciones y aprovechar las agradecidas condiciones climáticas de nuestra tierra. Así, el jienense García Maroto fue director de las unidades españolas de películas como Orgullo y pasión de Stanley Kramer, Salomón y la Reina de Saba de King Vidor, Espartaco de Stanley Kubrick, El coronel Von Ryan de Mark Robson, El regreso de los siete magníficos de Burt Kennedy, Villa cabalga de Buzz Kulik o Patton de Franklin J. Schaffner.

Como puede apreciarse todo un peliculero merecedor del sentido homenaje que ha recibido en esta semana que acaba, y que tuvo su broche de oro esta misma mañana con la presentación del libro que le ha dedicado el organizador del seminario y el ciclo, y comisario de la exposición, Miguel Olid, fruto de su tesis doctoral dirigida por el prestigioso catedrático retirado de la Universidad de Sevilla, Rafael Utrera. Ellos dos junto a uno de los hijos de García Maroto, Agustín, Decano de la Facultad de Comunicación de Valladolid, presentaron el libro, prácticamente secuestrado en Jaén, cuya Diputación, con Enrique Iznaola al frente, tanto está haciendo desde hace ya un buen número de años por el cine andaluz Esperemos que este interesante trabajo encuentre pronto una mayor difusión y podamos disfrutarlo como buen manual de trabajo que a buen seguro es. Especialmente sentidas y emotivas fueron las palabras de Agustín, que resaltó el carácter humano de su padre, sus valores y sus méritos como buen y humilde educador, a la vez que aprovechó para encajar con total naturalidad en su hermosa locución cuestiones muy de actualidad, como la miseria ética de quienes nos gobiernan, o el papel fundamental de la mujer como motor de esperanza, más allá de la mera igualdad de género. Según él un proceso como éste, fruto del trabajo, el mérito y la perseverancia de sus padres y de los artífices del libro, demuestra que no existen las casualidades sino las causalidades. Por su parte Utrera describió el proceso de gestación del libro como tesis doctoral, y Olid narró sus vicisitudes a lo largo y ancho de América y Filipinas para descubrir aspectos inéditos y relevantes de la figura del homenajeado. La directora de la Biblioteca Municipal Infanta Elena agradeció que fuera allí donde tuviera lugar tan relevante presentación cultural, pero en un gesto de humildad que mejor se hubiera ahorrado, confesó desconocer al cineasta para de esa errática forma enfatizar el trabajo “revelador” de Olid y Utrera.

LOVING La delicada resistencia a la resignación

USA 2016 123 min.
Guión y dirección Jeff Nichols Fotografía Adam Stone Música David Wingo Intérpretes Joel Edgerton, Ruth Negga, Marton Csokas, Nick Kroll, Jon Bass, Michael Shannon, Martn Csokas, Bill Camp, David Jensen, Alano Miller, Sharon Blackwood, Chris Greene, Mike Shiflett, Will Dalton, Terri Abney Estreno en el Festival de Cannes 16 mayo 2016; en Estados Unidos 4 noviembre 2016; en España 20 enero 2017

Con su anterior película, Midnight Special, inédita en nuestras pantallas, y el buen sabor de boca que dejaron Take Shelter y Mud, el joven realizador Jeff Nichols revalida su talento con esta delicada historia de amor interracial que dirige con pulso firme, las ideas muy claras y un estilo ya conformado que se basa más en la atención a los detalles que en la habitual brocha gorda con la que se abordan estos espinosos temas. Mildred y Richard Loving, negra y blanco respectivamente, se casaron en 1958 en Washington, pero sufrieron las consecuencias de su involuntaria osadía de vuelta a casa en Virginia, donde su enlace no tenía valor legal. Sufrieron un breve encarcelamiento y el exilio voluntario si querían evitar prisión mayor. Pasaron uno de tantos calvarios a los que el hombre somete a sus semejantes, a menudo en nombre de Dios Todopoderoso, convencidos de hacer el bien cuando el mal en realidad es y será siempre provocar sufrimiento a quienes nos rodean. Pero mientras la mayoría nos adaptamos resignados al signo de los tiempos y aceptamos no sin lamento los abusos de los que a menudo somos víctimas, algunas personas se topan con la fortuna dentro de su desgracia. La del matrimonio Loving se manifestó en plena lucha por los derechos civiles y la igualdad entre las razas, los convulsos sesenta en Estados Unidos, lo que propició que su caso fuera rápidamente aprovechado por los agentes liberalizadores para cosechar otro triunfo frente a la obtusa administración federal americana. Su caso se convirtió por lo tanto en hito histórico, al contrario que en otras ocasiones no por el carácter de sus protagonistas, aunque algo de determinación dentro de su grisácea personalidad tuvo que ver en el empeño. Una historia por lo tanto que merece contarse y conocerse, para evidenciar una vez más la estupidez humana, la satisfacción por infligir dolor y el difícil avance, siempre en peligro, de la convivencia y la tolerancia entre los maltrechos humanos. Nichols narra todo esto con mucha sobriedad, sin aspavientos ni chirríos, con una delicadeza casi poética, deteniéndose en sus personajes, simplón él, tristona ella, que Edgerton y Negga bordan con especial ahínco, corroborando él su sorprendente capacidad camaleónica ya manifestada en anteriores trabajos de su ejemplar filmografía. Una cálida y hermosa fotografía y una contenida banda sonora contribuyen también a levantar este monumento humilde y discreto a la lucha determinada de unos seres humanos que crecieron en el mismo ambiente de tolerancia y convivencia que propició su amor y que merecería extender a todo el desdichado y cada vez más miserable globo terráqueo.

viernes, 20 de enero de 2017

FIGURAS OCULTAS Acertado homenaje a la diversidad y la determinación

Título original: Hidden Figures
USA 2016 127 min.
Dirección Theodore Melfi Guión Theodore Melfi y Allison Schroeder, según la novela de Margot Lee Shetterly Fotografía Mandy Walker Música Benjamin Wallfisch, Pharrell Williams y Hans Zimmer Intérpretes Octavia Spencer, Taraji P. Henson, Janelle Monáe, Kevin Costner, Kirsten Dunst, Jim Parsons, Mahershala Ali, Glen Powell, Rhoda Griffis, Maria Howell, Jaiden Kaine Estreno en Estados Unidos 6 enero 2017; en España 20 enero 2017

En los estertores de la presidencia de Obama se están estrenando un puñado de buenas películas sobre la presencia afroamericana en Estados Unidos. Esta semana le toca el turno a Loving y esta hermosa película, y en breve se estrenará Moonlight, según parece una de las sensaciones del año que acaba de dejarnos. Dicen que Octavia Spencer alquiló todo un cine para exhibir Figuras ocultas (que en inglés tiene el doble significado de Cifras ocultas, importante habida cuenta de la importancia de las matemáticas en esta producción) ante familias sin recursos. Sin duda un gesto noble y acertado para acercar el mensaje positivo y amable de una cinta basada en la novela que relata la historia real de Katherine G. Johnson (Taraji P. Henson), Dorothy Vaughan (la propia Spencer, oscarizada protagonista de Criadas y señoras) y Mary Jackson (la cantante Janelle Monáe), tres científicas de mentes lúcidas y privilegiadas, mujeres de color que resultaron fundamentales a la hora de calcular el trazado y las coordenadas que habrían de llevar a John Glenn a orbitar la Tierra y prepararse para el primer viaje del Hombre a la Luna. Pero la cinta no pone tanto el acento en la inteligencia de las heroínas, que por supuesto ensalza, como en su perseverancia, su fuerza y determinación para superar todos los injustos y execrables obstáculos que sufría y aún sufre la mujer, no digamos ya la de color, para igualarse al hombre y conseguir ser fundamental en cualquier campo que se precie, si no superarlo en tantas y tantas ocasiones. El director de St. Vincent adopta un tomo amable, casi de comedia, para relatar esta apasionante historia contemporánea de las luchas de Luther King y Malcolm X en favor de la igualdad en derechos civiles. Mima sus personajes, no sólo ellas sino ese igualmente lúcido e inteligente jefe al que incorpora con magistral profesionalidad Kevin Costner (el mejor papel de su carrera en muchos años) o la antipática coordinadora a la que da vida Kirsten Dunst, tan acertada en su forma de enfocar el personaje que resulta comprensible en el entorno en el que se desenvuelve, de manera que ésta no es una película de buenos ni de malos sino de una humanidad que se necesita, se complementa y enriquece cuanto más diversa es, y que en manos de un extremista legitimado por las urnas corre el peligro de desbaratar una vez más el orden social, político y económico que tanto y tantas vidas ha costado lograr.

LE FILS DE JOSEPH Vacas en París

Reseña de la película, estrenada en el XIII Festival de Cine Europeo de Sevilla el 4 de noviembre de 2016. Estreno en salas comerciales 13 enero 2017

jueves, 19 de enero de 2017

TONI ERDMANN Un monstruo viene a verme

Reseña de la película, estrenada en el XIII Festival de Cine Europeo de Sevilla el 4 de noviembre de 2016. Estreno en salas comerciales 20 enero 2017

LA BELLA DURMIENTE DEL BALLET NACIONAL DE LETONIA: UN CONCIERTO COREOGRAFIADO EN VERSALLES

La bella durmiente, de Chaikovski. Ballet Nacional de Letonia. Aivars Leimains, director artístico y coreógrafo. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Farhads Stade, director musical. Inara Gauja, decorados y vestuario. Karlis Kaupuzs, diseño de iluminación. Intérpretes: Baiba Kokina, Sergejs Neiksins, Alise Prudane, Laine Paike, Jolanta Lubeja, Zigmars Kirilko. Teatro de la Maestranza, miércoles 18 de enero de 2017

Chaikovski compuso una de sus más hermosas partituras en el verano de 1889, aunque su estreno frente al Zar y parte de su corte no fue un rotundo éxito, si bien fue ganando el favor del público hasta convertirse en uno de los ballets más queridos y programados del repertorio clásico. El Maestranza lo ha hecho en dos ocasiones previas, en 1997 con el Ballet Nacional de la Ópera de Novosibirsk y en 2005 con los Ballets de Montecarlo. Al igual que en esa primera ocasión, la del Ballet Nacional de Letonia basa su coreografía en la original de Marius Petipa, cuyos trabajos han sido los más representados en el escenario del Maestranza a lo largo de su historia en lo que a ballet con orquesta en directo se refiere. Pero no sólo es la coreografía lo que mantiene esta producción estrenada en Riga en 2010; también respeta su espíritu original en la escenografía, inspirada por el refinamiento parisino que tanto cautivó al compositor de la Patética y su entusiasmo por dotar al espectáculo de ese aire barroco imperante en el cuento de Perrault, escrito en época del Rey Sol. Así, son los grandes salones de Versalles y el exquisito vestuario del siglo XVII y rococó del XVIII lo que se recrea en este suntuoso montaje, aunque el cuerpo de baile solista mantenga los tradicionales atuendos inspirados en ese Renacimiento más identificado con la versión de los hermanos Grimm.

A diferencia de otros ballets rusos y franceses del repertorio clásico, los de Chaikovski suponen la culminación del género en el siglo XIX, base indiscutible de todas las compañías de ballet clásico. Su música supera la mediocridad y trivialidad imperante hasta el momento y abre las puertas a los genios de Stravinsky y Prokofiev, propiciando la renovación estética de la danza. Una buena batuta tiene que tener en cuenta estos parámetros y llevar a buen puerto una partitura que aúna expresividad, inspiración melódica, depuración técnica y efusividad orquestal a partes iguales. Director titular tanto de la compañía como de la Ópera de Letonia, Farhads Stade conoce bien el repertorio y exhibe maestría técnica y expresiva, además de una inusitada sensibilidad a la hora de dirigir semejante obra maestra, que los integrantes de nuestra Sinfónica acertaron a traducir en una interpretación que por sí misma merece toda nuestra atención y admiración. Una vez más brillaron los solos de Daniela Iolkicheva al arpa, así como los de violín y violonchelo, dotando al conjunto de magia y color y elevando la factura general de un espectáculo por supuesto más que notable.

Pero para alcanzar lo excelso hacía falta que esa misma magia, creatividad e inspiración se manifestara también en el escenario, algo no del todo logrado. Nada que reprochar, faltaría más, a la depuración técnica de unos bailarines y bailarinas de formación clásica rusa, si bien los números de conjunto no siempre funcionaron a la perfección; en el caso del célebre vals resultaron incluso remilgados. La partitura se ofreció recortada en un tercio, afectando incluso a la estructura dramática y precipitando un final en el que la malvada Carabosse (Laine Paike) no pudo lucirse a gusto, mientras el Hada de las Lilas (Alise Prudane) exhibió ligereza y fragilidad en todo momento. Sensacionales el Pájaro Azul y la Princesa Florine en el acto final, el más logrado de todo el conjunto, donde además la Gata Blanca y el Gato con Botas lucieron su vena cómica. En cuanto a la pareja protagonista, nada que reprochar a las prestaciones gimnásticas de Sergejs Neiksins así como la elegancia, dominio en giros y equilibrios de Baiba Kokina, a pesar de que en ningún momento suscitaran la química, la emoción y la creatividad que se apreciaba en el foso, auténtico motor de esta producción por debajo de la que la misma compañía nos ofreció de Giselle hace cuatro años.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 20 enero 2017

miércoles, 18 de enero de 2017

PROYECTO LÁZARO Un Prometeo romántico, frío y aburrido

Título internacional: Realive 
España 2016 112 min.
Guión y dirección Mateo Gil Fotografía Pau Esteve Birba Música Lucas Vidal Intérpretes Tom Hughes, Charlotte Lo Bon, Oona Chaplin, Barry Ward, Julio Periñán, Rafael Cebrián, Bruno Sevilla, Daniel Horvath, Alex Hafner Estreno en el Festival de Sitges 7 octubre 2016; en salas comerciales 13 enero 2017

En su tercer largometraje como director, Mateo Gil insiste en convertirse en cineasta todo terreno, tras el thriller no exento de polémica (por su ambientación en la Semana Santa de Sevilla) Nadie conoce a nadie, y su western crepuscular y estilizado Blackthorn, además de sus variopintos guiones para las películas de Amenábar Abre los ojos y Mar adentro. Ahora se zambulle de lleno en la ciencia-ficción con tintes románticos, con resultados desconcertantes y no muy aplaudibles. Aprovecha los avances científicos en materia de clonación de órganos y recreación genética de los mismos para ambientar su película dentro de setenta años, en un futuro kubrickiano con un bienestar y un aparente pacifismo que no casa con los peores augurios que amenazan nuestro actual orden, merced a guerras interminables a mayor gloria de la industria armamentística y el advenimiento de mesías reaccionarios y violentos en países dominantes como Estados Unidos. La criogenización se convierte en macguffin de una historia en la que asoma el Mateo Gil más ambicioso y pedante, que se permite en ese tono lastimosamente discursivo que atenaza nuestro cine, elucubrar sobre la vida, la eternidad y el amor verdadero, a través de una presunta puesta al día del mito de Prometeo. El ejercicio se revela a los pocos minutos tan poco interesante y estimulante como terriblemente aburrido, mientras uno no deja de pensar por qué algunos de nuestros más jóvenes cineastas se empeñan en rodar en inglés con intérpretes de tercera categoría para no inflar el presupuesto, lo que impide triunfar como pretenden en el mercado internacional, mientras tampoco lo consiguen en el nacional, donde con actores y actrices patrios más reconocidos hubieran al menos cosechado un éxito relativo. Así, en esta ocasión las riendas de este drama existencialista las lleva un inexpresivo Tom Hughes, al que acompañan la actriz francesa Charlotte Le Bon (El desafío, Operación Anthropoid), Oona Chalin (hija de Geraldine y nieta de Charlot) y Barry Ward (protagonista de Jimmy’s Hall de Ken Loach), que hacen lo posible para dar carácter a la pesada y anodina trama que plantea el guión del propio Gil. Siendo perceptibles también algunas influencias del nuevo cine de ciencia ficción new age, como Ex-machina o Morgan, el experimento sirve al menos para el lucimiento de nuestros técnicos y artistas, capaces de recrear un futuro próximo con moda propia y convincente así como avances tecnológicos plausibles, todo ello aderezado con una elegante fotografía y una eficiente banda sonora del joven madrileño con formación hollywoodiense Lucas Vidal, ganador el año pasado de los dos Goyas musicales.

lunes, 16 de enero de 2017

LA CIUDAD DE LAS ESTRELLAS (LA LA LAND) La magia del musical elegante y romántico

Título original: La La Land
USA 2016 127 min.
Guión y dirección Damien Chazelle Fotografía Linus Sandgren Música Justin Hurwitz Intérpretes Ryan Gosling, Emma Stone, John Legend, Rosemarie DeWitt, J.K. Simmons, Finn Wittrock, Sonoya Mizuno, Jessica Rothe, Callie Hernández, Jason Fuchs, Tom Everett Scott Estreno en el Festival de Venecia 31 agosto 2016; en Estados Unidos 25 diciembre 2016; en España 13 enero 2017

En su debut como realizador de largometrajes, la excelente Whiplash, el joven Damien Chazelle contaba una estremecedora historia de coraje y superación ambientada en el mundo del jazz. Una de sus subtramas mostraba al protagonista renunciando al amor para concentrarse en su carrera como baterista. El amor y el compromiso como obstáculo para cumplir un sueño, el de dedicarse a lo que a uno le gusta y ganarse la vida con ello, es el eje central alrededor del cual gira ésta su segunda película, una melancólica reflexión sobre los amores perdidos y lo que nos han aportado para seguir adelante, hacernos mejorar como personas y, en este caso particular, cumplir nuestros sueños. Al ritmo de una sensacional banda sonora que consagra definitivamente a Justin Hurwitz como compositor y arreglista, tras el estupendo trabajo que para big band realizó en la mencionada primera película de Chazelle, asistimos a lo largo de las cuatro cálidas y soleadas estaciones de Los Angeles a una aparentemente convencional historia de amor. Chica conoce a chico, lo seduce y lo enamora; después viene todo lo demás. Por el camino se trata de homenajear otro tipo de hacer cine, especialmente el musical colorista y desenfadado que en los años cincuenta cultivaron estudios como Metro-Goldwyn-Mayer y 20th Century Fox, pero sin renunciar a crear algo nuevo, fresco y original, cargado de símbolos y detalles de atrezzo y guión, que sintonice mejor con las nuevas generaciones. Así encontramos un agradable cocktail en el que se mezclan los paso a dos que tan bellamente fotografiaron Minnelli (The Band Wagon) y Mamoulian (La bella de Moscú) y los grandes ballets que pusieron la guinda a clásicos como Un Americano en París o Cantando bajo la lluvia, mezclados con buenas sesiones de jam y melancólicas canciones en un Los Angeles de ensueño, donde algunos de sus emblemáticos lugares, como el Planetario que Rebelde sin causa hizo legendario, el mural de las estrellas o sus laberínticas autopistas, se convierten en escenarios ideales para montar increíbles coreografías y una emocionante historia de amor de esas que marcan época y corazones. Involuntariamente Chazelle parece estar perfeccionando lo que Coppola ensayó con absoluto magisterio hace treinta y cinco años en Corazonada, un musical de culto cuyo inmerecido fracaso comercial hundió económicamente al director de El padrino. Chazelle sigue el tono melancólico de aquella película que homenajeaba a Las Vegas y que se regaba igualmente con un exquisito conjunto de canciones, en aquel caso a cargo de Tom Waits. La La Land coincide igualmente, y esto sí que es una rotunda casualidad, con la última película de Woody Allen, ese Café Society por el que deambulan corazones rotos y ambiciones cumplidas, siempre bajo el sol de Hollywood, paradigma de los sueños alcanzables y los que nunca lo serán. La mezcla de nostalgia, el homenaje a los clásicos, el uso de colores vivos y tecnología digital, y por supuesto la indiscutible química de sus protagonistas, como ya demostraron hace algunos años en Crazy Stupid Love, convierten esta gozosa película en la consagración definitiva de un director notable y la confirmación de ese gran cine capaz de aunar  espectáculo, magia, luz y los sentimientos más poéticos, sinceros y conmovedores.

CONCIERTO DE CÁMARA DE LA ROSS CON DESIGUAL EMPEÑO

4º concierto del ciclo de música de cámara de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Branislav Sisel, violín. Jerome Ireland, viola. Alice Huang, violonchelo. Matthew Gibbon, contrabajo. Sarah Bishop, oboe y corno inglés. Félix Romero Ríos, clarinete. Programa: Cuarteto para corno inglés, violín, violonchelo y contrabajo, de M. Haydn; Cuarteto para clarinete en Mi bemol mayor Op. 69, de Krommer; Quinteto para oboe, clarinete, violín, viola y contrabajo Op. 39, de Prokofiev. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, domingo 15 de enero de 2017

Sarah Bishop
Dicen que este lunes es el día más triste del año, supuesta conclusión de un estudio que analiza una serie de parámetros que aunque guardan cierta lógica no inspiran ser sino otra estrategia para aborregarnos todavía más. El mismo estudio asegura que escuchar música ayuda a sobrellevar el día con mejor espíritu. Si asistieron al concierto de cámara del domingo anterior puede que experimenten esa mejoría, en el caso de que efectivamente este lunes se les haga cuesta arriba. Y es que dentro de su rareza o escasa difusión, el programa elegido fue muy propicio para generar un efecto tanto de relajación como de optimismo, que los maestros y maestras de la Sinfónica ofrecieron poniendo para ello mayor o menor empeño según qué piezas.

El mejor parado fue el original y patético Quinteto de Prokofiev para una insólita formación que reúne oboe y clarinete con toda la familia de la cuerda excepto el violonchelo. Una pieza que el compositor ruso escribió por encargo del coreógrafo Boris Romanov para una humilde producción sobre la vida en el circo titulada Trapecio. El ballet no tuvo mucha repercusión pero su música encontró vida propia como pieza de concierto. En ella descubrimos al Prokofiev más irónico y guasón. En su tema principal se conjugan los pizzicati y glissandi de la cuerda con la melodía en los vientos. El conjunto acertó a marcar su carácter grotesco en el andante energico, así como la inestabilidad del allegro sostenuto, haciendo en todo caso un adecuado uso del color y la politonalidad. Así mismo plasmaron la monotonía del adagio pesante, y el virtuosismo saltarín del allegro precipitato, donde destacaron las cadencias de Félix Romero al clarinete. El final tumultuoso encontró eco en un espléndido trabajo dialogante de todos los instrumentos convocados.

Nos aventuramos a asegurar que esta feliz interpretación fuera fruto de un trabajo concienzudo que quizás no se aplicara a las otras dos piezas programadas, afines al clasicismo contemporáneo de Haydn y Mozart, especialmente un Cuarteto para corno inglés del hermano menor del primero que evidenció desajustes y salidas de tono en la cuerda, especialmente el violín, desluciendo a la siempre eficiente Sarah Bishop a la madera. Mejor resultó el Cuarteto Op. 69 del prolífico y hoy desconocido Franz Krommer, con especial mención para el clarinete y la musculatura que en él impregnó la cuerda grave. Dos piezas llenas de encanto y ligereza aunque poco memorables.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 13 de enero de 2017

CABARET: UN ENTRETENIMIENTO DESEQUILIBRADO

Cabaret. Musical de John Kander y Fred Ebb con libreto de Joe Masteroff. Jaime Azpilicueta, director. Ricardo Sánchez Cuerda, escenografía. Antonio Belart, vestuario. Juanjo Llorens, Iluminación. Federico Barrios, coreografía. Raul Patiño, dirección musical. Intérpretes: Cristina Castaño, Armando Pita, Alejandro Tous, Amparo Saizar, Enrique R. del Portal, Víctor Díaz y Pepa Lucas. Teatro Lope de Vega, jueves 12 de enero de 2017

El impactante número inicial, con Edu Soto, que lo estrenó
en Madrid, como Emcee
Cabaret es fuente inagotable de entretenimiento, un musical incombustible que no sufre ni apenas decepciona con cada nueva propuesta escénica a la que se somete. La que ahora nos llega de gira, tras su puesta de largo y varios meses de representación en el remozado para la ocasión Teatro Rialto de Madrid, presume de ser la más genuinamente española de cuantas producciones hemos podido ver en los últimos años en nuestro país, la más sobresaliente de las cuales la disfrutamos en 2003 en brillante adaptación de la muy exitosa que en Londres pusieron en marcha Sam Mendes y Rob Marshall. La de Jaime Azpilicueta, auténtico Rey Midas del musical de la Gran Vía, con éxitos a sus espaldas como los de El hombre de La Mancha y My Fair Lady, es en realidad un cocktail de cuantas producciones hemos visto hasta ahora, la ya referida más la película de Bob Fosse y, sobre todo, la original que estrenó Harold Prince en Broadway en 1966.

El principal acierto de Azpilicueta es alejarse del referente cinematográfico, del que apenas toma unas ideas y algunas canciones, como Maybe This Time, compuestas especialmente para la oscarizada película, lo que se nota fundamentalmente en la vistosa y esmerada coreografía de Federico Barrios, también ajena al inconfundible sello de Bob Fosse. Hay más canciones en este montaje, muchas de las cuales fueron desechadas en el film, algunas insustanciales. Se retoma la subtrama de la casera Fräulein Schneider y el comerciante judío Herr Schultz, mientras se añade un mayor contenido homosexual celebrando la promiscuidad y la bisexualidad presuntamente reinante en la decadente Alemania de entre guerras. Pero falta sintonía y una mayor conexión entre los desprejuiciados números musicales, brillantes y coloristas, y el drama que ilustra la desolación de un país en paulatina pérdida de derechos y libertades, proclive al enaltecimiento del nazismo tan presente en el Mein Kampf de Hitler y la canción tradicional añadida Mi lucha comienza aquí. Y por supuesto en el devastador final, según parece sugerido por el siniestro montaje de Rufus Norris, el último que se ha podido ver en el West End londinense.

Cristina Castaño
Hay talento en este montaje español de Cabaret. En su escenografía, combinando con agilidad y presteza el suntuoso local del título y la casa de huéspedes que regenta Schneider; en su colorido vestuario, también alejado del emblemático Fosse, y la iluminación, portentosa en la canción principal que Cristina Castaño entona con portentosa voz, excelente proyección y buen gusto, aunque sin encontrar aún ese matiz que le otorgue una mayor personalidad. Pero su Sally Bowles es más insoportable de lo conveniente y le falta algo de necesaria ingenuidad. Muy bien el resto del elenco, pero muy especialmente Armando Pita, curtido ya en varios musicales y que aquí se luce como maestro de ceremonias, un papel que ha dado muchas alegrías a quienes lo han incorporado, como el oscarizado Joel Grey o Asier Etxeandía en el Teatro Alcalá de Madrid. Su Emcee es obsceno, irónico, versátil y descarado, además de cantar, bailar y actuar con una encomiable autoridad. No podemos olvidar el magnífico trabajo de la orquesta dirigida por Raul Patiño, que recrea a la perfección el sonido característico de los cabarets berlineses, al menos como los conocemos a través de la música de leyendas como Kurt Weill. Al conjunto le hubiera beneficiado no obstante un carácter más grotesco, y los números musicales deberían sintonizar mejor con la narración, a la que falta intensidad dramática y mayor capacidad de comunicación. La impresión general, a pesar de todo, es que se trata de un espectáculo bien hecho y muy entretenido, aunque pierda la oportunidad de relejar mejor ese proceso de desmoralización que quizás también ahora empecemos a sufrir en la vida real.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 15 de enero de 2017