sábado, 17 de noviembre de 2018

15º FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA. JORNADA 9 Y ÚLTIMA

JUMPMAN Antihéroe disparatado de la corrupción

Título original: Podbrosy
Rusia-Irlanda-Lituania-Francia 2018 90 min.
Guión y dirección Ivan I. Tverdovskiy Fotografía Denis Alarcón Ramírez Música Kirill Richter Intérpretes Denis Vlasenko, Anna Slyu, Pavel Chinarev, Vilma Kutaviciute, Alexandra Ursulyak, Daniil Steklov Estreno en el Festival de Karlovy Vary 4 julio 2018

Hay algo peor que sentir aburrimiento en un cine, y es sentir indignación porque a uno le traten como si fuera tonto. El mensaje de esta disparatada película es tan obvio y burdo que causa auténtica vergüenza y una impotencia absoluta ante el descaro con el que se nos está manipulando. Tan básico que sonroja, propone una suerte de metáfora sobre la diferencia (tema recurrente en la filmografía de su director) como instrumento para manipular un sistema corrupto y abyecto, el que a buen seguro estrangula a la sociedad rusa en tiempos de Putin, y que finalmente sucumbe y se refugia en lo ya conocido, aunque sea tan opresor y autoritario como el propio sistema al que denuncia. El protagonista de esta película es un joven recluido en el orfanato en el que fue abandonado siendo un bebé. Conocedora de su capacidad para soportar el dolor, su madre lo recupera con fines criminales y abyectos, y con la complicidad de un sistema corrompido e inmoral hacer fortuna. Metáfora descarada y directa, básica y elemental, sobre la política y la justicia rusa, aunque con el sorprendente apoyo de su ministerio de cultura, si bien aún no se ha exhibido comercialmente en su país. La película se agota casi a la media hora, entre disparates y situaciones absurdas que no se compenetran con su estética realista e invitan a una solución onírica que finalmente no se produce. Bien hecha pero tan básica, disparatada y burda que molesta. Sólo la mención especial recibida en el Festival de Karlovy Vary justifica su inclusión en una muestra de cine europeo como es el festival de Sevilla, aunque aquí se proyectan muchas cosas injustificables.

EN GUERRA Despachos llenos, fábricas vacías

Título original: En guerre
Francia 2018 113 min.
Dirección Stéphane Brizé Guión Stéphane Brizé y Olivier Gorce Fotografía Eric Dumont Música Bertrand Blessing Intérpretes Vincent Lindon, Mélanie Rover, Jacques Borderie, David Rey, Olivier Lemaire, Isabelle Ruffin, Bruno Bourthol Estreno en el Festival de Cannes 15 mayo 2018; en Francia 16 mayo 2018

Hay una secuencia en esta película que puede provocar estupefacción, cuando los trabajadores indignados por una reunión con la patronal insatisfactoria y humillante, arremeten contra ellos de forma violenta y según quién desproporcionada. Recordemos sin embargo que si hoy disfrutamos de esos derechos y libertades que poco a poco nos van hurtando con vaselina, es porque hubo una vez una revolución en Francia que nos abrió el camino. A veces desgraciadamente es necesaria la violencia, como lo son películas como las que ha dirigido Stéphane Brizé con Vincent Lindon, La ley del mercado y ahora ésta En guerra. El tema no nos es ni muchísimo menos ajeno, el cierre de una fábrica auspiciada por una legislación tan favorable al mercado como al empresario, que puede hacer y deshacer a su gusto en función del capital y la inversión. Está ocurriendo ahora mismo con el cierre de Cemex en Gádor (Almería) y Lloseta (Baleares) y ha ocurrido ya muchas veces antes en los últimos años. Todo cambia y hay que adaptarse a los tiempos. El gobierno anuncia que para 2040 todos los coches deberán ser eléctricos y las fábricas y gasolineras se echan las manos a la cabeza. ¿Imaginan que siguiésemos montando en coches de caballos o que guisáramos sobre una fogata? El progreso tiene su precio, pero no debería cobrarse sistemáticamente a los más débiles, al pueblo llano, mientras sólo genera beneficios, cada vez mayores y con menos gasto, a los poderosos, a quienes la legislación protege, y mientras los gobiernos se postran a la banca y los poderes económicos. Por eso va a hacer falta una revolución, y Brizé nos lo dice de forma directa y tajante, sin tapujos, sin previo aviso ni preparación. Un parto con dolor en toda regla. Desde el minuto cero asistimos a la lucha entre trabajadores y directivos y ya no se para. Manifestaciones, mesas de trabajo, reuniones, acuerdos, promesas incumplidas y enfrentamientos entre ambos y entre trabajadores entre sí. Situaciones que hemos visto muchas veces en televisión y sobre las que hemos leído en muchas ocasiones, y que amenazan con acabar con el estado de bienestar al que nos hemos acostumbrados. La proliferación de partidos políticos basados en el populismo y el capitalismo a ultranza no hace sino agravar aún más una situación que se nos va de las manos y que estallará en cualquier momento sin que apenas nos demos cuenta. Para entonces será tarde, así que no sobra que Brizé base su espectáculo en reiteraciones y remarque los peligros que nos acechan, porque o le ponemos freno o lo lamentaremos. Seguramente parecerá un mensaje apocalíptico, pero no hay remedio que hacer caso a quienes como el director francés nos lo advierte tan dura y gráficamente, y como el líder, fundamental en estos casos, que tan bien personifica un imprescindible ya en estas lides como es Vincent Lindon.

DIAMANTINO Una parodia con muy poca vergüenza

Portugal-Francia-Brasil 2018 92 min.
Guión y dirección Gabriel Abantes y Daniel Schmidt Fotografía Charles Ackley Anderson Música Ulysse Klotz y Adriana Holtz Intérpretes Carloto Cotta, Claeo Tavares, Anabela Moreira, Filipe Vargas, Margarita Moreira, Carla Maciel, Vítor de Almeida, Abílio Bejinha, Chico Chapasi, Joana Barrios Estreno en el Festival de Cannes (Semana de la Crítica) 11 mayo 2018

Hemos despedido el festival de Sevilla con una película inclasificable. Ya lo es de por sí el hecho de ser una comedia portuguesa, pero si además parece que esté realizada por aficionados, el desconcierto es aún mayor. Escribimos sobre ella para dejar constancia de haberla visto, pero dudamos si merece algún comentario. Digamos que toma a un clon de Ronaldo como protagonista de una disparatada y absurda intriga política, definiéndolo como el ser más tonto sobre la Tierra, bueno a él no, a Diamantino, su alter ego, a la vez que el más bueno y generoso, para compensar. A sus hermanas como las más pérfidas vulgares e ignorantes, y a los partidos de extrema derecha que practican la nostalgia por el antiguo imperialismo, como los más burdos. Todo ello complicado con una vergonzante trama jamesbondiana y un acabado técnico y artístico ridículo y cutre. Si hasta la fotografía es de mala calidad. Es como si de un Aterriza como puedas o un Scary Movie se tratara, pero con gracia mínima y muy poca vergüenza, porque trasciende a la parodia para convertirse en algo inclasificable y esperamos que irrepetible.

viernes, 16 de noviembre de 2018

15º FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA. JORNADA 8

WHAT YOU GONNA DO WHEN THE WORLD’S ON FIRE? Una denuncia con poca fuerza

Italia-USA-Francia 2018 123 min.
Guión y dirección Roberto Minervini Fotografía Diego Romero Suárez Intérpretes Kevin Goodman, Dorothy Hill, Judy Hill, Ashley King, Ronaldo King, Michael Nelson Documental Estreno en el Festival de Venecia 2 septiembre 2018

Roberto Minervini es una presencia habitual en el Festival de Cine Europeo de Sevilla. En su décima edición pudimos disfrutar de la muy hermosa Stop the Pounding Heart en la sección Nuevas Olas, mientras en 2015 se incluyó directamente en la sección oficial con The Other Side. Ahora repite con su último trabajo, que completa una sección oficial en la que se han incluido cuatro documentales, además de algún otro título de ficción que utiliza los parámetros estructurales y dramáticos del documental, como Joy. Seguramente un número excesivo para una sección oficial de un festival de cine, que darían buena cuenta de la buena salud del género si no fuera porque su repercusión en salas de cine sigue siendo francamente pobre. Por eso cuestiones como las que denuncia en blanco y negro el director italiano afincado en Estados Unidos consiguen un mayor calado en el público cuando se presentan en formatos más accesibles. El tratamiento que Minervivni hace de la desigualdad de derechos entre blancos y negros es cuando menos discutible. Sigue el día a día cotidiano de una serie de personajes de entre los que destacan una mujer que regenta un bar, un grupo de nuevos panteras negras que lanzan proclamas en marchas y concentraciones puntuales, y unos niños que pasan el día de aquí para allá en sus bicicletas. No los vemos ni trabajando ni educándose, lo que no es precisamente un favor a la comunidad. Se extiende así la denuncia no sólo al sistema y a los siglos de esclavitud que han sufrido los afroamericanos, sino también al esfuerzo que desde dentro deben realizar para salir de su condición, superarse y lograr también por sus propios medios, y sin tanto miedo policial, el reconocimiento y la igualdad que merecen. Por extensión, como película deja la protesta tan en segundo plano, sin apoyos gráficos ni técnicos que la refuercen, que su llamada genera escaso entusiasmo, y el esfuerzo poca repercusión.

EL PERAL SALVAJE Desilusión generacional dilatada

Título original: Ahlat Agaci
Turquía 2018 188 min.
Dirección Nuri Bilge Ceylan Guión Nuri Bilge Ceylan, Akin Aksu y Ebru Ceylan Fotografía Görkhan Tiryaki Intérpretes Dogu Demirkol, Murat Cemcir, Hazar Ergüçlü, Bennu Yildirimlar, Serkan Keskin Estreno en el Festival de Cannes 18 mayo 2018; en Turquía 1 junio 2018

Con películas tan reconocidas en su filmografía como Lejano, Tres monos o Sueño de invierno, el realizador turco más internacional, Nuri Bilge Ceylan, recala ahora en la sección oficial del Festival de Cine de Sevilla con un trabajo intenso y exhaustivo sobre una difícil relación entre padre e hijo que ha necesitado tres horas de verborrea incansable para dar sus frutos. La incontinencia verbal a la que Ceylan somete a sus personajes, y que sirve tanto para desarrollar las ideas sobre las que se sustenta su trama como para poner en tela de juicio muchas de las cuestiones que preocupan a su director, provoca esa extrema duración, posiblemente el mayor escollo que encuentra la cinta para llegar a un mayor número de público. Un joven con vocación de escritor regresa a casa tras licenciarse en la Universidad y choca con su padre, al que detesta por hábitos que no resultan coherentes con su preparación como profesor y su carácter trabajador. Ceylan se preocupa en su última película por una generación de jóvenes europeos que no parecen encontrar su sitio en la sociedad, a los que la desidia y la falta de ilusión les ha robado la motivación, y que encuentran en la generación de sus padres el reflejo de una realidad con la que no se sienten identificados. Con un manejo excelente del encuadre y la planificación, y una fotografía luminosa como suele ser habitual en sus películas, Ceylan pasea a su protagonista por espacios rurales y urbanos que le llevan a entablar conversaciones de todo tipo con una variopinta fauna de gente, entre las que destacan un escritor de éxito con el que emplea un cruel sarcasmo y unos jóvenes amigos que se plantean el valor de la religión y la espiritualidad en una sociedad que ven paulatinamente desmoronarse. En su largo y lento desarrollo, salpicado de una elegíaca transcripción de Stokowski sobre una passacaglia de Bach, el director juega a despistarnos en más de una ocasión, con trucos efectistas y generalmente censurables que se justifican en la pesadilla y la falsa apariencia. Al final nos queda pensar si quizás el realizador es más reaccionario de lo esperable cuando parece que nos esté criticando el cinismo que provoca la educación frente al más sano conformismo que genera la disciplina, cuando el joven reacciona adoptando decisiones más cerca de valores castrenses que puramente intelectuales.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

LA CASA DE JACK El crimen como arte o provocación

Título original: The House That Jack Built
Dinamarca 2018 155 min.
Guión y dirección Lars von Trier Fotografía Manuel Alberto Claro Intérpretes Matt Dillon, Bruno Ganz, Uma Thurman, Riley Keugh, Sofia Grabol, Siobhan Fallon, Ed Speelers, David Bailie, Yu Ji-tae, Jeremy Davies Estreno en el Festival de Cannes 14 mayo 2018; en Dinamarca 29 noviembre 2018

Cinco años después de Nymphomaniac y con el perdón de Cannes de por medio tras sus polémicas declaraciones sobre Hitler, Lars von Trier vuelve a provocar con su último trabajo cinematográfico. Habría que analizar la reacción del público frente a su nueva propuesta para conocer más en profundidad las intenciones de este director que no suele dejar a nadie impasible. El atroz retrato que hace de un psycho killer al más puro estilo de aquel Henry, retrato de un asesino que firmara John McNaughton a finales de los ochenta del siglo pasado, da lugar a dos horas de tensión en las que asistimos a los crímenes de un asesino en serie en situaciones algunas de lo más grotescas, con el fin de redefinir el concepto de creación artística a través de la licencia para matar, descuartizar y recrear cadáveres humanos. En sus conversaciones con un posible terapeuta, o quizás un agente de la ley, o puede que un ángel o el mismísimo demonio, al que da voz y luego presencia Bruno Ganz, nuestro asesino americano (Matt Dillon) se permite comparar sus atrocidades con la creación artística y divina, en un proceso en el que analiza hasta cinco de sus barbaridades sucedidas en la década de los setenta del pasado siglo. Todo esto sirve al director danés para generar una orgía de sangre que perturba y molesta, pero no más que el hecho de hacernos sentir a nosotros y nosotras mismas como verdaderos monstruos ávidos de más morbo, de que no lo pillen, de que no aborten su próxima ocurrencia, para que la atrape nuestra retina, la misma que no apaga la televisión cuando nos cuentan las atrocidades que alimentan los telediarios y que son peores que las que pueda imaginar la perturbada mente de Trier. Pero he aquí que motivados por su ética y su moral, o por las apariencias o los prejuicios, habrá quienes abandonen la sala, mientras los demás experimentamos esa mala conciencia que nos obliga a esperar más guiñol sanguinolento con ínfulas de intelectualidad, que lo hace más cruel. Al final no sabemos si la comparación es válida ni si se ha creado arte, pero sí que ha logrado impactarnos y nos ha esclavizado durante las dos horas y media de proyección. Habrá quien lo considere pornografía, pero ¿quién no la consume?

MEKTOUB, MY LOVE: CANTO UNO

Francia 2017 186 min.
Dirección Abdellatif Kechiche Guión Abdellatif Kechiche y Ghalia Lacroix, según la novela de François Bégaudeau Fotografía Marco Graziaplena Intérpretes Shaïn Boumedine, Ophélie Bau, Salim Kechioiche, Lou Luttiau, Alexia Chardard, Hafsia Herzi, Kamel Saadi, Delinda Kechiche Estreno en el Festival de Venecia 7 septiembre 2017; en Francia 21 marzo 2018

Abdellatif Kechiche logró un gran éxito con su anterior película, que se anunciaba como la primera parte de La vida de Adéle y mostraba durante tres horas y sin pudor ni censura las relaciones lésbicas y románticas de dos hermosas jóvenes. Sin haber ofrecido aún la supuesta segunda parte se embarca ahora en un primer capítulo de las andanzas de un joven francés de origen árabe de nombre Amin, para lo que necesita también tres largas horas de desarrollo de algo que podría haberse quedado perfectamente en la mitad. Pero es que Kechiche necesita alargar cada escena y someter a sus jóvenes protagonistas a juegos de incontinencia verbal como los que hacía Rohmer en sus cuentos y proverbios pero sin su carga intelectual. El realizador de origen tunecino fija su atención de nuevo en cuerpos jóvenes, que retrata con vehemencia, durante unas vacaciones en los noventa en el sur de Francia. Allí el joven y guapo protagonista vivirá las experiencias propias de unas vacaciones en la playa, días de sol y agua y noches de copas y discoteca, rodeado de familiares y amigos en busca de diversión permanente, con la sensualidad de la estación y la edad siempre rodeándole. Pero el destino (Mektoub) marcará sus preferencias y le mantendrán virtuoso en su condición de hombre respetuoso y templado, hasta encontrar el amor verdadero, cuya conquista se convierte en leit motiv de la película. Todo esto está muy bien contado y reflejado, y sobre todo transmite todo ese aluvión de alegría y sensualidad apuntadas, además de acertar seduciendo con ese personaje central tierno y pudoroso; pero en su excesivo metraje corre el riesgo de aburrir y desinteresar, mostrando un desprecio absoluto por una carrera comercial que sería mucho más aseada si no exigiera tanta paciencia del público.

jueves, 15 de noviembre de 2018

15º FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA. JORNADA 7

M Los vampiros de Beni Brak

Francia 2018 106 min.
Fotografía, guión y dirección Yolande Zauberman Documental Estreno en el Festival de Locarno 6 agosto 2018

Después de coquetear con la ficción en títulos como Moi Ivan, toi Abraham o Bailar hasta morir, la directora francesa Yolande Zauberman lleva tiempo reflejando a través del documental sus inquietudes en relación a sus orígenes hebreos, en películas como ¿Tendrías sexo con un árabe? y ahora este M que parafrasea al clásico de Fritz Lang M, el vampiro de Dusseldorf. Y es que precisamente la película con la que se presenta en la sección oficial del Festival de Cine Europeo de Sevilla, y con la que ganó el Premio especial del jurado en Locarno, toca un tema muy delicado e inquietante sobre depredadores sexuales en el seno de la comunidad judía más ortodoxa que existe, la que se concentra en Beni Brak, a escasos kilómetros de Tel Aviv. Buenas dosis de ingenio le habrá costado conseguir inmiscuirse en dicha comunidad tan hermética para contarnos la historia de un joven que fue víctima de abusos sexuales por parte de un rabino. No extraña que su acabado formal sea tan deficiente, por este motivo y por el hecho de que la realizadora no haya contado con un equipo de rodaje en condiciones, encargándose ella de todos los aspectos visuales y sonoros de la cinta, seguramente con el fin de pasar más desapercibida. Eso hace que el film se resista a ser visto con interés y curiosidad, convirtiéndose para el sufrido espectador en un ejercicio de concentración y paciencia bastante considerable, y evidenciándose en su narrativa una fuerte tendencia a la reiteración, con lo que su discurso, valioso sin lugar a dudas, se agota rápidamente. Podría haber considerado la posibilidad de combinar todo lo rodado, posiblemente de forma clandestina, con testimonios más convencionales, materiales de archivo y algún recurso técnico y gráfico que hiciera al conjunto más atractivo. Puede que todo esto lo hubiera alejado del aspecto anti mainstream que posiblemente pretenda, pero que flaco favor le hace a su vocación divulgativa, haciendo su imprescindible mensaje mucho más accesible y por extensión más efectivo, como muy bien merece lo que se denuncia y lo sorprendente que resulta. Haría falta un cataclismo para empezar de cero y olvidarnos de las santas creencias y supersticiones que tanto daño han causado al ser humano; claro que volveríamos a tropezar con la misma piedra.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

ATARDECER Una confusa y malograda intriga político-criminal

Título original: Napszállta
Hungría-Francia 2018 142 min.
Dirección László Nemes Guión László Nemes, Clara Royer y Matthieu Taponier Fotografía Mátyás Erdély Música László Melis Intérpretes Juli Jakab, Vlad Ivanov, Susanne Wuest, Uwe Lauer, Mónika Balsai, Björn Freiberg, Urs Rechn, Judit Bárdos, Evelin Dobos, Levente Molnár, Julia Jakubowska, Christian Harting, Marcin Czarnik, Tom Pilath Estreno en el Festival de Venecia 3 septiembre 2018; en Hungría 27 septiembre 2018

En la muy celebrada El hijo de Saúl el director húngaro László Nemes colocaba la cámara en el cogote de su sufrido protagonista, mientras el resto, todo el horror experimentable en un campo de concentración nazi, prácticamente lo intuíamos en lugar de verlo. El mismo recurso lo utiliza ahora también con más frecuencia de la deseable en su nueva película, quizás buscando así una seña de identidad que lo distinga, aunque esta vez ni se justifica ni cumple el claro cometido de aquella laureada cinta. En Atardecer el realizador húngaro nos cuenta la historia de Irisz Leiter, una joven huérfana que regresa a la próspera y glamurosa sombrerería que regentaban sus padres en un Budapest que parece esté quemando sus últimos cartuchos de lujo y decadencia antes de estallar la Primera Guerra Mundial. Con gesto permanentemente absorto, como alucinada o enajenada, Juli Jakab es la protagonista absoluta de una confusa trama a la que se le suman tantos personajes que llega a parecer imposible distinguirlos, mientras su continuo deambular por una capital perfectamente recreada gracias a un enorme esfuerzo de producción y una exquisita puesta en escena, llega a resultar agotador y en muchas ocasiones inútil. Se explica poco y mal los gravísimos sucesos que se denuncian, mientras ella lleva a cabo una investigación sobre intrigas que tienen una inquietante relación con la aristocracia y sus malos hábitos, así como con los nuevos aires que pretenden implantar los revolucionarios anti sistema. Una red de conspiraciones y sucesos en los que el azar acaba teniendo más peso que el auténtico ingenio. Lástima porque podría haber resultado un film inquietante e incluso fascinante por su lujoso envoltorio y los acontecimientos que se adivinan tras tanta confusión y certeza velada. Media hora menos y recortes también en sus aires pretenciosos hubieran podido dar como consecuencia un film al menos estimable, a pesar de lo cual logró alzarse con el premio de la crítica internacional en el Festival de Venecia.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

SAUVAGE Corazón libre pero enamorado

Francia 2018 97 min.
Guión y dirección Camille Vidal-Naquet Fotografía Jacques Girault Música Romain Trouillet Intérpretes Félix Maritaud, Eric Bernard, Nicolas Dibla, Philippe Ohrel, Marie Seux, Lucas Bléger, Camille Müller Estreno en el Festival de Cannes (Semana de la Crítica) 10 mayo 2018; en Francia 29 agosto 2018

Acierta el debutante Camille Vidal-Naquet, presente en el Festival de Cine de Sevilla para presentar su película, en retratar algunos aspectos de la vida y andanzas de los hombres que se dedican a la prostitución gay, centrándose en uno en particular y sin llegar en ningún momento a la provocación marginal de las películas de Paul Morrissey y Andy Warhol (hace ya ¡cincuenta años!) ni a la poesía de aquel Drugstore Cowboy de Gus van Sant también añejo. Aquí Leo es un joven de quien no llegamos a saber nada de su pasado aunque lo intuimos. Analfabeto y enganchado a las drogas, no pone límites como otros a las relaciones que mantiene con sus clientes, lo que a lo largo del metraje le llevará a más de una situación incómoda y hasta peligrosa. No pone cuidado tampoco en su quebradiza salud y comete además la imprudencia para su corazón de enamorarse de la persona equivocada, el chulo de turno que aunque le protege no parece corresponderle recíprocamente. Sobre estas líneas argumentales se organiza una trama mínima, lo que provoca que durante un buen rato asistamos a encuentros y desencuentros, sin mucho interés a pesar de algunos toques de morbo y hasta casi de pornografía añadidos. Los giros argumentales más interesantes aparecerán felizmente en su recta final, cuando comprendamos la verdadera naturaleza, salvaje y libre, del protagonista, al que ninguno de sus anfitriones le invita jamás a tomar un baño o una ducha. Pero tampoco entonces alcanzamos a comprender en su totalidad el alcance del mensaje que pretende darnos su autor.

LA MUJER DE LA MONTAÑA Las cosas bien hechas

Título original: Kona fer í striö
Islandia-Ucrania-Francia 2018 101 min.
Dirección Benedikt Erlingsson Guión Ólafur Egilsson y Benedikt Erlingsson Fotografía Bergsteinn Björgúlfsson Música David Thor Jonsson Intérpretes Halldóra Geriharösdöttir, Jóhann Siguröarson, Juan Camilo Roman Estrada, Jörundur Ragnarsson Estreno en el Festival de Cannes (Semana de la Crítica) 12 mayo 2018; en Islandia 22 mayo 2018

Parece un chiste decir que de Islandia nos llega una de las propuestas más frescas del cine europeo de este año. Se trata de una simpática película protagonizada por una mujer, Halldóra Geriharösdöttir, candidata al premio a la mejor actriz en los premios europeos del cine y reconocida como tal en la Seminci. Se trata de una activista medioambiental que se dedica a atentar contra centrales eléctricas mientras disfruta de una apacible vida como profesora de canto en una de esas idílicas poblaciones del norte de Europa que sólo lo son en los pocos meses en los que asoma la primavera o el verano, y cuya vida dará un vuelco cuando le concedan la adopción de una niña ucraniana sobre la que ya había perdido las esperanzas. Un argumento que deviene en una película amable y entretenida que nos regala además unos paisajes extraordinarios y unos toques de humor muy agradables, como la introducción de la música en la película. El resultado es una comedia sobre lo que hay que hacer, proteger nuestro hábitat, volver a las cosas sencillas y sacar mayor partido de nuestros recursos naturales sin afectarlos ni intervenirlos. Da ejemplo también sobre una paternidad y maternidad responsable, que dé un hogar y una felicidad a los niños y niñas que no la tienen, mejor que engordar la población por puro narcisismo. Son las cosas bien hechas, y para eso nada mejor que una película así, bien hecha, con cariño y ternura. Con un buen acabado también en el apartado técnico, incluidas escenas en alta montaña de persecución con helicópteros y drones que convierten a la heroína en una especie de Sargento Ripley dentro de una película setentera de Clint Eastwood.

Crítica de Pepe Serrano publicada en El Correo de Andalucía

miércoles, 14 de noviembre de 2018

15º FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA. JORNADA 6

DOVLATOV Retratos de una bohemia soviética

Rusia-Polonia-Serbia 2018 126 min.
Guión y dirección Alexey German jr. Fotografía Lukasz Zal Intérpretes Milan Maric, Danila Zozlovsky, Helena Sujecka, Artur Beschnastny, Elena Lyadova, Anton Shagin, Svetlana Khodchenkova, Semyon Aleksandrovich Estreno en el Festival de Berlín 17 febrero 2018

Serguei Dovlatov fue un escritor ruso muerto prematuramente en el exilio neoyorquino doce años después de ser expulsado oficialmente del sindicato de periodistas soviéticos. Alexey German jr. compite en esta décimoquinta edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla con una película que no pretende reconstruir su vida sino tan sólo un momento de ella, apenas unos días de 1971, cuando Europa vivía el despertar de derechos civiles y libertades que habían sido despreciadas en algunos de los países del entorno soviético. Unos días que en el libreto del propio German sirven para reflejar una especie de peregrinación o via crucis por despachos de periódicos y editoriales y fiestas en pisos y bares, donde una bohemia intelectual aún debate sobre Steinbeck o Nabokov, tantos años después de cosechar sus respectivos éxitos, y escuchan jazz de imitación, como todo lo que podían construir para acercarse en la medida de lo posible a respirar el aire de libertad, creativa y personal, que el régimen les negaba. Pero además Dovlatov, en la piel del en cierto modo soso actor serbio Milan Maric, se rodea de mujeres que parecen idolatrarlo, desde su madre a su ex esposa pasando por compañeras, admiradoras y una hija, que en su devenir creativo parecen estar componiendo una trayectoria similar a la que nos ofrecía Fellini en Ocho y medio o Fosse en All That Jazz, a la vez que esa orgía de cigarrillos, alcohol, frustración y atracción parece estar mirando a la Dolce Vita del genio de Rímini. Todo por supuesto más triste y más encerrado, sensacionalmente fotografiado por Lukasz Zal, el habitual director de fotografía de Pawel Pawlikowski (Ida, Cold War), al que por fin le salen los colores. Es precisamente en la magnífica dirección de producción de Elena Okopnaya donde más destaca esta irregular película, barroca y plagada de símbolos y detalles, aunque fuera su vestuario, más convencional, el que lograra el premio a la contribución artística en el Festival de Berlín. A este alegato contra el control del arte y la cultura, ese gran enemigo del totalitarismo al que ya hacíamos referencia con motivo de Obra sin autor, le falta soltura y cambios de registro. Mantiene todo el tiempo el mismo tono y ángulo de visión, anquilosando un trabajo cuyas más de dos horas agotan y no conducen a casi nada. Falta nervio y rabia en esta esmerada producción que partía con muy buenos ingredientes.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

JOY Pretty woman de mirada triste

Austria 2018 99 min.
Guión y dirección Sudabeh Mortezai Fotografía Klemens Hufnagl Intérpretes Joy Alphonsus, Marian Precious Sanusi, Angela Ekeleme Estreno en el Festival de Venecia 3 septiembre 2018; en Austria 19 enero 2019

Este año el Festival de Cine de Sevilla está apostando mucho por películas que nos hablan directamente del drama de la inmigración, especialmente importante ahora que los controles en Europa se han endurecido tanto, sobre todo en países como Austria, donde transcurre la durísima historia de dos mujeres, una de ellas jovencísima, obligadas a practicar la prostitución para pagar la deuda con quienes las han traído a occidente con la promesa de una vida mejor. La directora austriaca de origen iraní Sudabeh Mortezai apuesta por rodar la película con un estilo visual próximo al documental pero un tratamiento narrativo propio de la ficción, utilizando para ello a quienes parecen ser las protagonistas reales de esta trágica historia, o al menos han vivido una similar. El triste viaje arranca en Nigeria con un ritual entre supersticioso y religioso grabado con tanto realismo que uno se pregunta por qué todavía es necesario maltratar a los animales con todos los recursos técnicos y elípticos que hay para evitar tal sufrimiento. Vamos, que asistimos a una denuncia social para encontrarnos de partida con un atentado contra los animales, todo un contrasentido. Sirve este ritual salvaje para meter el miedo en el cuerpo a una joven a punto de emigrar, asegurándose así el pago de su deuda. Algo así como lo que ha hecho nuestra Iglesia durante siglos para controlarnos y mantener el poder. A partir de ahí las mafias y las madames, que antes sufrieron el mismo tormento, se aseguran de dominar a estas esclavas del placer, sin que el film escatime en situaciones duras e insoportables. Sólo hay una pequeña felicidad en el paradójico nombre de la protagonista, Joy (Alegría), y las reuniones de las explotadas viendo culebrones en la televisión o bailando al son de videos machistas de música pop africana. Incluso las familias de las desgraciadas prostitutas se aprovechan de su destino. Aquí no hay visita a una boutique de Rodeo Drive para mejorar la imagen, como en Pretty Woman, sino una visita al salón de belleza marginal del barrio para dar más glamour barato y hortera a la profesión más antigua y denigrante de la historia. Todo discurre así según las coordenadas habituales del género, hasta que llegamos a una terrible conclusión que no deja resquicio para la esperanza. Hubiésemos preferido que se cerrara con algo de luz, pues tratándose de un tema tan delicado y tan de actualidad, lo último que podemos hacer es condenar a sus víctimas a la oscuridad y la injusticia. Claro que de esta forma se menguaría la crítica que merece nuestra sociedad, a su hipocresía y su sinrazón, a ese equilibrio que nos hemos construido y que desde la comodidad de nuestra butaca no podemos ni queremos permitirnos perder.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

PEARL El culturismo como pretexto para un melodrama vacío 

Francia-Suiza 2018 82 min.
Dirección Elsa Amiel Guión Elsa Amiel y Laurent Larivière Fotografía Colin Lévêque Música Fred Avril Intérpretes Julia Föry, Peter Mullan, Vidal Arzoni, Arieh Worthealter, Agata Buzek Estreno en el Festival de Venecia 29 agosto 2018

Siete años después de dirigir su anterior y primer largometraje, la directora francesa Elsa Amiel centra su nuevo trabajo en una joven que se dedica al culturismo y participa en su primer gran concurso de esta disciplina. Habrá historias para contar en un mundo tan poco explorado cinematográficamente como éste que a la realizadora sólo se le ocurre una anodina historia de maternidad sin desarrollo ni emoción, llena de disparates y situaciones absurdas que ni enganchan ni alimentan nuestra curiosidad. El conjunto se queda en un discreto espectáculo visual, también en este sentido desaprovechado, y poco más. Supone la primera aparición en pantalla de una campeona del género en Suiza, Julia Föry, mientras el veterano Peter Mullan participa como entrenador y antigua estrella del culturismo que persigue con el triunfo de su alumna la gloria que desde hace tanto no disfrutaba. Pero su personaje, como el de ella y el de la ex pareja que aparece de repente para dar sentido a un argumento casi inexistente, apenas se definen, tan planos como el resto de la función. Sólo el niño que le endosan a la protagonista consigue sobresalir en un conjunto tan mediocre e intrascendental, con su mirada de ojos grandes y melancólicos.

Crítica de Pepe Serrano publicada en El Correo de Andalucía

SCARY MOTHER Trabajo muy bien planificado sobre la liberación de la mujer

Título original: Sashishi deda
Georgia-Estonia 2018 107 min.
Guión y dirección Ana Urushadze Fotografía Konstantin Esadze Música Nika Pasuri Intérpretes Nato Murvanidze, Ramaz Ioseliani, Dimitri Tatishvili, Autandil Makharadze, Anastasia Chanturaia, Lasha Gabunia, Luka Kachibaia Estreno en el Festival de Locarno 3 agosto 2017; en Estonia 4 mayo 2018

Hay adjetivos que se ponen de moda y se abusa de ellos, vengan o no al caso. Pero cuando surge algo que realmente lo merece nos damos cuenta del uso inadecuado que le hemos estado dando. La palabra transgresora cobra todo su significado y razón de ser cuando se aplica a una película como ésta, candidata a Discovery del año en los Premios Europeos del Cine y sorpresa absoluta en el actual panorama cinematográfico del continente. Con una joven debutante tras la cámara y el libreto, nos cuenta con un estilo narrativo y estructural fresco y diferente la historia de una madre y ama de casa cuya pasión es la escritura, pero la novela que ha engendrado no va a gustar a su familia ni a su entorno. Un esposo cretino y unos hijos que prefieren mirar para otro lado no son el mejor respaldo para alguien con una voz propia y un universo interior tan rico, especialmente cuando es a ellos mismos a quienes se está poniendo en evidencia. Hay tanta simbología en esta cinta que invita a pensar que no sólo se está hablando de la condición de la mujer, invisible y ninguneada, cuya historia no interesa porque molesta, sino que quizás se está haciendo también análisis de una determinada situación política y social, la que lleva a un país a sentirse dominado y por debajo de otro opresor. Puede que los entornos retratados en este lúcido y complejo film representen esos mundos tan distintos y antagónicos que necesitan de un puente para comunicarse. Espacios en ruinas que se dan la mano con negocios modernos y eficientes o cafeterías exquisitas. Una mujer que necesita transformarse en un monstruo para liberarse y dar sentido a su vida, igual que hay zonas geográficas que necesitan encontrar una entidad propia. ¿Nos habla entonces Ana Urushadze de violencia machista, de mujer oprimida o de países invadidos? Quizás de todo o puede que de nada de esto, ahí radica la grandeza de lo nuevo, lo diferente y lo transgresor, tan difícil de analizar en una columna escrita deprisa para ser leída a la mañana siguiente. De cualquier manera sus bondades se han sabido reconocer en Locarno, donde se estrenó y logró premios a la mejor ópera prima y del jurado joven, así como en Gijón, donde recibió los de mejor dirección y fotografía.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 13 de noviembre de 2018

15º FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA. JORNADA 5

VIVIR DEPRISA, AMAR DESPACIO A estas alturas de la película

Título original: Plaire, aimer et courir vite
Francia 2018 132 min.
Guión y dirección Christophe Honoré Fotografía Rémy Chevrin Intérpretes Pierre Deladonchamps, Vincent Lacoste, Denis Podalydès, Adèle Wismes, Thomas Gonzalez, Quentin Thébault Estreno en el Festival de Cannes y en Francia 10 mayo 2018

La cuota de cine gay en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, habitual pero innecesaria, se salda con un producto tan convencional y rutinario que provoca hasta vergüenza ajena. Si se trata de dar visibilidad al tema hay programas de televisión que cumplen con creces y a diario ese cometido. Si se trata de complacer a un sector de la población que de puro narcisismo ansía verse retratado en la gran pantalla, y apenas acude a una sala cinematográfica más que para ver reflejadas sus experiencias y vicisitudes, esta vez no le costará adivinar historias, personajes y situaciones mil veces vistas. Y si de lo que se trata es de realizar un trabajo en sí mismo narcisista y autocomplaciente, quizás ahí haya acertado su director Christophe Honoré, que a pesar de todo y vista su filmografía, ha firmado quizás su mejor trabajo hasta la fecha. Arquetípico y rutinario, Honoré filma con cierta desgana, a pesar de lo apuntado, la historia de amor entre un afamado dramaturgo y un joven bretón al que conoce en un cine viendo El piano de Jane Campion bajo la música de Michael Nyman. Guapos, sin pluma y promiscuos, no escapan del prototipo que hemos visto en mil producciones sobre el tema, mientras el conjunto se nos antoja más propio de un ambiente militante, al que no le importa que le cuenten una y otra vez la misma historia y de la misma y cansina forma, que del que busca historias nuevas y formas menos convencionales de contarlas. Hay tanto por descubrir y experimentar en el entorno gay que resulta inexplicable que se regrese siempre al mismo rollo, que de tanto prodigarse se ha vuelto conservador y reaccionario, más cuando todavía se practica el pudor a la hora de enseñar anatomía y sexo, restando naturalidad al conjunto. Encima se ambienta en los noventa para dar cabida al sida y sus lamentables consecuencias. Cursi y pedante en sus diálogos, recurrente en su definición de personajes y, lo que es peor, ausente de emotividad a pesar del tono trágico que pretende imprimirse a la historia (que no falte el aria de castrati cuando de melancolía se trata), acaba justificándose sólo como producto para engordar la programación de un festival gay-lésbico. Para colmo su protagonista, Pierre Deladonchamps, a quien vimos en El desconocido del lago y El hijo de Jean, resulta forzado en todos sus gestos y posturas, mientras Vincent Lacoste (Hipócrates) practica la pose sensual de forma casi irreflexiva, y Denis Podalydès (El buen maestro) pone la cuota madura y menos agraciada, el perfecto amigo, vecino y confidente.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

RUBEN BRANDT, COLLECTOR Animación húngara de proyección y calidad

Hungría 2018 96 min.
Guión y dirección Milorad Krstic Música Tibor Cári Animación Estreno en el Festival de Locarno 9 agosto 2018; en Hungría 15 noviembre 2018


Una película de animación en la sección oficial del Festival de Cine Europeo es un detalle para incondicionales de un género que cada vez ocupa más cuota de pantalla y mayor aceptación entre cualquier clase de público. En este caso se trata de una muy ambiciosa producción húngara de factura técnica y artística extraordinaria, lo que hace que se disfrute muchísimo como entretenimiento audiovisual. Milorad Krstic debuta así en el largometraje, después de realizar el corto también de animación My Baby Left Me. Con un portentoso talento para manejar secuencias de acción trepidantes y muy imaginativas, el guión que también firma cuenta una historia de ladrones de arte, coleccionistas obsesivos y traumas psicoanalíticos que provocan alteraciones del sueño, todo lo cual sirve para exhibir un sinfín agotador de referencias culturales. Así pasan ante nuestra retina detalles de pintores como Velázquez, Degas, Matisse, Botticelli, Hopper o Picasso, cuya estética parece haber informado el diseño de los personajes, directores de cine como Hitchcock, Chaplin o clásicos del documental ruso como Pacific 231, con el que arranca una producción trepidante de principio a fin. Mucha parafernalia, muchos artefactos y mucha acción, que sumado a todo ese torrente de citas y referencias, hace que el conjunto resulte agotador y excesivo, limitando la capacidad de atracción de una historia que no deja de tener su gracia e inventiva. Pero es en el diseño artístico, sus excelentes dibujos de inspiración en el cómic, y su extravagante imaginación, donde la cinta triunfa y no deja indiferente. Haber logrado además una trama que enganchara e hiciera reflexionar le habría supuesto quizás considerarla una obra maestra. De momento nos quedamos con su brillantez formal, su profusa documentación y su espléndida banda sonora, que ya el tiempo dirá si hay algo más que rascar.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

OBRA SIN AUTOR Atención en los detalles para encontrar la verdad

Título original: Werk ohne Autor
Alemania-Italia 2018 188 min.
Guión y dirección Florian Henckel von Donnersmarck Fotografía Caleb Deschanel Música Max Richter Intérpretes Tom Schilling, Sebastian Koch, Paula Beer, Saskia Rosendahl, Oliver Masucci, Evgniy Sidikhin, Ulrike C. Tcharre, Hans-Uwe Bauer Estreno en el Festival de Venecia 4 septiembre 2018; en Alemania 3 octubre 2018

Casi todo festival suele incluir en su sección oficial algún título de corte académico, menos arriesgado que el resto; el de Sevilla también lo hace. Este año le ha tocado a una película río del director de la aclamada La vida de los otros. Tras realizar en Norteamérica la fallida El turista, Florian Henckel von Donnersmarck regresa a su país para hablarnos de nuevo, en la que es su tercera película, de la Alemania del Este en los tumultuosos años del siglo XX en los que sufrió la sinrazón de los nazis y la censura del régimen estalinista. La cinta comienza con una exposición de arte degenerado (Entartete kunst), de cuya vertiente musical se hará eco el Maestranza en unos días para arropar el estreno de las óperas El dictador de Krenek y El emperador de la Atlántida de Ullman. Un arte que engloba todo lo que el régimen nazi consideraba que no favorecía a su causa y provenía de influencias modernas acuñadas por bolcheviques y judíos, en favor de un arte épico que ensalzara el espíritu heroico del nacionalsocialismo. Lo curioso es que con el reparto de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial, los rusos prohibieron igualmente todo arte que no encumbrara directamente el régimen y la lucha obrera, considerándose todo lo demás inútil y decadente. Malas tierras para quien quisiera dedicarse a la pintura buscando un lenguaje propio. Reprimido durante toda su juventud, el protagonista de esta cinta, un Tom Schilling de rostro inocente y aniñado, a quien vimos en Oh Boy y Napola, busca su propia identidad en un ambiente imposible hasta que tras huir a la zona libre lo busca, ya con menos trabas, en su interior y en su propio devenir histórico. Un argumento en el que vemos reflejada la sinrazón nazi contra el propio pueblo, el dolor sufrido por los mismos arios que no podían o no querían adaptarse al régimen, así como el ambiente de censura y totalitarismo al que fue sometido el pueblo vencido por parte del comunismo soviético. Tres horas ha necesitado el director en lo que parece una adaptación literaria sin serlo; tres horas que sin embargo entretienen e ilustran, transmiten la concepción que el arte ha tenido siempre como enemigo de los totalitarismos, como estandarte del libre pensamiento, y que muestran con caligrafía precisa y formas claras, clásicas y académicas, un período de la historia de Alemania que no ha de repetirse. Por eso es importante que se recuerde periódicamente, más cuando acierta a definir personajes maquiavélicos incapaces de asumir sus crímenes de guerra y convencidos de que hicieron lo correcto. Aunque la cinta camina peligrosamente por el filo del ridículo, no cae nunca en él, logrando emocionar con ayuda de unas interpretaciones correctas (a Schilling hay que añadir al protagonista de La vida de los otros, Sebastian Koch, y el descubrimiento de François Ozon en Frantz, Paula Beer), una cuidada fotografía del veterano Caleb Deschanel, y una esmerada banda sonora de Max Richter.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 12 de noviembre de 2018

15º FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA. JORNADA 4

PITY La sombra de Lanthimos es alargada

Grecia-Polonia 2018 97 min.
Dirección Babis Makridis Guión Babis Makridis y Efthymis Filippou Fotografía Konstantinos Koukoulios Intérpretes Yannis Drakopoulos, Evi Saoulidou, Makis Papadimitriou, Nota Cherniavsky Estreno en el Festival de Sundance 19 enero 2018

Todas las cinematografías buscan líderes a quien imitar. Si en España le han salido alumnos a Almodóvar o Amenábar, no es de extrañar que en Grecia sea Yorgos Lanthimos el objetivo de seguidores, y como este año no hay película del director de Canino y El sacrificio de un ciervo sagrado en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, nos llega un posible primer imitador, Babis Makridis. Con el mismo estilo aséptico, de rostros impasibles, espacios pulcros y sin vida, pero sin un material dramático consistente que tratar, y ahí radica la principal diferencia con el maestro, Makridis pretende reflexionar sobre el dolor y el sufrimiento. No falta humor en esta propuesta ya no tan radical, para contarnos la historia de un infeliz incapaz de sobrevivir si no hay algo de lo que lamentarse. Claro que no es en un ambiente como el que propone la película, de puro bienestar, cómodo incluso a nivel sentimental, donde parezca lógico encontrar el personaje apropiado para sufrir tal tara psicológica. También es verdad que lo de menos en estas propuestas caprichosas es buscar lo convencional, ya que al final es el todo vale lo que se impone. De cualquier manera la gracia pierde fuerza en cuanto asoma dos veces, y este estudio sobre alguien que si no tiene pena la tiene que buscar acaba resultando forzada y superficial, sin llegar a ninguna parte más que a un divertimento medianamente ocurrente.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

LA CASA DE VERANO Ocurrencias de una familia excéntrica

Título original: Les estivants
Francia-Italia 2018 125 min.
Dirección Valeria Bruni Tedeschi Guión Valeria Bruni Tedeschi, Noémie Lvovsky y Agnès de Sacy Fotografía Jeanne Lapoirie Música Paolo Buonvino Intérpretes Valeria Bruni Tedeschi, Yolande Moreau, Noèmie Lvovsky, Pierre Arditi, Valeria Golino, Laurent Stocker, Bruno Raffaelli, Marysa Borini, Riccardo Scarmacio, Stefano Cassetti, Vincent Perez, Xavier Beauvois, Leontine Fall, Brandon Lavieville Estreno en el Festival de Venecia 5 septiembre 2018

Valeria Bruni Tedeschi regresa con su nueva película como directora y protagonista, después de triunfar en Sevilla el año pasado en su faceta como atriz con Ma Loute (La alta sociedad), que se llevó el Giraldillo de Oro y guarda ciertas semejanzas con esta película. Aunque el punto de partida pueda parecer el clásico de Gorki Los veraneantes, de quien toma el título original, la polifacética actriz francoitaliana reúne a una excéntrica familia, que bien podría ser un trasunto de la suya propia, en la que se habla francés e italiano y coincide la madre real y ficticia, una Marysa Borini que triunfó en los cincuenta como pianista y engendró a Valeria y Carla Bruni, en una suntuosa mansión al borde del mar en esos días de verano en los que se relajan las costumbres, se tiene más tiempo para pensar y reflexionar y se dicen cosas que a lo mejor en otra época uno ni se atreve a pensar. Hasta ahí y en el hecho de compartir mesa en el jardín, se parecen éstos a los personajes de Gorki, que se enfrentan al cambio del mundo que conocen con sus traumas y readaptaciones. Aquí la familia se convierte en vínculo sentimental para canalizar frustraciones y emociones, pero confundiendo comedia con histrionismo. Muy en su línea Bruni Tedeschi se muestra tan intensa y sobreactuada como siempre, aunque la adoremos igual, mientras el resto de sus compañeros y compañeras de reparto demuestran por qué son estrellas en su país, a pesar de ponerse al servicio de una caricatura grotesca y no demasiado lúcida sobre la condición humana, los sentimientos amorosos y familiares, la lucha de sexos y la de clases, los ideales políticos y otras lindezas que ni conmueven ni entusiasman, por mucho empeño se ponga y adorno que se añada al asunto, lieder de Schumann y arias de Mozart incluidas.

Crítica de Pepe Serrano publicada en El Correo de Andalucía

IDRISSA, CRÓNICA DE UNA MUERTE CUALQUIERA Derecho a morir con dignidad

España 2018 84 min.
Dirección Xavier Artigas y Xapo Ortega Guión Laia Manresa Fotografía Lucía Venero Música Filastine Documental Estreno en el Festival de Sevilla 12 noviembre 2018

Hace bien el Festival de Cine de Sevilla en programar en su sección oficial, que es la más seguida por todos, crítica y público, un documental tan necesario como éste, procurándole así una mayor visibilidad. Se trata del nuevo trabajo de Xavier Artigas y Xapo Ortega, que con su productora Metromuster son una ONG en sí, dedicada a divulgar temas tan importantes y urgentes como la desaparición de barrios obreros (No-RES), el caso Bárcenas (Termitas), el suicidio de la joven Patricia Heras, condenada por un delito que no había cometido (Ciudad muerta) o la represión policial contra la llegada de inmigrantes en 2014 (Tarajal). Vuelven valientes y resueltos ahora al tema de la inmigración pero con un enfoque distinto en esta película de estreno absoluto en nuestro festival. La muerte de un inmigrante guineano, Idrissa Diallo, en un centro de internamiento de extranjeros en Barcelona en circunstancias aún no aclaradas, y las posteriores trabas burocráticas y judiciales para extraditar su cadáver a su pueblo natal con el fin de darle digna sepultura, se convierten en el eje de la lucha de varias asociaciones civiles españolas, fundamentalmente catalanas, cuyo proceso se plasma brillantemente en este documento imprescindible a nivel político y antropológico. Aunque en un primer momento pueda resultar confusa en su acumulación de testimonios y explicaciones gráficas, con mucho mapa google por medio, su interés va creciendo hasta alcanzar el punto álgido cuando asistimos a la reivindicación de un inmigrante frente a la estatua de un antiguo colonizador, denunciando cinco siglos de opresión que han dado como resultado la profunda y a todas luces injusta desigualdad que reina sobre el planeta. Un episodio que a buen seguro se repetirá constantemente y del que sin embargo nuestra política y medios de comunicación jamás se hacen eco. Un drama a partir del cual ya no podemos parpadear, se impone reflexionar y a menos que se sea insensible, acumular rabia e impotencia. Con una cuidada planificación y puesta en escena, y una potente banda sonora, el film cumple su doble responsabilidad de resultar eficaz en su denuncia y válido en su vocación de producto cinematográfico. Una ceremonia fúnebre, a la que asistimos en toda su plenitud, nos hará finalmente reflexionar sobre la necesidad de enterrar a los muertos con dignidad cuando ésta les fue arrebatada en vida. ¿Acaso no es eso lo que piden los familiares de los represaliados del franquismo que llevan casi un siglo sufriendo y cuyas reclamaciones tantas ampollas abren en quienes consideran que esto lo único que hace es reabrir las heridas de la guerra?

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

BORDER Revolucionaria propuesta de cine fantástico y de terror

Título original: Gräns
Suecia 2018 101 min.
Dirección Ali Abbasi Guión Ali Abbasi e Isabella Eklöf, según la novela de John Ajvide Lindqvist Fotografía Nadim Carlsen Música Christoffer Berg y Martin Dirkov Intérpretes Eva Melander, Eero Milonoff, Jörgen Thorsson, Ann Petrén, Sten Ljunggren Estreno en el Festival de Cannes 10 mayo 2018; en Suecia 31 agosto 2018

La conjugación del director Ali Abbasi, que nos contó en su anterior película, Shelley, una historia de bebés macabros, y del novelista John Ajvide Lindqvist, que con Déjame entrar revolucionó el tema de las criaturas vampíricas, ha dado como feliz resultado una película que desde ya está llamada a engrosar la lista de clásicos del fantástico y el terror más emblemáticos e influyentes de la historia del cine. Con un notable dominio de los recursos cómicos y dramáticos, sin grandes alardes en efectos visuales aunque con un maquillaje digno de Oscar, y sin esa violencia gratuita del cine americano en el que nunca faltan las armas de fuego, Abbasi construye una historia de terror entre la fábula, la mitología nórdica, el romance y el género policíaco. Una combinación que podría resultar indigesta y sin embargo se mezcla con acierto y naturalidad, y unos personajes y situaciones que rozan el ridículo y sin embargo acaban por resultar entre fascinantes e incómodos. La buena dosificación de sus giros argumentales, la sensación de por fin estar viendo algo nuevo en un género tan admirado pero que tantas decepciones produce, hace que aplaudamos sin reservas una película que viene a revolucionar el cine de monstruos y a decir algo distinto. Por si fuera poco aprovecha para hablar de la diversidad y la diferencia con acierto y naturalidad, además de con enorme delicadeza. Sorprendente e imaginativa gracias a la pluma de Lindqvist, la mano firme de Abbasi, el talento interpretativo de su pareja protagonista y su eficiente puesta en escena, todo lo cual da como resultado un entretenimiento sobresaliente y un título a tener en cuenta con todas sus consecuencias.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 11 de noviembre de 2018

15º FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA. JORNADA 3

TOUCH ME NOT Manual sexual para bloqueos emocionales

Rumanía-Alemania-República Checa-Bulgaria-Francia 2018 125 min.
Guión y dirección Adina Pintilie Fotografía George Chiper Música Ivo Paunov Intérpretes Laura Benson, Tómas Lemarquis, Christian Bayerlein, Irmena Chichikova, Adine Pintilie, Seani Love, Herrmann Mueller, Georgi Naldzhiev Estreno en el Festival de Berlín 21 febrero 2018

Con el Oso de Oro de Berlín y el premio a la mejor ópera prima en el mismo festival, la joven directora rumana Adina Pintilie ha pasado de ser una promesa en su país, con dos mediometrajes en los que exploraba temas de actualidad social, a éste su primer largo, un trabajo cuando menos sorprendente y en cierto modo arriesgado que la realizadora salva de forma discutible y harto irregular. La cuestión es exorcizar algunos de los miedos sexuales que atizan a una sociedad peligrosamente encaminada a una nueva represión mojigata. Para ello fija su atención en una mujer en edad madura que parece no haber experimentado su sexualidad en toda su plenitud. Reprimida hasta el punto de satisfacer sus deseos sólo con la mirada, la mujer explora las posibilidades de una sexualidad todavía despierta en ambientes heterogéneos, como una sesión de terapia colectiva en el hospital donde visita asiduamente a quien parece ser su marido enfermo. También su propio hogar sirve para encuentros fortuitos con un chulo al que sólo admira mientras practica onanismo, o un señor/a de sexualidad ambigua que le enseña a disfrutar también a través de la música. Se hace aconsejar por un terapeuta supuestamente experto en tocamientos y descubrimientos del propio goce, o conoce a un joven enfermo que experimenta también ciertas frustraciones que le llevan a presenciar en un club sexual una orgía con elementos sadomasoquistas. Todo ello de la manera más aséptica posible, con abuso de blancos en decoración y ropas, y música de Brahms para dar el toque exquisito a una propuesta que ya en sí recibe un tratamiento muy delicado. Y todo observado por la mirada cómplice de la propia directora, que se reserva el papel de ella misma intentando entender las motivaciones de sus personajes, uno de los cuales recibe un tratamiento muy paternalista, destacando su diferencia pesar de pretender justo lo contrario, y encomendándole la feliz tarea de ser, a pesar de su dura diferencia, el más equilibrado de todo el elenco. Muy de manual, con escenas de sexo en grupo tan teatralizadas que pierden toda su naturalidad, y una sensación global de impostura que convierte lo presuntamente atrevido en ridículo y superficial. Algunos debieron entender algo que no hemos acertado a ver para otorgarle distinciones tan apetecibles.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

LA CIUDAD OCULTA Audiovisual experimental de museo contemporáneo

España 2018 80 min.
Guión y dirección Víctor Moreno Fotografía José A. Alayón Música Asmus Tietchens Documental

La propuesta más radical hasta el momento de esta edición del festival de Sevilla es esta suerte de documental nada convencional del realizador canario Víctor Moreno, que hace cuatro años sorprendió con su viaje a través de las entrañas del Edificio España y sus obras de reforma. Más cerca de un trabajo para ser expuesto en un museo de arte contemporáneo que para ser exhibido en una sala de cine, Moreno se adentra ahora en el mundo subterráneo de Madrid, su metro, sus alcantarillas y otros vericuetos que forman parte de la ingeniería y arquitectura de la ciudad aunque no reparemos en ello. La propuesta a priori resulta por lo tanto atractiva, su tratamiento sin embargo nada estimulante. Cuando después de veinte minutos sólo hemos visto puntos de luz en el firmamento, chispas de raíl o vías de tren en espacios dominados por la oscuridad, sin voces ni intervención humana alguna más allá de una planificación de la imagen hipnótica y esmerada, comprendemos que poco más vamos a poder extraer de esta experiencia sólo apta para buscadores de experiencias visuales nuevas que puedan ser tildadas de artísticas. Efectivamente, aparte de sorprendernos descubriendo en el subsuelo paisajes que recuerdan a películas como Alien o 2001, o de seguir durante unos minutos las correrías de felinos y roedores por las tuberías bajo nuestros pies, hay poco que estimule nuestra curiosidad y ansias de aprender en este mal llamado documental. Si encima subraya aspectos como la presencia de una lechuza, símbolo de la sabiduría y la filosofía, el trabajo acaba por atragantarse por su pedantería y ridiculez.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

BEAST Thriller romántico intenso pero desmadrado

Reino Unido 2017 107 min.
Guión y dirección Michael Pearce Fotografía Benjamin Kracun Música Jim Williams Intérpretes Jessie Buckley, Johnny Flynn, Geraldine James, Trystan Gravelle, Olwen Fouéré, Emily Traffe, Hattie Gotobed, Shannon Tarbet, Tim Woodward Estreno en el Festival de Toronto 9 septiembre 2017; en Reino Unido 27 abril 2018

Una perturbadora historia de amor intervenida por una intriga criminal que el director Michael Pearce mueve con soltura y la sensación de haber aprendido perfectamente las pautas del género. De hecho hay mucho de Hitchcock en esta película de corte independiente, una puesta al día de las intrigas que el maestro del suspense perpetrara a partir de situaciones cotidianas y coyunturales. Hay mucho de Sospecha y algo de La sombra de una duda, en la supuesta vulnerabilidad de ella y la capacidad de seducción de él, y en la sensación que produce en el espectador de inseguridad sobre lo que está viendo y escuchando, además del juego de intriga creciente que propone. Beast es en principio una historia protagonizada por una joven con un trauma del pasado bastante tangible y convincente, a quien la sobreprotección de una madre vampírica (estupenda la veterana Geraldine James) no ha hecho más que añadir dolor y daño, además de moldear una personalidad difícil y compleja. Su encuentro fortuito con otro rebelde (en inglés valdrían para los dos los calificativos misfits y outsiders, inadaptados y rebeldes) deriva en una apasionada historia de amor amenazada por la bajeza de una sociedad excluyente y la sospecha que cae sobre él en relación a una serie de asesinatos sin resolver. Pearce demuestra conocer bien los resortes de una buena intriga y nos provoca una serie de sensaciones que van de la tensión al desasosiego, con escritura firme y convencida. Pero llegado el tramo final parece que no sepa bien cómo resolver todo lo planteado y se decante por un desmadre que flaco favor hace a un producto que hasta entonces había ido sobre ruedas. A pesar de eso hemos de reconocer trazas de buen cine clásico en este estimulante título que supone además el descubrimiento de una actriz igualmente inquietante y diferente, la joven Jessie Buckley, y una interpretación sobresaliente en su mezcla de ambigüedad y atractivo de Johnny Flynn, a quien hemos visto junto a Juliette Binoche en Viaje a Sils Maria y junto a Anne Hathaway en Song One.

MAYA Karma y turismo post trauma

Francia-Alemania 107 min.
Guión y dirección Mia Hansen-Love Fotografía Hélène Louvart Intérpretes Roman Kolinka, Arashi Banerjee, Suzan Anbeh, Judith Chemla, Alex Descas, Pathy Aiyar, Pascal Hintablian Estreno en el Festival de Toronto 10 septiembre 2018

Roman Kolinka, que ya trabajó con la joven directora Mia Hansen-Love en Eden y El porvenir, se convierte ahora en el protagonista de su nueva historia, que parece un pretexto para tomarse unas vacaciones en una India de postalita. Tras ser liberado de su cautiverio en Siria, un periodista francés vuelve a París para descubrir que tiene que romper con su pasado y hacer un viaje de autodescubrimiento y regeneración a la India, donde conoce a la joven hija de un potentado y hostelero amigo con la que iniciará una etapa de tonteo que habrá de derivar en una historia de amor. La sensación global de instrascendencia que transpira toda la película hace que aunque inofensiva se disfrute relativamente, como algo inocuo y carente de interés. Entre paisajes idílicos y paseos evocadores, la película advierte cierto interés cuando se adentra en la occidentalización de la población más anglófila del país, la que más ha mantenido sus costumbres e idioma y más se acerca en modos de vida a la nuestra. Por lo demás, el encanto de sus protagonistas y la invitación a viajar por el colorista país, sin que falten templos, monos, vacas sagradas, pájaros exóticos y playas paradisíacas, no sirven más que como un karma de postal, más propio de reclamo de una agencia de viajes que de una cinta seria con un punto de partida tan dramático. Algún apunte sobre la especulación inmobiliaria no sirve para dar mayor empaque a una cinta endeble y absolutamente coyuntural.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

THE HAPPY PRINCE Los miserables atacan al genio

Alemania-Reino Unido-Bélgica-Italia 2018 104 min.
Guión y dirección Rupert Everett Fotografía John Conroy Música Gabriel Yared Intérpretes Rupert Everett, Colin Morgan, Edwin Thomas, Colin Firth, Emily Watson, Tom Wilkinson, Anna Chancellor, Julian Wadham, Béatrice Dalle, Ronald Pickup, Antonio Spagnuolo, Tom Colley, Daniel Weyman Estreno en el Festival de Sundance 21 enero 2018; en Italia 12 abril 2018; en Reino Unido 15 junio 2018

Atrás, muy atrás quedaron los intentos de hacer un James Bond gay que protagonizara Rupert Everett. El fornido y apolíneo protagonista de Otro país y La boda de mi mejor amigo, que protagonizó también una versión de la comedia de Oscar Wilde Un marido ideal, no ha dudado en perder la figura y parapetarse tras varios kilos de maquillaje para incorporar el que toda la crítica saluda como el trabajo de su vida, hasta la exageración de aseverar que nació para interpretarlo. Oscar Wilde ya fue objeto de un biopic hace veinte años, centrado entonces en el juicio por escándalo sexual que arruinó su carrera y lo llevó de los escenarios donde era aclamado fervientemente a la cárcel donde inició su particular via crucis de degradación física y espiritual. La cinta que con tanto empeño y dedicación dirige el propio Everett, que también aparece en el film cantando no sin cierta gracia, retoma al personaje justo cuando sale del internamiento y comprueba cómo público y sociedad le han dado la espalda. Everett, autor también del libreto, acierta en mostrar no el desaliento sino la dignidad del personaje, su fuerza y coraje para emprender una nueva vida, lejos de su esposa e hijos, cerca de los placeres mundanos que, sin embargo, más lejanos se le presentan ante la falta de medios económicos con los que sufragarlos. La atracción que no ha perdido frente a sus examantes, Robbie (Edwin Thomas) y Bosie (Colin Morgan), el aristócrata cuya relación le causó todo ese destierro moral, y sus amigos más fieles, Reggie (Firth), Dunne (Wilkinson, que también aparecía en Wilde de Brian Gilbert) e incluso su esposa (Watson), potencian ese carisma y dignidad que el personaje mantiene, y que Everett ensalza con un guión en el que su propia literatura tiene un protagonismo importante. Localizaciones en Italia y Francia y una muy cuidada ambientación ofrecen el escenario en el que asistimos a esos tres últimos años del genial autor de Salomé, entre momentos miserables y otros más dichosos, generalmente en compañía de su incondicional Bosie, para ofrecernos este desarraigado retrato de otro ser humano irrepetible al que la despreciable y mezquina sociedad intentó borrar su genio y dignidad. Prácticamente estrenada en todos los países en los que le es posible, llega a nuestro festival de cine sin fecha aún de estreno oficial.

Crítica de Pepe Serrano publicada en El Correo de Andalucía

sábado, 10 de noviembre de 2018

15º FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA. JORNADA 2

RAY & LIZ Regodeo en la cochambre y la miseria

Reino Unido 2018 107 min.
Guión y dirección Richard Billingham Fotografía Dan Landin Intérpretes Ella Smith, Justin Salinger, Tony Way, Sam Gittins, Richard Ashton, Patrick Romer Estreno en el Festival de Locarno 5 agosto 2018

Resulta difícil empatizar con una realidad tan dura y desagradable como la que propone el realizador debutante Richard Billingham. Habrá quien quiera ver en su retrato de una familia desestructurada, otra más, la problemática de una clase obrera británica que se ha dado por vencida sin un hilo de esperanza al que asirse. Pero no nos encontramos ante un trabajo en la línea de Ken Loach, un cuento sobre la clase oprimida y su lucha por salir adelante aún saltándose las reglas de un mundo jerarquizado y reglado a imagen y en beneficio de la clase poderosa. Aquí no hay lucha ni opresión, sino las consecuencias de un régimen subvencionado en el que la vagueza es recompensada con una renta o ayuda gubernamental, escasa pero suficiente para conformarse con una vida sin ambición ni ilusiones. En ese marco asistimos a las gamberradas de muy mal gusto y en cierto modo bizarras de un joven inquilino de la pareja protagonista hacia un hombre con sus facultades mentales mermadas, o de un niño hacia su padre ausente, dentro de un entorno en el que los animales encerrados, ya sean en la mugrienta casa en la que reside la familia o en un cochambroso zoológico de barrio, parecen simbolizar la falta de esperanza de estos nauseabundos personajes que se nos presentan con descaro y naturalidad. Una madre por supuesto fea y gorda, que así es más fácil regodearse en la cochambre, se lleva el gato al agua en cuanto a conducta censurable hacia su familia y el entorno, que ya se sabe que si alguien tiene que salir peor parado, mejor que sea ella. La experiencia es por lo tanto desagradable y para nada constructiva, más bien no ofrece salida alguna a quienes tiran la toalla en un sistema que seguramente pide a gritos su reforma integral.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

AMIN El inmigrante seductor y el horizonte perdido

Francia 2018 91 min.
Dirección Philippe Faucon Guión Philippe Faucon, Mustapha Kharmoudi y Yasmina Nini-Faucon Fotografía Laurent Fenart Música Amin Bouhafa y Jean-Pierre Arquié Intérpretes Moustapha Mengue, Emmanuelle Devos, Mareme N’Diaye, Noureddine Benallouche, Ouidad Elma Estreno en el Festival de Cannes 15 mayo 2018; en Francia 3 octubre 2018

Seguramente por sus propios vínculos familiares, Philippe Faucon ha demostrado en su filmografía un especial interés por retratar la vida de los inmigrantes del norte de África en Francia. Sabine, Samia o la más reciente Fatima son testigos de ello. Ahora viaja un poco más abajo y nos habla de Amin, un inmigrante de Senegal que vive en París realizando todo tipo de trabajos para sobrevivir y ahorrar con vistas a ofrecer una vida mejor a su familia en su país de origen. El punto de partida de la película es muy interesante, por cuando nos muestra el destino del dinero conseguido por estos inmigrantes que lo han dejado todo detrás, y que muchas veces consiste en ofrecer a los suyos nuevas y estimulantes posibilidades que ayuden a sacar a su país de la miseria, y nada mejor que hacerlo a través de mejoras en el sistema educativo. Pero esta premisa rápidamente se diluye cuando el director se muestra más interesado en plasmar la dificultad de la vida en el extranjero, la adaptación de la familia a la ausencia de un referente paterno, y otros caminos tan trillados como la inevitable aventura sentimental con una mujer occidental madura y comprensiva. El film discurre por lo tanto por caminos previsibles y vulgares, entre lo que detestamos especialmente que la pareja de senegaleses tenga que ser tan hermosa, prácticamente modelos, para que el mensaje llegue más hondo. Maniqueo y superficial, lo que era un buen punto de arranque deriva en una cinta sin ingenio ni inventiva, rutinaria e inútil.

DONBASS Postales de la devastación y la anarquía

Ucrania-Alemania-Francia-Países Bajos- Rumanía 2018 121 min.
Guión y dirección Sergei Loznitsa Fotografía Oleg Mutu Intérpretes Valeriu Andriuta, Evgeny Chistyakov, Georgi Deliyev, Vadim Dubovsky, Konstantin Itunin, Boris Kamorzin Estreno en el Festival de Cannes 9 mayo 2018; en Ucrania 18 octubre 2018

Galardonado con el premio al mejor director en la sección Un certain regard del Festival de Cannes de este año, Sergei Loznitsa prosigue con este trabajo de ficción una senda que ha iniciado con algunos trabajos documentales, especialmente The Trial y Victory Day, que es analizar el papel desde dentro de la Unión Soviética en el último siglo, y su incidencia en otros países del entorno, especialmente esa castigada Ucrania que se convierte aquí en eje de una serie de situaciones a cual más estrambótica y grotesca. La reciente invasión de Rusia en el este de Ucrania, concretamente Crimea, con el pretexto de devolver a sus habitantes la supuestamente anhelada condición de ciudadanos rusos, pero con el objetivo real de abrirse un paso al Mar Negro y hacerse con sus yacimientos de petróleo, sirve al director ucraniano para trazar una serie de sketches en los que la vida cotidiana se ve alterada por dicha agresión. Nos encontramos por lo tanto en un escenario de guerra, muerte y desolación que Loznitsa aprovecha para hacer abuso de la violencia, como en esa secuencia en la parada del autobús, y de lo grotesco, como en la espeluznante boda con la que casi acaba este desfile de horrores y despropósitos. En ciertas ocasiones es la realidad y la ficción lo que se confunden, y el lenguaje, utilizado de forma tan indisciplinada como confusa, el que promueve una situación caótica que provoca la irritación del espectador. Porque en eso consiste en última instancia la película, en irritar y provocar al espectador, que lejos de implicarse en una situación tan injusta y delicada, acaba desconectando de un espectáculo que ni interesa ni conmueve en su afán anárquico y desintegrador.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

CLOSE ENEMIES Thriller trágico pero no demoledor

Título original: Frères ennemis
Francia-Bélgica 2018 111 min.
Dirección David Oelhoffen Guión Jeanne Aptekman y David Oelhoffen Fotografía Guillaume Deffontaines Música Superpoze Intérpretes Matthias Schoenaerts, Reda Kateb, Adel Bencherif, Sabrina Ouazani, Gwendolyn Gourvenec, Astrid Whetnall, Marc Barbé, Ahmed Benaissa, Omar Salim Estreno en el Festival de Venecia 1 septiembre 2018; en Francia y Bélgica 3 octubre 2018

No parece que sea cultivar simplemente el género policíaco lo que interese al director de la aclamada Lejos de los hombres, protagonizada por Viggo Mortensen en 2014. En efecto nos encontramos ante un ambicioso thriller en el que una trama policial con dos vértices antagónicos personificados por quienes una vez fueron amigos y compañeros de juego en un barrio periférico y marginal de la capital francesa, y ahora se encuentran en bandos distintos, el de la ley y la justicia y el del crimen organizado en torno al narcotráfico. Un duelo que hemos visto en múltiples producciones americanas, pero que aquí cobra el añadido de tratarse de inmigrantes marroquíes; y es precisamente ahí donde encontramos el interés de su director, en plasmar unos códigos de fidelidad a la familia y al clan, inculcado desde pequeños en una sociedad primitiva y feudal, que convierte paradójicamente en desviación refugiarse en la legalidad y la decencia si éstas están en el bando contrario. En esa tesitura se encuentra el personaje encarnado por Reda Kateb, que también formaba parte del elenco de Lejos de los hombres, y que aquí interpreta a un policía tras la pista de unos narcotraficantes que negocian con delincuentes afines a su entorno. Tras un tropiezo en la investigación se genera una tragedia que marca el destino y el camino a seguir por los dos personajes centrales de la película. Una cinta que acusa un ritmo irregular, exceso de metraje y carácter discursivo que en muchas ocasiones dificulta la comprensión perfecta de su compleja trama. Falta tensión y pulso dramático, a pesar de su buen acabado formal, y va provocando paulatinamente el desinterés a pesar de los múltiples giros que sufre su tercio final. El carisma de sus protagonistas ayuda a que el producto sea más atractivo, mientras la cámara en mano en las secuencias de acción provoca justamente lo contrario.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía