viernes, 30 de noviembre de 2018

HALFFTER, MARTÍN Y EL ESPÍRITU DE MAHLER A CUATRO MANOS

Ciclo Música Degenerada. Pedro Hallfter Caro y Óscar Martín, pianos. Programa: Sinfonía nº 7 de Mahler (versión para dos pianos de Alfredo Casella). Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, jueves 29 de noviembre de 2018

Aunque aún le queda el día de hoy como director artístico del Maestranza, en el que abordará el doble programa de ópera El dictador y El emperador de la Atlántida, y mucho trabajo por delante hasta terminar una temporada que él mismo diseñó, Pedro Halffter aprovechó este recital a cuatro manos para visiblemente emocionado, casi sin poder articular palabra, despedir un año duro en el que ha perdido también a su madre, Marita Caro, a quien dedicó una propina muy personal, el Passacaglia y Fuga de Bach que tantas veces tocaron juntos en intimidad. Un regalo generoso, duro y dilatado tras el esfuerzo titánico de poner en pie una obra tan compleja y mastodóntica como la Sinfonía nº 7 de Mahler, en la transcripción para piano a cuatro manos que realizó el compositor y pianista italiano, contemporáneo de Respighi, Alfredo Casella.

Aplaudimos la iniciativa de contextualizar el estreno de dos óperas tan relacionadas con los totalitarismos del siglo XX a través de un ciclo de música degenerada. Pero ni podemos llamar ciclo a sólo un par de conciertos, por mucho que el Maestranza siga acuñando el término después de que con la crisis abreviara sus contenidos, ni podemos considerar la música de Mahler etiquetable como Entartete Musik sólo por su condición de judío. Ni vivió la época ni la censura que sufrieron los compositores contemporáneos al genocidio nazi, ni su labor como autor y director de orquesta se vio enturbiada, ni tuvo que emigrar ni pasar por campos de concentración y de exterminio como sí hicieron los artistas que se engloban en este por llamarlo así movimiento. Hay muchos músicos de los que tirar para haber completado esta escueta visión de lo que realmente se llamó Música degenerada, incluso algunos escribieron páginas que entroncan directamente con esta tragedia humana, como el luego reputado compositor cinematográfico Franz Waxman, que compuso una cantata en honor a los miles de niños que perecieron en Terezin, gueto en el que vivió sus últimos años Victor Ullman, el autor de Der Kaiser von Atlantis.

Hallfter y el pianista sevillano Óscar Martín ofrecieron una versión intensa y muy trabajada de la imponente sinfonía mahleriana, una de las más difíciles de su repertorio por su espíritu controvertido y contradictorio, potenciado con la renuncia a su brillante orquestación. Salvaron un primer movimiento sombrío y lleno de complejas estructuras, armonías, ritmos y texturas, sin atisbar en ningún momento el temible aturrullamiento. El diálogo fluyó sin complejos en el primer Nachtmusik, evocador y misterioso, mientras el scherzo central sonó algo dislocado y grotesco aunque de manera más moderada de lo deseable. Los pianistas captaron el espíritu amable y encantador del segundo Nachtmusik, cuyos ecos retumbarían después en la música de Korngold, y de paso captaron nuestra atención de principio a fin. Resolvieron la marcha fantasmal del rondó final de manera agitada y triunfal, potenciando de paso su efecto corrosivo y evidenciando un notable esfuerzo, exhaustos tras más de hora y media de tensión. Somos muchos y muchas quienes echaremos de menos el extraordinario trabajo desempeñado por el maestro frente a nuestro teatro lírico, lamentamos su cese y le brindamos los más sinceros y entusiastas ánimos.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 29 de noviembre de 2018

SUPERLÓPEZ Spanish Superman Movie

España 2018 108 min.
Dirección Javier Ruiz Caldera Guión Borja Cobeaga y Diego San José, según el cómic de Jan Fotografía Arnau Valls Colomer Música Fernando Velázquez Intérpretes Dani Rovira, Alexandra Jiménez, Julián López, Pedro Casablanc, Gracia Olayo, Maribel Verdú, Gonzalo de Castro, Ferrán Rañé, Mireia Portas, Berto Romero Estreno en el Festival de Sitges 11 octubre 2018; en salas comerciales 23 noviembre 2018

Tras varios intentos de llevar a la gran pantalla Superlópez, la versión cañí de Superman, finalmente ha sido Javier Ruiz Caldera quien lo ha hecho, con resultados afortunadamente más cerca de Spanish Movie que de Anacleto, también dirigidas por el responsable de Promoción fantasma y Tres bodas de más. Y es que el proyecto se define más como una parodia literal de Superman, la película de Richard Donner de 1978, que de un producto independiente. Es cierto que las viñetas de Jan nacieron con esa vocación, parodiando cada personaje, situación y espacio del célebre superhéroe de DC Comics, si bien más adelante, de la mano de su creador y de Efepé, tomó conciencia de producto autónomo y emprendió una línea en la que era más perceptible nuestra particular idiosincrasia, que sin duda es la que debería haber adoptado su adaptación cinematográfica. A Caldera se le dan bien las parodias, como demostró en la ya mencionada y delirante Spanish Movie, y sabe rodearse de cómicos competentes, Rovira, López o Berto Romero, que aparece brevemente anticipando la posible próxima aventura, El señor de los chupetes. Pero en esta ocasión se ha vuelto muy conservador, extremadamente pulcro y fiel a la letra de lo que se pretende, un trabajo para toda la familia, fácil de digerir para los más pequeños y libre de toda crítica e ironía, que era marca de la casa en los cómics originales. Así, aunque el tema parece ser la mediocridad como medio más fiable para triunfar en este país, el desarrollo apenas queda en esbozo, derivando el conjunto hacia una banal aunque entretenida aventura más reconocible en el acervo popular afín a Superman que en el más incondicional del personaje afincado en Cataluña. El esfuerzo de producción se traduce en unos aseados decorados, más remitentes del cine americano que del universo que propone la tira cómica, unos competentes efectos visuales y una épica banda sonora que combina sonidos propios de la ciencia ficción de los cincuenta y el estilo inconfundible de las marchas de John Williams. La trama sin embargo resulta tan convencional y arquetípica que no añade nada a un género que en España sólo merece destacarse por las aportaciones de Mortadelo y Filemón. Al menos la empresa le ha quedado mejor que la inefable Anacleto, e incluye un divertido guiño a Transformers como inevitable batalla final. El elenco cumple con responsabilidad y solvencia y la sensación final es de un aceptable entretenimiento que podría haber arriesgado más, a pesar de lo cual no podemos negar que mantiene un buen ritmo y un sano humor.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

A LA SOMBRA DE KENNEDY Y a la de cualquier otra película de presidentes norteamericanos

Título original: LBJ: Lyndon B. Johnson
USA 2016 98 min.
Dirección Rob Reiner Guión Joey Hartstone Fotografía Barry Markowitz Música Marc Shaiman Intérpretes Woody Harrelson, Michael Stahl-David, Jennifer Jason Leigh, Bill Pullman, Richard Jenkins, Jeffrey Donovan, C. Thomas Howell, John Burke Estreno en el Festival de Toronto 9 septiembre 2016; en Estados Unidos 3 noviembre 2017; en España 23 noviembre 2018

Es curioso que a pesar del fracaso de esta semblanza del trigésimo sexto presidente de Estados Unidos, su director haya decidido contar con el mismo guionista y protagonista en su última película, Shock & Wave, que cuenta también una historia presidencial, en este caso la investigación periodística que puso en entredicho las motivaciones reales del presidente Bush para bombardear Irak en 2003. Una cinta que también está tardando en estrenarse en nuestro país, lo que deja en mal lugar a quien dirigiera en los ochenta y noventa del siglo pasado películas de tanto éxito como Cuenta conmigo, La princesa prometida, Cuando Harry encontró a Sally y Misery, y cuya suerte empezó a declinar a partir precisamente de otra historia ambientada en la Casa Blanca, aunque de corte romántico, El presidente y Miss Wade. Ahora Reiner nos cuenta las escuetas horas que transcurrieron entre el asesinato de Kennedy y el juramento de Johnson como presidente del país a bordo del Air Force One. Naturalmente este periplo está salpicado de flashbacks que demuestran el papel preponderante del vicepresidente en la política de Kennedy, incluida su influencia en la Ley de Derechos Civiles impulsada para lograr igualdad entre negros y blancos, y que fue definitivamente aprobada durante su mandato. También su permanente confrontación con Bob Kennedy es objeto fundamental de este retrato parcial, aseado, académico pero frío y poco atractivo, nada apasionante, en el que Woody Harrelson se esfuerza en hacer una interpretación correcta y comedida. Apenas sobresale el vocabulario soez del personaje, al que Harrelson apenas se parece a pesar de soportar una buena cantidad de maquillaje, como Jennifer Jason Leigh dando vida a su esposa, irreconocible bajo tanta máscara. El film apenas acierta a cumplir tan siquiera su vocación de entretenimiento, y queda sólo como otro vestigio más de la historia del país que más y mejor se vende, procurando por otro lado reivindicar la figura de un presidente que funcionó primero a la sombra del más famoso y mediático de los que ha tenido Norteamérica, y luego bajo su propio mandato, renovado con las elecciones presidenciales de 1964, un período que no se trata en este film.

domingo, 25 de noviembre de 2018

EL VEREDICTO (LA LEY DEL MENOR) Corderos bajo el disfraz

Título original: The Children Act
Reino Unido 2017 105 min.
Dirección Richard Eyre Guión Ian McEwan, según su novela Fotografía Andrew Dunn Música Stephen Warbeck Intérpretes Emma Thompson, Stanley Tucci, Fionn Whitehead, Jason Watkins, Ben Chaplin, Rupert Vansittart, Anthony Calf, Rosie Cavaliero, Nikki Amuka-Bird, Eileen Walsh Estreno en el Festival de Toronto 9 septiembre 2017; en Reino Unido 24 agosto 2018; en España 23 noviembre 2018

Recuerdo cuando emprendí la preparación de oposiciones a judicatura que me motivaba el hecho de ser una de las profesiones dentro del Derecho en la que más podía aplicar la creatividad, tratándose de una disciplina tan encorsetada en España por la letra de la ley. Aquella experiencia frustrada dejó de ser tal cuando comprendí que tal creatividad o libre interpretación distaba en este país de ser una realidad, que al final es el espíritu y la literalidad de los textos lo que se impone a la hora de aplicar justicia, y así lo hemos incluso podido comprobar en unos últimos tiempos en los que la justicia en nuestro país anda tan desligada del interés y la inquietud del pueblo, que a su vez elige de forma se supone que libremente al legislador, a quien en última instancia tan atados quedan los y las jueces. Algo parecido le ocurre a la juez protagonista de este melancólico film, una Emma Thompson extraordinaria que sabe como nadie expresar con sólo una mirada o un gesto todo tipo de emociones, aunque sean tan contenidas como las que es capaz de emitir su hermético personaje. Se trata de una mujer seca, dura e inflexible que encuentra en el emotivo caso de un joven condenado a una muerte segura por su condición de enfermo de leucemia y a la vez testigo de Jehová, un motivo para reflexionar sobre su propia vida y su relación con el hombre que más la ama, su esposo, a quien da vida con idéntica grandeza Stanley Tucci, haciendo suyo un personaje con toda la profundidad psicológica necesaria y sin aspavientos innecesarios. La magia del cine la encontramos en una secuencia crucial para la trama, cuando la juez visita insólitamente al joven en el hospital y ambos entonan una canción tradicional inspirada en textos de W.B. Yeats. Una secuencia que podría haber resultado ridícula pero que en manos de Richard Eyre, especialista en dramas intelectuales e intimistas como Iris, Diario de un escándalo y Crónica de un engaño, donde dirigió a Antonio Banderas, resulta conmovedora y reveladora, gracias también al excelente trabajo de adaptación de Ian McEwan según su propia novela, que ve el ya de por sí gran número de adaptaciones de su bibliografía (El placer de los extraños, El intruso, Expiación) aumentado este año con esta película y En la playa de Chesil. Juntos, con el inestimable trabajo de la pareja protagonista y el resto del elenco, especialmente el joven descubrimiento Fionn Whitehead y el veterano Jason Watkins dando vida al secretario de la juez, que más bien parece un criado full-time, logran un film de enorme sensibilidad, uno de los más tristes y elegantes de la presente temporada, que se beneficia además de la mejor partitura que le hemos oído jamás a Stephen Warbeck, ganador del Oscar en 1998 por Shakespeare in Love. Un film en el que parafraseando al personaje de Thompson, los corderos consiguen quitarse el disfraz y mostrar sus sentimientos. Lo raro es que haya estado escondido en el cajón desde su estreno en Toronto en septiembre de 2017 a su estreno en el Reino Unido en agosto de este año.

sábado, 24 de noviembre de 2018

JAULAS Feminismo mal entendido y con fondo rancio

España 2018 96 min.
Guión y dirección Nicolás Pacheco Fotografía Alejandro Espadero Música Pablo Cervantes Intérpretes Estefanía de los Santos, Belén Ponce de León, Antonio Dechent, Manuel Tallafé, Antonio Estrada, Manolo Caro, Marta Gavilán, Manuel Cañadas, Stefan Mihai, Mila Fernández Estreno en el Festival de Valladolid 23 octubre 2018; en salas comerciales 23 noviembre 2018

Nicolás Pacheco exhibe en éste su primer largometraje tanta ambición como torpeza de miras. Plantea una historia que pretende sea feminista pero que sitúa anclada en un tipismo de la tierra que arrastra casi un siglo, el que separa la tragedia lorquiana de la actual lucha por la igualdad y la superviviencia que reivindica un sector de la población que aquí recibe un tratamiento tan diezmado como equivocado. Una mujer y su hija aprovechan una indemnización para huir de un marido que no las quiere y las trata como objetos. Un padre atento y amable sólo vive para casar a la hija, a quien trata igualmente como un objeto controlable y sin voluntad propia. Otra mujer, hermana de la primera, vive en perpetuo martirio tras el fallecimiento de su marido, que parece tampoco fuera un ángel, y con el mantenimiento del negocio familiar amenazado por mafiosos machistas. Y un joven inmigrante rumano parece ser la única tabla de salvación entre tanto despropósito. Todo ello en un ambiente sórdido y miserable, cuyas localizaciones deben haber supuesto un enorme esfuerzo de producción, porque vaya si pone en mal lugar a esta Andalucía a la que sus propios cineastas no se cansan en retratar lo más miserable posible. Pacheco parece inspirarse, además de en el sempiterno Lorca, en Kusturica, Gatfli y hasta Almodóvar, en el uso del color y el costumbrismo, los toques de humor dentro de una tragedia de tintes griegos, y el carácter gitano que parece impregnar una obra en la que lo mejor son los duelos de imitación del sonido de los pájaros y el bingo que el bailarín Manuel Cañadas, haciendo de tonto travestido, juega al son de los números de teléfono de las chicas de compañía de teletienda. Mujeres por lo tanto sufridoras, condenadas al fracaso y a la tragedia, sin remisión hasta que evidenciando una torpeza enorme de narrativa, el director decide lanzar algo de luz, no sin antes sacrificar a alguna de las pobres diablas implicadas, que es muy típico también de toda esa herencia rancia que nos lleva de la novela romántica a la ópera decimonónica, y que hoy, a estas alturas, resulta imperdonable. Sin olvidar el uso tosco de simbología barata, ya desde el propio título de la película y con la ornitología como objeto de todos los disparos metafísicos. ¡Ay este cine andaluz que salvo raras excepciones sigue anclado en el lugar común!

LA NOCHE DE 12 AÑOS Un sufrimiento que no traspasa la pantalla

Uruguay-Argentina-España-Francia 2018 122 min.
Guión y dirección Álvaro Brechner Fotografía Carlos Catalán Música Federico Jusid Intérpretes Antonio de la Torre, Chino Darín, Alfonso Tort, César Troncoso, Soledad Villamil, Silvia Pérez Cruz, Mirella Pascual, Nidia Telles Estreno en el Festival de Venecia 1 septiembre 2018; en Uruguay 20 septiembre 2018; en España 23 noviembre 2018

Si la intención del director de Kaplan y Mal día para pescar era transmitir la sensación de impotencia, sufrimiento y amargura experimentada por sus desdichados personajes mientras permanecieron cautivos en las condiciones más inhumanas imaginables, durante todo el tiempo que duró la dictadura militar uruguaya de 1973 a 1985, no lo ha conseguido. A pesar de contar con el asesoramiento y visto bueno de sus verdaderos protagonistas, los hoy ex presidente de Uruguay José Mújica, político recientemente fallecido Eleuterio Fernández Huidobro, y poeta y escritor Mauricio Ronsencof, la cinta apenas acierta a plasmar toda la barbaridad que relata. No es que no quede reflejada en el guión, pero es en el tratamiento donde radica su fracaso. En estas cuestiones a veces se tiende a exagerar en crueldad y dureza y otras no se llega; lo ideal es encontrar el equilibrio que nos aleje de la pornografía pero no nos ahorre horror. Brechner no se ha atrevido y se ha quedado muy por debajo del espanto que su película debería transmitir. Tampoco acierta Antonio de la Torre en dotar de mayor profundidad psicológica y un perfil más acertado a su emblemático personaje de Mújica, aunque se aprecie un trabajo muy depurado en acento y timbre de voz. En este sentido más concentrados y esforzados se muestran sus compañeros de reparto, especialmente Chino Darín, que parece haber querido darlo todo para lograr un personaje con relieve convincente. Larga y tediosa por momentos, yerra incluso a la hora de ser cronológicamente rigurosa, de forma que en pleno final de la década de los setenta se puede escuchar en la radio la muerte de Franco o leer en periódicos el triunfo de Abba en Eurovisión. Errores que no tendrían importancia si el conjunto funcionase, pero que en este caso no hacen sino potenciar su carácter fallido, a lo que hay que añadir un exceso de simbología y aliento presuntamente poético que tampoco da en la diana y convierte el film en pretencioso y lejos de lograr esa emoción y emotividad que debería provocar.

viernes, 23 de noviembre de 2018

THE GUILTY Un ejercicio narrativo parcialmente estimulante

Título original: Den skyldige
Dinamarca 2018 85 min.
Dirección Gustav Möller Guión Emil Nygaard Albertsen y Gustav Möller Fotografía Jasper Spanning Música Carl Coleman y Caspar Hesselager Intérpretes Jakob Cedergren y las voces de Jessica Dinnage, Omar Shargawi, Johan Olsen, Jacob Lohmann, Katinka Evers-Jahnsen Estreno en el Festival de Sundance 21 enero 2018; en Dinamarca 14 junio 2018; en España 23 noviembre 2018

Considerada casi unánimemente como la sorpresa europea del año, candidata a premios europeos del cine incluido el Discovery que ya se le ha adjudicado, y con un guión celebrado en festivales como la Seminci y el público de Sundance aplaudiéndolo como mejor drama de la sección World Cinema, nos acercamos a esta cinta con cierto entusiasmo. Constatamos sin embargo que no acaba de convencernos este policíaco, género en el que los países nórdicos parecen haberse especializado con su toque particular frío y distante, cuyo ejercicio de estilo nos parece haber experimentado ya en otras ocasiones. Si en Celular Chris Evans trataba de salvar a Kim Basinger con la ayuda exclusivamente de su teléfono móvil, y en Locke Tom Hardy trataba de ocultar una infidelidad hablando por el manos libres mientras conducía, ahora es el danés Jakob Cedergren quien en la piel de un policía en el servicio telefónico de emergencias trata de resolver un posible secuestro tan sólo sirviéndose de este artilugio electrónico y sus contactos. Nos encontramos por lo tanto ante un supuesto tour de force en el que apenas vemos un personaje y oímos a varios, mientras nos decepcionamos ante unos giros de guión que ponen en evidencia ciertas incoherencias en el argumento. Que el protagonista vaya tomando conciencia de su particular situación personal dentro del cuerpo, estando pendiente de la resolución de un caso en el que se ha visto envuelto, podría ser lo más interesante del film si no fuera porque se nos antoja también un poco forzado. No obstante, teniendo en cuenta que se ha rodado con pocos medios, no tanto por necesidad económica como estrictamente de guión, y que consigue mantener el interés, más o menos según la percepción de cada persona, merece cierto reconocimiento.

jueves, 22 de noviembre de 2018

COLETTE Recreación rutinaria y desangelada de una vida excitante

Reino Unido 2018 112 min.
Dirección Wash Westmoreland Guión Richard Glatzer, Wash Westmoreland y Rebecca Lenkiewicz Fotografía Giles Nuttgens Música Thomas Adès Intérpretes Keira Knightley, Dominic West, Denise Gough, Fiona Shaw, Robert Pugh, Eleanor Tomlinson, Aiysha Hart, Dickie Beau, Al Weavedr, Ray Panthaki, Shannon Tarbet Estreno en el Festival de Sundance 20 enero 2018; en España 16 noviembre 2018; en Reino Unido 11 enero 2019

Colette, la famosa autora de la saga sobre Claudine y la novela sobre la aprendiz de cortesana Gigi, que fue convertida en suntuoso musical por Vincent Minnelli en la multioscarizada película de 1958, fue todo un icono del atrevimiento, la progresía y la transgresión incluso en un ambiente tan supuestamente libertino como el París modernista de transición entre siglos. Por eso mismo debería haber recibido un tratamiento igualmente atrevido. Wash Westmoreland, cuyo cine no se caracteriza precisamente por el recato, se muestra aquí sin embargo muy encorsetado y hasta puritano. Junto a su compañero inseparable ha dirigido películas como The Fluffer (El estimulador), que es un icono del cine gay, Quinceañera y Siempre Alice, por cuyo papel Julianne Moore consiguió el Oscar. Glatzer se reserva en esta película sólo el papel de guionista, mientras Westmoreland recrea de forma harto convencional y rutinaria una época y una vida sin llegar a transmitir la pasión y al excitación que tanto una como otra supusieron en su momento. El principal problema de la cinta es que no está trabajada en perspectiva, de forma que seamos capaces de verla con los ojos de sus contemporáneos, por lo que nada de lo que se cuenta supone para nosotros y nosotras un escándalo ni llegamos a comprender el alcance que llegó a tener su vida libre e independiente, que tan bien plasmó en sus libros y por lo que llegó a ser tan famosa. La película por el contrario se centra en su relación con Willy, su esposo y vampiro, que le hacía escribir para firmar él en una sociedad donde la mujer estaba tan poco valorada y ofrecía tan pocas garantías de solvencia. En este sentido es Dominic West quien triunfa incorporando a este encantador embaucador y manipulador, trabajando todos su perfiles tanto entrañables como maquiavélicos. Más convencional resulta Keira Knightley, que en sus escarceos lésbicos apenas acierta a mostrar un sincero interés por su mismo sexo. Todo es banal y superficial, incluso la selección musical que acompaña fiestas y comidas en restaurantes, donde no podía faltar Satie, Debussy, Gounod o Saint-Saëns. Muy académico, muy aseado y muy aséptico. Poca verdad en tanto metraje.

MI OBRA MAESTRA Divertido retrato de una perfecta relación amor-odio

Argentina-España 2018 100 min.
Guión y dirección Gastón Duprat Fotografía Rodrigo Pulpeiro Música Alejandro y Emilio Kauderer Intérpretes Guillermo Francella, Luis Brandoni, Raúl Arévalo, Andrea Frigerio, María Soldi, Alejandro Parker, Pablo Ribba, Roberto Peloni Estreno en Argentina 16 agosto 2018; en España 16 noviembre 2018

Independizado artísticamente de Mariano Cohn, con quien firmó películas de considerable éxito como El hombre de al lado o El ciudadano ilustre, Gastón Duprat dirige ahora una comedia ligera y amable a la que muchos achacan no haber sabido profundizar sobre un mundo tan paradójicamente superficial y snob como el mercado artístico y la vanidad del artista. Otros sin embargo comprendemos que no era esa la intención del realizador argentino, sino más bien utilizar ese mundo como pretexto para construir una divertida pero inofensiva sátira en la que lo importante es retratar y analizar, siempre dentro de unos límites nada pretenciosos, una relación de amistad de esas que duran toda la vida. Un galerista de éxito y el artista que ha ayudado tanto a cimentar ese éxito como a perjudicarlo, y que constituye un mito en vida, son los vértices de esta simpática relación con sus más y sus menos. Francella (Corazón de león, El clan) y el más desconocido pero con una larga trayectoria a sus espaldas Luis Brandoni, son los dos protagonistas de una cinta que mira mucho al universo de Woody Allen, en su declaración de amor-odio a una ciudad, en este caso Buenos Aires, o en la definición del personaje de Brandoni, que tanto recuerda a a aquel que interpretó Larry David en Si la cosa funciona. Con giros argumentales que dan algo de intriga al asunto, y personajes secundarios que ayudan más a que avance la trama que a constituir por sí mismos perfiles interesantes, como el que incorpora con acierto y espontaneidad Raúl Arévalo, la cinta se disfruta como lo que es, un producto ligero y simpático para echar un buen rato, reír con sus ocurrencias y dejarse llevar por su suculento argumento, su ritmo y su competente factura. Galardonado con el premio del público en la Seminci.

EL SILENCIO DE OTROS No se puede reabrir heridas que no han cicatrizado

España 2018 95 min.
Guión y dirección Almudena Carracedo y Roberto Bahar Fotografía Almudena Carracedo Música Leonardo Heiblum y Jacobo Lieberman Documental Estreno en el Festival de Berlín 17 febrero 2018; en España 16 noviembre 2018

En una secuencia de la serie Merlí una profesora le encarga a su alumno como trabajo de fin de curso que demuestre que Franco es un zombi, aclarándole que se trata de descubrir los mil y un vestigios del franquismo que aún perduran en nuestra sociedad, nombres de calles y plazas incluidas. Es cierto, somos vergonzosamente uno de los pocos países de nuestro entorno que no ha destruido todos los símbolos de una dictadura y no ha hecho justicia ni la ha facilitado a sus víctimas, que han acumulado rabia y dolor en todos estos años que han pasado desde la muerte del monstruo. Hay películas que son necesarias, incluso diría que imprescindibles, por sí mismas, por lo que cuentan o denuncian, más si encima están hechas con el rigor y la sobriedad que emplean Almudena Carracedo y Roberto Bahar, con el apoyo en la producción de Pedro Almodóvar, en su relato y puesta en escena. No necesitan virguerías ni grandes alardes técnicos ni estéticos o de estilo para contarnos las sencillas y dolorosas historias de los personajes a los que han seguido durante seis años, algunos de los cuales se han quedado en el camino de este durísimo peregrinaje a las entrañas de la verdad y la reclamación de una justicia mínima que este país indecente les ha negado sistemáticamente hasta ahora. Una vez más se trata de un producto que verán quienes no necesitan concienciarse sobre los terribles hechos denunciados, y será despreciado por quienes se niegan a cualquier compromiso con nuestra memoria y prefieren echar un tupido velo como el que hace cuarenta años echaron todas nuestras fuerzas políticas argumentando que era el único camino hacia la reconciliación definitiva. Una cinta que debería ser de visión obligada en el parlamento, muy especialmente por los partidos de extrema derecha que proliferan, aunque sólo sea para ver cómo se ríen y potenciar así todavía más su indecencia y poca vergüenza. No contaron esos firmantes de la amnistía tras la muerte de Franco, que como él mismo dijo lo había dejado todo bien cerrado y aunque algo se le torció (Carrero Blanco) los años parecen estar dándole la razón, con los cientos de miles de españoles y españolas que no tuvieron consuelo ni justicia y han seguido sufriendo la impotencia y la frustración durante décadas en un país que no ha tenido la decencia de combatir los fantasmas del pasado ni la compasión que como mínimo merecía parte de su ciudadanía. Un gobierno no lo es sólo para quienes lo han votado, ha de escuchar a todos los colectivos y todas las minorías, a quienes también gobiernan, algo que en España se ha obviado vil e inhumanamente. Almudena Carracedo se va erigiendo poco a poco en voz de los desfavorecidos; lo hizo antes con mujeres inmigrantes en Estados Unidos en Made in L.A. y ahora con este tremendo documental, sencillo en las formas pero muy complejo en el fondo, pues aunque denuncie lo que ya sabemos, es cierto que dejar constancia de ello en una película lo hace perdurable para la posteridad y sirve al menos de consuelo para quienes no lo han recibido de quienes se suponen les protegen. Víctimas de la guerra civil y la dictadura que no han podido enterrar a sus seres queridos; víctimas de torturadores como Billy el Niño, que vive en el lujo auspiciado por este estado democrático; víctimas del robo de sus hijos, dados por muertos y entregados en adopción a familias más afines al régimen o al catolicismo; víctimas de la ignominia de residir en poblaciones que aún recuerdan la grandeza del régimen franquista en la nomenclatura de sus calles y plazas; víctimas de cuarenta años de silencio que sacrificaron al único juez decidido a plantar cara al asunto dentro de un sistema judicial al que los últimos acontecimientos han terminado por desenmascarar y quitarle toda la credibilidad que quizás le quedaba. Víctimas en general que han tenido que refugiarse en el derecho internacional y someterse a la jurisdicción argentina, celebrando cada pequeño avance como si se hubiera ganado una gran batalla, con toda la ingenuidad e inocencia que ello conlleva. Dolor, mucho dolor... ¿acaso no es nuestra obligación consolar al afligido, asistir a quien sufre? No se puede reabrir heridas que no han cicatrizado. Si uno no se conmueve con este trabajo que tanto esfuerzo ha debido suponer para sus artífices y los zombis a los que retrata y da voz, es que no tiene sangre en las venas. Y aún hay quien dice que está todo muy medido y calculado para tocar la sensibilidad de manera obscena. No sé yo si no es el verdadero obsceno y pornográfico quien se atreve a formular esta maldad. Un dato, en España sólo hay un monumento que recuerda a las víctimas del franquismo, está en el Valle del Jerte y ya ha sido objeto de ataques. Curiosamente el público de la sección Panorama del Festival de Berlín lo votó como mejor documental, y opta al premio en esa categoría en los Premios del Cine Europeo de este año.

martes, 20 de noviembre de 2018

JUAN RONDA Y AUXILIADORA GIL COMBATEN AL TOTALITARISMO

Ciclo Música degenerada. Juan Ronda, flauta. Auxiliadora Gil, piano. Programa: Sonata para flauta y piano, de Hindemith; Suite Paysanne Hongroise, de Bartók-Arma; Klaviersonate nº 6 Op. 49, de Ullmann; Le Merle Noir, de Messiaen; Sonata para flauta y piano, de Martinu. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, martes 20 de noviembre de 2018

El arte y la cultura en general ha sido siempre un enemigo para el totalitarismo. Muchos de los compositores que vivieron una época tan nefasta para Europa como el avance del nazismo previo a la Segunda Guerra Mundial, fueron tildados de enemigos del régimen, al igual que lo fueron multitud de pintores, escritores y exponentes de otras disciplinas que se englobaron en lo que se denominó Entartete Kunst, Musik en el ámbito que nos ocupa. Todo lo que no respondiera a la herencia de esa música genuinamente alemana instaurada a partir de Brahms o Wagner, que exhibiera aires modernistas o simplemente hubiese sido creada por los considerados inconformistas del régimen, judíos y bolcheviques fundamentalmente, fue directamente prohibida y sus autores proscritos, ya fuera en Alemania, Hungría, Francia o cualquier otro país amenazado por el avance nazi. La mayoría se exilió a Estados Unidos en una suerte de fuga de cerebros tan popular hoy por otros motivos aunque por una gestión igualmente prepotente y equivocada de nuestros intereses. A finales del siglo pasado Decca sacó al mercado una serie de compactos que celebraban esta música prohibida. Krenek, Korngold, Schreker, Zemlinsky, Weill o los que integran el programa de este concierto son sólo algunas de las víctimas de esta sinrazón, que sirven ahora para arropar el estreno a final de mes de dos títulos muy representativos de esta barbarie, El dictador de Krenek y El emperador de la Atlántida de Ullmann.

Que Juan Ronda es un magnífico flautista quedó perfectamente reflejado con un dominio absoluto del fraseo y la respiración, un control extremo del fiato y el legato y un prodigioso talento para extraer del instrumento un sonido sedoso y envolvente, ideal para recrear las atmósferas evocadoras y asfixiantes de las páginas programadas. A su lado brilló también Auxiliadora Gil, que combinó su probada aptitud técnica y agilidad para la acrobacia con un sentido de la expresividad encomiable, dado que varias de las obras interpretadas confían su carisma y expresividad al teclado, dejando para la flauta cometidos melódicos y emotivos. Los músicos lograron transmitir el carácter amable y encantador de la Sonata de Hindemith, compuesta en 1936, destacando su opresivo segundo movimiento y el juguetón final de aires neoclásicos rematado con una sarcástica marcha. En el caso de la Suite Campesina Húngara se trata no sólo de música degenerada sino también transformada, pues Bartók la compuso para piano a partir de las danzas populares que recopiló en diversos países del este, y a su vez su alumno Paul Arma la transcribió para flauta y piano. En ellas los intérpretes denotaron una fuerte compenetración, aunque la profesora quedase en este caso relegada a una posición secundaria.

Ya sola, Gil resolvió con un gran alarde de expresividad y un talento esculpido a fuerza de trabajo, la Sonata nº 6 de Victor Ullmann, que aunque nació católico en el seno de una familia judía, murió en Auschwitz y compuso mucha de su obra, incluida ésta y la ópera que veremos a partir del viernes 30, en el campo de Terezin. La sonata es una obra ambigua, oscura y desgarrada que la pianista exprimió hasta el último detalle y color, aunque en el proceso exhibiera a veces un sonido demasiado percutivo. En El mirlo negro de Messiaen fue Ronda quien cometió algún pequeño desliz que no empañó un trabajo excelente de mimetización con el pájaro especialidad de la casa. Otro pájaro, en este caso un whippoorwill (chotacabras) autóctono americano, es el homenajeado en la Sonata del francés Bohuslav Martinu, pudiéndose apreciar en este dúo doméstico su vivaz ritmo en los movimientos extremos y el carácter lírico y melancólico del adagio central. La próxima cita será el jueves 29 con Pedro Halffter y Óscar Martín interpretando la Séptima de Mahler a dos pianos.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 18 de noviembre de 2018

CUERDA DEL SIGLO XX EN EL TERCER CONCIERTO DE CÁMARA DE LA ROSS

Concierto nº 3 del XXIX ciclo de música de cámara ROSS-ELI. Cuarteto Company: Branislav Sisel y Luis Miguel Díaz Márquez, violines. Jacek Policinski, viola. Gretchen Talbot, violonchelo. Programa: Cuarteo nº 1, de Rachmaninov; Langsamer Satz, de Webern; Tres piezas para cuarteto, de Stravinski; Cuarteto nº 2 “Company”, de Glass. Espacio Turina, domingo 18 de noviembre de 2018

Branislav Sisel
Hemos defendido muchas veces la necesidad de que las instituciones públicas se impliquen para abaratar precios y ofrecer cultura de calidad. Su falta de compromiso y responsabilidad se está cebando con la Barroca y su numerosa afición, de manera que aún a estas alturas no se ha definido una temporada concreta. Por eso resulta imprescindible e inevitable los patrocinios privados, por lo que aplaudimos la iniciativa de English Language Institute, gracias a la cual podemos disfrutar de este ciclo de música de cámara de la Sinfónica que tan agradables hace las mañanas de domingo, brille el sol o llueva. Los músicos no dejan de agradecer este apoyo en sus locuciones obligadas, que fueron poco satisfactorias en el caso de los violinistas Sisel y Díaz Márquez, el primero de los cuales menospreció la página de Rachmaninov argumentando que poco había que decir de ella, mientras el segundo acusó falta de proyección y una evidente desgana en su presentación del Movimiento lento de Webern. Mucho mejor Policinski ilustrando las Tres piezas de Stravinski, y sobre todo Talbot, que hizo una semblanza muy completa de Philip Glass y su Cuarteto nº 2.

No es aceptable que un concierto se despache en sólo una hora, con apenas cuarenta minutos de música; no es justo para quienes abonan su entrada. Si encima a juzgar por los resultados los intérpretes acusan falta de ensayos, poco esfuerzo debieron emplear en su preparación. Siguiendo un orden cronológico, primero se interpretó el Cuarteto nº 1 de Rachmaninov, compuesto cuando aún estudiaba en el Conservatorio de Moscú, dejándolo incompleto con sólo dos movimientos. El primero, Romance, no expresó en manos del Cuarteto, bautizado Company para la ocasión, la languidez que corresponde; Sisel destacó en exceso, a veces inadecuadamente temperamental, y el conjunto no acertó a mostrar el color de la pieza, aunque Talbot aportó carnosidad y acertó en dar el contrapunto necesario. En el Scherzo sí lograron dar un contraste luminoso a la obra. Langsamer Satz o Movimiento lento lo compuso Webern pocos años antes de centrarse en la atonalidad, con clara inspiración en la Noche transfigurada de su maestro Schoenberg, lo que exige dotar a la pieza de una atmósfera inquietante combinada con un romanticismo exacerbado. Sin embargo los intérpretes se quedaron a medio camino, incluidas faltas puntuales de afinación.

Gretchen Talbot
Más fácil, por su brevedad y su acusada expresividad, fue hacer una lectura satisfactoria de las Tres piezas para cuarteto de Stravinski, que sólo en su versión para orquesta tienen título. La primera logró ser grotesca, la segunda discretamente truculenta, y la tercera espiritual, casi religiosa. Igualmente breves son los movimientos del Cuarteto de cuerdas nº 2 de Philip Glass, a partir de la música escrita para una adaptación teatral de la novela de Beckett Company. Música arpegiada y monocromática, en la línea de todo el catálogo del músico americano, igual da que sea ópera, sinfonía, música de cine o de cámara, que los intérpretes salvaron con amplio sentido de las dinámicas y los contrates, con especial mención para la violonchelista Gretchen Talbot, que en todo momento reprodujo un sonido carnoso y autoritario. En la propina el conjunto siguió con Glass, esta vez el muy lírico tema final de la película Mishima de Paul Schrader.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

DOGMAN Magnífica puesta al día de David y Goliat

ábitos Italia- Francia 2018 102 min.
Dirección Matteo Garrone Guión Maurizio Braucci, Ugo Chiti, Matteo Garrone y Massimo Gaudioso Fotografía Nicolai Brüel Música Michele Braga Intérpretes Marcello Fonte, Edoardo Pesce, Nunzia Schiano, Adamo Dionisi, Francesco Acquaroli, Alida Baldari Calabria, Gianluca Gobbi, Aniello Arena Estreno en el Festival de Cannes 16 mayo 2018; en Italia 17 mayo 2018

Como si continuara con los relatos de Giambattista Basile que ocuparon su anterior e incomprendido largometraje, El cuento de los cuentos, combinado con el ambiente marginal y desgarrador de su más celebrada obra, Gomorra, Matteo Garrone realiza la que es su película más emotiva y emocionante hasta el momento. Una puesta al día del mito bíblico de David y Goliat en una atmósfera maloliente y desasosegante, y con menor esperanza que en aquella antigüedad de parábolas y proverbios a causa de una justicia que no favorece al más débil, condenado por su entorno social y la sinrazón de una violencia institucionalizada. Con una discreta filmografía a sus espaldas, Marcello Fonte pasará a la historia del cine por su incorporación del pequeño Marcello, un cuidador y peluquero de perros que tiene su negocio en un lugar inhóspito a las afueras de Roma al borde del mar, un lugar poco adecuado para su menester pero que simboliza un ambiente de decadencia que bien podría retratar una Italia que sucumbe frente a una justicia social prácticamente inexistente. Dominado por el maleante local, un ex boxeador que tiene atemorizado al vecindario, y él mismo no exactamente un modelo de virtud, se verá obligado a hacerle frente cuando tras unos lamentables sucesos no le quede otra salida. Garrone consigue enganchar de principio a fin, creando una atmósfera de intriga e inquietud que nos domina durante todo el metraje, arropado por una perfecta dirección de producción (vestuario y maquillaje/peluquería ya han sido galardonados en los premios europeos del cine, por los que además aspira a los de mejor película, director, actor y guión) y un especial talento para que conectemos con el protagonista y los perritos que cuida y protege en su negocio, quienes fueron premiados con un galardón especial en el Festival de Cannes, donde su protagonista también fue reconocido como mejor actor. Garrone no hace empatizar así con un personaje que rebosa cariño por sus animales y su hija, a pesar de algunos hábitos censurables. Apenas hora y media para emocionarnos con esta historia de gigantes pérfidos y débiles que quizás no lo sean tanto. Apenas podríamos reprocharle que al final exhiba una fuerza inusitada para su complexión, pero nos quedamos con su fuerza interior, esa mirada y esa sonrisa que tanto dicen, la habilidad del director para generar atmósfera e inquietud, la emotividad del conjunto y el talento para heredar toda una tradición de cine en su país, del neorrealismo de Rossellini y De Sica al surrealismo de Fellini, todo lo cual genera un film irrepetible e imprescindible.

sábado, 17 de noviembre de 2018

15º FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA. JORNADA 9 Y ÚLTIMA

JUMPMAN Antihéroe disparatado de la corrupción

Título original: Podbrosy
Rusia-Irlanda-Lituania-Francia 2018 90 min.
Guión y dirección Ivan I. Tverdovskiy Fotografía Denis Alarcón Ramírez Música Kirill Richter Intérpretes Denis Vlasenko, Anna Slyu, Pavel Chinarev, Vilma Kutaviciute, Alexandra Ursulyak, Daniil Steklov Estreno en el Festival de Karlovy Vary 4 julio 2018

Hay algo peor que sentir aburrimiento en un cine, y es sentir indignación porque a uno le traten como si fuera tonto. El mensaje de esta disparatada película es tan obvio y burdo que causa auténtica vergüenza y una impotencia absoluta ante el descaro con el que se nos está manipulando. Tan básico que sonroja, propone una suerte de metáfora sobre la diferencia (tema recurrente en la filmografía de su director) como instrumento para manipular un sistema corrupto y abyecto, el que a buen seguro estrangula a la sociedad rusa en tiempos de Putin, y que finalmente sucumbe y se refugia en lo ya conocido, aunque sea tan opresor y autoritario como el propio sistema al que denuncia. El protagonista de esta película es un joven recluido en el orfanato en el que fue abandonado siendo un bebé. Conocedora de su capacidad para soportar el dolor, su madre lo recupera con fines criminales y abyectos, y con la complicidad de un sistema corrompido e inmoral hacer fortuna. Metáfora descarada y directa, básica y elemental, sobre la política y la justicia rusa, aunque con el sorprendente apoyo de su ministerio de cultura, si bien aún no se ha exhibido comercialmente en su país. La película se agota casi a la media hora, entre disparates y situaciones absurdas que no se compenetran con su estética realista e invitan a una solución onírica que finalmente no se produce. Bien hecha pero tan básica, disparatada y burda que molesta. Sólo la mención especial recibida en el Festival de Karlovy Vary justifica su inclusión en una muestra de cine europeo como es el festival de Sevilla, aunque aquí se proyectan muchas cosas injustificables.

EN GUERRA Despachos llenos, fábricas vacías

Título original: En guerre
Francia 2018 113 min.
Dirección Stéphane Brizé Guión Stéphane Brizé y Olivier Gorce Fotografía Eric Dumont Música Bertrand Blessing Intérpretes Vincent Lindon, Mélanie Rover, Jacques Borderie, David Rey, Olivier Lemaire, Isabelle Ruffin, Bruno Bourthol Estreno en el Festival de Cannes 15 mayo 2018; en Francia 16 mayo 2018

Hay una secuencia en esta película que puede provocar estupefacción, cuando los trabajadores indignados por una reunión con la patronal insatisfactoria y humillante, arremeten contra ellos de forma violenta y según quién desproporcionada. Recordemos sin embargo que si hoy disfrutamos de esos derechos y libertades que poco a poco nos van hurtando con vaselina, es porque hubo una vez una revolución en Francia que nos abrió el camino. A veces desgraciadamente es necesaria la violencia, como lo son películas como las que ha dirigido Stéphane Brizé con Vincent Lindon, La ley del mercado y ahora ésta En guerra. El tema no nos es ni muchísimo menos ajeno, el cierre de una fábrica auspiciada por una legislación tan favorable al mercado como al empresario, que puede hacer y deshacer a su gusto en función del capital y la inversión. Está ocurriendo ahora mismo con el cierre de Cemex en Gádor (Almería) y Lloseta (Baleares) y ha ocurrido ya muchas veces antes en los últimos años. Todo cambia y hay que adaptarse a los tiempos. El gobierno anuncia que para 2040 todos los coches deberán ser eléctricos y las fábricas y gasolineras se echan las manos a la cabeza. ¿Imaginan que siguiésemos montando en coches de caballos o que guisáramos sobre una fogata? El progreso tiene su precio, pero no debería cobrarse sistemáticamente a los más débiles, al pueblo llano, mientras sólo genera beneficios, cada vez mayores y con menos gasto, a los poderosos, a quienes la legislación protege, y mientras los gobiernos se postran a la banca y los poderes económicos. Por eso va a hacer falta una revolución, y Brizé nos lo dice de forma directa y tajante, sin tapujos, sin previo aviso ni preparación. Un parto con dolor en toda regla. Desde el minuto cero asistimos a la lucha entre trabajadores y directivos y ya no se para. Manifestaciones, mesas de trabajo, reuniones, acuerdos, promesas incumplidas y enfrentamientos entre ambos y entre trabajadores entre sí. Situaciones que hemos visto muchas veces en televisión y sobre las que hemos leído en muchas ocasiones, y que amenazan con acabar con el estado de bienestar al que nos hemos acostumbrados. La proliferación de partidos políticos basados en el populismo y el capitalismo a ultranza no hace sino agravar aún más una situación que se nos va de las manos y que estallará en cualquier momento sin que apenas nos demos cuenta. Para entonces será tarde, así que no sobra que Brizé base su espectáculo en reiteraciones y remarque los peligros que nos acechan, porque o le ponemos freno o lo lamentaremos. Seguramente parecerá un mensaje apocalíptico, pero no hay remedio que hacer caso a quienes como el director francés nos lo advierte tan dura y gráficamente, y como el líder, fundamental en estos casos, que tan bien personifica un imprescindible ya en estas lides como es Vincent Lindon.

DIAMANTINO Una parodia con muy poca vergüenza

Portugal-Francia-Brasil 2018 92 min.
Guión y dirección Gabriel Abantes y Daniel Schmidt Fotografía Charles Ackley Anderson Música Ulysse Klotz y Adriana Holtz Intérpretes Carloto Cotta, Claeo Tavares, Anabela Moreira, Filipe Vargas, Margarita Moreira, Carla Maciel, Vítor de Almeida, Abílio Bejinha, Chico Chapasi, Joana Barrios Estreno en el Festival de Cannes (Semana de la Crítica) 11 mayo 2018

Hemos despedido el festival de Sevilla con una película inclasificable. Ya lo es de por sí el hecho de ser una comedia portuguesa, pero si además parece que esté realizada por aficionados, el desconcierto es aún mayor. Escribimos sobre ella para dejar constancia de haberla visto, pero dudamos si merece algún comentario. Digamos que toma a un clon de Ronaldo como protagonista de una disparatada y absurda intriga política, definiéndolo como el ser más tonto sobre la Tierra, bueno a él no, a Diamantino, su alter ego, a la vez que el más bueno y generoso, para compensar. A sus hermanas como las más pérfidas vulgares e ignorantes, y a los partidos de extrema derecha que practican la nostalgia por el antiguo imperialismo, como los más burdos. Todo ello complicado con una vergonzante trama jamesbondiana y un acabado técnico y artístico ridículo y cutre. Si hasta la fotografía es de mala calidad. Es como si de un Aterriza como puedas o un Scary Movie se tratara, pero con gracia mínima y muy poca vergüenza, porque trasciende a la parodia para convertirse en algo inclasificable y esperamos que irrepetible.

viernes, 16 de noviembre de 2018

15º FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA. JORNADA 8

WHAT YOU GONNA DO WHEN THE WORLD’S ON FIRE? Una denuncia con poca fuerza

Italia-USA-Francia 2018 123 min.
Guión y dirección Roberto Minervini Fotografía Diego Romero Suárez Intérpretes Kevin Goodman, Dorothy Hill, Judy Hill, Ashley King, Ronaldo King, Michael Nelson Documental Estreno en el Festival de Venecia 2 septiembre 2018

Roberto Minervini es una presencia habitual en el Festival de Cine Europeo de Sevilla. En su décima edición pudimos disfrutar de la muy hermosa Stop the Pounding Heart en la sección Nuevas Olas, mientras en 2015 se incluyó directamente en la sección oficial con The Other Side. Ahora repite con su último trabajo, que completa una sección oficial en la que se han incluido cuatro documentales, además de algún otro título de ficción que utiliza los parámetros estructurales y dramáticos del documental, como Joy. Seguramente un número excesivo para una sección oficial de un festival de cine, que darían buena cuenta de la buena salud del género si no fuera porque su repercusión en salas de cine sigue siendo francamente pobre. Por eso cuestiones como las que denuncia en blanco y negro el director italiano afincado en Estados Unidos consiguen un mayor calado en el público cuando se presentan en formatos más accesibles. El tratamiento que Minervivni hace de la desigualdad de derechos entre blancos y negros es cuando menos discutible. Sigue el día a día cotidiano de una serie de personajes de entre los que destacan una mujer que regenta un bar, un grupo de nuevos panteras negras que lanzan proclamas en marchas y concentraciones puntuales, y unos niños que pasan el día de aquí para allá en sus bicicletas. No los vemos ni trabajando ni educándose, lo que no es precisamente un favor a la comunidad. Se extiende así la denuncia no sólo al sistema y a los siglos de esclavitud que han sufrido los afroamericanos, sino también al esfuerzo que desde dentro deben realizar para salir de su condición, superarse y lograr también por sus propios medios, y sin tanto miedo policial, el reconocimiento y la igualdad que merecen. Por extensión, como película deja la protesta tan en segundo plano, sin apoyos gráficos ni técnicos que la refuercen, que su llamada genera escaso entusiasmo, y el esfuerzo poca repercusión.

EL PERAL SALVAJE Desilusión generacional dilatada

Título original: Ahlat Agaci
Turquía 2018 188 min.
Dirección Nuri Bilge Ceylan Guión Nuri Bilge Ceylan, Akin Aksu y Ebru Ceylan Fotografía Görkhan Tiryaki Intérpretes Dogu Demirkol, Murat Cemcir, Hazar Ergüçlü, Bennu Yildirimlar, Serkan Keskin Estreno en el Festival de Cannes 18 mayo 2018; en Turquía 1 junio 2018

Con películas tan reconocidas en su filmografía como Lejano, Tres monos o Sueño de invierno, el realizador turco más internacional, Nuri Bilge Ceylan, recala ahora en la sección oficial del Festival de Cine de Sevilla con un trabajo intenso y exhaustivo sobre una difícil relación entre padre e hijo que ha necesitado tres horas de verborrea incansable para dar sus frutos. La incontinencia verbal a la que Ceylan somete a sus personajes, y que sirve tanto para desarrollar las ideas sobre las que se sustenta su trama como para poner en tela de juicio muchas de las cuestiones que preocupan a su director, provoca esa extrema duración, posiblemente el mayor escollo que encuentra la cinta para llegar a un mayor número de público. Un joven con vocación de escritor regresa a casa tras licenciarse en la Universidad y choca con su padre, al que detesta por hábitos que no resultan coherentes con su preparación como profesor y su carácter trabajador. Ceylan se preocupa en su última película por una generación de jóvenes europeos que no parecen encontrar su sitio en la sociedad, a los que la desidia y la falta de ilusión les ha robado la motivación, y que encuentran en la generación de sus padres el reflejo de una realidad con la que no se sienten identificados. Con un manejo excelente del encuadre y la planificación, y una fotografía luminosa como suele ser habitual en sus películas, Ceylan pasea a su protagonista por espacios rurales y urbanos que le llevan a entablar conversaciones de todo tipo con una variopinta fauna de gente, entre las que destacan un escritor de éxito con el que emplea un cruel sarcasmo y unos jóvenes amigos que se plantean el valor de la religión y la espiritualidad en una sociedad que ven paulatinamente desmoronarse. En su largo y lento desarrollo, salpicado de una elegíaca transcripción de Stokowski sobre una passacaglia de Bach, el director juega a despistarnos en más de una ocasión, con trucos efectistas y generalmente censurables que se justifican en la pesadilla y la falsa apariencia. Al final nos queda pensar si quizás el realizador es más reaccionario de lo esperable cuando parece que nos esté criticando el cinismo que provoca la educación frente al más sano conformismo que genera la disciplina, cuando el joven reacciona adoptando decisiones más cerca de valores castrenses que puramente intelectuales.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

LA CASA DE JACK El crimen como arte o provocación

Título original: The House That Jack Built
Dinamarca 2018 155 min.
Guión y dirección Lars von Trier Fotografía Manuel Alberto Claro Intérpretes Matt Dillon, Bruno Ganz, Uma Thurman, Riley Keugh, Sofia Grabol, Siobhan Fallon, Ed Speelers, David Bailie, Yu Ji-tae, Jeremy Davies Estreno en el Festival de Cannes 14 mayo 2018; en Dinamarca 29 noviembre 2018

Cinco años después de Nymphomaniac y con el perdón de Cannes de por medio tras sus polémicas declaraciones sobre Hitler, Lars von Trier vuelve a provocar con su último trabajo cinematográfico. Habría que analizar la reacción del público frente a su nueva propuesta para conocer más en profundidad las intenciones de este director que no suele dejar a nadie impasible. El atroz retrato que hace de un psycho killer al más puro estilo de aquel Henry, retrato de un asesino que firmara John McNaughton a finales de los ochenta del siglo pasado, da lugar a dos horas de tensión en las que asistimos a los crímenes de un asesino en serie en situaciones algunas de lo más grotescas, con el fin de redefinir el concepto de creación artística a través de la licencia para matar, descuartizar y recrear cadáveres humanos. En sus conversaciones con un posible terapeuta, o quizás un agente de la ley, o puede que un ángel o el mismísimo demonio, al que da voz y luego presencia Bruno Ganz, nuestro asesino americano (Matt Dillon) se permite comparar sus atrocidades con la creación artística y divina, en un proceso en el que analiza hasta cinco de sus barbaridades sucedidas en la década de los setenta del pasado siglo. Todo esto sirve al director danés para generar una orgía de sangre que perturba y molesta, pero no más que el hecho de hacernos sentir a nosotros y nosotras mismas como verdaderos monstruos ávidos de más morbo, de que no lo pillen, de que no aborten su próxima ocurrencia, para que la atrape nuestra retina, la misma que no apaga la televisión cuando nos cuentan las atrocidades que alimentan los telediarios y que son peores que las que pueda imaginar la perturbada mente de Trier. Pero he aquí que motivados por su ética y su moral, o por las apariencias o los prejuicios, habrá quienes abandonen la sala, mientras los demás experimentamos esa mala conciencia que nos obliga a esperar más guiñol sanguinolento con ínfulas de intelectualidad, que lo hace más cruel. Al final no sabemos si la comparación es válida ni si se ha creado arte, pero sí que ha logrado impactarnos y nos ha esclavizado durante las dos horas y media de proyección. Habrá quien lo considere pornografía, pero ¿quién no la consume?

MEKTOUB, MY LOVE: CANTO UNO

Francia 2017 186 min.
Dirección Abdellatif Kechiche Guión Abdellatif Kechiche y Ghalia Lacroix, según la novela de François Bégaudeau Fotografía Marco Graziaplena Intérpretes Shaïn Boumedine, Ophélie Bau, Salim Kechioiche, Lou Luttiau, Alexia Chardard, Hafsia Herzi, Kamel Saadi, Delinda Kechiche Estreno en el Festival de Venecia 7 septiembre 2017; en Francia 21 marzo 2018

Abdellatif Kechiche logró un gran éxito con su anterior película, que se anunciaba como la primera parte de La vida de Adéle y mostraba durante tres horas y sin pudor ni censura las relaciones lésbicas y románticas de dos hermosas jóvenes. Sin haber ofrecido aún la supuesta segunda parte se embarca ahora en un primer capítulo de las andanzas de un joven francés de origen árabe de nombre Amin, para lo que necesita también tres largas horas de desarrollo de algo que podría haberse quedado perfectamente en la mitad. Pero es que Kechiche necesita alargar cada escena y someter a sus jóvenes protagonistas a juegos de incontinencia verbal como los que hacía Rohmer en sus cuentos y proverbios pero sin su carga intelectual. El realizador de origen tunecino fija su atención de nuevo en cuerpos jóvenes, que retrata con vehemencia, durante unas vacaciones en los noventa en el sur de Francia. Allí el joven y guapo protagonista vivirá las experiencias propias de unas vacaciones en la playa, días de sol y agua y noches de copas y discoteca, rodeado de familiares y amigos en busca de diversión permanente, con la sensualidad de la estación y la edad siempre rodeándole. Pero el destino (Mektoub) marcará sus preferencias y le mantendrán virtuoso en su condición de hombre respetuoso y templado, hasta encontrar el amor verdadero, cuya conquista se convierte en leit motiv de la película. Todo esto está muy bien contado y reflejado, y sobre todo transmite todo ese aluvión de alegría y sensualidad apuntadas, además de acertar seduciendo con ese personaje central tierno y pudoroso; pero en su excesivo metraje corre el riesgo de aburrir y desinteresar, mostrando un desprecio absoluto por una carrera comercial que sería mucho más aseada si no exigiera tanta paciencia del público.

jueves, 15 de noviembre de 2018

15º FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA. JORNADA 7

M Los vampiros de Beni Brak

Francia 2018 106 min.
Fotografía, guión y dirección Yolande Zauberman Documental Estreno en el Festival de Locarno 6 agosto 2018

Después de coquetear con la ficción en títulos como Moi Ivan, toi Abraham o Bailar hasta morir, la directora francesa Yolande Zauberman lleva tiempo reflejando a través del documental sus inquietudes en relación a sus orígenes hebreos, en películas como ¿Tendrías sexo con un árabe? y ahora este M que parafrasea al clásico de Fritz Lang M, el vampiro de Dusseldorf. Y es que precisamente la película con la que se presenta en la sección oficial del Festival de Cine Europeo de Sevilla, y con la que ganó el Premio especial del jurado en Locarno, toca un tema muy delicado e inquietante sobre depredadores sexuales en el seno de la comunidad judía más ortodoxa que existe, la que se concentra en Beni Brak, a escasos kilómetros de Tel Aviv. Buenas dosis de ingenio le habrá costado conseguir inmiscuirse en dicha comunidad tan hermética para contarnos la historia de un joven que fue víctima de abusos sexuales por parte de un rabino. No extraña que su acabado formal sea tan deficiente, por este motivo y por el hecho de que la realizadora no haya contado con un equipo de rodaje en condiciones, encargándose ella de todos los aspectos visuales y sonoros de la cinta, seguramente con el fin de pasar más desapercibida. Eso hace que el film se resista a ser visto con interés y curiosidad, convirtiéndose para el sufrido espectador en un ejercicio de concentración y paciencia bastante considerable, y evidenciándose en su narrativa una fuerte tendencia a la reiteración, con lo que su discurso, valioso sin lugar a dudas, se agota rápidamente. Podría haber considerado la posibilidad de combinar todo lo rodado, posiblemente de forma clandestina, con testimonios más convencionales, materiales de archivo y algún recurso técnico y gráfico que hiciera al conjunto más atractivo. Puede que todo esto lo hubiera alejado del aspecto anti mainstream que posiblemente pretenda, pero que flaco favor le hace a su vocación divulgativa, haciendo su imprescindible mensaje mucho más accesible y por extensión más efectivo, como muy bien merece lo que se denuncia y lo sorprendente que resulta. Haría falta un cataclismo para empezar de cero y olvidarnos de las santas creencias y supersticiones que tanto daño han causado al ser humano; claro que volveríamos a tropezar con la misma piedra.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

ATARDECER Una confusa y malograda intriga político-criminal

Título original: Napszállta
Hungría-Francia 2018 142 min.
Dirección László Nemes Guión László Nemes, Clara Royer y Matthieu Taponier Fotografía Mátyás Erdély Música László Melis Intérpretes Juli Jakab, Vlad Ivanov, Susanne Wuest, Uwe Lauer, Mónika Balsai, Björn Freiberg, Urs Rechn, Judit Bárdos, Evelin Dobos, Levente Molnár, Julia Jakubowska, Christian Harting, Marcin Czarnik, Tom Pilath Estreno en el Festival de Venecia 3 septiembre 2018; en Hungría 27 septiembre 2018

En la muy celebrada El hijo de Saúl el director húngaro László Nemes colocaba la cámara en el cogote de su sufrido protagonista, mientras el resto, todo el horror experimentable en un campo de concentración nazi, prácticamente lo intuíamos en lugar de verlo. El mismo recurso lo utiliza ahora también con más frecuencia de la deseable en su nueva película, quizás buscando así una seña de identidad que lo distinga, aunque esta vez ni se justifica ni cumple el claro cometido de aquella laureada cinta. En Atardecer el realizador húngaro nos cuenta la historia de Irisz Leiter, una joven huérfana que regresa a la próspera y glamurosa sombrerería que regentaban sus padres en un Budapest que parece esté quemando sus últimos cartuchos de lujo y decadencia antes de estallar la Primera Guerra Mundial. Con gesto permanentemente absorto, como alucinada o enajenada, Juli Jakab es la protagonista absoluta de una confusa trama a la que se le suman tantos personajes que llega a parecer imposible distinguirlos, mientras su continuo deambular por una capital perfectamente recreada gracias a un enorme esfuerzo de producción y una exquisita puesta en escena, llega a resultar agotador y en muchas ocasiones inútil. Se explica poco y mal los gravísimos sucesos que se denuncian, mientras ella lleva a cabo una investigación sobre intrigas que tienen una inquietante relación con la aristocracia y sus malos hábitos, así como con los nuevos aires que pretenden implantar los revolucionarios anti sistema. Una red de conspiraciones y sucesos en los que el azar acaba teniendo más peso que el auténtico ingenio. Lástima porque podría haber resultado un film inquietante e incluso fascinante por su lujoso envoltorio y los acontecimientos que se adivinan tras tanta confusión y certeza velada. Media hora menos y recortes también en sus aires pretenciosos hubieran podido dar como consecuencia un film al menos estimable, a pesar de lo cual logró alzarse con el premio de la crítica internacional en el Festival de Venecia.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

SAUVAGE Corazón libre pero enamorado

Francia 2018 97 min.
Guión y dirección Camille Vidal-Naquet Fotografía Jacques Girault Música Romain Trouillet Intérpretes Félix Maritaud, Eric Bernard, Nicolas Dibla, Philippe Ohrel, Marie Seux, Lucas Bléger, Camille Müller Estreno en el Festival de Cannes (Semana de la Crítica) 10 mayo 2018; en Francia 29 agosto 2018

Acierta el debutante Camille Vidal-Naquet, presente en el Festival de Cine de Sevilla para presentar su película, en retratar algunos aspectos de la vida y andanzas de los hombres que se dedican a la prostitución gay, centrándose en uno en particular y sin llegar en ningún momento a la provocación marginal de las películas de Paul Morrissey y Andy Warhol (hace ya ¡cincuenta años!) ni a la poesía de aquel Drugstore Cowboy de Gus van Sant también añejo. Aquí Leo es un joven de quien no llegamos a saber nada de su pasado aunque lo intuimos. Analfabeto y enganchado a las drogas, no pone límites como otros a las relaciones que mantiene con sus clientes, lo que a lo largo del metraje le llevará a más de una situación incómoda y hasta peligrosa. No pone cuidado tampoco en su quebradiza salud y comete además la imprudencia para su corazón de enamorarse de la persona equivocada, el chulo de turno que aunque le protege no parece corresponderle recíprocamente. Sobre estas líneas argumentales se organiza una trama mínima, lo que provoca que durante un buen rato asistamos a encuentros y desencuentros, sin mucho interés a pesar de algunos toques de morbo y hasta casi de pornografía añadidos. Los giros argumentales más interesantes aparecerán felizmente en su recta final, cuando comprendamos la verdadera naturaleza, salvaje y libre, del protagonista, al que ninguno de sus anfitriones le invita jamás a tomar un baño o una ducha. Pero tampoco entonces alcanzamos a comprender en su totalidad el alcance del mensaje que pretende darnos su autor.

LA MUJER DE LA MONTAÑA Las cosas bien hechas

Título original: Kona fer í striö
Islandia-Ucrania-Francia 2018 101 min.
Dirección Benedikt Erlingsson Guión Ólafur Egilsson y Benedikt Erlingsson Fotografía Bergsteinn Björgúlfsson Música David Thor Jonsson Intérpretes Halldóra Geriharösdöttir, Jóhann Siguröarson, Juan Camilo Roman Estrada, Jörundur Ragnarsson Estreno en el Festival de Cannes (Semana de la Crítica) 12 mayo 2018; en Islandia 22 mayo 2018

Parece un chiste decir que de Islandia nos llega una de las propuestas más frescas del cine europeo de este año. Se trata de una simpática película protagonizada por una mujer, Halldóra Geriharösdöttir, candidata al premio a la mejor actriz en los premios europeos del cine y reconocida como tal en la Seminci. Se trata de una activista medioambiental que se dedica a atentar contra centrales eléctricas mientras disfruta de una apacible vida como profesora de canto en una de esas idílicas poblaciones del norte de Europa que sólo lo son en los pocos meses en los que asoma la primavera o el verano, y cuya vida dará un vuelco cuando le concedan la adopción de una niña ucraniana sobre la que ya había perdido las esperanzas. Un argumento que deviene en una película amable y entretenida que nos regala además unos paisajes extraordinarios y unos toques de humor muy agradables, como la introducción de la música en la película. El resultado es una comedia sobre lo que hay que hacer, proteger nuestro hábitat, volver a las cosas sencillas y sacar mayor partido de nuestros recursos naturales sin afectarlos ni intervenirlos. Da ejemplo también sobre una paternidad y maternidad responsable, que dé un hogar y una felicidad a los niños y niñas que no la tienen, mejor que engordar la población por puro narcisismo. Son las cosas bien hechas, y para eso nada mejor que una película así, bien hecha, con cariño y ternura. Con un buen acabado también en el apartado técnico, incluidas escenas en alta montaña de persecución con helicópteros y drones que convierten a la heroína en una especie de Sargento Ripley dentro de una película setentera de Clint Eastwood.

Crítica de Pepe Serrano publicada en El Correo de Andalucía

miércoles, 14 de noviembre de 2018

15º FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA. JORNADA 6

DOVLATOV Retratos de una bohemia soviética

Rusia-Polonia-Serbia 2018 126 min.
Guión y dirección Alexey German jr. Fotografía Lukasz Zal Intérpretes Milan Maric, Danila Zozlovsky, Helena Sujecka, Artur Beschnastny, Elena Lyadova, Anton Shagin, Svetlana Khodchenkova, Semyon Aleksandrovich Estreno en el Festival de Berlín 17 febrero 2018

Serguei Dovlatov fue un escritor ruso muerto prematuramente en el exilio neoyorquino doce años después de ser expulsado oficialmente del sindicato de periodistas soviéticos. Alexey German jr. compite en esta décimoquinta edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla con una película que no pretende reconstruir su vida sino tan sólo un momento de ella, apenas unos días de 1971, cuando Europa vivía el despertar de derechos civiles y libertades que habían sido despreciadas en algunos de los países del entorno soviético. Unos días que en el libreto del propio German sirven para reflejar una especie de peregrinación o via crucis por despachos de periódicos y editoriales y fiestas en pisos y bares, donde una bohemia intelectual aún debate sobre Steinbeck o Nabokov, tantos años después de cosechar sus respectivos éxitos, y escuchan jazz de imitación, como todo lo que podían construir para acercarse en la medida de lo posible a respirar el aire de libertad, creativa y personal, que el régimen les negaba. Pero además Dovlatov, en la piel del en cierto modo soso actor serbio Milan Maric, se rodea de mujeres que parecen idolatrarlo, desde su madre a su ex esposa pasando por compañeras, admiradoras y una hija, que en su devenir creativo parecen estar componiendo una trayectoria similar a la que nos ofrecía Fellini en Ocho y medio o Fosse en All That Jazz, a la vez que esa orgía de cigarrillos, alcohol, frustración y atracción parece estar mirando a la Dolce Vita del genio de Rímini. Todo por supuesto más triste y más encerrado, sensacionalmente fotografiado por Lukasz Zal, el habitual director de fotografía de Pawel Pawlikowski (Ida, Cold War), al que por fin le salen los colores. Es precisamente en la magnífica dirección de producción de Elena Okopnaya donde más destaca esta irregular película, barroca y plagada de símbolos y detalles, aunque fuera su vestuario, más convencional, el que lograra el premio a la contribución artística en el Festival de Berlín. A este alegato contra el control del arte y la cultura, ese gran enemigo del totalitarismo al que ya hacíamos referencia con motivo de Obra sin autor, le falta soltura y cambios de registro. Mantiene todo el tiempo el mismo tono y ángulo de visión, anquilosando un trabajo cuyas más de dos horas agotan y no conducen a casi nada. Falta nervio y rabia en esta esmerada producción que partía con muy buenos ingredientes.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

JOY Pretty woman de mirada triste

Austria 2018 99 min.
Guión y dirección Sudabeh Mortezai Fotografía Klemens Hufnagl Intérpretes Joy Alphonsus, Marian Precious Sanusi, Angela Ekeleme Estreno en el Festival de Venecia 3 septiembre 2018; en Austria 19 enero 2019

Este año el Festival de Cine de Sevilla está apostando mucho por películas que nos hablan directamente del drama de la inmigración, especialmente importante ahora que los controles en Europa se han endurecido tanto, sobre todo en países como Austria, donde transcurre la durísima historia de dos mujeres, una de ellas jovencísima, obligadas a practicar la prostitución para pagar la deuda con quienes las han traído a occidente con la promesa de una vida mejor. La directora austriaca de origen iraní Sudabeh Mortezai apuesta por rodar la película con un estilo visual próximo al documental pero un tratamiento narrativo propio de la ficción, utilizando para ello a quienes parecen ser las protagonistas reales de esta trágica historia, o al menos han vivido una similar. El triste viaje arranca en Nigeria con un ritual entre supersticioso y religioso grabado con tanto realismo que uno se pregunta por qué todavía es necesario maltratar a los animales con todos los recursos técnicos y elípticos que hay para evitar tal sufrimiento. Vamos, que asistimos a una denuncia social para encontrarnos de partida con un atentado contra los animales, todo un contrasentido. Sirve este ritual salvaje para meter el miedo en el cuerpo a una joven a punto de emigrar, asegurándose así el pago de su deuda. Algo así como lo que ha hecho nuestra Iglesia durante siglos para controlarnos y mantener el poder. A partir de ahí las mafias y las madames, que antes sufrieron el mismo tormento, se aseguran de dominar a estas esclavas del placer, sin que el film escatime en situaciones duras e insoportables. Sólo hay una pequeña felicidad en el paradójico nombre de la protagonista, Joy (Alegría), y las reuniones de las explotadas viendo culebrones en la televisión o bailando al son de videos machistas de música pop africana. Incluso las familias de las desgraciadas prostitutas se aprovechan de su destino. Aquí no hay visita a una boutique de Rodeo Drive para mejorar la imagen, como en Pretty Woman, sino una visita al salón de belleza marginal del barrio para dar más glamour barato y hortera a la profesión más antigua y denigrante de la historia. Todo discurre así según las coordenadas habituales del género, hasta que llegamos a una terrible conclusión que no deja resquicio para la esperanza. Hubiésemos preferido que se cerrara con algo de luz, pues tratándose de un tema tan delicado y tan de actualidad, lo último que podemos hacer es condenar a sus víctimas a la oscuridad y la injusticia. Claro que de esta forma se menguaría la crítica que merece nuestra sociedad, a su hipocresía y su sinrazón, a ese equilibrio que nos hemos construido y que desde la comodidad de nuestra butaca no podemos ni queremos permitirnos perder.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

PEARL El culturismo como pretexto para un melodrama vacío 

Francia-Suiza 2018 82 min.
Dirección Elsa Amiel Guión Elsa Amiel y Laurent Larivière Fotografía Colin Lévêque Música Fred Avril Intérpretes Julia Föry, Peter Mullan, Vidal Arzoni, Arieh Worthealter, Agata Buzek Estreno en el Festival de Venecia 29 agosto 2018

Siete años después de dirigir su anterior y primer largometraje, la directora francesa Elsa Amiel centra su nuevo trabajo en una joven que se dedica al culturismo y participa en su primer gran concurso de esta disciplina. Habrá historias para contar en un mundo tan poco explorado cinematográficamente como éste que a la realizadora sólo se le ocurre una anodina historia de maternidad sin desarrollo ni emoción, llena de disparates y situaciones absurdas que ni enganchan ni alimentan nuestra curiosidad. El conjunto se queda en un discreto espectáculo visual, también en este sentido desaprovechado, y poco más. Supone la primera aparición en pantalla de una campeona del género en Suiza, Julia Föry, mientras el veterano Peter Mullan participa como entrenador y antigua estrella del culturismo que persigue con el triunfo de su alumna la gloria que desde hace tanto no disfrutaba. Pero su personaje, como el de ella y el de la ex pareja que aparece de repente para dar sentido a un argumento casi inexistente, apenas se definen, tan planos como el resto de la función. Sólo el niño que le endosan a la protagonista consigue sobresalir en un conjunto tan mediocre e intrascendental, con su mirada de ojos grandes y melancólicos.

Crítica de Pepe Serrano publicada en El Correo de Andalucía

SCARY MOTHER Trabajo muy bien planificado sobre la liberación de la mujer

Título original: Sashishi deda
Georgia-Estonia 2018 107 min.
Guión y dirección Ana Urushadze Fotografía Konstantin Esadze Música Nika Pasuri Intérpretes Nato Murvanidze, Ramaz Ioseliani, Dimitri Tatishvili, Autandil Makharadze, Anastasia Chanturaia, Lasha Gabunia, Luka Kachibaia Estreno en el Festival de Locarno 3 agosto 2017; en Estonia 4 mayo 2018

Hay adjetivos que se ponen de moda y se abusa de ellos, vengan o no al caso. Pero cuando surge algo que realmente lo merece nos damos cuenta del uso inadecuado que le hemos estado dando. La palabra transgresora cobra todo su significado y razón de ser cuando se aplica a una película como ésta, candidata a Discovery del año en los Premios Europeos del Cine y sorpresa absoluta en el actual panorama cinematográfico del continente. Con una joven debutante tras la cámara y el libreto, nos cuenta con un estilo narrativo y estructural fresco y diferente la historia de una madre y ama de casa cuya pasión es la escritura, pero la novela que ha engendrado no va a gustar a su familia ni a su entorno. Un esposo cretino y unos hijos que prefieren mirar para otro lado no son el mejor respaldo para alguien con una voz propia y un universo interior tan rico, especialmente cuando es a ellos mismos a quienes se está poniendo en evidencia. Hay tanta simbología en esta cinta que invita a pensar que no sólo se está hablando de la condición de la mujer, invisible y ninguneada, cuya historia no interesa porque molesta, sino que quizás se está haciendo también análisis de una determinada situación política y social, la que lleva a un país a sentirse dominado y por debajo de otro opresor. Puede que los entornos retratados en este lúcido y complejo film representen esos mundos tan distintos y antagónicos que necesitan de un puente para comunicarse. Espacios en ruinas que se dan la mano con negocios modernos y eficientes o cafeterías exquisitas. Una mujer que necesita transformarse en un monstruo para liberarse y dar sentido a su vida, igual que hay zonas geográficas que necesitan encontrar una entidad propia. ¿Nos habla entonces Ana Urushadze de violencia machista, de mujer oprimida o de países invadidos? Quizás de todo o puede que de nada de esto, ahí radica la grandeza de lo nuevo, lo diferente y lo transgresor, tan difícil de analizar en una columna escrita deprisa para ser leída a la mañana siguiente. De cualquier manera sus bondades se han sabido reconocer en Locarno, donde se estrenó y logró premios a la mejor ópera prima y del jurado joven, así como en Gijón, donde recibió los de mejor dirección y fotografía.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía