sábado, 23 de mayo de 2026

RÁTH CONJUGA UNIDAD Y DIVERSIDAD EN UNA SEXTA DE MAHLER PORTENTOSA

Sinfónico 14. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. György Györiványi Ráth, dirección. Programa: Sinfonía nº 6 en La menor “Trágica”. Teatro de la Maestranza, viernes 22 de mayo de 2026


Recién presentada tanto la nueva temporada de la Sinfónica como la del Maestranza, y con la emoción todavía presente ante la confirmación del nivel de excelencia que merece una ciudad del calibre de la nuestra, nos enfrentamos a un programa sensacional de la ROSS. A la dirección, uno de sus directores más queridos y de los que mejor la han entendido, György Györivanyi Ráth. En los atriles la Sexta de Mahler, posiblemente su obra sinfónica más compleja y perfecta, y desde luego una de las más serias tanto en la regularidad de su estructura como en su dimensión trágica. También en mayo, pero de 2013, tuvimos ocasión de escucharla en manos de Pedro Halffter, aunque siguen siendo la Primera y la Cuarta las más frecuentadas por nuestra orquesta, seguidas de la Quinta y la Novena.

Cogerle el punto ha sido siempre uno de los mayores enigmas de la Música, pues bajo la apariencia de unos temas melódicos felices y distendidos, se esconde la sempiterna lucha entre la vida contemplativa y la mera supervivencia, terminando en una auténtica batalla campal de la que es difícil hacerse eco si no se tienen las ideas tan claras como las tuvo el maestro húngaro. Toda una desesperada aventura a vida o muerte que le proporciona ese carácter indómito que tan bien supo reflejar el director con la inestimable ayuda de una orquesta impecable, tan disciplinada como brillante en todas sus secciones.

Destacaron quizás los refulgentes metales, con aportaciones magistrales de trompas y tuba, pero también de trompetas y trombones, así como la rica percusión, destacando esas campanas de rebaño que desde bambalinas recrean la apacible vida campestre que sirve como último refugio al atormentado protagonista de la función. Merece mencionarse también esos martillazos directamente importados del Olimpo con los que el tercer movimiento avisa del inefable destino que aguarda tras el caos y la destrucción. Pero no podemos olvidar el papel fundamental de la cuerda, responsable de los momentos más líricos e inspirados, y que la concertino, Alexa Farré, llevó por muy buen camino, generando tantas texturas como registros emocionales, todos de hondo calado estético y poético.


Una interpretación colosal

Esta descomunal catedral de la música arrancó con la marcha enérgica del allegro inicial y las habitualmente magníficas prestaciones de la cuerda grave, sobre todo los contrabajos. El acierto de Ráth consistió en lograr dar unidad a una pieza en la que abundan los cambios de registro, la fecundidad melódica y la alternancia entre acordes furiosos y otros más líricos y amables. El director acertó también en intercambiar el scherzo y el andante, situando éste como segundo movimiento, una práctica a la que renunció Mahler tras las primeras audiciones de la obra. Permitió así respirar después del carácter marcial del primer movimiento, sin seguir por los mismos derroteros, como así sucede en el scherzo.

De esta forma, el andante supuso un soplo de aire fresco, un alivio, henchido de pureza y nobleza, para proseguir de nuevo con la manifestación apabullante y salvaje del tercer movimiento, destacando unas maderas precisas e incisivas. Este intercambio fue también una manera de dotar de mayor equilibrio a la sinfonía, provocando que la pausa entre el segundo y el tercer movimiento se situase en el centro exacto de la obra. Así, llegamos al largo allegro conclusivo preparados para la gran apoteosis final, con vientos, arpa y celesta sumergiéndonos en un clima trágico.

Una conclusión si duda grandiosa, precedida de una introducción y una coda que enmarcan diversos temas que se escuchan casi aislados pero entrelazados, hasta cierto punto cohesionados gracias al talento y la habilidad de su director, y la brillantez de todas las familias orquestales, que debieron ensayar lo suyo, sobre todo teniendo en cuenta esos refuerzos menos acostumbrados a las dinámicas de trabajo de la orquesta. A la salida, nos informaron que Alain Lombard grabó esta sinfonía con la ROSS hace tiempo, pero a pesar de los, al parecer, excelentes resultados, quedó almacenada sin fecha de publicación.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 22 de mayo de 2026

TRIO WANDERER, INGENIEROS DEL SONIDO

Trio Wanderer. Jean-Marc Phillips-Varjabédian, violín. Raphaël Pidoux, violonchelo. Vincent Coq, piano. Programa: Trío con piano en sol menor Op. 3, de Chausson; Tristia S.723, de Liszt; Trío con piano nº 1 en re menor Op. 49, de Mendelssohn. Espacio Turina, jueves 21 de mayo de 2026


La fama y el prestigio de los franceses Trio Wanderer les preceden prácticamente desde que siendo estudiantes del Conservatorio de París lo crearon en 1987. Ayer debutaron en Sevilla, y aunque la respuesta del público no fue todo lo generosa que debía, apenas llenando la mitad de la sala, quienes asistieron pudieron comprobar la excelencia de su música y las exquisitas formas de su interpretación. El Espacio Turina se acerca así al final de otra gloriosa temporada, encadenando figuras de prestigio como la del barítono inglés Simon Keenlyside el pasado fin de semana, y ahora este célebre e imprescindible trío.

Con la formación intacta desde que en 1995 Jean-Marc Phillips-Varjabédian sustituyera a Guillaume Sutre, el conjunto cuyo nombre se inspira inequívocamente en la famosa fantasía schubertiana, inició su esperada andadura sevillana con una pieza que les acompaña prácticamente desde sus inicios, y que tienen debidamente registrada en el sello K617, el Trío en sol menor Op. 3 de Chausson. La admiración del compositor por Wagner y su influencia de César Franck se advirtió ampliamente en una interpretación cargada de furia y agitación.

Con excepción de su famoso Poema, su catálogo, jalonado de piezas de enorme interés, no suele programarse, por lo que la ocasión revistió un doble interés. El hecho de que Chausson transcribiera los cuartetos de Beethoven a temprana edad, le hizo descubrir un mundo de sueños e ilusión que supo trasladar al pentagrama, y los intérpretes hacérnoslo llegar. Ya en su introducción (Pas trop lent) pudimos atisbar el músculo de Raphaël Pidoux al violonchelo, seguido en el Animé del protagonismo elegíaco del violín y la agitación controlada de Vincent Coq al piano.

El teclado se mostró vigoroso y locuaz en el scherzo, siempre bajo esa compenetración perfecta que permite la consolidación de estilo y la colaboración cultivada durante tantos años. En el adagio (Assez lent) el tono se hizo sombrío y la armonía ambigua, derivando en pura poesía en manos de tan consumados maestros. Así, hasta llegar a la intensidad de ritmo y espíritu del scherzo final (Animé), puro frenesí y aceleración, tan abrumadora como decibélica.

Tristia es la adaptación, sumamente inventiva como se puede apreciar ya desde la misma introducción, de la sexta pieza del primer libro, dedicado a Suiza, de la colección para piano Años de peregrinaje. Se trata en concreto de La Vallée d’Obermann, y surge de la iniciativa de Edward Lassen, alumno de Liszt, que hizo el primer arreglo, seguido de los propios ajustes del autor de la Rapsodia húngara. De las tres versiones, ésta, la tercera, es la más divulgada. El Wanderer tradujo la atmósfera atormentada y melancólica del original con texturas ricas y densas, lográndose en conjunto una sensación de zozobra aún mayor de la que contiene la obra para solo piano.


Un Mendelssohn descomunal

Pero fue quizás en la sensacional interpretación del Trio nº 1 en re menor Op. 49 de Mendelssohn, donde nos hicimos eco de la habilidad de cada uno de los integrantes del trío para lograr un sonido tan impecable, con gradaciones acústicas tan depuradas e intencionadas que parecían fruto del trabajo de un maestro de la tecnología, un ingeniero de sonido tan atento y aplicado como para mejorar aún más el sonido natural de los instrumentos y sus concertistas.

Tras los pertinentes retoques de la parte pianística para adaptarse a las nuevas corrientes inauguradas por Chopin y Liszt, este trío acabó considerándose una obra maestra en la línea de los de Beethoven o Schubert. El Wanderer ofreció de él una lectura sobrenatural, apasionada y hasta cierto punto desmelenada, siempre bajo el control que permite la sabiduría y la experiencia, como ya pudimos atisbar en el allegro inicial. El virtuosismo del piano, la carnosidad del violonchelo y el fraseo impecable del violín, lograron una interpretación de un lirismo inusitado.

El andante, traducido en toda una romanza sin palabras, resultó tan amable como distendido, sin despreciar ese toque patético que caracteriza su parte central. La habitual atmósfera inquieta y ensoñadora de Mendelssohn asomó sin prejuicios en un scherzo de dimensiones casi sinfónicas, con el piano cabalgando alegremente y a discreción. Acabó tan brillante y apasionado como el resto, exhibiendo esa grandeza y musculatura que los persiguió durante toda la interpretación de tan excelsa, melódica y lírica partitura.

Fotos: Luis Ollero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 21 de mayo de 2026

HOKUM La herencia de Stephen King

Irlanda-Emiratos Árabes-USA 2026 101 min.
Guion y dirección
Damian McCarthy Fotografía Colm Hogan Música Joseph Bishara Intérpretes Adam Scott, David Wilmot, Peter Coonan, Florence Ordesh, Will O’Connell, Michael Patric, Brendan Conroy, Austin Amelio, Ezra Carlisle, Mallory Adams Estreno en Irlanda y Estados Unidos 1 mayo 2026; en España 15 mayo 2026

El director irlandés Damian McCarthy aspira a convertirse en la nueva sensación, y de paso salvador, del cine de terror, primero con Oddity hace un par de años y ahora con esta enrevesada y difícil de definir y entender película. En principio parece seguir los pasos de Stephen King, con personaje literato y hotel encantado en la mejor tradición de El resplandor, pero con más humildad.

La sucesión de hechos, mezclando crímenes inhumanos con tradición folk de espíritus y brujas, también parece seguir esa senda. Pero McCarthy prefiere el enigma y la aglomeración de una simbología tan difícil de captar que casi merece pasarse por alto y quedarse con la sustancia. De este modo, el director nos conduce a la esencia del mal, a través de mezquindades y traumas en principio insuperables, y de este modo convencernos de que hasta la mayor de las miserias humanas tiene posibilidad de curarse, aunque sea mediante una terapia de choque como la que propone su propio guion. Lástima que su título arroje poca luz sobre el complejo asunto que propone, ya que traducido como pamplina o patraña, sus acepciones más habituales, nada coincide con este batiburrillo de lugares comunes en el género que, con habilidad y talento, su artífice convierte en algo nuevo y diferente.

Con todo, a pesar de acumular motivos para poder considerarse una obra digna, con cierta categoría, un final precipitado, malogrado por una socorrida estrategia mal planteada, hace que el producto acabe decepcionando, sin contar la escasa correlación que encontramos entre las experiencias sufridas por su protagonista y su decisión a la hora de poner fin a una novela de aventuras que se le resiste.

miércoles, 20 de mayo de 2026

RESONANCIA CON ÍMPETU JUVENIL

Alternativas de cámara, en colaboración con Juventudes Musicales de Sevilla. Resonancia, quinteto con piano: Sergey Maiboroda y Joan Andreu Bella, violines. Salomé Osca, viola. Lourdes Kleykens, violonchelo. Álvaro Mur, piano. Programa: Quinteto para piano y cuerdas en sol menor Op. 57, de Shostakóvich; Quinteto para piano y cuerdas en mi bemol mayor Op. 44, de Schumann. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, martes 19 de mayo de 2026


A poco de dar comienzo su tradicional Festival de Primavera, Juventudes Musicales de Sevilla puso ayer tarde broche de oro a su programación en colaboración con el Teatro de la Maestranza, a través del ciclo Alternativas de cámara. Y lo hizo con muy buena nota, echando mano de un conjunto de raíces fundamentalmente levantinas, integrado por cinco estupendos solistas con una envidiable trayectoria a sus espaldas, a pesar de su evidente juventud. El pianista ceutí Álvaro Mur ya dio buenas muestras de su calidad técnica y artística en otro concierto auspiciado por la entidad sevillana hace exactamente cinco años, en plena pandemia, con la Sinfónica acompañándole en la sala principal del Maestranza.

En los atriles, dos monumentos indiscutibles de la música de cámara, separados por un siglo pero conectados por un lenguaje inequívocamente romántico, con las particularidades lógicas del paso del tiempo, evidentes en la página de Shostakóvich. Dos partituras henchidas de fuego y pasión, ideales para poner en práctica el ímpetu juvenil del conjunto, que extrajo de sus fuerzas y altas capacidades todo un arsenal de recursos tanto para complacer a un público generalista como a los paladares más exquisitos y exigentes.

El carácter crispado de Shostakóvich

El Quinteto Op. 57 de Shostakóvich, estrenado por el propio autor junto al Cuarteto Beethoven, el mismo que divulgó su amplio catálogo de cuartetos, mantiene en todo momento un regusto neoclásico y una visible admiración por la gramática bachiana. Mur arrancó con fuerza y decisión, empleándose ya a fondo con el extremo agudo del teclado, del que a menudo extrajo acordes deliberadamente estridentes, sin duda afines a la desesperada expresividad del autor, pero carentes de ese punto de discreción y sutileza con las que éste conducía su atronadora exasperación con cierto disimulo.

Ejemplares fueron las prestaciones de Sergey Maiboroda y Joan Andreu Bella a los violines, mientras Salomé Osca a la viola y Lourdes Kleykens al violonchelo, ejemplificaron a la perfección la alternancia de voces y sucesivos relevos que caracterizan el preludio. Kleykens llevó a cabo un trabajo carnoso y profundamente melodioso, mientras Osca impregnó de lirismo la página. Hubiéramos deseado una atmósfera más fantasmagórica al inicio de la inquietante fuga, no obstante se lograra entre todos y todas una concentración contrapuntística de intensa carga emocional.

Tras un agitado y ovacionado scherzo central, si acaso un pelín carente de ironía y mordacidad, la compenetración entre el piano y la cuerda continuó funcionando en el intermezzo, algo por debajo sin embargo de esa tensión y sensación de soledad que apunta. Sus continuos y extremos cambios de registro se hicieron más patentes en el juguetón final, una intensa y ardua alternancia de sonrisas y lágrimas que los intérpretes llevaron a buen puerto, aunque sin la crispación que demanda tan compleja y comprometida página.


La intensidad emocional de Schumann

La segunda propuesta de la tarde nos llevó a los orígenes del género, con el primer quinteto con piano considerado indiscutible obra maestra, el que compuso Schumann en un momento feliz de su vida, consagrado a su pasión por la música y su amor incondicional por su esposa Clara, a quien dedicó esta pieza en la que el piano tiene tanto protagonismo, con resortes casi concertantes. Esto implica que sólo un solista competente puede acercarse a ella con garantías de éxito, y Mur demostró que lo es, manteniéndose firme y entusiasta en su prácticamente ininterrumpida intervención.

La vitalidad del allegro inicial quedó manifiesta en la calidez y la intensidad emocional con la que el quinteto lo abordó, reflejando sus continuos cambios de ánimo de manera tan arrebatada como llena de ternura. El conjunto resolvió con brillantez su contenida marcha fúnebre, ahondando en su carácter trágico salpicado de puntuales y gozosos estallidos de esperanza, y manteniendo en todo momento una muy saludable homogeneidad de timbre.

También entre lo lírico y lo fogoso prosiguió el scherzo, hasta llegar a un allegro ma non troppo final síntesis de la gramática schumanniana que los cinco intérpretes entendieron a la perfección, logrando una sintonía y una uniformidad sólo al alcance de los conjuntos más maduros y experimentados.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 19 de mayo de 2026

MOVIDA CELESTIAL Hombre rico, hombre pobre y ángel conciliador

Título original: Good Fortune
USA 2025 98 min.
Guion y dirección
Aziz Ansani Fotografía Adam Newport-Berra Música Carter Burwell Intérpretes Aziz Ansani, Seth Rogen, Keanu Reeves, Keke Palmer, Sandra Oh, Erik Estrada Loaiza, Leo Gonzalez Estreno en el Festival de Toronto 6 septiembre 2025; en Estados Unidos 17 octubre 2025; en España 15 mayo 2026

Comediante, monologuista y creador de varias series en televisión y plataformas digitales, el estadounidense de origen indio Aziz Ansani debuta en la dirección de largometrajes mirando al cine clásico norteamericano, con peajes obligados en Frank Capra y Preston Sturges y una tradición que se remonta a Charles Dickens. Porque su primera comedia cinematográfica bebe del clásico intercambio de personalidades que apuntaba el escritor británico en Príncipe y mendigo, y que se pudo apreciar también en multitud de ocasiones en otros títulos señeros del cine hollywoodiense, como Entre pillos anda el juego de John Landis.

Pero es también un homenaje al Capra de ¡Qué bello es vivir! y al Sturges de Los viajes de Sullivan, proponiendo ese atractivo intercambio de fortunas provocado por la torpe intervención de un bienintencionado Clarence (ángel de la guarda), que Keanu Reeves interpreta con total solvencia y desinhibición, dando así un giro radical de registro tras sus icónicos personajes de John Wick y Neo. Le acompañan en la amable y complaciente aventura, no exenta de ironía y un punto de mala leche, el propio Ansani como perdedor cuyo notable esfuerzo laboral no causa rédito, y Seth Rogen como descarado ricachón cuya fortuna ha sido adquirida gracias a la ley del mínimo esfuerzo y ese talento supremo que sólo algunas personas tienen para oler el éxito.

Con estas premisas y ese toque sobrenatural que nos remonta al clásico de Capra, Ansani teje un cuento moral moderno, ágil, hábil y equilibrado, en el que destaca la vorágine del capitalismo, la necesidad de trabajar la solidaridad y la empatía, y sobre todo de valorar otros aspectos vitales que no consistan únicamente en la cosecha de fortuna material. Además, se permite algunas pautas sobre justicia social, sindicalismo laboral y lucha de clases, todo ello envuelto en un tono amale y distendido al que no es ajena la agradable y variopinta música de Carter Burwell, cuyos acordes parecen sentirse tan a gusto con la misión encomendada.

lunes, 18 de mayo de 2026

JUGADA MAESTRA Cuando al castigo lo llaman mujer

Título original: How to Make a Killing
Reino Unido-Francia 2026 105 min.
Guion y dirección
John Patton Ford, según el guion de Robert Hamer y John Dighton para “Kind Hearts and Coronets”, basado en la novela de Roy Horniman “Israel Rank” Fotografía Todd Banhazi Música Emile Mosseri Intérpretes Glen Powell, Margaret Qualley, Jessica Henwick, Ed Harris, Zach Woods, Topher Grace, Raff Law, Bill Camp, Nell Williams, Sean C. Michael Estreno en Estados Unidos 20 febrero 2026; en España 15 mayo 2026


El quinteto de la muerte
y Ocho sentencias de muerte son dos de los títulos más afamados de la productora británica Ealing en su época de esplendor, segunda mitad de los cuarenta y primera de los cincuenta del pasado siglo. De la primera, Ladykillers, los hermanos Coen hicieron un remake que no pasó la prueba de una calidad digna, y ahora es la productora A24, parapetándose en la categoría acuñada a lo largo de los últimos años, la que se atreve a poner al día la segunda, inspirada en una novela que dio lugar a una extravagante comedia negra que marcó en cierto modo el estilo de la productora británica. En ella, Alec Guinness interpretaba los ocho personajes a través de los cuales el protagonista, Dennis Price, se vengaba de su acaudalada familia y, de paso, se aseguraba una suntuosa herencia patrimonial y un noble linaje.

Han pasado setenta y siete años y no precisamente en balde. Lo que entonces valía y daba forma a una sátira sobre el poder y la decadencia de la aristocracia, echando mano de convenciones sólo creíbles en manos de los artesanos con el talento necesario, quiere ser ahora una crítica al capitalismo feroz. Le falta maldad y abusa del convencionalismo, de manera que muchos de sus episodios apenas se justifican, interpelando al conformismo del público.

Lo peor es que, a pesar de calcar narrativa y situaciones, acaba sustituyendo el castigo penal por el de la femme fatal, quizás confundiendo empoderamiento de la mujer con una imagen tópica que le lleva a ser la psicópata ideal para someter a su ambiguo protagonista a una cadena perpetua y moralizante. De esta forma, el conjunto acaba resultando bastante misógino, seguramente todo lo contrario de lo que pretende. Todo carece del mordiente y el tono justo, a pesar de lo cual contiene ingredientes para dejarse ver y entretener, ya sea su atractivo reparto o su escenario en la clase alta neoyorquina.

jueves, 14 de mayo de 2026

EL BESO DE LA MUJER ARAÑA Flojo remake musical

Título original: Kiss of the Spider Woman
USA 2025 128 min.
Guion y dirección
Bill Condon, según el musical Terrence McNally basado en la novela de Manuel Puig y la película de Héctor Babenco Fotografía Tobias A. Schliessler Música John Kander y Sam Davis Intérpretes Jennifer López, Diego Luna, Tonatiuh, Bruno Bichir, Josefina Scaglione, Aline Mayagoitia, Tony Dovolani, Lucila Gandolfo Estreno en el Festival de Sundance 26 enero 2025; en Estados Unidos 10 octubre 2025; en España 15 mayo 2026


El director brasileño Héctor Babenco dio el salto al cine estadounidense con una interesante adaptación de la novela de Manuel Puig El beso de la mujer araña, que le reportó a William Hurt su único Oscar al mejor actor, por su incorporación del homosexual Luis Molina, que comparte celda en una cárcel brasileña con el preso político de izquierdas, heterosexual y homófobo, Valentín Arregui. Babenco volvería a tener notoriedad en 2000 cuando dirigió Antes que anochezca, donde Javier Bardem incorporaba a Reinaldo Arenas, poeta y novelista cubano también marcado por su homosexualidad. En 1992, siete años después de la película, Harold Prince la convirtió en musical, con libreto de Terrence McNally y canciones del famoso tándem Johm Kander y Fred Ebb, autores de los musicales Cabaret y Chicago, así como de las canciones de la película de Scorsese New York, New York
Su traslación al cine se ha confiado en una autoridad en el género, Bill Condon, responsable de la sensacional Dreamgirls y de los guiones de Chicago y El gran showman. También lo fue de la versión humana del clásico de Disney La bella y la bestia, además de realizar algunos títulos memorables como Dioses y monstruos, donde dirigió a Ian McKellen, protagonista también de otros films de Condon, como Mr. Holmes o su última película hasta la fecha, La gran mentira.

Siguiendo las pautas del musical de Broadway, Condon ha intentado imprimir de glamour y fuerza este fallido trabajo que combina la miseria y degradación humana vivida en una prisión argentina durante los estertores de la dictadura, con la sofisticación colorista y escapista del cine musical norteamericano de los años cincuenta. En sus coreografías, su música, no tan inspirada como los títulos de Kander y Ebb aludidos, su vestuario y decorados, tan deudores de los musicales de la Metro Goldwyn Mayer y de iconos como Astaire, Kelly o Cyd Charisse, se denota un homenaje explícito al género, incluida la secuencia del salón de baile de Cantando bajo la lluvia.

Pero el conjunto no funciona, no presenta la cohesión necesaria ni la tensión dramática que demanda, mientras sus protagonistas, incluida una muy ilusionada Jennifer López, se limitan a coreografías sencillas y rutinarias que hacen añorar en exceso la época homenajeada. El resultado es una floja imitación y un desperdicio dramático en el que ni siquiera sus protagonistas consiguen eclipsar a los originales, Hurt, Raúl Juliá y Sonia Braga, sin ser aquella tampoco una película extraordinaria o indiscutiblmente memorable.

miércoles, 13 de mayo de 2026

LAS OVEJAS DETECTIVES Una simpática intriga bovina

Título original: The Sheep Detectives
Reino Unido-USA 2026 109 min.
Dirección
Kyle Balda Guion Craig Mazin, según la novela de Leonie Swann Fotografía George Steel Música Christophe Beck Intérpretes Hugh Jackman, Emma Thompson, Nicholas Braun, Nicholas Galitzine, Molly Gordon, Hong Chau, Tosin Cole, Kobna Holdbrook-Smith, Conleth Hill y las voces de Julia Louis-Dreyfus, Bryan Cranston, Patrick Stewart, Regina Hall, Chris O’Dowd, Bella Ramsey, Brett Goldstein y Rhys Darby Estreno en Reino Unido y España 8 mayo 2026

Lo que pudiera en principio parecer un cruce entre la traviesa Oveja Shaun y el tierno Babe, el cerdito valiente, acaba convirtiéndose en un producto atrevido y singular en el que más bien se mezclan hábilmente las novelas policiacas al más puro estilo de Agatha Christie con las fábulas bovinas con serios problemas de identidad. El resultado en un film en principio infantiloide que atrapa pronto gracias a su encanto puramente británico, una trama ingeniosa y un tratamiento dramático y estético a la altura de lo deseable. Lo mejor es el tratamiento dispensado a los animales, que lejos del disparatado planteamiento inicial, se comportan como auténticos personajes de su especie, con la única salvedad de comunicarse mediante el lenguaje verbal humano exclusivamente entre ellas, pero sin adoptar en ningún momento comportamientos humanos como estamos acostumbrados en manos de otras factorías. 
Su hábil aportación a la investigación llevada a cabo por un policía local en una de esas encantadoras aldeas de la campiña inglesa, se limita a proporcionarle los elementos y claves necesarios para que sea él quien resuelva el misterio, lográndose la credibilidad, e incluso la complicidad, de un material en origen tan endeble y delicado.

Con Hugh Jackman y Emma Thompson como reclamos publicitarios, es en realidad el menos popular pero con una larga carrera en el cine y la televisión a sus espaldas, Nicholas Braun, quien protagoniza la función, secundado por el cada vez más célebre Nicholas Galitzine (Rojo, blanco y sangre azul, la serie de televisión Mary & George, y la próxima a estrenarse He-Man y los masters del universo). El resto, las entrañables ovejas, sobresaliendo entre las voces originales la de Julia Louise-Dreyfus (Veep, Sobran las palabrascomo la inteligente y vispada Lily, evidencian su origen infográfico en exceso, pero se agradece ese tratamiento animalista, dispensado también en el sustrato e intencionalidad de la trama.

Por otro lado, el elenco de sospechosos habituales queda algo desaprovechado, quizás porque su metraje no permite tanto detalle, teniendo en cuenta todo el material dedicado al tratamiento de estos entrañables bovinos. Pero el resultado global es satisfactorio, entretenido y todo lo amable que cabe esperar de un producto de estas características. Tan apropiado para públicos infantiles como maduros hartos de tanta violencia y malos humos, a pesar del asesinato que origina la trama.

lunes, 11 de mayo de 2026

MÚSICA EN ESENCIA CON EL BARBERO DE PAISIELLO

Il Barbiere di Siviglia. Ópera cómica con música de Giovanni Paisiello. Libreto de Giuseppe Petrosellini, basado en “Le Barbier de Séville” de Pierre Beaumarchais. Lucas Macías, dirección musical. Orquesta Ciudad de Granada. Con Aitana Sanz, Santiago Ballerini, Pablo Ruiz, Dario Solari, Pietro Spagnoli, Luis Raspaqueso y Andrés Merino. Coproducción de la Orquesta Ciudad de Granada y el Teatro de la Maestranza. Teatro de la Maestranza, domingo 10 de mayo de 2026

Sanz, Solari, Ballerini, Macías, Ruiz, Spagnoli, Merino y Raspaqueso
Foto: Luis Pascual Alcaide

Liberadas de las a menudo caprichosas puestas en escena que tanto despistan y distraen de lo que verdaderamente importa, la música, estas versiones en concierto que de vez en cuando nos brindan los grandes coliseos, se convierten en pura delicia, especialmente si todo, lo estrictamente musical y lo puramente dramático, encaja tan a la perfección como lo hizo en esta excelente coproducción entre la Orquesta Ciudad de Granada y el Teatro de la Maestranza. Una colaboración posible quizás por la doble titularidad de Lucas Macías como director musical de la ROSS y artístico de la orquesta granadina, y que propició una doble función de este título del clasicismo, el pasado viernes en el Auditorio Manuel de Falla de la ciudad de la Alhambra y ayer en el teatro del Paseo Colón.

Hasta la comedia fue más inteligible y fácil de seguir despojada de esas puestas en escena aludidas, cuando son caprichosas, desconcertantes y desacertadas. Nos gustaría pensar que el lleno absoluto experimentado ayer tarde se debió al interés suscitado por esta versión alternativa de la comedia de Beaumarchais puesta en música, y no a que muchos y muchas esperasen escuchar el famoso Largo al factotum de Fígaro. El título de Paisiello triunfó durante años desde su estreno en el Teatro Imperial de la Corte de San Petersburgo en 1782, hasta que en 1816 lo eclipsara la celebrada ópera rossiniana.

Lucas Macías

Su interés rebasa sin embargo lo estrictamente coyuntural, entroncando mejor con Las bodas de Fígaro de Mozart, estrenada sólo cuatro años después. No cabe duda, escuchando esta deliciosa partitura, de lo mucho que debió influir en el genio de Salzburgo. Como prueba, ese Scorsi giá molti paesi de Fígaro que tanto debió influir en el catálogo de conquistas de Don Giovanni que entona Leporello. De hecho, Mozart compuso para El barbero de Paisiello, un aria alternativa de Rosina que parece nunca llegó a usarse.

Con idéntico libreto de Giuseppe Petrosellini, que prácticamente adopta el original de Beaumarchais, se conocen otras cinco óperas de diferentes autores, mientras el de Cesare Sterbini del que se sirve Rossini, reaparece en otros dos, sin contar los innumerables títulos que se basan directa o indirectamente en el popular personaje. Con estos precedentes, el interés por disfrutar de esta ópera, poco divulgada y escasamente grabada, estaba servido. Los resultados rebasaron las expectativas, y todo terminó siendo sensacional y exquisito.

Comedia y música perfectamente combinadas

La excelencia de la propuesta se dejó entrever ya desde la obertura, que Macías dirigió con especial atención al detalle y perfecto estilo clasicista, a lo que la orquesta se adaptó con un sonido terso y contenido, sin estridencias ni formas aristadas, haciendo acopio de una sutil musicalidad, pura elegancia, sin asperezas y unas dinámicas suaves y elegantes. Una constante que se mantuvo durante toda la representación, atendiendo con cuidado e inteligencia a las necesidades de las voces, y dejando clara la magnífica preparación y oportuna veteranía de la orquesta. Por cierto, todo un acierto que otra de las grandes orquestas andaluzas se hiciera eco en nuestra ciudad, algo que debería convertirse en costumbre para disfrutar de los otros conjuntos de la comunidad.

Dario Solari y Aitana Sanz

A esta delicia puramente instrumental se unió el excelente elenco vocal convocado, empezando por una Rosina de la valenciana Aitana Sanz que, si bien empezó exhibiendo una voz pequeña y con poca proyección, pronto se desdijo deslumbrando en sus arias, la de la carta, Giusto ciel, con la que culmina el primer acto (en realidad el segundo, aunque esta producción decidió refundir los actos de dos en dos), y la de la lección de canto del segundo (más bien tercero), Giá riede primavera. Ambos, y todas sus partes en duetto, terzetto, quintetto… entonadas con gusto exquisito y enorme sensibilidad, junto a un timbre dulce, diamantino, y un fraseo fluido en el que lucieron también puntuales ornamentaciones defendidas con extrema delicadeza.

El Conde de Almaviva se benefició también de un tenor en forma, el italo-argentino Santiago Ballerini, de holgada proyección, notable aplomo y sentido de la comicidad, así como tono robusto y aterciopelado. Cantó con exquisita sensibilidad Saper bramate, la cavatina popularizada por Kubrick en Barry Lyndon, arreglo mediante de Leonard Rosenman. Y nos regaló además uno de los momentos cómicos más logrados y sobresalientes, cuando se presenta disfrazado como Don Alonso al más puro estilo Jerry Lewis. Sensacional también el barítono uruguayo Dario Solari, que aunque manifestó algunos roces al inicio, se mostró prodigioso en ese repaso por la geografía española ya apuntado, y por extensión en todas sus intervenciones, haciendo alarde de una voz profunda y perfectamente entonada, legato impecable y fuerza vocal sin reservas.

Santiago Ballerini

Magníficas también las aportaciones del barítono onubense Pablo Ruiz, quizás sobreactuado como el doctor Bartolo pero estupendo a nivel canoro, evidenciando un control absoluto de la respiración y una facilidad absoluta para cambiar de registro y ornamentar a discreción. El romano Pietro Spagnoli dejó clara su veteranía y experiencia con El barbero de Rossini, extendiéndolo también a esta variante menos divulgada. Su aportación a Don Basilio, el profesor de música, quizás no estuvo henchida de matices, pero mantuvo esa dignidad y elegancia que se le presume, con un aria de la calumnia de auténtico lujo.

El resto, Luis Raspaqueso y Andrés Merino dando vida a los criados de Don Bartolo, estuvieron impecables en sus aportaciones, especialmente en sus divertidas recreaciones de bostezos y estornudos. Todo en armonía, fácil de seguir y presto a entretener, divertir y encandilar con una partitura exquisita recreada al máximo nivel de calidad y con la mayor de las satisfacciones posibles tanto para sus artífices como para el encandilado público.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía y en Ópera Actual

domingo, 10 de mayo de 2026

YO NO MORIRÉ DE AMOR Afrontar la adversidad cuando se es muy joven

España-Bélgica 2026 94 min.
Guion y dirección
Marta Matute Fotografía Sara Gallego Música Simon Fransquet Intérpretes Júlia Mascort, Sonia Almarcha, Tomás del Estal, Laura Weissmahr, Guillermo Benet, Marc Domingo, Daniel Guerro, Fran Cantos, Lorea Intxausti, Sonia Ocampo Estreno en el Festival de Málaga 11 marzo 2026; en salas 8 mayo 2026

Gran triunfadora, precisamente junto a Hangar rojo, de la última edición del Festival de Málaga, donde se alzó con la Biznaga de Oro y los premios de interpretación a la joven debutante Júlia Mascort y al veterano Tomás del Estal, el también debut de la directora madrileña Marta Matute parece basarse, al menos parcialmente, en experiencias propias, como suele ocurrir en óperas primas. Supone el ya habitual ejemplo de doble debut femenino, realizadora y actriz, al que nos tiene acostumbrados y acostumbradas el cine español de los últimos años. En esta ocasión, nos acercamos a través de un análisis quirúrgico y certero al día a día de una familia afectada por la enfermedad degenerativa de la madre, una suerte de mezcla entre alzheimer y parkinson que exige cuidados intensivos y vigilancia permanente. Pero lo hacemos desde la experiencia vital de la hija menor, apenas dieciocho años truncados por una conciencia que, percibimos, se debate entre su anhelo de vida y búsqueda de propia identidad, y esa huida desesperada de una realidad que le supera y trunca sus expectativas vitales y emocionales.

Matute nos cuenta todo esto con una madurez impropia de una primera película, sin subrayados ni necesidad de esa incontinencia verbal con la que otros y otras justifican comportamientos y ademanes. Aquí todo es sutil, dejando al espectador o espectadora que experimente su propia conexión con una realidad que, desgraciadamente, no nos es ajena, ya sea real o en potencia. Lo logra por supuesto con la colaboración fundamental de un cuarteto protagonista excepcional, desde la joven protagonista debutante al padre, prodigio de expresividad sólo con miradas y gestos, pasando por la hermana, una adecuadamente autoritaria Laura Weissmahr en su mejor papel desde aquel Salve María que le reportó el Goya a la mejor actriz revelación, y por supuesto una sensacional Sonia Almarcha que hace acopio de tópicos para, sin embargo, regalarnos una interpretación sincera y mimética que nos hace olvidar a la actriz que incorpora al personaje.

Matute dirige con contención, sin atisbo de sensacionalismo, aunque alguna reiteración dramática se va apoderando de una función que, dentro de su excepcionalidad, no llega a marcar tanto como pretende, si bien deja la huella suficiente como para preocuparnos y concienciarnos sobre una realidad de la que es difícil escapar, pero que con un soplo de esperanza y la ayuda especializada necesaria, irrenunciable y conveniente, se puede llegar a conciliar y superar, con amor, voluntad y, sobre todo, responsabilidad.

HANGAR ROJO En caída libre

Chile-Alemania-Italia 2026 81 min.
Dirección
Juan Pablo Sallato Guion Luis Emilio Guzmán Fotografía Diego Pequeño Música Alberto Micheli y Matteo Marrella Intérpretes Nicolás Zarate, Boris Quercia, Marcial Tagle, Catalina Stuardo, Aron Herenández, Renzo Fioretti, Taiu Braver Iosovich Estreno en el Festival de Berlín 13 febrero 2026; en España 8 mayo 2026

Nuestro país es el primero que saluda la vida comercial de una película que supone el debut en el largometraje de su director, Juan Pablo Sallato, con dos documentales y una serie de televisión a sus espaldas, y que ya fue reconocida en el Festival de Málaga con cuatro importantes premios, a su protagonista y al montaje, así como los del público y la crítica, tras estrenarse oficialmente un mes antes en el de Berlín. Hangar rojo ofrece una disección precisa y dura de aquel infame 11 de septiembre de 1973, cuando un golpe de estado militar acabó con el gobierno democrático de Salvador Allende. Una cinta que llega en el momento justo, cuando precisamente la democracia vive sus momentos más perversos y pervertidos, convirtiéndose paradójicamente en trampolín para el regreso de estos regímenes represores, negadores de derechos y realidades diversas, populistas y macarras. Se deja ver en su escueto y calculado desarrollo la injerencia estadounidense en unos episodios con los que avanzaron la cruzada anticomunista emprendida por el país de las supuestas libertades tras esa Segunda Guerra Mundial que tanto poder y popularidad les reportó, y que ojalá hubieran aprovechado en otra dirección mucho más moderada y humanista. Y se deja ver ahora también esa perversión democrática, perpetrada ahora a través del aparato publicitario que supone el cine, la televisión y los modos de vida imitados por un mundo en el que cada vez más se deja entrever la estulticia generalizada.

Con estos parámetros, Hangar rojo se revela como otro ejemplo necesario de advertencia y concienciación que, lamentablemente, sólo llega a quienes ya estamos advertidos y concienciados, pues poca utilidad tiene si no alcanza a ese público mayoritario emborregado y palomitero. Su discreta distribución lo demuestra, a pesar de los galardones y parabienes recibidos. Nuestro protagonista es un aviador militar que confiesa sentir una libertad absoluta cuando experimenta la caída libre que le proporciona el paracaidismo, pero que en el infernal día que le toca vivir, sólo puede experimentar otro tipo de caída libre, la de haber sido un día salvador del presidente chileno de un atentado, y sentirse obligado ahora a colaborar a regañadientes con un golpe que no comparte, y que tendrá sus consecuencias, relatadas en los títulos de crédito finales.

Un blanco y negro austero, una cámara pegada al protagonista y una puesta en escena precisa y contundente, potencian la escalada de asfixiante tensión que se va apoderando del público, al que por otro lado se le ahorran los horrores insoportables que se denotan del uso del sonido y el fondo desenfocado. Sólo cabe reprocharle algún desliz en el relato, fundamentalmente en detalles que bien podrían haberse pasado por alto. No podemos dejar de lado el excelente trabajo expresivo y gestual del pragmático e hierático protagonista, incluso del más caricaturesco pero necesario superior jerárquico, esa permanente amenaza para quienes disienten de su diabólica misión.

viernes, 8 de mayo de 2026

LA ROSS A LOS PIES DE UN PRODIGIOSO DANIEL LOZAKOVICH

Sinfónico 13. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Daniel Lozakovich, violín. Marc Albrecht, dirección. Programa: Concierto para violín y orquesta en Re mayor Op. 61, de Beethoven; Sinfonía nº 1 en do menor Op. 68, de Brahms. Teatro de la Maestranza, jueves 7 de mayo de 2026


Muchas veces nos preguntamos si el director de turno se pliega a las condiciones del solista, convirtiéndose éste en verdadero instructor de la interpretación, al que adaptarse la batuta y con ella la totalidad de la plantilla orquestal. En ocasiones como la de ayer se puede constatar esta particularidad, sobre todo cuando la forma de abordar una pieza y otra del programa es tan distinta, según haya o no participación del solista invitado.

Éste era en esta ocasión una estrella en su género, Daniel Lozakovich, un joven violinista de carrera fulgurante y características extraordinarias desde muy temprana edad, lo que le ha convertido en uno de los más solicitados por las más prestigiosas batutas y conjuntos. Nos complace tanto que la Sinfónica pueda contar con un nombre así en su temporada, que nos planteamos una y otra vez si la poca entusiasta reacción que provocó en nosotros responde a factores ajenos a una atenta escucha, la que sin duda brindamos a su particular comparecencia junto a la ROSS.

En el programa, dos partituras muy frecuentadas por ésta y otras orquestas en nuestra ciudad en los últimos quince años. El concierto de Beethoven lo interpretó Michael Barenboim junto a la West-Eastern Divan y su padre en 2019, mientras la OJA tuvo al alcalareño Javier Comesaña como solista en abril de 2024, sólo dos meses después de que Sergei Dogadin lo interpretara junto a la ROSS y Marc Soustrot.

Por su parte, la primera de Brahms ha sido interpretada hasta cuatro veces por la ROSS en este periplo, con Rodrigo Tomillo en febrero de 2021, Soustrot en 2022, John Axelrod en 2017 y un memorable Pedro Halffter en 2011. Además, la escuchamos con Oksana Lyniv y la Orquesta de la Fundación Barenboim-Saïd hace apenas año y medio, en un concierto en el que curiosamente el hijo de Daniel Barenboim interpretó el concierto de Mendelssohn.

Se trata sin embargo de dos piezas tan perfectas, magistrales, que no nos cansamos de disfrutarlas en casa o en compañía, con la estimulante sensación del directo, y esta vez el aliciente añadido de un comportamiento prácticamente ejemplar del público.

Una ambiciosa lectura del Concierto de Beethoven

Habitualmente considerado un soplo de felicidad y un poema amoroso, el de Beethoven sigue siendo hoy el más admirado de cuantos conciertos se han escrito para el violín, exigiendo altas dosis de virtuosismo y expresividad. Ambas condiciones las reúne de sobra el joven violinista sueco Daniel Lozakovich (el apellido le viene por su padre bielorruso), pero utilizadas acaso con ciertos aires caprichosos y un gusto estético que a nosotros nos ha parecido discutible.



Es cierto que nunca como en esta pieza la orquesta ha de plegarse ampliamente al discurso del solista, pero en esta ocasión encontramos incluso excesiva esa sumisión que acabó provocando nuestro desinterés en los dos amplios primeros movimientos, generándonos más dispersión que concentración. Ejemplares fueron las aportaciones de clarinetes y fagotes en el allegro inicial. Sin embargo, la aportación del violín miró más a su propio ensimismamiento que a potenciar la belleza melódica.

No podemos negar que el sonido se mantuvo siempre hermoso y homogéneo, marcando mucho las dinámicas y jugando continuamente con cambios impactantes de registro, además de manifestar un legato sin fisuras, aunque sin lograr transmitir ese sentimiento profundo y espiritual de los dos primeros movimientos. Las cadencias derrocharon energía de resortes zíngaros, frente al tono lánguido, demasiado delicado y ensimismado que imperó en el desarrollo de la pieza.

Lozakovich afrontó con acierto los arabescos entrecortados y los elocuentes silencios que salpican el larghetto, marcando sólo parcialmente su carácter de romanza. No atisbamos, sin embargo, esa atmósfera de felicidad e intensa poesía que demanda la partitura. En el rondó final apareció por fin el solista que no pretende sino sólo ejecuta, mostrando un contundente pulso atlético y mayor nivel de sinceridad, limitándose a cantar libre y desenfadadamente su agitada gramática.

A todo ello se plegó Albrecht con sumisa disposición, manteniendo un diálogo cómplice con el personal violinista que, a pesar de la entusiasta respuesta del público, se hizo de rogar para afrontar en la propina a Bach, con largas y muy meditadas frases.

Una Sinfonía de Brahms sólida y robusta


Nada que ver, a nuestro juicio, la manera de afrontar Beethoven con la de Brahms por parte del director alemán, que ya en 2019 nos deslumbró con su entusiasta forma de dirigir. Con la Sinfonía nº 1 de Brahms demostró tener muy claras las ideas, sin salirse del guion ni dejarse en los atriles ni una pizca de la exaltación y la robustez que acompaña esta sensacional partitura.

Sentimos especial debilidad por su tercer movimiento, un poco allegretto e grazioso, por motivos estrictamente personales. Si lo encontramos en su punto justo de luminosidad, con esa fragancia a aire fresco que lo caracteriza, quedamos completamente satisfechos. Y fue así como lo resolvió Albrecht. El resto, todo bien construido y asegurado, aunque la de ayer fue una de esas ocasiones en las que los metales no respondieron al máximo nivel, algo chillones y agresivos en el allegro inicial, con puntuales desajustes en el movimiento final.

El director optó por tempi rápidos, especialmente apreciable en el andante sostenuto, tan opuesto a la fórmula desplegada antes en Beethoven. No por ello sacrificó calidez  y refinamiento en este hermoso movimiento. El resultado global fue satisfactorio, sin grandes sorpresas ni alardes añadidos, con franqueza, sinceridad y ninguna intención de epatar. La solemnidad y la brillantez se hicieron paso en un allegro non troppo coronado con un intenso y efervescente final.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 7 de mayo de 2026

LA ZARZUELA MÁS PRIMIGENIA BRILLA CON DE FRUTOS Y RINCÓN

Rocío de Frutos, soprano. Miguel Rincón, cuerda pulsada. Programa: Entre mitos y afectos, un viaje por la Zarzuela Barroca (obras de Juan Hidalgo, Gaspar Sanz, Juan de Navas, Jean-Baptiste Lully, Sebastián Durón, Antonio Líteres y José de Nebra). Teatro Cajasol, miércoles 6 de mayo de 2026


Sólo la zarzuela generada a partir de la mitad del siglo XIX ha trascendido hasta nosotros, con los consabidos períodos de ostracismo que nos hicieron perder el contacto con ella. Pero el género se extiende más allá en el tiempo. Muchos han sido los intentos de reivindicar su trayectoria barroca, porque en este país, en materia de cultura, siempre andamos reivindicando, a falta de un saludable mantenimiento. Pero sólo hemos indagado en un barroco ya tardío, fundamentalmente del siglo XVIII, con José de Nebra como máximo exponente, a quien se han unido otros compositores como Antonio Rodríguez de Hita o Vicente Martín y Soler. Entre nuestras sopranos más reconocidas, María Bayo ha prestado especial atención a este repertorio, con grabaciones acompañadas de suntuosas orquestaciones en manos de conjuntos tan especializados como Al Ayre Español o Les Talens Lyriques.

Lo que los sevillanos Rocío de Frutos y Miguel Rincón nos trajeron ayer se desplazó más allá en el tiempo, a ese primer barroco apuntado, con especial parada en quien se considera precursor de la ópera en español y de la propia zarzuela, Juan Hidalgo. Lo hicieron de la mano de la Real Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría, en colaboración con la Fundación Cajasol y la Compañía Sevillana de Zarzuela, con su principal responsable, Javier Sánchez-Rivas, y el historiador y crítico musical Andrés Moreno Mengíbar, ambos académicos, ejerciendo como maestros de ceremonias.

El resultado fue una encantadora velada en la que los dos protagonistas parecieron sentirse tan volcados como cómodos, quizás por las tablas que ambos atesoran a sus espaldas y que les convierten en consumados artistas capaces de dar brillo a todo lo que se les ponga por delante. Esos primeros intentos de ópera a la española, música concebida para la escena a partir de textos de los autores más reputados del momento, Calderón de la Barca incluido, encontraron en Rocío de Frutos y Miguel Rincón el medio ideal de divulgación.


Un recorrido cronológico de Hidalgo a Nebra

Juan Hidalgo ocupó gran parte de la propuesta, prácticamente la mitad. El compositor y arpista madrileño fe un prolífico músico teatral, trabajó con Felipe IV, y le debemos un considerable número de obras destinadas a germinar en nuestro género lírico. Su obra, sin embargo, se perdió, como la de otros tantos autores, en el gran incendio del Real Alcázar de Madrid de 1734, por lo que haber podido contar con un suculento ramillete de sus composiciones podríamos considerarlo casi un milagro.

Su estilo fuertemente sincopado, con estribillos cíclicos, se dejó notar en el arranque, con un distendido y alegre Trompicábalas, de Los celos hacen estrellas, que Frutos cantó con esa finura que le caracteriza, un fraseo exquisito y una impecable vocalización, ideal para entender, aunque con dificultad por sus formas antiguas, el texto de Juan Vélez de Guevara. Contó para ello con el acompañamiento de lujo de Miguel Rincón, que sustituyó en el último momento al originalmente anunciado Aníbal Soriano, convaleciente por una dolencia puntual.

A partir de ahí, se sucedieron romanzas, si podemos denominar así a las arias de esta primera zarzuela barroca, que alternaron lo jocoso con lo amoroso y dramático, acuñando formas muy apreciadas e identificables para quienes estén familiarizados con el estilo imperante en la época en nuestro país, como jácaras, canarios y villancicos. Con Ay, amor, ay ausencia, de Contra el amor, desengaño, Rocío de Frutos desgranó todo su potencial dramático y expresivo, siempre bajo la atenta complicidad de su compañero, ahora ya sí felizmente entre nosotros y nosotras tras un largo periplo en el extranjero que le ha llevado a participar en algunos de los conjuntos más reputados europeos.

Precisamente, con Gaspar Sanz, Rincón brilló en solitario, añadiendo ornamentaciones propias, vivas y muy creativas a una deliciosa pavana que desgranó con deleite y mucho gusto, así como esos recurrentes canarios, tañidos a la guitarra barroca con sensacional sentido del ritmo, absoluta precisión en la digitación y un fraseo impecable, con una naturalidad que sin embargo no ocultó las complejas dificultades de ambas obras. En otras piezas, Rincón acompañó a la soprano sevillana con el archilaúd, ideal para mecer y dulcificar la voz sin eclipsarla.


Boccherini y Lully, infiltrados

Otra pieza de Hidalgo, Ay que sí, ay que no, de una de esas zarzuelas mitológicas que abundaban en la época, El templo de Palas, con libreto de Francisco de Avellaneda, y el delicioso Sé que me muero de amor, de El burgués gentilhombre de Lully según Molière, como ejemplo de otras comedias musicales extra ibéricas, encumbraron el género con el buen hacer y la implicación total de ambos artistas, muy compenetrados en todo momento.

Sebastián Durón y Antonio de Líteres representaron lo mejor en música escénica a finales del siglo XVII. De quien fuera organista de la Catedral de Sevilla, se interpretaron dos piezas, con especial hincapié en un Sosieguen, descansen, de Salir el amor del mundo, el primer libreto de un habitual en el género, José de Cañizares. Frutos lo cantó con extraordinaria fuerza expresiva y unas muy delicadas ornamentaciones, dejando claro cómo Durón introdujo el recitativo italiano en nuestro género. De Líteres cantó con igual ahínco y entusiasmo Confiado jilguerillo, de Acis y Galatea, quizás reconocible para quienes conozcan el arreglo que Felipe Pedrell hizo para voz y piano.

Con José de Nebra, el gran exponente de la zarzuela en la primer mitad del siglo XVIII, con más de veinte títulos en su catálogo, y su tormentosa Tempestad, de Vendado es amor, no ciego, terminó un recorrido que se extendió en la consabida propina con Boccherini y una divertida pieza enriquecida con singulares improperios de la época, como botarate, que hicieron las delicias de un público encantado. A destacar las sutiles transiciones entre pieza y pieza, formando bloques que hoy denominaríamos medleys, y las exquisitas reducciones a las que fueron sometidas algunas de las piezas más avanzadas, pues las primeras, destinadas a la Corte, se hacían acompañar sólo de bajo.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía