lunes, 2 de febrero de 2026

LES ARTS PRESENTA UN ONEGUIN TRÁGICO PERO DONJUANESCO

Eugenio Oneguin. Escenas líricas en tres actos de Piotr Ilich Chaikovski. Libreto de Konstatin Shilovski y Piotr Ilich Chaikovski, según la novela de Alexánder Pushkin. Timur Zangiev, dirección musical. Laurent Pelly, dirección escénica. Massimo Troncanetti, escenografía. Laurent Pelly y Jean-Jacques Delmotte, vestuario. Marco Giusti, iluminación. Lionel Hoche, coreografía. Con Corinne Winters, Mattia Olivieri, Dmitry Korchak, Ksenia Dudnikova, Alison Kattlewell, Margarita Nekrasova, Giorgi Manoshvili, Mark Milhofer, Xavier Galán, Agshin Khudaverdiyev y Filipp Modestov. Coro de la Generalitat Valenciana (Jordi Blanch Tordera, director). Orquesta de la Generalitat Valenciana. Coproducción de La Monnaie/De Munt de Bruselas y la Royal Danish Opera de Copenhague. Les Arts de Valencia, domingo 1 de febrero de 2026


Largamente ausente de la escena sevillana, nos acercamos a Valencia para disfrutar con uno de los títulos que nos descubrieron la música clásica siendo apenas un niño, cuando escuchaba la Polonesa de Eugene Oneguin en un disco de Stokowski que tenía mi padre. La producción que se ha podido ver en cinco funciones en Les Arts hasta ayer mismo, corrió a cargo de Laurente Pelly, bien conocido del público maestrante gracias a dos títulos de Donizetti, La hija del regimiento y Don Pasquale, y que en un par de semanas estrenará en nuestra ciudad El sueño de una noche de verano, de Britten. Pero ahí no acaban las coincidencias, pues Mark Milhofer, el tenor británico que da vida a Triquet en esta producción de La Monnaie y Danish Opera, interpretó a Peter Sears en el evento lírico presentado por Rafael Villalobos el pasado miércoles en el Espacio Turina, simultaneando este trabajo con su breve aportación al título de Chaikovski.


El autor sintetizó en apenas tres episodios de la novela de Pushkin toda la esencia de la misma, sin dejarse atrás apenas detalles argumentales ni traicionar su espíritu ni literatura. El resultado fue un fascinante retrato, entre melancólico y perturbador, de un dandy sin horizonte ni ilusión en la vida, un perfecto perezoso incapaz de acometer empresa sentimental ni profesional alguna, anclado en el dolce far niente como filosofía de vida y desprecio hacia la de los demás. Esto no es óbice para sentir una profunda y gozosa amistad hacia su vecino Lenski, y ser capaz de albergar sentimientos nobles y sinceros hacia la mujer a la que desprecia por no traicionar los principios aludidos. No es por lo tanto el Don Juan que nos pareció apreciar en esta concepción de Pelly. Recuperamos unos días antes el film que protagonizó Ralph Fiennes a las órdenes de su hermana Marthe en 1998, donde sí se aprecia ese carácter apático y desilusionado del personaje. Por cierto, una adaptación muy fiel y recomendable de este clásico de la literatura rusa, que se benefició de una puesta en escena preciosista que potenciaba la carga melancólica del original.  

Del director de escena francés destacamos sin embargo su habilidad para mover personajes por una escena concebida a partir de una enorme economía de medios, a la vez que dinámica y hábil para lograr la agilidad dramática que persigue. Una de las más populares y logradas óperas de Chaikovski, junto a La dama de picas e Iolanta, se benefició así del talento de este director para crear espacios minimalistas pero muy elocuentes.

La plataforma elevada y giratoria en la que se desarrollan los dos primeros actos, con un ala elevadiza que proporciona cierto aspecto conceptual, entre represivo y carcelario, de los sentimientos en liza, sirve de escenario en el que las dos parejas protagonistas luchan por sus propósitos, mientras el pueblo danza según la sencilla coreografía diseñada para que los y las integrantes del coro luzcan sus aptitudes para la danza. Especialmente inspirada fue la escena en la que tras escribir su declaración de amor, a Tatiana se le aparece Oneguin conforme la plataforma vuelve a su posición de origen.

Un fondo nocturno y nublado, y una acertada iluminación destinada a destacar el drama y la intervención de cada personaje, logran un acertado trabajo teatral, sólo lastrado por la dificultad apreciada en las voces cuando se alejaban hacia el profundo y desafiante interior de la propuesta. Con todo, echamos de menos ese tono entre melancólico y patético que ha acompañado a otras adaptaciones de la ópera. El colorista vestuario, especialmente destacado en el tercer y sofisticado acto, nos lleva a principios del siglo XX, haciendo que episodios como el del duelo resulten anacrónicos.


La soprano estadounidense Corinne Winters cumplió con corrección el cometido de incorporar a Tatiana, auténtica protagonista de la función, ejemplo de mujer determinada y decidida, fuerte en sus convicciones e irreductible en lo moral. Su escena de la carta, auténtica piedra angular de la ópera, la resolvió con sensibilidad y capacidad reflexiva, tan dúctil y flexible en lo vocal como sentimental en lo meramente expresivo. Formado entre otros espacios en el programa de perfeccionamiento del propio Les Arts, el barítono Mattia Olivieri supo plegarse a las directrices escénicas, demostrando un gran potencial, excelente proyección y voz bien timbrada. Lástima que, al contrario que algunos de sus compañeros de reparto, no tenga un aria destacada en toda la función.

Sí la tiene Lenski, que en la voz y la interpretación de Dmitry Korchak encontró un medio perfecto, especialmente apreciable en su aria del segundo acto, la preciosa Kuda, kuda, vi udalilis, que entonó con buen gusto y sobrada sensibilidad. También Mark Milhofer, innecesaria y grotescamente caracterizado, defendió con gracia y ahínco el Couplet de Triquet. Destacó sobremanera la voz potente y poderosa del bajo georgiano Giorgi Manoshvili como Príncipe Gremin, que lució sus aptitudes en el tercer acto. Por su parte, a Alison Kettlewell costó oírla en más de una ocasión, en parte por la profundidad de campo, en parte por la dirección orquestal, poco cuidadosa en estos menesteres, y sobre todo por posible pérdida de facultades.


Mejor resultó, aunque siempre desde una desmedida sobreactuación destinada a acentuar el carácter alegre y optimista de Olga, la aportación en lo musical de Ksenia Dudnikova, así como las dilatadas intervenciones de la veterana Margarita Nekrasova, correcta en lo vocal, esforzada en lo dramático. La dirección de Timur Zangiev, especializado en un título que ha dirigido en innumerables ocasiones, resultó algo más tosca de lo deseable, como buscando siempre el forte, sin detenerse en las delicadezas de una partitura generosa en ellas. Pero la orquesta respondió como siempre, con una impecable técnica y un sonido compacto al que quizás una mejor acústica hubiera añadido el complemento aterciopelado que echamos en falta. Quedamos muy satisfechos con la aludida y entrañable Polonesa con la que arranca el tercer acto, y con el trabajo extraordinario del coro, bailes incluidos.

Últimas tres fotografías: Miguel Lorenzo-Mikel Ponce (Les Arts)

MARTY SUPREME Vender zapatos a un cojo

USA 2026 149 min.
Dirección
Joshua Safdie Guion Ronald Bronstein y Joshua Safdie Fotografía Darius Khondji Música Daniel Lopatin Intérpretes Timothée Chalamet, Gwyneth Paltrow, Odessa A’zion, Kevin O’Leary, Abel Ferrara, Tyler Okonma, Fran Drescher, Larry “Ratso” Sloman, Luke Manley, Géza Röhrig, Koto Kawaguchi, Sandra Bernhard Estreno en Estados Unidos 25 diciembre 2025; en España 30 diciembre 2026

La habilidad estadounidense para venderlo todo, incluido un film sobre ping pong, se resume en una secuencia de esta película, cuando el tío del protagonista admira su capacidad para vender zapatos incluso a una persona sin piernas. Inspirándose en la biografía del supuestamente legendario jugador de ping pong Marty Reisman, Joshua Safdie se independiza de su hermano Ben tras un sinfín de cortometrajes, algún documental y cuatro largos de ficción entre los que destaca Diamantes en bruto, a mayor gloria de Adam Sandler. Y consigue los mayores laureles, muchos más que su hermano con la valiosa The Smashing Machine, otro biopic con deporte como trasfondo, con esta mastodóntica recreación del Nueva York de los años cincuenta del pasado siglo. Allí acontece la mayor parte de las andanzas de un buscavidas con tanta energía y fe como la desplegada por el propio realizador y su generoso equipo técnico y artístico. 
El resultado es una carrera sin tregua ni fin hacia la previsible gloria, jalonada de zancadillas, episodios donde reina la mala suerte y la acción violenta, siempre echando mano de ese tono de comedia que dulcifique el paquete y logre el entretenimiento perfecto. A todo lo cual se presta Timothée Chalamet con decisión y una energía inusitada, mientras a su alrededor se teje todo un ejército de estupendos secundarios, entre los que destaca la siempre atractiva Gwyneth Paltrow.

Corrupción policial, miseria, picaresca, éxito empresarial y decadencia artística se dan la mano en un puzzle tan ingenioso como extenuante, lo que a muchos y muchas puede atraer y convencer, mientras los demás podemos acabar algo hastiados. Su magnífica reconstrucción histórica, incluyendo ese Japón vencido en busca de la exaltación patriótica, es uno de sus principales atractivos. A ello hay que añadir el excelente trabajo de prácticamente todo el reparto, y una curiosa banda sonora anacrónica en la que los sonidos ochenteros del compositor Daniel Lopatin se mezclan con canciones en su mayoría también de esa época.

Junto a todo esto, hay que reconocer la inventiva de sus guionistas para someter a su protagonista a tantas desventuras propias de un buscavidas incansable e insaciable, con una determinación que Chalamet logra transmitir con considerable acierto. Del libreto son responsables el propio director y Ronald Bronstein, hermano de Mary Bronstein, en cuya película Yeats participaron los Safdie como actores hace casi veinte años, y que actualmente tiene en pantalla Si pudiera, te daría una patada, por la que Rose Byrne opta a un Oscar a la mejor actriz, tras ganar el Globo de Oro en la categoría de comedia o musical. Por su parte, Chalamet ganó el de mejor actor en la misma categoría, y opta al Oscar al mejor actor, de entre las nueve nominaciones al Oscar y once al Bafta que atesora la película.

SEND HELP (ENVIAD AYUDA) Venganza y superviencia con toque Raimi

Título original: Send Help
USA 2026 113 min.
Dirección
Sam Raimi Guion Damian Shannon y Mark Swift Fotografía Bill Pope Música Danny Elfman Intérpretes Rachel McAdams, Dylan O’Brien, Edyll Ismail, Dennis Haysbert, Xavier Samuel, Chris Pang, Thaneth Xarakulnukroh Estreno 30 diciembre 2026

Quienes despreciamos los programas de supervivencia en islas desiertas que pueblan la televisión, hemos descubierto su utilidad con la última propuesta de Sam Raimi. En ella una oficinista tan friqui y descuidada como hábil e inteligente para las cuentas y los laberintos burocráticos, demuestra su conocimiento del medio cuando queda varada en una isla tailandesa junto a su impresentable jefe, víctima de las apariencias por encima del verdadero talento, como consecuencia de un aparatoso accidente aéreo, revertiendo las relaciones de poder entrambos.

Raimi nos ha hecho disfrutar mucho con su concepto del cine como gran espectáculo destinado tanto a hacer reír como a provocar náusea, a través de una genial combinación entre terror, fantasía y humor a menudo escabroso. Así pudimos comprobarlo en la lejana Ola de crímenes y sobre todo en Posesión infernal y sus dos secuelas, así como en la sensacional Arrástrame al infierno. Pero en su dilatada carrera apenas han quedado géneros que tratar, desde el western (Rápida y mortal) al thriller al estilo de los Coen (Un plan sencillo), pasando por el melodrama romántico y deportivo (Entre el amor y el juego), el cuento infantil (Oz, un mundo de fantasía), el misterio paranormal (Premonición), y sobre todo los súper héroes (Darkman, la trilogía de Spiderman que protagonizó Tobey Maguire y Doctor Strange en el multiverso de la locura). En Enviad ayuda vuelve a su género favorito, el terror esperpéntico y grotesco, con apenas dos protagonistas, la todo terreno Rachel McAdams y el joven Dylan O’Brien (El corredor del laberinto), y una serie de secundarios y secundarias con intervenciones minúsculas, de entre los que se nos ha escapado el cameo de Bruce Campbell, estrella de Posesión infernal y sus secuelas, que aquí parece intervenir sólo en forma de fotografía.

Pero lo que comienza muy bien, demostrando que cuando hablamos de diversidad también hemos de incluir aquellas personas que no se adaptan a los cánones convencionales, aunque no difieran de nuestra raza y condición y no aparenten capacidades distintas, alberga en su tramo final algunos giros de guion inaceptables e innecesarios, malogrando las posibilidades de un inteligente ajuste de cuentas. Por el camino, presenciamos algún detalle decididamente gore y ese toque esperpéntico que tan bien maneja su veterano director. El compositor que más veces a colaborado con Raimi, Danny Elfman, firma una estupenda banda sonora, tema principal inspirado incluido.

AÍDA Y VUELTA Otro acierto de un cómico con talento

España 2026 98 min.
Dirección
Paco León Guion Paco León, Fer Pérez y Henar Álvarez Fotografía Kiko de la Rica Música Lucas Vidal Intérpretes Carmen Machi, Paco León, Mariaño Peña, Miren Ibarguren, Marisol Ayuso, Pepe Viyuela, Eduardo Casanova, Melani Olivares, David Castillo, Canco Rodríguez, Secun de la Rosa, Pepa Rus, Óscar Reyes, Emilio Gavira Estreno 30 diciembre 2026

Paco León
tiene sin duda un don para lograr hacer cine de humor grueso sin herir sensibilidades (las dos Carminas), y seguir por esa misma senda demostrando dominar también cierto aire de sofisticación (Kiki, el amor se hace). Con el único batacazo de Rainbow, su discutible y ambiciosa aproximación al mundo de Oz, León ha sabido compaginar una exitosa carrera como actor de comedia con un talento natural para dirigir con el mismo e incluso superior acierto, comedias desternillantes que logran el beneplácito de público y crítica.

No lo tenía fácil para resucitar el universo de la serie de Mediapro Aída, a su vez un spin off de Siete vidas. Había que satisfacer a su público incondicional, pero también atraer a nuevos públicos capaces de comulgar con una serie a la que quizás no le prestamos atención por su habitual chabacanería, lo que nos hacía echar de menos la serie de la que partía, esas Siete vidas mencionadas. Pero lo ha logrado, concitando el aplauso de quienes siguieron la serie y el de quienes no sintonizamos con ella, gracias a un film decididamente divertido, lleno de ritmo y acción, en el que con el pretexto de rodar un capítulo de la serie, que podría ser el último después de haberse emitido en la ficción ininterrumpidamente desde su estreno en 2005, todos y todas las protagonistas se interpretan a sí mismas y a los personajes a los que dieron vida durante varias temporadas.

De la alternancia entre la trama contada en ese episodio, que quienes esperan hasta el final de los títulos créditos pueden disfrutar a través del enlace que contiene un qr facilitado para ello, y las peripecias personales de algunos de sus personajes más emblemáticos, surge una comedia impecable, con la habilidad de León para hacer que incluso lo políticamente incorrecto suene inofensivo. A la empresa se ha prestado prácticamente el elenco completo de la serie, salvo Ana Polvorosa, mientras cameos como los de Bárbara Lennie o las voces de Isabel Coixet y Angels Barceló, potencian los generosos atractivos de una película altamente recomendable.