viernes, 10 de enero de 2020

EL CASCANUECES DE LOS PRODIGIOS

Ballet El Cascanueces de Pyotr Il’yich Tchaikovsky. Compañía Nacional de Danza. Joaquín de Luz, director artístico. José Carlos Martínez, coreografía y dirección escénica. Mónica Boromello, escenografía. Iñaki Cobos, vestuario. Olga García Sánchez, iluminación. Manuel Coves, dirección musical. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Principales Intérpretes: Cristina Casa, Ángel García Molinero, Ion Agirretxe, Haruhi Otani, Alessandro Riga. Teatro de la Maestranza, jueves 9 de enero de 2020

Magia por los cuatro costados es lo que desprendió anoche este montaje de El Cascanueces. Tiene mucho mérito, porque la Compañía Nacional de Danza no es precisamente especialista en poner en escena ballets clásicos e imperiales. Durante mucho tiempo se ha dedicado a la vanguardia, el ballet contemporáneo y el llamado neoclásico, para solo en los últimos años entrar en el campo de los grandes ballets clásicos y presentar sus propias propuestas sobre los títulos archiconocidos del repertorio. Si hace un par de temporadas nos sorprendieron gratamente con su Don Quijote, ahora nos han convencido definitivamente con esta sensacional versión del célebre ballet de Chaikovski, de la mano de su anterior director artístico José Carlos Martínez, todavía disfrutando de las mieles que le ha reportado ser el primer coreógrafo español encargado de los ballets del Concierto de Año Nuevo vienés, y que es el responsable en este título de su espléndida coreografía y dirección escénica.
Magia desde el primer momento, con una Sinfónica describiendo de manera tan sutil como precisa su Obertura, bajo la muy lúcida batuta de Manuel Coves, que ya sabe lo que es dirigir esta magnífica formación tras su paso en 2015 con ese Don Quijote apuntado. A continuación todo un alarde de refinamiento y exquisitez con esa celebración navideña burguesa, esta vez adelantada unos años hasta principios del siglo XX, lo que da pie a un maravilloso vestuario y una portentosa dirección escénica capaz de ensamblar todos los personajes y situaciones que se dan cita en el escenario sin caer por ello en el caos ni el desorden. Muy al contrario, tan calculado y elegante que casi podíamos sumergirnos en esa fiesta como si sus invitados estuvieran realmente celebrándolo, incluidos los muy disciplinados niños y niñas del Conservatorio Nacional de Danza de Sevilla “Antonio Ruiz Soler”. Y eso que la escenografía es muy escueta, casi minimalista pero muy efectiva, apoyada en grandes bolas doradas y una expresiva iluminación como principales baluartes. Todo perfecto y delicado, entre danzas de sociedad perfectamente coordinadas, travesuras de niños y conversaciones copa en mano de los refinadísimos invitados y anfitriones. Un magnífico comienzo rematado con sorprendentes trucos de magia de la mano de un muy bien adiestrado Ion Agirretxe como Drosselmeyer. Más magia hasta llegar al muy controlado y ejemplarmente avituallado ataque de los ratones y el primer paso a dos entre Clara, de nuevo Cristina Casa, Dulcinea en Don Quijote, y el Cascanueces, interpretado por quien fuera joven promesa de la compañía, hoy reconvertido en talento gimnástico Ángel García Molinero, bailado de forma tan ejemplar técnicamente como romántica a nivel expresivo, y que sirvió a la pareja para promocionar un día antes el espectáculo en el centro histórico de la ciudad. Aquí tuvo mucho que ver el emocionante trabajo de la ROSS y Coves, con crescendi apabullantes y un sentido de la emoción más que evidente. El primer acto se cerró con la intervención vocal y angelical, perfectamente entonados y precisos, de los niños y niñas de la Escolanía de Tomares, y la perfecta sincronización de las bailarinas en la danza de los copos ya en el reino de las nieves.
Más centrado en la danza que en la narrativa, el segundo acto estuvo también marcado por una lectura prodigiosa de la partitura, sin estridencias ni siquiera en el aparatoso Trepak ruso, y siempre con la elegancia y la sutileza extremas como bandera. Y aquí hicieron presencia las estupendas prestaciones del ballet español de Antonio Pérez, la sensualidad de Erez Illan, que en el primer acto fue un flexible arlequín, en la danza árabe, la más perjudicada por el terrorismo acústico del público del Maestranza, o la magnífica danza china de Giulia Paris, que en el acto anterior incorporó a una increíblemente rígida Colombina digna de Hoffman, sin olvidar la enérgica daza rusa de Juan José Carazo, Miquel Lozano y Anthony Piña, hasta desembocar en otro gran número coral, el precioso Vals de las flores comandado por la otra gran pareja artística de la noche, integrada por Haruchi Otani como Hada Azúcar y la primera figura de la compañía, Alessandro Riga, ambos portentosos también en sus dinámicas piruetas y vuelos prodigiosos, especialmente en los pasos a dos finales que la orquesta recreó de forma absolutamente majestuosa. Al llegar al vals del gran final todos y todas estábamos encantados y lo manifestamos con muy efusivas y merecidas ovaciones, dejando claro que este Cascanueces supera con creces al ofrecido hace cinco años en este mismo espacio por el Ballet Nacional de Estonia.

miércoles, 8 de enero de 2020

LOS DOS PAPAS Desaprovechada radiografía de la Iglesia Católica

Título original: The Two Popes
Reino Unido-Italia-Argentina-USA 2019 126 min.
Dirección Fernando Meirelles Guion Anthony McCarten Fotografía César Charlone Música Bryce Dessner Intérpretes Jonathan Pryce, Anthony Hopkins, Juan Minujín, Cristina Banegas, Sidney Cole, Luis Gnecco, Federico Torre, María Ucedo Estreno en el Festival de Toronto 9 septiembre 2019; en Internet 20 diciembre 2019

Hacer que una canción de Zarah Leander suene al piano de forma tan similar a un tango da idea de por dónde van los tiros en esta película dirigida por el realizador de Ciudad de Dios y El jardinero fiel y escrita por el autor de las exitosas La teoría del todo, El instante más oscuro y Bohemian Rhapsody. Se trata ciertamente de retratar a dos personajes en principio tan antagónicos como Joseph Ratzinger y Jorge Bergoglio de forma que acerquen más sus posiciones que realmente alejarlos como consta en el acervo popular. Un hipotético encuentro entre ambos mandatarios de la Iglesia, cuando el primero aún ejercía como Papa Benedicto XVI y el segundo era Cardenal de Buenos Aires antes de convertirse en el Papa Francisco, es la base argumental de esta vistosa producción en la que Jonathan Pryce, convenientemente doblado al castellano con acento porteño cuando las circunstancias lo exigen, y Anthony Hopkins dan una auténtica lección de interpretación, prácticamente el mayor mérito y acierto de esta lamentablemente tímida película.

Tímida porque desaprovecha la oportunidad de tejer un auténtico análisis de la situación actual de la Iglesia, destapar con convicción y valentía las miserias de esta institución arcaica y arremeter contra sus numerosas injusticias y mezquindades, sin por ello dejar de celebrar sus posibles aciertos y no caer en el descrédito gratuito. La cinta se centra en el personaje argentino, de quien recorre su vida desde joven con distintas texturas según la época, dentro de un acabado estético luminoso y suntuoso. Retrata su inquietud por la situación de los más desfavorecidos y por un lavado de cara de una Iglesia anquilosada en la que tengan cabida colectivos vulnerables y una aparente mayor tolerancia, hasta que en cierto punto da un golpe de efecto que refleja también sus miserias y manifiesta así claramente la distinción entre lo divino y lo humano a la que tan proclive son estas producciones sobre el Catolicismo. Ratzinger por el contrario apenas es tratado más allá de su preocupación por los vertidos sobre el funcionamiento irregular de la banca del Vaticano y los abusos sexuales cometidos por sacerdotes, todo de forma decepcionante y superficial. Supuestamente son éstas las razones que le hacen renunciar como prelado y convertir a Bergoglio en su presunto favorito, después de que éste quedara posiblemente segundo en las votaciones ganadas por el primero en el anterior cónclave, un dato que el film utiliza como mera conjetura dado el secretismo de la Iglesia en ésta como en otras numerosas lides. 

La energía que desprende la película, gracias también a una variada y atractiva banda sonora, su luminosa fotografía y asombrosos paisajes, desde el lujo del Vaticano y la residencia de verano del Papa a los grandes parajes argentinos retratados como si fueran la puerta de la eternidad, y sobre todo las estupendas interpretaciones de su pareja protagonista, una suerte de extraña pareja que se atreve incluso a bailar pegados, son los alicientes de esta esmerada pero desaprovechada película.

YO SOY DOLEMITE El Bowfinger del Blaxploitation

Título original: My Name Is Dolemite
USA 2019 118 min.
Dirección Craig Brewer Guion Scott Alexander y Larry Karaszewski Fotografía Eric Steelberg Música Scott Bomar Intérpretes Eddie Murphy, Keegan-Michael Key, Mike Epps, Craig Robinson, Tituss Burgess, Da’Vine Joy Randolph, Kodi Smit-McPhee, Snoop Dog, Ron Cephas Jones, Barry Shabaka Henley, T. I., Lunell, Tasha Smith, Wesley Snipes, Chris Rock Estreno en el Festival de Toronto 7 septiembre 2019; en Internet 25 octubre 2019

Ocurre a menudo que las parodias que se realizan hoy sobre géneros cinematográficos del pasado pecan de exceso de recursos, de forma que acaban resultando más lujosas y mejor acabadas que sus referentes, lo que no deja de ser un contrasentido cuando se trata de rememorar un estilo y forma de hacer que entonces se resolvía con cuatro billetes. El Blaxploitation de los setenta del siglo pasado englobó cine, música y otras artes, siempre reivindicando a la población afroamericana, sus inquietudes e intereses dentro de un mundo dominado por la violencia y la acción. Dentro de él se integraron diversos géneros, entre los que encontramos la comedia de acción a la que se plegó Rudy Ray Moore, un cómico y músico al que apodaron El padrino del Rap por sus canciones habladas y plagadas de obscenidades.
 
A mitad de la década decidió hacer cine e inventó un personaje de proxeneta al que llamó Dolemite. Craig Brewer, que a su modo ha cultivado el género pero con los aires del nuevo siglo en títulos como Hustle & Flow o Black Snake Moan, se encarga en esta cinta de parodiar las andanzas de Moore y su troupe de cineastas aficionados mientras ruedan con más ingenio que recursos la primera de las tres películas decidadas a tan controvertido personaje. La empresa recuerda a la que perpetró Tim Burton a propósito de Ed Wood, y más aún a la de Frank Oz y su Bowfinger, donde Steve Martin compartía cartel precisamente con Eddie Murphy. No va más allá de la mera anécdota, discretamente interesante para quienes no vivimos la época ni el fenómeno en su salsa, y con una rutinaria comicidad ahogada por una puesta en escena feroz y colorista en la que destaca su divertido vestuario. Murphy, que prepara la segunda parte de El príncipe de Zamunda con este mismo director, se mete en la piel de Moore con dedicación y esfuerzo, mientras en el resto del elenco destaca Da’Vine Joy Randolph y las apariciones de Wesley Snipes y Chris Rock. No hay mucho más en esta simpática producción estrenada directamente en Netflix.
 

domingo, 5 de enero de 2020

HERAS-CASADO FRENTE A UN PROYECTO TITÁNICO

Concierto extraordinario de la Orquesta Joven de Andalucía y la Fundación Barenboim-Said. Pablo Heras-Casado, director. Programa: Suite de El Cascanueces, de Chaikovski; Sinfonía nº 1 en Re Mayor “Titán”, de Mahler. Teatro de la Maestranza, sábado 4 de enero de 2020

Heras-Casado frente a un proyecto titánico Pablo Heras-Casado debuta en el Maestranza apadrinando un proyecto de música y vida que saluda la nueva década con la fuerza y la ilusión de la juventud Nada mejor para empezar el año, tras el obligado saludo musical de nuestra Sinfónica del día anterior, que con la esperanza y la ilusión que representa la juventud, y esa encendida admiración que desde ya hace tantos años provocan quienes se convirtieron en artífices de una eclosión inédita en nuestra tierra, la de la excelencia musical repartida por todo el mundo. Con nuestras instituciones públicas de distinto signo político por una vez colaborando, jovencísimos intérpretes de toda Andalucía se dieron la mano en un multitudinario concierto sinfónico a través de la Orquesta Joven de Andalucía y la Academia de Estudios Orquestales de la Fundación Barenboim-Said. Todo un hito digno de todo nuestro respeto y consideración que contó además con la batuta del director español más mediático de los últimos tiempos, Pablo Heras-Casado.

El director granadino pisó por fin el escenario del más emblemático auditorio musical de la comunidad, y lo hizo poniéndose a disposición en todo un alarde de generosidad de dos proyectos imprescindibles para seguir avanzando en esa siempre delgada y delicada línea de la excelencia cultural, colaborando para que el milagro musical andaluz se consolide y perpetúe definitivamente. En esa batalla merecen considerarse todos y todas quienes desde la gestión, el apoyo y la educación se han sometido al ilusionante proyecto de la Orquesta Joven de Andalucía, con veinticinco años recién cumplidos, y la Academia de la Fundación Barenboim-Said, presente en nuestra comunidad desde hace quince y con cuyo compromiso muchos y muchas andaluzas sentimos tanto orgullo. Dicho esto lamentamos que el programa elegido sonara tan trillado. En breve podremos disfrutar del ballet El Cascanueces en su integridad de la mano de la ROSS, y la Sinfonía Titán de Mahler se ha programado en la pasada década en numerosas ocasiones, incluso la OJA la interpretó en 2012 con Santiago Serrate sustituyendo a última hora al inicialmente programado José Ramón Encinar. Pero había que encontrar una pieza suficientemente mastodóntica para dar trabajo a más de cien jóvenes que a la vez atraiga a mayor número de público posible, y la Titán cumple ambas condiciones.

Del Cascanueces destacamos en lo negativo una muy errática Obertura Miniatura con pasajes enmarañados y cuerda completamente descoordinada, y en lo positivo una correcta lectura de esas miniaturas orquestales que son las danzas del segundo acto, que se saldaron con limpieza y saludable academicismo, hasta desembocar en un espléndido Vals de las Flores, suntuoso y elegante. El arpa de Belén García y la celesta de Andrea Capitán brillaron con luz propia. El esfuerzo desplegado por Mahler en su primera sinfonía converge a nuestro entender en una amalgama de ideas a menudo inconexas, pretenciosas y poco sinceras, a pesar de la voluntad catalizadora de los propios traumas e inquietudes del autor. Heras-Casado ahondó todavía más en esa falta de sinceridad proponiendo una versión muy calculada y poco natural que los jóvenes intérpretes siguieron al pie de la letra, con mucha dedicación y disciplina. Cada músico por separado manifestó una madurez técnica y expresiva excelente, aunque en equipo a veces el resultado se resintiera de esa falta de fluidez narrativa apuntada, especialmente perceptible en una cuerda aguda plomiza y mate en más de una ocasión. Hubo amabilidad y encanto en el primer movimiento, brío y agitación, quizás demasiada, en el scherzo, inconveniente falta de ironía en una marcha fúnebre cruzada con escaso ingenio y sutileza con los acordes hebreos centrales, pero una férrea construcción del pomposo movimiento final, que culminó con una prodigiosa exhibición de las ocho trompas convocadas y de unos percusionistas entusiasmados que desparecieron literalmente de forma divertida y teatral en el último acorde de la pieza. Quizás Heras-Casado no estuvo especialmente atinado, lo que no convertiremos en una sentencia habida cuenta del respeto y la admiración alcanzada por nuestro paisano andaluz, pero el proyecto merece nuestro más fervoroso aplauso y otro brindis por su permanencia ad perpetuum.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

LA ROSS SALUDA LOS VERTIGINOSOS VEINTE

Concierto de Año Nuevo de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Mihnea Ignat, director. Programa: España, de Chabrier; Rapsodia húngara nº 2, de Liszt; Rapsodias rumanas nº 2 y nº 1, de Enescu; Caballería ligera, de Von Suppé; Danza húngara nº 6, de Brahms; Danza eslava, de Dvorák; Adria-Walzer, de Lehár; Polka Schnell – Auf der Jagd!, Trisch-Trasch Polka y El Danubio Azul, de Johann Strauss jr. Teatro de la Maestranza, viernes 3 de enero de 2020

Cada año despertamos al son de los valses y las polcas vienesas. No es ni de lejos el mejor concierto del año, pero sí el más mediático, y desde hace algunos años, bastantes, el más imitado por orquestas alrededor de todo el mundo. Nuestra Sinfónica no es ajena al fenómeno y ofrece cada principio de año la oportunidad de asistir a uno de estos emblemáticos recibimientos sin tener que desplazarse a la fría capital austriaca ni concursar por una de sus codiciadas y caras entradas. Naturalmente la experiencia no es la misma, pero sirve para invitar a nuevos públicos a acudir a nuestra más importante sala de conciertos. Podrá discutirse si es o no apropiado que en Sevilla hagamos palmas con la Marcha Radetzky, con o sin esas máculas nazis tan difíciles de apreciar, o adoptemos alguna otra obra de mayor raigambre con nuestro país. Teniendo en cuenta estas consideraciones hace tiempo que la ROSS procura apartarse en la medida de lo posible de tan arraigada tradición importada, combinando los aires vieneses con zarzuelas y otras piezas populares, o como en este caso, aprovechando el origen de la batuta invitada, rapsodias y danzas húngaras y rumanas.

Mihnea Ignat, rumano afincado en nuestro país, ya visitó Sevilla durante la Feria de Abril de 2016 para dirigir con proyección en directo la música de Carmen de Cecil B. DeMille adaptada por Hugo Riesenfeld. Con amplia experiencia en la música romántica y la ópera, Ignat afrontó con ahínco y decisión el festivo programa puesto bajo su responsabilidad, desde unos parámetros eminentemente festivos y con resultados francamente espectaculares. Teniendo en cuenta que hace apenas un par de días todos celebraban con opíparos banquetes la llegada de la nueva década, parece mentira que los numerosos maestros y maestras convocadas para la ocasión fueran capaces de ofrecer tan buenos resultados a nivel técnico y con tanto brío y entusiasmo. Si hace un siglo el mundo se preparaba para una de las décadas más icónicas del siglo XX, marcada por el fervor de entre guerras, no sabemos ahora a qué nos enfrentaremos pero hacemos bien en hacerlo a ritmo vertiginoso de la mano de España, ese luminoso homenaje a nuestra tierra que hizo Chabrier, que Igneat resolvió con sentido de la atmósfera y el color, o las ajetreadas rapsodias de Liszt y Enescu, precursoras del mickeymousing, donde la cuerda grave lució excelente cuerpo y expresividad, mientras los solos de flauta de Juan Ronda y viola de Francesco Tosco brillaron a gran altura.

Ya más acorde al modelo de referencia, la celebérrima Obertura de Caballería ligera, de Franz von Suppé, demostró el excelente nivel al que se encuentran los metales de la ROSS, mientras las polcas de Strauss jr. alardearon de una velocidad de rayo y los valses de Lehár, convenientemente almibarado y con acertado abuso del vibrato, y Strauss jr., el inevitable Danubio Azul, perpetuaron el buen hacer que también en estas lides, y bajo una batuta razonablemente contenida, consigue nuestra orquesta. Solo las breves danzas húngara y eslava de Brahms y Dvorák respectivamente, rompieron el efecto remedo de esta segunda parte que una vez más hizo las delicias del público de un abarrotado Maestranza que brindó junto a una orquesta siempre en la injusta cuerda floja. ¡Por un 2020 cargado de merecida estabilidad para uno de los más preciados tesoros de nuestra ciudad!

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 3 de enero de 2020

RICHARD JEWELL Un rostro de héroe entre la multitud

USA 2019 131 min.
Dirección Clint Eastwood Guion Billy Ray, según el artículo de Marie Brenner Fotografía Yves Bélanger Música Arturo Sandoval Intérpretes Paul Walter Hauser, Sam Rockwell, Kathy Bates, Jon Hamm, Olivia Wilde, Nina Arianda, Ian Gomez, David Shae Estreno en Estados Unidos 13 diciembre 2019; en España 1 enero 2020

Una de las más interesantes fuentes para construir una película son los artículos periodísticos. En uno escrito por Marie Brenner, investigadora del Vanity Fair entre otras publicaciones, se basa este guion de Billy Ray, de quien nadie esperaría un trabajo tan solvente a juzgar por una filmografía que incluye la espantosa Terminator: Destino oscuro, estrenada este mismo año, Capitán Phillips, Los juegos del hambre o Plan de vuelo: Desaparecida. Sin embargo ha sabido en este libreto captar ese espíritu tan afín al universo de Clint Eastwood como es el del héroe anónimo, de cuyo cine, delante y detrás de la cámara, tanto se ha hecho eco este clásico imperecedero del moderno cine americano.

Como en Sully y 15:17 Tren a París, Eastwood fija su atención en una historia real protagonizada por uno de esos héroes improvisados, en este caso el guardia de seguridad que en los Juegos Olímpicos de Atlanta de 1996 evitó una masacre descubriendo una mochila con explosivos y promoviendo la rápida evacuación del recinto amenazado. Y como en Sully su destino se verá enturbiado de la noche a la mañana, cuando pase de héroe a principal sospechoso del caso. Pero de todas las denuncias vertidas en este ejemplar guion, principalmente los chapuceros métodos de investigación de los servicios de seguridad del estado, con el FBI a la cabeza, es el poder de los medios de comunicación y su capacidad para encumbrar y derrumbar referentes lo que más nos ha llamado la atención en la nueva y otra vez lúcida película de un director que debería vivir cientos de años y seguir regalándonos entretenimientos tan extraordinarios como éste de por vida. De hecho hay una cinta que Elia Kazan dirigió en 1957, Un rostro en la multitud, que nos vino especialmente a la cabeza viendo este Richard Jewell. Será quizás por la energía y la personalidad que tanto el libreto como la interpretación de Olivia Wilde dotan a su personaje de mezquina periodista sensacionalista, tan acorde a la caracterización que de un personaje similar realizó Patricia Neal en el título aludido, pero la verdad es que no pudimos evitar recodar esa película, con la que Eastwood comparte también su magistral asimilación del lenguaje y la narrativa netamente americanas, lo que ha dado a esa cinematografía la supremacía de público y sensibilidad popular en el mundo.

Las brillantes interpretaciones de Paul Walter Hauser, toda una revelación a pesar de haberlo visto como secundario en películas como Infiltrados en el KKKlan y Yo, Tonya, Sam Rockwell, la aludida Olivia Wilde y, por supuesto, una inconmensurable Kathy Bates como madre todo ternura y comprensión, lo que sirve una vez más al director de Mula para trazar otra de sus radiografías de los lazos familiares, especialmente paternofiliales, redondean otro más que satisfactorio film de Clint Eastwood, nada mejor para empezar el año cinematográfico con muy buen pie.

EL OFICIAL Y EL ESPÍA Un trabajo preciosista de baja intensidad emocional

Título original: J’accuse
Francia-Italia 2019 126 min.
Guion y dirección Roman Polanski, según la novela de Robert Harris Fotografía Pawel Edelman Música Alexandre Desplat Intérpretes Jean Dujardin, Louis Garrel, Emmanuel Seigner, Grégory Gadebois, Hervé Pierre, Wladimir Yordanoff, Didier Sandre, Melvil Poupaud, Eric Ruf, Mathieu Amalric, Laurent Stocker, Vincent Pérez, Denis Podalydès Estreno en el Festival de Venecia 30 agosto 2019; en Francia 13 noviembre 2019; en España 1 enero 2020

Yo acuso es el famoso manifiesto en el que Emilio Zola puso en entredicho la justicia francesa y muy especialmente el funcionamiento del estamento militar, especialmente en lo que se refería a los prejuicios antisemitas arrastrados desde tanto tiempo atrás por el odio filtrado desde la cultura impuesta por la religión católica. En él se basaron antes que Polanski William Dieterle en la espléndida La vida de Emilio Zola, película triunfadora en los Oscar de 1937, y José Ferrer en la cinta de 1958 de igual título que el escrito de Zola. Para su distribución internacional la nueva película del director de El quimérico inquilino ha adoptado un anodino El oficial y el espía (en algunos países Un oficial y un espía), más difícil de retener y menos ilustrativo que el original J’accuse.

Muchos han querido identificar este trabajo de Polanski con su propio ajuste de cuentas, dada su condición de judío y eterno prófugo de una justicia empeñada en enturbiar su nombre y talento por unos hechos que presuntamente ocurrieron hace ya una vida. No es sin embargo lo que nos parece a nosotros, quienes hemos visto en la película simplemente una preciosista revisión del Caso Dreyfus, el que motivó el artículo de Zola y los films referidos. Un escándalo social, político y militar que sacudió Francia a finales del siglo XIX y puso en entredicho los tres lemas sobre los que se sustenta una democracia tan anclada en los principios de la Revolución Francesa. Zola es un personaje secundario en esta versión cuyo autor es Robert Harris, también responsable del libro The Ghost Writer en el que se basó la sensacional película El escritor, también de Polanski, a pesar de utilizarse su manifiesto como título y justificación. Aquí se emplea el punto de vista del oficial encargado de la investigación del caso para desenmascarar toda una estrategia político militar destinada a encontrar un chivo expiatorio para una trama de espionaje que puso en peligro al poder castrense galo.

Lástima que la cinta carezca de capacidad de síntesis para aligerar todo un entramado de personajes y situaciones que no hacen sino enfangar el relato y hacerlo algo indigesto. Con unas interpretaciones competentes y una exquisita ambientación de referentes indudablemente pictóricos, Polanski exhibe buen oficio para conjugar todos los elementos y conseguir un trabajo estéticamente impecable, aunque a nivel narrativo el conjunto le quede algo insustancial, a pesar de la gravedad de los hechos denunciados. Al resultado final le falta una mayor intensidad emocional, capaz de provocar una mayor reflexión y esa necesaria pizca de fascinación que siempre exige una buena trama criminal.