domingo, 12 de febrero de 2023

PIRES, PINNOCK Y LA MOZARTEUM: LA ILUSIÓN RECUPERADA

Mozarteumorchester Salzburg. Maria Joao Pires, piano. Trevor Pinnock, dirección. Programa: Obertura Coriolano Op. 62 y Concierto para piano nº 3 en do menor Op. 37, de Beethoven; Sinfonía nº 41 “Júpiter” en do mayor, de Mozart. Teatro de la Maestranza, sábado 11 de febrero 2023


Hacía mucho tiempo que no disfrutábamos en nuestros escenarios de una orquesta sinfónica que no fuera nuestra. Más de una década llevamos sin hacerlo, algo que no ha ocurrido con los conjuntos barrocos, gracias fundamentalmente al Festival de Música Antigua. Hubo un tiempo en que era corriente contar con orquestas de otras partes del país, un programa de colaboración intercultural que dio muy buenos frutos y nos dio la posibilidad de calibrar cómo estaba el panorama fuera de aquí. Hemos perdido la cuenta de los años que han pasado sin que ninguna orquesta sinfónica europea haya puestos sus pies en Sevilla. Todo esto nos hace perder la perspectiva, bloquearnos con la forma de hacer de nuestra Sinfónica, con apenas algún resquicio aportado por orquestas jóvenes que no sirven para generar esa perspectiva comparativa tan necesaria para calibrar en su justa medida el quehacer de nuestro celebrado conjunto. Y menos mal que tenemos una orquesta como la ROSS, porque hubo un largo y triste período en que ni siquiera pudimos disfrutar de una satisfacción así. De cualquier manera, la visita de la Orquesta del Mozarteum de Salzburgo se convirtió anoche en un acontecimiento extraordinario al que el acompañamiento de dos figuras tan legendarias y relevantes como la pianista Maria Joao Pires y el director británico Trevor Pinnock no hizo sino sumar en atractivo y lujo sin paliativos.


Pinnock y Pires llevan tiempo colaborando en conciertos por todo el mundo y junto a algunas de las más afamadas formaciones sinfónicas, como la Filarmónica de Berlín. Sin embargo, ninguno de los dos se caracteriza por interpretar a Beethoven. Pinnock creo que ni siquiera lo ha grabado, mientras las grabaciones de Pires, concertantes o no, son contadas. Otra cosa es Mozart, todo un referente para el director, que además conformó con el compositor su particular y revolucionaria visión historicista de la interpretación, con integrales y páginas sueltas desperdigadas por su monumental discografía. También Pires ha diseñado su estilo y repertorio fundamentalmente a través del genio salzburgués, además por supuesto de Chopin. Por eso la de anoche fue también una ocasión para el descubrimiento, desnudo de referencias y prejuicios, al que hubo que añadir el privilegio de hacerlo junto a la que es la orquesta más relacionada en lo sentimental con el autor de Las bodas de Fígaro. Con un falso acorde arrancó la Obertura que Beethoven compuso para el drama de Heinrich-Joseph Collin Coriolano, todo un ejercicio de misterio e intenso drama que brilló en las manos del muy experimentado Pinnock como si de una tormenta de intriga y reivindicación se tratara, haciendo ya un alarde de energía y vitalidad que le acompañaría el resto de la propuesta. Lástima que echáramos de menos algo más de ternura en sus pasajes líricos, malogrando parcialmente el fascinante contraste que informa este precedente del poema sinfónico.

Maria-Joao Superstar

Maria Joao Pires fue sin duda la responsable de que el Maestranza mostrara aforo completo. Hay que agradecerle a sus responsables que incluyeran Sevilla en esta gira española, bien sabemos que aquí los precios de las entradas son más asequibles y no dan, ni con todo vendido, para cubrir el caché de unos artistas tan cotizados. La fama de Pires es muy grande y nadie quería perderse la ocasión de volver a disfrutarla aquí, en directo. Reciente queda el recuerdo de ese Beethoven crispado y vehemente que nos ofreció la joven Lise de la Salle, nada que ver con el muy matizado, fino y cristalino pero más frenado de la pianista portuguesa, que superó su veteranía y cierta dolencia de cadera para no defraudar ni a los más escépticos. Combinó dinamismo y solemnidad en el allegro inicial del Concierto nº 3 de Beethoven, con amplios fraseos que contrastaron con los más recortados de Pinnock sin por ello dejar de estar en perfecta sintonía con el director y la orquesta. La batuta respetó en todo momento a la solista, que impuso su sonido al resto del conjunto, y nos ofreció generosos ejemplos de su estilo entre la ensoñación y cierto remilgo en las cadencias del primer movimiento y en el canto henchido de armonía y ternura del largo central. Sin pausa, quizás como respuesta al incómodo aplauso que malogró el obligado silencio entre los dos primeros movimientos, atacó con mucha energía y una precisa digitación, casi milagrosa dada su veteranía, el rondó final, siempre acompañada por el ritmo frenético que supo insuflar Pinnock a un conjunto que mantuvo una sonoridad homogénea y coherente con los parámetros de uno de los máximos responsables de que el clasicismo, aun a las puertas del romanticismo, suene hoy lo más parecido posible a como lo hacía en su época. Acaso faltó algo de humor en ese allegro final, pero mantuvo el drama y se benefició del escaso sentimentalismo que supo imprimirle la excelsa pianista, que coronó su intervención con el famoso largo del Concierto nº 5 de Bach, insólita propina por ir acompañada de orquesta, que Pires defendió con una elegancia no al alcance de cualquiera.


Pinnock y Mozart son una apuesta segura
, y así fue que no defraudó en absoluto, ni siquiera por unos puntuales desajustes en las difíciles trompas naturales. Los golpes secos del arranque no desvirtuaron el carácter olímpico de la partitura, y acertaron en reflejar la arrogancia que acompaña algunos de los pasajes de su allegro inicial. En el andante Pinnock y la Mozarteum hicieron acopio de una melancolía subyugadora, sin excederse en ritmo y manteniendo un aceptable espíritu de ternura que derivó en agilidad centelleante, sin llegar a ser agresiva, en el minueto, y una saludable efusividad en un extraordinario molto allegro final, donde se impusieron unas dinámicas muy controladas y un énfasis dramático ascendente sinceramente apabullante. Un frenesí emocional que de haber contado con sus repeticiones habría elevado su calificación a monumental. Ahora solo hace falta que en breve volvamos a disfrutar de ocasiones como ésta, como hacíamos hace tanto, antes de que las sucesivas crisis hicieran tanto daño a la cultura en nuestra ciudad.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 11 de febrero de 2023

EL IMPERFECTO MONOGRÁFICO VIVALDI DE AMANDINE BEYER

Gli Incogniti. Amandine Beyer, violín solista y dirección. Neven Lesage, oboe solista. Alba Roca y Vadym Makarenko, violines. Marta Páramo, viola. Marco Ceccato, violonchelo. Francesco Romano, tiorba. Baldomero Barciela, violone. Anna Fontana, clave y órgano. Programa: Le monde à l’envers (Conciertos de Vivaldi RV 114 en do mayor, 544 “Il Proteo” para violín y violonchelo en fa mayor, 344 para violín en la mayor, 543 para violín y oboe en fa mayor, 278 para violín en mi menor y 554 para violín, oboe y órgano en do mayor; Concierto Op. 9 nº 2 para oboe en re menor, de Albinoni). Espacio Turina, viernes 10 de febrero de 2023


Algunos y algunas de las intérpretes que acompañaron a Amandine Beyer en la última ocasión en que vino a nuestra ciudad junto a su grupo Gli Incogniti, volvieron a hacerlo esta vez una década después. Entre tanto, la controvertida violinista ha actuado aquí junto a la Barroca o en solitario, como esa integral de las sonatas y partitas de Bach, cuya segunda y última entrega tuvo lugar en este mismo escenario a finales de 2021, y donde demostró su fiereza y compromiso con una música que tanto adora y tanto sacrificio exige. Los monográficos son siempre objeto de riesgo; pueden resultar tan oportunos y eficaces como en esa ocasión apuntada, o pueden dar lugar a una experiencia algo monótona y reiterativa, como ocurrió anoche, no obstante la excelencia de las partituras convocadas, que el conjunto defendió con la fuerza y la precisión que demandan.

De Beyer ya no nos sorprende su manera de hacer, que tanto entusiasma a algunos y menos lo hacen a otras, que aún reconociendo su valía y su incontestable talento, no logramos sintonizar con unas formas que ahondan en las estridencias y los roces, generando un sonido áspero, frecuentemente seco y rugoso, con inoportunos cambios de color y ritmos mayoritariamente acelerados, perfectamente apreciables en sus intervenciones solistas. Mejor cuando su participación se integra entre los demás, entre ellas una Alba Roca cuyo regreso siempre agradecemos tras tanto tiempo antaño compartiendo éxito con la Barroca de Sevilla. Así ocurrió en el Concierto RV 114 a modo de sinfonía operística, que conjunto y directora abordaron con ahínco y decisión, marcando el estilo desenfadado y bailarín que imperaría el resto del concierto. En Il Proteo, nombre mítico con el que se conoce el RV 544, Beyer compartió la responsabilidad solista con el violonchelista de esta formación multinacional, Marco Ceccato. Mientras ella abundó en esas estridencias y asperezas apuntadas, el de él fue un sonido sedoso y aterciopelado, controlado en ambos casos pero con un fraseo más elegante y grácil en el violonchelista.

Un espléndido oboísta

También la intervención del oboísta Neven Lesage se saldó con la mejor nota posible, haciendo gala de un fraseo elegante y extremadamente ágil, un formidable control de la respiración y un sensacional equilibrio en el más célebre de los conciertos Op. 9 de Albinoni, y por extensión su obra más conocida, teniendo en cuenta que el popular Adagio ni es suyo ni se compuso en su época. Lástima que en el precioso adagio del Concierto nº 2 acusáramos cierta falta de sintonía entre el solista y el ripieno, algo acelerado y con una leve e incómoda sensación de mareo. Beyer como solista absoluta exhibió lo mejor de sí misma en el Concierto RV 278, con un Largo considerablemente sensible y emotivo, y lo peor, esas asperezas ya comentadas, en el RV 344, donde los movimientos ligeros extremos brillaron más y mejor que el lento, menos depurado y más quebradizo. Cabe pensar que lo suyo sea deliberado e intencionado, una cuestión de estilo y personalidad que se refleja también en la agilidad y el virtuosismo de las frases más ajetreadas.

Fluyó con naturalidad el diálogo entre Beyer y Lesage en el Concierto RV 543, pero fue sobre todo en el último, el triple concierto en do menor RV 554, un trabajo de espléndida madurez, donde ambos solistas y el órgano de Anna Fontana, que durante todo el concierto elevó el clave del continuo al nivel de la excelencia, brillaron en condiciones prácticamente parejas, ofreciendo un fin de fiesta tan amable como distendido. No podemos obviar la simpatía de la violinista, su fluido castellano y sus divertidas explicaciones de por qué salió al escenario con unas botas tan llamativas, que cambió por los zapatos inicialmente elegidos, más elegantes, en la segunda parte del concierto, como pueden apreciar en las fotos que acompañan esta reseña crítica.

Fotos: Luis Ollero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

LOS FABELMAN Donde el corazón te lleve

Título original: The Fabelmans
USA 2022 151 min.
Dirección
Steven Spielberg Guion Tony Kushner y Steven Spielberg Fotografía Janusz Kaminski Música John Williams Intérpretes Gabriel LaBelle, Michelle Williams, Paul Dano, Seth Rogen, Judd Hirsch, Jeanne Berlin, Mateo Zoryan, Kelley Karsten, Julia Butters, Sam Rechner, Oakes Fegley, Chloe East, Isabelle Kusman, David Lynch Estreno en el Festival de Toronto 10 septiembre 2022; en Estados Unidos 23 noviembre 2022; en España 10 febrero 2023

En su última película hasta la fecha, Spielberg ha ido donde el corazón le ha llevado, una declaración sincera y emotiva de amor al cine, a su madre y a la pasión con la que todos y todas estamos obligados a vivir si queremos que esta aventura merezca la pena. Siempre se ha destacado la influencia que el cine de John Ford ha ejercido sobre el más popular de los cineastas que nunca hayan existido, Hitchcock aparte. La música de Max Steiner para Centauros del desierto casi al final de la película, en un asombroso y emocionante broche final presidido por otro grande, David Lynch, corrobora lo mucho que este film protagonizado por John Wayne influyó en E.T. Antes las partituras de Victor Young para El fabuloso mundo del circo, Elmer Bernstein para Los siete magníficos y Alfred Newman para La conquista del oeste y Capitán de Castilla, sirven para ilustrar los primeros coqueteos del protagonista con la cámara, como espectador y como joven cineasta aficionado que ya ve en los efectos especiales y de sonido, así como en el montaje, los principales instrumentos de lo que habrá de ser su futuro y aplaudido cine. Casualmente tampoco falta el recién fallecido Burt Bacharach, cuyo Walk On By sirve para amenizar la fiesta del instituto.

Spielberg en Los Fabelman parece contarnos su propia historia de iniciación en el seno de una familia judía tan unida aparentemente como dividida en lo más profundo del alma y el sufrimiento humano. Habrán cosas reales y otras inventadas en esta película semiautobiográfica, pero eso es lo que menos importa, porque lo que sí lo hace es lo que la cámara capta, lo que el ojo del objetivo convierte en magia, y de eso hay mucha en esta larga y sin embargo tan entretenida película. Spielberg se las ingenia para, a través de los trabajos primerizos del protagonista y de la vida misma, cambiar continuamente del género, pasando del drama a la comedia, del western al cine bélico o al musical juvenil tan de moda en época de Elvis Presley. La suya es una mirada nostálgica casi en todo momento, melancólica a menudo, y sincera siempre. Especialmente emotiva es su semblanza de la madre, su influencia para que él se convirtiera en cineasta, motivada quizás por su sensibilidad artística de pianista frustrada, frente al escepticismo más convencional de su padre científico. Otros personajes, especialmente sus dos tíos, el carnal interpretado por Judd Hirsch en una breve pero magistral intervención, y el adoptado en el cuerpo de un también estupendo Seth Rogen, aparecen también como bastiones influyentes en la difícil decisión de quien apuesta por el arte como modo de vida. También ella, incorporada por Michelle Williams con notable sentido de la sensibilidad, termina yendo más donde le dicta el corazón que la razón, mientras un hermoso baile iluminado por las luces de un automóvil al son de la breve pero significativa e inspirada música de John Williams, en su enésima colaboración con el director de Tiburón, y un estremecedor montaje cinematográfico al son del adagio BWV 974 que Bach concibió a partir del Concierto para oboe de Alessandro Marcello, terminan por describir a la perfección el perfil humano y sentimental de tan carismática madre.

Pero no solo ella ni el protagonista disfrutan de una caracterización perfecta, todo el resto del elenco también lo hace. Solo un director así, todo lo convencional y popular, clásico en definitiva, que se quiera, es capaz de definir con tanta vida propia a sus personajes, y de forma tan invisible y presuntamente natural. Cualquier cinéfilo o cinéfila, no estrictamente cineasta, podrá identificarse con muchos o algunos de los episodios que integran la feliz estructura de esta película. Jugar a las películas en nuestra más tierna infancia, hacer películas domésticas, quedarnos con la boca abierta ante una pantalla, mandar a callar a nuestras molestas amistades juveniles cuando lo más importante lo tenemos en la imagen captada ante nuestros ojos… y tantos otros detalles que Spielberg ha sabido captar tan bien como lo hiciera con nuestros miedos en la película del escualo y en La guerra de los mundos, nuestro asombro y fascinación en Encuentros en la tercera fase, Poltergeist o Parque Jurásico, nuestras ansias de aventuras en las películas de Indiana Jones, nuestro horror y solidaridad en La lista de Schindler o Salvar al soldado Ryan, nuestra ilusión en la película del entrañable extraterrestre, o nuestra emoción sin ambages en Caballo de batalla, así como quebrantar nuestro escepticismo con su remake de West Side Story... y así en todas y cada una de los más de treinta largometrajes que conforman su inimitable filmografía. Pero eso ya es otra historia, eso es solo el comienzo de un gran viaje.

viernes, 10 de febrero de 2023

BURT BACHARACH: LA SENSUAL MIRADA DEL AMOR

No podíamos pasar por alto el fallecimiento antes de ayer de Burt Bacharach, justamente el mismo día en el que John Williams, que hoy estrena en nuestros cines su nuevo y parece que penúltimo trabajo, Los Fabelman, cumplía noventa y uno. Bacharach ha muerto con tres años más y nos ha dejado un legado de cientos de irrepetibles canciones que han acompañado las vidas de varias generaciones y gente de todos los tipos en todo el mundo. Precisamente con ese título (cuando los de las canciones también se traducían en España) descubrí a Bacharach en la primera mitad de la década de los setenta del pasado siglo. Fue gracias a mi hermana mayor, que compró el single que en nuestro país incluía en su cara B la versión instrumental de Gotas de lluvia sobre mi cabeza. Pero aquí el compositor saltó a la fama unos años antes, cuando Aretha Franklin inmortalizó Rezo una pequeña oración, un tema lanzado inicialmente por Dionne Warwick, que en los sesenta fue la musa de Bacharach y su habitual letrista, Hal David, que también trabajó mucho, pero no tanto, con John Barry. Otra de sus letristas fue también una de sus cuatro esposas, Carole Bayer Sager, que escribió la letra de las preciosas Making Love que Roberta Flack cantaba en la película Su otro amor, y That's What Friends Are For, que reunió a Elton John, Stevie Wonder y Gladys Knight con Warwick, aunque fue compuesta para Rod Stewart y la película de Ron Howard Turno de noche.

Mi pasión por el cine me fue descubriendo al desaparecido músico. Su elegancia y sus exquisitas melodías me conquistaron a través de la quincena de películas a las que aportó su talento, entre las que destacan ¿Qué tal, Pussycat?, Dos hombres y un destino y Arthur, el soltero de oro. Pero fue gracias a un pase televisivo de Casino Royale que descubrí la que desde entonces es mi canción favorita, The Look of Love (La mirada del amor), que en la versión doblada sonaba en italiano, en lo que durante mucho tiempo me parecía la voz de Rita Pavone y sin embargo resultó ser la de Mireille Mathieu. Más de cuarenta versiones atesoro de ese tema, desde la original de Dusty Springfield a la que catapultó a la fama a Diana Krall, sin olvidar la de Dionne Warwick, que apenas desaprovechaba en aquella década de los sesenta la oportunidad de cantar los temas de Bacharach y David. Su sensualidad y su elegancia me arrebataron el corazón, y por eso hoy no puedo dejar de rezar esta pequeña oración por la merecida inmortalidad de quien nos ha dejado afortunadamente tras vivir una intensa y maravillosa vida, y evitarnos prescindir de trabajos futuros al estar ya en inactivo desde hace tiempo.

Sin embargo, gozó de un extraordinario revival cuando compuso la canción God Give Me Strength para la película Grace of My Heart en 1996. Elvis Costello la entonó y a partir de ahí dedicó dos álbumes a nuevas canciones de Bacharach. Mike Myers participó también de esa recuperación en sus películas sobre el estrafalario detective Austin Powers, donde para recrear esa extraordinaria y psicodélica década no dudó en echar mano de sus más famosas canciones , como No me volveré a enamorar, Lo que el mundo necesita es amor, Alfie y esa Mirada del amor ya aludida. Y es que aunque americano, Bacharach siempre gozó de un especial y quizás mayor reconocimiento en el Reino Unido. Un concierto en la Casa Blanca hace algo más de una década, con los Obama como anfitriones y un sinfín de estrellas entonando sus canciones, fue una de sus últimas hazañas y satisfacciones, también para quienes adoramos su música.

LOS CRÍMENES DE LA ACADEMIA Poe no la habría aprobado

Título original: The Pale Blue Eye
USA 2022 128 min.
Guion y dirección
Scott Cooper, según la novela de Louis Bayard Fotografía Masanobu Takayanagi Música Howard Shore Intérpretes Christian Bale, Harry Melling, Toby Jones, Gillian Anderson, Timothy Spall, Robert Duvall, Charlotte Gainsbourg, Lucy Boynton, Harry Lawtey, Simon McBurney, Fred Hechinger, Joey Brooks Estreno en Estados Unidos y España 23 diciembre 2022; en Internet (Netflix) 6 enero 2023


Christian Bale vuelve a ponerse a las órdenes de Chris Cooper, tras La ley del más fuerte y el western Hostiles. El director además de Corazón rebelde y Black Mass adapta con poca fortuna una novela del especialista en thrillers históricos Louis Bayard. Bale interpreta a un traumatizado investigador, con un reconocido bagaje a sus espaldas, que es contratado en la célebre academia militar de West Point para resolver un macabro crimen que no será sino el primero de una serie de lo que parecen asesinatos rituales.

El punto de partida es muy interesante, más si consideramos que le da réplica un estupendo Harry Melling dando vida con aspecto de Nosferatu a un joven Edgar Allan Poe que efectivamente pasó por dicha institución durante un breve período de su vida. Pero su fuerte premisa se va diluyendo poco a poco, conforme avanza una historia que se va haciendo cada vez más rocambolesca sin lograr mantener el interés que la trama demanda. Toca superficialmente cuestiones muy interesantes, algunas directamente conectadas con la realidad actual, mientras su ambiente castrense apenas cobra relevancia y su lujoso reparto no se plasma en logros interpretativos y mínimamente carismáticos.

La cuidada fotografía y la música de Shore, seguramente fichado para añadir a la función el morbo y la atmósfera malsana que caracterizaron trabajos ya añejos como Seven o El silencio de los corderos, no logran levantar un trabajo que se queda en mero entretenimiento con un envoltorio sofisticado.

jueves, 9 de febrero de 2023

TRES NOMINADAS A LOS GOYA

OSWALD: EL FALSIFICADOR ¿Quién es este hombre?

España 2022 100 min.
Dirección
Kike Maíllo Guion Marta Castillo Fotografía Rubén Collado Música Marc Timón Documental Estreno en internet (Filmin) 30 septiembre 2022

Probó suerte con la ciencia-ficción (Eva) y el drama de acción (Toro), después con la televisión y ahora con el documental. Kike Maíllo nos acerca a un controvertido y excéntrico personaje, Oswald Aulestia, pero aunque se presenta como el más importante falsificador de arte de todos los tiempos, no encontramos información alguna sobre sus hazañas salvo a partir del estreno de la película y la relativa atención mediática que ha recibido desde entonces. Eso y el estilo narrativo de la cinta, con testimonios que más bien parecen impostados, si no directamente fruto de la interpretación de actores y actrices, hace que no nos fiemos demasiado de la autenticidad de lo que se cuenta. 
Sin embargo una lectura detallada de sus créditos finales aseguran que se trata de un documental en toda regla, con apenas modificaciones por razones puramente narrativas, y así ha debido entenderlo nuestra Academia de Cine, que lo ha nominado al mejor documental del año.

Maíllo y su protagonista han trabajado a fondo en su particular thriller sobre estafas y aventuras en medio mundo, con unos recursos holgados y continuas idas y venidas entre Barcelona, Miami y Florencia, además de un sinfín de colaboradores entre los que se cuelan sospechosos policías nacionales, psicólogos, marchantes de arte y hasta el hijo de Eduardo Chillida. Nada de esto sería un inconveniente si lograra atrapar al espectador, que se pierde entre anécdotas intrascendentes y un perfil del personaje tan difuminado como el que apenas logran dibujar sus presuntos allegados.

El aspecto de documental forzado ya lo encontrábamos en otros trabajos más lúcidos como En busca del Óscar, donde se analizaba la figura de un crítico de cine que no veía las películas, y El agente topo, donde un infiltrado protagonizaba una comedia en el seno de una residencia de ancianos. La de Maíllo no acaba de cuajar, apenas interesa y no logra perfilar una trama consistente que justifique la dedicación de un público en potencia. Al menos hay que reconocer que se trata de un trabajo elegante y organizado.

UNICORN WARS Bestias de peluche

España-Francia 2022 91 min.
Guion y dirección
Alberto Vázquez Música Joseba Beristain Animación Estreno 21 octubre 2022

Ganador del Goya en 2016 a la mejor película de animación por Psiconautas, Alberto Vázquez echa mano ahora de su cortometraje Sangre de unicornio, nominado así mismo al Goya en 2014, para recrear una cruenta batalla entre ositos de peluche y unicornios en una indigesta propuesta que combina mensajes ecologistas, antifascistas, antibélicos y antirreligiosos con una tremenda dosis de violencia gore, crímenes de lo más execrables y unas premisas que no son aptas no ya para niños y niñas sino para nadie en general.

El proceso recuerda a la muy reconocida e igualmente deleznable La famosa invasión de los osos en Sicilia, que como ésta era una coproducción francesa aunque en ese caso con Italia. En el aspecto estético Vázquez articula una combinación entre Disney tradicional y Manga que sucumbe al vicio de recrear animales y objetos como si fuesen humanos (los ositos tienen incluso genitales de nuestra especie), al objeto de criticar el miedo como arma invencible para dominar y pretexto para ofrecer momentos terriblemente violentos y desagradables.

En el lado bueno, a ese cuidado aspecto visual y conseguido tratamiento del color hay que sumar la acertada banda sonora de Joseba Beristain, Orfeón Donostiarra incluido, si bien no justifica la nominación al Goya a la mejor canción, además del correspondiente a película de animación, por mucho Ave Satani de Goldsmith para La profecía que le sirva de referencia y precedente.

UTAMA La épica del desarraigo

Bolivia-Uruguay-Francia 2022 87 min.
Guion y dirección
Alejandro Loayza Grisi Fotografía Bárbara Álvarez Música Cergio Prudencio Intérpretes Luisa Quispe, José Calcina, Santos Choque, Jorge Yucra Nogales, Félix Ticona Estreno en el Festival de Sundance 22 enero 2022; en Bolivia 29 septiembre 2022; en España 28 octubre 2022


Se nota en su primer trabajo como director que Alejandro Loayza Grisi ha sido hasta ahora fotógrafo, aunque en el film haya confiado esta labor a Bárbara Álvarez. De ella, de la mano naturalmente del debutante realizador y su particular visión y planificación, es el mérito de esta cinta que con pocos recursos y una narrativa muy sencilla, consigue sin embargo traspasar el umbral de lo épico y situarse al nivel de grandes superproducciones en lo que a tratamiento de la imagen se refiere.

Así, la región boliviana de Potosí aparece esplendorosa ante nuestros ojos, a pesar de una terrible, y casi insólita, sequía que nos lleva inmediatamente a pensar en el cambio climático, y que condiciona la supervivencia de quienes habitan la zona y se dedican fundamentalmente a la ganadería, como los protagonistas, dos abuelos a quienes la visita de su nieto urbanita les va provocar un revulsivo en sus vidas.

Loayza trata con mucho mimo y más ternura a sus personajes, que se comunican en castellano y quechua, dejan entrever sus filias y diferencias y comulgan con una naturaleza viva, entre llamas y espléndidas montañas, mientras comparten con los halcones el devenir futuro del ciclo vital. Un film precioso que logró en Sundance el Premio del Jurado en la sección World Cinema, y los de mejor película, dirección y música en la sección iberoamericana del Festival de Málaga, optando ahora al Goya en esa categoría.

lunes, 6 de febrero de 2023