sábado, 21 de marzo de 2026

AMARGA NAVIDAD Hambre de guionista

España 2026 111 min.
Guion y dirección
Pedro Almodóvar Fotografía Pau Esteve Birba Música Alberto Iglesias Intérpretes Bárbara Lennie, Leonardo Sbaraglia, Aitana Sánchez-Gijón, Patrick Criado, Victoria Luengo, Milena Smit, Quim Gutiérrez, Amaia Romero, Carmen Machi, Rossy de Palma, Gloria Muñoz, María Morales, Antonio Romero Estreno 20 marzo 2026

Hay tres capas y un mecanismo de relojería que funciona a la perfección en esta emotiva y desgarradora nueva y enciclopédica película almodovoriana, que es también un prodigio de guion cinematográfico. Está la historia que protagoniza Bárbara Lennie como directora de publicidad que una vez fue realizadora cinematográfica de culto, que busca inspiración para un nuevo trabajo de ficción. Luego, el director y escritor al que da vida Leonardo Sbaraglia, que desde el presente imagina la vida de esta mujer inquieta, tensionada y sufridora de migraña, analizando así mismo su fuente de inspiración. Y finalmente está el propio director manchego, que exorciza una vez más sus propios fantasmas, esta vez desde la expiación y quizás incluso la autocomplacencia, y crea estos personajes desde el expolio de su más absoluta intimidad y su particular galería de vivencias propias y ajenas.

Como ya hiciera hace casi treinta años Woody Allen en Desmontando a Harry, en un tono completamente distinto, Almodóvar confiesa de dónde sale a menudo la inspiración, cómo esa fuente acarrea enemistades y reproches, procurando explicarse y justificarse al respecto. Por eso hemos elegido este cartel para ilustrar la reseña, más explícito que el oficial y más en consonancia con ese parecido razonable con la comedia del director neoyorquino que el manchego convierte en suntuoso melodrama. Pero al margen de esa lúcida disquisición sobre los límites de la moral cuando un artista se nutre de la vida ajena, especialmente de su dolor, esta excelente película funciona también como apasionante enciclopedia almodovoriana, donde confluyen todos sus fantasmas, el insufrible paso del tiempo que todo lo fagocita, sobre todo a los seres queridos, madre, Chavela Vargas, relaciones sentimentales que marcaron o la plácida y a veces deseada soledad.

El diseño y el vestuario están más presentes que nunca, exhibiendo los gustos más exquisitos de quien ha ido moldeando su personalidad y su carácter desde la ordinariez inicial a la elegancia actual. No escatima en mostrar los ambientes más sofisticados, habitados por los personajes más extravagantes, incluido ese Barenboim que no sale pero que busca la complicidad de Elsa (Lennie) para su próximo montaje operístico. Está también la foto de familia que reúne a Bibiana con los Javis y tantos otros personajes de alguna forma relacionados con el director y su entorno. Y está ese imaginario que conforma su apasionante filmografía, con reminiscencias directas a Dolor y gloria, sin miedo a repetirse ni ahondar una vez más sobre sus miedos y traumas. Pero por encima de todo eso, Amarga Navidad, que también es el título de un clásico de Chavela, es un homenaje a la profesión de escritor y guionista, donde cabe la creación absoluta pero también la vampirización, en un ejercicio que parece pretender demostrar que el cine es vida, y por lo tanto amarlo es amarla, sin evadirse, afrontándola y, si cabe, corrigiéndola. Amarga Navidad nos regala una vez más su pequeña secuencia musical, como hiciera con Penélope Cruz a través de Estrella Morente en Volver o con Caetano Veloso en Hable con ella, película con la que por alguna razón que se nos escapa, más allá de hospitales y mujeres sentadas en paralelo en hamacas, conecta Alberto Iglesias a través de otra evocadora, fascinante e intrigante banda sonora, y van dieciséis para el director, incluidos dos cortometrajes.

Almodóvar se imagina como Leonardo Sbaraglia, como hiciera antes con Antonio Banderas, en un afán de hacer realidad en la ficción lo que quizás eche de menos en la realidad, esa belleza y glamour que tantos anhelamos. Y lo involucra en una relación sentimental envidiable, con Quim Gutiérrez, otro parecido razonable, quizás con aquel Robert Webber que escribía las letras de las canciones que componía Dudley Moore en 10, la mujer perfecta, y que vivía en Malibú con su joven amante deportista. También nos regala la desgarradora interpretación de Milena Smit, envuelta en un halo de belleza sobrenatural, cameos como los de Nieves Álvarez, bromas y ocurrencias improvisadas y espontaneas, un desprejuiciado striptease de Patrick Criado, auténtica fantasía homoerótica de bombero buenorro, y el impresionante paisaje de Lanzarote, quizás ese lugar al que huir para evadirse, evocado en Las simples cosas, la canción de Mercedes Sosa inmortalizada por Chavela Vargas, que Amaia Romero le canta a Bárbara Lennie en esa secuencia referida más arriba.

Pero sobre todo, la película nos regala una secuencia casi epílogo en el café de un parque, donde una furiosa y sensacional Aitana Sánchez-Gijón le reprocha a Leonardo Sbaraglia el uso del dolor ajeno para construir su ficción, diez minutos de magnífico cine que es también una declaración de amor incondicional a la profesión que ha marcado la vida y esa puede que delicada felicidad de nuestro director más internacional, autor en toda regla, de los pocos capaces de controlar todo lo que hace posible que películas tan maravillosas como ésta salgan a la luz para provocarnos tanta emoción.

No hay comentarios:

Publicar un comentario