domingo, 19 de abril de 2026

PRIME CRIME: A TRUE STORY Malogrado ejemplo de forma sobre fondo

Título original: Dead Man’s Wire
USA 2025 104 min.
Dirección
Gus Van Sant Guion Austin Kolodney Fotografía Arnaud Potier Música Danny Elfman Intérpretes Bill Skarsgard, Dane Montgomery, Cary Elwes, My’hala Herrold, Colman Domingo, Al Pacino, Kelly Lynch, John Robinson, Todd Gable, Mark Helms, Michael Ashcraft, Neil Mulac, Daniel R. Hill, Dean Curtis Estreno en el Festival de Venecia 2 septiembre 2025; en Estados Unidos 16 enero 2026; en España 17 abril 2026


Vaya por delante el nuevo desatino de la distribución española al bautizar con un título en inglés distinto del original la nueva película de Gus Van Sant. El original, Dead Man’s Wire Cable del hombre muerto, hace alusión al artilugio inventado por Tony Kiritsis, el personaje que protagoniza la película bajo la mirada algo desquiciada de Bill Skarsgard, para amenazar al magnate del préstamo M.L. Hall con matar a su hijo si no reparaba la estafa a la que según él había sido sometido, y a la vez hacer una disculpa televisada. Ocurrió en 1977 y el guionista Austin Kolodney, apenas artífice de un puñado de títulos irrelevantes y la codirección de una extravagante versión de Don Quijote hace una década, lo ha querido poner de manifiesto. Y ciertamente, como si de abanderar la lucha contra unos gigantes como molinos de viento, parece tratar esta fallida, a nuestro juicio, película. Para Gus Van sant supone el regreso al cine tras siete años de ausencia, desde la poco estimulante No te preocupes, no llegará lejos a pie, y sin que la anterior, El bosque de los sueños, alcanzase tampoco un eco relevante.

Atrás quedan los tiempos de Mi nombre es Harvey Milk, Elephant, Gerry, El indomable Will Hunting, Mi Idaho privado y Drugstore Cowboy. El director estadounidense ha ido perdiendo irremediablemente fuelle, y este intento de recuperar el prestigio es una demostración patente. Que los hechos sucedieran en 1977 le da pie para hacer una reconstrucción fidedigna de la época, y que el locutor y disc jockey radiofónico Fred Temple, interpretado por Colman Domingo, fuese su ídolo e inspiración, provoca que en su banda sonora, octava colaboración con Danny Elfman del director de Todo por un sueño, se sucedan éxitos del momento, de Deodato a Yes pasando por Burt Bacharach o Donna Summer. Más allá de estos atractivos estéticos, a los que se une cierta vocación de dar al conjunto aspecto de docudrama con cambios de texturas que imitan el video televisivo de la época, la película carece de la enjundia que su denuncia política y social promete y merece.

El círculo mediático que se construye alrededor del suceso no logra el efecto dramático que pretende, mientras su reparto se esfuerza visiblemente, con Skarsgard a la cabeza como ligeramente perturbado secuestrador y presunto justiciero, y Dane Montgomery como víctima que jamás cae en el exceso melodramático. Junto a ellos, un Cary Elwes irreconocible y el regreso de un anciano, muy preciso y perfectamente adaptado Al Pacino como imperturbable hombre de negocios al que van dirigidas las quejas del protagonista. Pero Sant no logra dosificar los elementos, cayendo en continuas pérdidas de ritmo, sometiendo algunos momentos, como las reuniones del comité de crisis, a montajes fatigosos e imposibles, mientras otros se hunden en lo premioso. Al final, la tesis queda poco profundizada y no invita ni siquiera a la reflexión, quedándonos esa impresión de que la forma impera sobre el fondo.

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