USA 2026 119 min.
Dirección David Frankel Guion Aline Brosh McKenna, según los personajes creados por Lauren Weisberger Fotografía Florian Ballhaus Música Theodore Shapiro Intérpretes Anne Hathaway, Meryl Streep, Stanley Tucci, Emily Blunt, Justin Theroux, Patrick Brammall, Kenneth Branagh, B.J. Novak, Simone Ashley, Tracie Thoms, Lucy Liu, Larry Mitchell, Rachel Bloom Estreno en España 30 abril 2026; en Estados Unidos 1 mayo 2026
Lauren Weisberger triunfó a principios de este siglo con su novela semi autobiográfica El diablo viste de Prada, en la que contaba sus experiencias como asistente personal de la poderosa directora de Vogue Anna Wintour. Apenas tres años después de su publicación, la llevaron a la pantalla la guionista Aline Brosh McKenna (Hasta que la ley nos separe, 27 vestidos, Morning Glory) y el director David Frankel, que había debutado unos años antes con Miami, protagonizada por Antonio Banderas, Sarah Jessica Parker y Mia Farrow. El resultado se coló en las listas de películas más taquilleras de la década, y logró afianzarse como una de las comedias más icónicas de lo que llevamos de siglo. El éxito estaba bien asegurado; se trataba de modernizar el clásico cuento de la cenicienta, presentándonos a una joven periodista e idealista que acaba sucumbiendo a las reglas del trabajo en un mercado fuertemente capitalista, cuando es contratada en la revista Runway, a las órdenes de una caprichosa y diabólica jefa. Anne Hathaway pasaba así de patito feo a deslumbrante cisne, mientras Meryl Streep echaba toda la carne al asador para convertirse en una hábil combinación de hada y bruja.
Con los clásicos de una sociedad capitalista seguimos, cambiando los cuentos de hadas por los de súper héroes. Al menos eso es en lo que parece haberse convertido la protagonista, Andy Sachs, empeñada en arreglar cualquier desaguisado y reponer justicia a quien la pierde, salvando así empresa, reputación y vida ajena, aunque en el fondo, y ahí radica su más acertada observación, es a ella a quien se afana en salvar, como cualquier hijo e hija de la sociedad consumista moderna, absorbida por el narcisismo y la vanidad. Naturalmente lo que llama la atención en esta segunda parte, que no sigue precisamente la continuación de la novela, La venganza viste de Prada, es su lujo, glamour y, sobre todo, ritmo e ingenio para volver a encandilar y divertir, resultar amena y digerible, a pesar de que cada giro de guion cuenta con una resolución facilona, poco trabajada.
Lo mejor, de todos modos, sigue siendo su cuarteto protagonista. Si con este film volvemos a disfrutar en la gran pantalla, tras varios años de ausencia, de la gran e irrepetible Meryl Streep, ya merece la pena. Pero lo hace también porque Anne Hathaway despliega todo su encanto, la trama es atractiva y la dirección ágil y dinámica. Si además viajamos a lo más glamuroso de Milán y somos capaces de reconocer los cameos de gente tan famosa en el sector como Naomi Campbell, el músico Jon Batiste o Dolce & Gabana, mejor aún. Por cierto, en este apartado destaca la bronca que le echa Emily Blunt a Donatella Versace, y la que Lady Gaga le echa a Meryl Streep. Por lo demás, ya tiene mérito reunir al mismo equipo artístico y técnico veinte años después.

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