miércoles, 25 de marzo de 2026

LA SONRISA DEL MAL Fanatismo curativo

Título original: La valle dei sorrisi
Italia-Eslovenia 2025 122 min.
Dirección
Paolo Strippoli Guion Jacopo Del Giudice, Paolo Strippoli y Milo Tissone Fotografía Cristiano De Nicola Música Federico Bisozzi y Davide Tomat Intérpretes Michele Riondino, Giulio Feltri, Paolo Pierobon, Romana Maggiora Vergano, Roberto Citran, Sergio Romano, Diego Nardini Estreno en el Festival de Venecia 30 agosto 2025; en Italia 17 septiembre 2025; en España 20 maro 2026


En sus múltiples cortometrajes y tres largometrajes, el primero dirigido con Roberto De Feo, el joven Paolo Strippoli parece decidido a darle la vuelta al género de terror, convirtiendo en algo diferente la pérdida en el bosque de La clásica historia de terror, la sustancia que nos enfrenta a nuestros miedos en Piove, y ahora la posesión y el fanatismo religioso en este Valle de sonrisas que aquí hemos titulado con el más vulgar La sonrisa del mal. Lástima que para ello eche mano de personajes y situaciones archivistas, desde el extraño en una comunidad que acarrea sus propios traumas y miedos, al joven de mirada intensa y comportamientos bizarros que genera el malestar imperante en una cinta que procura generar una atmósfera no siempre lograda a todos los efectos.

Su, no obstante, inquietante trama se ambienta en una aldea montañosa al norte de Italia, con demasiados jóvenes escolarizados como para exhibir tan pocos habitantes, y un trauma generalizado que nos recuerda a la reciente tragedia de Aldamuz, a pesar de que la pérdida de vidas no debería asociarse a un pueblo de paso. La alegría recuperada pasa por entregarse en cuerpo y alma a un joven aparentemente inocente que esconde un turbio poder como vehículo del mal y la enajenación más absoluta. En este contexto surge el extranjero que pretende resolver la situación y desenmascarar el fanatismo reinante entre la multitud, lo que lógicamente deberá desatar la violencia y la sinrazón.

Cerca quizás de los postulados dramáticos de un Shyamalan, la cinta de Strippoli no llega en ningún momento a alzar el vuelo, ni sirve como ensayo sobre nuestros miedos y cómo pueden llegar a bloquearnos. Se queda en tierra de nadie, logrando dar la vuelta al género pero definiendo a su supuesto monstruo como ser ambiguo y presuntamente homosexual, un detalle que suele potenciar la vía del mal cuando de cineastas reaccionarios se trata. Por lo demás, su argumento llega a resultar confuso y, en su afán de ser discreto y elegante, no llega a explotar sus posibilidades, que podrían haberle reportado esa fascinación que tantos buscamos cuando de retratar el mal con tintes diabólicos se trata.

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