miércoles, 29 de abril de 2026

LOS LAZOS QUE NOS UNEN Maternidad sobrevenida

Título original: L’attachement
Francia-Bélgica 2024 106 min.
Dirección
Carine Tardieu Guion Carine Tardieu, Raphaële Moussafir, Agnès Feuvre y Agnès de Sacy, según la novela de Alice Ferney Fotografía Elin Kirschfink y Yann Maritaud Música Eric Slabiak Intérpretes Valeria Bruni Tedeschi, Pio Marmaï, César Botti, Vimala Pons, Raphaël Quenard, Catherine Mouchet, Marie-Christine Barrault Estreno en el Festival de Venecia 3 septiembre 2024; en Francia 19 febrero 2025; en España 26 septiembre 2025; en Movistar Plus+ 20 abril 2026

Estrenada de forma casi desapercibida en septiembre pasado, la llegada ahora a Movistar de este film, tras haber sido recientemente reconocida con el César a la mejor película de 2025, nos ha permitido ahora acercarnos a este intimista melodrama sobre maternidad sobrevenida y nuevas oportunidades para enderezar la vida. Una espléndida Valeria Bruni Tedeschi da vida a una mujer madura que ve cómo pierde paulatinamente su abrazada soledad y considerable independencia cuando un giro inesperado protagonizado por la familia vecina de enfrente pone su vida patas arribas y le hace replantearse algunas de las certezas de su vida.

Un interesante y prometedor punto de partida, de la mano de una exitosa novela y su adaptación a ocho manos, también galardonada con el premio galo, que pronto descubrimos se convierte en un bucle del que resulta difícil salir, merced a una dialéctica reiterativa y en cierto modo algo cansina. No obstante, la presencia siempre fascinante de la actriz, aunque fuera la algo excesiva Vimala Pons quien se alzara con el único César de interpretación del reparto, convierte la experiencia en algo así como gratificante. Lástima que el personaje de la afamada actriz aparezca casi de forma permanente fumando, incluso en interiores. Aún así su encanto y carisma justifica algunas de las reacciones que se suceden en un film que indaga sobre los giros inesperados que da la vida, la necesidad de vínculos sentimentales que la sustenten y la posibilidad de corregir errores provocados por despecho, o simplemente para curar heridas de manera urgente o precipitada.

Aunque la protagonista principal sea Bruni Tedeschi, se trata de un film coral en el que todos y todas, incluido un niño algo petardo pero así mismo entrañable, tienen su particular trato de cariño y amabilidad. En el reparto, nos fijamos especialmente en la veterana Marie-Christine Barrault, que tiene una intervención mínima como madre de la protagonista, y a la que recordamos por sus papeles en Cousin, cousine, Mi noche con Maud y Recuerdos (Stardust Memories), a pesar de que ha seguido haciendo cine, aunque en títulos cuya falta de trascendencia ha impedido su estreno en nuestras pantallas.

martes, 28 de abril de 2026

KRAKEN: EL LIBRO NEGRO DE LAS HORAS Sin garra ni espíritu

España 2026 111 min.
Dirección
Manuel Sanabria y Joaquín Llamas Guion Rocío Martínez Llano, Juan Carlos Cueto y Óscar David Gómez, según la novela de Eva García Sáenz de Urturi Fotografía Carlos Pérez Gascó Música Pablo García Lozano Intérpretes Alejo Sauras, Maggie Civantos, Natalia Rodríguez, Aitziber Luma. Martín Urrutia, Ana Gracia, Fernando Soto, Elena Gallardo, Andere Garabieta, Íñigo Gastesi, Ainhoa Aierbe, Olatz Beobide, Isidoro Fernández, Natalia Millán Estreno en el Festival de Málaga 13 marzo 2026; en salas 24 abril 2026

Hasta cinco libros ha escrito hasta el momento Eva García Sáenz de Urturi sobre las andanzas del detective experto en perfiles criminales Unai López de Ayala, alias Kraken, en la ciudad de Vitoria. Con este film son ya dos las adaptaciones cinematográficas de la saga, que amenaza con ir a más. Y lo mismo se puede decir de ésta que de la anterior, El silencio de la ciudad blanca. Igual de bochornosa es. Aquella la dirigió con idéntica torpeza Daniel Calparsoro, mientras de ésta se han hecho cargo Manuel Sanabria y Joaquín Llamas, que tampoco lograron maravillas con la serie de televisión La coleccionista, basada en la película dirigida por el primero y protagonizada por Maggie Civantos, Daniel Grao y Belén López.

Circunscrita al cine negro de crímenes rituales en serie, relacionados con el patrimonio cultural, la cinta adolece de cualquier atisbo de naturalidad, no digamos credibilidad, cuando todo acontece de manera tan impostada, sin fluidez ni convicción. Algo que se atisba incluso en la desgana con la que está interpretada, lo que hace que prácticamente ninguno de sus personajes destaque lo más mínimo, salvo quizás Aitziber Lumaprotagonista de una historia paralela del pasado que lidia con monjas perversas y familias ambiciosas, todas y todos crueles al máximo nivel.

La joven debutante está muy por encima de la falta de naturalidad de Maggie Civantos, la falta de relieve de Alejo Sauras, tomando el relevo de Javier Rey, o la artificiosa caracterización de Natalia Rodríguez como detective albina. Previsible y ridícula en cada nuevo giro de guion, aspira al menos a ser entretenida, y puede que en su sucesión de disparates lo consiga, aunque para ello tengamos que pagar el peaje del rubor y la vergüenza ajena. Ni siquiera Vitoria, la emblemática ciudad en la que está rodada y ambientada sale bien parada del conjunto, siempre a oscuras y sin apenas singularidad.

lunes, 27 de abril de 2026

SALOMÉ EN LES ARTS, DE PERVERSA A PERVERTIDA


Alejados de la Feria de Abril, haciendo vida conyugal en Valencia, nos hemos acercado en un par de ocasiones al Palau de la Música. La primera para disfrutar de la energía y la fuerza inusitada de Paavo Järvi al frente de la Orquesta de Cámara de la Filarmónica de Bremen, con un programa exquisito en el que pudimos comprobar cómo en manos tan expertas e informadas, la Tercera de Schubert y la Escocesa de Mendelssohn, rebosan frescura y agilidad, lo que también pudo extenderse al Concierto para piano y orquesta nº 19 de Mozart, que sirvió como bisagra entre ambas páginas sinfónicas. Aquí lució la técnica y la expresividad del joven pianista japonés Mao Fujita, todo jovialidad tanto en su destreza al instrumento como en su actitud ante el público, y sin que Järvi lo eclipsara en ningún pasaje. Por supuesto, la orquesta no sólo lució músculo sino también una técnica impecable, con destellos de grandeza en solistas destacados, como el timbalero o el clarinetista.


De la Sala Iturbi nos desplazamos dos días después a la Sala Rodrigo, donde pudimos apreciar la magnífica acústica alcanzada tras la rehabilitación forzosa a la que tuvo que someterse durante varios años y hasta hace muy poco. Fue con un recital de piano del joven valenciano Rubén Talón, que despachó Satie, las Gymnopédies 1 y 3 y los Gnossiennes con igual numeración, de forma algo caprichosa, deleitándose en unas dinámicas muy marcadas y acaso artificiosas. Mucho mejor atacó el Vallée d'Obermann de Liszt, si bien arrancó premioso y hasta aburrido, para después desembocar en sus acordes más enérgicos y desesperados, muy bien resueltos, con singular aplomo. Tras una Balada nº 2 de Chopin nada afectada y muy efectiva, lo mejor llegó de la mano de un Gaspard de la Nuit con gran sentido de la expresividad y evidentes dosis de elegancia. Hasta cuatro propinas regaló ante el entusiasmo de sus paisanos.


Con la Feria Andaluza a imagen de la sevillana, desplegada a sólo unos metros, nos acercamos al día siguiente a Les Arts para disfrutar del estreno de un título que en Sevilla no se hace desde 2005, y que siempre despierta nuestra curiosidad y atención, cuando no fascinación. Se trata de Salomé de Strauss, esta vez bajo dirección musical de quien fuera responsable del coliseo valenciano hasta hace poco, James Gaffigan, y con la dirección escénica del joven y demandado Damiano Micheletto, tras la tibia acogida de su primera película como director, Primavera, en torno a Vivaldi y una joven virtuosa del orfanato Pietá.

Pero la sensación debía ser la soprano lituana Vida Miknevičiūtė, hoy considerada como todo un referente en el personaje straussiano, tras haberlo interpretado en numerosas ocasiones. Claro que para calibrar su talento al respecto, hubiéramos preferido que no se hubiese alterado tanto la psicología del personaje, a quien Micheletto parece haber querido limpiar de todo aspecto misógino, pasando de ser un ser perverso y caprichoso al resultado de un abuso prolongado, tras sufrir el consabido trauma de perder a su padre víctima de sus intrigantes tío y madre. Y para que el público menos versado no se pierda entre tanta intriga familiar, el director italiano se encarga de dibujarnos un árbol genealógico al principio de la función, sobre el minimalista decorado en el que una estupenda iluminación proyecta inquietantes sombras.


Ciertamente, Miknevičiūtė exhibe muy buena voz en perfecto registro lírico dramático, generosa proyección y virtuosa articulación, mientras Nicholas Brownlee como Jochanaan le da buena réplica a pesar de un físico poco encajado. Aunque para eso, lucir físico, están los ángeles del infierno que circulan por el escenario gran parte de la función, sin mayor poder de elocuencia. Hacer cantar a los protagonistas desde el fondo de un profundo escenario ya sabemos que pasa factura, de modo que una gritona Michaela Schuster y un excitado (torturado y ridiculizado por la dirección escénica) John Daszak, sufrieron lo suyo para hacerse notar. A Lioba Braun apenas se lo oyó, pero en su caso el escenario tuvo poco que ver.


La pulcritud del escenario va desapareciendo paulatinamente conforme avanza la narración, sufriendo todo tipo de vejaciones, barro, pluma, sangre... siempre en un ambiente que parece recrear el recurrente período de entre guerras del siglo XX. Menos mal que a nadie se le ocurrió vestir a Herodes con uniforme fascista. La Orquesta de la Comunidad Valenciana respondió como siempre, de forma brillante y ejemplar, aunque la acústica de Les Arts no nos parezca la más adecuada para disfrutar de la estética straussiana en todo su esplendor. Eso sí, Gaffigan mostró poco interés por no sepultar las voces, firmando una dirección excesivamente enérgica, siempre al extremo de una expresividad tormentosa, menos lasciva y sensual de lo conveniente.

viernes, 24 de abril de 2026

MICHAEL Un biopic aseado, aderezado con ritmo y energía

USA 2026 127 min.
Dirección
Antoine Fuqua Guion John Logan Fotografía Dion Beebe Música Lior Rosner Intérpretes Jaafar Jackson, Colman Domingo, Nia Long, KeiLyn Durrel Jones, Juliano Valdi, Miles Teller, Larenz Tate, Kendrick Sampson, Laura Harrier, Jayden Harville, Jaylen Lyndon Hunter, Judah Edwards, Nathaniel Logan McIntyre, Amaya Mendoza Estreno en España 22 abril 2026; en Estados Unidos 24 abril 2026

Quizás quienes conozcan en profundidad la biografía extra oficial de Michael Jackson, encuentren en esta película centrada en sus primeros años como artista infantil y su posterior ascenso al estrellato más absoluto tras la publicación del icónico álbum Thriller, falsedades y ocultaciones. El resto, conscientes sólo de sus barrabasadas posteriores, sus excentricidades y sus supuestos abusos sexuales a niños y niñas, no encontramos en esta primera mitad de su corta vida nada que censurar. En cuanto al abuso del que fue víctima por parte de su padre, si lo fue de carácter sexual, sí que se ha ignorado. Pero si, por el contrario, lo fue en cuanto a explotación, control y malos tratos, ha quedado perfectamente reflejado en el primoroso guion del prestigioso John Logan, que habrá hecho malabares para contentar a la familia, artífice del producto, y mostrar un personaje amante de niños y animales, filántropo, excéntrico en su justa medida, y sometido en muchos sentidos.

Logan creó la serie Penny Dreadful, algunos de cuyos episodios fueron dirigidos por J.A. Bayona y Paco Cabezas, participó en los guiones de Skyfall, Spectre y Gladiator, y fue autor absoluto de los de El aviador y La invención de Hugo, ambas de Scorsese. No cabía esperar de él un mal trabajo, y desde luego no lo es. Por su parte, Antoine Fuqua no puede considerarse un gran director, pero sí eficiente, que encontró sus mejores trabajos en Training Day y The Equalizer, y desde luego es capaz de insuflar el suficiente ritmo y energía a un producto como éste como para resultar eficiente, y desde luego lo es, sobre todo para fans e incondicionales. Quienes hemos vivido esa evolución desde sus inicios en The Jackson 5, aunque fuera a través de hermanas y padres, después The Jacksons, y en solitario desde Off the Wall, con ese puro y singular sonido Quincy Jones, también tenemos motivos para salir del cine satisfechos. No buscábamos morbo ni desmitificación, sino espectáculo, una historia sólida como la que proporciona esa difícil relación paterno filial, y buena música.

Todo eso, además de unas emocionantes recreaciones de sesiones de grabación, conciertos masivos y realizaciones de video-clips legendarios, está en esta película de la que se ha desentendido por motivos personales Janet Jackson, cuyo personaje no aparece en la película. Sí lo hacen otros fundamentales como Berry Gordy, magnate de Motown, un majestuoso Quincy Jones y Walter Yetnikoff, presidente de CBS, que sirve a Mike Myers para otra de sus divertidas intervenciones, esta vez evidenciando el racismo de la MTV, al menos en sus inicios. Por otro lado, tenemos una estupenda interpretación del propio sobrino de Michael, Jaafar, hijo de Jermaine, parecido absoluto incluido, no como la pobre Whitney Houston, a quien Naomi Ackie no se le parecía en nada en su particular biopic. No hacía falta pedirle más, y quienes disfrutamos en su día del arte del irrepetible cantante, lo hacemos también ahora recordando una época y un fenómeno, aunque no fuéramos precisamente fans ni incondicionales del rey del pop.

EL SONIDO DE LA CAÍDA Evolución de género con su entorno

Título original: In die Sonne schauen
Alemania 2025 149 min.
Dirección
Mascha Schlinski Guion Mascha Schlinski y Louise Peter Fotografía Fabian Gamper Música Michael Fiedler y Eike Hosenfeld Intérpretes Hanna Heckt, Lena Urzendowsky, Susanne Wuest, Luise Heyer, Laeni Geiseler, Lea Drinda, Florian Geisselman, Gode Benedix, Bärbel Schwarz, Lucas Prisor, Konstantin Lindhorst, Martin Rother, Filip Schnack Estreno en el Festival de Cannes 14 mayo 2025; en Alemania 28 agosto 2025; en España 24 abril 2026

Partimos de la base de sentirnos
incapaces de apreciar las bondades de una película larga y tediosa que abarca un siglo de insulsas experiencias en una misma casa, una granja en el este de Alemania. Allí, cuatro niñas en el primer cuarto del siglo XX, plena Segunda Guerra Mundial, años setenta y la actualidad, viven su particular forma de afrontar la relación del entorno con su género, a veces adoptando una visión subjetiva, otras veces abandonándola, y siempre alternando historias o lo que lo parecen, de manera aparentemente desordenada y algo caótica, no siempre fácil de relacionar, como no lo son los parentescos que en ocasiones parecen existir entre las jóvenes. Todo se abandona a una supuesta poética de la feminidad, en lo que es el segundo largometraje de la directora alemana Mascha Schlinski, ocho años después de su debut.

Cabe apreciar su esmerada puesta en escena, la candidez de algunas de sus protagonistas, y la casuística que acompaña a cada una según su generación, siendo en este sentido la más interesante la historia que sucede en los setenta, con la represión sexual todavía latente y el papel conformista de una mujer por liberar y consolidar su confianza. Una inusitada crueldad domina el primer segmento, mientras el ambientado en los años cuarenta apenas logra definir su entidad, hasta finalmente sugerir en época actual una tenue liberación y la construcción de lazos sentimentales antaño estigmatizados.

Todo ello dentro de una tónica lánguida y misteriosa, que exige una extrema concentración por parte del público, y desde luego mucha paciencia. Con todo, se hizo con el Premio del Jurado en Cannes y el de mejor dirección, exaequo con Joachim Trier por Valor sentimental, en los Premios del Cine Europeo.

martes, 21 de abril de 2026

MI QUERIDA SEÑORITA Oportuna revisión de un clásico

España 2026 112 min.
Dirección
Fernando González Molina Guion Alana S. Portero Fotografía Carlos Rigo Música Álex de Lucas y Zahara Intérpretes Elisabeth Martínez, Anna Castillo, Paco León, Manu Ríos, Lola Rodríguez, Nagore Aranburu, Eneko Sagardoy, María Galiana, Delphine Bianco Estreno en el Festival de Málaga 8 marzo 2026; en salas (limitado) 17 abril 2026; en Netflix 1 mayo 2026

La combinación de la dramaturgia clásica y comercial de Fernando González Molina (Trilogía del Baztán, Palmeras en la nieve) y la mirada atrevida y decididamente abierta de los Javis, productores de la película, da como resultado esta preciosa película cuyo hilo argumental parte del clásico de Jaime de Armiñán y el guion de José Luis Borau para convertirse paulatinamente en una película independiente y completamente diferente. Entre todos los artífices de la empresa logran que este argumento, en principio cogido con alfileres, funcione incluso en la transición de milenio, época ya no tan pretérita ni asida al franquismo como los setenta originales. El escenario sigue siendo una ciudad de provincias, en este caso Pamplona, y el punto de partida vuelve a encadenar a una mujer a una vida gris de catequismo y nula vida sexual. Todo u
n sistema de protección auspiciado por una familia temerosa de que su realidad se interponga en su felicidad.

No se trata sino de intersexualidad, una condición física que no debería constituir un estigma para desarrollarse en libertad y plenitud de derechos y placeres. Puede ser cierto que el guion de Alana Portero resulte muy explicativo y subrayado, pero también que está muy bien escrito y apela con éxito a la emoción y la ternura más extrema. Algo a lo que no son ajenas las excelentes interpretaciones de prácticamente la totalidad del numeroso elenco. Galiana como abuela, León como singular sacerdote, Castillo como detonante del deseo sexual, están literalmente para comérselos. Pero su debutante protagonista, Elisabeth Martínez,  directamente enamora, llena la pantalla con cada intervención, prácticamente todo el metraje, tal es su omnipresencia.

Lástima que este tipo de trabajos sigan siendo necesarios, especialmente ahora que vivimos tanta regresión. Pero si además el mensaje viene revestido de calidad cinematográfica, con momentos de gran calado estético y emocional, una narrativa fluida y extrema ternura y sensibilidad, merece más que la pena. Esta celebración de la diversidad, de la identidad y de la búsqueda legítima de la felicidad, conoce una distribución limitada en salas antes de desembarcar definitivamente en Netflix, su destino original. Como curiosidad, una fotografía de José Luis López Vázquez, protagonista de la versión de 1972, se desliza de la caja de recuerdos de Galiana, mientras a mitad de los títulos de crédito finales, otra intervención estelar nos sorprende.

lunes, 20 de abril de 2026

LA MUJER MÁS RICA DEL MUNDO Rasputín y la Zarina

Título original: La femme la plus riche du monde
Francia-Bélgica 2025 121 min.
Dirección
Thierry Klifa Guion Cédric Anger, Jacques Fieschi y Thierry Klifa Fotografía Hichame Alaouié Música Alex Baeupain Intérpretes Isabelle Huppert, Laurent Lafitte, Marina Foïs, Raphaël Personnaz, André Marcon, Matthieu Demy, Micha Lescot, Joseph Olivennes, Paul Beaurepaire Estreno en el Festival de Cannes 18 mayo 2025; en Francia 29 octubre 2025; en España 17 abril 2026


Reconstrucción fidelísima pero desapasionada del caso Bettencourt, que agitó la opinión pública francesa durante los primeros años del presente siglo. La así denominada mujer más rica del mundo, Liliane Bettencourt, titular de una de las empresas cosméticas más cotizadas, L’Oreal, se vio involucrada al final de sus días en una trama de corrupción que afectó incluso a la campaña electoral de Sarkozy. Quien tiró de la manta, su mayordomo a través de grabaciones domésticas, pretendía desenmascarar a un fotógrafo de moda que se convirtió de la noche a la mañana en compañero inseparable de la acaudalada mujer. Homosexual, arribista, experto en diseño y decoración, logró embaucar a la señora como lo han hecho y lo siguen haciendo innumerables hombres de su condición con el fin de granjearse favores y donaciones de mujeres caprichosas y en ciertos aspectos vulnerables.

Todos los personajes que en la vida real protagonizaron este asunto, tienen su alter ego en esta película que camufla sus identidades de forma así bastante inútil. La hija despechada, el marido político, el nieto reconvertido en tutor… además de los ya referidos, se convierten así en protagonistas de un vodevil que no encuentra el tono justo. Una narrativa bastante discursiva y reiterativa, así como un desenlace bastante abrupto y acelerado, lastran la que podría haber sido una película si no apasionante, al menos sí inquietante.

Thierry Klifa, acostumbrado a lidiar con divas galas, como Fanny Ardant en Les rois de la piste, Nathalie Baye en Une vie à t’attendre, y sobre todo Catherine Deneuve, a quien ha dirigido en tres ocasiones, Secretos cantados, Les yeux de la mère y Tout nos sépare, hace lo que puede con Isabelle Huppert. Pero quizás poco motivada, la actriz se limita a poner el automático y actuar en idéntico tono y registro que en otras ocasiones. Quien sí se ha llevado el gato al agua es Laurent Lafitte, que por su histriónico papel del arribista que se trabaja los favores de la millonaria, logró el César al mejor actor en la pasada edición. Al fin y al cabo, el film se interesa más por esta relación entre una desmotivada zarina y su particular Rasputín, que en el entramado político que supuso el caso.

EL CHICO DE LOS PANTALONES ROSAS Mejor en el fondo que en la forma

Título original: Il ragazzo dai pantaloni rosa
Italia 2024 114 min.
Dirección
Margherita Ferri Guion Roberto Proia Fotografía Martina Cocco Música Francesco Cerasi Intérpretes Claudia Pandolfi, Samuele Carrino, Sara Ciocca, Andrea Arru, Corrado Fortuna, Pietro Serpi Estreno en Italia 10 octubre 2024; en España 17 abril 2026


El caso de Andrea Spezzacatena conmocionó a Italia en 2012 de la misma forma que otros similares lo hicieron en nuestro país y tantos otros del mundo. Se trata del bullying, esa práctica perversa que practican niños y adolescentes que se sienten fuertes y superiores, sobre otros de vulnerabilidad manifiesta. Un tema que a su directora, Margherita Ferri, parece interesarle bastante, habiéndolo ya tratado en su anterior y primer film, Zen sul ghaccio sotile, de 2018. No es sino un síntoma más de la falta de formación y educación que todavía se acusa a esa edad, lo que pone de manifiesto que más que tratar el problema desde la sensibilización del maltratador, conviene someterlo al análisis y el tratamiento de personas especializadas en las víctimas. Sólo mediante el proceso educativo seremos capaces de comprobar quiénes han asimilado esa formación que nos hace más sensibles, solidarios y maduros, y quiénes mantendrán esa perversidad que se hace patente en todos los ámbitos de nuestra vida y entorno.

Ahora que las redes sociales facilitan aún más esa perversión y ese escarnio al que se somete públicamente a jóvenes vulnerables, los casos se han disparado, y las consecuencias son en muchos casos tan trágicas como la que sufrió el joven Spezzacatena, de la que esta película estrenada en Italia hace casi dos años, se hace eco. Se trata de un film aseado y sencillo, de dramática fácil e intencionadamente edulcorada. Afortunadamtne su gramática se muestra sutil y delicada, sin evidenciar con toda su crudeza y contundencia el sufrimiento padecido por su protagonista, de quien muestra una adolescencia por una parte agradecida por su inteligencia y expediente académico, pero lastrada por la situación familiar e indicios de una sexualidad diversa que le hace padecer un primer choque con el amor no correspondido. Sus ansias de integración en el entorno y una sensibilidad extrema, se convierten en caldo de cultivo para sufrir el bullying aludido, pero en el camino se aprecia ilusión y esperanza.

Sus jóvenes protagonistas aciertan en la caracterización de sus personajes, pero junto al angelizado protagonista y su amiga confidente, destaca la ambigüedad impecablemente plasmada del centro de atracción del joven acosado, su compañero de clase al que da vida Andrea Arru, cuyo trabajo le ha reportado algún que otro premio de interpretación. El film se ve con interés y atención, echando de menos quizás un tratamiento cinematográfico más riguroso y creativo, pero agradeciendo su claridad y su vocación de denuncia, tan necesaria para acabar con un lastre imperdonable que afecta sobre todo a nuestro sistema educativo y los protocolos de prevención y actuación.

domingo, 19 de abril de 2026

UN POETA Esperanza para la inadaptación social

Colombia-Alemania-Suecia 2025 120 min.
Guion y dirección
Simón Mesa Soto Fotografía Juan Sarmiento G. Música Matti Bye y Trío Ramberget Intérpretes Ubeimar Ríos, Rebeca Andrade, Guillermo Cardona, Humberto Restrepo, Alisson Correa, Margarita Soto, Evelin Montoya Sánchez, William Montoya Estreno en el Festival de Cannes 19 mayo 2025; en Colombia 28 agosto 2025; en España 17 abril 2026

Con esta película colombiana se completa el estreno comercial en España, entre salas y plataformas, de los cinco títulos nominados al Goya a la mejor película iberoamericana de la pasada edición. A falta en la terna de El agente secreto de Kleber Mendonça Filho, ésta es sin duda la mejor de las cinco, por encima de La misteriosa mirada del flamenco (Chile), la inexplicable inclusión de la endeble La piel del agua (Costa Rica), la muy interesante Manas (Brasil) e incluso la tan convencional Belén (Argentina) que se llevó el gato al agua. No en vano, Un poeta inició su palmarés logrando el Premio del Jurado en la sección Un certain regard del Festival de Cannes, y el Horizontes a la mejor película iberoamericana en San Sebastián. Se trata de la mirada sincera y acertada, entre la sátira cómica y la crónica trágica y desesperada de un inadaptado social, espléndido Ubeimar Ríos como el poeta del título. El actor presta su singular y diríamos incluso grotesco físico para dar vida a este ser fracasado, alcohólico, incomprendido e inconformista personaje que acarició el éxito en su pasado joven como galardonado y reconocido poeta, y que tras entrar en crisis encuentra su destino en la ayuda que dispensa a una alumna aventajada que, sin embargo, no desea para sí el camino que le ha diseñado su mentor. Una forma también de acercarse a la hija que le repudia, lo que podríamos entender como un acto desesperado y decisivo de amor

Se trata, por lo tanto, de una suerte de búsqueda de la redención y la oportunidad perdida a través del talento ajeno, cuando las circunstancias sociales y económicas del país, que quedan así sutilmente reflejadas en un guion modélico al que su autor da la precisa estructura cinematográfica que demanda, no son propicias. Se revela así la película, segunda del joven y talentoso director, como una crónica de los males que azotan un país que quiere salir de la crisis permanente, mirarse en el espejo de esa Europa que queda tan lejos como el bienestar y la situación geográfica le propicia, pero tan cerca como la sensibilidad aprehendida le permite. Vanidades y perversidades quedan así expuestas en una galería en la que el personaje interpretado por un descomunal Ubeimar Ríos, cuyo difícil físico explota a discreción para provocar la reacción entre divertida y adversa que genera en el público, parece sentirse tan ajeno y fuera de lugar.

Alrededor surge todo un elenco de personajes que representan la avaricia, la pereza, la desgana, el rencor, el cariño y otros sentimientos que hacen de ésta una película tan tierna como desgarradora, con una fuerza tremenda que ayuda a reflexionar sobre este mezquino mundo al que tanto cuesta adaptarse, especialmente cuando no se pertence a la mediocridad imperante. Todo funciona gracias a su perfecto ensamblaje, si bien en su tercio final un giro dramático parece dar al traste con esa reconfortante generosidad y viaje hacia el reconocimiento a través de la formación y la educación que propone. Sin embargo, la habilidad y la claridad con la que su guionista y director maneja los resortes de su entretenida y constructiva trama, logra que la esperanza fluya al final con la misma naturalidad que lo ha hecho todo su entramado fabulador.

PRIME CRIME: A TRUE STORY Malogrado ejemplo de forma sobre fondo

Título original: Dead Man’s Wire
USA 2025 104 min.
Dirección
Gus Van Sant Guion Austin Kolodney Fotografía Arnaud Potier Música Danny Elfman Intérpretes Bill Skarsgard, Dane Montgomery, Cary Elwes, My’hala Herrold, Colman Domingo, Al Pacino, Kelly Lynch, John Robinson, Todd Gable, Mark Helms, Michael Ashcraft, Neil Mulac, Daniel R. Hill, Dean Curtis Estreno en el Festival de Venecia 2 septiembre 2025; en Estados Unidos 16 enero 2026; en España 17 abril 2026


Vaya por delante el nuevo desatino de la distribución española al bautizar con un título en inglés distinto del original la nueva película de Gus Van Sant. El original, Dead Man’s Wire Cable del hombre muerto, hace alusión al artilugio inventado por Tony Kiritsis, el personaje que protagoniza la película bajo la mirada algo desquiciada de Bill Skarsgard, para amenazar al magnate del préstamo M.L. Hall con matar a su hijo si no reparaba la estafa a la que según él había sido sometido, y a la vez hacer una disculpa televisada. Ocurrió en 1977 y el guionista Austin Kolodney, apenas artífice de un puñado de títulos irrelevantes y la codirección de una extravagante versión de Don Quijote hace una década, lo ha querido poner de manifiesto. Y ciertamente, como si de abanderar la lucha contra unos gigantes como molinos de viento, parece tratar esta fallida, a nuestro juicio, película. Para Gus Van sant supone el regreso al cine tras siete años de ausencia, desde la poco estimulante No te preocupes, no llegará lejos a pie, y sin que la anterior, El bosque de los sueños, alcanzase tampoco un eco relevante.

Atrás quedan los tiempos de Mi nombre es Harvey Milk, Elephant, Gerry, El indomable Will Hunting, Mi Idaho privado y Drugstore Cowboy. El director estadounidense ha ido perdiendo irremediablemente fuelle, y este intento de recuperar el prestigio es una demostración patente. Que los hechos sucedieran en 1977 le da pie para hacer una reconstrucción fidedigna de la época, y que el locutor y disc jockey radiofónico Fred Temple, interpretado por Colman Domingo, fuese su ídolo e inspiración, provoca que en su banda sonora, octava colaboración con Danny Elfman del director de Todo por un sueño, se sucedan éxitos del momento, de Deodato a Yes pasando por Burt Bacharach o Donna Summer. Más allá de estos atractivos estéticos, a los que se une cierta vocación de dar al conjunto aspecto de docudrama con cambios de texturas que imitan el video televisivo de la época, la película carece de la enjundia que su denuncia política y social promete y merece.

El círculo mediático que se construye alrededor del suceso no logra el efecto dramático que pretende, mientras su reparto se esfuerza visiblemente, con Skarsgard a la cabeza como ligeramente perturbado secuestrador y presunto justiciero, y Dane Montgomery como víctima que jamás cae en el exceso melodramático. Junto a ellos, un Cary Elwes irreconocible y el regreso de un anciano, muy preciso y perfectamente adaptado Al Pacino como imperturbable hombre de negocios al que van dirigidas las quejas del protagonista. Pero Sant no logra dosificar los elementos, cayendo en continuas pérdidas de ritmo, sometiendo algunos momentos, como las reuniones del comité de crisis, a montajes fatigosos e imposibles, mientras otros se hunden en lo premioso. Al final, la tesis queda poco profundizada y no invita ni siquiera a la reflexión, quedándonos esa impresión de que la forma impera sobre el fondo.

LA MOMIA DE LEE CRONIN Regreso al cine serio de terror

Título original: Lee Cronin’s The Mummy
USA 2026 133 min.
Guion y dirección
Lee Cronin Fotografía Dave Garbett Música Stephen McKeon Intérpretes Jack Reynor, Laia Costa, May Calamawy, Natalia Grace, Billie Roy, Verónica Falcón, Shylo Molina, Emily Mitchell, Hayat Kamille, May Elghety, Husam Chadat, Mark Mitchinson Estreno en Estados Unidos y España 17 abril 2026


Un título tan pretencioso y, sobre todo, presuntuoso como éste no podía prometer mucho. El director irlandés Lee Cronin, con apenas un par de largometrajes poco o nada memorables, Posesión infernal: El despertar y Bosque maldito, y una serie de televisión, 50 States of Fright, siempre a la sombra de Sam Raimi, se permite bautizar su tercer largometraje como si del Drácula de Bram Stoker, de Coppola, o el Frankenstein de Mary Shelley, de Branagh, se tratase, adjudicándose unas ínfulas autoriales que no posee ni como director ni mucho menos como autor literario. Sin embargo, nos hallamos ante un trabajo muy estimulante de recuperación del espíritu del cine de terror de los años setenta, con El exorcista y La profecía como máximos exponentes. 
Al mito de la momia se ha acercado el cine en innumerables ocasiones, desde el clásico de Karl Freund protagonizado por Boris Karloff a los intentos de convertirla en una saga al estilo de Indiana Jones, con Brendan Fraser al frente, o el fracaso que supuso la versión protagonizada por Tom Cruise, un híbrido entre el cine de terror y el de aventuras que supuso quizás el escalón más bajo experimentado por el popular actor.

Lo que Lee Cronin propone ahora nos lleva al cine más serio, lejos, al menos en tres cuartos de su metraje, del tren de la bruja al que nos tiene acostumbrados el cine de terror actual, centrado más en lo truculento, la sangre y las vísceras, que en un hilo narrativo y argumental mínimamente coherente. Sin embargo, poco o nada que ver tiene esta versión con la del monstruo que tanto y tan bien popularizó la Universal en los años treinta del pasado siglo. Nos encontramos ante un terrible drama familiar tras la desaparición de una niña en Egipto, donde su padre trabaja como corresponsal de una televisión norteamericana, y el posterior regreso de sus integrantes a Alburquerque, Nuevo México, hasta que un accidente fortuito trae a la pequeña de vuelta pero en extrañas circunstancias. La superchería y las posesiones diabólicas se suceden así de forma tan convincente como natural, mientras el drama va dando paso al terror, la intriga y una saludable inquietud que nos devuelve lo mejor del cine de género en mucho tiempo. La inclusión de material títpico de snuff movie, en cierto modo una tradición de la productora de Insidious y Paranormal Activity, Blumhouse, añade un morboso atractivo a la propuesta.

A estos aciertos no es ajeno el buen trabajo de su elenco interpretativo, con una Laia Costa a la cabeza que suscitó el interés del director cuando vio un tráiler de Cinco lobitos. La actriz ya había protagonizado varios largometrajes estadounidenses de bajo presupuesto, lo que demuestra su excelente nivel de inglés, a pesar de lo cual acaba resultando otra actriz española encasillada en papeles latinos. Oírla en inglés nos obligó a desplazarnos al único cine en Sevilla que la exhibe en versión original, sometiéndonos a una calidad ínfima de imagen, oscura, más aún que la intención del film, y sin brillo. Es el precio que tiene no mantener los equipos en condiciones, lo que a la larga se traduce en pérdidas de público y dinero. Es la mala exhibición a la que muchas veces nos enfrentamos quienes cada vez apostamos menos por el cine en el cine, donde ruidos de paquetes de comida, parloteos varios y sonidos de móvil nos van alejando más y confiando en los equipos domésticos para ver el cine en condiciones.

sábado, 18 de abril de 2026

LANDA Entre la admiración y la mirada crítica

España 2026 70 min.
Guion y dirección
Gracia Querejeta y Miguel Olid Fotografía Aitor Mendilibar Música Nerea Alberdi Documental Estreno en el Festival de Málaga 13 marzo 2026; en salas 17 abril 2026

Esta poliédrica revisión del trabajo y el talento de uno de los actores españoles más icónicos de todos los tiempos, es el resultado del empeño del sevillano Miguel Olid, ya con una generosa experiencia en el documental con trabajos como Trabajando con la muerte y Summers, el rebelde. Ahora, con el apoyo inestimable de Gracia Querejeta, traza un recorrido escueto y preciso sobre la trayectoria, fundamentalmente profesional, de Alfredo Landa, procurando no caer en el tópico de considerarlo un genio y hacer una caricatura hagiográfica del actor. De esta forma echa mano de los habituales testimonios de familiares, sus hijos Alfredo e Idoia, pero sobre todo de conocidos, allegados y críticos cinematográficos, entre la mirada complaciente de amigo de Miguel Rellán y la más dura de un Antonio Resines que no duda en mostrar su desprecio ante El crack de José Luis Garci, así como por aquel cine del franquismo que no había por dónde cogerlo y del que Landa fue todo un exponente. No en vano, Olid, antes que cineasta ha sido y sigue siendo, crítico de cine.

Olid y Querejeta desarrollan un esfuerzo documentalista considerable, analizando en la medida que su corta duración lo permite, una veintena de sus trabajos, desde los más celebrados de su etapa más comercial y cómica, como Cateto a babor o No desearás al vecino del quinto, hasta sus trabajos más celebrados en democracia, la película de Garci, El bosque animado y Los santos inocentes entre ellos. Procura, a través de intervenciones del actor en televisión y los susodichos testimonios convocados, diseñar una imagen del actor acorde a sus ideales y su temperamento, dejando claro su narcisismo lejos de cualquier humildad, su fuerte carácter y sus rencores hacia quienes no le bailaban el agua. Pero sobre todo destaca su talento como actor de mirada extremadamente expresiva, capaz de abordar cualquier trabajo, aunque su físico le condicionara a interpretar habitualmente una misma tipología de lo que se consideraba peyorativamente el españolito medio.

Puede parecer un trabajo aséptico y previsible, pero denota un esfuerzo detrás de documentación y producción que le otorga un acabado impecable en el que la radiografía humana y sentimental del homenajeado se da la mano perfectamente con su legado artístico, contando para ello con una meticulosa puesta en escena y una adecuada banda sonora para la que no se han escatimado medios. Es evidente que su destino definitivo será la televisión, pero de momento, acercarse al cine, a pesar de su rácana distribución, puede valer la pena, tanto para incondicionales como para críticos del actor, pero sobre todo para analistas de una época que no queremos que se repita. Valga como ejemplo el testimonio de Sacristán, que no duda en pasar por alto las notables dieferencias ideológicas entre él y su amigo Alfredo Landa, apostando por el respeto y el entendimiento en lugar de la crispación y el enfrentamiento que amenaza constantemente nuestra convivencia. 

viernes, 17 de abril de 2026

VÍNNITSKAYA TRIUNFA EN UN CONCIERTO DE LA ROSS MASACRADO

Sinfónico 11. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Anna Vínnitskaya, piano. Shi-Yeon Sung, dirección. Programa: Kauyumari para orquesta, de Gabriela Ortiz; Concierto para piano nº 3 en re menos Op. 30, de Rachmáninov; Suite de El pájaro de fuego (versión de 1945), de Stravínski. Teatro de la Maestranza, jueves 17 de abril de 2026


No debería ser tema relevante de un concierto sinfónico la agresividad con la que parte del público se despacha a su antojo tosiendo, tirando objetos al suelo y faltando de diversas formas al respeto que merece la plantilla de la orquesta y el público que sí asiste a escuchar música. Se trata ni más ni menos que de falta de educación. Habrá ruidos inevitables, pero tantos como para ahogar momentos cruciales de las partituras, lo dudamos.

Es exactamente lo que ocurrió con el sutil arranque de la breve pero intensa Kauyumari de Gabriela Ortiz, de quien precisamente disfrutamos hace sólo diez días, de la mano de la OJA, su festiva Antrópolis. Fue imposible concentrarse en la entrada lejana de las trompetas que preludian la celebración de ritmo y color en que consiste la pieza incluida en el laureado trabajo Revolución diamantina.

En esta segunda ocasión de la temporada en que la surcoreana Shi-Yeon Sung ejerció como batuta invitada, logró una respuesta sorprendente de la orquesta, cuidando cada detalle de forma que la nitidez de los planos sonoros se superpusieran de forma sensacional, y que la portentosa sección de cuerda grave potenciara el ritmo de la pieza. Quizás la colocación de violines traseros y contrabajos elevados contribuyera a crear este efecto mágico.

Rusia por triplicado

Dos compositores rusos y una pianista también rusa protagonizaron el resto del programa. La larga primera parte se completó con el Concierto nº 3 de Rachmáninov, que aunque parezca que se haya programado muchas veces, apenas recordamos la última vez, y no fue de la mano de la ROSS sino de la Conjunta con Óscar Martín al piano, ¡hace catorce años!

El que se considera uno de los conciertos más diabólicos para el solista, debido a su complejidad técnica, hoy disfruta de multitud de adeptos. Si hay algo en lo que los jóvenes pianistas salen bien formados de conservatorios y academias es precisamente el virtuosismo técnico. Más difícil es encontrar alguien capaz de exprimir toda la expresividad, la poesía y el encanto de una pieza como ésta. La joven Anna Vínnitskaya fue sin duda una intérprete ágil, vibrante y habilidosa, pero quizás sólo se quedó en eso.

Sung y la pianista despacharon el primer movimiento a un ritmo vertiginoso, lapidando parte de su fuerza poética. A pesar de ello no podemos negar a la directora lograr una arquitectura sólida de la pieza, mientras Vínnitskaya descargó una furia inusitada en su centro de acordes martillados, alternados por las dos manos. Una agresividad desatada que se repitió en las difíciles cadenzas, donde no dudó en incluir acordes de su propia cosecha. En todo caso, su línea melódica sonó precisa y nítida en todo momento, especialmente evidente en el intermezzo, en cuyo scherzo central volvió a hacerse patente el enorme respeto de la orquesta por plegarse a las necesidades de la solista, sin por ello malograr su inspirada voluptuosidad.

El movimiento final resultó vitalista y, por momentos, apabullante, con solista y orquesta en perfecta sintonía, y de nuevo desgarradores arranques de furia que provocaron una reacción casi unánime del público, en pie ovacionando la heroica y meteórica intervención de la pianista, que salvó la complejidad técnica con matrícula, no tanto su vertiente expresiva y estrictamente emocional.


Algo parecido a lo ocurrido con el arranque de Kauyumari, volvió a suceder tras el descanso con El pájaro de fuego, cuyo sutil, delicado y meticuloso inicio quedó eclipsado ante el torrente de toses e inexplicables caídas de objetos al suelo. Una vez más la Sinfónica optó por la tercera de las suites que Stravinski articuló en torno al ballet, por cierto interpretado completo en 2021 con Lucas Macías al frente, aunque la más recurrente sea la segunda. Curiosamente, dos años antes, Marc Albrecht la interpretó junto al Concierto nº 4 de Rachmáninov.

Afortunadamente, lo que siguió fue una lectura muy matizada de la pieza, buscando su lado más infantil, recreando el espíritu fabulador y orientalizante de la pieza, para lo cual Sung echó mano de altas dosis de sensualidad y ritmos centelleantes y juguetones. Así, hasta llegar al último bloque, ese espectacular crescendo que culmina en apoteósicas fanfarrias y un tutti orquestal abrumador. En este sentido, cabe destacar la magnífica labor de cada solista y conjunto orquestal, a un nivel técnico encomiable.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 16 de abril de 2026

ORLINSKI, IMPACTANTE Y ATREVIDO SEDUCTOR

Recital. Jakub Józef Orlinski, contratenor. Michał Biel, piano. Programa: Arias de Handel; Arias y canciones de Purcell; Canciones de Baird y Karlowicz. Teatro de la Maestranza, miércoles 15 abril de 2026


El de Jakub Józef Orlinski prometía ser un recital mucho más contenido, sobrio y melancólico del que celebró aquí mismo hace tres años, entonces ciñéndose al repertorio estrictamente barroco y con Il Giardino d’Amore como orquesta acompañante, pero su gracia y desenvoltura acabó por convencernos de lo contrario. La reciente edición del disco If Music… junto a su gran amigo Michał Biel, ha propiciado una nueva gira que le ha llevado por diversos países de Asia y que ahora ha arrancado en Europa, precisamente en Sevilla, otro acierto del actual equipo directivo del Maestranza. Aunque el teatro no se llenó, evidenció la enorme expectación suscitada por el joven y carismático contratenor, con público enfervorecido y presto a vitorearle el talento y agradecerle su enorme caudal de simpatía.

Esta vez Orlinski vino acompañado solo de su amigo pianista, con quien dio sus primeros pasos cuando se conocieron en la Academia Operowa, un programa para jóvenes artistas del Teatro Wielki, cerca de Varsovia. Cuando ambos estudiaban en el prestigioso Julliard School de Nueva York, Biel animó al contratenor a descubrir las canciones que autores polacos como Szymanowski, Czyk, Moniuszko, Karlowicz o Baird habían compuesto a lo largo de los siglos XIX y XX. El resultado fue una serie de conciertos que años después cristalizaron en el disco Farewells, el cuarto en solitario del contratenor, que ahora, aprovechando el segundo registro juntos, centrado en Händel y Purcell, vuelve a inspirar parte del repertorio.

Insólitos Händel y Purcell al piano

Y así, con esta rara pero eficaz combinación de ambos trabajos, volvimos a disfrutar del talento infinito de Jakub Józef Orlinski, que arrancó con Voi che udite de Agrippina, convenientemente precedido del recitativo Otton, qual portentoso fulmine, que al no contemplarse en el programa, despistó a la organización a la hora de proyectar los sobre títulos. Pudo apreciarse ya la furia latente del recitativo frente a la candidez melancólica del conmovedor aria, una constante que se mantuvo con el resto del repertorio handeliano, especialmente en Coronato il crin, de la misma ópera, que no aparece curiosamente en el disco de Orlinski y Biel.


El contratenor hizo también gala de un dominio técnico impecable y portentoso en Siam prossimi al porto, de Rinaldo, la ópera con la que pudimos escucharle por primera vez en directo en Sevilla, hace ocho años. Su voz homogénea y cautivadora, de timbre tan sedoso que no se permite ninguna estridencia y maneja a discreción, regulando volúmenes y logrando largos filados, se lució sobre manera en Furibondo spira el vento de Parténope, con el que terminó el programa antes de sumergirse en las generosas propinas, siempre con la complicidad del piano, que dio un cariz insólito a este singular repertorio.

La compenetración entre Orlinski y Biel fue total, logrando una perfecta simbiosis en el bloque dedicado a Purcell, con paradas estremecedoras en Sweeter than Roses o If Music Be the Food of Love, cuya breve pero intensa literatura nos conmovió y llegó al alma, sobre todo cuando realizó sorprendentes piruetas y un marcado progreso desde el pianissimo más delicado al forte más estremecedor en What Power Art Thou? de la semiópera King Arthur.

Embajadores perfectamente compenetrados

Pero fue especialmente en los dos bloques dedicados a la canción polaca donde esta compenetración brilló en todo su esplendor. De Tadeusz Baird, compositor que coqueteó con el serialismo imperante en los cincuenta del pasado siglo, pero tuvo que mantener la accesibilidad con el público que demandaba el régimen político de la época, Orlinski interpretó sus Cuatro sonetos de amor, según textos de Shakespeare, en consonancia con el repertorio purcelliano elegido.

La rara combinación de técnica y emoción que caracteriza estas piezas, encontraron en la voz de Orlinski y las manos de Biel el vehículo perfecto para sorprender, aunque con mayor efectividad en algunas piezas que en otras. Aquí el uso del piano resultó lógicamente menos atrevido y fuera de estilo que en esas arias handelianas que disfrutamos de un modo distinto y novedoso de como las habíamos disfrutado en otras ocasiones. Apreciamos el talento y la capacidad del contratenor para llevar estas piezas a tan buen puerto, a pesar de estar concebidas para barítono.


También para esa tesitura concibió Mieczyslaw Karlowicz, romántico tardío y maestro absoluto del poema sinfónico, sus más de veinte canciones conservadas hasta la fecha, de las que Orlinski entonó siete de diversa naturaleza, siempre con la emoción y el sentimiento como principal herramienta de seducción. Biel se reveló también aquí como perfecto apoyo y esencial colaborador, haciendo gala de una precisa digitación.

Era lógico que Ombra mai fu de Serse se reservara para las propinas, pues estar incluido en el disco y no en el programa resultaba chocante. Orlinski la cantó con una delicadeza extrema, granjeándose otra fulgurante ovación del público, que disfrutó también de las divertidas y desenfadadas locuciones del contratenor, en perfecta dicción castellana a pesar de su falta de dominio y conocimiento, y sobre todo en inglés.

El maravilloso Music for a While y el vigoroso Strike the Viol de Purcell, enriquecieron las propinas, el segundo propiciando el inevitable paso de break dance del joven contratenor, una de sus señas de identidad, y revelando otro talento oculto, cantar como un ventrílocuo. La tanda de propinas terminó con el tema principal de La princesa Mononoke, el descubrimiento de Joe Hisaishi que en sus propias palabras experimentó tras su reciente periplo por Japón.

Y quedó así puesta de manifiesto la inquietud del enorme artista por hacer cosas diferentes y atrevidas, otra manera de cautivar al público y atraer nueva afición, como se evidencia también en el disco #LetsBaRock, grabado junto a Aleksander Debicz, donde lleva el barroco al terreno estrictamente pop.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 15 de abril de 2026

DECORADO Prisioneros de una realidad calculada

España 2025 89 min.
Dirección
Alberto Vázquez Guion Alberto Vázquez y Francesc Xavier Manuel Ruiz Fotografía (animación) Martín Romero Música Joseba Beristain Voces Asier Hormaza, Aintzane Gamiz, Kandido Uranga, Mikel Garmendia, José Felipe Auzmendi, Ander Vildósola, Iñaki Beraetxe Estreno en el Festival de Sitges 11 octubre 2025; en salas 24 octubre 2025; en Movistar Plus+ 24 febrero 2026

El cineasta gallego, animador y autor gráfico, Alberto Vázquez, tiene un estilo visual y narrativo muy personal, especialmente evidente en el tono macabro que suele abundar en sus obras, ganadoras del Goya en cinco ocasiones desde que debutara con el cortometraje Birdboy y mantuviera la racha con el cortometraje Decorado en el que se basa esta película, y los largometrajes Psiconautas, Unicorn Wars y ahora, también, la cinta que comentamos. Insiste en un mundo distópico para denunciar la creciente ola de autoritarismo fascista que asola el planeta, a partir de una fábula en cierto modo deudora de El show de Truman, pero con objetivos e intenciones singulares.

Así, con un líder todo poderoso que encubre bajo un aparente carisma amable y preocupado por el semejante, se articula todo un sistema perfectamente articulado para convertir a la ciudadanía en esclava de sus intereses, bajo una aparente libertad que no lo es en absoluto y que marca el rol que cada uno y una debe mantener en tan preciso entramado social, político y económico. Vamos, la vida misma. Ahí una pareja de ratoncitos vive su particular crisis, que les lleva a descubrir esa verdad encubierta y rebelarse ante la misma, con ayuda de un presunto pirómano al que el propio sistema acaba corrompiendo, el fantasma de un marginado que lucha contra dicho sistema, y el juguete roto en el que se ha convertido una antigua leyenda de la televisión y el cine.

Ahora los dibujos son más luminosos y hasta el límite que se permite su autor, más tiernos. Pero sigue subyaciendo esa visión apocalíptica y amenazante del destino que cuenta con sus adeptos, si bien hay una amplia parte del público que renegará de tan siniestros postulados que hacen de ésta y el resto de la filmografía de Vázquez una auténtica animación adulta. Cuenta de nuevo con la música de Joseba Beristain, contribuyendo con su dominio de la gramática que propone el personal director, a todo ese devastador mundo que exhibe su universo. Su reciente Goya y adhesión a una plataforma digital, nos ha invitado a recuperarla.

lunes, 13 de abril de 2026

MI MITAD PERDIDA Una comedia seudorromántica diferente

Título original: Twinless
USA 2025 100 min.
Guion y dirección
James Sweeney Fotografía Greg Cotten Música Jung Jae-il Intérpretes Dylan O’Brien, James Sweeney, Aisling Franciosi, Lauren Graham, Tasha Smith, Chris Perfetti, François Arnaud, Susan Park Estreno en el Festival de Sundance 23 enero 2025; en Estados Unidos 5 septiembre 2025; en España 19 marzo 2026 (Movistar Plus+)


El joven actor y director James Sweeney parece especialmente interesado en las relaciones de pareja diversa, un gay y su mejor amiga en su anterior y primera película, Straight Up, un gay y un heterosexual ahora, maneniendo una entrañable relación a propósito de la pérdida que ambos han sufrido de un hermano gemelo. Con un tono distendido, dejando fluir la narración sin alardes pirotécnicos y un ritmo adecuado sin resultar aburrido, Sweeney va salpicando su enternecedor relato, siempre respetando una inconfundible y sincera vocación de comedia romántica original y diferente, de giros sorprendentes que van dando al conjunto una entidad propia y singular.

A ello se prestan tanto él, en modo enamorado obsesivo, como su pareja interpretativa, Dylan O’Brien, a quien hemos visto recientemente como coprotagonista junto a Rachel McAdams de lo último de Sam Raimi, Send Help. A ellos acompaña el habitual elenco dispar y atractivo, en el que destaca en un breve papel François Arnaud, protagonista de la historia paralela que se narra en la serie también gay Más que rivales (Heated Rivalry), así como participaciones de la veterana Lauren Graham, una divertida Susan Park como jefa de Sweeney, o la revelación de la cándida Aisling Franciosi.

Así es como se construye una comedia romántica agradable y original, sin pretensiones ni análisis profundos, aunque en el fondo subyaga una interesante tesis sobre la obsesión romántica y sus consecuencias, así como cierto interés en dejar constancia sobre el hueco emocional que deja un alma propiamente gemela.

BUENA SUERTE, PÁSALO BIEN, NO MUERAS Misión anti alienación

Título original: Good Luck, Have Fun, Don’t Die
USA-Alemania 2025 134 min.
Dirección
Gore Verbinski Guion Matthew Robinson Fotografía Jim Whitaker Música Geoff Zanelli Intérpretes Sam Rockwell, Haley Lu Richardson, Michael Peña, Zazie Beetz, Juno Temple, Asim Chaudhry, Dino Fetscher, Tom Taylor, Riccardo Drayton, Artie Wilkinson-Hunt Estreno en Estados Unidos 13 febrero 2026; en España 10 abril 2026


Gore Verbinski
se dio a conocer con Un ratoncito duro de roer, a la que siguieron The Mexican y The Ring (La señal), hasta su consagración definitiva con la trilogía de Piratas del Caribe. Ni Rango ni El llanero solitario tuvieron tanto éxito. Ahora, nueve años desde su última película, La cura del bienestar, presenta esta comedia distópica sobre la influencia de la inteligencia artificial en nuestro día a día, llevado a límites excesivos y grotescos. 
Su principal defecto es una duración desmesurada e innecesaria, sin embargo el conjunto entretiene gracias a su estructura a dos tiempos, uno dedicado a la misión con la que un personaje venido del futuro somete a una serie de clientes de un restaurante embebidos en el teléfono móvil. Por otro lado, asistimos a la peripecia individual de cada uno y una de las personas involucradas en la delicada misión, quizás lo más interesante de una película en la que la peligrosa misión recuerda en sus diversos episodios a las fases de un videojuego, a la vez inspirados en los procesos de supervivencia de películas de acción y catástrofes de épocas pretéritas.

Con estos alicientes, una muy esmerada puesta en escena y una galería variopinta de personajes a los que el elenco se presta con interés y responsabilidad, asistimos a todo un catálogo de esclavitudes digitales que ponen en evidencia cómo el sistema cada vez nos aliena más y nos convierte en esbirros de un nuevo orden social y político basado en los postulados más evidentes de un fascismo creciente.

Por supuesto, nada de esto se trata en profundidad con el fin de no herir sensibilidades ni provocar ira. Todo está enfocado al puro entretenimiento, incluido un final estrambótico y deliberadamente exagerado que resta ingenio al asunto, que por supuesto tampoco escapa de la violencia usual del cine estadounidense. Con todo, contiene atractivos suficientes como para resultar relativamente satisfactoria y divertida.

domingo, 12 de abril de 2026

EL CUARTETO (GERHARD) COMO CALEIDOSCOPIO DE EMOCIONES

Quartett Gerhard. Lluís Catán y Judit Bardolet, violines. Miquel Jordá, viola. Jesús Miralles, violonchelo. Programa: Ich hab mein Sach Gott heimgestellt BWV 708, de Bach; Mesto Burletta del Cuarteto nº 6 Sz. 114, de Bartók; Adagio molto del Cuarteto nº 3 en La mayor Op. 41 nº 3, de Schumann; Erlkönig D. 328, de Schubert; Con moto, vivo, andante del Cuarteto nº 1 “Sonata a Kreutzer”, de Janacék; Adagio appassionato de la Suite Lírica, de Berg; Allegretto furioso del Cuarteto nº 10 en La bemol mayor Op. 118, de Shostakóvich; Andante con moto del Cuarteto nº 14 en re menor D. 810 “Das Tod und das Mädchen”, de Schubert; Grave Allegro del Cuarteto nº 16 en fa mayor Op. 135, de Beethoven; Andante cantabile del Cuarteto nº 1 en Re mayor Op. 11, de Chaikovski. Espacio Turina, sábado 11 de abril de 2026


Avalados por el prestigio que atesoran, el joven Quartet Gerhard se presentó ayer en el Espacio Turina con un programa audaz y atrevido, con todos los riesgos que ello conlleva. Se trató de recorrer en apenas una hora y sin solución de continuidad, encadenados, una serie de movimientos de muy diversa procedencia y estilo, siempre con el cuarteto de cuerdas como música de cámara por antonomasia. El experimento se presentó bajo el título El elogio de la locura, más en el sentido que dio al término Erasmo de Róterdam, en referencia a los distintos estados de ánimo del ser humano, que en el de pérdida de la razón estrictamente.

Acostumbrados al excelente trabajo que el cuarteto despliega cuando de expresar emociones se trata, aunque a veces eso no vaya siempre acompañado de una técnica impecable, y teniendo en cuenta la cantidad de veces que ya habrán abordado el programa en otras plazas, sorprendió que la intención no acabara de dar los frutos esperados, que la emoción no llegara a calar en toda su extensión, quedándose todo en un frívolo y extravagante muestrario de intenciones.

Hay que tener en cuenta además que quien debe llevar las riendas de un cuarteto de cuerdas, el primer violín, no estuvo en esta ocasión especialmente inspirado. Lluís Catán exhibió un sonido heterogéneo, a veces incluso estridente y áspero, aunque eso no le impidiera exhibir virtuosismo de manera puntual. Por su parte, Jesús Miralles al violonchelo no logró imprimir al instrumento toda la fuerza y la presencia que requiere para dar cuerpo y volumen al conjunto. Así, con estos extremos poco lucidos, la impresión final que nos llevamos fue sorprendentemente decepcionante.

Un recorrido aleatorio por la historia del cuarteto de cuerda

La propuesta arrancó con unos acordes distorsionados del segundo movimiento de La muerte y la doncella de Schubert, para inmediatamente desplegar el coral Ich hab mein Sach Gott heimgestellt de Bach, en insólita transcripción para cuatro cuerdas, que se adaptaron bien al órgano a cuatro voces al que va originalmente destinado. A éste se encadenó el Mesto Burletta del Cuarteto nº 6 de Bartók, con el que los músicos se hicieron eco de una atmósfera cargada de tensión y obsesión, así como de una marcada tristeza, aunque esperábamos mayor énfasis en su gramática descarnada y abatida.

Cambio total de registro para abordar el adagio molto del Cuarteto nº 3 de Schumann, más calmado y amable, siguiendo la perfección formal clásica pero sin lograr hacer justicia a una de las páginas más sublimes y ensoñadoras del género. Faltó mayor nobleza y lirismo. Más agitado y aristado, la transcripción del lied Erlkönig de Schubert se benefició también de las cuatro voces convocadas, cada una de las cuales pareció abordar los distintos personajes que interactúan en la sola voz del cantante. De la Sonata a Kreutzer de Janácek interpretaron su tercer movimiento, un alegato contra la violencia machista ¡hace un siglo!, que describe la crisis provocada como un atizador de pasiones, pero que así, sacado de contexto, apenas alcanzó a plasmar otro abrupto cambio de estilo y registro.


De ahí a la Suite Lírica de Berg apenas se atisbó transición emocional, manifestando toda la desolación e intensidad dramática del adagio appassionato con una exhibición acertada del complejo entramado de los cuatro instrumentos. Otra transición de propia cosecha que no supimos identificar, más allá de parecernos la transcripción de algún tema pop, precedió a la amargura del allegretto furioso, piedra angular del Cuarteto nº 10 de Shostakóvich, del que los integrantes del Gerhard exprimieron toda su carga violenta y texturas casi sinfónicas, con un buen trabajo de Miquel Jordá a la viola.

En el tramo final reapareció La muerte y la doncella, pieza tan querida para el cine, siempre asociada al feminicidio en películas como la de Polanski, que toma el título del cuarteto y el poema en el que se basa, o Delitos y faltas de Woody Allen. A nuestro juicio, faltó una mayor dosis de tensión y tristeza en el desarrollo de este andante del Cuarteto nº 14 de Schubert, quedándose en una mera muestra de su belleza melódica, y recorriendo sus cinco variaciones con acierto desigual, desde la falta de músculo en los pizzicati del violonchelo, a las grotescas repeticiones de la tercera o un perfecto maridaje entre los violines de Catán y Judit Bardolet.

Siendo Beethoven el auténtico espíritu e inspiración formal del cuarteto tal como hoy lo conocemos, hubiéramos preferido que fuese él quien pusiera el punto y final a este catálogo, como estaba previsto. Sin embargo, ocupó el penúltimo puesto, y una vez más no se alcanzó a hacerle plena justicia, despachándolo con más oficio que verdadera inspiración. De nuevo, fuera de contexto, se perdió el concepto global de tan magistral pieza, algo que afortunadamente no sucedió con la pieza final, el andante cantabile del Cuarteto nº 1 de Chaikovski, cuya frescura melódica e ingenua seducción quedó bien plasmada por el Gerhard, pero se antojó un broche final flojo y deshinchado. Al final, ni nos convenció la parte técnica, ni mucho menos la intención expresiva y conceptual. Nada de esto fue óbice sin embargo para seguir confiando en la destreza y el magisterio de estos cuatro jóvenes intérpretes.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía