domingo, 25 de septiembre de 2016

CAPTAIN FANTASTIC Una forma alternativa (y ridícula) de vida

Estados Unidos 2016 118 min.
Guión y dirección Matt Ross Fotografía Stéphane Fontaine Música Alex Somers Intérpretes Viggo Mortensen, George MacKay, Frank Langella, Samantha Isler, Annalise Basso, Nicholas Hamilton, Shree Crooks, Charlie Shotwell, Kathryn Hahn, Steve Zahn, Erin Moriarty, Missi Pyle, Ann Dowd, Trin Miller Estreno en el Festival de Sundance 23 enero 2016; en Estados Unidos 29 julio 2016; en España 23 septiembre 2016

Viggo Mortensen interpreta con convicción y profesionalidad (y un publicitado y generoso desnudo frontal) a un idealista, un antisistema, hippy moderno que decide retirar a su familia de la civilización, del capitalismo a ultranza, sometiendo a sus hijos e hijas a adiestramientos extremos, a veces imposibles, y un estudio pormenorizado de las letras y las ciencias que da pie a que si ya en el cine americano los niños son pedantes, aquí lo sean diez veces más. El experimento ha sido ya bendecido en festivales (mejor director en la sección Un certain regard de Cannes) y vitoreado por la crítica. En fin, es como si la familia Von Trapp se hubiera perdido en las montañas y una vez reclamados por sus abuelos, hubieran vuelto a la realidad, con sus más y sus menos. Porque si en algo acierta Matt Ross es en no sentenciar sobre las virtudes y miserias de la civilización moderna ni de la vida en comunión directa con la naturaleza. Sus apuntes sobre la religión están más que superados, no descubren nada nuevo, aunque quizás para la América profunda, donde proliferan tantísimas iglesias rurales de toda confesión (no se pueden hacer una idea), algunas cosas en esta película puedan darles que pensar. Aunque para acercarse a la vida y filosofía de Noam Chomsky, aquí elevado a los altares del agnosticismo frente a la magia católica, sea mejor acercarse al documental Requiem for the American Dream, que previsiblemente se estrenará entre nosotros dentro de poco. Las constantes en este aclamado film son las de siempre, gente guapa, saludable e inteligente, de familia rica y con gustos exquisitamente vulgares (las Variaciones Goldberg de Bach en versión Glenn Gould, todavía a estas alturas). En fin, que se la pueden ahorrar directamente e invertir su tiempo en algo más provechoso.

FLORENCE FOSTER JENKINS Pobre niña rica, enferma y sin talento

Reino Unido 2016 110 min.
Dirección Stephen Frears Guión Nicholas Martin Fotografía Danny Cohen Música Alexandre Desplat Intérpretes Meryl Streep, Hugh Grant, Simon Helberg, Nina Arianda, Rebecca Ferguson, Neve Gachev, Dilyana Bouklieva, John Kavanagh Estreno en Australia 5 mayo 2016; en Estados Unidos 12 agosto 2016; en España 23 septiembre 2016

Seguramente la película francesa Madame Marguerite suscitó el interés para hacer esta película basada en el personaje real que inspiró al interpretado por Catherine Frot, en este caso una norteamericana en el Nueva York de los años cuarenta. Esta particular historia sobre una millonaria de Manhattan, promotora y patrocinadora de diversas manifestaciones musicales en la ciudad, que solía cantar ópera en público sin poseer talento al respecto, consentida por sus generosas aportaciones, ha dado pie a Stephen Frears, sólo unos meses después de presentar El ídolo sobre el rey del dopaje Lance Amstrong, para hacer una película vodevilesca menor pero con cierto encanto, en la línea de Mrs. Henderson presenta. Frears ha convertido esta anecdótica biografía en un vodevil teatral con apuntes interesantes pero un conjunto dominado por la liviandad sin obviar su carácter eminentemente amable. Destaca la interpretación de Streep, sobre todo a la hora de abordar el repertorio lírico con tanta falta de afinación y talento, pues ya sabemos que la actriz se defiende hasta en la canción, y para demostrarlo una pieza lírica, Like a Bird de Cosme McMoon, cantada con solvencia por ella en sueños; hacerlo tan mal y convincentemente cómica tiene mucho mérito. Por otro lado destaca también el joven Simon Helberg, que da vida precisamente a Cosme McMoon, pianista de la pobre niña rica, todo un descubrimiento por su aspecto y cómica gesticulación. Su homosexualidad está tratada con tanta elegancia como otros aspectos apuntados en el guión, como la posibilidad de amar a varias personas a la vez, aunque poco profundizados para al final quedarse con el apunte más evidente del amor incondicional de un esposo capaz de mover tierra y cielo para que su esposa enferma no descubra que a su alrededor todo es una farsa, y que su falta de talento es motivo de burla generalizada. Todo muy amable y muy clásico en un film en el que no faltan momentos inolvidables, como el baile de Hugh Grant y Nina Arianda o la sublimación de la soledad personalizada en un Preludio Op. 28 nº 4 de Chopin a cuatro manos, las de Meryl Streep y Simon Helberg.

EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS Una desaprovechada crónica sobre la gran y admirada estafa hispánica

España 2016 123 min.
Dirección Alberto Rodríguez Guión Alberto Rodríguez y Rafael Cobos, según el libro de Manuel Cerdán Fotografía Álex Catalán Música Julio de la Rosa Intérpretes Eduard Fernández, José Coronado, Carlos Santos, Marta Etura, Alba Galocha, Emilio Gutiérrez Caba, Luis Callejo, Tomás del Estal, Israel Elejalde, Pedro Casablanc Estreno en el Festival de San Sebastián 17 septiembre 2016; en salas comerciales 23 septiembre 2016

El cine de Alberto Rodríguez ha ido experimentando una progresión coherente; cada película es más sofisticada y está mejor terminada que la anterior, y ésta desde luego es con diferencia la más depurada técnica y estéticamente, por mucho que La isla mínima presentara ya un nivel de depuración formal ciertamente gratificante. Sin embargo para quien hace esta reseña a su cine le sigue faltando esa capacidad para enganchar, inquietar al menos con las tramas, a menudo graves, que propone. En consonancia con Grupo 7 Rodríguez analiza en clave de thriller político un momento determinado de nuestra historia reciente; de hecho, el mismo momento pero esta vez entroncando con una realidad inmediata de nuestro país como es la corrupción política. Primer eslabón de una serie de desdichas que han ido diezmando las arcas públicas, el caso Luis Roldán conmocionó hasta donde estas cosas suelen conmocionar a la opinión pública; ya se sabe, somos muy dados a criticar e indignarnos con una cerveza en la mano, pero luego seguimos votando a los mismos, que para eso los hemos erigido en héroes nacionales, precisamente por su capacidad para amasar fortunas fraudulentamente e irse de rositas, que el temperamento español es y será siempre muy pícaro. Pero el personaje central de esta esmerada película no es Roldán, sino Francisco Paesa, el ex agente especial del gobierno socialista. Y lo que se cuenta no son tanto las fechorías del ex director general de la Guardia Civil sino la forma en que Paesa se las ingenió para mantenerlas a buen recaudo durante el tiempo necesario para urdir un plan de estafa y venganza contra el gobierno que le dio la espalda cuando ejerció labores de espía para él. Sin duda un material suculento, extraído de la novela de Manuel Cerdán El espía de las mil caras (más valdría haberle dejado ese mismo título, ya que para los cinéfilos El hombre de las mil caras será siempre James Cagney dando vida a Lon Chaney), que Rodríguez tiene la pericia de ilustrar de forma impecable, aunque en el proceso abuse de un guión demasiado literario (las frases de Marta Etura son ridículas en su afán sentenciador), y muy subrayado (la voz en off del personaje inventado de José Coronado chirrían salvo en contadas ocasiones que tienen el raro mérito de resultar escalofriantes). Y todo ello en un conjunto que evidencia la falta de una personalidad cinematográfica definida en el director sevillano; ahora la referencia está clara, Scorsese, aunque con algo más de reposo y menos socarronería. Hay grandeza y elegancia en más de una propuesta, como los episodios en los que Alba Galocha, interpretando a la sobrina de Paesa, colabora en la gran estafa desde Singapur, pero el conjunto, aunque entretenido y cosmopolita, malogra muchas de las posibilidades que una gran historia como ésta, nada más y nada menos que el principio del declive del Partido Socialista Obrero Español, a pesar del paréntesis que, al margen de los errores económicos, le pudo insuflar Zapatero, materializado ahora en esa tierra de nadie en el que se ha convertido en manos de Díaz y Sánchez. Aplausos para su medido y reflexionado montaje, para su nítida y brillante fotografía, e incluso para la música de Julio de la Rosa, sustentada en guitarras eléctricas y ritmo intrigante aunque inconvenientemente onmipresente; y desde luego para Eduard Fernández, aunque nada hay que descubrir a estas alturas, Carlos Santos, redescubierto para dar vida al granuja tocayo (¡no tuve que aguantar nada en aquella época!), y José Coronado, impecable como amigo seductor e indiscreto. Pero el conjunto, insatisfactorio: Una de estafas y venganzas merecía una estructura y una trayectoria más apasionantes y una más destacada capacidad para generar justa indignación. Como curiosidad, para su ambiciosa distribución internacional se ha optado por el enigmático título Smoke & Mirrors (Humo y espejos) (¿).

sábado, 24 de septiembre de 2016

EL PORVENIR El discreto desencanto de la burguesía

Título original: L'avenir
Francia 2016 100 min.
Guión y dirección Mia Hansen-LØve Fotografía Denis Lenoir Intérpretes Isabelle Huppert, André Marcon, Roman Kolinka, Edith Scob, Sarah LePicard, Solal Forte, Elisa Lhomeau, Lionel Dray, Marion Ploquin Estreno en el Festival de Berlín 13 febrero 2016; en Francia 6 abril 2016; en España 23 septiembre 2016

Musa primero y esposa después de Olivier Assayas, Mia Hansen-LØve saltó a la fama ya con su debut en la dirección con Todo está personado. Ahora consigue el respaldo unánime de la crítica, que se ha rendido a su sutileza y elegancia a la hora de plantear un problema tan de actualidad como el rol de cada generación ante una crisis económica e ideológica como la que estamos viviendo en el amanecer de este nuevo y desdichado siglo De paso ha conseguido también el Oso de Plata a la mejor dirección en el pasado Festival de Berlín. No seré yo por lo tanto quien ponga en entredicho la valía de este film y me atreva a distinguirlo en función exclusivamente de mis gustos personales. Sin embargo he de confesar que no puedo abstraerme a mi forma de entender y disfrutar el cine a la hora de calificar una película que, ante todo, me ha parecido tan pedante o más que su anterior trabajo, Eden, en el que analizaba el papel de los grandes disc-jockeys electrónicos en la música y el panorama mediático de hoy. En este nuevo trabajo fija su mirada en una familia aparentemente perfecta, tan intelectuales como lo puedan ser unos profesores de filosofía, con pisos llenos de libros sesudos y casa de campo de notable regusto, todo muy en la línea a la que nos tienen acostumbrados las comedias neoyorquinas de Woody Allen. El tono, por supuesto, es muy distinto. Secuencias cortas y dispersar para emplear un lenguaje cuya gramática, estructura y constante simbología no me convence cuando de tratar un tema tan apasionante se trata. Y es que nos habla del paulatino abandono de ideales y objetivos cuando se alcanza una madurez aburguesada y todas nuestra necesidades están cubiertas, y la necesidad de que sean las nuevas generaciones quienes se preocupen de alcanzar las metas que otras han conseguido con su lucha colectiva y personal, en aras siempre de encontrar la felicidad que a tanta gente le parece una quimera. El personaje central, una Isabelle Huppert espléndida como siempre, viaja de regreso al idealismo cuando su vida sufre una serie de vaivenes traducibles en crisis personales; un viaje que le revelará cuestiones de su personalidad que aunque ya conocía, esperaba poder superar, anquilosada incluso en su rol de mujer a pesar de todo tradicional, convencida madre de familia e hija abnegada. Sin duda un tema apasionante y un material de primera que, sin embargo, en su tratamiento, en cómo lo cuenta su joven y posiblemente talentosa directora, no llega a transmitirme emoción ni siquiera un mínimo de interés. No suelo escribir en primera persona, pero esta visión tan personal que he tenido de un film ya bendecido unánimemente, me obliga a ello.

viernes, 23 de septiembre de 2016

ARRANQUE DE LA TEMPORADA 2016-2017 DE LA SINFÓNICA DE SEVILLA: LOS TESOROS DESCUIDADOS

Temporada de conciertos 2016-17 de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Daniela Iolkicheva, arpa. Michel Plasson, director. Programa: Danza bacanal de “Sansón y Dalila”, de Saint-Saëns; Concierto para arpa y orquesta, de Glière; Extractos sinfónicos de “La condenación de Fausto”, de Berlioz; Suite nº 2 de “Baco y Ariadna”, de Roussel. Jueves 22 de septiembre de 2016

Tradicionalmente Sevilla ha presumido de su belleza y sus tesoros de la misma forma que paradójicamente los ha ido despreciando. Sólo así se entienden abandonos sistemáticos como el que sufre el paseo Torneo, reconstrucciones caras, absurdas y futuristas de lugares como el Paseo Marqués de Contadero, destrucciones de palacios y colegios para sustituirlos por edificios de dudoso gusto arquitectónico, edificios emblemáticos como el palacio de la calle Pajaritos o la Torre de la Plata albergando vetustas e inadecuadas oficinas municipales, dejadez de limpieza en accesos eminentemente turísticos, como el que enlaza los Jardines de Murillo con el Barrio de Santa Cruz, un metro y un tranvía ridículos respecto a la media española, mientras otras plazas menos necesitadas nos toman ventaja, y así un sinfín de irresponsabilidades ilógicas cuando no se escatima un euro para hacer campañas publicitarias en ferias de turismo de todo el Mundo. Algo parecido ocurre con la Sinfónica, tras más de veinticinco años demostrando día a día su valía, dando categoría musical a una ciudad que sigue estando a la cola y de lejos de las más importantes del país y que gracias a la estimulante cantera de intérpretes aparecidos en las últimas décadas, en gran parte debido a la estupenda labor de la Sinfónica y la Barroca, puede nutrirse de músicos locales y prescindir de los grandes nombres, directores y solistas, que sí visitan otras ciudades españolas para envidia nuestra, argumentando la recurrente y peregrina excusa de la falta de presupuesto, ese que se genera con los impuestos que pagamos la ciudadanía trabajadora.

Lo cierto es que los músicos de la ROSS empezaron esta nueva temporada portando el lazo verde, pues sus problemas apenas se han solucionado y su situación sigue estando en la cuerda floja, como todo lo que en esta ciudad tiene mérito y valía. Afortunadamente la calidad de la orquesta no se ha resentido por toda esta dejadez y desidia, gracias naturalmente a la profesionalidad de sus integrantes y el amor que han terminado por profesar a una ciudad que, a pesar de todos estos inconvenientes, enamora. Así lo demostraron en este primer concierto de abono, de nuevo a las órdenes de Michel Plasson, seguramente la batuta invitada más ilustre y legendaria de las convocadas en esta temporada. La última vez que dirigió a la ROSS celebró entre nosotros su ochenta cumpleaños, así que estamos hablando de todo un veterano que con problemas de cadera añadidos rebosa sin embargo energía y cariño. Bajo su dirección la ROSS encontró el punto exacto entre la majestuosidad y el lirismo que caracteriza a la exótica Bacanal de Sansón y Dalila de Saint-Saëns, a la que sin embargo faltó un poco más de incisividad y agresividad, sobre todo en su tercio final, no obstante dinámico y colorista. Con los extractos orquestales de La condenación de Fausto de Berlioz, Plasson logró unas texturas cautivadoras, llenas de dulzura y encanto en el Ballet de las Sílfides y de fuerza expansiva en la célebre Marcha Rakocki, siempre atento a dinámicas y matices que brindaron a la interpretación una nitidez y brillantez extraordinarias.


Daniela Iolkicheva volvió a ejercer de solista como ya hiciera en el segundo concierto de abono de la temporada 2011-12. Esta vez fue con un proyecto muy personal, interpretar el Concierto para arpa de Gliére que le sirvió de aprendizaje cuando estudiaba con Tatiana Tauer, fallecida a temprana edad y a la que dedicó emotivamente su interpretación. Sin duda un esfuerzo considerable a tenor de los excelentes resultados cosechados, sólo así se entiende abordar una pieza de tal envergadura y complejidad con tanto éxito, que mezcla el estilo clásico vienés y el romanticismo exacerbado ruso y que Iolkicheva mimó con una pulsación exquisita y envolvente. Además, acostumbrados a verla atrás, fue un placer disfrutar con el juego de manos, elegante y preciso, que implica el difícil instrumento. Su intervención titánica se completó con una propina, un andantino de la Sonata de Giovanni Battista Pescetti, y su incorporación a la plantilla de la orquesta el resto del programa. Precedido de la pieza de Berlioz, la segunda parte la protagonizó la segunda y más programada suite extraída del ballet Baco y Ariadna de Albert Roussel, que como la primera coincide con el acto completo de la obra original. No habría estado de más interpretar las dos suites, o ballet completo, pues su duración lo permitía para alcanzar los standards de un concierto sinfónico. Con la orquesta convenientemente reforzada, sobre todo trompetas y arpas, Plasson logró sin embargo extraer todo el lirismo inherente a esta obra con apariencia de poema sinfónico, especialmente en los pasajes que ilustran el personaje femenino y su sensación de abandono en Naxos, hasta que se impuso la espectacularidad y fuerte musculatura de la apoteosis final, dominada por otra imponente bacanal. Afortunadamente la exhibición no se quedó corta gracias a la propina de Iolkicheva y la del propio Plasson ya al final con un fragmento de La Arlesiana de Bizet. 

jueves, 22 de septiembre de 2016

BOI NEON Una experiencia sensorial impactante

Brasil-Uruguay-Países Bajos 2015 101 min.
Guión y dirección Gabriel Mascaro Fotografía Diego García Música Carlos Montenegro y Otávio Santos Intérpretes Juliano Cazarré, Maeve Jinkings, Alyne Santana, Josinaldo Alves, Samya De Lavor, Vinicius de Oliveira, Carlos Pessoa Estreno en el Festival de Venecia 4 septiembre 2015; en Brasil 14 enero 2016; en España 16 septiembre 2016

Gabriel Mascaro ya dio indicios de su tendencia a impactar en su anterior film, Vientos de agosto. Ahora se presenta con una cinta ganadora del Premio Especial del Jurado en la Sección Horizontes del Festival de Venecia del año pasado; un film que retrata la dura vida diaria de unos vaqueros en el noroeste de Brasil, de rodeo en rodeo, vaquejadas como ellos los llaman. Toro de neón, que sería la traducción literal del título, nos lleva a ambientes sucios retratados con un sentido de la estética y la estilización que apenas hacen notar lo sórdido de la propuesta. Un vaquero rudo pero apuesto, que da pie entre otros personajes a la celebración que de los cuerpos suele hacer el cineasta, exhibe un considerable interés por la costura, llegando a diseñar la ropa que una compañera de viajes utiliza en sus espectáculos de striptease de carretera. Esta limitada línea argumental, sin duda original al proponer una figura tan incongruente desde el punto de vista de los tópicos y las convenciones, no encuentra desarrollo alguno a lo largo del metraje. No cabe duda de que a Mascaro no le interesa tejer a su alrededor una trama. Nada está fuera de la realidad en esta experiencia, y sin embargo su cadencia, los momentos que retrata y el tratamiento de los personajes y las escenas la convierten en una película atípica y en cierto sentido surrealista. Sin embargo nada impacta más que una serie de detalles que van apareciendo a mitad del espectáculo, situaciones más propias del porno bizarro, pocas o ninguna vez vistas en una pantalla de cine comercial, y para muchos y muchas seguramente un bautismo en determinadas prácticas. Sin argumento, pero con un retrato cuanto menos interesante de un modo de vida, un personaje original y esas propuestas impactantes que la inundan, hacen que se trate de un film singular y diferente, y eso se agradece.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

TRÍO ARTEMISIA EN EL ALCÁZAR: ESENCIAS DE MUJER

17º Edición Noches en los Jardines del Real Alcázar. Mariarosario D’Aprile, violín. María Ramírez, viola. Mercedes Ruiz, violonchelo. Programa: Shall We Dance? (obras de Boccherini, Bach, Scarlatti, Mozart y Beethoven). Martes 20 de septiembre de 2016

De izquierda a derecha: D'Aprile,
Ramírez y Ruiz
Nuestros distribuidores cinematográficos, siempre tan ingeniosos, bautizaron un film de Fred Astaire y Ginger Rogers cuyo título original era Shall We Dance? (¿Bailamos?) como Ritmo loco. Parafraseando aquella encantadora película con música de Gershwin, las componentes del Trío Artemisia quisieron precisamente invitarnos al baile, esta vez con ritmos igualmente elegantes pero más moderados. Del nombre del trío, un homenaje a la pintora Artemisia Gentileschi, de la que una Maria Magdalena cuelga del tesoro catedralicio hispalense y se dice que fue una de las primeras luchadoras por los derechos de la mujer, a la propina, el tango Por una cabeza de Gardel que popularizó la película de Al Pacino Esencia de mujer, las intérpretes nos llevaron por un delicado paseo musical destilando una estética de sabor eminentemente femenino.

La arrolladora personalidad de Mariarosario D’Aprile, una imprescindible de las Noches del Alcázar de este año, se alió con la efervescencia y la majestuosidad de Mercedes Ruiz y María Ramírez, habituales de la Barroca de Sevilla, para hacer como se suele decir, con sus más y sus menos, las delicias de un público milagrosamente atento a cada pausa y cambio de movimientos. Impecables los dos tríos de Boccherini de su opus 47, más sencillos y puros que sus otras dos series, cuyo encanto melódico quedó patente gracias al fraseo exquisito y el sonido sedoso de la violinista. El aria y las variaciones 1 y 19 de las Variaciones Goldberg de Bach en arreglo para trío de Dmitry Sitkovetsky funcionaron de manera desigual; mejor la segunda, con ataques precisos y contundentes, que el aria, algo raquítico y desentonado. Algo parecido sucedió con la Sonata K 81 de Domenico Scarlatti, cuyos movimientos pares resultaron gozosos y vivos frente a los más alicaídos graves.

El Divertimento Puchberg de Mozart, dedicado a un hermano masón, evidenció el carácter evocador y perfectamente sintonizado del conjunto, en una pieza de carácter culto y complejo, con aires de ländler en el caso del menuetto seleccionado, en el que sobresalieron el diálogo entre D’Aprile y Ramírez y el cuerpo y el volumen que le confirió el chelo de Ruiz. En una línea muy parecida se mantuvieron las dos piezas elegidas de Beethoven, dos obras de su primera etapa, el allegretto alla polacca del Trío de cuerdas nº 2 o Serenata Op. 8 en forma de divertimento, y el scherzo del Trío nº 3, de corte ternario, en el que destacó la delicadeza del chelo y el contrapunto de la viola, siempre bajo la rica modulación y el gusto colorista de un violín en alza.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía