lunes, 18 de septiembre de 2017

DETROIT Alegato contra la brutalidad policial

USA 2017 143 min.
Dirección Kathryn Bigelow Guión Mark Boal Fotografía Barry Ackroyd Música James Newton Howard Intérpretes John Boyega, Will Poulter, Algee Smith, Jacob Latimore, Jason Mitchell, Hannah Murray, Jack Reynor, Kaitlyn Dever, Ben O’Toole, John Krasinski, Anthony Mackie, Nathan Davis jr., Peyton “Alex” Smith, Malcolm David Kelley, Joseph David-Jones Estreno en Estados Unidos 4 agosto 2017; en España 15 septiembre 2017

Los ricos oprimen a los pobres, los hombres a las mujeres, los heteros a los homosexuales, los blancos a los negros… es una constante de la lamentable historia de la humanidad; en consecuencia las fuerzas del orden están para proteger a los poderosos, los opresores. Suele ser tanto así que con frecuencia en lugar de sentirnos protegidos por la policía, nos sentimos más bien amenazados, atemorizados. Cuando de disolver manifestaciones y protestas se trata, es bien sabido que lo más efectivo es soltar destacamentos llenos de bestias descerebradas que cargan sin compasión sobre la gente implicada. Lo hemos visto hace poco en Murcia, donde centenares de ciudadanos y ciudadanas que pagan sus impuestos y cumplen con sus obligaciones, son maltratadas por las fuerzas del orden cuando intentan defender su pequeña parcela de libertad y bienestar, cuando los gobiernos que se mantienen con sus impuestos y los nuestros, deciden dividir la ciudad, hacer pasar por superficie el tren y marchitar esa imitación de intimidad que han conseguido con mucho esfuerzo y sacrificio. De esa policía brutal y demoledora trata fundamentalmente esta dura y necesaria película de la directora de En tierra hostil y La noche más oscura, si bien mediante la siempre candente utilización del racismo, con un trasfondo social y político concreto, la dura represalia sufrida en los sesenta del pasado siglo por las considerables protestas de la comunidad afroamericana en la hoy devastada ciudad de Detroit, entonces cuna de la Motown Records y la industria automovilística de Estados Unidos. Cuenta para ello con la inestimable ayuda del guionista Mark Boal, responsable de los dos anteriores trabajos de la realizadora, así como de la brillante En el valle de Elah. Una voz autorizada para tratar un tema como éste, que sigue siendo todavía hoy una asignatura pendiente en un país que abolió la esclavitud a mediados del siglo XIX; la marginación, la falta de oportunidades y el odio fomentado desde las capas más altas de la sociedad, la política y los medios de comunicación, son base y germen de esta incapacidad global para desterrar definitivamente un sentimiento tan atroz y anacrónico. De hecho son las columnas del odio y la marginación en cualquier conflicto humano, basta comprobarlo en el que actualmente nos afecta de cara al catalanismo. Bigelow aprovecha un sangriento y desproporcionado caso de opresión, el ocurrido en 1967 en el Hotel Algiers de la machacada ciudad, para poner en escena un caso de despiadado, desquiciado y absolutamente brutal abuso policial, acertando en el tono y la forma, insistiendo en ese estilo semidocumental de sus dos anteriores y premiados trabajos, y ahondando en dotar de seriedad un episodio aún maquillado de los archivos policiales norteamericanos. Y para eso estructura su película en cuatro partes diferenciadas, la presentación del ambiente propiciatorio de la tragedia central y los personajes que la vivieron, la definición de éstos una vez situados en el hotel de los acontecimientos, el gravísimo episodio denunciado y la manipulación manifiesta de la investigación y posterior juicio. De todas estas partes es la segunda, la que transcurre en el hotel antes de desatarse la tragedia, la que distrae más nuestra atención, hace perder el ritmo de la función y malogra parcialmente las posibilidades de una película que, no obstante, se revela extraordinaria en sus postulados, intenciones y resoluciones.

lunes, 11 de septiembre de 2017

CLAUSURA FESTIVAL TURINA: BUENA MÚSICA CON BUENOS ROPAJES

6º Festival Internacional de Música de Cámara Joaquín Turina. Cristina Gómez, oboe. Mario Martos, trompeta. Tobias Feldmann, Tanja Becker-Bender, Philippe Graffin y Antonio Viñuales, violín. Cristina Santos Taboada y Lise Berthaud, viola. Salvador Bolón y Bertrand Raynaud, cello. Joaquín Arrabal, contrabajo. Benedicte Palko, Sofya Melikyan y Michail Lifits, piano. Programa: Cuarteto para oboe K370, de Mozart; Cuarteto para piano Op. 67, de Turina; Septeto para trompeta Op. 65, de Saint-Saëns; Quinteto Op. 81 B155, de Dvorák. Capitanía General, domingo 10 septiembre 2017

Michail Lifits
Como es habitual la clausura del Festival Turina tuvo lugar en el coqueto teatro diseñado por Aníbal González en el interior de Capitanía General, un espacio astutamente elegido para atraer el mayor número de personas, con inmejorables condiciones acústicas que hacen brillar aún más, si cabe, el extraordinario rendimiento de las figuras convocadas en cada edición de este singular acontecimiento. Ataviadas con los diseños de Carmen Latorre, tal como Benedicte Palko recalcó en éste y el concierto de la noche anterior, las intérpretes lucieron espléndidas, rindiendo pleitesía a una ocasión que tanto lo merece por su excelencia musical y tan emblemático lugar.

Tanja Becker-Bender
Cristina Gómez volvió a sorprender con un dominio absoluto del oboe, lo que le permitió extraer toda la gracia del primer movimiento del Cuarteto de Mozart y la emocionante gravedad del adagio, así como brillar en la profusa ornamentación del rondó final, siempre bien acompañada por Feldmann y el resto de una cuerda con mucho cuerpo y sustancia. Más folclórico el Cuarteto con piano de Turina que el Quinteto interpretado la noche anterior, el conjunto hizo hincapié en su carácter sencillo y conciso, atacando con respeto y claridad y dejando claro su proceso cíclico con una ejecución nítida del leit motiv (Turina compuso muchas bandas sonoras). Especial mención merece Bertrand Raynaud al violonchelo, con un sonido dulce y conmovedor, así como el carácter vivaz y extrovertido que supo imprimirle la cuerda, con la violinista alemana Tanja Becker-Bender al frente, y un inconfundible aroma andaluz sobresaliendo durante toda la interpretación, muy palpable en el estilo rapsódico impregnado por Benedicte Palko al piano.

Sofya Melikyan
Antes de agradecer a la organización la oportunidad de conocer Sevilla y Turina, Philippe Graffin puso en pie el Septeto de Saint-Saëns, en el que volvió a brillar la trompeta ágil y moderadamente pomposa del joven Mario Martos, con la complicación añadida de tocar sin pistón, como exige la partitura. El carácter travieso de la pieza quedó perfectamente expuesto merced a una cuerda ágil y el contrastado piano de Melkyan, si bien faltó algo más de ironía. El Quinteto Op. 81 de Dvorák añadió una atmósfera de aroma bohemio, destacando el piano arrebatado y elegante de Lifits, así como los hermosos y muy matizados acordes en el chelo de Raynaud y la viola de Lise Berthaud, en un conjunto que supo conjugar a la perfección el melancólico lirismo y los ritmos danzantes de la obra. Experiencias así merecen mimarse y conservarse para que dentro de dos años volvamos a disfrutarlas. Por cierto, ni rastro de la Reina Sofía.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 10 de septiembre de 2017

BORDAR LA MÚSICA Y LA EMOCIÓN EN EL FESTIVAL TURINA

6º Festival Internacional de Música de Cámara Joaquín Turina. Cristina Gómez, oboe. Sofya Melikyan y Michail Lifits, piano. Philippe Graffin, Tobias Feldmann y Olatz Ruiz de Gordejuel, violín. Cristina Santos, viola. Salvador Bolón, cello. Programa: Sonata para oboe y piano Op. 166, de Saint-Saëns; Sonata para violín y piano FP 119, de Poulenc; Quinteto Op. 1, de Turina. Espacio Turina, sábado 9 septiembre 2017

Cristina Gómez
La feliz idea de reunir a varios y varias solistas en torno a un mismo escenario, y hacer que trabajen en conjunto, olviden sus posibles egos y compartan ideas y experiencias para sacar adelante las obras encomendadas, es uno de los grandes atractivos de un festival que merece consolidarse y convertirse en evento de referencia. Es así como la afortunada melomanía sevillana comulga con versiones tan sensacionales como las ofrecidas el pasado sábado en el Espacio Turina, en torno a una de las grandes obras del compositor que le da nombre, arropándola con autores que ayudan a situarla en el espacio y el tiempo, París a principios del siglo XX, donde Turina vivió su ineludible periplo estudiantil y conoció algunas de las claves que definirían su estilo.

Philippe Graffin
Cristina Gómez, natural de Linares, es uno de esos milagros surgidos de la Fundación Barenboim-Saïd. Puede que su enorme talento hubiese quedado en el anonimato si no fuera por el empuje que le ha dado la Academia del Diván, que le ha llevado con toda justicia a la Staatskapelle de Berlín. Su exquisito fraseo al oboe, paladeando cada nota, un prodigioso dominio del legato y la respiración y un encantador estilo para dotar cada acorde de una singular expresividad, lograron una interpretación de la Sonata de Saint-Saëns luminosa y atenta a cada detalle, desde el airoso andantino al espiritual final, pasando por un bucólico y pastoril allegretto, con la inestimable ayuda de la pianista armenia Sofya Melikyan, entregada a abrigar la interpretación de Gómez sin excesos ni arrogancias. Habiendo sido Gary Hoffman la sensación de la pasada edición, esta vez es Philippe Graffin la gran estrella del festival. El violinista francés bordó con mordiente y agresividad, ataques contundentes y crispados, la Sonata de Poulenc, una obra considerada decepcionante por muchos pero que encierra un espíritu rebelde y rabioso muy atractivo, quizás por estar dedicada a Lorca seis años después de su criminal pérdida. Lifits ofreció el contrapunto con un estilo arrebatado y rapsódico, en perfecto equilibrio y sintonía con la exuberante exhibición de Graffin.

Tobias Feldmann
El Quinteto nº 1 de Turina es una obra monumental, cuya interpretación en París motivó un cambio de rumbo en la carrera del compositor, debido al consejo de Falla y Albéniz, presentes en la audición, para que creara un estilo propio con elementos andaluces. Lo cierto es que el Quinteto, aún bebiendo de fuentes ya trasnochadas como Brahms o Franck, es una pieza de espíritu europeísta, prodigiosa de texturas densas y una fulgurante expresividad. El violinista alemán Tobias Feldmann lideró una interpretación brillante y perfectamente ensamblada de esta pieza clave en el catálogo de Turina, un viaje estremecedor a partir de la fuga inicial, en el que los cinco intérpretes convocados lograron insuflar nitidez y emoción en alto grado, dejando para el recuerdo el más digno y delicado homenaje que a la música de un sevillano inmortal se pueda dedicar.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 9 de septiembre de 2017

EL AMANTE DOBLE Erotismo de boutique

Título original: L’amant double
Francia-Bélgica 2017 107 min.
Dirección François Ozon Guión François Ozon y Philippe Piazzo, según la novela de Joyce Carol Oates "Lives of the Twins" Fotografía Manuel Dacosse Música Philippe Rombi Intérpretes Marine Vacth, Jérémie Rennier, Jacqueline Bisset, Myriam Boyer, Dominique Reymond, Fanny Sage, Jean-Édouard Bodziak Estreno en el Festival de Cannes y en Francia 26 mayo 2017; en España 8 septiembre 2017

Ozon (Frantz, Una nueva amiga, En la casa) continúa explorando el complejo universo de la psicología femenina con menos acierto de lo pretendido, en esta petarda película con la que además parece querer homenajear a Hitchcock indirectamente a través de su pupilo más reconocido, Brian De Palma. En la base se encuentra una novela de Joyce Carol Oates, escritora estadounidense cuyos guiones y adaptaciones, la última otro de esos infames vehículos violentos para lucimiento de Nicolas Cage (La hora de la venganza), no merecen consideración alguna. Ambientes sofisticados y protagonistas maniquíes sirven para tejer una rocambolesca trama en la que los traumas maternales y fraternales de una joven hermosa e inexpresiva, una suerte de Emmanuelle en continua exploración de su curiosa sexualidad, se mezclan con el habitual misterio con el que se quiere representar la relación entre gemelos, con Inseparables de Cronenberg como referente más ilustre. Todo ello tratado como si de un largo spot publicitario del perfume más cursi y embriagador se tratara. Acostumbrados a verlo en papeles de carácter social, casi siempre de la mano de los Dardenne (otros hermanos), Jérémie Rennier aparece aquí suficientemente estilizado y elegantemente ataviado, ya sea en su vertiente intelectual o canalla, como para representar al típico dandy de manual, mientras la presencia siempre estimulante de Jacqueline Bisset, todavía hermosa a sus setenta años, se antoja el mayor atractivo de un film en el que el misterio se pierde entre tanto estilismo, y la seducción lo hace mediante un par de atrevidas y novedosas, aunque recatadas, secuencias de erotismo de satén rosa.

IT Per-Versión de Los Goonies

USA 2017 135 min.
Dirección Andy Muschietti Guión Chase Palmer, Cary Fukunaga y Gary Dauberman, según la novela de Stephen King Fotografía Chung-hoon Chung Música Benjamin Wallfisch Intérpretes Jaeden Lieberher, Jeremy Ray Taylor, Sophia Lillis, Finn Wolfhard, Chosen Jacobs, Jack Dylan Grazer, Wyatt Olef, Bill Skarsgard, Nicholas Hamilton, Jake Sim, Logan Thompson, Owen Teague, Jackson Robert Scott, Stephen Bogaert, Stuart Hughes, Molly Atkinson, Megan Charpentier, Javier Botet Estreno simultáneo en Estados Unidos y España 8 septiembre 2017

Una de las sensaciones del año mediante una de esas vastas campañas de publicidad que convierten en imperdonable no verla, It era una asignatura pendiente dentro de la larga serie de películas basadas en novelas de Stephen King, aunque ya hace casi treinta años se realizara una mini serie para televisión. Fruto de una mente torturada y desequilibrada, seguramente con una infancia muy chunga, propone una mirada al difícil paso de la infancia a la adolescencia a partir de una serie de clichés que convergen en una espeluznante historia de terror protagonizada por un horrendo payaso bajo cuyo maquillaje se esconde el apolíneo hijo de Stellan Skarsgard y hermano de Alexander, Bill Skarsgard. Como si los payasos no constituyeran de por sí objeto de las fobias más extremas por parte de un amplio sector de la población infantil, en el enfermizo argumento del autor de El resplandor se dan cita todos los horrores propios de una niñez adulterada, como maltrato infantil, abuso sexual, sobreprotección, desapariciones, orfandad, bullying y otras manoseadas delicatessen de repertorio. Reminiscente de Cuenta conmigo, y en mayor medida de Los Goonies, en su supuesta reivindicación de la aventura clásica, pretende subrayar la fuerza de la amistad y la compenetración en una serie de niños frikis, pero con un terror como telón de fondo en el que el disparate se da la mano con lo absurdo con tal de proponer una serie de situaciones terroríficas. El peor de los fantasmas sin embargo no es la preocupación puntual de cada protagonista sino el hecho de ver, una vez más en el cada vez más enfermizo cine americano, niños empuñando armas de toda índole y enfrentándose con la violencia más extrema a sus acosadores, ya sean terrenales o sobrenaturales. Los perpetradores de este desatino, por mucho que se adapten a la letra del famoso escritor, son el matrimonio argentino Muschietti (Andy en la dirección y Barbara en la producción), que hace unos años también invadieron las pantallas de efectismo terrorífico con Mamá. Entre los guionistas destaca Cary Fukunaga, director de las estimables Sin nombre, Jane Eyre, la inédita entre nosotros Beasts of No Nation y la serie de televisión True Detective. En el elenco una pandilla de nuevos rostros que hacen un excelente trabajo, dejando las estrellas para su segunda parte, aún en proceso de gestación, cuando los chicos sean adultos, mientras el catalán Javier Botet vuelve a encarnar uno de esos seres monstruosos que lo están convirtiendo en millonario imprescindible. Al final ni sabemos por qué Derry en Maine es objeto de esta dolorosa maldición, ni si el vehículo es adecuado para superar la difícil pérdida de la inocencia, ni si haber estado sometidos a tanta tensión ha merecido la pena; porque eso sí, hay ritmo, tensión e inquietud en una película muy cuidada en los aspectos técnicos pero perdida en su amalgama de violencia extrema y falta de toda ética, sepultada bajo un lodo de absurdo que la hace intragable, y con respecto a sus referentes ochenteros, sin alma.

viernes, 8 de septiembre de 2017

LUIS ORDEN Y TATIANA POSTNIKOVA: DE LA DELICADEZA AL VIRTUOSISMO

18ª edición Noches en los Jardines del Alcázar. Luis Orden, flauta travesera. Tatiana Postnikova, piano. Programa: Morceau de concours y Fantaisie Op. 70, de Fauré; Suite de trois morceaux, de Godard; Fantaisie Pastorale Hongroise Op. 26, de Doppler; Selección de Canciones españolas antiguas, de Lorca; Fantaisie Brillante sur Carmen, de Borne. Jueves 7 septiembre 2017

El nombre de Paul Taffanel, considerado en su época el padre de la Escuela Moderna Francesa de flauta, estuvo presente en las tres primeras obras interpretadas en este concierto de la recta final de estas Noches del Alcázar. Él fue quien pidió a Fauré una pieza (morceau) para un concurso de jóvenes estudiantes del Conservatorio de París en 1898, mientras la Fantasía la dedicó al reputado flautista y la estrenó el ganador de dicho concurso. También Benjamin Godard compuso su Suite en tres movimientos para Taffanel. Las tres obras constituyeron un remanso de paz y delicadeza en el primer tercio de un estupendo concierto brindado por Luis Orden y Tatiana Postnikova, bien conocidos de la melomanía local, y tan compenetrados como que llevan casi dos décadas colaborando juntos, en pareja o como integrantes de conjuntos como el de Solistas de Sevilla.

Tanto la Pieza de concurso como la Fantasía de Fauré exigen un alto control de la expresividad y una notable delicadeza en su ejecución. De hecho el autor decidió respecto a la primera apartarse de la obsesión por el virtuosismo extremo que caracterizaba al Conservatorio de París, para centrarse en un trabajo de mayor capacidad de evocación y profunda reflexión. El resultado en manos de Orden fue impecable a nivel técnico y suficiente a nivel expresivo, aunque en este punto hubiésemos preferido un mayor calado emocional. La Fantasía sin embargo combina un encantador estilo siciliano con un endiablado allegro en el que el flautista puede desplegar un amplio abanico de recursos pirotécnicos, como de hecho hizo Orden, haciendo gala de un extremo dominio de la respiración y un fraseo nítido y elocuente, apoyado en una refinada pianista. Benjamin Godard fue muy célebre en su época, sin embargo hoy es apenas recordado por esta Suite en tres movimientos, que exige igualmente virtuosismo y amabilidad, además de un acompañamiento competente al piano, muy en línea con la música de salón que representa. Los intérpretes acertaron a ser elegantes en el allegretto, nostálgicos en el Idilio y enérgicos en el Vals final.

El virtuosismo se apoderó del tercio final del concierto, con una Fantasía sobre Carmen del flautista François Borne, típico vehículo para el lucimiento del solista, que Orden defendió con aplomo a pesar de un molesto desatino en una de las notas finales, que no empañó sin embargo una interpretación ejemplar. Antes aceptó el desafío que supone la Fantasía Pastoral Húngara de Franz Doppler, con sus aires lisztianos y sus atrevidos giros, un amplio dominio de la melodía y un considerable despliegue virtuosístico en las cadencias. El Zorcico, la Nana y las Sevillanas que Lorca recopiló en sus Canciones españolas antiguas, gozaron de una interpretación equilibrada y elegante, palmas del público incluidas en la repetición como propina de ¡Viva Sevilla!, todo acompañado de una noche fresca y un público deleitado.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 7 de septiembre de 2017

BANDA FESTIVAL TURINA: ESPERANZA E ILUSIÓN

6º Festival Internacional de Música de Cámara Joaquín Turina. Banda Festival Turina. José Rafael Pascual-Vilaplana, director. Mario Martos, trompeta. Programa: Irish Tune from County Derry & Shepherd’s Hey, de Grainger; An Original Suite, de Jacob; Rhapsody in Blue, de Gershwin; O Magnum Mysterium, de Lauridsen; Dionysiaques, de Schmitt; Marcha militar y La procesión del Rocío, de Turina. Espacio Box, miércoles 6 septiembre 2017

Pascual-Vilaplana
El Festival Turina se caracteriza por aprovechar diversos y atractivos escenarios, como el Hotel Alfonso XIII que cobijó una matiné protagonizada por el excelente violonchelista Gary Hoffman y el pianista Michail Lifits, que estarán de nuevo presentes en otras convocatorias del festival. La noche se trasladó al espectacular Espacio Box, antiguo y muy admirado Pabellón de Canadá, donde nació un nuevo proyecto ilusionante, el estreno de una numerosa banda de jóvenes intérpretes, seleccionados apenas hace tres meses, y que con sólo cinco días de ensayo han logrado unos resultados muy por encima de lo que cabía esperar. Una demostración más de los grandes logros conseguidos en esta ciudad con los diversos programas académicos orientados a nuestra juventud, cada vez mejor formada, con la Fundación Barenboim-Said y la Sinfónica Conjunta a la cabeza.

Mario Martos
En los atriles unas piezas dominadas por su carácter amable y desenfadado, empezando por un Tema irlandés arreglado por el americano de origen australiano Percy Grainger a partir del célebre Danny Boy que no llegó a alzar el vuelo debido a una interpretación desequilibrada y de ataques imprecisos que no permitió emocionarse con su exquisita melodía. Mejor resultó el brío y la energía a ritmo de ragtime de la otra pieza del compositor, más en su línea habitual de principios del XX, época mayormente evocada para enmarcar la música de Turina con la que terminó la exhibición. An Original Suite for Military Band resplandeció a las órdenes de un muy aplicado y entusiasta Pascual-Vilaplana, director de la Banda de Bilbao, con una versión bien contrastada y un espíritu elegante. El trompetista ucraniano Timofei Dokshizer es el responsable de los arreglos de la Rapsodia en Blue de Gershwin que, una vez adaptados a banda por David Andrews, sirvió de base para una exhibición flexible y bien articulada del también joven Mario Martos, miembro de la Orquesta de la Radio de Múnich. La banda por su parte captó a la perfección el espíritu urbano de esta partitura, ofrecida con numerosos cortes, cambios y unas cadencias que Martos defendió admirablemente.

El carácter místico de O Magnum Mysterium del compositor de origen danés Morten Lauridsen, original para coro a capella, se trasmutó en una suerte de elegía heroica a lo John Williams en su versión adaptada, mientras el carácter moderadamente impresionista de la pieza de Florent Schmitt, se saldó con líneas confusas y enmarañadas frente a un sentido del ritmo acertado. La Marcha militar de Turina que Rafael Ruibérriz recuperó hace unos años a partir del original para orquesta y los restos aparecidos de su adaptación, sirvió como feliz preludio a una Procesión del Rocío ejemplar, cuyo ambiente festivo y colorido brillante convivió con unos aires devotos y folclóricos dominados por la finura y la elegancia habituales en el maestro sevillano.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía