miércoles, 29 de marzo de 2017

FeMÀS 2017. ISIDRO ALBARREAL Y SANTIAGO SAMPEDRO, CANTERA PARA EL RELEVO

FeMÀS 2017. Isidro Albarreal, violin. Anna Lachegyi, viola da gamba. Santiago Sampedro, clave. Programa: Sonata nº 1 “La Anunciación” de las Sonatas del Rosario, de Biber; Violino solo senza basso, de Matteis; Sonata TWV 42 D:2, de Telemann; Sonata BWV1014, de Bach; Les Sauvages, de Tapray; Concierto nº 5 de Pièces de clavecin en concerts, de Rameau. Espacio Santa Clara, martes 28 de marzo de 2017

Por segundo año consecutivo el FeMÀS fue el escenario perfecto para conocer las virtudes de quienes ganan la beca que otorga la Asociación de Amigos de la Barroca, destinada a jóvenes con estudios avanzados con los que se quiere asegurar la continuidad de la tan arraigada escuela historicista que se cultiva en nuestra ciudad. Una ayuda inestimable para la formación de estos jóvenes talentos, que se traduce en estudios en el extranjero fundamentales para una buena educación musical, como ya atestiguan los convocados en esta ocasión, tras su paso por Holanda, donde coincidieron con la violagambista que les acompañó en esta particular cita.

En los atriles un complicado y complejo programa de enorme responsabilidad para los intérpretes; un repaso exhaustivo a estilos tan diversos como el de Telemann, el italiano de Matteis o el galante de Rameau, junto al único e inconfundible de Bach. No dudamos del buen criterio de los integrantes del jurado a la hora de valorar el talento y las virtudes de las candidaturas, por eso apostamos que Albarreal sufrió la traición de los nervios a la hora de abordar el programa con tanta atención al pentagrama y tan poca a la expresividad, apreciándose en él problemas de afinación y tono, como el preludio de la primera de las Sonatas del Rosario de Biber, o la fantasia del Solo para violín de Matteis, que alternó con la perfecta armonía observada en pasajes como el pastorale de la Sonata en re mayor de Telemann. Acertó en articulación, y salvó no sin dificultad una Sonata BWV 1014 de Bach quizás algo fuera de estilo, pero con un sonido en general que deambuló entre lo estridente y lo dulce.

La joven húngara Anna Lachegyi acompañó con notable musicalidad y sentido del ritmo, pero fue Santiago Sampedro, al que seguimos con atención desde que acompañara al ganador de la beca del año pasado, quien cautivó con su dominio y seguridad al clave. A falta de un merecido premio de la Asociación en solitario, su mayor reconocimiento hasta el momento es figurar en la plantilla que la Barroca ha preparado para su cita en Pamplona a final de este mes con los Conciertos de Brandeburgo. A pesar de un Concierto nº 5 de Rameau que acusó una grave falta de sintonía entre los instrumentistas, su solo en las variaciones de Tapray sobre Les Sauvages de Rameau fue sensacional, no obstante lógicos y puntuales problemas de legato, extrayendo del instrumento un sonido brillante, musculoso y de considerable expresividad.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 28 de marzo de 2017

LA CURA DEL BIENESTAR Una pamplina muy larga

Título original: A Cure for Wellness
USA 2017 156 min.
Dirección Gore Verbinski Guión Gore Verbinski y Justin Haythe Fotografía Bojan Bazelli Música Benjamin Wallfisch Intérpretes Dane DeHaan, Jason Isaacs, Mia Goth, Ivon Nandi, Adrian Schiller, Celia Imrie, Harry Groener, Craig Wroe, David Bishins Estreno en Estados Unidos 17 marzo 2017; en España 24 marzo 2017

Lejos de su trilogía pirata, Gore Verbinski no parece hallar la fórmula del éxito. El llanero solitario fue un fracaso estrepitoso, Rango logró un inmerecido Oscar a la mejor película de animación, y The Mexican no sacó partido de su explosiva pareja protagonista. La cura del bienestar corre el peligro de superar a todas las anteriores en sandeces, disparates e incoherencias. Lo curioso es que empieza bien, con un hipócrita mensaje sobre los peligros del trabajo excesivo (a buen seguro de que todos los implicados en esta cinta han trabajado duro y mucho); una primera media hora que logra provocar intriga a través de un juego en el que deja entrever su vocación de cuento de terror gótico, con castillo incluido y un ambiente onírico y malsano que invita y perturba. Pero enseguida todo se va de las manos, con científico loco y tal acumulación de despropósitos que poco ayudan a la verosimilitud del conjunto, y alargando su metraje a fuerza de reiteraciones y de evocar toda suerte de clásicos del género, desde Coma de Michael Crichton a las películas de Roger Corman pasando por Shutter Island de Scorsese, quizás la memez a la que más se parece; hasta los protagonistas se parecen. Demasiado larga para tener un guión tan endeble y mal construido, y demasiada fantasía para pretender ser una historia plausible. Más allá de esa media hora inicial, el resto disparata más que delira, a pesar de los esfuerzos de su protagonista, Dane DeHaan, a quien vimos en Life interpretando a James Dean y lo veremos pronto en Valerian y la ciudad de los mil planetas de Luc Besson. Por su parte la extravagante belleza de Mia Goth la está convirtiendo en ideal para este tipo de producciones (la veremos en el remake de Suspiria). Las bellas localizaciones y la inspirada música de Benjamin Wallfisch se convierten en última instancia en los escasos atractivos de esta prescindible película.

RARA La mirada limpia

Chile 2016 93 min.
Dirección Pepa San Martín Guión Pepa San Martín y Alicia Scherson Fotografía Enrique Stindt Música Ignacio Pérez Martín Intérpretes Julia Lübbert, Emilia Ossandón, Mariana Loyola, Agustina Muñoz, Daniel Muñoz, Coca Guazzini, Sigrid Alegría, Micaela Cristi Estreno en el Festival de Berlín 13 febrero 2016; en Chile 27 octubre 2016; en España 24 marzo 2017

La ópera prima de la realizadora chilena Pepa San Martín intenta ser una mirada limpia a los prejuicios sociales, a la vez que un retrato certero de esa difícil etapa de la vida que es la adolescencia, a través del punto de vista inocente de una niña de trece años y procurando no caer ni en estereotipos ni lugares comunes. San Martín acierta considerablemente al plantear cuestiones que la sociedad no ha encajado suficientemente, como son por ejemplo los nuevos modelos de familia, con esa mirada que todo lo encaja con naturalidad y sin prejuicios, que ha conocido cierta realidad como cotidiana y ni le perturba ni le condiciona. Otra cosa es que sean los mayores a su alrededor quienes sí encuentren en determinadas situaciones condicionamientos para el sano desarrollo de una chica que empieza a vivir. la directora deja claro que lo que preocupa a la niña son otras cosas propias de su edad, sus relaciones con las amigas, con su hermana pequeña, su primer amor o su aceptación en el entorno en el que vive. Lo malo es que en su empeño por mostrar la situación con la mayor naturalidad posible, sin maniqueísmos ni aspavientos, la realizadora opte por un ejemplo de adolescente taciturna, discreta e incluso algo tristona, que contrasta con la gracia y el desparpajo, aunque sea un poco pava, de su hermana, un soplo de aire fresco frente a la sosería de la niña protagonista. Que los prejuicios y lo socialmente aceptado y establecido se vayan imponiendo sólo será cuestión de tiempo, a la vez que la mirada inocente de la niña vaya siendo contaminada por la dictadura de lo convencional. Pero hasta entonces el espectador se ve sometido a una sucesión de sketches en su mayoría poco estimulantes, sin un discurso progresivo e interesante, y con el inconveniente añadido del idioma… cuesta trabajo entender los diálogos en su integridad.

lunes, 27 de marzo de 2017

FeMÀS 2017. EXCELENTE STAIER, PERO ALGO PASA CON MIDORI

FeMÀS 2017. Midori Seiler, violin. Andreas Staier, fortepiano. Programa: Sonatas para violín y piano D384 y D574, e Impromptu nº 1 D899, de Schubert; Sonata para violín y piano K526, de Mozart; Bagatelas para piano Op. 33 (1-4), de Beethoven. Espacio Turina, domingo 26 de marzo de 2017

La dosis habitual de clasicismo que nos ofrece el Festival desde hace algunos años, so pretexto de interpretación rigurosa e históricamente informada, nos trajo uno de los tándem más esperados de la temporada, no sólo del certamen sino de toda la programación musical de este año, sobre todo teniendo en cuenta la escasez de música de cámara que desde hace años vivimos en la ciudad, al margen de la que nos ofrecen los agentes locales. Nada más y nada menos que Andreas Staier, uno de los mejores teclistas en activo, y Midori Seiler, cuyo prestigio y reconocimiento como activista de la interpretación historicista la avalan, se postularon como uno de los puntos culminantes del festival de este año. Otra cosa fueron los resultados.

Staier vino acompañado de un fortepiano de lujo, una réplica de un original de Conrad Graf construido por uno de los mejores especialistas de la actualidad, Paul McNully, hace apenas unos años. En él el afamado pianista y clavecinista alemán desgranó un Impromptu nº 1 de Schubert poderoso y enérgico, sin descuidar la delicadeza que caracteriza algunos de sus pasajes, potenciando en todo momento el sonido del instrumento y abriendo las posibilidades tímbricas de una pieza tan transitada como ésta a nuevas sensibilidades más afines a la estética con la que fueron concebidas; y cuatro de las Siete bagatelas Op. 33 de Beethoven, de las que emergieron su notable encanto y genial inventiva, sin menoscabo de su sofisticación. Su pulsación firme, ágil y precisa trascendió la irrupción de alguna nota falsa, que no logró eclipsar una interpretación excelente, diáfana y perfectamente definida, que se extendió también a su participación en las piezas a dúo que completaron el programa.

La Sonatina nº 1 de Schubert es una obra menor que apenas establece un diálogo entre el teclado y el violín, destacando la melodía por encima de un desarrollo superfluo. La escasa importancia que el autor daba al violín no es excusa para que Seiler extrajera un sonido tan desvaído y lánguido, de sonido dulce y sedoso pero líneas imprecisas y modulantes. Quizás fuera sólo mi apreciación, pues apenas conseguí sumar adeptos cuando tuve oportunidad de intercambiar opiniones. El problema sin embargo se agravó en la Sonata K526 de Mozart, cuyo encanto rococó y aparente sencillez melódica no debe eclipsar su arrolladora y penetrante profundidad, que la violinista no acertó a nuestro juicio plasmar en su debida proporción, faltando concisión, vitalidad y equilibrio. Especialmente grave fue el resultado en el andante, si bien Staier y Seiler no debieron considerarlo así al elegirlo precisamente como propina final. Los resultados mejoraron considerablemente en la Sonata D574 de Schubert, más conocida como Dúo para violín y piano, de carácter también desenfadado, llena de dulzura pero con espacio también para el drama; aspectos todos perfectamente encajados en una interpretación ahora sí vigorosa, con portamenti perfectamente medidos y una extraordinaria fusión de los instrumentos.

DOÑA CLARA Un papel a la medida de Sonia Braga

Título original: Aquarius
Brasil 2016 140 min.
Guión y dirección Kleber Mendonça Filho Fotografía Pedro Sotero Intérpretes Sonia Braga, Jeff Rosick, Irandhir Santos, Maeve Jinkings, Julia Bernat, Carla Ribas, Fernando Teixeira, Rubens Santos, Humberto Carrao Estreno en el Festival de Cannes 17 mayo 2016; en Brasil 1 septiembre 2016; en España 10 marzo 2017

Un director que en toda su filmografía anterior ha profesado un amor incondicional por Recife, la capital de Pernambuco, y una actriz en estado de gracia que exhibe su belleza madura e intemporal al servicio de un personaje sólido y atractivo, son las cartas de presentación de una larga y relajada película en torno a las vicisitudes de una crítica de música jubilada que ve cómo su tranquila existencia se ve perturbada por los especuladores inmobiliarios. Claro que esto no es más que el pretexto para diseñar el retrato de una mujer fuerte y luchadora con un intenso y apasionado pasado, que se resiste a vivir de él y prueba a seguir disfrutando de la vida sin mirar la edad ni los prejuicios. Los objetos, la música, las personas y los recuerdos se convierten en compañeros inseparables de esta mujer hacia un crepúsculo lleno de ilusiones y esperanzas, derivando lo que en principio debería ser un retrato íntimo y costumbrista a una suerte de comedia coral donde hasta el más mínimo detalle tiene su relevancia. El problema reside en que Mendonça necesita casi dos horas y media para erigir un ensayo que bien podría haberle costado casi una hora menos. La dilatación de sus situaciones y su carácter a menudo anecdótico no ayudan a involucrarse suficientemente en esta aventura de vida, mientras la claridad con la que se reflejan los deseos e inquietudes de una mujer que se resiste a morir en vida, que necesita amar y desear tanto como ser amada y deseada, constituyen los elementos más válidos y menos viciados de un conjunto nostálgico y amable en todos sus ángulos y resortes. El trabajo de Sonia Braga es fundamental para llevar la empresa a buen puerto, y en este sentido hay que reconocer que la mítica actriz hace una labor excelente, que junto al esmero puesto por el realizador haya posiblemente propiciado el éxito del film en los festivales donde se ha proyectado, así como su nominación al César a la mejor película extranjera.

domingo, 26 de marzo de 2017

REDENCIÓN Cansino intento de reinventar el género pugilístico

Título original; Southpaw
USA 2015 124 min.
Dirección Anthony Fuqua Guión Kurt Sutter Fotografía Mauro Fiore Música James Horner Intérpretes Jake Gyllenhaal, Forest Whitaker, Rachel McAdams, Ona Lawrence, Victor Ortiz, Naomie Harris, Curtis ’50 Cent’ Jackson, Dominic Colón, Skylan Brooks, Miguel Gómez Estreno en Estados Unidos 24 julio 2015; en España 24 marzo 2017

Con casi dos años de retraso se estrena la penúltima película del director de Día de entrenamiento (lleva quince años publicitándose como el realizador de esa violenta película que le reportó a Denzel Washington su segundo Oscar); la última ha sido el remake de Los siete magníficos, lo que unido a una serie de olvidables títulos producidos con anterioridad, dan idea del talento de Antoine Fuqua, más bien discreto. Esta cinta de boxeo empieza donde otras acaban, con un combate triunfal y una vida familiar y laboral llena de felicidad y esperanza (el protagonista se llama así, Hope). Después un giro dramático pasará factura al protagonista y derivará hacia un via crucis en el que todo deberá empezar de nuevo, recuperando así la estructura narrativa habitual en este tipo de películas. Tenemos al héroe irredento y hundido en su propia miseria, un personaje al que Gyllenhaal da vida con mucho interés y entrega, apartándolo en su justa medida del arquetipo en este tipo de historias sobre boxeadores, aunque eso no le librará de seguir las pautas tradicionales en el combate final, esta vez con fundamento personal, como si así se quisiera reinventar el género. Su hija, una niña con un sentido de la responsabilidad y un halo trágico más propio de adultos que de alguien de su edad; ya se sabe, niños americanos. Y un entrenador, incorporado con profesionalidad por Forest Whitaker, que responde a todos los arquetipos: buen tipo pero amargado y de vuelta de todo. Un montaje gastado y apresurado que apenas permite fijarse en los detalles y deja en manos de las frases lapidarias el progreso narrativo, y una dialéctica cansina y alborotada de la violencia, conducen a un espectáculo en el que lo que más merece la pena es la interpretación de un actor que aún no ha recibido el reconocimiento que merece. Nuestros distribuidores han optado por redimir al protagonista en lugar de referirse al golpe zurdo del título original. La música de James Horner planea discretamente durante todo el largo recorrido de la cinta, mientras la cinta se dedica a su memoria, ya que falleció apenas un mes antes de estrenarse.

FeMÀS 2017. EL MELODRAMA MONTEVERDIANO SEGÚN CAPPELLA MEDITERRANEA

FeMÀS 2017. Cappella Mediterranea: Emöke Baráth, soprano. Quito Gato, tiorba, guitarra y percusión. Margret Koell, arpa. Margaux Blanchard, viola da gamba. Leonardo García Alarcón, órgano, clave y dirección. Programa: Selección de madrigales, arias de ópera, scherzi musicali y piezas de Selva morale e spirituale, de Claudio Monteverdi. Espacio Turina, sábado 25 de marzo de 2017

Leonardo García Alarcón
El homenaje que el Festival dedica este año a Claudio Monteverdi, cuando se cumplen cuatrocientos cincuenta años de su nacimiento, tuvo en este concierto su segunda parada directa, tras la interpretación que Rinaldo Alessandrini y Concerto Italiano hicieron de las Vísperas de la Virgen con motivo de su inauguración. Después de desgranar su más consagrada y reconocida obra religiosa, le llegó la hora a hacer lo propio con su música escénica, a través de arias de ópera y canciones de contenido igualmente dramático que ayudaran a situar la verdadera revolución del compositor de Cremona, la creación de una nueva música, impensable para el Medievo y el Renacimiento, capaz de despertar emociones y pasiones, así como de profundizar en el contenido poético de los textos.

Expectantes ante lo que nos podían ofrecer el teclista argentino Leonardo García Alarcón y el conjunto que formó hace doce años, Cappella Mediterranea, cuya excelente reputación les precede, la sensación final fue sin embargo algo decepcionante. Esperábamos encontrar una mayor variedad de matices y estéticas en un recorrido por la música contextualizada de Monteverdi, que se antojaba a priori muy significativa para entender su carácter innovador y revolucionario. Nada que reprochar desde luego al sonido empastado, bien definido y perfectamente articulado de cada uno y una de los integrantes del grupo, pero una cierta monotonía se adueñó no sólo de la instrumentación sino del carácter con el que abordaron cada composición. No había en la época una precisión exhaustiva sobre la instrumentación con la que interpretar cada pieza, ni siquiera las óperas, que en el caso de Monteverdi y su Orfeo implantaron el género tal como luego hemos seguido conociéndolo. Pero sí unas pautas de interpretación y unas coordenadas para que cada familia de instrumentos expresara emociones distintas, tanto bucólicas como infernales, y que en este caso no llegaron a cumplirse, generando una sensación de monotonía a la que no fue ajena la soprano húngara Emöke Baráth.

Emöke Baráth
La suya es una voz enérgica, potente y bien proyectada, que la joven cantante modula con holgura y solidez, pero que emite un sonido algo impostado, de escasa naturalidad, y siguiendo unas pautas dramáticas y estéticas de semejante calado, da igual la pieza que interpretase. De nada sirvieron los juegos de luces, el esfuerzo por dotar a las obras de expresiva teatralidad ni los movimientos escénicos de la soprano a lo largo de la sala. Al final la sensación era la misma interpretase un madrigal (el famoso Lamento della Ninfa), un motete (Jubilet) o un aria (Dal mio Permesso amato de L’Orfeo con el que arrancó la cita, o el temperamental Disprezzata Regina de L’incoronazione di Poppea), limitándose a cierto aire más desenfadado cuando de interpretar un scherzo musicale se trataba (Quel sguardo sdegnosetto), así hasta acabar en la propina con un Si dolce é’l tormento tan correcto y pulcro pero corto de emoción como el resto del programa.