jueves, 28 de julio de 2016

SUNSET SONG La vida dogmatizada

Reino Unido 2015 135 min.
Guión y dirección Terence Davis, según la novela de Lewis Grassic Gibbon Fotografía Michael McDonough Música Gast Waltzing Intérpretes Agyness Deyn, Peter Mullan, Kevin Guthrie, Jack Greenlees, Mark Bonnar, Douglas Rankine, Linda Duncan McLaughlin, Ron Donachie, Stuart Bowman, Niall Greig Fulton, Daniela Nardini Estreno en el Festival de Toronto 13 septiembre 2015; en Reino Unido 4 diciembre 2015; en España 22 julio 2016

La primera de las novelas que conforman la trilogía A Scots Quair del aquí poco conocido y nada traducido autor escocés Lewis Grassic Gibbon, a pesar de haber escrito un Espartaco alternativo al de Howard Fast, nos introduce en el personaje de Chris Guthrie, una hermosa joven con especial talento para el estudio y una vida marcada por la educación férrea de un padre cruel y extremista para quien Dios y la Biblia son más que un mero credo para entrar dentro del ámbito de un estilo de vida intolerante y agresivo. La trilogía, que se completa con Cloud Howe y Grey Granite, ha sido llevada a la televisión británica, y sabemos que al director de The Deep Blue Sea, La casa de la alegría, El largo día acaba y Voces distantes le ha marcado mucho desde su descubrimiento hace ya un buen puñado de años, pero desconocemos si tiene intención de embarcarse en la adaptación del resto de la saga. Con ésta Davis ofrece su cara más clásica y tradicional, tanto estética como narrativamente, entroncando con un estilo comparable a la épica romántica e intimista cultivada en los años sesenta por David Lean (La hija de Ryan) y John Schlesinger (Lejos del mundanal ruido), algo distante de su manera de hacer cine en los títulos antes apuntados, un poco más arriesgada y atrevida. Una fotografía preciosista y detallista y una elegante puesta en escena contrastan con los limitados recursos empleados a la hora de ponerle música al asunto, con un chirriante fondo de sintetizador para acompañar las canciones que tradicionalmente ilustran sus películas, lo que sorprende dada la melomanía del autor. La cinta nos cuenta las penurias y dichas de esta joven a la que la vida le lleva, con naturalidad y sin imposiciones, a repetir los esquemas que se presuponen a una mujer de la época, convencionalismos que la retiran de cumplir sus sueños de adolescencia. En el camino de madurez conocerá el carácter despiadado de su padre, su entrega incondicional a un hermano al que adora, y la felicidad en brazos de un joven que no responde al paradigma del galán clásico pero que completa con ella una pareja que transmite amor, respeto y felicidad por los cuatro costados. En todo el desarrollo será importante el papel castrador de la Iglesia, no sólo representado en ese padre implacable sino también en el sacerdote estigmatizador. Sus largas secuencias y calculados diálogos fluyen con tal naturalidad y talento que sus dos horas y cuarto pasan rápidas, a pesar de que se echa en falta más emoción y capacidad para conmover. Menos logrado resulta la exquisitez de comportamiento de todos los personajes, a pesar de tratarse de gente de campo con pocas oportunidades y menor educación, aunque a la larga esta exhibición de buenas maneras se agradece frente a la vulgaridad que hoy estamos condenados a soportar en pantalla. En última instancia la novela y la película son un eficiente alegato contra la guerra, no tanto como para transformar caracteres de manera tan drástica como se refleja en su argumento, pero sí por su capacidad catastrofista para destruir esperanza y felicidad individuales con el falso pretexto de salvaguardar valores que casi siempre benefician a unos pocos, esa aristocracia que sigue manejando los hilos de las vidas sencillas que sólo deberían estar reguladas por su anclaje a la tierra, único Dios que determina nuestro destino y justifica nuestra existencia. Esperemos que la película sirva para abrir nuevos horizontes a Agyness Deyn, soberbia en su papel protagonista, y Kevin Guthrie, que ya coincidió en Amanece en Edimburgo con Peter Mullan, actor de Ken Loach en Mi nombre es Joe y director en Las hermanas de la Magdalena.

miércoles, 27 de julio de 2016

AMBIENTE MODERNISTA CON MARIAROSARIA D'APRILE Y TOMMASO COGATO

17º Edición Noches en los Jardines del Real Alcázar. Mariarosaria D’Aprile, violín; Tommaso Cogato, piano. Programa: Granados en París (obras de Granados, Viardot, Boulanger y Fauré). Martes 26 de julio de 2016

Con estos dos artistas italianos residentes en Sevilla empezamos a tener un problema, el peligro de no ser objetivos dado el cariño que les vamos profesando. Su talante amable y distendido y el hecho de que de un tiempo a esta parte se hayan convertido en agentes y promotores de primer nivel del ambiente musical de la ciudad, está propiciando este sentimiento. Aún así creemos que no faltamos a la verdad si concluimos tras un concierto como el del miércoles por la noche que la pareja es capaz de transmitir mucho con su música y de envolver con cuerpo y expresividad los hermosos programas que acometen.

Una sencilla pero muy elocuente puesta en escena, en la que Cogato vistió a pesar del calor un hábito respetuoso con corbata incluida y D’Aprile lució ropa y tocado evocadores del modernismo parisino en el que se desarrollaba el programa, sirvió para poner en pie otro de los carteles que este año homenajean a Enrique Granados, centrado esta vez en su periplo parisino, donde se desarrolló otro de los capítulos que conforman su biografía más popular, su imposibilidad de estudiar en el conservatorio de la ciudad por una enfermedad que le dejó fuera de las pruebas de selección. D’Aprile y Cogato aprovecharon la ocasión para establecer una singular conexión con la familia del sevillano Manuel García, dado que una de las personalidades más influyentes en los circuitos artísticos e intelectuales del París de la época fue su hija Pauline Viardot. Un par de piezas breves de la mezzo y compositora y la sonata que Fauré dedicó a su hijo ilustraron dicha conexión. En la Romanza los intérpretes desgranaron su faceta melódica con acertados aires rapsódicos, mientras Bohemienne sirvió para que la violinista luciera agilidades al más puro estilo zíngaro. La imponente Sonata no. 1 Op. 13 de Fauré sonó sin embargo menos intensa de lo conveniente; acertaron en elegancia y acoplamiento pero no tanto en expresividad y pasión, con caídas de tensión que deslucieron el resultado a pesar de un scherzo rítmico y vibrante. Un melancólico Nocturno de Lili Boulanger completó el listado de invitados al tributo.

Con la Sonata de Granados los incondicionales de las Noches en el Alcázar pueden apreciar diversas formas de afrontarla, dada la cantidad de veces que se ha programado. La de ellos fue pausada y matizada, potenciando su carácter romántico y sentimental. Muy compenetrados, ella hizo gala de una exacerbada expresividad y un sonido homogéneo, mientras él acompañó con mimo y respeto. Sin embargo ni como elemento exótico brilló demasiado el folclore en la Andaluza, a pesar de su incontestable factura técnica. Ya en solitario y sin partitura disfrutamos enormemente con la página más célebre de Goyescas, Quejas o La maja y el ruiseñor, que Cogato atacó como si de un blues se tratase, acentuando su carácter de fantasía libre y sometiéndose al dominio de su expresividad.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 26 de julio de 2016

LA LEYENDA DE TARZÁN Trágico, hipervitaminado y sin faldita

Título original: The Legend of Tarzan
USA 2016 109 min.
Dirección David Yates Guión Stuart Beattie, Criag Brewer, John Collee y Adam Cozad, según la novela de Edgar Rice Burroughs Fotografía Henry Braham Música Rupert Gregson-Williams Intérpretes Alexander Skarsgard, Margot Robbie, Christoph Waltz, Samuel L. Jackson, Djimon Hounsou, Jim Broadbent, Ben Chaplin Estreno en Estados Unidos 1 julio 2016; en España 22 julio 2016

Era de prever que en plena era digital el célebre personaje creado hace más de un siglo por Edgar Rice Burroughs sufriera una nueva adaptación que aprovechara al máximo las bondades de la tecnología moderna, inflada e hipervitaminada. Muchos han sido quienes han interpretado al hijo de la jungla desde 1918, sólo seis años después de su primera aparición en la revista All Story Magazine, hasta hoy, entre quienes destacan Johnny Weissmüller, Les Baxter, Gordon Scott, Christopher Lambert y si acaso Casper Van Dien. El penúltimo protagonizó la que es hasta la fecha la más fiel y solemne adaptación del original literario, a las órdenes de Hugh Hudson, que sólo tres años antes había sido encumbrado en Hollywood con sus cuatro Oscar por Carros de fuego. Esta nueva adaptación, producida por el recientemente fallecido Jerry Weintraub, responsable de sagas como Karate Kid y Ocean’s Eleven, combina la seriedad de aquella película, Greystoke, con la aventura genuina que han cultivado los filmes producidos entre los treinta y primeros setenta. Pero en general aporta poco o nada al imaginario del personaje, abusando de efectos visuales, situando animales en entornos que no les son propios, acudiendo al convencionalismo en más de una ocasión (tribus del Congo que se defienden en inglés) y reservando para la compañera, Jane, el papel de cebo, y estorbo, que ya ha sufrido en muchas otras ocasiones. Para colmo convierte a Tarzán en otro de esos héroes atormentados y trágicos, en la peor línea de Christopher Nolan. El espectáculo no obstante resulta entretenido pero a menudo ridículo, mientras decepciona con un argumento tan previsible como pastichero, en el que caben todo tipo de reivindicaciones medioambientales, animalistas, raciales y pacifistas, aunque por supuesto no profundiza en nada, ni le interesa.

AHORA ME VES 2 Un disparate confiado al reparto y los efectos visuales

Título original: Now You See Me 2
USA 2016 129 min.
Dirección Jon Chu Guión Ed Solomon y Pete Chiarelli Fotografía Peter Deming Música Brian Tyler Intérpretes Mark Ruffalo, Woody Harrelson, Jesse Eisenberg, Dave Franco, Lizzy Caplan, Morgan Freeman, Michael Caine, Daniel Radcliffe, Jay Chou, Tsai Chin, Henry Lloyd-Hughes, Sanaa Lathan, David Warshofsky, Richard Laing Estreno en Estados Unidos 10 junio 2016; en España 22 julio 2016

Podríamos reproducir lo que escribíamos hace justo tres años a propósito de la primera entrega de esta nueva franquicia que amenaza con convertirse en saga, y sin embargo aquella nos gustó y entretuvo bastante, mientras ésta nos ha parecido un bodrio en toda regla. Y eso a pesar de que repite las mismas constantes y reproduce idéntico esquema y personajes, pero lo que antes era novedoso y trepidante, con un manejo del sentido de la espectacularidad realmente encomiable, ahora se ha convertido en pura rutina, dejándose todo a merced de un guión caprichoso, farragoso hasta el desinterés más absoluto, y unos efectos visuales que reproducen unos trucos completamente inverosímiles, con lo que la cinta pierde todo el carácter de tributo a la magia que contenía su predecesora, lo que no impedía que también exigiese del público una buena dosis de credulidad. Las espectaculares puestas en escena y su excelente reparto, en el que se incluye seguramente como broma un Harry Potter villano y objetivo de los supuestos ingenios de los magos protagonistas, no son suficientes para generar un mínimo de interés a una platea que acude estupefacta a una sucesión de tonterías al servicio de una historia que pretende enrollarse como si fuera ingeniosa, y que no es más que tramposa y llena de imposturas. Curtido en cine musical para adolescentes (Justin Biber, Step Up, Jem y los Hologramas) y acción fantástica de serie B (G.I. Joe), Jon Chu no puede emular la habilidad de su predecesor Louis Leterrier, en este indigesto cruce nada disimulado de Ocean’s Eleven, aunque se agradezca que no contenga las chulerías de los films de Soderbergh y Clooney, y los últimos James Bond, pero primando siempre el disparate por encima del rigor narrativo y formal.

lunes, 25 de julio de 2016

LA CORRESPONDENCIA Intriga y amor en un pastel un poco indigesto

Título original: La corrispondenza
Italia 2016 116 min.
Guión y dirección Giuseppe Tornatore Fotografía Fabio Zamarion Música Ennio Morricone Intérpretes Jeremy Irons, Olga Kurylenko, Simon Johns, James Warren, Shauna Macdonald, Oscar Sanders, Paolo Calabresi, Anna Savva, Irina Kara Estreno en Italia 14 enero 2016; en España 22 julio 2016

Con su nueva película Tornatore pretende sublimar el amor más allá de la muerte, a través de un ejercicio que aglutina mensajes escritos y grabados mediante el uso de recursos tradicionales y tecnología actual. Aunque a priori pueda parecer original, la historia de superación de una tragedia amorosa por medio de una correspondencia que trasciende la propia vida la hemos visto ya en Postdata: Te quiero de Richard Lagravanese según una pastelosa novela de Cecelia Ahern y, en menor medida, en Querido Frankie de Shona Auerbach, ambas protagonizadas por Gerard Butler. Pero mientas aquellas no ocultaban su carácter meramente sentimental y rosáceo, la del director de Cinema Paradiso pretende embarcarse en el cine de qualité, con intriga, misterio y unos ingredientes de primera categoría que no hacen sino evidenciar aún más su carácter artificioso. Si ya en La mejor oferta se contaba una historia poco plausible, pero se hacía con notable manejo de los recursos, logrando así convencer hasta a los más escépticos, los resultados ahora son mucho más decepcionantes. Consigue intrigar en su primera media hora, al más puro estilo giallo italiano por mucho que esté rodada en inglés, e incluso intimar con unos personajes a los que Irons y Kurylenko se entregan con más esfuerzo que auténtica convicción. Pero después comienza un declive propiciado por una acumulación de despropósitos y variados desmanes, entre los que se encuentran una sucesión de escenas de acción entre ridículas e improcedentes, aprovechando la profesión de la protagonista como especialista de cine. Sus vinculaciones con la astrología y la astrofísica están cogidas con alfileres, y la supuesta intriga deja paso a la indiferencia ante un desenlace que se prevé más de lo conveniente. Sus elegantes localizaciones en Italia, Inglaterra y Escocia, especialmente Edimburgo y la ficticia isla de Borgoventoso, en realidad San Giulio en el Lago d’Orta, cerca de Milán, la omnipresente música de Morricone, que potencia los aspectos más nostálgicos y sentimentales de la propuesta, y su azulada y grisácea fotografía pueden motivar al visionado, pero poco más hay detrás del conjunto.

jueves, 21 de julio de 2016

¡BRUJA, MÁS QUE BRUJA! La aldea maldita canta

España 1976 92 min.
Dirección Fernando Fernán Gómez Guión Fernando Fernán Gómez y Pedro Beltrán Fotografía Polo Villaseñor Música Carmelo Bernaola Intérpretes Francisco Algora, Emma Cohen, Fernando Fernán Gómez, Mary Santpere, Estela Delgado, Fernando Sánchez Polack, José Luis Barceló, Manuel Ayuso Estreno el 28 marzo 1977; reestreno 15 julio 2016

Seguramente el éxito que obtuvo hace justo un año la reposición de La vida sigue haya animado al reestreno de otra de las películas malditas de Fernán Goméz. En este caso se trata de una comedia lírica a medio camino entre la zarzuela y la opereta, que ni tuvo público en el momento de su estreno ni creemos lo vaya a tener tampoco ahora. Sin embargo es el momento de añadir a sus atractivos su carácter histórico, como manifestación de una época y de la herencia en plena transición de un país durante cuarenta años sometido a una durísima miseria económica y moral. Fernán Gómez, que era hombre inquieto e inteligente, no deja pasar en esta insólita película la oportunidad de encarar la letra de una zarzuela escrita ex profeso por Carmelo Bernaola, adecuada elección por tratarse de un compositor dotado para recrear la música más típicamente española, como demostraría años después con Pasodoble de José Luis García Sánchez. Y tampoco deja pasar la ocasión para convertir este esperpento en una crónica del desamparo de un pueblo sometido a la ignorancia a mayor gloria del señorito, y a los postulados éticos y morales de una Iglesia omnipresente recargada de santos, dogmas y maleficios. La bruja en cuestión se revela como consecuencia directa de todos estos inconvenientes que convierten un pueblo cualquiera de la región levantina en una especie de esas Hurdes que Buñuel retratara cuarenta años antes. En él se desarrolla una historia de infidelidades conyugales que da pie a una serie de libertinajes propios de la época del destape, mientras con enorme desparpajo aunque con una partitura muy mediocre, los personajes van aireando sus anhelos en playback, sorprendentemente sin estridencias ni sobreactuaciones, algo que se agradece especialmente en un producto como éste. Secuencias hilarantes, algunas precursoras del disparate cultivado en producciones americanas como Top Secret o Aterriza como puedas, personajes sobresalientes como el que encarna la olvidada Estela Delgado al estilo de la Sra. Danvers de Rebeca, y el uso significativo de las constantes del género más cultivado en nuestro país, incluyendo la protagonista buenorra frente al galán typical spanish, hacen del conjunto un film producido con dignidad y buen hacer, pero condenado a la invisibilidad por su condición de rareza poco digerible para un público mayoritario y generalmente poco curioso. Sirva además como homenaje a los recientemente desaparecidos Paco Algora y sobre todo Emma Cohen, que nos dejó apenas cuatro días antes de esta reposición.

600 MILLAS Austera y desangelada crónica sobre la concienciación del mal

México 2015 85 min.
Dirección Gabriel Ripstein Guión Gabriel Ripstein y Issa López Fotografía Alain Marcoen Intérpretes Tim Roth, Krystian Ferrer, Harrison Thomas, Noé Hernández, Armando Hernández, Mónica del Carmen Estreno en el Festival de Berlín 6 febrero 2016; en España 15 julio 2016

El debut del hijo de Arturo Ripstein en la dirección de largometrajes es una singular película que denuncia e ilustra en forma de crónica el tráfico de armas desde los permisivos Estados Unidos a México. Se inicia con una poderosa escena que en su simplicidad consigue estremecer al espectador que sigue viendo el uso generalizado de armas en el país de la libertad como un gesto tan aterrador como aberrante, propio de una sociedad cada vez más sometida a la violencia. Pero esa misma simplicidad no funciona igual cuando se nos somete al seguimiento de un joven mexicano que no ha conocido otra actividad en su vida que servir como cebo a la organización familiar para la que trabaja. Ripstein se esmera en dotar al chico de una personalidad propia a fuerza de tics y manías diversas, como murmullos ininteligibles que se unen a un guión en el que abundan palabras como chingada y pendejo mientras apenas se hace entender – tampoco los subtítulos cuando hablan en inglés – para un castellano hablante neutro. Con la cámara casi en mano, sin música, una estética austera y esas conversaciones ininteligibles a las que nos referimos, Ripstein nos invita a un viaje en plan road movie en la que dos antagonistas se verán obligados a confiar recíprocamente para salir airosos de una situación extremadamente peligrosa y violenta, mientras con todos esos ingredientes el espectador apenas logrará sintonizar con la trama y enganchar con el universo retratado, a pesar de un prometedor apunte sobre la progresiva concienciación de su protagonista sobre lo que representa el mal. Así las cosas, el film se ve sin apenas interés a pesar del esfuerzo que su equipo pone en generar tensión.