sábado, 30 de abril de 2016

TRIUNFAL REGRESO DE HALFFTER AL PODIO DEL MAESTRANZA

Concierto de la Orquesta y Coro Nacionales de España. Escolanía de Los Palacios. Leonor Bonilla, soprano. Beñat Egiarte, tenor. Carlos Daza, barítono. Pedro Halffter, director. Programa: Obertura de La muerte de Tasso, de Manuel García; Danza nº 1 de La vida breve, de Falla; Orgía de Danzas fantásticas, de Turina; Tiento del primer tono y batalla imperial, de Cristóbal Halffter; Carmina Burana, de Carl Orff. Teatro de la Maestranza, viernes 29 de abril de 2016

La OCNE en el Auditorio Nacional
Fin de semana muy especial para el Teatro de la Maestranza, ocasión única para revalidar su condición de primer teatro lírico de Andalucía, al presentar en días consecutivos la Orquesta y Coro Nacionales de España, largamente ausentes de su programación, y la Gala lírica conmemorativa del veinticinco aniversario del coliseo. Ocasión además para festejar la supervivencia de un ente cultural tan imprescindible como éste, y que a lo largo de su todavía corta vida ya ha sufrido muchos vaivenes políticos y económicos, el último de rabiosa actualidad pero del que tenemos total seguridad saldrá también airoso. En esta primera cita Pedro Halffter volvió al podio del escenario maestrante, en una temporada en la que hasta ahora sólo lo habíamos podido disfrutar desde el foso operístico. El reclamo del concierto de la OCNE fue la tantas veces programada Carmina Burana de Orff; en 2011 tuvimos doble ración de ella, una participativa y otra para conmemorar precisamente el vigésimo aniversario del teatro y la ROSS. Una apuesta segura que ha contado siempre con el entusiasmo del público, que en última instancia es quien domina el futuro de la institución. 

Leonor Bonilla
Pero antes Halffter programó una serie de piezas de honda raigambre española, tan del gusto también del honorable público. En sus manos volvimos a apreciar matices y texturas que rara vez antes habíamos notado en audiciones de las piezas seleccionadas. Así su Obertura de La muerte de Tasso, ópera que se representó en su integridad en este teatro en enero de 2008, sonó vitalista y llena de color, ritmo y jovialidad; la Orgía de Turina contó con un ímpetu y energía contundentes; y el Tiento del primer tono y batalla imperial de su padre Cristóbal Halffter obtuvo una precisión extraordinaria y un juego de dinámicas y contrastes digno de todos los elogios. Pero quizás fue la celebérrima Danza nº 1 de La vida breve la que llegó a sorprendernos más, por su ductilidad, fiereza y combinación de temperamento y sutileza como pocas veces antes habíamos escuchado. El abanico nacionalista se completó con otra de las piezas recurrentes que siempre se ganan el fervor del público, el Intermedio de La boda de Luis Alonso de Giménez, que se tocó como propina al final del concierto, justo después de Carmina Burana, en lo que a algunos nos pareció el colofón de un homenaje encubierto al recientemente desaparecido Frühbeck de Burgos, tan vinculado a esta formación, que tanto gustaba de estos interludios zarzueleros, y cuyo último trabajo discográfico fue precisamente la Cantata de Orff.

Carlos Daza
Una obra cuya interpretación se saldó con muy buenos resultados, gracias a la fuerza y vistosidad con la que Halffter atacó la pieza, consiguiendo de todas las familias instrumentales prestaciones gozosas, a pesar de alguna que otra entrada errática en los siempre sufridos metales. Instrumentistas que portaban lazo verde, no sólo en solidaridad con los músicos de nuestra Sinfónica sino también en reivindicación de sus propias necesidades y alarmas. Halffter, que bien conoce a este conjunto al que ha dirigido tantas veces, volvió a convencernos de su talento, revalidado con la ovación de un público enfervorecido con cuyo favor siempre ha contado el director madrileño, no así como lamentablemente le ocurre con los profesionales a los que dirige y que tantos problemas le está reportando. Precisamente la profesionalidad y buen temple de éstos y los cantantes, coros y solistas, salvaron una función accidentada cuando a poco de comenzar Olim lacus colueram, el tenor vasco Beñat Egiarte sufrió un desvanecimiento que obligó a interrumpir el concierto, y una vez asegurada su salud ya fuera del escenario, reanudar en Ego sum abbas a cargo del barítono catalán Carlos Daza. Afortunadamente para el espectáculo esta era la única intervención del tenor, que debía haber atacado en falsete y no a pleno pulmón como hizo Egiarte, un esfuerzo considerable que quizás aceleró una afección ya manifestada. Daza por su parte defendió su parte excelentemente, flexibilizando su registro hasta extremos extenuantes y teatralizando su rol de forma tan conveniente como la exhibida en el magnífico Tempus est iocundum de la apoteosis final. La joven y preciosa sevillana Leonor Bonilla aseguró sin duda su carrera con una intervención magistral a todos los efectos, llena de dulzura en el In trutina y generosa en ornamentaciones en el Dulcissime. El coro deleitó con equilibrio y entusiasmo y los disciplinados niños de la Escolanía de Los Palacios volvieron a dar en la diana. Alguien debería sin embargo haberles invitado a abandonar el escenario durante las propinas, que los pobres acusaron un considerable cansancio obligados a mantenerse en pie durante tanto tiempo.

jueves, 28 de abril de 2016

CEGADOS POR EL SOL Rescate emocional

Título original: A Bigger Splash
Italia 2015 124 min.
Dirección Luca Guadagnino Guión David Kajnagich, según la novela de Alain Page “La piscina” Fotografía Yorick Le Saux Intérpretes Ralph Fiennes, Tilda Swinton, Matthias Schoenaerts, Dakota Johnson, Aurore Clément, Corrado Guzzanti, Lily McMenamy Estreno en el Festival de Venecia 6 septiembre 2015; en Italia 26 noviembre 2015; en España 22 abril 2016

Aclamado por su anterior película, Yo soy el amor, protagonizada también por Tilda Swinton, Luca Guadagnino parece haberse contagiado de las inquietudes y maneras de hacer del Bertolucci más reciente; no en vano entre aquel y este largometraje de ficción realizó un documental sobre el afamado director italiano, aunque el material dramático escogido esta vez sea el de la mítica película que Jacques Deray dirigió en 1960 bajo el título de La piscina. Un material basado en la novela que Jean-Emmanuel Conil escribió bajo el seudónimo de Alain Page y que mostraba a Romy Schneider y Alain Delon en el esplendor de sus bellezas, seis años después de haber terminado su relación sentimental de seis años. Y es que en el fondo el drama que plantea Page es el del intento de recuperación de una relación perdida, generando para ello toda una intriga pasional en la que el poder de seducción del rechazado implicará a otros tres personajes. El escenario rudo y salvaje que plantea la isla de Pantelleria, al sureste de Sicilia, completa este universo que se quiere enfermizo y colérico alrededor de estos cuatro personajes perdidos entre el placer vacacional y la tentación a veces provocada y otras no tanto. A Deray no le hizo falta ser tan explícito ni en el comportamiento de sus personajes ni en su entorno, entonces una más elegante Costa Azul, para mostrarnos la psicología primigenia de unos cuerpos abandonados al descanso, el sol y el placer. También es cierto que en esa época se frecuentaba una forma de rodar tan lenta y reflexiva que podía invitar al aburrimiento, mientras hoy el ritmo crece y la necesidad de entretener ha calado más hondo entre los nuevos cineastas. Por eso la piscina del título original ha quedado relegada a un segundo plano para ampliar escenarios y tiempos, empleando incluso innecesarios flashbacks y una incontinencia verbal por parte del personaje central interpretado por Ralph Fiennes, que asegure la degustación más complaciente del delicado material en juego. Precisamente es Fiennes quien lleva el mayor peso de la historia, haciendo una interpretación que excede del histrionismo y la sobreactuación para entrar más bien en los límites de una verdadera composición y creación del personaje al que en 1969 dio vida Maurice Ronet; mientras Dakota Johnson, que interpreta a su hija relevando a la más angelical y por ello más peligrosa Jane Birkin, nos invita con su actuación a esperar de ella grandes satisfacciones en el futuro. Guadagnino sabe rodar y dirigir a sus intérpretes, manteniendo ese estilo elegante que descubrimos en Yo soy el amor, pero le falta intensidad emocional para desarrollar sus personajes y anhelos, para generar un verdadero estudio psicológico de los mismos y transmitirnos esa sensación de rescate emocional que apuntan los Rolling Stones en el éxito de los ochenta que la película utiliza recurrentemente como tema principal de su banda sonora.

martes, 26 de abril de 2016

APUNTES BALSÁMICOS CON RICCARDO MINASI

Temporada 2015/2016 de la Orquesta Barroca de Sevilla. Riccardo Minasi, director y violín. Programa: Conciertos TWV 51:G7 de Telemann, RV 331 y RV 277 de Vivaldi, BWV 1056R de Bach, grosso Op. 3 nº 11 de Mossi, y Decimo a Pastorale de Zavateri. Teatro Lope de Vega, lunes 25 de abril de 2016

Es curioso hasta qué punto se impone la personalidad de cada director a la hora de extraer de un conjunto una u otra estética musical. Posiblemente Riccardo Minasi sea una de las batutas más sobresalientes de cuantas se han enfrentado a la Barroca de Sevilla esta temporada. Así lo avala por ejemplo su trabajo frente a Il Pomo d’Oro, formación que tuvimos la oportunidad de disfrutar en el pasado Femás de la mano de otro de sus principales valedores, Maxim Emelyanychev. Aunque su fraseo al violín, no obstante ágil y virtuoso, sea un poco seco y austero, sigue una línea expresiva balsámica y relajada fácil de apreciar en las piezas elegidas para este programa, conciertos de estilo muy italianizante en los que se aprecia de forma considerable la huella de Corelli.

Con la parte solista siempre protagonizada por Minasi, su recreación del Concierto en Sol menor TWV 51:G7 de Telemann siguió esa línea balsámica a la que hacíamos referencia, sustituyendo los habituales ataques enérgicos y vigorosos de los maestros de la orquesta por otras formas más suaves y sutiles, bien avenidas con el carácter pastoral de la pieza, que se mantuvo durante todo el programa. La particular inventiva de Vivaldi quedó manifiesta en su concierto RV 331, extraído de su imprescindible op. 8, así como en el 277 Il Favorito, portento de elegancia muy bien entendida por los miembros de la orquesta. También amable y relajado resultó el famoso Concierto BWV 1056 de Bach, en su versión para violín, cuyo Largo no fue sin embargo un dechado de lirismo, alcanzando sólo un nivel de mera corrección no exenta de delicadeza.

Lo más novedoso llegó de la mano de Giovanni Mossi y Lorenzo Zavateri, tan poco conocidas sus vidas como prolíficas sus obras. Minasi y la Barroca acertaron a reflejar en todo su esplendor el carácter galante del segundo, mientras redundaron con el primero en esa estética relajada dominante en todo el concierto. Los duelos del solista con el violín de un espléndido Mauro Lopes y el cello siempre eficiente de Mercedes Ruiz, marcaron también una velada que terminó con Minasi haciendo gala de su excelente sentido del humor en las presentaciones de unas propinas consagradas a la familia Bach.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 25 de abril de 2016

TORO Posmodernidad ibérica y violenta

España 2016 100 min.
Dirección Kike Maíllo Guión Rafael Cobos y Fernando Navarro Fotografía Arnau Valls Colomer Música Joe Crepúsculo Intérpretes Mario Casas, Luis Tosar, José Sacristán, Ingrid García Jonsson, Claudia Canal, José Manuel Poga, Luichi Macías, Alberto López, Nya de la Rubia, Manuel Salas, Ignacio Herráez Estreno 22 abril 2016

Si algo demuestra el segundo largometraje de Kike Maíllo es que sabe enfrentarse a un trabajo complejo aunque aún no haya encontrado un estilo propio. Tras coquetear con el género fantástico y metafísico en Eva, con gran reconocimiento por parte de un sector poderoso de la crítica, se adentra ahora en otro género también con un marcado carácter internacional, el thriller trepidante y violento, sin que entre una y otra exista relación alguna evidente. En medio realizó por encargo un mediometraje romántico a mayor gloria de David Bisbal, que se interpretaba a sí mismo, Tú y yo. Toro representa la versión ibérica, dura y salvaje de Tarantino, desprovista de humor, y Nicolas Winding Refn, del que resulta inevitable referirse a Drive al ver esta película, incluido el uso de una banda sonora inquietante a la que sin embargo le sobran apuntes folclóricos. Los guionistas trazan una trama muy reconocible y recurrente, la del delincuente que quiere rehabilitarse, reintegrarse en la sociedad como otro ser corriente y empezar una nueva vida junto a su preciosa novia, la sevillana Ingrid Gª Jonsson. Pero un hermano incorregible y un pasado marcado por la fuerte personalidad de un implacable capo de la mafia de la Costa del Sol, se lo van a poner muy difícil. Afortunadamente el arquetípico argumento se somete a alicientes en forma de giros y situaciones irrespirables que le dan al conjunto una dignidad que la precisa y certera dirección del joven realizador acaba por convertirlo en un film apreciable. Salvadas gracias a estos aciertos las ridiculeces a las que podrían haber dado lugar la tendencia capillita del perverso o la inclinación por conceder credibilidad al material esotérico, la película se revela como un vehículo adrenalítico en el que el aspecto visual está tan cuidado como la verosimilitud de sus escenas de acción o la crueldad de los personajes y sus métodos expeditivos. El reparto está bien, incluso un Mario Casas convincentemente taciturno, entregado a una suerte y destino que le confirman como sujeto sin remedio ni esperanza. Las localizaciones en los espacios más decadentes de la Costa del Sol le confieren una atmósfera entre mitológica e infernal, notándose la mano de Maestranza Films en su impoluto y aseado trabajo de producción; todo lo cual deviene en un film de género, sin más pretensión que la de entretener y cumplir con lo prometido.

miércoles, 20 de abril de 2016

CHRIS POTTER EN EL LOPE DE VEGA: EL TEDIO COMO EFECTO HIPNÓTICO

Chris Potter Quartet: Chris Potter, saxo. David Virelles, piano. Joe Martin, bajo. Marcus Gilmore, batería. Teatro Lope de Vega, martes 19 de abril de 2016 

No es cuestión de ponerle reparos a la excelente programación de jazz que está llevando a cabo el Teatro Lope de Vega, que con la Orquesta Barroca y otras músicas y eventos está ampliando considerable y saludablemente su programación. Pero no todas las propuestas calan por igual en el público; a una asistencia considerablemente inferior que en otras citas del ciclo, hubo que añadir el también menor entusiasmo que suscitó el programa articulado por el prestigioso saxofonista Chris Potter y su tímida forma de conectar con el público. 

Capaz de extraer un sonido aterciopelado y envolvente, con una línea homogénea, sofisticada y estilizada en el fraseo, un control superlativo de la respiración y una fluida articulación del ritmo que le convierten en un artista incombustible e infatigable, Potter es sin duda un lujo para los oídos gourmet. Virtuoso tanto en el saxo tenor que más frecuenta como en el soprano, quince discos como solista y más de un centenar como colaborador en apenas veinte años, le han colocado en el ranking mundial como uno de los saxofonistas más relevantes y referenciales del momento. No cabe duda de que está especialmente dotado para la improvisación, y que sus ornamentaciones y variaciones sobre sus propias composiciones gozan de una envidiable creatividad. Pero todas esas virtudes no fueron suficientes frente al considerable tedio que llegó a provocar un programa tan hipnótico y repetitivo, que aunque dividido en varios bloques, evidenció un carácter demasiado monótono.

En formación de cuarteto no cabía esperar una recreación de su último trabajo, Imaginary Cities, junto a su Underground Orchestra; y sin embargo el último bloque estuvo protagonizado por un arreglo de Compassion para el que el estupendo contrabajista Joe Martin se empleó a fondo y Potter hizo gala de su versatilidad encargándose de los efectos electrónicos. Aunque elegante y virtuoso, David Virelles exhibió al piano una estética algo apagada, mientras Gilmore marcó el ritmo excelentemente a pesar de puntuales excesos decibélicos.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 21 abril 2016

martes, 19 de abril de 2016

EL HÉROE DE BERLÍN Las gestas de J.C.

Título original: Race
Canadá-Francia-Alemania 2016 134 min.
Dirección Stephen Hopkins Guión Joe Shrapnel y Anna Waterhouse Fotografía Peter Levy Música Rachel Portman Intérpretes Stephan James, Jason Sudeikis, Jeremy Irons, Carice van Houten, William Hurt, Shanice Banton, Chantel Riley, David Kross, Eli Goree, Barnaby Metschurat, Amanda Crew, Shamier Anderson, Tony Curran, Jonathan Higgins Estreno en Canadá y Estados Unidos 19 febrero 2016; en España 15 abril 2016

Aunque su producción reza canadiense, francesa y alemana, está claro que este biopic de Jesse Owens es una típica película norteamericana al más puro estilo clásico de Hollywood, que aprovechando las nuevas tecnologías digitales ofrece una ambiciosa recreación de los espacios y ambientes en los que se desarrolla, incluidos estadios como el de Berlín y ciudades como Nueva York. Se nota el carácter artesano de su director, Stephen Hopkins, curtido en el cine, donde empezó con la quinta entrega de Pesadilla en Elm Street y continuó con géneros dispares (fantástico en Depredador 2 y Perdidos en el espacio, aventuras en Los demonios de la noche, acción en Volar por los aires, intriga en Bajo sospecha, terror en La cosecha y otro biopic, el de Peter Sellers, en Llámame Peter) y la televisión, con series como Traffic, Californication y House of Lies. Su mano garantiza un producto nada pretencioso, detallista en su puesta en escena y eficaz como lección de historia, que no es poco. El objetivo es rehabilitar la memoria del corredor afroamericano Jesse (derivación del original J.C) Owens, que en 1936 ganó cuatro medallas olímpicas en Berlín, batiendo todas las marcas de atletismo. Ochenta años después, coincidiendo con un nuevo año olímpico, llega a las pantallas este largo devenir por la historia de este singular e irrepetible deportista, desde sus años universitarios hasta su gesta olímpica. El resto lo conoceremos por los didácticos créditos finales de rigor. Se trataba en principio de destacar el racismo del que fue víctima en su país frente al mejor trato recibido en la Alemania nazi, a pesar de que Hitler le negó el saludo. Otra forma de poner en evidencia las supuestas virtudes de los a sí mismo llamados demócratas. Las diferencias sin embargo no están demasiado marcadas, y por el contrario asistimos a ejemplares crónicas de amistad y respeto, como la expresada por su rival alemán y contrario al régimen, Lutz Long, y la dignidad con la que se retrata a la cineasta Leni Riefenstahl. Junto al joven actor Stephen James, que da vida al héroe, podemos también disfrutar del esmerado trabajo de Jason Sudeikis (Cómo acabar con tu jefe, Somos los Miller) en el rol de su entrenador, así como un entregado Jeremy Irons como el constructor e impulsor de la participación norteamericana en los polémicos juegos Avery Brundage, cuyos negocios con los nazis generaron cierto escándalo en su época. Todos estos ingredientes derivan en una película entretenida, didáctica y emocionante, sin más pretensión que la de generar un producto de calidad y con dignidad.

lunes, 18 de abril de 2016

MI AMOR Un hombre (gilipollas) y una mujer (histérica)... en fin

Título original: Mon roi
Francia 2015 130 min.
Dirección Maïwenn Lo Besco Guión Etienne Comar y Maïwenn Lo Besco Fotografía Claire Mathon Música Stephen Warbeck Intérpretes Emmanuelle Bercot, Vincent Cassel, Louis Garrel, Isild Lo Besco, Chrystèle Saint Louis Augustin, Patrick Raynal, Yann Goven, Paul Hamy, Djemel Barek Estreno en el Festival de Cannes 17 mayo 2015; en Francia 21 octubre 2015; en España 15 abril 2016

Si en su anterior película, muy celebrada en Francia, Polisse, Maïwenn intentaba mostrarnos el día a día del cuerpo de policía de una conflictiva comisaría de París, en esta cinta fija su mirada en una pareja imposible, la formada por una divorciada de difícil temperamento y un contumaz vivalavida para al que hacer sus caprichos realidad sólo le suponen un chasquido de dedos. Trata de ilustrar una atracción fatal entre dos seres llamados a no entenderse y hacerse la vida imposible; el problema es que tal como ha trazado sus personajes, la definición de ella corre, una vez más, con la peor fortuna. Mientras las vaciedades de él y su eterno afán de devorar la vida a cualquier precio, se redimen con un buen carácter y hasta cierta generosidad, ella no encuentra justificación en sus celos, sus continuas muestras de histeria y esa molesta entrega al principio incondicional a los supuestos encantos de un hombre (el rey, aunque sea de los gilipollas, como él mismo se define, del título original que aquí se ha traducido con un amor que deja al amo al descubierto, pero que no logra tener reflejo preciso en la película) que se rodea de gente mediocre y hace cosas mediocres y extravagantes, siempre con la excusa del placer y la diversión. El producto, largo y tedioso, se enrosca innecesariamente para apenas contar nada, hacerlo sin convicción y acabar provocando más irritación que inquietud ante la supuestamente incómoda realidad emocional que cuenta. Sobra metraje, situaciones y sobre todo esa visión condescendiente del hombre y despiadada de ella, por mucho que la intención pudiera ser otra diferente, en cuyo caso estaríamos ante un producto decididamente fallido. Ya lo es por todo lo demás, incluida una interpretación, la de ella, que más que recorrer matices va de un extremo a otro dando tumbos, sin coherencia ni apenas estudio del personaje, por lo que sorprende el premio obtenido en Cannes, donde seguramente hubo actrices que brillaron más y mejor.