miércoles, 29 de junio de 2016

THE PROGRAM (EL ÍDOLO) Un gángster con maillot amarillo

Título original: The Program
Reino Unido 2015 103 min.
Dirección Stephen Frears Guión John Hodge, según el libro de David Walsh "Seven Deadly Sins" Fotografía Danny Cohen Música Alex Heffes Intérpretes Ben Foster, Chris O’Dowd, Jesse Plemons, Guillaume Canet, Lee Pace, Dustin Hoffman, Denis Ménochet, Elaine Cassidy, Laura Donnelly, Edward Hogg, Chris Larkin, Jorge León Martínez, Michael G. Wilson, Lucien Guignard Estreno en el Festival de Toronto 13 septiembre 2015; en Reino Unido 16 octubre 2015; en España 22 junio 2016

Sorprende la facilidad con la que Stephen Frears se adapta con solvencia a cualquier género cinematográfico, lo que le confirma como el buen realizador que es y lo sitúa al nivel de los grandes artesanos del cine clásico americano. A la espera del biopic sobre la nefasta cantante de ópera Florence Foster Jenkins que protagoniza Meryl Streep, su última película estrenada en nuestras pantallas fija su mirada en el caso de Lance Armstrong, que pasó de ser ídolo entre las masas por sus siete tours de Francia ganados consecutivamente y su filantropía, a convertirse en el mayor villano y farsante de la historia del deporte tras conocerse su adicción al dopaje para aumentar considerablemente su rendimiento. Frears encara la misión de ilustrar esta crónica del presente siglo manteniendo la admiración y la dignidad del personaje, que no en vano llegó a superar un cáncer para regresar victorioso al deporte, aunque fuera impulsado por las drogas, sin menospreciar su labor como impulsor de la investigación contra el cáncer. Centrado en cuatro personajes fundamentales, el propio Armstrong, su compañero de equipo y cómplice el amish Floyd Landis, el médico que puso en marcha el programa Michele Ferrari y David Walsh, el periodista del británico The Sunday Times que lo desenmascaró. La película resulta dinámica y vitalista, gracias también en parte a una magnífica fotografía que alterna con soltura imágenes de archivo en las que incluso se puede atisbar la figura de Induráin (la de Contador tiene intérprete propio, el francés Lucien Guignard), y a una vibrante partitura de Alex Heffes en la que se hace una moderna revitalización del Gloria de Vivaldi. Los hechos se exponen con claridad narrativa estructurada en dos partes, la forja del ídolo a fuerza de voluntad, un coraje sin límites y, ya se sabe, el uso fraudulento de sustancias dopantes; y la investigación y posterior revelación del delito, que le valió renunciar a los siete triunfos que le llevaron a liderar el ránking de los mejores ciclistas de la historia, tal como se narra en el libro ocurrentemente titulado Seven Deadly Sins: My Pursuit of Lance Armstrong (Siete pecados capitales: Mi persecución de Lance Arnstrong) del propio David Walsh. Frears disecciona el texto con una narrativa didáctica e impoluta, decantándose por un estilo gangsteril potenciado por la excelente interpretación de Ben Foster, que debería así ver catapultada su carrera de papeles secundarios (Warcraft en cartel, Inferno de Dan Brown por estrenar) a protagonistas. El resto del elenco también funciona con eficiencia casi aritmética, para dar como resultado un film apasionante.

MI PERFECTA HERMANA Terror y admiración a las puertas de la madurez

Título original: Min lilla syster
Suecia 2015 105 min.
Guión y dirección Sanna Lenken Fotografía Moritz Schultheitβ Música Per Störby Jutbring Intérpretes Rebecka Josephson, Amy Diamond, Annika Hallin, Henrik Norlén, Maxim Mehmet, Hugo Wijk, Emelie Strömberg, Amy Deasismont Estreno en el Festival de Göteborg 24 enero 2015; en Suecia 18 septiembre 2015; en España 17 junio 2016

Especialmente comprometida con el problema de la anorexia, tras su cortometraje Hora de comer Sanna Lenken nos ofrece para su debut en el largometraje una sencilla película que trata también el tema, esta vez de manera tan directa como tangencial. Con hechuras más propias del cine independiente americano que de la larga tradición de cine nórdico, Lenken adopta el punto de vista de una niña en la pubertad, camino de la madurez, que admira a su hermana mayor patinadora tanto como la quiere sinceramente, y que tras los trastornos alimentarios que percibe en ella ve cómo su mundo familiar y emocional se desmorona. Lenken no carga jamás las tintas en esta película que adopta un tono amable y condescendiente, más atenta a las experiencias y vivencias de la jovencita, su mirada viva y curiosa y su aspecto rollizo y tierno, para sólo hacia al final adentrarse en los vericuetos del melodrama clásico y trágico, con toques de terror, el que suscita la incomprensión hacia los trastornos mentales. Lo mejor de la cinta reside en el personaje central y la espléndida interpretación que de él hace la jovencita Rebecka Josephson, asumiendo con naturalidad y sin prejuicios su condición de niña gordita, capaz de ser responsable en determinados momentos y sin caer en el complejo frente a la supuesta perfección de la hermana a la que admira. Por otro lado acierta la realizadora en plasmar el interés y la inquietud de la niña por ayudar a su hermana enferma, y cómo actúa de catalizador para resolver los problemas familiares que acarrea. Un trance que supondrá para la joven protagonista su paso a la madurez, resolviendo paralelamente algunos desórdenes sentimentales propios de la edad, aunque nunca abordados desde un punto de vista convencional y puramente dramático.

martes, 28 de junio de 2016

DESDE ALLÁ Seducción letal en los suburbios de Caracas

Venezuela 2015 93 min.
Dirección Lorenzo Vigas Guión Lorenzo Vigas y Guillermo Arriaga Fotografía Sergio Armstrong Intérpretes Alfredo Castro, Luis Silva, Jericó Montilla, Catherina Cardozo, Jorge Luis Bosque, Greymer Acosta, Auffer Camacho, Ivan Peña, Joretsis Ibarra, Yeimar Peralta Estreno en el Festival de Venecia 10 septiembre 2015; en España 22 junio 2016

Con un guión basado en una historia propia y del afamado Guillermo Arriaga (Amores perros, Babel), el debut en la dirección de largometrajes del venezolano Lorenzo Vigas le ha reportado ya suntuosas satisfacciones, como el codiciado León de Oro en Venecia. Vigas combina el drama homosexual con el genuino cine negro en esta oscura e inquietante historia en la que un siniestro protésico dental se sirve de un joven mecánico y delincuente para, a través de la seducción del materialismo, aprovecharse de él con objetivos y maquinaciones fraudulentas. El film narra con rigor estético y narrativo y un estilo insólitamente personal para tratarse de una ópera prima, ese proceso de seducción y autodestrucción en un ambiente tan sórdido y una atmósfera tan sobrecargada como la de los suburbios de Caracas, que el espectador es capaz de sentir y oler gracias a una estupenda realización y un uso magistral del encuadre y el enfoque fotográficos. El estupendo duelo interpretativo de Alfredo Castro, curtido en el cine de Pablo Larrain, incluida la reciente El club, con su mirada siniestra y casi perturbada, y el joven Luis Silva, mención especial en el Festival de San Sebastián, cuya interpretación también basa en gran medida en su mirada, ésta entre perpleja y desconfiada, añade enteros a esta cruel e irredenta crónica sobre la situación de un país que se desangra entre la falta de derechos y una economía endeble que potencia la diferencia entre clases. Vigas opta para dar efectividad al conjunto por el estilo clásico del cine negro, remozado por las nuevas coyunturas que fijan más su atención en un realismo crudo y salvaje. De momento, tras haberse estrenado comercialmente en Italia, Francia y nuestro país, no tiene fecha de estreno en Venezuela.

LA ORILLA Lánguido despertar a la madurez y la sexualidad

Título original: Beira-Mar
Brasil 2015 83 min.
Guión y dirección Felipe Matzembacher y Marcio Reolon Fotografía Joâo Gabriel de Queiroz Música Felipe Puperi Intérpretes Mateus Almada, Mauricio José Barcellos, Elisa Brites, Francisco Gick, Fernando Hart, Maité Felistoffa, Danuta Zaguetto, Irene Brietzke Estreno en el Festival de Berlín 6 febrero 2015; en Brasil 5 noviembre 2015; en España 22 junio 2016

Para su debut en la dirección de largometrajes, los jóvenes realizadores brasileños Felipe Matzembacher y Marcio Reolon parecen haberse basado en experiencias propias, en las que el peso de su amistad y sus ambiguas relaciones sentimentales parecen cobrar especial relevancia, dando como resultado un film más interesante en su planteamiento y resolución que en su entramado central. El viaje de un joven a las puertas de la madurez, al sur del país para resolver unos espinosos problemas de herencia familiar, se convierte a su vez en un viaje emocional e iniciático gracias al acompañamiento de su mejor amigo, quien esconde un secreto que se revelará en giro inesperado para el destino del protagonista. Lánguida y morosa, la película se pierde en miradas, posturas y una alarmante ausencia de argumento que la trasladan a un pozo anémico y falto de emociones. No hace falta decir que el combinado abusa de los ingredientes habituales, que son un tono perfumado de corte independiente, rostros y cuerpos angelicales, por supuesto caucásicos, nada de angelitos negros, ambientes acomodados con decoración fría y elegante en tonos nórdicos, y entre medio una especie de búsqueda de la propia identidad, traducida en el descubrimiento de las raíces y un inesperado resurgir sexual demasiado convencional y menos convincente. Entre sus posibles lecturas parece imponerse la aceptación del otro por encima de la propia, una premisa que debía haber dado como resultado un film más inquietante e incluso morboso.

miércoles, 22 de junio de 2016

MI HIJA, MI HERMANA Sobre la elección libre de una identidad y un estilo de vida

Título original: Les cowboys
Francia 2015 114 min.
Dirección Thomas Bidegain Guión Thomas Bidegain y Noé Debré Fotografía Arnaud Potier Música Raphael Haroche Intérpretes François Damiens, Finnegan Oldfield, Agathe Dronne, Ellora Torchia, John C. Reilly, Antoine Chappey, Maxim Driesen, Jean-Louis Coulloc’h, Gilles Treton, Djemel Barek, Mounir Margoum Estreno en Francia 25 noviembre 2015; en España 17 junio 2016

El miedo al rechazo, y a la posibilidad de que el estilo de vida elegido no guste al entorno familiar y amistoso, ya sea por motivos sexuales, religiosos, ideológicos o de cualquier otra índole en las antípodas de lo que los demás esperan de ti, produce muchas veces la rebeldía y la huida. Esta coyuntura, como la que se da cuando se tiene una orientación sexual diferente a la instaurada y generalmente admitida, para lo cual el propio director de la cinta entona en sus títulos finales a ritmo de country el Small Town Boy de Bronski Beat, sirve al hasta ahora afamado guionista para contar una historia de animadversión a un pueblo y una religión, fomentada por el fundamentalismo y la cobertura mediática unidireccional que provocan el miedo, la desconfianza y el odio. Bidegain, que se ha labrado un nombre escribiendo los guiones de las películas de Jacques Audiard (Un profeta, De óxido y hueso, Dheepan), además de otros estimables títulos como La familia Bélier, o no tanto como Saint-Laurent (la de Bonello) o la desafortunada Perder la razón, debuta en la dirección con un claro homenaje a John Ford y Centauros del desierto; de hecho se trata en cierto modo de un remake de esa obra maestra, adaptada a los convulsos tiempos que vivimos. Por eso y por situarse en el extremo opuesto del supuesto enemigo, ambienta su película en el seno de una familia aficionada a participar en colectivos que recrean la vida en el Oeste americano, siendo un padre (en la película de Ford era un tío) y su hijo quienes busquen desesperadamente a la hija y hermana, respectivamente, desaparecida en una de estas celebraciones country. Las consecuencias de la incomunicación marcan a esta familia de por vida, mientras la odisea emprendida por ambos hombres, juntos y por separado, para buscarla por todo el Mundo, servirá para rememorar algunos de los episodios más lamentables de la Historia reciente, especialmente en lo que se refiere a este siglo aún joven. Unas estupendas interpretaciones, un guión modélico en el que gente que no cabe en su propio espacio y no imaginaba lo que se nos venía encima, transita por un mundo en continua transformación, y un sentido de la elipsis y el ritmo narrativo extraordinario, logran un film tan estimable como conmovedor, que surte todo el efecto que pretende e invita a una madura reflexión sobre la diferencia, el respeto y la tolerancia, tan necesarias en un planeta que se nos va antojando cada vez más siniestro y amenazador. Obtuvo cuatro nominaciones en los últimos César, para sus protagonistas, la dirección novel y la estupenda banda sonora que firma uno que se hace llamar Raphael.

CAPITÁN KÓBLIC Vuelo de baja intensidad

Título original: Kóblic
Argentina-España 2016 92 min.
Dirección Sebastián Borenzstein Guión Sebastián Borenzstein y Alejandro Ocón Fotografía Rodrigo Pulpeiro Música Federico Jusid Intérpretes Ricardo Darín, Óscar Martínez, Inma Cuesta Estreno en Argentina 14 abril 2016; en España 17 junio 2016

Darín y Borenzstein vuelven a coincidir varios años después tras Un cuento chino, ahora con un registro menos amable y complaciente. Se trata de una historia de intriga ambientada en la Argentina profunda en época de la dictadura militar y con los horrendos vuelos de la muerte como telón de fondo, uno de los medios más cruentos, salvajes y despiadados con los que el régimen aniquiló a miles de represaliados sin que hasta ahora tampoco allí se hayan ajustado suficientemente las cuentas. Un punto de partida, unido al de la mala conciencia del protagonista, que podría haber dado lugar a una experiencia tan intensa como conmovedora, y que sin embargo se queda en mera crónica con una innegable intención de dar al conjunto el aspecto de western clásico. Borenzstein no logra dar con el ritmo adecuado, mientras en el guión se acumulan giros, incluido uno forzado romántico, con el fin de impulsar una trama en el que el duelo entre el capitán del título y el siniestro sheriff del lugar, eje alrededor del cual gira principalmente el drama, no logra levantar el vuelo y generar la tensión adecuada. Los encuadres y la potencia de la fotografía es innegable y justa merecedora del premio conseguido en Málaga, mientras Darín vuelve a demostrar su valía como intérprete, en esta ocasión basándose más en la mirada y el gesto que en la palabra, y Martínez cumple eficazmente con su cometido, lo que le ha valido el premio al mejor secundario en el mismo certamen andaluz. Por su parte Inma Cuesta se esmera con acierto en emular el acento argentino y logra convencer en sus contadas apariciones.

martes, 21 de junio de 2016

EL REY KANDAULES, UN REGISTRO DE CALIDAD PARA UN TEATRO AMBICIOSO

Der König Kandaules. Ópera de Alexander von Zemlinsky completada por Antony Beaumont. Libreto basado en Le roi Candaule de André Gide. Pedro Halffter, dirección musical. Manfred Schweigkofler, dirección de escena. Manfred Schweigkofler y Angelu Canu, escenografía. Mateja Benedetti, vestuario. Claudio Schmid, iluminación. Intérpretes: Peter Svensson, Nicola Beller Carbone, Martin Gantner, Matias Tosi, Christopher Robertson, José Manuel Montero, Mikeldi Atxalandabaso, Vicente Ombuena, Damián del Castillo, David Sánchez, Italo Proferisce, Iegven Orlov. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Producción del Teatro de la Maestranza realizada por el Teatro Massimo de Palermo. Teatro de la Maestranza, lunes 20 de junio de 2016

Cualquier teatro de la ópera que se precie, y más siendo de titularidad pública, está obligado a salir al menos una vez cada temporada del repertorio más trillado y popular para ofrecer títulos más arriesgados, capaces de situarnos en una época más contemporánea y mejor contextualizada, y hacernos avanzar así en gustos estéticos y capacidad de análisis. Sin la profusión ni la capacidad para conectar con el público que tuvo la ópera decimonónica, la del siglo XX ha dado también numerosos ejemplos de una lírica diferente y fascinante a la que el melómano no puede dar la espalda. Un teatro público tiene no sólo que entretener sino también educar, y en ese ámbito entran estos títulos fuera del repertorio habitual pero de una riqueza inigualable. Lástima que no haya ninguna iniciativa al respecto para la próxima temporada, pero ésta no ha podido terminar de mejor forma. Zemlinksy escribió El rey Kandaules (o si se prefiere Candaulo) en 1936, pero la amenaza nazi y su política contra el arte degenerado primero, y la negativa americana de programarla por pudor después, le llevaron a abandonarla sin apenas haber orquestado un tercio de ella. La enfermedad y la muerte hizo el resto.

Beller Carbone y Svensson
Tras varias tentativas de terminarla por parte de otros especialistas, y casi siempre con el impulso de su viuda, finalmente fue Antony Beaumont, responsable también del acabado final de Doctor Fausto de Bussoni, quien la llevó a buen puerto, con la ayuda inestimable de las precisas indicaciones del autor en la partitura, estrenándose en Hamburgo en 1996 con Gerd Albrecht en la dirección. Pese al entusiasmo que ha generado en críticos y especialistas desde esa primera vez, aún son pocas las veces que ha recorrido los escenarios del Mundo; en España no se escuchó por primera vez hasta 2005, en versión de concierto con el propio Beaumont frente a la Filarmónica de Gran Canaria. Sevilla acoge ahora su estreno escénico en nuestro país, un mes después de que Dmitri Jurowski la dirigiera en la Ópera de Gante. Los grandes repartos internacionales o audaces gestas como ésta son las que conforman el prestigio y la calidad de un teatro de la ópera, y con su política de acercamiento a este tipo de repertorio, a través de títulos como Lulu de Berg, Der ferne Klang de Schreker, Doctor Atomic de Adams, o Una tragedia florentina y El enano del propio Zemlinsky, Pedro Halffter ha puesto todo su empeño en ello. Que la respuesta del público sea tibia y el aforo presente tantos vacíos como los observados en la noche del estreno, no debe ser obstáculo para proseguir con una política así. Hay muchas formas de compensar estas pérdidas, y ahí entra el ingenio y la imaginación de programadores y gestores para remediarlo. Nunca se debe sacrificar la excelencia y la innovación en favor exclusivamente de la taquilla.

El rey Kandaules representa en toda su plenitud las corrientes artísticas que imperaron en Europa Central en el período de entre guerras, rupturistas e influidas por esos avances en tecnología y psicología que se extendieron al interés de la creación no ya por espacios emotivos o la mera búsqueda de la belleza y el placer, sino ahondando más en la naturaleza humana, su pensamiento y los factores que nos llevan al progreso aunque también a la autodestrucción. Como cualquiera de los grandes exponentes musicales de la época, esta magnífica partitura con reminiscencias de Strauss (mujer castradora como Salomé, voluptuosidad musical), más dura que Korngold pero menos que Schönberg, nos coge del brazo y nos invita a ese extraordinario viaje por el subconsciente, las filias y las perversiones más intrínsecamente humanas. Lástima que lo haga desde el machismo más execrable según el punto de vista de unos personajes que deambulan por una atmósfera de hace casi tres mil años, pero que en su acertada ambientación retrofuturista (la producción de Hamburgo también opta por estos derroteros, aunque desde una perspectiva más feísta y tenebrosa) parece estar avisándonos de que la Historia, como tantas otras veces, se puede repetir y todo lo que hoy hemos avanzado en cuestiones sociales y antropológicas se puede ir al traste con la imposición de políticas equivocadas e inadecuadas, cada vez más presentes en nuestro entorno. Peor aún que el machismo, al fin y al cabo expuesto y denunciado pero no justificado en el libreto que Zemlinsky adaptó del original francés de Gide, es el moralismo del que se erige en portavoz el personaje central de este drama, la reina Nyssia, contraria a las supuestas perversiones sexuales, a la diferencia, al respeto al fin y al cabo a otras formas de deseo y satisfacción sexual que no sean las meramente carnales. Aspectos que disfrutando de una acertada puesta en escena, como es el caso, dejan de resultar demagógicos, controvertidos o evangelizadores para mantenerse en un nivel de mera exposición o representación.

Nicola Beller Carbone en el primer acto
El entusiasmo con el que Halffter ha debido acometer la misión de poner en pie este título en el Maestranza, se tradujo en el foso en toda una acertada exhibición de erotismo y exuberante sensualidad, haciendo posible apreciar todos los vericuetos, matices y líneas expresivas de una partitura sensacional. Para eso la orquesta tuvo naturalmente que empeñarse a fondo, como siempre hace paradójicamente cuando el maestro madrileño se pone al frente. Su dirección fue el principal atractivo de un espectáculo que, no obstante, funcionó en líneas generales a pleno pulmón. Lástima que en algunos pasajes su exceso decibélico llegara a eclipsar las voces, quizás como ya han apuntado otros colegas por el poco afortunado emplazamiento de los personajes a veces en un segundo nivel, con los inconvenientes que esa solución escénica suele tener a efectos de proyección de la voz. La música de Zemlinsky se desliza y enrolla con exultante sensualidad como si de una serpiente venenosa se tratara, y a su son se despliegan las voces de un elenco que, con sus más y sus menos, cumplió con algo más que solvencia. Especialmente destacaron el barítono alemán Martin Gantner como el machista y ambicioso pescador Gyges, que ofreció una actuación convincente y una línea de canto poderosa y homogénea, y la soprano alemana afincada en España Nicola Beller Carbone, sobrada como actriz, de voluptuosa sensualidad y voz capaz para enfrentarse a todo tipo de cambios de registro y elevados agudos, si bien se detectó en algunos pasajes cierta nasalidad en la voz. El experimentado tenor austriaco Peter Svensson, como el libertino y vanidoso rey del título, empezó con mal pie, estridente e inseguro, pero salvó rápidamente estos inconvenientes con otro saldo a su favor. Entre los cortesanos, con varios cantantes españoles en sus filas, destacó Matías Tosi, que aprovechó su momento de lucimiento con brillantez tanto en lo canoro como en su dinámica y jubilosa interpretación. La puesta en escena, sobria y efectiva, nos retrotrajo a un ambiente decadente en un futuro incierto, más por el colorista e imaginativo vestuario que por la escenografía en cierto modo reminiscente del Kursaal de San Sebastián. Una magnífica iluminación así como una estupenda solución formal para crear el efecto de invisibilidad del dichoso anillo tan recurrente en la mitología germana, completaron un sensacional espectáculo, sorpresa erótica incluida en la transición entre los actos segundo y tercero.