martes, 30 de junio de 2015

SAN ANDRÉS Entretenido y descomunal disparate catastrofista

Título original: San Andreas
USA 2015 114 min.
Dirección Brad Peyton Guión Carlton Cuse, Andre Fabrizio y Jeremy Passmore Fotografía Steve Yedlin Música Andrew Lockington Intérpretes Dwayne “The Rock” Johnson, Alexandra Daddario, Carla Cugino, Paul Giamatti, Hugo Johnstone-Burt, Art Parkinson, Ioan Gruffud, Will Yun Lee, Kylie Minogue, Archie Panjabi, Morgan Griffin, Todd Williams, Colton Haynes Estreno en Estados Unidos 29 mayo 2015; en España 26 junio 2015

Demostración evidente del protagonismo que han adquirido los efectos visuales en este tipo de producciones, San Andrés propone un terremoto de proporciones tan apocalípticas que se antoja un auténtico disparate. Desconocemos si tiene una mínima base científica, pero lo que se nos sitúa ante los ojos supone un despropósito descomunal, aderezado con una simplona trama sentimental que repite los esquemas que hicieron famoso el género en la década de los setenta, cuando el cine de catástrofes suponía el cementerio de las grandes estrellas de Hollywood de antaño. Una sucesión de situaciones de peligro extremo y resoluciones imposibles hacen de esta película del director de Como perros y gatos: La revancha de Kitty Galore y Viaje al centro de la Tierra 2: La isla misteriosa un desmadre que sin embargo cumple con lo que promete, un despliegue mastodóntico de efectos y destrucción visualmente espléndido, en el que incluso la tecnología tridimensional cumple con generosa eficacia. En el apartado dramático sus protagonistas se lo toman con seriedad y profesionalidad, con The Rock más expresivo que de costumbre y Carla Cugino repitiendo el papel de esposa decidida y activa que ejerció en las sucesivas entregas de Spy Kids. No hay que pedirle más, el entretenimiento está asegurado con dignidad, brindándole además a Kylie Minogue una nueva y breve oportunidad de aparecer en pantalla, aunque no se entienda muy bien cuál es su personaje.

ESPÍAS Turista americana con licencia para matar

Título original: Spy
USA 2015 120 min.
Guión y dirección Paul Feig Fotografía Robert D. Yeoman Música Theodore Shapiro Intérpretes Melissa McCarthy, Rose Byrne, Jude Law, Jason Statham, Miranda Hart, Peter Serafinowicz, Allison Janney, Bobby Cannavale, Morena Baccarin, 50 Cent, Will Yun Lee, Zach Woods, Nia Long, Alicia Vela-Bailey, Jessica Chaffin, Carlos Ponce Estreno en Estados Unidos 5 junio 2015; en España 26 junio 2015

Paul Feig, uno de los artífices de la nueva comedia gamberra americana, con títulos en su filmografía como La boda de mi mejor amiga y Cuerpos especiales, suaviza afortunadamente las formas en esta nueva película con su musa como protagonista, Melissa McCarthy, que también envabeza el reparto de su nuevo film Cazafantasmas 3. Este Cukor del mal gusto, en su calidad de especialista en dirigir a mujeres, propone una nueva parodia del cine de espías, y más concretamente de James Bond. Coinciden las comedias sobre el famoso agente británico con sus momentos de más popularidad, así en los sesenta a través de personajes como Flint o Matt Helm, o los clones que surgieron en el cine italiano y español, y ahora en el nuevo siglo, en el que han surgido personajes como Johnny English o ahora esta Susan Cooper que se revela como versión femenina y oronda del popular espía. Pero que nadie se engañe, no se trata de una lectura en clave feminista y a favor de la diferencia, sino un mero divertimento con el acierto de no ridiculizar a su protagonista convirtiéndola en personaje tosco y torpe. Algunos toques de mal gusto no emborronan un espectáculo que destaca más en su vertiente cómica, gracias a sus impecables intérpretes y algunos diálogos jocosos, que de acción e intriga, aunque tampoco en este apartado está descuidada. A destacar el descubrimiento de dos intérpretes con auténtica vis cómica, Peter Serafinowicz como divertido seductor italianoide y, sobre todo, Miranda Hart como una curiosa mezcla entre Liza Minnelli y Rossy de Palma. Por su parte McCarthy cumple con mucha dignidad, afianzándose en una carrera que cada vez cuenta con mayor apoyo y respeto entre los entendidos; mientras Jude Law exhibe muecas que recuerdan a Rupert Everett, quien curiosamente se barajó durante algún tiempo como posible agente especial gay, y Jason Statham cubre el expediente como parodia de sí mismo en la línea de Leslie Nielsen. No falta tampoco la canción a lo Shirley Bassey, Adela y Conchita Wurst, ilustrando los atractivos créditos de rigor. 

lunes, 29 de junio de 2015

viernes, 26 de junio de 2015

DEL HORROR A LA ESPERANZA. ÚLTIMO CONCIERTO DE HALFFTER Y LA ROSS

16º concierto de abono de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Solen Mainguené, soprano. Alexandra Rivas, mezzosoprano. José Luis Sola, tenor. Egils Silins, bajo. Pedro Halffter, director. Programa: Un superviviente en Varsovia Op. 46, de Schönberg; Sinfonía nº 9 Op. 125, de Beethoven. Teatro de la Maestranza, jueves 25 de junio de 2015

Solen Mainguené
Ya no volveremos a ver a Halffter frente a la Sinfónica hasta la próxima temporada, cuando la dirija en dos de los cuatro títulos líricos programados y en una gala especial conmemorativa del 25 aniversario del Maestranza y la orquesta. Éste fue por lo tanto su último concierto de abono con un conjunto que en los últimos años se ha mostrado presuntamente incómodo con el director madrileño, quien al margen de los motivos de tal desencuentro se ha revelado toda esta década al frente de la formación como un excelente director y uno de los que mejores prestaciones ha extraído de la misma.

Interpretar la Novena de Beethoven precedida de Un superviviente en Varsovia no es ninguna novedad. De hecho es un programa relativamente frecuente, con el que parece se quiere reflejar el horror más nauseabundo, el del holocausto nazi, en transición hacia la esperanza y el humanismo más exultante. Algunos directores, como por ejemplo Rattle, prefieren interpretar ambas piezas sin pausa, como un bloque. De Schönberg Halffter ofreció una versión musculosa y notable en la exposición de detalles, pero sin lograr la combinación de espanto y triunfo que la partitura exige. Silins logró ser un narrador desgarrado y escalofriante, con ayuda de la amplificación. Pero el coro se mantuvo por debajo de sus posibilidades expresivas y quedó definitivamente sepultado bajo la saturación orquestal del clímax.

Egils Silins
Los tres primeros movimientos de la página beethoveniana sonaron impolutos, correctos hasta la perfección sonora, perfectamente articulados, pero no añadieron nada nuevo a una página tantas veces transitada, ni en expresividad ni en emoción. La misma suerte corrió el movimiento coral, con una poderosísima aportación de Íñigo Sampil, que hizo del Coro de Amigos del Maestranza un instrumento estremecedor, mientras en las voces solistas hubo un desequilibrio notable protagonizado por la potentísima voz de la soprano francesa, que hizo inaudible la voz pequeña de Alexandra Rivas y apabulló a sus otros dos compañeros, un Egils Silins que exhibió más vibrato que en su aportación como narrador a la página anterior, y un Solá que cumplió en voz, fraseo y articulación. Fue en definitiva una versión potente y vigorosa de la Sinfonía Coral, de alta calidad aunque no especialmente memorable.

miércoles, 24 de junio de 2015

CUARTETO GALUPPI: EVOCACIONES DE UNA NOCHE DE VERANO

XVI Noches en los Jardines del Alcázar. Cuarteto Galuppi: Mariarosaria D’Aprile y Patricia Pascual, violines. Mª Esperanza Mohedo, viola. Simonetta Bassino, violonchelo. Programa: Cuarteto en Si bemol Mayor, de Chaikovski; Cuarteto nº 2 en Re Mayor, de Borodin. Jardines del Real Alcázar, martes 23 de junio de 2015

Cuando Borodin y Chaikovski escribieron sus primeros cuartetos estaban experimentando un territorio virgen en la música de su país, pues aunque en su juventud compusieron piezas de cámara, eran obras estudiantiles o de mero entretenimiento. Es el caso del Cuarteto en Si bemol Mayor del autor del Cascanueces, una obra en la que apenas se atisba el estilo apasionado y temperamental del compositor, y que más bien mira hacia sus maestros occidentales a través de un único movimiento de inspiración folclórica y recapitulación muy variada. Es cierto que sentaría las bases de sus tres cuartetos maduros, éstos sí compuestos contemporáneamente a los dos de Borodin, enmarcados ya en un estilo eminentemente ruso. 

El trabajo de las cuatro integrantes del Cuarteto Galuppi, dos italianas y dos españolas unidas para transmitir su pasión por la música, resultó competente y estimulante. Abordaron el cuarteto de Chaikovski con holgado sentido de la expresividad y responsabilidad, vigoroso en sus pasajes más agitados y elegante en los más líricos, augurando así un trabajo quizás notable en el más complejo de Borodin.

Efectivamente, las largas y exquisitas melodías del Cuarteto nº 2 del autor de El príncipe Igor encontraron en las intérpretes unas aliadas fieles y dignas, fluyendo con naturalidad y sentido del equilibrio. Con el peso recayendo sobre la violonchelista y la primera violinista, el resultado fue muy satisfactorio, a pesar de la imprescindible amplificación que afea la estética del sonido. Alternaron la seriedad del allegro con la jovialidad del scherzo, la ensoñación del nocturno y la intriga hechizante del finale sin aparente esfuerzo, siempre con elocuencia y nitidez, destacando en expresividad, profundidad y sentimiento y sacando a relucir el carácter tan elaborado y contrapuntístico de la pieza.
 
Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 25 junio 2015

martes, 23 de junio de 2015

THAT'S ENTERTAINMENT! Temporada 2015-2016 de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla

John Axelrod, sin complejos
Recién regresado de la presentación de la nueva temporada de la Sinfónica en el Maestranza, llega el momento de hacer alguna valoración, aunque sea somera y a la carrera, de la programación diseñada por el nuevo director musical de la formación, el norteamericano John Axelrod. Una primera aproximación de la misma, a vuelo de pájaro, nos da una idea de ligereza y amabilidad, así como del enorme cariño que su artífice parece haber puesto en ella. Una programación nada convencional en la que se pueden apreciar más de treinta títulos jamás abordados en los atriles de la orquesta, todo un récord en sus veinticinco años de existencia. La ausencia de los grandes nombres, de Beethoven a Chaikovski, pasando por Mahler, Wagner o Brahms, no debiera disuadir al público de seguir el itinerario propuesto por el tejano, un viaje exótico y muy peculiar por sonoridades nunca antes escuchadas en nuestro templo de la música, aunque sus autores no resulten muchas veces familiares. No se trata sin embargo de una programación audaz capaz de ofrecer las últimas tendencias, las más vanguardistas, sobre el terreno. En cierto modo cuando se trata de obras jóvenes podemos apreciar en ellas una estética bastante conservadora, y en general con un nivel de exigencia por debajo del recomendable.

Se han programado pocos conciertos; al Egipcio de Saint-Säens que ya se escuchó hace apenas unas temporadas, se unen el nº 27 para piano de Mozart, nunca antes interpretado por la ROSS pero cuyos ecos aún resuenan recientes tras el concierto del pasado enero con Barenboim y la WEDO, y el Concierto para la mano izquierda de Ravel, además de dos conciertos de Fazil Say, pianista que esta vez actúa en calidad de artista residente tras el éxito cosechado la pasada temporada con su recital en solitario, y que esta vez ofrecerá además otras de sus composiciones; también otro para guitarra de José Mª Gallardo del Rey que interpretará él mismo. Y menos sinfonías, apenas la de Franck, interpretada hace unos cinco años, la recurrente Italiana de Mendelssohn (y van...), la nº 103 de Haydn y la Sevillana de Turina. Pero sobre todo hay muchas piezas de concierto que no se adscriben a un género concreto, y obras poco divulgadas de autores muy frecuentados, como Debussy, Dukas, Saint-Säens, Bartók o Ibert. Todas con una misión, un leit motiv, que es evocar un panorama eminentemente mediterráneo en el que el exotismo árabe se combine con el folclore europeo que se baña en las azules aguas de un mar con una cultura y una vegetación sin igual.

Fazil Say, artista residente
Tratándose de Axelrod, responsable de los conciertos Hollywood in Vienna que se celebran anualmente en el Wiener Konzerthaus, la música de cine tenía que estar presente, y lo hará de forma directa con la proyección de Carmen (1915) de Cecil B. de Mille con partitura de Hugo Riesenfeld a partir de la música de Bizet, y un concierto en el que se invocará la música del Magreb a través de Max Steiner (Casablanca), Miklós Rózsa (Sahara y El Cid), John Williams (En busca del arca perdida), Cliff Eidelman (Christopher Columbus) y Vangelis (1492). Y de forma indirecta a través de piezas como Noche en el monte pelado de Mussorgsky, Pinos de Roma de Respighi o La consagración de la primavera, inmortalizadas también en el cine, concretamente en las Fantasías de Disney. Todo muy Entertainment, como se puede apreciar, incluso la indumentaria de Axelrod para la ocasión, un precioso traje de inspiración española de Dolce & Gabbana que adquirió en Florencia.

Los conciertos de cámara seguirán celebrándose una vez al mes y volverán a tener al English Language Institute como patrocinador, manteniendo una programación rica y variada, en la que los músicos de la ROSS, por primera vez presentes en el acto de introducción de la temporada, darán sin duda lo mejor de sí mismos. Entre los solistas y directores invitados destacan la pianista Lilya Zilberstein, el violonchelista Asier Polo, la recuperación de la soprano gaditana Ruth Rosique, ausente de la programación sevillana el año pasado, y los jóvenes directores Giacomo Sagripanti y Maxim Emelyanychev, que nos ofrecieron recientemente unas estupendas Cenerentola y Don Giovanni, respectivamente. Lástima que no se haya contado con Pedro Halffter, un excelente director cuyo trabajo frente al teatro y la orquesta ha sido encomiable y muy aplaudido por crítica y público, y que esta nueva temporada sólo veremos frente a la ROSS, al margen de la temporada lírica, en una gala conmemorativa de las dos instituciones, naturalmente en calidad de director artístico del Maestranza. La ausencia de los grandes nombres del sinfonismo no debiera ahuyentar público, pues a buen seguro que ésta será una temporada quizás discutible en algunas de sus propuestas, pero a la que asistiremos ilusionados por la sorpresa y el descubrimiento que muchas veladas nos proporcionarán.

EL CONTROVERTIDO TALENTO DE JAMES HORNER


Hemos despertado hoy con la terrible noticia del fallecimiento de James Horner, uno de los compositores más representativos del nuevo sinfonismo de Hollywood que tanto predicamento tuvo durante las décadas de los ochenta y noventa del siglo pasado. Junto a Alan Silvestri, Hans Zimmer, James Newton Howard, Howard Shore, Basil Poledouris, Danny Elfman o incluso Bruce Broughton, que dirigirá a la ROSS dentro de unos días, Horner surgió al hilo de la renovación del lenguaje cinematográfico musical que supuso La guerra de las galaxias de John Williams, y el estilo inigualable de Jerry Goldsmith, maestro que inspiró a generaciones enteras de compositores de cine.

Sin menospreciar el talento que le llevó a crear bandas sonoras tan inspiradas como Leyendas de pasión, Cocoon, Tiempos de gloria, Casa de arena y niebla, Campo de sueños, El nombre de la rosa o En busca de Bobby Fischer, por citar sólo algunos ejemplos de los más de cien títulos que integran su filmografía, Horner fue especialmente objeto de polémica por la gran cantidad de ocasiones en las que su música imitaba descaradamente piezas del repertorio clásico sin que se acreditara, detalle que pasaba a menudo desapercibido para gran cantidad de aficionados al género. Notorio es el caso de Willow, una de sus muchas colaboraciones con el director Ron Howard, cuyo tema principal guarda una enorme similitud melódica con los primeros compases de la Sinfonía nº 3 "Renana" de Schumann. Pero no podemos olvidar que el Adagio del ballet Gayaneh de Kachaturian fue plagiado por el autor de Titanic en numerosas ocasiones, como Juego de patriotas o Aliens. Lobos humanos duplica prácticamente las notas más significativas de La pregunta sin respuesta de Charles Ives, así como los ecos del Réquiem de Guerra de Britten se aprecian en Troya. Incluso el propio Williams fue objeto de ese afán plagiador de Horner, que no dudó en emplear la misma fórmula del tema de los conspiradores de JFK en cintas como El informe Pelícano o Los fisgones. De lo que no cabe duda es de la cultura musical del autor fallecido, sin obviar la calidad que llegaron a lucir sus composiciones, al menos en la primera década de su carrera. 

En los últimos años, casi desde el éxito descomunal de Titanic, que le valió sendos Oscar a la mejor partitura y la mejor canción, su obra decayó considerablemente, sucediéndose títulos de escaso interés, como El niño del pijama de rayas, reminiscencia de su propio trabajo para Rebeldes del swing, también con temática nazi, las nuevas versiones de Karate Kid y Spiderman o sus trabajos para Jean-Jacques Annaud Oro negro y El último lobo. A pesar de todo no vamos a quitarle mérito al autor de Braveheart, del que siempre recordaremos bandas sonoras tan logradas como las citadas o Krull, Proyecto: Brainstorm, Fievel y el Nuevo Mundo y dos de las primeras entregas de la serie cinematográfica Star Trek. Su pérdida nos deja un poquito huérfanos a quienes nos iniciamos en esta maravillosa y agradecida aventura de la música de la mano de compositores como él, que no exigen mucho esfuerzo, satisfacen con sus inspiradas melodías y su frondosa orquestación, tendiendo ese a menudo conveniente puente entre la música popular y la seria, que tanto allana el camino a quienes más puedan resistirse al placer y la emoción de los grandes clásicos.