viernes, 5 de agosto de 2016

REGRESO A CASA Amnesia ante una posición de dominio

Título original: Gui lai
China 2014 111 min.
Dirección Zhang Yimou Guión Zhou Jingzhi, según la novela de Yan Geling Fotografía Zhao Xiaoding Música Chen Qijang Intérpretes Gong Li, Chen Daoming, Zhang Huiwen, Guo Tao, Yan Ni, Li Chun, Zhang Jiayi, Liu Peiqi Estreno en China 16 mayo de 2014

Sigue sorprendiéndonos el retraso con el que algunas películas llegan a nuestra cartelera. Ni que la firme un director estrella, garantía para cierto sector de la taquilla, ni haber pasado por festivales como el de Cannes o el más cercano de Valladolid, anima a nuestros distribuidores para que el producto llegue a nuestras pantallas con más puntualidad. Más de dos años después de estrenarse en China y casi dos desde su estreno internacional en países más comprometidos como Francia o Bélgica, podemos ver una de las últimas películas del director de Semilla de crisantemo. Alternando el cine intimista y comprometido que le dio a conocer (Vivir, La linterna mágica, El camino a casa, Amor bajo el espino blanco) y el cine de aventuras y gran presupuesto con el que nos sorprendió en el presente siglo (Hero, La casa de las dagas voladoras, La maldición de la flor dorada), Yimou sitúa esta cinta en un estado medio en el que se combina la épica histórica con el intimismo y la denuncia, como ya ocurría en Las flores de la guerra, en su última película estrenada, Lady of the Dinasty, y presumimos también en la aún por estrenar La gran muralla, protagonizada por Matt Damon. Entre 1966 y 1976 Mao Zedong impuso en una maltrecha China lo que se denominó Revolución Cultural, con el fin de purgar el partido de supuestos disidentes que se denunciaban como derechistas o capitalistas. En ese contexto la película de Yimou, según la novela de Yan Geling, nos cuenta con un rigor narrativo y estético escrupuloso, una emotiva y original historia de amor en la que la amnesia de la protagonista, una vez más la musa del director Gong Li, que resiste extraordinariamente hasta los más pesados maquillajes para dotar a su personaje de credibilidad y sensibilidad, se convierte en metáfora de la de todo un pueblo sometido a la voluntad de quien adopta una postura de dominio y control absoluto. Amnesia que obliga a convivir víctimas y verdugos, aniquila el pasado motivado por intrigas y ambiciones privadas y a menudo mezquinas. Todo un aparato político y militar que, como sigue ocurriendo en la actualidad en tantos puntos de la geografía mundial, unos descaradamente y otros solapados y camuflados en supuestas fórmulas democráticas, busca siempre la opresión y el sometimiento del débil frente a la crueldad desmedida de la ambición y el poder. Yimou echa mano en esta epopeya romántica de hechuras clásicas con un tono melancólico que se destila incluso en la grisácea fotografía y la sensible banda sonora que potencia al piano Lang Lang. Su ritmo pausado y las convincentes interpretaciones redondean un film emotivo aunque no tan emocionante como debiera parecer en principio, que se perfila como historia romántica de resortes dramáticos en los estertores de otro episodio infame de la historia reciente.

jueves, 4 de agosto de 2016

LAS REDUCCIONES TESTIMONIALES DE TOTEM ENSEMBLE

17º Edición Noches en los Jardines del Real Alcázar. Vladimir Dmitrenco, violín 1º. Luis Miguel Diaz, violín 2º. Jerome Ireland, viola. Nonna Natsvlishvili, cello. Francisco Lobo, contrabajo. Programa: El entorno de Granados y Satie (obras de Satie, Granados, Delibes, Fauré, Debussy, Massenet, Albéniz, Saint-Saëns y Bizet).
Miércoles 3 de agosto de 2016

No será aquí donde pongamos en duda la capacidad y solvencia de los músicos de la Sinfónica de Sevilla que integran el quinteto de cuerda Totem Ensemble. Bien sabido es lo queridos y respetados que son en nuestra ciudad, y lo mucho que nos han hecho disfrutar como parte de la plantilla de nuestra orquesta, o por separado en los conciertos de cámara del conjunto hispalense. Por otro lado, Vladimir Dmitrenco se ha ido perfilando en los últimos años como uno de los componentes más inquietos y con mayor iniciativa de la ROSS, liderando algunas de sus propuestas más entrañables y desinhibidas, como el ya tradicional concierto de Navidad que nos regala cada año. Pero las Noches en los Jardines del Alcázar están conociendo un nivel muy exigente y aunque vale acercarse a ellas con un programa tan amable y popular como éste, a la hora de abordarlo es conveniente hacerlo con mayor ímpetu, compromiso y rigor que el que ofrecieron los maestros y maestra del conjunto.

Aprovechando el centenario de la muerte de Granados y el ciento cincuenta aniversario del nacimiento de Satie, se convocaron los más sobresalientes compositores franceses del momento, algunos compañeros de Granados durante su estancia parisina, así como Albéniz, contemporáneo y colega del malogrado autor catalán. Piezas en su mayoría arregladas sin demasiada imaginación a partir de sus originales para piano, concebidas más para lucimiento del primer violín, dejando relegados los demás a mera comparsa, salvo alguna excepción. Dmitrenco resolvió mejor los pasajes vigorosos de la Bacanal de Saint-Saëns o la Habanera de Bizet, que los más sutiles e intimistas como las celebérrimas Gnosienne nº 1 y Gymnopedie nº 1 de Satie, que sonaron raquíticas en unas adaptaciones al conjunto de cuerda muy poco trabajadas, a pesar de lo cual logró extraer cierta poesía de la Meditación de Massenet.

Mejor resultó el conjunto cuando ofreció más cuerpo y volumen, aunque las versiones meramente funcionales del Pizzicato del ballet Sylvia de Delibes y considerablemente reducidas de la Pavana de Fauré y la ya mencionada Bacanal tuvieron un valor meramente testimonial, sin complicación ni alarde alguno. La Canción árabe de Granados, Córdoba de los Cantos de España de Albéniz y el Intermezzo de la ópera Goyescas consiguieron un nivel más aceptable de ensamblaje y firmeza que otras piezas como el Golliwog’s Cakewalk de Debussy, que perdió parte de su esencia en una interpretación desganada poco acorde a su espíritu de ragtime. Las ilustraciones de Dmitrenco, siempre simpático, atento y agradecido con el público y la organización, no arrojaron luz alguna sobre el programa, pero potenciaron el aire distendido de la propuesta, cuya mayor baza se guardó para las propinas, especialmente una muy elaborada y conseguida versión del Owner of a Lonely Heart del mítico grupo rock Yes, que lideraba Jon Anderson, habitual colaborador de Vangelis.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 31 de julio de 2016

JASON BOURNE Violencia obscena

USA 2015 100 min.
Dirección Paul Greengrass Guión Paul Greengrass, Christopher Rouse y Matt Damon, según los personajes creados por Robert Ludlum Fotografía Barry Ackroyd Música David Buckley y John Powell Intérpretes Matt Damon, Alicia Vikander, Tommy Lee Jones, Julia Stiles, Vincent Cassel, Ato Essandoh, Riz Ahmed, Scott Shepherd, Bill Camp Estreno en Estados Unidos 29 julio 2016; simultáneo en España

La saga de Jason Bourne tendría que haber sido una trilogía, la que tuvo tiempo de escribir su autor Robert Ludlum antes de fallecer y de que sus novelas se convirtieran en un enorme éxito de la mano del sagaz productor Frank Marshall. Pero ya se sabe que en Hollywood todo lo que se pueda exprimir hay que aprovecharlo, y si el relevo del personaje con Jeremy Renner y El legado de Bourne no fue el éxito esperado, le toca el turno a resucitar al protagonista principal, involucrarlo en producción y guión, y parir otro engendro para llenarse los bolsillos con una de esas propagandas que hace imprescindible acercarse al cine para dejarse embaucar una vez más por lo de siempre. Este superhéroe que vino a remozar el género de espías contextualizándolo en esta nueva época de inestabilidad mundial, terrorismo a gran escala y conspiraciones de los altos poderes económicos y políticos, nació como respuesta americana al veterano James Bond británico. Pero donde allí habían saludables golpes de humor aquí todo es tragedia y tormento, lo que hace que su violencia moleste más, no se pueda tomar a broma, como ocurre por ejemplo en las películas de Indiana Jones. ¿Qué se le va a hacer? Es el signo de los tiempos; si antes encontrábamos en el cine una vía de escape de la realidad, ahora encontramos precisamente esa realidad pero exagerada, multiplicada por mil, y con tanta y tanta violencia que todo acaba resultando manifiesta y deliberadamente obsceno y muy poco aconsejable. Las revueltas sociales por la crisis económica en Atenas, los ataques cibernéticos a la seguridad mundial o las revelaciones tipo wikileaks, desencadenan aquí larguísimas secuencias de persecución y violencia extrema en donde el daño colateral apenas importa un bledo. Se supone que el leit motiv de la cinta es que Bourne ha recuperado la memoria, pero a efectos prácticos la verdad es que el detalle importa poco, y es que si de algo carece esta película es de un guión sólido y convincente; no sorprende que entre sus guionistas esté el montador de la saga, pues eso es lo que ofrece, mucho montaje, ritmo frenético y supuesta carga de adrenalina. Que se cuelen nuevos personajes, como el interpretado por la oscarizada Alicia Vikander, sólo es un pretexto para continuar la saga y seguir exprimiendo la gallina.

MILES AHEAD En busca de la gloria a ritmo de bebop

USA 2015 100 min.
Dirección Don Cheadle Guión Steven Baigelman y Don Cheadle Fotografía Robert Schaefer Música Robert Glasper Intérpretes Don Cheadle, Ewan McGregor, Michael Stuhlbarg, Emayatzy Corinealdi, Lakeith Lee Stanfield, Morgan Wolk, Austin Lyon, Christina Karis Estreno en Estados Unidos 22 abril 2016; en España 29 julio 2016

Desconocemos la admiración que le pueda profesar el actor Don Cheadle (Ocean's Eleven, Crash, Hotel Rwanda) al legendario trompetista Miles Davis, pero a juzgar por el papel de dominio y control absoluto que se ha adjudicado en esta su primera película como director, sospechamos que es mucha, inmensa. Realizador, productor, guionista, protagonista y hasta autor de un par de temas originales de la banda sonora, son sus credenciales en esta cinta que pretende recrear la figura del genial jazzista (música social la llamaba él) no tanto a partir de su biografía, de la que se vierten episodios muy concretos y no precisamente cruciales en su periplo como artista, sino de una historia ficticia en la que se evidencia tanto su controvertida personalidad como su capacidad para crear y transformar lo real en hipnótica creatividad. Para ello Cheadle fija su atención en una de las etapas menos creativas del intérprete, una crisis que le llevó a no grabar durante cinco años consecutivos. Aunque el título de su discografía que más se repite a lo largo del metraje es Sketches of Spain, que incluye la mítica Soleá, Cheadle ha optado por recuperar un éxito de 1957 con Gil Evans como arreglista y productor para bautizar su película. Una entrevista derivará en un encuentro con un freelance que se presenta como trabajador de la revista Rolling Stone, y ambos vivirán una aventura en la que el trabajo de Davis se verá amenazado por las altas esferas de la producción discográfica, a la vez que una mezcla de alcohol y estupefacientes, como no podía ser menos cuando de retratar a un genio de la música se trata, irán tejiendo una serie de paranoias relacionadas con su vida sentimental y el entorno de prejuicios, violencia y racismo en el que se desarrolla. Todo esto sirve a su artífice para impregnar al conjunto de un ritmo tan medido como aparentemente improvisado, como si pretendiera con éxito emular la esencia del jazz, y más concretamente del arte de Miles Davis, en la creación cinematográfica. No falta el humor, imprescindible para hacer más digerible una propuesta tan intelectual como ésta, y así el personaje tan estrambótico y engreído que propone provoca más de un momento divertido y ocurrente, mientras la entrega del director y actor, como si estuviera en busca de la gloria absoluta, y el resto del elenco, incluido el eternamente joven Ewan McGregor y la hermosa y etérea Emayatzy Corinealdi, a quien hace poco veíamos en La invitación, consiguen un espectáculo tan regocijante como aconsejable, especialmente para los amantes del género y del homenajeado. Para colmo, Cheadle ha sabido además rodearse de impagables colaboraciones, como ese final rodeado de una banda de ensueño que incluye a Wayne Shorter, Esperanza Spalding y el veterano e irrepetible Herbie Hancock.

sábado, 30 de julio de 2016

EL GENIO DE BACH EN MANOS DE RUIBÉRRIZ, TURINA Y SEBASTIÁN

17º Edición Noches en los Jardines del Real Alcázar. Rafael Ruibérriz, flauta. Guillermo Turina, violonchelo barroco. Alfonso Sebastián, clave. Programa: Bach, en versión y original (Sonatas completas para flauta y bajo continio y otras célebres páginas de Johann Sebastian Bach). Viernes 29 de julio de 2016

La compenetración y buena sintonía entre Rafael Ruibérriz, Alfonso Sebastián y Guillermo Turina se nota de lejos. Sólo así se comprende que se pueda ofrecer un programa tan complejo como éste y llevarlo a buen puerto. Interpretar del tirón las tres sonatas para flauta y bajo continuo de Bach, aunque una de ellas hoy se considere apócrifa, es tarea difícil; hacerlo con tal solvencia aún más, naturalmente. La empresa la acometieron adornándola con otras obras muy características y populares del genio de Leipzig, en rigurosa versión original para los instrumentos para las que fueron concebidas, a excepción sólo de dos que por fuerza requirieron su adaptación, versiones caseras tal como las definió un especialmente dotado para la oratoria Alfonso Sebastián.

Sin desmerecer sus aspectos meramente técnicos y formales, hay que decir que la propuesta tuvo un mayor componente didáctico que expresivo; una muy respetuosa y sintonizada manera de acercarse a estas piezas magistrales por encima de cualquier hallazgo especial en materia de expresividad. Con muy buen criterio los intérpretes fueron apareciendo paulatinamente, primero Turina tocando el recurrente Preludio de la Suite BWV 1007, carne de prácticas para cualquier estudiante de violonchelo que se precie, de forma escolástica pero un tanto rígida, severa. Sin pausa se añadió Sebastián para abordar el Preludio y Fuga de El clave bien temperado, con el que mantuvo su difícil (más en el clave original que en el piano) ritmo y cadencia, potenciando la intensidad de su segunda parte. Así hasta encadenar con la primera de las tres sonatas, cuya escritura arcaica hace pensar que no sea realmente de Bach, que Ruibérriz arrancó con demasiada discreción y timidez, hasta que ya en el allegro exhibió más seguridad y aplomo, manteniéndose hasta los dos minuetos finales que tradujo con dominio técnico, gracia y fluidez narrativa, tras un melancólico adagio.

Ruibérriz resolvió de manera satisfactoria las complejas ornamentaciones del hermoso adagio introductorio de la Sonata BWV 1035, acentuando los aires danzísticos del allegro (rigodón) y el allegro assai final (polonesa), así como la agitada melodía del siciliano central, que clave y chelo acompañaron con notable sentido del volumen. En la Sonata BWV 1034 echamos de menos un mayor grado de elocuencia y emotividad por parte de la flauta, pero en conjunto resolvieron muy bien su estética concertística y sus audacias formales. Entre esta trilogía insertaron el siciliano de la Sonata para flauta y clave BWV 1031 con notable encanto y fluidez, y ya en versión doméstica los muy célebres Jesus bleibet meine Freunde y badineire de la Suite orquestal BWV 1067, priorizando su agilidad y carácter didáctico. No pudieron acertar más ofreciendo como propina el Ave María de Gounod, que descansa sobre el preludio para El clave bien temperado, cerrando así la velada como un círculo perfecto.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 29 de julio de 2016

RAFAEL AGUIRRE: LA DEFINICIÓN DE UN ARTISTA

17º Edición Noches en los Jardines del Real Alcázar. Rafael Aguirre, guitarra. Programa: La guitarra española del S. XVIII y XIX (obras de Sor, Tárrega y Malats). Jueves 28 de julio de 2016

Las cálidas noches en el Alcázar han renovado considerablemente su cartel de artistas, algunos de tan dilatada y prometedora carrera como la del joven guitarrista malagueño que nos visitó el pasado jueves. Acostumbrados a las magníficas prestaciones de Antonio Duro o Francisco Bernier, habituales en estos encuentros, ha sido toda una revelación comprobar cómo tras trece años sin actuar en nuestra ciudad, como él mismo confesaba al inicio del recital, Rafael Aguirre se haya convertido en uno de los más completos y sensibles intérpretes del instrumento español por antonomasia en el mundo entero. Cuesta aceptar a la vista del extraordinario talento desplegado en esta cita que los principales escenarios hispalenses hayan obviado su presencia en todo este tiempo.

La forma que tiene de tocar define a la perfección lo que es un artista, alguien capaz no sólo de frasear y modular con una técnica portentosa, limpia y perfectamente definida, sino de transmitir además todo un glosario de sensaciones, potenciado por una sensibilidad extrema y una extraordinaria capacidad para conmover, divertir o emocionar según qué pieza. Un ejemplo perfecto lo tenemos en Lágrima del imprescindible Francisco Tárrega, con cuya excelsa interpretación llegó a extraer precisamente eso de nosotros, la lágrima. Este preludio en miniatura fue una de las muchas piezas que el guitarrista eligió del compositor valenciano afincado en Barcelona, junto a otras de los catalanes Fernando Sor y Joaquín Malats. Un programa catalán en manos de la guitarra española… da que pensar. Una de las particularidades de Aguirre reside en despachar con tanta soltura técnica como brevedad las obras que acomete, que vienen a durar menos de la media. Eso y la falta de presentaciones, salvo ya al final para confesar su admiración por Yepes y la Gran Jota de Tárrega que le abrió las puertas del instrumento, acortó la duración del concierto, que terminó con un admirable Recuerdos de la Alhambra pulsada con igual elegancia y buen gusto que el Capricho árabe, la polka Rosita, el Estudio brillante sevillano o el tango María que desgranó del repertorio de este gran maestro.

Aunque lo más sorprendente fue su destreza y agilidad para enfrentarse a la Gran Jota, cuya sección central percutida y con el sonido de la cuerda en lejanía obtuvo resultados más allá de la pura magia, directamente sobrenaturales. También con arreglo del compositor de Villarreal, la popular Serenata Española original para piano de Joaquín Malats evidenció también la agilidad y elegancia de Aguirre, mientras las Variaciones sobre un tema de Mozart de Fernando Sor, que aunque clásico admite connotaciones de un adelantado romanticismo, sonaron sencillas, compactas y con ese punto jovial y desenfadado que demanda.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 30 de julio de 2016

jueves, 28 de julio de 2016

SUNSET SONG La vida dogmatizada

Reino Unido 2015 135 min.
Guión y dirección Terence Davis, según la novela de Lewis Grassic Gibbon Fotografía Michael McDonough Música Gast Waltzing Intérpretes Agyness Deyn, Peter Mullan, Kevin Guthrie, Jack Greenlees, Mark Bonnar, Douglas Rankine, Linda Duncan McLaughlin, Ron Donachie, Stuart Bowman, Niall Greig Fulton, Daniela Nardini Estreno en el Festival de Toronto 13 septiembre 2015; en Reino Unido 4 diciembre 2015; en España 22 julio 2016

La primera de las novelas que conforman la trilogía A Scots Quair del aquí poco conocido y nada traducido autor escocés Lewis Grassic Gibbon, a pesar de haber escrito un Espartaco alternativo al de Howard Fast, nos introduce en el personaje de Chris Guthrie, una hermosa joven con especial talento para el estudio y una vida marcada por la educación férrea de un padre cruel y extremista para quien Dios y la Biblia son más que un mero credo para entrar dentro del ámbito de un estilo de vida intolerante y agresivo. La trilogía, que se completa con Cloud Howe y Grey Granite, ha sido llevada a la televisión británica, y sabemos que al director de The Deep Blue Sea, La casa de la alegría, El largo día acaba y Voces distantes le ha marcado mucho desde su descubrimiento hace ya un buen puñado de años, pero desconocemos si tiene intención de embarcarse en la adaptación del resto de la saga. Con ésta Davis ofrece su cara más clásica y tradicional, tanto estética como narrativamente, entroncando con un estilo comparable a la épica romántica e intimista cultivada en los años sesenta por David Lean (La hija de Ryan) y John Schlesinger (Lejos del mundanal ruido), algo distante de su manera de hacer cine en los títulos antes apuntados, un poco más arriesgada y atrevida. Una fotografía preciosista y detallista y una elegante puesta en escena contrastan con los limitados recursos empleados a la hora de ponerle música al asunto, con un chirriante fondo de sintetizador para acompañar las canciones que tradicionalmente ilustran sus películas, lo que sorprende dada la melomanía del autor. La cinta nos cuenta las penurias y dichas de esta joven a la que la vida le lleva, con naturalidad y sin imposiciones, a repetir los esquemas que se presuponen a una mujer de la época, convencionalismos que la retiran de cumplir sus sueños de adolescencia. En el camino de madurez conocerá el carácter despiadado de su padre, su entrega incondicional a un hermano al que adora, y la felicidad en brazos de un joven que no responde al paradigma del galán clásico pero que completa con ella una pareja que transmite amor, respeto y felicidad por los cuatro costados. En todo el desarrollo será importante el papel castrador de la Iglesia, no sólo representado en ese padre implacable sino también en el sacerdote estigmatizador. Sus largas secuencias y calculados diálogos fluyen con tal naturalidad y talento que sus dos horas y cuarto pasan rápidas, a pesar de que se echa en falta más emoción y capacidad para conmover. Menos logrado resulta la exquisitez de comportamiento de todos los personajes, a pesar de tratarse de gente de campo con pocas oportunidades y menor educación, aunque a la larga esta exhibición de buenas maneras se agradece frente a la vulgaridad que hoy estamos condenados a soportar en pantalla. En última instancia la novela y la película son un eficiente alegato contra la guerra, no tanto como para transformar caracteres de manera tan drástica como se refleja en su argumento, pero sí por su capacidad catastrofista para destruir esperanza y felicidad individuales con el falso pretexto de salvaguardar valores que casi siempre benefician a unos pocos, esa aristocracia que sigue manejando los hilos de las vidas sencillas que sólo deberían estar reguladas por su anclaje a la tierra, único Dios que determina nuestro destino y justifica nuestra existencia. Esperemos que la película sirva para abrir nuevos horizontes a Agyness Deyn, soberbia en su papel protagonista, y Kevin Guthrie, que ya coincidió en Amanece en Edimburgo con Peter Mullan, actor de Ken Loach en Mi nombre es Joe y director en Las hermanas de la Magdalena.