viernes, 24 de febrero de 2017

VIDA E INCLUSIÓN EN EL 6º DE ABONO DE LA ROSS

6º concierto de la 26ª temporada de abono de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Paçalin Zef Pavazi, violín. John Axelrod, director. Programa: La flor más grande del mundo, de Emilio Aragón; Concierto para violín, de Alban Berg; Con brío, de Jörg Widmann; Sinfonía nº 7, de Beethoven. Teatro de la Maestranza, jueves 23 de febrero de 2017

Jerome Ireland, de la ROSS, trabajando con jóvenes de
Mosaico de Sonidos
La última cita de la Sinfónica tuvo un marcado carácter sentimental y humano con la participación de un nutrido grupo de Mosaico de Sonidos, que con la coordinación de Mikel Acuña, convoca a Plena Inclusión y la Asociación de Orquestas Sinfónicas Españolas en un proyecto de educación e integración a través de la música de personas con capacidad intelectual especial. La incorporación en Sevilla de Danza Mobile dejó constancia de la pasión y entrega que sus integrantes ponen en cada nuevo proyecto en el que se implican, demostrando además que tienen algo que la mayoría no tenemos, la eterna juventud. Sólo así se explica que bailarines que conocemos desde hace tanto, como José Manuel Muñoz, Irene Crespo, Daniel Parejo o Helliot Baeza, sigan desplegando tanta energía y flexibilidad sobre las tablas. La presencia de varios de los maestros y maestras de la ROSS junto a los participantes en este valioso proyecto, desarrollando sus habilidades a la percusión o en solos destacados, en esa continuación que le brindaron a la pieza de Emilio Aragón con la que se abrió el concierto, volvió a evidenciar la implicación de nuestros músicos en la mejora de nuestra cultura musical a todos los niveles.

Miembros de Danza Mobile
Con un evidente arraigo en la composición cinematográfica, la música del polifacético Emilio Aragón a partir del cuento La flor más grande del mundo de José Saramago, en torno a la inocencia y la infancia, tiene un eminente carácter ilustrativo que acompañó a la esmerada narración de Rafael Gómez con influencias de Ravel y, en mayor medida, de los grandes maestros de la música de cine norteamericana, con John Williams a la cabeza, que también cuenta con trabajos similares. Música amable y bien construida a la que Alban Berg le sirvió de contraste con su concierto para violín A la memoria de un ángel, prodigiosa composición que celebra también la inocencia y la belleza de la juventud, aunque con el drama de la muerte como fondo desgarrador y terrible, emociones que una buena interpretación debe saber encauzar. Hace tiempo que la Sinfónica no puede permitirse solistas de renombre y tira de plantilla, con buenos resultados la mayoría de las veces. Pavazi es un buen concertino y un profesional muy implicado, pero su versión de la pieza sonó endeble, le faltó garra y lirismo, y sobre todo fuerza, contraste y proyección. El solista salvó la pieza en su gramática pero no en su espíritu, acompañado por Axelrod a la batuta con desgana y falta de tensión dramática.

La obertura Con brío de Widmann ya fue interpretada por la ROSS en 2012, un año antes de la revisión estrenada en esta ocasión. Un homenaje festivo y efectista del compositor y clarinetista a las sinfonías 7 y 8 de Beethoven, ejecutada con sentido del espectáculo y notable dominio técnico antes de embarcarse en una Séptima del músico de Bonn que volvió a sonar esplendorosa, gracias a una disciplina férrea del conjunto y una batuta que supo subrayar la monumentalidad del movimiento inicial, la solemnidad del allegretto, la energía desbordante del presto y el ritmo vertiginoso y vibrante del allegro final. El sonido impactante y electrizante de la orquesta se puso de manifiesto tanto como el talento de Pavaci abordando su función de concertino en esta segunda parte, aún después del esfuerzo desplegado en la primera como solista.

martes, 21 de febrero de 2017

LA BARROCA DE SEVILLA Y AMANDINE BEYER: CLASICISMO EN ESTADO PURO

Temporada 2016/17 de la Orquesta Barroca de Sevilla. Amandine Beyer, directora-concertino. Programa: Sinfonía en Re menor F.65, de W.F. Bach; Concierto para violín K.207, de Mozart; Sinfonía en mi menor Wq 178, de C.P.E. Bach; Sinfonía en La mayor Hob. I/65, de Haydn. Teatro de la Maestranza, lunes 20 de febrero de 2017

“Bach es el padre…” es la consigna que sirvió a Amandine Beyer para diseñar un programa en torno a la dinastía de los famosos músicos y su influencia en compositores inmediatamente posteriores de la talla de Mozart y Haydn. Johann Sebastian como padre natural de Wilhelm Friedemann y Carl Philipp Emanuel, y éste a su vez como padre espiritual e inspirador de los grandes nombres del Clasicismo. Beyer acudía por tercera vez a la capital hispalense, si la memoria no nos falla. Estuvo con su conjunto, Gli Incogniti, en la Iglesia de Santa Ana en 2012, y en el Espacio Turina con la Barroca en 2015; y como ella refirió, cada vez la acogemos en auditorios más grandes, motivo para expresar su satisfacción y humilde agradecimiento.

Con la plana mayor de la orquesta sobre el escenario, una veintena de intérpretes, el concierto dio comienzo con el Adagio y Fuga F.65 del segundo de los hijos de Bach, una especie de sinfonía en bloque con dos partes bien diferenciadas, que la Barroca convirtió en prodigio de misterio y espiritualidad, con las flautas de Ruibérriz y Teixeira protagonizando el tono melancólico de una pieza que después se convierte en pura furia apoyada en el diálogo de la cuerda aguda con los contundentes y muy expresivos violonchelos de Ruiz y Baraviera. La imaginación de Mozart quedó patente en los solos correctamente articulados y fraseados de Beyer, cuyo sonido seco y puntualmente áspero no dañó en absoluto una pieza que en nuestro subconsciente acostumbramos a asociar con texturas más aterciopeladas. La violinista brilló especialmente en las cadencias finales de los movimientos extremos, mientras el adagio lo despachó con soltura y notable cantabilidad, acompañada por un conjunto conciso y sostenido.

En la segunda parte la Wq. 178 de Carl Philipp Emanuel, cuya versión sin vientos fue la única sinfonía de las berlinesas publicada en vida de su autor, sirvió para evidenciar la combinación de tensión y fuegos artificiales que ofrece una obra de fuertes contrastes, abordada con la furia característica de la orquesta sin traicionar su claridad arquitectónica. El vivace inicial de la Sinfonía nº 65 de Haydn, ejecutado también con brío y energía, introdujo el paseo que Beyer quiso evocar en un andante de espíritu campestre. Las difíciles trompas, que en otros pasajes protagonizaron desajustes apreciables, consiguieron brillar en esa imponente pieza de caza que es el final de la sinfonía. Como propina Beyer hizo llorar su violín en el majestuoso andante del Concierto para violín BWV 1041 de Bach padre.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 20 de febrero de 2017

GABRIELA Y LAS VARIACIONES MONTERO

Gabriela Montero, piano. Programa: 4 Impromptus Op. 90 D.899, de Schubert; Carnaval Op. 9, de Schumann; Improvisaciones sobre temas dados por el público, de Gabriela Montero. Teatro de la Maestranza, domingo 19 de febrero de 2017


Joven y en activo desde tan temprana edad que parece imposible, la venezolana Gabriela Montero se ha labrado una reputación como artista de virtuoso exhibicionismo y considerable aliento romántico y, sobre todo, como creadora sobre la marcha de extraordinarias improvisaciones y variaciones sobre temas libres o conocidos en cada uno de los recitales que conforman su apretada agenda. Y de todo eso dio buenas muestras en su primera comparecencia sevillana.

La generosa primera parte estuvo protagonizada por dos páginas de referencia en el repertorio romántico pianístico, el primer ciclo y más popular de los Impromptus de Schubert y el que a Schumann sugirió las letras, convertidas en notas, del lugar de origen de la joven de la que estuvo enamorado en su juventud. Improvisaciones y variaciones que sus autores dejaron bien atadas en sus partituras, sólo a merced de la impronta del o la intérprete. Montero la tiene, traducida en un temperamento a veces machacón y contundente, de morosa delectación en el Impromptu nº 1, seguida de una agilidad convencional en el Allegro y de delicadeza en el Andante, si bien echamos en falta una mayor carga emocional, más evidente en el Carnaval de Schumann, donde los diversos caracteres y humores convocados encontraron en su digitación perfección técnica y habilidad expresiva, siempre sin partitura y con un elevado nivel de concentración.

Pero lo insólito vino en la segunda parte, donde la artista exhibió su talento para recrear notas sugeridas por el público en una serie de variaciones y escritura libre que exige mucha experiencia para no caer en el bloqueo. Su línea se instala en un romanticismo muy asumido, sin concesiones para la atonalidad ni la disonancia, para progresivamente articular el lenguaje de la pieza propuesta o elegida, una Tocata y fuga de Bach en estilo Busoni, una Sonata Claro de Luna de inconfundible aire beethoveniano, o una sevillanas cuyo tarareo por el público provocó una caótica situación de comedia, en estilo Albéniz. Hubo espacio también para homenajear a su pueblo con un Caballo viejo que fue de la melancolía al patetismo, al nuestro con Granada, y aún componer sobre tema libre. Sin duda una habilidad admirable.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 19 de febrero de 2017

EL NACIMIENTO DE UNA NACIÓN Blackheart

Título original: The Birth of a Nation
USA 2016 119 min.
Dirección Nate Parker Guión Nate Parker y Jean McGianni Celestin Fotografía Elliot Davis Música Henry Jackman Intérpretes Nate Parker, Armie Hammer, Jackie Earle Haley, Gabrielle Union, Aja Naomi King, Penelope Ann Miller, Aunjanue Ellis, Mark Boone jr., Colman Domingo, Roger Guenveur Smith, Griffin Freeman Estreno en el Festival de Sundance 25 enero 2016; en Estados Unidos 7 octubre 2016; en España 17 febrero 2017

En su epopeya histórica de 1915, El nacimiento de una nación, David Wark Griffith ensalzaba el papel del Ku Klux Klan en la erradicación de las rebeliones afroamericanas y el freno a la liberación de la esclavitud conseguida tras la victoria yanqui de la Guerra Civil. Quizás de manera cínica Nate Parker ha titulado igual el reverso de ese legendario y cinematográficamente valioso testimonio, ilustrando la rebelión que lideró el esclavo Nat Turner treinta años antes de la guerra. Parker tiene a sus espaldas una carrera de diez años como actor secundario hasta Non-Stop de Jaume Collet-Serra, y un solo protagonista en la romántica Beyond the Lights, hasta asumir labores de director, guionista, productor y actor protagonista en esta película de tan loables intenciones como discutibles logros cinematográficos. Su triunfo en Sundance, donde cosechó el Premio del Público y el Gran Premio del Jurado, hacía presagiar una carrera más fructífera, abortada por el nulo caso que se le ha hecho en plena época de reconocimientos anuales. Sus premisas son válidas, presentándonos a un esclavo instruido, lo que le ha valido el puesto de predicador, partícipe a la vez del legado de sus tradiciones como oriundo africano, y dispuesto a asumir su papel de esclavo en el seno de una familia más tolerante y amable de lo que suele retratar el cine en estos casos. Pero todo eso ocupa tanto metraje antes de estallar la rebelión tipo Espartaco que desequilibra mucho el conjunto, mientras las atrocidades perpetradas contra los negros no distan mucho de las ya mostradas en otras célebres incursiones sobre el género, con Raíces y 12 años de esclavitud a la cabeza. Intenta en eso ser contenida, a pesar de dos momentos especialmente duros, y procura ser detallista y minuciosa en su tratamiento cinematográfico, pero acaba resultando un tanto redundante, aunque no por ello menos necesaria, pues la barbarie humana nunca se denuncia suficiente, y la identidad del ser humano como individuo y como sociedad, merece siempre un digno reconocimiento y reivindicación. Españoles y portugueses contribuimos a esa vergüenza de la esclavitud de forma definitiva y no escapamos por ello al nauseabundo y extremadamente cruel episodio que durante más de un siglo protagonizó la tierra de las oportunidades, pionera en democracia, derechos y libertades, y que hoy vuelve a peligrar cuando creemos que somos más civilizados y que los atropellos al ser humano son monopolio de las civilizaciones más atrasadas. Bien por Parker por acercarse a sus raíces y al dolor de su pueblo, pero si lo hubiera conseguido con más ahínco y talento para enganchar, como hizo Mel Gibson con su William Wallace de Braveheart, lo hubiéramos agradecido más.

JACKIE Retrato íntimo y doloroso de una aristócrata de breve pero brillante reinado

USA-Chile-Francia 2016 95 min.
Dirección Pablo Larraín Guión Noah Oppenheim Fotografía Stéphane Fontaine Música Mica Levi Intérpretes Natalie Portman, Peter Sarsgaard, Billy Crudup, John Hurt, Greta Gerwig, John Carrolll Lynch, Richard E. Grant, Max Casella, Beth Grant, Caspar Phillipson, Julie Judd Estreno en el Festival de Venecia 7 septiembre 2016; en Estados Unidos 2 diciembre 2016; en España 17 febrero 2017

Darren Aronofsky ha vuelto a darle a Natalie Portman el papel de su vida, porque si bien estaba en Cisne negro, que le valió un Oscar, mejor aún está incorporando a la más famosa de cuantas Primeras Damas ha tenido el gobierno de los Estados Unidos, que le debería reportar con toda justicia una nueva estatuilla, aunque las quinielas no estén a su favor. Y es que Aronofsky es como productor quien ha confiado en el chileno Pablo Larraín, tras sus éxitos con películas como No, El club y Neruda, para trazar un retrato doloroso y somero del célebre personaje en los días inmediatamente posteriores al magnicidio de Dallas, con flashbacks necesarios que retrotraen el personaje a un año antes, cuando rodó para televisión el famoso documental A Tour of the White House, dirigido por Franklin J. Schaffner (El planeta de los simios, Patton), punta de lanzamiento en América y Europa de la joven Jackie Kennedy como personaje del papel cuché y reina indiscutible del único principado verdadero que ha tenido Estados Unidos. No se trata por lo tanto de una biografía de Jacqueline Kennedy, que como bien sabemos siguió dando mucho de sí con su lujosa y glamurosa vida posterior, sino de un retrato íntimo del personaje en el momento más sintomático y trágico de su vida. Jacqueline Bisset la incorporó en El griego de oro, aunque con nombre fingido, Liz Cassidy en la biografía que sobre Onassis (Tomasis en la película bajo la piel de Anthony Quinn) dirigió J. Lee Thompson (Los cañones de Navarone, El cabo del terror) en 1978; y actrices como Katie Holmes o Blair Brown la han incorporado como esposa del malogrado presidente norteamericano en series de televisión con mayor o menor acierto. Pero nunca hasta ahora una actriz la había interpretado con tanto esmero y precisión. El trabajo de Portman es inmenso y espectacular, sin aspavientos ni estridencias, potenciando su porte aristocrático y su temperamento de reina dolorosa que acaba de sufrir un acontecimiento pavoroso y ha quedado automáticamente relegada a un segundo plano. No nos sorprende que el trazo de Larraín sea también certero y preciso, con un tratamiento de la imagen portentoso (en la retina queda para siempre la toma casi cenital del coche presidencial fugándose hacia el aeropuerto, escoltado y con una conmovedora piedad llevando sobre su regazo al ensangrentado presidente mesiánico); pero que el guión de Noah Oppenheim, cuyas únicas credenciales hasta el momento eran El corredor del laberinto y La serie Divergente: Leal, contribuyera de forma tan decisiva a la redondez del conjunto, sí que nos ha cogido por sorpresa, a pesar del premio logrado en el Festival de Venecia. A través de dos entrevistas de corte muy distinto, la que le formuló el periodista de Life Teddy White una semana después de la tragedia, y la que un año antes protagonizó para CBS en el documental antes referido, se trazan dos aspectos fundamentales del mito, como perfecta anfitriona de ese Camelot de cuento de hadas que imaginaron Frederick Loewe y Alan Jay Lerner para el musical que por aquel entonces interpretaban en Broadway Richard Burton y Julie Andrews, y cuya música aparece recurrentemente tanto en esta película como en la espléndida JFK de Oliver Stone (allí sólo un momento y de manera circunstancial); y como doliente esposa relegada a segundo plano y volcada en mantener vivo el legado de un presidente irrepetible, que dejó cosas memorables por hacer pero no ultimó ninguna y sin embargo ha quedado para siempre en la memoria colectiva como uno de los más emblemáticos de la Casa Blanca. En los preparativos del funeral, su relación con sus pequeños hijo e hija, su corte encabezada por su cariñosa y cómplice ayudante de cámara (Greta Gerwig), sus fiestas y celebraciones, con Pablo Casals entonando ante un séquito digno de cuadro de Goya el célebre Cant dels ocells, y, sobre todo, sus entrevistas, con mención especial para la de corte espiritual que mantiene con el sacerdote oficiante del funeral, incorporado por el recientemente fallecido John Hurt, asistimos a varias de las aristas de un personaje al que la película hace aún más interesante que como lo conocíamos, y le dota de una humanidad que en gran parte desconocíamos. Portman brilla en sus miradas a cámara, su dolor y su dignidad, llevando con estilo el carismático vestuario diseñado, en especial el trágicamente famoso Chanel que portaba durante el fatídico acontecimiento; pero sobre todo brilla en sus réplicas, al periodista, al presentador, a Bobby Kennedy o al sacerdote, con líneas de diálogo memorables. La música de Mica Levi, Micachu como se le conoce artísticamente, que hasta el momento sólo había compuesto la banda sonora de un film protagonizado por Scarlett Johansson, Under the Skin, destaca potenciando ese ambiente enrarecido que la propuesta reclama, mientras Stéphane Fontaine hace un meticuloso trabajo de fotografía para engarzar imágenes reales con ficticias, así como recreaciones de las primeras, jugando de forma artesanal y precisa con colores y texturas, logrando entre tanto talento una prodigiosa película de cámara cuya dolorosa melancolía perdura mucho después de salir de la sala.

FRÁGIL EQUILIBRIO El ideario utópico de un político modélico

España 2016 83 min.
Guión y dirección Guillermo García López Fotografía Pablo Burmann Música Zeltia Montes Documental Estreno en el Festival de Valladolid 24 octubre 2016; en salas comerciales 23 diciembre 2016

El laureado documental del joven Guillermo García López incide en las enormes desigualdades económicas que existen en este planeta, el cada vez más elevado nivel de insatisfacción e infelicidad que generan los nuevos modelos de vida y la grave injusticia social que existe en términos globales. Y lo hace a través de las impagables declaraciones del ex presidente uruguayo José Mujica, modelo de virtudes políticas y vida austera cuyo ideario político, social y económico queda expuesto a través de aseveraciones tan lúcidas como emocionantes y hasta apasionantes. La virtud de García López consiste en dar vida y coherencia a dichas declaraciones a través de tres historias muy entroncadas con los mayores miedos del hombre moderno: la esclavitud, la pobreza y la injusticia. El exceso de trabajo que hace al hombre más rico pero menos libre, el incumplimiento sistemático en las sociedades que se llaman modernas y democráticas de los derechos unánimemente reconocidos en sus Cartas Magnas, traducido en desahucios que echan literalmente por tierra el derecho fundamental a una vivienda digna, y la falta de asistencia de los países que fueron colonialistas a quienes sufrieron la devastación de sus derechos, dignidades y recursos durante los largos siglos que cobijaron la esclavitud y la vergüenza, son ilustrados a través de las sabias y conmovedoras palabras de Mujica, hilo conductor de un trabajo que se ve con irritación, vergüenza, impotencia y verdadero horror. El uso del formato panorámico aprovecha de forma proverbial las posibilidades del material dramático expuesto, mientras su estilo visual y narrativo lo acerca a la ficción, merced también a las increíbles historias que cuenta. Por el contrario, el abuso de música revela cierta tendencia a pulverizar conciencias y encolerizar al espectador con artificios que no necesita. Puede que lo que cuenta se hubiera podido reducir al formato cortometraje, pero la fuerza de su efecto prolongado y suspendido quedaría mermada, mientras las declaraciones de Mujica no tienen desperdicio y merecen todo el metraje que se les dedica, aunque a veces su discurso pueda parecer reiterativo, pero su fuerza filosófica no lo es. Luego se sale a la calle y todo parece tan vulgar y tan injusto, con toda esa gente llevando bolsas que portan felicidad efímera, sonriendo porque creen ser felices sin reparar en el estrés (atrasados los llama Mujica frente a los sencillos aborígenes) y la esclavitud a la que estamos sometidos y sometidas; todo ello generando en quienes hemos asistido a esta exposición de la barbarie moderna una sensación aún más fuerte de vergüenza, estupor y, sobre todo, impotencia.

sábado, 18 de febrero de 2017

HEDI, UN VIENTO DE LIBERTAD Una quimera para el ser humano

Título original: Inhebek Hedi
Túnez-Bélgica-Francia 2016 88 min.
Guión y dirección Mohamed Ben Atia Fotografía Frédéric Noirhomme Música Omar Aloulou Intérpretes Majd Mastoura, Rym Ben Messaud, Sabah Bouzouita, Hakim Boumeddoudi, Omia Ben Ghali Estreno en el Fesitval de Berlín 12 febrero 2016; en Francia 28 diciembre 2016; en España 17 febrero 2017

El título español de esta sencilla y austera película incide en sus límites espacio temporales, inmediatamente posteriores a la primavera árabe en un país tan proclive a la occidentalización como Túnez. Pero su mensaje va mucho más allá, convirtiéndola en una experiencia con la que resulta fácil identificarse aún en nuestra burbuja de supuesto bienestar. El joven protagonista pertenece a una clase acomodada, tiene un trabajo ejecutivo y agresivo económicamente y una boda concertada con la guapísima hija de quien se presume un importante e influyente personaje político. Su vida, en cierto modo muy parecida a la nuestra, se combina con ese fuerte sentimiento religioso que profesan incluso los árabes más acomodados, lo que conlleva unas tradiciones fuertemente arraigadas. Pero al fin y al cabo lo que nos cuenta Mohamed Ben Atia, con la inestimable ayuda de los hermanos Dardenne, cuya huella se percibe perfectamente en sus formas narrativas y su cámara nerviosa, es extrapolable a toda persona que viva bajo unos principios y premisas de los que resulta difícil, aunque no imposible, salirse. Nadie somos completamente libres, aunque unas sociedades sean más permisivas que otras. Ese gran y vertiginoso salto que supondría tomar de verdad las riendas de nuestra vida y nuestro destino, pocas personas se atreven a darlo. Somos esclavos y esclavas de tantas convenciones que apenas nos damos cuenta de ello. La rutina nos ahoga y ni siquiera reflexionamos sobre ello. Hedi necesita una oportuna estancia casi vacacional, coyuntura en la que apreciamos lo más parecido a una libertad absoluta, propiciada por un viaje de negocios justo antes de esa boda concertada, para darse cuenta de lo que verdaderamente ansía en la vida, profesional y, sobre todo, sentimentalmente. Los mayores aciertos de este ensayo sobre la libertad, o más bien sobre la falta de ella, los encontramos en los personajes femeninos. Que sea ella el espíritu libre que abra los ojos al protagonista, y que la futura esposa sea bella y encantadora, no son elementos al azar, sino eslabones muy pensados y matizados para que el espectador medio comprenda el verdadero valor de la libertad, esa que lleva a las personas más vitales y arriesgadas a superar las barreras de las convenciones, las que nos han impuesto desde muy arriba para controlarnos y conseguir así ese poder absoluto que ha convertido desde siempre al hombre en el más nauseabundo y execrable ser que existe sobre la tierra. En Berlín supieron entenderla y la reconocieron como mejor ópera prima y mejor actor, un Majd Mastoura que concentra en su mirada taciturna todo el estupor que le provoca no ser capaz de dar ese salto mortal, mientras en la Seminci simplemente se paseó por la sección oficial.