sábado, 30 de julio de 2022

DIANA KRALL, ENCANTADA EN JEREZ

Concierto de Diana Krall en el Festival Tío Pepe de Jerez de la Frontera. Anthony Wilson, guitarra. Robert Hurst, contrabajo; Karriem Riggins, batería. Diana Krall, voz y piano. Viernes 29 julio 2022


Mucho más animada que hace tres años, cuando actuó en el Festival Starlite de Marbella, plaza que visitará también esta noche antes de terminar su gira española en el Botánico de Madrid, Diana Krall regresó a tierras andaluzas de la mano del Festival Tío Pepe, que este año se ha trasladado a la Bodega Las Copas que Gonzalez Byass tiene en las afueras de Jerez, más extensa pero con algo menos de encanto que las Bodegas Tío Pepe del centro de la ciudad donde se celebraron las ediciones anteriores. Allí un numeroso público se congregó para rendir pleitesía a la estrella del jazz más mediática que existe en la actualidad, una gesta que le viene ya de lejos, cuando alcanzó los primeros puestos de las listas de venta y popularidad con su emblemático álbum The Look of Love.

Lejos del concierto que celebró en la ciudad malagueña en el verano de 2019, donde se mostró muy seria y parca en palabras, debió disfrutar en Jerez de muy buenos anfitriones y anfitrionas, lo que se tradujo en una mayor conexión con el público, alguna anécdota aislada y un sinfín de agradecimientos por la acogida que disfrutó en la ciudad, sobre todo por sus atractivos gastronómicos y muy especialmente sus caldos. De hecho podría ser embriagada el mejor calificativo que definió su participación en este estiloso festival, donde hizo un recorrido muy ilustrativo pero a la vez harto convencional por su ya dilatada carrera, que se remonta a principios de los años noventa del siglo pasado, cuando siendo muy joven publicó su álbum de lanzamiento Stepping Out, uno de cuyos temas, This Can’t Be Love, sigue integrando con éxito el repertorio de sus directos. Con él logró que los excelentes músicos de su escueta banda, bajo, batería y sobre todo un muy virtuoso y ágil Anthony Wilson a la guitarra, exhibieran sus muy extraordinarias habilidades.


No obstante, a pesar de ese estupendo talante y presunta animación, Krall se decantó en este concierto por un repertorio más pausado e intimista, que quizás no casaba demasiado con un recinto tan amplio y generoso. Incluso desde las primeras filas, aunque tan esquinadas como en nuestro caso para poder hacer un correcto seguimiento, hubo que centrarse en las grandes pantallas colocadas a ambos lados del escenario, afortunadamente con una emisión de primorosa realización, si querías fijarte en los detalles. En el programa temas que siempre le acompañan en casi todos sus directos, como All or Nothing at All, de Arthur Altman y Jack Lawrence, el citado This Can’t Be Love del tándem Richard Rodgers y Lorenz Hart, o Devil May Care, de Harry Warren, de quien también interpretó el exquisito Boulevard of Broken Dreams, mil veces versionado por artistas de todo el mundo y condición desde que debutara en 1934 en el mítico musical La calle 42. Temas que han conformado desde hace tres décadas el repertorio de esta artista empeñada en rescatar el rico e inimitable patrimonio musical norteamericano.

Tras arrancar con una nueva variación del clásico también de Rodgers Where or When, entroncó directamente con una animada versión de I Don’t Know Enough About You de Peggy Lee, que sirvió ya para dar rienda suelta a sus estupendos músicos y presentarlos convenientemente. Algo desorientó al público que incluyera también temas de carácter más pop o folk, con escalas en Tom Waits, con ese Fly Away Home que sirvió para poner a prueba el excelente sentido del ritmo del público andaluz cuando de tocar las palmas se trata, Joni Mitchell con A Case of You, de marcado carácter intimista y melancólico, solo ella al piano y la voz, cada vez con un toque más canalla, o una evocadora revisión del clásico de Bob Dylan Simple Twist of Fate. No faltó tampoco su apreciada bossa nova, en forma del imperecedero Night and Day de Cole Porter y por supuesto el Quiet Nights de Antonio Carlos Jobim. Otro gran clásico, Cheek to Cheek de Irving Berlin, sonó en versión muy animada, demasiado, mientras con Love Letters de Victor Young rescató una de las grandes baladas del cine de los cuarenta, incluido en ese mítico The Look of Love, cuyo genérico de Burt Bacharach hace tiempo que desterró de sus directos, a pesar de continuar siendo uno de sus temas de referencia. Llamó la atención que no inclouyera, sin embargo, ningún tema de su último disco, This Dream of You, editado hace un par de años. La vimos y sentimos no obstante entregada y motivada, arropada por una espléndida banda y manteniendo ese estilo singular suyo que tanto la aparta de una mera cover y que, sin poseer unas aptitudes geniales ni para el canto ni para el teclado, la convierten sin embargo en una artista irrepetible y, como su transitado repertorio, en toda una clásica.

Fotos: Miguel Ángel Castaño (Festival Tío Pepe)
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 25 de julio de 2022

MEN Terapia de choque

Reino Unido-USA 2022 100 min.
Guion y dirección
Alex Garland Fotografía Rob Hardy Música Geoff Barrow y Ben Salisbury Intérpretes Betty Buckley, Rory Kinnear, Paapa Essiedu, Gayle Ranking, Sarah Twomey Estreno en Estados Unidos 20 mayo 2022; en España 22 julio 2022

Tras el éxito de Ex-Machina hace siete años, Alex Garland vuelve a colaborar con la productora A24, responsable de los dos emblemáticos títulos de Ari Aster, Hereditary y Midsommar, con los que esta película de seudoterror guarda ciertas semejanzas. Nos encontramos ante un depurado trabajo de imagen, sonido y música que nos transporta a un mundo de carácter onírico al que la protagonista viaja para exorcizar ese tortuoso sentimiento de culpa tan arraigado en nuestra civilización gracias al talento y la perseverancia de la Iglesia Católica.

La misma tiene también un papel significativo en esta fábula ambientada en el típico castillo gótico británico, en medio de un frondoso paraje con bosques y antiguos túneles de tren tan indicados para generar la habitual atmósfera de drama de terror gótico al que la cinta se adhiere sin ningún tipo de escrúpulo. Pero la cosa va de metáfora, entroncando con la máxima actualidad al situar en el eje de la trama a una mujer que ha sufrido el estigma de su condición, bocado a la manzana incluido, lo que le ha llevado a sufrir el maltrato psicológico. En este ambiente encuentra la terapia más extrema, no precisamente la que iba buscando sino una más atroz en forma de acoso absoluto por parte de esos hombres del título, lo que acaba convirtiendo su periplo en un tormento claustrofóbico que deriva en delirio apocalíptico como si de una Ripley contra los monstruos se tratara.

Acierta Garland con esa rara combinación de imágenes a cuales más sugerentes, y sonidos inquietantes, mientras quien se deja la piel en el empeño es el eternamente secundario Rory Kinnear, quizás en el que sea de momento el papel de su vida. Por el camino un sinfín de lugares comunes no impiden sin embargo que la propuesta retenga cierta originalidad y capacidad de sorpresa, lo que en este género se celebra mucho.

LA MEMORIA DE UN ASESINO Thriller aseado y elegante

Título original: Memory
USA 2022 114 min.
Dirección
Martin Campbell Guion Dario Scardapane, según el guion de Erik Van Looy y Carl Joos basado en la novela “De Zaak Alzheimer” de Jef Geeraerts Fotografía David Tattersall Música Rupert Parkes Intérpretes Liam Neeson, Guy Pearce, Monica Bellucci, Taj Atwal, Harold Torres, Ray Fearon, Ray Stevenson, Mia Sánchez, Daniel De Bourg, Natalie Anderson, Rebecca Calder, Scot Williams, Antonio Jaramillo Estreno en Estados Unidos 29 abril 2022; en España 22 julio 2022

Quizás no sea todo lo intensa e inquietante que debiera, pero no se puede negar que la última película dirigida por Martin Campbell (Casino Royale, La máscara del Zorro, Límite vertical) y protagonizada por Liam Neeson (en la línea de sus últimas interpretaciones) tenga cierta dignidad y aire distinguido. A partir de una película belga de hace casi veinte años, asistimos a una intriga sobre una organización criminal encargada de limpiar los trapos sucios de gente influyente, que en aquella pertenecían a la clase política y ahora suben el peldaño necesario para adaptarse a los tiempos y fija su atención en el gran empresariado, el que realmente maneja los hilos de la economía y la política mundial.

En este entorno, el guion apenas cambia algunas circunstancias de carácter secundario, convirtiendo la pareja de detectives de la original en un trío con mujer policía incluida, al político en una carismática empresaria, Amberes en El Paso en Texas (aunque insospechadamente recreada en Bulgaria) y la dualidad idiomática francés-flamenco en castellano-inglés. Por lo demás se limita a seguir el desarrollo de la original, con algunos cambios de poca enjundia, pero añadiendo una atmósfera quizás más malsana al conjunto, un reparto atractivo y un ritmo adecuado a este tipo de empresas.

Cabría reprocharle no sacar más partido al problema de pérdida de memoria de su protagonista, lo que quizás haya motivado como guion la inclusión de Guy Pearce (Memento) en el reparto. La crítica como es habitual resulta velada, algunas situaciones forzadas en alas de una mayor espectacularidad, pero el conjunto tiene cierto empaque y a veces incluso recuerda a aquel cine negro que quiso recuperarse en la década de los setenta del siglo pasado.

LUNANA: UN YAK EN LA ESCUELA Música desde el Himalaya

Título original: Lunana: A Yak in the Classroom
Bután 2019 110 min.
Guion y dirección
Pawo Choyning Dorji Fotografía Jigme Tenzing Música Yi Chen Chiang y Duu-Chih Tu Intérpretes Sherab Dorji, Ugyen Norbu Lhendup, Kelden Lhamo Gurung, Kunzang Wangdi, Pem Zam, Tandin Sonam, Tsheri Zom Estreno en Bután febrero 2020; en España 22 julio 2022

Hay películas que narran la persecución de un sueño, otras muestran cómo el destino nos puede deparar una sorpresa y descubrir que quizás nuestro lugar era otro al que teníamos en mente. Esta sencilla y hermosa película pertenece al segundo grupo. Una nominación al Oscar a la mejor película internacional en la última edición de los premios ha obrado el milagro e impulsado el estreno de una cinta proveniente de un país tan exótico como Bután en nuestras pantallas. Pero ni el tema que toca ni el ambiente en el que lo hace son ajenos a nuestra memoria y cultura. De nuevo el Shangri-La emerge como paradigma de la felicidad y el equilibrio espiritual, aunque no exactamente como esa tierra del maná que planteaba el clásico de Frank Capra hace ya casi un siglo.

Una aldea remota en el Himalaya es ahora el escenario en el que la magia y la espiritualidad abrirán los ojos de un joven urbanita convencido de que su felicidad está donde el sistema y su aparato mediático se empeñan en destacar. La gente amable, exquisita y educada con la que se ve obligado a convivir, tan ajena a cualquier tipo de prepotencia, le demostrará que existen otros mundos donde la esperanza, la convivencia y la armonía resultan más tangibles. Curiosamente el debutante director y guionista hace hincapié en la altitud a la que se encuentra cada localización de la película, desde lo más alto en esta pequeña y entrañable localidad, lo más cerca del cielo, hasta lo más bajo y alejado del paraíso, ubicado junto a la Ópera de Sydney, donde los sueños quizás no sean como los pintamos. Mientras tanto nuestro protagonista realiza un viaje físico, y extenuante, así como espiritual y sentimental que le enseñará de la vida tanto como él sea capaz de enseñar a los niños de la escuela del título, ávidos de saber y de conocimiento como fin para lograr la estabilidad y la supervivencia de un ecosistema llamado a ser engullido por las grandezas del mundo supuestamente civilizado. El yak del título representa a la naturaleza de la que es imposible desconectar si se quiere alcanzar ese nivel de equilibrio y sabiduría que nos lleve a la consecución de esa felicidad.

La música funciona en todo este entramado como eje alrededor del cual gravitan los sueños perseguidos y los encontrados por el joven y desorientado protagonista. El sonido de la música sirve aquí también para conectar con el presente y el pasado, y ejercer como impulsora de emociones y sentimientos, sin apenas necesidad de un público que la reconozca. Su combinación con el imponente paisaje y su espléndida iluminación obra la maravilla, convirtiendo esta en una película de viajes y descubrimiento, quizás más convencional de lo deseable pero indiscutiblemente amable en sus nobles planteamientos y eficaces resultados.

domingo, 24 de julio de 2022

TRAVESURAS INFANTILES DE ROSSINI

XXIII Noches en los Jardines del Real Alcázar. Katarzyna Wróbel y Uta Kerner, violines. Claudio Baraviera, violonchelo. Vicente Fuertes, contrabajo. Programa: Sonatas a cuatro nº 1 en Sol mayor, nº 6 en Re mayor “La tempestad”, y nº 3 en Do mayor, de Rossini; Divertimento en Do mayor MH27, de Michael Haydn. Sábado 23 de julio de 2022


El ciclo de música de cámara de la ROSS tiene en estas noches del Alcázar una continuación natural durante los cálidos meses del verano, con sus miembros agrupados y combinados en diversas formaciones, ofreciendo programas de diversa índole y exhibiendo esa profesionalidad y buen hacer que les caracteriza. En el caso que nos ocupa el resultado fue feliz, ya que en los atriles sonaron tres sonatas a cuatro compuestas por el autor de El barbero de Sevilla y La Cenerentola nada desdeñables y muy disfrutables. Resulta que las compuso milagrosamente a la edad de doce años, y dicen que en tan solo tres días, pero que con el devenir de los años renegó de ellas considerándolas nada más y nada menos que horrendas. El tiempo afortunadamente le ha quitado la razón, y hoy se interpretan con ese aire inconfundiblemente mozartiano y haydniano que las informa, pero atisbando también los rasgos que harían de su autor una personalidad única y a su vez tan influyente.

Rossini compuso estas seis sonatas en la campiña cercana a Ravena, para lucimiento de Agostino Troissi, un rico comerciante apasionado de Napoleón que tocaba el contrabajo, instrumento popularizado en Italia e Inglaterra por el músico veneciano Domenico Dragonetti. De ahí esa insólita combinación de instrumentos que las distingue de los cuartetos tradicionales, dos violines, uno de ellos sustituible por viola, un violonchelo y un contrabajo. Estos cuatro integrantes de la Sinfónica ya presentaron su proyecto en el Espacio Turina en febrero del año pasado, donde interpretaron la Sonata nº 3, y ahora cumplen su objetivo dando forma a otras dos y completando la propuesta con un divertimento del hermano menor de Haydn, Michael, apenas descubierto hace medio siglo en la Biblioteca del Estado de Baviera en Munich. De las piezas de Rossini destaca su ritmo endiablado y su carácter desenfadado, todo lo cual fue minuciosamente recreado en los atriles del conjunto, con especial énfasis en las líneas vertiginosas, llenas de escalas infatigables, de la primera violín, una Katarzyna Wróbel enérgica y entregada a la que ni el calor hizo apenas chirriar, secundada por Uta Kerner, responsable también de una buena cantidad de arpegios y escalas de difícil ejecución, y es que a pesar de la juventud del autor, se trata de obras nada despreciables, complejas y ricas en textura, color y carácter.


El excelente violonchelista Claudio Baraviera dio buenas muestras de su dominio y versatilidad, extrayendo con su arco sonidos autoritarios y a la vez aterciopelados, mientras Vicente Fuertes al contrabajo añadió peso y músculo a cada pieza, especialmente en sus variados movimientos finales, el rondó de la Sonata nº 1, el endemoniado y tormentoso allegro que justifica el sobrenombre La tormenta de la nº 6, y las imaginativas variaciones que conforman el final de la nº 3. Quizás si todo el empeño puesto se hubiera traducido en los movimientos lentos centrales con mayor delectación por el encanto y la melodía, se hubiesen logrado unas interpretaciones aún más redondas. Todo lo que en las piezas rossinianas es suma de fuerzas, en el Divertimento también en tono mayor, como el resto de la alegre y juguetona propuesta, para violín, violonchelo y contrabajo de Michael Haydn se convierte en diálogo que Wróbel y Baraviera mantuvieron con un alto grado de compenetración, siempre con la complicidad de Fuertes contribuyendo a dar al conjunto ese cuerpo que merece.

Fotos: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

EL AGENTE INVISIBLE Avanza a fuerza de violencia y acción

Título original: The Gray Man
USA 2022 122 min.
Dirección
Anthony y Joe Russo Guion Joe Russo, Christopher Markus y Stephen McFeely, según la novela de Mark Greaney Fotografía Stephen F. Windom Música Henry Jackman Intérpretes Ryan Gosling, Chris Evans, Ana de Armas, Billy Bob Thornton, Regé-Jean Page, Jessica Henwick, Alfre Woodard, Dhanush, Wagner Moura, Julia Butters Estreno limitado en salas 14 julio 2022; en Internet 22 julio 2022

Tras debutar con la esperanzadora comedia Bienvenidos a Collinwood hace exactamente veinte años, y decepcionar luego con la más gamberra Yo, tú y ahora… Dupree, los hermanos Russo se entregaron a la televisión y a Marvel, dirigiendo dos episodios de Capitán América (Soldado de invierno y Civil War) y otros dos de Los vengadores (Endgame e Infinity War). Con el precedente de Cherry, también estrenada en plataformas digitales tras un breve periplo por cines, ahora intentan ponerse más serios todavía con esta delirante película de acción y violencia a raudales, sin otro objetivo ni voluntad que proponer una sucesión interminable de espectaculares secuencias de acción, de las que la devastación vienesa se lleva la palma.

Cuesta imaginar que todo este engendro provenga de una novela, cuando resulta difícil pensar en un texto que se limite a recrear un desarrollo argumental basado práctica y exclusivamente en escenas de batalla, peleas sin cuartel y acción extrema. Una trama rocambolesca que busca su pretexto en poner en tela de juicio, una vez más, los tejemanejes de la inteligencia norteamericana y sus atropellos a la política internacional, en un nuevo juego de hipocresía mediática del país. Aun vuelve a sorprender que para adaptarla y ponerla en pie hayan sido necesarios tres guionistas. De cualquier forma le película, bautizada como la más cara producida hasta el momento por Netflix, lo que no nos extraña a la vista de sus sofisticados resultados, ofrece acción y violencia de manera harto generosa, y casi solo eso.

Su lujoso reparto contribuye a dar atractivo a un espectáculo en el que lo más divertido es ver a Chris Evans metido en la piel de un villano de comedia, con bigotillo fascista incluido, al que como los personajes de tebeo todo le sale mal. Disfrutamos también viendo a Ana de Armas escalar puestos en la industria, mientras agradecemos sus múltiples localizaciones al más puro estilo James Bond. Pero nos sigue pareciendo mentira que Hollywood siga empeñada en ofrecer tanta violencia como reclamo comercial, dominando decisivamente los gustos de un público cada vez más adocenado. Claro que así se perpetúa la hegemonía de ese sistema cada vez más castrense que sostiene el todavía principal imperio global.

sábado, 23 de julio de 2022

UNA TRAVIATA ALTERNATIVA Y ENVOLVENTE

2º reparto de la ópera de Giuseppe Verdi en coproducción de Scottish Opera, Welsh National Opera, Grand Teatre del Liceu y Teatro Real, con dirección escénica de David McVicar y musical de Manuel Busto. Con Ashley Galvani Bell, Antoni Lliteres y Carlos Arámbula. Teatro de la Maestranza, viernes 22 de julio de 2022


Más que de un segundo reparto, la función de ayer en el Maestranza podríamos calificarla de alternativa, en una doble acepción, literal por contar con voces y batuta diferentes a la del estreno y resto de funciones, y en sentido figurado por constituir más una oportunidad para voces y dirección con menos rodaje y más frágil currículo, que el clásico segundo elenco que se alterna con el principal ante un generoso número de funciones programadas. No era el caso, solo cinco, y no tan seguidas como exige un doble reparto con la intención de permitir descansar las voces, y sin necesidad de cambiar la dirección musical. Tanto el sevillano Manuel Busto como las tres voces principales merecían esa alternativa, esa oportunidad para lucir talento y aptitudes, como de hecho así hicieron. Y lo lograron no solo en el más estricto sentido musical, sino muy especialmente en el teatral, logrando eso que a menudo se pasa por alto y que tanto contribuye al éxito de un espectáculo total como pretende ser la ópera, una conexión con el público que le haga vivir en primera persona las emociones y los sentimientos que entran en juego, y que tienen justamente en La traviata uno de sus mayores alicientes.


Aunque empezó en el coro de niños del Metropolitan, Ashley Galvani Bell no ha cantado todavía en los grandes escenarios operísticos. En su breve periplo destaca una aclamada interpretación de La voz humana de Poulenc, mientras esta no es la primera vez que encarna a Violetta, la trágica protagonista de La traviata. Curiosamente arrancó su intervención con defectos muy similares a los que apuntamos en Nino Machaidze, cierto exceso de vibrato y, en su caso, una voz un pelín estridente. Pero poco a poco fue afianzando su participación con una línea de canto flexible, ganando en presencia y convenciendo conforme su personaje va acumulando emociones y experiencia, y eso que evidenció cierta preocupación por no resbalar en el inclinado escenario del primer acto. Se aclimató perfectamente a la exigente coloratura del primer acto, abordó con tanta emoción como precisión, así como una voz ahora más gruesa y aquilatada, el dramático acto segundo, donde exhibió además una extraordinaria química con su antagonista, Giorgio Germont, incorporado por el joven barítono mexicano Carlos Arámbula con un soberbio maquillaje, cuyo demostrado talento y curtida perfección le permiten ahora pasearse por los teatros europeos. Arámbula clavó su personaje con una actuación teatralmente impecable y una voz de considerable brillo, elegante fraseo y competente proyección, mereciendo la aclamación del público en Pura siccome un angelo y logrando de nuevo convencernos con un Di Provenza il mar de enorme calado sentimental. El final del acto segundo resultó altamente satisfactorio, con los tres protagonistas dando el máximo para lograr una apoteosis canora y transmitir al público toda la fuerza de esta irrepetible partitura.


Tampoco es la primera vez que el tenor mallorquín Antoni Lliteres se mete en la piel de Alfredo Germont, pero su relación con el personaje todavía es muy frágil y por eso resulta sorprendente que lograra unos resultados tan estimulantes como los de la pasada noche. Como Violetta, su Alfredo estuvo también contenido, lo suficiente para no resultar estridente ni sobreactuado, consiguiendo una identificación con su atormentado y caprichoso personaje que saltó fácilmente a las gradas del teatro. A nivel canoro exhibió una generosa proyección, una voz de hermoso timbre y solventes agudos, si bien apreciamos puntualmente alguna incómoda tirantez. De cualquier forma su dúo final con su amada Violetta tuvo el suficiente calado sentimental como para dejar una honda huella en el corazón del público asistente. Aprovechamos aquí para destacar también el trabajo de la joven soprano cubano-puertorriqueña Megan Barrera, cuyo primer premio en el Certamen Nuevas Voces de Sevilla de 2018 le permitió formar parte de este elenco, demostrando con sus breves apariciones poseer una bella voz, con mucho cuerpo y precisión.

Aunque hemos disfrutado en varias ocasiones del talento del joven sevillano Manuel Busto en el Maestranza, fuera como responsable de la Escolanía de Los Palacios o encargándose de la dirección de eventos puntuales confiados generalmente a la orquesta de cámara de la ROSS, e incluso de su trabajo compositivo, la pasada primavera con La mujer tigre, esta es la primera vez que el coliseo le confía la dirección de una ópera, y ha aprovechado la alternativa con muy buena nota. Su trabajo contribuyó también sobremanera a la perfección teatral del espectáculo, procurando en todo momento combinar el respeto a las voces con las inflexiones dramáticas típicas del lenguaje verdiano, a menudo sujetas a subidas y bajadas rotundas de tonos y acentos. A veces no logró su cometido, ahogando las voces en momentos puntuales, pero en general su trabajo fue meritorio y meditado, tan impropio de una batuta todavía novel que hace presagiar de él muy buenas cosas en un futuro inmediato. Todo el resto funcionó al mismo nivel ya apuntado en la reseña de la noche de estreno.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

UN NOVIO PARA MI MUJER Desafortunada comedia romántica

España 2022 92 min.
Dirección Laura Mañá Guion Pol Cortecans y Laura Mañá, según la historia de Pablo Solarz Fotografía Sergi Gallardo Música Alfred Tapscott Intérpretes Belén Cuesta, Diego Martín, Hugo Silva, Joaquín Reyes, Eric Masip, Ángela Cervantes, Andreu Castro, Roger Berruezo Estreno 22 julio 2022

Apuntados en nuestro cine ya sin ningún tipo de reservas ni pudor a los remakes a mansalva, la nueva película de Laura Mañá perpetra el de una comedia argentina 
de éxito de hace catorce años, dirigida por Juan Taratuto. No hacía falta esforzarse mucho para superar el original, y sin embargo la desgana de la realizadora y del elenco interpretativo se adueña tan pronto de la función que esta acaba resultando todo un despropósito y un desastre absoluto.

Sorprende que tratándose de una comprometida realizadora, cuyos primeros trabajos lograron un considerable  interés (Sexo por compasión, La vida empieza hoy) y que ha alternado el cine comercial con las biografías de mujeres tan singulares como Clara Campoamor, Concepción Arenal o Frederica Montseny, Mañá se lance ahora a la piscina con su segunda incursión en la comedia romántica supuestamente alegre y distendida, tras el discreto éxito cosechado con Te quiero, imbécil, cuya carrera comercial quedó truncada por la pandemia. En Un novio para mi mujer los guionistas no se han esforzado un ápice, limitándose a calcar situaciones y diálogos de su referente, pero con tanta desgana y falta de orientación que todo resulta un lastre.

Se supone que esta fábula de progresivo empoderamiento de una mujer cuyos límites parecían injustificadamente centrados en la cocina, como la del chiste, tenía que conseguir cierto calado emocional, pero ni la poco convincente interpretación de Belén Cuesta, a años luz de la mucho más antipática Valeria Bertuccelli del original, ni sus giros de guion tan faltos de coherencia y verosimilitud, logran levantar el vuelo de la que es una cinta absolutamente prescindible. Por si fuera poco, su vocación americanista le lleva a ensartar secuencias que provocan auténtico rubor, y condimentar la función con canciones variadas, desde el ubicuo Sebastián Yatra al suinguero Michael Bubblé.

lunes, 18 de julio de 2022

ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE Entretenido melodrama policiaco

Título original: Entre la vie et la mort
Bélgica-España-Francia 2022 100 min.
Guion y dirección
Giordano Gederlini Fotografía Christophe Nuyens Música Laurent Garnier Intérpretes Antonio de la Torre, Marine Vacth, Olivier Gourmet, Tibo Vandenborre, Fabrice Adde, Nessbeal, Alexandre Bouyer, Lila Jonas Estreno en Francia 29 junio 2022; en España 14 julio 2022

Aunque lleva muchos años en el oficio, Giordano Gederlini apenas ha dirigido un largometraje (Samourais) y una película para televisión protagonizada por Carmen Maura (La guerre des saints), además de escribir algunos guiones, entre ellos el de la exitosa Los miserables. Ahora se pone al frente de un sólido e intrigante melodrama policiaco con Antonio de la Torre como protagonista, que afianza así su carrera internacional después de triunfar también en el cine latinoamericano.

Sobre sus espaldas carga el peso de este intenso y oscuro thriller, con una acertada atmósfera tristona, en el que un lamentable accidente en el metro de Bruselas y el pasado un poco turbulento del conductor español, provocan una trama bien urdida, bien construida y con suficientes resortes como para enganchar y entretener. Si se hubiera prescindido de alguna subtrama paralela que no aporta nada, la empresa hubiera sido más competente. Aun así no se puede negar habilidad en la escritura y su desarrollo sobre la pantalla, así como un muy solvente trabajo del actor malagueño, tan convincente como matizado, y lo que es mejor, sin estridencias ni sobreactuación alguna.

Le acompaña un buen equipo artístico y técnico, así como la ambientación en una Bruselas casi siempre nocturna, peligrosa y amenazante, mientras dejarse llevar por las consignas de su absorbente trama acaba convirtiéndose en la principal baza para lograr sus humildes pretensiones de mero entretenimiento

PIG Una intriga del corazón para paladares exquisitos

USA 2021 92 min.
Dirección
Michael Sarnoski Guion Vanessa Block y Michael Sarnoski Fotografía Patrick Scola Música Alexis Grapsas y Philip Klein Intérpretes Nicolas Cage, Alex Wolff, Adam Arkin, Cassandra Violet, David Knell, Nina Belforte, Gretchen Corbett, Elijah Ungvary Estreno en Estados Unidos 16 julio 2021; en España 14 julio 2021

Una de las cintas más elocuentes, precisas y poéticas llegadas del cine americano en mucho tiempo, y sin duda uno de los debuts en la dirección más prometedores que recordamos. Sin embargo nos preguntamos por qué ha tardado tanto en estrenarse en nuestro país, un año completo desde que lo hiciera veladamente en el de origen, y por qué ha pasado tan desapercibida en los grandes premios que se han otorgado hace apenas unos meses celebrando la producción del año pasado. Pig es además una ingeniosa y sorprendente vuelta de tuerca en el tradicional thriller de investigación y venganza que tantas veces ha protagonizado su actor y artífice principal, un Nicolas Cage que últimamente anda muy empeñado en desmitificarse a sí mismo y recuperar el hilo de las grandes interpretaciones que le han mantenido con cierta dignidad a pesar de haberse encorsetado en papeles de duro a fuerza de mamporros y fuerzas sobrenaturales.

Aquí se subvierten las reglas del género para, manteniendo sus constantes de planteamiento, desarrollo  y desenlace, dar un hálito de esperanza a esa violenta cultura americana que solo parece conocer el ojo por ojo y el diente por diente. Y todo eso a pesar de que en un principio nos pueda parecer que va a caer en los lugares comunes del género, trauma familiar incluido que obliga a su protagonista a abandonarlo todo y recluirse en una montaña en la que solo él y su cerda trufera parecen tener cabida. Pero a partir de ahí asistimos a una profunda y clara disquisición sobre el talento natural y la excelencia, así como la búsqueda de él a través del manual, del mismo modo que nos dejamos embaucar por la pasión del trabajo bien hecho, el del buen gourmet entre fogones, y el duelo por la pérdida, que provoca el destierro de ese talento y la entrega a una vida más básica y austera. Un detonante en forma de animalismo desata la intriga, la investigación y un desenlace tan sorprendente como carismático, que convierte a esta en una joya dentro de su ámbito y una esperanza para una nación que no parece encontrar consuelo ni salvación de otro modo que no sea a través de las armas.

Con la complicidad de Brad Pitt en la producción, Cage se revela aquí como el auténtico artífice de una aventura poética y esperanzadora, donde el diálogo, curioso tratándose de alguien que apenas procura esbozar palabra, y el talento para ganar confianza a través del estómago, se convierten en aliados para contar una historia donde el amor, la amistad y el buen entendimiento se abren paso en una sociedad donde prima justo lo contrario, el uso de la fuerza. Pig se perfila también como una buddy movie donde el veterano acaba dando lecciones imprescindibles al joven novato, que cree que el talento se puede trabajar, para darse de bruces y descubrir que solo la naturaleza tiene la prerrogativa para otorgarlo. Cine pausado, certero y preciso, donde reencontramos esa humanidad y esa esperanza que creíamos ya prácticamente perdida en el cine norteamericano, si no fuera por trabajos tan milagrosos como este.

viernes, 15 de julio de 2022

HALFFTER ARROPA UNA TRAVIATA DE GRANDES VOCES

La traviata. Ópera de Giuseppe Verdi. Libreto de Francesco Maria Piave, según la novela “La dama de las camelias” de Alejandro Dumas hijo. Pedro Halffter, dirección musical. David McVicar, dirección escénica (Reposición: Leo Castaldi). Tanya McCallin, escenografía y vestuario (Reposición: John Liddell). Jennifer Tipton, iluminación (Reposición: Nicolas Fischtel). Andrew George, coreografía (Reposición: Claudia Agüero Mariño). Con Nino Machaidze, Arturo Chacón-Cruz, Dalibor Jenis, Anna Tobella, Megan Barrera, Manuel de Diego, Carlos Daza, Andrés Merino y Christian Díaz. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro Teatro de la Maestranza. Íñigo Sampil, director. Producción de la Scottish Opera, Welsh National Opera, Gran Teatre del Liceu y Teatro Real. 
Teatro de la Maestranza, jueves 14 de julio de 2022


Una Traviata clásica y sin riesgos llena teatros incluso en una Sevilla que en pleno julio sufre una devastadora ola de calor. No en vano es la ópera más representada en el mundo, y con las cuatro que con ésta lleva haciéndose en el todavía joven Maestranza, corrobora esa tendencia. Dicen que esta puesta en escena responde a lo que Verdi hubiera querido estrenar en su momento, obligado por la censura a ambientar su drama romántico con feroz crítica social en el siglo dieciocho, si bien es verdad que desde hace mucho siempre se representa en la época que la vio nacer, mitad justo del diecinueve. Pero si nos atenemos a las intenciones del autor, nos estaríamos refiriendo más al concepto que a la ambientación, lo que nos llevaría a representarla cada ocasión en época actual, intentando reflejar en su trama de amores imposibles e hipocresía social, donde la enfermedad se convierte siempre en una estigmatización para quienes deciden vivir libres de ataduras morales y religiosas, los obstáculos que la sociedad siempre coloca en el camino de los más volubles y marginados, en este caso la desgraciada Violetta Valéry. Precisamente ahora es un buen momento para poner en evidencia la regresión que estamos sufriendo en muchos ámbitos, al borde siempre de perder muchos de los logros conseguidos en las últimas décadas, siempre de la mano de gobiernos progresistas, y que no sirven sino para que en este mundo haya más gente feliz.

La celebrada Traviata de McVicar no arriesga ni inventa nada. Apenas avanza un par de décadas en su ambientación, sin consecuencias dramáticas, situándose en los albores de esa belle époque que tanto juego da en la luminosa París y permite dar al ballet del cuadro segundo del segundo acto un toque cancanesco muy agradecido. Ni hay riesgo ni imaginación, ni mucho menos esperen encontrar un trabajo profundo de psicoanálisis de personajes y situaciones. Sin embargo este montaje funciona, dentro de su indisimulada tendencia a lo clásico y convencional, porque cuenta con un elenco de primera categoría que hace que en lo musical todo brille al máximo nivel y en todo su esplendor, lográndose además el pequeño milagro de reunir prácticamente a todo el equipo técnico y artístico que debía haber acometido aquellas representaciones de hace justo dos años que quedaron aparcadas con motivo de la pandemia.


Halffter a la batuta, Machaidze al timón

El público ovaciona a Pedro Halffter cada vez que regresa a la que fue su casa durante algunos de los años más fructíferos del Teatro de la Maestranza, y esta no fue la excepción. Se le aplaudió al principio como gesto de respeto y consideración, y se le aplaudió a rabiar al final por un exquisito y meditado trabajo que le llevó a arropar las suculentas voces con todo lujo de detalle y absoluto mimo y admiración. Tanto fue así que por momentos nos pareció que faltaba algo más de empuje y decisión en su dirección, para inmediatamente adivinar sus intenciones y comprobar que en lo dramático tiene la partitura muy estudiada y supo resolver cada matiz y giro dramático con una perfecta clarividencia. Contó para ello con una plantilla entregada y responsable, y los resultados una vez más, ayudados por esa extraordinaria acústica que acompaña al Maestranza, estuvieron muy a la altura. No se quedó atrás el coro, que aparte de lucir suntuosos atruendos, especialmente ellas, brindaron con aplomo y majestuosidad y encajaron un segundo acto generoso en brillo y mordacidad, tanto ellos como ellas, pendientes no solo de que su canto fuera hermoso sino de que su actuación también estuviera a la altura.


No disfrutábamos de la georgiana Nino Machaidze desde hacía diez años, cuando protagonizó Thaïs de Massenet, y hemos comprobado ahora que su voz ha ganado en seguridad, fuerza expresiva, emisión y potencia. Aunque empezó un poco engolada, rápidamente desapareció semejante defecto y se apropió de su rol, encarando una Violetta llena de carisma, entregada en lo pasional y en su humanidad, que logró momentos sobrecogedores en la larga secuencia junto al padre de su amado, en ocasiones con un hilo vocal sottovoce de enorme calado emocional, al que se adaptó también Dalibor Jenis como Giorgio Germont. Machaidze entonó un Amami Alfredo de considerable quilate emocional, apoyada en una subida apoteósica del músculo orquestal. Abordó todas sus conocidas arias con una línea de canto homogénea, un timbre precioso y una agilidad y color abrumadores, desde la enérgica Sempre libera a la melancólica Addio. Ya en el primer acto, en su precioso dúo de amor Un dì felice, eterea, demostró talento canoro y dramático a raudales. No se quedó ni mucho menos atrás un espléndido Arturo Chacón-Cruz. El tenor mexicano cumplió aquí el centenar de representaciones como Alfredo Germont, demostrando no solo un dominio absoluto del personaje, a pesar de cierto histrionismo en su actuación, sino una voz poderosa, de emisión muy natural, generosa proyección y mucha sensibilidad a la hora de entonar como pocas veces hemos disfrutado en un rol que a menudo se presta a la impostación y el delirio. No hubo deslices en una participación que afrontó con una línea de canto de exquisito gusto. Algo menos nos convenció el barítono eslovaco Dalibor Jenis, que arrancó su participación con excesivo furor y fue luego suavizando su interpretación para encontrar ese matiz hipócrita y discretamente perverso que caracteriza su personaje. Aun así defendió su larga y desesperada discusión con la sacrificada heroína (una constante que durante mucho se pensaba beneficiaba a la mujer, pero que le ha ido estigmatizando poco a poco) con aplomo y una voz rotunda y bien colocada. Decir del resto del elenco que no empañó el excelente nivel del trío protagonista, da buena cuenta del trabajo realizado por cada una de las voces restantes. No podemos olvidar la coreografía, eficaz, moderadamente vitalista y con un simpático detalle en forma de gitana travestida.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 13 de julio de 2022

LINGUI. LAZOS SAGRADOS Solidaridad de género en tiempos de regresión

Título original: Lingui
Chad-Francia-Alemania-Bélgica 2021 97 min.
Guion y dirección
Mahamat-Saleh Haroun Fotografía Mathew Giombini Música Wasis Diop Intérpretes Achouackh Abakar Souleymane, Rihane Khalil Alio, Youssouf Djaoro, Briya Gomdigue, Hadje Fatime N’Goua Estreno en el Festival de Cannes 8 julio 2021; en Francia 8 diciembre 2021; en España 8 julio 2022

Si el título original de esta película significa lo que su subtítulo apunta, y creemos que así es, no cabe duda de que estos lazos sagrados hacen referencia a la sororidad, ese hermanamiento y solidaridad entre mujeres que se produce cuando se encuentran en una situación especialmente gravosa para su género y condición, especialmente en sociedades fuertemente machistas y patriarcales. Es lo que les ocurre a esta joven madre soltera y su hija adolescente embarazada, dos mujeres sin duda víctimas de la estigmatización en una sociedad rancia y en continua regresión, sobre todo desde la implantación del extremismo religioso.

Pero esto no es solo exclusivo de países considerados tercermundistas, como ese Chad en el que se desenvuelve la trama, sino que últimamente estamos padeciendo con enorme preocupación esa misma regresión en países de nuestro entorno, con el gravamen de temer que pronto se pueda extender a nosotros y nosotras. El aborto no está contemplado en el país, pero es la única salida que tiene María para conseguir una vida digna y de provecho. Su madre trabaja duro y gana poco, pero lo suficiente para mantenerla y procurarle un futuro mejor, que fácilmente puede malograrse ante una situación como la sobrevenida. Son pocos pero muy contundentes los detalles que nos llevan a experimentar esa sororidad señalada entre madre e hija, luego con otras mujeres, frente a la supremacía del hombre, menos vulnerable al brazo de la ley.

Saleh-Haroun, siempre sensible a los problemas de sus compatriotas, ya sea desde su país de origen o en la Francia de adopción, con películas como Estación seca, Un hombre que grita o Une saison en France, vistas en circuitos marginales o festivaleros, no busca el impacto ni el tremendismo, sino una narración sencilla y precisa que somete a sus personajes a un análisis certero de sus traumas y motivaciones, a través de miradas y pequeños gesto. Mientras, el entorno se antoja siempre luminoso y lleno de color, tanto como el que expide su carismática y étnica banda sonora.

domingo, 10 de julio de 2022

MALI TWIST Pasternak en África

Título original: Twist à Bamako
Francia-Canadá-Senegal-Mali 2021 125 min.
Guion y dirección
Robert Guédiguian Fotografía Pierre Milton Música Olivier Alary Intérpretes Stéphane Bak, Alice Da Luz, Saabo Balde, Bakary Diombera, Ahmed Dramé, Diouc Koma, Miveck Packa, Issaka Sawadogo Estreno en el Festival de Valladolid 25 octubre 2021; en Francia 5 enero 2022; en España 8 julio 2022

A pesar de su veteranía, Guédiguian permanece incombustible no solo como cineasta sino como cronista del mundo en el que vivimos, y muy especialmente sus defectos e injusticias. En esta ocasión abandona su Marsella habitual para contarnos una historia de post colonialismo y utopía socialista. Su nuevo trabajo, después del éxito cosechado por Gloria Mundi y La casa junto al mar en los circuitos minoritarios habituales, esos al que su cine de concienciación apenas puede alcanzar porque está ya poblado por gente bastante concienciada, se centra en la devastación política y social que dejamos los países que consideramos civilizados y avanzados en aquellos otros que dominamos sin pudor ni humanidad durante siglos, sea en África o en América.

Aquí se trata de Mali poco después de alcanzar la independencia junto a Senegal, otro de los países que coproducen esta película netamente francesa. Años de ilusión y revolución que los más jóvenes se empeñaron en reconstruir a partir de un concepto de la igualdad y la justicia aparentemente inquebrantable, pero que chocaron con los intereses ya creados, impuestos tanto por esa dominación colonial como por ese régimen de castas que predominaba en el corazón de estas civilizaciones ancestrales y que nadie se atrevió ni interesó en cambiar durante siglos de historia. En ese contexto Guédiguian imagina un relato de amor que nos retrotrae, aunque pueda parecer ridículo, al Doctor Zhivago de David Lean, sea quizás por la influencia del nombre de su protagonista femenina, Lara. Al igual que ellos, los protagonistas de esta historia se ven condicionados por una revolución social fuertemente ideológica y peligrosamente radicalizada tras unos primeros intentos de utópica felicidad, y también como ellos sufren el estigma de unos lazos sentimentales generados más por las convenciones del momento que por la llamada del corazón.

En este contexto Guédiguian intenta depurar sus habituales toscas formas pero solo lo consigue parcialmente. Su tendencia a subrayar el discurso político domina sobre el resto, lo que quita emoción al conjunto pero afianza su intención divulgadora y poderosa llamada de atención sobre la virulencia que todavía, o incluso más, se cierne sobre nuestras cabezas, nunca demasiado proclives a comprender el sufrimiento ajeno y hacerlo propio para avanzar en un concepto de justicia social más sólido y perdurable. El twist importado de Norteamérica del título, al que se aferran sus sufridos protagonistas, da buena muestra de la posible combinación de lo mejor de ambos mundos, socialismo y capitalismo, al que podrían confiarse nuestros esfuerzos para construir un hábitat mejor.

BENEDICTION Un alegato doloroso y exquisito

Reino Unido 2021 137 min.
Guion y dirección
Terence Davies Fotografía Nicola Daley Música Benjamin Woodgates Intérpretes Jack Lowden, Peter Capaldi, Kate Phillips, Gemma Jones, Calam Lynch, Anton Lesser, Simon Russell Beale, Jeremy Irvine, Tom Blyth, Ben Daniels, Geraldine James, Julian Sands, Lia Williams, Joanne Bacon, Suzanne Bertish, Matthew Tennyson, Richard Goulding Estreno en el Festival de Toronto 12 septiembre 2021; en España 8 julio 2022

Terence Davis es por derecho propio el último de los grandes clásicos del cine británico. Apenas un puñado de películas a lo largo de casi cinco décadas le han encumbrado con justicia a ese podio del que esta su última película no es sino una demostración más de su exquisito talento. Resulta difícil, por no decir imposible, sintetizar en apenas un par de párrafos toda la profundidad emocional, la sensibilidad y el torrente de sensaciones que emanan de esta excepcional película. Como en su anterior film, Historia de una pasión, Davies fija su atención en la turbadora, atormentada y controvertida personalidad de un talento de la literatura. En aquella ocasión fue la poetisa norteamericana del siglo XIX Emily Dickinson, y ahora le toca el turno a Siegfried Sassoon. Se estrena esta suerte de biopic del poeta inglés en un momento muy oportuno, cuando un año más celebramos la todavía necesaria manifestación global por los derechos de las personas que aman y viven de forma distinta pero nunca agresiva, y cuando la clase política y los medios de comunicación se han unido para tildar de éxito rotundo la última cumbre de la OTAN, que no ha hecho sino potenciar la eterna tendencia del mundo, combatir, agredir, conquistar y, en definitiva, hacer la guerra. Podría decirse que de esta forma lo que Terence Davies está reivindicando es aquel antiguo lema hippy que rezaba Haz el amor y no la guerra. Quedan así bien hilvanadas y expuestas las dos premisas que empujan a seguir con interés prácticamente desde el minuto cero esta maravillosa película, la crítica a la guerra que la enmarcan y la vida sentimental al margen de las convenciones que ocupa su desarrollo central.

Sassoon fue héroe en la Primera Guerra Mundial, pero también fuertemente crítico con esta y cualquier otra guerra, centrando su trabajo posterior a su intervención en el conflicto en los horrores injustificados que provoca. Cuenta Davies para ello con numerosas fuentes, empezando por los poemas antibélicos del propio Sassoon, la novela Regeneration de Pat Barker, que narra la estancia del protagonista en un hospital militar especializado en pacientes con problemas emocionales, donde conoció al también poeta Wilfred Owen, cuyo trabajo Disabled tanto influyó en su propio via crucis emocional durante toda su vida, y al doctor Rivers, cuyas visitas terapéuticas le abrieron ese necesario horizonte emocional que no encontró en su propia familia. Not about Heroes, la obra de Stephen MacDonald que narra la relación entre Sassoon y Owen, así como la Trilogía de Sherston, trabajo autobiográfico del homenajeado, cerrarían ese círculo de fuentes que bien habrá podido utilizar el director de Voces distantes para generar su portentoso guion galardonado en el Festival de San Sebastián, un trabajo meticuloso y exquisito que recrea el gusto nada disimulado por lo estrictamente literario, y que sin embargo milagrosamente no cae jamás en la impostura, a pesar de que todos los episodios son recreados además con una atmósfera casi onírica, incluyendo un uso de llamativos recursos técnicos, que podría haber perjudicado la fuerza de la película como imponente alegato por la paz y el amor en todas sus vertientes. Solo con un talento descomunal detrás podría conseguirse un resultado tan brillante y a la vez estimulante.

Hace falta también la implicación de un equipo técnico y artístico convencido e involucrado para llevar la empresa a buen puerto, y Davies lo ha conseguido con actores y actrices de primer orden, empezando por Jack Lowden, que tras dos horas y cuarto de presencia casi permanente, cierra su interpretación con un plano medio de rotunda catarsis emocional, apoyado en la desesperada y casi mística Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis de Vaughan-Williams. Siguiendo por antológicas recreaciones de personajes reales de la crónica social del momento, fundamentalmente el primer cuarto de siglo XX, como el actor, compositor y comediante Ivor Novello, al que presta su imponente físico y magistral interpretación Jeremy Irvine (Caballo de batalla), después de que otro Jeremy, Northam, le diera vida en Gosford Park hace veinte años. Cabe reprochar a la película un, no sabemos si deliberado, descuido por el paso del tiempo, que hace que el aspecto de los personajes no haya cambiado a lo largo de veinte años, cuando las referencias a Gershwin o a las Juventudes Hitlerianas nos sacan un poco de juego. Davies se permite también alguna licencia, como mantener vivo el matrimonio de Sassoon con la artista Esther Gatty, impuesto por esas mismas convenciones, cuando ya hacía tiempo que se habían divorciado, nada más terminar la Segunda Guerra Mundial. El uso de la música, por cierto, sigue siendo una constante en el cine del realizador británico, con episodios dedicados por entero a recrear un número musical (el Typically British de Stop the World, I Want to Get Off, de Bricusse y Newley), las canciones de Novello o algún coral militar.

La bendición del título hace referencia a esa incesante búsqueda que hace el protagonista de la redención en la habitualmente corrupta Iglesia Católica, igual que millones de personas que a lo largo de sus desdichadas vidas no encontraron consuelo por lo que consideraban vidas proscritas, disolutas y al margen de las convenciones políticas y sociales. Un camino de aventuras, en el campo de batalla, en la cama y en los salones de la alta sociedad y la bohemia londinense, y desventuras, en la muerte de miles de soldados inocentes, algunos de ellos amigos íntimos del poeta, que dieron su vida en la creencia de estar sirviendo a la patria, en una guerra de defensa y de liberación, propiciada por la propaganda patriótica que el poeta intentó desmentir a lo largo de su vida, y que en sus propias palabras devino en guerra de agresión y conquista, como ocurre siempre. Y eso que entonces se moría en el campo de batalla, no en zonas residenciales, centros comerciales, misiones humanitarias y aldeas como mueren hoy quienes se sacrifican por la conservación de ese orden mundial programado por unos pocos, los de siempre, y que los demás nos empeñamos en considerar como el único posible y viable.

Estreno en salas de MONEYBOYS

Reseña de la película, estrenada en el Festival Andalesgai en abril 2022
Estreno en salas 8 de julio de 2022

viernes, 8 de julio de 2022

MARÍAS Y GARRIDO DESEMPOLVAN A ABEL

XXIII Noches en los Jardines del Real Alcázar. Alejandro Marías, viola da gamba. Pablo Garrido, violonchelo barroco. Programa: Dúos para viola da gamba y violonchelo en Re mayor A3:1 y 2, y en Sol mayor A3:3 y 4, Duetto en Sol mayor A3:5A, y Sonata para viola da gamba y bajo en Fa mayor A2:7O, de Carl Friedrich Abel. Jueves 7 de julio de 2022

Foto: Actidea

Aunque fue un compositor muy prolífico y admirado en su tiempo, especialmente en Londres, donde residió desde los treinta y seis años hasta su muerte en 1787, víctima del alcoholismo, Carl Friedrich Abel es hoy prácticamente un desconocido, al menos para el gran público, y eso que dejó una buena cantidad de piezas para uno de los instrumentos que más auge ha tenido en los últimos tiempos, la viola da gamba, con la particularidad además de que mantuvo su fidelidad y compromiso con ella incluso cuando ya hacía tiempo que había sido desplazada por el violonchelo. Con ambos instrumentos sobre el escenario, Pablo Garrido y Alejandro Marías, cabeza visible del conjunto La Spagna al que venían representando, desgranaron varias de estas insólitas piezas concebidas para ambos instrumentos al unísono, especialmente los cuatro dúos que Abel compuso para la Condesa de Pembroke, violagambista, y su marido chelista, que forman parte de la conocida como Segunda Colección Pembroke. Algo así como la antigua y la nueva práctica unidas para dejar así constancia de sus diferencias y semejanzas de timbre, técnica y estética, y que sin embargo tan bien casan, con resultados altamente estimulantes, como se pudo comprobar en esta ocasión única y prácticamente irrepetible.

Es ahí donde residió el principal atractivo de un concierto que sirvió para desempolvar el trabajo de un autor todavía bastante desconocido y muy poco transitado, que estuvo muy marcado por su aprendizaje junto a Johann Sebastian Bach y su amistad con uno de sus hijos, Johann Christian. Precisamente con una obra para viola da gamba de estética fugada indiscutiblemente inspirada en el maestro de Leipzig, arrancó el recital de la mano de Marías, que inmediatamente aclaró que tanto él como su compañero dominan ambas disciplinas, a pesar de lo cual tuvimos que esperar a la propina para disfrutar de los roles intercambiados. El magisterio de Marías al violonchelo lo conocemos de sobra por las veces que ha actuado en la ciudad, especialmente como integrante del Cuarteto Francisco de Goya, aunque también su trabajo como violagambista es aquí de sobras conocido. Sin embargo el de Garrido se mantenía prácticamente inédito entre nosotros. Quizás porque las inclemencias del tiempo, y ayer regresó el temido calor, afectan considerablemente a instrumentos como el violonchelo barroco que utilizó el músico madrileño, su participación no brilló con la misma intensidad que la de su compañero. Abundó la falta de afinación y las salidas de tono, si bien mantuvo una muy apropiada musculatura y supo dialogar fluidamente con Marías, fundamental para llevar a buen puerto el programa propuesto.

A partir de ahí los cuatro dúos de la Colección Pembroke discurrieron con gracia y ese punto amable que el compositor alemán supo dar a sus composiciones, sin grandes alardes ni pretensiones, con la única intención de desplegar melodías cálidas y danzables, con un ojo puesto en el Barroco que se quedaba atrás y otro en el Clasicismo, entre la herencia francesa y la premonición germana. En este sentido el concierto discurrió con un alto grado de interés y unas competentes prestaciones de sus intérpretes. En la Sonata para viola da gamba y bajo, resuelto para la ocasión con el violonchelo, Marías tuvo que mantener naturalmente la voz dominante, evidenciando entonces algunas estridencias sin demasiada importancia, mientras Garrido acompañó con mucho cuerpo y buena voluntad. Cuando en la propina repitieron uno de los maravillosos adagios programados, cambiaron sus roles, evidenciando que en el violonchelo el trabajo de Marías es superior, mientras a la viola da gamba Garrido se muestra tan competente como su compañero.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 3 de julio de 2022

BRISAS DE VERANO CON MARTOS Y SOTELO

XXIII Noches en los Jardines del Real Alcázar. Alberto Martos, violonchelo. Myriam Sotelo, piano. Programa: Sonata para violín y piano en La mayor, de César Franck (arr. Jules Delsart); Sonata en La mayor para violín y piano Op. 100, de Brahms (arr. Alberto Martos). Sábado 2 de julio de 2022

Foto: Actidea

Hace una semana arrancaron las Noches del Alcázar, que tanto socorren de la ausencia de buena música a las noches estivales en la ciudad. Siempre atentos a las efemérides más destacadas del año, en esta ocasión hay ciclos dedicados al ochocientos aniversario del nacimiento de Alfonso X el Sabio, que celebrábamos el pasado noviembre, el trescientos cumpleaños del compositor barroco mallorquín Francisco Guerau, el ciento cincuenta de Scriabin, el centenario del inimitable contrabajista de jazz Charles Mingus, y el bicentenario de César Franck. A Scriabin y Franck ya dedicó el pasado miércoles un concierto el pianista italiano afincado en Sevilla Tommaso Cogato, y ahora son los granadinos Alberto Martos y Myriam Sotelo quienes rindieron tributo al autor belga, maridando su Sonata para violín y piano con otra compuesta el mismo año de 1886, también en verano, celebrando las excelencias de la estación del sosiego y el descanso por antonomasia, y en la misma tonalidad de La mayor. Nos referimos a la obra maestra absoluta Op. 100 de Johannes Brahms. Evidentemente se ofrecieron en oportunos arreglos para violonchelo, una práctica habitual, la de la transcripción, en estas refrescantes noches en los Jardines del Real Alcázar de Sevilla.

Desde nuestra posición no pudimos ver en ningún momento a la pianista, ni seguir sus gestos ni juegos de manos, por lo que tuvimos que conformarnos con escucharla para apreciar sus evidentes virtudes, lo que añadiendo la necesaria amplificación acabó resultando como si estuviésemos ante un violonchelista acompañado por una grabación. En parte la responsabilidad fue de la ubicación del solista, demasiado cerca de la pianista, lo que debió repercutir en la visión de prácticamente todo el flanco derecho de la platea. De cualquier forma atesoramos criterios suficientes para poder apreciar el talento de ambos intérpretes. A Martos le acredita, entre otros méritos, haber participado en alguna que otra edición de la Orquesta del Diván junto a Daniel Barenboim. Su autoridad al violonchelo está fuera de toda duda, y se corroboró con unas prestaciones excelentes frente al instrumento, del que supo extraer no solo virtuosismo sino también un sonido homogéneo, aterciopelado y sin estridencias, acompañado de una expresividad poética de alto alcance.

Sonatas de verano

De la sonata de Franck, en el recurrente arreglo de Jules Delsart, Martos ofreció una versión musculosa y profundamente melódica, dejando aflorar sus innumerables ideas con naturalidad y un trabajo armónico y contrapuntístico de impresionante ingenio y calado emocional. De la serenidad del allegro inicial pasó sin esfuerzo visible a la pasión palpitante y trágica inquietud del segundo movimiento y el libre desarrollo del recitativo fantasía, para desembocar en un brillante rondó final, de nuevo inquieto y apasionado, con la complicidad absoluta de Sotelo, entregada en alma con todo tipo de recursos a un piano pulsado con destreza y seguridad, a menudo a fuerza de toques tan efectivos como elocuentes. Sotelo y Martos exhibieron un equilibrio perfecto a lo largo de toda la pieza, aprovechando sus momentos de lucimiento sin hacerlo a expensas uno de la otra. Martos sacó mejor partido a las frases largas y generosas de la partitura que a las más alambicadas, objeto de un virtuosismo que exhala mejor con el instrumento agudo que con este más grave.

Que Brahms desechara a lo largo de su carrera tantas sonatas para violín y piano y solo se quedara al final con tres, da buena muestra de la excelsa calidad que perseguía con el género, lo que se traduce en tres obras maestras absolutas, de las que la segunda, el opus 100, es la más lírica y luminosa. La serenidad que debió experimentar a orillas del lago Thun, en Suiza, se tradujo perfectamente en una interpretación henchida de lirismo y emotividad, aunque por el camino la primorosa transcripción del propio violonchelista granadino se dejara por el camino parte de su encanto alegre y desenfadado, dado el mayor grado de musculatura y sobriedad del instrumento. Es lo que ocurre con las transcripciones, que desvirtúan aunque sea parcialmente la intención del compositor, si bien en este tipo de manifestaciones lúdicas lo que prima es la conexión con el público y la satisfacción del intérprete, aunque el primero no supiera reprimir su tendencia y atrevimiento a aplaudir entre movimientos, rompiendo la unidad de la pieza, lo que en el caso de Franck, dado su carácter eminentemente cíclico, revistió especial gravedad. Martos se plegó a todas las inflexiones expresivas de una página que deambula entre la pasión exacerbada y una poética serenidad que se manifiesta principalmente en el andante central, mientras su arco exhibió ternura y cierta melancolía en un allegretto grazioso final que Sotelo acompañó con idéntica complicidad y precisión con que lo hizo en la pieza anterior del homenajeado de la noche.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 2 de julio de 2022

MAMÁ NO EN-REDES Lo opuesto a lo natural

España 2022 112 min.
Dirección
Daniela Féjerman Guion Daniela Féjerman y Marcos Mas Fotografía Juan Carlos Gómez Música Vanessa Garde Intérpretes Malena Alterio, Eva Ugarte, Antonio Pagudo, Sofía Oria, Óscar Ortuño, Juan Grandinetti, Ben Temple, Antonio Garrido, María Castro Estreno 1 julio 2022

Antes junto a Inés París con comedias como A mi madre le gustan las mujeres y Semen, una historia de amor, después con Ángeles González-Sinde (7 minutos) y próximamente con Elvira Lindo (Alguien que cuide de mí), la argentina afincada en nuestro país Daniela Féjerman ha intentado sin éxito hacer un cine que trate temas trascendentales para el feminismo con la ligereza y la facilidad que proporciona la comedia. Solo con La adopción, ya en solitario, ha sucumbido al drama, y también en solitario ha probado suerte de nuevo con esta desafortunada película.

Una mujer divorciada en edad madura descubre las bondades de las aplicaciones para citas, mayoritariamente de búsqueda de encuentros sexuales. Al descubrirla, su hijo intenta, con la complicidad de una hermana no precisamente dispuesta a ello, boicotear los escarceos amorosos de su madre. Se trata como puede observarse de tratar la liberación sexual de la mujer, ridiculizar al hombre y la herencia del patriarcado, y demostrar que las mujeres, como hasta ahora los hombres, también pueden gozar de nuevas oportunidades en edad madura y con chicos más jóvenes. Todo está muy bien, pero tan mal llevado a la pantalla, con un guion tan ridículo, en el que interviene el cómico Marcos Mas, que hace un cameo en la cinta interpretando a un monologuista, y una puesta en escena pretenciosa y presuntamente sofisticada, pero tan plana y artificiosa que no hay nada ni nadie que salve el engendro.

Todo huele a impostado, desde los coloristas decorados a las situaciones presuntamente incómodas que propone, la pegajosa e inoportuna música, y un reparto que, empezando por su sufrida protagonista, no parece creerse nada de lo que ofrece el conjunto. Solo su título parece encerrar cierto ingenio, del que la película carece por completo, sin que nada esté justificado ni sea mínimamente convincente, incluidos unos estereotipos que solo por echar mano de ellos su directora ya demuestra lo incoherente que acaba siendo su lánguida y mortecina película. Si tuviéramos que puntuarla no dudaríamos en otorgarle un punto negro.

Estreno en salas de LA ISLA DE BERGMAN

Reseña de la película, estrenada en el Festival de Cine Europeo de Sevilla 2021
Estreno en salas 1 julio 2022

viernes, 1 de julio de 2022

LUCÍA CAIHUELA Y LA BARROCA HACEN LOS DEBERES

Concierto de clausura del curso 21/22 de la Universidad de Sevilla. Orquesta Barroca de Sevilla. Lucía Caihuela, mezzosoprano. Eyal Streett, fagot. Adrián Linares, concertino. Programa: Arias de “Amor aumenta el valor”, de José de Nebra; Concierto III en Mi bemol mayor para cuerdas y continuo, de Francesco Durante; Cantata “Bosques umbrosos”, de José de Torres Martínez Bravo; Concierto para fagot en La menor RV 499, de Vivaldi; Scherza infida, de “Ariodante”, y Sorge nell’alma, de “Imeneo”, de Haendel. Auditorio del ETS de Ingeniería, jueves 30 de junio de 2022


Nos hemos hecho eco otras veces en estas mismas páginas de la necesidad y la conveniencia de que las instituciones culturales de esta ciudad colaboren para apoyarse entre sí y ofrecer lo mejor de sí mismas. La Universidad de Sevilla ha ido apostando a lo largo de este siglo por nuestras orquestas, fundamentalmente la Sinfónica, que tantas veces se ha encargado de abrir y cerrar el curso académico. Pero también ha contado con su propia orquesta, la juvenil Sinfónica Conjunta, y este año le ha puesto los deberes a la Barroca, uno de nuestros más ilustres y reconocidos buques insignia. Junto a esta infatigable y siempre apasionada formación, la ocasión ha servido para conocer a la joven mezzosoprano madrileña Lucía Caihuela y disfrutar del buen hacer y el entusiasmo del también joven violinista canario Adrián Linares ejerciendo como concertino en un programa que combinó con desigual fortuna la música fundamentalmente italianizante que se compuso en nuestro país en el siglo XVIII, y sus ilustres referentes europeos. Para completar la propuesta, el excelente fagotista Eyal Streett embelesó con su participación en uno de los conciertos que Vivaldi compuso para el instrumento.

Ya nos cayó especialmente simpática Lucía Caihuela al leer en su amable biografía que cultivó la pasión por la música y el canto escuchando y entonando una y otra vez las bandas sonoras de Sonrisas y lágrimas y West Side Story cuando era niña. Posee una voz de hermoso timbre, profundo y aterciopelado como demanda su tesitura, y un desparpajo y una gracia a la hora de interpretar fuera de toda discusión. Necesita sin embargo trabajar más la apoyatura y las inflexiones de la voz, a la vez que se queda algo corta en proyección. De esta forma su voz se ahoga puntualmente con las intervenciones de la orquesta, mientras pierde fuelle en las zonas más graves de su rango. Nada de eso impidió que acertara en el tono con el que abordó dos de las arias que José de Nebra compuso para el primer acto de la ópera Amor aumenta el valor, la primera como un lamento de tono patético muy influida por las corrientes italianas imperantes en la época, perfectamente resuelta a nivel expresivo, y la segunda con un mayor protagonismo del folclore español, más desenvuelta y dicharachera. De él sería también la primera de las propinas ofrecidas, unas Seguidillas y fandango de la zarzuela Viento es la dicha de amor, con participación de la violinista Raquel Batalloso tocando las castañuelas muy en estilo. Para la cantata de José de Torres Bosques umbrosos, testigo del afán modernizador del autor al incorporar las corrientes italianas a la música española, y que como Nebra aparcó la música sacra y litúrgica para dedicarse también con ahínco a la profana, Caihuela contó con el acompañamiento del conjunto en formato camerístico. La pieza atesora un estilo muy dramático y austero al que la mezzo se adaptó con acierto, más en el aspecto puramente expresivo que con respecto a técnica y emisión. La excelencia es un grado y con Haendel sus cualidades lucieron mejor, alcanzando en la sobrecogedora Scherza infida de Ariodante cotas mayores, y en Sorge nell’alma de Imeneo unas mejores prestaciones en agilidades. También el célebre Ombra mai fu de Serse como propina final, se perfiló entre lo mejor de la propuesta.


Linares logró como concertino una correcta intervención de la orquesta, no quizás entre sus actuaciones más memorables, pero siempre dentro de esa dignidad que le caracteriza. Arropó a Caihuela con aplomo y buen gusto, pero hubo algún desajuste en el concierto de Durante, bisagra entre la escuela napolitana que él mismo ayudó a fundar y la más asentada veneciana que incorpora en sus conciertos. Así, quedaron algo desdibujados los elocuentes diálogos entre violines y violas del largo staccato, seguidas de continuo por la cuerda más grave, si bien Mercedes Ruiz y Ventura Rico destacaron en sus diabólicos agitados del original final. En el concierto de Vivaldi, todo un dechado de creatividad y virtuosismo, destacó la intervención como solista de Eyal Streett, que como otras veces nos deleitó con su dominio del fagot, ese fraseo elocuente y fluido que posee y el punto jocoso y cómico que tan bien resolvió cuando la partitura lo exigía. Con el Auditorio de Ingenieros completamente abarrotado y el público visiblemente satisfecho, los y las integrantes de nuestra querida Barroca pudieron por fin coger las tan ansiadas vacaciones; imaginamos que también el personal académico y administrativo de la Universidad de Sevilla.

Fotos: Luis Ollero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía