miércoles, 12 de diciembre de 2018

EL REGRESO DE BEN "Blanca" Navidad

Título original: Ben Is Back
USA 2018 98 min.
Guión y dirección Peter Hedges Fotografía Stuart Dryburgh Música Dickon Hinchliffe Intérpretes Julia Roberts, Lucas Hedges, Courtney B. Vance, Kathryn Newton, Rachel Bay Jones, David Zaldívar, Alexandra Park, Michael Esper, Tim Guinee Estreno en el festival de Toronto 8 septiembre 2018; en España 5 diciembre 2018; en Estados Unidos 7 diciembre 2018

La familia, directa o indirectamente, es una constante en el cine de Peter Hedges, ya sea como guionista (¿A quién ama Gilbert Grape?, basada en su propia novela, Un niño grande, Mi mapa del mundo) o como director (Como la vida misma o la edulcorada e infantil La extraña vida de Timothy Green). Por eso no extraña que fuera él quien confiara en su hijo Lucas cuando debutó en esa deliciosa comedia protagonizada por Steve Carell y Juliette Binoche, a partir de la cual su carrera ha ido creciendo como la espuma en cintas como Manchester frente al mar, Ladybird y la consagración definitiva con Identidad borrada y esta película. Julia Roberts es una convincente y luminosa madre coraje que se enfrenta a la drogodependencia de su hijo cuando éste aparece en vísperas de Navidad tras un tiempo en un centro de rehabilitación. Lo que en principio se muestra como un eficaz duelo interpretativo y un emotivo drama intimista, con el siempre eficiente marco de las fiestas navideñas como recurso dramático, se convierte en su segunda mitad en un disparatado thriller en el que la casualidad y la impostura toman las riendas de un trabajo que de esta manera se erige en todo un tratado de lo que no se debe hacer en el cine para no tomar el pelo al espectador. A partir de entonces sólo el trabajo interpretativo de sus dos protagonistas, y especialmente una Julia Roberts que haga lo que haga siempre justifica el precio de la entrada, merece destacarse, mientras el resto deviene en una vorágine de disparates merced a un guión que, como su protagonista, va dando tumbos sin ton ni son, desbocado sin control ni medida, con un manejo nefasto de los tiempos y los escenarios. Si su guionista y director se hubiera esforzado un poco para proponer otro giro más convincente que hiciera navegar con más naturalidad lo esencial del film, que es retratar el amor incondicional de una madre cuando todo parece perdido, quizás no estaríamos hablando de un film decididamente malogrado.

BLACK PANTHER El rey pantera

USA 2018 134 min.
Dirección Ryan Coogler Guión Joe Robert Cole y Ryan Coogler, según el cómic de Jack Kirby y Stan Lee Fotografía Rachel Morrison Música Ludwig Göransson Intérpretes Chadwick Boseman, Michael B. Jordan, Lupita Nyong’o, Danai Gurita, Martin Freeman, Angela Bassett, Forest Whitaker, Andy Serkis, Winston Duke, Daniel Kaluuya Estreno en España y Estados Unidos 16 febrero 2018

Los crecientes reconocimientos que está obteniendo esta cinta de Marvel estrenada en febrero pasado, ha propiciado que la recuperemos para constatar cuáles puedan ser sus celebradas virtudes. Nos encontramos ante una película por supuesto espectacular, cuidada en todos sus detalles y que denota pericia e ingenio en su puesta en escena y dirección, a cargo de quien resucitó a Rocky en clave Black Power en Creed. Denotamos también que se trata de uno de los títulos más ambiciosos en relación a mensaje y contenido moral o ético de cuantas se han estrenado de la famosa productora, engullida por Disney y derivada de los míticos cómics. En Pantera Negra nos encontramos con un superhéroe de raza negra cuyos orígenes no están en otra galaxia sino en este mismo planeta, una suerte de El Dorado en plena selva centroafricana, que reivindica la fuerza y la autenticidad de su raza, y que se debate entre preservar el secreto de su próspera y ultra tecnificada nación o compartirlo con el resto del Mundo con el fin de acabar con el racismo y la opresión de los suyos en países como Estados Unidos, al que sus protagonistas desprecian continuamente en uno de esos guiños inútiles a los que nos tienen acostumbrados los americanos. Sin embargo, por encima de sus loables intenciones sobrevuela un hedor rancio y manipulador que convierte la monarquía en derecho legítimo y apuesta por dinastías para regir el Mundo. Ya tenemos aquí al Rey León otra vez, doctrina Disney para adocenar a impávidos espectadores, confundidos entre dogmas y leyes que perpetúan el antiguo régimen y convierten la sociedad en súbditos o sometidos y regentes o dominadores. La hipocresía está por lo tanto servida, incluso en el protagonismo de mujeres guerreras y decididas, pero siempre a la sombra del hombre, esta vez negro pero repitiendo esquemas de blanco. Por supuesto que muy bien en el apartado técnico y artístico, también a nivel narrativo la cosa funciona, combinando Príncipe de Zamunda con James Bond y todo el imaginario de súperhéroes al que estamos tan acostumbrados, aunque esta vez entretenga más que la media.

martes, 11 de diciembre de 2018

KURSK Rutinaria pero necesaria revisión de una tragedia impresentable

Bélgica-Luxemburgo 2018 117 min.
Dirección Thomas Vinterberg Guión Robert Rodat Fotografía Anthony Dod Mantle Música Alexandre Desplat Intérpretes Matthias Schoenaerts, Léa Seydoux, Colin Firth, Max Von Sydow, Michael Nyqvist, Peter Simonischek, Martin Brambach, Guido De Craene, Geoffrey Newland, August Diehl Estreno en el Festival de Toronto 6 septiembre 2018; en Bélgica 7 noviembre 2018; en España 5 diciembre 2018

Si hiciéramos un ciclo completo de películas ambientadas en un submarino no saldrían muchas, y la mayoría estarían relacionadas con amenazas nucleares. El diablo de aguas turbias, Operación Pacífico, Alerta roja: Neptuno hundido, El submarino, La caza del Octubre Rojo, K19 y Marea Roja, a falta de otros títulos que se nos escapen, conformarían este breve ciclo, al que ahora se suma Kursk, una muy bien intencionada producción europea que recrea el desafortunado naufragio del submarino nuclear ruso del mismo nombre y la criminal gestión de salvamento que acabó en tragedia. Ocurrió en el año 2000 y pasaron hasta diez días sin que el gobierno ruso fuera capaz de asistir a los supervivientes de una explosión consecuencia del mal estado de los torpedos almacenados en su interior y la alta temperatura a bordo; y lo que es peor, sin que aceptaran ayuda internacional por arrogancia y prepotencia, a pesar de que varios dispositivos británicos y suecos estaban alerta. Un penoso episodio de la historia reciente de un país que se resiste a abandonar la dudosa gloria del pasado, perpetuando de forma encubierta una especie de guerra fría que la mantenga en la cúspide del poder mundial. Hace bien el cine en recordarnos casos como éste, denunciarlos e intentar impedir a través de la memoria que se repitan. Con Luc Besson en la producción el film cuenta con la profesionalidad de Thomas Vinterberg, uno de los principales valedores del fenecido Dogma escandinavo, con la excelente Celebración a la cabeza, y realizador de films a veces tan efectistas como La caza. No es efectismo precisamente lo que caracteriza esta honesta y necesaria película, sin embargo se echa en falta algo más de temperamento en una cinta que se antoja algo fría, aunque no tanto como las aguas del Mar de Barents, en el Oceáno Ártico, en el que se hundió el submarino y con él toda su tripulación. Con un esquema que parece repetir el de El cazador de Michael Cimino, mostrándonos en un principio la amistad de los hombres que partirán hacia el destino fatal, en la boda de uno de ellos, a través de lo cual conocemos a sus familias, protagonistas más tarde del drama en su vertiente seca. Un reparto internacional permite que el inglés en que está rodado acuse los acentos pertinentes para lograr cierta naturalidad, un elemento más de antigua escuela que hace del film un producto académico y clásico en todas sus vertientes, que se ve con interés didáctico aunque echando de menos más emoción y calidez.

SUSPIRIA Tema con desarrollo y variaciones

Italia-USA 2018 152 min.
Dirección Luca Guadagnino Guión David Kajganich, según la película de Dario Argento Fotografía Sayombhu Mukdeeprom Música Thom Yorke Intérpretes Dakota Johnson, Tilda Swinton, Chloë Grace Moretz, Mia Goth, Lutz Ebersdorf, Jessica Harper, Sylvie Testud, Angela Winkler, Malgorzata Bela, Renée Soutendijk, Ingrid Caven, Elena Fokina, Alek Wek, Fabrizia Sacchi Estreno en el Festival de Venecia 1 septiembre 2018; en Estados Unidos 2 noviembre 2018; en España 5 diciembre 2018; en Italia 1 enero 2019

Suspiria es la película más recordada y mítica de Dario Argento, realizador italiano que popularizó lo que en los años setenta se conoció como giallo, un cine de terror al que la industria española tampoco fue ajena. Con una línea argumental básica y una puesta en escena tan sugerente en su día como naif hoy, Argento articulaba una intriga en forma de pesadilla en la que destacaba una dirección artística colorista, una dirección de actrices que ahondaba en la abstracción y una sangre roja intensa que marcaría seña de identidad propia. El director de Yo soy el amor y Call Me by Your Name aborda basándose en este clásico de 1977 su segundo remake, después del que realizara en Cegados por el sol a partir de La piscina de Jacques Deray. Guadagnino parece interesado en esa línea básica y simple para desarrollarla a su manera, despreciando el misterio para centrarse en unas explicaciones que relacionan el aquelarre en el que se centra la trama con la convulsa Europa de la década de los setenta, previa a la caída del muro, posterior al genocidio y contemporánea a la lucha entre palestinos e israelíes por la tierra prometida. El nazismo y el terrorismo de Baader-Meinhof son introducidos por Guadagnino en su particular revisión del film de Argento, procurándole al producto un carácter ambicioso e incluso pretencioso que su simple referente no tenía. Lo bueno es que sus dos horas y media no pesan, mientras prescinde prácticamente de intérpretes masculinos (en el original un jovencísimo Miguel Bosé tenía un papel significativo), lo que explica la sospechosa apariencia del psicoanalista que investiga los sucesos que tienen lugar en la academia de baile de Madame Blanc, a la que da vida una Tilda Swinton que se confirma como musa del realizador y que da vida a varios personajes de forma más que curiosa. Dakota Johnson y el resto de las jóvenes protagonistas cumplen satisfactoriamente, mientras Jessica Harper, la protagonista de la versión original, tiene un corto pero significativo papel. La música, como siempre en este director, tiene también un papel destacado, contando para la ocasión con Thom Yorke, vocalista y guitarrista de Radiohead, que incluso homenajea a la mítica banda sonora de Goblin del original con una pieza, Volk, que las alumnas de Blanc bailan en una importante escena. Pero esta es otra película, basada muy libremente en su referente, casi como unas variaciones sobre la misma, puede que desmedida (la escena final es ciertamente truculenta) y hasta pretenciosa, pero valiosa hasta el punto de que podría también convertirse en película de culto en el futuro.

lunes, 10 de diciembre de 2018

RALPH ROMPE INTERNET Imaginativo juguete sobre la amistad

Título original: Ralph Breaks the Internet
USA 2018 112 min.
Dirección Rich Moore y Phil Johnston Guión Phil Johnston y Pamela Ribon Música Henry Jackman Voces (en versión original) John C. Reilly, Sarah Silverman, Gal Gadot, Taraji P. Henson, Jack McBrayer, Jane Lynch, Alan Tudyk, Alfred Molina Animación Estreno en Estados Unidos 21 noviembre 2018

Tras su éxito con Rompe Ralph y Zootrópolis, Rich Moore repite como director de esta secuela de la primera, a la que se une también como realizador Phil Johnston, que en la anterior participaba como guionista. El resultado es un film disfrutable y entretenido que en lo sustancial no aporta nada nuevo pero en lo formal se erige como una estimulante diversión no exenta de exuberancia imaginativa. La amistad es de nuevo el eje central de las aventuras de este personaje de videojuego, reflejada en su relación con la niña Vanellope, cuya solidez se pondrá en juego cuando se trate de desear antes lo mejor para el semejante que para uno mismo. La trama se desarrolla esta vez en un internet que sirve como escenario distópico en el que el derroche de imaginación de sus creadores nos lleva a presenciar un universo reconocible donde se materializan nuestras horas frente al ordenador de forma didáctica y divertida. En el proceso asistimos al mayor despliegue de publicidad jamás visto en una gran pantalla, a buen seguro patrocinadores de una empresa que así vista debe haber salido muy barata a sus artífices. Pero más allá de ese magnífico despliegue estético y formal no hay mucha novedad que constatar, salvo destacar la incorporación de un carismático personaje femenino, prodigio de diseño artístico y consistente definición psicológica, Shank, a quien pone voz Gal Gadot, Wonder Woman. Destacamos también la divertida secuencia de las princesas Disney, para quienes se ha contado en la medida de lo posible con las voces originales que las inmortalizaron en sus películas, liberadas aquí de su papel de mujeres sometidas incluso a un vestido incómodo.

APUNTES PARA UNA PELÍCULA DE ATRACOS Lecciones marcianas de un vallecano

España 2018 85 min.
Guión y dirección León Siminiani Fotografía Juan Barrero y Giuseppe Truppi Intérpretes León Siminiani, Carlos Iglesias, Ainhoa Ramírez Documental Estreno en el Festival de San Sebastián 21 septiembre 2018; en salas comerciales 5 diciembre 2018

Saludada con éxito en los festivales de San Sebastián y Sevilla, la nueva película del director de Mapa (2012) es una combinación de ficción y documental en la que el propio realizador se mete en la piel de otro director, alter ego, empeñado en hacer una película de atracos con la complicidad de su esposa Ainhoa Ramírez, que firmaba con él su trabajo más aplaudido. Para ello fija su atención en el caso del butronero de las alcantarillas de Madrid, el Flako, también conocido como el Robin Hood de Vallecas. Seminiani propone así lo que debiera ser un viaje fascinante por el cine de atracos, salpicando su obra de secuencias de películas de robos a bancos generalmente españolas, y por el alcantarillado de Madrid, con alguna secuencia realmente claustrofóbica. La empresa se revela sin embargo bastante marciana, simpática a ratos, insufrible otros. Su montaje destila algún momento brillante aislado, pero en general el artificio se resuelve de manera reiterativa e incluso rutinaria. A la postre parece que lo que más interese a su realizador es plasmar el proceso de gestación y alumbramiento de su hija, algo así como un homenaje a su paternidad, que luego celebrará junto a la del propio atracador, retratado como un hombre muy particular, dedicado a una de las labores más antiguas e imperecederas que se conocen. Sobra reconocer en este trabajo una reivindicación del ladrón de toda la vida frente a ese que mete sus manos dulces en el bolsillo de los contribuyentes, que ven cómo sus impuestos son dilapidados en cuentas B y paraísos fiscales. Retrato de un ladrón “honrado”, celebración de paternidad, paseo por Madrid, desde el más elegante del Barrio Salamanca al más popular de Vallecas, y su alcantarillado, denuncia de los pérfidos ladrones de la modernidad... Todo eso en un producto curioso que sin embargo no logra despegar en todo su ingenio y plenitud como desearíamos.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

VIUDAS Atraco de boutique

Título original: Widows
Reino Unido-USA 2018 128 min.
Dirección Steve McQueen Guión Gillian Flynn y Steve McQueen, según los personajes creados por Lynda LaPlante Fotografía Sean Hobbitt Música Hans Zimmer Intérpretes Viola Davis, Michelle Rodríguez, Elizabeth Debicki, Cynthina Erivo, Colin Farrell, Brian Tyree Henry, Daniel Kaluuya, Liam Neeson, Robert Duvall, Garret Dillahunt, Lukas Haas, Jackie Weaver, Carrie Coon, Jon Bernthal, Manuel García-Rulfo, Molly Kunz Estreno en el Festival de Toronto 8 septiembre 2018; en Reino Unido 6 noviembre 2018; en Estados Unidos 16 noviembre 2018; en España 30 noviembre 2018

Tras el éxito cosechado con Shame y Doce años de esclavitud, Steve McQueen se embarca en una particular adaptación de la serie de televisión inglesa de los ochenta Viudas, en la que tres mujeres perdían a sus parejas al abortar el robo que se disponían a perpetrar, y decidían completar la operación para aliviar la penosa situación económica en la que les habían dejado. Con un punto de partida parecido, que no igual, pero con derivas muy diferentes, McQueen ambienta ahora su producción en un Chicago del siglo XXI que parece sacado de las películas de gángsters de los treinta del siglo pasado, donde campa el crimen y la corrupción política, cuando no se dan directamente la mano. El director británico se muestra elegante y sofisticado, como es habitual en él, pero se le va mano en ambición, metiendo en la misma batidora cuestiones tan candentes como la corrupción política, la anestesia que sufre el pueblo afroamericano que sigue confiando en el blanco conservador para solucionar sus problemas antes que en el hermano negro, el racismo policial, el crimen organizado a gran escala... Y la única forma que se le ocurre al director para encumbrar a la mujer y colocarla en una situación de control y dominio es implicándola en situaciones delictivas con las que vengar el abuso del que han sido objeto por parte del hombre, una operación que podríamos definir como feminismo de boutique. Lo peor es que la trama no engancha casi en ningún momento, se muestra artificiosa y forzada y su lujoso embalaje no consigue disimular sus deficiencias, incluso en el apartado sentimental, tan discutible como disparatado. Entre tanta ambición casi nos quedamos con el desenfado de Ocean’s 8, por intrascendente que fuera, pero al menos se tomaba a broma lo que aquí se toma demasiado en serio.

ENTRE DOS AGUAS La vida tatuada

España 2018 136 min.
Dirección Isaki Lacuesta Guión Isa Campo, Isaki Lacuesta y Fran Araujo Fotografía Diego Dussuel Música Raül Refree y Kiko Veneno Intérpretes Israel Gómez Romero, Francisco José Gómez Romero, Óscar Rodríguez, Rocío Rondón, Yolanda Carmona, Lorrein Galea, Manuel González del Tanago Estreno en el Festival de San Sebastián 27 septiembre 2018; en salas comerciales 30 noviembre 2018

El director catalán Isaki Lacuesta recupera con esta cinta el universo que retrató hace doce años en La leyenda del tiempo. Si en aquélla tomaba el título de uno de los temas más reconocibles del mítico cantaor Camarón de la Isla, y convertía a éste en eje al rededor del cual giraban las dos historias que conformaban aquel documental, ahora fija su atención en el legendario título de Paco de Lucía, aunque ni siquiera suena en la banda sonora, para retomar la historia de los dos hermanos gitanos que protagonizaban la primera de las dos historias del film de 2006 (la segunda trataba sobre una joven japonesa que viajaba a San Fernando para aprender a cantar flamenco). Isra y Cheíto son ahora padres de familia, a pesar de su juventud, que han madurado y se llevan mejor ahora, tras haber salido uno de la cárcel (una premonición que ya hacían sus protagonistas en la anterior entrega) y haber cumplido el otro una misión en alta mar como miembro de la armada española (en parte un sueño que ya acariciaba en La leyenda del tiempo). Siguen marcados por una tragedia de infancia relacionada con la pérdida del padre y por extensión de un referente en la vida. De nuevo con hechuras de documental pero esta vez con un hilo argumental más preciso y factible que el que animaba aquella aventura, Lacuesta firma más bien una ficción, como hiciera en sus dos anteriores películas, La próxima piel y Murieron por encima de sus posibilidades, pero la tiñe de tanta verdad que cuesta saber dónde empieza y termina la realidad . Su metraje generoso le permite detenerse en estos personajes que convierte en entrañables, aunque también se convierte en el principal escollo para disfrutar plenamente de la propuesta. La experiencia de ver las dos películas de seguido, aunque en ésta hay continuas citas literales a aquélla, hace que la película gane emocionalmente de manera considerable. Entre sus vivencias destaca especialmente la lucha de Isra por recuperar a su familia después de varios años preso, y toda su experiencia vital tatuada en la piel. La filosofía con la que se toman la vida, cómo la aprovechan a pesar de las dificultades y limitaciones, convierten este viaje en un proceso de aprendizaje, para ellos y para nosotros, haciendo que su visionado se convierta en algo casi mágico y trascendente. A veces no se necesita mucho para ser feliz, parece querer estar diciéndonos el director cuando fija también tanto su atención en uno de los amigos de Isra, que se gana la vida como chatarrero pero logra imitar la buena vida del burgués a fuerza de pequeñas pero valiosas cosas. El paisaje gaditano es tratado con el mismo cariño y cuidado con el que Lacuesta trata a sus personajes, convirtiéndolo en uno más y logrando que sus fotogramas irradien la misma luz y el mismo positivismo que estas tierras que tanto nos emocionan. Todos estos significativos logros le hicieron merecer la Concha de Oro en San Sebastián, siete años después de conseguirla también con la más difícil Los pasos dobles.

martes, 4 de diciembre de 2018

LEO DE MARÍA, UN PIANISTA EXCELENTE Y SIN COMPLEJOS

Ciclo Jóvenes Intérpretes. Leo de María, piano. Programa: Humoreske Op. 20, de Schumann; Vals de Fausto, de Liszt-Gounod; El amor y la muerte (Goyescas), de Granados; La Valse, de Ravel. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, lunes 3 de diciembre de 2018

Suele ocurrir que los artistas invitados por el Maestranza en este ciclo de Jóvenes Intérpretes, que por fin esta temporada vuelve a programar tres conciertos en lugar de dos como venía siendo habitual en los últimos años, preparen su presentación a conciencia, con mucha dedicación y seguro que un buen número de ensayos, hasta el punto de que se traen las partituras aprendidas de memoria. Así ha sucedido con Leo de María, madrileño de origen cubano, que a juzgar por la página web del teatro y el programa de mano ha cambiado su nombre artístico en apenas unos días, de Leonel Morales Herrera a Leo de María, seguramente para prescindir del segundo apellido sin tener que confundirse con su padre, también maestro pianista, o el futbolista boliviano. Sucede además que hay menos público interesado en estos intérpretes aún desconocidos; una lástima porque pierden el enorme placer del descubrimiento y la frescura.

Si además coincide con un período de mucha actividad en el Maestranza, el resultado es un aforo tan desangelado como el de esta ocasión. Eso no pareció afectar al rendimiento del pianista, que con un amplio currículo a sus espaldas se mostró como un fuera de serie, entregándose en cuerpo y alma a un exigente y complicado programa diseñado para demostrar sus virtudes en lo técnico y en lo expresivo, que no fueron pocas. Decidió desgranar el programa en sentido estrictamente cronológico, empezando con la suite Humoreske de Schumann, toda una sucesión de emociones, a veces contrapuestas, en la que el compositor exhibe su frustración ante la negativa de Friedrich Wieck de concederle la mano de su hija Clara, y con la que de María se mostró tan afectuoso, por ejemplo en la hermosa melodía de arranque, como vertiginoso en sus continuas escalas y figuraciones, alternando vivacidad e impetuosidad con lirismo y sensibilidad, y un uso controlado de pedales y suspensiones. El habitual torrente de notas que suelen caracterizar las piezas pianísticas de Liszt se saldó con una versión muy competente, apasionada y dramática del Vals del Fausto de Gounod que Liszt adaptó a partir del final del primer acto y la escena de amor del segundo de la ópera homónima.

Tras una emotiva y atmosférica interpretación del dilatado cuadro goyesco El amor y la muerte de Granados, destilando expresividad y mostrándose muy ensimismado, llegó al final con un sensacional La Valse de Ravel que salvó con una apoteósica grandeza y una digitación precisa y transparente, y en la que supo combinar suntuosidad y grandeza con misterio y decadencia, mostrándose tanto torrencial como sensual y seductor y superando así el fatigoso reto que esta página y todo lo anterior supone. En las propinas incluyó una colorista y muy en estilo Malagueña de Lecuona.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

DURANTE LA TORMENTA Entretenida intriga urdida con ingenio e imaginación

España 2018 128 min.
Dirección Oriol Paulo Guión Oriol Paulo y Laura Sendim Fotografía Xavi Giménez Música Fernando Velázquez Intérpretes Adriana Ugarte, Chino Darín, Álvaro Morte, Javier Gutiérrez, Miquel Fernández, Nora Navas, Julio Bohigas-Couto, Mima Riera, Francesc Orella, Albert Pérez, Clara Segura, Silvia Alonso, Aina Clotet, Ana Wagener, Belén Rueda Estreno 30 noviembre 2018

Con El cuerpo y Contratiempo Oriol Paulo se consolidó como especialista en cine de intriga y ciencia ficción. Pero si aquellas mostraban fuertes limitaciones de guión y puesta en escena, que lastraban considerablemente sus posibilidades, ahora con Durante la tormenta logra un trabajo sólido y envolvente que utiliza con pericia e imaginación el siempre efectivo elemento de la melancolía, la que proporciona recordar la mítica serie de televisión La quinta dimensión, rebautizada como En los límites de la realidad, de la que esta película se erige en competente heredera sin complejos. Lo de menos aquí es la lógica y el rigor de su propuesta argumental, que toma como punto de partida una fecha tan emblemática como el 9 de noviembre de 1989, cuando cayó el muro de Berlín, y que resulta ciertamente cogida con alfileres y con más de un disparate al descubierto para ponerla en escena. Pero Paulo demuestra desde el minuto cero una enorme capacidad para generar intriga y suspense, y a partir de ahí llevarnos por los siempre fascinantes recovecos de la mente humana, dentro de un laberinto que mezcla elementos perceptibles de películas como Poltergeist, Regreso al futuro, La ventana indiscreta y la menos recordada Dos vidas en un instante que protagonizaba Gwyneth Paltrow en 1998. Adriana Ugarte vive con convicción una terrible pesadilla de la que ella con su interpretación y Paulo con su eficiente dirección nos hacen perfectamente partícipes, mientras el resto del reparto cumple con corrección y la participación estelar de Belén Rueda, la musa del género, y Ana Wagner complementa con un toque de distinción. La irrespirable atmósfera que se recrea, los escollos de argumento que consigue salvar, y la vocación de perfecto entretenimiento, logran elevar la cinta por encima de la media, y sirve para corroborar que si el cine americano ya no engendra producciones de este tipo, antes tan frecuentes, bien está que lo intentemos nosotros con resultados tan coyunturales pero a la vez estimulantes como éste. Mención aparte merece su perfecto acabado técnico, que incluye una edición de sonido excelente y una banda sonora que aunque omnipresente ofrece momentos inquietantes.

lunes, 3 de diciembre de 2018

GÉNESIS Gente triste en lugares tristes o bajo el agua

Título original: Genezis
Hungría 2018 120 min.
Guión y dirección Árpád Bogdán Fotografía Tamás Dobos Música Mihály Vig Intérpretes Milán Csordas, Anne Marie Cseh, Eniko Anna Illesi, Lídia Danis, Zsolt Kovács, Levente Molnár, Támas Ravasz, István Szilvási, Szofi Berki, Lukács Dezsö Estreno en el Festival de Berlín (Sección Panorama) 18 febrero 2018; en Hungría 12 abril 2018; en España 30 noviembre 2018

No deja de ser una sorprendente casualidad que esta película llegue a nuestras pantallas justo el fin de semana en el que una fuerza política de extrema derecha se asienta en nuestro país, amenazando con destruir todos los avances sociales y políticos que tanto trabajo ha costado conseguir en cuarenta años de democracia, y convirtiendo definitivamente a Franco en un zombi en toda regla, por mucho que se nos advirtiera. Hungría se ha postulado como uno de los países más reaccionarios e indecentes en los últimos años con motivo de la llegada de refugiados sirios a nuestro privilegiado e intocable continente, que tanta penuria provocó y tanto arrasó en el pasado reciente en todos aquellos países que hoy claman igualdad y justicia. Y ya se sabe que allí donde reina la infamia de la derecha, la izquierda reacciona con el mejor arma que tiene, la cultura. Por eso no es de extrañar que ante tanta alarma social, xenofobia, racismo y fascismo a ultranza como ha surgido en ese país hasta hace poco reprimido por el telón de acero, surja una cinta como ésta en la que tres historias convergen en una misma tragedia, el ataque cobarde contra una familia gitana, que marca a un niño de apenas nueva años, a la novia de uno de los atacantes, traumatizada por un pasado de abusos sexuales, y a la abogada del mismo, a su vez traumatizada por la pérdida de una hija en edad temprana. Personajes tristes en paisajes grises, cuando no sumergidos en la bañera para exorcizar sus traumas, un recurso muy habitual en este tipo de películas seudofilosóficas y de apariencia indie. La simbología y la metáfora está también convenientemente servida a través del amor y el maltrato a los animales, concretamente a los perros. El problema es que su director elige un camino muy trillado en este tipo de propuestas, que no ayuda a empatizar con sus propuestas y obstaculiza considerablemente la comprensión de todo su universo, con lo que al final puede más el ego del creador que la intención de llegar a cuanto más público mejor. Su afán de hacer misterioso lo que debería ser transparente, y su obsesión por hacer que todo sea tremendamente triste, lastran el resultado de un film que debería ser valioso y provocar más de un examen de conciencia. A pesar de todo logró el Premio Especial del Jurado en el Festival Internacional de Sofía y la Luna de Valencia al mejor largometraje en Cinema Jove. Nosotros nos quedamos con la mirada profunda, triste y sincera del niño Milán Csordas como el mejor llamamiento para una movilización general que impida que el fascismo vuelva a arrasar en una Europa que parece sorda, ciega e incapaz de impedir el regreso de una de las experiencias más aterradoras e indignas en la historia del ser humano.

domingo, 2 de diciembre de 2018

LA BELLEZA DE FLORISTÁN, BARRAGÁN E IONITA

Juan Pérez Floristán, piano. Pablo Barragán, clarinete. Andrei Ionita, chelo. Programa: Papillons Op. 2, Romanzen Op. 94 y Fantasiestücke Op. 73, de Schumann; Sonata para clarinete y piano Op. 120 nº 2 y Trío Op. 114, de Brahms. Teatro de la Maestranza, sábado 1 de diciembre de 2018

Según una praxis muy extendida, no está bien visto que quien se encarga de escribir las notas del programa de mano de un concierto, lo que en cierto modo le implica en él, no debe hacer una reseña del mismo. Sin embargo puedo asegurar que me siento completamente libre de prejuicios y compromisos cuando me decido a escribir esta o cualquier otra reseña, y que debido a la excelsitud del caso, no podía dejar la ocasión de compartir mi impresión al respecto. Lo que anoche pudimos experimentar en el Teatro de la Maestranza excede considerablemente nuestras expectativas, y vaya si veníamos avisados ante el excelente sabor de boca que nos habían dejado Barragán y Floristán en tantas ocasiones anteriores en las que hemos podido disfrutar de ellos en su propia tierra. Todo un orgullo por lo tanto que demuestra cuánto talento joven ha emergido en Sevilla desde que por aquí recalan proyectos tan valiosos como los que ofrecen nuestras orquestas, la Universidad o la Fundación Barenboim-Said. Estamos de enhorabuena, sumergidos en un sueño encantador del que imploramos no salir y que el nivel de entusiasmo y excelencia que nos está demostrando esta juventud imparable no decaiga.


Sorprende por ello que entre el público se divise tan poco profesorado de estas instituciones, y aún peor, que con todas las facilidades que ofrece el teatro, no acuda más juventud que curse estudios musicales a estos eventos imprescindibles para su aprendizaje y enriquecimiento. Y ahora personalizo, que es algo que normalmente no me gusta hacer, pero es que recuerdo que siendo yo joven y habiendo desaprovechado la ocasión que me brindaron mis padres de aprender a tocar el piano y la guitarra, mi afición por la música y otras disciplinas artísticas me llevaba a invertir mi paga semanal en entradas para la entonces escasa oferta que teníamos en nuestra ciudad. El profesorado de nuestros conservatorios debería encontrar la manera de motivar más a su alumnado para que no pierdan la ocasión de asistir a eventos tan imprescindibles como el que anoche nos brindaron el pianista sevillano Juan Pérez Floristán y el clarinetista marchenero Pablo Barragán, a los que se unió otro gran amigo, el violonchelista rumano Andrei Ionita.

Aún con la respiración contenida y casi con lágrimas en los ojos, y mientras escucho el excelente registro que han grabado para el sello Ibs Classical, y que contiene las piezas de Brahms que interpretaron anoche, he de reflejar aquí la enorme belleza de la que fuimos testigos en una comparecencia única e irrepetible. Floristán introdujo con gran elocuencia y saludable desparpajo el programa a interpretar, y a partir de ahí se siguió en una primera parte dedicada a Schumann un discurso musical tan coherente como emotivo. El pianista destiló fuerza, empuje y a la vez una enorme delicadeza en su lectura de los muy melódicos y danzables Papillons, y antes de terminar ya se había incorporado Barragán para juntos ofrecer unas Romanzas Op. 94 en las que el clarinete hizo gala de una enorme expresividad, facilidad en el sutil fraseo y generosa cantabilidad. De continuo, mientras abandonaba el escenario se incorporaba Ionita, y con la permanente complicidad de Floristán, destilaron unas Fantasías Op. 73 de calidades liederísticas, expresadas con la misma exquisitez y brillantez que el resto del programa. Las sensaciones se acentuaron aún más con las dos magistrales páginas que interpretaron en la segunda parte, un Brahms con el que celebraban la doble amistad que les une a ellos y a los dos compositores en los atriles. La sedosidad tanto del clarinetista como del chelista, sus transparentes y elocuentes fraseos, así como su generosa flexibilidad, acompañadas de un siempre preciso Floristán, tan respetuoso con sus compañeros como personal en sus intervenciones, jamás como un mero acompañante sino como el perfecto vértice de un triángulo al que Brahms regaló impagables oportunidades de lucimiento, lograron una sonata para piano y clarinete de rutilantes inflexiones dramáticas y un trío de avasalladores colores e impresiones sentimentales. La propina, un arreglo del propio Floristán para trío de una de las danzas argentinas de Ginastera, colmó nuestra capacidad de asombro y estremecimiento. Música de cámara servida de la mejor forma y en las mejores manos.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 1 de diciembre de 2018

TRIUNFO ESCÉNICO Y MUSICAL SOBRE EL FASCISMO

Der Diktator, de Ernst Krenek. Rafael Rodríguez Villalobos, dirección de escena. Der Kaiser von Atlantis, de Viktor Ullman. Versión de Pedro Halffter Caro. Libreto de Peter Kien. Gustavo Tambascio, dirección de escena. Rafael Rodríguez Villalobos, reposición de la puesta en escena. Pedro Halffter Caro, dirección musical. Ricardo Sánchez Cuerda, escenografía. Jesús Ruiz, vestuario. Felipe Ramos, iluminación. Nuria Castejón, coreografía. Sebastián Alfie, diseño de video. Con Martin Gartner, Natalia Labourdette, Vicente Ombuena Valls, Nicola Beller Carbone, David Lagares, Sava Vemic, José Luis Sola y las bailarinas Cristina Arias y Marta Otazu. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Producción del Teatro de la Maestranza (El dictador) en coproducción con el Teatro Real de Madrid y el Palau de les Arts de Valencia (El emperador de la Atlántida). Teatro de la Maestranza, viernes 30 de noviembre de 2018

Es un placer disfrutar como público de un espectáculo tan completo y fascinante como el propuesto por Pedro Halffter en la recta final de su trabajo como director artístico del coliseo sevillano. De la misma forma que es un placer como crítico poder abrazar con orgullo y satisfacción el imponente trabajo realizado por el músico madrileño, a quien admiramos por estos más de diez años de propuestas a veces atrevidas y provocadoras, otras adaptadas a las necesidades coyunturales casi siempre conservadoras, e igualmente constatar el talento como director escénico de Rafael Rodríguez Villalobos, a quien conocemos desde mucho antes que decidiera embarcarse en esta locura que tanto reconocimiento le está reportando. Juntos han hecho posible una velada de ópera sensacional e irrepetible, que dejará huella en la memoria del teatro y de quienes se acerquen a él en cualquiera de las tres funciones programadas. Maridar a Hitler y Mussolini en una única cita operística es por sí solo digno de aplauso, y no comprendemos cómo en su estreno en Madrid hace dos años no se optó por esta inteligente solución que sí podemos disfrutar en Sevilla. Allí El emperador vino precedido de la pieza de Ullman según el poema de Rainer Maria Rilke Canto de amor y muerte del corneta Christoph Rilke, recitado por Blanca Portillo. Aquí por la ópera de cámara El dictador de Ernst Krenek, otro de los compositores que sufrió el ostracismo nazi y cuya música también recibió la etiqueta de degenerada. Hitler y Mussolini en la misma palestra, juzgados por la Historia y sometidos al ridículo y al análisis de esa memoria histórica siempre necesaria para que las barbaridades del ser humano no se repitan, empresa harto difícil dada nuestra naturaleza depredadora.

Recuerdo el escaso entusiasmo que nos suscitó la escenografía y dirección artística de Villalobos en su Serva padrona firmada junto a la Barroca de Sevilla que pudimos ver hace unos años en el Lope de Vega. Nada que ver con la frescura y la gracia destiladas en este Dictador colorista y desenfadado, en el que no falta la provocación (ese protagonista caracterizado como Trump podría dar mucho que hablar al otro lado del Atlántico si trasciende). Ridículo y mujeriego, tanto Mussolini como el rubiales que ocupa el despacho oval en la actualidad, su anécdota vodevilesca es llevada a escena con ritmo y vivacidad, desde esa balsa y el náufrago que recuerdan la tragedia de inmigrantes y refugiados, hasta esas televisiones que emiten dibujos animados para goce del estrambótico demonio, todo muy al estilo pop que hemos visto en el director canadiense Robert Carsen (Candide) y que entronca perfectamente con la música entre sarcástica e irónica de Krenek, muy bien planteada y paladeada por la batuta de Halffter, muy atento a no ensombrecer la potente labor del cuarteto vocal protagonista, destacando el esfuerzo y la figura de Nicola Beller Carbonne, y el considerable trabajo de expresión corporal desplegado por los cuatro, otro logro del joven director escénico.

Tras un estremecedor interludio musical del propio Halffter, In Memoriam Anne Frank, que sirvió para contextualizar la atmósfera en la que Ullman y Kien crearon El emperador de la Atlántida en la ciudad de Terezin, ese falso edén que los nazis idearon para recluir a quienes no se atrevían a aniquilar de momento, subieron a escena los extraordinarios decorados y vestuario ideados por Ricardo Sánchez Cuerda y Jesús Ruiz, esta vez sin la presencia de su árbitro, Gustavio Tambascio, fallecido a principios de este año, y ante cuya figura se descubrió un muy atento y humilde Villalobos portando su retrato en los aplausos finales. Pero el buen teatro, el ritmo, la elegancia y la portentosa puesta en escena que pudimos disfrutar anoche se debe al acertado trabajo del joven sevillano, sometiendo a todos sus personajes a un extraordinario trabajo expresivo, continuas acrobacias y sugerentes movimientos, bailarinas y espadachines incluidos, que embellecieron cada rincón del riquísimo escenario. Halffter presenta aquí su particular versión de una ópera que se concibió en un campo de concentración para apenas trece instrumentos y con aires cabareteros, y que su estreno en 1975 confirió ya un aire más posromántico y modernista, suntuoso y lírico, ahora potenciado con mayor orquesta, más pasajes instrumentales y más énfasis en la melancolía y la pesadumbre, por el sensacional trabajo de un melómano incansable como es Pedro Halffter, que imprimió a su batuta de una fuerza expresiva y evocadora extraordinarias, a lo que por supuesto la orquesta se plegó con su habitual profesionalidad. Gartner fue el dictador ideal, de voz autoritaria bien proyectada y una presencia turbadora, especialmente emotivo en sus melódicos manifiestos central y final. Lagares brilló por encima de cualquier otro trabajo suyo previo en este mismo escenario, con un trabajo infatigable y una voz perfectamente colocada. Labourdette fue en la primera obra grotesca y en la segunda conmovedora, especialmente en ese bellísimo cuarteto final que por sí solo justifica la consideración de este título como un hito operístico del siglo XX, por encima de las circunstancias coyunturales de su gestación. El bajo serbio Sava Vemic prestó su imponente físico y atronadora voz a una muerte de imborrable recuerdo, ratificando el acierto de casting de este doble programa en el que también destacaron las voces y las presencias de Vicente Ombuena y José Luis Sola, el primero como soldado en ambas óperas y Sola como Arlequín en la segunda. Tras el entusiasmo que nos ha generado esta propuesta lírica, sólo cabe esperar que quien sustituya a Halffter no haga decaer su magnífico trabajo y el recuerdo que en muchos de nosotros y nosotras deja su imborrable huella.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 30 de noviembre de 2018

HALFFTER, MARTÍN Y EL ESPÍRITU DE MAHLER A CUATRO MANOS

Ciclo Música Degenerada. Pedro Hallfter Caro y Óscar Martín, pianos. Programa: Sinfonía nº 7 de Mahler (versión para dos pianos de Alfredo Casella). Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, jueves 29 de noviembre de 2018

Aunque aún le queda el día de hoy como director artístico del Maestranza, en el que abordará el doble programa de ópera El dictador y El emperador de la Atlántida, y mucho trabajo por delante hasta terminar una temporada que él mismo diseñó, Pedro Halffter aprovechó este recital a cuatro manos para visiblemente emocionado, casi sin poder articular palabra, despedir un año duro en el que ha perdido también a su madre, Marita Caro, a quien dedicó una propina muy personal, el Passacaglia y Fuga de Bach que tantas veces tocaron juntos en intimidad. Un regalo generoso, duro y dilatado tras el esfuerzo titánico de poner en pie una obra tan compleja y mastodóntica como la Sinfonía nº 7 de Mahler, en la transcripción para piano a cuatro manos que realizó el compositor y pianista italiano, contemporáneo de Respighi, Alfredo Casella.

Aplaudimos la iniciativa de contextualizar el estreno de dos óperas tan relacionadas con los totalitarismos del siglo XX a través de un ciclo de música degenerada. Pero ni podemos llamar ciclo a sólo un par de conciertos, por mucho que el Maestranza siga acuñando el término después de que con la crisis abreviara sus contenidos, ni podemos considerar la música de Mahler etiquetable como Entartete Musik sólo por su condición de judío. Ni vivió la época ni la censura que sufrieron los compositores contemporáneos al genocidio nazi, ni su labor como autor y director de orquesta se vio enturbiada, ni tuvo que emigrar ni pasar por campos de concentración y de exterminio como sí hicieron los artistas que se engloban en este por llamarlo así movimiento. Hay muchos músicos de los que tirar para haber completado esta escueta visión de lo que realmente se llamó Música degenerada, incluso algunos escribieron páginas que entroncan directamente con esta tragedia humana, como el luego reputado compositor cinematográfico Franz Waxman, que compuso una cantata en honor a los miles de niños que perecieron en Terezin, gueto en el que vivió sus últimos años Victor Ullman, el autor de Der Kaiser von Atlantis.

Hallfter y el pianista sevillano Óscar Martín ofrecieron una versión intensa y muy trabajada de la imponente sinfonía mahleriana, una de las más difíciles de su repertorio por su espíritu controvertido y contradictorio, potenciado con la renuncia a su brillante orquestación. Salvaron un primer movimiento sombrío y lleno de complejas estructuras, armonías, ritmos y texturas, sin atisbar en ningún momento el temible aturrullamiento. El diálogo fluyó sin complejos en el primer Nachtmusik, evocador y misterioso, mientras el scherzo central sonó algo dislocado y grotesco aunque de manera más moderada de lo deseable. Los pianistas captaron el espíritu amable y encantador del segundo Nachtmusik, cuyos ecos retumbarían después en la música de Korngold, y de paso captaron nuestra atención de principio a fin. Resolvieron la marcha fantasmal del rondó final de manera agitada y triunfal, potenciando de paso su efecto corrosivo y evidenciando un notable esfuerzo, exhaustos tras más de hora y media de tensión. Somos muchos y muchas quienes echaremos de menos el extraordinario trabajo desempeñado por el maestro frente a nuestro teatro lírico, lamentamos su cese y le brindamos los más sinceros y entusiastas ánimos.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 29 de noviembre de 2018

SUPERLÓPEZ Spanish Superman Movie

España 2018 108 min.
Dirección Javier Ruiz Caldera Guión Borja Cobeaga y Diego San José, según el cómic de Jan Fotografía Arnau Valls Colomer Música Fernando Velázquez Intérpretes Dani Rovira, Alexandra Jiménez, Julián López, Pedro Casablanc, Gracia Olayo, Maribel Verdú, Gonzalo de Castro, Ferrán Rañé, Mireia Portas, Berto Romero Estreno en el Festival de Sitges 11 octubre 2018; en salas comerciales 23 noviembre 2018

Tras varios intentos de llevar a la gran pantalla Superlópez, la versión cañí de Superman, finalmente ha sido Javier Ruiz Caldera quien lo ha hecho, con resultados afortunadamente más cerca de Spanish Movie que de Anacleto, también dirigidas por el responsable de Promoción fantasma y Tres bodas de más. Y es que el proyecto se define más como una parodia literal de Superman, la película de Richard Donner de 1978, que de un producto independiente. Es cierto que las viñetas de Jan nacieron con esa vocación, parodiando cada personaje, situación y espacio del célebre superhéroe de DC Comics, si bien más adelante, de la mano de su creador y de Efepé, tomó conciencia de producto autónomo y emprendió una línea en la que era más perceptible nuestra particular idiosincrasia, que sin duda es la que debería haber adoptado su adaptación cinematográfica. A Caldera se le dan bien las parodias, como demostró en la ya mencionada y delirante Spanish Movie, y sabe rodearse de cómicos competentes, Rovira, López o Berto Romero, que aparece brevemente anticipando la posible próxima aventura, El señor de los chupetes. Pero en esta ocasión se ha vuelto muy conservador, extremadamente pulcro y fiel a la letra de lo que se pretende, un trabajo para toda la familia, fácil de digerir para los más pequeños y libre de toda crítica e ironía, que era marca de la casa en los cómics originales. Así, aunque el tema parece ser la mediocridad como medio más fiable para triunfar en este país, el desarrollo apenas queda en esbozo, derivando el conjunto hacia una banal aunque entretenida aventura más reconocible en el acervo popular afín a Superman que en el más incondicional del personaje afincado en Cataluña. El esfuerzo de producción se traduce en unos aseados decorados, más remitentes del cine americano que del universo que propone la tira cómica, unos competentes efectos visuales y una épica banda sonora que combina sonidos propios de la ciencia ficción de los cincuenta y el estilo inconfundible de las marchas de John Williams. La trama sin embargo resulta tan convencional y arquetípica que no añade nada a un género que en España sólo merece destacarse por las aportaciones de Mortadelo y Filemón. Al menos la empresa le ha quedado mejor que la inefable Anacleto, e incluye un divertido guiño a Transformers como inevitable batalla final. El elenco cumple con responsabilidad y solvencia y la sensación final es de un aceptable entretenimiento que podría haber arriesgado más, a pesar de lo cual no podemos negar que mantiene un buen ritmo y un sano humor.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

A LA SOMBRA DE KENNEDY Y a la de cualquier otra película de presidentes norteamericanos

Título original: LBJ: Lyndon B. Johnson
USA 2016 98 min.
Dirección Rob Reiner Guión Joey Hartstone Fotografía Barry Markowitz Música Marc Shaiman Intérpretes Woody Harrelson, Michael Stahl-David, Jennifer Jason Leigh, Bill Pullman, Richard Jenkins, Jeffrey Donovan, C. Thomas Howell, John Burke Estreno en el Festival de Toronto 9 septiembre 2016; en Estados Unidos 3 noviembre 2017; en España 23 noviembre 2018

Es curioso que a pesar del fracaso de esta semblanza del trigésimo sexto presidente de Estados Unidos, su director haya decidido contar con el mismo guionista y protagonista en su última película, Shock & Wave, que cuenta también una historia presidencial, en este caso la investigación periodística que puso en entredicho las motivaciones reales del presidente Bush para bombardear Irak en 2003. Una cinta que también está tardando en estrenarse en nuestro país, lo que deja en mal lugar a quien dirigiera en los ochenta y noventa del siglo pasado películas de tanto éxito como Cuenta conmigo, La princesa prometida, Cuando Harry encontró a Sally y Misery, y cuya suerte empezó a declinar a partir precisamente de otra historia ambientada en la Casa Blanca, aunque de corte romántico, El presidente y Miss Wade. Ahora Reiner nos cuenta las escuetas horas que transcurrieron entre el asesinato de Kennedy y el juramento de Johnson como presidente del país a bordo del Air Force One. Naturalmente este periplo está salpicado de flashbacks que demuestran el papel preponderante del vicepresidente en la política de Kennedy, incluida su influencia en la Ley de Derechos Civiles impulsada para lograr igualdad entre negros y blancos, y que fue definitivamente aprobada durante su mandato. También su permanente confrontación con Bob Kennedy es objeto fundamental de este retrato parcial, aseado, académico pero frío y poco atractivo, nada apasionante, en el que Woody Harrelson se esfuerza en hacer una interpretación correcta y comedida. Apenas sobresale el vocabulario soez del personaje, al que Harrelson apenas se parece a pesar de soportar una buena cantidad de maquillaje, como Jennifer Jason Leigh dando vida a su esposa, irreconocible bajo tanta máscara. El film apenas acierta a cumplir tan siquiera su vocación de entretenimiento, y queda sólo como otro vestigio más de la historia del país que más y mejor se vende, procurando por otro lado reivindicar la figura de un presidente que funcionó primero a la sombra del más famoso y mediático de los que ha tenido Norteamérica, y luego bajo su propio mandato, renovado con las elecciones presidenciales de 1964, un período que no se trata en este film.

domingo, 25 de noviembre de 2018

EL VEREDICTO (LA LEY DEL MENOR) Corderos bajo el disfraz

Título original: The Children Act
Reino Unido 2017 105 min.
Dirección Richard Eyre Guión Ian McEwan, según su novela Fotografía Andrew Dunn Música Stephen Warbeck Intérpretes Emma Thompson, Stanley Tucci, Fionn Whitehead, Jason Watkins, Ben Chaplin, Rupert Vansittart, Anthony Calf, Rosie Cavaliero, Nikki Amuka-Bird, Eileen Walsh Estreno en el Festival de Toronto 9 septiembre 2017; en Reino Unido 24 agosto 2018; en España 23 noviembre 2018

Recuerdo cuando emprendí la preparación de oposiciones a judicatura que me motivaba el hecho de ser una de las profesiones dentro del Derecho en la que más podía aplicar la creatividad, tratándose de una disciplina tan encorsetada en España por la letra de la ley. Aquella experiencia frustrada dejó de ser tal cuando comprendí que tal creatividad o libre interpretación distaba en este país de ser una realidad, que al final es el espíritu y la literalidad de los textos lo que se impone a la hora de aplicar justicia, y así lo hemos incluso podido comprobar en unos últimos tiempos en los que la justicia en nuestro país anda tan desligada del interés y la inquietud del pueblo, que a su vez elige de forma se supone que libremente al legislador, a quien en última instancia tan atados quedan los y las jueces. Algo parecido le ocurre a la juez protagonista de este melancólico film, una Emma Thompson extraordinaria que sabe como nadie expresar con sólo una mirada o un gesto todo tipo de emociones, aunque sean tan contenidas como las que es capaz de emitir su hermético personaje. Se trata de una mujer seca, dura e inflexible que encuentra en el emotivo caso de un joven condenado a una muerte segura por su condición de enfermo de leucemia y a la vez testigo de Jehová, un motivo para reflexionar sobre su propia vida y su relación con el hombre que más la ama, su esposo, a quien da vida con idéntica grandeza Stanley Tucci, haciendo suyo un personaje con toda la profundidad psicológica necesaria y sin aspavientos innecesarios. La magia del cine la encontramos en una secuencia crucial para la trama, cuando la juez visita insólitamente al joven en el hospital y ambos entonan una canción tradicional inspirada en textos de W.B. Yeats. Una secuencia que podría haber resultado ridícula pero que en manos de Richard Eyre, especialista en dramas intelectuales e intimistas como Iris, Diario de un escándalo y Crónica de un engaño, donde dirigió a Antonio Banderas, resulta conmovedora y reveladora, gracias también al excelente trabajo de adaptación de Ian McEwan según su propia novela, que ve el ya de por sí gran número de adaptaciones de su bibliografía (El placer de los extraños, El intruso, Expiación) aumentado este año con esta película y En la playa de Chesil. Juntos, con el inestimable trabajo de la pareja protagonista y el resto del elenco, especialmente el joven descubrimiento Fionn Whitehead y el veterano Jason Watkins dando vida al secretario de la juez, que más bien parece un criado full-time, logran un film de enorme sensibilidad, uno de los más tristes y elegantes de la presente temporada, que se beneficia además de la mejor partitura que le hemos oído jamás a Stephen Warbeck, ganador del Oscar en 1998 por Shakespeare in Love. Un film en el que parafraseando al personaje de Thompson, los corderos consiguen quitarse el disfraz y mostrar sus sentimientos. Lo raro es que haya estado escondido en el cajón desde su estreno en Toronto en septiembre de 2017 a su estreno en el Reino Unido en agosto de este año.

sábado, 24 de noviembre de 2018

JAULAS Feminismo mal entendido y con fondo rancio

España 2018 96 min.
Guión y dirección Nicolás Pacheco Fotografía Alejandro Espadero Música Pablo Cervantes Intérpretes Estefanía de los Santos, Belén Ponce de León, Antonio Dechent, Manuel Tallafé, Antonio Estrada, Manolo Caro, Marta Gavilán, Manuel Cañadas, Stefan Mihai, Mila Fernández Estreno en el Festival de Valladolid 23 octubre 2018; en salas comerciales 23 noviembre 2018

Nicolás Pacheco exhibe en éste su primer largometraje tanta ambición como torpeza de miras. Plantea una historia que pretende sea feminista pero que sitúa anclada en un tipismo de la tierra que arrastra casi un siglo, el que separa la tragedia lorquiana de la actual lucha por la igualdad y la superviviencia que reivindica un sector de la población que aquí recibe un tratamiento tan diezmado como equivocado. Una mujer y su hija aprovechan una indemnización para huir de un marido que no las quiere y las trata como objetos. Un padre atento y amable sólo vive para casar a la hija, a quien trata igualmente como un objeto controlable y sin voluntad propia. Otra mujer, hermana de la primera, vive en perpetuo martirio tras el fallecimiento de su marido, que parece tampoco fuera un ángel, y con el mantenimiento del negocio familiar amenazado por mafiosos machistas. Y un joven inmigrante rumano parece ser la única tabla de salvación entre tanto despropósito. Todo ello en un ambiente sórdido y miserable, cuyas localizaciones deben haber supuesto un enorme esfuerzo de producción, porque vaya si pone en mal lugar a esta Andalucía a la que sus propios cineastas no se cansan en retratar lo más miserable posible. Pacheco parece inspirarse, además de en el sempiterno Lorca, en Kusturica, Gatfli y hasta Almodóvar, en el uso del color y el costumbrismo, los toques de humor dentro de una tragedia de tintes griegos, y el carácter gitano que parece impregnar una obra en la que lo mejor son los duelos de imitación del sonido de los pájaros y el bingo que el bailarín Manuel Cañadas, haciendo de tonto travestido, juega al son de los números de teléfono de las chicas de compañía de teletienda. Mujeres por lo tanto sufridoras, condenadas al fracaso y a la tragedia, sin remisión hasta que evidenciando una torpeza enorme de narrativa, el director decide lanzar algo de luz, no sin antes sacrificar a alguna de las pobres diablas implicadas, que es muy típico también de toda esa herencia rancia que nos lleva de la novela romántica a la ópera decimonónica, y que hoy, a estas alturas, resulta imperdonable. Sin olvidar el uso tosco de simbología barata, ya desde el propio título de la película y con la ornitología como objeto de todos los disparos metafísicos. ¡Ay este cine andaluz que salvo raras excepciones sigue anclado en el lugar común!

LA NOCHE DE 12 AÑOS Un sufrimiento que no traspasa la pantalla

Uruguay-Argentina-España-Francia 2018 122 min.
Guión y dirección Álvaro Brechner Fotografía Carlos Catalán Música Federico Jusid Intérpretes Antonio de la Torre, Chino Darín, Alfonso Tort, César Troncoso, Soledad Villamil, Silvia Pérez Cruz, Mirella Pascual, Nidia Telles Estreno en el Festival de Venecia 1 septiembre 2018; en Uruguay 20 septiembre 2018; en España 23 noviembre 2018

Si la intención del director de Kaplan y Mal día para pescar era transmitir la sensación de impotencia, sufrimiento y amargura experimentada por sus desdichados personajes mientras permanecieron cautivos en las condiciones más inhumanas imaginables, durante todo el tiempo que duró la dictadura militar uruguaya de 1973 a 1985, no lo ha conseguido. A pesar de contar con el asesoramiento y visto bueno de sus verdaderos protagonistas, los hoy ex presidente de Uruguay José Mújica, político recientemente fallecido Eleuterio Fernández Huidobro, y poeta y escritor Mauricio Ronsencof, la cinta apenas acierta a plasmar toda la barbaridad que relata. No es que no quede reflejada en el guión, pero es en el tratamiento donde radica su fracaso. En estas cuestiones a veces se tiende a exagerar en crueldad y dureza y otras no se llega; lo ideal es encontrar el equilibrio que nos aleje de la pornografía pero no nos ahorre horror. Brechner no se ha atrevido y se ha quedado muy por debajo del espanto que su película debería transmitir. Tampoco acierta Antonio de la Torre en dotar de mayor profundidad psicológica y un perfil más acertado a su emblemático personaje de Mújica, aunque se aprecie un trabajo muy depurado en acento y timbre de voz. En este sentido más concentrados y esforzados se muestran sus compañeros de reparto, especialmente Chino Darín, que parece haber querido darlo todo para lograr un personaje con relieve convincente. Larga y tediosa por momentos, yerra incluso a la hora de ser cronológicamente rigurosa, de forma que en pleno final de la década de los setenta se puede escuchar en la radio la muerte de Franco o leer en periódicos el triunfo de Abba en Eurovisión. Errores que no tendrían importancia si el conjunto funcionase, pero que en este caso no hacen sino potenciar su carácter fallido, a lo que hay que añadir un exceso de simbología y aliento presuntamente poético que tampoco da en la diana y convierte el film en pretencioso y lejos de lograr esa emoción y emotividad que debería provocar.

viernes, 23 de noviembre de 2018

THE GUILTY Un ejercicio narrativo parcialmente estimulante

Título original: Den skyldige
Dinamarca 2018 85 min.
Dirección Gustav Möller Guión Emil Nygaard Albertsen y Gustav Möller Fotografía Jasper Spanning Música Carl Coleman y Caspar Hesselager Intérpretes Jakob Cedergren y las voces de Jessica Dinnage, Omar Shargawi, Johan Olsen, Jacob Lohmann, Katinka Evers-Jahnsen Estreno en el Festival de Sundance 21 enero 2018; en Dinamarca 14 junio 2018; en España 23 noviembre 2018

Considerada casi unánimemente como la sorpresa europea del año, candidata a premios europeos del cine incluido el Discovery que ya se le ha adjudicado, y con un guión celebrado en festivales como la Seminci y el público de Sundance aplaudiéndolo como mejor drama de la sección World Cinema, nos acercamos a esta cinta con cierto entusiasmo. Constatamos sin embargo que no acaba de convencernos este policíaco, género en el que los países nórdicos parecen haberse especializado con su toque particular frío y distante, cuyo ejercicio de estilo nos parece haber experimentado ya en otras ocasiones. Si en Celular Chris Evans trataba de salvar a Kim Basinger con la ayuda exclusivamente de su teléfono móvil, y en Locke Tom Hardy trataba de ocultar una infidelidad hablando por el manos libres mientras conducía, ahora es el danés Jakob Cedergren quien en la piel de un policía en el servicio telefónico de emergencias trata de resolver un posible secuestro tan sólo sirviéndose de este artilugio electrónico y sus contactos. Nos encontramos por lo tanto ante un supuesto tour de force en el que apenas vemos un personaje y oímos a varios, mientras nos decepcionamos ante unos giros de guión que ponen en evidencia ciertas incoherencias en el argumento. Que el protagonista vaya tomando conciencia de su particular situación personal dentro del cuerpo, estando pendiente de la resolución de un caso en el que se ha visto envuelto, podría ser lo más interesante del film si no fuera porque se nos antoja también un poco forzado. No obstante, teniendo en cuenta que se ha rodado con pocos medios, no tanto por necesidad económica como estrictamente de guión, y que consigue mantener el interés, más o menos según la percepción de cada persona, merece cierto reconocimiento.

jueves, 22 de noviembre de 2018

COLETTE Recreación rutinaria y desangelada de una vida excitante

Reino Unido 2018 112 min.
Dirección Wash Westmoreland Guión Richard Glatzer, Wash Westmoreland y Rebecca Lenkiewicz Fotografía Giles Nuttgens Música Thomas Adès Intérpretes Keira Knightley, Dominic West, Denise Gough, Fiona Shaw, Robert Pugh, Eleanor Tomlinson, Aiysha Hart, Dickie Beau, Al Weavedr, Ray Panthaki, Shannon Tarbet Estreno en el Festival de Sundance 20 enero 2018; en España 16 noviembre 2018; en Reino Unido 11 enero 2019

Colette, la famosa autora de la saga sobre Claudine y la novela sobre la aprendiz de cortesana Gigi, que fue convertida en suntuoso musical por Vincent Minnelli en la multioscarizada película de 1958, fue todo un icono del atrevimiento, la progresía y la transgresión incluso en un ambiente tan supuestamente libertino como el París modernista de transición entre siglos. Por eso mismo debería haber recibido un tratamiento igualmente atrevido. Wash Westmoreland, cuyo cine no se caracteriza precisamente por el recato, se muestra aquí sin embargo muy encorsetado y hasta puritano. Junto a su compañero inseparable ha dirigido películas como The Fluffer (El estimulador), que es un icono del cine gay, Quinceañera y Siempre Alice, por cuyo papel Julianne Moore consiguió el Oscar. Glatzer se reserva en esta película sólo el papel de guionista, mientras Westmoreland recrea de forma harto convencional y rutinaria una época y una vida sin llegar a transmitir la pasión y al excitación que tanto una como otra supusieron en su momento. El principal problema de la cinta es que no está trabajada en perspectiva, de forma que seamos capaces de verla con los ojos de sus contemporáneos, por lo que nada de lo que se cuenta supone para nosotros y nosotras un escándalo ni llegamos a comprender el alcance que llegó a tener su vida libre e independiente, que tan bien plasmó en sus libros y por lo que llegó a ser tan famosa. La película por el contrario se centra en su relación con Willy, su esposo y vampiro, que le hacía escribir para firmar él en una sociedad donde la mujer estaba tan poco valorada y ofrecía tan pocas garantías de solvencia. En este sentido es Dominic West quien triunfa incorporando a este encantador embaucador y manipulador, trabajando todos su perfiles tanto entrañables como maquiavélicos. Más convencional resulta Keira Knightley, que en sus escarceos lésbicos apenas acierta a mostrar un sincero interés por su mismo sexo. Todo es banal y superficial, incluso la selección musical que acompaña fiestas y comidas en restaurantes, donde no podía faltar Satie, Debussy, Gounod o Saint-Saëns. Muy académico, muy aseado y muy aséptico. Poca verdad en tanto metraje.

MI OBRA MAESTRA Divertido retrato de una perfecta relación amor-odio

Argentina-España 2018 100 min.
Guión y dirección Gastón Duprat Fotografía Rodrigo Pulpeiro Música Alejandro y Emilio Kauderer Intérpretes Guillermo Francella, Luis Brandoni, Raúl Arévalo, Andrea Frigerio, María Soldi, Alejandro Parker, Pablo Ribba, Roberto Peloni Estreno en Argentina 16 agosto 2018; en España 16 noviembre 2018

Independizado artísticamente de Mariano Cohn, con quien firmó películas de considerable éxito como El hombre de al lado o El ciudadano ilustre, Gastón Duprat dirige ahora una comedia ligera y amable a la que muchos achacan no haber sabido profundizar sobre un mundo tan paradójicamente superficial y snob como el mercado artístico y la vanidad del artista. Otros sin embargo comprendemos que no era esa la intención del realizador argentino, sino más bien utilizar ese mundo como pretexto para construir una divertida pero inofensiva sátira en la que lo importante es retratar y analizar, siempre dentro de unos límites nada pretenciosos, una relación de amistad de esas que duran toda la vida. Un galerista de éxito y el artista que ha ayudado tanto a cimentar ese éxito como a perjudicarlo, y que constituye un mito en vida, son los vértices de esta simpática relación con sus más y sus menos. Francella (Corazón de león, El clan) y el más desconocido pero con una larga trayectoria a sus espaldas Luis Brandoni, son los dos protagonistas de una cinta que mira mucho al universo de Woody Allen, en su declaración de amor-odio a una ciudad, en este caso Buenos Aires, o en la definición del personaje de Brandoni, que tanto recuerda a a aquel que interpretó Larry David en Si la cosa funciona. Con giros argumentales que dan algo de intriga al asunto, y personajes secundarios que ayudan más a que avance la trama que a constituir por sí mismos perfiles interesantes, como el que incorpora con acierto y espontaneidad Raúl Arévalo, la cinta se disfruta como lo que es, un producto ligero y simpático para echar un buen rato, reír con sus ocurrencias y dejarse llevar por su suculento argumento, su ritmo y su competente factura. Galardonado con el premio del público en la Seminci.

EL SILENCIO DE OTROS No se puede reabrir heridas que no han cicatrizado

España 2018 95 min.
Guión y dirección Almudena Carracedo y Roberto Bahar Fotografía Almudena Carracedo Música Leonardo Heiblum y Jacobo Lieberman Documental Estreno en el Festival de Berlín 17 febrero 2018; en España 16 noviembre 2018

En una secuencia de la serie Merlí una profesora le encarga a su alumno como trabajo de fin de curso que demuestre que Franco es un zombi, aclarándole que se trata de descubrir los mil y un vestigios del franquismo que aún perduran en nuestra sociedad, nombres de calles y plazas incluidas. Es cierto, somos vergonzosamente uno de los pocos países de nuestro entorno que no ha destruido todos los símbolos de una dictadura y no ha hecho justicia ni la ha facilitado a sus víctimas, que han acumulado rabia y dolor en todos estos años que han pasado desde la muerte del monstruo. Hay películas que son necesarias, incluso diría que imprescindibles, por sí mismas, por lo que cuentan o denuncian, más si encima están hechas con el rigor y la sobriedad que emplean Almudena Carracedo y Roberto Bahar, con el apoyo en la producción de Pedro Almodóvar, en su relato y puesta en escena. No necesitan virguerías ni grandes alardes técnicos ni estéticos o de estilo para contarnos las sencillas y dolorosas historias de los personajes a los que han seguido durante seis años, algunos de los cuales se han quedado en el camino de este durísimo peregrinaje a las entrañas de la verdad y la reclamación de una justicia mínima que este país indecente les ha negado sistemáticamente hasta ahora. Una vez más se trata de un producto que verán quienes no necesitan concienciarse sobre los terribles hechos denunciados, y será despreciado por quienes se niegan a cualquier compromiso con nuestra memoria y prefieren echar un tupido velo como el que hace cuarenta años echaron todas nuestras fuerzas políticas argumentando que era el único camino hacia la reconciliación definitiva. Una cinta que debería ser de visión obligada en el parlamento, muy especialmente por los partidos de extrema derecha que proliferan, aunque sólo sea para ver cómo se ríen y potenciar así todavía más su indecencia y poca vergüenza. No contaron esos firmantes de la amnistía tras la muerte de Franco, que como él mismo dijo lo había dejado todo bien cerrado y aunque algo se le torció (Carrero Blanco) los años parecen estar dándole la razón, con los cientos de miles de españoles y españolas que no tuvieron consuelo ni justicia y han seguido sufriendo la impotencia y la frustración durante décadas en un país que no ha tenido la decencia de combatir los fantasmas del pasado ni la compasión que como mínimo merecía parte de su ciudadanía. Un gobierno no lo es sólo para quienes lo han votado, ha de escuchar a todos los colectivos y todas las minorías, a quienes también gobiernan, algo que en España se ha obviado vil e inhumanamente. Almudena Carracedo se va erigiendo poco a poco en voz de los desfavorecidos; lo hizo antes con mujeres inmigrantes en Estados Unidos en Made in L.A. y ahora con este tremendo documental, sencillo en las formas pero muy complejo en el fondo, pues aunque denuncie lo que ya sabemos, es cierto que dejar constancia de ello en una película lo hace perdurable para la posteridad y sirve al menos de consuelo para quienes no lo han recibido de quienes se suponen les protegen. Víctimas de la guerra civil y la dictadura que no han podido enterrar a sus seres queridos; víctimas de torturadores como Billy el Niño, que vive en el lujo auspiciado por este estado democrático; víctimas del robo de sus hijos, dados por muertos y entregados en adopción a familias más afines al régimen o al catolicismo; víctimas de la ignominia de residir en poblaciones que aún recuerdan la grandeza del régimen franquista en la nomenclatura de sus calles y plazas; víctimas de cuarenta años de silencio que sacrificaron al único juez decidido a plantar cara al asunto dentro de un sistema judicial al que los últimos acontecimientos han terminado por desenmascarar y quitarle toda la credibilidad que quizás le quedaba. Víctimas en general que han tenido que refugiarse en el derecho internacional y someterse a la jurisdicción argentina, celebrando cada pequeño avance como si se hubiera ganado una gran batalla, con toda la ingenuidad e inocencia que ello conlleva. Dolor, mucho dolor... ¿acaso no es nuestra obligación consolar al afligido, asistir a quien sufre? No se puede reabrir heridas que no han cicatrizado. Si uno no se conmueve con este trabajo que tanto esfuerzo ha debido suponer para sus artífices y los zombis a los que retrata y da voz, es que no tiene sangre en las venas. Y aún hay quien dice que está todo muy medido y calculado para tocar la sensibilidad de manera obscena. No sé yo si no es el verdadero obsceno y pornográfico quien se atreve a formular esta maldad. Un dato, en España sólo hay un monumento que recuerda a las víctimas del franquismo, está en el Valle del Jerte y ya ha sido objeto de ataques. Curiosamente el público de la sección Panorama del Festival de Berlín lo votó como mejor documental, y opta al premio en esa categoría en los Premios del Cine Europeo de este año.

martes, 20 de noviembre de 2018

JUAN RONDA Y AUXILIADORA GIL COMBATEN AL TOTALITARISMO

Ciclo Música degenerada. Juan Ronda, flauta. Auxiliadora Gil, piano. Programa: Sonata para flauta y piano, de Hindemith; Suite Paysanne Hongroise, de Bartók-Arma; Klaviersonate nº 6 Op. 49, de Ullmann; Le Merle Noir, de Messiaen; Sonata para flauta y piano, de Martinu. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, martes 20 de noviembre de 2018

El arte y la cultura en general ha sido siempre un enemigo para el totalitarismo. Muchos de los compositores que vivieron una época tan nefasta para Europa como el avance del nazismo previo a la Segunda Guerra Mundial, fueron tildados de enemigos del régimen, al igual que lo fueron multitud de pintores, escritores y exponentes de otras disciplinas que se englobaron en lo que se denominó Entartete Kunst, Musik en el ámbito que nos ocupa. Todo lo que no respondiera a la herencia de esa música genuinamente alemana instaurada a partir de Brahms o Wagner, que exhibiera aires modernistas o simplemente hubiese sido creada por los considerados inconformistas del régimen, judíos y bolcheviques fundamentalmente, fue directamente prohibida y sus autores proscritos, ya fuera en Alemania, Hungría, Francia o cualquier otro país amenazado por el avance nazi. La mayoría se exilió a Estados Unidos en una suerte de fuga de cerebros tan popular hoy por otros motivos aunque por una gestión igualmente prepotente y equivocada de nuestros intereses. A finales del siglo pasado Decca sacó al mercado una serie de compactos que celebraban esta música prohibida. Krenek, Korngold, Schreker, Zemlinsky, Weill o los que integran el programa de este concierto son sólo algunas de las víctimas de esta sinrazón, que sirven ahora para arropar el estreno a final de mes de dos títulos muy representativos de esta barbarie, El dictador de Krenek y El emperador de la Atlántida de Ullmann.

Que Juan Ronda es un magnífico flautista quedó perfectamente reflejado con un dominio absoluto del fraseo y la respiración, un control extremo del fiato y el legato y un prodigioso talento para extraer del instrumento un sonido sedoso y envolvente, ideal para recrear las atmósferas evocadoras y asfixiantes de las páginas programadas. A su lado brilló también Auxiliadora Gil, que combinó su probada aptitud técnica y agilidad para la acrobacia con un sentido de la expresividad encomiable, dado que varias de las obras interpretadas confían su carisma y expresividad al teclado, dejando para la flauta cometidos melódicos y emotivos. Los músicos lograron transmitir el carácter amable y encantador de la Sonata de Hindemith, compuesta en 1936, destacando su opresivo segundo movimiento y el juguetón final de aires neoclásicos rematado con una sarcástica marcha. En el caso de la Suite Campesina Húngara se trata no sólo de música degenerada sino también transformada, pues Bartók la compuso para piano a partir de las danzas populares que recopiló en diversos países del este, y a su vez su alumno Paul Arma la transcribió para flauta y piano. En ellas los intérpretes denotaron una fuerte compenetración, aunque la profesora quedase en este caso relegada a una posición secundaria.

Ya sola, Gil resolvió con un gran alarde de expresividad y un talento esculpido a fuerza de trabajo, la Sonata nº 6 de Victor Ullmann, que aunque nació católico en el seno de una familia judía, murió en Auschwitz y compuso mucha de su obra, incluida ésta y la ópera que veremos a partir del viernes 30, en el campo de Terezin. La sonata es una obra ambigua, oscura y desgarrada que la pianista exprimió hasta el último detalle y color, aunque en el proceso exhibiera a veces un sonido demasiado percutivo. En El mirlo negro de Messiaen fue Ronda quien cometió algún pequeño desliz que no empañó un trabajo excelente de mimetización con el pájaro especialidad de la casa. Otro pájaro, en este caso un whippoorwill (chotacabras) autóctono americano, es el homenajeado en la Sonata del francés Bohuslav Martinu, pudiéndose apreciar en este dúo doméstico su vivaz ritmo en los movimientos extremos y el carácter lírico y melancólico del adagio central. La próxima cita será el jueves 29 con Pedro Halffter y Óscar Martín interpretando la Séptima de Mahler a dos pianos.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía