sábado, 27 de mayo de 2017

EL MAESTRO JUAN RODRÍGUEZ ROMERO, LA CONJUNTA Y COROS LOCALES: EL AMOR QUE TODO LO PUEDE

VI temporada, concierto III de la Orquesta Sinfónica Conjunta Universidad de Sevilla-CSM Manuel Castillo. Rosa de Alba, soprano. Mª Ángeles Ocaña, contralto. Vicente Bujalance, tenor. Javier Cuevas, bajo. Coro Manuel de Falla, Coro de Cámara Manuel Castillo, Coro Ateneo de Sevilla, Escolanía Regina Coeli de Dos Hermanas. Juan Rodríguez Romero, director. Programa: Concierto para piano de Juan Rodríguez Romero; Missa in Angustiis (Misa Nelson), de Haydn. Auditorio de la ETS de Ingeniería, viernes 26 de mayo de 2017

Juan Rodríguez Romero
El maestro y catedrático Juan Rodríguez Romero, pilar fundamental de la vida musical de nuestra ciudad en las últimas cinco décadas, disfrutó el pasado viernes de un emotivo y emocionante homenaje por parte de compañeros y alumnado, convirtiéndose en batuta y autor del último programa de temporada de la Conjunta. Mientras la dirigiera Juan García, sobrino del homenajeado, cabía la posibilidad de no calibrar de quién era más el mérito de conseguir que una orquesta en prácticas sonara tan satisfactoriamente, si de los y las jóvenes integrantes o del propio director, que siempre le ha insuflado fuerza, brillo y energía. Una vez la batuta cambia de manos y comprobamos que esas cualidades siguen intactas, comprendemos que el esfuerzo de esta joven plantilla ha dado sus frutos de forma casi milagrosa.

Con el veterano director y compositor visiblemente emocionado, bromista y juvenil, su primera satisfacción fue dirigir su propio Concierto para piano de 1974, una obra ecléctica e irregular que coquetea con las formas musicales del siglo XX en un primer movimiento disperso pero con hallazgos interesantes. Apuesta por una atmósfera siniestra e intrigante en su molto lento central, y se arroja en brazos del post romanticismo en el impactante movimiento final, atendiendo siempre a formas y modelos clásicos. Óscar Martín cumplió su parte ofreciendo en sus intervenciones un manifiesto y admirable arrojo y empuje, con puntual y expresiva agresividad y un tono generalmente rapsódico, mientras cuerda y percusión acertaron hasta ofrecer el mejor de los tributos a su autor.

La también catedrática Rosa de Alba
Una página tan intensa y compleja como la Misa Nelson de Haydn, su obra más grandiosa con perdón de La Creación, y cumbre de su composición litúrgica, abordada por una orquesta de estudiantes y un coro aficionado de más de cien voces, hacía presagiar el desastre. Sin embargo ofrecieron una versión plenamente disfrutable sin que por ello tengamos que obviar imprecisiones y algún dislate. Emociona comprobar que cuando las cosas se hacen con amor y entusiasmo, tienden a salir bien. Tanta gente apasionada de la música obró el milagro y Rodríguez Romero deslumbró haciendo alarde de alegría y elegancia clásica, una vibrante y tormentosa ejecución de las cuerdas, magníficos redobles de timbal y penetrantes toques de trompeta. Salvo en Et resurrexit, donde hizo aparición la previsible confusión, el coro respondió en el resto de forma encomiable, con texturas palpables y matizadas, y sin estridencias. Entre los solistas fue la soprano Rosa de Alba quien con talento y responsabilidad logró los mejores resultados, a pesar de la extrema complejidad de su parte, con agudos refulgentes y holgada capacidad para modular. Menos seguro y muy avibratado sonó Javier Cuevas en el Miserere nobis, mientras en números de conjunto como el Benedictus, el cuarteto exhibió respeto y armonía. El carácter emotivo de la noche se perpetuó con la promoción por el homenajeado de su Sanlúcar natal y el canto del cumpleaños feliz a su hija de sólo nueve años. Da gusto comprobar hasta dónde ha llegado la afición sevillana por la música, que el amor hace imparable.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 26 de mayo de 2017

PIRATAS DEL MAR CARIBE: LA VENGANZA DE SALAZAR Un feliz reencuentro

Título original: Pirates of the Caribbean: Dead Men Tell No Tales
USA 2017 129 min.
Dirección Joachim Rønning y Espen Sandberg Guión Jeff Nathanson, según los personajes creados por Ted Elliott, Terry Rossio, Stuart Beattie y Jay Wolpert Fotografía Paul Cameron Música Geoff Zanelli Intérpretes Johnny Depp, Javier Bardem, Geoffrey Rush, Brenton Thwaites, Kaya Scodelario, Kevin McNally, David Wenham, Stephen Graham, Adam Brown, Golshifteh Farahani, Orlando Bloom, Keira Knightley, Paul McCartney, Anthony de la Torre Estreno en España 25 mayo 2017; en Estados Unidos 26 mayo 2017

A nadie escapa que lo que Disney pretende alargando la saga que arrancó en uno de sus parques temáticos, sea lo mismo que pretende revisando sus clásicos ahora en imagen real y digital, generar nuevos dividendos e inflar las arcas de sus insaciables ejecutivos. En ese sentido podemos decir que esta quinta parte de las aventuras de Jack Sparrow en aguas caribeñas infectadas de zombis nauseabundos y fantasmas barroquísimos, no aporta nada nuevo, como tampoco lo hacía la anterior ni ninguna de las que siguieron a la sólo parcialmente novedosa primera parte. Pero las cosas se pueden hacer bien o mal, y nos congratulamos al comprobar que al menos en esta saga se se están haciendo bien, digamos con profesionalidad. Para ello se ha contado con una pareja de realizadores noruegos que debutaron precisamente en el cine americano con Bandidas, protagonizada por Penélope Cruz y Salma Hayek hace una década, para luego centrarse en el cine de su país con cintas como Kon-Tiki. Cine espectacular y de aventuras que les ha servido para dar fuerza y brillo a una película de la que no esperábamos nada salvo disfrutar de Bardem en otro registro, bajo kilos de maquillaje e intervenido por multitud de efectos digitales, bajando incluso el nivel de su excelente inglés para parecer más español aún. La sorpresa es que no sea él lo único que merece en una cinta que propone situaciones altamente espectaculares, un ritmo frenético y una agilidad narrativa que hace que sus dos horas largas de duración no cansen. Magnífico diseño de producción, un Johnny Depp algo más comedido y por lo tanto menos cómico, reencuentros que podrán resultar conmovedores para los fans de la saga, y algún cameo difícil de identificar (atención a Paul McCartney), completan una función en lo que lo de menos es su escuálida historia. Sirve además para afianzar la carrera de sus dos nuevas incorporaciones, los jóvenes y guapos Brenton Thwaites (La señal, The Giver, Dioses de Egipto) y Kaya Scodelario (Cumbres borrascosas, El corredor del laberinto) y disfrutar de un impecable acabado formal, en imágenes y sonidoY no se pierdan el nombre del actor que da vida al joven Sparrow, cuyo asombroso parecido potencian los efectos digitales: ¡Anthony de la Torre!

jueves, 25 de mayo de 2017

LA BARROCA CIERRA TEMPORADA CON UNA RAREZA EXUBERANTE, ACI, GALATEA Y POLIFEMO, DE HANDEL

Temporada 2016/2017 de la Orquesta Barroca de Sevilla. Andreas Spering, director. Berit Solset, soprano. Gabriel Díaz, alto. Luigi di Donato, bajo. Programa: Aci, Galatea e Polifemo, se Handel. Teatro Lope de Vega, miércoles 24 de mayo de 2017

Andreas Spering
Circula un video en el que Ruth Rosique interpreta a Acis, el pastor siciliano que se enamora de la ninfa Galatea, provocando así los celos del malvado cíclope Polifemo. Se trata de una versión escenificada por Davide Livermore, que justamente prepara su Bohéme valenciana para los próximos días en el Maestranza, en el que canto y danza conviven en reflejos simétricos, que nos hace preguntarnos por qué la excelente soprano gaditana, tan vinculada a nuestro círculo musical en colaboraciones generalmente anecdóticas, no ha sido considerada para ese papel en la primera interpretación que de la obra de Handel se realiza en nuestra ciudad. Es más, ¿por qué no la hemos visto en papeles de enjundia en nuestras temporadas líricas? Afortunadamente no pasa lo mismo con Gabriel Díaz, estupendo contratenor de Pilas que ya está cosechando notables triunfos en escenarios de todo el Mundo, y que en esta ocasión da vida a Galatea, papel concebido para castrato soprano pero que actualmente se encomienda a contraltos o mezzosopranos dada la tesitura de una voz a la que se le exige un timbre más agudo del que suele acompañar a un contratenor. De ahí que las intervenciones de Díaz, a cuya sedosa y bien proyectada voz, así como buen gusto en las ornamentaciones, nada hay que objetarle, no lograsen el nivel de convicción que el personaje demanda, aunque él salvara con notable las múltiples dificultades que esconde el rol.


Gabriel Díaz
Aci, Galatea e Polifemo es una cantata dramática o serenata que Handel compuso en 1708, durante su etapa italiana, probablemente por encargo de la Duquesa de Sanseverino para engalanar los fastos nupciales de su sobrina en Nápoles. De esa trama basada en los textos del poeta griego Teócrito surgiría diez años después la ópera, ya en inglés, Acis y Galatea, también del autor de El Mesías. El esfuerzo de la Barroca para poner en pie este drama lírico en concierto, contando para ello con la batuta del prestigioso Andreas Spering, de quien ya disfrutamos su Cazador furtivo de Weber hace seis años junto a la ROSS, no se vio rematado por una serie de circunstancias secundarias, como por ejemplo no ofrecer subtítulos que ayudasen a seguir la trama, o situar a los cantantes detrás de la orquesta, práctica últimamente muy extendida, si bien estimamos habrá sido una decisión obligada por las estrecheces del escenario y las particularidades acústicas del Teatro Lope de Vega.


Luigi de Donato
Ya desde la Obertura quedó patente que Spering optaría por tempi rápidos y extremadamente ágiles, como de hecho corroboró el dúo Sorge il dí con el que arranca la función, en detrimento del mayor lirismo y amabilidad que caracterizan páginas como ésta cuando se abordan con tiempos más pausados, aunque ello no nos privara de momentos sublimes en las voces de Galatea y Aci, a los que la orquesta se plegó con dulzura y hasta compasión. La estética refulgente y agresiva de Spering, más exuberante que elegante, pero con mucha energía dramática y un agitado virtuosismo, le vino muy bien a un conjunto que sobresale en estas lides, si bien no podemos pasar por alto que la cuerda aguda sonó a veces estridente, o que las maderas acompañaron torpes e imprecisas en el dificilísimo Fra l’ombre de Polifemo, que Luigi de Donato salvó con holgura, manteniendo su difícil equilibrio y exhibiendo una especial agilidad vocal de amplio rango y registro exigente, lo que provocó naturalmente la ovación del público. El bajo italiano ya arrancó en perfecto estilo, con furia y ferocidad, en Sibiliar l’angui; quizás un poco más de temperamento y carácter grotesco habría redondeado su participación. Por su parte Díaz se lució en arias como la conmovedora Benché tuoni, haciendo gala de una especial calidez, facilidad para articular y brillar en agilidades. Más pequeña resultó la voz de la soprano noruega Berit Solset, que ya tuvimos ocasión de escuchar hace apenas tres meses en este mismo escenario con The King's Consort, pero echó mano de una considerable vena dramática en arias como Qui l’augel da pianta in pianta, y sobre todo la casi susurrada Verso giá l’alma. Todo al servicio de una merecida divulgación de una pieza que merece ser disfrutada con recursos tan dignos como los que ofrecen la Barroca y sus acompañantes.

miércoles, 24 de mayo de 2017

PRESENTACIÓN DEL CD GYPSY INSPIRATION: GITANERÍAS ROMÁNTICAS A CARGO DE VICENT MORELLÓ Y TOMMASO COGATO

Gypsy Inspiration Presentación del disco homónimo por Vicent Morelló, flauta y Tommaso Cogato, piano. Programa: Obras de Emile Pessard, Paul Dukas, Fritz Kreisler, Pablo de Sarasate, Christopher Caliendo, Wilhelm Popp, Moreno Torroba y Béla Bartók. Espacio Turina, martes 23 de mayo de 2017

Con varios meses ya en el mercado, Vicent Morelló presentó el martes en el Espacio Turina su grabación en Super Audio CD Gypsy Inspiration, bajo el sello de Eudora y con distribución internacional de Naxos. Después de haberlo presentado en Navacerrada y Madrid, el flautista de la ROSS ofreció un concierto en compañía de Tommaso Cogato, que sustituyó así a Daniel del Pino, que es quien firma el registro junto a Morelló y que no pudo asistir por motivos de agenda. Se trata de una recopilación de piezas inspiradas directa o indirectamente en la música popular gitana que imperó en Europa a lo largo fundamentalmente del siglo XIX. Una rica sucesión de bellas melodías e imaginativas ornamentaciones que los dos competentes músicos pusieron en pie con evidente riqueza cromática y considerable buen gusto.

A pesar del éxito que orquestas gitanas cosecharon interpretando czardas y verbunkos en aquella época, pocas se preservaron escritas, y sus autores permanecieron anónimos, lo que provocó no pocos problemas a la hora de una posible edición que permitiera su interpretación al alcance de cualquier interesado. Quizás por eso proliferaron los arreglos, adaptaciones o composiciones originales inspiradas en estas piezas del acervo popular, de la mano de famosos como Liszt o Brahms. La selección propuesta por Morelló y Del Pino en el disco, parte del cual sirvió para ilustrar este concierto-presentación, nos llevó de Émile Pessard, maestro de Ibert o Ravel y autor de diversas operetas y misas, a Bartók y sus recopilaciones de cantos y danzas húngaras y rumanas. Las amables y sencillas melodías de Pessard (Andalouse), el mítico violinista Fritz Kreisler (La gitana) o la hermosa Canción gitana rusa del flautista Wilhelm Popp, encontraron en las maneras virtuosas y delicadas de Morelló el instrumento perfecto, mientras Cogato, el gran descubrimiento del pasado año en nuestra ciudad, acompañó elegante al piano, siempre atento a cada matiz y detalle.

Más comprometido expresivamente resultó el conmovedor Pequeño gitano del norteamericano Christopher Caliendo, autor de bandas sonoras de películas de serie B, títulos del cine mudo recuperados o clásicos restaurados como Mayor Dundee, compuesto como homenaje a un pequeño gitano testigo y víctima del genocidio nazi de su pueblo, que Morelló despachó con enorme sensibilidad. También la Dedicatoria de Moreno Torroba se saldó con una interpretación rica en expresividad y sensualidad, mientras la adaptación a flauta de los Aires gitanos de Sarasate sirvió para la habitual y triunfante exhibición de virtuosismo, dada la versatilidad y flexibilidad de Morelló para frasear y articular a discreción. De la misma manera que Alla gitana de Dukas logró eclipsar a la voz humana para la que fue concebida, y que las Danzas húngaras y rumanas seleccionadas por ese gran valedor del folclore del este de Europa que fue Béla Bartók, sirvieron para extraer de los músicos una musculosa y brillante interpretación a partir de su adaptación para flauta y piano por parte de Paul Arma.

lunes, 22 de mayo de 2017

NO SÉ DECIR ADIÓS Decepciones familiares

España 2017 96 min.
Dirección Lino Escalera Guión Lino Escalera y Pablo Remón Fotografía Santiago Racaj Música Pablo Trujillo Intérpretes Nathalie Poza, Juan Diego, Lola Dueñas, Pau Durá, Miki Esparbé, Noa Fontanals, Marc Martínez, Oriol Pla, Greta Fernández, Emilio Palacios Estreno en el Festival de Málaga 20 marzo 2017; en salas comerciales 19 mayo 2017

Otro realizador español debutante; parece que nos pasamos la vida asistiendo a lanzamientos de nuevos directores curtidos en la televisión y el cortometraje, a algunos de los cuales les sirve para atreverse con el formato largometraje acumulando cierta pericia, control y dominio de los medios y recursos. Escalera opta además por fijarse en un drama familiar, que es también muy recurrente. Gente de ciudad que huye de un entorno familiar supuestamente opresor y decididamente provinciano. Barcelona contra Almería, para desarrollar esta eterna lucha entre personas de un mismo núcleo familiar, y el reencuentro aparentemente regenerador y hasta catárquico que provoca el habitual punto de inflexión en forma de desgracia o enfermedad, que para celebrar eventos parece que sólo sirva la comedia. Escalera filma con elegancia, dominando espacios y colores y consiguiendo trasladarnos cierta tensión dramática que hace que asistamos interesados a una historia que, sin embargo, no llega nunca a progresar. Ahí es donde radica el problema de esta cinta galardonada en el Festival de Málaga con cuatro premios, entre ellos el de mejor guión, bien escrito pero mal enfocado. Unas estupendas interpretaciones moldean el resto para que el espectáculo sea mínimamente interesante, pero el personaje central por el que Nathalie Poza fue reconocida como mejor actriz en ese certamen, naufraga estrepitosamente. La eterna mujer desequilibrada, amargada y entregada a una vorágine de drogas, alcohol y sexo, que sin embargo mantiene estoicamente su difícil puesto de trabajo ( ser comercial ha requerido siempre gran dedicación y muchísimo esfuerzo, y más al nivel que lo ejerce la protagonista) y adopta una poco convincente responsabilidad frente a su padre enfermo, al que da vida un Juan Diego más inteligible de lo acostumbrado y premiado como mejor actor de reparto; una entrega y una dedicación que no encaja bien con ese matiz desequilibrado del personaje. Dueñas, que también realiza un buen trabajo, no puede sin embargo quitarse la máscara almodovoriana que hace que cada intervención suya sea un alivio cómico frente al desgarro existencial que parece querernos contar el joven realizador, si es que realmente esta película llega a contar algo consistente. El jurado de Málaga debió pensar que sí, concediéndole también el premio especial.

PERSONAL SHOPPER Asistente de los vivos y los muertos

Reseña de la película, estrenada en el XIII Festival de Cine Europeo de Sevilla el 10 de noviembre de 2016. Estreno en España 19 mayo 2017

domingo, 21 de mayo de 2017

DÉJAME SALIR Decepcionante intento de renovar un género clásico

Título original: Get Out
USA 2017 104 min.
Guión y dirección Jordan Peele Fotografía Toby Oliver Música Michael Abels Intérpretes Daniel Kaluuya, Allison Williams, Catherine Keener, Bradley Whitford, Caleb Landry Jones, LiRel Howery, Marcus Henderson, Betty Gabriel, Lakeith Stanfield, Stephen Root Estreno en el Festival de Sundance 23 enero 2017; en Estados Unidos 24 febrero 2017; en España 19 mayo 2017

Hay actores que después de una exitosa y dilatada carrera se pasan a la dirección o la simultanean, casos de Redford, Newman o Eastwood, y otros que tras probar en la interpretación sin mucha suerte, se pasan a la dirección y cobran notoriedad. Es el caso de Peter Berg (El único superviviente, Día de patriotas) o de Jordan Peele y éste su debut Get Out (Sal, en lugar de su adulterado título español, que parece emular el de aquella famosa película de vampiros sueca que se llamaba Déjame entrar). Quien diera vida a Obama en una serie de televisión pretende dar un giro radical al cine de terror combinándolo con el de denuncia social, mezclando comunidades diabólicas con cierto aire de racismo a la inversa, una especie de perversa admiración hacia otras razas que podría dar verdadero miedo. Esta suerte de retrato de la era Trump post Obama, y experimento que apenas logra convencer, se convierte en un descafeinado cruce entre Los padres de ella y Adivina quién viene esta noche aderezado con La semilla del diablo. Su prometedor arranque se ve pronto traicionado por un tratamiento dramático demasiado convencional, sin suficientes dosis de humor, con situaciones artificiosas que huelen más a impostura que otra cosa, y una resolución que abandona su punto de partida para arrojarse en brazos del disparate y de un absurdo tan poco ingenioso como falto de imaginación. Una pena porque sobre el papel prometía y generaba mucha inquietud. Ni tan siquiera las interpretaciones logran salvar un producto que apenas logra funcionar porque entretiene y permite esperar más, generando una inquietud que no se traduce en efectividad pero casi mantiene la tensión.

EL CASO SLOANE Corrupción, ambición y viceversa

Título original: Miss Sloane
USA-Francia 2016 132 min.
Dirección John Madden Guión Jonathan Perera Fotografía Sebastian Blenkov Música Max Richter Intérpretes Jessica Chastain, Mark Strng, Gugu Mbatha-Raw, Michael Stuhlbarg, Alison Pill, Jake Lacy, Sam Waterston, John Lithgow, Christine Baranski, Douglas Smith, Dylan Baker, Meghann Fahy, Ennis Esmer, Grace Lynn Kung, David Wilson Barnes, Lucy Owen Estreno en Estados Unidos 9 diciembre 2016; en España 19 mayo 2017

La enésima entonación norteamericana del mea culpa llega de la mano del artesano John Madden, capaz de recopilar Oscars en Shakespeare enamorado, realizar pastelitos como El exótico Hotel Marigold o lograr solventes thrillers como La deuda o ésta Miss Sloane, ambas protagonizadas por la electrizante Jessica Chastain. En esta ocasión la actriz da vida a una ambiciosa mujer de negocios en la línea de la que interpretó Faye Dunaway en Network hace cuarenta años. Una mujer volcada en su trabajo, sin apenas vida privada y con una tan desbordada ambición que no duda en utilizar métodos poco éticos y ortodoxos con tal de conseguir sus propósitos, al precio además que sea. Para eso el retorcido e intrincado guión del debutante Jonathan Perera, con un ojo en el estilo y la caligrafía de Aaron Sorkin (La red social, La guerra de Charlie Wilson, Algunos hombres buenos o la serie de televisión El ala oeste de la Casa Blanca), utiliza como mcguffin el enfrentamiento del loby armamentístico con los partidarios de un mayor control de las armas, un problema que conlleva la reinterpretación de la segunda enmienda, con todos los prejuicios que para una sociedad eminentemente conservadora conlleva cuestionarse una ley escrita desde época de nuestros ancestros; un poco lo que pasa aquí con el inmovilismo constitucional, que nos obliga a acatar con extremo rigor todo lo establecido en la Carta Magna, redactada cuando nuestras necesidades eran otras Es por eso y por la putrefacción y la corrupción que adorna la política estadounidense, que resulta fácil identificar en los temas y miserias abordados en este guión los que preocupan a nuestra sociedad. Pero es en última instancia la compleja personalidad de esta obsesiva e inteligente mujer de negocios y estratega, lo que realmente atrae en el conjunto y le da entidad propia, gran mérito de lo cual lo tiene la excelente interpretación de Jessica Chastain, prodigio de matización y flexibilidad. La firme dirección de Madden consigue el ritmo y la energía suficientes para que el drama se siga con interés, logrando además de un elenco ejemplar unas interpretaciones sobresalientes. Es el guión lo más discutible de la función, por cuanto dilata la acción con más información de la necesaria, gran parte de ella ininteligible, aunque como suele ocurrir en estos casos al final no sea relevante, y con trucos narrativos que provocan la habitual sensación en este tipo de empresas de que se nos ha tomado el pelo, incluida una resolución efectista que no resistiría un análisis dramático pormenorizado. En cuanto a la puesta en escena, la habitual en este tipo de producciones, mucha sobriedad, vestuario oscuro y despachos clásicos; otra demostración de inmovilismo en un sistema que juega a la distinción cuando en realidad sólo produce basura y miseria.

jueves, 18 de mayo de 2017

EL RETABLO DE MAESE PEDRO DE OSC: LO RANCIO HECHO FRESCO

El retablo de Maese Pedro, de Manuel de Falla. Orquesta Sinfónica Conjunta. Juan García Rodríguez, dirección musical. Alfonso Zurro, dirección de escena. Juan Antonio de la Plaza Antúnez, dirección y puesta en escena de títeres. Aurora Galán, Andrés Merino y Álvaro Bernal, voces solistas. Alumnos y titiriteros de la Escuela Superior de Arte Dramático de Sevilla. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, miércoles 17 de mayo de 2017

No suelo personalizar, pero soy un sentimental. Eso explica la profunda emoción que experimento cada vez que me enfrento a una propuesta de la Sinfónica Conjunta y sus jóvenes integrantes. Emoción que me provoca ser consciente de que hay una juventud disciplinada y responsable, implicada hasta la médula para que todo salga bien y ofrecer el máximo rendimiento en las a menudo difíciles tareas que se les encomiendan. Detrás de esta producción de El retablo de Maese Pedro de Falla, que apenas, casi nunca, se representa hoy en día, está el espíritu inquieto de Juan García Rodríguez, que estos días celebra un ciclo homenaje a Boulez junto a Zahir Ensemble y hace apenas unas semanas estrenaba en el Central La caída de la casa Usher de Philip Glass, además de estar preparando el tercer concierto de la temporada de la joven orquesta, que dirigirá su tío Joaquín Rodríguez Romero el 26 de mayo en Ingenieros. La Universidad de Sevilla, el Conservatorio Manuel Castillo, la Escuela de Arte Dramático y el Teatro de la Maestranza han sumado fuerzas para poner en pie esta pieza que aglutina teatro, títeres, ópera y música instrumental, y que para la ocasión se ha reforzado con un acompañamiento dramático que dilata su duración de la media hora inicial a la casi hora de representación.

Alfonso Zurro ha imaginado a dos limpiadoras que divagan sobre el espectáculo que se va a llevar a cabo, una explotando ese andalucismo casposo que no nos favorece. Después aparecen en escena la Princesa de Polignac y un entrevistador, emplazándonos a 1923, cuando Falla compuso la pieza en su honor. La fascinante vida de esta importante mecenas de las artes norteamericana residente en París, sirven de argumento para este sainete central, el más conseguido. El humor crece en el tercer segmento, con una agresiva (y bigotuda) productora, y una directora de escena con pinta de Diane Keaton, discutiendo sobre el contenido del evento. Todos estos personajes introducen así la estética dramática, musical e histórica de la función. Entonces aparece un Don Quijote trajeado como estrella mediática con la que todos y todas quieren hacerse un selfie, y a partir de ahí la función deambula según derroteros tradicionales, pero con tal frescura y agilidad que borra cualquier elemento rancio que la pieza pudiera retener.

La batuta siempre enérgica de Rodríguez mantuvo el espíritu jocoso, superando cualquier inconveniente en la precisión de los entusiastas músicos, que vieron cómo su esfuerzo y las horas de ensayo valieron la pena, ofreciendo páginas llenas de color y lirismo en el perfecto estilo neoclásico de la pieza. Las voces del trujamán (Aurora Galán con timbre convenientemente estridente y muy potente), Álvaro Bernal (bien colocada y perfectamente entonada) y Andrés Merino (un Quijote flexible y de timbre brillante, sólo eclipsado por el torrente orquestal en la escena de su arrebato final), contribuyeron al éxito de una empresa que se presentó en calidad de proyecto académico, y que encontró en las voluminosas marionetas, cargadas de expresividad gracias al excelente trabajo de los jóvenes titiriteros y titiriteras, el complemento perfecto para un trabajo ejemplar.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 17 de mayo de 2017

GUARDIÁN Y VERDUGO El horror visto superficialmente

Título original: Shepherds and Butchers
Sudáfrica 2016 106 min.
Dirección Oliver Schmitz Guión Brian Cox, según la novela de Chris Marnewick Fotografía Leah Striker Música Paul Hepker Intérpretes Steve Coogan, Garion Dowds, Andrea Riseborough, Robert Hobbs, Dean Lutz, Brett Williams, Carel Nel, Lauren Steyn, Matthew Dylan Roberts Estreno en el Festival de Berlín 12 febrero 2016; en España 12 mayo 2017

Más de ciento cincuenta reos fueron ejecutados mediante ahorcamiento en las cárceles de Sudáfrica en el año 1987, récord de aplicación de penas de muerte en ese país que durante tanto tiempo protagonizó las crónicas más negras e incivilizadas de la condición humanas. Ni que decir tiene que la inmensa mayoría de los ejecutados fueron de raza negra; una suerte de genocidio o limpieza étnica propiciada por las malas condiciones de vida de un colectivo condenado a delinquir y cometer los atroces crímenes por los que eran juzgados y sometidos a pura aniquilación. Esta barbaridad sirvió al ex magistrado Chris Marnewick para escribir su primera novela, en la que un abogado militante de la causa anti pena capital debe defender a un guardia de seguridad de una de estas cárceles del régimen del apartheid, acusado de un múltiple asesinato, basando su línea de defensa en la inestabilidad emocional de quien ha sufrido un estresante y delicado trabajo directo con la muerte. Hasta aquí el mérito incontestable de la película, contar uno de tantos cruentos detalles que hicieron indecente ese país llamado a ser adalid del progreso occidental en la primitiva África. Porque como película nos encontramos ante un producto muy básico, con un tratamiento demasiado convencional y plano de tan interesante material dramático. A lo que hay que sumar una escasa entidad en la definición de los personajes y una línea de análisis algo ambigua. Su realizador se limita a narrar los hechos con una fría caligrafía, mientras sus intérpretes apenas esbozan unos caracteres que debían revelarse inquietantes y poliédricos. De Steve Coogan sacó mucho más provecho Stephen Frears en Philomena, y hasta Michael Winterbottom en sus semidocumentales turístico-gastronómicos. Andrea Riseborough, a quien hemos visto junto a Tom Cruise en Oblivion , dando vida a Wallis Simpson a las órdenes de Madonna, o protagonizando otra cinta de juicios, el remake televisivo de Testigo de cargo, apenas tiene ocasión de lucirse en su papel de fiscal, mientras el joven Garion Dows debuta explotando un tic recurrente que poco aporta a su enigmático personaje. Parece no obstante que convenció en la sección Panorama de Berlín; desde entonces se ha paseado por muchos festivales, pero apenas se ha estrenado comercialmente en los Emiratos Árabes y aquí en España .

lunes, 15 de mayo de 2017

CORRECCIÓN FORMAL Y TEMPLADA EXPRESIVIDAD EN EL 8º CONCIERTO DE CÁMARA DE LA ROSS

8º concierto del ciclo de música de cámara de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Juan Carlos Chornet Mena, flauta. José Manuel González Monteagudo, oboe. Piotr Zymyslik, clarinete. Javier Aragó Muñoz y Álvaro Prieto Pérez, fagotes. Ian Parkes, trompa. Tatiana Postnikova, piano. Programa: Quinteto para piano e instrumentos de viento Op.16, de Beethoven; Till Eulenspiegels lustige Streiche Op.28, de Strauss; Sexteto para flauta, oboe, clarinete, dos fagotes y piano H.174, de Martinu. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, domingo 14 de mayo de 2017


No cabe duda de que la Sinfónica se esfuerza por acercarnos repertorios poco transitados en música de cámara, para ello cuenta con efectivos especializados en cada una de las familias orquestales, capaces de múltiples combinaciones con las que abarcar un amplio abanico de propuestas musicales. Las que se programaron en esta ocasión combinaron instrumentos de viento, fundamentalmente maderas, y piano, contando para ello con la inestimable labor y el incontestable talento de Tatiana Postnikova al instrumento rey, y con un nutrido conjunto de eficientes intérpretes al que se añadió como invitado el flautista de la Orquesta de Granada Juan Carlos Chornet; una colaboración casi insólita hasta el momento, que puede derivar en una sana y conveniente costumbre, acercándonos a músicos de otras formaciones, sobre todo andaluzas, con los que conviene también familiarizarse.

El Quinteto Op. 16 de Beethoven, del que su autor realizó también una reducción para cuarteto de piano y cuerdas, es una obra amable cuyo grave introductorio atisba cierto aire heroico e imperioso que los músicos tradujeron en medida tan justa como equilibrada, pero sin grandes alardes que lo hicieran memorable. Por esos derroteros deambuló el resto de la interpretación, siempre impecable a nivel técnico pero tan aseada como escasa de valor emocional, por mucho que la encantadora aria central manifestara cierta, siempre tímida, calidez; al igual que el carácter casi aéreo del rondó final, correcto pero poco inspirador.

El arreglo camerístico de David M. Carp de Las travesuras de Till Eulenspiegel redunda en el carácter burlesco, casi grotesco de la pieza, con abundantes disonancias y episodios contrastados que hacen aún más antipática y estridente esta pieza sobre las desventuras de un sinvergüenza, que Piotr Zymyslik, encargado de llevar la voz cantante, describió según las autorizadas pautas de un colaborador directo de Richard Strauss con el que el clarinetista de la ROSS tuvo oportunidad de estudiar en sus años de juventud. Con todo faltó un espíritu más cortante en la ejecución de la página. De igual forma el Sexteto de Bohuslav Martinú careció de suficiente magia, por mucho que el conjunto se acercase con eficacia a reflejar su carácter jazzístico, presente en el dúo central que Postnikova y Chornet salvaron con brillantez, y en el más evidente blues que le sigue. El ritmo, siempre discreto y pautado, del finale sirvió para repetirlo como propina en un concierto bien llevado, cuidado en todos sus elementos, incluidos los acústicos, pero templado en espíritu y expresividad.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 14 de mayo de 2017

FILM SYMPHONY ORCHESTRA Y LA MÚSICA DE LAS GALAXIAS: ACOMPAÑÓ LA FUERZA

Concierto de Música de Cine de la Film Symphony Orchestra. Constantino Martínez-Orts, dirección. Programa: La Música de las Galaxias (temas de John Williams para las películas La guerra de las galaxias, El imperio contraataca, El retorno del Jedi, La amenaza fantasma, El ataque de los clones y El despertar de la fuerza).
Auditorio FIBES, sábado 13 de mayo de 2017

Martínez-Orts con su habitual atuendo Matrix, observado
por un soldado imperial en el Palau de la Música de Valencia
La del sábado fue una noche inolvidable para fans y admiradores de Eurovisión, que se quedaron en casa para sufrir una de las peores debacles de nuestra participación en el Festival, algo inédito desde la barca de Remedios Amaya, y los de las guerras galácticas de George Lucas, que acudieron a Fibes para palpitar con un concierto excepcional a cargo de la ya consagrada Film Symphony Orchestra valenciana. Los seguidores de ambas disciplinas tuvieron que elegir, y si se decantaron por las sensacionales partituras del gran e irrepetible John Williams, desde luego no salieron decepcionados. Y es que activos desde 2012, la orquesta ha mejorado considerablemente tras esas primeras giras, que en Sevilla siempre han recalado en el espectacular auditorio del Palacio de Congresos, y que tan decepcionantes nos parecieron como para saltarnos sus citas en posteriores ocasiones. Así hasta que un programa tan atractivo como el despachado en ésta atrajo nuestra curiosidad, y escépticos nos hemos topado con el mejor de cuantos conciertos de música de cine hemos disfrutado en los últimos años.

Chewbacca rodeado de admiradores, jóvenes y adultas
(foto: Francisco Tristán)
La fiesta en que los fans de la saga convierten cada concierto de esta singular orquesta, en su mayoría integrada por jóvenes intérpretes, se tradujo en mucho público ataviado como Darth Vader, Obi Wan Kenobi, Chewbacca o la más reciente Rey, sin olvidar la más elaborada de la noche, la caracterización de la princesa Amidala. Nadie pareció atreverse con el recuerdo de Carrie Fisher y su Princesa Leia ni con Yoda, no fueran a confundirle con el impopular Pujol. Espadas láser por doquier, unos juegos de iluminación muy acorde con la propuesta musical, y la comunión del muy respetuoso, numeroso y agradecido público, coronaron una noche de fiesta y celebración, que ni siquiera el sonido amplificado, muy sutil esta vez, logró ensombrecer. Aplaudimos también la ausencia de proyecciones, que como hemos comprobado en otras manifestaciones de corte similar, distraen mucho de lo que realmente importa, la música. El progreso indiscutible del conjunto y su apasionada batuta, logro indudable del esfuerzo y el entusiasmo, que les ha llevado incluso a acompañar la última edición de los Premios Goya, se hizo patente en una lectura brillante, enérgica y esmerada de los más populares temas de la saga iniciada hace justo cuarenta años.

Magníficamente caracterizados
Amidala y Darth Vader

(foto: Francisco Tristán)
Martínez-Orts hizo gala de una saludable elocuencia introduciendo cada tema con convincentes argumentos, mientras su enérgica dirección logró páginas impecables como El campo de asteroides del Episodio V o los temas de Rey y de la Resistencia del VII, a la vez que nos sorprendía con una versión inédita para gran orquesta y mucho swing del divertido Cantina Band que puso en pie a toda la platea. Magníficos los solos de trompa en los temas de amor de la trilogía clásica, de tuba y clarinete en el tema del antipático Jar Jar, o de arpa en el precioso tema de Annakin y Padmé. El programa alternó piezas de acción y carácter, salvadas con brío y una percusión muy trabajada desde el punto de vista estético, sin eclipsar ni agredir al resto del conjunto, y piezas relajadas, construidas con evidente sentido del vuelo lírico y puntuales y muy elocuentes ralentizaciones que potenciaron su carácter expresivo y emocional. Poderosos también los metales en una versión sensiblemente extendida del Desfile de banderas del Episodio I y la majestuosa Pompa y Circunstancia del Salón del Trono que puso final a la cita, antes de atacar en los bises con la imprescindible Marcha Imperial. Y todo con enormes dosis de fuerza, emoción y expresividad, sin limitarse a una lectura fiel de las partituras, seguramente muy costosas de conseguir para su interpretación en directo, sino prestando mucha atención a que el espíritu de Williams se mantuviera presente, justo como hay que abordar este repertorio.

Versión extendida del artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 13 de mayo de 2017

BAJO EL SOL Haz el amor, no la guerra

Título original: Zvizdan
Croacia-Serbia-Eslovenia 2015 123 min.
Guión y dirección Dalibor Matanic Fotografía Marko Brdar Música Alen y Nenad Sinkauz Intérpretes Tihana Lazovic, Goran Markovic, Nives Ivankovic, Mira Banjac, Slavko Sobin, Dado Cosic, Trpimir Jurkic, Lukrecija Tudor, Stipe Radoja Estreno en e Festival de Cannes 17 mayo 2015; en Serbia 24 marzo 2016; en España 12 mayo 2017

Candidata en su momento al premio del público en los Premios del Cine Europeo y Premio Especial del Jurado en la sección Un Certain Regard de Cannes, Bajo el sol es una bienintencionada pero fallida película que pretende analizar el absurdo de la guerra, el dolor inútil que provoca, y convencernos que siempre es más conveniente hacer el amor que la guerra, como si de una proclama hippy se tratara. Es evidente que toda su base argumental y temática cae por su propio peso, y que en la gravedad de los asuntos que trata se hubiera agradecido un tratamiento mucho más riguroso y, si se quiere, incluso más emotivo que el que contiene el film de Matanic. Tres historias de amor frustrado en tres décadas diferentes y consecutivas, marcan el terreno físico y temporal en el que se desarrolla la última de las grandes guerras civiles de Europa, la de la antigua Yugoslavia que enfrentó a croatas y serbios hasta separarlos definitivamente. Precisamente una mujer serbia y un hombre croata, al estilo de unos Romeo y Julieta contemporáneos, sufren con los mismos intérpretes pero diferentes personajes, para preservar su juventud a lo largo de estos treinta años, los avatares de la conflagración, aunque ésta no aparece ni tan cruenta ni tan definitiva como debiera, quizás en un ejercicio de preservar el conjunto del sensacionalismo que suele acompañar estas propuestas. Separados por el conflicto, por las heridas que ha dejado o por las erróneas decisiones tomadas en el pasado como consecuencia del mismo, los dos personajes se enfrentan a una sucesión de situaciones malogradas por falta de desarrollo y profundidad, con una realización que se confía a la supuesta sensualidad de los intérpretes, y con caídas considerables de tono, ritmo y tensión, cuya cumbre es una tediosa secuencia de festival de verano con cuerpos bailando sin ton ni son durante más tiempo del conveniente para reflejar esa inutilidad a la que hacíamos referencia. El resultado es una cinta aburrida, larga y desentonada que podría haber dado sobre el papel un mejor y más estimulante balance.

ALIEN: COVENANT La eterna gallina de los huevos de oro

USA 2017 123 min.
Dirección Ridley Scott Guión John Logan y Dante Harper Fotografía Dariusz Wolski Música Jed Kurzel Intérpretes Michael Fassbender, Katherine Waterston, Billy Crudup, Demián Bichir, Danny McBride, Carmen Ejogo, Jussie Smollett, Amie Seimetz, Callie Hernández, Nathaniel Dean, Alexander England, Benjamin Rigby, Uli Latufeku, Tess Haubrich, Guy Pearce, James Franco, Noomi Rapace Estreno en Estados Unidos 19 mayo 2017; en España 12 mayo 2017

Desde que a finales de los setenta y principios de los ochenta Scott dirigiera sus geniales Los duelistas, Alien y Blade Runner, apenas ha logrado filmar un puñado de buenas o sólo estimables, nunca geniales, cintas, entre las que se encuentran Thelma y Louise, Gladiator o la más reciente Marte. El resto de su filmografía parece haber dando tumbos tropezando continuamente. Uno de los últimos ejemplos lo tuvimos en la repelente Prometheus, precuela de la legendaria Alien y de ésta que nos ocupa, a su vez precuela del título que dio origen a esta saga de la que ya se cumplen casi cuarenta años y seis títulos oficiales. Scott retoma al alienígena que tanta fama le reportó en su tercera incursión directa en la colección, para según sus propias palabras hacer caja. Puede agradecérsele que haya limado la pátina, aunque no abandonado, de pedantería y pretenciosidad que adornaba su fallida Prometheus, con ínfulas filosóficas con las que se atrevía a analizar el papel creador del hombre y el origen mismo del universo. Se agradece también que intente retomar el aspecto de mero vehículo energético y adrenalítico que primaba en el primer título de la serie, lo que convierte a ésta en un híbrido entre la aventura metafísica de Prometheus y la acción y el terror asfixiantes de Alien, el octavo pasajero, como puente precisamente entrambas que es, si bien los bichos se han multiplicado y han tomado la actitud de los critters. Pero en sí misma Alien Covenant (tercera de las naves que la saga pretende hacer famosas, tras Nostromo y Prometheus) no ofrece nada nuevo. Confusa en su montaje y con la cargante fotografía nerviosa que se suele emplear en este tipo de producciones, su excesiva plantilla de secundarios y secundarias y su marcado énfasis dialéctico, apenas logra entusiasmar en sus contadas escenas de acción, nunca tan terroríficas ni definitivas como se anuncian, mientras el resto se antoja plomizo y reiterativo. Fassbender, tras una prometedora carrera hoy encasillado en papeles similares que a buen seguro le están engrosando considerablemente la cuenta corriente, interpreta al humanoide como si lo hubiera escrito Shakespeare, mientras el diseño y la tecnología, ávida por mostrar los últimos avances, se antoja mucho más moderna que su ilustre origen, por mucho que ésta se ambientara en época posterior. Su pedantería, de la que Scott no ha sabido o no ha querido deshacerse, alcanza también a la creación artística, mientras Wagner vuelve a utilizarse como estandarte de la villanía suprema más endiosada, con la significativa Entrada de los Dioses en el Valhalla como leit motiv recurrente. Al menos ha tenido la sensatez de recuperar el archifamoso tema principal que compuso Jerry Goldsmith para la primera entrega, y que el director despreció en su momento para sustituirlo por la Sinfonía Romántica de Howard Hanson. Jed Kurzel, hermano de Justin, director de dos títulos con Fassbender, Macbeth y Assassin’s Creed, lo revisa y versiona incansablemente, mientras también suenan ecos del olvidable tema que Marc Streitenfeld compuso para Prometheus.

viernes, 12 de mayo de 2017

MONEY Una trampa mortal urdida con esfuerzo e ingenio

España-USA 2016 86 min.
Dirección Martín Rosete Guión Josep Ciutat Fotografía José Martín Rosete Música Alfonso González Aguilar Intérpretes Jamie Bamber, Kellan Lutz, Jess Weixler, Jesse Williams, Lucía Guerrero, Fredric Lehne Estreno en el Festival de Palm Beach 6 abril 2016; en salas comerciales 12 mayo 2017

Al director madrileño Martín Rosete le abrió las puertas su cortometraje Voice Over, nominado al Goya y premiado en multitud de festivales. Su debut en el largometraje cuenta con la complicidad en el guión de su amigo Josep Ciutat, que para la ocasión ha urdido un argumento que parece el plan perfecto para atrapar al espectador en una vorágine de intriga y traición, la que se marcan dos amigos triunfadores en los negocios que reciben una incómoda y violenta visita que pretende desenmascararlos y abortar su particular estrategia de ambición y poder. Escrita con esmero pero con abundantes lagunas que empiezan por la cantidad de información que maneja el protagonista, cuyas fuentes nunca se desvelan, la trama encierra a cinco personajes en un único escenario, una lujosa y vanguardista casa en las afueras de Nueva York, y un tiempo muy marcado, la noche al día, lo que permite a sus artífices hacer un trabajo aseado y aparente sin que se noten las costuras de un presupuesto muy limitado y un evidente esfuerzo de producción salvado con pasión y convicción. La participación de intérpretes de incontestable atractivo físico y competente aptitud dramática, de segunda pero con amplia trayectoria en el sector audiovisual (Kellan Lutz ha participado en la Saga Crepúsculo, Immortals y Hércules: El origen de una leyenda) juega también a su favor, con especial mención para la potente caracterización de los personajes femeninos. El ritmo y los giros son eficientes, asegurando un entretenimiento digno al que sin embargo se le escapan sus mensajes morales, algo esquivos en un conjunto que no acaba de cuajar en toda su dimensión, con situaciones y resultados que a veces rozan la ingenuidad. Después de haberlo paseado durante un año por multitud de festivales, ganando numerosos premios, recala en nuestras salas y pronto lo hará en las de Estados Unidos y Reino Unido. Merece sin duda una oportunidad.

martes, 9 de mayo de 2017

BETICÁMARA: MÚSICA DE CÁMARA DE ALTO NIVEL

Ciclo Música de Cámara de la Orquesta Bética de Cámara. Jacobo Díaz Giráldez, oboe. Alberto Acuña Almela, flauta. Michael Thomas, violín. Ignacio J. Manzano Fernández, viola. Benjamín Rodríguez, violonchelo. Programa: Cuarteto con oboe K.370 y Cuartetos con flauta K.298 y 285, de Mozart; Trío para cuerdas D471, de Schubert.
Espacio Turina, lunes 8 de mayo de 2017

Sevilla es una ciudad desconcertante, en el amplio sentido de la palabra. El nivel alcanzado por la Bética de Cámara, unido a su responsabilidad histórica, hace imprescindible su conservación, más allá de los consabidos apoyos institucionales que difícilmente recalarán en ella cuando las partidas presupuestarias están tan repartidas y consolidadas. Es indispensable echarle imaginación e insistir en otras vías de financiación y promoción que logren la atención que el conjunto merece. Nuestro público es muy de espacios, de atender cualquier propuesta que llegue del Maestranza así como de ver cine en versión original sólo en los Avenida. Así cada propuesta del Turina parece languidecer inexplicablemente, de forma que los muy loables esfuerzos desplegados para remontar esta sala de excelente acústica no están dando los frutos deseados.

El esfuerzo, el empeño y, sobre todo, el entusiasmo lograron que con un discretísimo aforo, la Bética ofreciera el pasado lunes un breve pero suculento programa en torno al clasicismo, con especial dedicación a dos instrumentos solistas que aprovecharon la oportunidad para lucirse. Jacobo Díaz, de cuyo talento al oboe ya hemos disfrutado en repetidas ocasiones junto a éste y otros conjuntos como la Barroca, extrajo brillo de su instrumento en el Cuarteto K.370 que Mozart compuso para el virtuoso Friedrich Ramm. Su aportación se benefició de un alto nivel en el acompañamiento de la cuerda, como si de un concierto se tratase, fusionando su amplio y elegante fraseo con los alardes contrapuntísticos de la cuerda, y potenciando tanto el aire pastoril del adagio central como el elocuente diálogo instrumental del rondó final.

También fue extraordinaria la intervención del joven Alberto Acuña en los dos cuartetos para flauta de Mozart que se interpretaron. Con un arranque áspero y de sonido poco limpio en el K.285, que resolvió inmediatamente con una claridad expresiva que no le abandonó ni en el resto de éste ni en el Cuarteto K.298, el flautista hizo gala de un dominio perfecto del instrumento y la respiración, articulando a discreción, con envidiable soltura y absoluta solidez, mientras el resto del conjunto acompañó manteniendo una línea homogénea y un sonido nítido, especialmente remarcable en el violín de Thomas y la viola, rotunda y enérgica, de Ignacio Manzano, si bien al chelo de Benjamín Rodríguez le faltó un poco más de autoridad. El único movimiento del incompleto Trío D.471 de Schubert, un tesoro en miniatura del que la cuerda extrajo también toda su riqueza expresiva y emocional, completó un programa al que sólo podemos reprochar su escasa duración.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 7 de mayo de 2017

Z. LA CIUDAD PERDIDA Una magnífica crónica sobre la gloria y la responsabilidad

Título original: The Lost City of Z
USA 2016 140 min.
Guión y dirección James Gray, según el libro de David Grann Fotografía Darius Khondji Música Christopher Spelman Intérpretes Charlie Hunnam, Sienna Miller, Robert Pattinson, Tom Holland, Angus Macfdyen, Edward Ashley, Bobby Smalldridge, Tom Mulheron, Aleksandar Jovanovic, Ian McDiarmid, Clive Francis, Pedro Coello, Franco Nero Estreno en el Festival de Berlín 14 febrero 2017; en Estados Unidos 24 marzo 2017; en España 5 mayo 2017

La mítica ciudad de El Dorado ha alimentado la imaginación de miles de exploradores de todo el mundo desde la época de los conquistadores, en busca no sólo de grandes tesoros sino de una respuesta a nuestra civilización que sirva para librarnos de nuestra arrogancia y lograr de este modo una vida más pacífica, racional y razonable entre todos los seres humanos. Películas como Aguirre, la cólera de Dios de Herzog, El Dorado de Carlos Saura, e incluso la comedia de acción La búsqueda o una cinta de animación con música de Elton John, han intentado plasmar en la pantalla la magia y la fascinación generada en nosotros y nosotras por tan enigmática y fabulosa civilización; James Gray es quizás quien más se ha acercado en el empeño. Admirado más en Europa, fundamentalmente en Francia, que en su país natal, el realizador norteamericano ha cultivado en veinte años una estupenda filmografía que deviene ahora en la que posiblemente sea su mejor película. Con una carrera que nos hace recordar en cierto modo a la de otro de los grandes, Kubrick, que empezó con cintas de discreta factura con contenido criminal (Little Odessa, La otra cara del crimen, La noche es nuestra) y continuó con la estupenda Two Lovers hasta llegar a su primera incursión de época con la intimista epopeya sobre la inmigración en el Nueva York de principios del siglo XX El sueño de Ellis; un acercamiento al cine de mayor presupuesto que le ha llevado a esta película, como a Kubrick Senderos de gloria le llevó a Espartaco. Y en ambos casos patrocinado por un actor, Kirk Douglas en el caso del malogrado realizador, Brad Pitt en el de Gray, que seguramente por no poder interpretar al protagonista debido a su edad, ha decidido que lo haga un joven de parecido físico, Charlie Hunnam, al que pronto veremos en otra cinta sobre el Rey Arturo. Z, La ciudad perdida es sobre todo gran cine, ambicioso, épico e imponente, que Gray ha sabido manejar con soltura y elegancia en un alarde de rigor narrativo y esplendor visual. Pero no se queda en una ilustración más o menos fiel de las aventuras y desventuras del coronel del ejército británico Percy Fawcett en su obsesión por encontrar la mítica ciudad del Amazonas, sino que plantea una lucha interna destructora y avasalladora en el protagonista, la de sus motivaciones, ¿la propia gloria o el progreso de la humanidad? Una lucha que arrastra a su familia, con una excelente Sienna Miller en el que quizás sea el mejor papel de su vida, o el joven Tom Holland (Lo imposible) como hijo que en sus reproches y reflexiones siembra aún más esas dudas que jalonan el deambular del aventurero protagonista, a la vez que comparte un destino incierto pero lleno, como todo lo demás en la película, de magia. Robert Pattinson como amigo fiel y comprometido, y Angus Macfadyen como cobarde compañero de fatigas que deriva en inmerecido enemigo, completan un reparto ejemplar. Con una sensacional fotografía del veterano Darius Khondji, que ha trabajado a las órdenes de Polanski, Haneke, Woody Allen o el propio Gray, y una dosificación de la dramaturgia que no desfallece a pesar de su largo metraje, el director sabe combinar perfectamente el carácter intimista de la función con un necesario contenido aventurero y un mensaje universal que nos coloca en la tesitura de sentirnos insignificantes frente a una naturaleza desbordada y magnífica. Lástima que entre tantos logros y parabienes, la cinta se prodigue también en una serie de errores que hubiesen sido fácilmente salvables de haber manifestado un rigor aún más estricto. Bebés que no crecen, adultos que envejecen a mayor velocidad que sus hijos crecen, ambientación que no corresponde a la época… son detalles que mejor descubren ustedes en lugar de enumerarlos aquí uno a uno. A esto hay que añadir una utilización enojosa de la banda sonora, por cuanto se perfila a través de música clásica aludida directa o indirectamente en forma de arreglos o adaptaciones, lo que para el melómano constituye un elemento distanciador e incluso aislador de diálogos y tramas. La música en un film debe ilustrar sin confundir ni distraer; cuando se utiliza música clásica, como hacía también Kubrick y abusa otro clásico moderno, Terrence Malick, el oyente se empeña en identificar piezas (Daphnis et Chloé de Ravel, por ejemplo) o plagios indisimulados de éstas (La consagración de la primavera de Stravinsky). Y ya cuando lo que ocurre es que en un baile los valses suenan como si los interpretasen la Filarmónica de Viena, o un teatro improvisado de ópera en medio de la selva lo hace como si Mozart fuera interpretado en La Scala de Milán, entonces el enojo es aún mayor. No obstante frente a toda la aglomeración de sensaciones y estímulos que provoca esta magnífica película, consideraremos estos fallos como un mal eminentemente menor.

EL JUGADOR DE AJEDREZ Entretenido retrato de un hombre prudente

España 2017 98 min.
Dirección Luis Oliveros Guión Julio Castedo, según su propia novela Fotografía Juan Carlos Gómez Música Alejandro Vivas Intérpretes Marc Clotet, Melina Matthews, Alejo Sauras, Stefan Weinert, Mike Hoffmann, Andrés Gertrúdix, Pau Durá, Lionel Auguste, Maarten Dannenberg, Christian Stamm, Juan del Santo, Blanca Zurdo Estreno en el Festival de Málaga 23 marzo 2017; en salas comerciales 5 mayo 2017

Tras un debut nada prometedor a principios de siglo con Pata negra, protagonizada por Gabino Diego, y una irregular carrera televisiva, Luis Oliveros sorprende con esta adaptación de la novela de Julio Castedo, cuyo guión firma el propio autor. Y lo hace no porque se trate de una película rotunda y magistral, ni muchísimo menos, sino porque asume sin complejos y con cierta ambición que nunca llega a lo pretencioso, su condición de cine de género llamado a entretener sin por ello renunciar a transmitir un mensaje con el que llegar a trascender, aunque sin aspavientos, su mera intención de espectáculo. Colores vistosos y puesta en escena aseada para contar la triste historia de un hombre enamorado de una profesión, el ajedrez del que es jugador y maestro, y una mujer que indirectamente, sin intención, lo arrastra a la desgracia de moverse entre dos guerras sucesivas en una Europa que se quiere sofisticada y civilizada. Castedo y con él Oliveros asumen así su posición en un mundo global al que nuestro cine pocas veces se asoma, empeñado en mostrar mil veces sus propias miserias y episodios nacionales. El París ocupado de la Segunda Guerra Mundial se propone así como escenario de la barbarie y, sobre todo, del terror, bien reflejado en situaciones de injusticia, amenaza, tortura y ejecución que, cuando están bien planteados y rodados, siguen despertando nuestra repulsa y animadversión. Hecha con atención al detalle, de forma elegante y sin recurso fácil al histrionismo tan afín a nuestro cine, El jugador de ajedrez sabe manejar todos los recursos, con un considerable esfuerzo de producción y una loable apertura internacional, para lograr ser una película en la que el entretenimiento se da la mano con una atractiva línea de análisis, la de la personalidad del protagonista, un ser extremadamente prudente, cerebral sin por ello dejar de ser emocional y emotivo, que utiliza la templanza y la discreción para superar los envites de una vida desgraciada, ensombrecida por las ansias de poder y dominio de quienes con su irresponsabilidad afectan a millones cuyo destino en esta corta vida debería ser más dulce. Sólo un reproche, la interpretación de la hermosa Melina Matthews deja mucho que desear, contribuyendo a esa tradición casposa y con olor a impostura que tanto maldice nuestra industria, aunque en esta ocasión se trate de una medio inglesa y medio francesa nacida en Barcelona y pareja sentimental de Raúl Arévalo.

UN REINO UNIDO Conflictos diplomáticos con tratamiento de postal romántica

Título original: A United Kingdom
Reino Unido 2016 105 min.
Dirección Amma Asante Guión Guy Hibbert, según el libro de Susan Williams Fotografía Sam McCurdy Música Patrick Doyle Intérpretes David Oyelowo, Rosamund Pike, Jack Davenport, Tom Felton, Terry Pheto, Laura Carmichael, Jessica Oyelowo, Nicholas Lyndhurst, Arnold Oceng, Jack Lowden, Charlotte Hope Estreno en el Festival de Toronto 9 septiembre 2016; en Reino Unido 25 noviembre 2016; en España 5 mayo 2017

Hace algunos años la realizadora británica Amma Asante nos contó una insólita historia, la de una aristócrata angloafricana que creció entre la realeza británica del siglo XVIII. Estas historias poco divulgadas del papel de la raza negra en el cosmos blanco parecen inquietar especialmente a la directora, que ahora nos ofrece otra necesaria historia, la del príncipe Seretse Khama del antiguo protectorado de Bechuanalandia, hoy Botsuana, que conoció durante su formación en el Londres de posguerra a la joven Ruth Williams, de raza blanca, de la que se enamoró inmediatamente, como ella de él, a partir de lo cual emprendieron una larga y dura lucha contra los intereses diplomáticos de un país que lindaba con el apartheid sudafricano y sobre el que Gran Bretñaa tenía grandes intereses políticos y económicos. Lucharon también, y es ahí quizás donde radique el mayor interés de la cinta como artilugio de divulgación, con los prejuicios de la propia raza del monarca, más fáciles de superar que el siempre orgulloso y mezquino interés del depredador blanco. Material sin duda muy interesante que Asante, al contrario de lo que sucedía en la muy interesante Belle, no sabe dosificar en su justa medida, decantándose por un romanticismo de postal sin embargo poco emotivo, algo frío en su exposición, y sin el aliento épico que la empresa requiere. Sólo las interpretaciones del apasionado David Oyelowo y la moderada y elegante Rosamund Pike aciertan a definir algo los personajes, que sobre el papel quedan reducidos a simples clichés, y eso que el guión está firmado por el competente Guy Hibbert, autor de los libretos de Omagh, Cinco minutos de gloria y Espías desde el cielo. Las artimañas maquiavélicas del representante del gobierno británico Sir Alistair Canning, interpretado con gestos de academia por Jack Davenport, dan la réplica algo burda a la pareja protagonista. Por cierto, que la esposa blanca en la vida real de Oyelowo, Jessica, da vida a la esposa de Canning. Música entre épica y romántica del en otro tiempo más interesante Patrick Doyle y fotografía almibarada de Sam McCurdy terminan por dar al conjunto ese aire académico casi clásico y eminentemente divulgativo que la cinta posee, que al final sólo pretende lanzar el mensaje de que un mundo mejor y más justo es posible.

LOS DEMONIOS Una cruda visión de la infancia acomodada

Título original: Les démons
Canadá 2015 118 min.
Guión y dirección Philippe Lesage Fotografía Nicolad Canniccioni Intérpretes Édouard Tramblay-Grenier, Pier-Luc Funk, Vassili Schneider, Sarah Mottet, Pascale Bussières, Victoria Diamond, Alfred Poirier, Mathis Thomas, Bénédicte Décary, Rose-Marie Perreault Estreno en el Festival de San Sebastián 25 septiembre 2015; en Canadá 30 octubre 2015; en España 5 mayo 2017

Año y medio después de haber sido presentada en la sección oficial del Festival de San Sebastián y estrenarse en su Canadá natal, llega esta presunta película inquietante del debutante en la ficción Philippe Lesange, curtido documentalista, apenas dos meses después del estreno de su último film, bajo bandera sueca, Copenhague A Love Story. Cuenta Lesange en este film el difícil paso de la infancia a la adolescencia a través de la mirada neutra y casi inexpresiva de un niño que no es Damien de La profecía pero parece querer serlo ya desde la cartelería promocional, y en el que confluyen todos los miedos posibles a esta edad, configurando así un puzzle en el que se dan cita prácticamente todos los clichés posibles en este tipo de propuestas, desde la crisis familiar a la falta de valores y desórdenes sentimentales de los adultos, pasando por los primeros amores imposibles y platónicos, la crueldad en juegos en los que él suele ser verdugo, cierta apatía por el mundo que le rodea, la desolación ante la incomprensión o la materialización de los miedos más tangibles a través de episodios de la más terrible realidad sensacionalista. Sólo algunos destellos de felicidad en forma de bailes y juegos con su hermano y hermana mayores, parecen aliviar un recorrido que, sin embargo, no renuncia a ambientarse en esa plácida primavera-verano a la que tanto gustan recurrir estos nuevos cineastas venidos de países fríos (y si no vean el surtido de telefilms románticos alemanes que televisión española parece haber adquirido en bloque para cubrir la programación de tarde). Ya el uso de la música guarda una intención muy precisa, con la dramática e intensa introducción de Finlandia de Sibelius para ilustrar la trágica amenaza que se cierne sobre quien se dispone a abandonar la comodidad infantil para adentrarse en la turbia adolescencia, los coros finales de La Pasión según San Mateo de Bach para acompañar esos aislados momentos de tranquilidad como es el siempre socorrido y redentor baño en un idílico lago, o el vibrante Pata Pata de Myriam Makeba para vestir esos momentos de felicidad y complicidad fraternal ya aludidos. Para colmo la cámara mantiene una posición estática y aislada que nos mantenga en un plano de mero voyeurismo, salvo en irritantes ocasiones en las que deambula aparentemente sin rumbo fijo y sin saberse muy bien de qué es lo que quiere informar. Todo muy definido para impresionar al personal presuntamente más experto y ávido de pretendidas nuevas sensaciones que la cubran de parabienes aunque en el el fondo no nos estén más que tomando el pelo.

viernes, 5 de mayo de 2017

PROGRAMA 11 DE LA ROSS: HÉROES CON UNA INTENSA VIDA INTERIOR

11º concierto de abono de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Enrico Dindo, violonchelo. Jacek Policinski, viola. Paçalin Zef Pavaci, violín. John Axelrod, dirección. Programa: Canción de un héroe Op.111, de Dvorák; Don Quijote Op.35 y Una vida de héroe Op.40, de Strauss. Teatro de la Maestranza, jueves 4 de mayo de 2017


Ya es heroico que la ROSS programe en plena Feria de Abril, más aún si lo hace con piezas tan ajenas al folclore. El año pasado fue una interpretación en directo de la partitura de Hugo Riesenfeld a partir de la música de Bizet para Carmen, la producción de Cecil B. De Mille que protagonizó Geraldine Farrar en 1915, con proyección de la película incluida. Pero atreverse con dos platos fuertes del catálogo de Richard Strauss, con la disciplina y el enorme esfuerzo que supone, sobre todo para los intérpretes, no se puede tildar sino de absoluta y contundente heroicidad, resuelta además de forma sobresaliente.

El Canto Heroico de Dvorák es un poema sinfónico raramente programado, eclipsado por el éxito que tuvieron sus cuatro poemas anteriores, que al contrario que éste bebían de referentes literarios. Pero no es difícil imaginar en esta pieza de carácter rapsódico las andanzas de algún héroe eslavo medieval, introducido de forma abrupta y misteriosa y abandonado después a un sinfín de episodios que la orquesta supo encauzar con brío y mucha energía, aparte de sensibilidad e intensidad dinámica, en una interpretación rica en colorido y aliento épico. Atrás parecen haber quedado estos tristes años en los que un concierto se despachaba en poco más de una hora, frente a los últimos programas, tan generosos en duración como éste que se atreve con dos de los grandes poemas sinfónicos de Strauss. Concebido en cierto modo como pieza concertante, Don Quijote se apoya fuerte y frecuentemente en el violonchelo, y aunque el autor lo concibió para el primero de la orquesta, lo habitual es que se cuente con un solista virtuoso, como es el caso del experimentado Enrico Dindo, que deambuló entre el esfuerzo por hacerse oír entre tanta efusividad orquestal, y sus flexibles y perfectamente fraseados solos, rotundos en la presentación del hidalgo y henchidos de lirismo y sentimiento en la quinta variación. El violista Jacek Policinski brilló también en sus intervenciones, mientras Axelrod acentuó la lucha interna del personaje en un entorno más hostil que burlesco, con una respuesta magistralmente organizada de la orquesta.

Con el armazón arquitectónico ya ensamblado, quedaba comprobar si esta nueva interpretación de Una vida de héroe superaría a las ofrecidas por el conjunto en otras temporadas, y la respuesta es contundentemente afirmativa, con metales y maderas prodigiosas y cuerda voluptuosa marcando también los fantasmas internos, la lucha viril y orgullosa con la vida y sus episodios de este héroe anónimo al que se suele identificar con el propio compositor. Zef Pavaci se quitó la espinita del Alban Berg de hace unas semanas con una interpretación soberbia, llena de lirismo y virtuosismo, haciendo de hilo conductor en esta descripción de aventuras marítimas y batallas épicas de un poema sinfónico que servido con este magisterio no puede sino provocar nuestra admiración por un conjunto que crece a ritmo vertiginoso.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 1 de mayo de 2017

LA EXCEPCIÓN DE LA REGLA El año de las manchas de Warren Beatty

Título original: Rules Don’t Apply
USA 2016 126 min.
Dirección Warren Beatty Guión Warren Beatty y Bo Goldman Fotografía Caleb Deschanel Intérpretes Alden Ahrenreich, Lilly Collins, Warren Beatty, Annette Bening, Haley Bennett, Candice Bergen, Martin Sheen, Taissa Farmiga, Alec Baldwin, Matthew Broderick, Ed Harris, Amy Madigan, Oliver Platt, Steve Coogan Estreno en Estados Unidos 23 noviembre 2016; en España 28 abril 2017

Antes de cometer el error más grave que se ha producido jamás en una ceremonia de los Oscar, al confundir a la audiencia con el título ganador del premio a la mejor película, Warren Beatty cometió un error aún más grande: escribir, dirigir, producir y protagonizar esta película. Un auténtico despropósito de quien no se ponía ante una cámara desde 2001 (la olvidable Enredos de sociedad) y tras ella desde 1998 (la estimable Bulworth). Su retrato del Hollywood decadente de finales de los cincuenta y principios de los sesenta, no tiene por dónde cogerse. Un pretexto para reunir amistades a los y las que hacía mucho tiempo que no veíamos, a través de una historia urdida por él y el autor de Alguien voló sobre el nido del cuco, Bo Goldman, que recuerda en cierto modo a Café Society y se antoja una sucesión fatigosa de situaciones sin orden ni concierto en torno a la mitificada figura de Howard Hughes. Un personaje que por mucho que se empeñen biógrafos, Scorsese o el propio Beatty, no logra tener el atractivo que se le supone, y que en esta ocasión se presenta como objeto de un análisis condescendiente a través de los ojos de una pareja de enamorados que trabajan a las órdenes del magnate de la aviación y el espectáculo. No hay nada en la película, salvo ese desfile de rostros famosos que han conocido mejores tiempos, que consiga atrapar nuestra atención; ni la ambientación, ni la historia ni el retrato de ese mundo normalmente interesante. Todo se reduce a una pantomima sin gracia, una marcianada que no debiera merecer nuestro tiempo ni atención.

LADY MACBETH Complejo de Jessica Rabbit

Reino Unido 2016 89 min.
Dirección William Oldroyd Guión Alice Birch, según el relato de Nikolai Leskov “Lady Macbeth de Mtsensk” Fotografía Ari Wegner Música Dan Jones Intérpretes Florence Pugh, Christopher Fairbank, Cosmo Jarvis, Naomi Ackie, Bill Fellows, Ian Conningham, Paul Hilton, Golda Rosheuvel, Anton Palmer Estreno en el Festival de Toronto 10 septiembre 2016; en Reino Unido y España 28 abril 2017

El relato corto de Nikolai Leskov Lady Macbeth de Mtsensk, inspirado en la pérfida reina shakespeariana, ha sido llevado en anteriores ocasiones a la pantalla, grande y pequeña, la más notable de ellas en 1962 en una producción yugoslava dirigida por el polaco Andrzej Wajda. Dio lugar también a una de las óperas más conocidas y controvertidas de Shostakovich. Con oportunos cambios y adaptaciones a Inglaterra, manteniendo la época original, y a una moral más pérfida y contemporánea, sirve ahora para el lanzamiento de William Oldroyd, que debuta en el largometraje tras haber realizado un par de cortometrajes, y para la joven actriz Florence Pugh, quien hasta ahora había aparecido en un largometraje y dos trabajos para la televisión sin apenas relevancia. Son quienes mayor relieve y consistencia dan a una obra caracterizada por el rigor y la precisión narrativa, una puesta en escena meticulosa y esmerada, y un flujo dramático contenido que disimula en la medida de lo posible el desfile de barbaridades y disparates que recorren su metraje y definen un carácter perverso como consecuencia de los avatares de la vida. También el guión de Alice Birch contribuye a potenciar estos perfiles que la sitúan, o al menos así quieren venderla, como la sensación de este año. Sin duda cuando un argumento acumula tal cantidad de intrigas y sorpresas de carácter morboso, el éxito está prácticamente asegurado, y Oldroyd sabe dosificar los elementos y los recursos para presentar una pieza quizás no tan intensa como pretende, pero desde luego atractiva y entretenida, aunque no llegue a perturbar al nivel de sus intenciones. Con estos parámetros la opresión y la asfixia que sufre la protagonista, algo así como una Jessica Rabbit que culpa de su temperamento a quienes la dibujaron, queda en un segundo plano, convirtiéndose en una historia de pasión y crimen con tintes feministas no tan bien ensamblados como debiera, y que no debieran justificar un comportamiento definitivamente deleznable. Con todo, logró el Premio Fipresci en el Festival de San Sebastián.