jueves, 31 de enero de 2019

CON EL VIENTO Conmovedor regreso a la esencia

España 2018 108 min.
Guión y dirección Meritxell Colell Fotografía Aurélien Py y Julián Elizalde Intérpretes Mónica García, Concha Canal, Ana Fernández, Elena Martín, Xavier Martín, Paquita Pérez, Rakhal Herrero, Florencio Ortega Estreno en el Fórum del Festival de Berlín 17 febrero 2018; limitado en salas comerciales 23 noviembre 2018

Si algo tienen de bueno los premios que se otorgan al comenzar cada año es que nos hace fijarnos en títulos que habían pasado totalmente desapercibidos. El debut de la joven catalana Meritxell Colell en el largometraje de ficción se presentó en el Festival de Berlín y logró la Biznaga de Plata a la mejor película de Zonazine en el de Málaga, pero nada de eso ha sido suficiente para conseguir una distribución medianamente digna. Haber estado entre las películas nominadas en el apartado de mejor película española sin producción andaluza en los Asecan, nos ha brindado la oportunidad de descubrirla y disfrutarla. Con un punto de conexión muy singular en su trama con la muy reconocida Viaje al cuarto de una madre de Celia Rico, ésta sí con suficiente proyección, la película de Colell supone un soplo de aire fresco en nuestra a menudo anquilosada cinematografía. La historia de una mujer que se gana la vida con la danza en Buenos Aires y de repente tiene que volver a su casa natal en el Burgos rural para hacerse cargo de su madre, recientemente viuda, hasta que venda su caserío y se desplace junto a su hermana en la ciudad, se convierte gracias a una mirada tan personal como delicada, y un enfoque absolutamente femenino, en un prodigio de ternura y emoción, gracias sobre todo al espléndido trabajo de una de sus dos protagonistas, Concha Canal, actriz no profesional que hace su debut a los ochenta y seis años tras ser elegida en un cásting realizado en una residencia de ancianos de Palencia. Su mirada limpia, llena de verdad, sincera, sin amaneramientos ni imposturas, toda naturalidad, impregna una cinta en la que las emociones van fluyendo poco a poco, construyendo un retrato de una relación maternofilial progresiva, rica y profundamente emotiva. Cierto es que en el camino se detectan una serie de tics propios de una debutante, prestados del cine típicamente independiente, como esa protagonista con cierto síndrome autista, ese comienzo nervioso, cámara en mano y entrecortado, o algunos largos planos secuencia con el horizonte como objeto que llegan a hacerse pesados. Pero nada es obstáculo para emocionarse con este regreso a la esencia, con esa conversión de una mujer frustrada por el porvenir que se le viene encima pero poco a poco encantada con la oportunidad que se le presenta de abrazar las cosas más sencillas, como una madre necesitada de cariño que ve cómo su mundo se desmorona y no le queda otra que prepararse para el inevitable final, o las labores del campo, las partidas de brisca y compartir una buena sesión de cocina tradicional. Retazos que Colell retrata con tanto mimo y cariño que resulta imposible resistirse a sus encantos, tan sencillos, tiernos, emotivos y sinceros como la realidad que retrata, tangible para cualquiera que a ciertas edades nos hayamos encontrado en situaciones si no iguales, muy parecidas. En definitiva se trata de captar la misma esencia que el personaje central intenta congelar en su danza. Resulta imperdonable que los premios oficiales del cine español la hayan obviado, muy especialmente el excelente trabajo de Concha Canal, que seguramente nunca volverá a verse en una situación igual, y merecía una mayor atención de público, crítica e industria. A mí personalmente me ha resultado entrañable.

miércoles, 30 de enero de 2019

CRAZY RICH ASIANS (LOCAMENTE MILLONARIOS) Un cuento de hadas ¿chino?

Título original: Crazy Rich Asians
USA 2018 120 min.
Dirección Jon M. Chu Guión Peter Chiarelli y Adele Lim, según la novela de Kevin Kwan Fotografía Vanja Cernjul Música Brian Tyler Intérpretes Constance Wu, Henry Golding, Michelle Yeoh, Gemma Chan, Awkwafina, Chris Pang, Sonoya Mizuno, Jing Lusi, Pierre Png, Fiona Xie, Kheng Hua Tan Estreno en Estados Unidos 15 agosto 2018; en España 8 febrero 2019 en Movistar

Una de las películas más taquilleras del verano pasado en Estados Unidos, este cruce entre La cenicienta y Rebeca sólo se podrá ver en nuestro país en plataformas digitales. Con Singapore, ciudad estado que se encuentra entre los más ricos y con mayor calidad de vida del planeta, como lujoso escenario, la película nos cuenta la típica historia de amor entre un joven asiático heredero y una profesional universitaria neoyorquina de origen chino y humilde, que no cuenta con el respaldo de la estirada familia de él y ha de superar los obstáculos que presenta una madre posesiva y extremadamente tradicional. El artilugio sirve para poner en escena toda una fiesta de glamour un tanto hortera, con localizaciones espectaculares que deben haber puesto Singapore patas arriba, y una nómina de guapísimas y guapísimos intérpretes que, bajo la consiga de un espectáculo colorista y alegre al máximo, sólo sirve para entretener sin mayor complicación ni artificio. Lo del choque entre culturas y tradiciones, o lo de analizar el papel de las grandes familias chinas emigradas al pequeño país asiático y sometidas al imperio del antiguo colonialismo británico y el más agresivo cultural norteamericano, no es más que anecdótico dentro de un conjunto que a lo más que aspira es a celebrar un espectáculo musical y visual desbordante y moderadamente desquiciado. Para coreografiarlo todo, un director californiano de origen también asiático, especializado en secuelas, las dos de Step Up, G.I. Joe: La venganza y Ahora me ves 2, y musicales como los dos documentales a mayor gloria de Justin Bieber, Never Say Never y Believe, y la más interesante Jem y los hologramas. Sin más trascendencia ni mayor gloria.

martes, 29 de enero de 2019

23 DISPAROS Modélica combinación de thriller político y drama humano

España 2017 82 min.
Guión y dirección Jorge Laplace Fotografía Alejandro Toro y Hugo Cabezas
Música Pablo Cervantes Documental

Parece mentira que un trabajo tan bien ideado y articulado como éste no tenga aún fecha de estreno en nuestras salas, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de un producto autóctono, auspiciado por nuestro canal autonómico; al final tendrá que conformarse con el preceptivo y exiguo pase televisivo, si el premio reciente y justamente recibido de la Asociación de Escritores y Escritoras de Cine de Andalucía no lo remedia. Alrededor de la misteriosa muerte del joven trabajador Manuel García Caparrós en Málaga, durante la manifestación del 4 de diciembre de 1977 por la autonomía de Andalucía, el documentalista Jorge Laplace y sus colaboradores Alejandro Toro y Hugo Cabezas, tejen una apasionante intriga política y criminal con el ex inspector de policía Juan Antonio O’Donnell, y su particular odisea por esclarecer los hechos, como eje central alrededor del cual gira todo este entramado que combina a la perfección thriller, drama humano e intriga política. Estructurada de forma muy acertada, el espectador va poco a poco implicándose en la trama y sumergiéndose en un episodio execrable de nuestra democracia, que vuelve a poner en tela de juicio, cuarenta años después, las excelencias y virtudes de la tantas veces vendida como modélica transición política española. Como ocurría en el otro aclamado documental de la temporada, El silencio de otros, nadie entre nuestra clase política parece querer esclarecer ni siquiera hoy unos hechos funestos con víctimas muy concretas, las hermanas del fallecido que vieron cómo en poco tiempo también fallecieron sus padres, aún jóvenes, como consecuencia de las complicaciones de salud que suscitó el dolor acumulado y la impotencia ante la ocultación de una verdad incómoda. Todo eso aparece perfectamente retratado y desarrollado en este modélico trabajo de investigación y divulgación, cuyos créditos finales revelan verdades escalofriantes, tan difíciles de digerir como la vergüenza que se acumula entre quienes nos sentimos realmente demócratas y sometidos a un hipotético Estado de Derecho que ampare a todos y todas por igual y nos hagan sentir realmente que nos encontramos protegidos por un sistema justo.

lunes, 28 de enero de 2019

EXCELENTE MOZARTIADA DE ANDALUCÍA CLÁSICA

Maratón musical organizado por Andalucía Clásica. Chouchane Siranossian y Alejandro Bustamante, violines. Tajiana Masurenko y Ronen Shifron, violas. Giovanni Gnocchi, violonchelo. Miquel Ramos, clarinete. Rafael Ruibérriz de Torres, flauta travesera. Samson Tsoy y Pavel Kolesnikov, pianos. Programa: Divertimento K.136, Sonata K.304, Fantasía K.608, Tríos K.498 y K.542, Cuartetos K.285 y K.478, y Quintetos K.515 y K.581, de Mozart. Espacio Turina, domingo 27 de enero de 2019

Miquel Ramos
Ya por la mañana el pianista soriano Emilio González Sanz ofreció en La Casa de los Pianistas de la calle Cano y Cueto, un paraíso para los amantes del instrumento, donde se imparten talleres, cursos, conferencias y conciertos, un recital centrado en Mozart y Arriaga, en un nuevo intento, documentado y preciso, por perfilar las líneas de encuentro y desencuentro entre ambos jóvenes compositores. Se celebraba ayer el doscientos sesenta y tres aniversario del nacimiento del genial compositor de Salzburgo y la fiesta continuaba toda la tarde en el Espacio Turina, donde Andalucía Clásica volvía al escenario para traernos en los próximos meses música de cámara de calidad, que tanta falta hace en esta ciudad al margen del impagable ciclo que organizan la Sinfónica y el English Language Institute desde hace décadas. Los conciertos de Andalucía Clásica, cuya presidenta de honor, Elisabeth Leonskaja, será la protagonista del próximo concierto, el 13 de febrero, terminaron la temporada pasada con un maratón de Schubert, y comenzaron ésta con otro de Mozart.

Tatjiana Masurenko
Para dar forma al evento nada mejor que la excepcional idea de reunir como si de un taller se tratara a una serie de prominentes solistas, hasta nueve entre españoles y extranjeros, y conjugar sus talentos hasta extraer de su combinación las rentables versiones de una buena representación de la ingente música de cámara que compuso Mozart. La primera de las obras, el Divertimento K.136 marcó el talante juguetón y distendido que suele asociarse a su música, con líneas difusas de estética orquestal y espíritu encantador. El peso en ésta y la mayor parte de las partituras seleccionadas recayó en la violinista francesa Chouchane Siranossian, con un estilo sobrio y ligero y tímbrica muy aguda, como dejó patente en la Sonata K.304, acompañada con la misma ligereza por el joven pianista ruso Pavel Kolesnikov, una difícil combinación de color y brillo que Mozart resolvió también con éxito. Superar la difícil compenetración y diálogo entre instrumentos, así como lograr en el caso particular de Mozart que todo fluya con naturalidad, como si fuese sencillo a pesar de su probada dificultad, son dos líneas fundamentales que los nueve intérpretes salvaron con nota alta.

Samson Tsoy
Kolesnikov tocó con su compañero de generación Samson Tsoy, de sonido más compacto, estilo sereno y muy elegante fraseo, la Fantasía a cuatro manos K.608. El clarinetista catalán Miquel Ramos resolvió con un delicado sentido del ritmo y la modulación y envidiable control de la respiración el Trío K.498. El instrumento más asociado al compositor y la masonería a la que pertenecía, encontró en Ramos un intérprete depurado y elegante, así como a Rafael Ruibérriz le tocó la ingrata tarea de encargarse del instrumento más despreciado por Mozart, la flauta, demostrando la banalidad de este dato con una muy depurada intervención en el Cuarteto K.285. El madrileño Alejandro Bustamante demostró porqué ha formado o forma parte de cuartetos tan reputados como el Casals o el Artemis, exhibiendo una técnica depurada y muy en estilo. A la viola, Tatjiana Masurenko, nacida en Tayikistán, ofreció un inquietante sonido áspero y bronco en el Trío Kegelstatt, y aunque a veces parecía desafinada, lo cierto es que su manera de tocar provoca una suerte de insólita fascinación. Giovanni Gnocchi, de ademanes nerviosos y cómicos, dio acertado cuerpo al conjunto con su participación al chelo, mientras el israelí-americano Ronen Shifron aportó sobriedad en un escaparate en el que brilló por derecho propio el descomunal Quinteto K.515, quintaesencia de la música de cámara que el conjunto resolvió con maestría y ante la que el considerablemente numeroso y respetuoso público, con muchos niños en las dos primeras partes del maratón, respondió con merecido agradecimiento.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

THE OLD MAN & THE GUN La mirada de la leyenda

USA 2018 93 min.
Dirección David Lowery Guión David Lowery y David Grann, según el artículo del segundo Fotografía Joe Anderson Música Daniel Hart Intérpretes Robert Redford, Sissy Spacek, Casey Affleck, Danny Glover, Tom Waits, Tika Sumpter, John David Washington, Keith Carradine Estreno en el Festival de Toronto 10 septiembre 2018; en Estados Unidos 19 octubre 2018; en España 25 enero 2019

En Ghost Story el director y escritor norteamericano David Lowery convirtió una historia de fantasmas en un trabajo poético con sábana con huecos para los ojos incluida, de la misma forma que el hombre de la pistola al que alude esta despedida de Redford de la interpretación cinematográfica, jamás enseña el arma que supuestamente utiliza para perpetrar los robos que hicieron famoso a su personaje, Forrest Tucker, un hombre que se pasó la vida entre rejas o huyendo de ellas, y que cometió su último atraco a un banco con ochenta años. La película, y el artículo de David Grann, autor del libro en el que se basó la extraordinaria película de James Gray Z, la ciudad perdida, se centra en los primeros años ochenta, cuando el protagonista tenía 60 años, a pesar de que Redford hace tiempo que perdió la eterna juventud que le caracterizaba y hoy ya no da el pego como señor de esa edad. Y se centra además en un romance otoñal y absolutamente respetuoso, lo mejor de una cinta que se ocupa también de la persecución de la que fue objeto por parte del inspector de policía John Hunt, encarnado por el soso e ininteligible Casey Affleck. Sissy Spacek da la réplica al legendario Redford, y se erige de paso como lo mejor de la función, con miradas y sonrisas tan elocuentes como sus entrañables silencios. Él cumple, aunque la historia se revela endeble, coyuntural y con poca garra, por mucho que el director de la también estimable Pedro y el dragón se empeñe en tiznarlo todo de una pátina de amabilidad y delicadeza, lo que junto a una perfecta ambientación da como resultado una cinta estimable que se deja ver con facilidad, aunque no suscita un entusiasmo especial. Su valor añadido como última película del actor fetiche de Pollack se completa con una serie de secuencias de películas de cuando era joven, aprovechadas para hacer una semblanza del personaje, perseguido por la justicia desde temprana edad. En esta despedida le acompañan también los veteranos Danny Glover y Tom Waits, que incorporan a sus colegas de atracos, y Keith Carradine, al que hacía tiempo le habíamos perdido la pista, en un trabajo muy breve.

EL BLUES DE BEALE STREET Amanerada mezcla de racismo y romanticismo

Título original: If Beale Street Could Talk
USA 2018 119 min.
Guión y dirección Barry Jenkins, según la novela de James Baldwin Fotografía James Laxton Música Nicholas Britell Intérpretes KiKi Layne, Stephan James, Regina King, Brian Tyree Henry, Colman Domingo, Teyonah Parris, Diego Luna, Pedro Pascal, Emily Rios, Finn Wittrock, Aunjanue Ellis, Michael Beach, Dave Franco Estreno en el Festival de Toronto 9 septiembre 2018; en Estados Unidos 25 diciembre 2018; en España 25 enero 2019

James Baldwin, popularizado con el documental I Am Not Your Negro, publicó su novela If Beale Street Could Talk (Si la calle Beale pudiera hablar) en 1974. Activista de los derechos civiles de la comunidad afroamericana, así como de la homosexual a la que también pertenecía, y avispado observador de las costumbres sexuales del país en el que vivió hasta su muerte de cáncer de estómago en 1987, Baldwin se refería en el título de su novela a la emblemática calle de Memphis tan asociada al jazz y donde tanta importancia cobró la comunidad negra a lo largo de la primera mitad del siglo XX. Su novela y la película sin embargo se ambienta en Nueva York, donde una joven narra su peripecia vital y romántica en defensa del hombre al que ama, injustamente acusado y encarcelado por una presunta violación no probada, mientras espera al hijo o hija de ambos. Barry Jenkins, director de la galardonada Moonlight, probablemente una de las películas que más se hayan beneficiado de la cuota de cine afroamericano políticamente correcto, premiable con el Oscar cuando la favorita era La La Land, demuestra definitivamente que es un director amanerado, capaz de sin renunciar a las directrices comúnmente aceptadas de estilo y narrativa, procurar subvertirlas sin pasarse para no ahuyentar a un público efectivo. Su estilo pausado y elegante, colores razonablemente saturados y cuerpos bellos y amables, al servicio de un romanticismo poéticamente pretencioso, chocan sin embargo con una serie de disparates argumentales que, aunque tengan su referente en una novela de prestigio, exigen de cierto moldeado para resultar convincentes. De la misma manera que en Moonlight se hacía difícil creer que el protagonista, considerablemente moldeado en cuerpo y rostro, se mantuviera célibe a lo largo del film, aquí resulta improbable que la familia de la protagonista organice un supuestamente feliz encuentro con la de su amado para dar una noticia que a todas luces provocaría una crisis, conocida la radical religiosidad de la madre del infortunado joven. Escenas largas y tediosas, puritanas y de estética publicitaria, como la de sexo, resultan ridículas, mientras que la grave indefinición que sufren los personajes, prácticamente todos y todas, no ayudan a considerar este film más allá de su valor coyuntural como cinta estrenada en época de Oscars con tres nominaciones en su haber, una para la impecable interpretación de Regina King como madre de la protagonista, otra para los improbables diálogos, demasiado poéticos y exquisitos para ser pronunciados por gente tan humilde, y otra para la hermosa, delicada y etérea banda sonora de Nicholas Britell, posiblemente lo mejor del conjunto. Curiosamente Robert Guédiguian ya adaptó la misma novela en su película de 1998 De todo corazón.

domingo, 27 de enero de 2019

ASECAN 2019: CRÓNICA SENTIMENTAL DE UNOS PREMIOS MUY NUESTROS


Todavía están celebrándolo en la soleada terraza del Casino de la Exposición las más de treinta personas, y sus equipos, reconocidas este año como lo mejor del cine andaluz de la pasada cosecha, la de 2018, y ya estamos aquí dando la crónica de lo sucedido, un recorrido sentimental por una de las galas más sencillas, emotivas y naturales de cuantas se suceden a lo largo del primer tercio de cada año. Rafa Pontes y Marta Jiménez volvieron a oficiar como maestros de ceremonias, y la verdad es que a estas alturas ya no se nos ocurre nadie mejor que ellos para hacerlo. Como era de esperar hicieron continuos guiños a los presentadores de los Goyas, que por si alguien todavía no se ha enterado se celebran también aquí, en nuestra ciudad, la próxima semana. Nada tienen que envidiar a quienes en el presente o el pasado hayan presentado los Premios de la Academia del Cine Español; a naturalidad, frescura, ingenio y gracia no hay quien les gane. Pero también desde aquí hay que reconocer y celebrar el nivel de respeto y responsabilidad con el que cada uno y una de los premiados y premiadas afrontaron sus emotivos y muy sensibles discursos de agradecimiento.

Celia Rico recogió los premios a la mejor dirección novel,
guión y película del año por "Viaje al cuarto de una madre"
Una ceremonia muy sencilla, quizás la última organizada por la Asociación de Escritores y Escritoras de Cine de Andalucía, antes de pasar el testigo a la Academia de Cine Andaluz pronta a fundarse y que propiciará una nueva denominación de los premios, aún por determinar. El dúo de voz, guitarra y bajo Calambre se encargaron de amenizar, como manda el protocolo, la sesión. Su talento consiste en mezclar las melodías de canciones muy conocidas con las letras de otras que no lo son menos. Así Mediterráneo de Serrat sonó con la letra de Cántame de María del Monte, An Englishman in New York de Sting con la de Pata Negra para Yo me quedo en Sevilla, Long Train Running de Doobie Brothers se nutrió de María de la O, y Roxanne de Police se convirtió en Rosa María de Camarón. Ya puestos se hubiera agradecido que cantaran la canción ganadora del Asecan en esa categoría, que fue a parar a un emocionado Kiko Veneno por Si tú quieres pan de Entre dos aguas, que aclaró haber vivido siempre en nuestra querida Andalucía. Y uno lo veía sobre el escenario del Lope de Vega y no podía dejar de pensar en cuánta cultura popular sevillana ha pasado ante sus ojos, desde aquella irrepetible movida de los setenta que tan vilmente fue eclipsada por la tan cacareada movida de los ochenta madrileña.

Natalia de Molina, mejor interpretación de
reparto por "Quién te cantará"
La magnífica película de Isaski Lacuesta recogió además los premios a mejor película, compartido con Viaje al cuarto de una madre, y el de mejor actor revelación, para Israel Gómez Romero, el niño de La leyenda del tiempo convertido ahora en joven aspirante a ganarse la vida con este emocionante oficio y que deslizó también un emotivo discurso, además de ser el objeto de una campaña de promoción en facebook por parte de Natalia de Molina, que por su papel de choni egoísta y maleducada en Quién te cantará se hizo de nuevo con el Asecan, esta vez como mejor interpretación de reparto. La cinta de Carlos Vermut logró también los premios al mejor sonido, un abonado Daniel de Zayas, y mejor maquillaje y peluquería. Viaje al cuarto de una madre, la película de Celia Rico, natural de Constantina, fue la rotunda triunfadora de esta edición, logrando además del principal, justamente compartido con la excelente Ente dos aguas, ganadora del último Festival de San Sebastián, los de mejor directora novel, mejor guión y mejor montaje, para el también director Fernando Franco (La herida, Morir). Empató en número de galardones con la esforzada Jaulas de Nicolás Pacheco, que sirvió para reivindicar la lucha de las mujeres por la igualdad, interpelando por no dar ni un paso más atrás.

Pablo Cervantes, compositor galardonado por su trabajo en "Jaulas"
Personalidades como Natalia de Molina hicieron apología del discurso con aplomo y convencimiento. Los tiempos que se nos avecinan hacen temer lo peor y hay que prevenir en lugar de lamentar. La película de Nicolás Pacheco se hizo con los premios a la mejor música para el incombustible Pablo Cervantes, mejor vestuario, dirección artística y actriz protagonista, una Estefanía de los Santos que protagonizó uno de los momentos más originales y divertidos de la tarde cuando agradeció el premio en forma de video, porque no pudo estar presente por motivos de agenda, en el que bailaba una coreografía al ritmo de Happy de Pharrell Williams. También fue divertida la intervención de Antonio de la Torre al recoger el premio al mejor actor protagonista por El reino, cuando Rafa Pontes le interrogó empeñado en averiguar en qué político corrupto se había inspirado para interpretar su papel. No sació su curiosidad pero sí aseguró que había muchos en los que inspirarse, damos fe. La espléndida película de Sorogoyen logró también el premio a la mejor película española de producción no andaluza, porque hay que aclarar que estos premios están orientados a producciones andaluzas y artistas y técnicos/as de nuestra comunidad aunque hayan trabajado en producciones ajenas. La película de Laura Alvea y José Ortuño Ánimas, que partía entre las favoritas con once nominaciones, logró el correspondiente a la mejor fotografía, para el muy preciso y detallista Fran Fernández Pardo.

Fran Fdez. Pardo posa junto a la actriz Mercedes Hoyos con su
premio obtenido por la fotografía de "Ánimas"
Pero los Asecan se caracterizan por premiar otras categorías insólitas en otros galardones similares, como el Premio Industria-AEDAVA, que ha recaído en el Cine Planelles de Marchena, posiblemente el más antiguo en activo de nuestra comunidad, y que ha suscitado en algunos y algunas la iniciativa de organizar una excursión a esa hermosa ciudad sevillana y conocer las excelencias de ese entrañable negocio familiar. Enrique Iznaola, gran promotor del cine y su recuperación en una provincia tan extraña a los circuitos de exhibición habituales como es Jaén, es un merecido habitual de estos premios, mientras Almería y su fascinante Cabo de Gata quedaron representados con el cortometraje documental Porque la sal de Nicolás Cardozo, que pudimos disfrutar en el pasado Festival de Cine Europeo de Sevilla. El necesario documental 23 disparos de Jorge Laplace y ADM, que rescata la muerte violenta del joven Manuel Gª Caparrós aquel 4 de diciembre de 1977 en que miles de andaluces y andaluzas se echaron a la calle para reclamar una autonomía, consiguió también un Asecan. Al igual que Miguel Ángel Vivas fue el mejor director por Tu hijo, Mi querida cofradía fue reconocida en el apartado de mejor dirección artística, los mejores efectos especiales fueron para Cuando los ángeles duermen, el mejor corto de ficción fue para Foreigner, con uno de sus inmigrantes protagonistas asegurando que todos y todas somos extranjeros, Camarón de La Isla al mito ganó el de mejor producción en otros formatos, el libro Objetivo Planeta Tierra de la Universidad de Sevilla fue considerado en su categoría, y la veterana revista de crítica cinematográfica y televisiva Fila 7 lo hizo como mejor labor de difusión. Los premios de honor recayeron en la Fundación SGAE, sin cuyo apoyo quizás hiciera tiempo que no hablásemos de esta fiesta y labor de difusión del cine hecho en nuestra tierra, y para el polifacético periodista y gestor cultural Pepe Moreno. Cuidemos todo esto porque hay muchas historias detrás, de superación, de emoción, de sacrificio y renuncia, que merecen esta alegría, la de pertenecer a una comunidad física y sentimental que nos une y nos identifica, nos hace mejores y nos prepara para salir al mundo con orgullo y satisfacción.

Artículo publicado en El Corre de Andalucía

sábado, 26 de enero de 2019

LEGRAND

Acabo de enterarme. Michel Legrand murió anoche, y me ha recorrido un indescriptible escalofrío cuando recuerdo cómo hace justo un año disfrutamos aquí, en el Lope de Vega, de su excelente forma al piano y la voz, recorriendo algunos de sus más memorables e inolvidables éxitos. Con él se va otra leyenda de la música ligera, el jazz y las bandas sonoras.

Recuerdo cómo siendo un niño crecí al son de una versión cien por cien respetuosa del tema de amor de Verano del 42 a cargo de la Orquesta de Dimitri Papadopoulos, una de tantas grabaciones que llenaban las estanterías de la sección de discos de El Corte Inglés, o la canción de El caso de Thomas Crown, Los molinos de tu viento, en versión de Henry Mancini y su Orquesta, y cómo luego descubriría su posible influencia en Penélope de Serrat y Lady Caroline Lamb de Richard Rodney Bennett respectivamente. El tiempo me hizo descubrir al compositor de la Nouvelle Vague, con Jacques Demy (Los paraguas de Cherburgo, Las señoritas de Rochefort) y Agnes Varda (Cleo de 5 a 7), y al fiel colaborador del matrimonio Alan y Marilyn Bergman (El caso Thomas Crown, What Are You Doing the Rest of Your Life, de Con los ojos cerrados, How Do You Keep the Music Playing, de Amigos muy íntimos, o las espléndidas canciones de Yentl, que le valieron su tercer Oscar).

Frank Sinatra, Barbra Streisand, Shirley Bassey, Matt Monro, Sarah Vaughan, Ray Charles Jessye Norman o más recientemente Natalie Dessay, por citar sólo algunos artistas, entonaron sus canciones apoyadas en maravillosas melodías y elegantes arreglos, irremediablemente asociadas a una época y una forma de ver la vida diferentes. Con lágrimas en los ojos, lo aseguro, escucho los títulos de crédito de Pret-a-Porter, una música que resume su talento, su glamour y su excelente habilidad para combinar lo clásico y el jazz, con ritmo y elegancia. ¿Qué vamos a hacer el resto de nuestra vida? De momento adaptarnos y seguir disfrutando del legado de Legrand, deseando que allí donde se encuentre, si de verdad vamos a alguna parte, nos cante con su dulce y quebrada voz aquello de Te esperaré. De momento les recomiendo escuchar a la soprano neozelandesa Kiri Te Kanawa en el disco que grabó con él en 1992, Magic, la emocionante Comme elle est longue a mourir ma jeunesse. Yo no puedo evitar llorar cada vez que lo hago.

MANU BRAZO POTENCIA EL REGRESO DE LA BÉTICA DE CÁMARA

Orquesta Bética de Cámara. Manu Brazo, saxofón. Michael Thomas, director. Programa: Obertura Mozart y A Chloris, de Hahn; Scaramouche y Suite Française; de Milhaud; Gymnopédies, de Satie; Aria, de Bozza (arr. Thomas); Fantasía brillante sobre temas de Carmen, de Borne. Espacio Turina, viernes 25 de enero de 2019

Tras un paréntesis de un año que muchos lamentamos cuando la orquesta estaba encontrando un camino de asentamiento posiblemente definitivo, la Bética de Cámara resurge con una temporada de cuatro conciertos que abarca hasta junio próximo, en busca de un público que todavía se le resiste y que les obligará a realizar trabajos más contundentes e ingeniosos de promoción. Tiene que haber en una ciudad grande como ésta espacio para varias propuestas y no quedarnos en las más institucionalizadas o en ese barroco que tanto nos caracteriza. Claro que la moral se nos viene al suelo cuando comprobamos cómo tantas veces se da la espalda a la cultura, y como muestra el cierre de uno de los negocios más completos dedicados a ella después de disfrutar más de una década de un asentamiento tan privilegiado como la Avenida de la Constitución.

Michael Thomas regresó al Espacio Turina imaginamos que con toda la ilusión del mundo por el reencuentro con tantos y tantas buenas profesionales de la música que integran la plantilla de la formación. Gente de reconocido prestigio en las instituciones educativas y musicales de la ciudad y que aportan su grano de arena para que el proyecto funcione. En los atriles una celebración, los aires alegres y desenfadados de la música francesa de principios del siglo pasado a través de una serie de piezas cuyo carácter casi desconocido merecían un programa de mano con las explicaciones pertinentes; claro que cuando de falta de medios y presupuesto se trata, los accesorios se sacrifican. Así, el concierto dio comienzo con la exultante comicidad de la obertura de la comedia musical que Reynaldo Hahn compuso sobre una ficticia visita de Mozart a París, cuyos aires burlescos y vodevilescos fueron satisfactoriamente marcados sobre todo por unos solos de trompeta ejemplares, aunque los desencuentros entre trompas y cuerda marcaron una constante en todo el concierto. Destacaron los elegantes solos de Jacobo Díaz Giráldez al oboe en los arreglos de Debussy de las Gymnopédies 3 y 1 de Satie, resueltas de forma esquemática y desangelada por batuta y resto de plantilla. También los solos de Alejandro Acuña Almela en la bachiana Á Chloris de Hahn, hasta desembocar en esa Suite francesa con la que Milhaud exhibe su inquietud por la música americana para bandas a través de cinco regiones francesas liberadas durante la Segunda Guerra Mundial, que Thomas dirigió con aplomo y brío pero descuidando los pasajes más sutiles y melancólicos. También aquí comprendimos que la plantilla necesita calentar motores tras tanto tiempo de ausencia.

Hasta tres piezas interpretó como solista Manu Brazo, el joven saxofonista utrerano que desde que nos encandilara junto a la Sinfónica Conjunta hace un par de años, no ha perdido el tiempo y ha proyectado su talento internacionalmente. Brillante fue su participación en el vibrante Scaramouche de Milhaud en su versión original, llamada así por el teatro en el que se estrenó la obra de Moliére para la que fue compuesta. Ágil y rítmico, bien timbrado y con un elegante fraseo, Brazo recorrió las distintas tonalidades de la pieza sin aparente esfuerzo, mientras la orquesta apoyó bien aunque con puntuales excesos decibélicos. También desplegó habilidad técnica y una considerable dosis de expresividad melódica en el Aria de Eugène Bozza, y aptitudes para los fuegos de artificio en la colorista y muy folclórica Fantasía sobre Carmen de François Borne, a la que la orquesta también se plegó con sentido del color y la alegría.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 25 de enero de 2019

Estreno de LA CASA DE JACK en salas comerciales

Reseña de la película, estrenada en el Festival de Cine Europeo de Sevilla el 14 de noviembre de 2018. Estreno en salas 25 de enero de 2019

KOPATCHINSKAJA HACE CANTAR AL VIOLÍN CON PERSONALIDAD

XXIX Temporada de Conciertos de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Patricia Kopatchinskaja, violín. John Axelrod, director. Programa: Obertura de Guillermo Tell, de Rossini; Concierto para violín, de Chaikóvski; Sinfonía Alpina, de Strauss.
Teatro de la Maestranza, jueves 24 de enero de 2019

Celebramos y aplaudimos la intervención cada vez más frecuente de grandes nombres en los programas de la ROSS. La semana pasada fue Albrecht y ahora ella. Como todo intérprete controvertido y a menudo discutido, la joven Patricia Kopatchinskaja cuenta con una numerosa legión de fans e incondicionales que no dudan en vitorear cada comparecencia suya. La de anoche junto a la Sinfónica no fue una excepción. Su particular visión del celebérrimo Concierto para violín de Chaikóvski suscitó la ruptura consciente del protocolo y las ovaciones más encendidas justo tras el primer movimiento, el más conseguido de los tres que integran esta popular pieza. Reconozco que su grabación de la obra junto a Currentzis y MusicAeterna me disgusta más de lo que lo hizo su interpretación junto a la ROSS. Ese sonido áspero, con pianissimi tan marcados que resuenan ratoniles, ornamentaciones de su propia cosecha, a veces chirriante, a menudo seco y estridente, hace sin duda las delicias de quienes buscan en la interpretación musical algo heterodoxo y novedoso. Para otros sin embargo resta poder de fascinación y conmoción.

No cabe duda de que Kopatchinskaja sabe lo que hace y por qué lo hace. Controla su instrumento al milímetro y extrae de él justo lo que le pide. De paso somete a la orquesta a sus designios y le obliga a plegarse a las particularidades de su sonido, a veces inaudible. Aunque no compartamos su estética, reconocemos en ella a una indiscutible artista, capaz de captar toda nuestra atención. Virtuosa en la cadenza, acertada en ritmo, dinámica e intervalos, la Canzonetta sin embargo nos pareció endeble a más no poder, así como el finale resultó muy enérgico y llamativo, siempre dentro de un estilo rugoso, ocasionalmente grotesco y amanerado, tan alejado de la ortodoxia acostumbrada. En la propina echó mano de un repertorio más adecuado para su sonido, aunque fuera una pieza tan circunstancial como la que ofreció del compositor venezolano – quizás un guiño a la candente actualidad – Jorge Sánchez-Chiong; una extravagancia que se hace acompañar de la voz desquiciada de la propia violinista.

A Rafa Castaño le tocó otra vez la papeleta de leer, esta vez en un convincente alemán, los textos de Schiller que inspiraron la ópera de Rossini Guillermo Tell y los que sirvieron para introducir la Sinfonía Alpina de Strauss. En la obertura de la primera, Axelrod ofreció una lectura correcta e inspirada en la que destacaron los solos de Sasha Crisan al chelo, Sarah Bishop al corno y Vicent Morelló a la flauta. En el mastodóntico poema sinfónico straussiano batuta y orquesta se empeñaron a fondo para lograr una interpretación majestuosa, quizás no tan transparente como fuera deseable, en la que destacaron la opulenta sección de metales y la muy detallista de percusión, incluido el llamativo eolífono que recrea la tormenta, así como Tatiana Postnikova al suntuoso órgano. Axelrod optó por una lectura meramente descriptiva más que nostálgica y evocadora, pero aun así funcionó satisfactoriamente. De la mano de todos ellos sentimos la sensación de dejarnos embriagar por la brisa y el peligro de la montaña, fuera en los Alpes, los Pirineos o el Gran Cañón del Colorado.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 24 de enero de 2019

JUVENTUDES MUSICALES Y TRES CULTURAS: COMPROMETIDOS CON LA MEMORIA

Concierto extraordinario de Juventudes Musicales y la Fundación Tres Culturas. Begoña Hervás, autora. Arnold W. Collado, arreglos musicales. Mercedes Gancedo, soprano. Beatriz Miralles, piano. Odissea Ensamble, dirigido por Jon Amuriza. Programa: Sonidos sin eco. Palabras calladas: La música en el seno del holocausto.
Fundación Tres Culturas del Mediterráneo, jueves 24 de enero de 2019

Arnold W. Collado y Begoña Hervás
Es una lástima que el excelente documental español El silencio de otros no haya alcanzado la tan preciada nominación al Oscar que optaba. Hubiera sido una ocasión única para dar mayor visibilidad y promoción a la tremenda injusticia que llevan viviendo miles de víctimas de la dictadura de Franco aún después de más de cuarenta años de democracia. Encontrar a sus seres queridos y masacrados y poderles dar la sepultura que merecen debería ser tan urgente como hallar los restos de cualquier desaparecida o desaparecido en la actualidad a los que tanto boato y publicidad se les brinda. La memoria histórica es necesaria porque no reabre heridas sino que las cierra y ayuda a mucha gente a morir en paz. Cada paso que dan sus sufrientes militantes es un enorme triunfo que celebran con gran emoción, pero administraciones, gobiernos y hasta el mismo pueblo, inducido por políticas erráticas y manipuladoras, se encargan de silenciarlos, y con el futuro que nos espera no parece que esta situación vaya precisamente a mejorar.

Detalle del cartel publicitario
Afortunadamente no ocurre lo mismo con las víctimas del holocausto, aunque sean multitudes quienes sigan pensando que ya se ha escrito y filmado mucho al respecto. Las historias son infinitas y llenas de posibilidades, y aún dejan margen para nuestra sorpresa y sobrecogimiento. Buena prueba de ello es el espléndido ramillete de buenas canciones rescatadas por este proyecto que nació en Bilbao de la mano de la presidenta de Juventudes Musicales allí, Begoña Hervás, y que gracias a la colaboración del presidente de la veterana institución en nuestra ciudad, Arnold Collado, se ha hecho realidad. Él se ha encargado de los muy sensibles y acertados arreglos musicales de la mitad de estas canciones, que sólo mantenían su línea melódica y habían sido rescatadas de entre los escombros de la mayor miseria humana imaginable, y conservadas en museos y otras instituciones, cuya búsqueda ha resultado altamente satisfactoria y estimulante. La aportación de la Fundación Tres Culturas del Mediterráneo de su sede en la Cartuja ha permitido su estreno absoluto en Sevilla, tras un sonado preestreno en Bilbao que abre incluso la posibilidad, necesaria, de llevar estas conmovedoras canciones al disco. De esta forma celebramos en nuestra ciudad el Día de la Memoria del Holocausto, que tendrá lugar el próximo domingo 27.

Collado con las intérpretes, Beatriz Miralles y Mercedes Gancedo
Son un total de quince canciones escritas por víctimas del genocidio nazi, repartidas entre varios de sus siniestros escenarios, de Sachsenhausen en Alemania a Therezienstadt en Praga, pasando por los guetos de Kovno y Vilna, ambos en Lituania, y el inevitable campo de exterminio de Auschwitz en Polonia, donde voces anónimas y consagradas de la música dieron voz al sufrimiento y la sinrazón, pero también a la esperanza y el consuelo. Historias terribles pero extraordinarias que son relatadas en este espectáculo que combina la música y la dramatización tanto visual como escénica a cargo del Odissea Ensamble, un grupo de teatro surgido de la Universidad de Deusto, que dirige el creador y sociólogo Jon Amuriza y para el que ha ideado una serie de cuadros dramáticos y coreografiados con los que potenciar el efecto dramático de la propuesta. Aunque la verdadera fuerza está en las canciones, perfectamente interpretadas por la joven soprano de origen argentino Mercedes Gancedo y la también joven pianista Beatriz Miralles. Ambas forman un dúo que ha celebrado su talento en diversos espacios y grabaciones y que ahora paladea cada canción matizando todos sus detalles y así lograr ese efecto conmovedor y melancólico tan intrínseco a las partituras. Entre las canciones, las más audaces son obra de por Viktor Ullman, de quien disfrutábamos hace poco su ópera El emperador de Atlántida en el Maestranza de Sevilla, y otros compositores que como él fueron asesinados por los nazis, como Adolf Strauss, Kasriel Broydo o la madre coraje Ilse Weber. Alguna de las canciones elegidas se nos antoja familiar, aunque sea por su inclusión en La lista de Schindler de Spielberg: Baym Geto Toyerl (En la puerta del gueto). La voz autoritaria pero dulce, bien entonada y muy expresiva de Gancedo, el pianismo responsable de Miralles y el esfuerzo del resto merecen la pena y hacen justicia al recuerdo. Hemos tenido el privilegio e inmenso placer de constatarlo antes de su estreno y les invitamos a hacerlo también ustedes mismos esta noche.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 23 de enero de 2019

LA FAVORITA Eva al desnudo en época dieciochesca

Título original: The Favourite
Reino Unido 2018 119 min.
Dirección Yorgos Lanthimos Guión Deborah Davis y Tony McNamara Fotografía Robbie Ryan Música Johnnie Burn Intérpretes Olivia Colman, Emma Stone, Rachel Weisz, Nicholas Hoult, Joe Alwyn, James Smith, Mark Gatiss, Jenny Rainsford Estreno en el Festival de Venecia 30 agosto 2018; en Estados Unidos 21 diciembre 2018; en España 18 enero 2019

El director de Canino y Alps se consagra definitivamente en el cine americano con esta presunta producción inglesa, una tragicomedia de época ambientada durante el reinado de la primera monarca de Gran Bretaña, Ana Estuardo, y centrada en su relación con Sarah Jennings, Duquesa de Marlborough, y la doncella con ascendencia aristocrática Abigail Mesham. El director de Langosta y la poco reconocida pero fascinante El sacrificio de un ciervo sagrado, vuelve a hacer gala de su extravagante estilo para poner en pie un guión ajeno (todos los anteriores los firmaban él y su colega Efthymis Filippou) y sin embargo tan extravagante como él mismo, plagado de vulgaridades y obscenidades tan inusuales e incluso insólitas en este tipo de cine tradicionalmente refinado y suntuoso. Sus señas de identidad se traducen en un uso abundante del ojo de pez, quién sabe si para distorsionar aún más un relato trágico amortiguado por su intencionalidad cómica y no suficientemente contrastado a nivel histórico, o sólo para ampliar el ángulo de visión; un uso también elocuente y caprichoso del sonido, y secuencias tan delirantes como el baile en el salón y su insólita coreografía. Con una puesta en escena a lo Barry Lyndon, aunque ambientada más de cincuenta años antes, y un uso similar de la música, que mete en el mismo saco a Purcell, Haendel o Schubert, aunque pertenezcan a épocas decididamente diferentes, la película de Yanthimos destaca por su barroquismo y lujosa producción, pero sobre todo por sus protagonistas. Aunque consideradas en todos los premios a los que han optado y optan como secundarias, Weisz y, sobre todo, Stone realizan trabajos protagónicos, tanto o más que Colman, la auténtica revelación de la película, capaz de catalizar en su mirada y su gesto toda la intriga que suscitan sus damas de compañía, una Margo Channing que influye en la reina para resolver la Guerra de Sucesión Española de la forma más ventajosa pero dolorosa para Gran Bretaña, y su rival, una arribista Eva Harrington que no duda en utilizar todas las artimañas en su favor, incluidos favores de alcoba y abuso de la tragedia ajena (la reina perdió hasta diecisiete hijos e hijas) para alcanzar su propósito y, paradójicamente, resolver ese conflicto de manera pacífica, lo que supuso a su vez un nuevo choque entre toris y whigs en el parlamento. Al final nos queda una de esas intrigas palaciegas tan del gusto de la burguesía intelectual y bienpensante, contada quizás de forma diferente y más audaz, pero sin lograr quitarse de encima esa pátina de drama histórico de la que parece quiera huir disfrazándose de comedia delirante y una pizca disparatada. Atención a la grafía de los títulos de crédito, muy original pero difícil de seguir.

GLASS El cómic como reflejo del talento incómodo

USA 2019 129 min.
Guión y dirección M. Night Shyamalan Fotografía Mike Gioulakis Música West Dylan Thordson Intérpretes James McAvoy, Bruce Willis, Samuel L. Jackson, Sarah Paulson, Anne Taylor-Joy, Spencer Treat Clark, Charlayne Woodard, Luke Kirby, Adam David Thompson Estreno en España y Estados Unidos 18 enero 2019

Cuando Shyamalan estrenó El protector (Unbreakable), justo después del enorme éxito cosechado con El sexto sentido, nadie, suponemos que ni él mismo, pensó que se tratara de la primera parte de una trilogía que cierra ahora con ésta su última película. Tras los batacazos de Airbender: El último guerrero y After Earth, el director indioamericano recuperó su espíritu y el favor del público con la irregular La visita, y lo revalidó definitivamente con la irritante Múltiple (Split), cuyo final sí vaticinaba definitivamente una secuela en la que se viera implicado Don Glass, el antagonista de Bruce Willis en aquél film del año 2000 que analizaba en términos intelectuales el papel del superhéroe en la sociedad moderna. La Bestia se las tiene que ver ahora con el Protector en una trama urdida por la imaginación y el intelecto de Glass, y Shyamalan aprovecha esta típica historia de superhéroes para hacer lo que mejor sabe hacer y nos tenía acostumbrados, que es utilizar el género fantástico y de terror para cuestionar temas que nos interesan como seres humanos que viven en una sociedad supuestamente civilizada. Como poseedores de un talento especial, los personajes retratados en esta película resultan incómodos e inoportunos en una sociedad a la que sólo interesa encumbrar la mediocridad con el fin de controlar y manejar los entresijos del poder sin que nadie lo cuestione ni se dé cuenta. Se trata ni más ni menos que analizar la política predominante en los países de nuestro entorno y los poderes que la manejan, así como el papel que debieran jugar los medios de comunicación para desenmascarar la intriga y la injusticia. Por fin, después de varios vaivenes, recuperamos a ese director que tanto admiramos en títulos como Señales, El bosque o El incidente, capaz de reflexionar sobre temas de candente actualidad a través de géneros donde priman el mero entretenimiento y la fascinación por lo inexplicable y lo desconocido, géneros que más cuentan con el favor del público. Y lo consigue gracias a una buena dosificación de recursos, sin las exageraciones de este tipo de producciones ni los delirios a los que nos tienen acostumbrados las adaptaciones de cómics, procurando dotar de cierto realismo un espectáculo que sin él perdería todo su poder de convicción y dejaría de invitarnos a reflexionar. Los intérpretes de adaptan al conjunto con solvencia y naturalidad, teniendo en cuenta que el desdoblamiento de personalidad de James McAvoy, con hasta veinte identidades distintas, sólo puede resolverse con sobreactuación e histrionismo. El acabado dialéctico y el uso de los espacios resultan también convincentes, aunque en el camino algún detalle lastre parte de la credibilidad de la propuesta, como la escasa vigilancia a la que son sometidos los protagonistas, encerrados en una prisión psiquiátrica se supone que de alta resolución y seguridad. Shyamalan imprime de fuerza e intriga los extremos de la película, pero se vuelve discursivo y monótono en su segmento central, lo que no impide el entusiasmo con el que hemos saludado esta tercera y definitiva entrega de su particular visión de los héroes de cómic.

lunes, 21 de enero de 2019

GENTE QUE VIENE Y BAH Comedia romántica, honesta, rosa y con apuntes dramáticos

España 2019 97 min.
Dirección Patricia Font Guión Dario Madrona y Carlos Montero, según la novela de Laura Norton Fotografía David Valldepérez Música Arnau Bataller Intérpretes Clara Lago, Carmen Maura, Alexandra Jiménez, Álex García, Carlos Cuevas, Paula Malia, Fernando Guallar, León Martínez, Ferrán Vilajosana, Eduardo Ferrés Estreno 18 enero 2019

No se sabe mucho de la presunta autora que se escuda bajo el seudónimo de Laura Norton, salvo que tuvo mucho éxito con No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas, que fue llevada al cine sin demasiada fortuna, así como con la novela en la que se basa esta película, que esperemos tenga más éxito comercial. Sin duda ofrece lo que promete, y lo hace bien y cuidadosamente. Su directora debuta en el largometraje con este título, engrosando la ya larga lista de realizadores y realizadoras debutantes en este país, pero muestra cierta pericia adquirida en sus trabajos en el cortometraje y la televisión, de forma que logra transmitir lo que se pretende con esta comedia romántica rosa y amable. Por ser rosa lo es hasta el extravagante coche del galán, interpretado por Álex García, como el resto del reparto, con fe y confianza en lo que se pretende, que no es sino entretener y emocionar a los más vulnerables, especialmente los promiscuos del amor para quienes resulte fácil identificarse con sus arquetípicos personajes. Una encantadora Clara Lago de tierna mirada y una entrañable Carmen Maura contenida y armoniosa encabezan la familia protagonista, que se pretende estrambótica pero que es tan conservadora y tradicional como lo puedan ser en los ambientes americanos en los que se inspira irremediablemente este film. Hasta la música de Arnau Bataller camina por ese sendero de amabilidad y buenismo tan propio de las músicas por ejemplo del artesano Marc Shaiman, mientras los espacios, rústicos y urbanos, son más identificables con el cine americano que con nuestra propia iconografía. Se agradece sin embargo el espíritu amable y elegante que lo inunda todo, sin las estridencias ni los malos rollos habituales en el género tal como se cultiva en nuestro país. Las sonrisas y las lágrimas están buscadas y encontradas, lo que ya es suficiente cuando no se pretende nada más. Lo presuntamente extravagante se refugia en algún sorprendente personaje secundario y en el hecho de que como otras veces no se entiende de dónde sale el dinero para sustentar tan numerosa familia. La belleza, la riqueza y la eterna primavera, marca también de la casa en la interminable serie de telefilms alemanes que entretienen las sobremesas de La 1, contribuyen a dejarlo todo bien atado y que los ingredientes introducidos en la computadora logren el buen funcionamiento de la empresa.

UNA ROSS INVOLUCRADA EN LA MEJOR MÚSICA DE CÁMARA

Concierto nº 5 del XXIX ciclo de música de cámara ROSS-ELI. Vladimir Dmitrenco y Jill Renshaw, violines. Jacek Policinski y Jerome Ireland, violas. Nonna Natvlishvili, violonchelo. Vicente Fuertes Gimeno, contrabajo. Programa: Sexteto para cuerdas en Re menor, de Borodin; Sexteto para cuerdas de la ópera “Capriccio” Op. 85, de Strauss; Sexteto para cuerdas en Re menor “Souvenir de Florence” Op. 70, de Chaikovski.
Espacio Turina, domingo 20 de enero de 2019

Jacek Policinski
Vladimir Dmitrenco y sus colegas dedicaron este quinto programa del ciclo de cámara a su no ex compañero Jacek Policinski, como así quieren considerar al violista que hace tiempo disfruta de una merecida jubilación pero no duda en involucrarse con el resto de su plantilla cuando las circunstancias lo permiten. Este entusiasmo e implicación pareció informar el concierto, influyendo en sus resultados para que fueran tan brillantes. Paradójicamente cuando más trabajo hay y menos te puedes relajar, los resultados suelen ser más satisfactorios. Sólo así se explica cómo entre un programa tan exigente como el despachado por la Sinfónica el pasado jueves y esa siempre complicada Sinfonía Alpina que les espera el próximo, aún quedasen fuerzas para salir tan airosos entremedias.

Tres sextetos de cuerda integraron el programa, aunque el segundo violonchelo fue sustituido en todas las partituras por un contrabajo, con el fin según explicaron de dar más cuerpo al conjunto acentuando su registro grave. Y ciertamente así fue, logrando rebajar la ligereza del Sexteto de Borodin, compuesto en estilo mendelssohniano al poco de contraer matrimonio, con el fin de agradar a los numerosos amigos alemanes que conoció durante sus innumerables viajes de juventud. Sus dos únicos movimientos conservados disfrutaron de un trabajo grácil y comprometido, armonioso y encantador. El Sexteto de Strauss sirve como introducción u obertura a su ópera de corte intelectual Capriccio, inspirada por Stefan Zweig, cuyas múltiples pretensiones la convierten en una pieza fecunda pero algo artificiosa. Su Sexteto sin embargo es pura delicia, un vehículo sumamente elegante con una paleta de colores y armonías opulenta, y unas texturas instrumentales ricas que los intérpretes supieron salvar con todos sus matices y articulaciones, logrando una recreación vitalista y arrebatadora de la pieza.

Dmitrenco, Ireland, Renshaw y Natsvlishvili
La más extensa de las tres obras, el sexteto Souvenir de Florencia de Chaikovski, inspirada por su estancia en la ciudad italiana mientras componía La dama de picas, y con una estética alegre y desenfadada en las antípodas de la negrura de la ópera, disfrutó del mismo entusiasmo que acusó el autor en su composición. Pareciera que la música fluyese sin esfuerzo, con total naturalidad, abarcando un generoso abanico de emociones y sensaciones, suscitando un enérgico frenesí. Sus líneas elegantes y distinguidas, así como sus voces encadenadas en permanente diálogo, encontraron eco en una interpretación ejemplar, electrizante y desafiante que provocó la más encendida admiración del público.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 20 de enero de 2019

MERCERO, CANGEMI Y MENA NOS EMBELESAN

Recital lírico. Verónica Cangemi, soprano. Carlos Mena, contratenor. Orquesta Barroca de Sevilla. Andoni Mercero, concertino-director. Programa: Concierto para cuerdas RV 155 y Concierto para dos violines, violonchelo, cuerdas y cémbalo RV 565, de Vivaldi. Arias y escenas de Griselda, L’Olimpiade y Andromeda liberata, de Vivaldi; Arias y escenas de Rinaldo, Armida abbandonata y Radamisto, de Haendel. Teatro de la Maestranza, jueves 17 de enero de 2019

Andoni Mercero
Casi siempre cubriendo con creces nuestras expectativas, a la Barroca de Sevilla le ha costado siempre afianzarse como orquesta habitual en el principal coliseo hispalense, pero por fin parece que sus plegarias se están escuchando y más de veinte años después de su fundación puede que sean más las ocasiones en las que la veamos en la escena del Maestranza, esperamos que incluso como orquesta de foso en algún título operístico barroco, que tanto se hace de rogar en nuestro teatro. Arropando a la soprano argentina Veronica Cangemi y al contratenor Carlos Mena, la Barroca ofreció el sábado noche una espléndida actuación, de esas que logran embelesar a un público atento y entregado.

Carlos Mena
A las órdenes del concertino también vasco Andoni Mercero, la orquesta sonó espléndida, brillante en articulaciones y regulación del volumen y el sonido, con cuerpo y decisión y una proverbial facilidad para suscitar las más ardientes e impulsivas emociones. Mercero nos regaló además solos de violín absolutamente maravillosos, tanto como solista en el Concierto RV 155 de Vivaldi, con cuyo Largo intermedio logró extraer de la partitura toda su arrebatadora belleza, como ejerciendo de anfitrión en un Concierto RV 565 del mismo autor con el que tuvo que medir fuerzas con los también sensacionales Pedro Gandía al duelo de violín y Mercedes Ruiz dando cuerpo al conjunto con su violonchelo. Pero también destacó meciendo la dulce voz de Mena en el sobrecogedor Sovvente il sole de Andromeda liberata, también del prete rosso.

Verónica Cangemi
Muchos años de exitosa carrera rubrican la confianza depositada en Cangemi, por primera vez en Sevilla, una ciudad que confesó encandilarle tanto que decidió cambiar el más sencillo Superbo di me stesso de L’Olimpiade por un vertiginoso y circense Agitata da due venti de Griselda que evidenció una voz mal colocada, áspera y fatigada, que esforzaba al máximo para conseguir sin éxito entonar sus endiabladas ornamentaciones. Menos mal que, especialmente en la segunda parte del concierto, dedicada a Haendel, mejoró en general, ya sin asperezas, manteniendo el color y la espesura, y exhibiendo unas agilidades en su justo punto. El timbre es bellísimo y su buen gusto inatacable. En las propinas ofreció un personal y muy matizado Lascia ch’io pianga que Mercero adornó con preciosas ornamentaciones al violín. Por su parte Mena nos sobrecogió en el aria antes mencionado, con pianissimi increíbles, así como en ese Bello rayo de esperanza que daba título al concierto, y sobre todo en el Mentre dormi que canta Licida en L’Olimpiade. Su excelente gusto y capacidad para modular y mantener en la medida de lo posible el tono de su registro, hicieron de su aportación un bálsamo al que el público respondió entusiasmado.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 19 de enero de 2019

UN ORFEO Y EURÍDICE INCÓMODO EN EL VILLAMARTA DE JEREZ

Orphée et Eurydice, de Christoph Willibald Gluck. Versión francesa de Pierre-Louis Moline, según el libreto de Raniero di Calzabigi. Carlos Aragón, dirección musical. Rafael Rodríguez Villalobos, dirección de escena y dramaturgia. Jesús Ruiz, escenografía y vestuario. Miguel Ruz, iluminación. Con José Luis Sola, Nicola Beller Carbone, Leonor Bonilla y Martín Puñal. Orquesta Filarmónica de Málaga. Coro del Teatro Villamarta dirigido por José Ramón Hernández y Ana Belén Ortega. Producción del Teatro Villamarta. Teatro Villamarta de Jerez, viernes 18 de enero de 2019

Sola y Carbone. Bonilla en el cuadro. Foto: Javier Fergo
Una importante representación de la comunidad musical sevillana se dio cita el viernes noche en el Teatro Villamarta de Jerez para descubrir una producción del mítico título de Gluck de notable esfuerzo andaluz pero resultados más bien incómodos. Varios de los talentos triunfadores en los dos últimos espectáculos líricos disfrutados en el Maestranza confluyeron en esta producción del propio Villamarta, como son la soprano Leonor Bonilla, auténtica revelación en Lucia di Lammermoor del pasado octubre, el tenor José Luis Sola, competente arlequín en El emperador de Atlántida, Nicola Beller Carbone, sensual protagonista en El dictador y el anterior título ofrecidos en programa doble el pasado mes de diciembre, y sobre todo el joven y prometedor director escénico Rafael Villalobos, que logró una interesante visión de la ópera breve de Krenek y una notable revisión de la de Ullman, y ahora realiza una personal adaptación escénica del drama de Orfeo en los infiernos.

Foto: Javier Fergo
Para Villalobos el Amor surge de la juventud y convierte a la pareja protagonista en un inspirador y potente motor con el que alimentar toda una vida de compañerismo altruista y entregado. Por eso aquí no hay tres sino cuatro personajes que son dos. Orfeo joven y viejo, Eurídice joven y vieja. Los jóvenes son el amor, lo que da más posibilidades de protagonismo a una emergente Leonor Bonilla, un Amor trasmutado en el tercer acto en Eurídice, compartiendo el rol con Carbone. Mientras el actor Martín Puñal encarna también al Amor, esta vez en la persona de un Orfeo joven y enamorado, que declama a Sartre al principio del último acto y esboza unos pasos de baile en esta versión estrenada en París una década después de su estreno vienés en italiano. El infierno es el dolor, nunca mejor representado que entre las almas condenadas a la enfermedad que habitan en un sanatorio, donde se ambienta un segundo acto enérgico, truculento y desasosegante, lo mejor de la función. Y el único final lieto posible es asumir la desaparición del ser querido, la propia soledad y la espera conforme del desenlace que a todos nos espera, la muerte. Vestuario, escenografía y actitud, todo recuerda al laureado film de Michael Haneke sobre el Amor, inspiración en la que basa Villalobos esta visión de la tragedia clásica que prescinde del mito y su influencia en las artes, especialmente musicales, para centrarse exclusivamente en el dolor del amor. Salvo en ese acto central, su dirección necesita más trabajo, llenar los momentos instrumentales, más abundantes en la versión francesa por destinados a un baile aquí ausente, con movimientos más inspirados y decididos, pues en sus actos extremos la producción nos pareció algo plomiza. Presupuesto manda y, como era de esperar, todo es sencillo y humilde, aunque deja apreciar la capacidad del teatro para albergar producciones de enjundia, con cambios ágiles de escena y maquinaria solvente para resolverlos. En este punto celebramos también el buen trabajo de iluminación desplegado por Miguel Ruz.

Orfeo (Sola) entre Eurídice vieja (Carbone) y joven (Bonilla)
Más decepcionante resultó la función en el aspecto puramente musical. A una Filarmónica de Málaga que en su esfuerzo por sonar en estilo derivó erráticamente en más austeridad de la conveniente y una ausencia total de morbidez y sensualidad, hubo que añadir una batuta monocorde, autómata y sin sensibilidad, y unos recursos especialmente pobres en los metales, provocando una continua languidez, uniformidad y carencia de fuerza expresiva. Mucho mejor resultó la Orquesta Manuel de Falla en aquel Orfeo y Eurídice más convencional de hace quince años en el mismo teatro, donde destacaron las muy satisfactorias voces del contratenor Flavio Oliver y la sopranos Beatriz Lanza y Ruth Rosique, presente también ayer entre el público. La voz de Orfeo en la versión francesa de este título imprescindible y renovador de la ópera en lo dramático y lo musical, deriva del castrato contralto o soprano, según quién lo cantara, al tenor que la estrenó en París, porque allí no gustaban los castrati. Desde la versión adaptada por Berlioz puede también cantarlo una contralto, en consideración a Pauline Viardot, e incluso un barítono. Como hijo de las musas y padre de la música, Orfeo se adapta a todos los timbres de voz, siempre que se haga en estilo. José Luis Sola ni posee la capacidad y la fuerza para sostener todo el peso de la función, ni logró adaptar su registro al tono y el estilo adecuados, por lo que parecía estuviésemos escuchando a Verdi o Bizet en lugar de a un autor clásico cada vez que entonaba un recitativo o un aria, todo un dislate. Además acusó frecuentemente estridencias, estrangulamiento e incómodos cambios de registro, y fue incapaz de afrontar agilidades ni provocar impacto emocional. En cuanto al coro, hizo un trabajo competente salvo en algunos pasajes en los que acusó falta de coordinación y cierto desequilibrio. Con una batuta y un tenor protagonista fuera de estilo, poco pudieron hacer el resto, unas competentes Leonor Bonilla y Nicola Beller Carbone que lucieron lo que pudieron y cómo pudieron dentro de un espectáculo tan incómodo para un público mínimamente exigente – luego está el que aplaude a todo – como para el implicado más consciente y autocrítico.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 18 de enero de 2019

ESPLÉNDIDA ROSS BAJO LA MAGISTRAL BATUTA DE MARC ALBRECHT

XXIX Temporada de Conciertos de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Alexei Volodin, piano. Marc Albrecht, director. Programa: Till Eulenspiegel lustige Streiche, de Strauss; Concierto para piano nº4, de Rachmáninov; L’apprenti sorcier, de Dukas; Suite de L’oiseau de feu, de Stravinski. Teatro de la Maestranza, jueves 17 de enero de 2019 

Marc Albrecht
Rafa Castaño, magnífico y simpático concursante de los programas de televisión Saber y ganar y Pasapalabra, encaró con desparpajo y mucha profesionalidad el Érase una vez fundamental para introducir las obras basadas en cuentos y fábulas populares que Marc Albrecht y la Sinfónica cocieron con la maestría de un exigente chef de cocina y su equipo. Tras unas estrofas de Las aventuras de Till Eulenspiegel recitadas por el carismático sevillano, el director, ducho en el poemario sinfónico de Richard Strauss, a quien ha dedicado al menos dos de sus registros, no perdió detalle y se movió rápida y elocuentemente por las peripecias del joven protagonista, antaño un campesino medieval que se rebeló contra la burguesía conservadora e inspiró la rebelión flamenca contra la tiranía de Carlos V, y que en el mundo de las leyendas se convirtió en mero provocador y bromista, caracteres bien reflejados en una lectura minuciosa y precisa, con su punto justo de socarronería, aunque ahondando no tanto en la ironía y el tono burlón como en el aliento de libertad que inspira la partitura, ante la que la orquesta desplegó todo su virtuosismo y esplendor. Hubiésemos preferido que Crambes se aplicara más en sus solos de violín; le hemos conocido tiempos mejores y los añoramos.

Imagen retrospectiva de Alexei Volodin
A Elexei Volodin ya tuvimos el placer de disfrutarlo en anteriores temporadas, en un excelente Concierto Egipcio de Saint-Saens junto a la también estupenda batuta de Stanislav Kochanovsky en 2015, y unas más discutibles Variaciones Paganini de Rachmaninov junto a Edmon Colomer y la Filarmónica de Málaga en 2012, en un concierto en el que curiosamente también se interpretó Till Eulenspiegel. Con el compositor ruso y su poco frecuente Concierto nº 4, Volodin demostró ser también un fuera de serie, capaz de captar el espíritu romántico y arrebatado del autor desde sus primeros y muy majestuosos compases. Sin embargo tuvimos la impresión de no implicarse suficientemente en el primer movimiento, lo que no fue obstáculo para transmitir el lirismo y la aristocracia de la partitura. Tras un elegíaco y pausado Largo de aliento triste y melancólico, Volodin remató con un dinámico Allegro vivace en el que desplegó todo su virtuosismo y dominio técnico, además de un exacerbado sentido expresivo muy bien secundado por una orquesta que Albrecht controló hasta en los detalles más incisivos. El pianista ruso tuvo que esforzarse por no desconcentrarse a pesar de las molestias que le ocasionaron una pareja en primera fila, a la que no dudó incluso en llamar la atención.

Rafa Castaño
Stokowski estrenó este concierto de Rachmáninov, y fue él precisamente quien más popularizó el poema sinfónico de Paul Dukas El aprendiz de brujo, cuya elocuente música siempre asociaremos a Mickey Mouse. Con Castaño de nuevo introduciendo la pieza, leyendo la balada de Goethe en la que se inspira, Albrecht atacó la obra con decisión y extrema transparencia. Tempi rápidos y muchos matices en una interpretación dinámica, metálica y deslumbrante, cuyo plácido pero misterioso final, en concordancia con el del poema straussiano, malogró un impertinente móvil que despertó el gesto enfadado del director. En El pájaro de fuego Albrecht resaltó las influencias que Stravinski recibió de su maestro Rimsky Korsakov y su admirado Ravel, destacando su voluptuosa orquestación en la Danza infernal de Kastchei y el portentoso crescendo final, sin grandilocuencias gratuitas más allá de plasmar el carácter épico y fabulador de la música. Pero también resultó riguroso y lírico en pasajes como el Rondó de las princesas y la Canción de cuna. Con directores así recuperamos a una ROSS tan brillante y segura como la que solíamos disfrutar de forma ininterrumpida hace ya algunas temporadas.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía