jueves, 20 de julio de 2017

DURO Y BERNIER, GUITARRAS SOTTOVOCE

18ª edición Noches en los Jardines del Alcázar. Francisco Bernier y Antonio Duro, guitarras. Programa: Música española para dos guitarras (obras de Sor, Granados y Albéniz). Miércoles 19 julio 2017

Con todas las localidades agotadas, disfrutar por primera vez juntos de dos de los más reputados guitarristas clásicos de nuestra comunidad acaparó la atención del melómano más sensible. Alabados por separado, y habituales de este emblemático escenario, demostraron una capacidad encomiable de compenetración y sensibilidad, con un programa no por convencional menos atractivo, en el que se dieron cita tres imprescindibles de la música española del diecinueve y principios del veinte, baluartes del pintoresquismo patrio, por mucho que, como apuntara Duro, nacieran en la supuestamente hoy secesionista Cataluña. Ironías de la vida que sirvieron para que estos dos profesores del Conservatorio desplegaran su arte en una noche en la que el acento recayó en las estéticas.

Enmarcados en los aires vitalistas y llenos de brío de Sor y Albéniz, los intérpretes hicieron sin embargo hincapié en la estética intimista, delicada e incluso humilde del resto del programa. De Fernando Sor ofrecieron una Fantasía Op. 54 generosa en ritmo y color, que arrancó solemnemente para trasmutar en una desenfadada marcha y, tras enroscarse con notable capacidad entre líneas y ornamentos, mantener un ritmo amable y constante en el que fue posible apreciar el trabajo armonioso de los músicos y el impecable contrapunto ejercido entre melodía y acompañamiento. Aunque la pulsación no fue siempre impecable, y a veces se colaran notas no deseadas o pequeños traspiés, poco importa frente al derroche de expresividad y la capacidad de compenetración de los artistas.

Por separado Duro, que nació en Úbeda, mantuvo el estilo clásico de Sor en la tonadilla La  Maja de Goya de Granados, una pieza detallista y delicada en manos del guitarrista, mientras Bernier, natural de Burguillos, deleitó a todos y a sí mismo con una preciosa y emotiva Andaluza, quinta y más popular de las danzas españolas del compositor de Lérida, que el guitarrista acometió sin estridencias ni excesiva incidencia en su carácter folclórico. Y es que la tónica general fue la de la intimidad y la discreción, evocando atmósferas y recuerdos sin provocar exaltaciones de ánimo, sottovoce. Juntos acertaron en ritmo y dinámicas con la Zambra de Granados y la siempre agradecida Sevilla de Albéniz, si bien el momento más precioso de la velada se reservó a la Danza nº 2 de Granados, Oriental, prodigio de dulzura y contención, no exento de misterio. También Evocación de la Suite Iberia se benefició de ese carácter discreto y contenido, así como Córdoba, de los menos populares Cantos de España, también de Albéniz, cuya estética costumbrista y aires evocadores disfrutaron del magisterio de sus intérpretes, que ya como propina ofrecieron candela y gitanería en El sombrero de tres picos de Falla.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 17 de julio de 2017

EN LA VÍA LÁCTEA Disparate de amor y guerra

Título original: On the Milky Road
Serbia-México-USA-Reino Unido 2016 125 min.
Dirección Emir Kusturica Guión Emir y Dunja Kusturica Fotografía Martin Sec y Goran Volarevic Música Stribor Kusturica Intérpretes Monica Bellucci, Emir Kusturica, Sloboda Micalovic, Sergej Trifunovic, Miki Manojlovic, Bajram Severdzan, Maria Darkina Estreno en el Festival de Venecia 9 septiembre 2016; en Serbia 25 febrero 2017; en España 14 julio 2017

Gato negro, gato blanco y La vida es un milagro son las últimas películas memorables del otrora genial director serbio Emir Kusturica, autor de la mítica Underground. Después hizo la endeble Prométeme y una serie de trabajos documentales, hasta que hace tres años participó en la película colectiva Words with Gods, en la que participaron entre otros Álex de la Iglesia, Mira Nair, Guillermo Arriaga, Héctor Babenco o Amos Gitai. Su episodio debió reportarle tal satisfacción que lo ha convertido en largometraje en esta coproducción internacional presentada en Venecia y despachada con las más turbias críticas. Y es que aquí, con el reclamo de la belleza, ya no tan espléndida, de la Bellucci, se limita a autocopiarse y, sin gracia ni talento, revisar su particular universo al servicio de una historia que ni engancha ni entretiene. Su impacto visual y sonoro, a fuerza de imágenes potentes y música muy al estilo Goran Bregovic, que de forma tan fundamental ayudara a definir su estilo en películas como El sueño de Arizona o la mencionada Underground, y que ahora sustituye por la de su hijo Stribor Kusturica, sirve para una introducción muy prometedora con animales caricaturescos haciendo diabluras (o los humanos haciéndolas con ellos, dentro y fuera de la pantalla), pero se desinfla inmediatamente cuando la inconsistencia de una historia de amor en plena Guerra de los Balcanes, tan recurrente en su filmografía, se apodera de un espectáculo en el que el disparate y la sinrazón dominan toda la función. La joven Sloboda Micalovic pronto se convierte en la revelación de un film que tiene poco que ofrecer, aunque su participación resulte como el resto del conjunto tan alocada como a ratos irritante. El resultado es algo más de dos horas de puro slapstick que no es Keaton ni Fellini sino todo lo contrario, y en el que encima tenemos que soportar e un inexpresivo Kusturica también como protagonista, además de firmar el enfermizo guión junto a su hermana Dunja, quedando todo en casa.

viernes, 14 de julio de 2017

LA MAJESTUOSA INMENSIDAD DEL MAR EN EL ÚLTIMO CONCIERTO DE TEMPORADA DE LA ROSS

16ª concierto de abono de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza. María José Montiel, mezzosoprano; John Axelrod, director. Programa: El mar y Tres nocturnos nº 3: Sirenas, de Debussy; Poema del amor y del mar Op. 19, de Chausson; Suite nº 2 de Daphnis et Chloé, de Ravel. Teatro de la Maestranza, jueves 13 julio 2017

Para su último concierto de esta temporada la ROSS nos invitó a disfrutar del mar, una solución refrescante para el intenso calor que nos acompaña en el ecuador de julio, con muchos de sus abonados disfrutando de las vacaciones, situación que esperemos se resuelva en estos días de reunión y encuentro entre los directores artísticos de orquesta y teatro. Un mar diseñado por el trazo colorista, brillante y sensual del impresionismo francés, y dirigido por la batuta solemne y segura de un Axelrod que se decantó por arroparlo con una estética envolvente y sugerente para describir estas atmósferas marinas en las que el amor y el mito estás tan invocados como las misteriosas y desconocidas profundidades de nuestros océanos.

Los versos de Maurice Bouchor inspiraron el Poema del amor y del mar de Chausson, una singular pieza vocal y orquestal con un estilo clásico influido por Wagner y Franck, que combina una paleta tonal y un amable cromatismo rico y muy melódico. Para lograr una interpretación justa y refinada es imprescindible dejarse llevar por su sensibilidad poética, y tanto María José Montiel como John Axelrod lo consiguieron. La mezzo madrileña tradujo su compleja telaraña de emociones en una atormentada y apasionada declaración de amor dejando correr la voz a sus anchas, con mucha naturalidad en los registros agudos y puntual dificultad sin importancia en los más graves, salvando la actuación en general con muy buena nota. Axelrod la arropó con acordes retorcidos y seductores, reflejando la fuerza del mar y sus emociones.

Antes El mar de Debussy fue sin embargo menos satisfactorio, menos turbulento de lo acostumbrado, por lo que su carácter sensual y erótico fue sustituido por un mayor énfasis en sus aspectos misteriosos e intrigantes. El director acertó por otro lado a reflejar su intrincado mosaico de detalles. Más sensual quedó Sirenas, el tercero de sus Nocturnos, otra irresistible llamada del mar que tiene en las vocalizaciones femeninas su mejor baza, si bien éstas sonaron menos espectrales de lo conveniente, muy austeras y demasiado pujantes. Mucho mejor, ya combinadas con las voces masculinas, en la Suite nº 2 de Daphne y Cloé, que coincide con la tercera y última parte del ballet o sinfonía coreográfica de Ravel. Su majestuosa introducción, de actualidad gracias al uso repetitivo que de ella hace la banda sonora de una de las mejores películas estrenadas este año, Z La ciudad perdida, se salvó con una intensidad emocional deslumbrante, que ya no abandonó hasta el final, un punto y aparte hasta que en septiembre arranque una de las temporadas más ambiciosas y recargadas de la orquesta.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 13 de julio de 2017

LA GUERRA DEL PLANETA DE LOS SIMIOS Gorilas en la nieve

Título original: War for the Planet of the Apes
USA 2017 142 min.
Dirección Matt Reeves Guión Mark Bomback y Matt Reeves Fotografía Michael Seresin Música Michael Giacchino Intérpretes Andy Serkis, Woody Harrelson, Steve Zahn, Karin Konoval, Amiah Miller, Trry Notary, Ty Olsson, Michael Adamthwaite, Toby Kebbell, Gabriel Chavarría, Judy Greer; Sara Canning, Devyn Dalton, Aleks Paunovic, Alessandro Juliani Estreno en Estados Unidos 14 julio 2017; en España 12 julio 2017

Poco o casi nada añade esta tercera entrega de la saga pre Planeta de los simios, el clásico de 1968. Su argumento mínimo continúa los derroteros de El amanecer del planeta de los simios, con César liderando una guerra involuntaria contra un reducto militar humano y los simios partidarios de mayor violencia contra los hombres. Descubierto por éstos y víctima de un acto atroz, César tendrá que huir de su escondrijo y adentrarse en un viaje por amplias llanuras y sierras nevadas que le llevará a la clásica e inevitable confrontación final. Por el camino se incorporan algunos personajes que van definiendo el espíritu del original, una niña que no puede articular palabra o un mono gracioso, hasta que la lucha cuerpo a cuerpo lo enfrente a un coronel que parece sacado de El corazón de las tinieblas que inspiró Apocalipsis Now. Mucho metraje para tan poca cosa, con los humanos limitados al mínimo y mucha creación digital a partir de los gestos y movimientos de un elenco camuflado bajo los pixels, con Andy Serkis de nuevo fomentando su particular talento interpretativo sin que jamás muestre su rostro verdadero. Matt Reeves, que ya se hizo cargo del título anterior, es un buen director y sabe llevar el espectáculo a buen puerto, por mucho que ni el argumento ni su estiradísimo metraje merezcan mucho la pena. La tecnología digital es impecable, faltaría más, pero molesta tanta pretensión, marcando la tragedia y el drama como si de Shakespeare se tratara, además de jugar de nuevo con una supuesta poética del amor frente al odio, otra vez, y provocar una emoción que no siempre conmueve.

miércoles, 12 de julio de 2017

EUSKAL BARROKENSEMBLE: TAN LEJOS, TAN CERCA

18ª edición Noches en los Jardines del Alcázar. Euskal Barrokensemble: Enrike Solinís, guitarra, laúd y dirección. Miren Zeberio, violín. Pablo Martín Caminero, contrabajo. Daniel Garay, percusión. Programa: Colores del Sur (obras de Kantemir, Sanz, Scarlatti, Kapsberger, Matteis y Falla, entre otros). Martes 11 julio 2017

Enrike Solinís, un habitual de nuestra escena musical tanto en el Festival de Música Antigua como en estas Noches del Alcázar y otras manifestaciones variadas, volvió al Jardín del Cenador de la Alcoba junto a su grupo Euskal Barrokensemble para ofrecer uno de sus programas tan característicos, un conjunto de piezas alrededor del barroco menos conocido y transitado, pasadas por el tamiz de su propio espíritu y arregladas para cumplir con su declaración de principios. No engañan a nadie cuando aseguran que su intención es interpretar estas obras a partir de unas partituras que, en la mayoría de casos, sólo constituían un esbozo sobre el que generar una interpretación creativa e imaginativa, a merced del estilo y los recursos del intérprete.

El conjunto echó mano en esta ocasión del material con el que concibieron hace algunos años su disco Colores del Sur, aunque con un repertorio sensiblemente diferente al presentado en aquel registro, de la misma manera que hace un par de años en el FeMás adelantaron el material que habría de integrar su último CD, en torno a El amor brujo de Falla, protagonista en este concierto del botón de cierre, con una Danza del fuego también en un particular arreglo que haría las delicias de gitanos ávidos de nuevas y experimentales estéticas, y que sirvieron una vez más para que los cuatro integrantes desplegaran su capacidad expresiva y dominio técnico. Luego, como propina, unos indispensables Canarios de Gaspar Sanz sometidos, como el resto del programa, al matiz moderno de Solinís.

Desde el comienzo hubo tendencia a mezclar estilos y aires, acercando culturas hoy tan lejanas, pero entonces recíprocamente influidas, como la marroquí o la centroeuropea, con sonidos y ritmos de la música otomana de Dimitri Kantemir, Príncipe de Moldavia, danzas tradicionales, o unas marionas enlazadas a una chacona en la que los músicos sorprendieron por su versatilidad y capacidad para adaptarse a estilos incluso jazzísticos, como bien probó Caminero al contrabajo. Sin solución de continuidad, y echándose de menos alguna explicación sobre el programa y su estética, algo tan recurrente, a menudo innecesariamente, en estas noches estivales, Solinís hizo sonar sus instrumentos de cuerda pulsada, para lo que convocó a maestros como Kapsberger, Santa Cruz o Scarlatti con frecuentes reminiscencias árabes, mientras Zeberio fue capaz de hacer susurrar su violín y, poco a poco, ir reivindicando un espacio mayor hasta dominar melódica y expresivamente la representación, con colores sensuales y ocasionalmente celtas que Garay se encargó de potenciar con una percusión sutil y equilibrada que contribuyó sobre manera a una noche de ritmo irreprimible.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 11 de julio de 2017

TOM OF FINLAND Un icono gay al que subir a los altares

Finlandia-Suecia-Dinamarca-Alemania-USA 2017 115 min.
Dirección Dome Karukoski Guión Alexki Bardy Fotografía Lasse Frank Jonannessen Música Lasse Enersen y Hildur Guonadóttir Intérpretes Pekka Strang, Lauri Tilkanen, Jessica Grabowsky, Seumas F. Sargent, Taistu Oksanen, Jakob Oftebro, Niklas Hogner, Christian Sandström, Werner Daehn Estreno en Finlandia 24 febrero 2017; en España 7 julio 2017

Todo el mundo ha visto alguna vez un dibujo de Touko Laaksonen. Figuras masculinas embutidas en trajes de cuero que dejan ver carne musculosa y sudorosa, iconos de la cultura gay que han inspirado toda una tendencia y un estilo de vida para millones de homosexuales de todo el Mundo. Esta cinta analiza la figura de este finlandés internacional, que volvió de la Segunda Guerra Mundial condecorado y convertido en héroe sólo para comprobar cómo el mundo que le rodeaba le impedía realizarse como hombre que ama y hace el amor. Sometido a vejaciones, persecuciones y censura, encontró en el amor de su vida y su afición a dibujar una vía de escape no sólo para él sino para millones de hombres en su misma situación a lo largo y ancho del planeta. Dome Kaurkoski, un discreto realizador finlandés que ha visto cómo algunos de sus títulos se han estrenado incluso entre nosotros (El gruñón, Fruto prohibido) se encarga de poner en escena este aseado biopic cuyo mayor valor reside en repasar años de ignominia y auténtica vergüenza en países como el suyo y otros en los que los derechos y libertades de hombres y mujeres sufrieron durante décadas el desprecio y la represión. Un ejercicio necesario para mantener viva la memoria de tanta gente que luchó para que en al menos un tercio del planeta hoy vivamos y sintamos con más libertad e igualdad. Ahora que en todas partes se celebra el orgullo por los colores del arco iris, la igualdad, la belleza, la felicidad y la convivencia entre todos y todas, se hace aún más necesarias películas como ésta, que sin grandes pretensiones consiguen hacernos reflexionar sobre lo mucho que costó que en países como el nuestro podamos disfrutar de nuestra individualidad con cierta paz y tranquilidad. Con hechuras clásicas y suficiente pericia como para que no se noten las limitaciones presupuestarias, Karukoski consigue un film digno, con la inestimable ayuda de Pekka Strang dando vida a Laaksonen, el Tom of Finland del título, que logró hacerse famoso en California y desde allí exportar su imagen de deseo, perversión y seducción por todo el Mundo. El objetivo está claro, en ésta y en cualquier otra manifestación que consiga ampliar nuestros derechos, y no es otro que lograr que seamos un poquito más felices en esta efímera vida que cuestiones de Estado y religiones han convertido durante siglos en poco menos que un calvario. Es hora de cambiar de religión y subir a iconos como Tom of Finland a los altares. Una película como ésta, con sus limitaciones e insuficiencias, podría ser un primer peldaño para conseguirlo.

BABY DRIVER ¿Cine de acción de autor?

Reino Unido-USA 2017 115 min.
Guión y dirección Edgar Wright Fotografía Bill Pope Música Steven Price Intérpretes Ansel Elgort, Lily James, Jamie Foxx, Jon Hamm, Kevin Spacey, Eiza González, Jon Bernthal, CJ Jones, Allison King, Keith Hudson, Sky Ferreira, Lance Palmer Estreno en Reino Unido y Estados Unidos 28 junio 2017; en España 7 julio 2017


Aunque ya en el cine mudo y primeros años treinta las persecuciones de coches en plena ciudad se pusieron de moda, generalmente en películas de gángsters, no fue hasta Bullitt de Peter Yates que cobraron entidad propia como género, llegando a la cumbre con la oscarizada French Connection y alcanzando la cota máxima de vulgaridad con las hipervitaminadas y ajenas a cualquier plausibilidad A todo gas. Edgar Wright, que se ha pasado gran parte de su filmografía parodiando con un estilo muy propio géneros cinematográficos de gran popularidad, no parece encontrar aquí su referente; quizás las películas de coches a toda velocidad o puede que el universo de Tarantino, especialmente Amor a quemarropa, ahora que casualmente su estreno coincide con la reposición en cines de Pulp Fiction. Una ambientación retro y escenarios recurrentes como cafés de carretera parecen corroborar esta tesis. Pero si acudíamos a este estreno, a pesar de las pocas expectativas que suscitaban su trailer, seducidos por la filmografía del director, no hemos encontrado sino una enorme decepción. Apenas hay aquí el humor irónico y descacharrante de Zombies Party, Arma fatal o Bienvenidos al fin del mundo. Puede que el motivo se encuentre en la ausencia de Simon Pegg y Nick Frost, protagonistas de las tres cintas aludidas, pero lo cierto es que Baby Driver parte de una idea interesante, una mezcla de cine de acción y música, con escenas de persecución y violencia supuestamente coreografiadas al ritmo del iPod del protagonista, con una banda sonora retro o vintage en la que se dan cita gente como Barry White, The Beach Boys, Carla Thomas, The Commodores, Queen o Simon & Garfunkel, de uno de cuyos títulos menos conocidos se toma prestado el de esta película. Pero la verdad es que cuesta apreciar esa sintonía ente imagen y sonido, y sin negar que la acción está perfectamente milimetrada y montada, no podemos sino despreciar una cinta que basa todo su atractivo en la violencia extrema, relegando a la mujer a apenas un objeto decorativo y repitiendo tópicos y esquemas argumentales vistos hasta la saciedad. Ni siquiera los múltiples cameos al estilo Torrente llegan a hacernos gracia, dado la dificultad de identificarlos por su carácter local. Apenas Paul Williams, músico y protagonista de El fantasma del paraíso, destaca de un elenco en el que también se acredita Walter Hill, director de, entre otras, Forajidos de leyenda.

DÍA DE PATRIOTAS Paseo por el amor y el odio

Título original: Patriots Day
USA 2016 130 min.
Dirección Peter Berg Guión Peter Berg, Matt Cook, Joshua Zetumer, Paul Tamasy y Eric Johnson Fotografía Tobias A. Schliessler Música Trent Reznor y Atticus Ross Intérpretes Mark Whalberg, John Goodman, Kevin Bacon, J.K. Simmons, Michelle Monaghan, Rachel Brosnahan, Alex Wolff, Themo Melikidze, Melissa Benoist, Michael Beach, Khandi Alexander, Lana Condor, Christopher O’Shea, Jimmy O. Yang, Jake Picking Estreno en Estados Unidos 13 enero 2017; en España 7 julio 2017

En abril de 2013 Boston sufrió un atentado terrorista en su popular marathon, llevándose por delante la vida de tres personas, otra más como daño colateral, y dejando decenas de personas mutiladas de por vida. Peter Berg, que desde que abandonó su carrera de galán cinematográfico con apenas algunos títulos de los que sólo recordamos La última seducción, ha forjado una irregular carrera como director en la que es fácil identificar títulos olvidables como Battleship, Virtuality, Hancock o La sombra del reino, junto a otros más conseguidos pero nunca memorables como Very Bad Things o El único superviviente. Tras introducirse en otra historia verídica, el terrible accidente de un pozo petrolífero en Marea negra, con intereses económicos denunciados de por medio y resultados cinematográficos más estimulantes, así como un esforzado trabajo de cámara y montaje, Berg logra ahora su mejor película con esta oda al patriotismo americano, convirtiendo en héroes a ciudadanos comunes y anónimos a los que la tragedia cogió de sorpresa y les brindó la oportunidad de mostrar lo mejor de sí mismos. Y es que el realizador juega de nuevo a ese ejercicio de filantropía hipócrita tan afín a los americanos, proponiendo el amor entre semejantes como única arma posible frente a la barbarie, la muerte, la destrucción y el odio. Buena y conveniente base para formar una tesis, si bien todos y todas conocemos la ausencia de verdadera voluntad para ponerlo en práctica, precisamente en países tan poderosos como éste. No obstante aplaudimos el intento y nos dejamos seducir por su puesta en escena, que combina tensión dramática con buenos sentimientos, un elenco variopinto y atractivo y un ajustado montaje que pasa de unas situaciones a otras y las va cruzando con proverbial ingenio y facilidad. La reconstrucción de las explosiones está hecha con sobriedad y respeto, combinando imágenes reales con otras que ajustan su formato y textura a las primeras para no romper la unidad estética. Pero es en el valor humano de la propuesta, la definición de personajes y motivaciones, donde la cinta se muestra más atinada. De hecho comienza ya introduciéndolos con tanto cariño como cotidianeidad, para poco a poco ir tejiendo un puzzle que se asemeja a Vidas cruzadas y Crash, sin juzgar en exceso a buenos ni malos, ni tan siquiera presentar el crimen como un acto organizado por Al-Qaeda, sino como el de dos descerebrados cuyos crímenes son como tantas otras veces asumidos y reivindicados por el Estado Islámico. Es en el dolor de las víctimas y su capacidad para superarlo donde Berg incide e insiste con un discurso humanista y esperanzador, que servido con tanta sobriedad como respeto no nos hace sino aplaudir la empresa, aunque una vez más se trate de hacer taquilla con las desgracias patrias.

LLEGA DE NOCHE Manual de supervivencia con muchas lagunas

Título original: It Comes at Night
USA 2017 97 min.
Guión y dirección Trey Edward Shults Fotografía Drew Daniels Música Brian McOmber Intérpretes Joel Edgerton, Kelvin Harrison jr., Carmen Ejogo, Christopher Abbott, Riley Keough, Griffin Robert Faulkner Estreno en Estados Unidos 9 junio 2017; en España 7 julio 2017

Trey Edward Shults recibió el reconocimiento casi unánime de la crítica con su primer trabajo, Krisha, donde analizaba, primero en formato de cortometraje y después de largo, el progresivo deterioro psicológico de su propia tía a través de interminables reuniones familiares alrededor de una mesa, dándole al conjunto el insospechado aire de una película de terror. Algo parecido hace ahora con este drama de supervivencia y tensión en el que un improbable padre protege a su familia de lo que parece una plaga apocalíptica, encerrados en su casa del bosque y desconfiados ante cualquier elemento externo que convierten inmediatamente en amenaza. También en este film coquetea con el terror, aunque el conjunto no se ciña al género, y es alrededor de una mesa donde se tejen algunos de los pasajes más reveladores y las relaciones más tensas entre los personajes. Parece sin embargo que Shults deja muchos cabos sin atar, y que lo hace premeditadamente, como restando importancia a elementos que en la vida real no representarían nada para nosotros cuando nuestros objetivos son más importantes, y vaya sin sobrevivir al fin de la humanidad lo es. No obstante si el experimento es válido para el realizador, resulta decepcionante para el espectador, que espera más racionalidad en un producto que se mira mucho a sí mismo, se da una tremenda importancia, parece que quiera nada más y nada menos que filosofar, y sin embargo no nos deja más que indiferentes. Aunque Joel Edgerton suele ser una garantía en toda película en la que interviene, nos tememos que esta vez sus expectativas estuvieron tan altas o más que las nuestras.

lunes, 10 de julio de 2017

viernes, 7 de julio de 2017

15ª CONCIERTO DE ABONO DE LA ROSS: EL PECADO ES PERDÉRSELO

15ª concierto de abono de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Wallis Giunta, mezzosoprano. José Mª García Baeza y Francisco Escala, tenores. Andrés Merino, barítono. Javier Cuevas, bajo. John Axelrod, director. Programa: Adagietto, de Penderecki; Francesca da Rimini Op.32, de Chaikovski; Los siete pecados capitales Op.14, de Weill. Teatro de la Maestranza, jueves 6 julio 2017

Wallis Giunta
El penúltimo concierto de abono de esta temporada de la ROSS se presentó bajo el título genérico de Pecadores y Santos, más mirando hacia los primeros que los segundos, con un atractivo programa integrado por obras poco ofrecidas a los espectadores del Maestranza, de hecho una se interpretaba por primera vez en España y otra como primicia para nuestra Sinfónica. El resultado fue tan sumamente satisfactorio y singular que nos atreveríamos a aconsejar sin paliativos a todo aquél o aquélla que aún dudara de la conveniencia de asistir al concierto de hoy, que adquiriese su entrada lo antes posible. Además si acuden hoy habrán logrado ir un 7 de julio (mes 7) de 2017 a una interpretación de Los siete pecados capitales de Kurt Weill, cuya acción transcurre a lo largo de siete años en siete capitales norteamericanas. 

La sorprendente y original noche arrancó con el elegíaco Adagietto de Krzysztof Penderecki, extraído de su ópera en dos actos El paraíso perdido, con libreto de Christoper Fry en inglés, según el poema épico de John Milton, definida por el autor como Sacra Rappresentazione, un encargo de las celebraciones del bicentenario de Estados Unidos en 1976. La pieza se desarrolla en el Infierno, el Cielo y la Tierra al comienzo de la Creación. El adagietto suena en el segundo acto, durante la primera noche de amor de la humanidad en el Jardín del Edén. Axelrod apostó por imprimir a la obra de un aire fúnebre, místico y sereno, algo distanciado del carácter amable que se le supone, logrando de una cuerda empastada y comprometida un sonido aterciopelado que cautivó tanto como impresionó. Ese tono melancólico contrastó con el espíritu enérgico y tumultuoso de una Francesca de Rimini en la que batuta y orquesta dieron lo máximo de sí mismos. Un trabajo extenuante, cargado de agresividad y tormento, fiel al espíritu de la obra, basada en el Canto V del Infierno de Dante, según la impresión que causó en Chaikovski el grabado de Doré Huracán infernal. Una de las obras más poderosas del compositor, con claras reminiscencias de Wagner y Liszt y muy compleja arquitectura, de la que la ROSS ofreció una versión antológica, un auténtico huracán de acentos y colores muy marcados incluso en su parte central más romántica y lírica, la que ilustra la relación entre los adúlteros Francesca y Paolo, y que Axelrod acertó a plasmar con la pasión y el patetismo característicos del autor ruso.

Una divertida imagen de la mezzo canadiense
La segunda parte la ocupó en su integridad la pieza lírica, una suerte de cabaret sinfónico, Los siete pecados capitales, que Kurt Weill compuso a partir de los textos de su amigo y colaborador Bertold Brecht justo cuando el avance nazi les obligó a emigrar de su Alemania natal. En origen un ballet cantado, encargado por el millonario inglés Edward James, para reconquistar a su esposa la bailarina Tilly Losch. Anna, la protagonista, se desdobla en el escenario en dos, la que baila y la que canta, pero en versión concierto, que suele ser lo habitual, una sola interpreta esa doble vertiente del personaje. Wallis Giunta, que en comparecencias anteriores en el Maestranza no nos había cautivado tanto, logra con este trabajo un triunfo absoluto, demostrando que quizás sea éste el repertorio que mejor se adapta a su perfil. Como buena americana (canadiense para más señas), sabe combinar a la perfección una voz cultivada como mezzo, y el estilo ligero que mejor se adapta a la partitura del autor de La ópera de tres peniques. A eso hay que añadir una belleza extraordinaria y un talento escénico incontestable, lo que se tradujo en un disfrute absoluto para el público. En la mente la versión de John Mauceri y Ute Lemper, con todos sus incentivos y su capacidad para recrear su estilo cabaretero, no supera la de este empeño del director tejano. Plena de sensualidad y gracia, Gointa se movió, bailó y declamó con total dominio de estilo, sin obviar la ironía presente en el sensacional texto de Brecht, y adaptarse como un guante a las indicaciones de un Axelrod que debió disfrutar de lo lindo dirigiendo la orquesta, poco habituada a estos estilos puntualmente jazzísticos y cabareteros, y sin embargo impecable en su cometido, con excelente prestaciones de los metales y la percusión. No se quedaron atrás los cuatro componentes del Coro de la Maestranza, extraordinarios también aportando ese carácter grotesco que les encomienda formas parte de esa familia castradora e hipócrita de la libertina protagonista. Especial mención merecen la voz turbadora y poderosa de Javier Cuevas y la muy bien colocada, proyectada y en estilo de José Mª García Baeza, aunque los cuatro lograron intervenciones sobresalientes. La puesta en escena, con bailes y vestuario de los que encandilan incluidos, y con esa gran orquesta detrás, es de lo que no se olvida y permanece en retina y oídos para el resto de la vida. ¿Y quién sabe si tendremos la oportunidad de nuevo de disfrutar de un espectáculo así?

jueves, 6 de julio de 2017

UNA NOCHE REFRESCADA CON TRIO AD PARNASSUM

18ª edición Noches en los Jardines del Real Alcázar. Trío Ad Parnassum: Vicent Morelló, flauta; Álvaro Prieto, fagot; Tommaso Cogato, piano. Programa: Tríos en Fa mayor, de Donizetti; Trío en Fa mayor Hob. XV. 17, de Haydn; Trío en Sol mayor WoO 37, de Beethoven. Miércoles 5 julio 2017

Vicente Morelló
La capacidad de Morelló para frasear con buen gusto y flexibilidad ha quedado de sobras demostrada en sus comparecencias junto al resto de la Sinfónica, en programas de cámara o en el registro que ha dedicado a la flauta con aires gitanos o bohemios, en cuya presentación hace apenas unas semanas le acompañó Cogato, un excelente pianista que se ha integrado junto a su compañera Mariarosario D’Aprile en el mundo musical sevillano con tanta simpatía como ingenio y talento, y al que aprovechamos para felicitar por su concierto junto a la ROSS en la próxima temporada. Prieto por su parte dio hace una semana muestra de un sonido sólido y personal en el Concierto para dos fagotes de Vanhal que ofreció en el Maestranza. Tres músicos singulares e indiscutiblemente competentes que se acercaron al Alcázar con un programa ideal para refrescar las cálidas noches estivales, si no fuera porque el clima, especialmente caprichoso de este verano, ya se encargó de hacerlo con un chaparrón que a punto estuvo de provocar la cancelación del evento.

Tommaso Cogato
Los aires melodiosos y desenfadados, un pelín cursis también, de Donizetti se encargaron de abrir y cerrar la velada, con una de sus poco transitadas obras de cámara, un Trío que brindó a los intérpretes la posibilidad de exhibir lirismo y expresividad con ornamentaciones justas y precisas, y con resultados llenos de encanto y amabilidad. En la propina, un arreglo de Una furtiva lagrima subrayó el carácter melódico del compositor de Bérgamo, corroborando la precisión técnica, la compenetración y la facilidad melódica de los intérpretes. Sin menospreciar su habitual carácter alegre y desenfadado, el trío acertó en destacar también el aire puntualmente íntimo de la pieza de Haydn, en el que destacó un Tempo di minuetto de generosa serenidad. Aunque original para cello, el fagot cumplió perfectamente para añadir autoridad a un conjunto que en todo momento logró una sensacional compenetración.

Álvaro Prieto
Lo mejor no obstante llegó de la mano de una pieza de juventud – ¡sólo catorce años! – de Beethoven, aún muy influido por su mentor Haydn. Despistados porque en el programa rezaba erróneamente el número de catálogo WoO 38, que es un trío tradicional para cuerda y piano, y creyendo que se trataría de una transcripción, nos encontramos con el descubrimiento de una delicada obra para los instrumentos convocados, con el propósito de servir de ayuda académica a unos niños a los que el joven compositor daba clases. La pieza disfruta de una poderosa arquitectura de movimientos generosos y dilatados, con múltiples posibilidades de lucimiento que los intérpretes aprovecharon con profusa lucidez. Cogato digitó con la misma agilidad y fluidez con la que Morelló fraseó sus melódicos acordes, destacando un Andante con variaciones final de enorme inventiva que disfrutó en manos de este singular trío de una combinación de técnica, compromiso y expresividad absolutamente satisfactoria.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 10 de julio de 2017

miércoles, 5 de julio de 2017

EL TELEMANN CORTO DE ESPÍRITU DE BARROCO SÚBITO

18ª edición Noches en los Jardines del Real Alcázar. Barroco Súbito: Valentín Sánchez y Leo Rossi, violines; Ventura Rico, viola da gamba; Alejandro Casal, órgano. Programa: Fantasía para violín nº 9, Sonata para viola da gamba en mi menor, Suite “Los viajes de Gulliver”, Sonata metódica nº 2 y Trío Sonata TWV 42:D1, de Telemann. Martes 4 julio 2017

Casal, Sánchez, Rossi y Rico
Bajo el nombre de Barroco Súbito, varios de los más significativos integrantes de la Barroca de Sevilla se reunieron para homenajear a Telemann en el doscientos cincuenta aniversario de su muerte. Bajo el brazo un programa sumamente atractivo, diseñado de forma muy inteligente para ofrecer un amplio muestrario de la música en pequeño formato compuesta por el músico de Magdeburgo. Naturalmente eso deja fuera sus imprescindibles suites y oberturas, ideadas para conjuntos más numerosos, y por supuesto otras disciplinas en las que Telemann fue indiscutible maestro. El conjunto volvió a exhibir su entusiasmo también en las simpáticas e ilustrativas introducciones de las obras seleccionadas.

El concierto arrancó en inmejorable forma con una de las doce fantasías para violín que compuso en Hamburgo alrededor de 1735, y que forman parte junto a otras doce para flauta, treinta y seis para clave y otras doce para viola da gamba recientemente recuperadas, de su integral para instrumentos sin acompañamiento, magistrales en concepto y estructura. De esta Fantasía nº 9 Leo Rossi ofreció una interpretación impoluta, ágil y perfectamente matizada, honrando el trabajo del autor, que como en otros instrumentos fue también un autodidacta del violín, y resaltando el estilo fugado con influencias de la sonata italiana que caracteriza esta pieza, tan elegante en la Siciliana inicial como vibrante y enérgico en el Vivace y el Allegro que la completan. El encanto de la Suite sobre Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift, apenas publicada dos años después de editarse el libro, quedó algo difuminado en la versión de Rossi y Valentín Sánchez, atentos a dinámicas y registros pero cortos a la hora de insuflar de comedia y alegría esta singular obra, una suite programática de danzas con un refinado estilo francés del que los ejecutantes no acertaron a extraer su lado cómico.

Haendel decía que Telemann podía componer un motete a cuatro voces con la misma facilidad con la que cualquier persona podía escribir una carta. Eso da idea de la naturalidad de su estilo, capaz de llegar fácilmente a un público muy amplio, con más imaginación que contrapunto. Por eso sorprende el apelativo metódico de su Sonata para violín y bajo continuo, que Sánchez bordó a nivel técnico pero manteniendo un nivel discreto de expresividad. En el continuo se optó por órgano en lugar de clave, quizás por imposición más que por decisión, lo que restó brillo y relieve a las piezas, como en esa Sonata para viola da gamba de la que Ventura Rico dio buenas muestras de lirismo y voluptuosidad en sus movimientos lentos, mientras acusó alguna deficiencia técnica en las agilidades del Vivace y el Scherzando, lógico por otro lado considerando la dificultad del instrumento. Ya todos en el Trío Sonata que culminó la exhibición, prosiguieron con la tónica ofrecida el resto del programa, buen ejercicio, sonido empastado pero algo corto en espíritu, esa gracilidad y ese tono improvisado que merece la obra del compositor alemán.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 3 de julio de 2017

VERANO 1993 Una mirada inocente ante el único desenlace posible

Título original: Estiu 1993
España 2017 96 min.
Guión y dirección Carla Simón Fotografía Ernest Pipó Intérpretes Laia Artigas, Paula Robles, David Verdaguer, Bruna Cusí, Paula Blanco, Etna Campillo, Jordi Figueras, Dolores Fortis, Montse Sanz Estreno en el Festival de Berlín 11 febrero 2017; en el Festival de Málaga 22 marzo 2017; en España 30 junio 2017

¿Cómo se consigue que una película enganche desde el minuto cero? Y aún más, ¿cómo lo hace una debutante, sin experiencia previa, al menos conocida, ni en el cortometraje? Esa es la magia del cine, sólo al alcance de unos pocos o pocas, quienes realmente tienen talento para contar historias y hacernos creer que lo que ocurre en la pantalla está realmente sucediendo, y sus protagonistas disfrutan y padecen de verdad. Como buena niña que es, la de esta película disfruta, juega, gamberrea, y hace las cosas propias de su edad con una soltura, una frescura y una gracia lejos de pedanterías. Pero también padece, la ausencia de referentes, de familiares con los que crear un verdadero nexo, tradicional o convencional, unos lazos de cariño que le han sido arrebatados a la temprana edad de seis años. Carla Simón, en tono eminentemente autobiográfico, de ahí que se ambiente en 1993, sin ninguna otra justificación más, salvo posiblemente la enfermedad destructiva que provoca el drama, nos cuenta en esta delicada y sensible película la historia de una catarsis infantil, de una búsqueda de respuestas, de un deseo de adaptarse y a la vez rebelarse, sin aspavientos, con acentos muy precisos y discretos, como si espiáramos a la niña de la misma forma que ella espía su entorno, porque nada vemos ni oímos que no lo haga la propia y cándida protagonista. La joven realizadora ha logrado devolvernos la mirada viva y curiosa de la Ana Torrent de El espíritu de la colmena y Cría cuervos, para así ofrecernos la que pudiera ser tercera entrega de una trilogía no diseñada sobre el despertar a la vida, el desengaño y la pérdida de la inocencia en niñas antológicas. Esperemos que este derroche de talento y sensibilidad no se convierta en un caso aislado y que los premios que ha cosechado (Mejor Ópera Prima y Gran Premio del Jurado Internacional Generación KPlus en Berlín; Biznaga de Oro y Premio Feroz de la Crítica en el Festival de Málaga) se traduzcan en una carrera brillante y coherente. Quizás en su afán de mostrar el contacto con la muerte de esta niña (espléndida Laia Artigas, como también lo está su compañera de juegos, prima y hermana a un tiempo, Paula Robles, aún más pequeña), Simón se haya extralimitado ofreciendo la matanza de un ternero. La vida por delante, y la muerte después, no lo olvidemos.

COLOSSAL Monstruos internos con efecto mariposa

España-USA-Canadá-Corea del Sur 2016 109 min.
Guión y dirección Nacho Vigalondo Fotografía Eric Kress Música Bear McCreary Intérpretes Anne Hathaway, Dan Stevens, Jason Sudeikis, Austin Stowell, Tim Blake Nelson, Agam Dasrhi, Hannah Cheramy, Christine Lee Estreno en el Festival de Toronto 9 septiembre 2016; en Estados Unidos 14 abril 2017; en España 30 junio 2017

Con su cuarta película Vigalondo parece querer afianzarse como el Shyamalan español, o su sucesor a secas, a juzgar por su paulatina incorporación al mercado estadounidense. Porque al igual que él pretende hacer de la ciencia ficción una metáfora de la realidad, disfrazando de invasión extraterrestre lo que es una historia de amor en tiempos de crisis (Extraterrestre), de crímenes cibernéticos cuando quiere hablarnos de esclavismo tecnológico (Open Windows) o de monstruos interiores reflejados en un ataque apocalíptico en Seúl en el caso que nos ocupa. Pero al contrario que el director de Señales, Vigalondo aún no ha tocado fondo, aunque tampoco ha alcanzado la gloria, y se mantiene intentando que lo que cuenta y lo que quiere contar mariden a la perfección; le falta un poco de ingenio y talento para conseguirlo. De partida el argumento de esta aventura americana es muy atractivo, metiendo en la misma cazuela problemas como el alcoholismo y el maltrato machista con monstruos de inspiración nipona que matan inconsciente o deliberadamente. El producto tiene atractivo, y resulta cómico y disparatado, pero le falta un mayor grado de conexión con el público, que asiste sorprendido a la propuesta pero no logra involucrarse en un entretenimiento que acaba siendo simplemente artificioso. Se agradece el atrevimiento, y el regreso de Anne Hathaway a la pantalla, pero el experimento se queda algo corto, en presupuesto y rigor. Lo de los monstruos interiores está muy claro, lo del reflejo del efecto mariposa, también, y los traumas infantiles como justificación no deja de ser recurrente, pero en conjunto falla la convicción y la complicidad con el público. Aún así resulta mucho más fresca y aconsejable que la pedantería de Un monstruo viene a verme, con la que también coincide en algún que otro postulado.