lunes, 18 de febrero de 2019

ALITA: ÁNGEL DE COMBATE Una luminosa y entretenida extravagancia

Título original: Alita, Battle Angel
USA 2019 121 min.
Dirección Robert Rodríguez Guión James Cameron, Laeta Kalogridis y Robert Rodríguez, según la novela gráfica de Yukito Kishiro Fotografía Bill Pope Música Tom Holkenborg Intérpretes Rosa Salazar, Christoph Waltz, Jennifer Connelly, Keenan Johnson, Ed Skrein, Jackie Earle Haley, Mahershala Ali, Jorge Lendeborg jr., Lana Condor, Idara Victor, Eiza González, Jeff Fahey, Casper Van Dien, Derek Mears, Leonard Wu, Billy Blair, Michelle Rodríguez, Edward Norton Estreno en Estados Unidos 14 febrero 2019; en España 15 febrero 2019

Alita, que representa la cumbre del manga japonés junto a Ghost in the Shell y Akira, ya fue llevada al cine en la película anime de 1993 dirigida por Hiroshi Fukutomi. Ahora, inspirado por su megalomanía, el director de Titanic y Avatar ha contado acertadamente con Robert Rodríguez para lograr que su remake americano sea todo lo ligero y a la vez adrenalítico que se espera de una película de acción y puro entretenimiento. El director mejicano combina a la perfección los estilos de sus películas Spy Kids y Sin City, entre las aventuras adolescentes y la intriga noir, en esta luminosa cinta. Eso es precisamente lo que más se agradece, su puesta en escena clara y luminosa, en escenarios en su mayoría bañados por la luz del sol, con un uso excelente de la tridimensionalidad y la dotación de ternura y humanidad a un conjunto dominado por cyborgs y personajes llenos de cinismo. La también mejicana Rosa Salazar, una desconocida hasta ahora a pesar de haber actuado en una docena de títulos entre el cine y la televisión, presta su físico, como hacen otros protagonistas, para dotar de expresividad su personaje, ayudada por unos sobredimensionados ojos que aportan ración extra de ternura y sensibilidad, tan apropiada para dar más credibilidad y sustancia a la historia de amor que sustenta la sempiterna lucha entre el bien y el mal, la opresión y la sumisión. Lástima que el guión no perfile muchas de sus aristas, dejando con sensación de inacabada una historia con más posibilidades y vericuetos, asumiendo su estrategia comercial y su condición de introducción del personaje para enfrentarlo próximamente a un ser maligno superior, incorporado por un no acreditado Edward Norton, entre un sinfín de nombres conocidos del género de los que hace tiempo que no sabíamos nada y que aquí se parapetan en sus personajes diseñados por infografía. Pero el espectáculo y el entretenimiento están garantizados con sus continuas luchas magníficamente coreografiadas desde el ordenador, sus sólidos personajes y el grácil discurrir de la trama entre un diseño de producción deslumbrante.

CAFARNAÚM Denuncia de la infancia en el infierno

Título original: Capharnaüm
Líbano-Francia-USA 2018 126 min.
Dirección Nadine Labaki Guión Nadine Labaki, Jihad Hojeily y Michelle Keserwany Fotografía Christopher Aoun Música Khaled Mouzanar Intérpretes Zain Al Rafeea, Yordanos Shiferaw, Boluwatife Treasure Bankole, Kawthar Al Haddad, Fadi Kamel Youssef, Cedra Izam, Alaa Chouchnieh, Elias Khoury, Nour El Husseini Estreno en el Festival de Cannes 17 mayo 2018; en Líbano 20 septiembre 2018; en España 15 febrero 2019

Aunque acostumbrada a los reconocimientos desde sus dos primeros largometrajes, Caramel y ¿Y ahora dónde vamos?, que combinaban drama y comedia, incluso el musical en el segundo de ellos, Nadine Labaki recibe ahora los mayores laureles de su todavía corta carrera con este tercer largo, que toma como título la Tierra de Jesús, como se conoce entre los cristianos el antiguo poblado pesquero situado en Galilea donde comenzaron los sermones y milagros de Jesucristo, aquél que decía que dejáramos que los niños se acercaran a Él. Quizás por ello Labaki nos cuenta la terrible historia de dos niños sumidos en la más absoluta pobreza e indefensión frente a un mundo adulto que los ignora, se aprovecha de ellos o los desatiende de la forma más vil y mezquina posible. En Beirut, la capital de Líbano que nunca parece resurgir de las cenizas en las que la sumió la guerra de 1982, asistimos al desasosiego que provoca esta historia de supervivencia protagonizada por los más vulnerables, niños y niñas sobre las que no parece aplicarse las continuas declaraciones en defensa de sus derechos. Resulta así loable este acercamiento de la realizadora libanesa a ese universo machacado en el que se desenvuelven sectores marginales y marginados de la sociedad, también la nuestra, desde niños a inmigrantes pasando por los demás desfavorecidos. Pero no pudimos sustraernos mientras asistíamos a esta vorágine de horror e incomprensión a otra película, Precious, donde en otro orden y escenario su protagonista también sufría todo tipo de vejaciones e inconvenientes. Cierto es que aquí los episodios se suceden con mayor naturalidad y cierta espontaneidad, a pesar de lo cual ha merecido por un importante sector de la crítica el calificativo de pornografía emocional. Como también es verdad que estos acontecimientos suceden a golpe de guión, y que lo que aquí viene bien y se adapta a la intención del relato, en otra ocasión derivaría hacia derroteros distintos y en la mayoría de los casos más convincentes, como pudiera ser la sobreexposición a la enfermedad de unos niños, seres vulnerables que en este caso se presentan como invencibles. Pero Labaki consigue dotar a la función del ritmo y la sobriedad suficientes para conseguir como mínimo captar nuestra atención e interés, hasta llegar a conmover a más de uno y una. Lástima que esa conjunción de desdichas curadas con milagros devenga en una solución abrupta y demasiado condescendiente de los problemas expuestos, dejando abierta la ventana de la esperanza, no obstante algo imprescindible para no caer en el derrotismo y el cinismo habitual en este tipo de necesarios combates.

Crítica de Pepe Serrano publicada en El Correo de Andalucía

sábado, 16 de febrero de 2019

DANIELE RUSTIONI HACE BRILLAR A LA ROSS

XXIX Temporada de Conciertos de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Francesca Dego, violín. Daniele Rustioni, director. Programa: Obertura de Don Giovanni K.527 y Concierto para violín nº 4 K.218, de Mozart; Don Juan Op. 20, de Strauss; Sinfonía nº 1 “Primavera” Op. 38, de Schumann. Teatro de la Maestranza, viernes 15 de febrero de 2019

Resulta inevitable comparar este séptimo programa de abono de la Sinfónica de la presente temporada con el último, celebrado hace tres semanas. Dos violinistas, Kopatchinskaja y ahora Dego, de estética muy diferente y virtudes en cierto modo contrapuestas, frente a dos directores que parecen haber estudiado en la misma escuela, o ser uno, Rustioni, alumno del otro, Axelrod, ante el despliegue de saltos, ademanes y gestos varios desplegados sobre el podio, y la atención individualizada prestada a cada una de las secciones protagonistas de la velada, aunque en el fondo los resultados pudieran ser puntualmente diferentes. No podemos pasar por alto además que los invitados son esposos, lo que traducido en compenetración no llegó a ser una clara influencia, no por no existir sino por no diferir de otros tándems similares sin parentesco alguno.

No pudo empezar mejor el concierto, con una Obertura de Don Giovanni trágica, lírica y misteriosa a partes iguales, precedida por la ya habitual lectura, esta vez a cargo de Zorrilla en labios del actor y tenor Eugenio Jiménez, quien hace un par de semanas se metió en la piel de Amadeus. Rustioni dirigió con garra, energía y un considerable sentido del espectáculo, brindando al conjunto la posibilidad de exhibir un especial brillo y una singular afinación en los metales, que se mantendría satisfactoriamente a lo largo de todo el programa. Con clara preferencia por el registro más agudo, el violín de Francesca Dego emergió con confianza y seguridad, un notable sentido del ritmo y la síncopa y un brillante virtuosismo, pero se quedó algo corta en belleza y lirismo, como pudimos apreciar en un andante dicho sin apenas emoción y escasa capacidad expresiva. La joven violinista dominó una gramática sembrada de trinos, arpegios y notas picadas, y ofreció unas cadencias prudentes y bien medidas en el allegro inicial, para finalmente marcarse un alegre y saltarín rondó final y unas vertiginosas e impecables propinas a cargo de Ysayé y presumiblemente Paganini.

Mientras Rustioni en Mozart se limitó a acompañar con respeto y oficio, tal como lo pide la partitura, en la segunda parte el director milanés se desmelenó en el mejor sentido de la palabra, con unos rutilantes Strauss y Schumann, irreprochables tanto desde el punto de vista técnico como expresivo. La página de Strauss, su primer poema sinfónico y sin duda clara influencia para las grandes bandas sonoras épicas que Korngold y Steiner escribieron en Hollywood, encontró en la joven batuta todo el fuego capaz de expedir, además de un controlado sentido del lirismo, con especial atención a las transiciones entre la aventura, el drama, la intriga y la compasión. Aunque este Don Juan de Strauss sigue los textos de Nikolaus Lenau, en la lectura previa se optó por Tirso de Molina. Toda una exhibición de músculo y brillo que perduró en la primera de las cuatro sinfonías de Schumann, inspirada por un verso de Adolph Böttiger, Im Tale blüht der Frühling auf! (En el valle florece la primavera), que exuda ardor resplandeciente y un espíritu de indudable ensoñación, todo lo cual fue capaz de transmitir una muy inspirada batuta que extrajo lo mejor de cada sección instrumental, incluidos unos metales rutilantes, entonados y majestuosos. Rustioni logró combinar luces y sombras, sin poner demasiado énfasis en su coquetería y poniendo mucho entusiasmo y cromatismo en su animada motivación. Como otras manifestaciones recientes, el concierto estuvo merecidamente dedicado al reciente y prematuramente desaparecido Emilio Galán, catedrático de la Universidad de Sevilla y presidente de la Asociación Sevillana de Amigos de la Ópera.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 15 de febrero de 2019

GLENN MILLER RESUCITA EN LA CARTUJA

The Glenn Miller Orchestra. Ray McVay, director. Solistas: Catherine Sykes y Mark Porter, voces. Andy Potts, saxofón. Ray Wordsworth, trombón. Dave Ford, trompeta. Cartuja Center Cite, jueves 14 de febrero de 2019

Cuando América vibraba al son de Glenn Miller, Artie Shaw, Harry James, Benny Goodman, Count Basie o Xavier Cugat, la España de la dictadura se conformaba con orquestas de medio pelo con las que los más avanzados podían imaginar que bailaban como mucho el foxtrot. Las delicias de aquellos conjuntos americanos enérgicos y apabullantes las conocimos en el cine. Fue con George Sidney (Escuela de sirenas), Irving Cummings (Serenata argentina), Bruce Humberstone (Sun Valley Serenade) o Anthony Mann (Música y lágrimas) como aquellas músicas y sus creadores llegaron hasta nuestros corazones. Hoy ese revival ha calado hondo incluso en las nuevas generaciones, con asociaciones y clubs en nuestra propia ciudad que propagan el swing y aprenden a bailar con las más increíbles acrobacias que hicieron de aquel estilo toda una marca y referencia.


Se da la circunstancia de que hoy el legado cultural cinematográfico y musical americano se preserva mejor en el Reino Unido que en los propios Estados Unidos. Nadie como John Wilson recrea el genuino sonido sinfónico de las películas dramáticas y musicales de la edad de oro de Hollywood, y nadie como Ray McVay y la vertiente británica de la World Famous Glenn Miller Orchestra, que tiene también célula en su país de origen, recrea el genuino sonido del swing americano, casi como covers de las grandes formaciones que popularizaron las preciosas melodías de la época e impulsaron a los grandes crooners, entre los que se encontraba por supuesto el más extraordinario entre ellos, Frank Sinatra. A él se rinde homenaje en la gira con la que recaló anoche en el Auditorio Cartuja Center Cite, con el vocalista Mark Porter, bien timbrado pero algo escaso de potencia, entonando I’ve Got You Under My Skin de Cole Porter y New York, New York de John Kander para la película homónima de Scorsese. Woody Allen también acudió a la memoria colectiva con interpretaciones de temas utilizados en películas como Hannah y sus hermanas, en concreto You Made Me Love You, con Danny Hammerton emulando a la perfección al trompetista Harry James, y I’ve Heard That Song Before, que Catherine Sykes cantó en perfecto estilo pero insuficiente emoción.

Por el espléndido escenario de este no menos sensacional auditorio desfiló también el recuerdo de Artie Shaw y su particular versión de Begin the Beguine, Louis Amstrong y ese himno racial que es When the Saints Go Marchin’ in, o la explosión de ritmo de Louis Prima en Sing Sing Sing, que Bobby Cleall recreó excepcionalmente a la batería. Hubo espacio también para los clásicos, con una particular versión del tema principal del Concierto para piano nº 1 de Chaikovsky, que el pianista solista entonó con buen gusto y elegancia, o el Russian Patrol Song al estilo de Tex Beneke. Nada mejor que escuchar Moonlight Serenade del propio Miller en el Día de San Valentín, y mantener la llama nostálgica con Chattanooga Choo Choo, Take the A Train o el imprescindible In the Mood. La representación latina, tan importante para comprender aquella época de guerra en Europa que tanto acercó a las dos Américas, llegó de la mano de Frenesí, Perfidia, El manisero y Adiós, con Pérez Prado, Tito Puente o Cugat en un imaginario que nos hizo bailar, cantar y vibrar al son de otra época imperecedera pero irrepetible.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 14 de febrero de 2019

LEONSKAJA LIDERA UN SCHUBERT DE ANTOLOGÍA

Andalucía Clásica. Liza Ferschtman, violín. István Várdai, violonchelo. Elisabeth Leonskaja, piano. Programa: Tríos para piano nº 1 en sil bemol mayor D.898 y nº 2 en mi bemol mayor D.929, de Schubert. Espacio Turina, miércoles 13 de febrero de 2019

Seguramente porque su cargo de presidenta de honor le obliga, la insigne pianista Elisabeth Leonskaja volvió a recalar en nuestra ciudad gracias al ciclo de música de cámara que de forma tan espléndida nos brinda Andalucía Clásica. Hemos tenido el privilegio de haber disfrutado en varias ocasiones a lo largo de los últimos años de esta especialista del piano, y muy especialmente de Schubert, con quien en formación de trío nos volvió a embelesar la pasada noche. La habíamos apreciado en concierto o en solitario, pero no recordamos haberlo hecho en conjunto camerístico. Naturalmente teniendo en cuenta su categoría no cabía esperar menos que una alta calidad en sus jóvenes acompañantes, la reconocida violinista holandesa Liza Ferschtman y el laureado violonchelista húngaro István Várdai. Un trío de lujo para poner en pie dos auténticas catedrales de la música para esta formación, solo comparables a las que compusieron Beethoven o Brahms.

Siendo ambos tríos del mismo año, se aprecia un evidente contraste de espíritu e intención entre ellos, resultando más ligero, bucólico y jovial el primero frente al tono más dramático e incluso inquisitivo del segundo. El D.898 se presenta lleno de melodía y de detalles, con un suave lirismo del que se hicieron eco Várdai al violonchelo y una majestuosa, casi aristocrática, Leonskaja, si bien la fogosidad de Ferschtman se impuso ahogando incluso en más de una ocasión a la pianista, quien haciendo gala de humildad dejó la cuerda en un evidente primer plano. El conjunto alcanzó niveles sorprendentes de confianza y vitalidad, haciendo de la individualidad una virtud para combinados alcanzar altas cotas de complicidad y lirismo. Ferschtman resultó ágil y fresca, de sonido poderoso y muy bien articulado, logrando con ayuda de sus colegas un andante ensoñador y una atmósfera íntima y misteriosa, así como un scherzo enérgico con especial mención para el ascenso sincopado del piano y el derroche de matices e ideas desplegado en el despreocupado allegro final.

Más acorde con el momento que atravesaba el compositor en su última etapa de vida, el Trío D.929 es más expresivo y torturado, sólo aliviado con puntuales signos de esperanza. Aquí Leonskaja tuvo una presencia más apreciable, con momentos de alto calado emocional y una delicadeza extraordinaria a la hora de abordar fragmentos tan sublimes como el muy melódico, elegante y melancólico andante tan popularizado en Barry Lyndon de Kubrick. Los intérpretes tuvieron aquí ocasión para mostrarse intensos y compenetrados, con Várdai poniendo el acento lírico y emotivo y la joven violinista encendiendo pasiones con su muy fogosa recreación del robusto scherzo y el delicioso y danzarín allegro final. Unas interpretaciones arrebatadoras que no sólo no decepcionaron ante la expectativa formada sino que la superaron, ampliándose con el Nocturno en si bemol mayor D.897 que tocaron como generosa propina, también de 1827, de espíritu más encantador que comprometido, salvado con idéntica excelencia.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 11 de febrero de 2019

MARÍA, REINA DE ESCOCIA Relectura en clave menor de una historia mil veces contada

Título original: Mary Queen of Scots
Reino Unido 2018 124 min.
Dirección Josie Rourke Guión Beau Willimon, según la biografía de John Guy “Queen of Scots: The True Life of Mary Stuart” Fotografía John Mathieson Música Max Richter Intérpretes Saoirse Ronan, Margot Robbie, Joe Alwyn, Jack Lowden, David Tennant, Guy Pearce, Martin Compston, James McArdle, Adrian Lester, Ismael Cruz Donovan, Ian Hart, Brendan Coyle, Gemma Chan, Eileen O’Higgins Estreno en Estados Unidos 21 diciembre 2018; en Reino Unido 18 enero 2019; en España 8 febrero 2019

De todas las veces que el cine nos ha contado la historia de la confrontación entre María Estuardo y la reina Isabel de Inglaterra, entre las que destacan la dirigida por John Ford en 1936 con Katharine Hepburn y una curiosa producción alemana de 1940 con Zarah Leander dando vida a la reina escocesa, queda especialmente en el recuerdo la que Charles Jarrot aún exultante por el éxito de Ana de los mil días dirigió en 1971. Una versión que coincide con ésta en título, al menos en castellano, ya que en inglés ahora le han quitado la coma, y que hace innecesaria esta revisión de la historia, por muy fiel a la verdad que rece ser el título de la biografía en la que se basa. Aquella se trataba de un guión original y sin embargo qué poco difiere de la que ahora ha dirigido la especialista en teatro Josie Rourke. No merece ni como visión feminista de los episodios que narra, pues ya estas anteriores versiones, y muy especialmente la protagonizada por Vanessa Redgrave y Glenda Jackson, trataban la historia desde el punto de vista del empoderamiento de la mujer y los obstáculos que el hombre les puso en sus convulsos reinados. Incluso la licencia que Jarrot se tomó para que aquellas dos divas de la interpretación apareciesen juntas en la pantalla, inventando un encuentro que nunca se produjo con el pretexto de ser secreto, lo que hace improbable su demostración, se repite también en esta película en la que sus intérpretes no brillan ni mucho menos como aquéllas. Nos encontramos además con una narrativa farragosa y altamente deficiente que hace que los acontecimientos, ya de por sí enrevesados, resulten difíciles de comprender, lo que impide un seguimiento interesante de una cinta que apenas sobresale por su esmerada puesta en escena y las competentes interpretaciones de unas actrices que han tenido que competir con el recuerdo que nos dejaron sus predecesoras, especialmente Margot Robbie, una actriz aún limitada que no puede superar las presencias arrolladoras de Bette Davis, Cate Blanchett o Judi Dench, por poner algunos ejemplos de grandes damas de la interpretación que han dado vida a la dichosa Isabel I.

Crítica de Pepe Serrano publicada en El Correo de Andalucía

domingo, 10 de febrero de 2019

HIGH LIFE Un monstruo interior

Francia-Alemania-Reino Unido-Polonia-USA 2018 110 min.
Dirección Claire Denis Guión Claire Denis, Jean-Pol Fargeau y Geoff Cox Fotografía Yorick Le Saux y Tomasz Naumiuk Música Stuart Staples y Tindersticks Intérpretes Robert Pattinson, Juliette Binoche, Mia Goth, André Benjamin, Lars Eidinger, Agata Buzek, Claire Tran, Ewan Mitchell, Gloria Obianyo, Victor Benarjee Estreno en el Festival de Toronto 9 septiembre 2018; en Francia 7 noviembre 2018; en España 8 febrero 2019

Aunque a algunos no nos convenció su anterior película, Un sol interior, no cabe duda de que Claire Denis tiene un estilo y un mundo interior muy personal y característico, que ha exhibido en títulos tan significativos como Una mujer en África o Los canallas. Con High Life se adentra por primera vez en la ciencia-ficción, pero alejándose en la mayor medida posible de los convencionalismos y parámetros oficiales. De hecho incluso se atreve a poner en entredicho cuestiones tan aceptadas como la fuerza de gravedad según en qué zonas inexploradas del universo, o las consecuencias de afrontar uno de esos temidos agujeros negros. A uno de ellos se dirige una nave espacial, de todo menos convencional o aséptica como estamos acostumbrados a ver, tripulada por convictos condenados a vagar eternamente por el espacio hasta alcanzar el inexplicable fenómeno y experimentar cómo afrontarlo. La convivencia y su supervisión a cargo de una enigmática doctora obsesionada con el sexo y la procreación, se convierten en leit motiv de una película en la que la atmósfera, el espacio limitado y la incertidumbre ante un futuro impreciso, constituyen los ingredientes de un estudio psicoanalítico de considerable profundidad sobre el comportamiento humano, y muy especialmente sobre el sentido de la paternidad. En este sentido la película contiene algunas de las secuencias más tiernas que sobre un padre y su bebé hayamos podido contemplar desde aquella lejana Flesh de Paul Morrissey con Joe D’Alessandro. Pero si hay alguna película de culto con la que esta premeditadamente austera película podamos comparar es Alien, donde un alienígena sembraba el horror y la muerte entre los tripulantes de una nave espacial, sólo que aquí es el propio ser humano y sus instintos de supervivencia y prioridad los que provocan ese horror seguido de demolición. Esta vida en las alturas sugiere al espectador mientras la contempla una sensación de cierta fascinación ante la poética belleza de sus propuestas estéticas y narrativas, a la vez que cierta sorpresa y desorientación sobre las premisas argumentales y los objetivos filosóficos de su directora; pero gana tras el visionado, respondiendo a preguntas tan anexas al ser humano como el sentido de la existencia y la poesía de la vida y la naturaleza. Atmósfera, sonido y música contribuyen, además de las muy acertadas interpretaciones, al logro de la cinta hasta convertirla en un hito de la ciencia-ficción moderna, justo cuando todo parece haberse dicho.

TRES IDÉNTICOS DESCONOCIDOS Venta de humo

Título original: Three Identical Strangers
Reino Unido 2018 96 min.
Dirección Tim Wardle Fotografía Tim Cragg Música Paul Sanderson Documental Estreno en el Festival de Sundance 19 enero 2018; en Reino Unido 30 noviembre 2018; en España 8 febrero 2019

No tengo más remedio que redactar este comentario en primera persona, algo de lo que procuro siempre huir en todas mis crónicas, pero es que me siento en cierto modo tan alejado de la impresión general que ha suscitado este documental que he de dejar muy claro lo que me ha provocado personalmente esta película. Para empezar me asombra la sensación generalizada de obra singular y altamente recomendable que ha provocado en crítica y público, procurándole premios en Sundance y en las nominaciones a los Bafta. Me sorprende también la publicidad, de hecho si atienden al póster que nos sirve de ilustración, podrán leer en inglés que se trata de la más sorprendente, increíble y destacada historia jamás contada, algo de lo que también se encargan de destacar sus protagonistas a lo largo de la cinta. Se trata de unos trillizos separados al nacer y dados en adopción, que a los diecinueve años descubren su parentesco, y a partir de ahí se descubre así mismo una intriga tan maliciosa como preocupante. Su primera mitad se encarga de enfatizar el hito informativo, con el supuesto fenómeno que supuso en su momento el descubrimiento por azar de estos tres jóvenes de que eran hermanos trillizos, de la misa forma que hoy nuestras televisiones se alimentan de historias que nos venden como extraordinarias y que como mucho llegan a ser meramente frívolas. En su segunda mitad llega el análisis y una somera y nada profunda investigación que descubre una intriga político-criminal que se remonta al nazismo, los prejuicios antisemitas y los experimentos presuntamente científicos, sin mucho rigor ni demasiado ingenio. Mi sensación final fue la de vender mucho humo, como sólo los americanos y sus secuaces ingleses saben hacer. Ni frío ni calor, mucha frivolidad, mucho énfasis en algo presuntamente extraordinario, y para mi gusto poco más.

viernes, 8 de febrero de 2019

UNA TABERNERA TEATRALMENTE APAGADA Y SIN GANCHO

Zarzuela de Pablo Sorozábal, con libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw. Óliver Díaz, dirección musical. Mario Gas, dirección de escena. Bárbara Lluch, ayudante de dirección de escena. Ezio Frigerio y Riccardo Massironi, escenografía. Franca Squarciapino, vestuario. Vinicio Cheli, iluminación. Álvaro Luna, proyecciones. Con María José Moreno, Ángel Ódena, Antonio Gandía, Ernesto Morillo, Ruth González, Vicky Peña, Pep Molina, Ángel Ruiz, Abel García, Carlos Martos y Agustín Ruiz. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza. Íñigo Sampil, director. Producción del Teatro de la Zarzuela. Teatro de la Maestranza, jueves 7 de febrero de 2019

Para Mario Gas este emblemático título de Pablo Sorozábal, uno de los últimos intentos de mantener vivo el género justo antes de la Guerra Civil, supone un reto personal de alto contenido nostálgico, por cuanto el director teatral nació en Argentina porque su padre estaba representando este título allí, y lo ha vivido entre bambalinas en posteriores reposiciones ya en nuestro país. Su producción se estrenó en el Teatro de la Zarzuela en mayo pasado y no escatimó en recursos para convertirse en un evento teatral y musical de primera categoría. Nuestro género sin duda lo merece, pero también que se le quite ese olor a rancio y a naftalina que una y otra vez nuestros directores se vanaglorian de haber conseguido, aunque la mayoría de las ocasiones no sea así.

La tabernera del puerto saluda al público que abarrotó el Maestranza con un prometedor video, actuando como telón que recrea los títulos de crédito de una producción cinematográfica de la época en que se concibió la pieza. Pero estamos volviendo atrás en muchos aspectos de nuestra vida política y social, y la respuesta entusiasta de un público entregadísimo, en su mayoría de elevada edad y precaria salud a juzgar por las continuas toses que hicieron que los diálogos fueran difíciles de seguir (menos mal que todo estuvo subtitulado), nos convenció de que hay un amplio sector de la ciudadanía encantada de que esto sea así. No cabe duda de que lo rancio vuelve, y que argumentos como éste, con tanto machismo y mensaje reaccionario, convencen a las mismas personas que están arrojando décadas de progreso y bienestar por la borda. El tándem Ezio Frigerio y Franca Squarciapino sigue considerándose una garantía de calidad, pero lo cierto es que su puesta en escena no pudo resultar más convencional y anodina, y apenas dejó entrever el paisaje marítimo en el que se desarrolla la historia, por muy puerto del norte que sea. Hubo que esperar al arranque del tercer acto para atisbar algo de creatividad visual con la escena de la barca y la tormenta, lograda a fuerza de transparencias y proyecciones. También los movimientos de escena fueron convencionales y decididamente conservadores, echando mano de todos los tópicos del género, sin limar ninguno ni aligerar los más inconvenientes. Así no faltaron los personajes cómicos, borrachos y pendencieros cuando no amanerados, que Vicky Peña, Pep Molina y Ángel Ruiz resolvieron con la profesionalidad que se les supone. Aunque estén en el libreto, un buen director debería permitirse aligerarlos y pulirlos para adaptarse a públicos lamentablemente menos inocentes que los que lo disfrutaron en su estreno. 

Afortunadamente mereció la pena en el apartado musical. La partitura de Sorozábal es muy inspirada y no contiene ningún número desechable; todas sus romanzas, cuadros y canciones son hermosas, y la orquestación sutil, elegante y muy trabajada. Óliver Díaz, la orquesta y el elenco vocal se hicieron eco de esa excelencia, pero aun así acusaron en general un tono apagado que no hizo justicia plena al material de partida. La sensación de que aquello no iba con nosotros, tangible en lo escénico, se apoderó también de lo musical, apenas destacando números tan inspirados como la canción de Simpson, muy por encima del género, y el buen hacer de María José Moreno en la célebre En un país de fábula, cuyas agilidades salvó con frescura y habilidad. También Antonio Gandía hizo brillar la famosísima romanza ¡No puede ser!, mientras el veterano Ángel Ódena puso empeño en el asunto pero no pudo disimular una voz tremolante y poco sugerente en el fraseo. Moreno y Ernesto Morillo, a pesar de las virtudes apuntadas, evidenciaron dificultad de proyección en la zona grave, y en lo escénico la pareja protagonista exhibió poco gancho emocional. El personaje del enamorado Abel tuvo en Ruth González también un incómodo tufillo a vetusto, a pesar de las solventes cualidades canoras de la soprano. Como siempre o casi, el coro hizo un buen trabajo, impecable en fragmentos antológicos como Eres blanca y hermosa. La zarzuela es un género que atesora música muy hermosa pero que requiere, por su alto contenido meramente teatral, no precisamente del bueno, de mucho trabajo para limarla y adaptarla. A nuestro juicio esta producción no lo ha conseguido. Pero es una opinión y que nadie se moleste.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 7 de febrero de 2019

LA CONJUNTA CAUTIVA TAMBIÉN EN FORMA CAMERÍSTICA

VIII Temporada de Conciertos de la Orquesta Sinfónica Conjunta Universidad de Sevilla-C.S.M. Manuel Castillo. Aurora Galán, soprano. Jan Milosz Zarzycki, director. Programa: Three Elegies, de Bryars; Bachiana Brasileria nº 5, de Villa-Lobos; Six Bagatelles, de Ligeti; Petite Symphonie, de Gounod. Auditorio de la ETS de Ingeniería, miércoles 6 de febrero de 2019

En su segundo concierto de la presente temporada, la Conjunta apostó por la forma de cámara, vehículo indispensable para medir la calidad y el nivel de lo aprendido así como para practicar sobre el escenario con la responsabilidad de quien se sabe más desnudo que cuando siente la compañía de una nutrida representación de compañeros y compañeras. Para la ocasión volvió a ocupar el podio el director polaco Jan Milosz Zarzycki, profesor de la Universidad Fryderyk Chopin de Varsovia, tan ligada al proyecto de la Hispalense desde sus inicios, y que dirigió en 2012 el concierto de clausura de la primera temporada de esta consolidada formación juvenil.

En un principio debían medir fuerzas en igualdad violonchelos e instrumentos de viento, pero con la caída del programa de la Bachiana Brasileira nº 1 de Villa-Lobos y su sustitución por las Seis Bagatelas de Ligeti, el programa quedó desequilibrado a favor de los segundos. Ocho cellos brillaron junto a la soprano Aurora Galán, también muy ligada a esta orquesta – en 2017 protagonizó El retablo de Maese Pedro en el Maestranza – en la Bachiana nº 5, dedicada al recientemente desaparecido Emilio Galán por su doble vertiente de catedrático de la Hispalense y presidente de la Asociación de Amigos de la Ópera de Sevilla, aunque se echaron en falta algunas palabras que dieran al homenaje un mayor y más emotivo relieve. La joven soprano entonó con elegancia esta pieza mitad vocalise mitad aria, fraseando con buen gusto y equilibrio en la Cantilena y potenciando cada matiz y color de la Dansa. El conjunto instrumental cuidó cada detalla armónico y contrapuntístico, destacando el lirismo del violonchelista solista en sus largas líneas melódicas.

Nueve clarinetes, dos por cada registro y uno más contrabajo, abordaron las Tres elegías de Gavin Bryars, tan vinculado a Sevilla desde que en aquel emblemático 1992 estrenara aquí dos obras y regresara años después para presentar piezas imprescindibles de su catálogo como The Sinking of the Titanic, Jesus’ Blood Never Failed Me Yet y Writing on Water para el espectáculo de Carolyn Carson en Itálica. Incómodos silbidos en el complicado clarinete contrabajo y una interpretación en general premiosa no impidieron sin embargo que nos dejásemos cautivar por la pieza y su entregada revisión. Las muy escolásticas Bagatelas de Ligeti encontraron un buen trabajo en el quinteto de maderas y la muy competente trompa. Música insistente con continuos cambios de dinámicas, diferentes colores y disonancias diversas, que los intérpretes salvaron con nota alta y mucha expresividad. Pero donde más brilló el conjunto fue en una impecable Petite Symphonie de Gounod de tono eminentemente romántico y pastoral que los nueve intérpretes defendieron con brillantez y energía, una asombrosa capacidad para transmitir su carácter melódico y nostálgico, y una disciplina férrea que nada tiene que envidiar a los músicos profesionales. Con este nivel no extraña que tantos jóvenes españoles ocupen plazas en orquestas y proyectos europeos de similar o mayor envergadura.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 4 de febrero de 2019

GREEN BOOK La alargada sombra de una ilusión frustrada

USA 2018 130 min.
Dirección Peter Farrelly Guión Brian Hayes Currie, Peter Farrelly y Nick Vallelonga Fotografía Sean Porter Música Kris Bowers Intérpretes Viggo Mortensen, Mahershala Ali, Linda Cardellini, Iqbal Theba, Dimiter D. Marinov, Mike Hatton, Quinn Duffy, Sebastian Maniscalco, Joe Cortese Estreno en el Festival de Toronto 11 septiembre 2018; en Estados Unidos 16 noviembre 2018; en España 1 febrero 2019

El Libro verde era una bochornosa publicación sobre alojamientos en el sur para negros en la América presuntamente inocente de la era Kennedy, con el fin de segregarlos del resto de la pudiente buena sociedad de esa lamentable zona de los Estados Unidos. Ni el más insigne de los artistas podía sustraerse a la supuesta deshonra de dormir, comer o evacuar segregado. Parece mentira pero ocurrió ayer y casi sigue ocurriendo allí donde policías y autoridades mantienen una posición de discriminación racista y prejuicio social. Aquella época en la que el gobierno demócrata, del hijo de la familia más aristocrática jamás soñada por los y las estadounidenses, prometía nuevos aires y mayor respeto por los derechos civiles de todos y todas las habitantes del reino, parece quedar anclada en la memoria colectiva como epicentro de un ejercicio tan nostálgico como autodestructivo, más cuando alguien del talante grosero y mezquino del actual presidente se mantiene encadenado al trono mayor. Por eso documentos tan nostálgicos y amables como el que nos ofrece Peter Farrelly con la ayuda de los descendientes de uno de sus protagonistas, se convierten automáticamente en éxitos para disfrute de públicos amplios y poco exigentes. No quiere decir esto que no se trate de una valiosa película, de un trabajo artesanal tan bien medido como cocinado, tanto que hace difícil creer que su artífice haya sido el responsable de que la comedia americana, tiempo atrás tan celebrada, se haya convertido en bazofia en las últimas décadas. Peter Farrelly dirigió junto a su hermano Bobby vulgares sandeces como Dos tontos muy tontos, Amor ciego y, sobre todo, Algo pasa con Mary. Su salto al cine clásico de calidad, recuperando curiosamente el espíritu sensible y elegante de esa comedia que creíamos perdida, lo hace dejando a su hermano en el camino. Una operación que nos recuerda, salvando las distancias, a la de Jerry Zucker, cuando se emancipó de su hermano David y de Jim Abrahams, pasando de películas como Aterriza como puedas y Top Secret a Ghost y El priemr caballero. Puede que esa sea la clave del éxito de la empresa, además de las magníficas interpretaciones de su pareja protagonista y, por supuesto, el séquito, que ya se sabe que no hay buen cine sin buenos característicos. El empeño parece haber sido de los hijos de Tony Lip Vallelonga, Nick y Frank, el primero en el guión y los dos en papeles episódicos incorporando a antepasados suyos. El mencionado Tony Lip fue un matón de club nocturno y chófer al que se le contrató para pasear por medio sur de los Estados Unidos al pianista de jazz y clásica Don Shirley, de color negro, en su empeño por superar el apartheid a través de su arte y su talento. Un cometido que forjó una amistad que duró hasta la muerte de ambos, en 2013, con apenas unos meses de diferencia. Por cierto, que Tony se hizo actor especializado en papeles de mafioso, en películas como Uno de los nuestros o Donnie Brasco y series como Los Soprano. La estupenda definición de sus personajes, lo que hace comprensible la amplitud de miras del macarra italiano y la progresiva asimilación del elegante pianista, la correcta ambientación, el estupendo guión que combina drama y comedia a la perfección, y el acierto en retratar una época que marcó al mundo, por el carácter imperalista del país norteamericano, hacen de ésta una más que competente película, tan digerible como entretenida, con capacidad para la reflexión, aunque ésta esté ya muy trabajada después de tantos productos con idéntico mensaje. Pero esto es como el holocausto o la guerra civil, hay que repetirlo constantemente para que no se olvide y no se repita.

domingo, 3 de febrero de 2019

AMADEUS EN CONCIERTO, EXQUISITA COMBINACIÓN DE TEATRO Y MÚSICA

Amadeus en concierto, a partir del texto original de Peter Shaffer. John Axelrod, adaptación, dirección escénica y musical y piano. Jesús Perales, iluminación. Lucía Martín-Cartón, soprano. Laura Verrecchia, alto. Juan Antonio Sanabria, tenor. José Coca, bajo. Roberto Quintana, Eugenio Jiménez y Gema Abad, intérpretes. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro de la Asociación de Amigos del Teatro de la Maestranza. Íñigo Sampil, dirección. Teatro Lope de Vega, domingo 3 de febrero de 2019

John Axelrod
Recuerdo cuando vi Amadeus de Milos Forman en los cines Cristina. Aquello fue un acontecimiento que llenaba las salas del pasaje del antiguo Hotel Cristina en el que se ubicaba. Recuerdo también que allí me encontré con algún compañero de facultad que aseguraba volver a verla porque se le había hecho corta. La inteligente disquisición sobre talento y mediocridad en la que consistía el libreto de Peter Shaffer que le servía de base y que apenas unos años antes había triunfado en Londres y Broadway, se convirtió en manos del director de Alguien voló sobre el nido del cuco en un prodigio de traslación teatral al cine, convirtiendo sus espacios limitados en suntuosos escenarios naturales donde el montaje cinematográfico hacía el milagro de obviar sus orígenes. El director de nuestra sinfónica ha hecho su particular adaptación de esta pieza tan arraigada en la memoria colectiva, convirtiéndola en una exquisita combinación de teatro y concierto que ha paseado desde principios de este siglo por diversas localidades europeas. Un espectáculo para el público del nuevo siglo que aúna el placer de disfrutar de una excelente experiencia musical en torno a la agradecida música de Mozart, con el disfrute de una competente representación teatral sin elementos rancios ni estridentes que pudieran enturbiarla.

La propuesta se abre con el allegro inicial de la Sinfonía nº 25 que sirvió en su momento para promocionar la película, y con la que pudimos reconocer la tensión y el drama inherentes a la partitura, gracias al empuje de la dirección de Axelrod y los tempi rápidos y frases secas y cortantes que eligió para dar al conjunto un sonido conveniente en estilo. El lamento de un senil Salieri, en la voz y el gesto quebradizos de un estupendo Roberto Quintana, por la mediocridad de su talento, dio paso a una excelente exhibición de las maderas en el precioso adagio de la serenata Gran Partita, de hondo calado emocional, tras el cual la aparición en el patio de butacas de Eugenio Jiménez como Mozart y Gema Abad como su esposa Constanza (Wolfie y Stacey) dieron paso a los momentos más cómicos, con contenidos soeces escenificados con tanto tacto y amabilidad que no resultaron groseros, manteniendo en todo momento el carácter exquisito del conjunto. Entre escena y escena seleccionadas de la obra original, la joven soprano Lucía Martín-Cartón, a quien tuvimos el placer de ver en noviembre pasado en un espectáculo en cierto modo parecido en torno a Quevedo, con Pedro Casablanc y Tiento Nuevo sobre el escenario, entonó con enorme sentido del dinamismo y sobrada capacidad para el fraseo y la proyección el aria Marter Aller Arten de El rapto del serrallo, mientras Axelrod tocó al piano con notable expresividad y dominio técnico el conmovedor adagio del Concierto nº 23.

Lucía Martín-Cartón
La obertura de Las bodas de Fígaro, pieza más que ensayada por la orquesta hispalense, que logró con ella otra gozosa recreación, dio paso a una segunda parte centrada en la enfermedad del genio y la mala conciencia del mediocre, para desembocar en la parcialmente siniestra y contundente obertura de Don Giovanni y toda la primera mitad del Réquiem, desde la introducción hasta el doliente Lacrimosa, excelentemente resuelta por el cuarteto vocal solista exhibiendo un más que competente nivel cada uno y una en su tesitura. Magníficos el bajo José Coca y la voz refulgente del tenor Juan Antonio Sanabria, mientras la contralto Laura Verrecchia exhibió dramatismo muy en estilo, y Lucía Martín-Cartón volvió a deleitarnos con su elegante fraseo. Una fracción del coro del Maestranza arropó con entusiasmo y autoridad secuencias tan magistrales como el furioso Kyrie y el no menos agresivo Confutatis, hasta lograr en equipo un finísimo regalo teatro-musical ideal para una matinal de domingo.

sábado, 2 de febrero de 2019

LA OTRA CRÓNICA DE LOS GOYA

Enlace al artículo publicado en la sección de Opinión del periódico digital El Correo de Andalucía

MARLANGO EN DIRECTO, SIN HITS PERO CON GRACIA

I Ciclo de Canción de Autor. Al Alba 2019. Marlango: Alejandro Pelayo, piano. Marta Mulero, violonchelo. Ricardo Moreno, batería. Leonor Watling, voz.
Espacio Turina, viernes 1 de febrero de 2019

En su nueva andadura bajo gestión y supervisión directa del Ayuntamiento, el Espacio Turina está protagonizando una serie de propuestas interesantes y para todo tipo de público que lo están revitalizando y recuperándolo felizmente como agitador de la vida social y cultural de la ciudad. En este orden de cosas destaca a principios del mes de febrero Al Alba, un ciclo de conciertos con la canción de autor como reclamo, al que Marlango se ha plegado como un guante dentro de su gira de conciertos con los que están presentando por toda la geografía española su último lanzamiento discográfico Technicolor, un homenaje a las historias de películas, algo tan afín al periplo vital y profesional de su preciosa vocalista, una Leonor Watling a la que esta aventura le ha hecho crecer y mejorar como artista y persona, y que hoy por hoy ocupa más su agenda laboral que la propiamente cinematográfica que le hizo célebre desde finales del pasado siglo.

Como suele ocurrir en estos casos, la presentación del disco sirvió más para recorrer la carrera del grupo, que acumula ya nada más y nada menos que quince años, muchos más de los que aguantan conjuntos con más hits en su poder. Así, sólo cinco de un total de veintiuna canciones pertenecieron a Technicolor, álbum con el que parecen definitivamente abrazar el castellano como lengua oficial, después de cuatro de siete cantados en inglés, lengua materna de Watling. En este último trabajo Marlango ha conseguido aunar perfectamente ese estilo característico que han cultivado en inglés, con el castellano, logrando quizás así su meta artística más deseada. Entre canción y canción dulcemente interpretada por una Leonor Watling que fue sintiéndose más cómoda conforme fue avanzando la velada, tras una primera parte que a veces sonó algo impostada, Alejandro Pelayo, la otra mitad del conjunto-dúo, hizo gala de su envidiable humor, con bromas referentes a su falta de hits, la impaciencia ante la deseada cena del viernes o las familias de las integrantes femeninas del conjunto.

Sus referentes inevitables, Tom Waits y Leonard Cohen, flotaron en el ambiente ya desde la irresistible Un día sin ti, de su primer álbum en castellano, Un día extraordinario, que fue el más recordado con hasta siete temas. Tan divertida como Pelayo, y aún más elocuente, la protagonista de Hable con ella invitó al público en varias ocasiones a acompañarla, algo prácticamente novedoso en sus conciertos. En esta ocasión sólo hicieron concesiones al inglés en Pequeño vals, mientras animaron al entregado público con canciones como Dinero, Si yo fuera otra y Todo es tan importante, embelesándonos con preciosas baladas como Gira, Dame la razón o Al borde del abismo. Pura delicia para fans y extraños, incapaces de sustraerse a tan elegante y entrañable experiencia. No faltaron las versiones, esta vez de clásicos como Ay pena, penita, pena de Lola Flores, Via con me de Paolo Conte, En el último trago de Chavela Vargas y su celebradísima versión de Semilla negra de Radio Futura, todas llevadas inteligentemente a su terreno. El acompañamiento en esta ocasión de Marta Mulero al violonchelo, potenciando el lirismo y sentimiento de las canciones con su dulce y reposado fraseo, y del ex componente de Los Ronaldos Ricardo Moreno a la batería, contribuyó sobremanera a hacer de ésta una experiencia inolvidable.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 1 de febrero de 2019

TREVOR COLEMAN Y LOVIS G, ENAMORADOS DE SEVILLA

Trevor Coleman, piano y trompeta. Lovis G, voz. Programa: Strangers in Paradise (I).
La Casa de los Pianistas, jueves 31 de enero de 2019

Trevor Coleman y Lovis G, unos enamorados de Sevilla La Casa de los Pianistas acoge un extenso programa en torno al instrumento rey, que en su vertiente jazzística propone una serie de encuentros entre forasteros residentes en la ciudad. Sevilla cuenta desde el pasado mes de octubre con un nuevo espacio para la música, un atractivo proyecto de la pianista y profesora Yolanda Sánchez Domínguez, que en un gesto de valentía extraordinaria ha erigido en pleno centro histórico de Sevilla, en la calle Cano y Cueto, un punto de encuentro para gente aficionada y profesional donde aprender, escuchar, debatir y compartir sobre las bondades del piano y otras disciplinas complementarias. Cuenta para ello con el apoyo de organizaciones como Juventudes Musicales o la Asociación de Amigos de la Ópera de Sevilla, de cuyo presidente, Emilio Galán, lamentamos su reciente fallecimiento. Basta cliquear en la página web creada al efecto para comprobar la cantidad de propuestas culturales que ofrece este nuevo espacio, la ilusión depositada en él y, sobre todo, la necesidad para una ciudad que se llama de la música de contar con lugares como éste. Pianistas como Sira Hernández, Juan Carlos Fernández-Nieto, Federico Lechner o Emilio González Sanz han hecho ya su debut en su sala, mientras se espera en breve a la celebrada Rosa Torres Pardo. Apuesta también por la gente joven, con sus ciclos de Alumnos y Jóvenes Talentos, por la zarzuela y el recital lírico, así como por otras disciplinas musicales al margen de la clásica, como fue el caso de nuestro primer contacto con tan ilusionante proyecto.

Sevilla ha ejercido un notable poder de fascinación para artistas de todo el mundo. Elmer Bernstein, autor de bandas sonoras tan significativas como Los siete magníficos o La gran evasión, residió un par de años en Sevilla a principios de los ochenta, y Patrice Chéreau, que fue un reconocido director escénico de ópera y teatro, y en cine realizó La reina Margot, también vivió largas temporadas en nuestra ciudad. Es el caso del protagonista de anoche, Trevor Coleman, inquieto compositor y pianista neozelandés, comprometido con la música experimental, cuya trilogía Polycyclic anda promocionando, que vive aquí junto a su esposa desde hace aproximadamente año y medio, y la polifacética cantante alemana de alma brasileña, como gusta considerarse, Lovis G, que en los dieciséis años que lleva viviendo en Sevilla ha tenido oportunidad de pasear su talento por muchos de nuestros escenarios en compañía de una larga nómina de artistas locales. Ella ha sido la primera de cuatro vocalistas, entre las que se encuentra una habitual de los clubs de jazz Nuria Fernández, que junto a Coleman completan un ciclo denominado precisamente Strangers in Paradise, unos extraños en esta preciosa ciudad tan a menudo mal tratada por su ciudadanía y gestoría. 

Siguiendo las pautas tradicionales de improvisación y deconstrucción a la que una buena sesión de jazz se somete a la hora de desplegar clásicos y standards de la música, Lovis G y Coleman ofrecieron versiones muy personales, algunas fuertemente camufladas (Bye Bye Blackbird), otras más escolásticas (un My Funny Valentine con Coleman simultaneando piano y trompeta, en claro homenaje a Chet Baker), otras de una ternura extraordinaria (Desafinado o Manha de Carnaval, sacando a relucir ese alma brasileña que sin duda porta la colorista cantante), y otras tiznadas de un inconfundible estilo soul (Save Your Love for Me, A Change’s Gonna Come o una sugerente versión de Summertime). Coleman deglute cada nota manteniendo firmes la armonía y el compás, dejando fluir una fuerte carga expresiva aún traicionando la melodía, como mandan los cánones, mientras Lovis G recorre cada rango de su amplio registro cargándolo de matices, reproduciendo magistralmente el sonido de la trompeta y jugando con acordes y armonías hasta producir un sonido y un estilo sensual y vibrante. Es inevitable dejarse influir por las grandes divas que todos y todas guardamos en nuestra memoria; en su caso cabría la posibilidad de encontrar esa influencia en el timbre grave y marcado de Sarah Vaughan y el dulce fraseo de Dinah Shore. La sala permite la conexión directa y cercana entre artistas y público, toda una experiencia que se alarga después en animada charla.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía