lunes, 21 de agosto de 2017

VALERIAN Y LA CIUDAD DE LOS MIL PLANETAS Imaginación y fantasía como recursos

Título original: Valerian and the City of the Thousand Planets
Francia-China-Bélgica, Emiratos Árabes-USA-Alemania-Reino Unido-Canadá 2017 137 min.
Guión y dirección Luc Besson, según el cómic de Pierre Christin y Jean-Claude Méziéres Fotografía Thierry Arbogast Música Alexandre Desplat Intérpretes Dane DeHaan, Cara Delevingne, Clive Owen, Rihanna, Ethan Wawke, Herbie Hancock, John Goodman, Rutger Hauer, Kris Wu, Sam Spruell, Alain Chyabat, Louis Leterrier, Eric Rochant, Benoît Jacquot, Emilie Livingston, Aurelian Gaya Estreno en Estados Unidos 21 julio 2017; en Francia 26 julio 2017; en España 18 agosto 2017

Aunque vilipendiada tras su estreno en Estados Unidos, a algunos la nueva propuesta de Luc Besson nos parece la película más refrescante y entretenida del verano en lo que a cine de aventura y gran presupuesto se refiere. Entroncando directamente con el universo colorista y la estética futurista y glamurosa de El quinto elemento, Besson ha tomado nota de sus escarceos con el cine de animación (Los minimoys) y sus nada disimulados referentes (Blade Runner, Star Wars, Star Trek y Avatar en cabeza), para lograr una cinta desenfadada, llena de humor y alegría, tan alejada del actual cine de ciencia ficción más proclive a la tragedia y la supuesta profundidad psicológica que a la fantasía que durante décadas caracterizaron el género. Una sucesión de situaciones escenificadas con lujo y esmero y atención al detalle, que sirven a sus protagonistas para trazar una historia de amor, quizás lo más endeble de la cinta, y diseñar espacios poblados por seres de toda condición. Todo un alarde de imaginación al servicio de la fantasía, con un argumento fácil de seguir y digerir, unos protagonistas amables (por una vez Dane DeHaan resulta simpático, mientras Cara Delenvigne se mueve como una top model y Rihanna protagoniza una sensacional secuencia musical que mezcla cabaret con el más sofisticado videoclip). El conjunto resulta por lo tanto estimulante, atractivo, entretenido y, lo que es mejor, nada pretencioso, algo muy de agradecer. Una buena propuesta europea, basada en material gráfico y literario francés, que recupera el espíritu de la antigua aventura haciendo caso omiso a la actual derica americana hacia la violencia extrema y la soporífera mortificación.

ATÓMICA Espía triste y desbocada

Título original: Atomic Blonde
USA-Alemania-Suecia 2017 115 min.
Dirección David Leitch Guión Kurt Johnstad, según la novela gráfica de Antony Johnston Fotografía Jonathan Sela Música Tyler Bates Intérpretes Charlize Theron, James McAvoy, Eddie Marsan, John Goodman, Toby Jones, James Faulkner, Roland Moller, Sofia Boutella, Bill Skarsgard, Sam Hargrave, Til Schweiger, Barbara Sukowa Estreno en Estados Unidos 28 julio 2017; en España 4 agosto 2017

David Leitch repite el esquema y la intención que le dio cierto prestigio hace unos años con la película John Wick, adaptándolo a una mujer y una época determinada de la historia reciente, la caída del muro de Berlín. Pero ni se toma en serio el papel de la mujer como heroína de acción ni el fascinante hecho histórico que le sirve de escenario en sus días previos. De hecho Charlize Theron es tan Keanu Reeves que imita gesto fruncido y se acuesta con mujeres, una Sofia Boutella recién salida de la infame La momia y cuyo papel aquí el guión no acierta a sacar partido alguno. Con el pretexto de mantener una sesuda y a menudo imposible de seguir trama de espionaje, la protagonista se limita a repartir golpes y patadas a diestro y siniestro, ante un espectador que acaba hastiado y aburrido, incluso dormido. El cine de espías es una cosa, y esto otra. No hay color. Cierto que el aspecto estético está muy cuidado, y que muchos y muchas celebrarán el repertorio de canciones de la época que ilustran la exagerada acción mostrada en pantalla, pero aparte esto, y que Theron sale guapísima, poco o nada exhibe esta cansina sucesión de persecuciones y luchas al más puro estilo hiperviolento que tanto daño está haciendo a nuestras pantallas y nuestra desnortada juventud.

ABRACADABRA La maldición de Carabanchel 83

España 2017 96 min.
Guión y dirección Pablo Berger Fotografía Kiko de la Rica Música Alfonso de Vilallonga Intérpretes Maribel Verdú, Antonio de la Torre, José Mota, Josep Maria Pou, Quim Gutiérrez, Priscilla Delgado, Saturnino García, Ramón Barea, Javivi, Julián Villagrán, Rocío Calvo, Javier Antón, Janfri Topera, Fabia Castro Estreno 4 agosto 2017

Con su tercer largometraje Pablo Berger se reafirma como el mejor cronista de la idiosincrasia hispánica de las últimas décadas, y lo hace después de diseccionar los años del despertar sexual de una nación reprimida durante casi medio siglo en Torremolinos 73, y divagar entre tópicos y fantasmas de lo genuinamente español en su particular versión, muda y en blanco y negro, del cuento de Blancanieves. Con uno de los argumentos más originales y atractivos de la última hornada, Abracadabra juega a dos tiempos y dos épocas en un Madrid de barrio (Carabanchel), podrido entre el mal gusto y la falta de oportunidades, en el que se demuestra que poco o nada ha cambiado en los últimos treinta años. Un juego de hipnosis en la mejor tradición Woody Allen (La maldición del Escorpión de Jade) da pie a una corrosiva mezcla de humor y crítica que analiza con precisión de bisturí una realidad marcada por el machismo, el maltrato y la violencia doméstica, siempre de forma solapada y sutil para no traicionar su espíritu casi vodevilesco, su intención burlona y su atmósfera desenfadada, exhibiendo por parte de su director un especial talento para manejar recursos de forma magistral y equilibrada, sin dañar sensibilidades ni chirriar a pesar de más de una propuesta esperpéntica y supuestamente estridente. Todo funciona a la perfección, con precisión y cariño, en un espectáculo que se disfruta como comedia, intriga y análisis inteligente de una sociedad casposa, ignorante y desinformada, la misma que sirve de base y escenario a tantos casos de corrupción, sucesos y supervivencia de estereotipos al margen del signo de los tiempos y el progreso. La única pega es que, contando con un reparto excelente, la siempre espléndida Maribel Verdú no convence del todo en un rol, el de choni de barrio, que por su condición y trayectoria no le calza a la perfección.

viernes, 4 de agosto de 2017

LA DECISIÓN DEL REY Retrato de un noble insumiso

Título original: Kongens Nei
Noruega 2016 133 min.
Dirección Erik Poppe Guión Harald Rosenløw-Eeg y Jan Trygve Røyneland Fotografía John Christian Rosenlund Música Johan Söderqvist Intérpretes Jesper Christensen, Anders Baasmo Christiansen, Tuva Novotny, Karl Markovics, Juliane Köhler, Erik Hivju, Arthur Hakalahti, Katharine Schüttler, Andreas Lust, Jan Frostad Estreno en Noruega 23 septiembre 2016; en España 4 agosto 2017

Una ambiciosa producción que cuenta los difíciles días que tuvo que vivir Noruega, y en primera persona su rey Haakon VII, durante los primeros y definitivos días de la invasión nazi en abril de 1940. Colocado en una tesitura muy parecida a la que cuarenta años después sufrió nuestro rey Juan Carlos I tras el golpe de estado de Tejero, aunque con el trasfondo mucho más delicado y peligroso de la Segunda Guerra Mundial, el rey de los noruegos tuvo que negarse a las condiciones impuestas por Alemania para lograr una situación pacífica, sumisa y rendida, del país al poder de Hitler, evitando así lo que se suponía sería un derramamiento innecesario de sangre. Entre esas condiciones se encontraba un nuevo parlamento y un nuevo gobierno comandado por el nacionalsocialista noruego Vidkum Quisling, títere de los alemanes, en lo que constituía un golpe en toda regla, de espaldas al pueblo que con su voto democrático y su confianza había legitimado a quien hasta 1905, tras la separación de Suecia, había sido rey de Dinamarca. Un acto de nobleza y lealtad sublimado por esta película fiel a los acontecimientos, lo que la erige en perfecta ilustración de un episodio histórico tan imprescindible como fascinante. Momentos de la conflagración en tierras escandinavas como el hundimiento del buque alemán Blücher desde la Fortaleza de Oscarborg, la autorización de Elverum, por la que se otorgaron plenos poderes al ejecutivo ante la imposibilidad de que el parlamento se reuniese, o el fallido bombardeo de Nybergsund, con el que la aviación alemana intentó borrar del mapa al insumido monarca, son recreados con impactante fuerza visual en una película que cuenta además con las soberbias interpretaciones de Jesper Christensen (Spectre, Quantum of Solace, Melancolía, Nymphomaniac) dando vida a Haakon VII, y Karl Markovics como el apocado, ambiguo e inseguro Curt Bräuer, embajador de Alemania en Noruega y encargado de las negociaciones con el rey. Lamentablemente la realización de Erik Poppe (Aguas turbulentas, Mil veces buenas noches) se antoja fría y distante, insuficiente para atrapar todo lo que una historia como ésta es potencialmente capaz, dejando además a su operador que se mueva a gusto, con desagradables zums, desenfoques buscando personajes y bruscos y continuos movimientos de cámara yendo de unos a otros, todo muy Dogma aunque la puesta en escena sea sobria y rigurosa, de tonos ocres y azulados buscando la perfecta ambientación, y la música de Söderqvist, muy en estilo Hans Zimmer, vistosa y espectacular. Pero lo cierto es que el pulso narrativo falla con frecuencia y la dramaturgia se hace a ratos pesada, malogrando parcialmente las posibilidades de un trabajo sobre el papel enormemente interesante.

Mª ESTHER GUZMÁN Y SARAH ROPER: CUMPLIR EXPEDIENTE

18ª edición Noches en los Jardines del Alcázar. Sarah Roper, oboe. Mª Esther Guzmán, guitarra. Programa: Cavatine Op.37 y Le Montagnard, de Coste; Sonata en La menor, de Telemann; Andaluza y Valses poéticos, de Granados; Malagueña, Granada y Sevilla, de Albéniz. Jueves 3 agosto 2017

En la segunda mitad del siglo XIX surgió la necesidad de desviarse del lenguaje musical clásico vienés, incorporando elementos folclóricos y nacionalistas en la música seria. La guitarra sirvió en nuestro país para cumplir ese expediente que diera entidad propia a las composiciones de nuestros autores, si bien su influjo y carisma traspasó fronteras y embaucó también a otros, como el francés Napoleon Coste, que dejaron subyugarse por el aroma inconfundiblemente mágico y enigmático del instrumento. 

Dos virtuosas de sus instrumentos, Mª Esther Guzmán y Sarah Roper, ofrecieron juntas y solas por primera vez – con el flautista Vicent Morelló forman el Trío Mesamor – un concierto sin un criterio fijo más que el de interpretar piezas que se adaptaran bien a su combinación, ya fueran originalmente escritas para el tándem o transcritas con tal fin. En el caso de las obras seleccionadas del guitarrista y compositor francés, con más de cincuenta obras catalogadas para el instrumento, parece que fueron concebidas originalmente para oboe y guitarra. Alumno y colaborador de Fernando Sor, Coste se caracteriza por un estilo sencillo y ornamentado sólo hasta lo conveniente, con notables influencias de la ópera cómica, que Guzmán y Roper trasladaron con respeto y delicadeza desde sus partituras electrónicas, ideales para evitar los envites del viento y las antiestéticas pinzas. Especialmente atractiva resultó Le Montagne, una obra de reminiscencias pastorales a la que las intérpretes dotaron de una cálida atmósfera.

El trabajo como continuo de Guzmán en la Sonata de Telemann definió su papel en el resto del concierto, una base sólida y concentrada sobre la que Roper desplegó la parte melódica, lo que provocó una disminución del carácter sentimental de las piezas. Así sucedió con la archifamosa Andaluza de Granados, cuyos Valses poéticos en versión considerablemente reducida, disfrutaron de una ejecución técnicamente impecable pero expresivamente insuficiente. Quizás no sea el oboe un instrumento muy apropiado para trasladarnos a los universos de Granados y Albéniz, como quedó demostrado también en unas muy simples y rígidas Malagueña, de España, y Granada y Sevilla, de Suite española, a pesar de los esforzados arreglos de Guzmán, orientados también a destacar el papel protagónico de la madera frente al contrapuntístico y casi exclusivamente acompañante de la guitarra.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 3 de agosto de 2017

ROCÍO DE FRUTOS Y MANUEL VILAS: LOS ÁNGELES DE MURILLO

18ª edición Noches en los Jardines del Alcázar. Rocío de Frutos, soprano. Manuel Vilas, arpa de dos órdenes. Programa: Retratos en cifras: Un homenaje musical a Murillo (obras de Juan Hidalgo, Juan de Navas, José Marín y Juan del Vado, entre otros).
Miércoles 2 agosto 2017

Además de para experimentar con combinaciones instrumentales y vocales poco habituales, las Noches del Alcázar han sido siempre un excelente escenario para descubrir a los nuestros. No nos referimos a los intérpretes, que es de lo que más se nutren estos conciertos, sino de nuestros compositores, algunos tan influyentes y representativos como Juan Hidalgo, del que esta formación entonó cuatro piezas, y sin embargo tan desconocidos y poco divulgados. El pretexto lo ofreció la celebración del cuatrocientos aniversario del nacimiento de Murillo, una efemérides de la que la ciudad promete hacerse cargo generosamente en la próxima temporada, cuando apenas queden cuatro meses para terminar el año en el que se cumple, por lo que la mayor parte de los festejos tendrán lugar ya en el próximo. La sevillana Rocío de Frutos y el gallego Manuel Vilas se adelantaron para rendirle homenaje en el seno de estas veladas tan especiales. Juntos evocaron la faceta sacra del autor de las innumerables Inmaculadas, así como la profana presente en obras como Niño espulgándose. Aunque la voz de ella y el instrumento de él lo que más evocaron fueron los ángeles y querubines tan frecuentes en la pintura de este inmortal sevillano.

Las músicas de contemporáneos suyos, casi todos íntimamente relacionados con la Capilla Real de Felipe IV y el nacimiento del género lírico – ópera y zarzuela – en nuestro país, brillaron en unas interpretaciones responsables y apasionadas, en las que Rocío de Frutos lució una perfecta dicción, imprescindible para seguir la narración dramática integrada en los tonos humanos de la segunda parte, así como una incontestable entonación y una fuerte carga de expresividad, a pesar de la contención habitual en esta artista tan delicada y exquisita. Así, el gracejo de Zagales los que me oyen, de la Escuela de Cuzco, contrastó con el sublime lamento de Esperar, sentir, morir de Hidalgo o la conmovedora hermosura de Ojos, pues me desdeñáis de José Marín, sacerdote y delincuente condenado capaz de joyas como ésta. Todo ello en perfecto estilo, a pesar de la demostrada capacidad de la soprano para combinar estilos y adaptarse a tantos y tan diferentes. Lástima que la dulzura de su voz se viera algo ensuciada por los efectos de la amplificación, por otra parte necesaria, aunque eso no fue obstáculo para disfrutar de laboriosos pianissimi y una emisión sincera y natural.

Por su parte, Vilas acompañó con un sentido poético de la pulsación, generando esa atmósfera mágica que precisa cada tono, y arropando sin narcisismos innecesarios la intensa labor de la cantante. Para ello se valió de una preciosa copia de un arpa original del siglo XVII español, de dos órdenes, habitual en la época y muy apreciado por los compositores convocados. Destacó además en sus solos, una obra de falsas cromáticas que explicó con talento pedagógico y donde destacaron sus imbricadas disonancias, y un sarao y gitanilla de contrastados colores y evidente sentido rítmico. Como propina decidieron homenajear a Juan del Encina, tan imprescindible para estudiantes y practicantes, como olvidado en los escenarios oficiales. En sus generosas locuciones, de Frutos demostró también su capacidad como profesora y conferenciante.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía