sábado, 16 de diciembre de 2017

STAR WARS EPISODIO VIII: LOS ÚLTIMOS JEDI Adiós, Princesa

Título original: Star Wars Episode VIII: The Last Jedi
USA 2017 152 min.
Guión y dirección Rian Johnson Fotografía Steve Yedlin Música John Williams Intérpretes Daisy Ridley, John Boyega, Adam Driver, Oscar Isaac, Mark Hamill, Carrie Fisher, Domhnall Gleeson, Benicio del Toro, Laura Dern, Gwendoline Christie, Kelly Marie Tran, Lupita Nyong’o, Anthony Daniels, Andy Serkis, Warwick Davis Estreno simultáneo en Estados Unidos y España 15 diciembre 2017

Al margen por completo de su legítimo creador, George Lucas, y con las manazas avariciosas de la Disney por delante, la siempre esperada nueva entrega de las guerras galácticas, que tanto hace las delicias de sus incondicionales, para quienes la saga se ha convertido en lo más parecido a una religión, retoma el espíritu de la trilogía original como ya hizo hace dos años el episodio séptimo. Esto podría parecer un incentivo y sin embargo no es más que un lastre, sacrificando cualquier posibilidad de creatividad a favor de mantener sin riesgos la admiración y entrega absoluta de un público para el que la experiencia se ha convertido en una tradición. La tan denostada segunda trilogía, primera cronológicamente, apostó por los avances tecnológicos y nos contaba la apasionante historia de Darth Vader con una considerable dosis de tragedia al más puro estilo clásico. Por el contrario la nueva trilogía, tercera en cualquier caso, apuesta por recuperar el estilo estético y narrativo de la original, abandonando por el camino incluso la posibilidad de sorprender con una tecnología punta y una historia novedosa. En definitiva, que lo de más de lo mismo se puede aplicar sin complejos a este episodio octavo al que sin embargo reconocemos su capacidad para entretener, aunque más en su segunda mitad, con mayores dosis de energía y movimiento que en la más anodina primera. Pero una de las cosas que más llama la atención es cómo todo parece haberse construido alrededor del mito de la Princesa Leia, con más protagonismo que en la anterior entrega, y una majestuosidad aplicada a sus escenas y encuadres que sólo se explicaría por su fallecimiento antes de que el proyecto estuviera acabado. Esto incluye también alguna ridícula secuencia en la que sobrevive a una tremenda explosión y pone en evidencia sus dotes adquiridas de Jedi volando como si de Superman se tratara. Hay más homenaje a ella que a un recuperado Mark Hamill en esta cinta que dirige el responsable de la afamada Looper, encargado también de la escritura de su guión, con más atrevimiento y frases ocasionalmente ridículas que otra cosa y permitiéndose hacer autoparodia de la serie en más de una ocasión. Echamos de menos las cortinillas con las que a menudo se pasaba de una secuencia a otra y que son también marca de la casa, mientras seguimos admirando la capacidad de John Williams a sus ochenta y cinco años para crear auténtico sinfonismo puesto al servicio de las imágenes épicas de un espectáculo ya mítico y legendario. Cualquier banda sonora suya, por poco inspirada que esté, supera con creces la mediocridad que suele abundar en el panorama actual al respecto. También él pone su particular granito de arena a este sentido homenaje a Carrie Fisher, incluyendo en los títulos de crédito una melancólica interpretación al piano del Tema de Leia.

viernes, 15 de diciembre de 2017

4º DE ABONO DE LA ROSS: UN ACTO DE AMOR

4º concierto de abono de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Sarah Bishop, corno inglés. José Forte Ásperez, trompeta. Günter Neuhold, dirección. Programa: Sinfonía nº 36 en Do mayor KV.425 “Linz”, de Mozart; Quiet City, de Copland; Sinfonía Doméstica Op. 53, de Strauss. Teatro de la Maestranza, jueves 14 de diciembre de 2017

El cuarto programa de abono de la temporada de la ROSS evocó el agradecimiento de Mozart a su anfitrión en Linz, el Conde Thun, por la hospitalidad que le dispensó a él y su esposa en una breve estancia en la entonces capital de la Alta Austria, ofreciéndole en concierto una página inédita, compuesta en apenas tres días; el deambular de un joven trompetista por un Nueva York que duerme, mientras dialoga con su hermano, que ha renunciado a sus sueños por un futuro seguro, tal como lo concibió Irwin Shaw en la obra cuya música incidental compuso Copland; y la calidez del hogar familiar de Strauss, plasmada en una partitura que dedicó a su mujer e hijo, protagonistas junto a él mismo de la secuencia doméstica ilustrada en su sinfonía del mismo título.

Resulta sintomático que una sinfonía que sigue tan de cerca el modelo vienés de Haydn, aunque adaptándose al estilo e idiosincrasia de Mozart, fuera abordada por un director también vienés, cuya estética y espíritu sin embargo se alejó tanto del que demanda esta magistral partitura. Y es que Neuhold atacó la Sinfonía nº 36 sin el tono y la ambición que exige. Apenas vigor por parte de una cuerda acromática en el allegro maestoso inicial; discreto y delicado el andante siciliano, si bien la participación de metales añadió impronta a su resolución; y con cierto encanto bailable el minueto, hasta desembocar en un presto al que faltó empuje y agilidad. Una interpretación que no fue suficientemente fresca ni animada, y cuyo final no logró ni de lejos quitarnos el aliento. Mucho mejor la página de Copland, una suerte de elegía que evoca la calma de una ciudad sonámbula y a la vez el carácter introspectivo de su autor. Fluido y elocuente fue el diálogo entre el corno inglés de Sarah Bishop, cuya manifiesta timidez no impidió extraer toda la doliente expresividad y rotunda melancolía inherente a su rol e instrumento, y la trompeta de José Forte, en la mejor tradición a la americana y con una memorable carga emocional sostenida en unos acordes firmes y decididos.

Más cerca del poema sinfónico que tanto cultivó a finales del siglo XIX que del sinfonismo clásico que apenas abordó en su carrera, Strauss concibió su Sinfonía Doméstica como un acto de amor a la familia, si bien esto no limitó su habitual megalomanía, ofreciéndonos una página llega de exuberancia instrumental, rupturas de tono, sensualidad y maleabilidad tan del gusto del autor de Salomé. Neuhold acertó aquí en tono, espíritu y forma, logrando una interpretación nítida a pesar de sus tumultuosos pasajes, y un dominio polifónico total y absoluto, incluso cuando un aparente caos parece hacerse dueño de la función. Todo fue exuberancia y vitalidad en la cuerda, el metal y la madera, con un especialmente sensual y transfigurado adagio como eje gravitacional de la partitura. Actos de amistad, fraternidad y amor familiar en un concierto desigual pero nada desdeñable.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 14 de diciembre de 2017

CUARTETO CARDUCCI: BELLEZA AGITADA SIN TENSIÓN

Concierto III de Andalucía Clásica. Carducci String Quartet: Matthew Denton y Michelle Fleming, violines. Eloin Schmidt-Martin, viola. Emma Denton, violonchelo. Programa: Cuarteto nº 11 en fa menor Op. 95 “Serioso”, de Beethoven. Cuarteto nº 14 en re menor “La muerte y la doncella”, de Schubert. Espacio Turina, miércoles 13 de diciembre de 2017

La ampliación de la oferta musical camerística en la ciudad con esta estupenda iniciativa de Andalucía Clásica, nos va recordando que existen formas diferentes de abordar el repertorio que aquellas a las que nos hemos habituado de la mano de los talentos locales. Consideramos por lo tanto muy refrescantes las exhibiciones de virtuosismo y color que nos brindan formaciones como el Cuarteto Carducci, que tiene sede en el Reino Unido y una concentrada trayectoria de triunfos tanto en grabaciones como en actuaciones en directo. Su impecable y brillante sonido y extremada agilidad es incontestable, pero batallan con una considerable falta de tensión dramática que malogra parcialmente, sobre todo en el apartado expresivo, el resultado de sus propuestas.

El Carducci ofreció dos emblemáticos cuartetos de la primera mitad del siglo XIX, según unos funcionales parámetros clásicos en los que los ritmos rápidos y la jovialidad de espíritu se impusieron a la evidente carga dramática de las partituras elegidas. El Cuarteto nº 11 de Beethoven, que debe su sobrenombre Serioso al tercer movimiento, un scherzo de ritmo incisivo y febril, lo atacaron desde una claridad y transparencia extraordinarias, un sonido brillante y una encomiable capacidad para identificar cada uno de los instrumentos y su aportación al conjunto. Pero donde debía haber tensión y un particular color amargo, sólo hubo brillantez en el sonido y ensamblaje de las voces, mucho ritmo pero falta considerable de violencia y ausencia de fatiga, tan recomendable en la extenuante coda del allegro inicial. Acertaron sin embargo en insuflar carácter melancólico al allegretto, y contagiosa energía en el larghetto, rematado con un brioso y acelerado final de conveniente espíritu rossiniano.

En general hubo mucha belleza pero faltó grandeza y tensión. Considerada la cúspide de la escritura camerística de Schubert, el Cuarteto nº 14 debe su nombre, La muerte y la doncella, al segundo movimiento, una serie de variaciones sobre el lied del mismo título, en el que destaca el tono sombrío y fatídico de una página con la que el autor ilustraba su desesperación ante una muerte premonitoriamente prematura. De nuevo pudimos apreciar la sedosidad de Emma Denton al violonchelo, la agilidad carente de crispación de Matthew Denton al violín, la suntuosidad de Eloin Schmidt-Martin a la viola y la riqueza melódica de Michelle Fleming al segundo violín. Pero de nuevo echamos en falta una mayor incisividad dramática, más sentido de la tragedia, de la obsesión y la tensión extrema que inspira la pieza. Faltó así mismo carácter grotesco en la tercera variación del segundo movimiento, aunque sí hubo meditación y serenidad en la cuarta. Apenas se apreció sensación de danza macabra en la tarantela final, mientras un marcado virtuosismo se adueñó de la función en el frenético tango de Piazzolla que sirvió como propina para agradecer al público su entusiasta respuesta ante tanto derroche de belleza sonora e impecable técnica.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

EL SENTIDO DE UN FINAL Sobria y melancólica intriga romántica

Título original: The Sense of an Ending
Reino Unido 2017 108 min.
Dirección Ritesh Batra Guión Nick Payne, según la novela de Julian Barnes Fotografía Christopher Ross Música Max Richter Intérpretes Jim Broadbent, Charlotte Rampling, Harriet Walker, Michelle Dockery, Billy Howle, Joe Alwyn, Freya Mavor, Emily Mortimer, Matthew Goode, Edward Holcroft, James Wilby Estreno en Estados Unidos 10 marzo 2017; en Reino Unido 14 abril 2017; en España 8 diciembre 2017

Poco hay del director de la exitosa The Lunchbox, el indio Ritesh Batra, en esta película de corte profundamente clásico y academicista en la mejor tradición del cine británico. Quizás si hubiésemos tenido ocasión de ver Nosotros en la noche, un telefilm directamente estrenado en la plataforma digital Netflix, que reunía de nuevo a Jane Fonda y Robert Redford, hubiésemos encontrado un enlace con este drama romántico otoñal basado en una melancólica novela del prestigioso Julian Barnes. Una película que nos habla del pasado, la nostalgia de los momentos vividos y perdidos, los episodios que protagonizaron nuestra vida y los que quedaron sin resolver, a través de una trama protagonizada por seres atractivos que viven agradables existencias en suntuosas mansiones o elegantes barrios residenciales londinenses. Personajes y paisajes que parecen tener la exclusiva de los problemas existenciales y románticos profundos y emotivos que invaden este tipo de delicadas producciones. Llevada a buen puerto con el trazo firme de su director y las implicadas interpretaciones de su reparto, nos cuenta la historia de un jubilado presuntamente huraño al que una inesperada herencia le trae recuerdos de juventud, amistades traicionadas y amores no consumados, a través de una intriga y un misterio que mantienen el interés de una cinta que de otro modo parecería inocua. Se ha conseguido transmitir la sensación de melancolía que sin duda subyace en un film con el que es fácil identificarse cuando se alcanza cierta edad y se mantiene un estatus social y económico parecido al de los privilegiados protagonistas. También acierta a transmitir la sensación de aquello que hicimos mal, las oportunidades perdidas y saber aprovechar las que la vida nos brinda después de atravesar el pertinente aprendizaje. Pero sobre todo interesa por su teoría, bien planificada y reflejada, sobre la memoria selectiva, la que todo lo tergiversa y adorna, así como lo que creemos verdad cuando nos faltan otros puntos de vista y sus correspondientes versiones. Todo converge así en un producto agradable, irremediablemente burgués, elegante y placentero, sin más.

lunes, 11 de diciembre de 2017

SUBURBICON La casa americana de los horrores

USA 2017 105 min.
Dirección George Clooney Guión Ethan Coen, Joel Coen, George Clooney y Grant Heslov Fotografía Robert Elswit Música Alexandre Desplat Intérpretes Matt Damon, Julianne Moore, Oscar Isaac, Glenn Fleshler, Noah Jupe, Michael D. Cohen, Steve Monroe, Gary Basaraba, George Todd McLachlan Estreno en el Festival de Venecia 2 septiembre 2017; en Estados Unidos 27 octubre 2017; en España 8 diciembre 2017

Puede que en la década de los ochenta, cuando los Coen idearon esta maquiavélica y retorcida historia, su capacidad de denuncia y sátira fuera nueva, pero treinta años después está tan manida que resulta obsoleta. La historia de un crimen perpetrado en el seno de una comunidad donde el bienestar y las buenas costumbres se dan la mano, y que pone en evidencia la debilidad del sueño americano, la hemos visto muchas veces, y si encima se pretende realizar un paralelismo con el odio racial experimentado en las décadas de los cincuenta y sesenta, y aún más denunciar el creciente fascismo al que se ve actualmente abocada la sociedad norteamericana y el resto por extensión, la pretenciosidad acaba por engullir las posibilidades del producto como ejercicio de ironía antropológica. Hace tiempo que las películas perpetradas por los Coen se confunden con las de Soderbergh y ahora también las de Clooney, pero es evidente que el talento no es siempre el mismo, y en este sentido el del actor posiblemente más engreído del momento parte con notable desventaja. En sus manos las posibilidades cómicas de esta enrevesada trama prácticamente se evaporan, y el resultado acaba siendo una amalgama bastante indigesta de situaciones escabrosas, de la mayor parte de las cuales es para colmo testigo un niño, lo que multiplica su efecto perverso. Es cierto que entretiene, mantiene la inquietud y consigue despertar cierto interés, pero la sensación de que todo el conjunto podría haber mejorado con algo más de ingenio e ironía, y que en general resulta plano, superficial y recurrente, es inevitable.

COCO El libro de la vida y la muerte familiar

USA 2017 109 min.
Dirección Lee Unkrich y Adrián Molina Guión Adrián Molina y Matthew Aldrich Música Michael Giacchino Intérpretes Anthony González, Gael García Bernal, Benjamin Bratt, Alanna Ubach, Renee Victor, Jaime Camil, Alfonso Arau, Herbert Siguenza Estreno en México 27 octubre 2017; en Estados Unidos 21 noviembre 2017; en España 1 diciembre 2017

Pixar y Disney prácticamente se han apropiado de la idea sobre la que se cimentó hace tres años la película de Jorge R. Gutiérrez, producida por Guillermo del Toro, El libro de la vida, donde un joven con aspiraciones de cantante viajaba por mundos fantásticos y coloristas inspirados en el folclore mortuorio mexicano, con el fin de convencer a su familia de que esa, y no los toros, era su verdadera vocación. Las hechuras más blandas de la factoría Disney se han adueñado ahora de la función, ofreciendo una cinta a la que nada cabe reprochar en el apartado técnico y artístico, y que cumple también sobradamente en cuestiones narrativas, convirtiéndose en un producto ameno, entretenido y muy musical. Pero es en su vocación adoctrinadora donde una vez más merece ajustarse las cuentas de un producto tan insidioso como éste, en el que se repiten los esquemas afectivos mil veces vistos, los únicos que cuentan con el beneplácito de una factoría tan retrógrada como ésta, que sólo en determinadas ocasiones parece salirse de la norma, no precisamente en ésta. El protagonista de este film parece agobiado por una familia castradora y anclada en el rencor y la tradición, si bien finalmente acaba resultando redentora y complaciente, para finalmente erigirse en único y exclusivo modelo donde desarrollar aptitudes y afectos. Bajo la falsa apariencia de audacia dedicando, en estos tiempos tan delicados, un espectáculo al pueblo mexicano vecino con supuesta intención de acercamiento, la cinta ofrece sin duda una versión de la vida sumamente reaccionaria, que no deja margen al público infantil al que va dirigida para esperar otros modelos de vida y sociedad en un mundo en el que todo tiene que estar muy atado y controlado para permitir la pervivencia de los pilares del poder establecido. Lástima porque a nivel técnico, artístico y narrativo, repetimos, el espectáculo es notable, que para eso se encarga de dirigir quien pusiera orden en las segunda y tercera entrega de Toy Story y Buscando a Nemo. Pero a nivel ético resulta considerablemente perverso, a pesar de lo cual no podemos negarle cierta ternura, especialmente en el personaje que da título a la película. De la cinta ha surgido un cortometraje sobre el perro mascota del protagonista, Dante’s Lunch: A Short Tail, pero al público se le tortura con un mediometraje sobre Olaf, a partir de Frozen, tan básico en su resolución formal como cursi en la narrativa y largo en su metraje.

martes, 5 de diciembre de 2017

ESTUPENDO CONCIERTO DE LA PIANISTA RAQUEL GARZÁS

Juventudes Musicales de Sevilla. Raquel Garzás, piano. Programa: Chaconne, de Gubaidulina; Obertura francesa, de Bach; Valses poéticos, de Granados; Rag Infernal y Nocturne, de los 12 New études de Bolcom; Sonata Op. 26, de Barber. Pabellón Domecq de Juventudes Musicales, lunes 4 de diciembre de 2017

Esta cita de Juventudes Musicales tuvo un marcado carácter emotivo, debido a la reciente y repentina desaparición de uno de sus colaboradores más apreciados y comprometidos, el pintor, y también músico y poeta entre otras cosas, Diego Coca, a quien el director de la institución, Arnold Collado, el tesorero Ramón Ruiz, y su viuda Eva Gallego, dedicaron unas emocionadas palabras de agradecimiento y admiración, bajo la atenta mirada de García Casas tal como lo captó el propio Coca en uno de sus lienzos. Sirvió esta merecida introducción para dar paso a una pianista de rabiosa energía y vitalidad, Raquel Garzás, natural de Daimiel, que tras la habitual peregrinación por un insigne profesorado, prestigiosos conservatorios europeos y premio de las propias Juventudes, ofreció un programa muy atractivo, aprendido de memoria y preparado a conciencia para trasladar así lo mismo que impulsó la vida y obra de Coca y muchos de nosotros y nosotras, la pasión por la música.

En la primera parte del concierto Garzás dio muestra de su compromiso con la música contemporánea dando vida a la Chacona de la compositora rusa Sofiya Gubaidulina, con cuyo carácter religioso, en su vertiente más rabiosa, la joven pianista se sintió muy cómoda, explorando sus extremas afinaciones y registros y llevando el teclado al límite antes de someterse a los dictados de Bach, con quien Gubeidulina mantiene un interesante idilio y que sirvió a Garzás para profundizar en los misterios del espíritu, ofreciendo un primer movimiento de la Obertura francesa BWV 831 de vertiginosas agilidades, sonido denso y control mesurado de dinámicas. Su posición ante los Ocho Valses poéticos de Granados le llevó a potenciar su carácter eminentemente romántico, con elocuentes silencios y ralentizaciones que aumentaron la belleza de estas delicadas y exquisitas páginas del siempre añorado compositor catalán.

Garzás fue ilustrando sin complejos y con elocuente habilidad cada pieza a interpretar, dedicando la segunda parte a la música norteamericana, y aflorando de nuevo su particular maridaje con el piano contemporáneo. Del Pulitzer William Bolcom interpretó dos de sus Estudios nuevos, compuestos en la década de los ochenta, donde su apreciable fusión de elementos tonales y atonales encontró el vehículo perfecto para acentuar el carácter dinámico y agitado del Rag infernal, y el encanto ensoñador del Nocturno. Suya fue también la propina, un Ragtime melódico y en estado puro que hizo las delicias del público. El plato fuerte de la velada llegó de la mano de Samuel Barber y su Sonata, compuesta por encargo del veinticinco aniversario de la Liga de Compositores y estrenada por Vladimir Horowitz en 1949. Una pieza extremadamente difícil con la que la intérprete logró encontrar el perfecto equilibrio entre tradición y modernidad, a través de fuertes contrastes y extremos cromatismos. Destacó especialmente el Adagio mesto, recreado con amplio sentido del misterio y la reflexión, para finalizar de forma sensacional con una vertiginosa fuga.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 4 de diciembre de 2017

LANG Y GLASS POR PROYECTO eLe: UNA EXPERIENCIA ESCÉNICO-MUSICAL

VII Festival Encuentros Sonoros. ProyectoeLe. Carlos Cansino, director. Marcos Padilla, tenor solista. Rafael Ruibérriz, flauta. Irene Fernández y Rocío Márquez, violines. Raquel Batalloso, viola. Carmen Fernández, violonchelo. Miguel Hernández, contrabajo. Jaime Márquez, vibráfono. Luis Vicente Martín, percusión. Ana Ruibérriz y Marta Gómez, escenografía y vestuario. Manuel G. Morente, iluminación. José Manuel Martínez, composición y proyección de la electrónica. Programa: Obras de David Lang y Philip Glass. Espacio Turina, domingo 3 de diciembre de 2017

Menos mal que la respuesta del público fue generosa en esta clausura del Festival Encuentros Sonoros promovido por Taller Sonoro, y que ha conocido a lo largo de los conciertos que lo han integrado asistencias desiguales, a veces absolutamente escuálidas. La propuesta de este cierre merecía una platea llena y así fue, pues se trató de un esfuerzo colectivo que aunaba diversas artes escénicas y musicales, con el Coro ProyectoeLe como eje alrededor del cual gravitaban instrumentistas, iluminadores, escenógrafas y diseñadoras, todos ellos y ellas empeñadas en proyectar con elegancia y dignidad la música de dos reconocidos artistas norteamericanos del siglo XX y activos en éste. El esfuerzo valió la pena, pudiéndose afirmar que la precisión dominó en todos los apartados puestos en juego, lográndose un espectáculo integral de resultados impecables, a un notable nivel de exigencia.

Como suele ocurrir tantas veces, la música de David Lang se popularizó gracias a sus incursiones cinematográficas de la mano de Paolo Sorrentino, bien por el uso de obras suyas en las bandas sonoras de La gran belleza o La juventud, o la composición de piezas originales para esta última, incluida la Canción nº 3 para Sumi Jo que logró una nominación al Oscar. ProyectoeLe supo adaptarse con un trabajo meticuloso, perfectamente ensamblado y ajustado tímbricamente a las obras enigmáticas de Lang, deudoras de cantos ancestrales y frecuentemente apoyadas en silencios significativos. I Lie, la pieza que introdujo tanto el concierto como la galardonada película de Sorrentino, contó además con una acertada intervención solista, mientras el resto de las obras tuvieron acompañamiento de cuerda con un toque elegíaco que, junto a la percusión y el vibráfono, alcanzaron una impecable recreación del Just de Lang, y el resto de las piezas con el acertado añadido de la proyección de los textos convenientemente traducidos.

La música de Philip Glass es reconocible de lejos hasta por un aficionado no muy documentado, y prueba de ello es Vessels, una de sus piezas más populares, también extraída de una banda sonora, la de la producción de Coppola Koyanisqqatsi, que gozó de mejor apoyatura en las voces femeninas que en las masculinas, insuficientes en color y contraste. Algunos pasajes sonaron algo caóticos, pero también en este caso el resultado fue satisfactorio, con la voz solista, ligera y tonificada de Marcos Padilla recreando los textos de Paul Simon, David Byrne y Suzanne Vega, iconos del pop americano más comprometido de las últimas décadas del pasado siglo. El refuerzo de Rafael Ruibérriz a la flauta, la base electrónica perfectamente sincronizada a las voces, una iluminación colorista y un vestuario estudiado incluso en los complementos, añadieron al evento un toque de discreta y sincera espectacularidad.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 3 de diciembre de 2017

WONDER Todos sufrimos malformaciones

USA-Hong Kong 2017 113 min.
Dirección Stephen Chbosky Guión Steve Conrad y Jack Thorne, según la novela de R.J. Palacio Fotografía Don Burgess Música Marcelo Zarvos Intérpretes Jacob Tremblay, Julia Roberts, Owen Wilson, Izabela Vidovic, Mandy Patinkin, Noah Jupe, Bryce Cheisar, Danielle Rose Russell, Daveed Diggs, Millie Davis, Ty Consiglio Estreno en Estados Unidos 17 noviembre 2017; en España 1 diciembre 2017

En La lección de Auggie de la escritora estadounidense de origen colombiano Raquel Jaramillo Palacio, se cuenta la historia de un niño con síndrome de Treacher Collins, una de esas enfermedades raras que tanto marcan la vida de los niños que las padecen y que hoy cuentan con amplias campañas de concienciación por parte de algunos medios de comunicación. En su caso supone graves malformaciones craneofaciales que le obligan a someterse a infinitas operaciones quirúrgicas y desatender sus obligaciones escolares. Una vez superadas estas intervenciones, y con el rostro manifiestamente alterado, su contacto por primera vez con el ámbito colegial le llevará a vivir nuevas experiencias, algunas lamentablemente desagradables, otras muy gratificantes. Con una enorme dosis de delicadeza, el director Stephen Chbosky, que en 2012 adaptó su propia novela Las ventajas de ser un marginado, regresa a las historias de personas especiales en un ámbito estudiantil convencionalmente “corriente”, que es la palabra que en inglés define con mayor acierto que el “normal” español aquello que sigue la norma imperante, y no por ello más acertada. El mayor logro de la película reside en apartarse puntualmente del drama del niño para contarnos el de quienes le rodean, gente corriente también sometida a sinsabores cotidianos, desencantos y desórdenes sentimentales, una senda que los guionistas han aprovechado del libro original, donde Palacio cuenta la historia de Auggie desde ocho puntos de vista, tantos como personajes hay principales, y que en la película sirven para contarnos sus propias historias. Y así, sin excesos ni trampas, Chbosky consigue mantener nuestro interés y emocionarnos con sinceridad y acierto, en gran parte gracias a interpretaciones sobresalientes como la del niño Jacob Tremblay (La habitación) y su hermana en la ficción, Izabela Vidovic, y presencias imponentes como la de Julia Roberts, sensacional como madre del protagonista, y Sonia Braga, la abuela, que en su breve aparición consigue estremecer nuestro corazón. Se agradece el trabajo minucioso con los niños y las niñas, que por una vez en el cine americano se comportan como tales, dentro de un conjunto de secundarios bien diseñados, como el director de la escuela, un irreconocible Mandy Patinkin, y el alegre profesor al que da vida la estrella del musical de Broadway Hamilton, Daveed Diggs.

PERFECTOS DESCONOCIDOS El mal rollo hispánico

España 2017 96 min.
Dirección Álex de la Iglesia Guión Jorge Guerricaechevarría, según el guión original de Paolo Genovese, Filippo Bologna, Paolo Costella, Paola Mammini y Rolando Ravello para “Perfetti sconosciuti” Fotografía Ángel Amorós Música Víctor Reyes Intérpretes Belén Rueda, Eduard Fernández, Ernesto Alterio, Juana Acosta, Eduardo Noriega, Dafne Fernández, Pepón Nieto, Beatriz Olivares Estreno 1 diciembre 2017

Perfetti sconosciuti de Paolo Genovese fue el año pasado un éxito de público, crítica y palmarés en Italia. Álex de la Iglesia retoma el guión de aquélla prácticamente al dedillo para cumplir un encargo de Mediaset destinado a romper la taquilla, y curiosamente no sólo ha mejorado el original sino que ha sabido, casi sin cambiar una coma del guión, adaptar la trama a la idiosincrasia española, y vaya si salimos mal parados. Genovese y cuatro guionistas más crearon un híbrido entre comedia social y generacional en el que los celos y las infidelidades se convertían en carne de disputa y controversia en una dramática cena entre amigos, pero el talante italiano quedaba prácticamente indemne, como pueblo fundamentalmente cariñoso y entrañable que es. Hay más mala leche ya desde el principio en esta versión española, que mejora al original no sólo en puesta en escena y sofisticación, sino que acierta en generar un producto con ritmo, sorpresas y crítica ácida a nuestra sociedad, siempre desde un punto de vista burgués e intelectual, que vive en amplios y lujosos áticos, que ya se sabe que eso es lo que vende cuando de hacer alta comedia se trata, y hasta en tiempos de Franco se hacía así, ¡en plena posguerra! Las parejas diseñadas por Iglesia se desprecian ya incluso antes de dejarse arrastrar por el maligno juego que se les ocurre en plena cena y que desata los desvaríos del argumento, tan bien planteados que resultan incluso verosímiles y menos forzados que sobre el papel. El director vasco acierta para ello en el trabajo con los actores, que aunque a veces puedan parecer sobreactuados, en realidad se adaptan al estilo que persigue este vodevil perverso y despiadado. Los españoles somos como somos, mezquinos, vanidosos y envidiosos, y en esta inteligente tragicomedia con tintes fantásticos queda bien expuesto. Hasta la música varía del toque pop urbano desenfadado del original italiano a las pinceladas burlesco- sinfónicas de Víctor Reyes, que junto a su muy intencionada puesta en escena contribuye al tono diabólico de esta propuesta malsana que tan bien disecciona el espíritu del carácter hispano. Nunca dos guiones tan similares sirvieron para recrear con tanta pericia e inteligencia dos pueblos tan distintos, a pesar de lo que pudiera parecer, el italiano y el español. Iglesia lo ha clavado con este lujoso y decididamente mejorado Aquí no hay quien viva, donde también abunda el mal rollo y la falta de respeto de los españoles en general, por muy sofisticados que a veces nos creamos.

sábado, 2 de diciembre de 2017

LA SINFÓNICA CONJUNTA EN LA CUERDA TENSA

VII temporada, concierto I de la Orquesta Sinfónica Conjunta Universidad de Sevilla-CSM Manuel Castillo. Manuel Emilio Marí, clarinete. Juan García Rodríguez, director. Programa: Sinfonía de cámara, de Antonio Flores; Concierto para clarinete nº 1, de Weber; Sinfonía nº 3, de Sibelius. Auditorio de la ETS de Ingeniería, viernes 1 de diciembre de 2017

Celebramos el reencuentro con la juventud que integra esta estupenda formación sinfónica, y lo hacemos doblemente porque este proyecto ilusionante y necesario se mantiene desde aquel arranque incierto de diciembre de 2011, hace exactamente seis años. Su principal artífice, Juan García, y el CICUS y el Conservatorio Manuel Castillo que lo apoyan y auspician desde entonces, merecen nuestra enhorabuena y felicitación. Los conciertos de la OSC son gratificantes no sólo por lo que suponen como trampolín de lanzamiento y tabla de aprendizaje para quienes han terminado sus estudios musicales o están a punto de hacerlo, sino porque ofrecen programas tan atractivos como el que sirvió para comenzar esta séptima temporada.

García procura siempre ofrecer alguna obra de reciente producción, a ser posible que dé a conocer a algún compositor cercano, como es el caso del profesor del conservatorio sevillano Antonio Flores. Por eso sería conveniente que en el programa de mano se incluyeran unas breves notas sobre las piezas a interpretar, que permitieran acercarnos mejor a autores como éste, desconocido para mucho del público congregado, a la vez que arrojar algo de luz sobre su obra y otras programadas, aún siendo célebres. La Sinfonía de cámara de Flores precisa sólo de cuerda, en un ejercicio de suspense e inquietud que en su primera mitad se sostiene sobre notas suspendidas que exigen mucha concentración por parte de una plantilla que respondió al máximo nivel. Arpegios y glisandos nos llevan a una serie de contrastes y armonías siempre apoyadas sobre la creación de una atmósfera inquietante, con un alto componente psicótico bien expresado por las imponentes intervenciones de bajos y violonchelos, como si de una banda sonora de Herrmann para Hitchcock se tratara.

El joven malagueño Manuel Emilio Marí fue el encargado de defender el difícil primer concierto para clarinete de Carl Maria von Weber, concebido para exhibir las habilidades del solista, sobre una base con sustancia y estructura musical sólida, cuyos colores y contrastes quizás no acabaron de cuajar bajo una dirección algo esquemática y robotizada. Pero Marí logró emocionar con un virtuosismo no exento sin embargo de algún altibajo, poco importante frente a una carga de expresividad generosa. El clarinetista dio buenas muestras de versatilidad y destreza técnica, dominando la respiración y el componente melódico. Las trompas acometieron con precisión su intervención en el adagio central. En cuanto a la tercera de las sinfonías de Sibelius, García y la orquesta acertaron a destacar su sobrio clasicismo, con una arquitectura equilibrada, puntualmente rota por unos crescendi algo caóticos en el primer movimiento. El resto fue expuesto con claridad y mucha serenidad, especialmente el andantino, de nuevo con una excelente aportación de los violonchelos. Metales, maderas y, sobre todo, timbales, lograron dar cuerpo y forma a una notable exhibición de optimismo y jovialidad.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 1 de diciembre de 2017

PADDINGTON 2 Un osito que enamora

Reino Unido-Francia-USA 2017 95 min.
Dirección Paul King Guión Simon Farnaby, Paul King y Jon Croker, según el personaje creado por Michael Bond Fotografía Erik Wilson Música Dario Marianelli Intérpretes Sally Hawkins, Hugh Bonneville, Hugh Grant, Brandan Glesson, Julie Walters, Jim Broadbent, Peter Capaldi, Samuel Joslin, Madeleine Harris, Ben Miller, Joanna Lumley, Sanjeev Bhaskar Estreno en Reino Unido 10 noviembre 2017; en España 24 noviembre 2017

Michael Bond comenzó a escribir sus libros sobre el osito Paddington a partir de un peluche que compró para su esposa cerca de la Estación de Paddington en la víspera de la Navidad de 1956. A partir del primer libro, publicado dos años después, el personaje cobró notoriedad entre el público infantil gracias también a las ilustraciones de Peggy Fortnum, rivalizando en el Reino Unido incluso con Winnie-the-Pooh. Su salto a la gran pantalla hace tres años dio como resultado una entrañable película recomendada no sólo para el público infantil sino, sobre todo, para el adulto, invitado con éxito a recuperar la tan añorada infancia en sus aspectos más dulces y tiernos. En ella se contaba cómo un explorador británico conocía en “el más recóndito y oscuro Perú” a una pareja de osos parlanchines con los que entabla amistad e invita a visitar Londres. Pero será su sobrino quien viajará a la capital inglesa, adoptando el nombre de la estación donde comienza su aventura entre humanos estresados, una malvada empeñada en disecarlo para el Museo de Ciencias Naturales (muy divertida Nicole Kidman) y una familia simpática y bondadosa que lo adopta. Estos precedentes son fundamentales para disfrutar al máximo de sus nuevas aventuras, donde la búsqueda del regalo perfecto para su tía y mentora Lucy, le llevará a ser víctima de los malignos planes de un actor en decadencia, interpretado por un ajustado y preciso Hugh Grant. Que Paul King sólo tenga como trabajos relevantes las dos entregas de este personaje, no impide que podamos considerarlo el alma de un proyecto precioso, emotivo y emocionante, que se nutre de un acabado estético y artístico perfecto, y un trabajo de la imagen y el diseño preciosista y colorista, como si de una película animada se tratara. Pero es en el guión y el tratamiento de los personajes donde Paddington y especialmente su secuela triunfan, por su bondad, sus mensajes positivos, su buen gusto y espléndidos modales, y sobre todo por la ingenuidad decidida a conquistar el corazón de quien se anima a verla y disfrutarla, esta secuela más aún que su predecesora. Imposible no caer rendidos ante el diseño del oso protagonista, cuya expresividad no hace sino aumentar el grado de emotividad y ternura que impera en toda la película, ayudada por unos personajes perfectamente diseñados e interpretados y situaciones de pura aventura que hacen confiar en una recuperación de la fantasía y la imaginación por encima de tantos efectos visuales y luchas gratuitas, si bien también en el apartado técnico la cinta presume de primera categoría. Impagables los guiños al título anterior, como ese guardia de seguridad atraído por mujeres ambiguas, o el número musical final a cargo de Grant y un puñado de presidiarios, mientras van apareciendo los créditos en pantalla. Y maravillosa y espléndida la experiencia general de disfrutar de una película de tan entrañable espíritu, familiar, navideño o lo que sea, pero decididamente muy recomendable. Ineludible hacer una parada en la estatua de bronce dedicada al personaje en la referida estación ferroviaria en nuestro próximo viaje a Londres.

ESTRENO DE "EL SACRIFICIO DE UN CIERVO SAGRADO" EN SALAS


Festival de Cine Europeo de Sevilla 3 noviembre 2017
Estreno en salas 1 diciembre 2017

miércoles, 29 de noviembre de 2017

SAVALL Y MURILLO: MÚSICA E INTENCIÓN

Concierto de inauguración del Año Murillo. La Capella Real de Catalunya y Hespérion XXI. Jordi Savall, dirección. Programa: Recorrido musical por la vida de Murillo.
Teatro de la Maestranza, martes 28 de noviembre de 2017

Como era de esperar, el arranque de los fastos para celebrar una efemérides tan importante como es el cuatrocientos aniversario del nacimiento de Bartolomé Esteban Murillo, apenas tuvo repercusión mediática fuera de nuestras fronteras locales. Suponemos que quienes tienen la obligación de dar difusión al evento y que éste produzca rédito también entre la afición a la cultura, el arte y la música, fuera de aquí, no entienden muy bien en qué consiste su función. Así se dilapida el presupuesto que todos y todas generamos con nuestro tiempo y esfuerzo, sin dar repercusión ni vida a lo que tanto cuesta más allá de la agenda local. Al fin y al cabo, para promocionar la ciudad en el extranjero están los costosos viajes con dietas que tanto cuestan a toda la ciudadanía. A veces son trabajos fáciles, rápidos y efectivos los que se desprecian, como esa reiterada falta de atención por parte de los responsables del Festival de Cine Europeo respecto a la cobertura del certamen en IMDB (Internet Movie Data Base), hoy en día el instrumento de trabajo más utilizado entre el personal que se dedica directa o indirectamente al cine. Apenas un pequeño porcentaje de películas que tienen su estreno mundial o nacional a propósito del festival, cuentan con reflejo de ese detalle en dicha base de datos, una ausencia que podría subsanarse con un poco de voluntad y trabajo. En fin, ni rastro de la inauguración del Año Murillo en medios audiovisuales nacionales, apenas en los escritos.

Algunos y algunas de quienes aparecen en la foto estuvieron también
presentes en este concierto conmemorativo
Arrancar los actos conmemorativos que se sucederán a lo largo de todo el 2018 con un concierto de música barroca y renacentista afín a la época y el lugar en el que desarrolló su vida y obra el pintor sevillano, es sin duda un acierto. Da glamour a la cita, si bien una vez más se despreció el perfil protocolario del asunto, sin discursos ni presentaciones, como si de un concierto más se trataray, lo que es peor, desnudando de intención el programa primorosamente diseñado por Jordi Savall para la ocasión. En inglés hay una expresión, Music and meaning, que alude al significado y la intención que puede subyacer en una partitura, y su posición para ilustrar o llenar de contenido un pensamiento, personaje o situación concreta. Savall, fiel a un proceso de trabajo que se ha convertido en habitual a lo largo de su carrera, fundamentalmente en los últimos veinte años, elaboró un recorrido por la vida de Murillo a través de músicas sacras y profanas más o menos de la época, que fue desgranando con la ayuda proverbial de sus dos magníficas y más representativas formaciones, Hespérion XXI en la parte instrumental, y La Capella Real de Catalunya en la vocal. Regresó así al ámbito musical que le ha reportado más popularidad y categoría, después de coquetear con la música mestiza y de fuerte componente étnico en su último trabajo discográfico, Las rutas de la esclavitud, donde a veces resulta difícil distinguir lo nuevo de lo arcaico, entre músicas africanas y sudamericanas de idéntica estética a la que hoy inundan las salas de fiesta de todo el mundo. En su comparecencia sevillana la música estuvo diseñada según un guión que, sin embargo, al público le resultó difícil de seguir, pues ni hubo narrador, tantas veces utilizado por el violagambista catalán en conciertos de este tipo, ni luz suficiente en la primera parte para seguir las notas en el programa que acompañaban cada pieza, ilustrando cada momento concreto de la vida del pintor. Algún responsable debió darse cuenta del detalle durante los canapés del intermedio, y en la segunda se dejó suficiente luz en la sala para facilitar la lectura. No obstante, la penumbra facilita la concentración, por lo que quizás lo más recomendable hubiera sido proyectar sobre el fondo desnudo del escenario los textos vertidos en el programa.

Lucía Martín-Cartón
De cualquier manera, Savall revalidó su perfecta comunión con un público que le profesa admiración absoluta, labrada con mucho esfuerzo y dedicación, y con un trabajo diario incansable y entregadísimo a lo largo de su dilatada carrera. Él es una autoridad y sus acompañantes también, entre ellos rostros tan familiares como el del tenor Lluís Vilamajó, uno de los que más disfrutaron con el encuentro, el contratenor David Sagastume, el percusionista Pedro Estevan, el violagambista Sergi Casademunt, el guitarrista Xavier Díaz-Latorre o el arpista Andrew Lawrence-King; todos primeras figuras inmersas en una propuesta que persiguió en todo momento el preciosismo más absoluto, alternando piezas profanas (la célebre De los álamos de Sevilla, tan conocida para los habituales del Maestranza ya que acompaña los avisos del teatro, y que también sirve de banda sonora recurrente en la reciente película de Agustín Díaz Yanes, Oro) y sacras (la bellísima Missa Pro Defunctis de Joan Cererols que cerró el recorrido y la vida del homenajeado), con mención especial para la agilidad y expresividad con la que Savall abordó a la viola da gamba soprano las Glosas a la Inmaculada Concepción. Pero el conjunto resultó en todo momento demasiado bello, de sonido grácil y aterciopelado, impecable en su ejecución pero monótono en su resolución, a pesar de la diversidad de piezas concentradas. Y lo que es peor, falto de emoción más allá de su arrebatada e indiscutible belleza, a la que no fueron ajenas las hermosamente timbradas voces de la soprano Lucía Martín-Cartón o el tenor Víctor Sordo, además del muy entregado bajo Daniele Carnovich. Todo siempre dentro de una estética suave y aterciopelada, sin grandes contrastes ni algarabías, ni siquiera en la muy jovial chacona A la vida bona de Juan Arañés. Hasta las fanfarrias y marchas (Batalla gallarda de Samuel Scheidt, por ejemplo) se mantuvieron en ese tono general de elegancia y delicadeza, que no siempre se ajustó bien a los episodios narrados aunque disfrutaran de una interpretación técnicamente perfecta y del placer de contar en nuestro escenario con el incombustible Savall, que arrancó grandes aplausos incluso con su emotivo alegato por el entendimiento y el diálogo para solucionar, junto a la música siempre tan universal e integradora, los conflictos que tanto nos preocupan.

martes, 28 de noviembre de 2017

ESTEROS Delicado retrato de la infancia y el descubrimiento

Argentina 2016 83 min.
Dirección Papu Curotto Guión Andi Nachon Fotografía Eric Elizondo Intérpretes Ignacio Rogers, Esteban Masturini, Joaquín Parada, Blas Finardi Niz, Renata Calmon, María Merlino, Marcelo Subiotto Estreno en el Festival de Toronto 27 mayo 2016; en Sevilla (Festival Andalesgai) 25 noviembre 2017

En su debut en el largometraje el realizador argentino Papu Curotto parece insistir en los personajes, el tema y la atmósfera que se respiraba en su cortometraje Matías y Jerónimo. Si en ésta dos niños eran testigos de una agresión homófoba durante la celebración del carnaval de Libres, en la provincia de Corrientes, ahora dos niños igualmente viven en ese mismo ambiente un verano inolvidable en la finca que da título al film, en el que la camaradería y el juego dan paso a la atracción y el descubrimiento de nuevas sensaciones propias de esa época mágica que precede a la pubertad. Paralelamente asistimos al reencuentro de esos dos amigos y la progresiva aceptación por parte de uno de ellos de su verdadera identidad sexual. Todo ello filmado con un gusto exquisito y una especial delicadeza que hacen de este relato, en principio bastante común y aparentemente muy recurrente en el cine de temática gay, una experiencia sensorial gratificante y muy emotiva. El tratamiento sensual y sugerente de la relación tanto en su vertiente infantil como en la adulta, hacen que su director merezca ser tenido en cuenta en futuros trabajos, y se pueda considerar ésta como una obra significativa sobre la materia, especialmente por su carácter melancólico, capaz de retrotraernos a ese período de la infancia tan revelador y, en cierto sentido, lleno de aventura y descubrimiento.

lunes, 27 de noviembre de 2017

LA HIJA DEL REGIMIENTO EN EL MAESTRANZA. LUZ, COLOR, EXCELENCIA MUSICAL Y DESATINOS MACHISTAS

Ópera de Gaetano Donizetti con libreto de Jules Henri V. de Saint-Georges y Jean F. A. Bayard. Santiago Serrate, dirección musical. Laurent Pelly, dirección de escena y vestuario. Marcelo Buscaino, reposición de la dirección de escena. Chantal Thomas, escenografía. Joël Adam, iluminación. Juan Manuel Guerra, reposición de la iluminación. Laura Scozzi, coreografía. Karine Girard, reposición de los movimientos coreográficos. Agathe Mélinand, dramaturgia y nuevos diálogos. Con Pretty Yende, John Osborn, Marina Pinchuk, Carlos Daza, David Lagares, Alberto Arrabal, Vicky Peña, Juan Carrillo y Moisés Molina. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza, dirigido por Íñigo Sampil. Producción del Teatro del Liceo de Barcelona a partir de la coproducción del Metropolitan de Nueva York, Covent Garden de Londres y Staatsoper de Viena. Teatro de la Maestranza, domingo 26 de noviembre de 2017

Una producción como ésta, arropada por un elenco vocal extraordinario y unas prestaciones musicales de primer orden, es lo que el coliseo necesita para consolidar su estatus de primer rango en la comunidad, y su buena posición en el panorama nacional, además de avanzar en su ascenso, aspirando a programar más títulos y mayor cantidad de funciones en futuras temporadas. No cabe duda de que hay mucho color, una potente luz y una muy adecuada atmósfera de fábula en este diseño del aclamado Laurent Pelly, ayudado por una escenografía y un vestuario que sin ser sorprendentes, aportan una estimulante sensación de amabilidad a un conjunto que ya está bendecido con una partitura mucho más amena e inspirada de lo que en principio cabe esperar. Se nos escapa el motivo del cambio de ambientación de las guerras napoleónicas a la Gran Guerra, pero no molesta. Los detalles en la dramaturgia incorporados en cada ciudad donde recala la producción, con textos sueltos en castellano y alusiones a la manzanilla o a las sevillanas de Lorca, potencian el parecido de este título con la futura opereta e incluso con el musical o la zarzuela, géneros a los que tampoco es ajeno ese desenfado general que transmite el conjunto.

Evidentemente la dirección escénica contribuye a este éxito, con movimientos ágiles y enérgicos que diluyen cualquier posibilidad de espectáculo rancio o caduco. Y sin embargo qué desatino supone, justo después del Día contra la Violencia de Género, ver cómo Pelly ha decidido, al margen incluso del propio libreto, que Marie parezca más la criada que la hija del regimiento. Durante todo el primer acto la joven plancha, con un modelo por cierto que parece recién comprado aprovechando las ofertas del Black Friday, pela patatas y tiende la colada, y aún así siente nostalgia de sus padres adoptivos cuando en el segundo acto la Marquesa la educa entre oropeles. Mala imagen que un espectáculo cultural, y por extensión educativo, debería evitar a toda costa, sobre todo cuando ni siquiera es necesario. Y no vale la excusa de la comicidad, porque no la hay cuando de abusos se trata. Más nos hubiera gustado ver cómo el regimiento mima a su niña, en lugar de someterla a trabajos tradicionalmente mal asociados al género. Consciente de que estas consideraciones me valdrán la burla de muchos sectores que miran a la producción de Pelly como si de un intocable se tratara, hay que reconocer todo lo antes dicho respecto a la agilidad, el color y la sencillez de la propuesta, con aciertos como la caracterización grotesca de una aristocracia afectada y rancia, en vías de extinción.

Pero sobre todo hay que alabar el trabajo musical de sus intérpretes, tanto en lo vocal como en lo instrumental. En este sentido sí que tuvimos un espectáculo de primerísima categoría, con Pretty Yende a la cabeza, que aunque familiarizada con el universo belcantista de Donizetti en títulos como Lucia di Lammermoor o El elixir de amor, ha hecho su debut aquí en este difícil rol sobre cuyas espaldas recae el éxito o no de la función. La joven soprano sudafricana tiene un talento natural para modular la voz con virtuosismo y extraordinaria naturalidad, fraseo limpio y estimulante, y un impresionante brillo en una voz de timbre hermoso, sedoso y aseado. Por si fuera poco es una excelente actriz, con envidiable vis cómica como evidenció en la histriónica lección de canto, y un saludable desparpajo capaz de atraer en todo momento la atención del público. Yende supo transmitir toda la energía inherente al aria Au bruit de la guerre, así como la desesperanza melancólica en la despedida final del primer acto, y sobresalir después en el segundo con el sentido y delicado monólogo C’en est donc fait, rematado con un enérgico Salut à la France, logrando la rendición incondicional del público y haciendo suyo un papel ya definitivamente incorporado a su catálogo.

No hubo mucha química con el tenor norteamericano John Osborn, pero juntos consiguieron brillar en dúos como Quoi, Vous m’ameiz. Él, por su parte, posee una voz bien entonada, lírica, de fraseo ágil y potencia suficiente, capaz así de enfrentarse a los difíciles retos que le propone la partitura, incluido esa complicada sucesión de sobreagudos en Pour mon âme, que salvó con aparente facilidad, como naturalmente cabe esperar de quien se atreve con el papel. Desde su Pour une femme de mon nom, la mezzo Marina Pinchuk demostró también estar en perfecta forma para abordar su Marquesa de Berkenfield con perfecto dominio de la respiración y la entonación, acompañada también de una adecuada vis cómica. Carlos Daza, Alberto Arrabal y David Lagares, las apuestas españolas del elenco, brillaron igualmente en sus cometidos, con especial mención para el joven onubense, cada vez más afianzada su carrera de bajo con voz contundente y buenas aptitudes interpretativas. Muy divertida también Vicky Peña, que aunque su Duquesa de Crackentorp no tiene que cantar, está muy familiarizada con el musical, sobre todo el de Stephen Sondheim que tanto gusta en Barcelona. En cuanto a la dirección de Santiago Serrate, desde hace mucho emancipado de este teatro en el que tantas veces ejerció como asistente de Halffter, defendió la partitura con abundante jovialidad, acertando en el tono a veces marcial, otras lírico e incluso pastoral de la música, enriqueciendo las aportaciones del elenco vocal y potenciando las aptitudes de la orquesta, en la que solistas y metales brillaron con gran intensidad. Y no podemos olvidar el excelente trabajo del coro, fundamentalmente las voces masculinas, que además se tuvieron que empeñar a fondo en movimientos escénicos y coreografías perfectamente coordinadas. Si sólo se hubieran obviado las tareas domésticas de la ingenua Marie, estaríamos hablando de un espectáculo redondo.

domingo, 26 de noviembre de 2017

A GHOST STORY Reflexión espiritual y existencial

USA 2017 87 min.
Guión y dirección David Lowery Fotografía Andrew Doz Palermo Música Daniel Hart Intérpretes Casey Affleck, Rooney Mara, Rob Zabrecky, Will Oldham, Liz Franke, Sonia Acevedo Estreno en el Festival de Sundance 22 enero 2017; en Estados Unidos 7 julio 2017; en España (no en Sevilla) 3 noviembre 2017

Había en el remake de Peter y el dragón cierta poética en el tratamiento de la historia y la imagen, claro que subordinada al carácter eminentemente comercial de la propuesta. David Lowery, su director, parecía haber captado en esa agradable película el espíritu nostálgico y aventurero del tan celebrado cine de los años ochenta. Ahora retoma la idea con la que comenzó a hacer cine, con tan sólo siete años, en aquel cortometraje influido por la película Poltergeist y que llevaba el mismo título. El mundo de los espectros regresa ahora en esta cinta más cerca en su argumento de Ghost que de la película de Tobe Hooper o cualquier otro título sobre terror y fantasmas. Pero en su tratamiento Lowery nos ofrece un trabajo novedoso y particular, una cinta que no se puede tratar a la ligera y que seguramente necesitaría más de un visionado para comprenderla en toda su extensión. Lowery propone un viaje en el tiempo a través de la experiencia de un fantasma enamorado de su esposa viuda, siempre anclado a un mismo lugar a lo largo del tiempo, pasado y futuro incluidos. Para ello cuenta con Casey Affleck y Rooney Mara, que ya trabajaron a sus órdenes en En un lugar sin ley, y protagonizan ahora momentos que exigen de verdadera paciencia por parte del espectador, que asiste atónito a un Affleck enfundando en el más socorrido disfraz de Halloween de todos los tiempos, que pasea cual alma en pena, y a una Mara engullendo compulsivamente un pastel. A su alrededor se teje una profunda reflexión sobre el paso del tiempo y cómo todo se va olvidando y superando, con la complicidad de una fotografía luminosa e intencionadamente bien encuadrada, premiada en Sitges, y un preciso trabajo de la atmósfera, la música y el sonido. Lowery apoya su película fundamentalmente en la imagen, con apenas alguna incursión discursiva, especialmente la que realiza Will Oldham sobre lo efímero también de la creación artística, aún llamada a perdurar más en el tiempo que nuestra propia existencia, e incluso más que sobre los objetos que nos rodean y nuestras moradas, con la Novena de Beethoven como objeto de su reflexión. En fin, una cinta singular y diferente, aparentemente poética y profunda, que quizás con un análisis más profundo seamos capaces de captar en toda su compleja dimensión, aunque como siempre suele ocurrir en estos casos, habrá quien todo esto le parezca simplemente un  churro.

sábado, 25 de noviembre de 2017

EN REALIDAD, NUNCA ESTUVISTE AQUÍ El taxista se profesionaliza

Título original: You Were Never Really Here
Reino Unido-Francia-USA 2017 95 min.
Guión y dirección Lynne Ramsay, según la novela de Jonathan Ames Fotografía Thomas Townend Música Jonny Greenwood Intérpretes Joaquin Phoenix, Ekaterina Samsonov, Alessandro Nivola, Alex Manette, John Doman, Judith Roberts, Jason Babinsky, Madison Arnold Estreno en el Festival de Cannes 27 mayo 2017; en Francia 8 noviembre 2017; en España 24 noviembre 2017

A Lynne Ramsay le encantan los títulos dialogados y le llueven los elogios y los premios con cada proyecto que acomete, y no lo entendemos. Tanto Tenemos que hablar de Kevin como esta película plantean cuestiones importantes y terribles. En aquella ocasión era el papel de una madre incapaz de asumir sus responsabilidades frente a un hijo presuntamente ineducable, y ahora se trata de un justiciero de la noche empeñado en barrer la ciudad de tratantes de blancas. En ningún caso nos ha conseguido sin embargo conmover ni apenas interesar por su caprichosa forma de narrar y su tergiversada gramática cinematográfica. Joaquin Phoenix se mete en la piel de un inexpresivo ex combatiente de guerra, con traumas infantiles, faltaría más, que vive con su anciana madre y se dedica de forma profesional a matar proxenetas y abusadores sexuales de niñas. Es como si Travis Bickle se hubiera profesionalizado y ahora se contaran sus andanzas como matón justiciero y carne de una dura venganza. Los apuntes sobre corrupción política en el ámbito sexual se antojan endebles, superficiales y hasta inocentes, mientras ni siquiera el tratamiento visual logra insuflar algo de interés a la cinta. A pesar de contar una historia poco original y contar con pocos diálogos, consiguió el premio al mejor guión en Cannes, y aunque Phoenix no realiza aquí ni de lejos su mejor actuación, se hizo con el correspondiente al mejor actor en el mismo certamen. Nos la han presentado como imprescindible, y quizás estemos equivocados, pero lo cierto es que sólo nos provocó bostezo. No tiene desperdicio la escena en la que el protagonista y su perseguidor yacen mal heridos y cogidos de la mano en el suelo, cantando I’ve Never Been to Me mientras escuchan a Charlene por la radio.

ASESINATO EN EL ORIENT EXPRESS Interesante reflexión sobre un clásico

Título original: Murder on the Orient Express
USA-Malta 2017 116 min.
Dirección Kenneth Branagh Guión Michael Green, según la novela de Agatha Christie Fotografía Haris Zambarloukos Música Patrick Doyle Intérpretes Kenneth Branagh, Penélope Cruz, Willem Dafoe, Judi Dench, Johnny Depp, Michele Pfeiffer, Daisy Ridley, Josh Gad, Derek Jacobi, Leslie Odom jr., Lucy Boynton, Sergei Polunin, Tom Bateman, Olivia Colman, Miranda Raison, Chico Kenzari, Manuel García-Rulfo Estreno en Reino Unido 3 noviembre 2017; en España 24 noviembre 2017


Nunca una novela tan corta había dado tanto de sí. Pero precisamente por eso cabía la posibilidad de definir más, dedicar más tiempo a cada personaje, la mayoría de los cuales quedan tan esbozados que apenas sirven de comparsa en una función en la que deberían destacar más, al fin y al cabo sobre todas y todos recaen las sospechas de un mismo asesinato. De todos modos éste es un problema en el que, aún en menor medida, también caía el film que Sidney Lumet dirigió con rotundo éxito en 1974, lo que todavía hubiera dado más razón de ser a esta nueva adaptación de Kenneth Branagh. Hay que agradecerle sin embargo que se haya resistido a su habitual megalomanía, que sólo asoma de vez en cuando y con mucha justificación. De hecho es su majestuosidad e incluso solemnidad lo que otorgan credenciales a este nuevo y suntuoso film al que el director de Hamlet y Thor, por citar dos extremos de su amplio registro, ha añadido un par de secuencias de acción, seguramente innecesarias, un poco ridículas y no demasiado espectaculares, y una recreación virtual precisa de ciudades y paisajes. Pero sobre todo lo mejor es que no traiciona el original, mantiene el ritmo y la intriga, aún siendo tan conocida por la mayoría de espectadores, y logra una imagen nueva y aceptable del inspector Poirot. El resto del elenco, salvando esa indefinición que afecta a muchos de sus integrantes, cumple a la perfección, mención especial para Michelle Pfeiffer y una contenida Penélope Cruz, que retoma el papel que le diera su tercer Oscar a Ingrid Bergman, recuperando la nacionalidad original del personaje en la novela de referencia. Vestuario y ambientación son espléndidos, mejorando aquella versión de Lumet, realizada en un tiempo en el que todo era setentero, daba igual la época que se representara. Incluso la música de Patrick Doyle cumple espléndidamente su cometido, alejándose de su difícil precedente, la famosa partitura de Richard Rodney Bennett, cuya obertura y vals son tan difíciles de reemplazar. Pero sobre todo lo que más actualidad da al film, e incluso parece mejor trabajado y con más intención que en el film de Lumet, es su reflexión sobre la flexibilidad de la ley y cómo en determinadas circunstancias debería primar el sentido común y la moral por encima de lo escrito y estipulado. Es algo que nos atañe muy especialmente en un momento tan delicado en el que en nuestro país se respetan algunos preceptos constitucionales y penales con más celo que otros, según el interés que suscite para nuestros incompetentes gobernantes.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

DELIA AGÚNDEZ Y LOS PURCELL DE LA MANO

Otoño Barroco 2017. Delia Agúndez, soprano. Ruth Verona, violonchelo. Manuel Minguillón, archilaúd y guitarra barroca. Laura Puerto, clave. Programa: Obras de Henry y Daniel Purcell. Espacio Turina, martes 21 de noviembre de 2017

Coincidiendo con una nueva propuesta de la Sinfónica del Aljarafe, que pone en escena el próximo domingo en el Lope de Vega Dido y Eneas de Purcell, la soprano cacereña Delia Agúndez volvió a Sevilla, esta vez con su proyecto más personal hasta la fecha. Se trata de la gira que lleva realizando desde principios de este año, presentando un disco que salió al mercado hace dos años, dedicado a los hermanos Purcell, el insigne Henry y su hermano menor Daniel, cuya música está pendiente de redescubrir. El registro de Agúndez y sus estupendos acompañantes es un peldaño firme y seguro para alcanzar ese objetivo. La soprano seleccionó de su catálogo cuatro cantatas que encadenó a obras de Henry de forma indisoluble, como si éste trajera a su hermano cogido de la mano para recordar al mundo que en la familia también emergió otro artista como consecuencia de la Restauración inglesa y la recuperación del teatro y la música como artes imprescindibles e indisolubles.

Y es que en el programa propuesto había mucha teatralidad, y en la gestualidad y la expresividad de la joven soprano, más. Por fin salió del Alcázar, donde pudimos disfrutar, y mucho, de su canto en las dos ocasiones anteriores en las que visitó Sevilla, con Raúl Mallavibarrena y el grupo Cinco Siglos, respectivamente. En el Espacio Turina su voz sonó aún más concisa, segura y definida. Su maleabilidad y brillo se mantuvieron intactas en un recital lleno de encanto, melancolía y emotividad. De una parte obras en su mayoría vocales de Henry Purcell, con el optimista She loves and she confesses too actuando a modo de bienvenida, jubiloso en manos de la cantante, modulando a discreción y con un amplio sentido del estilo y la estética de la época. Entre los momentos más emotivos, destacó su interpretación de An Evening Hymn, una oración de talante profundamente melancólico, que la soprano endulzó con un trabajo exquisito de vocalización y expresividad. El concierto, que salvo por algunas piezas instrumentales añadidas, reprodujo miméticamente el registro promocionado, se hizo fuerte con las cuatro cantatas seleccionadas de Daniel Purcell, reproduciendo idéntico esquema entre recitativos y arias, una triste, la otra alegre y desenfadada.

La extraordinaria teatralidad de Agúndez, su dominio de los acentos, una excelente capacidad para cambiar de registro y llegar sin dificultad a los extremos de su amplia tesitura, así como un encomiable control de la dicción y el fraseo, contribuyeron a encandilar con estas pequeñas piezas de carácter teatral y tema amoroso. Cada instrumentista tuvo su momento de gloria, Minguillón en una adaptación de A Ground in Gamut a cuerda pulsada, preciso y sentimental, Laura Puerto no sin cierta dificultad en la compleja Almand de la Suite nº 2, Ruth Verona extrayendo carnalidad y profunda melancolía en el Preludio en Sol menor Z773, y todos juntos brillando en una evocadora Chacona de La reina de las hadas. Como propina, Agúndez entonó con acierto y emoción Music for a While del genio inglés.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 19 de noviembre de 2017

ARTISTAS CALLEJEROS EN EL 3º CONCIERTO DE CÁMARA DE LA ROSS

3º concierto del XXVIII ciclo de música de cámara de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Royal Brass Quintet (Denis Konir y Nuria Leyva Muñoz, trompetas. Javier Rizo Román, trompa. Francisco Blay Martínez, trombón. José Manuel Barquero Puntas, trombón bajo). Programa: Aleluya, de Haendel; Logrundr XVIII, de Louis “Moondog” Hardin; Aria de la reina de la noche, de Mozart; Suite de Porgy and Bess, de Gershwin; That’s a Plenty, de Bert Williams; Suite de West Side Story, de Bernstein; Big Band Montage, de Paul Chauvin. Espacio Turina, domingo 19 de noviembre de 2017

El trombonista José Manuel Barquero
El tercero de los programas de música de cámara de la Sinfónica se configuró con aires amables y distendidos de la mano del conjunto de metales de la orquesta, bautizado como Royal Brass Quintet probablemente en homenaje a esa tradición inglesa tan presente en celebraciones y acontecimientos que permite versionar éxitos de la música clásica y ligera. Este tipo de agrupaciones sirve además para recrear standards americanos identificados con el jazz y la música ligera, como bien los saben los jóvenes que a diario amenizan el paseo por la Avenida de la Constitución interpretando éxitos del cine y la música pop, y que merecen nuestro reconocimiento por su buen gusto y mejor hacer. Como maestro de ceremonias, el trompista Javier Rizo se tomó las explicaciones un poco a la ligera, confundiendo el tono distendido de la propuesta con cierto aire de “pasaba por aquí”. Agradecemos no obstante sus ilustraciones sobre el excéntrico Moondog y su emotivo recuerdo a la grabación que Bernstein realizara de West Side Story a fuerza de mucho enfadarse con el tenor José Carreras.

Una versión vigorosa del Aleluya de El Mesías, en un estilo respetuoso y acertado, abrió el concierto, seguido de una pieza también de ciertos tintes barrocos, esta vez al estilo fugado de Bach, compuesta por el músico, poeta e inventor de instrumentos Louis Hardin, más conocido como Moondog o El vikingo de la Sexta Avenida, por su indumentaria y su condición de presunto indigente. José Manuel Barquero sustituyó, con pleno dominio de la respiración y amplio registro, a la soprano en las difíciles agilidades del Aria de la Reina de la Noche de La flauta mágica. La lírica americana estuvo presente a través de sus dos títulos más emblemáticos, West Side Story de Bersntein y Porgy and Bess de Gershwin. Los temas más populares de la ópera negra por antonomasia se ofrecieron en forma de suite, con especial mención para Nuria Leyva y su particular Summertime, mientras en la pieza de Bernstein destacó una impecable America y un sentido Somewhere que Rizo entonó con proverbial confianza.

Las agilidades eminentemente jazzísticas brillaron menos en este repertorio, a pesar de lo cual las armonías de Maria de Bernstein cumplieron el objetivo de emocionar considerablemente. El foxtrot del comediante afroamericano Bert Williams, That’s a Plenty, lució vibrante y divertido, mientras del arreglista Paul Chauvin se ofreció su Montaje para Big Band nº 1, en lugar del nº 2 programado, incluyendo versiones competentes y muy rítmicas de In the Mood, I’m Getting Sentimental Over You o Sentimental Journey, con el que Denis Konir se atrevió incluso a cantar.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

LA GRAN ENFERMEDAD DEL AMOR Comedia romántica de amplio espectro

Título original: The Big Sick
USA 2017 119 min.
Dirección Michael Showalter Guión Emily V. Gordon y Kumail Nanjiani Fotografía Brian Burgoyne Música Michael Andrews Intérpretes Kumail Nanjiani, Zoe Kazan, Holly Hunter, Ray Romano, Linda Emond, Anupam Kher, Zenobia Shroff, Adeel Akhtar, Bo Burnham, Aidy Bryant, Kurt Braunohler Estreno en el Festival de Sundance 20 enero 2017; en Estados UNidos 14 julio 2017; en España 3 noviembre 2017

Sorprende que detrás de esta comedia romántica se encuentre el productor Judd Apatow, responsable del viraje que ha dado la comedia americana reciente hacia el mal gusto y el humor escatológico. Nada más lejos de lo que propone esta amable y distendida película del director de Hello, My Name Is Doris, una película protagonizada por Sally Field que pasó sin pena ni gloria por las salas hace apenas dos años. The Big Sick cuenta con guión del propio protagonista del film, un cómico pakistaní gracias al cual confiamos que todos los tópicos sobre inmigrantes de su tierra en Estados Unidos que plantea no sean ni más ni menos que ciertos. Cuenta una historia de amor interracial, amenazado por los prejuicios y las creencias religiosas de esta comunidad musulmana, y sobre todo por la enfermedad, razón de mayor peso para hacer peligrar su futuro. Y lo hace con un tono permanente de buenrrollismo y ternura que no persigue la hilaridad sino sólo esbozar una sonrisa que supere la posible dureza de lo que se nos está contando, recuperando así la tónica de comedia urbana, retórica y simpática, sin muchas más pretensiones que hacer pasar un buen rato, hacernos reflexionar un poco sobre cuestiones muy básicas y frecuentes, y permitir a su equipo artístico y técnico realizar un producto que finalmente se ofrece con cariño y amabilidad. Unos buenos diálogos y mucha naturalidad, que fluye sin esfuerzo en un escenario que plantea cuestiones poco originales y muchas veces tratadas, lo que refuerza considerablemente su mérito. Destaca un buen trabajo interpretativo de una recuperada Holly Hunter, y una definición profunda y precisa de los personajes, gracias a lo cual tienen vida propia al margen de su presencia en pantalla.

HACIA LA LUZ Ensayo poético sobre la ceguera

Título original: Hikari
Japón-Francia 2017 101 min.
Guión y dirección Naomi Kawase Fotografía Arata Dodo Música Ibrahim Maalouf Intérpretes Ayame Misaki, Masatoshi Nagase, Tatsuya Fuji, Kazuko Shirakawa, Mantarô Koichi, Noémie Nakai, Chihiro Ohtsuka Estreno en el Festival de Cannes 23 mayo 2017; en Japón 27 mayo 2017; en España 17 noviembre 2017

Hay una tendencia generalizada en el cine japonés que trasciende a nuestras pantallas a utilizar siempre un lenguaje eminentemente poético y simbólico, que invade incluso a las cintas de animación. El cine de Naomi Kawase no es precisamente una excepción, con trabajos como Aguas tranquilas o Una pastelería en Tokio que sólo se entienden y disfrutan desde una óptica poética. En Hacia la luz la realizadora japonesa se detiene en un mundo poco explorado en el cine, ni siquiera en el documental, como es la audiodescripción de películas para invidentes, un tema muy presente incluso en nuestras televisiones domésticas, cuando pulsando por equivocación un botón, se nos cuela la versión audiodescrita. Algo en definitiva tan molesto como el abuso de la voz en off por algunos cineastas, empeñados en describir incluso lo que es fácil de intuir sólo con la imagen, pero necesario cuando no ves y la descripción se convierte en imprescindible, aunque también sujeta a unas reglas, pues al final se trata de trasladar al espectador las mismas sensaciones y reflexiones, por lo que la cuestión de autor o autora debe estar muy presente incluso a la hora de adaptar la imagen a la descripción oral. En esa tesitura se conocen una encargada de tales explicaciones y un fotógrafo que está perdiendo la visión y forma parte del comité que evalúa los trabajos de la joven escritora y traductora. Trabajada como metáfora de lo efímero y lo pasajero, de cómo lo que vemos desaparece, y en última instancia cómo todo queda en el recuerdo y la nostalgia del pasado y su belleza, Kawase plantea sin embargo una historia de amor que nunca llega a cuajar ni convencer, que se pierde en sus idas y venidas entre sesiones de cine y problemas emocionales de una y otro. La inevitable pérdida del ser querido y, en última instancia, el absurdo de la vida y la necesidad de llenarla de luz para darle algún sentido, subyace en el interior de una cinta que no llega a volar con la intensidad y el lirismo que pretende, quedando en un producto sutil pero definitivamente tristón. A destacar en su minimalista banda sonora al jazzista francés Ibrahim Maalouf, hace dos temporadas presente en el ciclo de jazz del Lope de Vega.