miércoles, 23 de enero de 2019

LA FAVORITA Eva al desnudo en época dieciochesca

Título original: The Favourite
Reino Unido 2018 119 min.
Dirección Yorgos Lanthimos Guión Deborah Davis y Tony McNamara Fotografía Robbie Ryan Música Johnnie Burn Intérpretes Olivia Colman, Emma Stone, Rachel Weisz, Nicholas Hoult, Joe Alwyn, James Smith, Mark Gatiss, Jenny Rainsford Estreno en el Festival de Venecia 30 agosto 2018; en Estados Unidos 21 diciembre 2018; en España 18 enero 2019

El director de Canino y Alps se consagra definitivamente en el cine americano con esta presunta producción inglesa, una tragicomedia de época ambientada durante el reinado de la primera monarca de Gran Bretaña, Ana Estuardo, y centrada en su relación con Sarah Jennings, Duquesa de Marlborough, y la doncella con ascendencia aristocrática Abigail Mesham. El director de Langosta y la poco reconocida pero fascinante El sacrificio de un ciervo sagrado, vuelve a hacer gala de su extravagante estilo para poner en pie un guión ajeno (todos los anteriores los firmaban él y su colega Efthymis Filippou) y sin embargo tan extravagante como él mismo, plagado de vulgaridades y obscenidades tan inusuales e incluso insólitas en este tipo de cine tradicionalmente refinado y suntuoso. Sus señas de identidad se traducen en un uso abundante del ojo de pez, quién sabe si para distorsionar aún más un relato trágico amortiguado por su intencionalidad cómica y no suficientemente contrastado a nivel histórico, o sólo para ampliar el ángulo de visión; un uso también elocuente y caprichoso del sonido, y secuencias tan delirantes como el baile en el salón y su insólita coreografía. Con una puesta en escena a lo Barry Lyndon, aunque ambientada más de cincuenta años antes, y un uso similar de la música, que mete en el mismo saco a Purcell, Haendel o Schubert, aunque pertenezcan a épocas decididamente diferentes, la película de Yanthimos destaca por su barroquismo y lujosa producción, pero sobre todo por sus protagonistas. Aunque consideradas en todos los premios a los que han optado y optan como secundarias, Weisz y, sobre todo, Stone realizan trabajos protagónicos, tanto o más que Colman, la auténtica revelación de la película, capaz de catalizar en su mirada y su gesto toda la intriga que suscitan sus damas de compañía, una Margo Channing que influye en la reina para resolver la Guerra de Sucesión Española de la forma más ventajosa pero dolorosa para Gran Bretaña, y su rival, una arribista Eva Harrington que no duda en utilizar todas las artimañas en su favor, incluidos favores de alcoba y abuso de la tragedia ajena (la reina perdió hasta diecisiete hijos e hijas) para alcanzar su propósito y, paradójicamente, resolver ese conflicto de manera pacífica, lo que supuso a su vez un nuevo choque entre toris y whigs en el parlamento. Al final nos queda una de esas intrigas palaciegas tan del gusto de la burguesía intelectual y bienpensante, contada quizás de forma diferente y más audaz, pero sin lograr quitarse de encima esa pátina de drama histórico de la que parece quiera huir disfrazándose de comedia delirante y una pizca disparatada. Atención a la grafía de los títulos de crédito, muy original pero difícil de seguir.

GLASS El cómic como reflejo del talento incómodo

USA 2019 129 min.
Guión y dirección M. Night Shyamalan Fotografía Mike Gioulakis Música West Dylan Thordson Intérpretes James McAvoy, Bruce Willis, Samuel L. Jackson, Sarah Paulson, Anne Taylor-Joy, Spencer Treat Clark, Charlayne Woodard, Luke Kirby, Adam David Thompson Estreno en España y Estados Unidos 18 enero 2019

Cuando Shyamalan estrenó El protector (Unbreakable), justo después del enorme éxito cosechado con El sexto sentido, nadie, suponemos que ni él mismo, pensó que se tratara de la primera parte de una trilogía que cierra ahora con ésta su última película. Tras los batacazos de Airbender: El último guerrero y After Earth, el director indioamericano recuperó su espíritu y el favor del público con la irregular La visita, y lo revalidó definitivamente con la irritante Múltiple (Split), cuyo final sí vaticinaba definitivamente una secuela en la que se viera implicado Don Glass, el antagonista de Bruce Willis en aquél film del año 2000 que analizaba en términos intelectuales el papel del superhéroe en la sociedad moderna. La Bestia se las tiene que ver ahora con el Protector en una trama urdida por la imaginación y el intelecto de Glass, y Shyamalan aprovecha esta típica historia de superhéroes para hacer lo que mejor sabe hacer y nos tenía acostumbrados, que es utilizar el género fantástico y de terror para cuestionar temas que nos interesan como seres humanos que viven en una sociedad supuestamente civilizada. Como poseedores de un talento especial, los personajes retratados en esta película resultan incómodos e inoportunos en una sociedad a la que sólo interesa encumbrar la mediocridad con el fin de controlar y manejar los entresijos del poder sin que nadie lo cuestione ni se dé cuenta. Se trata ni más ni menos que analizar la política predominante en los países de nuestro entorno y los poderes que la manejan, así como el papel que debieran jugar los medios de comunicación para desenmascarar la intriga y la injusticia. Por fin, después de varios vaivenes, recuperamos a ese director que tanto admiramos en títulos como Señales, El bosque o El incidente, capaz de reflexionar sobre temas de candente actualidad a través de géneros donde priman el mero entretenimiento y la fascinación por lo inexplicable y lo desconocido, géneros que más cuentan con el favor del público. Y lo consigue gracias a una buena dosificación de recursos, sin las exageraciones de este tipo de producciones ni los delirios a los que nos tienen acostumbrados las adaptaciones de cómics, procurando dotar de cierto realismo un espectáculo que sin él perdería todo su poder de convicción y dejaría de invitarnos a reflexionar. Los intérpretes de adaptan al conjunto con solvencia y naturalidad, teniendo en cuenta que el desdoblamiento de personalidad de James McAvoy, con hasta veinte identidades distintas, sólo puede resolverse con sobreactuación e histrionismo. El acabado dialéctico y el uso de los espacios resultan también convincentes, aunque en el camino algún detalle lastre parte de la credibilidad de la propuesta, como la escasa vigilancia a la que son sometidos los protagonistas, encerrados en una prisión psiquiátrica se supone que de alta resolución y seguridad. Shyamalan imprime de fuerza e intriga los extremos de la película, pero se vuelve discursivo y monótono en su segmento central, lo que no impide el entusiasmo con el que hemos saludado esta tercera y definitiva entrega de su particular visión de los héroes de cómic.

lunes, 21 de enero de 2019

GENTE QUE VIENE Y BAH Comedia romántica, honesta, rosa y con apuntes dramáticos

España 2019 97 min.
Dirección Patricia Font Guión Dario Madrona y Carlos Montero, según la novela de Laura Norton Fotografía David Valldepérez Música Arnau Bataller Intérpretes Clara Lago, Carmen Maura, Alexandra Jiménez, Álex García, Carlos Cuevas, Paula Malia, Fernando Guallar, León Martínez, Ferrán Vilajosana, Eduardo Ferrés Estreno 18 enero 2019

No se sabe mucho de la presunta autora que se escuda bajo el seudónimo de Laura Norton, salvo que tuvo mucho éxito con No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas, que fue llevada al cine sin demasiada fortuna, así como con la novela en la que se basa esta película, que esperemos tenga más éxito comercial. Sin duda ofrece lo que promete, y lo hace bien y cuidadosamente. Su directora debuta en el largometraje con este título, engrosando la ya larga lista de realizadores y realizadoras debutantes en este país, pero muestra cierta pericia adquirida en sus trabajos en el cortometraje y la televisión, de forma que logra transmitir lo que se pretende con esta comedia romántica rosa y amable. Por ser rosa lo es hasta el extravagante coche del galán, interpretado por Álex García, como el resto del reparto, con fe y confianza en lo que se pretende, que no es sino entretener y emocionar a los más vulnerables, especialmente los promiscuos del amor para quienes resulte fácil identificarse con sus arquetípicos personajes. Una encantadora Clara Lago de tierna mirada y una entrañable Carmen Maura contenida y armoniosa encabezan la familia protagonista, que se pretende estrambótica pero que es tan conservadora y tradicional como lo puedan ser en los ambientes americanos en los que se inspira irremediablemente este film. Hasta la música de Arnau Bataller camina por ese sendero de amabilidad y buenismo tan propio de las músicas por ejemplo del artesano Marc Shaiman, mientras los espacios, rústicos y urbanos, son más identificables con el cine americano que con nuestra propia iconografía. Se agradece sin embargo el espíritu amable y elegante que lo inunda todo, sin las estridencias ni los malos rollos habituales en el género tal como se cultiva en nuestro país. Las sonrisas y las lágrimas están buscadas y encontradas, lo que ya es suficiente cuando no se pretende nada más. Lo presuntamente extravagante se refugia en algún sorprendente personaje secundario y en el hecho de que como otras veces no se entiende de dónde sale el dinero para sustentar tan numerosa familia. La belleza, la riqueza y la eterna primavera, marca también de la casa en la interminable serie de telefilms alemanes que entretienen las sobremesas de La 1, contribuyen a dejarlo todo bien atado y que los ingredientes introducidos en la computadora logren el buen funcionamiento de la empresa.

UNA ROSS INVOLUCRADA EN LA MEJOR MÚSICA DE CÁMARA

Concierto nº 5 del XXIX ciclo de música de cámara ROSS-ELI. Vladimir Dmitrenco y Jill Renshaw, violines. Jacek Policinski y Jerome Ireland, violas. Nonna Natvlishvili, violonchelo. Vicente Fuertes Gimeno, contrabajo. Programa: Sexteto para cuerdas en Re menor, de Borodin; Sexteto para cuerdas de la ópera “Capriccio” Op. 85, de Strauss; Sexteto para cuerdas en Re menor “Souvenir de Florence” Op. 70, de Chaikovski.
Espacio Turina, domingo 20 de enero de 2019

Jacek Policinski
Vladimir Dmitrenco y sus colegas dedicaron este quinto programa del ciclo de cámara a su no ex compañero Jacek Policinski, como así quieren considerar al violista que hace tiempo disfruta de una merecida jubilación pero no duda en involucrarse con el resto de su plantilla cuando las circunstancias lo permiten. Este entusiasmo e implicación pareció informar el concierto, influyendo en sus resultados para que fueran tan brillantes. Paradójicamente cuando más trabajo hay y menos te puedes relajar, los resultados suelen ser más satisfactorios. Sólo así se explica cómo entre un programa tan exigente como el despachado por la Sinfónica el pasado jueves y esa siempre complicada Sinfonía Alpina que les espera el próximo, aún quedasen fuerzas para salir tan airosos entremedias.

Tres sextetos de cuerda integraron el programa, aunque el segundo violonchelo fue sustituido en todas las partituras por un contrabajo, con el fin según explicaron de dar más cuerpo al conjunto acentuando su registro grave. Y ciertamente así fue, logrando rebajar la ligereza del Sexteto de Borodin, compuesto en estilo mendelssohniano al poco de contraer matrimonio, con el fin de agradar a los numerosos amigos alemanes que conoció durante sus innumerables viajes de juventud. Sus dos únicos movimientos conservados disfrutaron de un trabajo grácil y comprometido, armonioso y encantador. El Sexteto de Strauss sirve como introducción u obertura a su ópera de corte intelectual Capriccio, inspirada por Stefan Zweig, cuyas múltiples pretensiones la convierten en una pieza fecunda pero algo artificiosa. Su Sexteto sin embargo es pura delicia, un vehículo sumamente elegante con una paleta de colores y armonías opulenta, y unas texturas instrumentales ricas que los intérpretes supieron salvar con todos sus matices y articulaciones, logrando una recreación vitalista y arrebatadora de la pieza.

Dmitrenco, Ireland, Renshaw y Natsvlishvili
La más extensa de las tres obras, el sexteto Souvenir de Florencia de Chaikovski, inspirada por su estancia en la ciudad italiana mientras componía La dama de picas, y con una estética alegre y desenfadada en las antípodas de la negrura de la ópera, disfrutó del mismo entusiasmo que acusó el autor en su composición. Pareciera que la música fluyese sin esfuerzo, con total naturalidad, abarcando un generoso abanico de emociones y sensaciones, suscitando un enérgico frenesí. Sus líneas elegantes y distinguidas, así como sus voces encadenadas en permanente diálogo, encontraron eco en una interpretación ejemplar, electrizante y desafiante que provocó la más encendida admiración del público.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 20 de enero de 2019

MERCERO, CANGEMI Y MENA NOS EMBELESAN

Recital lírico. Verónica Cangemi, soprano. Carlos Mena, contratenor. Orquesta Barroca de Sevilla. Andoni Mercero, concertino-director. Programa: Concierto para cuerdas RV 155 y Concierto para dos violines, violonchelo, cuerdas y cémbalo RV 565, de Vivaldi. Arias y escenas de Griselda, L’Olimpiade y Andromeda liberata, de Vivaldi; Arias y escenas de Rinaldo, Armida abbandonata y Radamisto, de Haendel. Teatro de la Maestranza, jueves 17 de enero de 2019

Andoni Mercero
Casi siempre cubriendo con creces nuestras expectativas, a la Barroca de Sevilla le ha costado siempre afianzarse como orquesta habitual en el principal coliseo hispalense, pero por fin parece que sus plegarias se están escuchando y más de veinte años después de su fundación puede que sean más las ocasiones en las que la veamos en la escena del Maestranza, esperamos que incluso como orquesta de foso en algún título operístico barroco, que tanto se hace de rogar en nuestro teatro. Arropando a la soprano argentina Veronica Cangemi y al contratenor Carlos Mena, la Barroca ofreció el sábado noche una espléndida actuación, de esas que logran embelesar a un público atento y entregado.

Carlos Mena
A las órdenes del concertino también vasco Andoni Mercero, la orquesta sonó espléndida, brillante en articulaciones y regulación del volumen y el sonido, con cuerpo y decisión y una proverbial facilidad para suscitar las más ardientes e impulsivas emociones. Mercero nos regaló además solos de violín absolutamente maravillosos, tanto como solista en el Concierto RV 155 de Vivaldi, con cuyo Largo intermedio logró extraer de la partitura toda su arrebatadora belleza, como ejerciendo de anfitrión en un Concierto RV 565 del mismo autor con el que tuvo que medir fuerzas con los también sensacionales Pedro Gandía al duelo de violín y Mercedes Ruiz dando cuerpo al conjunto con su violonchelo. Pero también destacó meciendo la dulce voz de Mena en el sobrecogedor Sovvente il sole de Andromeda liberata, también del prete rosso.

Verónica Cangemi
Muchos años de exitosa carrera rubrican la confianza depositada en Cangemi, por primera vez en Sevilla, una ciudad que confesó encandilarle tanto que decidió cambiar el más sencillo Superbo di me stesso de L’Olimpiade por un vertiginoso y circense Agitata da due venti de Griselda que evidenció una voz mal colocada, áspera y fatigada, que esforzaba al máximo para conseguir sin éxito entonar sus endiabladas ornamentaciones. Menos mal que, especialmente en la segunda parte del concierto, dedicada a Haendel, mejoró en general, ya sin asperezas, manteniendo el color y la espesura, y exhibiendo unas agilidades en su justo punto. El timbre es bellísimo y su buen gusto inatacable. En las propinas ofreció un personal y muy matizado Lascia ch’io pianga que Mercero adornó con preciosas ornamentaciones al violín. Por su parte Mena nos sobrecogió en el aria antes mencionado, con pianissimi increíbles, así como en ese Bello rayo de esperanza que daba título al concierto, y sobre todo en el Mentre dormi que canta Licida en L’Olimpiade. Su excelente gusto y capacidad para modular y mantener en la medida de lo posible el tono de su registro, hicieron de su aportación un bálsamo al que el público respondió entusiasmado.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 19 de enero de 2019

UN ORFEO Y EURÍDICE INCÓMODO EN EL VILLAMARTA DE JEREZ

Orphée et Eurydice, de Christoph Willibald Gluck. Versión francesa de Pierre-Louis Moline, según el libreto de Raniero di Calzabigi. Carlos Aragón, dirección musical. Rafael Rodríguez Villalobos, dirección de escena y dramaturgia. Jesús Ruiz, escenografía y vestuario. Miguel Ruz, iluminación. Con José Luis Sola, Nicola Beller Carbone, Leonor Bonilla y Martín Puñal. Orquesta Filarmónica de Málaga. Coro del Teatro Villamarta dirigido por José Ramón Hernández y Ana Belén Ortega. Producción del Teatro Villamarta. Teatro Villamarta de Jerez, viernes 18 de enero de 2019

Sola y Carbone. Bonilla en el cuadro. Foto: Javier Fergo
Una importante representación de la comunidad musical sevillana se dio cita el viernes noche en el Teatro Villamarta de Jerez para descubrir una producción del mítico título de Gluck de notable esfuerzo andaluz pero resultados más bien incómodos. Varios de los talentos triunfadores en los dos últimos espectáculos líricos disfrutados en el Maestranza confluyeron en esta producción del propio Villamarta, como son la soprano Leonor Bonilla, auténtica revelación en Lucia di Lammermoor del pasado octubre, el tenor José Luis Sola, competente arlequín en El emperador de Atlántida, Nicola Beller Carbone, sensual protagonista en El dictador y el anterior título ofrecidos en programa doble el pasado mes de diciembre, y sobre todo el joven y prometedor director escénico Rafael Villalobos, que logró una interesante visión de la ópera breve de Krenek y una notable revisión de la de Ullman, y ahora realiza una personal adaptación escénica del drama de Orfeo en los infiernos.

Foto: Javier Fergo
Para Villalobos el Amor surge de la juventud y convierte a la pareja protagonista en un inspirador y potente motor con el que alimentar toda una vida de compañerismo altruista y entregado. Por eso aquí no hay tres sino cuatro personajes que son dos. Orfeo joven y viejo, Eurídice joven y vieja. Los jóvenes son el amor, lo que da más posibilidades de protagonismo a una emergente Leonor Bonilla, un Amor trasmutado en el tercer acto en Eurídice, compartiendo el rol con Carbone. Mientras el actor Martín Puñal encarna también al Amor, esta vez en la persona de un Orfeo joven y enamorado, que declama a Sartre al principio del último acto y esboza unos pasos de baile en esta versión estrenada en París una década después de su estreno vienés en italiano. El infierno es el dolor, nunca mejor representado que entre las almas condenadas a la enfermedad que habitan en un sanatorio, donde se ambienta un segundo acto enérgico, truculento y desasosegante, lo mejor de la función. Y el único final lieto posible es asumir la desaparición del ser querido, la propia soledad y la espera conforme del desenlace que a todos nos espera, la muerte. Vestuario, escenografía y actitud, todo recuerda al laureado film de Michael Haneke sobre el Amor, inspiración en la que basa Villalobos esta visión de la tragedia clásica que prescinde del mito y su influencia en las artes, especialmente musicales, para centrarse exclusivamente en el dolor del amor. Salvo en ese acto central, su dirección necesita más trabajo, llenar los momentos instrumentales, más abundantes en la versión francesa por destinados a un baile aquí ausente, con movimientos más inspirados y decididos, pues en sus actos extremos la producción nos pareció algo plomiza. Presupuesto manda y, como era de esperar, todo es sencillo y humilde, aunque deja apreciar la capacidad del teatro para albergar producciones de enjundia, con cambios ágiles de escena y maquinaria solvente para resolverlos. En este punto celebramos también el buen trabajo de iluminación desplegado por Miguel Ruz.

Orfeo (Sola) entre Eurídice vieja (Carbone) y joven (Bonilla)
Más decepcionante resultó la función en el aspecto puramente musical. A una Filarmónica de Málaga que en su esfuerzo por sonar en estilo derivó erráticamente en más austeridad de la conveniente y una ausencia total de morbidez y sensualidad, hubo que añadir una batuta monocorde, autómata y sin sensibilidad, y unos recursos especialmente pobres en los metales, provocando una continua languidez, uniformidad y carencia de fuerza expresiva. Mucho mejor resultó la Orquesta Manuel de Falla en aquel Orfeo y Eurídice más convencional de hace quince años en el mismo teatro, donde destacaron las muy satisfactorias voces del contratenor Flavio Oliver y la sopranos Beatriz Lanza y Ruth Rosique, presente también ayer entre el público. La voz de Orfeo en la versión francesa de este título imprescindible y renovador de la ópera en lo dramático y lo musical, deriva del castrato contralto o soprano, según quién lo cantara, al tenor que la estrenó en París, porque allí no gustaban los castrati. Desde la versión adaptada por Berlioz puede también cantarlo una contralto, en consideración a Pauline Viardot, e incluso un barítono. Como hijo de las musas y padre de la música, Orfeo se adapta a todos los timbres de voz, siempre que se haga en estilo. José Luis Sola ni posee la capacidad y la fuerza para sostener todo el peso de la función, ni logró adaptar su registro al tono y el estilo adecuados, por lo que parecía estuviésemos escuchando a Verdi o Bizet en lugar de a un autor clásico cada vez que entonaba un recitativo o un aria, todo un dislate. Además acusó frecuentemente estridencias, estrangulamiento e incómodos cambios de registro, y fue incapaz de afrontar agilidades ni provocar impacto emocional. En cuanto al coro, hizo un trabajo competente salvo en algunos pasajes en los que acusó falta de coordinación y cierto desequilibrio. Con una batuta y un tenor protagonista fuera de estilo, poco pudieron hacer el resto, unas competentes Leonor Bonilla y Nicola Beller Carbone que lucieron lo que pudieron y cómo pudieron dentro de un espectáculo tan incómodo para un público mínimamente exigente – luego está el que aplaude a todo – como para el implicado más consciente y autocrítico.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 18 de enero de 2019

ESPLÉNDIDA ROSS BAJO LA MAGISTRAL BATUTA DE MARC ALBRECHT

XXIX Temporada de Conciertos de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Alexei Volodin, piano. Marc Albrecht, director. Programa: Till Eulenspiegel lustige Streiche, de Strauss; Concierto para piano nº4, de Rachmáninov; L’apprenti sorcier, de Dukas; Suite de L’oiseau de feu, de Stravinski. Teatro de la Maestranza, jueves 17 de enero de 2019 

Marc Albrecht
Rafa Castaño, magnífico y simpático concursante de los programas de televisión Saber y ganar y Pasapalabra, encaró con desparpajo y mucha profesionalidad el Érase una vez fundamental para introducir las obras basadas en cuentos y fábulas populares que Marc Albrecht y la Sinfónica cocieron con la maestría de un exigente chef de cocina y su equipo. Tras unas estrofas de Las aventuras de Till Eulenspiegel recitadas por el carismático sevillano, el director, ducho en el poemario sinfónico de Richard Strauss, a quien ha dedicado al menos dos de sus registros, no perdió detalle y se movió rápida y elocuentemente por las peripecias del joven protagonista, antaño un campesino medieval que se rebeló contra la burguesía conservadora e inspiró la rebelión flamenca contra la tiranía de Carlos V, y que en el mundo de las leyendas se convirtió en mero provocador y bromista, caracteres bien reflejados en una lectura minuciosa y precisa, con su punto justo de socarronería, aunque ahondando no tanto en la ironía y el tono burlón como en el aliento de libertad que inspira la partitura, ante la que la orquesta desplegó todo su virtuosismo y esplendor. Hubiésemos preferido que Crambes se aplicara más en sus solos de violín; le hemos conocido tiempos mejores y los añoramos.

Imagen retrospectiva de Alexei Volodin
A Elexei Volodin ya tuvimos el placer de disfrutarlo en anteriores temporadas, en un excelente Concierto Egipcio de Saint-Saens junto a la también estupenda batuta de Stanislav Kochanovsky en 2015, y unas más discutibles Variaciones Paganini de Rachmaninov junto a Edmon Colomer y la Filarmónica de Málaga en 2012, en un concierto en el que curiosamente también se interpretó Till Eulenspiegel. Con el compositor ruso y su poco frecuente Concierto nº 4, Volodin demostró ser también un fuera de serie, capaz de captar el espíritu romántico y arrebatado del autor desde sus primeros y muy majestuosos compases. Sin embargo tuvimos la impresión de no implicarse suficientemente en el primer movimiento, lo que no fue obstáculo para transmitir el lirismo y la aristocracia de la partitura. Tras un elegíaco y pausado Largo de aliento triste y melancólico, Volodin remató con un dinámico Allegro vivace en el que desplegó todo su virtuosismo y dominio técnico, además de un exacerbado sentido expresivo muy bien secundado por una orquesta que Albrecht controló hasta en los detalles más incisivos. El pianista ruso tuvo que esforzarse por no desconcentrarse a pesar de las molestias que le ocasionaron una pareja en primera fila, a la que no dudó incluso en llamar la atención.

Rafa Castaño
Stokowski estrenó este concierto de Rachmáninov, y fue él precisamente quien más popularizó el poema sinfónico de Paul Dukas El aprendiz de brujo, cuya elocuente música siempre asociaremos a Mickey Mouse. Con Castaño de nuevo introduciendo la pieza, leyendo la balada de Goethe en la que se inspira, Albrecht atacó la obra con decisión y extrema transparencia. Tempi rápidos y muchos matices en una interpretación dinámica, metálica y deslumbrante, cuyo plácido pero misterioso final, en concordancia con el del poema straussiano, malogró un impertinente móvil que despertó el gesto enfadado del director. En El pájaro de fuego Albrecht resaltó las influencias que Stravinski recibió de su maestro Rimsky Korsakov y su admirado Ravel, destacando su voluptuosa orquestación en la Danza infernal de Kastchei y el portentoso crescendo final, sin grandilocuencias gratuitas más allá de plasmar el carácter épico y fabulador de la música. Pero también resultó riguroso y lírico en pasajes como el Rondó de las princesas y la Canción de cuna. Con directores así recuperamos a una ROSS tan brillante y segura como la que solíamos disfrutar de forma ininterrumpida hace ya algunas temporadas.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 16 de enero de 2019

EL GRAN BAÑO Terapia sincronizada

Título original: Le grand bain
Francia 2018 110 min.
Dirección Gilles Lellouche Guión Gilles Lellouche, Ahmed Hamidi y Julien Lambroschini Fotografía Laurent Tangy Música Jon Brion Intérpretes Matthieu Amalric, Guillaume Canet, Benoît Poelvoorde, Jean-Hughes Anglade. Virginie Efira, Philippe Katerine, Leïla Bekhti, Marina Foïs, Alban Ivanov, Felix Moati, Balasingham Thamilchelvan, Jonathan Zaccai, Noée Abita, Mélanie Doutey Estreno en el Festival de Cannes 13 mayo 2018; en Francia 24 octubre 2018; en España 11 enero 2019

En 2010 un tal Dylan Williams decidió plasmar sus experiencias en el documental Hombres sincronizados (Men Who Swim), sobre un equipo masculino de natación sincronizada integrado por cuarentones en crisis, que dio origen a su vez a un largometraje de ficción producido por el propio Williams el año pasado y dirigido por Oliver Parker (Otelo, Un marido ideal, El retrato de Dorian Gray) que se titula Swimming with Men (Nadando con hombres). Esta misma base argumental curiosamente ha servido también, aunque no se acredite, para el debut en la dirección en solitario del popular actor francés Gilles Lellouche, con veinte años de carrera a sus espaldas y un par de largometrajes dirigidos en colaboración con otros, Narco y Los infieles. Lo cierto es que Lellouche demuestra en su debut en solitario buen pulso narrativo y buen criterio a la hora de definir traumas y frustraciones sin resultar empalagoso ni estridente, a pesar de que sus personajes sí lo son y su tendencia al exceso y la histeria resulta más que notable. Asistimos al devenir de la vida de una serie de hombres entre los cuarenta y los cincuenta, deprimidos por la crisis (Amalric), frustrados profesionalmente (un roquero Jean-Hugues Anglade, legendario protagonista de Betty Blue hace treinta años), irresponsables viva-la-vida (Poelvoorde), amargados existenciales (Canet) o simples e ingenuos (Katerine), que exorcizan sus males entrenando en un equipo amateur de natación sincronizada con vistas a participar en un campeonato internacional, cuya disciplina y rigor les sirve para mantener cierto equilibrio en sus heridas vidas y tomar el timón con mayor fortuna y decisión. Pero bajo esta premisa y desarrollo argumental, Lellouche afronta otros temas de interés coyuntural, como son los roles de género, a partir de una disciplina deportiva tradicionalmente asociada a las mujeres, a pesar de que las crónicas datan el nacimiento del deporte a principios del siglo XX como una disciplina masculina. También las frustraciones del hombre moderno son tomadas en consideración en una película que analiza de forma distendida y amable el entorno en el que vivimos, acuciados por la competitividad, la búsqueda de un éxito irrenunciable, los modelos de familia tradicionales o el feminismo pasivo, el que refleja conductas en la mujer tan reprochables como las tradicionalmente asociadas al hombre. Un sinfín de temas y cuestiones que deben ser descubiertas por cada espectador o espectadora, y analizadas según nuestro criterio y formación, ya que Lellouche, como director y guionista, se dedica a esbozarlas y dar un sentido de conjunto amable y distendido al conglomerado final. El problema hubiera sido no dar credibilidad a los personajes y sus situaciones, pero también aquí el realizador sale victorioso, mientras la vena cómica se hace esperar hasta una segunda parte en la que surge una entrenadora cuyos métodos son tan expeditivos como hilarantes, así hasta desembocar en el inevitable campeonato final en el que estos cuerpos avejentados tienen que vérselas con otros equipos más lustrosos. El norteamericano Jon Brion (Magnolia, ¡Olvídate de mí!) y un buen ramillete de canciones fundamentalmente de los ochenta y noventa ilustran también de forma agradable y satisfactoria el devenir de este conjunto de hombres con sus incapacidades, que todos y todas las tenemos.

martes, 15 de enero de 2019

LA BALADA DE BUSTER SCRUGGS El destino en seis pictóricos cuentos

Título original: The Ballad of Buster Scruggs
USA 2018 132 min.
Guión y dirección Joel y Ethan Coen Fotografía Bruno Delbonnel Música Carter Burwell Intérpretes Tim Blake Nelson, Zoe Kazan, Tom Waits, James Franco, Liam Neeson, Brendan Gleeson, Tyne Daly, Saul Rubinek, Harry Melling, Bill Heck, Grainger Hines, Clancy Brown, Jefferson Mays, Prudence Wright Holmes. Jonjo O’Neill, Chelcie Ross, Willie Watson Estreno en el Festival de Venecia 31 agosto 2018; en Estados Unidos 9 noviembre 2018; en España (Internet) 16 noviembre 2018

La última película de los Hermanos Coen también ha sido sustraída de los circuitos habituales de exhibición para ponerla sólo a disposición de los hogareños que todo lo quieren ver en televisión, pagando cuota mensual y conformándose con una pantalla que, aunque cada vez sea mayor, sigue sin poder competir con las de las grandes salas de cine. El colmo del despropósito es rodar en panorámica como hizo Cuarón con Roma, o plasmar los grandes paisajes del salvaje oeste americano como hacen los Coen, y que su destino sea la pantalla doméstica. Son los designios del destino y la modernidad, que poca estrategia comercial parecen seguir sustrayendo al verdadero cinéfilo productos que están diseñados para satisfacer su apetito y no el del perfil doméstico al que están acabando complaciendo. Diseñada como serie de seis episodios sobre los personajes típicos y tópicos que habitaban en el antiguo oeste, los Coen finalmente decidieron convertirla en una película de episodios con todo el sabor nostálgico y melancólico que caracteriza sus últimas producciones, desde Valor de ley a Ave César pasando por A propósito de Llewyn Davis. Ese sabor añejo se plasma ya en las páginas del libro del que presuntamente surgen estas seis evocadoras y entrañables historias, dos de las cuales están inspiradas en relatos de Jack London (Cañón dorado) y Stewart Edward White (La chica que se puso nerviosa), mientras el resto surgen enteramente de la pluma de estos dos míticos hermanos cineastas, pero manteniendo todo el espíritu épico y a la vez intimista que recorre un imaginario inspirado en las grandes epopeyas fordianas y hawksianas. Empezando por los hilarantes duelos del cowboy cantarín con atuendo a lo Tom Mix o Roy Rogers que interpreta Tim Blake Nelson, siguiendo con el poco afortunado ladrón de bancos al que da vida James Franco con semejando hilaridad, poniéndose más serios con Liam Neeson interpretando a un empresario sin escrúpulos que explota cruelmente a un tullido que recita a Shakespeare, retratando con un preciosismo pictórico impresionante las verdes montañas donde el río advierte a Tom Waits de la quimera del oro, así como las grandes llanuras que atraviesa una interminable caravana de pioneros en la que surge el amor verdadero entre Zoe Kazan y Bill Heck a partir de otro de conveniencia, y termina con la inevitable diligencia en la que viajan Tyne Daly, Saul Rubinek y Brendan Gleeson al único destino posible, todo con un inconfundible sentido mortuorio que intenta recordarnos lo efímera y a menudo inútil que es nuestra existencia. Un prodigioso espectáculo colorista plagado de estrellas, disfrutable de principio a fin, que retoma el clasicismo de la puesta en escena del género más genuinamente norteamericano, bañado con una hermosísima banda sonora del tercer Coen, Carter Burwell, logrando no sólo entretener sino hacernos reflexionar con tanta emoción como pesar sobre la condición humana.

sábado, 12 de enero de 2019

VOCALCONSORT BERLIN CON LICENCIA PARA CONVERTIR

Ciclo La Europa de Murillo. Vocalconsort Berlin. Ralph Sochaczewsky, director.
Programa: Bach to Buxtehude. A Nordic Pilgrimage (Membra Jesu Nostri BuxWV 75, de Buxtehude; Cantata “Nach Dir, Herr, verlanget mich" BWV 150, de J.S.Bach).
Espacio Turina, viernes 11 de enero de 2019

Cada vez que han recalado en nuestra ciudad nos han dejado un inmejorable sabor de boca, hace seis años junto a las coreografías del cordobés Antonio Ruz y la música de Lobo, Gesualdo y Desprez, y un año después con el espectáculo multicultural La alegoría del deseo, junto al conjunto belga Zefiro Torna y la cantante tunecina Ghalia Benali, siempre adaptándose como un guante a cada particular propuesta estética. Esta vez Vocalconsort Berlin lo ha hecho con un programa más a su medida, sumergiéndose en el barroco de tintes más poéticos y piadosos, abordando una de las páginas más sobrias e insignes del catálogo del compositor y organista alemán Dietrich Buxtehude, y coronándolo con una cantata primeriza de Bach, en cierto modo entroncada con el universo del autor de Membra Jesu Nostri.

Este oratorio, considerado como el primero de la historia de carácter luterano, constituye un prodigio matemático de estructura precisa y muy meditada, dividido en siete partes correspondientes a siete miembros del cuerpo de Cristo fustigados por el tormento en la cruz y objeto de unas páginas tan conmovedoras como poseedoras de una electrizante belleza melódica y armónica. Combinando textos bíblicos en las partes corales o conciertos con fragmentos del poemario espiritual Salve Mundi Salutare o Rhythmica Oratio de Arnulf de Louvain, el coro tiene aquí posibilidades para lucir tanto en conjunto como por separado en las arias para solistas, que nos permitieron disfrutar con las encantadores voces solistas de la contralto Anne Bierwirth, cuya voz sedosa y bien articulada transmitió delicadeza y piedad en piezas como el aria dedicada a las rodillas, o el bajo Jakob Ahles, quien más tiempo permaneció como solista llevando las riendas en piezas como el bellísimo Ave, verum templum Dei correspondiente al pecho, y la soprano Amrei Beuerle entonando con decisión y aplomo el Clavus pedum en la primera de las cantatas que integran este singular oratorio. También el tenor Stephan Gähler y la soprano Kathleen Danke hicieron gala de una notable precisión y una refinada articulación, aunque algo por debajo de sus colegas solistas.

En la parte instrumental brilló el continuo de Elina Albach al órgano, con notable acompañamiento de laúd y violonchelo y un elegante y así mismo piadoso trabajo de los violines, así como el brillante refuerzo de Johanna Rose y Ventura Rico a las violas en la sexta cantata, dedicada al corazón. Todo bajo la mirada atenta y detallista del director elegido para la ocasión, el reputado Ralf Sochaczewsky, quien logró exprimir toda la belleza de una partitura que así ofrecida cuenta con más licencia para convertir a los más escépticos que los consabidos, rancios y superficiales sermones eclesiásticos. Nach Dir, Herr, verlanget mich (Hacia Ti, Señor, me elevo), la que muchos consideran primera de las cantatas conservadas de Johann Sebastian Bach, en cierto modo relacionada con el universo de su admirado Buxtehude, con más parte coral de lo habitual y ausencia total de recitativos, completó la audición, evidenciando la capacidad del conjunto para adaptarse a una estética diferente, más solemne y trascendental, así como su particular disposición para dotar de sentido teatral a una propuesta tan estrictamente musical como ésta.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 11 de enero de 2019

EL VICIO DEL PODER El ejercicio de la contraventa

Título original: Vice
USA 2018 132 min.
Guión y dirección Adam McKay Fotografía Greig Fraser Música Nicholas Britell Intérpretes Christian Bale, Amy Adams, Steve Carell, Sam Rockwell, Alison Pill, Eddie Marsan, Justin Kirk, LisaGay Hamilton, Jesse Plemons, Bill Camp, Don McManus, Lily Rabe, Shea Whigham, Stephen Adly Guirgis, Tyler Perry Estreno en Estados Unidos 25 diciembre 2018; en España 11 enero 2019

En la Grecia clásica, cuna de la democracia, el gobierno lo integraba la clase intelectual. Esa lógica y sana costumbre ha pervivido con sus más y sus menos hasta que en tiempos recientes nos hemos acostumbrado a que gente incompetente, sin apenas formación, y con la poca que tienen comprada o robada con influencias, rijan nuestro destino y nos impongan leyes y comportamientos que van definiendo un nuevo orden de las cosas en la que el talento y la concordia brillan por su ausencia. Dick Cheney podría situarse en ese bando de políticos analfabetos que sin embargo han resultado tan influyentes y poderosos que sus votantes y los que no lo son han tenido que adaptarse a sus desmanes. Al menos así lo describe Adam McKay en su nueva película después del éxito de La gran apuesta, que trataba también un tema de actualidad, la debacle inmobiliaria que provocó la crisis económica de 2008 que aún hoy estamos padeciendo. Brad Pitt y Will Ferrer, que ha protagonizado gran parte de la filmografía más prescindible de McKay, ejercen como productores de maestros de ceremonia de esta nueva denuncia americana a su sistema político y económico. Ellos mismos se venden, imponiendo su cultura y modo de vida al resto del mundo, y se critican, en una sempiterna y cansina operación de contraventa que a estas alturas está demostrado que no conduce a ninguna parte. En lo cinematográfico Vice (que en inglés tiene la doble acepción de vicio y vicepresidente) es un ejemplo de ese cine moderno vertiginoso y adrenalítico en el que el exceso de información y la cantidad de imágenes por segundo acaban provocando la extenuación y el caos. En este sentido no cabe duda de que, como ellos mismos aseguran en los sobretítulos del principio, se han currado la biografía de este estudiante y trabajador inepto, borracho y follonero que llegó a redefinir el cargo de vicepresidente de Estados Unidos, pasando de ser sinónimo de don nadie a ser quien tomara las decisiones más cruciales de la historia reciente, llevando las riendas de un país que su presidente, el inepto George W. Bush, era incapaz de asumir. Entre tanta imagen e información, tanta textura para mezclar noticiarios verdaderos con recreaciones (hasta Naomi Watts, que al igual que Alfred Molina no está acreditada, parece una auténtica reportera de televisión de la época) y tanta ilustración acústica y gráfica, apenas cabe apreciar la supuesta excelencia de las interpretaciones del camaleónico Christian Bale, que no duda en engordar tanto como adelgazar según el papel lo requiera, o Amy Adams, en busca siempre de ese Oscar que tanto se le resiste. Precisamente con la entrada de año se abre la veda de los estrenos oscarizables, y ésta es la primera en surgir. En fin, lo de siempre, mucho ruido y pocas nueces. Sólo nos cabe la nostalgia de imaginar qué hubiera hecho un Billy Wilder con semejante material, con su sutileza y elegancia habitual, sin tanto aspaviento y desmesura, y con el tiro mucho más certero, envenenado e incisivo que el de estos fabuladores modernos. Poca gracia hay en esta considerada comedia, porque el tema es dramático y terrible y hace falta más talento del que tiene el muy currante McKay para lograr extraer juerga del él. Hay calidad en el equipo y los componentes de esta película a la que por ese motivo no nos atreveríamos a calificar mal, pero considerada como un todo la empresa no llega a cuajar. A nuestro juicio sólo consigue hacernos reír en la delirante secuencia final que corona los créditos principales antes justo de la cortinilla definitiva; la última frase no tiene desperdicio.

Estreno de BORDER en salas comerciales

Reseña de la película, estrenada en el Festival de Cine Europeo de Sevilla el 11 de noviembre de 2018. Estreno en salas 11 de enero de 2019

Estreno de ATARDECER en salas comerciales

Reseña de la película, estrenada en el Festival de Cine Europeo de Sevilla el 11 de noviembre de 2018. Estreno en salas 11 de enero de 2019

jueves, 10 de enero de 2019

LA BAYADÈRE DEL BALLET CHECO: FANTASÍA INDIA A TRAVÉS DE LA DANZA

La Bayadère, de Ludwig Minkus. Ballet Nacional Checo. Filip Barankiewicz, dirección artística. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Václav Zahradník, dirección musical. Javier Torres, dirección escénica y coreografía según Marius Petipa. Annukka Pykäläinen, escenografía. Erika Turunen, vestuario. Daniel Tesar, iluminación. Principales intérpretes Alina Nanu, Nikita Chetverikov, Magdalena Matejková, Jirí Kodym, Mathias Deneux, Ondrej Vinklát, Maria Dorková, Alexandra Pera, Abigail Bushnell, Jonás Dolník, Matej Sust, Patrik Holecek, Roger Cuadrado. Teatro de la Maestranza, miércoles 9 de enero de 2019

Una vez más se repite la ceremonia, inauguramos otro año con un ballet clásico ilustrado por la ROSS desde el foso. Un imperativo lógico y pertinente dada la amplitud y ampulosidad de la partitura, pero que no evita hacernos anhelar otro tipo de espectáculos danzísticos que disfruten también de la música en directo, con estéticas y ambiciones diferentes que los sempiternos tutús, piruetas y giros imposibles, y que no beban de ese romanticismo musical originado en la Rusia imperial cuyo máximo exponente fue Chaikovski. Minkus otra vez en los atriles, tras el Don Quijote que de forma tan excepcional nos brindó el año pasado José Carlos Martínez y la Compañía Nacional de Danza. La bayadére fue ya objeto de este ballet antes llamado de Reyes en dos ocasiones, la última hace siete años, con una versión a cargo del Ballet de la Ópera de Varsovia.

La que ahora propone el Ballet Nacional Checo se beneficia de los talentos de su joven director artístico, el polaco Filip Barankiewicz, curtido en una floreciente carrera como bailarín y estandarte firme de esa tradición pura del ballet clásico, acaso y por extensión poco arriesgado o innovador. Se beneficia también de la coreografía creada por el más veterano bailarín mexicano Javier Torres, que a partir de ese intocable que es Marius Petipa ha revisado los recurrentes pasos clásicos introduciendo algunas licencias que lo acercan a un lenguaje si no más contemporáneo, sí algo más moderno, palpable por ejemplo en la danza del ídolo de bronce. Y se ha beneficiado también del buen oficio, la elegancia y la profesionalidad a la batuta del director checo Vaclav Zahradnik, capaz de extraer de la orquesta sonidos tan sensuales y aterciopelados como los que pudimos apreciar la noche del estreno, así como imprimir energía y empuje en los momentos más agitados, logrando además solos extraordinarios de flauta, arpa y violonchelo, no tanto de violín y viola, algo desinflados y menos envolventes.

Al contrario que en 2012, se optó por la versión en dos actos en lugar de la de tres revisada por John Lanchbery, que curiosamente es sensiblemente inferior en duración. Ello propició la recuperación de números tan estimulantes como la danza de conjunto masculino con el que se inició el segundo acto. En este sentido el cuerpo de baile cumplió competentemente, abrigados por unos suntuosos decorados muy en estilo, a fuerza de telones y con ágiles cambios de escena, además de un vestuario colorista y exquisito, todo lo cual contribuyó sobremanera a trasladarnos a ese mundo fantástico y exótico que a los pies de El Himalaya evocan los dramas del poeta indio Kalidasa en los que se basa el libreto de Petipa y Serguéi Judekov. ubo sin embargo muchos detalles de imprecisión y descoordinación que empañaron el resultado final, lo que no debería restar mérito al dificilísimo cometido de los bailarines. Entre los solistas destacaron Ondrej Vitklát aportando fuerza y agilidad a su ídolo de bronce, a pesar de algún desajuste final; la imponente personificación del Gran Brahmán que hizo Jiri Kodym; el nervio del joven Mathias Deneux como faquir; y sobre todo el trío protagonista, con Magdalena Matejková aportando gracia y expresividad a su papel de malvada Gamzatti, la extrema delgadez y fragilidad de la muy competente técnicamente Alina Nanu como protagonista, y la fuerza y la elegancia de Nikita Chetverikov como Príncipe Solor, capaz de saltos, giros y piruetas de enorme dificultad y palpable precisión, que merecieron los mayores aplausos del público. Cabe mencionar, aunque sea con carácter amable y romántico, la dignísima aportación de los niños del Conservatorio de Danza de Sevilla. En el lado negativo la perseverante y muy desagradable costumbre de una importante parte del público de toser de forma implacable e irrespetuosa, lo que impidió apreciar en su justa medida los espléndidos solos apuntados, y malograron estrepitosamente la entrada de las bayaderes en el reino de las sombras, momento cumbre de la pieza que contó para la ocasión con una onírica nevada a cargo de los creativos de Lunchmeat Studio.

miércoles, 9 de enero de 2019

JULIET, DESNUDA Pasiones con encanto

Título original: Juliet, Naked
USA 2018 105 min.
Dirección Jesse Peretz Guión Tamara Jenkins, Evgenia Peretz y Jim Taylor, según la novela de Nick Hornby Fotografía Remi Adefarasin Música Nathan Larson Intérpretes Rose Byrne, Ethan Hawke, Chris O’Dowd, Lily Brazier, Azhy Robertson, Ayoola Smart, Lily Newmark, Denise Gough, Phil Davis, Megan Dodds, Eleanor Matsuura, Enzo Cilenti, Thomas Gray Estreno en el Festival de Sundance 19 enero 2018; en Estados Unidos 17 agosto 2018; en España 4 enero 2019

Lo mejor que se puede ver justo al empezar el año es una comedia romántica tan refrescante, certera y nada pretenciosa como ésta. Tras una carrera cinematográfica y televisiva muy poco o nada conocida entre nosotros, el bajista, guitarrista y fundador de la banda de rock alternativo The Lemonheads, Jesse Peretz, parece firmar su película más personal, por aquello de reflejar el mundo de los fanáticos del rock independiente en clave amable y sencilla. Cuenta para ello con la inestimable ayuda de un reparto muy bien elegido, empezando por un maduro y atractivo Ethan Hawke que se calza a la perfección el papel de estrella indie retirada, padre diferente y algo parásito, que es pasto de la pasión de un bloguero con más de una frustración, interpretado por el cómico irlandés Chris O’Dowd, y obsesionado con su último álbum, que da título a la película. Entre ambos se sitúa la belleza cándida y serena de Rose Byrne (Insidious, La boda de mi mejor amiga), que aporta al conjunto el halo de sencillez que hace que todo fluya con naturalidad, por muy impostado que pudiera parecer su argumento. Alrededor de ellos surge toda una farándula de variopintos personajes destinados a definir sin alardes ni artificios una serie de familias diferentes y alternativas, todo ello bañado por la luz y el color de esa eterna primavera cinematográfica que acompaña la campiña inglesa, aunque en este caso se trate más bien de la costa. Hawke se atreve incluso a cantar competentemente las canciones que aportan autores tan consagrados como Robyn Hitchcock, Ryan Adams, Conor Orbest, Bill Patton, Ray Davies y el autor de la banda sonora, Nathan Larson. Por su parte Peretz pone ingenio y habilidad para coordinar tan amables elementos, promoviendo la fluidez narrativa que sugiere el impecable guión basado en la novela de Nick Hornby, autor de Un niño grande, Alta fidelidad y los guiones de An Education, Alma salvaje y Brooklyn.

martes, 8 de enero de 2019

SILVIO (Y LOS OTROS) Análisis no muy poliédrico de todo un personaje

Título original: Loro
Italia-Francia 2018 150 min.
Dirección Paolo Sorrentino Guión Paolo Sorrentino y Umberto Contarello Fotografía Luca Bigazzi Música Lele Marchitelli Intérpretes Toni Servillo, Elena Sofia Ricci, Riccardo Scarmacio, Kasia Smutniak, Euridice Axén, Fabrizio Bentivoglio, Roberto De Francesco, Dario Cantarelli, Anna Bonaiuto, Giovanni Esposito, Ugo Pagliai, Ricky Memphis, Duccio Camerini, Yann Gael, Alice Pagani, Fabio Concato Estreno en Italia 24 abril 2018; en España 4 enero 2019

Tras un prometedor arranque con cintas como El amigo de familia y Las consecuencias del amor, Sorrentino sorprendió a propios y extraños con Il Divo, una corrosiva y vistosa sátira sobre Giulio Andreotti, siete veces jefe del gobierno italiano desde final de la Segunda Guerra Mundial a la historia reciente. Marcaba así un estilo visual potente e innovador con el que descuartizaba literalmente todo un exponente de la historia del país vecino, causa y consecuencia de los ridículos derroteros por los que ha deambulado nuestra por otro lado amada y admirada Italia, país con el que tanto guardamos en común. No es de extrañar que la diana la coloque ahora sobre Silvio Berlusconi, necesitando en el empeño tres horas y media repartidas en dos partes, que en su exhibición internacional se ha reducido en casi una hora. Suficiente para entender la intención del autor, que no es tanto la de ridiculizar al personaje, lo que resultaría tan obvio como inútil a estas alturas en las que incluso la justicia ha tomado parte en su desenmascaramiento, como intentar comprender su autodestrucción, sus filias, vicios y diatribas dentro de una carrera política tan irregular como proclive al despropósito y el desmadre. Con dos partes bien diferenciadas, la que retrata a los otros, ese Loro (Ellos) del título original, con Riccardo Scarmacio como joven y potente arribista que no duda en organizar suntuosas orgías de bellísimas mujeres para acaparar la atención del político. Y la segunda centrada ya en el mandatario, un impagable Toni Servillio con cierto aire indulgente que lo muestra recluido en su mansión de Cerdeña, donde acaricia su regreso al primer puesto del gobierno del país, acuciado por la justicia y con su esposa desencantada y a punto de exigirle el divorcio. Entre fiestas perfectamente articuladas y coreografiadas por el sensacional director de La gran belleza, Silvio encuentra sus momentos más lúcidos en la intimidad de sus conversaciones con su esposa, una joven aspirante a amante, el arribista desnortado o la humilde ama de casa con la que ejerce su antigua función de empresario, vendedor de humo cual político al uso. El resto se revela desigual, cansino por momentos, brillante otros, y nos hace reflexionar sobre la condición de nuestro propio país, capaz de desenmascarar a tiempo a un Berlusconi tan casposo como el original, ese Jesús Gil también empresario y dirigente deportivo, que se bañaba junto a bellezas patrias frente a las cámaras de su propia televisión, pero al que la justicia y la propia muerte nos ahorró del escarnio que hoy sufre un país en el que los desastres naturales contribuyeron a poner en entredicho a quien decidía su futuro político, dentro y fuera de sus fronteras.

LO QUE ESCONDE SILVER LAKE Aburrida búsqueda de estilo

Título original: Under the Silver Lake
USA 2018 140 min.
Guión y dirección David Robert Mitchell Fotografía Mike Gioulakis Música Rich Vreeland (Disasterpeace) Intérpretes Andrew Garfield, Riley Keough, Callie Hernandez, Topher Grace, Jimmi Simpson, Riki Lindhome, Summer Bishil, Zosia Mamet, Chris Gann Estreno en el Festival de Cannes 15 mayo 2018; en España 28 diciembre 2018; en Estados Unidos 19 abril 2019

David Robert Mitchell saltó a la fama con su particular revisión del género de terror, It Follows, una desconcertante película de fantasmas con indiscutible influencia de David Lynch, con la que parecía buscar denostadamente un lenguaje y un estilo propios. El resultado mereció el aplauso de muchos, pero a otros nos dejó fríos e incluso hay a quienes llegó a irritar. Ahora, cuatro años después, regresa con un experimento parecido pero con otro género, el cine negro, y traslada la ambientación de la decadente y fantasmagórica Detroit a la también decadente, aunque por otros motivos, e intrigante Los Angeles, con Hollywood como epicentro de una típica historia de crímenes y desapariciones al estilo de Marlowe y Spade, pasada por el filtro de una supuesta modernidad, de nuevo con Lynch como referente para dar al conjunto un aire onírico y surrealista. Casi dos horas y media necesita este nuevo enfant terrible del actual cine americano para contar poco o casi nada, las andanzas de un joven aburrido por fiestas y antros, visitando toda una comunidad de personajes excéntricos y adentrándose en una improbable secta seudorreligiosa que promete a los más ricos y poderosos el acceso directo al paraíso eterno, harén incluido. Para elaborar su desquiciado estilo pretencioso no duda en tomar prestados referentes de todo tipo; hasta la música es consecuencia de este propósito, y así como Disasterpeace se plegaba en It Follows al John Carpenter de los ochenta, ahora lo hace al Howard Shore que contribuía poderosamente a formatear el espíritu de las intrigas de David Cronenberg, y que a su vez no dudaba en emular al Bernard Herrmann welliniano y hitchcockiano. Para que no falte de nada hay también detalles sexuales y escatológicos, aunque no aporten nada al conjunto, y abundan hasta los modernos vampiros, como bien parece dejar claro ese desconcertante personaje, como tantos otros, que confiesa ser autor de los éxitos musicales que catapultaron a gran parte del estrellato roquero anglosajón. Habrá quien le aplauda la gracia a este director empeñado en ser genio; a otros su cine simplemente nos parece una pérdida de tiempo.

UN DÍA MÁS CON VIDA Periodismo vocacional y comprometido

Título original: Another Day of Life
Polonia-España-Alemania-Bélgica-Hungría 2018 82 min.
Dirección Raúl de la Fuente y Damian Nenow Guión Raúl de la Fuente, Niall Johnson, Amaia Remírez y David Weber, según la novela de Ryzsard Kapuscinski Música Mikel Salas Animación con la imagen de Miroslaw Haniszewski, Virgil J. Smith, Tomasz Zietek, Olga Boladz, Rafal Fudalej y las voces de Kerry Shale, Daniel Flynn, Youssef Kerkour, Lillie Flynn, Akie Kotabe Estreno en el Festival de Cannes 11 mayo 2018; en España 28 octubre 2018; en Polonia 2 noviembre 2018

Lo que Portugal dejó a su suerte en Angola a mitad de la década de los setenta del siglo pasado fue una guerra civil, cruenta como muchas y larga como pocas; un amasijo de cadáveres y destrucción que llegó hasta nuestro siglo y que sirve hoy como testimonio de ese mundo que se desangra y que a los que vivimos en el opulento occidente parece importarnos muy poco o nada. La crónica impagable de un periodista, de esos que hacen periodismo de verdad, comprometido, valiente y arriesgado, es lo que el español Raúl de la Fuente encontró atractiva para convertirla en animación entre la ficción, la realidad y el documental, campo en el que había destacado hasta el momento, con cumbres como el Goya recibido en 2013 por el cortometraje Minerita. Haiti y Mozambique han sido los epicentros de sus anteriores trabajos, que completa ahora en formato animado con ayuda inestimable en la producción y el diseño artístico de Polonia, con esta interesante mezcla de motion capture y rotoscopia de resultados espectaculares muy por encima de los experimentos llevados a cabo, por ejemplo, por Richard Linklater en Waking Life y A Scanner Darkly. Las memorias del reportero polaco Ryzsard Kapuscinski sirven para tejer una crónica del bestialismo humano y su voraz capacidad para la destrucción, así como un canto al periodismo vocacional, el instinto para informar por encima de versiones oficiales y acomodaticios, arriesgándolo todo, empezando por la vida, y generando así un apetito adrenalítico por el peligro y la verdad. En el proceso de la Fuente y su colega polaco apuestan por la animación conjugada con escenas reales, imágenes de ficción y documental, así como fotografías y testimonios de los supervivientes reales de la historia que se cuenta. El resultado a nivel estético es espectacular, a nivel humano necesario y atrevido, todo lo cual está mereciendo premios como el del público en San Sebastián, el de mejor película de animación en los premios europeos del cine, y el Goya que a buen seguro obtendrá.