domingo, 1 de diciembre de 2019

LA ORQUESTA DE BORMUJOS, OTRA AGRADABLE SORPRESA

Concierto del 25 aniversario de la Facultad de Ciencias de la Educación. Irene Román, soprano. José Carrión, contratenor. Orquesta de Cámara de Bormujos. Coro Maese Rodrigo. Alberto Álvarez Calero, dirección. Programa: Sinfonía nº 1 en Mi bemol mayor, de Gyrowetz; Dixit Dominus RV 595 en Re mayor, de Vivaldi. Iglesia de la Anunciación, sábado 30 de noviembre de 2019

Fruto de la expansión que la Universidad Hispalense realizó en la última década del pasado siglo, y que incluyó la Facultad de Comunicación a la que algunos por edad ya no pudimos acceder y que para consolarnos tuvimos que conformarnos con estudios más convencionales como Derecho, fue la creación de la Facultad de Ciencias de la Educación en 1994, que hoy anda embarcada en los actos de celebración de su veinticinco aniversario. Entre esos actos estuvo el magnífico concierto celebrado anoche en la Iglesia de la Anunciación, y que sirvió a la Orquesta de Cámara de Bormujos, creada hace apenas tres años, para celebrar su definitiva puesta de largo en la capital. Ni que decir tiene lo mucho que desde estas páginas aplaudimos las nuevas iniciativas musicales que vienen a engrosar una oferta ya generosa y dan buena idea de lo mucho que desde esa misma década, cuando surgieron las orquestas Sinfónica y Barroca, ha proliferado el interés por la música en una ciudad que hasta entonces andaba muy huérfana y perdida en estas disciplinas. Si además el resultado es tan sorprendente y satisfactorio como el demostrado en esta particular cita, el gozo es sin duda mayor.

Por una vez las autoridades académicas tuvieron el acierto de introducir tan significativa efeméride con breves y acertadas locuciones. El Decano de la Facultad, D. Alfonso Javier García González, enmarcó el acto y el profesor y director musical del evento, D. Alberto Álvarez Calero, dio las necesarias pautas sobre el programa a interpretar. Hay que recordar las deficiencias acústicas de la suntuosa Iglesia de la Anunciación, lo que provoca que si desde las primeras filas el sonido resulta más solemne y brillante, ya un poco más atrás se dispersa tanto que resulta casi inaudible. Algo así debió ocurrir con la percepción del canto del coro, que al estar situado naturalmente más atrás pudo acusar esa dispersión apuntada y unos resultados a menor altura que el resto de los y las participantes. De tal forma, la muy ajustada técnica y expresivamente orquesta, surgida en la localidad aljarafeña a partir de las muchas formaciones que en esta provincia han facilitado la práctica del alumnado de nuestros conservatorios, como la Conjunta o la West-Eastern Divan, ofreció una muy depurada en estilo y fluida en técnica versión del segundo de los Dixit Dominus compuestos por Vivaldi, uno de sus mejores trabajos sacros, de retórica intensa y muy cromática. Aunque el trabajo del coro quedó deslucido probablemente por esa deficiente acústica del templo de la calle Laraña, donde justo enfrente a la misma hora se celebraba el concierto de la Bética de Cámara, añadiendo aun más interés cultural a un sábado presidido por unas calles del centro literalmente atestadas de gente, el resto fue pura delicia. Muy especialmente la voz firme y entonada, de elegante y refinada coloratura y bellísimo timbre, de la joven soprano Irene Román, que protagonizó junto a la también joven y entusiasta Marta Díaz, ambas integrantes del Coro Maese Rodrigo de la propia facultad, un delicioso Tecum Principium con acompañamiento solo de cuerda grave presidida por el bajo del maestro de la ROSS Matthew Gibbon. También nos convenció el contratenor José Carrión, que mantuvo su compleja tesitura sin salidas de tono ni estilo, y que con tremolante compostura dio a su participación un sugerente tono patético que repitió en su trío con el tenor Fernando Galisteo y el bajo Fernando Reyes, que quizás por estar situados detrás junto al coro, acusó también esa dificultad de proyección apuntada. Especialmente reseñable fue su Jubicabit junto a David Segado, cuyos espléndidos, firmes y seguros solos de trompeta lograron completar una interpretación si no impecable, sí decididamente gozosa y capaz de emocionarnos.

Antes, la orquesta desempolvó una pieza de Adalbert Gyrowetz, hoy prácticamente olvidado aunque al alcance en Internet para quien se interese, que gozó en su época de mucha popularidad y riqueza. Un compositor bohemio que llegó a codearse con gente como Mozart, Haydn, de cuyo estilo es evidente deudor, Goethe e incluso Napoleón, fue admirado por Schubert y compuso una ingente cantidad de obras entre sinfonías, óperas, conciertos y música de cámara. Una cuerda empastada y en estilo, comandada por otro maestro de la ROSS, Nazar Yasnitskyy, y una madera firme y segura, lograron una sólida interpretación de su Sinfonía nº 1, reestreno absoluto desde su época de composición, y que contó con una aportación brillante de María González a la siempre difícil trompa en el Adagio, más bien un elegante andante con insólita arquitectura concertante, y que como el resto de la pieza lució solemne en este estimulante concierto que superó nuestras expectativas y colmó nuestra satisfacción, la de vivir en una ciudad tan volcada a la excelencia interpretativa musical. Y para demostrar su versatilidad, se atrevieron con un muy esmerado Intermezzo de Cavalleria Rusticana como propina. Bienvenidos todos y todas, coro, orquesta, solistas y por supuesto su apasionado mentor y director. Hace falta más gente con ese entusiasmo y nivel de exigencia... en todos los campos.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

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