sábado, 20 de octubre de 2018

ANIMALES SIN COLLAR Desaprovechada combinación de temas trascendentales

España-Italia 2018 96 min.
Guión y dirección Jota Linares Fotografía Junior Díaz Música Pablo Trujillo y Vanessa Grande Intérpretes Natalia de Molina, Daniel Grao, Natalia Mateo, Ignacio Mateos, Borja Luna, Mariana Cordero, Mario Tardón Estreno 19 octubre 2018

No hemos sabido encontrar en este debut en la dirección de largometrajes del gaditano Jota Linares con producción de los responsables de Tarde para la ira, el interés que ha suscitado en la mayoría de la desconcertante crítica de este país. Un éxito que no creemos se vaya a corresponder con el público, que sospechamos sabrá identificar en el film sus flaquezas y limitaciones. Y vaya si nos hubiera gustado disfrutar con esta cinta que combina el feminismo latente en Casa de muñecas de Ibsen que la inspira con la corrupción política que domina nuestro país, y concretamente la comunidad autónoma en la que vivimos, así como las dificultades que están teniendo los partidos emergentes para resultar coherentes con sus postulados, más cuando una herencia tan corrompida y otros partidos tan mezquinos y reacios a abandonar su control y poder les acechan. Todo eso tiene cabida en una historia interesante y atractiva sobre el papel, pero que aplicada a la imagen acaba resultando tan pobre y poco convincente. La buena esposa que desde la sombra mueve los hilos que habrán de llevar al marido al éxito y el reconocimiento, tiene en Natalia de Molina una interpretación apagada y decepcionante para lo que nos tiene acostumbrados la joven actriz jienense. Mal contada y peor narrada, con una fotografía tan básica y rudimentaria que provoca sonrojez, Animales sin collar se nos antoja un quiero y no puedo en el que aparecen personajes que no aportan nada (la cineasta Natalia Mateo o el guaperas Borja Luna) mientras otros, como el indispensable Ignacio Mateos, se empeña en recrear ese acento de bajos fondos andaluces que tanto confunde de Despeñaperros hacia arriba y tan poco se adapta al personaje que interpreta. Lástima porque la idea era buena, la crítica necesaria, y la adaptación de Henrik Ibsen, repetidamente subrayada mediante uno de los pasatiempos del político protagonista, tan oportuna como desaprovechada.

PETRA Pedante disquisición sobre la creación y la destrucción

España-Francia-Dinamarca 2018 107 min.
Dirección Jaime Rosales Guión Jaime Rosales, Clara Roquet y Michel Gaztambide Fotografía Hélène Louvart Música Kristian Eidnes Andersen Intérpretes Bárbara Lennie, Álex Brendemühl, Marisa Paredes, Joan Botey, Petra Martínez, Carme Pla, Oriol Pla, Chema del Barco, Natalie Madueño Estreno en el Festival de Cannes (Quincena de Realizadores) 10 mayo 2018; en salas comerciales 19 octubre 2018

Jaime Rosales es un director muy condicionado por sus primeras películas, Las horas del día y la estupenda La soledad, donde experimentó con formas narrativas que le ha costado mantener con sinceridad y frescura en el resto de su filmografía, desde Tiro en la cabeza hasta Hermosa juventud. Ahora esas formas pasan por dividir su película en capítulos y desordenarlos levemente, utilizar como banda sonora composiciones del danés Kristian Eidnes Andersen que evocan la polifonía renacentista sin aportación instrumental alguna, y echar mano indiscriminada e injustificadamente del traveling lento que va y viene sin cortes de montaje ni primeros planos, prestando suma atención a los espacios, generalmente inmuebles de exquisita factura, que ya se sabe el alto nivel de vida del español medio. Y es que aunque el personaje central y eje de la función es un artista de primera categoría, el resto se supone tan humilde como la media. A este eje central da vida el debutante Joan Botey, dueño y administrador de la finca en la que se rodó la película, a quien Rosales finalmente confió el papel de déspota y cruel escultor, cuya obra ha cedido gentil y valientemente el artista valenciano Manolo Valdés. Bárbara Lennie es no obstante la protagonista, encasillada en esa mujer fría y etérea que le dio fama en Magical Girl, a pesar de lo cual no logra seducir en una obra cuya supuesta maldad y consabido misterio debería generar una mayor inquietud. Centrada quizás en el proceso destructor de un artista de la creación, y degenerando en una suerte de tragedia extrema, disparatada en cierto modo y difícil de digerir en general, la cinta se pierde entre diálogos tan pretendidamente naturales como situaciones absolutamente impostadas, a lo que la pedantería general no hace sino potenciar sus defectos y carencias, a pesar de todo lo cual no se le puede negar su carácter eminentemente entretenido.

LA BUENA ESPOSA Esa gran mujer detrás del gran hombre

Título original: The Wife
Reino Unido-Suecia-USA 2017 100 min.
Dirección Björn Runge Guión Jane Anderson, según la novela de Meg Wolitzer Fotografía Ulf Brantas Música Jocelyn Pook Intérpretes Glenn Close, Jonathan Pryce, Christian Slater, Max Irons, Harry Lloyd, Annie Starke, Ewlizabeth McGovern, Alix Wilton Regan, Karin Franz Körloff, Morgane Polanski Estreno en el Festival de Toronto 12 septiembre 2017; en Reino Unido 28 septiembre 2018; en España 19 octubre 2018

Coinciden en fecha de estreno en nuestra cartelera dos películas con un mismo tema, el de buena esposa, florero a la vez que encargada de que todo en la vida de su esposo funcione a la perfección. Eso que dicen, o mejor deseemos pensar que se decía, de que detrás de un gran hombre hay siempre una gran mujer. Una es española, Animales sin collar, y la otra esta pequeña joya y pura delicia que se llama en inglés The Wife (La esposa) y aquí han decidido añadirle un adjetivo que le da los ya consabidos tintes bíblicos que tanto gustan en nuestra tierra. No tiene mucha suerte Glenn Close, que casi nunca defrauda y sin embargo sus películas tienen tan poca repercusión. Ésta ha tardado un año en estrenarse incluso en su país de producción desde su presentación en el Festival de Toronto, catapulta de lanzamiento de todos los estrenos de temporada en el mundo anglosajón. Menos mal que estas últimas décadas la protagonista de Las amistades peligrosas se ha refugiado en el teatro, que le reporta mayores satisfacciones que sus cada vez más aisladas incursiones en el cine; por cierto, que algo de teatral tiene esta propuesta. Confiada al director sueco Björn Runge, la cinta adapta una novela de tintes absolutamente feministas sobre una mujer que ha vivido siempre a la sombra de su marido, un intelectual ahora galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Su viaje a Estocolmo, al que también les acompaña su hijo, un Max Irons, hijo de Jeremy, al que vimos en la última adaptación de Agatha Christie La casa torcida, y en el que coincidirán con un incómodo crítico literario, otro recuperado de la gran pantalla Christian Slater, pondrá sus vidas patas arriba. La buena esposa es una de esas películas que podríamos considerar artesanales, meticulosamente dirigida e interpretada, con un guión excepcional al que ni sobra ni falta una coma. Y es ahí donde radica su mayor virtud, la de componer un drama y un mensaje inequívoco, claro y conciso, a la vez que proponer el ingreso del espectador en un mundo que le atrapa y subyuga hasta hacerlo propio, y todo desde la más absoluta humildad. Un film que se revela satisfactorio por su exquisita ambientación en Connecticut y Estocolmo, su ritmo pausado pero no lento, sus magníficas interpretaciones, mención especial para una Close cándidamente transformada en Julie Andrews, y la gratificante sensación final de no dejar ni un cabo suelto y haber logrado su objetivo, denunciar una sociedad machista que cobra especial relevancia en el mundo del arte y la cultura, que tan ligado debería estar a la apertura de miras y mentes. Todos sus ingredientes artísticos y técnicos se adaptan a la elegancia y sobriedad que caracteriza su puesta en escena, incluida la muy inspirada banda sonora, aún con ciertas influencias de Michael Nyman, de Jocelyn Pook. Ambientarse en los noventa ofrece además el placer de contemplar el fenecido Concorde surcando los cielos majestuosamente, igual que se mueve esta maravillosa pieza de orfebrería.

martes, 16 de octubre de 2018

UN ARRANQUE DE CURSO CON PERFUME NAPOLITANO

Concierto de apertura del curso académico de la Universidad de Sevilla. Orquesta Barroca de Sevilla. Enrico Onofri, director-concertino. Programa: Concierto nº 1 en fa menor y Sinfonia Settima en sol menor, de A. Scarlatti; Sonata Terza en Do Mayor, de Barbella; Concerto III en Mi bemol Mayor, de Durante; Sinfonia en Fa Mayor, de Pergolesi; Concerto en la menor de Sarri. Auditorio de la E.T.S. de Ingeniería, lunes 15 de octubre de 2018

Onofri al frente de la Barroca de Sevilla
Aún sin una temporada definida, la Barroca de Sevilla fue la encargada por segundo año consecutivo de abrir el curso académico de la Universidad Hispalense, un acto al que como viene siendo habitual ninguna autoridad académica se dignó otorgarle la categoría protocolaria que merece. Menos mal que ahí estuvo como siempre Ventura Rico para pronunciar las palabras oportunas, no sólo en relación a los habituales cambios de orden en el programa sino también para expresar un emocionado agradecimiento y ennoblecer la indispensable labor de quienes iluminan nuestro conocimiento. Por el contrario entre la comunidad universitaria asistente abundaron los parloteos, consultas al móvil, descaradas tomas de fotografía e insufribles plastiquitos de caramelos.

Al contrario que el año pasado, éste no se hizo coincidir el Proyecto Atalaya de recuperación del patrimonio musical de las catedrales andaluzas con este concierto de inauguración del curso, aunque en el programa se insistiera en él. En su lugar Enrico Onofri, una vez más al frente de la formación, seleccionó algunas páginas poco transitadas de la llamada Escuela Napolitana y aledaños, como Alessandro Scarlatti, que fue profesor de Francesco Durante, a quien se le atribuye la creación de dicha escuela. De Scarlatti, siciliano pero afincado en Nápoles y durante mucho tiempo a las órdenes de la corte española, al menos hasta la Guerra de Sucesión, la Barroca interpretó dos piezas. El primero de sus Seis conciertos en siete partes publicados en 1740 abrió la exhibición, algo desangelado en el grave inicial pero rápidamente recuperado en brío y brillo a partir del allegro, con una inusual moderación en los tiempos y ritmos, menos marcados de lo habitual en Onofri, una estética que se mantuvo a lo largo de casi todo el programa. En la segunda pieza pudimos disfrutar del buen hacer, a veces vertiginoso y casi siempre virtuoso, de Guillermo Peñalver a la flauta dulce, en la Sinfonia Settima, que ni es sinfonía como se titula ni concerto grosso como se define, y donde la flauta tiene un carácter eminentemente solista. Pero ni las obras de Scarlatti, maestro de la ópera y genio de la cantata, ni las de los demás autores convocados se encuentran entre lo más interesante de la producción de la época. El Nápoles de finales del Seicento y principios del Settecento se caracterizó musicalmente más por la música vocal que por la instrumental, donde sí destacó la Venecia de entonces.

Con la Sonata Terza de Francesco Barbella, a cargo de los pesos pesados del conjunto historicista, y el muy melódico Concerto en la menor de Domenico Natale Sarro, una de cuyas óperas inauguró el mítico Teatro San Carlo de Nápoles, pudimos seguir disfrutando de Peñalver a la flauta, que aunque sufrió puntuales caídas de tensión, demostró una gran versatilidad y un dominio absoluto de los afectos, a los que hay que añadir una considerable dosis de elegancia y un fraseo distinguido. El Concierto III en Mi bemol Mayor de Francesco Durante, único quizás de los compositores convocados que se centró en la música instrumental y tocó la vocal sólo en obras de carácter espiritual, y la Sinfonía en Fa Mayor de su alumno Giovanni Battista Pergolesi, de aires ya más clásicos, completaron el programa con resultados satisfactorios por parte de una Barroca que se benefició además de la óptima acústica del Auditorio de Ingenieros de la Cartuja, y ofreció como siempre lo mejor de ella, con ataques precisos y seguros, manteniendo un nivel de exigencia admirable.

lunes, 15 de octubre de 2018

LA SOMBRA DE LA LEY Un considerable esfuerzo de producción

España 2018 126 min.
Dirección Dani de la Torre Guión Patxi Amezcua Fotografía Josu Inchaustegui Música Manuel Riveiro y Xavier Font Intérpretes Luis Tosar, Michelle Jenner, Vicente Romero, Manolo Solo, Ernesto Alteiro, Paco Tous, Jaime Lorente, Pep Tosar, Adriana Torrebejano, William Miller, Fernando Cayo Estreno en Festival de Sitges 5 octubre 2018; en salas comerciales 11 octubre 2018

Tras la pericia y el talento demostrado en su debut como director de largometrajes, hace un par de años en El desconocido, una trepidante cinta de acción con la corrupción y la crisis bancaria como telón de fondo, Dani de la Torre se atreve ahora con lo que podríamos considerar una de las superproducciones más ambiciosas de la historia del cine español. La sombra de la ley (Gun City en su título internacional) reconstruye la Barcelona de la década de los veinte del siglo pasado sin prácticamente rodar en la Ciudad Condal, que curiosamente aparece como una ciudad sumida en el caos y amenazada por intervenciones militares justificadas en conspiraciones perpetradas desde el propio poder central. Con financiación de una de las grandes compañías televisivas del país, no cabe duda de que se trata, como tantas otras veces, de trasladar el universo de las series de televisión a la gran pantalla, inflando todos los ingredientes y dando al conjunto un empaque de gran producción. Con la anarquía reinante durante los estertores de la Monarquía Liberal de Alfonso XIII y el Desastre de Annual como antecedente inmediato a los episodios que se narran, la película se adentra en una convulsa Barcelona en la que la boyante burguesía empresarial se ve amenazada por las protestas de los trabajadores, y entre ellos la de quienes ejercen la violencia anarquista muchas veces animados por los propios centros de poder para auspiciar el golpe de estado de Primo de Rivera, al menos desde la óptica del guión firmado por Patxi Amezcua. Confiesa el propio de la Torre que la música de Morricone le sirvió de inspiración, no en vano hay dos referentes inequívocos en este fresco histórico, Érase una vez en América de Sergio Leone y Los intocables de Eliot Ness de Brian de Palma, ambas con música del genial compositor italiano; además, Ainhoa Arteta pone voz al estilo de Edda dell’Orso en la canción Hasta el último suspiro y algunos otros pasajes de la banda sonora. Nada que objetar a la suntuosa puesta en escena, con una impecable Barcelona de la época recreada virtualmente con todo lujo de detalle, avenidas llenas de coches de la época, y sensacionales escenarios como el club que tanto recuerda al Cotton Club de Coppola, otro referente indiscutible. En esa ciudad recreada deambulan policías corruptos, militares, gángsters despiadados y proletarios indignados en una suerte de cine negro americano que no disimula sus referentes y ambiciona jugar en primera línea de la liga de campeones. Lástima que a la pericia del realizador y su buena mano para manejar tan suculentos recursos no haga justicia un guión anquilosado, demasiado explicativo y obvio, y unas interpretaciones acartonadas y limitadas por unos personajes arquetípicos que poco o nada aportan a la hora de dar más emoción a un proyecto que lo pide a gritos, provocando un espectáculo audiovisual notable pero con una dramaturgia irregular lastrada por la frialdad de sus emociones.

FIRST MAN (EL PRIMER HOMBRE) La catarsis de la Luna

Título original: First Man
USA 2018 133 min.
Dirección Damien Chazelle Guión Nicole Perlman y Josh Singer, según el libro de James R. Hansen Fotografía Linus Sandgren Música Justin Hurwitz Intérpretes Ryan Gosling, Claire Foy, Jason Clarke, Kyle Chandler, Corey Stoll, patrick Fugit, Lukas Haas, Pablo Schreiber, Brian D’Arcy James, Ciarán Hinds, Aurelien Gaya, Ethan Embry, Shea Whigham Estreno en Festival de Venecia 29 agosto 2018; en españa 11 octubre 2018; en Estados Unidos 12 octubre 2018

El argumento de la nueva película de Damien Chazelle comienza donde terminaba el de Elegidos para la gloria, la cinta de Philip Kaufman centrada en el Proyecto Mercury, que entrenó a siete astronautas seleccionados entre los mejores pilotos de Estados Unidos y lanzó a varios de ellos al espacio, incluido el legendario John Glenn, primero en orbitar tres veces alrededor de la Tierra. Igual que los superhéroes han virado del desenfado inicial del Superman de Richard Donner al atormentado Batman de Christopher Nolan y los Marvel que le han seguido, lo hace la visión trágica del director de La La Land respecto a la a menudo cómica epopeya espacial del Kaufman de aquellos primeros ochenta. Chazelle ha cambiado de registro, de sus musicales iniciales Guy and Madeleine on a Park Bench, Whiplash (no exactamente un musical, pero sí con la música como ingrediente fundamental) y la popular cinta ya mencionada, para embarcarse ahora en un episodio trascendental de la historia americana y del hombre en general, la llegada de éste a la Luna. Con un tono eminentemente melancólico y apuntando las mismas críticas que ya destacaba la multioscarizada película de Kaufman, como es el sacrificio humano frente a una gesta que apenas beneficia a unos cuantos cuando tantos problemas quedan por solucionar en nuestro planeta, y el empeño de gobiernos y administraciones por combatir al enemigo en plena Guerra Fría, Chazelle fija su atención desde el minuto cero en una tragedia familiar que parece convertirse en motivación para el famoso astronauta y su gesta por alcanzar esa Luna, un trozo de cielo en el que quizás poder reencontrarse con el alma pura que le fue vilmente arrebatada. El director convierte así la historia en experiencia metafísica, casi religiosa. A partir de ahí las constantes son las de siempre, el duro adiestramiento, las críticas al sistema (que nunca llegan a ninguna parte y no sirven para cambiar las cosas ni un ápice), los miedos internos, el papel abnegado y de mero adorno, pero contestatario y luchador como corresponde a los tiempos, de la mujer, y el uso partidista, en este caso de Estado, de los recursos en favor de causas alejadas del acervo popular y más próximas al anhelo propagandístico de nuestros dirigentes. Gosling pone la cara con poco gesto al protagonista de la gesta y la tragedia, mientras el realizador hace su trabajo con ambición poética, esmero estético y corrección dramática, sin que los resultados lleguen a sobrepasar el mero entretenimiento, el relax visual y la fiesta musical a la que se entrega su compositor, el mismo Justin Hurwitz de las canciones de La La Land, que ahora mimetiza algunos pasajes del Hans Zimmer de Interstellar y la Barcarola de Offenbach.

CLÍMAX El vicio de la provocación

Francia 2018 95 min.
Guión y dirección Gaspar Noé Fotografía Benoît Debie Intérpretes Sofia Boutella, Romain Guillermic, Souheila Yacoub, Kiddy Smile, Claude Gajan, Giselle Palmer, Taylor Kastle, Thea Carla Schott, Sharleen Temple, Lea Vlamos, Alaia Alsafir, Kendall Mugler Estreno en Festival de Cannes 13 mayo 2018; en Francia 19 septiembre 2018; en España 11 octubre 2018

El director de Irreversible mete a un puñado de jóvenes en un local apartado en medio de un bosque; dice que son los noventa del siglo pasado, con el fin de analizar desde su óptica de presunto creador los efectos devastadores del LSD. El pretexto es el ensayo de un conjunto coreográfico cuyos integrantes han sido presentados previamente a modo de preludio en lo que ya parece una declaración de intenciones. Con la cámara fija en la pantalla de una televisión de la época, rodeada de películas en una estantería entre las que se pueden distinguir títulos como Suspiria o Un perro andaluz, seguramente dejando caer cuáles son las posibles influencias de este experimento audiovisual, se van presentando algunos y algunas de los participantes de esta rave party y sus motivaciones para bailar y formar parte de un colectivo. A partir de ahí Gaspard rueda sin demasiado glamour un sensacional baile en el que los cuerpos se retuercen y compenetran para crear una especie de desfile catárquico que deviene en una convencional fiesta con la que el director comienza a pretender incomodarnos. Lo hace a partir de conversaciones supuestamente transgresoras, ahora que la palabreja está tan de moda, sin demasiado éxito... harían falta otras cosas para escandalizar hoy en día, afortunadamente. A partir de ahí una intencionada intoxicación de LSD provoca el caos y la violencia, dando rienda suelta al realizador para intentar sumergirnos en la vorágine que supondría sufrir en propias carnes los efectos de la droga. Lo cierto es que el giro sirve a Noé para desmadrarse hasta el infinito y agotarnos hasta la náusea. Todo ello encerrado en un pretendido tour de force con ambición videocreativa y artística, en la que en última instancia lo que más nos interesa es el baile espasmódico de sus jóvenes intérpretes, entre las que se encuentra la ya internacionalmente conocida Sofia Boutella (La momia, Atómica) y el emplazamiento aleatorio de los títulos de crédito, los finales al principio y los principales a mitad con rótulos luminosos y espectaculares y combinando a los actores y actrices con los intérpretes de las canciones disco y tecno que suenan en la pantalla. Está claro que haberse codeado con Leo Carax y Kenneth Anger ha hecho sus estragos, pero a Noé, reconocido en Cannes con el premio Art Cinema en la Quincena de Realizadores y en Sitges con el de mejor película, el delirio y el factor sorpresa de sus influencers le supera.

jueves, 11 de octubre de 2018

LA VOZ COMO ARMA DE SEDUCCIÓN

Recital lírico. Juan Diego Flórez, tenor. Vincenzo Scalera, piano. Programa: Arias de Mozart, Donizetti, Verdi, Massenet, Gounod y Puccini. Teatro de la Maestranza, jueves 10 de octubre de 2018 La voz como arma de seducción


No cabría pensar en una mejor inauguración de la temporada lírica del Maestranza. Nada más y nada menos que el gran tenor lírico Juan Diego Flórez, quince años después de su última comparecencia en el coliseo sevillano, dispuesto a seducir con repertorios que aborda desde hace relativamente poco y con los que parece sentirse tan a gusto como con el Rossini que frecuentaba en aquella época, cuando nos visitó también acompañado por su fiel y competente escudero Vincenzo Scalera al piano. Si entonces contó con el patrocinio de la desaparecida Caja San Fernando, ahora llegó como embajador de Telefónica, compañía que le ha permitido llevar a cabo una encomiable labor educativa en su tierra, Perú, donde desarrolla el ambicioso proyecto Sinfonía Digital. Sin duda un aperitivo de lujo antes de que a finales de mes se alce el telón con uno de sus títulos imprescindibles, Lucia di Lammermoor, aunque sin él.

De ese bel canto que tan buena y merecida fama le dio a comienzos de su carrera, sólo mantuvo en esta ocasión a Donizetti, pero algunas de las otras piezas que cantó lo hizo con técnicas parecidas al estilo que le encumbró y convirtió en la voz imprescindible que hoy es. Así ocurrió con Mozart, cuyo bellísimo Dies Bildnis de La flauta mágica cantó con delectación, fraseando con ese excelente gusto que le caracteriza, para a continuación exhibir bravura no sin una ajustada contención en la jubilosa Si spande al sole de El rey pastor. Preciso y confiado, llegó a conmover con esa apuesta segura que es Una furtiva lagrima, y convenció con un doble homenaje a su idolatrado Alfredo Kraus, en la primera parte con Tombe degli avi miei, exhibiendo un portentoso control de la respiración y un dominio absoluto de los recursos expresivos, y en la segunda parte con un conmovedor Pourquoi me révellier de Werther. Verdi ocupó el final de la primer parte, fraseando con delicadeza un aria alternativa de la versión francesa de Las vísperas sicilianas, y dejando claro con Lungo da lei de La traviata que ya no es esa voz ligera con la que triunfaba hace años, que ha evolucionado considerablemente, ha cogido más cuerpo, su hermosa voz es más carnosa y no sólo brilla en sus refulgentes y nunca impostados agudos. Hizo bien en no intentar transfigurarse en cada personaje abordado, manteniendo cierta coherencia y homogeneidad en la línea de canto y otorgando al conjunto ese carácter de recital que se proponía.

Flórez y Scalera
Pero si ya en esta primera mitad de su concierto emocionó a un público seducido y entregado, en la segunda se atrevió con el repertorio francés con idéntica confianza y seguridad, a pesar de evidenciar algunas molestias nasales y de garganta, como más tarde se apresuró a confesar, pero que no empañaron sus sobresalientes resultados. Tres arias de Manon desplegadas con amplio sentido del romanticismo, sacando el máximo rendimiento a sus facultades y adaptando la técnica a sus recursos, lo que obligó a hacer pausas que rompían la línea de canto pero provocaban una sensación nueva y fresca, dieron paso a una Meditación de Thais que Scalera interpretó con mucha delicadeza y buen gusto. Fausto de Gounod completó esa segunda mitad dedicada a la lírica gala, sólo rota al final por una bellísima demostración de expresividad y elegancia en Che gelida manina, incorporando así a Puccini a su repertorio, al cual retomaría en las propinas con un Nessun Dorma maravillosamente coreado por el público. Guitarra en mano nos deleitó con Cucurrucú Paloma y, tras la insistencia de una enfervorecida admiradora, La flor de la canela, en perfecto estilo muy alejado del operístico, hasta culminar definitivamente con la agradecida Granada y esos nueve dos de pecho de La hija del regimiento que tantas satisfacciones le han dado por todo el mundo, y tantas ovaciones le ha hecho merecer.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 10 de octubre de 2018

CHRISTOPHER ROBIN Regreso a una infancia ñoña

USA 2018 104 min.
Dirección Marc Foster Guión Thomas McCarthy, Alex Ross Perry y Allison Schroeder, según el personaje de A.A. Milne Fotografía Matthias Koenigswieser Música Jon Brion y Geoff Zanelli Intérpretes Ewan McGregor, Hayley Atwell, Mark Gatiss, Bronte Carmichael, Oliver Ford Davies y las voces (en versión original) de Jim Cummings, Brad Garrett, Nick Hammond, Peter Capaldi, Sophie Okonedo y Toby Jones Estreno en Estados Unidos 3 agosto 2018; en España 5 octubre 2018

Quizás aprovechando el inminente regreso de Mary Poppins a la gran pantalla, la insaciable Disney se ha aventurado a lanzar esta película basada en los personajes creados por Alan Alexander Milne, padre en la vida real del Christopher Robin del título, niño cuyo cariño por una osezna del zoológico de Assiniboine dio lugar a las aventuras de Winnie The Pooh y sus compañeros de peluche, entre los que se encuentran Piglet y Tigger. Todos estos personajes han tenido sus cortos y largomentrajes en la factoría Disney, pero es la primera vez que el niño, ya adulto, protagoniza una película. Para ello se ha contado con Marc Foster, que ya exploró el mundo de la literatura infantil en Descubriendo Nunca Jamás y Cometas en el cielo, antes de enfrentarse a James Bond en Quantum of Solace. Foster ha realizado para la ocasión una película tristona y aburrida, con ambientación muy similar a la que se prepara para el regreso de la famosa institutriz, y mensaje muy parecido al que arrojaba el clásico que protagonizó Julie Andrews en 1964, aquello de poner un poco de ingenuidad, magia y dulzura en nuestras grises y funcionales vidas. De hecho los dos finales son bastante parecidos, siendo Ewan McGregor (Robin) aquí el sosías de David Tomlinson (Mr. Banks) en aquella película. Naturalmente a nivel técnico la producción es satisfactoria, pero la expresividad de los personajes, humanos y animados, es limitada, derivando en una escasa emotividad y un alarmante desinterés que lastra las posibilidades de un film que podría haber sido entrañable. Nada que ver con el maravilloso Paddington.

VENOM Fantaterror con dosis cómicas

USA 2018 112 min.
Dirección Ruben Fleischer Guión Scott Rosenberg, Jeff Pinkner y Kelly Marcel, según el cómic de Todd McFarlane y David Michelinie Fotografía Matthew Libatique Música Ludwig Göransson Intérpretes Tom Hardy, Riz Ahmed, Michelle Williams, Jenny Slate, Reid Scott, Scott Haze, Michelle Lee, Melora Walters, Peggy Lu, Woody Harrelson Estreno en Estados Unidos y España 5 octubre 2018

Bienvenidos a Zombieland y Gangster Squad acreditan a Ruben Fleischer, que ahora se sube al carro de los cansinos superhéroes con esta adaptación de un personaje que ya saltó a la pantalla en una de las entregas del Spiderman interpretado por Tobey Maguire. En aquella ocasión era el Hombre Araña el que le pasaba el incómodo testigo del simbionte Venom, un parásito alienígena llegado a la Tierra a bordo de un meteorito, al periodista Eddie Brock, uno de esos reporteros que se dedican a destapar tramas y corrupciones, al que ahora da vida un Tom Hardy con pintas extremadamente desaliñadas, entregado a reformular un clásico personaje atormentado con considerables dosis de humor. Ahora Spiderman sólo aparece en la propina animada, mientras Brock contrae el supuesto virus por contacto directo con la empresa que la genera y que lidera el villano de turno, el científico Carlton Drake. A partir de aquí asistimos a una película de superhéroes en principio más original que el resto, ya que Fleischer dota a su producto de cierto aire de seudoterror, convirtiendo el espectáculo en una suerte de fantaterror. Pero hacia su segunda mitad importa la clásica estructura de lucha con el supervillano y a partir de ahí deja de interesar para ofrecer más de lo mismo, sobre todo desde el momento en el que se van forjando las coordenadas para que en las próximas entregas estemos hablando de un justiciero en toda regla. Lástima que estas producciones que atraen a tantos y tantas adolescentes contengan aún soluciones tan machistas como convertir al villano en hipermusculado cuando habita un cuerpo de hombre, y en voluptuosas curvas cuando de mujer se trata.

martes, 9 de octubre de 2018

OLA DE CRÍMENES Ni gracia ni intriga

España 2018 98 min.
Dirección Gracia Querejeta Guión Luis Marías Fotografía Ángel Amorós y David Omedes Música Federico Jusid Intérpretes Maribel Verdú, Miguel Bernardeau, Juana Acosta, Paula Echevarría, Antonio Resines, Asier Rikarte, Raúl Arévalo, Javier Cámara, Luis Tosar, Raúl Peña, Nora Navas, Montse Pla Estreno 5 octubre 2018

Sam Raimi dirigió en 1985, después de Posesión infernal, una comedia macabra titulada Ola de crímenes... ola de risas (Crimewave), donde una serie de macabros asesinatos provocaban la risa hilarante del espectador, en un ambiente entre el cómic y el slapstick lleno de humor negro y gamberro. Algo parecido pero con hechuras de comedia burguesa madrileña (aunque se ambiente en Bilbao), prometía esta primera incursión abierta en el género de la hija del más importante y famoso productor que hemos tenido en este país. En su cuarta colaboración con Maribel Verdú, Gracia Querejeta se entrega definitivamente al cine más comercial con peaje en la televisión, tanto por el origen de su producción, Mediaset, como por sus formas directamente importadas de las inefables comedias domésticas del medio. Pero no sabe manejar las coordenadas del género más que en modo piloto automático, sin aportar ni mejorar nada. Confía su éxito al guión de Luis Marías, con ecos de Todo por la pasta, y al lujoso elenco que se ha prestado, imaginamos por sustanciosas nóminas, a dar vida a la galería de personajes imposibles que desfilan por la pantalla. Pero lo cierto es que ni hay ingenio en el guión ni buen oficio en sus histéricos y exacerbados intérpretes; y lo peor, no hay ola de crímenes hasta casi llegado el final y de forma tan abrupta como poco imaginativa y desde luego menos convincente. No funciona como comedia, sin pizca de gracia, ni como intriga, sin interés. Pero como todo no va a ser negativo, destacaremos los escenarios, desde una elegante y pulcra Ría de Bilbao al puente colgante que une Guecho y Portugalete, y los adolescentes Asier Rikarte, que interpreta al hijo de Maribel Verdú, y Miguel Bernardeau, hijo en la vida real de Ana Duato y que aquí es el enamorado con cara de embobao de la madre de su amigo. Ellos son lo más fresco de un reparto que no se cree lo que hace y que no ayuda a definir sus personajes, algo de lo que tampoco se ha preocupado su desganada directora.

VIAJE AL CUARTO DE UNA MADRE La fuerza de la sinceridad

España 2018 90 min.
Guión y dirección Celia Rico Fotografía Santiago Racaj Intérpretes Lola Dueñas, Anna Castillo, Pedro Casablanc, Adelfa Calvo, Marisol Membrillo, Susana Abaitua, Ana Mena, Silvia Casanova Estreno en Festival de San sebastián 24 septiembre 2018; en salas comerciales 5 octubre 2018

Quien vio el cortometraje Luisa no está en casa apreciaron una especial sensibilidad en la joven directora sevillana, natural de Constantina, Celia Rico. Una sensibilidad que ahora corrobora su primer largometraje, esta delicada crónica sobre la relación de una madre y una hija rotas por el dolor de la pérdida y dispuestas a afrontar la vida por separado, con todos los sacrificios y renuncias que comporta, pero también con las oportunidades que conlleva para volver a ilusionarse con la vida. Lola Dueñas interpreta, con su proverbial facilidad para conectar con el público, a una madre joven que malgasta su vida encerrada en las cuatro paredes de su casa de pueblo, devorando series de televisión y haciendo trabajitos de costura para completar una pensión de viudedad. Anna Castillo, una de nuestras actrices más frescas y naturales, es su hija, conminada a compartir esa vida grisácea y sin esperanza, que un día despierta y decide echar a volar. Atenta a todos los matices y detalles, sin saturación de diálogos, más pendiente de los gestos, Rico demuestra dominar el lenguaje cinematográfico, la imagen, sin necesidad de ningún alarde técnico ni narrativo, ciñéndose a la naturalidad y la verdad que transpira su historia, mostrándose sincera por encima de todo. Y lo hace para hablarnos de ternura, comprensión y esperanza ante una vida que hemos de llenar con ilusión y alegría, aceptando el devenir de las cosas, sintiéndonos satisfechos y satisfechas y cerrando las puertas del pasado más que para entreabrirlas de vez en cuando con el fin de recordarlo sin revivirlo. Alrededor de ellas dos, que protagonizan uno de los más hermosos y brillantes duelos interpretativos que recordamos en nuestro cine en mucho tiempo, un gran elenco de secundarios que sin estridencias ni sobreactuaciones hacen que todo respire la misma naturalidad y sinceridad que la joven realizadora se ha propuesto imprimir en su reveladora y emotiva historia. El resultado es una de las experiencias emocionales más conseguidas de nuestro cine en los últimos años y una firme candidata a cosechar éxito y premios. Sólo le falta una mejor distribución para que llegue a un mayor y más variado público.

lunes, 8 de octubre de 2018

ÁNIMAS Particular disección de mentes perturbadas

España 2018 85 min.
Guión y dirección Laura Alvea y José F. Ortuño, según la novela del primero Fotografía Fran Fernández Pardo Música Frederick Van de Moortel Intérpretes Clara Durant, Iván Pellicer, Luis Bermejo, Liz Lobato, Chacha Huang, Ángela Molina Estreno en Festival de Sitges 4 octubre 2018; en salas comerciales 5 octubre 2018

Los sevillanos Laura Alvea y José Ortuño ven afianzada su carrera cinematográfica con la más que correcta distribución de su segundo largometraje, después de la irregular The Extraordinary Tale of the Times Table que presentaron hace unos años. Con un género más afín a su particular universo, descubierto en cortometrajes como Relojes de arena, y una fuerte apuesta por una estética tan cuidada como original, así como un tratamiento de la imagen y la retórica narrativa muy deudora de su vocación cinéfila, la pareja adapta en este nuevo film una novela de él en la que intenta analizar de forma casi quirúrgica la mente de un joven con un trauma interior, y la de una joven amiga que mantiene más de un punto de conexión con él y su entorno. No merece, aunque nos tiente, hacer un spoiler de una cinta que guarda su mejor carta para el final, mientras nos sumerge en un viaje de tintes oníricos que nos recuerda de alguna manera a David Lynch, y en el que tienen cabida tanto apuntes discutibles de estilo y recursos retóricos muy recurrentes (algún susto irritante, uso chirriante del sonido, paisajes improbables) como otros más sugerentes (influencias cinéfilas, esmerada ambientación), todo lo cual puede provocar alguna reacción negativa ante el posible ridículo del conjunto, pero del mismo modo resulta tan sugerente que atrapa en su invitación a un viaje sensorial y atípico, evitando el aburrimiento, lo que no es poco. Digamos que mientras nada se explica, o lo hace poco, funciona como viaje metafísico, mientras que desvelado su misterio cobra mayor interés. Lástima que en el camino se denoten muchos altibajos, situaciones que no parecen tener sentido, algunos lugares comunes que lastran su carácter presuntamente original, y unas interpretaciones que no logran transmitir suficientemente el estado anímico y espiritual que experimentan sus personajes. Pero lo que no cabe duda es que Ortuño y Alvea tienen la firme intención de no transitar por caminos trillados, buscar un lenguaje propio y reivindicar esa vocación de cinéfilos que alimenta su trabajo y su vida.

HA NACIDO UNA ESTRELLA Nuevas generaciones, misma mirada

Título original: A Star Is Born
USA 2018 135 min.
Dirección Bradley Cooper Guión Will Fetters, Bradley Cooper y Eric Roth, según la historia de William A. Wellman y Robert Carson Fotografía Matthew Labatique Música Lady Gaga, Bradley Cooper, Luke Nelson y Mark Ronson Intérpretes Lady Gaga, Bradley Cooper, Sam Elliot, Rafi Gavron, Andrew Dice Clay, Anthony Ramos, Bonnie Sommerville, Dave Chappelle Estreno en Festival de Venecia 31 agosto 2018; en Estados Unidos y España 5 octubre 2018

Ni más ni menos que la cuarta versión de una historia que ha conocido además muchas más adaptaciones encubiertas. Lo que en un principio era un proyecto de Clint Eastwood con Beyoncé como protagonista le ha servido a Bradley Cooper para debutar en la dirección cinematográfica. Hay que decir que no lo ha hecho mal, si no fuera porque esta cuarta versión oficial no aporta nada, se revela absolutamente inútil hasta el punto de que podríamos concluir que con editar su banda sonora hubiera sido suficiente. No obstante podríamos destacar además del buen pulso narrativo del actor y la convincente interpretación de Lady Gaga en su debut en la gran pantalla. Pero en el apartado argumental apenas se ha cambiado una coma, ni siquiera lo han hecho los géneros, pudiendo haber sido ahora ella la estrella consagrada pero en decadencia que ve, alcohol y drogas mediante, cómo su esposo emerge al estrellato. Ni siquiera eso, todo se mantiene igual mientras se juega con los nombres de los personajes, que de los Norman Maine (Fredric March y James Mason) y Esther Blodgett/Vicki Lester (Janet Gaynor y Judy Garland) que protagonizaron las versiones de William A. Wellman y George Cukor ambientadas en el mundo del cine, pasaron al John Norman (Kris Kristofferson) y Esther Hoffman (Barbra Streisand) que se convirtieron en estrellas de rock en la versión de Frank Pierson de 1976, y de ahí al Jackson Maine (Cooper) y Ally (Gaga) de ahora, de nuevo subidos a los grandes escenarios del rock. Se repiten gestos (la nariz de ella, el baño de espuma, el “volver a mirarte”, etc) pero no se aporta nada nuevo, ni siquiera profundizar en lo roles de género o en otras circunstancias que tanto han cambiado desde entonces, sin actualización alguna. Y aún así se deja ver por el carisma de sus intérpretes, la música y el romanticismo, ahora más ñoño que nunca, que expide.

COLD WAR Dos corazones, cuatro ojos

Título original: Zimma wojna
Polonia 2018 88 min.
Dirección Pawel Pawlikowski Guión Pawel Pawlikowski y Janusz Glowacki Fotografía Lukasz Zal Intérpretes Joanna Kulig, Tomasz Kot, Agata Kulesza, Borys Szyc, Cédric Kahn, Jeanne Balibar Estreno en Festival de Cannes 10 mayo 2018; en Polonia 8 junio 2018; en España 5 octubre 2018

Hubo en el cine francés de los años cincuenta cierta tendencia a contar historias de eso que ellos llaman amour fou, con títulos tan ilustres como Ascensor para el cadalso, El año pasado en Marienbad o Hiroshima, mon amour. En cierto modo se pueden considerar precursoras de esa Nouvelle Vague que tanto marcó el cine galo de los sesenta, aunque ni Malle ni Resnais seguirían en sus carreras los pasos de Godard o Truffaut. El reconocido director polaco Pawel Pawlikowski parece estar mirando hacia ese cine previo a la nueva ola francesa a la hora de abordar esta historia de amor loco, que algunos consideran imposible aunque no se den ciertamente todas las condiciones para poder considerarlo así. Recién salidos del horror nazi que tanto mermó la población y el ánimo de los supervivientes de una Polonia devastada, el pueblo se vio sometido a otro yugo, esta vez más dilatado en el tiempo, el que le propició la dictadura comunista de Stalin. En ese marco se desarrolla una historia que avanza al ritmo de una canción tradicional mil veces versionada en el país y en la película, Dwa seoduszka, cztery oczy (Dos corazones, cuatro ojos) y que la popular cantante polaca Magda Umer hizo suya precisamente en esa década de los sesenta en la que acaba la película del laureado director de Ida. De nuevo en blanco y negro como su oscarizado film, y en formato cuadrado, más propio de los estertores de la época reflejada que de los nuevos avances técnicos surgidos precisamente por aquellos años, Pawlikowski sigue la historia de dos corazones desafortunados. Ella es una joven de fuerte carácter, libre, independiente e indominable, aunque eso le reporte cargar con el estigma de femme fatale responsable del fracaso de una relación en la que él siempre parece dispuesto a darlo todo y ella a mostrarse caprichosa y vulnerable, heredando los tópicos de género de un pasado que debería haber quedado superado. Con una primera parte centrado en elevar el espíritu nacionalista a fuerza de concursos de canto y baile folclóricos, que nos descubre canciones y coreografías absolutamente deliciosas y sirven para reflejar el mecanismo de un poder encargado de distraer la atención de lo que verdaderamente importaba, como suelen hacer los regímenes totalitarios, oficiales y no oficiales; deriva en una segunda parte en el exilio, un Paris típicamente bohemio volcado en el descubrimiento de nuevas tendencias artísticas, especialmente en la música, el jazz y el rock, donde la enérgica mujer emerge como una combinación de Marilyn Monroe y Brigitte Bardot. En ambos ambientes se supone que chocan sus caracteres, esos cuatro ojos que ven la realidad de forma diferente, siendo ahí donde presuntamente surge la imposibilidad de un amor que ambos, dos corazones, se profesan. El conjunto se muestra atractivo, magníficamente fotografiado, no sólo por las texturas sino por los encuadres y la colocación del objetivo, siempre sacando el máximo partido a una meticulosa puesta en escena y unas actuaciones, sea en el escenario de un festival folclórico, en una sala de ensayos, en un club de jazz o en un salón de rock ‘n roll, brillantes. En el apartado interpretativo merece destacarse el trabajo de Joanna Kulig, enérgico y vibrante, mientras Tomasz Kot ofrece el lado más cerebral y equilibrado de la relación; poco seguimos avanzando en cuestiones de género.

viernes, 5 de octubre de 2018

RITMO Y SABOR SINFÓNICO LATINO

XXIX Temporada de conciertos de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Gabriela Montero, piano. John Axelrod, director. Programa: Concierto latino, de Montero; Homenaje a Federico García Lorca, de Revueltas; Obertura Cubana, de Gershwin; Danzón de Fancy Free, de Bernstein; Danzón nº 2, de Márquez. Teatro de la Maestranza, jueves 4 de octubre de 2018

Gabriela Montero
La música tiene esa rara y especial cualidad de exorcizar nuestros males, ayudarnos a superarlos y a seguir adelante, alimentando nuestro espíritu y alegrando nuestro ánimo. Sirve de antídoto a cualquier pesar pero a la vez potencia también nuestros sentimientos, a veces haciendo crecer nuestra melancolía interior, aunque eso también sirve para echarla fuera, desahogarnos y aliviarnos del dolor. Algo así debieron experimentar quienes arrastrando alguna desdicha se dejaran subyugar por la fiesta y la emoción que se fraguó en el segundo concierto de esta temporada de la Sinfónica. En estos programas temáticos cogidos con alfileres, este año maridando la música con la literatura, le tocó el turno a Lorca, si bien sólo una pieza tuvo relación directa con el poeta granadino, mientras el resto evocó esa Latinoamérica de los 300 millones que acompañaron nuestra infancia, orgullosa, jubilosa y presta a superar los malos tiempos que siempre le amenazan. Muy presente naturalmente la Cuba que se liberó de España el mismo año que dio nombre a la generación de escritores que tanto admiraba la otra a la que perteneció Lorca.

Gabriela Montero, que tan buen sabor de boca nos dejó la temporada pasada en su recital en solitario, ejerció como maestra de ceremonias en una primera parte en la que pudimos apreciar su talento como intérprete y compositora. Pocas veces hemos tenido la oportunidad de disfrutar del estreno de una partitura de la mano de la persona que la creó. Apenas interpretado antes (su estreno absoluto tuvo lugar en Leipzig en 2016), el Concierto Latino de Montero tiene más de un punto de interés y constituye sin complejos una pieza a tener en cuenta. En él la compositora demuestra tener un dominio absoluto de la técnica compositiva, la orquestación y un manejo de la expresividad que le lleva de la contención a la explosividad más absoluta. Son cubano y conga se distinguen en su primer movimiento, un Mambo de vertiginosa lectura que Montero abordó con sentido del color y la pirotecnia, mientras Axelrod arropó con elegancia y respeto. Un evidente carácter trágico y oscuro se evidenció ya en ese primer movimiento, pero se hizo más patente en el muy sentido Andante central, en el que la pianista desplegó su habilidad para mostrarse tan romántica e intensa como los tangos argentinos evocados. En el allegro venezolano final resurgió la furia, con texturas superpuestas, ostinati múltiples y mucho sentido del ritmo, también palpable en la cada vez más versátil orquesta sevillana. Como cabía esperar, las propinas versaron sobre improvisaciones de la propia pianista y compositora a partir de melodías propuestas por el público (unas sevillanas clásicas reconvertidas en fuga de Bach), el director (una melodía lorquiana devenida en polonesa chopiniana) o ella misma en homenaje a nuestro país, con un acertado estilo a lo Albéniz o Granados.

Mariana Cordero
La actriz Mariana Cordero, a quien hemos visto en películas como Techo y comida o La novia, recitó con hondura y sin la tan temida afectación unos poemas de Lorca antes de interpretarse el Homenaje de Silvestre Revueltas para conjunto de cámara. Trece intérpretes sobre el escenario desgranando el sabor mexicano de la pieza, con ecos directos e indirectos de rancheras y mariachis, a la que quizás le faltó algo de humor y pique en su Baile inicial, resultando doliente y agresivo su Duelo central, único movimiento inspirado directamente en el asesinato del poeta, y de nuevo fiestero y esperanzador su Son final. Aunque en el programa se asegura que todas las piezas de esta segunda parte las tocaba la ROSS por primera vez, lo cierto es que la Obertura Cubana de Gershwin ya fue abordada con Halffter a la batuta hace unos años. Parece incluso que se haya utilizado la misma partitura, cuyo final difiere en cierto modo del habitualmente interpretado y grabado. Axelrod aprovechó para contagiar a la orquesta de alegría, exaltación y apoteosis, logrando una lectura robusta y rutilante de tan espectacular pieza. Sólo la percusión fue ya un dechado de ritmo y pintoresquismo, en lo musical y lo visual. Tras ella el breve Danzón del ballet Fancy Free de Bernstein, que sirvió para finalizar definitivamente el homenaje al autor americano en el centenario de su nacimiento, resultó contenido y elegante, mientras en el más lírico y conmovedor Danzón nº 2 del compositor mexicano Arturo Márquez, caballo de batalla de Gustavo Dudamel, las prestaciones de la orquesta volvieron a brillar en lo expresivo y en lo técnico. Dedico humildemente esta reseña de un concierto tan entretenido, amable y distendido a mi querida amiga Emilia, que a buen seguro sabrá encontrar en eso que tanto ama y cultiva, la música, el ánimo y consuelo que necesita ante la mayor tragedia que nadie sea capaz de sufrir.

jueves, 4 de octubre de 2018

UN PEQUEÑO FAVOR Sofisticada comedia de intriga

Título original: A Simple Favor
USA 2018 117 min.
Dirección Paul Feig Guión Jessica Sharzer, según la novela de Darcey Bell Fotografía John Schwartzman Música Theodore Shapiro Intérpretes Anna Kendrick, Blake Lively, Henry Golding, Dustin Milligan, Rupert Friend, Bashir Salahuddin, Eric Johnson, Linda Cardellini, Jean Smart, Andrew Rannells, Glenda Braganza, Kelly McCormack Estreno en Estados Unidos 14 septiembre 2018; en España 28 septiembre 2018

El cine de Paul Feig se ha caracterizado por su humor grosero y grotesco, por haber contado casi siempre con Melissa McCarthy entre sus protagonistas, y por haber dirigido repartos esencialmente de mujeres. La boda de mi mejor amiga, Espías y el remake de Cazafantasmas lo demuestran. Afortunadamente en su última película ha prescindido de las dos primeras características y se ha quedado sólo con la tercera para construir una comedia sofisticada y elegante, divertida y amena que gira a la mitad hacia una intriga criminal igualmente elegante y hasta cierto punto fascinante, aunque conforme avanza se va convirtiendo en algo forzado y poco plausible. Parte para ello de una novela apenas publicada unos meses antes de empezar a rodar y que debe mucho de su argumento a una reciente película de misterio que cosechó cierto éxito entre los incondicionales de su reputado director. Se puede reprochar a este divertimento su larga e innecesaria duración, no así el excelente trabajo de sus protagonistas, una Anna Kendrick que no irrita ni con sus excesos gesticulantes porque está sencillamente divertidísima, y una atractivísima Blake Lively ataviada con un sensacional vestuario para dar vida a su particular femme fatale. El chispeante guión, dirigido especialmente a potenciar la mala baba de las amigas y antagonistas heroínas y el mundo que les rodea, donde encontramos padres y madres cotillas y envidiosos, unas parejas excéntricas, un detective burlón y un diseñador egocéntrico, contribuye a hacer de esta película una agradable experiencia que devuelve la esperanza en la comedia sofisticada americana. En el apartado musical Theodore Shapiro juega a ser Alexandre Desplat, lo que convierte su banda sonora en un complemento ideal para la sensacional selección de canciones del pop francés de los sesenta que añaden aún más glamour a la cinta. Por cierto, también la jerezana Mala Rodríguez tiene un hueco en la banda sonora de la película.

SEARCHING El valor del trasfondo de una intriga ridícula

USA 2018 101 min.
Dirección Aneesh Chaganty Guión Aneesh Chaganty y Sev Ohanian Fotografía Juan Sebastián Barón, Nick Johnston y Will Merrick Intérpretes John Cho, Debra Messing, Joseph Lee, Michelle La, Sara Sohn Estreno en Festival de Sundance 21 enero 2018; en Estados Unidos 31 agosto 2018; en España 28 septiembre 2018

Teniendo en cuenta que la presunta originalidad y frescura que se le achaca a esta película, narrada en su totalidad a través de las pantallas de un ordenador, ya había sido ampliamente experimentada por Nacho Vigalondo hace cuatro años en Open Windows, y que la trama criminal que propone se nos antoja tan ridícula como manipuladora, apenas queda mucho por celebrar en el debut del joven realizador Aneesh Chaganty. Y sin embargo es en el trasfondo social donde la cinta se muestra inteligente y lúcida. El gran esfuerzo de producción y distribución que exhibe, con todas las pantallas íntegramente traducidas al castellano, igual que lo estarán al francés, alemán, ruso, japonés y cuantos idiomas más, tanto o más que nuestros propios ordenadores personales, no se corresponde con la decisión de dejar su título original en lugar de su traducción Buscando, como sí se ha hecho en Latinoamérica, siempre más respetuosa con el castellano. La investigación que lleva a cabo un padre respecto a la desaparición de su hija, ambos americanos de origen oriental, lo que unido al director de origen indio, el director de fotografía de origen hispano y al carácter ruso del productor, el también director Timbur Bekmambetov (Wanted, Ben Hur), convierten éste en un producto muy exótico y global, a través de los dispositivos electrónicos de ella, podría haber sido más ingeniosa y sofisticada, pero en su primera mitad no conduce a nada, mientras en la segunda abundan los giros insospechados y las casualidades con las que sacarse la resolución de la chistera. Se echa mucho de menos ese cine y televisión policial americano en el que abundaba el ingenio, la sorpresa y la admiración. Pero hay cuestiones de fondo que trata esta película, quizás de forma más inconsciente de lo deseado, que dan cierto valor al producto: Nuestra dependencia de la tecnología y de las redes sociales, sin las cuales pareciera que no existimos, la escasa empatía que tenemos con el entorno, al que retratamos y grabamos hasta la saciedad pero al que apenas conocemos, y la tendencia mediática a crear espectáculo sensacionalista. Por lo demás la trama y su desarrollo produce algo parecido a la vergüenza ajena.

lunes, 1 de octubre de 2018

EL REVERENDO Redención ecológica

Título original: First Reformed
USA 2017 108 min.
Guión y dirección Paul Schrader Fotografía Alexander Dynan Música Brian Williams Intérpretes Ethan Hawke, Amanda Seyfried, Michael Gaston, Cedrid the Entertainer, Victoria Hill, Philip Ettinger, Bill Hoag Estreno en el Festival de Venecia 31 agosto 2017; en Estados Unidos 18 mayo 2018; en España 28 septiembre 2018

No le debe haber resultado muy difícil al guionista de Toro salvaje y director de American Gigoló generar el argumento y el estilo de esta su última y parece que muy celebrada película. Siguiendo un esquema parecido, sobre todo a partir de su segunda mitad, al de Taxi Driver, de la que también fue guionista, echando mano de algunos de los ingredientes más frecuentes en el reciente drama americano, como la enfermedad terminal y el trauma familiar, que parecen indispensables para definir una personalidad atormentada, y añadiendo sus personales inquietudes sobre la Iglesia de la que parece ser fiel, la Calvinista, todo ello combinado y aderezado con el particular estilo estético y narrativo de las películas de Bergman, no exento de ciertas influencias del Paul Thomas Anderson más pretencioso (El maestro, Pozos de ambición), consigue un producto irritante y caduco ya desde su inicio. Su título original parece aludir a ese Primer Gran Despertar americano que tuvo lugar en torno al siglo XVIII y que puso el acento en una profunda espiritualidad y el nacimiento en el seno de la Iglesia protestante de una nueva moral que contribuyera sobre manera a la salvación del hombre. El reverendo del título original recibe esa revelación en forma de causa para una lucha, en este caso contra el cambio climático y los estragos que la humanidad ha provocado en el planeta en el que vivimos. Como en aquella película de Scorsese protagonizada por Robert de Niro, nuestro protagonista encuentra en una hermosa mujer el motivo para adentrarse en una lucha que le era ajena, y a partir de ahí surgen las críticas al orden establecido, los intereses económicos de la Iglesia y la falsa religión profesada por quienes se erigen en pilares de esa misma Iglesia tan necesitada de una nueva reforma. Como se puede apreciar, otra película sobre seres atormentados dispuestos a radicalizarse para hacer suya una causa ética legítima, que con una puesta en escena medida y austera, apoyada en una fotografía sobria y académica y unas interpretaciones emotivas, especialmente en el caso de Ethan Hawke, dé como resultado una posible película de culto. El problema es que ni lo que cuenta ni cómo lo cuenta, ridícula escena onírica incluida,  nos llega a entusiasmar, cayendo en ese profundo pozo de la apatía, la que provocan los trabajos pedantes y ambiciosos como éste que a nuestro parecer no conducen a ninguna parte, y si lo hacen acaban resultando tan ingenuos como artificiosos.

GIRL ¡Quiero un cuerpo para bailar!

Bélgica-Países Bajos 2018 100 min.
Dirección Lukas Dhont Guión Lukas Dhont y Angelo Tijssens Fotografía Frank van den Eeden Música Valentin Hadjadj Intérpretes Victor Polster, Arieh Wrothalter, Valentjin Dhaenens, Oliver Bodart, Tijmen Govaerts, Katelijne Damen Estreno en el Festival de Cannes 12 mayo 2018; en España 28 septiembre 2018; en Bélgica 17 octubre 2018

El joven Lukas Dhont ha triunfado con su debut en el largometraje, logrando varios premios en la sección Un certain regard del pasado Festival de Cannes y haciéndose con el Premio del Público a la mejor película europea en el recientemente clausurado Festival de San Sebastián. Y es que su película es una mirada sensible y hasta cierto punto novedosa del tema del cambio de sexo, su aceptación y el juego de roles en una sociedad todavía tan estructurada en géneros, clases y etnias como la de esa Europa que se cree moderna y avanzada. Y puede que hasta cierto punto lo sea, no en vano la película recuerda irremediablemente, aunque en otro registro completamente diferente, a ese Billy Elliot que hoy convertido en musical nos contaba la historia de un niño que quería triunfar como bailarín y los obstáculos que encontraba en su camino, especialmente por parte de un padre irracional e incapaz de entender más allá de una cultura fuertemente castradora, tan influida por la religión. Afortunadamente en estos cuarenta años transcurridos entre la era Thatcher en que se ambientaba la cinta de Stephen Daldry y la película de Dhont, las cosas han cambiado mucho. Tras una primera mitad que a muchos nos parece idílica, con padre completamente entregado a la felicidad de su hija, una sociedad tan ajena a una Iglesia que cuanto más desapegado se está de ella más fácil es alcanzar la felicidad y el bienestar espiritual, y un proceso de aceptación e inminente intervención quirúrgica que parece hacer las delicias de una joven atrapada en un (bello y estilizado) cuerpo de hombre, la cinta se adentra en su segunda parte en los lugares comunes del género, como queriendo denunciar que aún queda mucho camino por recorrer. La crueldad circundante, ya sea inconsciente como en el caso de las compañeras de ballet, o tan consciente del hermano pequeño cuando se enfurece, hace su aparición, mientras la protagonista va experimentando graves problemas de aceptación que le hacen incluso adoptar comportamientos tan llenos de impostura como de dolor interior. Puede que éste tuviera que ser el camino elegido para dar sentido al film, pero a algunos nos hubiera encantado que se mantuviera un espíritu de celebración que justificara todavía más la rotunda necesidad de dejar vivir y facilitar la mejor vida posible a nuestros semejantes, recreando esa sociedad libre, independiente y desprejuiciada que ha de servir de base y fundamento para esa felicidad exigua y caduca a la que sólo podemos aspirar en una vida que se nos antoja tan limitada. Pero eso hubiera sido otra película. A destacar la excelente interpretación del bailarín Victor Polster, y la entrañable relación de su personaje con su padre taxista, así como la capacidad de Dhont para hacer de su debut un ejercicio muy carnal, en el que el espectador sea capaz de experimentar los cambios y las limitaciones con las que cuenta esta Girl tan deliciosamente particular.