lunes, 30 de abril de 2018

7 DÍAS EN ENTEBBE Una perspectiva del tiempo poco aprovechada

Título original: Entebbe
USA-Reino Unido 2018 107 min.
Dirección José Padilha Guión Gregory Burke Fotografía Lula Carvalho Música Rodrigo Amarante Intérpretes Rosamund Pike, Daniel Brühl, Eddie Marsan, Lior Ashkenazi, Ben Schnetzer, Nonso Anozie, Denis Ménochet, Juan Pablo Raba, Mark Ivanir, Zina Zinchenko, Angel Bonnani, Andrea Deck Estreno en Festival de Berlín 19 febrero 2018; en Estados Unidos 16 marzo 2018; en España 27 abril 2018

Hollywood, en su afán por vampirizar talentos de fuera, adoptó al director brasileño José Padilha, autor en su país de dos películas de acción, Tropa de élite y su secuela, que demostraron su buen pulso cinematográfico, para dirigir el olvidable remake de Robocop y la exitosa serie de televisión Narcos. Ahora se encarga de una nueva versión de los fatídicos hechos que sacudieron al Mundo en 1976, cuando un grupo de terroristas por la liberación de Palestina y dos colaboradores alemanes secuestraron un avión de Air France cargado de israelitas judíos, a los que retuvieron en el viejo aeropuerto de Entebbe, en la Uganda de Idi Amin, con el fin de canjearlos por terroristas encarcelados en diversos países del globo terráqueo. El episodio fue en su momento llevado inmediatamente a la televisión (apenas unos meses después), con dos lujosos telefilms plagados de estrellas al más puro estilo del cine de catástrofes que tanto se prodigaba por aquel entonces. Una, Victoria en Entebbe, la dirigió Marvin Chomsky (Holocausto, Raíces) y contaba entre sus intérpretes con Burt Lancaster, Helmut Berger, Kirk Douglas y Elizabeth Taylor, pero una factura técnica y artística muy pobre; se estrenó en España en cines. Mientras la segunda, Brigada antisecuestro, la dirigió Irwin Kershner (El imperio contraataca, Nunca digas nunca jamás) con más brío y talento, y con Charles Bronson, Peter Finch y Horst Buchholz en sus filas. Por si fuera poco, un año después, en 1977, Israel ofreció su propia versión en el film Operación Relámpago (que en esta nueva versión el doblaje rebautiza como Trueno, como si se tratara de una de James Bond), con el carismático y fullero Menahen Golan tras la cámara y un reparto ya menos atractivo en el que apenas sobresalía Klaus Kinski. A pesar de mimetizar esos trabajos televisivos y antojarse como un ensayo de su posterior Delta Force, la cinta logró colarse entre las cinco nominadas al Oscar a la mejor película de habla no inglesa de aquel año. Cuarenta años después ha pasado tiempo de sobra para ofrecer una visión con mayor perspectiva que aquellos trabajos urgentes, y sin embargo poco más ofrece este espectáculo blando y mediocre, al margen de proponer un ridículo paralelismo entre la frustración terrorista y la danza contemporánea, tan cogida por los pelos como difícil de explicar. Esperábamos más del guión del responsable de ese buen trabajo de suspense militar que fue la irlandesa '71, sin embaro Gregory Burke se centra más en las inseguridades y problemas de conciencia de los dos terroristas alemanes, especialmente la mujer, a la que da vida con su proverbial frialdad la británica Rosamund Pike, dejando de lado los perfiles de las personas secuestradas, con lo que la empatía con el drama resulta menos efectiva. El film de Padilha se articula con profesionalidad y plantea ese nuevo punto de vista que nos hace ser más solidarios con el drama palestino, cuando entonces sólo veíamos terroristas despiadados. Pero lo cierto es que se deja llevar por la ambición y naufraga en su intento de tejer un perfil inteligente y satisfactorio sobre las personas que luchan por su libertad y sus ideales, aunque sea a través de métodos expeditivos y repudiables. Por otro lado, mientras en todos los trabajos anteriores se ponía especial hincapié en la misión de rescate, ocupando un enérgico cuarto de hora final, en ésta ese episodio se despacha con ligereza, una fastidiosa cámara lenta y total falta de detalle y organización.

domingo, 29 de abril de 2018

VOCES CRUZADAS EN EL 8º CONCIERTO DE CÁMARA DE LA ROSS

8º concierto del XXVIII ciclo de música de cámara de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Quinteto de Viento Ábrego: Toni Hervás Borrull, flauta; Héctor Herrero Canet, oboe; José Luis Fernández Sánchez, clarinete; Ramiro García Martín, fagot; Ángel Lasheras Torres, trompa. Programa: Candide Overture, de Bernstein; Summer Music, de Barber; Woodwind Quintet, de Carter; Belle Epoque en Sud-América, de Medaglia. Espacio Turina, domingo 29 de abril de 2018

La noche Bernstein del sábado tuvo su prolongación el domingo por la mañana con el ciclo de cámara de la ROSS en el Espacio Turina. Arropado por otros dos reconocidos compositores norteamericanos y uno menos célebre brasileño, y con el pretexto de cruzar América (sólo relativamente), el Quinteto Ábrego, nombre bajo el que se agrupan cinco destacados intérpretes de la Sinfónica y que hace referencia a un viento típico de Andalucía que trae temporales en otoño y esta rara estación en la que estamos, nos brindó una serie de interesantes piezas, aumentando así el número de obras raramente interpretadas a las que estos conciertos tan bien nos acercan. Un trabajo ejemplar para el que en ocasiones se ofrecen versiones adaptadas al conjunto de instrumentos convocados, y otras como ésta se ajustan perfectamente a la plantilla.

Una de las obras de Bernstein más programadas, la obertura de la ópera Candide, se ofreció en versión adaptada por el trompista Ángel Lasheras, que logró un trabajo satisfactorio, capaz de transmitir con sólo cinco instrumentos todo el universo de sensaciones que provoca esta festiva página orquestal, si bien echamos en falta algo más de empuje y decisión en el fascinante crescendo que casi le pone punto y final. Las interpretaciones vinieron acompañadas de explicaciones de los músicos, no muy acertadas en forma y contenido en el caso del por otro lado simpático clarinetista José Luis Fernández, mejor en la segunda parte en manos del flautista Toni Hervás, y es que la retórica sigue siendo una de tantas asignaturas pendientes en nuestro país. Aún así hay que agradecer que esta vez se atrevieran a hablar ante el público. Tampoco nos pareció acertada la brevísima duración del concierto, decepcionante para quienes adquieren su entrada, y con un innecesario intermedio que casi duró más que cualquiera de las dos partes en las que se dividió. Los aires pastorales de la Música de Verano de Samuel Barber quedaron bien reflejados en una meticulosa aunque algo fría interpretación, más anclada en el lirismo que en la energía contrapuntística de algunos de sus pasajes. De cualquier manera quedó patente el dominio técnico de los músicos, con especial hincapié en el control y la presencia de la trompa y el aire de fluida conversación que otorgaron al conjunto.

Con el Quinteto de Viento de Elliot Carter la meta era lograr un gran fluido rítmico y que cada instrumento abordara por separado sus cometidos y líneas melódicas sin que el conjunto se resintiera de cierto desorden o anarquía, y cierto que la alcanzaron. Más convencional y amable fue el Belle Epoque de Julio Medaglia compuesto para el Bläserquintett de la Filarmónica de Berlín, destacando el aire relajado y desenfadado del Ensoñador paseo por el lago Attersee a ritmo casi de vals, y sobre todo el febril trabajo del clarinetista en el chorinho final a lo tico tico.

THE BERNSTEIN BEAT: POR AMOR A LENNIE

The Bernstein Beat. Programa educativo de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Orquesta Sinfónica Conjunta. Fundación Barenboim-Saïd. Jamie Bernstein, narradora. John Axelrod, dirección. Programa: Danzas fantásticas OP. 22, de Joaquín Turina; The Bernstein Beat, con música de Leonard Bernstein. Teatro de la Maestranza, sábado 28 de abril de 2018

The Bernstein Family, de izquierda a derecha: Nina Maria Felicia, Jamie Anne Maria, Lennie, Alexander y Felicia
En un fluido castellano, herencia de su madre la actriz y pianista costarricense Felicia Montealegre, la mayor de los hijos de Leonard Bernstein, Jamie, vino a poner la guinda a las celebraciones que en Sevilla se están llevando a cabo con motivo del centenario del célebre compositor y excelente director de orquesta, impulsadas por su alumno y admirador John Axelrod, director de nuestra Sinfónica, cuyos profesores animan y motivan los sensacionales resultados del brillante alumnado de la Fundación Barenboim-Saïd y la orquesta que dirige con aplomo y entusiasmo Juan García Rodríguez, nuestra idolatrada Sinfónica Conjunta. Todos estos talentos se pusieron de acuerdo para edificar este irrepetible concierto, una auténtica fiesta de la juventud, la cultura, la fraternidad y la cooperación, justo lo que Lennie hubiera soñado y por lo que luchó a lo largo de su estimulante vida. Amor de hija y admirable alumnado, como ella mismo tildó a la joven orquesta convocada, podrían resumir esta singular propuesta.

Axelrod dirige a la Sinfónica Conjunta y la Academia de Estudios Orquestales
Centrado en el ritmo, y con el fin de hermanar al homenajeado artista norteamericano con uno de los más reputados e insignes sevillanos, Turina, el concierto arrancó con una breve primera parte en la que se ofrecieron una Danzas Fantásticas ampulosas y potentes, quizás demasiado, sin que se apreciasen con justicia sus matices y delicadezas, destacando más bien sus aspectos más fogosos, a lo que los jóvenes músicos se entregaron con disciplina y mucha dignidad. Fue el preámbulo al proyecto educativo de Jamie Bernstein inspirado por los programas que bajo el título de New York Philharmonic Young People’s Concerts se emitieron en la CBS entre 1958 y 1972. En un estilo que aquí adoptarían gente como Fernando Argenta, en estos espacios televisivos Bernstein introducía la música clásica para los más jóvenes de la misma forma que ahora hace en escenarios de todo el mundo su hija Jamie, en esta ocasión rindiendo tributo a su propio padre, siguiendo un guión muy medido y a la vez fresco y espontáneo, y con divertidas intervenciones de algunos de los abundantes niños presentes en la sala, que mantuvieron en general muy buena compostura. Ofrecida así la música, en píldoras y con ejemplos clarificadores, se llega a apreciar mejor los detalles de ritmo y composición, su espíritu y la intención del autor, útil para quienes se inician y para los más que iniciados.

Iniciación a la música
En los atriles algunas de las obras más populares del autor, extraídas de sus piezas de concierto basadas en éxitos teatrales como On the Town (cuya versión cinematográfica aquí se tituló Un día en Nueva York, y que representa uno de los mayores ultrajes a la carrera de Bernstein al suprimirse casi todas las canciones del referente teatral y sustituirlas por otras compuestas por Adolph Green y Betty Comden), el ballet Fancy Free, el oratorio escénico Mass y por supuesto West Side Story, de la que se eligió el prólogo, el mambo, el cha-cha y la fuga, todos movimientos de sus Danzas Sinfónicas, además de un impecable arreglo orquestal de America con el que se cerró el concierto. Desde el Times Square: 1944 con el que inició este recorrido, la frondosa orquesta se movió como pez en el agua brindándonos unas interpretaciones brillantes e impolutas de estas páginas, traduciendo a la perfección el espíritu jazzístico, caribeño y folk que las animan, con intervenciones solistas de primerísimo nivel y una percusión de considerable categoría. Es extraordinario cómo han proliferado las orquestas jóvenes en nuestra comunidad, un inmejorable vehículo para la formación musical y humana de nuestros y nuestras intérpretes, algo que particularmente en Sevilla se ha beneficiado del inmenso trabajo realizado por la Fundación Barenboim-Saïd, sin olvidar el que desde hace tanto se promueve desde la OJA. En cuanto a la Sinfónica Conjunta, después de intervenir en el foso en la zarzuela Entre Sevilla y Triana, y en la Sala Manuel García en El retablo de Maese Pedro, ésta ha sido la primera vez que se sube al escenario del Maestranza. Teníamos ganas de comprobar cómo sonaría en un espacio con tan buena acústica, y los resultados no pueden ser mejores. ¡Cuánto han cambiado algunas cosas en esta ciudad y cómo lo celebramos! Así no hay lugar para la nostalgia, mejor mirar hacia el futuro.

Versión extensa del artículo publicado en El Correo de Andalucía el 30 abril 2018

sábado, 28 de abril de 2018

NOCHE DE JUEGOS Saltarse las reglas y acertar

Título original: Game Night
USA 2018 98 min.
Dirección John Francis Daley y Jonathan Goldstein Guión Mark Pérez Fotografía Barry Peterson Música Cliff Martínez Intérpretes Jason Bateman, Rachel McAdams, Kyle Chandler, Sharon Horgan, Jesse Plemons, Billy Magnussen, Kylie Bunbury, Lamorne Morris, Danny Huston, Michael C. Hall, Chelsea Peretti, Camille Chen Estreno en Estados Unidos 23 febrero 2018; en España 27 abril 2018

Los realizadores de la olvidada comedia de hace tres años Vacaciones parecen haber dado en la diana con esta nueva incursión en el género que promete ser la comedia del año, y méritos no le faltan, aunque tampoco podemos obviar sus insuficiencias. El juego desinhibe y nos hace regresar a la infancia. Mezclado además con el crimen y el misterio otorga al conjunto un atractivo especial al que es difícil resistirse, y para eso podemos recurrir a los sempiternos ejemplos de La huella de Mankiewicz y La trampa de la muerte de Lumet. Pero es en Misterioso asesinato en Manhattan donde sus protagonistas se prestaban a un divertido juego de investigación, inconscientes del drama humano que se escondía tras lo que ello se tomaban como un excitante juego, y ¡cómo disfrutaban los personajes de Allen, Keaton, Alda y Huston al respecto! Algo parecido les ocurre a las tres parejas que protagonizan ésta, que se reúnen periódicamente para entretenidas sesiones domésticas de juego, y al acólito cuya propuesta los va a poner patas arribas y va a hacer que la cosa se desmadre y se les vaya de las manos. El artilugio funciona desde el momento en que sus realizadores saben jugar sus cartas, imprimiendo fuerza, ritmo y carácter al conjunto, mientras los intérpretes consiguen estar espléndidos en sus respectivos roles, y el guión logra funcionar en los apartados de chistes, situaciones divertidas y diálogos chispeantes, consiguiendo que se mezclen con gracia y oportunidad diversas capas argumentales, pasando de la investigación al juego y a las cuestiones sentimentales que hacen de éste un tratado sencillo y ligero sobre la vida en pareja. Pero el problema surge del propio artificio, con dos películas de David Fincher como modelo, The Game y en menor medida El club de la lucha, y construyendo una trama en la que no todo acaba por cuadrar, donde las muñecas rusas que la sostienen no tienen suficiente consistencia y las convenciones van surgiendo para intentar salvar el disparate de sus propuestas. Una lástima, porque con un poco más de ingenio y algo menos de ambición el producto podría haber salido redondo. Para colmo, si tienen la paciencia de quedarse hasta el final, después de los créditos comprobarán el ánimo de su equipo por desconcertarnos aún más y proponer mayores disparates y sinsentidos. Pero a pesar de todo divierte, que no es poco.

viernes, 27 de abril de 2018

EL DULCE TORMENTO MOZARTIANO DE BERNA PERLES

12º concierto de abono de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Berna Perles, soprano. Tatiana Postnikova, piano. Junichi Hirokami, dirección. Programa: Obertura Egmont Op.84 y Aria de concierto “Ah, pérfido!... Per pietà, non dirmi addio”, de Beethoven; Aria de concierto “Ch’io mi scordi di te?... Non temer, amato bene” y Sinfonía nº 40 K.550, de Mozart. Teatro de la Maestranza, jueves 26 de abril de 2018

Berna Perles
Habría que analizar concienzudamente el porqué de los títulos asignados a cada concierto de temporada de la Sinfónica. Amores inmortales parece entroncar con el sobrenombre asignado a la misteriosa dama que fue objeto del amor de Beethoven, y que dio lugar a una película de Bernard Rose con el hoy celebrado y laureado Gary Oldman como protagonista, denostada por un amplio sector de la crítica y de la que sin embargo algunos guardamos un muy grato recuerdo, con momentos sobrecogedores como la huida del joven Ludwig de los azotes de su padre al son del scherzo del cuarto movimiento de la Sinfonía nº 9, justo antes del estallido jubiloso de una Oda a la Alegría cubierta de un cielo estrellado. Ciertamente en este programa se invocaron dos arias de concierto con el despecho amoroso como tema. El abandono y la traición informan estas sobresalientes piezas sinfónico-vocales compuestas por Mozart y un Beethoven muy mozartiano, que fueron cantadas en su día por una misma soprano, Josepha Duschek, amiga personal del primero y de quien se dice estuvo encaprichado el segundo. Se nos escapa sin embargo la pertinencia de incluir en el programa la Obertura de la música incidental del drama escénico de Goethe Egmont, interpretada íntegramente hace cuatro años en este mismo espacio, sobre el noble caballero flamenco que pagó con la decapitación haberse enfrentado a su primo, el monarca español Felipe II. Y aún menos la inclusión de la celebérrima Sinfonía nº 40 de Mozart, concebida en circunstancias tumultuosas de carácter económico, profesional y sentimental para su autor.

Tatiana Postnikova
Sea como fuere el concierto sirvió para seguirle la pista a la soprano malagueña Berna Perles, que ya formó parte del elenco que ofreció hace año y medio Un avvertimento ai gelosi del sevillano Manuel García, de nuevo de actualidad gracias al libro que a él y su muy musical familia le ha brindado el crítico e historiador Andrés Moreno Mengíbar. Su voz potente y arrolladora, de timbre sedoso y rotunda personalidad, se manejó muy bien en los registros más agudos, pero le queda trabajar aún más las posibilidades de su extensión, ya que pierde mucho color y presencia en los extremos graves, provocando considerables desequilibrios que deslucen una interpretación que podría ser sensacional. Eso ocurrió fundamentalmente en Ch’io mi scordi di te?, que arrancó apabullante en el recitativo inicial, para atascarse en más de una ocasión en el rondó siguiente y volver a destacar en el apoteósico final. Tatiana Postnikova acompañó con delectación y notable precisión, pero en una línea muy melosa y edulcorada más propia del Romanticismo que del Clasicismo. Junichi Hirokami se perfiló como enérgico director, pero no logró sintonizar con las solistas convocadas, por lo que cada elemento parecía ir por su lado. Mejor fueron las cosas en el aria de Beethoven, Ah, pérfido!, modelada sobre el aria de concierto Bella mia fiamma de Mozart, y cuya extrema dificultad fue brillantemente salvada por Perles, seguramente porque exige mayor facilidad de extensión para el agudo. Quedó clara ahí la tesitura de esta joven soprano dramática, con una muy expresiva cabaletta de inmensa dificultad vocal. Como propina Perles volvió a desafiar en coloratura y bravura con un ejemplar Or sai chi l’onore que canta Doña Ana en Don Giovanni. Disfrutar de este aria con batuta sentada en el pedestal y la expresión de ternura de la violinista Amelia Mihalcea dibujada en su cara, fue de por sí suficientemente emocionante.

Junichi Hirokami
Hirokami se reveló como director entusiasta, danzarín y muy enérgico. incluso cómico; pero todo su esfuerzo parecía encaminado a articular un sonido impecable, consiguiendo texturas y líneas muy acordes con la partitura, pero sin añadir apenas personalidad ni indagar sobre los resortes expresivos de cada pieza. Resolvió la Obertura Egmont con aplomo y trascendencia, destacando la creación de una atmósfera inquietante, a veces amenazante, y todo a pesar de unos metales algo pachangueros. Por otro lado, a la Sinfonía nº 40 le faltó intensidad, tensión y espíritu febril, si bien tampoco fue una interpretación caracterizada por la ligereza ni la mera delicadeza. No obstante hubiéramos celebrado una mayor potencia y emoción, incluso quizás algo más de ferocidad y determinación, aunque en definitiva podamos considerar que logró una versión mesurada y técnicamente impoluta de esta singularísima obra que merece una visión más sentimental y decididamente turbulenta.

jueves, 26 de abril de 2018

ISLA DE PERROS Fábula entre la cultura japonesa y la animalista

Título original: Isle of Dogs
USA-Alemania 2018 101 min.
Dirección Wes Anderson Guión Wes Anderson, Roman Coppola, Kunichi Nomura y Jason Schwartzman Música Alexandre Desplat Voces (en versión original) Bryan Cranston, Koyu Rankin, Edward Norton, Bob Balaban, Bill Murray, Jeff Goldblum, Kunichi Nomura, Akira Takayama, Greta Gerwig, Frances McDormand, Akira Ito, Scarlett Johansson, Harvey Keitel, F. Murray Abraham, Yoko Ono, Tilda Swinton, Ken Watanabe, Fisher Stevens, Liev Schreiber, Courtney B. Vance, Roman Coppola, Anjelica Huston Estreno en Festival de Berlín 15 febrero 2018; en Estados Unidos 13 abril 2018; en España 20 abril 2018

Nueva incursión del excéntrico Wes Anderson en el cine de animación siguiendo la técnica del stop-motion, tras Fantástico Mr. Fox, una película que no recordamos nos resultara muy simpática, y justo después de triunfar hace tres años con Gran Hotel Budapest. En cierto modo, y con este último título reseñado como referencia, casi todo el cine de Anderson parece pertenecer al género, por su tratamiento de la imagen y, sobre todo, por su narrativa, tan anclada a un mundo de fantasía y de color que nos remite a la infancia más diversa e incluso marginal y hasta torturada, como se puede constatar en películas como Life Aquatic, Viaje a Dajeerling o Moonrise Kingdom. Con la ayuda de algunos de sus incondicionales, como Jason Schwartzman y Roman Coppola, sobrino e hijo respectivamente de Francis, Wes Anderson edifica su particular canto de amor a la cultura japonesa y, de paso, al universo canino, con una entretenida fábula, por una vez más sencilla y menos pedante de lo habitual en él, en la que un niño busca a su mascota entre la miseria y la basura a la que han sido condenados todos los perros de una ciudad japonesa con un virus letal como pretexto para el destierro y la marginación. Metáfora de la manipulación de los poderes fácticos sobre la opinión pública, el control del poder y la presión sobre los medios de comunicación, Anderson teje su fábula como si fuera un haiku, un poema breve sobre la diversidad y la injusticia en un mundo en el que aún queda resquicio para el amor, la camaradería y la solidaridad. Pero aunque hay abundancia de referentes nipones en esta nueva película del director de Los Tennenbaum, incluida una carismática banda sonora de Alexandre Desplat en la que la percusión tan ligada al teatro kabuki tiene un alto protagonismo, su particular universo se articula en torno a otras referencias culturales, entre las que no faltan Disney (La dama y el vagabundo), Antoine de Saint-Exupéry (el niño piloto encuentra una camada que le enseña los misterios de la vida, cual principito colectivo, en su búsqueda de su mascota guardián) o Michael Ende (la niña revolucionaria que apoya su causa desde Megasaki parece un trasunto de Momo, aunque guarda semejanzas también con la pedantorra Annie del cómic y el musical), no en vano Alemania coproduce el film aunque sólo sea para cubrir cuota de pantalla fuera de Estados Unidos. En su aspecto formal Isla de perros contiene soluciones estéticas de enorme belleza y creatividad, aunque en el camino se nos escapen muchos de sus abundantes detalles, y propone una pandilla perruna de lo más atractiva y entrañable, potenciada por un lujoso reparto de estrellas que ponen la voz a los adorables perritos y los personajes que los circundan (imprescindible la versión original), incluido un villano de aspecto imponente y hechuras dictatoriales y una Yoko Ono científica dispuesta a devolver la paz a la tierra. Falta sin embargo en todo este espectáculo visual y poético algo más de emoción, que lo que vemos y oímos no simplemente nos satisfaga por su imaginación y creatividad sino que además llegue a conmovernos y a reflexionar sobre los temas, algunos espinosos, que trata, sin dejarnos fríos como habitualmente hace el cine de este admirado según qué círculos cineasta. Aunque de todo lo que más choca es que los perros estén tan sucios, y se quejen de ello, cuando habitando una isla, por puerca que ésta sea, están rodeados de agua.

martes, 24 de abril de 2018

LAS LEYES DE LA TERMODINÁMICA Átomos ordenados y organizados

España 2018 100 min.
Guión y dirección Mateo Gil Fotografía Sergi Vilanova Música Fernando Velázquez Intérpretes Vito Sanz, Berta Vázquez, Chino Darín, Vicky Luengo, Irene Escolar, Josep María Pou, Andrea Ros, Juan Betancourt, Carlos Olalla Estreno en Festival de Miami 13 marzo 2018; en Festival de Málaga 13 abril 2018; en salas 20 abril 2018

Mateo Gil no se conforma con ser convencional ni como guionista de las películas de Amenábar desde Tesis a Ágora, ni como director atreviéndose con distintos géneros, el thriller en Nadie conoce a nadie, el western en Blackthorn, la ciencia ficción en Proyecto Lázaro, y ahora la comedia romántica. Siempre busca ir a más, con éxito o sin él. Se trata ahora de contarnos la sempiterna historia romántica de dos que se conocen, intiman, salen juntos, surgen las diferencias y finalmente se dejan, pero como si de una experiencia científica se tratara. Para ello Gil teje una complicada y compleja trama en la que se intentan analizar todos los movimientos de la pareja protagonista y su entorno como si fueran reacciones químicas y físicas, relacionándolas con leyes matemáticas y científicas en general, muy especialmente con la que estudia la energía del movimiento a través de la inyección de calor, que da título a la película. Como experimento la verdad es que se queda corta o directamente frustrada, sin que realmente lleguen a interesar ni sorprender estas forzadas y artificiosas relaciones de los sentimientos con las ciencias. El uso del formato documental para explicar estos símiles no deja de tener su gracia, adoptando un estilo narrativo y estético parecido al de films como los de Michael Moore o Al Gore, testimonios incluidos en un recurrente inglés convenientemente doblados en plan La 2 y con épica música de Fernando Velázquez acompañando los supuestamente apasionantes y estimulantes testimonios versados sobre la materia. Pero en definitiva lo que mantiene el interés del film es la historia, sus atractivos personajes, los igualmente atractivos espacios barceloneses en los que se mueven, y el estilo visual y narrativo que Gil impregna a toda la obra hasta conseguir un producto sumamente enérgico y entretenido, incluyendo también situaciones propias del slapstick, con caídas de personas y objetos intencionadamente cómicas. Aun así no arranca las risas pero sí las sonrisas, gracias a un tono en general agradable y distendido, sin estridencias, y eso que la función da para muchas, lo que no es poco para tal atrevimiento y riesgo. La intención quizás no era esa, pero el acabado resulta estimulante y apetecible, pues hace del lugar común y lo mil veces contado algo atractivo gracias a su original enfoque y a espectacular formato. Vito Sanz y Chino Darín, que ya coincidieron en La reina de España, convencen como amigos antagónicos en cuestiones de amor y seducción, mientras la belleza de Berta Vázquez (Palmeras en la nieve) se complementa con una interpretación acorde al tipo de mujer que interpreta, centrada e ilusionada a pesar de una profesión, modelo, que suele ser pasto para neurosis y desequilibrios. Apreciable también el complicado trabajo de montaje, que consigue sacar de un aparente caos una organización de átomos convenientemente ordenados. El único problema es que nuestro cine sigue acomodado en mero entretenimiento para masas aletargadas, impidiendo que piensen en los verdaderos problemas políticos, sociales y económicos del pueblo, y anclándose en mundos ideales donde sólo importan las cuestiones generacionales de índole sentimental. Atención al cameo de Daniel Sánchez Arévalo interpretando a un ¡director de cine!

lunes, 23 de abril de 2018

STABAT MATER DE DVORÁK POR FILARMONÍA GRANADA: ESFUERZO RECOMPENSADO

Encuentro Nacional Sinfónico-Coral. Orfeón de Granada. Coro del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. Alma Campón, soprano. Sara Rapado, mezzosoprano. Jorge de la Rosa, bajo. Acacio Contreras, tenor. Orquesta Filarmonía Granada. Ricardo J. Espigares Carrillo, director. Programa: Stabat Mater Op. 58, de Dvorák.
Centro Cultural Manuel de Falla, sábado 21 de abril de 2018

Orquesta Filarmonía Granada
Poner en pie una obra tan compleja y majestuosa como el Stabat Mater de Dvorák es una tarea muy difícil para cualquier formación, cuanto más para orquestas, coros y solistas aún en proceso de aprendizaje. Salir de vez en cuando de la provincia y acercarse a otras de nuestro entorno es fundamental para no caer en el ombliguismo y comprobar que también en otras partes de nuestra comunidad se apuesta por el talento joven, la formación y la mejora de nuestros recursos, a veces con tanto entusiasmo y sentido del trabajo y el compromiso que deviene en resultados tan emocionantes y satisfactorios como éste. Ricardo Espigares lleva tiempo funcionando a ese nivel, llevando a los jóvenes de Granada y su entorno, desde su Guadix original, la posibilidad de adquirir una experiencia impagable a través de conciertos tan bien articulados como éste. El pretexto ha sido el Encuentro Nacional Sinfónico-Coral que se celebra habitualmente en la capital de Sierra Nevada en el entorno de la Alhambra, concretamente en su Auditorio Manuel de Falla, ahora reconvertido en Centro Cultural. Un encuentro que ha emparejado a la Orquesta Filarmonía Granada, de la que el músico y director es su principal artífice, con el Orfeón de Granada, de amplia experiencia profesional, y el Conservatorio de la Escuela Superior de Música, que proporcionó la ampliación del coro y las cuatro voces solistas.

Orfeón de Granada
Dvorák asumió la composición de esta pieza basada en un texto litúrgico medieval en un momento muy delicado, tras el fallecimiento de su hija recién nacida, ensombrecida aún más durante su orquestación cuando fallecieron otros dos de sus hijos pequeños. Un aspecto que se adapta perfectamente el carácter piadoso, casi de lamento, de la obra, alejada del más tormentoso que caracteriza a un réquiem. El texto, concebido para el Viernes Santo, fue objeto antes de innumerables adaptaciones musicales, desde Desprez a Rossini, pasando por Vivaldi, los dos Scarlatti, Haydn o Pergolesi, que compuso el más popular y programado, pero no conoció en época romántica ninguna otra hasta que el autor de la Sinfonía del Nuevo Mundo se fijó en él en tan lamentables condiciones personales y coincidiendo con el Concilio Vaticano de 1869-70. El suyo es el más largo y monumental, pero no se interpreta muy a menudo, por lo que al margen de las consideraciones hechas al principio de este texto, la de la Filarmonía Granada y el Orfeón Granada podemos considerarla una ocasión extraordinaria y única para acercarse a tan imponente página en unas condiciones que sorprendentemente acabaron trascendiendo la mera corrección.

Ricardo Espigares al frente de sus jóvenes estudiantes
Espigares edificó una interpretación bien articulada, precisa hasta lograr una duración sensiblemente inferior a la standard, y acorde a los recursos con los que contaba, incluida la ausencia de órgano, casi imperceptible gracias a una competente dosificación del resto de ingredientes. En los atriles los y las jóvenes instrumentistas brillaron por secciones, especialmente la cuerda, que impregnó la pieza de lirismo e impacto emocional, mientras como suele ser habitual fue el metal el que incurrió en más errores e imprecisiones, sobre todo en algún que otro arranque. Bien es cierto que imperó el forte decibélico, sacrificando matices y contrastes que abundan en la partitura y sin embargo no fueron tan evidentes en esta recreación. Pero en general podemos asegurar que cumplió el requisito fundamental para considerarla una interpretación satisfactoria, captar nuestra atención en todo momento, logrando emocionarnos en más de una ocasión. Mención aparte merecen también las maderas, especialmente cálidas acompañando a soprano y tenor en Fac ut portem Christi mortem y a la mezzo en Inflammatus et accensus, antes de que un apoteósico Quando corpus morietur final acabara encendiendo a las gradas y provocando el entusiasmo general. El coro cumplió sobradamente su cometido, bien ensamblados los dos conjuntos participantes y con participaciones excelentes en el final aludido o en secuencias conmovedoras como Eia, Mater, a pesar de lo cual en algunos momentos fue inevitable apreciar alguna que otra estridencia sin importancia. En cuanto a los solistas, provenientes de la Escuela Superior de Canto de Madrid, apreciamos una considerable potencia y capacidad de proyección en la soprano Alma Campón y el tenor Acacio Contreras, si bien la primera acentuó un timbre algo aparatoso y excesivamente agudo, mientras el tenor acusó una voz tirante, rígida y a veces desentonada, que en nada ayudó a expresar la candidez de sus aportaciones. La mezzo Sara Rapado y el bajo Jorge de la Rosa ofrecieron sin embargo una proyección más corta pero muy buen gusto y una más acertada capacidad para conmover. A él lo conocemos muy bien en el Maestranza, donde ha actuado muchas veces junto al coro o en roles secundarios en óperas y zarzuelas, mientras ella nos sorprendió con un timbre incisivo y penetrante, una claridad expresiva y una voz nítida con gran facilidad para moldear y frasear. Satisfechos quedamos todos y todas, familiares, afición y quienes acudimos por efecto coyuntural y nos encontramos con un considerable esfuerzo traducido en unos resultados de los que sentirse como poco orgullosos.

UN LUGAR TRANQUILO ¿Dónde está el silencio?

Título original: A Quiet Place
USA 2018 95 min.
Dirección John Krasinski Guión Scott Beck, Bryan Woods y John Krasinski Fotografía Charlotte Bruus Christensen Música Marco Beltrami Intérpretes Emily Blunt, John Krasinski, Millicent Simmonds, Noah Jupe, Cade Woodward, Leon Russom Estreno en Estados Unidos 6 abril 2018; en España 20 abril 2018

El rostro de John Krasinski lo hemos podido ver en películas de todo género, románticas como Un lugar donde quedarse o Algo prestado, comedias como Hasta que el cura nos separe, denuncias racistas como Detroit o bélicas como 13 horas: Los soldados secretos de Bengasi, donde le dirigió Michael Bay, productor de ésta su primera incursión como director en el cine de terror. Ahora incorpora a Jack Ryan en una serie de televisión sobre el agente creado por Tom Clancy. Antes había dirigido dos comedias sentimentales, la inédita en nuestras pantallas Entrevistas breves con hombres repulsivos y Los Hollar, en la que además interpretaba al personaje principal, un joven que tiene que cuidar de su disfuncional familia. Podríamos considerar Un lugar tranquilo su primera película de terror, y ciertamente así es, si no fuera porque hay un alto componente también de drama sentimental y familiar en esta película que entroncaría directamente con las otras dos películas que de momento conforman su filmografía como director. Celebrada desde su estreno hace un par de semanas en Estados Unidos, donde logró un considerable éxito de taquilla y la rendición incondicional allá y aquí de la crítica, nos acercamos a ella con esperanza y curiosidad. Lo primero para comprobar si realmente es capaz de renovar el género y aportar algo nuevo y fresco al panorama que cuenta con mayor número de adeptos e incondicionales; y curiosos porque su punto de partida argumental es ciertamente novedoso y particular. Una familia sobrevive refugiada en una cabaña en el bosque a una invasión de alienígenas ciegos que atacan en función del sentido auditivo, que se supone tienen muy desarrollado. Krasinski articula bien la tensión, pero una vez más a partir de un guión caprichoso y tramposo con el que no podemos evitar encontrarnos una vez más ante la típica tomadura de pelo con la que tan a menudo quieren empeñarse en alienar nuestro intelecto. En la forma la cinta falla porque hay de todo menos silencio, desde una música casi omnipresente a la cansina sucesión de ruidos estridentes para potenciar el susto y la sorpresa. Las secuencias se articulan en torno a situaciones harto improbables y poco reflexionadas, tomando prestados ingredientes de películas mucho más acertadas, como Señales, Alien o La guerra de los mundos. Y los detalles dejan muy en entredicho la habilidad de los guionistas para lograr la coherencia que el producto demanda, como graneros que funcionan como arenas movedizas, monstruos que atacan según qué ruidos, o que se manejan perfectamente a gran velocidad en espacios abiertos y bosques, y con gran destreza en espacios cerrados, escaleras y pasillos, puede que orientados por ondas ultrasensoriales que, magia, no funcionan con seres humanos, a los que sólo avistan si hablan, gritan o hacen cualquier otro ruido. Todo muy convencional y pobre. Peor aún el tratamiento del tema sobre el que parece tratar, el instinto de protección paternal, tan evidenciado en el guión que palidece frente al genio de Spielberg para expresar lo mismo en la película que citábamos anteriormente. Hay más bien un sentido fuerte de la conservación en un film que repite roles femeninos y masculinos en un universo tan limitado como éste, rituales religiosos alrededor de la mesa, o marginación a la mujer, en este caso la niña de imposible rostro al que da vida Millicent Simmonds, a quien vimos recientemente en la estupenda Wonderstruck: El museo de las maravillas. También ella es recipiente de otro de los temas favoritos de los americanos, tan relacionado también con la religión, como es el concepto de culpa y la mortificación derivada de ella. Que consigue inquietar y asustar, sí, pero a costa de mucha trampa, lugares comunes, convencionalismos e irritaciones variadas.

viernes, 20 de abril de 2018

TRIUNFAL REENCUENTRO DE PERIANES Y LA ROSS

11º concierto de abono de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Javier Perianes, piano. John Axelrod, dirección. Programa: Concierto para piano nº 2 en Si bemol mayor Op. 83 y Sinfonía nº 4 en Mi menor Op. 98, de Brahms. Teatro de la Maestranza, jueves 19 de abril de 2018

Perianes volvió a la casa que le vio crecer y que tanto le quiere y admira, y lo hizo con dos alegrías calentitas, haber sido designado Artista del Año por los International Classic Music Awards que se entregarán en mayo del año que viene en Lucerna, y ser prácticamente el único representante español de la programación de los Proms londinenses de este verano, que se dio a conocer hace apenas un par de días. Con él Axelrod puso punto y final al ciclo Brahms con el que arrancó la temporada el pasado mes de septiembre. En los atriles dos obras fundamentales de su catálogo, pertenecientes a una misma época de plena madurez creativa y con una estética expresiva de semejantes características. Director y pianista pusieron toda la carne en el asador para que la exhibición no resultara rutinaria o meramente complaciente, para lograr unas interpretaciones si no redondas sí al menos intensas y hasta cierto punto sinceras.

Desde siempre hemos alabado la habilidad del pianista onubense para extraer del teclado los sonidos más delicados y exquisitos, lo que se confirmó también en una versión del monumental y sinfónico segundo concierto de Brahms henchido de emotividad, prodigio de elegancia y bendecido por la proverbial humildad del artista, que no se deja llevar por florituras y filigranas vacuas y busca siempre el mayor grado de expresividad en sus interpretaciones, algo que por supuesto ni él ni nadie logra siempre, pero cuando lo hace, como es el caso, encandila. Majestuoso desde el arranque, con la complicidad de la batuta mantenida en todo momento, aunque con unos metales algo decepcionantes, si bien en esa misma introducción la trompa funcionara satisfactoriamente, Perianes hizo gala de un ritmo arpegiado y saltarín y un estrecho diálogo con la orquesta, alcanzando un clímax feroz y turbulento que se apaciguó con ese scherzo quizás menos misterioso y sombrío de lo acostumbrado, que sirve de bisagra entre el allegro inicial y el precioso andante que el violonchelista Dirk Vanhuyse defendió mejor en el registro grave que en el más agudo, con una articulación precisa y un sonido sedoso. Un allegro final no especialmente jovial, al que Perianes imprimió de dulzura y un poco de desencanto, terminando en una explosión de controlada energía, bordó este memorable Concierto nº 2.

Con la propina, el Nocturno Op. 54 nº 4 de las Piezas líricas de Grieg, Perianes dio nuevas muestras de hondura y preciosismo jamás inexpresivo. Satisfactorio también el trabajo de Axelrod y la orquesta, brillante y entregada, en la última de las sinfonías brahmsianas, donde destacó la progresiva turbulencia con la que remató los movimientos extremos, llevando al conjunto instrumental a los límites del paroxismo. Brillante la cuerda en el andante moderato, y robusta en el allegro giocoso, faltó sin embargo algo más de misterio y fantasía, pero redondeó con un allegro conclusivo equilibrado entre heroico y espiritual, inspirado y con una rica envergadura que se mantuvo hasta el final.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 17 de abril de 2018

CUSTODIA COMPARTIDA Secuestro institucional

Título original: Jusqu’à la garde
Francia 2017 93 min.
Guión y dirección Xavier Legrand Fotografía Nathalie Durand Intérpretes Denis Ménochet, Lèa Drucker, Thomas Gioria, Mathilde Auneveux, Coralie Russier, Matthieu Siakaly, Florence Janas, Saadia Bentaïeb Estreno en el Festival de Venecia 8 septiembre 2017; en Francia 7 febrero 2018; en España 21 abril 2018

En su debut en el largometraje, el francés Xavier Legrand propone una variante de los problemas psíquicos y emocionales que provocan los divorcios, dentro de una vorágine que incluye violencia de género y vulneración de los derechos infantiles, entre otros espinosos y delicados temas. El proyecto se ha convertido en un éxito en su país, después de lograr diversos reconocimientos en certámenes alrededor del Mundo, incluido el León de Plata al mejor director en el Festival de Venecia. Enmarcado en dos cuestiones que marcan con una considerable preocupación estas diatribas conyugales, las decisiones judiciales (intencionadamente protagonizadas por mujeres) y la colaboración vecinal, Legrand propone un ejercicio centrado en el mero terror, el que provoca la sinrazón y la demencia, haciendo especial hincapié en el sufrimiento de un hijo utilizado como moneda de cambio para que el monstruo consiga sus desquiciados propósitos. En este sentido resulta meritoria la interpretación del joven Thomas Gioria, una responsabilidad basada en el sufrimiento y el horror que el niño borda con impecable precisión, pero que invita a reflexionar sobre la conveniencia de someter a semejante presión psicológica a un intérprete de tan corta edad, habida cuenta de que se está planteando una historia desgraciadamente muy candente y realista de monstruos domésticos. Contada con firmeza y tanta precisión que no falta ni sobra nada, la realización sin embargo busca cierto distanciamiento con el drama, de forma que lo vemos y oímos desde fuera, sin complicidad, como meros observadores de un terror cotidiano que ya conocemos y del que tenemos suficiente conciencia, a pesar de lo cual se sigue produciendo aquí y allá a diario. Como ejercicio de terror cinematográfico funciona satisfactoriamente, sin forzar la situación ni someter a sus personajes a esas recurrentes e irritantes reacciones que facilitan el progreso del guión a costa de la irracionalidad de los comportamientos.

lunes, 16 de abril de 2018

LA DELGADA LÍNEA AMARILLA Camino a la luz

México 2015 95 min.
Guión y dirección Celso García Fotografía Emiliano Villanueva Música Daniel Zlotnik Intérpretes Damián Alcázar, Américo Hollander, Joaquín Cosio, Silverio Palacios, Gustavo Sánchez Parra, Fernando Becerril, Tara Parra, Sara Juárez Estreno en México 7 marzo 2015; en España 13 abril 2018

La buena voluntad a la hora de hacer cine se agradece, pero no siempre es suficiente. El mejicano Celso García debutó en el largometraje hace algo más de dos años con esta cinta de tintes humanistas y muy buenas intenciones, que sin embargo plantea una situación arquetípica con el fin de generar una metáfora de la vida, concretamente de la de los más desfavorecidos. Una vez más un camino físico y real representa otro de carácter vital y emocional, cuando cinco hombres son contratados para pintar la línea de la carretera que une dos ciudades mejicanas separadas por doscientos kilómetros. Cinco personajes con sus historias, llenas de experiencias y traumas, que encontrarán en la amistad y la convivencia la posible solución a sus frustraciones y anhelos. El guión salva el camino plagándolo de lugares comunes, como el baño en el lago, la diversión en la feria, los encuentros varios con vehículos circulantes, las reflexiones nocturnas al calor de una fogata, etc., sin que en ningún momento se definan suficientemente sus caracteres, no pasando de meros personajes con vida limitada a la hora y media de duración de la película. No falta en este camino de la vida la redención, el despertar del amor, y algún giro de guión injustificado y caprichoso que no consigue sino irritar. Un producto por lo tanto endeble e insatisfactorio que no justifica los premios cosechados en distintos certámenes y convocatorias, como el Especial del Jurado y el de mejor guión conseguidos en Gijón.

LA CASA TORCIDA Marlowe conoce a Agatha en Brideshead

Título original: Crooked House
Reino Unido 2017 115 min.
Dirección Gilles Paquet-Brenner Guión Julian Fellowes, según la novela de Agatha Christie Fotografía Sebastian WinterØ Música Hugo de Chaire Intérpretes Max Irons, Stefanie Martini, Glenn Close, Honor Kneafsey, Christina Hendricks, Terence Stamp, Julian Sands, Gillian Anderson, Christian McKay, Amanda Abbington, Preston Nyman, John Heffernan, Jenny Galloway, David Kirkbride, Tina Gray, Roger Ashton-Griffiths Estreno en Reino Unido 21 noviembre 2017; en España 13 abril 2018

Como si de una novela de Raymond Chandler se tratara, esta película basada en otra de Agatha Christie, arranca con un detective que recibe la visita en su despacho de una misteriosa y atractiva joven con la que mantuvo un idilio tiempo atrás en un exótico y convulso El Cairo. El crimen esta vez ha vuelto a cometerse en una de esas mansiones británicas con las que tanto nos hemos familiarizado gracias a producciones del cine y la televisión como Retorno a Brideshead, Gosford Park o Downton Abbey, cuyo guionista y creador, Simon Fellowes, ha sido también el encargado de adaptar esta intriga policíaca. Pocas novelas de la reina del crimen se resisten al espectador curioso y ávido de acertijos, y ésta no es una excepción. Un lujoso reparto, aunque abunden estrellas de antaño y el protagonismo descanse sobre una desconocida pero atractiva y joven pareja, con el hijo de Jeremy Irons y Sinéad Cusack a la cabeza, y un escenario de porte aristocrático, repiten las señas de identidad de este tipo de producciones que tanto se han prodigado en la pequeña y gran pantalla. Todo está bien contado, y la intriga muy bien servida, aunque en el desarrollo aparezcan algunas lagunas que podamos achacar a la torpeza del guión. El interés de la función sin embargo se diluye cuando se nos presentan muchos personajes y pocos móviles para perpetrar el crimen, lo que resta utilidad a los miembros interrogados e investigados, y dispersándose las tramas propuestas, incluido el romance interrumpido de la pareja protagonista. El trabajo del francés Gilles Paquet-Brenner, que dirigió a Kristin Scott Thomas en La llave de Sarah y a Charlize Theron en Lugares ocultos, se antoja algo rutinario, mientras una niña repelente tampoco ayuda, a pesar de lo cual el producto se deja ver con la curiosidad que siempre suscita cualquiera de las intrigas que propone la mítica escritora, con el aliciente en esta ocasión de que pudiera tratarse de una de sus novelas más retorcidas y morbosas.

sábado, 14 de abril de 2018

Estreno de HEARTSTONE en salas comerciales

Reseña de la película, estrenada en el Festival de Cine Europeo de Sevilla el 6 de noviembre de 2016. Estreno en salas 13 abril 2018

EL BUEN MAESTRO Tratamiento ligero de un tema de vital importancia

Título original: Les grands esprits
Francia 2017 106 min.
Dirección Olivier Ayache-Vidal Guión Olivier Ayache-Vidal y Ludovic du Clary Fotografía David Cailley Música Martin Caraux Intérpretes Denis Podalydès, Abdoulaye Diallo, Lèa Drucker, Zineb Triki, Tabono Tandia, Pauline Huruguen, Alexis Moncorgé, Emmanuel Barrouyer Estreno en Francia 13 septiembre 2018

Si lo que refleja esta película, y otras sobre el mismo tema que nos han llegado del país vecino en los últimos años, es la verdadera y preocupante situación de la educación en Francia, aquí es mucho peor, y sin embargo qué poco (o nada) ha inspirado a nuestros cineastas, más entregados a emular el thriller americano o prorrogar el éxito de la comedia a lo españolada, género en el que se han inscrito incluso algunas de las escasas incursiones de nuestro cine en la crisis económica que tanto hemos padecido, y aún mucha gente padece. El debutante en el largometraje Olivier Ayache-Vidal muestra más voluntad que auténtica pericia cinematográfica a la hora de abordar el tema, echando mano de un argumento muy explotado, en una variante que da a su arranque la poca originalidad de la que el conjunto carece, a pesar de resultar muy forzado e improbable. Un experimento del Ministerio de Educación lleva a un catedrático de lengua francesa de impartir clases en un prestigioso instituto de París a una de esas tierras de nadie que abundan en los extrarradios, donde la esperanza por un futuro mejor parece diluirse entre un alumnado abocado al fracaso o contaminado por el de sus compañeros y compañeras. Este es el punto de partida de una película entre la comedia y el drama que naturalmente se antoja previsible ya desde el publicitado tráiler. No hay sorpresas ni atrevimientos en esta correcta y académica cinta que repite un esquema mil veces visto ya desde cintas como Rebelión en las aulas, y en la que todo ocurre de la forma más convencional, a golpe de guión, aunque en general el conjunto funcione como sano entretenimiento y materia sobre la que dialogar y debatir después, ya con argumentos más sólidos y experiencias más firmes. La frescura de los jóvenes intérpretes amateurs y el buen hacer del protagonista no bastan para definir mejor sus personajes, carentes de vida propia más allá de unas páginas de guión puestas en escena con oficio y voluntad por una dirección algo rutinaria y poco experimentada.

ALMA MATER Refugiados como nosotros

Título original: Insyriated
Bélgica-Francia-Líbano 2017 87 min.
Guión y dirección Philippe Van Leeuw Fotografía Virginie Surdej Música Jean-Luc Fafchamps Intérpretes Hiam Abbass, Diamand Bou Abboud, Juliette Navis, Mohsen Abbas, Moustapha Al Kar, Alissar Kaghadou, Ninar Halabi, Jihad Sleik, Elias Khatter Estreno en el Festival de Berlín 11 febrero 2017; en España 13 abril 2018

En su anterior y primera película, El día en el que Dios se fue de viaje, el director belga Philippe Van Leeuw mostraba el horror de una guerra civil, la más cruel de las conflagraciones posibles, a través de la peripecia personal de una mujer que huye del genocidio tutsi en la Ruanda de mitad de la última década del pasado siglo. Con Insyriated, un juego de palabras que podríamos traducir como Encerrados en Siria, insiste en reflejar este horror cotidiano al que apenas echamos cuenta frente a nuestras miserables y rutinarias vidas, y lo hace echando mano de la habilidad para lograr al menos durante hora y media la empatía del espectador medio con la situación extrema que se nos muestra. Se trata de concienciar sobre el drama de los refugiados sirios escenificando con unos recursos limitados que dan al conjunto la imagen de una representación teatral, el miedo, el amor y la compasión de unas personas alejadas de la imagen que tenemos de la población en oriente medio, con ese aspecto más occidental con el que resulta más fácil identificarse. Y es que el ser humano funciona así, se conmueve más por lo que le queda más cerca que por lo que está más apartado, así nos han educado definitivamente para mal. Por eso la familia y vecinos que sufren el encierro y acoso en un piso rodeado de bombas y francotiradores, reflejan un pasado de clase media intelectual, en sus muebles, enseres y estilo de vida. Encerrados en ese espacio limitado, y con una madre coraje llevando el mayor peso de la situación, asistimos a muestras de solidaridad, amor incondicional (como el que viven los jóvenes adolescentes), cruel despertar a la madurez (la más joven de las hijas) y decepción ante la esperanza frustrada (la joven madre que espera empezar una nueva vida junto al marido del que está tan enamorada, a la que da vida Diamand Bou Abboud, recientemente vista en El insulto como abogada). Articulado en torno a un trágico suceso con el que arranca la historia, que mantendrá en vilo al espectador como recurso cinematográfico de primer orden para mantener el interés, y que Van Leeuw lleva con tan buen pulso como sentido del ritmo, este paseo por el amor y la muerte se va convirtiendo en una experiencia irrespirable que apenas encuentra la calma en algunos pasajes que demuestran la capacidad de amar del ser humano aún en las situaciones más desesperadas, con reminiscencias de otras tragedias humanas como la persecución nazi de judíos en la Segunda Guerra Mundial. El éxito de la empresa reportó a su comprometido realizador, sin más pretensiones que llamar nuestra atención y hacerlo de forma eficiente y nada chapucera, el premio del público en la sección Panorama del Festival de Berlín del año pasado, y el mismo reconocimiento en la pasada edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla.

viernes, 13 de abril de 2018

ABRAZADOS A LA TRISTEZA CON BRAHMS Y LA ROSS

10º concierto de abono de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Victoria Vassilenko, piano. John Axelrod, dirección. Programa: Concierto para piano en Re menor Op. 15 y Sinfonía nº 2 en re mayor Op. 73, de Brahms. Teatro de la Maestranza, jueves 12 de abril de 2018

Como si de un deja vú se tratara, esta cita con la ROSS tuvo estructura y aliento muy similares a la última, siguiendo con la obra orquestal de Brahms apenas unos años después de otro ciclo similar que la Sinfónica brindó al compositor alemán, lo que acentúa aún más esa sensación de algo ya vivido. Axelrod sigue promocionando sus discos dedicados a su Amado Brahms, y esta vez lo tocó el turno al primero de sus conciertos para piano y la segunda sinfonía, de nuevo con joven y prometedora intérprete femenina como solista invitada.

Aunque el Concierto nº 1 para piano era una sonata para dos pianos en origen, el instrumento rey ejerce una insólito papel que le obliga más a fusionarse con la orquesta que a destacar sobre ella al estilo de los conciertos clásicos, con una estrecha combinación de sinfonismo y escritura pianística. Axelrod imprimió al maestoso inicial una severidad y un dramatismo extremo, una violencia expresiva atenuada por el lirismo casi elegíaco con el que Vassilenko abordó la parte solista, de una delicadeza extraordinaria, casi como si rozase las teclas, en un conjunto dominado por una sensación global de tristeza que se acentuó en un conmovedor, casi doloroso, adagio central. A partir de ahí la batuta perdió fuerza, aun manteniendo un diálogo íntimo y fluido con la solista, y deambuló por caminos más convencionales y rutinarios; mientras ella, sin partitura, mantuvo un tono reflexivo sorprendente en alguien de su edad. Sin llegar al grado de madurez que exige una partitura tan compleja y abigarrada, logró mantener una inusitada calma hasta acabar vigorosa y desafiante en el bucólico rondó final, ya sin el nervio y la inquietud en la dirección que informó el arranque y hacía presagiar una lectura oscura y memorable de la página, que finalmente se frustró. Como propina Vassilenko ofreció una precisa y decidida La puerta del vino de Debussy.

La ROSS sonó envolvente y desbordante en la preciosa Sinfonía nº 2, que Axelrod abordó también con inusitado aliento melancólico, decididamente tristón. La majestuosa aportación de las trompas en el primer movimiento intentó asegurar esa dirección de considerable contenido emocional, a pesar de lo cual nos siguió pareciendo un acercamiento algo escuálido a tan maravillosa partitura. Un poco más de calidez habría beneficiado al adagio, mientras el allegretto grazioso con sus imbricados pizzicati resultó técnicamente muy satisfactorio. El movimiento final logró elevar la interpretación con un acertado carácter robusto y olímpico que contrastó con la estética pastoral, parcialmente lograda, del resto.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 11 de abril de 2018

INMERSIÓN Entre el Cielo y el Infierno

Título original: Submergence
Alemania-Francia-España 2017 111 min.
Dirección Wim Wenders Guión Erin Dignam, según la novela de J.M. Ledgard Fotografía Benoît Debie Música Fernando Velázquez Intérpretes Alicia Vikander, James McAvoy, Alexander Siddig, Celyn Jones, Reda Kateb, Mohamed Hakeemshady, Jess Liaudin, Harvey Friedman Estreno en el Festival de Toronto 10 septiembre 2017; en España 6 abril 2018

Hay un puñado de películas de Wim Wenders que son memorables, pero otras no son desdeñables, y no conforman etapas identificables de su filmografía, por mucho que haya quien se empeñe en considerar este último tramo el peor de todos. A falta de estrenar Los hermosos días de Aranjuez, disfrutamos mucho con el documental tridimensional Pina, también lo hicimos con La sal de la tierra, y apoyamos la poesía y el dolor inherentes a su última ficción estrenada entre nosotros, Todo saldrá bien. En un tono parecido reaparece con Inmersión, una producción en la que ha intervenido España y que nos lleva a lugares hermosos de nuestro planeta en busca del amor verdadero y de nuestro particular cielo e infierno. En este sentido la novela de Ledgard y la película de Wenders le dan la vuelta al planeta y sitúan el infierno del siglo XXI en la superficie, donde rehenes occidentales esperan la muerte, mujeres infieles son lapidadas y niños disparados, mientras Europa mira hacia otro lado o colabora exclusivamente para salvaguardar sus intereses. En el reverso se encuentra el cielo, escenificado en unos fondos marinos que la protagonista analiza para encontrar el origen de la vida y del ser humano, y que con rigor científico nos regala imágenes sorprendentes e irrepetibles. Son los márgenes de una historia de amor que se desarrolla en uno de los pocos paraísos que nos quedan y que parecen reservados sólo a algunos privilegiados. Wenders intenta insuflar de poesía este romance impregnado de fatalidad, a través de unos protagonistas atractivos y unas imágenes evocadoras fotografiadas con encomiable sentido del color y el encuadre, aunque la empresa resulte a veces empalagosa y otras cansina, por reiterativa. El saldo no obstante siendo una película menor, es disfrutable, consiguiendo en cierto modo provocar un efecto melancólico aunque no lo suficientemente emotivo en el espectador.

JUEGO DE LADRONES. EL ATRACO PERFECTO Ciudad de la violencia

Título original: Den of Thieves
USA 2018 140 min.
Dirección Christian Gudegast Guión Christian Gudegast y Paul Scheuring Fotografía Terry Stacey Música Cliff Martínez Intérpretes Gerard Butler, Pablo Schreiber, O’Shea Jackson jr., Curtis ’50 Cent’ Jackson, Meadow Williams, Maurice Compte, Brian Van Holt, Evan Jones, Kaiwi Lyman, Dawn Olivieri, Jordan Bridges, Eric Braeden, Cooper Andrews, Marcus LaVoi, Sonya Balmores Estreno en Estados Unidos 19 enero 2018; en España 6 abril 2018

Como productor, Gerard Butler pone en bandeja a Christian Gudegast, guionista de la película Objetivo: Londres que protagonizó el actor escocés, su debut en la dirección cinematográfica. Ambos ponen mucho empeño para mejorar su curriculum, procurando añadir algo más de profundidad y un marcado carácter trágico a esta incursión en el cine de atracos de bancos. Incidiendo en que Los Angeles sea una de las ciudades más peligrosas y violentas del mundo, donde un atasco de tráfico sirve igual para poner en escena una suntuosa secuencia musical (La La Land) que para orquestar una batalla de ametralladoras y fusiles automáticos, Gudegast articula la enésima versión del atraco presuntamente perfecto, con el cinismo y la ironía que el signo de los tiempos añade a la empresa. Como decía ayer el escritor José Manuel Benítez en la presentación de su Trilogía de la Transición en un único volumen, cuando miramos cuarenta años atrás apreciamos una cierta inocencia. Ciertamente se nota en ésta y otras producciones recientes cierto pesimismo y desencanto originado seguramente por una repentina madurez, la que proporciona tanta corrupción, violencia, guerra y dolor, todo el padecido en lo que llevamos de siglo, lo que hace que mirando atrás todo nos parezca más ingenuo y amable. La representación de los personajes, especialmente los policías, echando mano de todos los recursos y tópicos posibles, es consecuencia directa de este hastío, lo que provoca que la chulería de un John Wayne se quede en paños menores frente a la de Butler o cualquiera de los hipervitaminados protagonistas de esta cinta. Lo que completa la función no es sino una sucesión de juegos entre polis y ladros al despiste y el engaño, con el fin de perpetrar el sempiterno atraco perfecto, sólo posible sobre el papel dado el disparate de su propuesta, y abortarlo cuando la fuga sea prácticamente imposible. Gudegast juega bien sus cartas, planteando un espectáculo vibrante y sólido, con buen ritmo y considerable tensión, asegurándose un buen entretenimiento, aunque por el camino el conjunto resulte poco plausible y fácilmente olvidable. Quien pueda financiar toda la munición que en el camino se gasta, no necesita ciertamente cometer ningún atraco.

martes, 10 de abril de 2018

JOSÉ LUIS NIETO: IBERIA EN EL CORAZÓN

Concierto extraordinario de Juventudes Musicales de Sevilla. José Luis Nieto, piano. Programa: Suite Iberia, de Albéniz. Sala Chicarreros de la Fundación Cajasol, lunes 9 de abril de 2018

No es habitual que nos pronunciemos sobre los resultados artísticos de un evento como éste, concebido para apoyar con la taquilla una buena causa, la rehabilitación y saneamiento de las infraestructuras de Juventudes Musicales, una institución que tanto ha hecho por la música en nuestra comunidad desde hace más de sesenta años. La respuesta del público fue generosa, aunque no pudiese colgarse el cartel de completo. La del artista convocado lo fue aún más, volcado en unas páginas que ha engullido y deglutido para ofrecerlas con toda la fuerza y la pasión que el reto merece. José Luis Nieto, que se adelantó en un mes al concierto que sobre la misma obra ofrecerá el pianista cubano Jorge Luis Prats en el Maestranza, puede presumir de poseer el mismo espíritu inquieto, viajero y entusiasta que el propio Albéniz. Quizás por ello y porque disfrutamos mucho con su visión de Iberia, hemos decidido dedicar algunos elogios a su singular concierto en Sevilla.

Natural de El Gastor, hace tiempo que el pianista gaditano reside fuera de España por motivos personales y profesionales, por lo que su acercamiento a la inmortal página del compositor catalán, centrada además en Andalucía, se enriquece con la misma mirada de nostalgia y admiración que impulsó su composición hace más de un siglo. Mientras la mayoría de los intérpretes cuando se enfrentan a la suite completa prefieren hacerlo sin interrupción, al menos durante la ejecución de cada uno de sus cuatro cuadernos, Nieto invita al aplauso tras cada una de las doce piezas, podría pensarse que reivindicando su carácter individual, tal como postulan muchos musicólogos hoy en día, si no fuera porque de sus didácticas locuciones se intuye que el pianista considera la obra como un todo sólido y coherente. Simpático, sin complejos y, sobre todo, apasionado, Nieto destiló explicaciones y anécdotas sobre cada página, metiéndose al público en el bolsillo sin dificultad.

Sin partitura, el pianista arrancó con una Evocación de marcado carácter nostálgico y acertado aire ensoñador, espíritu que repitió en una Almería henchida de melancolía. Éstas fueron, junto a otras páginas como Málaga o Lavapiés, de las pocas partituras que ofreció con concisión y espíritu académico. Para el resto reservó un lenguaje muy personal, puede que demasiado brusco para algunos, impetuoso y decididamente apasionado, siempre rápido, marcando bien el ritmo, incluso apresurado, casi comiéndose pasajes y acordes, pero nunca indiferente. Donde otros pecan de academicismo rutinario provocando desinterés, Nieto consigue captar toda nuestra atención y seguir cada quiebro y acento con inusitado entusiasmo. Visiones como las que ofreció de Triana, por ejemplo, se encuentran fuera de los límites de lo ortodoxo, pero ni chirrían ni molestan; no siempre convencen, pero inquietan y alimentan nuestra curiosidad, justamente lo que Albéniz recomendaba, que cada intérprete emplee su imaginación para reinventar el ciclo y descubrir todos sus aspectos, explícitos o no. Después de Eritaña, el propio pianista confesó que no cabía propina sin deshacer el encanto generado en comunión con una página inigualable del pianismo universal.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 9 de abril de 2018

LA PESTE Sevilla al microscopio

España 2017 300 min aprox.
Dirección Alberto Rodríguez y Paco R. Baños Guión Alberto Rodríguez, Rafael Cobos, Fernando León de Aranoa, Fran Araújo y Pedro Álvarez Fotografía Pau Esteve Birba Música Julio de la Rosa Intérpretes Pablo Molinero, Paco León, Sergio Castellanos, Patricia López Arnaiz, Manolo Solo, Lupe del Junco, Tomás del Estal, Paco Tous, Cecilia Gómez, Antonio Gil, Manuel Morón, Antonio Dechent Estreno 12 enero 2018

Honores de cine para una serie de televisión. No somos muy seguidores de series, por falta de tiempo. Requieren mucha dedicación y disciplina, y cuando nuestro ocio se centra en los estrenos cinematográficos, conciertos y otras actividades en directo, apenas queda espacio para sentarse frente a la televisión con la cadencia necesaria. Sin embargo la curiosidad de ver qué ha convertido esta serie creada por el sevillano Alberto Rodríguez, tras los éxitos cosechados en el cine con La isla mínima y El hombre de las mil caras, en el trabajo más comentado de los últimos meses, así como comprobar la supuestamente excelente ambientación de la Sevilla de finales del siglo XVI, nos ha hecho sucumbir a la tentación y acercarnos a su propuesta aunque sea tres meses después de su estreno. Vaya por delante que La peste es una buena serie, que propone una investigación criminal al estilo CSI pero a finales del Renacimiento en una ciudad que combinaba sus aires de grandeza con la miseria imperante, concretamente en forma de epidemia y de dominio de la sinrazón y la intolerancia de una Iglesia que siempre se ha adueñado de la idiosincrasia de un pueblo fanático y adormecido, cruel, narcisista y despiadado. Conocer a través de la mirada de Rodríguez y sus colaboradores la Sevilla de la que provenimos nos hace aún más aborrecerla, y a pesar de eso seguimos adorándola. Nos invita a comprender ese espíritu de la sevillanía que cree que la suya es la mejor ciudad del mundo, a la vez que la maltrata, ensucia y descuida sin compasión. Pero también a entender por qué sigue siendo una ciudad tan mediatizada y condicionada por la Iglesia, que ha impuesto sus ritos y tradiciones y nos hace aparecer todavía en el siglo XXI como una sociedad anacrónica, rancia y ridícula, con procesiones cada dos minutos, cantos a la Virgen y los Santos continuos y cansinos, y tantas otras veleidades capaces de hacernos sonrojar a los que siendo también sevillanos renegamos de estas prácticas ancestrales que tanto lastran nuestra imagen y progreso. Rodríguez, Cobos y Baños reflejan bien estos pilares que aún nos sostienen, aunque en el camino haya mucho que reprocharles. La peste es una serie difícil de entender, porque sus intérpretes no hacen mucho por conseguirlo. Salvo León, López Arnaiz y Solo, prácticamente la dicción de la totalidad del elenco es tan deficiente que muchos diálogos se nos escapan, y no es problema sólo del fuerte acento empleado, sino de un mal endémico en nuestro cine, donde modular bien parece una quimera, y del ruido ambiental que satura el sonido y una música permanente, anacrónica y atmosférica, que firma un agotador Julio de la Rosa, empeñado en ser el más vanguardista y moderno de nuestros compositores. Cabe denunciar también el empeño del equipo por mostrar una ciudad oscura, sin esa luz que nos caracteriza. Pero a pesar de todo, La peste es un trabajo considerable que nos ilustra sobre el daño de la Iglesia, la mezquindad de una sociedad siempre ávida porque la ciudad sea la más importante aspirante a todo, a capitalidad mundial entonces cuando era puerto de las Indias, a capital cultural, sede de juegos olímpicos y otras ambiciones en época actual, pero que si no se quita el sambenito de la liturgia y la comunión, pocas oportunidades podrá aprovechar en el futuro. La recreación de esa ciudad sucia (aún hoy avergüenza ver cómo amanecen nuestras calles por obra y gracia de una ciudadanía maleducada y asalvajada), embarrada (demasiado para lo que llueve normalmente) y a la vez monumental, amurallada, con Catedral y Torre del Oro a los pies de un río quizás sobredimensionado (a veces parece una ciudad al borde del mar), es extraordinaria, a pesar de lo apuntado. En cuanto a la trama criminal, en la que no falta la lucha de la ciencia por encontrar su lugar de progreso donde la Inquisición no deja florecer nada, acaba despertando nuestra fascinación, que no es poco. Cuesta seguirla pero atrapa nuestro interés.

domingo, 8 de abril de 2018

CAMPEONES Simpática y ejemplar a más no poder

España 2018 124 min.
Dirección Javier Fesser Guión David Marqués y Javier Fesser Fotografía Chechu Graf Música Rafael Arnau Intérpretes Javier Gutiérrez, Juan Margallo, Athenea Mata, Luisa Gavasa, Jesús Vidal, Daniel Freire, Roberto Chinchilla, Alberto Nieto Ferrández, Gloria Ramos, Itziar Castro, Fran Fuentes, Sergio Olmo, José de Luna, Stefan López, Jesús Lago Estreno 6 abril 2018

Javier Fesser no dirigía un largometraje desde Camino, si exceptuamos su triunfal incursión en la animación digital con Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo, pero ahora con esta comedia ha dado en la diana, renunciando al estilo slapstick que le diera fama con El milagro de P. Tinto y La gran aventura de Mortadelo y Filemón, y mezclando con ingenio y habilidad risas y lágrimas en esta amable y simpática a más no poder crónica sobre la presunta y tan cacareada normalidad. Con la ayuda del valenciano David Marqués, que ya jugó al boxeo en Dioses y perros y al fútbol en En fuera de juego, también en clave de comedia, Fesser nos lleva a entrenar baloncesto con un equipo de entrañables personajes con discapacidad intelectual, con el fin de reflejar nuestras propias discapacidades, generalmente relacionadas con el mundo de los sentimientos y las emociones. Aunque el viaje es previsible desde el minuto cero, Fesser se las ingenia para hacerlo sorprendente, gracias a un dominio del lenguaje cinematográfico que le lleva a plantear situaciones y diálogos sin desperdicio, dentro de una dinámica poco habitual en nuestro cine y que entronca con ese cine americano de emociones manipuladas y teledirigidas. Pero no nos importa porque sabemos que de eso se trata y nos dejamos seducir por la propuesta, ya que Fesser sabe cómo hacerlo y que acabemos por no reprocharle el juego que propone. La gracia y el desparpajo de unos actores y actriz no profesionales, que prácticamente se interpretan a sí mismos, contribuye a hacernos pasar dos horas deliciosas y dejar bien claro, de una vez por todas, que hay términos que definitivamente deberíamos desterrar de nuestro vocabulario, como maricón o anormal, concebidos para hacer daño y sin embargo tan abusados. Al fin y al cabo ¿quién se considera normal y qué se entiende por tal? Puede que en el camino Fesser pase por alto algunos detalles, que el progreso del equipo de baloncesto resulte más convencional que convincente, que siga una dramaturgia harto utilizada en el cine, o que haya detalles de guión que resulten incoherentes; pero la diversión, el entretenimiento y la lección están aseguradas, y merece la pena dejarse conmover por ellas. Tan sólo cabría criticarle el exceso de música ramplona, omnipresente, machacona y chirriante, que resta calidad a un producto que merecía en este apartado un mejor acabado, a pesar de contar con un tema principal en línea con la amabilidad de la película y una canción de Coque Malla también a tono.