jueves, 22 de abril de 2021

GREYHOUND: ENEMIGOS BAJO EL MAR El pastor y los lobos

Título original: Greyhound
USA 2020 92 min.
Dirección
Aaron Schneider Guion Tom Hanks, según la novela de C.S. Forester “The Good Shepherd” Fotografía Shelly Johnson Música Blake Neely Intérpretes Tom Hanks, Stephen Graham, Elisabeth Shue, Rob Morgan, Manuel García-Rulfo, Matt Helm, Craig Tate, Travis Quentin, Jeffrey Burkes, Chet Hanks Estreno en Internet 10 julio 2020


Cuesta creer que el reputado C.S. Forester, autor de novelas emblemáticas llevadas al cine como La reina de África o El hidalgo de los mares, sea el responsable de una historia tan raquítica y anodina como la que ha motivado a Tom Hanks adaptarla, tras escribir los guiones también de The Wonders y Larry Crowne. Quizás sea más bien la visión que del original haya tenido el actor y la falta de pericia del director para diseñar personajes y tramas lo que hagan de esta una película fallida. El buen pastor del título de la novela se refiere al personaje interpretado por el siempre bonachón Hanks, un comandante de la marina estadounidense al que se le encomienda su primera misión en una Segunda Guerra Mundial a la que Estados Unidos acaba de incorporarse.

Se trata de guiar y proteger un convoy de barcos de suministros aliados en su travesía por el Atlántico norte. Como si de una invasión alienígena se tratara, pronto su buque y el resto de los conducidos se verán amenazados por una flota de submarinos alemanes, un enemigo prácticamente invisible al que resultará muy difícil vencer, aunque a todas luces previsible. Con el solo personaje femenino incorporado por la compañera de generación Elisabeth Shue, orientado sin duda a reforzar la imagen del héroe protagonista como hombre religioso de valores profundamente tradicionales, lo que a su vez refuerza la idea del pastor y su ganado, la cinta prácticamente se desarrolla en un océano íntegramente recreado por ordenador, con una tensión solo lograda parcialmente y gracias sobre todo al excelente trabajo de los responsables de sonido, justamente reconocidos con una nominación al Oscar.

Falta sin embargo un tratamiento más efectivo del factor terror, una tensión más calculada y una mayor empatía con personajes que no resultan más que marionetas. Solo el valor que el personaje principal y su desarrollo personal da a la vida de los otros, aunque sean enemigos, y la convicción final de que son la moneda de cambio irrenunciable para salvar otras vidas y preservar la libertad, da algún sentido lógico a un espectáculo que se revela únicamente como ejercicio fallido en torno al agobio, la claustrofobia y el terror.

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