lunes, 26 de febrero de 2018

YO, TONYA En un tono molesto e inadecuado

Título original: I, Tonya
USA 2017 121 min.
Dirección Craig Gillespie Guión Steven Rogers Fotografía Nicolas Karakatsanis
Música Peter Nashel Intérpretes Margot Robbie, Sebastian Stan, Allison Janney, Julianne Nicholson, Paul Walter Hauser, Bobby Cannavale, Caitlin Carver, Bojana Novakovic, Mckenna Grace Estreno en el Festival de Toronto 8 septiembre 2017; en Estados Unidos 19 enero 2018; en España 23 febrero 2018

Con una poco estimable filmografía a sus espaldas, en la que no se salvan Cuestión de pelotas ni el remake de Noche de miedo, El chico del millón de dólares, La hora decisiva, y ni siquiera la más estimada según en qué círculos Lars y una chica de verdad, Craig Gillespie firma la que es hasta ahora su película más lograda y popular, aunque eso no sea suficiente para redimirla. Y es que cuenta episodios muy dramáticos como para tomárselos tan a la ligera y en tono de semi comedia. Si no fuera suficiente contarnos la dramática historia de una de las mejores patinadoras estadounidenses, cuyo futuro se truncó por su actitud rebelde, su escasa empatía con un público que espera en este tipo de disciplina deportiva la típica chica buena de familia con inmejorable reputación, y sobre todo su implicación indirecta en un incidente de competitividad poco edificante y deportiva, además su biografía está marcada por una situación de violencia machista permanente y continuada. Sin duda cuestiones poco apropiadas para ser tratadas con la comicidad que le impregnan su guionista y director. Es lo que tiene querer seguir los pasos estéticos y narrativos del maestro Scorsese, con frases plagadas de lenguas afiladas, personajes al límite, un montaje frenético, una banda sonora plagada de canciones (a los apenas cinco minutos del arranque ya han sonado al menos cuatro canciones) y una parodia constante que, repetimos, nos parece muy desafortunada a la hora de tratar un material tan delicado. En el camino la cinta proporciona buenas y solventes interpretaciones, al margen de la muy celebrada de la siempre eficaz y profesional Allison Janney, cuyo mayor mérito consiste en haberse hecho con un papel caramelo, de esos cuyas aristas, matices y registros están tan marcados que hay que ser una incompetente para no bordarlo. Lo mejor sin embargo reside en las magníficas secuencias deportivas. El patinaje artístico ha servido pocas veces de material cinematográfico; apenas recordamos las películas frívolas y musicales de Sonja Henie en la década de los cuarenta, o el melodrama romántico Castillos de hielo a finales de los setenta. Las revolucionarias técnicas digitales del momento y una preparación física de primer orden que, entre otras cosas, ha reportado a la protagonista de Escuadrón Suicida y El lobo de Wall Street una nominación al Oscar, han conseguido que podamos ver a Margot Robbie haciendo increíbles piruetas sobre los patines, y ese triple salto Axel que convirtió en leyenda a Tonya Harding, ahora inmortalizada con esta película que, al menos, sirve para hacerle justicia.

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