Dirección Kane Parsons Guion William Bromell y Kane Parsons Fotografía Jeremy Cox Música Edo Van Breemen y Kane Parsons Intérpretes Chiwetel Ejiofor, Renate Reinsve, Finn Bennett, Lukita Maxwell, Mark Duplass, Krista Kosonen, Robert Bobroczkyi Estreno en Estados Unidos 29 mayo 2026; en España 5 junio 2026
La ya mítica productora A24 sigue desafiando al género en el que más cómoda parece sentirse, el terror, y lo hace manteniendo su principal estrategia de mercado, la sorpresa. Para eso tira de un jovencísimo creador, que sin haber alcanzado aún la madurez, ya concibió todo un universo paralelo y escalofriante, propio del subconsciente humano, en el corto Backrooms (Found Footage), y se animó con otro, The Oldest View, al que ya le ha dedicado varias entregas en forma de cortometraje. Del primero surge esta fascinante y desconcertante película que a nadie deja indiferente, tantas son las formas de explicar y entender su enigmático argumento y aún más misterioso escenario. Bien es verdad que en su forma y contenido sintoniza seguramente mejor con públicos jóvenes, ávidos de experiencias nuevas y abiertos a propuestas rupturistas, sobre todo si derivan de esos fenómenos que habitan en redes y de las que tantos y tantas jóvenes son bien conocedoras.
Los backrooms o habitaciones traseras del título se refiere a espacios liminales, más propios de una sensación o un estado de ánimo que de una estancia física, real o convencional. Ahí se encuentran, bajo la mirada curiosamente científica de unos analistas muy especiales, dos personas con un pasado traumático, paciente y psicoanalista, que fusionan miedos y recuerdos de la misma forma confusa y alterada con la que la mayoría recreamos nuestras vivencias y las personas que nos han acompañado. Se crea así uno de esos queridos universos paralelos, si se quiere cuarta dimensión, en los que se exorcizan nuestros miedos y se buscan soluciones, distorsionando la realidad pero dotándola de una fuerza que la hace igualmente válida. Pero es también donde habitan nuestros monstruos, que pueden devorarnos o educarnos, según la diatriba que siga cada uno y una.
Kane Parsons es el prematuro director que acometió esta compleja y profundamente intelectual empresa sin haber cumplido aún los veinte, y que exhibe la capacidad suficiente para sorprendernos y desconcertarnos, proponernos tantas preguntas como respuestas y arrojarnos a la siempre incómoda ciénaga de la madurez intelectual para sentirnos capaces o no de descifrar tanto y rotundo enigma. A ello se prestan Chiwetel Ejiofor y Renate Reinsve con toda su fuerza emocional, convicción y entrega espiritual, sin lo cual el resultado no sería tan convincente y rotundo. Mientras, la fascinante dirección artística se erige en uno de los alicientes más radicales y definitivos de un espectáculo que Parsons maneja con tanta habilidad como profesionalidad, mezclando imagen puramente cinematográfica, y panorámica, con grabaciones caseras, entre las que se cuelan los supuestos metrajes encontrados.

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