USA-España-Nueva Zelanda-China 2026 110 min.
Dirección Renny Harlin Guion Shayne Armstrong, S.P. Krause, Peter Bridges, Damien Power, John Kim, Dan Luo y Jianye Sun Fotografía DJ Stipsen Música Fernando Velázquez Intérpretes Aaron Eckhart, Ben Kingsley, Angus Sampson, Lucy Barrett, Richard Crouchley, Molly Belle Wright, Wenhan Li, Rosie Simei Zhao, Nashi, Lakota Johnson, Mark Hadlow, Rarmian Newton, Madeleine West, Rob Kipa-Williams, Kelly Gale, Ryan Brown, Kate Fitzpatrick, Elijah Tamati Estreno en Estados Unidos 1 mayo 2026; en España 7 agosto 2026 En casa V.O. (jueves 6)
Llama la atención cómo se ensañan los medios locales con esta eficaz y entretenida película, cuando se nota el enorme esfuerzo de producción española, rodaje en Canarias y equipo potente de efectos visuales incluidos. Suele ser una contante echar por tierra lo nuestro y ensalzar lo de fuera, sobre todo cuando se trata de cine de evasión sin más pretensiones. Es cierto que una nómina de siete guionistas, cuatro principales y otros tres encargados de adaptar los diálogos al chino, le viene grande a un libreto bastante básico, cuya única habilidad es combinar todas las constantes del cine de catástrofes clásico que conoció su mejor época en la década de los setenta. A esto hay que añadir algunos avisos fundamentales de la seguridad aeronáutica y del civismo en general. Encontramos en esta nueva película del veterano Renny Harlin reminiscencias de Aeropuerto (una bomba en el avión, esta vez en forma de artilugio tecnológico), Aeropuerto 77 (avión perdido en el océano), La aventura del Poseidón (largas travesías submarinas y complicados recorridos reversos), así como de Tiburón, en su día catalogado también como cine de catástrofes. Un híbrido que Harlin resuelve con pericia y sentido de la tensión dramática.
El director finlandés conoció buenos tiempos al principio de su carrera, cuando dirigió la cuarta entrega de Pesadilla en Elm Street, la segunda de La jungla de cristal y la trepidante Máximo riesgo a mayor gloria de Sylvester Stallone. Fracasó estrepitosamente cuando dirigió a su entonces esposa, Geena Davis, en una de corsarios, La isla de las cabezas cortadas, y se atrevió por primera vez con los tiburones en Deep Blue Sea. Pasaron entonces varios años entregado a productos irrelevantes, tanto que muchos creyeron que había desaparecido del panorama cinematográfico, hasta que la trilogía Strangers, de la que queda por estrenar el capítulo final, lo devolvió a una línea más visible, a pesar de la escasa entidad del producto. En esta producción multinacional se dan todos los tópicos y constantes del género, destacando un accidente rodado con todos los detalles posibles y un resultado técnico sobresaliente, algo sorprendente teniendo en cuenta lo acostumbrados que estamos a estas alturas a este tipo de efectismos. Sólo falta para asemejarse aquel cine setentero un reparto de estrellas crepusculares, porque personajes y peripecias particulares no le faltan, incluida la inevitable niña repelente.
En el apartado musical, resulta irónico que Fernando Velázquez, traicionado por J.A. Bayona en La sociedad de las nieves, en favor de Michael Giacchino, consiga quitarse la espinita al menos un poquito, poniendo música a este otro espectacular accidente aéreo, en muchos aspectos parecido al de la película del director de Lo imposible. Por otro lado, imaginen que siendo la orquesta elegida para interpretar la música de Velázquez la de Extremadura, cuando su formación habitual era la del País Vasco, aunque ya ha dirigido este conjunto en otras bandas sonoras como La contadora de películas, así como en diversas giras cinematográficas, el resultado de esta gestión fuera mérito de David Sánchez.

No hay comentarios:
Publicar un comentario