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sábado, 21 de octubre de 2023

GIUSEPPE MENUTTI EXPLORA LA GUITARRA INFINITA DE SÁNCHEZ-VERDÚ

14º Festival de la Guitarra de Sevilla. Ochra, música para guitarra de José María Sánchez Verdú. Giuseppe Menutti, guitarra. Programa: Tres caprichos, Cuaderno de Friedenau y Ochra. Auditorio del CICUS, viernes 20 de octubre de 2023

Francisco Bernier, Giuseppe Menutti y José Mª Sánchez-Verdú en el Patio del CICUS

En la recta final de su
décimo cuarta edición, el Festival que dirige y organiza el guitarrista sevillano Francisco Bernier, celebró ayer tarde una de esas citas que dan sentido a un certamen de estas características, la presentación acompañada de un mini concierto de un disco de reciente aparición bajo el sello Contrastes. Se trata de Ochra, un trabajo en el que el joven guitarrista siciliano con formación parcialmente sevillana, Giuseppe Menutti, repasa seis de las más de cuarenta composiciones que el compositor de Algeciras José María Sánchez-Verdú ha dedicado a la guitarra, un instrumento que según él mismo ha declarado le ha fascinado desde que era niño. El formato elegido fue una distendida y cálida conversación entre ambos frente a un reducido pero muy atento público. El marco, el Auditorio que el CICUS tiene en la casa palacio de la calle Madre de Dios. En ella desgranaron las intenciones del autor, la dificultad de las piezas y el interés y denostado esfuerzo de su intérprete por entenderlas y extraer de ellas el máximo de sus posibilidades técnicas y expresivas.

Dejando atrás unos días de frondosa actividad y un buen ramillete de interesantes conciertos en los que, en su mayoría, se ha alternado la guitarra clásica con la flamenca, este encuentro con el que quizás podamos considerar el más reconocido internacionalmente de los compositores españoles actuales, se benefició del dominio de la retórica que exhibieron sus dos protagonistas, incluido el perfecto castellano de Menutti. Con la pieza Ochra como eje principal de un registro que cuenta en su portada con una reproducción de un inquietante grabado de Pablo Palazuelo, artista venerado por Sánchez-Verdú, los invitados desgranaron pieza a pieza las seis que integran la selección, mientras el intérprete reprodujo en directo tres de ellas, incluida la que le da título. Se trata de una compleja y dilatada pieza en la que el autor, que confesó sufrir de sinestesia, lo que le lleva a identificar las notas musicales con los colores, recorre con carácter progresivo diferentes gamas del color ocre, claro que siempre desde su subconsciente, sin que el oyente tenga forzosamente que buscar en la música esos tonos e intenciones, sino dejarse llevar por sus insinuaciones estrictamente musicales y las sensaciones que cada cual experimente según su bagaje cultural, intelectual y, sobre todo, sentimental.


De ella Menutti ofreció una interpretación extremadamente concentrada, cáustica y meditada a un tiempo, un viaje de redefinición de los límites acústicos y expresivos del instrumento español por antonomasia. Llevó los acordes a veces a planos sonoros casi imperceptibles, recorriendo los trastes con extrema precisión y utilizando la caja con fines percutivos. La pieza, un trabajo de encargo que basa parte de su material en otra obra para guitarra y orquesta denominada Memoria del ocre, encontró en Menutti el médium perfecto por su colorido y riqueza expresiva. Más atrevida fue seguramente su recreación de los Tres caprichos, inspirados en El sueño de la razón produce monstruos, El amor y la muerte y Volaverunt de Goya, donde la guitarra no parece ella, hay que centrarse en algunos, pocos, acordes para identificarla, mientras el resto son juegos en los trastes que lo recorren pulsándolo, a veces asfixiándolo, limitando el trabajo en la boca de la guitarra a simples pizzicati en la cuerda. En el disco se incluye otro trabajo inspirado en Goya, Nada, aquí con la colaboración en el violonchelo de Giorgio Lucchini, que forma parte del ciclo Lux et Tenebris a partir de una exposición de Goya en Alemania, donde Sánchez-Verdú reside desde hace tiempo.

Precisamente en el primer barrio de Berlín donde residió, se inspira el Cuaderno de Friedenau, tercera de las piezas que Menutti interpretó en esta presentación, y no precisamente en este orden. Aquí encontramos la guitarra fundamentalmente como instrumento de percusión, jugando con la caja y acompañándose de acordes muy breves y meditados que dan al conjunto un relieve muy especial y aprovecha muchas de las posibilidades que tiene el instrumento a nivel sobre todo expresivo, aunque sea en las antípodas de lo que estamos habituados a escuchar en él. Mucho hablaron de Yad, pieza para guitarra eléctrica inspirada en la Torá que deslumbró a Menutti y le hizo decidirse por grabar un disco con música del compositor andaluz. También hablaron del ciclo Kitab, de cuyo primer escalón podemos encontrar una esmerada interpretación en el CD. Las raíces de Sánchez-Verdú están también presentes en un trabajo en el que cabe destacar la presencia de culturas tan enfrentadas y antagónicas como la hebrea y la árabe, llamadas a entenderse y enriquecerse en lugar de abordar discursos de dominio traducidos en barbarie y castigo inhumano e incontrolado. Una vez más habría que tomar nota de artistas que como Sánchez-Verdú o Giuseppe Menutti buscan en otros lugares materia para enriquecer nuestro bagaje cultural y a la vez aportar lo que de válido arrastramos cada individuo.

Fotos: CICUS
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 3 de febrero de 2022

LA DANZA APLICADA (E INVASORA) DE ANDRÉS MARÍN

Música contemporánea. Made in Seville. Tríptico para un cuerpo. Andrés Marín, bailaor. Andrés Gomis, saxofones. Ignacio Torner, piano. Philippe Spiesser, percusión. Programa: Kinah II y Transitus, de José María Sánchez-Verdú; Finale y Música para inducir al sueño, de César Camarero. Étude de proximité, de Alberto Carretero. Espacio Turina, martes 2 de febrero de 2022

Andrés Marín con Andrés Gomis

Últimamente proliferan espectáculos ambiciosos en los que se pretende hacer de la suma de talentos su principal virtud y baza creativa. Pero los resultados no siempre son satisfactorios, en realidad incluso deberíamos aceptar que raramente lo son. No tenemos duda de la valía del bailaor Andrés Marín, asiduo de la Bienal de Flamenco, donde ha cosechado multitud de triunfos y ha sorprendido a propios y ajenos con su revolucionario enfoque del baile flamenco. Dejando claro él mismo que no se le puede siquiera considerar patrimonio gitano, y que urge desvincularlo del tópico y el anquilosamiento al que fue sometido a lo largo de más de cuarenta años de dictadura, el baile de Marín parece surgir de la improvisación y el empeño en comulgar con la propuesta musical que se le ofrece. Más de una hora estuvo permanentemente en el escenario, culminando un trabajo tan meritorio como extenuante.

Andrés Marín con Ignacio Torner

El problema surge de la paleta musical. Contar con composiciones de tres de los más reputados y sobresalientes autores españoles de los últimos años, herederos directos de una generación, la de Luis de Pablo y Francisco Guerrero, que sentó las bases de un nuevo sonido a partir del cual los nuevos valores han trazado su propio camino y evolución, es sin duda un enorme aliciente. Que dos de ellos además estuvieran presentes en la sala, un lujo. Da pena sin embargo que para programarlos se tenga que echar mano de esta adulteración que hace la propuesta más atractiva para un público al que se presupone todavía reticente a disfrutar de esta música a secas, sin disfraces ni envoltorios. La cuestión es que ninguna de las piezas felizmente programadas están concebidas para ser acompañadas de danza, y mucho menos de una disciplina en la que el taconeo es fundamental, y por lo tanto acaba convirtiéndose en un instrumento de percusión adicional que no aporta nada a la pieza original y más bien la invade, agrede e interviene de manera inapropiada.

Andrés Marín con Philippe Spiesser

Los intérpretes hicieron un trabajo excepcional, también Marín sin duda. Pero fue la suma la que no funcionó. Al saxo soprano en Kinah II y al bajo en Transitus, Andrés Gomis llegó a perturbarnos con los sonidos a menudo ásperos y distorsionados que extrajo de los instrumentos, en el primer caso combinado con leves toques de tam tam desde un balcón del recinto. Ambas piezas del algecireño Sánchez Verdú demuestran sobradamente por qué está considerado uno de los compositores más solicitados a nivel internacional. Nada es superficial ni circunstancial en estas dos intensas deformaciones del color y el timbre del metal, como tampoco lo es el toque más convencional, con acordes entre expresionistas y jazzísticos al piano, del generoso y vibrante Finale y la más reposada e intimista Música para inducir al sueño de César Camarero, que Ignacio Torner desglosó como es habitual en él, con maestría, agilidad y una refulgente energía. Pero sin duda la pieza más sorprendente, extensa y compleja vino de la mano del sevillano Alberto Carretero, catedrático en el Conservatorio Manuel Castillo y habitual espectador, todo un ejemplo, en las salas de concierto de la ciudad. Con una base electrónica preparada por él mismo, el percusionista Philippe Spiesser hizo acopio de disciplina y profesionalidad con los muy creativos utensilios ideados por el compositor sevillano para llevar a buen puerto esta filigrana electroacústica, un Estudio de proximidad que como todo lo anterior se vio considerablemente intervenido por el taconeo incesante del por otro lado extraordinario y revolucionario bailaor sevillano.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía