lunes, 7 de diciembre de 2015

TECHO Y COMIDA Crónica de los derechos pisoteados

España 2015 90 min.
Guión y dirección Juan Miguel del Castillo Fotografía Manuel Montero y Rodrigo Rezende Música Miguel Carabante y Daniel Quiñones Intérpretes Natalia de Molina, Jaime López, Mariana Cordero, Mercedes Hoyos, Gaspar Campuzano, Montse Torrent, Natalia Roig, Manuel Tallafé Estreno en el Festival de Cine Español de Málaga 23 abril 2015; en salas comerciales 4 diciembre 2015

La crisis que ha asolado a una buena parte de la sociedad española apenas ha encontrado eco en una cinematografía como la nuestra, si no como telón de fondo para comedias insustanciales; afortunadamente con un título como éste el desaire se ve algo compensado. Se trata de plasmar con la mayor sinceridad posible y sin recurrir a tremendismos pero sin traicionar el sentimiento y la emoción, los estragos que en una humilde madre soltera y su hijo de corta edad hacen una situación incomprensible para ella, injusta para todos e imperdonable para quienes se supone velan por nuestro bienestar. Viene a coincidir el estreno de esta película, seis meses después de verse en el Festival de Málaga, con unas elecciones generales en las que el partido en el poder vende sus triunfos frente a la supuesta superación de la crisis, cuando ni ésta lo ha hecho si pensamos en la altísima tasa de desempleo que aún afronta el país, ni es ético apelar a la amnesia popular cuando tantos recortes en gasto público y derechos se han producido, algunos de manera irreversible. Ambientada en Jerez de la Frontera en uno de los peores años de esta pesadilla, 2012, la película relata el particular vía crucis de una joven, magníficamente interpretada por la linarense Natalia de Molina asumiendo incluso el difícil acento de la ciudad gaditana, a la que se le resiste el trabajo y todas las ayudas se le han terminado, lo que le impide pagar el alquiler y mantener convenientemente a su hijo. En su debut en el largometraje, el joven director jerezano Juan Miguel del Castillo parece corroborar su interés por la maternidad coraje, después del cortometraje Rosario en el que Asunción Balaguer interpreta a la madre de un toxicómano. Las penurias que con dignidad y valentía ha de asumir esta joven a la que parecen cerrársele todas las puertas, encuentran inteligentemente algunas vías de esperanza, como esa vecina todo generosidad y cariño o el pequeño hijo, inmenso también Jaime López, con quien mantiene una relación tierna y respetuosa. Aparte de eso quedan magistralmente expuestas, con sentido de la dosificación, el ritmo narrativo y la intensidad dramática, las graves injusticias a las que los poderes políticos y económicos han sometido al pueblo, manteniendo siempre un perfecto equilibrio con el chantaje y la irritación emocional. En manos de este realizador brillan incluso especialmente actrices generalmente competentes pero aquí excelentes, como Mariana Cordero y Mercedes Hoyos. Un título, en definitiva, que viene a paliar el desprecio mostrado ante esta tragedia por nuestra industria, que sólo se muestra beligerante cuando no debe, en los actos lúdicos y presuntamente glamurosos como entregas de premios, y que ha ensuciado también, aunque sea a título particular, la confianza del público con actos aberrantes de corrupción. En lo formal no se puede evitar pensar en el cine de Ken Loach o los hermanos Dardenne, por mucho que la cinta de Castillo tenga su propia impronta y personalidad. Premiada en Málaga con los premios del público y de la crítica andaluza (Asecan) así como la Biznaga de Plata a la mejor actriz, una extraordinaria Natalia de Molina, cuya naturalidad, elegancia y discreción se ve acrecentada con este papel en el que da vida con total convicción a una humilde y desgraciada chica de barrio, espejo de tantas y tantas personas, muchas de ellas tan invisibles.

ESTRENO DE "LANGOSTA" EN SALAS COMERCIALES

Reseña de la película tras su paso por el Festival de Cine Europeo de Sevilla
Estreno en salas comerciales 4 diciembre 2015

sábado, 5 de diciembre de 2015

ARRANQUE DE LA QUINTA TEMPORADA DE LA SINFÓNICA CONJUNTA: LA FUERZA DE LA MOTIVACIÓN

Orquesta Sinfónica Conjunta. Auxiliadora Gil, piano. Juan García Rodríguez, director. Programa: Concierto para piano y orquesta nº 1 de Manuel Castillo; Sinfonía nº 2 en do menor, de Anton Bruckner. Auditorio E.T.S. de Ingeniería, viernes 4 de diciembre de 2015

La Sinfónica Conjunta de la Universidad y el Conservatorio Manuel Castillo sigue siendo esa luz de esperanza e ilusión que inspira a cientos de jóvenes intérpretes de la ciudad desde su debut hace ahora exactamente cuatro años. Pero no todos sus conciertos resultan igual de satisfactorios; esta primera cita de la quinta temporada ha sido precisamente una de las menos logradas. Sea de manera puramente ocasional o por alguna razón relacionada con el estudio y la excelencia, lo cierto es que abordar al compositor que da nombre al conservatorio y atreverse con un genio tan particular y complejo como Bruckner se antojaba una empresa difícil y ambiciosa, a pesar de que ya en su primera temporada lograron llevar a buen puerto la Sinfonía nº 8 del autor austriaco.

No cabe duda de que detrás sigue habiendo un enorme esfuerzo, manifestado a través de la batuta siempre ágil e inquieta de Juan García Rodríguez. En este concierto dedicado a última hora a quien fuera catedrático de dirección coral, Ricardo Rodríguez, fallecido justamente el día antes, los jóvenes instrumentistas arroparon sin desgana pero con numerosos desaciertos en forma de deslices, puntuales faltas de cohesión y caídas de tensión, a la profesora de piano del conservatorio Auxiliadora Gil, que con notable sentido acrobático completó un Concierto nº 1 del compositor sevillano en el que brilló más la forma que la expresividad. La pieza, inspirada en la tradición centroeuropea, especialmente la húngara presidida por Bartók y continuada por Rózsa, contó con una dirección enérgica que no fue suficiente para mantener una gramática clara y precisa de la pieza. Gil por su parte exhibió una técnica gimnástica sin alcanzar el nivel de sutileza que demanda la partitura.

De las diversas modificaciones que Bruckner realizó de su Sinfonía nº 2, García Rodríguez eligió la definitiva y más difundida de 1877. Música poderosa y vigorosa que sólo encontró respuesta parcial entre los intérpretes, con texturas más bien ásperas y frecuentes deslices que afectaron al equilibrio de la obra, por mucho que la batuta insistiera en elocuentes silencios y juegos dinámicos. Sólo los tutti heroicos, como en el scherzo o el finale, lograron hacer justicia a la obra. Entre los solistas triunfó el clarinete en la difícil conclusión del adagio, por otra parte poco dulce y meditado. Por el contrario muy logrado el carácter ensoñador del ländler central en el scherzo y la participación de los timbales en el mastodóntico finale. Puede que a Bruckner no le hubiera convencido esta interpretación, pero seguro que lo hubiera compensado con la emoción que inspira la hermosa juventud.

viernes, 4 de diciembre de 2015

GABRIEL UREÑA Y NOELIA RODILES: NOTAS PALADEADAS

Ciclo "Jóvenes Intérpretes" del Teatro de la Maestranza. Gabriel Ureña, violonchelo. Noelia Rodiles, piano. Programa: Sonata en La mayor nº 3 Op.69, de Beethoven; Fantasiestücke Op.73, de Schumann; Sonata en Re menor Op.40, de Shostakovich. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, jueves 3 de diciembre de 2015

Qué lástima que el ciclo de conciertos de jóvenes intérpretes siga siendo tan reducido, con lo reconfortante que es disfrutar del arrojo y la disciplina de estos jóvenes valores y de programas tan exquisitos, que vienen a paliar la sequía de música de cámara que padecemos en esta ciudad, sólo aliviada en parte por el ciclo de la Sinfónica. Naturales de Avilés, el violonchelista Gabriel Ureña y la pianista Noelia Rodiles encajan en el ciclo, aunque si el espíritu de éste es promover nuevos valores, ella y él están suficientemente consolidados, y lo demostraron con un concierto al más alto nivel de exigencia.

Aunque la cita se centraba fundamentalmente en Ureña, la pianista merecía igual atención, habida cuenta del protagonismo del instrumento en las piezas elegidas. No fue la Sonata Op. 69 de Beethoven un dechado de virtudes, pero funcionó considerablemente bien. Los intérpretes supieron encontrar su fino lirismo con naturalidad, aunque en el camino se deslizaran un par de notas falsas y algún desafortunado cambio de color.

Noelia Rodiles en el Pabellón de Juventudes
Musicales del Parque Mª Luisa el
9 de mayo de 2013
Al fraseo expansivo del violonchelista, aunque con demasiado vibrato para la naturaleza clásica de la pieza, se unió la fuerza y concisión de ella, si bien en conjunto se echara en falta un poco más de introspección y ternura. Las tres piezas de fantasía de Schumann, originales para clarinete y piano pero que el compositor permitía se tocasen al violín, viola o cello, son fragmentos concisos y rapsódicos a los que se enfrentaron con un acentuado lirismo y una considerable profundidad, especialmente en el arqueo de Ureña, hábil, sutil y sin esfuerzo aparente. La aportación de Rodiles fue fundamental en la Sonata Op. 40 de Shostakovich, paladeando con un intenso lirismo la emotiva melodía que protagoniza el allegro inicial. Ureña por su parte dominó con estilo el aire marcial predominante en la partitura, anticipando la sombría tragedia del largo. El chelo superó holgadamente las diabólicas armonías del scherzo, y juntos pusieron el punto final demostrando comprender la irónica exquisitez de la pieza. Unos Requiebros de Gaspar Cassadó rubricaron con gracia y vitalidad un concierto impecable.
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 3 de diciembre de 2015

LOS DIAMANTES DE LA CORONA: UN BUEN TRABAJO DE EQUIPO

Zarzuela de Francisco Asenjo Barbieri y libreto de Francisco Campodrón. Óliver Díaz, dirección musical. José Carlos Plaza, dirección musical. Francisco Leal, escenografía. Pedro Moreno, vestuario. Francisco Leal, iluminación. Intérpretes: Sonia de Munck, Ricardo Muñiz, Cristina Faus, Carlos Cosías, Gerardo Bullón, Fernando Latorre. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza. Íñigo Sampil, director del coro. Producción del Teatro de la Zarzuela. Teatro de la Maestranza, miércoles 2 de diciembre de 2015

Hay que felicitar al Teatro de la Zarzuela por su continua recuperación del patrimonio lírico genuino español. Este título de Francisco Asenjo Barbieri, uno de los fundadores de la Sociedad Artística impulsora del género y autor de una de sus obras más emblemáticas, El barberillo de Lavapiés, estuvo aparcada durante el siglo XX hasta que el teatro madrileño lo revitalizó hace cinco años. Merece esta segunda oportunidad por cuanto se trata de una música de estimable calidad, inspirada tanto en la lírica italiana, especialmente los maestros belcantistas, como en el acervo popular más arraigado en nuestras raíces aunque sin folclorismos superfluos. Dada su complejidad y amplitud de miras, exige un trabajo esmerado y completo por parte de sus intérpretes y artífices.
 
No es un título que permita a la orquesta lucirse generosamente, algo que la dirección de Óliver Díaz supo comprender llevando la parte instrumental a niveles discretos, evitando salidas de tono y excesos ampulosos, salvo en las muy contadas ocasiones en los que los aires marciales lo demandaban. La respuesta de la orquesta fue como siempre ejemplar, aunque para ello tuvieran que reprimir su habitual brillo y autoridad. Quienes no tuvieron que hacerlo fueron los integrantes del coro, espléndido en este título que tanto demanda sus servicios. Hasta diez ocasiones tuvieron para hacer valer sus méritos, con momentos puntales como Vuelta al trabajo de la introducción, ¿Qué nuevas corren? al inicio del tercer acto, o la Coronación final. Los trampantojos hicieron de nuevo las delicias de un público encandilado, como ya ocurriera hace años en Parténope y hace menos en Aida. Unos muy cuidados, coloristas y estilizados telones, que caían y se recogían con cada cambio de escenario como en aquellos teatros Airgam de juguete, sirvieron de fondo para situar los distintos escenarios - cuevas de monederos, jardines de Coimbra y Palacio Real de Lisboa - en los que se desarrolla este cuento dieciochesco sobre una reina generosa con su pueblo, cuya ingenuidad deja poco espacio para la crítica política y social, un mimbre que la producción podría haber limado para darle actualidad más allá de unos chistes que no acaban de funcionar, por mucho que el conjunto sea jovial. Pedro Moreno volvió a triunfar como figurinista, esta vez con unos espectaculares trajes pintados a mano.
 
La dirección escénica resultó ágil aunque los movimientos de masas volvieran a ser, como siempre, enmarañados y anárquicos. Los intérpretes solventaron con magisterio y profesionalidad sus cometidos vocales y escénicos, y aunque se anunció una Sonia de Munck afectada por un proceso gripal, en la práctica no se notó, dada su frescura y naturalidad, tanto en la emisión como la compostura, magnífica en la romanza De qué me sirve el trono. Cosías triunfó como cómico y esmerado tenor. La mezzo Cristina Faus brilló como Diana, con momentos estelares como el bolero Niñas que a vender flores junto a Munck. Bien el resto del elenco, con especial mención para la vis cómica de Ricardo Muñiz. Para quienes sólo conozcan esta zarzuela a partir de la grabación de Ataulfo Argenta, disfrutarla en estas condiciones habrá sido un auténtico placer; para los demás, una revelación.
 
Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 4 de diciembre de 2015

miércoles, 2 de diciembre de 2015

NADIE QUIERE LA NOCHE Aprendiendo a sobrevivir

Título internacional: Nobody Wants the Night
España-Francia-Bulgaria 2015 118 min.
Dirección Isabel Coixet Guión Miguel Barros Fotografía Jean-Claude Larrieu Música Lucas Vidal Intérpretes Juliette Binoche, Rinko Kikuchi, Gabriel Byrne, Matt Salinger, Velizar Blinev, Ciro Miró, Reed Brody Estreno en el Festival de Berlín 5 febrero 2015; en españa 27 noviembre 2015

Hay que remontarse a 1998 (A los que aman) para encontrar la única incursión de Coixet en el cine de época antes de ésta, un nuevo eslabón en una filmografía irregular y variopinta en la que ha alternado frecuentemente el documental con la ficción. Con apenas unos meses de diferencia con su anterior film, Aprendiendo a conducir, Nadie quiere la noche se estrena como uno de sus títulos más ambiciosos, entroncando con ese cine de marcado carácter internacional que también ha cultivado en películas como Elegy o Mi otro yo. La odisea de Josephine Peary, una rica y autoritaria neoyorquina, en busca de su marido, Robert Peary, aventurero y explorador de quien se dice fue la primera persona en llegar al Polo Norte, en 1909, le sirve a la directora catalana para trazar un retrato de mujer fuerte y comprometida a la vez que terca y miserable, que irá domando su soberbia y prepotencia al enfrentarse a la todopoderosa naturaleza en condiciones tan hermosas como adversas. En esta cruzada le acompañará primero otro explorador occidental, desencantado y envejecido, Gabriel Byrne (Sospechosos habituales), ya sin fuerzas para hacer frente a tormentas y avalanchas, y después una esquimal, Rinko Kikuchi (Babel, Mapa de los sonidos de Tokio, también de Coixet), superviviente nata, afín al entorno y optimista irredenta. Con ella la protagonista aprenderá a respetar y ser más tolerante, a sufrir las inclemencias del tiempo y las circunstancias y sobreponerse a sus propias debilidades. La ayuda de una excelente fotografía y una magnífica Juliette Binoche moldeando en su personaje todos estos matices, son perfectos aliados para conseguir un film al menos estimable. Lástima que el ritmo no sea siempre el adecuado, que la realizadora se empeñe en alejarse tanto del temperamento de sus personajes hasta convertir el producto en algo frío y muy calculado, y que el desenlace resulte insatisfactorio a todos los niveles posibles.

PAULINA Inteligente reflexión sobre la voluntad política reprimida

Título original: La patota
Argentina-Brasil-Francia 2015 103 min.
Dirección Santiago Mitre Guión Mariano Linás y Santiago Mitre, según la historia de Eduardo Borrás para la película de 1960 Fotografía Gustavo Biazzi Música Nicolás Varchausky Intérpretes Dolores Fonzi, Óscar Martínez, Esteban Lamothe, Cristian Salguero, Verónica Llinás, Laura López Moyano Estreno en el Festival de Cannes 15 mayo 2015; en Argentina 18 junio 2015; en España 27 noviembre 2015

Estos días asistimos impávidos y estupefactos a cómo los jefes de las naciones más poderosas del mundo desprecian el ingenio y la inteligencia para adoptar medidas de lo más básicas, primitivas y perentorias para luchar contra uno de los mayores problemas que tiene la humanidad en este siglo, el terrorismo islámico. Recurren a una legalidad que nos quieren convencer es irrefutable e insobornable, como si los cuerpos legales fueran la nueva Biblia a acatar sin reserva alguna, para adoptar la sempiterna consigna del ojo por ojo, la violencia atajada con violencia, que no genera sino más violencia. Se trata, como siempre, de no renunciar a privilegios y derechos adquiridos, aunque éstos pasen por la venta de armas y la compra de petróleo que asegure nuestro bienestar social. Un estilo de vida al que se ha adherido nuestra enferma sociedad, a costa de quien sea y con la lucha de clases y la desigualdad como premisas irrefutables. Santiago Mitre ha cimentado su predilección por el cine político, tras una ópera prima de temperamento romántico (El amor, Primera parte), con películas como El estudiante, un inteligente análisis del arribismo político desde las bases universitarias, y el documental Los posibles, ilustración de una coreografía sobre la marginación social de la juventud. Con Paulina confirma esa tendencia a partir de una adelantada película que Daniel Tinayre dirigió en 1960 y que sería conveniente recuperar para ver hasta qué punto Mitre ha aprovechado su trama para hacer un lúcido y muy inteligente discurso político. Una primera secuencia plano de casi diez minutos sienta las bases de la película; en ella la protagonista, una inmensa Dolores Fonzi (Truman) argumenta a un padre juez y aburguesado después de una juventud militando la izquierda más utópica, cómo ella prefiere marginar un futuro prometedor para alistarse en la docencia comprometida y el trabajo social en una zona desfavorecida de Argentina colindando con Paraguay. En otra secuencia la ya docente aclara en su taller de política que su proyecto no trata de políticos sino de orden social y económico. Y en otra entrega a sus alumnos una serie de papelitos conteniendo cada uno un artículo de la Declaración Universal de Derechos Humanos, eso papelitos, para que cada uno y una reflexione sobre el que le ha tocado. Estas tres poderosas y concisas secuencias son fundamentales para entender lo que subyace tras el discurso de Mitre en esta absorbente e inquietante película. Una patota, título original de la película que se refiere a una pandilla de maleantes, desencadenará una crisis sobre cuya resolución la joven profesora deberá tomar una serie de decisiones paulatinamente reprimidas por el orden establecido, que es el que precisamente ella quiere cambiar. La original estructura narrativa que utiliza Mitre, a través de la cual nos va revelando datos progresivamente, en un orden desordenado pero muy significativo, y la estupenda dosificación de los elementos que integran el discurso, desde los personajes a los paisajes, consiguen atrapar a un espectador para el que la función no acaba con el último de los créditos, sino mucho después, conforme reflexiona, debate y discute sobre lo que constituye sin duda una muy saludable provocación y un profundo análisis sobre la educación como herramienta para modificar el mundo, las pasiones y las leyes. Gran Premio en la Semana Internacional de la Crítica y Premio Fipresci en Cannes; multipremiada en la sección Nuevos Horizontes del Festival de San Sebastián y reciente Premio Fénix del Cine Iberoamericano a la mejor actriz.