sábado, 25 de enero de 2014

TRAVIESO QUARTET: JAZZ TRADICIONAL CON UN EXCELENTE NIVEL

Toda persona aficionada al jazz en Sevilla sabe que el Café Naima entre las calles Conde de Barajas y Trajano es lugar de referencia para acólitos del género. Muchos son los grupos y solistas que han tenido su oportunidad de lucimiento entre las fotografías que cuelgan de sus paredes con la imagen de los más relucientes artistas que han honrado la música que más asociamos a la improvisación.

Nuria Fernández Quesada ha sido siempre una gran aficionada a esta música, además de a muchas otras, al deporte en general y al de riesgo en particular, la literatura y muchas cosas más. Especialmente es una enamorada del idioma inglés, cuya rama de traducción imparte en la Universidad Pablo de Olavide desde hace algunos años. Pero de vez en cuando alimentaba el gusanillo de la canción improvisando estándares en este emblemático café. Hace poco surgió un feliz contacto con tres magníficos y jóvenes músicos y de ahí la acertada idea de formar un cuarteto, Travieso Quartet, por aquello de ir llevando la improvisación por los derroteros más insospechados y menos convencionales y procurar ir calentando los motores de su público, que ya lo tienen, hasta lograr que el baile y el movimiento surjan de forma inevitable.


El pasado viernes 24 debutaron como tal formación en dicho local con un largo concierto dividido en tres generosas partes de tres cuartos de hora de duración cada una. Virtuosos y muy creativos al contrabajo eléctrico, la batería y el teclado, así como el saxo que se les unió en algunos temas, fueron desgranando con buen gusto y excelente oficio clásicos de Irving Berlin (Cheek to Cheek), Cole Porter (I’ve Got You Under My Skin), Gene De Paul (You Don’t Know What Love Is) o Richard Rodgers (Blue Moon), alternando ritmos y estilos, desde el tango en Temptation, el funky en You Don’t Know What Love Is, o un toque disco en Blue Moon. La espectacularidad de su versión de It Don’t Mean a Thing de Duke Ellington hizo que la gente en la calle se parase para verlos a través del escaparate, como un niño que mira golosos dulces. Siguen la estructura tradicional, exponiendo la melodía, pasando luego a las obligadas cadencias de cada instrumentista y regresando a la voz en la reexposición del tema. Y todo sin emular a los grandes intérpretes, Billie Holiday en All of Me, Mary Wilson o Diana Krall en Cry Me a River, porque Nuria es inteligente y versátil y sabe que tiene que buscar su propio estilo, y lo está consiguiendo, mezclando estos clásicos con estrofas extraídas de otros temas, modulando con elegancia, fraseando con fluidez y conquistando con su sensualidad y su encomiable dominio de la lengua reina en esta materia.

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