Dirección Juan Pablo Sallato Guion Luis Emilio Guzmán Fotografía Diego Pequeño Música Alberto Micheli y Matteo Marrella Intérpretes Nicolás Zarate, Boris Quercia, Marcial Tagle, Catalina Stuardo, Aron Herenández, Renzo Fioretti, Taiu Braver Iosovich Estreno en el Festival de Berlín 13 febrero 2026; en España 8 mayo 2026
Nuestro país es el primero que saluda la vida comercial de una película que supone el debut en el largometraje de su director, Juan Pablo Sallato, con dos documentales y una serie de televisión a sus espaldas, y que ya fue reconocida en el Festival de Málaga con cuatro importantes premios, a su protagonista y al montaje, así como los del público y la crítica, tras estrenarse oficialmente un mes antes en el de Berlín. Hangar rojo ofrece una disección precisa y dura de aquel infame 11 de septiembre de 1973, cuando un golpe de estado militar acabó con el gobierno democrático de Salvador Allende. Una cinta que llega en el momento justo, cuando precisamente la democracia vive sus momentos más perversos y pervertidos, convirtiéndose paradójicamente en trampolín para el regreso de estos regímenes represores, negadores de derechos y realidades diversas, populistas y macarras. Se deja ver en su escueto y calculado desarrollo la injerencia estadounidense en unos episodios con los que avanzaron la cruzada anticomunista emprendida por el país de las supuestas libertades tras esa Segunda Guerra Mundial que tanto poder y popularidad les reportó, y que ojalá hubieran aprovechado en otra dirección mucho más moderada y humanista. Y se deja ver ahora también esa perversión democrática, perpetrada ahora a través del aparato publicitario que supone el cine, la televisión y los modos de vida imitados por un mundo en el que cada vez más se deja entrever la estulticia generalizada.
Con estos parámetros, Hangar rojo se revela como otro ejemplo necesario de advertencia y concienciación que, lamentablemente, sólo llega a quienes ya estamos advertidos y concienciados, pues poca utilidad tiene si no alcanza a ese público mayoritario emborregado y palomitero. Su discreta distribución lo demuestra, a pesar de los galardones y parabienes recibidos. Nuestro protagonista es un aviador militar que confiesa sentir una libertad absoluta cuando experimenta la caída libre que le proporciona el paracaidismo, pero que en el infernal día que le toca vivir, sólo puede experimentar otro tipo de caída libre, la de haber sido un día salvador del presidente chileno de un atentado, y sentirse obligado ahora a colaborar a regañadientes con un golpe que no comparte, y que tendrá sus consecuencias, relatadas en los títulos de crédito finales.
Un blanco y negro austero, una cámara pegada al protagonista y una puesta en escena precisa y contundente, potencian la escalada de asfixiante tensión que se va apoderando del público, al que por otro lado se le ahorran los horrores insoportables que se denotan del uso del sonido y el fondo desenfocado. Sólo cabe reprocharle algún desliz en el relato, fundamentalmente en detalles que bien podrían haberse pasado por alto. No podemos dejar de lado el excelente trabajo expresivo y gestual del pragmático e hierático protagonista, incluso del más caricaturesco pero necesario superior jerárquico, esa permanente amenaza para quienes disienten de su diabólica misión.

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