USA 2026 145 min.
Dirección Steven Spielberg Guion David Koepp y Steven Spielberg Fotografía Janusz Kaminski Música John Williams Intérpretes Emily Blunt, Josh O’Connor, Colin Firth, Eve Hewson, Colman Domingo, Wyatt Russell, Elizabeth Marvel, Henry Lloyd-Hughes, Hettienne Park, Courtney Grace Estreno en Estados Unidos y España 12 junio 2026
Steven Spielberg se lo puede permitir, hacer una película a partir de un argumento delirante y un punto disparatado, y de paso recuperar el tipo de historias que le hicieron célebre a finales de los setenta y principios de los ochenta del siglo pasado. Para ello vuelve a colaborar con David Koepp, con quien además de otros títulos, renovó muy satisfactoriamente La guerra de los mundos, el drama radiofónico con el que Orson Welles saltó a la fama en la década de los treinta de ese mismo siglo. Consigue mantener a lo largo de un buen metraje de la película, la misma intriga con la que nos ha seducido durante meses gracias a una estrategia comercial extraordinaria, que acaba entroncando con situaciones que nos recuerdan mucho a uno de sus primeros y más fascinantes trabajos. Pero en su desarrollo reclama la confianza y complicidad de un público que asiste algo atónito a una propuesta que derrocha magia, a veces e forma algo inexplicable, y apuesta de nuevo por la ingenuidad que hemos perdido tras abandonar la infancia. Es por ello que saludamos esta nueva película de una filmografía apasionante, como el nuevo capricho de un director que se niega a madurar, que prefiere sentirse niño y hacernos disfrutar con otro cuento de alguna manera infantil, referencias explícitas incluidas, sin renunciar a cuestiones que nos preocupan como seres humanos, tantas veces temerosos y temerosas de nuestra propia extinción.
De esta forma, la creciente proliferación de guerras que acucia al planeta, aunque sospechosamente responsabilizando a mandatarios como Pionyang o Putin antes que mojarse con Trump o Netanyahu, se combina con el maltrato medioambiental y otros miedos recurrentes. En el fondo, el esfuerzo por mantener el secreto de relevantes informaciones, se convierte en principal tema de una película en la que los elegidos son permanentemente perseguidos por quienes salvaguardan los referidos secretos sin desclasificar, generando situaciones tan espectaculares y adrenalíticas como el choque ferroviario. No obstante, no se trata de una película que busque el efecto visual deslumbrante. De hecho, ya se guarda Janusz Kaminski, habitual director de fotografía de Spielberg, de dar al conjunto el aspecto más verosímil posible, sin grandes alardes tecnológicos que sitúen su acabado formal parejo al de las grandes superproducciones de súper héroes y similares. Cabe apreciar la capacidad inmarchitable de su director para entretener y sorprender, rodeándose de sus habituales colaboradores, entre quienes destaca la enésima colaboración con John Williams, que a sus noventa y cuatro años sólo se permite volver a componer si es para su gran amigo, y aunque no aporta una de sus bandas sonoras más inspiradas, demuestra una vez más por qué tantos nos hemos aficionado a la música de cine.
En el apartado interpretativo destacan especialmente ellas, Emily Blunt dándolo todo y Eve Hewson aprovechando lo que podría ser su oportunidad definitiva. Dogmas de fe, creencias religiosas y confianza en un universo generoso, completan la visión de un director que sigue haciendo nuestras delicias, aunque sea con trabajos aparentemente menores, a los que el paso del tiempo deberá juzgar para hacernos o no cambiar de opinión. Pero se trata, sobre todo, del trabajo de un cineasta que se niega dejar de ser niño y se atreve a delirar y disparatar, aunque sólo sea en apariencia, pues analizándolo bien, todo lo que parece fantástico podría hasta ser real.

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