Dirección Ben Wheatley Guion Derek Kolstad y Bob Odenkirk Fotografía Armando Salas Música Harry Gregson-Williams y Ryder McNair Intérpretes Bob Odenkirk, Henry Winkler, Lena Headey, Jessica McLeod, Brendan Fletcher, Reena Jolly, Peter Shinkoda, Ryan Allen, Billy MacLellan Estreno en el Festival de Toronto 8 septiembre 2025; en Estados Unidos 17 abril 2026; en España 1 julio 2026
Reconozco que he visto esta película porque ha caído en mis manos y no he tenido que desplazarme al cine para verla, lo que de paso ha podido evitarme verla oscurísima, dada la tendencia de muchas empresas de exhibición a no mantener sus equipos como es debido, como por ejemplo sucede con frecuencia en Cinesur y Cinesa. Ya de por sí se trata de un film oscuro como para permitirnos intuirla más que verla. Que se trate de una creación del responsable de las infames John Wick y Nadie, Derek Kolstad, ya nos echaba suficientemente para atrás. Pero en nuestro afán de dar nuevas oportunidades y tratar de descubrir algo, nos hemos vuelto a tropezar con un producto extremadamente violento, causa y efecto de la actual situación política y social que atraviesa nuestro desastroso planeta.
Ahora se adhiere a labores de guion el protagonista de Nadie, Bob Odenkirk, que también se atribuye el papel protagonista de ésta, un sheriff sustituto que intenta poner orden en un pueblo nevado de Minnesota aparentemente afable y pacífico que esconde un terrible secreto relacionado con la yakuza japonesa, que unos casuales atracadores de banco pondrán de manifiesto. El resto, una planificación cinematográfica apabullante entre coreografías, luchas, disparos y explosiones, al cuidado del realizador británico Ben Wheatley, responsable de las interesantes Turistas y High Rise, y de las olvidables Free Fire, Rebeca (sí, el inútil remake del clásico de Hitchcock) y Megalodón 2: La fosa.
Violencia y más violencia, aderezada con una supuesta comicidad a imagen y semejanza de Tarantino, pero sin su talento ni perspicacia, converge en un disparate en toda regla. Para colmo, su título pretende ser ingenioso, jugando con una palabra que cada vez estamos más convencidos debería desaparecer del diccionario, dada su orientación a discriminar todo aquello que no responde a lo simplemente convencional o reglamentario. Aquí se trata del nombre del pueblo y la actitud que se pretende de sus pobladores y pobladoras.

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