domingo, 4 de octubre de 2026

DIGGER Grandilocuente pero eficiente farsa política

USA 2026 128 min.
Dirección
Alejandro González Iñárritu Guion Alejandro González Iñárritu, Alexander Dinelairs, Nicolás Giacobone, Sabina Berman y Jez Butterworth Fotografía Emmanuel Lubezki Música Cosmo Sheldrake Intérpretes Tom Cruise, Riz Ahmed, John Goodman, Sandra Hüller, Jesse Plemons, Michael Stuhlbarg, Sophie Wilde, Robert John Burke, Emma D’Arcy, Danny Kirrane, Burn Gorman, Mercedes Hernández Estreno en Estados Unidos y España 2 octubre 2026

Posiblemente Alejandro González Iñárritu y Yorgos Lanthimus representen una línea parecida de trabajo en el Hollywood actual, además de representar la rutinaria tendencia del cine estadounidense de vanagloriar talentos venidos de fuera, sea Europa en el caso del primero, o Latinoamérica en la del segundo. Ambos tienen tendencia también a hablarnos de cuestiones trascendentales haciendo uso de un lenguaje diferente y a menudo socarrón, más irritante en el caso del griego que en el del mexicano, al menos más asequible y hasta cierto punto convencional. Cierto tono grandilocuente impera en ambos casos, que en el de Iñárritu se ha traducido en películas de gran calado como Amores perros, El renacido o la muy celebrada, a nuestro juicio desmedidamente, Birdman, otras más discutidas, como Babel o Biutiful, y otras incomprendidas e injustamente despreciadas como Bardo. Con Digger ofrece un esperpéntico espectáculo, presumiblemente divertido, aunque muchos de sus gags no encuentren el eco deseado, en el que se mezclan todos los grandes temores actuales de una humanidad cada vez más próxima al ocaso.

Cruise va en busca, una vez más, del trabajo de prestigio que le aleje del héroe de acción con cuyo milagroso físico e indiscutible agilidad ha cultivado. Una forma de recuperar la faceta que ya exhibió en películas como Nacido el 4 de julio, Algunos hombres buenos, Magnolia o Eyes Wide Shut, y que ahora que la edad apremia necesita más que nunca si desea seguir en la cumbre. Y no lo hace nada mal, incluso si en algún momento resulta histriónico, el tratamiento del film lo justifica sobradamente. Interpreta a un magnate del petróleo tan importante o más que el propio presidente de Estados Unidos, cuya ambición desmedida ha provocado el mayor desastre imaginable en un planeta ya de por sí marchito. Un acertado argumentario, labrado fundamentalmente en una memorable secuencia asamblearia en la que Cruise echa mano de todos sus recursos interpretativos para clavar un exhaustivo monólogo, se convertirá en la mejor defensa de su personaje, y a la vez, reconocimiento de responsabilidad. Otro acertado monólogo de Jesse Plemons más adelante, se encarga de potenciar las virtudes de una película que acaba dando más de lo que se espera, especialmente por la cantidad de veces que hemos soportado su insufrible tráiler al son del clásico de Talking Heads Burning Down the House, ausente en el montaje final de la película, y que tanto nos hacía temer que se asemejara al famoso ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú de Kubrick, algo que finalmente queda en un segundo plano aunque la influencia sea clara y visible.

Iñárritu tiene su propio lenguaje, que a buen seguro no convencerá a muchos, pero atesora el suficiente talento para llevar a buen puerto un trabajo que nos habla de todos los males actuales de la humanidad, incluidas pandemias, desastres naturales provocados por el cambio climático, a su vez provocado por la ambición desmedida del hombre, la acentuación de la brecha entre pobres y ricos, las oligarquías, o la inmigración mal gestionada. Deja como última esperanza el papel de la cultura para paliar tanto horror y sufrimiento, aunque sea en el ámbito de una sociedad distópica, y redunda en la facilidad que tienen algunos para apasionarse con un animal doméstico, a la vez que despreciar al semejante, si bien lo mismo hasta tiene razón. Cabe destacar una imaginativa y creativa puesta en escena, mérito de una dirección artística impecable, indispensable para convencer con un trabajo tan singular y atrevido como éste.

VERITY: LA SOMBRA DE UN ENGAÑO Una intriga radicalmente absurda

Título original: Verity
USA 2026 114 min.
Dirección
Michael Showalter Guion Nick Antosca, según la novela de Colleen Hoover Fotografía Jim Fronha Música Volker Bertelmann Intérpretes Anne Hathaway, Dakota Johnson, Josh Hartnett, Ismael Cruz Cordova, Brady Wagner, Irina Dvorovenko, Sienna Kiulovitz, Michael Abbott jr. Estreno en Estados Unidos y España 2 octubre 2026


En nuestra opinión, ésta podría ser candidata con creces a la peor película del año. Una mezcla indigesta entre 50 sombras de Grey y La asistenta, dirigida sin pulso narrativo alguno, mal interpretada, carente de lógica y credibilidad alguna y pretenciosa en sus cometidos, que son analizar la relatividad de la verdad y criticar cómo habitualmente en este tipo de producciones, la mujer se lleva la peor parte.

Michael Showalter ya dirigió a Anne Hathaway en La idea de tenerte, un convencional melodrama romántico coprotagonizado por Nicolas Galitzine (Rojo, blanco y sangre azul, He-Man). Antes, se embarcó en una serie de cintas que, si no excepcionales, al menos no hacían vaticinar el batacazo ante el que nos encontramos. La gran enfermedad del amor, Los ojos de Tammy Faye, por la que Jessica Chastain obtuvo el Oscar a la mejor actriz, o Quédate a mi lado, un melodrama sentimental con Jim Parsons (Big Bang Theory) como protagonista, podían resultar medianamente estimables. Verity, título ya de por sí ridículo cuando de demostrar la manipulación de la verdad se trata, y que nuestros distribuidores se encargan de ridiculizar todavía más con ese subtítulo que le han puesto, es directamente una mala película que ni cuida ninguno de sus detalles, formales y de guion, cuenta con una de las direcciones artísticas más horrorosas imaginables, y se lanza a unas supuestas secuencias de sexo de boutique, aún más ridículas y pastelosas que todo el resto.

Pero lo que más sorprende de todo es que, participando Dakota Johnson y Hathaway en su producción, se muestren tan apáticas a la hora de abordar sus personajes, lo que en el caso de la segunda, resulta aún más sangrante, pues qué necesidad tenía de hacer una quinta película este año, enlazando éxitos como El diablo vestía de Prada 2, La odisea, El final de Oak Street, la menos afortunada en taquilla Mother Mary, y ahora este disparate absurdo y vergonzoso. Si al menos fuera entretenida, pero resulta hasta aburrida e incómoda.