XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. Concentus Musicus Wien. Stefan Gottfried, dirección. Programa: Conciertos de Brandeburgo BWV 1046-1051, de Johann Sebastian Bach. Espacio Turina, sábado 21 de marzo de 2026
Estos conciertos, que en un
principio no constituían un conjunto, sirvieron a Bach como salvoconducto para
conseguir un puesto en Berlín, para lo que los entregó en 1721 al tío del rey
Federico Guillermo I, margrave de Brandeburgo, procedentes de distintos conciertos para varios
instrumentos en función de los efectivos con los que el autor contaba en la
Corte de Köthen, y que revestían una considerable dificultad. Hace
más de medio siglo, Gardiner, Pinnock, Goebel, Harnoncourt y otros músicos
abrieron una nueva vía en la interpretación de la música del Barroco y primer
Clasicismo.
El uso de instrumentos antiguos y
el estudio de criterios de
interpretación acordes a la práctica de la época, se convirtieron desde
entonces en pilares fundamentales de los nuevos usos interpretativos de esta
música. Harnoncourt fue, por lo tanto, pionero en la materia, y en su memoria, echando mano más del bullicio y la alegría
que de la nostalgia, abordaron estos seis irrepetibles y fundamentales
conciertos los y las actuales – mayoría femenina – integrantes del famoso
conjunto vienés.
Destacados
solistas
Arrancaron
con un Concierto nº 1 en Fa mayor algo caótico y deslavazado en su primer
movimiento, con las trompas evidenciando más de una estridencia y salida de
tono, conscientes por supuesto de su extrema dificultad, y el resto abordando
su cometido desde una aparente desgana.
Por estos derroteros deambuló también un adagio
falto de garra y seducción, hasta que en el cuarto movimiento, ese minueto alternado con diversas danzas de
aires afrancesados, la tónica comenzó a mejorar, con aportaciones ya más acorde de los y las diversas solistas. Sin
embargo, pudimos apreciar la falta de empuje y personalidad del desvaído violín del veterano concertino Erich
Höbarth, que se mantendría prácticamente hasta el final de la exhibición.
Sensacionales
fueron las aportaciones de las flautas dulces, Rahel Stoellger y Patricia Nägele, y sobre todo de la violinista Theona Gubba-Chkheidze, dechado de
musicalidad en el Concierto nº 4 en Sol
mayor, que en el andante central
se escondieron tras las bambalinas para reforzar
el carácter de eco que les atribuye la partitura. Igualmente excelente fue
la intervención de los dos violistas, Pablo
de Pedro y Firmian Lermer en el nº 6
en Si bemol mayor, con un duelo exacerbado entre ellos, que logró cotas de fuerza y agilidad realmente estimulantes.
De
la misma forma conviene destacar el trabajo de Gabriele Cassone en el nº 2
en Fa mayor que cerró la propuesta, curiosamente el mismo intérprete que se
hizo cargo de la trompeta en aquel concierto de Café Zimmermann a las órdenes
de Manfredo Kraemer. Sin olvidar el magnífico trabajo desplegado por el
continuo, con especial mención del violonchelista
castellano Luis Zorita, extraordinario en sus partes como solista, un nombre
que se ha forjado un lugar destacado en importantes formaciones europeas, y que
demostró un derroche de talento y esfuerzo.
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

