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lunes, 30 de marzo de 2026

LA GRAN PASIÓN DE ARCANGELO

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. Nick Pritchard, tenor (Evangelista); Alex Rosen, bajo (Cristo); Carolyn Sampson, soprano; Hugh Cutting, contratenor; Hugo Hymas, tenor; Thomas E. Bauer, bajo. Arcangelo. Jonathan Cohen, clave y dirección. Programa: La Pasión según San Mateo BWV 244, de Johann Sebastian Bach. Teatro de la Maestranza, domingo 29 de marzo de 2026

Alex Rosen y Arcangelo

Tan seguro que no hace falta ser creyente para emocionarse con las procesiones de Semana Santa ni con las películas bíblicas del Hollywood clásico, es que La Pasión según San Mateo nos transporta a otra dimensión, gracias al talento y la sensibilidad de su autor, pero también a esa iconografía religiosa de la que no podemos escapar ni los más críticos, especialmente cuando se trata de la Historia más grande jamás contada.

Así, como La Gran Pasión, se conocía este oratorio inmortal en el siglo diecinueve. Y así lo corroboró esta hermosísima versión que ha servido este año para cerrar con broche de oro el Festival de Música Antigua de Sevilla. Una espléndida mañana primaveral de Domingo de Ramos y un Maestranza casi lleno hicieron justicia a uno de los más hermosos oratorios jamás disfrutados en nuestra ciudad.

Rosen, Jonathan Cohen y Nick Pritchard

Hace años que el Femás cierra alternativamente con las dos pasiones de Bach. Éste hemos tenido la suerte de disfrutarlos ambos, abriendo el mes de marzo con la de San Juan de la mano de Andreas Scholl y Divino Sospiro, fuera del festival, y cerrándolo ahora con esta indescriptible y emocionante versión que de la de San Mateo han hecho Jonathan Cohen, la orquesta y coro Arcangelo y una plantilla inmejorable de solistas.

Dispuestos como está marcado, en formación de dos orquestas y dos coros organizados simétricamente, dialogando unos con otros, y con el clave de Cohen y el órgano de Tom Foster ejerciendo de bisagra, el coro de obertura, con su particular lamentación desplazándose de un lado al otro, ya captó por entero nuestra atención y nos preparó para toda la emoción y la admiración que iba a ir apoderándose de todos y todas. A partir de ahí, pura magia, puro drama y mucho, como nunca, sentimiento.

Cohen fue capaz de dosificar el numeroso conjunto convocado de manera que cada frase y cada matiz quedaran perfectamente expuestos, sin enmarañamiento y sin marcar en exceso los acentos y las tensiones. Fue quizás el toque británico, que no permite acrobacias innecesarias y se regocija en la mera partitura, el que procuró que el sonido fuera lo más elegante y hermoso posible, pero sin amaneramientos ni florituras innecesarias, aún echando mano de ritmos y texturas lo más próximos posibles al uso de instrumentos y técnicas históricamente informadas.

Solistas excepcionales

Carolyn Sampson

Una sensacional plantilla de solistas, y un no menos digno puñado de voces extraídas del coro para dar forma a los personajes de la narración, completaron una Pasión monumental y exquisita en todos sus aspectos. La voz rotunda y profunda, de timbre metálico, así como la convincente actuación del bajo estadounidense Alex Rosen, hizo de su Cristo un personaje tan atroz como escalofriante, toda una invitación a la reflexión. Por su parte, el tenor Nick Pritchard como Evangelista, compuso un narrador potente y de fuerza arrolladora allí donde el drama lo exigía.

Entre los personajes bíblicos, destacaron las voces graves y rotundas de Hugo Herman-Wilson como Judas y Patrick Keefe como Pilatos. Las arias fueron perfectamente entonadas por la soprano Carolyn Sampson, de voz algo pequeña pero ideal para cantar con tanto gusto y elegancia Ich will dir mein Herze schneken (Quiero entregarte mi corazón), el veterano bajo alemán Thomas E. Bauer, decididamente tremolante pero henchido de ternura en Mache dich (Purifícate), y el tenor británico Hugo Hymas, seguramente el timbre más bello de cuantos comparecieron, e igualmente con un fraseo exquisito y una sobrada proyección.

Hugh Cutting

Capítulo aparte merece el contratenor, también británico, Hugh Cutting, toda una sorpresa, de voz homogénea y un color perfecto, que logró con sus cinco arias estremecernos, especialmente con esos dos milagros melódicos que son Erbarme dich (Ten piedad de mí), acompañado con una dulzura extrema por los violines primero y segundo de la primera orquesta, y Können Tränen meiner Wangen (Si las lágrimas de mis mejillas), donde la cuerda de la segunda orquesta sonó majestuosa y piadosa, logrando que nuestras lágrimas no fueran impotentes, sino el resultado de una emoción sincera y trascendental.

Mención especial merece también el magnífico trabajo de las maderas y la cuerda grave, potenciando la ternura generalizada unas y la fuerza y cuerpo los otros. Con estos ingredientes, una estética asentada en la sinceridad, la ternura y el sentimiento más profundo y natural, no es de extrañar que gran parte del público saliera extasiado de tan sensacional acontecimiento, sobre todo después de ser testigos de un número final, Wir setzen uns mit Tränen nieder (Llorando nos postramos), en el que volvió a ponerse de manifiesto la gran compenetración de todos y cada una de las integrantes del coro, y ese aire de Gran Pasión que destiló toda la función.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 29 de marzo de 2026

ORQUESTRA DEL MIRACLE O CUANDO SER NOVEL NO ESTÁ REÑIDO CON LA EXCELENCIA

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. Orquestra del Miracle. Juan de la Rubia, órgano y dirección. Programa: Obertura de “Rodelinda, Regina de’ Longobardi” HWV 19 y Obertura de “Il pastor fido” HWV 8, de Haendel; Sinfonías de las cantatas “Geist una Seele wird verwirret” BWV 35, “Ich steh mit einem Fuss im Grabe” BWV 156 y “Wir müssen durch viel Trübsal” BWV 146, de Bach; Emitte spiritum tuum, de Francisco Valls; Wassermusik TWV 55:C3, de Telemann. Espacio Turina, sábado 29 de marzo de 2026


La penúltima cita del presente Festival de Música Antigua contó con la singular aportación del joven conjunto catalán Orquestra del Miracle. Joven por su reciente fundación hace apenas tres años y por la media de edad de su flamante plantilla. Al frente de todos y todas ellas, el extraordinario organista de Vall de Uxó, Juan de la Rubia. Juntos hicieron alarde de una sólida compenetración, una estética muy acorde al carácter festivo de la propuesta y una disciplina férrea, con lo que consiguieron resultados tan satisfactorios como los obtenidos en éste su primer concierto en Sevilla.

En su declaración de principios, Orquestra del Miracle pone de relieve la importancia de la música de la época que se hacía en nuestro país, y situarlo en su contexto a través de una comparativa con lo que sonaba en el resto de Europa. Justamente ésta fue su propuesta en esta ocasión, tomar un motete escrito para la Pentecostés en su versión instrumental, sustituyendo la voz humana por la de la flauta, y demostrar la influencia en su gramática y lenguaje de los grandes maestros del momento, Bach, Haendel y Telemann.

La verdad es que la operación puso en evidencia la simpleza de la pieza de Francisco Valls frente a la creatividad y magnificencia de las obras seleccionadas de los grandes compositores convocados. No obstante, en el idiomático órgano de de la Rubia y la cálida flauta de Marit Darlang, la obra cobró cierta gracia e indiscutible amabilidad. Nada que ver, sin embargo, con la majestuosidad del arranque de manos de Haendel y su obertura para la ópera Rodelinda, que el conjunto marcó con una fuerza arrolladora y una precisión matemática.


Tres grandes del Settecento

Más compleja es la singular obertura de Il pastor fido, con nada más y nada menos que cinco movimientos, de los que destacamos el dulce largo y el melancólico adagio, ambos defendidos por Kathryn Elkin con fraseo flexible y legato fluido al oboe. Sensacionales sonaron las tres sinfonías extraídas de sendas cantatas de Bach, dos de ellas más conocidas por sus transcripciones para clave. De la Rubia desplegó todo su virtuosismo, precisión y vigorosa articulación al órgano en la BWV 35, así como su elegante fraseo, junto al oboe de Elkin, en la BWV 156, más popular como largo del Concierto para clave BWV 1056. Pero fue fundamentalmente en la Sinfonía de la BWV 146 donde exhibió su generosa habilidad y fulgurante digitación, dejándonos literalmente boquiabiertos.

Con una selección de la Música acuática de Telemann – inexplicablemente se dejaron fuera dos de sus diez movimientos – se dio por terminado oficialmente el concierto. A la majestuosidad y el vigor de la larga obertura, así como al carácter pastoril de la zarabanda, siguieron momentos de gran compenetración, como el bourrée, y de simpática candidez, el loure, pero sobre todo un tempestad de fascinante resolución con la inestimable intervención del concertino, Vadym Makarenko, a quien hace precisamente tres años pudimos disfrutar junto a Amandine Beyer y Gli Incogniti en este mismo Espacio Turina.

Tras esta suite que terminó a zapatazos con el alegre y cantarín canario final, tocaron como propina un allegro de Antonio Soler, de idéntica arquitectura virtuosa y graciosa resolución, muy relacionado con el Monasterio de Montserrat al que está adscrito el Santuario del Miracle donde se formó esta prometedora orquesta barroca.

Fotos: José Antonio de Lamadrid
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 22 de marzo de 2026

EN LA ALCOBA DEL EMPERADOR

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. Carles Blanch, vihuela. Pedro Estevan, percusión. Programa: Piezas de “Intabulatura de lauto, libro cuarto” de Joan Ambrosio Dalza, “Libro de música de vihuela de mano intitulado El Maestro” de Luis de Milán, “Los seys libros del Delphin” de Luis de Narváez, “Tres libros de música en cifra para vihuela” de Alonso Mudarra, “Orphénica Lyra” de Miguel de Fuenllana, “Danserye” de Tielman Susato, e improvisaciones de Blanch y Estevan. Iglesia de Santa Clara, domingo 22 de marzo de 2026


Sólo a título testimonial, el joven catalán Carles Blanch, especializado en cuerda pulsada, y nuestro viejo amigo percusionista Pedro Estevan, celebraron en la magnífica Iglesia de Santa Clara, restaurada hace apenas tres años, la boda del emperador Carlos V con Isabel de Portugal en Sevilla hace justamente quinientos años, en marzo de 1526. Unos fastos que se recuerdan en esta época reaccionaria que estamos viviendo con el dichoso y recurrente mapping incluido, justo en los muros del Alcázar donde se celebró la unión. Y un rey, Carlos I de España, al que ahora recordamos como V de Alemania para dejar claro su dominio en el mundo de entonces.


Pero es la música lo que nos importa, y si esta efemérides nos sirve para acercarnos a la música que debió sonar en palacio, en la corte, sus salones, y por qué no, en la alcoba, dado el carácter predominantemente intimista de la propuesta, nos vale. Extraídos de diversas fuentes influyentes en la época, de Venecia a Amberes, pasando por Valencia, Valladolid y, por supuesto, Sevilla, de la mano de Alonso Mudarra y Miguel de Fuenllana, Blanch se empleó a fondo, con gran deleite y satisfacción en su rostro y expresión, para puntear, tañer y rasguear la elegante vihuela de mano, instrumento de cuerda pulsada más representativo del renacimiento español durante el siglo XVI.


Su toque limpio e impecable hizo que sonaran imprescindibles de Luis de Milán, con exquisitas pavanas de estética delicada e intimista, Luis de Narváez, con elocuentes diferencias sobre la recurrente Guárdame las vacas, Mudarra con envolventes fantasías, y Fuenllana, con gallardas y otras danzas inspiradas en otros grandes como Morales o Guerrero. Blanch demostró una fluidez extraordinaria, gran dominio técnico y una generosa gama expresiva en todo el concierto, haciendo alarde de una adecuada improvisación y ornamentación, e incluso cantando con voz dulce, muy en estilo, Paseábase el Rey Moro, Duélete de mi señora o la famosa Tres morillas me enamoran del cancionero de Palacio, que sirvió para someterla junto a otras piezas de Josquin e Isaac, a imaginativas glosas o improvisaciones.


Por su parte, Estevan desplegó toda su sabiduría, exquisitez y delicadeza a aportar fantasía con su estimulante dominio de la percusión, en panderos, sonajeros, campanas, derbake, tamboril y otros artilugios empleados en la forma más elegante y sugerente posible, potenciando el trabajo de su joven compañero o añadiendo ritmo y sensualidad a la propuesta. El joven clavecinista Guido García, ganador de la beca de la Asociación de Amistades de la Barroca de Sevilla de 2024, ambientó al magnífico órgano del templo la entrada del público, aunque pocos fueron los que se hicieron eco de tal honor. Otros, por el contrario, se encargaron de sabotear a los músicos, justo en los momentos más delicados, con toses implacables, sonido de móvil, plástico de botella de agua y continuos chirridos de suela de zapato, y estaban sentados en primera fila.

Fotos: Lolo Vasco

HARNONCOURT EN EL RECUERDO DE CONCENTUS MUSICUS WIEN

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. Concentus Musicus Wien. Stefan Gottfried, dirección. Programa: Conciertos de Brandeburgo BWV 1046-1051, de Johann Sebastian Bach. Espacio Turina, sábado 21 de marzo de 2026


Hace cinco años, en el marco de la trigésimo octava edición del Femás, Café Zimmermann interpretó de una sola tacada los seis Conciertos de Brandeburgo de Bach, y fue un éxito. Unos años antes fue nuestra Barroca la que se hizo eco de tal hazaña, aunque en dos entregas, con resultados harto satisfactorios. El prestigioso conjunto austriaco Concentus Musicus Wien terminó ayer en Sevilla una gira que les ha llevado por diversas ciudades españolas y portuguesas, entre ellas Oviedo, Valencia y Las Palmas de Gran Canaria, con el mismo programa y un considerado homenaje a quien fuera su fundador, el insigne Nikolaus Harnoncourt, cuando se cumple una década de su fallecimiento. También ellos y ellas ofrecieron el ciclo completo de una sola vez.

Estos conciertos, que en un principio no constituían un conjunto, sirvieron a Bach como salvoconducto para conseguir un puesto en Berlín, para lo que los entregó en 1721 al tío del rey Federico Guillermo I, margrave de Brandeburgo, procedentes de distintos conciertos para varios instrumentos en función de los efectivos con los que el autor contaba en la Corte de Köthen, y que revestían una considerable dificultad. Hace más de medio siglo, Gardiner, Pinnock, Goebel, Harnoncourt y otros músicos abrieron una nueva vía en la interpretación de la música del Barroco y primer Clasicismo.

El uso de instrumentos antiguos y el estudio de criterios de interpretación acordes a la práctica de la época, se convirtieron desde entonces en pilares fundamentales de los nuevos usos interpretativos de esta música. Harnoncourt fue, por lo tanto, pionero en la materia, y en su memoria, echando mano más del bullicio y la alegría que de la nostalgia, abordaron estos seis irrepetibles y fundamentales conciertos los y las actuales – mayoría femenina – integrantes del famoso conjunto vienés.

Destacados solistas

Arrancaron con un Concierto nº 1 en Fa mayor algo caótico y deslavazado en su primer movimiento, con las trompas evidenciando más de una estridencia y salida de tono, conscientes por supuesto de su extrema dificultad, y el resto abordando su cometido desde una aparente desgana. Por estos derroteros deambuló también un adagio falto de garra y seducción, hasta que en el cuarto movimiento, ese minueto alternado con diversas danzas de aires afrancesados, la tónica comenzó a mejorar, con aportaciones ya más acorde de los y las diversas solistas. Sin embargo, pudimos apreciar la falta de empuje y personalidad del desvaído violín del veterano concertino Erich Höbarth, que se mantendría prácticamente hasta el final de la exhibición.


La generosa formación con la que Concentus Musicus Wien acudió a su cita sevillana, se redujo considerablemente, sólo cuerda y clave, una vez más gentileza de Alejandro Casal, en el Concierto nº 3 en Sol mayor, ya más ágil y bien ritmado, y con broma incluida de su director y clavecinista Stefan Gottfried, que se encargó del breve adagio libre e improvisado, apenas enlace entre los dos agitados movimientos extremos, introduciendo compases de la habanera de Carmen y aires aflamencados, un detalle hacia nuestra tierra que no fue apreciado por el numeroso público convocado. El nº 5 en Re mayor se benefició de un affetuoso central orgánico y bien medido a nivel expresivo, con un trabajo exquisito al clave, vertiginoso en el allegro inicial, y una efectiva compenetración entre los solistas, incluida la discreta pero bien entonada flauta travesera de Annie Lafiamme.

Sensacionales fueron las aportaciones de las flautas dulces, Rahel Stoellger y Patricia Nägele, y sobre todo de la violinista Theona Gubba-Chkheidze, dechado de musicalidad en el Concierto nº 4 en Sol mayor, que en el andante central se escondieron tras las bambalinas para reforzar el carácter de eco que les atribuye la partitura. Igualmente excelente fue la intervención de los dos violistas, Pablo de Pedro y Firmian Lermer en el nº 6 en Si bemol mayor, con un duelo exacerbado entre ellos, que logró cotas de fuerza y agilidad realmente estimulantes.

De la misma forma conviene destacar el trabajo de Gabriele Cassone en el nº 2 en Fa mayor que cerró la propuesta, curiosamente el mismo intérprete que se hizo cargo de la trompeta en aquel concierto de Café Zimmermann a las órdenes de Manfredo Kraemer. Sin olvidar el magnífico trabajo desplegado por el continuo, con especial mención del violonchelista castellano Luis Zorita, extraordinario en sus partes como solista, un nombre que se ha forjado un lugar destacado en importantes formaciones europeas, y que demostró un derroche de talento y esfuerzo.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 19 de marzo de 2026

CEA GALÁN SUBLIMA A CORREA DE ARAUXO EN EL SALVADOR

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. Andrés Cea Galán, órgano. Programa: Tientos de Francisco Correa de Arauxo. Iglesia del Salvador, miércoles 18 de marzo de 2026


Todo lo que sabemos de Francisco Correa de Arauxo proviene de la lectura de su Libro de tientos y discursos de música práctica y teórica de órgano, intitulado Facultad Orgánica, publicado en Alcalá de Henares en 1626 y recuperado por Santiago Kastner en Barcelona en 1948. Correa de Arauxo nació en Sevilla, donde se formó y ejerció como organista de la Colegiata del Salvador, construida sobre las ruinas de la antigua mezquita y destruida para levantar la actual sublime Iglesia del Salvador, donde anoche el jerezano afincado en Sevilla, Andrés Cea Galán, profesor del Conservatorio Superior de Música, llevó su música a las más altas cotas de la emoción, el color y la excelencia.

De la obra de Correa de Arauxo se intuye que tuvo un fuerte carácter, lo que explica sus innovaciones, a veces violentas y llenas de contrastes, dentro siempre de la influencia casi exclusiva de los grandes compositores españoles que le precedieron. Los órganos sobre los que ejerció su profesión y con los que puso a prueba sus composiciones, ya no existen. Pero el imponente y recién restaurado órgano de la iglesia hispalense puede recrear y perfeccionar el sonido de sus obras, tal como pudimos apreciar en el concierto que Cea Galán dedicó a sublimar su memoria.

Los tientos o discursos son un género peculiar en la música española, que puede manifestarse entero o a modo de canción, de medio registro de tiple, medio registro de baxón, doble tiple o doble baxón. De todas las variedades se hizo eco el organista en su muy cuidada y representativa selección. Su música combina el contrapunto y la armonía de la polifonía renacentista con el ritmo vivo y los melismas virtuosos de su época, mientras el alto nivel de su teoría sobre el contrapunto y la composición inspiraría la música europea que habría de venir sin marcha atrás, como pudimos comprobar en este magistral acercamiento a su música que nos brindó Cea Galán.

Cuatro siglos de Facultad Orgánica

Facultad Orgánica es uno de los principales libros de música europea del siglo XVII, con sesenta y nueve piezas ordenadas en función de su dificultad, en estilo modal sólo alterado por puntuales disonancias atrevidas, con especial énfasis en las notas de paso prolongadas y las apoyaturas, una enorme variedad de secciones en cada tiento y gran vitalidad en los contrapuntos. De todo esto hubo en esta imprescindible cita con su arte y su música.

El tañido impecable del organista, de una claridad extrema y una sensibilidad exquisita, se tradujo en el mejor Correa de Arauxo, aprovechando todos sus resortes y posibilidades a un nivel máximo. Arrancó con el tiento de quinto tono XX a modo de fanfarrias, trompetas al aire y estética majestuosa, para acariciar el IX de forma mucho más intimista y recogida, y sorprender con el carácter solemne del XXXVIII. Después de embarcarse en el XVI a modo de canción, toda una exhibición de la fecunda creatividad e inventiva melódica del autor repleta de episodios y ese ayrezillo hispano que le informa, sin despreciar la influencia de la canzone italiana, el organista volvió a aprovechar todas las posibilidades tímbricas y variedad de colores del instrumento en el jubiloso tiento LIV de dos tiples.

El tiento de quarto tono XV habría sido un apoteósico final, si no fuera porque Cea Galán prefirió terminar de manera harto recogida, intimista, con otro más discreto y humilde, quizás destinado a un realejo u órgano pequeño. El tiento precedente, quizás el más extenso y expansivo de cuantos tocó el organista jerezano, destacó por su exuberancia, su rica inventiva de registro entero, con un juego aritmético tremendamente eficaz para elevar el espíritu y provocar esa paz interior que ratificó el tiento que le siguió y todo el concierto en general.

Correa de Arauxo siempre quiso ser organista de la Catedral de Sevilla, pero el honor se le negó continuadamente, hasta que se decantó por Jaén y Segovia, donde fijó su vida laboral y familiar, negándose a volver a Sevilla cuando el cabildo catedralicio por fin requirió infructuosamente sus servicios. Ahora su música volvió a resonar donde él formó su excelencia y creatividad entre 1599 y 1636, y donde su inmejorable médium, Cea Galán, trabajó también como organista entre 1991 y 2002. Por encima de la discreta calle que Sevilla le ha brindado en la zona de Pio XII, la memoria de Correa de Arauxo quedó reforzada y sublimada con el excelente concierto que le brindó este entusiasta y comprometido organista.

Foto: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 14 de marzo de 2026

AIRES BALSÁMICOS CON LA VIOLA DE MARINO GONZÁLEZ

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. Marino González y Miguel Bonal, violas de gamba. Ana Marija Kranjc, clave. Programa: Suite en La mayor y menor, de Couperin; Concert à deux violes esgales XLVII “Tombeau Les Rgrets” y Concert à deux violes esgales XXIII “L’empressé”, de Sainte Colombe; Passacaille d’Armide de Mr de Lully, de Jean Henri D’Anglebert; Suite en Sol mayor y menor, de Forqueray; Suite en Re mayor, de Marin Marais. San Luis de los Franceses, sábado 14 de marzo de 2026


La recuperación en fechas todavía recientes de la viola da gamba como instrumento representativo del barroco francés, cuando de interpretar su música con criterios historicistas se trata, nos ha regalado a los oyentes contemporáneos la espléndida sensación de disfrutar de este singular instrumento de porte aristocrático y sonido tan afectuoso y aterciopelado. Sustituida progresivamente por el violonchelo, a pesar de no guardar tanta similitud con su sonido como cabría esperar, la viola da gamba estuvo en desuso durante mucho tiempo. Una película con Gérard Depardieu como Marin Marais y Jean-Pierre Marielle como Monsieur de Sainte Colombe, así como los trabajos de recuperación musicológica de Jordi Savall, nos trajeron de regreso el feliz e inimitable sonido de este instrumento que hoy es objeto de estudio y codicia por multitud de estudiantes en todo el mundo.

A uno de ellos estuvo consagrado el ya tradicional concierto del Femás que brinda la alternativa al ganador o ganadora de la beca de la AAOBS (Asociación de Amigos y Amigas de la Orquesta Barroca de Sevilla). Este año ha recaído en Marino González, que con la colaboración del también joven violagambista aragonés Miguel Bonal y la igualmente joven clavecinista eslovena Ana Marija Kranjc, esbozaron un somero recorrido por algunos de los más ilustres y representativos compositores especializados en el instrumento. No sorprende que todos fueran franceses, dado que es en el país vecino donde la viola da gamba cobró mayor relieve y sirvió mejor a los propósitos afectivos que caracterizaron su música en aquella época.


Saint Colombe estuvo por supuesto presente con dos colecciones de sus conciertos para dos violas iguales, una bien desarrollada a través de varios movimientos, generalmente en el tono melancólico que dominó todo el concierto, a excepción de Joye les Elizéss, que permitió a los tres intérpretes exhibir unas agilidades más vibrantes y atrevidas. Tanto en una como en la otra pieza del maestro de Marin Marais, los dos violagambistas midieron sus fuerzas con éxito, dialogando y dándose réplica con soltura y convicción. Por su parte, Kranjc desgranó un Pasacalle de D’Anglebert, dedicado a Lully, de enorme fuerza y destreza, saliendo más que airosa del empeño.

Con transcripciones propias, González mostró un considerable dominio expresivo en la Suite con piezas en la mayor y la menor de Couperin, a partir de los originales para clavecín. Siempre desde una sensibilidad extremadamente melancólica, muy patente en La Leclair de Forqueray también en el programa, la viola del joven becado sonó dulce y nostálgica, quizás en un tono algo monótono pero flexible y natural, casi sin aparente esfuerzo. No cabe duda de que el joven tiene mucho talento y podrá ir limando poco a poco algunas de las puntuales estridencias y salidas de tono que evidenció a lo largo de tan comprometido recital. Les pleurs (Las lágrimas), que daban título a la convocatoria, sonó especialmente melódico y técnicamente depurado en sus ágiles manos. No podía faltar Marais, con una Suite en Re mayor en cuatro movimientos, interpretada con delectación y responsabilidad, que eclosionó en una Rondeau ágil y profundamente idiomático.


Fotos: Lolo Vasco

viernes, 13 de marzo de 2026

UN RAMEAU DISPERSO PESE AL BUEN NIVEL DE LA REVERENCIA

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. La Reverencia: José Fernández Vera, traverso; Pavel Amilcar, violín; Sara Ruiz, viola da gamba; Andrés Alberto Gómez, clave y dirección. Programa: Pièces de clavecin en concerts, de Rameau. Sala de la Fundición de la Real Fábrica de Artillería, jueves 12 de marzo de 2026


Las Piezas para clavecín en concierto son las únicas páginas de música de cámara que salió del puño y letra de Jean-Philippe Rameau, independientemente de las muchas transcripciones que de su música, fundamentalmente ópera, hizo el propio autor para ser interpretadas en salones aristocráticos, en las que ahora están trabajando para sus próximos conciertos los integrantes de La Reverencia, grupo invitado por el Femás en esta ocasión para interpretar estas cinco piezas en concierto.

El conjunto albaceteño ha intervenido en varias ocasiones en el festival sevillano. Con placer recordamos la edición de 2017, en la que acompañados por la soprano Perrine Devillers, desglosaron obras de Lully y Marais, demostrando por qué se considera a su director y principal artífice, Andrés Alberto Gómez, todo un especialista en el barroco francés. Por su parte, las Piezas para clavecín en concierto ya fueron despachadas con éxito por el conjunto Ímpetus en San Luis de los Franceses en la edición del Femás de hace dos años, mientras la versión transcrita para sexteto fue objeto de un fascinante concierto de la Barroca de Sevilla un año antes. También en el Femás de 2017 pudimos escuchar el quinto de estos conciertos en una versión que, como la de Ímpetus, prescindió de la flauta y confió toda su parte al violín. Santiago Sampedro fue entonces su competente clavecinista. Ayer se escuchó la obra en su integridad y en formación ortodoxa de clave, viola da gamba, violín y traverso.

Aunque Gómez celebró el uso de la Sala de la Fundición de Artillería, estimamos que no fue precisamente el mejor espacio para disfrutar de estas piezas. Quizás resultó fácil imaginar cómo podrían haber sonado en salones versallescos con acústica igualmente reverberante, pero no cabe duda de que un ambiente más recogido en un espacio más concentrado hubiera favorecido el resultado de tan emblemáticas partituras. Por el contrario, encontramos un sonido disperso, con el clave actuando en segundo plano, más como acompañante que como protagonista en sentido estricto, algo que va diametralmente en contra del espíritu de estas páginas. Además, en un principio, con La Coulicam, cada instrumento parecía funcionar por separado, sin la necesaria cohesión.


Afortunadamente, sea porque nuestros oídos se fueron acomodando, esta impresión se fue disipando, pero sin perder en ningún momento la sensación de dispersión y falta de concentración. El resultado global se nos antojó algo quebradizo y alicaído, ajeno al espíritu alegre y desenfadado que domina en muchos de sus pasajes. El trabajo individual de cada uno y una fue estimable, destacando el torbellino de notas al clave y el dominio técnico de Gómez al instrumento, la fluidez de Fernández Vera al traverso, a pesar de resultar demasiado dominante en el primer concierto. También Pavel Amilcar hizo un trabajo espléndido, si bien en alguna ocasión se mostró estridente, levemente en los Tambourins del tercer concierto, reutilizados en la ópera Dardanus, o en el quejumbroso La Cupis del quinto.

Sara Ruiz, por su parte, estuvo bastante ausente a la viola da gamba, lo que restó cuerpo y volumen al conjunto, si bien en los dos últimos conciertos realzó su participación y pudimos apreciar su dominio técnico y envolvente expresividad. Al final, Gómez mostró su satisfacción al descubrir a través del trabajo de la musicóloga Sylvie Bouisson y los manuscritos encontrados del violinista alumno de Rameau, Louis-Joseph Francoeur, que la célebre y popular canción Frère Jacques es en realidad un canon compuesto por el autor de Las indias galantes, y así, en su versión original, lo ofrecieron como propina.

Fotos: Lolo Vasco

lunes, 9 de marzo de 2026

DEL ALMA ENCOGIDA AL VÉRTIGO FURIOSO

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. Julia Lezhneva, soprano. Il Giardino Armonico. Giovanni Antonini, flauta dulce y dirección. Programa: Sinfonia de L’Olimpiade, Concierto en mi menor para cuerda y continuo RV 134; Concierto en Re mayor para flauta dulce, cuerda y continuo RV 90 “Il Gardellino”; Concierto en sol menor para cuerda y continuo RV 157; arias de La fida ninfa, Il Giustino, Bajazet, Ottone in villa, Il farnace, L’Olimpiade, Ercole sul Termodonte y Orlando finto pazzo, de Antonio Vivaldi. Teatro de la Maestranza, domingo 8 de marzo de 2026


Tuvimos ocasión de disfrutar del buen hacer del prestigioso conjunto Il Giardino Armonico en los Femás de 2022 y 2024. En el primero, además, su fundador y director titular, Giovanni Antonini, dirigió también a la Barroca de Sevilla. Otros dos años han pasado y han vuelto, ahora por primera vez al más suntuoso y reverberante Teatro de la Maestranza, con la riqueza añadida que le proporciona esa sensacional acústica que todo lo potencia, incluidos los más impertinentes ruidos que ustedes ya conocen.

Antonini y su conjunto, en esta gira española que les llevará también a Barcelona y Madrid, propone un monográfico sobre Vivaldi, Il prete rosso, con el protagonismo absoluto de toda una diva de la ópera, la soprano rusa Julia Lezhneva, virtuosa absoluta en la mejor tradición de otras ya míticas como Cecilia Bartoli, con quien a pesar de su distinta tesitura es inevitable compararla. Y es que la voz de soprano de Lezhneva posee un rango tan amplio que le permite acometer sin dificultad arias concebidas para mezzosoprano. Ha llegado incluso a interpretar a Cherubino en Las bodas de Fígaro, y muchas de las arias que presentó en este concierto fueron grabadas por la Bartoli con el mismo conjunto y director hace un buen puñado de años.

En el apartado estrictamente instrumental, Antonini marcó acentos y dinámicas, haciendo de la obertura sinfonía de L’Olimpiade un dechado de agilidad y virtuosismo, con un andante más bien levitado y un allegro molto final fulgurante. Iguales sensibilidades y formas se pudieron apreciar en los conciertos para cuerda y continuo RV 134, ya interpretado en la comparecencia de hace cuatro años, y RV 157, mientras el Concierto RV 90 Il Gardellino lo despachó el propio Antonini de forma sobresaliente, con su flauta dulce sopranino, un vertiginoso fraseo y agilidades propias del mejor ruiseñor.


Una voz dotada para el fuego y el sentimiento

El conjunto y su director se adaptaron como un guante a la voz protagonista, gracias a la colaboración que mantienen desde hace tiempo tanto en disco como en concierto. Un habitual de nuestra escena, varias veces director invitado de la Barroca, Stefano Barneschi, ejerció de concertino y nos regaló junto Marco Bianchi un dúo de excepción en el dulce y cálido Zeffiretti che susurrate, de la ópera Ercole sul Termodonte, que Lezhneva cantó con gracia y mucha finura.

La soprano arrancó su participación muy arriba, atreviéndose con un aria de bravura y exigente coloratura, Destino avaro de La fida ninfa, sin calentar aún la voz, lo que derivó en cierta asfixia y un legato no muy definido. Poco necesitó, sin embargo, para reponerse y no decaer ya en ningún momento a lo largo del extenso recital. Más cerca de una mezzo en esta primera aria, Alma opressa de la misma ópera acusó un registro más próximo a su tesitura natural, y unas agilidades ya más asentadas, siempre vivas y tempestuosas.


Pero fue en las arias lentas y relajadas donde pudimos advertir su dominio del drama y el sentimiento, dejándonos el alma encogida en Sposa son disprezzata de Bajazet, con largos filados y unos pianissimi imposibles que no afectaron a una proyección siempre a punto, holgada y generosa. Otro momento álgido en este sentido lo protagonizó Gelido in ogni vena de Il Farnace, con introducción deudora del invierno de Las cuatro estaciones, y un alarde de emotividad sólo al alcance de voces tan distinguidas y comprometidas como la suya.

Y así procedió el largo recital, más de hora y media programada, que se extendió al menos media hora más con seis generosas propinas, la más popular Lascia la spina, hermana gemela de Lascia ch’io pianga, para el oratorio Il trionfo del tempo e del disinganno. Pero las delicias del público, que no cesó de aplaudir fogosamente, las hicieron las arias de bravura repletas de inflexiones y agilidades que fue enlazando sin atisbo de fatiga, de Agitata da due venti de Griselda a Un pensiero nemico di pace del mismo oratorio haendeliano, precioso solo de Giulio Padoin al violonchelo incluido. El resultado, dos horas y media, más la media del intermedio, de catártico canto apasionado salpicado de emotivas expresiones de dolor y esperanza.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 7 de marzo de 2026

EL GOZO DE LA MÚSICA LÚDICA INAUGURA EL FEMÁS 2026

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. Orquesta Barroca de Sevilla. Julien Chauvin, violín y dirección. Programa: Concert des symphonies Op. 3 nº 2 en fa mayor, de Antoine Dauvergne; Sonate en symphonie Op. 3 nº 1, de Jean-Joseph Cassanéa de Mondonville; Concierto para violín, cuerda y continuo Op. 7 nº 3 en do mayor, de Jean-Marie Leclair; Suite de Dardanus RCT 35, de Jean Philippe Rameau. Espacio Turina, viernes 6 de marzo de 2026


Música, digamos, de carácter palaciego para abrir la edición número cuarenta y tres del Festival de Música Antigua de Sevilla. Concretamente, la que sonaba en las cortes de los últimos reyes absolutistas de Francia, una época que retrató tan bien Patrice Leconte en su muy ingeniosa película Ridicule. Sirvió ahora para levantar nuestros ánimos, tan alicaídos con las nuevas e insólitas muestras de absolutismo que en pleno siglo XXI están desarrollando los infames actores de la nueva política mundial. Y es que al frente de la Barroca se puso Julien Chauvin, un experto en el repertorio que mostró formas alegres y desenfadadas, ágiles y dinámicas a más no poder, con una respuesta excelente por parte de nuestra orquesta, quizás en el que ha sido el mejor concierto que han dado en los últimos tiempos.

Cuatro fueron los autores convocados, los dos primeros estrechamente conectados con el Concert Spirituel parisino de mediados del siglo XVIII, Antoine Dauvergne como uno de sus fundadores, Jean-Joseph Cassanéa de Mondonville como violinista primero y después como director. De Dauvergne pudimos apreciar la maestría de la orquesta, elevando en prestancia y calidad la que no es sino una música amable y distendida, poco más. Compositor y violinista en la Corte de Luis XIV y uno de los primeros autores de ópera cómica de Francia, escribió también ballets, sonatas y obras orquestales que denominó Concerts des Symphonies, una de las cuales eligió Chauvin para arrancar esta fiesta musical.

Pero fue la pieza de Mondonville la que cautivó nuestros oídos, superando la teoría de que cuando una obra deja de divulgarse es porque no valía la pena. La Sonata en symphonie Op. 3 nº 1, adaptación orquestal de una de sus piezas de clavecín en sonatas, es un alarde de creatividad musical, con tempi fulgurantes, casi desatados si no fuera por la impecable disciplina con que la abordó la orquesta, y el empuje decisivo que le dio el director y violinista francés. Si la obertura sonó impetuosa, casi autoritaria, con una trasparencia instrumental prodigiosa, el aria central fue un dechado de misterio e intriga, con todo el cuerpo y el volumen que fue capaz de imbuirle el conjunto. La jiga final corroboró esa furia controlada que caracterizó la interpretación de tan original pieza.


Leclair y Rameau, máximos exponentes de una época

Violinista y compositor barroco, quizás fuera Jean-Marie Leclair quien mejor supo adaptar las pujantes formas italianas que tanto triunfaban en la época, al gusto más cortesano francés. No en vano fue alumno de Arcangelo Corelli y Pietro Locatelli, y se nota en la arquitectura y el espíritu del Concierto para violín Op. 7 nº 3 en do mayor que Chauvin eligió para la ocasión, y en la que desplegó sus virtudes al instrumento solista. Así, hábilmente acompañado por una orquesta en sus mejores condiciones, exhibió pulso, dinamismo y un sonido brillante y homogéneo. Pero fue en las agilidades donde dejó su impronta de magnífico violinista, logrando una sorprendente interpretación de la página, sin olvidar la elegancia y el lirismo que impera en el adagio central.

Toda la plantilla, hasta veinte profesores y profesoras, se juntaron para ofrecer la suite de la ópera Dardanus que puso colofón a tan estimulante velada. Compositor y clavecinista, sustituto de Lully como representante de la ópera barroca francesa, Jean-Philippe Rameau destacó en el género con obras tan características como Las indias galantes, La princesa de Navarra o Les Boréades. Pero quizás sea Dardanus su obra más redonda, seguramente la más rica, aunque su disparatado libreto necesitó de varias adaptaciones y hasta una reconversión completa para ser aceptada por el público.

De ella, el compositor extrajo una suite no a la manera acostumbrada en las suites francesas, con una extensa y majestuosa obertura seguida de una serie de danzas, sino más bien a la que se iría imponiendo más adelante para condensar algunos de los números más representativos de óperas y piezas similares, y que ha llegado incluso hasta nuestro tiempo cuando de interpretar en concierto una composición cinematográfica se trata.


Y aquí volvimos a disfrutar de una inmensa, disciplinada, elocuente y brillante en definitiva, interpretación de la obra, con momentos destacados como el de la Entrada de los guerreros, que luego ofrecería como uno de varios bises amparándose en la actual situación bélica. Pero fue la inusitada energía de los Tambuorins, traducida en un ritmo trepidante, lo que despertó el mayor entusiasmo del público, que aplaudió espontáneamente tan fulgurante exhibición de músculo y sintonía. También encantó el viento simulado con las maderas que aparece en Entrée d’Ismenor, una técnica que Rameau utilizó en otras obras como la citada Les Boréades. Debemos destacar además la contención y espiritualidad con que se abordó el Air vif, todo un alarde de expresividad.

Al continuo se adhirió el archilaúd de Miguel Rincón, felizmente recuperado en nuestra laureada formación, añadiendo fuerza al cuerpo que supieron darle Ruiz, Rico y Casal, con la compenetración de Javier Zafra al fagot y el trabajo excelente de las maderas dando relieve y sustancia a un cuerpo de cuerdas sencillamente brillante. Buen arranque de un festival tan querido.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía