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domingo, 29 de marzo de 2026

ORQUESTRA DEL MIRACLE O CUANDO SER NOVEL NO ESTÁ REÑIDO CON LA EXCELENCIA

XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla. Orquestra del Miracle. Juan de la Rubia, órgano y dirección. Programa: Obertura de “Rodelinda, Regina de’ Longobardi” HWV 19 y Obertura de “Il pastor fido” HWV 8, de Haendel; Sinfonías de las cantatas “Geist una Seele wird verwirret” BWV 35, “Ich steh mit einem Fuss im Grabe” BWV 156 y “Wir müssen durch viel Trübsal” BWV 146, de Bach; Emitte spiritum tuum, de Francisco Valls; Wassermusik TWV 55:C3, de Telemann. Espacio Turina, sábado 29 de marzo de 2026


La penúltima cita del presente Festival de Música Antigua contó con la singular aportación del joven conjunto catalán Orquestra del Miracle. Joven por su reciente fundación hace apenas tres años y por la media de edad de su flamante plantilla. Al frente de todos y todas ellas, el extraordinario organista de Vall de Uxó, Juan de la Rubia. Juntos hicieron alarde de una sólida compenetración, una estética muy acorde al carácter festivo de la propuesta y una disciplina férrea, con lo que consiguieron resultados tan satisfactorios como los obtenidos en éste su primer concierto en Sevilla.

En su declaración de principios, Orquestra del Miracle pone de relieve la importancia de la música de la época que se hacía en nuestro país, y situarlo en su contexto a través de una comparativa con lo que sonaba en el resto de Europa. Justamente ésta fue su propuesta en esta ocasión, tomar un motete escrito para la Pentecostés en su versión instrumental, sustituyendo la voz humana por la de la flauta, y demostrar la influencia en su gramática y lenguaje de los grandes maestros del momento, Bach, Haendel y Telemann.

La verdad es que la operación puso en evidencia la simpleza de la pieza de Francisco Valls frente a la creatividad y magnificencia de las obras seleccionadas de los grandes compositores convocados. No obstante, en el idiomático órgano de de la Rubia y la cálida flauta de Marit Darlang, la obra cobró cierta gracia e indiscutible amabilidad. Nada que ver, sin embargo, con la majestuosidad del arranque de manos de Haendel y su obertura para la ópera Rodelinda, que el conjunto marcó con una fuerza arrolladora y una precisión matemática.


Tres grandes del Settecento

Más compleja es la singular obertura de Il pastor fido, con nada más y nada menos que cinco movimientos, de los que destacamos el dulce largo y el melancólico adagio, ambos defendidos por Kathryn Elkin con fraseo flexible y legato fluido al oboe. Sensacionales sonaron las tres sinfonías extraídas de sendas cantatas de Bach, dos de ellas más conocidas por sus transcripciones para clave. De la Rubia desplegó todo su virtuosismo, precisión y vigorosa articulación al órgano en la BWV 35, así como su elegante fraseo, junto al oboe de Elkin, en la BWV 156, más popular como largo del Concierto para clave BWV 1056. Pero fue fundamentalmente en la Sinfonía de la BWV 146 donde exhibió su generosa habilidad y fulgurante digitación, dejándonos literalmente boquiabiertos.

Con una selección de la Música acuática de Telemann – inexplicablemente se dejaron fuera dos de sus diez movimientos – se dio por terminado oficialmente el concierto. A la majestuosidad y el vigor de la larga obertura, así como al carácter pastoril de la zarabanda, siguieron momentos de gran compenetración, como el bourrée, y de simpática candidez, el loure, pero sobre todo un tempestad de fascinante resolución con la inestimable intervención del concertino, Vadym Makarenko, a quien hace precisamente tres años pudimos disfrutar junto a Amandine Beyer y Gli Incogniti en este mismo Espacio Turina.

Tras esta suite que terminó a zapatazos con el alegre y cantarín canario final, tocaron como propina un allegro de Antonio Soler, de idéntica arquitectura virtuosa y graciosa resolución, muy relacionado con el Monasterio de Montserrat al que está adscrito el Santuario del Miracle donde se formó esta prometedora orquesta barroca.

Fotos: José Antonio de Lamadrid
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 20 de diciembre de 2025

UNA CAUDALOSA PROPUESTA NAVIDEÑA

Concierto de Navidad del Consejo General de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla. Aurora Peña, soprano. Orquesta Barroca de Sevilla. Martyna Pastuszka, violín y dirección. Programa: Gloria in excelsis Deo: Suite nº 1 en Do mayor BWV 1066, de Bach; Concerto grosso Op. 8 nº 6 “Pastorale per il Santissimo Natale” en sol menor, de Torelli; Concierto para dos oboes y fagot en Do mayor “alla francese” TWV 53:C1, de Telemann; Gosa paloma hermosa (aria de la Cantada a solo a la Concepción Purísima de Nuestra Señora), de Rabassa; Concerto grosso Op. 1 nº 8 “per il Santo Natale” en fa menor, de Locatelli; Salve Regina HWV 241 y Gloria HWV deest, de Haendel. Espacio Turina, viernes 19 de diciembre de 2025


Otro colosal encuentro con nuestra Orquesta Barroca, a propósito de las fiestas navideñas, tuvo lugar la lluviosa tarde de ayer en su espacio de residencia, el Turina. Y ni los chubascos pudieron con su ferviente y fiel público, que llenó la sala con la adhesión del que congregó el Consejo general de Hermandades y Cofradías de Sevilla, anfitrión de la fiesta. Se trató del segundo concierto de esta temporada de la formación hispalense que fue dirigido por su artista de residencia, Martyna Pastuszka, tras el que ofreció el pasado mes de octubre. En esta ocasión la violinista polaca cedió el protagonismo a otros integrantes de la orquesta, reservándose para ella el de directora, lo que defendió con ahínco y sentido de la responsabilidad.

Martyna Pastuszka
En los atriles un programa fundamentalmente navideño que arrancó con una agitada y alegre revisión de la primera de las suites orquestales de Bach, puro rock barroco cuya obertura se benefició de un prodigioso caudal de energía y contagiosa fluidez de la mano de un conjunto dispuesto a conseguir que la propuesta resultara una auténtica fiesta. Ya entonces se vislumbró la fuerza del trío de ases de maderas que formaron Katy Elkin y Jacobo Díaz a los oboes y Alberto Grazzi al fagot, mientras la cuerda grave volvió a dotar de músculo y robustez al fabuloso conjunto integrado en esta ocasión por diecisiete maestros y maestras. El resto de la pieza fue un dechado de sorpresas, juegos dinámicos y detalles preciosistas que lograron una interpretación exquisita, fabulosa.

Pastuszka justificó la combinación que vino a continuación, el Concierto de Navidad de Torelli y el Salve Regina de Haendel ofrecidos de forma alternativa, como un acercamiento a la virgen desde una óptica amable y desenfadada y otra más solemne, un modo a su juicio de comunicarse en estos tiempos tan delicados e imprecisos que nos ha tocado vivir. El experimento resultó acertado, sumándose a la propuesta la voz arrolladora y bien colocada de la soprano Aurora Peña, con su particular timbre ahora más denso, próximo quizás al de una mezzo, que logró alternar dulzura y piedad en el aria introductoria y su continuación, Ad te clamamus, con arrogante fulgor en O Clemens, si bien acusó alguna pérdida puntual de intensidad en los extremos más graves de la obra.

Aurora Peña

La orquesta, por su parte, destiló dulzura y amabilidad en el Concerto grosso Pastorale per il Santissimo Natale de Giuseppe Torelli, pieza que particularmente guardo en mi corazón por incluirse en mi primer vinilo de música barroca a muy temprana edad. El trío de oboes y fagot volvió a destacar, ahora dejando claro su papel solista en el concierto alla francese de Telemann, cuyos aires galantes y ceremoniosos fueron perfectamente desgranados por la orquesta con la atenta mirada de Pastuszka, su particular acento dinámico y la caudalosa fluidez de los timbres en liza.

Peña abordó después un aria de Pedro Rabassa, que en su condición de maestro de capilla de la Catedral de Sevilla durante una treintena de años, protagonizó la primera piedra de un nuevo proyecto de la Barroca de recuperación del patrimonio musical de la ciudad. Gosa paloma hermosa sonó con una inusitada sencillez en la voz muy en estilo de la soprano valenciana, de la misma forma que el Concierto de Navidad, Concerto grosso Op. 1 nº 8, de Locatelli, encontró en el conjunto otro referente de contenida dulzura, perfectamente combinada con las necesarias dosis de suntuosidad a las que tan bien se ajustó, por ejemplo, la excelente violinista Fumiko Morie en sus destacadas intervenciones.

Fumiko Morie, y detrás Valentín Sánchez

Para terminar, Peña encontró el vehículo perfecto para exhibirse en potencia y coloratura en un Gloria de Haendel descubierto hace apenas un cuarto de siglo, que le brindó la oportunidad de marcarse algún sobreagudo, destacar en proyección y mostrar una indiscutible capacidad para la ornamentación, culminando con un Quoniam Tu solus sanctus al que el conjunto se prestó con todo el ahínco y el entusiasmo posible. Ya completamente segura y desinhibida, la soprano entonó un Rejoice de El Mesías cálido e impetuoso, después de que Valentín Sánchez, con su proverbial simpatía, nos invitase a cantar Adeste Fideles, demostrándose una vez más que el público sevillano sabe muy bien cómo comportarse en fiestas, y tiene un especial talento, llamémosle arte, para cantar.

Fotos: Luis Ollero

sábado, 22 de marzo de 2025

FEMÁS ARRANCA CON LOS VIRTUOSOS DE BACH

XLII Festival de Música Antigua de Sevilla. Orquesta Barroca de Sevilla. Midori Seiler, violín y dirección. Programa: Suite en Re mayor de Johann Georg Linike; Concierto para violín de Joseph Spiess; Concerto à 4 en La mayor de Georg Philipp Telemann; Concierto de Brandeburgo nº 3 en Sol mayor BWV 1048, Concierto para violín en la menor BWV 1041 y Concierto para tres violines BWV 1064R de Johann Sebastian Bach. Espacio Turina, viernes 21 de marzo de 2025


Hace bien Fahmi Alqhai en encomendarle a la Barroca de Sevilla el concierto de inauguración del Festival de Música Antigua de Sevilla, que ayer empezó su andadura en una sala tan ligada a este certamen hispalense como es el Espacio Turina. No en vano se trata de nuestro mayor emblema musical en lo que a interpretación de la música barroca y clásica con criterios e instrumentos con rigor histórico se trata, y acaban de aterrizar de otro triunfal concierto fuera de nuestras fronteras andaluzas, esta vez en Mallorca, donde deleitaron al público con su vitalista visión de Las cuatro estaciones de Vivaldi.

Coincidía este concierto de inauguración con el trescientos cuarenta aniversario del nacimiento del genio de Eisenach, y Midori Seiler venía con la lección muy aprendida. Tres de los conciertos ofrecidos anoche, uno de ellos de Bach y los otros de autores estrechamente relacionados con él, los grabó hace un par de años junto a Köthens BachCollektiv, repasando en un registro de título Bach’s Virtuosos su paso por la corte del príncipe Leopold en Cöthen.

La violinista alemana de origen japonés ya participó en algunas ediciones anteriores del Femás, y junto a la Barroca nos dejó hace un año un algo accidentado concierto en el que compartió honores con Rafael Ruibérriz, que precisamente le toma hoy el relevo en la matinal que dedica también a Bach y su compadre Telemann en San Luis de los Franceses.

Aunque la edición de este año está dedicada fundamentalmente a Palestrina, cuando se cumple medio milenio de su nacimiento, vuelve a ser Bach el verdadero protagonista, y así quedó claro en este primer concierto, que se inició con una hermosa suite de Johann Georg Linike, virtuoso violinista y compañero de Bach durante su estancia en Cöthen. Un arranque fulguroso no impidió apreciar las líneas melódicas y las ricas inflexiones de la obertura de una Suite en Re mayor en las que el violín de Seiler se mezcló con el resto de instrumentos con total naturalidad, y en la que sobresalieron sus dos melancólicas arias, especialmente la segunda, donde destacó el sonido sordo y perfectamente articulado del clave de Alejandro Casal.

Pero siguió un Concierto para violín de Joseph Spiess, compañero del homenajeado en la orquesta de Cöthen, que evidenció el sonido áspero e  insuficientemente limado de Seiler, incluida alguna nota desafinada y estridente ante la que poco pudo hacer un conjunto en el que de nuevo destacó el poderoso continuo de la orquesta, reforzado con el violonchelo de José Manuel Ramírez.

Después, un gozoso Concierto de Brandeburgo nº 3 rico en fantasía y espectacularidad, con las voces sucediéndose en ricas escalas, creando una vertiginosa sensación de aliteración acústica en la que el trabajo enérgico de los violonchelos, Ruiz, Ramírez y uno más a cargo de Javier López Escalona, sobresalió de forma tan ágil como gozosa. El clave de Casal protagonizó un sensacional adagio repleto de elegantes improvisaciones y buen gusto.


Sin embargo, la monotonía se adueñó de una segunda parte en la que apenas atisbamos razones para dejarnos seducir por la música del genio alemán, con un Concierto para violín BWV 1041 resuelto sin apenas imaginación y ese sonido áspero y sin relieve apuntado en la solista.

Para entonces, la pieza de Telemann, un concierto interpretado con corrección y escaso sentido de la acentuación, poco añadió a una velada que culminó con la particular restauración de la propia violinista del Concierto para tres violines en Re mayor BWV 1064R, a partir de la más popular versión para teclados. Entonces, el débil sonido de Seiler quedó expuesto junto al más brioso y sedoso de Ignacio Ramal y Miguel Romero, sin despreciar la habilidad técnica y el magisterio en la articulación que mostró en todo momento la violinista de origen nipón.

Fotos: Lolo Vasco
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 22 de marzo de 2024

CAPRICHOS Y CURIOSIDADES EN EL JARDÍN ARMÓNICO

XLI Festival de Música Antigua de Sevilla 2024. Giovanni Sollima, violonchelo. Il Giardino Armonico. Giovanni Antonini, flauta dulce, chalumeau y dirección. Programa: Concierto para flauta dulce en la menor, de Sarri; Concierto para violonchelo en re menor L.60, de Leo; Quintettino en Do mayor Op. 30 nº 6 “La musica notturna delle strade di Madrid” de Boccherini; Concierto para dos chalumeaux en re menor TWV 52:D1, de Telemann; Concierto para violonchelo en la menor RV 420, de Vivaldi; Passa Calle XXI para dos chalumeaux y violonchelo, de Sollima. Espacio Turina, jueves 21 de marzo de 2024


Hay ocasiones en las que las expectativas no se cumplen. El esperado regreso de Il Giardino Armonico a la ciudad no se desarrolló como cabía esperar, y no porque no exhiban excelencia en sus formas, técnica y probada expresividad, sino por los caprichos que afearon a nuestro juicio el reencuentro. No era el programa un dechado de atractivos, una recopilación de conciertos que pretendían comparar los estilos imperantes en Venecia y Nápoles, los dos núcleos fundamentales del barroco italiano que tanto influyeron también en otras plazas, especialmente del país vecino, Alemania. Pero Vivaldi aparte, que hasta en sus trabajos más tempranos deja tan buen sabor de boca y evidencia un estilo inconfundible, el resto de los convocados no ofrecían un interés especial, más allá de su correcta factura y momentos aislados de inspiración.

Pero fueron sobre todo las intervenciones de Giovanni Sollima al violonchelo las que de alguna manera enturbiaron el habitual magnífico trabajo del consumado conjunto italiano. Antes, el otro Giovanni, Antonini, dio una lección magistral de musicalidad a la flauta dulce y a la dirección de un conjunto perfectamente entonado, capaz de conmover, limar asperezas y seducir de forma tan hábil y con texturas muy sedosas, con el concierto de Domenico Natale Sarri, potenciado con un continuo muy completo y gran capacidad de la cuerda para sonar suntuosa y perfectamente empastada. Sollima se estrenó con uno de los conciertos para violonchelo de Leonardo Leo, de contornos aristados y momentos evocadores que el reconocido instrumentista abordó con sentido del ritmo y del volumen. Mucho se ha escrito sobre el carácter histriónico de Sollima y su exagerada gestualidad, pero sólo viéndolo en tarea nos hacemos realmente idea de hasta qué punto puede afectar incluso a sus propios méritos, pues esa puesta en escena se corresponde también con sus formas interpretativas, poco proclive a delicadezas, con ataques furiosos y dinámicas muy acentuadas.


Nada que reprochar a la homogeneidad, calidez y sedosidad de su sonido, mucho sin embargo a su enfoque interpretativo, especialmente en una Música nocturna de las calles de Madrid irreconocible en algunos de sus pasajes, al menos tal como estamos acostumbrados a escucharlo, con caprichos severos que afearon su cuerpo a pesar de optar por su instrumentación original. Especialmente relevantes fueron los cambios observados en el pasacalle y sobre todo en la ritirata, que emergió en pianissimo y se enroscó hasta provocar el hartazgo. Licencias seguramente derivadas del escaso aprecio que Boccherini tenía a la página, y que ha provocado la sucesión de arreglos a los que ha sido sometida.

Tampoco la pieza del prolífico Telemann resultó especialmente reseñable, más allá de contar con dos chalumeaux, instrumento barroco que convivió con el incipiente clarinete imitando su sonido, aunque su historia fue breve. Antonini y Tindaro Capuano fueron los encargados de poner en pie este Concierto TWV 52:D1, más interesante en su esquemático adagio que en el resto de movimientos, una introducción lenta y otros dos de carácter vivo y alegre magníficamente resueltos por los dos experimentados solistas. Tras el Concierto para violonchelo RV 420 de Vivaldi, con otra exhibición histriónica de Sollima, aunque controlado en su expresividad musical y desde luego dejando constancia de su destreza al instrumento, el ensemble completo se entregó a una suerte de recorrido por diversos estilos, ritmos y danzas de la mano del propio violonchelista, que en su Passa Calle XXI mezcla toques presuntamente contemporáneos con querencia por lo antiguo, mucho estilo orientalizante, especialmente el hebreo tan afín al clarinete, de nuevo doble chalumeau, y una ambición desmedida que no se corresponde con la escasa entidad de la larga y festiva pieza, tanto como la propina del sur italiano que ofrecieron en perfecta comunión y armonía.

Fotos: Antonio Iglesias

viernes, 8 de marzo de 2024

L'APOTHÈOSE Y TELEMANN, UNA COMBINACIÓN GANADORA

XLI Festival de Música Antigua de Sevilla 2024. L’Apothéose: Dorothee Oberlinger, flauta dulce; Josep Domènech, oboe; Eyal Streett, fagot; Laura Quesada, traverso; Víctor Martínez y Roldán Bernabé, violines; Kepa Arteche, viola; Carla Sanfélix, violonchelo; Asís Márquez, clave. Programa: Telemann Concerti (Conclusion en mi menor TWV 50:5 de Tafelmusik; Conciertos para flauta dulce y fagot en Fa mayor TWV 52:F1; para oboe en do menor TWV 51:c1; a 4 en la menor TWV 43:a3; para flauta dulce en Do mayor TWV 51:C1; y para flauta dulce y traverso en mi menor TWV 52:e1). Espacio Turina, jueves 7 de marzo de 2024


Arrancamos nuestro particular recorrido por el Festival de Música Antigua de Sevilla, cuando ya lleva celebrados dos conciertos (La Fonte Musica y Marta Mathéu Ensemble) y un evento (Ministriles Hispalensis), y otro concierto abortado por enfermedad del tiorbista Daniel Zapico, con una excelente demostración de versatilidad, musicalidad y vivacidad a cargo del conjunto español L’Apothèose, todo un referente joven y reciente de la interpretación musical con criterios historicistas y renovadas estéticas tanto en nuestro país como fuera de él. El primero de los conciertos que el Femás propone en colaboración con el Centro Nacional de Difusión de la Música, del que el conjunto fue artista residente en la temporada 2019/20, resultó un dechado de color y vitalidad tan contagiosa como la excelsa música de la que se hizo responsable, un ramillete de originales y variopintos conciertos de Telemann que obligaron a la flautista alemana Dorothee Oberlinger, apenas unos meses después de actuar en este mismo Espacio Turina junto a la Barroca de Sevilla, a mantenerse en el escenario durante todo el concierto, haciendo acopio de sus agilidades y su inimpugnable dominio del fraseo y la respiración. Una experiencia agotadora para ella, embelesante para el numeroso público asistente.

Su formación en cuarteto obliga a L’Apothèose a reunirse con amistades convenientes para erigir un concierto como el de anoche, en este caso con la flautista aludida, los habituales de la Barroca de Sevilla Eyal Streett al fagot y Kepa Arteche a la viola, el violinista Roldán Bernabé y el excelente oboísta Josep Domènech. Juntos lograron que un monográfico como éste no resultara monótono ni rutinario, gracias en gran medida a la enorme diversidad del infinito catálogo de conciertos del compositor alemán. La combinación de flautas dulce y traverso de Oberlinger y Laura Quesada deparó una Conclusion en mi menor, con la que culmina la primera de las tres partes del Tafelmusik o Música para banquetes de Telemann, ágil y desenfadada, perfectamente ensamblada con la complicidad de la sedosa cuerda y la magnífica ayuda brindada por el continuo de Carla Sanfélix al violonchelo y Asís Márquez al clave, constantes que se mantuvieron todo el concierto. A la delicadeza afrancesada de esta pieza siguió un sensacional Concierto para flauta y fagot en el que Oberlinger y Streett jugaron a las dobles voces y las imitaciones con un rigor y una frescura fluida y sincera, de timbres aterciopelados y con la nobleza de espíritu que supo imprimir el fagotista a su intervención.


Domènech dio también muestra de versatilidad y agilidad, sumadas a un control absoluto de la respiración y el legato, en el Concierto para oboe en do menor seleccionado para la ocasión, mientras en el muy original y camerístico Concierto en la menor TWV 43:a3, el cuarteto formado por Oberlinger, Streett, Domènech y Víctor Martínez al violín, con el apoyo del continuo, evidenció una enorme complicidad con ademanes decisivos y un concepto de musicalidad extraordinario. Otra exhibición de virtuosismo de la flautista alemana, quizás algo agotada en los pasajes más reposados en los que las líneas sostenidas evidenciaron alguna que otra escasez de aliento, dio paso a otro tour de force entre ella y Quesada con resultados de nuevo espectaculares y altamente estimulantes, hasta que una propina en forma de broma musical cerró definitivamente tan inspiradora cita.

Fotos: Luis Ollero

domingo, 19 de noviembre de 2023

LA BARROCA, DE NUEVO UNA ORQUESTA DE SOLISTAS

Concierto nº 1 de la temporada 2023-2024 de la Orquesta Barroca de Sevilla. Guillermo Peñalver, flauta dulce. Rafael Ruibérriz de Torres, flauta travesera. Miguel Romero, violín. Alejandro Casal y Javier Núñez, clave. Stefano Barneschi, concertino-director. Programa: Concerto grosso nº 5 en re menor “done from the Lessons of Domenico Scarlatti” ICA 11, de Avison; Concierto para flauta en Sol Mayor, de Naudot; Concierto para violín en Re Mayor “Grosso Mogul” RV 208, de Vivaldi; Concierto para dos claves en Do menor BWV 1060, de Bach; Concierto para flauta de pico y flauta travesera en Mi menor, TWV 52:e1, de Telemann. Espacio Turina, sábado 18 de noviembre de 2023


Se anunciaba como la segunda edición de una feliz reunión de solistas de la Orquesta Barroca de Sevilla en el disco grabado justo hace un año, Con nuestras mejores galas Vol. 1. Pero lo cierto es que el celebrado conjunto hispalense nos ha brindado en multitud de ocasiones la posibilidad de embelesarnos con sus propios artistas, y la ocasión servida anoche en el espacio Turina no fue ni de lejos la excepción. La temporada, presentada hace escasos días, arrancó así con estupendos augurios, una vez más bajo la dirección de Stefano Barneschi, que aunque ejerció más bien como concertino sobre el estrado, no cabe duda de que supo impregnar al conjunto de su rotunda y libre personalidad a la hora de conjugar la grandeza de los autores programados con las excelentes prestaciones de todas y cada uno de los músicos convocados.

La fiesta comenzó con un Concerto grosso que el británico Charles Avison compuso a partir de diversas sonatas de Domenico Scarlatti, y donde el violinista de Il Giardino Armonico midió fuerzas con Leo Rossi y el violonchelo de Mercedes Ruiz para lograr un rutilante ejercicio de ritmo y sensualidad, pasando del majestuoso largo tras el que surge un amenazante allegro, seguido de un plácido andante y concluyendo con un acelerado y despreocupado allegro de líneas claras y muy expresivas. Tras esta primera manifestación de fuerza y conjunción, la flauta dulce de Guillermo Peñalver se entregó a la que quizás fuera la pieza menos atractiva del programa, el único concierto relevante del prácticamente desconocido compositor francés Jacques-Christophe Naudot, su opus XVII nº 5, una pieza de carácter rústico de la que Peñalver se hizo eco sin demasiada dificultad, acompañado con soltura pero sin entusiasmo perceptible por una aseada Barroca. El flautista tendría luego posibilidad de resarcirse con la pieza de mayor carácter que cerró la velada.

Tres grandes en muy buenas manos

La primera parte cerró con la primera gran obra maestra de la noche, el concierto Grosso Mogul para violín de Vivaldi, que Miguel Romero, a quien apenas recordamos como solista en ocasiones anteriores, desgranó con un virtuosismo y una fuerza encomiables. La orquesta, que como siempre evidenció una pasión fuera de toda duda, acompañó a Romero con tanto respeto como evidente admiración, pero fue él quien sorprendió con un trabajo vertiginoso, endiablado, logrando a pesar de las dificultades un resultado limpio y homogéneo, sin las temibles estridencias que suelen acompañar este tipo de manifestaciones apasionadas y despiadadas. El suyo fue un sonido capaz de superar los prejuicios de cualquier oyente, con cadencias generosas repartidas entre los tres movimientos, muy especialmente un grave central en el que prácticamente todo el movimiento es una cadencia traducida como recitativo, y de la que el intérprete supo extraer toda su capacidad para epatar. Fue sin duda una más que agradable sorpresa, coronada con un allegro vertiginoso, de escalas fulgurantes y arpegios desatados, con los que Romero demostró su versatilidad y talento.


Antes, la generosa y simpática elocuencia de Ventura Rico, en su esfuerzo por explicar el subtítulo de la empresa, Las hilanderas, en honor al cuadro de Velázquez, una constante con la que esta temporada la orquesta celebrará el año en que se cumplen cuatrocientos años del nombramiento de Velázquez como pintor de la corte, el contrabajista argumentó la pugna entre el arte y la artesanía, como reto que hay que superar para pasar de meros ejecutantes a verdaderos creadores, y podría decirse que Romero y el resto de sus aguerridos compañeros están cerca de conseguirlo, si no lo han hecho ya.

Alejandro Casal y Javier Núñez no midieron sino que sumaron fuerzas en un esplendoroso Concierto para dos claves BWV 1060 de Bach, toda una manifestación de gozo en el que los dos instrumentos se fundieron como uno mientras la cuerda acompañó acaso con algo más de aspereza de lo deseable, sobre todo en el sincopado allegro inicial. Leonard Rosenman ganó un Oscar en 1975 por adaptar, entre otras músicas, el bellísimo largo central de este concierto en la banda sonora de Barry Lyndon, y no quedó lejos salvo por las cuerdas de tripa, el resultado de anoche en las bravísimas manos de los dos clavecinistas, ejemplo de compenetración y esmerado diálogo que convergió en un desatado y a la vez transparente allegro final. Todo quedó así ya atado para que Peñalver de regreso y Ruibérriz de Torres nos regalaran un concierto para flauta de pico y travesera de Telemann de líneas solemnes en los dos largos, y apasionadas en el allegro y el danzarín presto final. Una manifestación de respeto y complicidad que fue la tónica general de una inolvidable noche coronada con el movimiento inicial de un concierto para dos flautas de Vivaldi de nuevo tan expresivo como vertiginoso.

Fotos: Luis Ollero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 16 de abril de 2023

FRIEDERICKE HEUMANN JUNTO A LA FURIA DE LA BARROCA

Concierto nº 5 de la temporada 2022-2023 de la Orquesta Barroca de Sevilla. Friedericke Heumann, viola da gamba y dirección. Programa: Suite en Re mayor para viola da gamba TWV 55:D6 y Concierto en La menor para flauta de pico y viola da gamba TWV 52:a1, de Telemann; Concierto en Re Mayor para viola da gamba con Quartetto e due corni accompagnati, de Giuseppe Tartini; Concerto a quattro da chiesa en Sol menor op. 2 nº 5, de Evaristo Felice dall’Abaco. Espacio Turina, sábado 16 de abril de 2023


La Barroca añadió con este concierto de su actual temporada un nuevo y prestigioso nombre a su nómina de ilustres colaboraciones, en este caso la violagambista alemana Friedericke Heumann, que aterrizó en Sevilla con un programa diseñado no solo para celebrar las amabilidades de su instrumento, sino para dejar de nuevo constancia del continuo ir y venir de influencias y corrientes estilísticas en una Europa que por aquel entonces adolecía lógicamente de la facilidad con la que hoy nos llegan las novedades de uno y otro lado del continente. Así, con Telemann celebramos su particular forma de adaptar a su identidad las habituales suites de danzas que tan prolíficas eran en Francia, donde inequívocamente más triunfaba y se desarrollaba la viola da gamba que el infatigable compositor alemán utilizó en las dos obras incluidas en este programa, la segunda de las cuales no puede disimular su influencia italiana. Dall’Abaco por su parte trabajó durante gran parte de su vida profesional en Múnich, donde inevitablemente se contagió de la forma de hacer música en el país germano. Siendo el de Tartini el más genuinamente italiano de los conciertos convocados, aunque con la incorporación de trompas que le dan ese toque majestuoso más habitual en el norte de Europa, todos beben de la forma da chiesa, con sus cuatro movimientos y la alternancia entre los lentos y los rápidos como seña de identidad y fórmula estética.

Sin dudar de la capacidad de Heumann para aprovechar todos los resortes de la viola, apreciamos sin embargo un sonido indescriptible en la obertura de la Suite TWV 55:D6 de Telemann, como si en lugar de salir hacia fuera viajara hacia dentro, evitando toda esa gama de colores y sensaciones tímbricas que permite un instrumento que no obstante comenzaba a vivir su decadencia en favor del más flexible violonchelo. Las prestaciones de la cuerda y el bajo continuo en esta sensacional sucesión de danzas precedidas de una suntuosa obertura, fueron en todo momento superlativas, incluyendo un continuo al que se incorporó el becario de la presente temporada, Rafael Arjona a la cuerda pulsada. Un detalle que la Barroca lleva a gala y que demuestra la sensibilidad y el sentimiento con el que abordan cada encuentro con el público, un aspecto que les honra y que debería presidir cualquier cometido que abordemos en nuestra vida. Sobresalieron en esta pieza el carácter eminentemente festivo con el que acometieron La Trompette, y la compenetración que llegaron a alcanzar en el Bourrée, así como el brillante final alcanzado en la Gigue.


Respecto a los conciertos, resultó especialmente decepcionante el de Tartini, sin duda por la aportación de las siempre difíciles trompas, lo que no justifica que en general estuvieran tan fuera de tono y tan poco compenetradas con el resto del conjunto. La pieza brindó sin embargo la oportunidad a Heumann de desarrollar un grave henchido de sensibilidad y delicadeza, con un fraseo fluido y unas articulaciones flexibles. Pero fue el de Evaristo Felice dall’Abaco, cuya influencia ha llegado hasta nuestros días en la vida musical de la ciudad bávara y el Conservatorio de Verona, el que más nos entusiasmó, por la claridad de sus líneas melódicas, sus fascinantes contrastes que tanta oportunidad brindaron a la cuerda grave para atacar con la fiereza que caracteriza a nuestra orquesta, y el contagioso entusiasmo con el que el conjunto alcanzó un sonido robusto y redondo.

En el concierto de cierre, de nuevo con Telemann como cabecera, tuvimos oportunidad de reencontrarnos con Guillermo Peñalver a la flauta de pico, demostrando que sigue en buena forma, a pesar de que en el grave inicial se apreció cierta dificultad entre él y la violagambista para encontrar ese punto de encuentro y diálogo que demanda la pieza. Peñalver brilló así más en los pasajes enérgicos, encontrando para ello la complicidad de un conjunto que ataca casi siempre con vehemencia y que tuvo muchas ocasiones de demostrar su furia a lo largo del concierto. Un solo de viola con el que la solista aprovechó todos sus recursos técnicos y expresivos, seguido de una repetición de La Trompette con algunas variaciones, como el arranque en piano o la incorporación de la flauta en plantilla y como solista, sirvió como propina para poner broche final a esta desigual propuesta.

Fotos: Luis Ollero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 25 de octubre de 2022

BONAL Y RICO, DOS VIOLAS EN PALACIO

Otoño Barroco 2022. Miguel Bonal y Ventura Rico, violas da gamba. Teodoro Falcón, disertación histórico-artística. Programa: Selección de The First Part of Ayres, de Hume; Sonata en Re mayor TWV 40:01, de Telemann; Selección de Música para viola da gamba del Manuscrito Drexel 5871, de Abel; Tres recercadas del Tratado de glosas, de Ortiz; Folies d’Espagne y Selección del Troisième livre de pièces de viole, de Marais. Patio del Palacio de los Condes de Santa Coloma, lunes 24 de octubre de 2022


El pasado mes de junio la Asociación de Amigos de la Barroca de Sevilla acercó su público al Palacio de la Motilla en calle Cuna, un edificio decimonónico levantado en perfecto estilo renacentista que la ciudadanía tiene pocas ocasiones de contemplar desde dentro. Enmarcado en el Otoño Barroco, la asociación nos ha facilitado de nuevo el acceso a uno de esos espacios emblemáticos que abundan en una ciudad que tanto amamos y a menudo nos duele, y cuyo patrimonio es interminable y permanece oculto a nuestros ojos en un elevadísimo porcentaje. Le tocó el turno al Palacio de los Condes de Santa Coloma, también conocido como Palacio Bucarelli, parte del cual está destinado a alojamiento turístico de lujo. El tercero de los conciertos del Otoño Barroco de la presente temporada tuvo lugar en las dependencias que pertenecen a la familia desde el siglo XVII, Bucarelli en origen, de los Condes de Santa Coloma desde el siglo XIX por matrimonio. Para ilustrarnos sobre estas y otras particularidades, especialmente de índole arquitectónica y artística, se contó con las valiosas aportaciones del catedrático Teodoro Falcón, que dio paso así al evocador programa musical que nos convocó la pasada noche en el patio de tan suntuosa casa.

Este viaje al pasado lo protagonizó fundamentalmente el jovencísimo violagambista Miguel Bonal, más que una promesa toda una realidad demostrada con su sorprendente seguridad no solo en lo estrictamente musical sino también en sus precisas locuciones que tan bien y de forma tan sencilla ilustraron las piezas interpretadas, un completo y extenuante viaje por el instrumento más seductor del inagotable Barroco, con escalas en sus orígenes renacentistas y sus últimos coletazos ya en pleno Clasicismo. En una primera parte en solitario, Bonal interpretó dos piezas de la colección First Part of Ayres, también conocida como Musical Humors, del compositor y militar escocés Tobias Hume, una de las cuales, Harke Harke, constituye la primera documentación de interpretación col legno de un instrumento de cuerda, particular que Bonal se encargó de resaltar, a la vez que exhibió una intensa expresividad en la compleja articulación de ésta y la Pavana del Capitán Hume que le siguió. Una preciosa Sonata a solo en Re mayor de Telemann sirvió para demostrar sus aptitudes en el fraseo y la claridad de su exposición, potenciando además una exquisita expresividad y una elegancia serena y muy meditada, resolviendo además los pasajes en vivace con profusas y elocuentes agilidades. Afincado en Londres, el alemán Karl Friedrich Abel frecuentó también el instrumento aun en época en la que ya estaba bastante en desuso. El resultado fue una serie de piezas de muy compleja y fascinante literatura que el intérprete zaragozano defendió sin perder el control ni la afinación, a pesar de lo mucho que ésta sufre en instrumentos históricos cuando se someten a la humedad de la intemperie nocturna.

La veteranía de Ventura Rico se hizo notar en una segunda parte en la que el muy apreciado músico sevillano se instaló en el registro grave y excedió de su rol de acompañamiento en continuo, como se limitó a constatar en las recercadas del Tratado de glosas de Diego Ortiz, para añadir más personalidad y un esmerado trabajo del contrapunto en el resto del programa. El estilo cortesano de las piezas que Ortiz concibió para el violón o la vihuela de arco se dejó notar con estilo y elegancia en la agilidad y la madurez de Bonal. No podía faltar en esta exhibición Marin Marais, de quien ambos intérpretes abordaron unas variaciones sobre las Folías de España perfectamente compenetradas y generosas en ideas y ornamentaciones; así hasta llegar a una selección de la Suite para viola da gamba y continuo en Re mayor del Tercer Libro de Piezas de Viola del compositor francés, que resolvieron con idéntico magisterio que el resto del programa, con especial énfasis en una paladeada y contemplativa Plainte, un intrincado Rondeau y una ágil y luminosa La Brillante, que coronaron así una experiencia para el recuerdo.

Fotos: Luis Ollero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 16 de octubre de 2021

EL PLACER DE ESCUCHAR A LA BARROCA

Concierto de apertura del Curso 2021/2022 de la Universidad de Sevilla. Temporada de conciertos 2021/2022 de la Orquesta Barroca de Sevilla. Rafel Ruibérriz de Torres, flauta. Miguel Romero y Rafael Muñoz-Torrero, violines. Programa: Concierto para flauta en Re Mayor TWV 51:D2, de Telemann; Sonata Op. 5 nº 4 en Sol Mayor HWV 399, de Haendel; Suite nº 2 en Si menor BWV 1067 y Concierto para dos violines en Re menor BWV 1043, de Bach. Iglesia de la Anunciación, viernes 15 de octubre de 2021


Hace bien la Universidad de Sevilla en empezar el curso cada año de forma solemne a través de la música, y contar para ello con las formaciones orquestales que dan más relieve a la ciudad, la Sinfónica y en este caso la Barroca, a pesar de tener una orquesta propia, bien consolidada y espléndida en su género, como es la Conjunta. La orquesta fundada por Ventura Rico, que tuvo el acierto de pronunciar unas palabras de introducción y bienvenida antes del concierto, asoció en esta ocasión su arranque de temporada a esta ineludible cita académico musical auspiciada por el CICUS (Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla), y lo hizo justificando en el célebre cuadro de Watteau Peregrinación a la isla de Citerea una fiesta del placer y la sensualidad, la que en este caso proporciona la obra del contemporáneo Johann Sebastian Bach en su feliz período al servicio del Príncipe Leopoldo de Anhalt-Köthen en Leipzig. Pero como de obras maestras se trata, no solo alimentan nuestra faceta más apolínea sino que también despiertan nuestro apetito dionisiaco y promueven toda clase de emociones en nuestro espíritu, especialmente cuando se sirven de la forma en que lo hacen los integrantes de la Barroca de Sevilla.

Telemann y Haendel sirvieron de prólogo
a las dos piezas elegidas del maestro de Eisenach. Del primero eligieron un concierto para flauta que concitó el reencuentro en escena de Rafael Ruibérriz de Torres con el conjunto. Las características de la flauta travesera y las particulares condiciones acústicas de la Iglesia de la Anunciación, que ya hemos comentado en tantas otras ocasiones, provocaron que su instrumento apenas sobresaliera entre el resto del conjunto, a pesar de lo cual fuimos capaces de apreciar su dominio técnico y expresivo, su elegante discurso e indiscutible capacidad para generar brillantes ornamentaciones basadas siempre en el buen gusto, control de la respiración y fluido fraseo. Sus espléndidos diálogos con Leo Rossi al violín y las impecables prestaciones a las que hemos hecho referencia lograron un primer movimiento de aires galantes, un allegro enérgico y un largo de espíritu casi religioso, así como un desenfadado vivace final. Ya con Bach como solista no acreditado, algo muy habitual en el catálogo del maestro, Ruibérriz se hizo notar más. La orquesta se redujo, atendiendo a las indicaciones de la partitura con el rigor que les caracteriza, a dos violines, viola y continuo, un sensacional trío protagonizado por Rico al contrabajo, Mercedes Ruiz al violonchelo y Alejandro Casal al clave, que dieron relieve y cuerpo al conjunto con el ímpetu y la fuerza arrolladora que les caracteriza. Tras la solemnidad de la obertura y la vivacidad del rondeau, la sarabanda fue defendida con precisión y elegancia, mientras el doble con un majestuoso violonchelo y una flexible flauta potenció ese placer para nuestros oídos prometido, y en el badinerie Ruibérriz aportó unas preciosas y elegantísimas ornamentaciones que dieron un flamante y original aspecto a la famosa pieza. Luego en la propina la repitieron pero a orquesta completa, cosas que solo a los muy detallistas se les ocurre.

Tras una Sonata de Haendel defendida igualmente con espíritu desenfadado, con escalas en una animada cigue y un encantador passacaille, destacando ese aire majestuoso y solemne que habita generalmente en la obra del compositor, dos violinistas de la orquesta, Miguel Romero y Rafael Muñoz-Torres, se encargaron de la parte solista del celebérrimo Concierto para dos violines o Doble Concierto de Bach, demostrando por qué llevamos años considerando que ésta es una orquesta de solistas. Tan bien defendieron su parte que resultó un gozo disfrutar de su incesante diálogo, más apasionante en el expansivo largo, una fluida cantilena de la que los intérpretes supieron extraer todo su lirismo y emoción. Su alternancia con el tutti y su espíritu sofisticado lograron una impecable página en la que la conversación de los dos músicos encontró un perfecto fondo rítmico y armónico en el resto de sus compañeros y compañeras.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 4 de marzo de 2020

BERNARDINI Y LA BARROCA SE DIVIERTEN

Temporada de conciertos 2019-2020 de la Orquesta Barroca de Sevilla. Alfredo Bernardini, oboe y dirección. Irene González, órgano. Programa: Suite en Fa mayor HWV 348 de la Música Acuática, y Concierto para órgano en Re menor HWV 309, de Haendel; Concierto para oboe en Do menor TWV 51:c1, y Obertura en Re mayor TWV 55:D21, de Telemann. Espacio Turina, martes 3 de marzo de 2020

Como preludio a un mes atiborrado de conciertos, no solo por la celebración del Femás sino porque suele ser también cuando más citas se programan del año en otros espacios y ciclos, la Barroca ofreció anoche un agradable concierto con cierto sabor programático y didáctico. Giró en torno a la amistad entre Haendel y Telemann, iniciada cuando eran muy jóvenes e interrumpida más adelante, cuando el autor de El Mesías empezó a instalarse en otros países hasta aterrizar en Londres. De esta etapa fueron las dos piezas interpretadas de su catálogo, la famosísima Música Acuática a través de la primera de las tres suites que la integran, la consagrada a las trompas, y uno de sus dieciséis conciertos originales para órgano, el nº 4 de la última de sus colecciones dedicadas a este instrumento, el Op. 7, quizás la pieza que justificó la estructura del resto del programa, con el fin de brindar a la joven Irene González la oportunidad de estrenarse junto a la formación hispalense tras obtener la beca anual que el conjunto ofrece a jóvenes talentos especializadas en música antigua.

Con una estructura simétrica, y con el fin de demostrar según el propio Alfredo Bernardini la influencia que Telemann ejerció sobre Haendel, traducida a veces directamente en descarados préstamos musicales, la exhibición empezó con una pieza tan querida y transitada como la suite en Fa mayor de la Música Acuática, escrita para una fiesta del Rey Jorge I sobre el Támesis en el verano de 1717. Música alegre y desenfadada para ser disfrutada al aire libre, y que contó con una interpretación briosa, ágil, rápida y dinámica de la orquesta liderada una vez más por el magnífico oboísta italiano, que le contagió su proverbial simpatía, contando además con un concertino de lujo, Manfredo Kraemer, otro de los grandes músicos que mejor conocen la idiosincrasia de la Barroca. De entre lo más sorprendente destacamos un Bourée a golpe de arco, con la cuerda casi punteada dando un efecto muy saltarín, sin obviar una majestuosa obertura a la francesa. En el otro extremo echamos en falta una mayor afinación y autoridad en las trompas, así como más delicadeza en el Air central y más relieve en la cuerda grave. 

Una excelente organista

Los músicos de la Barroca atienden con deleite a Irene González
interpretando una coral de Bach como propina
El muy difícil concierto para órgano, con sus partes solistas dejadas prácticamente al libre albedrío del o en esta ocasión la ejecutante, se saldó con un excelente trabajo de la joven teclista, que participará también en el Femás, y que dio una lección de musicalidad, precisión y buen gusto, además de una considerable expresividad y una portentosa capacidad de concentración que dio al conjunto un aire místico muy adecuado, dejando claro haber merecido la beca con la que la Asociación de Amigos de la Barroca premia cada año a la juventud más inquieta. La orquesta, hasta veinte maestros y maestras sobre el escenario, apoyó con corrección en sus aportaciones alternantes. Y para que no faltara ningún representante alemán de esa época tan formidable para la música, González ofreció como propina un coral de Bach, también en perfecto estilo y con un elevado nivel de exigencia técnica y expresiva.

Menos sorprendió que Bernardini consiguiera tan altos resultados en uno de los ocho conciertos para oboe que compuso Telemann, haciendo gala de su espíritu extrovertido y afable, con una prodigiosa facilidad para el fraseo y unas vertiginosas cadencias que encontraron eco en una cuerda perfectamente sincopada y adaptada al espíritu desenfadado de la propuesta, especial mención al clave siempre bien equilibrado de Alejandro Casal. Para finalizar una de las sintomáticas oberturas de Telemann, con sus alegres danzas contagiándose también de la agilidad de una orquesta a punto, con escalas sorprendentes como el Tintamare de original caligrafía que da paso a los últimos movimientos de la pieza. Para contrastar estilo en la misma época, a esta pieza de un octogenario Telemann siguió como propina un minueto sinfónico de un treintañero Haydn y la satisfacción generalizada de un público devoto.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 6 de noviembre de 2019

LA BARROCA ENTRE CUERDAS Y VIAJES

Temporada 2019/2020 de la Orquesta Barroca de Sevilla. Suyeon Kang, violín y dirección. Programa: Concierto en La mayor Op. 9 nº 4 y Sonata a cinco Op. 2 nº 2, de Albinoni; Obertura en Si bemol mayor TWV 55:B5, de Telemann; Conciertos para violín en Mi bemol mayor “La tempesta di mare” RV 253 y en Re mayor “Grosso Mogul” RV 208, de Vivaldi. Espacio Turina, martes 5 de noviembre de 2019 

La Barroca de Sevilla cumple veinticinco años desde su creación, cuando en 1995 Barry Sargent y Ventura Rico emprendieron este largo viaje lleno de recuerdos y experiencias, recogidas en el leit motiv de la temporada, Anamnesis, con muchas más alegrías y satisfacciones que malos recuerdos, gracias al esfuerzo y la constancia de quienes a lo largo de este cuarto de siglo han participado en su gran aventura. En consonancia con esa otra enorme gesta de la que este año nos hacemos eco, la primera vuelta al mundo realizada por Magallanes y Elcano, su primera propuesta de temporada ha sido un concierto en el que se dan la mano una pieza de Vivaldi claramente inspirada ya desde su título en las turbulencias de los océanos, y otra de Telemann que recrea el exotismo de un gran viaje con muchas paradas internacionales. Albinoni fue el tercer compositor en juego, con dos piezas de su catálogo superviviente.
 
De Il diletante veneto, llamado así porque no necesitaba componer ni ocupar una plaza como músico para vivir, se escogió uno de los cuatro conciertos para violín del total de doce que integran su opus 9. Se trata del apogeo de su producción instrumental y una demostración de cómo Albinoni se adelantó a Vivaldi en el concepto de concierto con solista, aunque en los suyos el violín ocupara un lugar más integrado en el resto del conjunto. La espléndida violinista coreana-australiana Suyeon Kang evidenció sin embargo cierta languidez en su recreación, haciendo que la orquesta sonara dispersa e insegura. Mejor le fue en la segunda parte con su Sonata a cinco del opus 2, en el que se alternan conciertos y sonatas da Chiesa en estilo netamente sinfónico de rica escritura polifónica, donde el talento del veneciano brilló con más fuerza y contundencia, ahondando en un sonido sedoso y muy equilibrado.
 
Como las celebérrimas Cuatro Estaciones de Vivaldi, La tempesta di mare pertenece a Il cimento dell’armonia e dell’invenzione y fomenta también esa escritura frenética fuertemente arpegiada y de temperamento nervioso. Aquí, como en el Grosso Mogul más juvenil que se tocó al final, Kang hizo una fabulosa demostración de virtuosismo y agilidad que no dejó dudas sobre su excelencia técnica. Habría que disfrutarla en otros repertorios para comprobar si además domina también los aspectos más expresivos del instrumento. Toda la exuberancia creativa del Prete rosso quedó bien expuesta por un conjunto perfectamente ensamblado, destacando sus juegos dinámicos y armónicos, y muy especialmente el acompañamiento solo de continuo en el balsámico Largo del RV 253. Aunque las muy numerosas suites orquestales de Telemann están concebidas para distintas familias instrumentales, en este concierto se mantuvo la consigna de cuerda sola, eligiéndose en línea con la propuesta argumental la B5 de su opus 55, Völker o de los pueblos, un viaje de sabor francés y alemán entremezclado, en el que el conjunto ofreció un fraseo cálido y transparente, con ricos giros armónicos y rítmicos, muy pronunciados en pasajes como Los cojos y Los corredores que la cierran.
 
Artículo publicado en El Correo de Andalucía