martes, 10 de diciembre de 2013

UNA FAMILIA DE TOKIO La fuerza del cariño

Título original: Tôkyô kazoku
Japón 2013 146 min.
Dirección Yôji Yamada Guión Yôji Yamada y Emiko Hiramatsu, según el guión de “Cuentos de Tokio” de Kôgo Noda y Yasujiro Ozu Fotografía Masashi Chikamori Música Joe Hisaishi Intérpretes Isao Hashizume, Kazuko Yoshiyuki, Satoshi Tsumabuki, Yû Aoi, Yui Natsukawa, Masahiko Nishimura, Tomoko Nakajima, Shozo Hayashiya Estreno en España 22 noviembre 2013

Respetuosa revisión y actualización del clásico de Yasujiro Ozu Cuentos de Tokio. La trama es idéntica, una pareja de ancianos (ella no tanto) se desplazan desde la isla en la que habitan a la capital del país para visitar a sus hijos, a los que no ven hace mucho tiempo y a los que encuentran tan ocupados con sus vidas que apenas tienen tiempo y espacio para ellos. El argumento lo cogió también prestado Giuseppe Tornatore hace veintitrés años para Estamos todos bien, aunque reduciendo el número de progenitores a sólo el padre (Marcello Mastroianni), y el remake americano protagonizado por Robert de Niro hace unos años. La actualización merece la pena para constatar que en más de un siglo la sociedad sigue siendo parecida y los problemas y relaciones sentimentales y afectivos similares. Cambia el paisaje, algunas costumbres, pero lo importante sigue intacto. El Japón que se recupera de los desastres de la guerra ha sido sustituido por el que lo hace de la devastación del reciente terremoto y tsunami. En el argumento apreciamos algunas diferencias, aunque diálogos y situaciones son a veces mimetizados. La nuera, esposa del hijo fallecido, es sustituida por el hijo díscolo y presuntamente irresponsable, que junto a su novia seguirán incorporando los personajes que más se preocupan por sus antecesores y más se involucran en su rol de cuidadores y valedores. En este sentido Yamada aprovecha para llamar la atención sobre el mismo aspecto que lo hacía Ozu en 1953, comparar las relaciones puramente familiares con las meramente afectivas, a veces más válidas y emotivas que las anteriores, como se comprueba también en otra película japonesa actualmente en cartel, De tal padre, tal hijo. Pero Yamada no somete a nadie a juicio, los comportamientos de sus personajes están justificados y son comprensibles. Todo el tramo final se revela más sentimental y conmovedor que el original de referencia, un poco al entrañable estilo de La fuerza del cariño de James L. Brooks. La observación de los comportamientos de este puñado de humanos y sus relaciones entre sí, con sus virtudes y miserias, se erige en última instancia en lo más lúcido y emocionante de la película, lo que sorprende aún más si tenemos en cuenta que su realizador sobrepasa ya los ochenta años. Espiga de Oro en Valladolid y premiada por el público como mejor película en el Festival de Cine Inédito de Mérida.

lunes, 9 de diciembre de 2013

BIENVENIDOS AL FIN DEL MUNDO Bares, ¡qué lugares!

Título original: The World’s End
Reino Unido 2013 109 min.
Dirección Edgar Wright Guión Simon Pegg y Edgar Wright Fotografía Bill Pope Música Steven Price Intérpretes Simon Pegg, Nick Frost, Martin Freeman, Paddy Considine, Eddie Marsan, Rosamund Pike, Pierce Brosnan, David Bradley, Michael Smiley, Steve Oram Estreno en España 29 noviembre 2013

Junto a Zombies Party y Arma fatal, con las que forma una trilogía que sus artífices llaman “del Cornetto” en alusión a la marca de helados, Bienvenidos al Fin del Mundo es pura fiesta, cerveza, tabernas y amigos. Como si se tratara de Alfonso Sánchez y Alberto López parodiando en estilo chistoso andaluz tipologías sevillanas, Simon Pegg, Nick Frost y Edgar Wright parodian géneros cinematográficos con humor negro típicamente inglés. Siempre con el nexo común del encanto de los bares y el canto incondicional a la buena amistad, la pareja de talentosos cómicos se pasea por paisajes cubiertos de muertos vivientes (pedos dicen ellos que están), ancianos poco fiables (cargados hasta la médula por el bien común) y extraterrestres ultracuerpos (simples o blanks los llaman), comandados por el joven Edgar Wright, que al margen de esta trilogía también destaca por Scott Pilgrim contra el mundo. Puede que la segunda de la trilogía, Arma fatal, siga siendo la mejor de las tres, pero ésta le viene a la zaga, con un espectacular diseño de producción, buenos efectos visuales y un sentido del ritmo y la narración puramente cinematográficos que harán rendirse a cualquier cinéfilo recalcitrante. Y como se han granjeado las simpatías de medio universo cinematográfico, no dudan en aparecer en sus películas reputados actores y actrices como Bill Nighy, Jim Broadbent, Timothy Dalton o Pierce Brosnan y Rosamund Pike en esta crónica sobre la nostalgia del pasado, los amigos de siempre y la diversión sin límites, porque como reza la canción Don’t Stop Me Now de Queen que aparecía en Shaun of the Dead (Zombies Party), hay que pasarlo bien a toda costa (Having a good time). De eso es de lo que se trata, de trivializarlo todo y disfrutar al máximo. Por eso los zombies, los extraterrestres y los habitantes de Sandford son siempre personas enajenadas de toda voluntad, sometidos al mismo lavado de cerebro con el que hoy desgraciadamente vivimos la mayoría de los habitantes de países en los que se supone existe democracia y, está comprobado, en realidad nos toman el pelo y utilizan nuestra voluntad para campar a sus anchas; mientras los protagonistas se resisten y se empeñan en promulgar su individualidad e independencia, al margen del sistema. Claro que no hace falta tomarse muy en serio la verdadera intención de esta trilogía para disfrutar de su humor exacerbado, su pletórica alegría salpicada de estupendas canciones y estimables partituras musicales, colorido y buenos personajes, para disfrutar de sus propuestas, en las que nada se deja al azar, todo está calculado, realizado con atención al detalle y buen gusto, y fabricado para entretener, divertirse y olvidar problemas como hacen sus carismáticos protagonistas en esos maravillosos bares.

domingo, 8 de diciembre de 2013

CARRIE Sin novedad en el frente

USA 2013 100 min.
Dirección Kimberly Peirce Guión Lawrence D. Cohen y Roberto Aguirre-Sacasa, según la novela de Stephen King Fotografía Steve Yedlin Música Marco Beltrami Intérpretes Chloë Grace-Moretz, Julianne Moore, Gabriella Wilde, Ansel Elgort, Portia Doubleday, Judy Creer, Alex Russell Estreno en España 5 diciembre 2013

Es evidente que los productores de esta nueva adaptación del clásico de Stephen King tenían más en mente la película que Brian de Palma dirigió en 1976 que la propia novela en la que se basa. No hace falta más que echar un vistazo a la dirección artística, prácticamente idéntica. De hecho poco difiere de aquélla la cinta que ahora nos presenta la realizadora Kimberly Peirce, de cuya mano Hilary Swank ganó su primer Oscar con la película Boys Don’t Cry. De ella se esperaba que tuviera una visión novedosa de este drama sobre dos mujeres desgraciadas en grado sumo, una madre y una hija marcadas por el fanatismo religioso y los poderes telequinésicos de la segunda, lo que las obliga a vivir bajo una situación de aislamiento y marginación permanente. Al menos podía contener una mirada más femenina y comprometida con la situación; sin embargo no logramos atisbar más diferencia con la original que el bullying que hoy se practica a través de las nuevas tecnologías casi de manera sistemática en institutos y colegios de prácticamente todo el Mundo. Por lo demás parece como si se hubiera detenido el tiempo y se hubieran relajado las costumbres, porque nada ha evolucionado aparentemente en la sociedad americana, bailes de instituto incluidos y graduaciones, desde aquellos tiempos en los que despuntaban Sissy Spacek, John Travolta y la música disco, a hoy. Por el contrario reincidimos en la práctica habitual hoy en día en Hollywood de rescatar antiguas películas no para reestrenarlas como se hacía antes (para eso está hoy el DVD y el BlueRay), sino para rehacerlas y ofrecerlas como algo nuevo en todos los centros comerciales y multisalas del planeta. Pura estrategia mercantil a la que se adhiere esta cinta con la que Julianne Moore nos ofrece una versión más ridícula y esperpéntica que la de Piper Laurie, Chloë Grace-Moretz una Carrie menos convincentemente ingenua y desgraciada, y el habitual derroche de efectos visuales, porque lo que la pobre niña tiene ahora no son poderes de telequinesia sino enormes poderes paranormales capaces de lograr un cataclismo. ¡Cuánto echamos de menos la espectacular pantalla partida de De Palma!

viernes, 6 de diciembre de 2013

UNA MANON LESCAUT SIN APENAS EMOCIÓN Y MENOS DESESPERACIÓN AMOROSA EN EL MAESTRANZA

Ópera de Giacomo Puccini. Pedro Halffter, director musical. Didier Flamand, director de escena. Jeoffrey Bourdenet, reposición de la puesta en escena. Iñigo Sampil, director del coro. Thierry Flamand, escenografía. Christian Gasc, vestuario. Juan Manuel Guerra, reposición de luces. Intérpretes: Ainhoa Arteta, Walter Fraccaro, Vittorio Vitelli, Stefano Palatchi, Andrés Veramendi, Alberto Arrabal, Manuel de Diego, Alexandra Rivas, Jorge de la Rosa. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla y Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza. Producción del Teatro Regio de Turín.
Teatro de la Maestranza, jueves 5 de diciembre de 2013

Sea por la excelsa música de Puccini, por la reaparición de Arteta en el coliseo sevillano o por cómo nos habían vendido las supuestas excelencias estéticas de esta función creada por Didier Flamand y el actor Jean Reno (que ni siquiera es nombrado en el programa de mano ni en el libreto), lo cierto es que esperábamos con cierta ilusión la nueva subida a escena de este título emblemático de la lírica, por lo que la decepción ante lo percibido fue considerable. El vestuario es ciertamente suntuoso, los decorados pretenden serlo y el paladeo de la batuta de Halffter con los pentagramas del maestro de Lucca, con el que tan bien se ha entendido el director en otros títulos suyos programados en los últimos diez años, estuvo a la altura en términos de expresividad, lirismo y dramatismo. Pero desatendió los consejos que se le han dado en otras ocasiones y volvió, esta vez percibimos que incluso más, a camuflar considerablemente las voces. Claro que tampoco había mucha excelencia en el elenco, sin embargo será mejor que vayamos por partes.

Nada nuevo ni original en unos decorados que desde que se levanta el telón en el primer acto evidencian que se trata de teatro rancio y nada atrevido. Algo parecido a lo que se hizo hace siete años con el Manon de Massenet, aunque aquello tenía más gracia y viveza. Una preciosista plaza arqueada, con muchos detalles pero sin encanto, para que por ella se pasee la primera versión de Manon, en plan princesita Disney. En el segundo una deconstrucción al estilo de la Tosca de Luca Ronconi, pero mucho menos sugerente y espectacular, en un decorado tímidamente rococó con muchos dorados y negros por el que deambula la versión avariciosa, fría y aburrida de la protagonista. Y finalmente Rapunzel asomada a la ventana de la torre junto a un puerto oscuro y convencional; y lo mejor, un cuarto acto más minimalista con tan sólo un plano inclinado emulando un desierto norteamericano de vivos colores dorados que van degradándose merced a la iluminación como si se tratara de la marchitable riqueza que ha condenado a la mujer a su trágico destino final; y ahí tenemos a una Arteta famélica y harapienta. Lástima que la diva sea tan limitada en sus matices interpretativos, que más allá del vestuario y el decorado no se atisben otros progresos dramáticos en su personaje, si bien su inmarchitable belleza luce espléndida de principio a fin.

Al margen de esa consideración, brilló también su voz que, lejos de estar quemada a pesar de los muchos años que lleva en escena, exhibió homogeneidad en la línea de canto, elegancia y buen gusto, exquisito fraseo y contundentes sobreagudos; un esfuerzo perturbado en contadas ocasiones por una molesta tendencia al vibrato. Y si durante casi todo el montaje no fue capaz de transmitir suficiente emoción y apenas esbozó el progreso dramático de su personaje, en esos últimos veinticinco minutos y especialmente a partir del trágico Sola, perduta, abbandonata, elevó la dosis de intensidad dramática, a lo que también se plegaron la batuta de Halffter y el trabajo de Walter Fraccaro, con quien no experimentó demasiada química y que en general desplegó un Des Grieux con tendencia al vozarrón pero de escasa entidad dramática, que quiso compensar con exceso de temperamento y abusando de trucos para salvar las complejidades vocales de su personaje, portamenti y cambios de color incluidos. Al menos mejoró respecto a los primeros minutos de su actuación, que hicieron presagiar un rendimiento aún peor, como también le ocurrió al Edmondo de Andrés Veramendi, que también logró calentar la voz a tiempo de hacer un trabajo correcto y digno. Peores estuvieron Stefano Palatchi como Geronte, plano, tremolante y sin intensidad, y Vittorio Vitellli, con notables dificultades en el registro grave para hacerse oír y con un trabajo dramático tendente a la sobreactuación. La mezzo austriaca Alexandra Rivas entonó con gracia y soltura el madrigal del segundo acto junto a cuatro solventes voces de un coro que como siempre no defraudó en ningún aspecto, como tampoco lo hizo la orquesta, impecable técnicamente y abrumadora en lo expresivo, como demostró el hecho de que el mejor momento de la función, junto al final antes referido, fuera el Intermezzo. Aunque a este respecto hay que destacar que Halffter tendió a utilizar unos tempi muy rápidos, lo que a nuestro juicio perjudicó por ejemplo al lirismo del famoso couplet de Des Grieux del primer acto, Donna non vidi mai.

Para finalizar que no falten un par de apuntes cinematográficos: Woody Allen aprovechó magistralmente el dramatismo de Sola, perduta, abbandonata en Hannah y sus hermanas con una intensísima versión de Renata Scotto. Y la música que Puccini reutilizó para el último acto, Crisantemi, compuesta un par de años antes del estreno de la ópera, ilustró los títulos finales de El honor de los Prizzi de John Huston, que tenía una magnífica banda sonora original inédita de Alex North.

jueves, 5 de diciembre de 2013

SENSACIONAL CONCIERTAZO DE LA ORQUESTA SINFÓNICA CONJUNTA

Orquesta Sinfónica Conjunta. Juan Pedro Luna, saxofón. Juan García Rodríguez, directorPrograma: Arbos, de Arvo Pärt; Berceuse élégiaque Op.42, de Busoni; Rapsodia para saxofón y orquesta, de Debussy; Sinfonía nº 4 Op.36 de Chaikovski. Auditorio E.T.S. de Ingeniería, miércoles 4 de diciembre de 2013

A pesar de los tiempos que corren y la cada vez más alarmante falta de apoyos, tendríamos que sufrir un cataclismo para que la ciudad se quedara sin orquestas. A las excelencias de la Sinfónica y la Barroca se une este milagro que es la Orquesta de la Universidad y el Conservatorio, que recupera ahora el nombre con el que se presentó hace exactamente dos años, Sinfónica Conjunta. Su jovencísima plantilla nos hizo recordar a algunos la ingente labor de divulgación de la música clásica desempeñada por Fernando Argenta entre los jóvenes, justo el día en que lloramos su triste desaparición.

La voluminosa plantilla de la orquesta, que haría inasumible una remuneración en su justa medida, hace más difícil cohesionar sus miembros y conseguir, como hace García Rodríguez, un sonido tan compacto y generalmente homogéneo, a pesar de sus lógicas y naturales imprecisiones. Su vertiginosa batuta y su talante torbellino lograron una Cuarta de Chaikovski de considerable temperamento dramático y trágica expresividad, musculosa, autoritaria y con una introducción de ese destino invencible al que alude el autor magníficamente abordada por una sección de metales que ya hizo gala de su prestancia en las místicas fanfarrias de Arvo Pärt. La cuerda aguda sonó sin embargo más dubitativa e imprecisa. Este temperamento del director jugó en su contra a la hora de imprimir las piezas de Busoni y Debussy, o el Andantino de la Sinfonía de Chaikovski, de mayor lirismo y delicadeza. La Berceuse élégique de Busoni, que formó parte del programa con el que Mahler se despidió de la dirección en 1912, mantuvo su carácter melancólico y su luz opaca, haciendo honor a la intención del autor de homenajear a su madre, fallecida sólo unos meses antes. La interpretación habría sido más redonda con un ataque más seguro y preciso de la cuerda, en este caso la grave; por otro lado la disposición de la orquesta no ayudó a mantener el justo equilibrio.

El muy atareado Juan Pedro Luna, que sólo un día antes actuaba en el ciclo de Juventudes Musicales y la semana antes estuvo implicado en el ciclo de música contemporánea del Espacio Santa Clara, ejerció de solista en la Rapsodia para saxofón de Debussy, cuya otra rapsodia, la de clarinete, escuchamos hace poco en el ciclo de cámara de la Sinfónica. Luna atacó la pieza con una agilidad y una elegancia encomiables, sobre todo en alguien de su edad, con una obra que ofrece complejos pasajes en agilidades y arabescos, así como una potente carga de sensualidad, agradeciéndose la sutileza con la que fue abordada la percusión. El saxofonista y otros dos estudiantes recibieron en el acto un merecido diploma por sus excelentes expedientes académicos.


Versión extensa del artículo publicado en El Correo de Andalucía el viernes 6 de diciembre de 2013

martes, 3 de diciembre de 2013

ORQUESTA BARROCA DE SEVILLA Y PROYECTO ATALAYA: NUEVA LUZ SOBRE PARTITURAS SEPULTADAS

Proyecto Atalaya. Orquesta Barroca de Sevilla. Enrico Onofri, violín y dirección. Juan Sancho, tenor. Alejandro Casal, órgano. Jorge Rentería, trompa. Programa: En torno al clasicismo (obras de Joseph Barrera, Jaime Balius y Vila, Domingo Arquimbau, Esteban Redondo y Joseph Haydn). Iglesia de la Anunciación, lunes 2 de diciembre de 2013

Enrico Onofri, frente a la Barroca de Sevilla, tiene
un diciembre muy comprometido con nosotros
Llevamos años dando buena cuenta del encomiable trabajo generado por el Proyecto Atalaya, de investigación, recuperación y edición de música compuesta en nuestra comunidad, especialmente en ámbitos eclesiásticos, que para eso hemos sido durante siglos país tan pío y beato. Y menos mal que así ha sido, porque sin la Iglesia puede que, nosotros que somos más poetas, pintores e imagineros que compositores, apenas hubiésemos aportado nada a la Música.

Un proyecto auspiciado por la totalidad de las universidades andaluzas, coordinadas por la Hispalense, y que este año ha posado su atención en las catedrales de Granada, Córdoba y Sevilla. Esta iniciativa tendría escasa repercusión y apenas pasaría a la posteridad si no fuera por la imprescindible grabación con la que cada año culmina el trabajo de recuperación de esta memoria histórica. La oferta de este curso recoge un conjunto de auténticos compositores desconocidos cuyos trabajos no están exentos de interés, naturalmente alguno más que otros. De Granada provienen Joseph Barrera y Esteban Redondo, autores de unos estimables conciertos de órgano cultivados en un estilo barroco tardío y potenciados por la extraordinaria fuerza expresiva y agilidad técnica de un Alejandro Casal que va poco a poco erigiéndose en uno de los maestros más incontestables del teclado con rigor histórico de nuestro país. Por su parte de Córdoba surge quien fuera maestro de capilla de su Catedral entre 1785 y 1822, Jaime Balius, autor de un concertino para trompa más convencional que ciertamente inspirado, con el que Jorge Rentería evidenció más las dificultades que las virtudes de la siempre complicada trompa. Quizás si hubiese interpretado de pie hubiera resaltado más su presencia como solista, si bien eso no hubiera salvado su falta de color, indefinición melódica y escaso empuje. El acompañamiento de Onofri y la orquesta tampoco estuvo tan inspirado como otras veces, ofreciendo una de sus actuaciones más blandas y melifluas.

Lo mejor vendría de la mano de Domingo Arquimbau y su oratorio Ioth. Manum suam, una lamentación compuesta en 1814 para el Jueves Santo en la Catedral de Sevilla, con la que el tenor Juan Sancho revalidó su cada vez más poderoso y entonado timbre; toda una exhibición de dramatismo y expresividad que tuvo cotas de altísimo interés en momentos como el largo O vos omnes. Y finalmente una interpretación de la versión encontrada en la misma catedral de la Sinfonía 44 Fúnebre de Haydn. Parece ser que difiere poco de la original, salvo por su carácter manuscrito y anotado, pero lo cierto es que con esta página el conjunto logró su momento más atinado de la noche, con ese sonido entusiasta y compacto al que nos tiene acostumbrados, especialmente en un adagio tan emotivo como recogido y un poderoso, pujante y enérgico presto final.

DE TAL PADRE, TAL HIJO Responsabilidad paternal

Título original: Soshite chichi ni naru
Japón 2013 120 min.
Guión y dirección Hirokazu Koreeda Fotografía Mikiya Takimoto Intérpretes Masaharu Fukuyama, Machiko Ono, Yôko Maki, Rirî Furankî, Jun Fubuki, Shôgen Hwang, Kirin Kiki, Jun Kunimura, Megumi Morisaki, Isao Natsuyagi Estreno en España 29 noviembre 2013

Prácticamente toda la filmografía de Hirokazu Koreeda gira en torno a la familia, con un especial énfasis en los niños y sus vivencias dentro de un entorno social y cultural muy en consonancia con las familias en las que les ha tocado vivir. Nadie sabe y Kisei (Milagro) trataban específicamente de este tema, y ésta lo hace de nuevo pero planteando un dilema tan trágico como esclarecedor. Se trata de la responsabilidad de la paternidad en sentido estricto. El dilema llega en forma de dos niños confundidos al nacer y entregados a familias equivocadas, un accidente que se descubre cuando los pequeños han cumplido cinco años y se han acomodado a sus entornos. Surge naturalmente para los padres un auténtico calvario moral y afectivo, por cuanto no saben a qué dar mayor prioridad, si a la sangre o al afecto. Al realizador de Still Walking el nudo sirve para poner en tela de juicio varios aspectos. Por un lado tenemos al protagonista de la escena, un joven arquitecto absorbido por su trabajo, que ha infringido a su hijo un sentido de la responsabilidad inusual para su edad, pero que le dedica poco tiempo para conocerlo, jugar con él y no dejar pasar de largo esa maravillosa edad infantil. Esta trágica equivocación y su confrontación con una familia mucho más humilde pero más volcada en la felicidad de sus hijos, le provocará toda una lección de vida y le permitirá ver las cosas quizás de otra manera. La esposa sin embargo se revela mucho más preparada y decidida para afrontar no sin dolor este enrevesado problema, lo que trasluce una estructura de género tan anquilosada como la que estamos acostumbrados a ver en nuestra cultura como germen de ese machismo tan enraizado, pues el hombre se preocupa más por el éxito profesional, extensible también a la prole, mientras ella lidia mejor con los problemas domésticos y los afectos familiares. Y todo eso Koreeda nos lo cuenta con elegancia formal y contención dramática y sentimental; lástima que sin embargo invierta demasiado tiempo, provocando cierto hastío con una historia sin embargo tan emotiva como atractiva. Algo más de concisión le hubiera venido bien. Dicen que a Spielberg le ha conmovido tanto que ya piensa en dirigir el remake americano, seguro que mucho más lacrimógeno, pero también más entretenido. Premio del Jurado en Cannes y mejor película en Londres.