viernes, 14 de noviembre de 2014

IX FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA (y 8)

LA FOSSA
España 2014 90 min.
Dirección Pere Vilà i Barceló Guión Laura Merino y Pere Vilà i Barceló Fotografía José Luis Bernal Intérpretes Josep María Domènech, Josefina Espinosa, Lluís Homar, Àlex Monner, Emma Vilarasau. Las nuevas olas

Vilà i Barceló debutó en el largometraje en 2007 con Pas a nivell, que se pudo ver en Gijón y San Sebastián pero no conoció estreno comercial. En su siguiente película, La lapidación de St. Étienne, nos habló del particular desahucio sufrido por un anciano, logrando el Premio Fipresci en el Festival de Valladolid de 2013; conoció una distribución muy limitada, sólo en nuestro país. Ahora vuelve a interesarse por la volubilidad de los ancianos en su nueva película, estrenada en Sevilla, donde aparece el dramático e insondable problema de la memoria histórica. Mucho nos lamentamos que tampoco llegue a un buen número de público. El problema es su falta de habilidad para contar una historia e involucrar con ella al espectador. Poca justicia han recibido en este país los represaliados de Franco y la Guerra Civil. Hace sólo unos días conocíamos la negativa de la Justicia española a entregar fascistas a Argentina para ser juzgados ante nuestra pasividad; así es fácil hacer una transición suave, a costa del dolor de los perdedores. Esta película en blanco y negro tiene tres partes; las extremas no funcionan a pesar del esforzado y entrañable trabajo de interpretación de Josep María Domènech, lo mejor de la cinta. Tomas largas, encuadres caprichosos y fueras de plano que no aportan nada a la dramaturgia. El sector central es todo lo contrario, mucha verborrea, gran lastre de nuestro cine, y sobreactuaciones, especialmente una hiératica Emma Vilarasau, además de continuos y bruscos cambios de humor en sus protagonistas. Lástima porque debía conmover y no lo consigue, más bien aburre e invita paulatinamente al desinterés más alarmante.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el sábado 15 de noviembre de 2014

WHITE GOD (Fehér isten)
Hungría-Alemania-Suecia 2014 119 min.
Dirección Kornél Mundruczó Guión Kornél Mundruczó, Viktória Petrányi y Kata Wéber Fotografía Marcell Rév Música Asher Goldschmidt Intérpretes Zsófia Psotta, Sándor Zsótér, Lili Horváth, Szabolcs Thuróczy, Lili Monori, Gergely Bánki, Tamás Polgár. Selección EFA

La naturaleza ha sido desde siempre fuente para generar traumas y fobias. El cine de terror se ha inspirado frecuentemente en el reino animal, desde las hormigas en Cuando ruge la marabunta a las arañas en Aracnofobia, pasando por las abejas en El enjambre, los mamíferos en La senda de los elefantes, o el más famoso de todos, el Tiburón. Salvo en este último más célebre, suelen protagonizar historias apocalípticas, de rebelión y ataque en masa, provocando la desolación a su paso. Y de eso trata esta película que se ha paseado por media geografía festivalera y promete llegar a las pantallas comerciales de un buen puñado de países. El realizador húngaro Kornél Mundruczó cosechó cierta fama en Europa con sus películas Johanna y Delta, y participó en la sección oficial de nuestro festival en 2010 con Tender Son, una aburrida y pretenciosa revisitación del mito de Frankenstein en la que el director se reservaba el papel protagonista, un director de cine padre biológico de la criatura. También aparece en White God, título internacional de su nueva película, aunque como sádico secundario. Una manada de perros comandada por un dócil perro de compañía que se rebela tras sufrir abandono, vejaciones y cruel adiestramiento como perro de pelea, siembra el terror en las calles de Budapest. Su título internacional hace un juego de palabras con el clásico de Samuel Fuller de 1982 en el que Kristy McNichol se las tenía que ver con un perro rabioso que mataba gente de color. Aquel perro blanco se ha convertido ahora en perro amo, dios o jefe, y sólo su jovencita dueña, estudiante de música, podría quizás pararlo. La cinta recorre varios géneros sin decantarse por ninguno en concreto. Mientras las correrías de Hagen, el can que le ha valido a sus intérpretes, Luke y Body, un simpático premio en Cannes, y una perrita amiga huyendo de peligros y persecuciones, recuerdan al universo de Disney, música emotiva incluida, los problemas en el entorno familiar de la niña rozan el melodrama, la intención del film se enmarca en la denuncia, y finalmente el estallido de rabia final entra de lleno en el terror apocalíptico, aunque su realizador se reprima a la hora de mostrar sangre y vísceras. Haber sabido combinar moderadamente la mezcla, insuflarle ritmo y un buen acabado técnico y formal, le ha valido convertir su película en una de las sensaciones europeas del año y lograr en Cannes el premio en la sección Un Certain Regard. La Rapsodia Húngara de Liszt, que la joven protagonista ensaya repetidamente junto a sus compañeros y compañeras de conservatorio, hace el resto.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el sábado 15 de noviembre de 2014

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