domingo, 10 de mayo de 2015

ORQUESTA BARROCA DE SEVILLA CON ÓRGANO: ENSALADA GOURMET CON "TROPIEZONES"

Orquesta Barroca de Sevilla. José Enrique Ayarra, órgano. Sylvan James, directora-concertino. Programa: Sonatas de Iglesia K. 212, 145, 224, 244 y 336 y Obertura K. 399, de Mozart; Concierto Op.8 nº 4 “El invierno” de Vivaldi; Concerto Grosso Op.6 nº 11 de Haendel. Iglesia de los Venerables, domingo 10 de mayo de 2015

Patrocinado por la Fundación Focus-Abengoa, el Padre Ayarra y la Orquesta Barroca de Sevilla unieron fuerzas en un concierto en el que participaron otros suculentos ingredientes, como son una serie de sonatas di chiesa compuestas por Mozart entre 1772 y 1780, una concertino excepcional, la canadiense afincada en Sevilla Sylvan James, el extraordinario y majestuoso órgano de la Iglesia de los Venerables; como ensaladera el magníficamente restaurado templo, y participando como comensales un público incondicional y elegante, ávido de disfrutar con cualquier manifestación de esta estupenda formación y encantados de responder con gratitud a las impecables prestaciones de los músicos convocados. Lástima que en este plato gourmet se colaran algunos tropiezones, como los lamentos de dos niños pequeños (qué manía de traer criaturitas a estos eventos), la grabación de una parte del concierto que saltó de un indiscreto móvil justo en una pausa entre sonatas, o el error de entrada del insigne organista en la última sonata programada, que tuvo que ser repetida por este motivo da capo; menos mal que esta última intervención de Ayarra se alivió con la propina, un fragmento de un concierto para órgano de Haendel.

Que el canónigo es quien mejor mima los monumentales órganos de la ciudad quedó demostrado en su pulso firme y decidido, su buen gusto y elegancia en las ornamentaciones y su delicado fraseo, por más que en alguna ocasión evidenciara algún leve atasco y pérdida de ritmo sin mucha importancia. En dos sonatas tuvo parte de solo obligato, y en las otras tres sólo de bajo continuo que compensó con una majestuosa interpretación solista en estilo absolutamente haendeliano de la Obertura en Do Mayor K. 399, extraída en realidad de una suite para clave. El acompañamiento de la cuerda, situada en el balcón junto al organista y bajo el instrumento, disfrutó de una especial acústica con efecto de reverberación muy adecuado a la estética aterciopelada que debía dominar la representación.

Ya sin órgano, bajo el altar, pudimos apreciar el entusiasmo con el que los integrantes de la Barroca acometen generalmente sus trabajos, con tanta complicidad como ánimo de juego y diversión. Un espíritu que se plasma en unas interpretaciones llenas de energía y vitalidad y que bajo la dirección de Sylvan James, en estado de buena esperanza, se convirtieron en un rotundo placer para el oyente. A destacar el arranque progresivo, como si de un tren antiguo se tratara, del Allegro non molto de El invierno de Vivaldi, con continuos cambios de ritmo y registro, una decisión muy saludable para dar un toque algo distinto y original a una pieza tan divulgada como ésta. El largo, por otro lado, se benefició de un disciplinado y muy expresivo ostinato de Anastasia Baraviera al cello, mientras el clave de Alejandro Casal potenció el color y la magia de la pieza. En el Concerto Grosso de Haendel, que curiosamente proviene del Concierto para órgano nº 11, destacó el allegro final y su enorme sutileza rítmica, apoteosis de esa enérgica jovialidad a la que hemos hecho referencia, y que se hizo especialmente notoria en el contrabajo de Ventura Rico, el violín de Alexis Aguado y la viola de José Manuel Navarro. Por su parte James resolvió con gran belleza melódica y virtuosismo su parte solista.

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