viernes, 28 de agosto de 2020

HEXACORDO POR UNA IBERIA HERMANADA

XXI Noches en los Jardines del Alcázar. Hexacordo: Manuel Pascual, cornetas, espineta y voz. Alberto Barea, voz, organetto, cromorno. Aníbal Soriano, laúd. Programa: Iberia resonat (obras de los cancioneros de París, Elvas, Lisboa, Belém, la Colombina, Palacio y Upsala, Cristóbal de Morales y Hernando Franco). Jueves 28 de agosto de 2020

Foto: Actidea
Nacieron hace siete años con la intención, como tantos otros grupos surgidos desde finales del pasado siglo, de recuperar y recrear la música del Renacimiento y primer Barroco con criterios e instrumentos históricamente informados. Y también como tantos otros grupos se autoalimentan de integrantes de diversas agrupaciones y conjuntos. De hecho en Hexacordo encontramos dos de los más significativos miembros del popular conjunto sevillano Artefactum, el especialista en cuerda pulsada Aníbal Soriano y el todo terreno Alberto Barea, aunque comandados, ellos y los muchos miembros que según cada propuesta integran la formación, por su fundador, Manuel Pascual, especialista en cornetas e ideólogo del que surgen la mayoría de sus propuestas. Y con un viaje de ida y vuelta por Portugal y España con paradas en el mar y la fe en tiempos de Magallanes y Elcano, se adhirieron a esta edición de las Noches en el Alcázar que con alto valor ejemplarizante está completando su ciclo en estos difíciles tiempos de pandemia protagonizados por necesarias medidas de protección y seguridad.

Soñar con un mundo sin fronteras

Quizás fuera ésta la propuesta relacionada con el V Centenario de la Circunnavegación de la Tierra, de cuantas se han desarrollado en estas XXI Noches en los Jardines del Alcázar, que mejor se adaptara al espíritu de la celebración, contando para ello con piezas rigurosamente contemporáneas de la gesta y una línea argumental perfectamente ideada para transmitir dos cuestiones fundamentales, la motivación psicológica de su principal artífice, el portugués Fernando de Magallanes, y el origen de una utopía largamente acariciada, el borrado de las líneas que representan las fronteras y constituyen un auténtico freno a una humanidad realmente igualitaria y finalmente hermanada. Para ello Hexacordo hizo acopio de los cuatro manuscritos renacentistas más importantes del país vecino, los Cancioneros de París, con más de ciento veinte cantos profanos, villancicos y cantigas, el de Elvas, con músicas y poemas del siglo XVI, el de Belém, con solo dieciocho pero muy apreciadas piezas, y el de Lisboa, que recopila música sacra y profana de los siglos XV y XVI. Algunas, como Venid a suspirar, se encuentran indistintamente en dos de ellos. Colecciones recuperadas a lo largo del pasado siglo, cuya interpretación en programas tan suculentos como éste constituye el objetivo con que culminar su proceso de rehabilitación.

El flamante organetto que, como tantos otros
instrumentos antiguos, forma parte de la
colección personal de Alberto Barea
Foto: Luis Pascual
Pascual y Hexacordo dividieron su propuesta en cuatro partes, las primera y última dedicadas a los países asociados a la gesta, la segunda al mar que la vio nacer y la tercera al proceso de evangelización con el que se sometió a gran parte del Nuevo Mundo cuyo supuesto descubrimiento abrió una brecha radical y cultural en todo lo que hasta el momento se conocía del planeta. Los amores frustrados de Magallanes, su inquietud por los océanos, el papel de la Iglesia y el regreso a España comandado por Elcano constituyeron así los pilares de un guion bien hilvanado que los integrantes del grupo supieron traducir con profesionalidad y saludables apuntes humorísticos en los agradecidos comentarios. Música preciosas, instrumentales y vocales, en instrumentos formidables, perfectas reconstrucciones de época con los que recrearon con presumible exactitud y altas dosis de sobriedad tanto las piezas de los cancioneros aludidos como otras extraídas de los de Palacio y la Colombina, ya transitados en otras propuestas de esta edición, así como el de Upsala, también conocido como del Duque de Calabria o de Venecia aunque tenga origen valenciano, así como composiciones del sevillano Cristóbal de Morales y el extremeño Hernando de Franco, que desarrolló su carrera en Guatemala y México.

Una interpretación sobria y sin sorpresas

La voz convencional y bien timbrada de Pascual se fusionó con la más cultivada, dulce y bien acentuada de Alberto Barea, auténtico protagonista de la velada con sus intervenciones vocales e instrumentales, tocando con notable precisión el cromorno y su particular sonido agaitado, y el organetto, sensacional instrumento de tecla y viento. Aníbal Soriano por supuesto añadió elegancia y atmósfera a cada pieza desde la cuerda pulsada de su laúd, y Pascual, además de ilustrar tan singular viaje, demostró por qué se le considera un especialista en la corneta negra, la más recurrida, y blanca, de sonido más dulce y aterciopelado. Tampoco se le resistió la espineta, un tipo de clavecín de cuerda pinzada, que se percute con plectros y no con martilletes. Y todo a pesar del carácter relativamente primitivo de estos instrumentos, que les hace acusar puntuales defectos de afinación y expresión. En conjunto la propuesta resultó agradable más que estimulante, todo en su sitio pero sin motivos para la algarabía. Nada que reprochar, ni por el programa ni por su línea interpretativa, aunque se echó en falta una mayor intervención de la sorpresa y una mayor dosis de excelencia.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

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