domingo, 30 de agosto de 2020

VANITAS DUO HACE JUSTICIA A BEETHOVEN

XXI Noches en los Jardines del Alcázar. Jorge Gresa, violonchelo. Albert Colomar, piano. Programa: Variaciones sobre “Bei Männern, welche Liebe führen” WoO 46, Sonatas para violonchelo y piano nº 1 Op. 5 nº 1 y nº 3 Op. 69, de Beethoven. Sábado 29 de agosto de 2020

Descubrimos a este joven dúo hace exactamente un año en La Casa de los Pianistas. Celebrábamos entonces no solo tan feliz hallazgo sino la consolidación que intuíamos definitiva de esta necesaria iniciativa privada que nos traía la más excelsa música de cámara a la intimidad de una sala para pocos comensales. Nada hacía presagiar entonces que una fuerza tan destructiva, no solo para la salud sino también para los sueños, como la pandemia que sufrimos fuera a dejar tan en la cuerda floja este ilusionante proyecto. Solo nos queda ahora esperar que cuando las cosas vuelvan a su redil podamos disfrutar del resurgimiento de esta entidad sin parangón surgida del entusiasmo de Yolanda Sánchez. Y destacábamos entonces la fuerza y el ímpetu que caracterizaba la forma de interpretar del sevillano Jorge Gresa y el mallorquín Albert Colomar, cuya relación profesional se remonta cuando siendo estudiantes descubrieron la buena sintonía que existía, y desde luego perdura, entre ellos. Todavía hoy su trayectoria sigue siendo corta pero sus resultados vuelven a ser altamente satisfactorios.

Ha pasado poco tiempo desde entonces para que Vanitas Duo haya logrado depurar sus contadas debilidades, y el suficiente para continuar exhibiendo sus notables logros. Su homenaje a Beethoven tuvo sin duda más claros que oscuros, y mientras Colomar demostró que el suyo es un pianismo titánico, llego de ímpetu y vigor, que tuvo que lidiar además con un factor tan propicio para la desconcentración y la equivocación como el viento que batía constantemente las páginas de la partitura, Gresa compensó algunas puntuales deficiencias técnicas con un sentido de la musicalidad a prueba de cañones y una conmovedora expresividad, además de un delicado frotado y un sonido homogéneo con los que alcanzó momentos de arrebatadora belleza. En este ilusionante debut en las Noches del Alcázar, que unos y otras se empeñan en calificar como festival para regocijo y orgullo de quienes las seguimos desde sus inicios, tuvieron el detalle de no echar mano de material ofrecido en aquella cita de hace un año, dedicando todo el concierto a Beethoven y ni siquiera repitiendo la Sonata nº 2 que ofrecieron entonces. 

Fuerza y emotividad

Comenzaron la velada con una de las tres variaciones que el compositor dedicó a obras de Mozart y Haendel, en concreto la que tiene como referente el dúo de Pamina y Papageno Bei Männern, welche Liebe fühlen, posiblemente la más madura de las tres, que Gresa y Colomar llevaron a muy buen puerto acentuando su carácter cómico y desenfadado, sometiéndose a sus continuos cambios de ritmo y registro con agilidad y espíritu distendido. Tras este previo calentamiento dieron paso a una Sonata nº 1, obra con la que el género cobró vida definitivamente, otorgando al violonchelo un papel destacado aunque todavía supeditado al teclado, como muy bien explicó el joven sevillano en sus didácticos y precisos comentarios. Ambos intérpretes acometieron la pieza con una estética inequívocamente clásica, superando con aparente facilidad su difícil cantabilidad motivada por la falta de modelos de referencia y la necesidad de adaptar los registros bajos del instrumento de cuerda frotada al mayor rango del teclado. Aquí Colomar hizo ya gala de una fuerza inusitada y una agilidad fuera de serie, mientras Gresa tuvo que conformarse con lograr un trabajo digno en su faceta de casi comparsa, con largos silencios pero adelantando ya la carnosidad y la sensibilidad con la que se enfrentaría a la más compleja Sonata nº 3.

La compenetración entre ambos artistas se hizo más patente en esta tercera sonata que tantos intercambios y diálogos fluidos ofrece a su interpretación. Aunque hubo que lamentar alguna falta de afinación y debilidad en los cambios de registro, Gresa llegó a conmover con su sonido sedoso y a la vez carnoso, voluptuoso y extremadamente delicado, con momentos tan sublimes como ese arranque protagonizado por una de las más sublimes melodías beethovenianas, seguido de un segundo tema que deja huella indeleble en nuestro corazón, como también hicieron estos jóvenes y prometedores intérpretes.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

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