viernes, 28 de agosto de 2026

EL SER QUERIDO Un trauma desenfocado

España-Francia 2026 135 min.
Dirección
Rodrigo Sorogoyen Guion Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen Fotografía Álex de Pablo Música Olivier Arson Intérpretes Javier Bardem, Victoria Luengo, Raúl Arévalo, Marina Foïs, Raúl Prieto, Pepa Gracia, Melina Matthews, Nuria Prims, Pablo Gómez-Pando, Malena Villa, Mourad Ouani, Miguel Garcés, Laura Birn Estreno en el Festival de Cannes y en Francia 16 mayo 2026; en España 26 agosto 2026

Decía Isabel Peña, en el coloquio posterior al estreno de la película en un centenar de salas a lo largo y ancho de la geografía española, que esta vez ella y Sorogoyen habían preferido echar mano de emociones y sentimientos universales en lugar de contar con el asesoramiento experto preceptivo para articular sus celebrados thrillers. Pues bien, la pareja artística funciona mejor cuando cuentan con dicho asesoramiento que cuando se dejan guiar por sus propios impulsos. Ni Madre ni esta cinta estrenada en la sección oficial de Cannes, están a la altura de Stockholm, Que Dios nos perdone, El reino o As bestas, que conforman junto a la estupenda serie televisiva Antidisturbios, el grueso de su filmografía juntos. Sorogoyen juega ahora a una doble banda, mostrar los entresijos, dificultades y tensiones de un rodaje particularmente complicado, y al mismo tiempo transmitir el dolor que sufre una hija abandonada por su padre cuando aún era muy joven, y cuyo reencuentro no va a resultar fácil, mientras él hace lo que puede por recuperar el tiempo y, sobre todo, el afecto perdido.

Una dilatada secuencia de introducción sirve para mostrar el frágil paso de la cortesía al reproche, tras tantos años de ausencia y abandono. A partir de ahí, se dan cita las pautas habituales en este tipo de relaciones interrumpidas, con Javier Bardem capaz de exhibir frustración y conciencia de irresponsabilidad, y a la vez un carácter hierático y controvertido, evidente especialmente en otra secuencia pilar del desarrollo argumental. Mientras, Vicky Luengo realiza un trabajo dramático competente y adecuado, a pesar de no ser capaz de exhibir toda la rabia y el dolor que las circunstancias exigen. El duelo que se entabla entre ambos se alarga en demasía, con episodios que poco o nada añaden a la trama, un signo de ambición que se refleja también en una caprichosa mezcla de formatos y texturas que no alcanzan a potenciar el drama, así como apenas logran hacerlo el innumerable reparto de secundarios y secundarias, más allá de una Marina Foïs que repite con Sorogoyen tras As bestas, y que cuenta con una aportación algo más sustanciosa que el resto de la comparsa.

En un segundísimo plano queda el rodaje dentro de la película, una cinta aparentemente al estilo de David Lean, en la que acontecimientos históricos, el Sáhara ocupado por la Segunda República española, se combinan con la mirada romántica y sentimental de una joven de clase acomodada. Un guion más pulido habría encontrado el nexo de unión entre esa ficción y la realidad traumática que pretende erigirse en leit motiv de la cinta, en la línea de lo que hace casi cincuenta años hizo Karel Reisz con La mujer del teniente francés. Nos encontramos, por lo tanto, con una cinta más bien pretenciosa, con alguna secuencia memorable y otra gran interpretación de un Bardem también en buena forma física, pero a la que le falta algo más de alma y coherencia para lograr su cometido, que no es sino transmitir esa desazón vivida por tantos y tantas hijas inocentes que han pagado a menudo con un trauma irreparable el abandono egoísta e irresponsable de sus padres.

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