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domingo, 9 de abril de 2017

FeMÀS 2017. CLAUSURA: LA PAZ SEA CON NOSOTROS

FeMÀS 2017. Collegium Vocale Gent. Maximilian Schmitt, Evangelista. Florian Boesch, Jesús. Dorothee Mields y Grace Davidson, sopranos. Damien Guillon y Alex Potter, contratenores. Reinoud van Mechelen y Thomas Hobbs, tenores. Peter Kooij y Tobias Berndt, bajos. Philippe Herreweghe, director. Programa: La Pasión según San Mateo, de Johann Sebastian Bach. Teatro de la Maestranza, sábado 8 de abril de 2017

Herreweghe
Más de quince años separan la segunda y magnífica grabación que Collegium Vocale Gent y Philippe Herreweghe hicieron del que seguramente está considerado el más famoso de los oratorios consagrados a la muerte y resurrección de Cristo, de esta interpretación en vivo en el Teatro de la Maestranza para coronar la trigésimo cuarta edición del Festival de Música Antigua de Sevilla. Y aunque hay diferencias de matiz y expresividad, los resultados son en ambos casos espectaculares y sobradamente satisfactorios. Dos años únicamente separan ésta de la última comparecencia de Herreweghe en el coso hispalense, y sin embargo los resultados son bien distintos, ante la insuficiente convicción que nos dejó aquella Pasión según San Juan con el que se cerró el mismo certamen en 2015. En esos quince años apenas perduran cuatro instrumentistas entre las dos orquestas (la flauta de Patrick Beuckels, los oboes de Marcel Ponseele y Taka Kitazato, y el violonchelo de Hermen Jan Schwitters), y dos voces entre los coros (la soprano Dominique Verkinderen y el bajo Robert van der Vinne); naturalmente muchos son los solistas, integrantes del coro y músicos de la plantilla que coinciden entre el San Juan de 2015 y el San Mateo de este año, incluidos la soprano Grace Davidson, los bajos Peter Kooij y Tobias Berndt, y el contratenor Damien Guillon. Cuestión de coincidencias que no aciertan a explicar por qué esta Pasión según San Mateo ha llegado a gustarnos y conmovernos tanto.

Maximilian Schmitt, el Evangelista
Con las dos orquestas y coros dispuestos de manera simétrica en el escenario, y el coro de ripieno en el centro, ya la monumental introducción, un impactante Kommt, ihr Töchter, helft mir klagen (Venid hijas, ayudar a lamentarme), dio idea de la envergadura del espectáculo articulado por un veterano y sin embargo fresco de ideas e imaginación Herreweghe, cuya teatralidad quedó manifiesta en unos dinámicos y muy equilibrados juegos entre los coros participantes, y la vibrante disposición de cuerda y maderas a hacer de ésta una noche inolvidable. Solemnidad que invitó ya desde un principio a dejarse llevar por el ritual de redención que propone la página, quedando bien reflejada su vocación espiritual y filosófica y su carácter eminentemente piadoso. Después de tres horas (los tempi elegidos por el director rebasaron en casi veinte minutos la duración de esa mítica grabación de Harmonia Mundi) la capacidad de asombro, emoción y devoción de un público igualmente emotivo a la hora de expresar respeto y admiración (el silencio en la sala fue inusualmente impactante) seguía intacta, hasta la catarsis emocional definitiva de un Wir setzen uns mit Tränen nieder (Con lágrimas nos sentamos) final insoportablemente hermoso y majestuoso. De todo mayormente responsables unos coros inmejorables, extraordinarios en fraseo, naturalidad, voluptuosidad y claridad expositiva, que casi hacía perceptible el trabajo de cada una de las voces convocadas, a pesar de su carácter voluminoso. En el apartado solista los resultados fueron también satisfactorios, aunque en menor medida. Sensacional el Evangelista del joven tenor Maximilian Schmitt, generoso en proyección y de línea homogénea; el barítono austriaco Florian Boesch lució más autoritarismo que verdadera piedad en su papel como Jesús, con una potencia no siempre al máximo nivel, pero una buena calidad de timbre y media de proyección, manteniendo siempre una estética equilibrada y homogénea.

Florian Boesch, Jesús
Entre las sopranos destacó Dorothee Mields, cuya aria Aus Liebe will mein Heiland sterben (Por amor va a morir mi salvador) fue sencillamente cautivadora, mientras que entre los contratenores convenció más el prominente Alex Potter que el francés Damien Guillon, de voz cursilona y articulaciones almibaradas, lo que no fue impedimento para lograr que emergiera la emotiva dulzura de su maravillosa aria Erbarme dich (Ten piedad). El veterano bajo Peter Kooij acusó en sus arias desgaste de la voz, en ningún caso grave o invalidante, mientras la teatralidad manifiesta de la interpretación tuvo algunos de sus máximos exponentes en las aportaciones del bajo alemán Matthias Lutze y sus negaciones de Pedro. El excelente rendimiento instrumental tuvo su punto álgido en la estupenda, sedosa y conmovedora concertino de la primera orquesta, Christine Busch, mientras el de la segunda mostró un sonido áspero y chirriante, igual que la violagambista Romina Lischka, de sonido seco e impreciso, a pesar de lo cual fue muy ovacionada. Como todo el resto de la representación, largamente aplaudida, con más de mil doscientas personas (lleno total) en pie, conmovidas por tan suntuoso espectáculo, pura limpieza del ánimo y la conciencia, incapaz de dejar inmune ninguna sensibilidad, por dura que sea.

jueves, 6 de abril de 2017

FEMÀS 2017. ANIVERSARIO DE ALONSO LOBO IN SITU

FeMÀS 2017. Bach Accademia. Nacho Rodríguez, dirección. Programa: Maria Magdalena, de Guerrero; 3 Himnos, Misa Maria Magdalene, y Versa est in luctum, de Lobo; Emendemus in melius, de Morales. Santa Iglesia Catedral, miércoles 5 de abril de 2017


Nacho Rodríguez en otra reciente actuación junto a Bach Accademia
Este año se cumplen cuatrocientos de la muerte de Alonso Lobo, uno de los más ilustres músicos del Renacimiento español que tuvieron su escuela y casa en Sevilla. Osuna, su ciudad natal, se está volcando en conciertos y homenajes al compositor, pero la suerte ha querido que la fecha exacta de su defunción coincidiera con la celebración del FeMÀS, por lo que estaba cantado rendir el mayor tributo a su genio compositivo aquí, el mismo día de la efemérides y en la misma Catedral en la que estuvo a cargo del Coro de Niños, fue discípulo y asistente de Francisco Guerrero, y maestro de capilla en su ausencia. La ocasión quiso además contar con tres partituras que salen ahora a la luz después de siglos prisioneras en los archivos catedralicios, y que los musicólogos Herminio González Barrionuevo, actual maestro de capilla del templo hispalense, e Israel Sánchez, profesor del Conservatorio Manuel Castillo, han rescatado del olvido.

La música de Lobo sonó de nuevo en la Catedral, con prólogo de su maestro y mentor Francisco Guerrero, y epílogo de su contemporáneo Cristóbal de Morales. Sólo faltó Tomás Luis de Victoria para completar el triángulo de oro de la composición musical española de la época, si bien éste consideraba a Lobo como un músico a su altura, por lo que quizás tendríamos que hablar de cuatro vértices de un polígono. Lo cierto es que no fue la interpretación del coro Bach Accademia la mejor forma de exponer a la luz la a menudo excelsa música del homenajeado. Su director, Nacho Rodríguez, aún reciente el sensacional regusto que nos dejó con su concierto del domingo al frente de Los Afectos Diversos, acertó en el programa y la participación de ministriles, órgano y arpa. Siempre se ha dicho que la música que se conserva de Lobo es vocal, y así se ha interpretado y grabado habitualmente, pero no cabe duda de que los estudios recientes corroboran el uso de sacabuches, cornetas y chirimías en la interpretación de estas páginas. Además contribuyeron a reforzar el cuerpo y el color de un coro que, por nutrido y por la disparidad de disciplina y talento entre sus integrantes, sonó de forma irregular. Emisiones no muy limpias, entradas tímidas e inseguras, una sección de sopranos que a menudo sacaban toda su artillería eclipsando al resto, malograron en parte la emocionante solemnidad y la sobriedad que caracteriza esta música litúrgica.

Que la Misa Maria Magdalene se ofreciera alternándose con los himnos encontrados y la sublime Versa est in luctum, fue un acierto, pero se tenía que haber respetado su unidad, interrumpida por los aplausos inoportunos de costumbre, si bien satisface comprobar que siempre hay públicos nuevos. El buen talante de Rodríguez lo sobrellevó con educación y amabilidad, e incluso llegó a aprovechar estas interrupciones para dar alguna ilustrativa explicación. Al final, una interesante recreación del Emendemus in melius de Morales, concebido para el Miércoles de Ceniza, con un rotundo efecto teatral protagonizado por un friso de voces seleccionadas para invocar el Polvo eres, puso punto y final a una cita perfecta para ir saludando a la Semana Santa en sus vísperas.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 3 de abril de 2017

FeMÀS 2017. EL CANTO DULCE Y BALSÁMICO DE LOS AFECTOS DIVERSOS

FeMÀS 2017. Los Afectos Diversos y Oniria. Nacho Rodríguez, dirección.
Programa: Missa a quattro voci da cappella, de Monteverdi; Selección de obras de Schütz. Iglesia de San Alberto, domingo 3 de abril de 2017

El contratenor de Pilas, Gabriel Díaz, y  el director de
Los Afectos Diversos, Nacho Rodríguez
Propuestas como la que trajo Nacho Rodríguez al frente de Los Afectos Diversos dan sentido a un festival como éste que pretende recrear y arrojar luz sobre las prácticas musicales de nuestros antepasados. Coincidiendo con el cuatrocientos cincuenta aniversario de Monteverdi, y en una jornada que tuvo como protagonista al genial compositor italiano y algunos contemporáneos suyos, especialmente el alemán Heinrich Schütz, se trataba de poner en pie una de sus misas menos divulgadas, escrita en un estilo poco afín al cremonense pero perfectamente adaptado a la estética eclesiástica que le daba de comer. Y a la vez echar un vistazo a la reforma luterana con nuevos ceremoniales litúrgicos que tuvieron eco en un estilo concertado del que se ofrecieron diversos ejemplos del compositor nacido en Turingia.

Lo curioso es que habiendo estudiado en Venecia con Gabrielli y más tarde también con Monteverdi, la música religiosa de Schütz refleja mejor lo que era el estilo monteverdiano que la del propio autor de L’Orfeo para la Iglesia Católica del momento, como quedó perfectamente reflejado en esta singular comparecencia de las espléndidas voces de Los Afectos Diversos, acompañadas para la ocasión por la sobria elegancia de los sacabuches y cornetas del conjunto Oniria, comandado por Daniel Anarte, y con la inestimable aportación de la organista Laura Puerto al continuo. El único inconveniente de la velada procedió del estrecho y limitado espacio escénico, que dificultó la percepción de los efectos contrapuntísticos de las voces, colocadas de forma enfrentada para provocar una sensación que sólo pudo ser percibida en su totalidad por quienes estuvieran sentados en los extremos centrales. Sopranos frente a contratenores, bajos frente a tenores, e instrumentistas alternándolos, lograron, eso sí, un efecto balsámico al que no fueron ajenos el equilibrio, buen gusto, armonía y pureza de unas voces perfectamente conjuntadas, potenciadas por la buena acústica de la Iglesia de San Alberto, caso singular entre tantos templos que empañan el buen trabajo de los músicos. Especialmente mágico resultó el canto llano que Monteverdi sitúa en el Agnus Dei, significativamente justo antes de la esplendorosa coda final.

Carmelo Sosa y Daniel Anarte, de Oniria
En la segunda parte fueron las piezas seleccionadas de Schütz las que permitieron el lucimiento de las voces ya por separado, apreciándose las virtudes de las sopranos, cuyas voces suntuosamente proyectadas encandilaron al público, como también lo hizo la muy expresiva y teatral aportación del contratenor Flavio Ferri-Benedetti en Bringt her den Herrn, a pesar de un sobreagudo algo estridente casi al final, y la amabilísima voz del propio Nacho Rodríguez en Was hast du verwirket. Fue también aquí donde la labor de los precisos y ceremoniosos ministriles fue más perceptible. El resto, abordado a dobles y triples coros, fue pura delicia, igual que las propinas a cargo del también alemán Samuel Scheidt y un Monteverdi ya más ornamentado y reconocible.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 31 de marzo de 2017

FeMÀS 2017. RACHEL PODGER Y KRISTIAN BEZUIDENHOUT: EL SONIDO POR DELANTE

FeMÀS 2017. Rachel Podger, violín. Kristian Bezuidenhout, fortepiano. Programa: Sonatas para violín KV 454, 306 y 302, de Mozart; Sonata para violín nº 7 Op. 30 nº 2, de Beethoven. Espacio Turina, jueves 30 de marzo de 2017

Bienvenido sea este festival si con él disfrutamos de grandes nombres de la interpretación, aunque sea incluyendo con calzador el Clasicismo vienés por venir ofrecido con instrumentos originales. En apenas unos días hemos podido observar un programa similar desde ángulos estéticos tan distintos como los que ofrecen Staier y Midori, muy expresivo con sus más y sus menos, o estos británicos (sudafricano él) Podger y Bezuidenhout, más atentos a la belleza del sonido, lo que sin duda enriquece mucho nuestra apreciación de la magia cuando la música se aborda con criterios dispares. Rachel Podger es sin duda un referente a la hora de interpretar a Mozart; su sonido penetrante y la flexibilidad con la que mueve el arco, extrayendo del violín pasajes tan vivos como ricos en colores, así lo atestiguan. Kristian Bezuidenhout se revela como un consumado artista del teclado, ya sea al clave, el piano o este fortepiano construido por McNully según un original de principios del XIX de Graf. Su pianismo es delicado, igualmente vivo y ensimismado en extraer tanta belleza de la música como le sea posible, aún a costa de descuidar otros matices inherentes a las partituras que afronta.

Tres sonatas bien distintas de Mozart y otra majestuosa de Beethoven centraron el programa, de estilo concertante las que ocuparon la primera parte del concierto. Algunos inconvenientes en el patio de butacas afectaron a nuestra concentración en el Largo que abre la K454, si bien ya fue posible atisbar la compenetración entre ambos intérpretes y el dominio melódico de cada uno. El Andante resultó sublime, pero sin acertar a marcar el patetismo que caracteriza su desarrollo central, y con cierta tendencia de Bezuidenhout a mirar al romanticismo en sus largas y rubateadas frases. La K306, última de las sonatas llamadas Palatinas de Mozart, evidenció la delicadeza y sofisticación de los músicos, marcando ritmo y color pero descuidando sus acentos dramáticos, que le dan a la partitura una particular profundidad expresiva.

La Sonata K302 permitió un fuerte contraste entre su a veces melancólico Allegro y el inhabitualmente lento Rondó, acertándose en imprimir considerable ternura a la partitura. De hecho Podger se agarra al violín como si fuera una almohada, descansando plácidamente sobre él y dejándose mecer por la magia y el ensueño para lograr un sonido perfecto y homogéneo; el disfrute se vislumbra en su rostro todo el tiempo. Con la Sonata nº 7 de Beethoven cambiaron las coordenadas estéticas y ambos se amoldaron a la perfección a su carácter dramático, pero siempre desde una óptica en el que primara la belleza del sonido y la delectación en sus frases melódicas, sin descuidar en exceso sus efectos trágicos y espíritu heroico. En la propina, Podger continuó provocando un efecto balsámico, como si nos cantara una nana, con el Andante sostenuto de la Sonata K296 de Mozart, también bellísimo y cristalino.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 29 de marzo de 2017

FeMÀS 2017. ISIDRO ALBARREAL Y SANTIAGO SAMPEDRO, CANTERA PARA EL RELEVO

FeMÀS 2017. Isidro Albarreal, violin. Anna Lachegyi, viola da gamba. Santiago Sampedro, clave. Programa: Sonata nº 1 “La Anunciación” de las Sonatas del Rosario, de Biber; Violino solo senza basso, de Matteis; Sonata TWV 42 D:2, de Telemann; Sonata BWV1014, de Bach; Les Sauvages, de Tapray; Concierto nº 5 de Pièces de clavecin en concerts, de Rameau. Espacio Santa Clara, martes 28 de marzo de 2017

Por segundo año consecutivo el FeMÀS fue el escenario perfecto para conocer las virtudes de quienes ganan la beca que otorga la Asociación de Amigos de la Barroca, destinada a jóvenes con estudios avanzados con los que se quiere asegurar la continuidad de la tan arraigada escuela historicista que se cultiva en nuestra ciudad. Una ayuda inestimable para la formación de estos jóvenes talentos, que se traduce en estudios en el extranjero fundamentales para una buena educación musical, como ya atestiguan los convocados en esta ocasión, tras su paso por Holanda, donde coincidieron con la violagambista que les acompañó en esta particular cita.

En los atriles un complicado y complejo programa de enorme responsabilidad para los intérpretes; un repaso exhaustivo a estilos tan diversos como el de Telemann, el italiano de Matteis o el galante de Rameau, junto al único e inconfundible de Bach. No dudamos del buen criterio de los integrantes del jurado a la hora de valorar el talento y las virtudes de las candidaturas, por eso apostamos que Albarreal sufrió la traición de los nervios a la hora de abordar el programa con tanta atención al pentagrama y tan poca a la expresividad, apreciándose en él problemas de afinación y tono, como el preludio de la primera de las Sonatas del Rosario de Biber, o la fantasia del Solo para violín de Matteis, que alternó con la perfecta armonía observada en pasajes como el pastorale de la Sonata en re mayor de Telemann. Acertó en articulación, y salvó no sin dificultad una Sonata BWV 1014 de Bach quizás algo fuera de estilo, pero con un sonido en general que deambuló entre lo estridente y lo dulce.

La joven húngara Anna Lachegyi acompañó con notable musicalidad y sentido del ritmo, pero fue Santiago Sampedro, al que seguimos con atención desde que acompañara al ganador de la beca del año pasado, quien cautivó con su dominio y seguridad al clave. A falta de un merecido premio de la Asociación en solitario, su mayor reconocimiento hasta el momento es figurar en la plantilla que la Barroca ha preparado para su cita en Pamplona a final de este mes con los Conciertos de Brandeburgo. A pesar de un Concierto nº 5 de Rameau que acusó una grave falta de sintonía entre los instrumentistas, su solo en las variaciones de Tapray sobre Les Sauvages de Rameau fue sensacional, no obstante lógicos y puntuales problemas de legato, extrayendo del instrumento un sonido brillante, musculoso y de considerable expresividad.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 30 de marzo de 2017

lunes, 27 de marzo de 2017

FeMÀS 2017. EXCELENTE STAIER, PERO ALGO PASA CON MIDORI

FeMÀS 2017. Midori Seiler, violin. Andreas Staier, fortepiano. Programa: Sonatas para violín y piano D384 y D574, e Impromptu nº 1 D899, de Schubert; Sonata para violín y piano K526, de Mozart; Bagatelas para piano Op. 33 (1-4), de Beethoven. Espacio Turina, domingo 26 de marzo de 2017

La dosis habitual de clasicismo que nos ofrece el Festival desde hace algunos años, so pretexto de interpretación rigurosa e históricamente informada, nos trajo uno de los tándem más esperados de la temporada, no sólo del certamen sino de toda la programación musical de este año, sobre todo teniendo en cuenta la escasez de música de cámara que desde hace años vivimos en la ciudad, al margen de la que nos ofrecen los agentes locales. Nada más y nada menos que Andreas Staier, uno de los mejores teclistas en activo, y Midori Seiler, cuyo prestigio y reconocimiento como activista de la interpretación historicista la avalan, se postularon como uno de los puntos culminantes del festival de este año. Otra cosa fueron los resultados.

Staier vino acompañado de un fortepiano de lujo, una réplica de un original de Conrad Graf construido por uno de los mejores especialistas de la actualidad, Paul McNully, hace apenas unos años. En él el afamado pianista y clavecinista alemán desgranó un Impromptu nº 1 de Schubert poderoso y enérgico, sin descuidar la delicadeza que caracteriza algunos de sus pasajes, potenciando en todo momento el sonido del instrumento y abriendo las posibilidades tímbricas de una pieza tan transitada como ésta a nuevas sensibilidades más afines a la estética con la que fueron concebidas; y cuatro de las Siete bagatelas Op. 33 de Beethoven, de las que emergieron su notable encanto y genial inventiva, sin menoscabo de su sofisticación. Su pulsación firme, ágil y precisa trascendió la irrupción de alguna nota falsa, que no logró eclipsar una interpretación excelente, diáfana y perfectamente definida, que se extendió también a su participación en las piezas a dúo que completaron el programa.

La Sonatina nº 1 de Schubert es una obra menor que apenas establece un diálogo entre el teclado y el violín, destacando la melodía por encima de un desarrollo superfluo. La escasa importancia que el autor daba al violín no es excusa para que Seiler extrajera un sonido tan desvaído y lánguido, de sonido dulce y sedoso pero líneas imprecisas y modulantes. Quizás fuera sólo mi apreciación, pues apenas conseguí sumar adeptos cuando tuve oportunidad de intercambiar opiniones. El problema sin embargo se agravó en la Sonata K526 de Mozart, cuyo encanto rococó y aparente sencillez melódica no debe eclipsar su arrolladora y penetrante profundidad, que la violinista no acertó a nuestro juicio plasmar en su debida proporción, faltando concisión, vitalidad y equilibrio. Especialmente grave fue el resultado en el andante, si bien Staier y Seiler no debieron considerarlo así al elegirlo precisamente como propina final. Los resultados mejoraron considerablemente en la Sonata D574 de Schubert, más conocida como Dúo para violín y piano, de carácter también desenfadado, llena de dulzura pero con espacio también para el drama; aspectos todos perfectamente encajados en una interpretación ahora sí vigorosa, con portamenti perfectamente medidos y una extraordinaria fusión de los instrumentos.

sábado, 25 de marzo de 2017

FeMÀS 2017. PERRINE DEVILLERS Y LA REVERENCIA: UNA VOZ EN LA CORTE DEL REY SOL

FeMÀS 2017. La Reverencia. Andrés Alberto Gómez, clave y dirección. Perrine Devillers, soprano. Programa: Piezas en trío de Marin Marais; arias dramáticas de Michel Lambert; arias de ópera de Jean-Baptiste Lully. Espacio Santa Clara, viernes 24 de marzo de 2017

La música cortesana francesa del siglo XVII apenas ha tenido una gran difusión hasta hace aproximadamente treinta años, cuando su presencia en salas de concierto y grabaciones ha sido reivindicada por músicos de la talla de Jordi Savall, propiciando la proliferación de formaciones como La Reverencia, que han encontrado en el repertorio el filón perfecto para poner en escena programas de lo más diverso y atractivo. Lo curioso es que junto a esta labor musicológica se haya recuperado la memoria de Luis XIV, rey de Francia y Navarra, paradigma de la monarquía absoluta y hoy sin embargo más asociado a su mítica y exquisita sensibilidad, en lo que a música y danza se refiere. Una recreación de la música que podría escucharse en su alcoba, al despertar y acostar del monarca, constituyó la propuesta del grupo comandado por el clavecinista Andrés Alberto Gómez.

Tres de los más reputados músicos de la corte centraron un meticuloso y delicado programa en el que se alternaron, en tres bloques perfectamente definidos y delimitados, obras instrumentales con arias de ópera y tonadas dramáticas escritas ex profeso para la vida en palacio. Las tres piezas en trío de Marin Marais seleccionadas recibieron de los integrantes de La Reverencia un trato elegante y exquisito, apoyado en el delicado fraseo de las flautas, de pico y travesera, de Iván Sánchez y José Fernández Vera, el violín perfectamente articulado y en estilo de Pavel Amilcar y el bajo continuo en el que no podía faltar el instrumento fetiche del autor, la viola da gamba, de la que Sara Ruiz extrajo un sonido poderoso, sedoso y maleable, y el clave de Gómez, que protagoniza la sesión matinal de este domingo en el mismo Espacio Santa Clara. La tiorba de Rafael Muñoz lució mejor en las arias de corte de Michel Lambert, maestro de capilla en la misma época en que Lully creaba algunas de sus óperas más memorables a la sombra de la vida palaciega, acompañando con precisión y elegancia las piezas cantadas.

En este sentido, la mayor sorpresa la recibimos de la voz perfectamente colocada y expresivamente impecable de la soprano francesa, y también clarinetista, Perrine Devillers. Alumna de Andreas Scholl entre otros, su voz cálida y potente, aterciopelada y segura, se adaptó como un guante, siempre según textos de Philippe Quinault, a la estética melancólica de las composiciones de Lambert, así como a las más autoritarias y enérgicas de las óperas de Lully, Teseo y Armide, más popular la segunda por más que apenas se represente a pesar de la recuperación aludida. Su timbre espeso y dramático se acerca ocasionalmente a la tesitura de una mezzosoprano, lo que multiplica las posibilidades de una voz preciosa que nos encandiló de principio a fin, añadiendo a ello una fuerza expresiva encomiable que sobresalió por encima del buen hacer y la impecable factura técnica del resto del conjunto.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 22 de marzo de 2017

FeMÀS 2017. ONOFRI Y LA OBS: LA NOCHE EN SESIÓN CONTINUA

FeMÀS 2017. Temporada 2016/17 de la Orquesta Barroca de Sevilla. Enrico Onofri, director-concertino. Programa: Serenata para cuerdas y bajo continuo “Der Nachtwächter”, de von Biber; Sinfonia prima de La Senna festeggiante RV 693 y Concierto para flauta “La Notte” RV 439, de Vivaldi; Concierto para dos violines nº 1, de Barsanti; Musica notturna delle strade di Madrid, de Boccherini; Serenata Notturna KV 239, de Mozart. Espacio Turina, martes 21 de marzo de 2017

Que la Barroca hiciera coincidir este concierto de su temporada con el Festival de Música Antigua, y que éste acabe siempre el Sábado de Pasión, ayudó a acotar las fechas de celebración del FeMÀS con suficiente antelación, dado el retraso con el que sus organizadores suelen anunciarlo. Que además programase dos sesiones seguidas del mismo concierto para cumplir con sus numerosos e incondicionales seguidoras y seguidores, entra ya en los límites de la proeza, y que ni siquiera acusase cansancio es prodigioso. El programa fue otro aliciente: la noche como tema, como escenario de cortejos y celebraciones, o ambas cosas a la vez.


Con la serenata Der Nachtwächter de Heinrich Ignaz von Biber se dieron ambas circunstancias, pieza para ser interpretada de noche y con tema nocturno, el sereno, que encontró en las voces de Alejandro Casal, Guillermo Martín y Ventura Rico el sustituto ideal del bajo y pretexto perfecto para la comicidad, aunque sus voces estuvieran más cerca del canto de goliardos que de un sereno alemán. La scordatura y el contrapunto característicos del compositor bohemio se notó quizás en exceso, hasta el punto de provocar más de un desencuentro con tendencia al barullo. Nada que la sinfonía introductoria de La Senna festeggiante no corrigiera con resultados óptimos, como ya ocurriera hace algo más de un año cuando la orquesta interpretó esta serenata vivaldiana en su integridad, también a las órdenes de Onofri. La energía y el empuje característicos de la Barroca se hizo patente también en el Concerto grosso nº 1 que Francesco Barsanti compuso a partir de las Sonatas Nocturnas de Sammartini, donde Onofri y Alexis Aguado protagonizaron un competente duelo algo sofocado por el resto de la cuerda, al igual que la flauta de Vicente Parrilla en el Concierto RV 439 de Vivaldi, cuyo sonido apagado deslució de forma inesperada en un intérprete consumado como él, a pesar de su dominio de la respiración y las articulaciones.

Los efectivos de la Barroca demostraron ser unos fuera de serie en las dos últimas piezas, una Música nocturna de las calles de Madrid de Boccherini que nos dejó con la boca abierta, empezando con el feliz descubrimiento de Diana Vinagre al violonchelo, de fraseo elegante, matizado y muy expresivo. También Onofri hizo gala aquí de su versatilidad y calidad como violinista. La original (y de título redundante) Serenata Nocturna de Mozart, por su estética concertista, el magnífico uso de timbales (espléndido Pepe Tur) y la confrontación entre cuarteto y tutti, se saldó con una interpretación excelente en la que los músicos incluso se permitieron el lujo de recrear solos como si se tratase de una jam session.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía