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jueves, 16 de abril de 2026

ORLINSKI, IMPACTANTE Y ATREVIDO SEDUCTOR

Recital. Jakub Józef Orlinski, contratenor. Michał Biel, piano. Programa: Arias de Handel; Arias y canciones de Purcell; Canciones de Baird y Karlowicz. Teatro de la Maestranza, miércoles 15 abril de 2026


El de Jakub Józef Orlinski prometía ser un recital mucho más contenido, sobrio y melancólico del que celebró aquí mismo hace tres años, entonces ciñéndose al repertorio estrictamente barroco y con Il Giardino d’Amore como orquesta acompañante, pero su gracia y desenvoltura acabó por convencernos de lo contrario. La reciente edición del disco If Music… junto a su gran amigo Michał Biel, ha propiciado una nueva gira que le ha llevado por diversos países de Asia y que ahora ha arrancado en Europa, precisamente en Sevilla, otro acierto del actual equipo directivo del Maestranza. Aunque el teatro no se llenó, evidenció la enorme expectación suscitada por el joven y carismático contratenor, con público enfervorecido y presto a vitorearle el talento y agradecerle su enorme caudal de simpatía.

Esta vez Orlinski vino acompañado solo de su amigo pianista, con quien dio sus primeros pasos cuando se conocieron en la Academia Operowa, un programa para jóvenes artistas del Teatro Wielki, cerca de Varsovia. Cuando ambos estudiaban en el prestigioso Julliard School de Nueva York, Biel animó al contratenor a descubrir las canciones que autores polacos como Szymanowski, Czyk, Moniuszko, Karlowicz o Baird habían compuesto a lo largo de los siglos XIX y XX. El resultado fue una serie de conciertos que años después cristalizaron en el disco Farewells, el cuarto en solitario del contratenor, que ahora, aprovechando el segundo registro juntos, centrado en Händel y Purcell, vuelve a inspirar parte del repertorio.

Insólitos Händel y Purcell al piano

Y así, con esta rara pero eficaz combinación de ambos trabajos, volvimos a disfrutar del talento infinito de Jakub Józef Orlinski, que arrancó con Voi che udite de Agrippina, convenientemente precedido del recitativo Otton, qual portentoso fulmine, que al no contemplarse en el programa, despistó a la organización a la hora de proyectar los sobre títulos. Pudo apreciarse ya la furia latente del recitativo frente a la candidez melancólica del conmovedor aria, una constante que se mantuvo con el resto del repertorio handeliano, especialmente en Coronato il crin, de la misma ópera, que no aparece curiosamente en el disco de Orlinski y Biel.


El contratenor hizo también gala de un dominio técnico impecable y portentoso en Siam prossimi al porto, de Rinaldo, la ópera con la que pudimos escucharle por primera vez en directo en Sevilla, hace ocho años. Su voz homogénea y cautivadora, de timbre tan sedoso que no se permite ninguna estridencia y maneja a discreción, regulando volúmenes y logrando largos filados, se lució sobre manera en Furibondo spira el vento de Parténope, con el que terminó el programa antes de sumergirse en las generosas propinas, siempre con la complicidad del piano, que dio un cariz insólito a este singular repertorio.

La compenetración entre Orlinski y Biel fue total, logrando una perfecta simbiosis en el bloque dedicado a Purcell, con paradas estremecedoras en Sweeter than Roses o If Music Be the Food of Love, cuya breve pero intensa literatura nos conmovió y llegó al alma, sobre todo cuando realizó sorprendentes piruetas y un marcado progreso desde el pianissimo más delicado al forte más estremecedor en What Power Art Thou? de la semiópera King Arthur.

Embajadores perfectamente compenetrados

Pero fue especialmente en los dos bloques dedicados a la canción polaca donde esta compenetración brilló en todo su esplendor. De Tadeusz Baird, compositor que coqueteó con el serialismo imperante en los cincuenta del pasado siglo, pero tuvo que mantener la accesibilidad con el público que demandaba el régimen político de la época, Orlinski interpretó sus Cuatro sonetos de amor, según textos de Shakespeare, en consonancia con el repertorio purcelliano elegido.

La rara combinación de técnica y emoción que caracteriza estas piezas, encontraron en la voz de Orlinski y las manos de Biel el vehículo perfecto para sorprender, aunque con mayor efectividad en algunas piezas que en otras. Aquí el uso del piano resultó lógicamente menos atrevido y fuera de estilo que en esas arias handelianas que disfrutamos de un modo distinto y novedoso de como las habíamos disfrutado en otras ocasiones. Apreciamos el talento y la capacidad del contratenor para llevar estas piezas a tan buen puerto, a pesar de estar concebidas para barítono.


También para esa tesitura concibió Mieczyslaw Karlowicz, romántico tardío y maestro absoluto del poema sinfónico, sus más de veinte canciones conservadas hasta la fecha, de las que Orlinski entonó siete de diversa naturaleza, siempre con la emoción y el sentimiento como principal herramienta de seducción. Biel se reveló también aquí como perfecto apoyo y esencial colaborador, haciendo gala de una precisa digitación.

Era lógico que Ombra mai fu de Serse se reservara para las propinas, pues estar incluido en el disco y no en el programa resultaba chocante. Orlinski la cantó con una delicadeza extrema, granjeándose otra fulgurante ovación del público, que disfrutó también de las divertidas y desenfadadas locuciones del contratenor, en perfecta dicción castellana a pesar de su falta de dominio y conocimiento, y sobre todo en inglés.

El maravilloso Music for a While y el vigoroso Strike the Viol de Purcell, enriquecieron las propinas, el segundo propiciando el inevitable paso de break dance del joven contratenor, una de sus señas de identidad, y revelando otro talento oculto, cantar como un ventrílocuo. La tanda de propinas terminó con el tema principal de La princesa Mononoke, el descubrimiento de Joe Hisaishi que en sus propias palabras experimentó tras su reciente periplo por Japón.

Y quedó así puesta de manifiesto la inquietud del enorme artista por hacer cosas diferentes y atrevidas, otra manera de cautivar al público y atraer nueva afición, como se evidencia también en el disco #LetsBaRock, grabado junto a Aleksander Debicz, donde lleva el barroco al terreno estrictamente pop.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 2 de abril de 2023

FIESTA EN EL GIARDINO CON JAKUB JÓZEF ORLINSKI

XL Festival de Música Antigua de Sevilla FeMÀS. Jakub Józef Orlinski, contratenor. Il Giardino d’Amore: Stefan Plewniak, violín solista y dirección; Ludmila Piestrak, Reyner Guerrero y Monika Boroni, violines; Wojtek Witek, viola; Katarzyna Cichón, violonchelo; Lukasz Madej, contrabajo; Jan Cizmár, tiorba; Ewa Mrowca-Kosciukiewicz, clave. Programa: Sinfonia de LÒlimpiade, movimientos de los conciertos para violín RV 273, RV 242, RV 208 “Grosso Mogul” y RV 222, y aria de Il Giustino, de Vivaldi; Arias de Tamerlano, Tolomeo, re d’Egitto, Partenope y Riccardo Primo, re d’Inghilterra, de Haendel.
Teatro de la Maestranza, sábado 1 de abril de 2023


Hay artistas que por su condición transcienden la mera música y se colocan en el pódium del verdadero estrellato. En estos tiempos de culto a la imagen, tener un físico atractivo y seductor vende mucho, pero si además va acompañado de un enorme desparpajo, una simpatía a raudales y una considerable generosidad, mejor. Claro que nada de esto serviría si estuviéramos hablando de un artista mediocre o del montón, pero el joven Orlinski por supuesto que no lo es. Atesora un instrumento envidiable, una técnica impecable, una proyección avasalladora y un talento para controlar volúmenes y agilidades fuera de toda discusión. Con todos estos ingredientes, la de anoche fue una cita irrepetible, de esas que huelga criticar y solo cabe reseñar.

Jakub Jozef Orlinski actuó ya en el Maestranza en marzo de 2018 con The English Concert bajo las órdenes de Harry Bicket en una versión de concierto de la ópera Rinaldo de Haendel, detalle que él mismo se encargó de recordar en inglés después de una simpática presentación en un perfecto castellano preparado para la ocasión. Pero aunque ya entonces dejó una huella indeleble, no fuimos entonces capaces de calibrar el salto de gigante que daría en los siguientes años hasta convertirse en el fenómeno mediático que hoy es. Hasta ahora solo habíamos disfrutado de una habilidad así para conectar con el público joven a través de redes sociales, descargas y video-clips al más puro estilo rock o pop con la violinista Janine Jansen o el flautista Emmanuel Pahud, pero hasta en eso Orlinski va a más. Su pasión por el break dance, disciplina que maneja a la perfección, no es ajena a esta proverbial conexión con los más jóvenes y el público en general. Así pudimos comprobarlo en este penúltimo concierto del FeMÀS de este año, broche final junto a la Pasión según San Mateo de un insólito Domingo de Ramos.


Un jardín para el chico de oro

Aunque nos habíamos acostumbrado en sus discos a escucharlo acompañado de il Pomo d’Oro y el director Maxim Emelyanychev, también asiduo hace años de nuestro teatro, en esta ocasión vino con el conjunto polaco Il Giardino d’Amore. La combinación de movimientos de concierto de Vivaldi y arias de Haendel en que consistió un programa dedicado a los héroes de la ópera barroca, con predominio de los primeros sobre los segundos, nos hizo pensar en un principio en el artista lírico como mero reclamo para lucir los talentos del conjunto compatriota, como si éste viniera a remolque del contratenor. Sin embargo acabamos con dos consideraciones, que Il Giardino d’Amore atesora un sonido robusto, lleno de fuerza y entusiasmo, y que quien lo dirige ha sido un gran descubrimiento. Reconozco que en el campo de los criterios interpretativos, el de Stefan Plewniak no es el que más nos convence, con sonidos estridentes y contrates demasiados fuertes. Así lo percibimos en la sinfonía de L’Olimpiade que sirvió de arranque, si bien poco a poco fue limando asperezas y se fue difuminando ese parecer en favor de un virtuosismo extremo no exento de delicadeza allí donde procedía, como por ejemplo en el allegro del Concierto Grosso Mogul, donde unas cadencias atentas al detalle lucieron sobre el flujo sostenido de la cuerda grave de Katarzyna Cichón. El virtuosismo de Plewniak y su incansable agilidad brillaron en todos los variopintos y sumamente creativos fragmentos vivaldianos, con su atuendo de prete aunque no rosso; pero también en los acompañamientos en las arias de Haendel, así como lo hizo la fuerza expresiva de un conjunto que interpretó en todo momento de corazón, sin partituras, salvo la tiorba. Por cierto, que Plewniak tuvo ocasión también para lucirse al pizzicato en la mandolina.


Pero ¿y la estrella? Orlinski fue un colmado de expresividad en sus seis arias programadas. Pura teatralidad, el gesto al servicio de la música y el drama al de un público embelesado al que recursos como cantar tumbado, con el resto del conjunto echado, sentado o de rodillas en el escenario como si fuese un giardino en Sento il seno de Il Giustino, sirvió para concitar todavía más su atención, incapaz así de sustraerse a cada inflexión, gesto y cambio de color propuesto por este excelente vocalista, en quien además pudimos distinguir una bonita voz de tenor cuando se le agotaba el falsete. Conmovió con Stille amare de Tolomeo, asombró con sus estratosféricas agilidades en Agitato da fiere tempeste de Riccardo Primo, y nos encantó con sus generosas propinas, destacando un delicadísimo Se in fiorito ameno prato de Giulio Cesare. Hubo además lugar para una auténtica fiesta, cuando siguió con frondosas vocalizaciones el habitual palmeado por sevillanas del enfervorecido público, o nos invitó a cantarle al violista Wojtek Witek feliz cumpleaños. Solo faltó que nos brindara unos pasos de ese break dance que le mantiene tan en forma, pero por lo demás, lo de anoche fue un espectáculo en toda regla.

Fotos: Lolo Vasco / FeMÀS
Artículo publicado en El Correo de Andalucía