jueves, 24 de marzo de 2022

EL JARDÍN DEL DIÁLOGO Y LA EXTRAVAGANCIA

39 Femás. Gli affetti umani e i 4 elementi. Il Giardino Armonico. Giovanni Antonini, director. Programa: Conciertos para cuerdas en mi menor RV 134, para cuatro violines en si menor Op. 3 nº 10 RV 580, para flauta dulce sopranino en do mayor RV 443 y para violín en Mi bemol mayor Op. 8 nº 5 RV 253, Sinfonía en si menor RV 169 y Cum dederit de Nisi Dominus RV 608, de Vivaldi; Concerto grosso en Mi bemol mayor Op. 7 nº 6, de Locatelli; Capriccio Stravagante, de Carlo Farina; So, de Giovanni Sollima; Dos piezas de Chinese Pictures, de Isang Yun. Espacio Turina, miércoles 23 de marzo de 2022


Hace tiempo que denunciamos la falta de proyección que a nivel de música tiene nuestra ciudad, donde cada vez son menos los y las artistas internacionales que recalan en sus múltiples escenarios. Eso mismo nos ha hecho acostumbrarnos al talento local, que afortunadamente abunda y es capaz de cubrir tanta necesidad y propuesta vacante. La presente edición del Festival de Música Antigua, a solo un año de cumplir los cuarenta, ha venido a paliar en algo esta situación, brindándonos la oportunidad de disfrutar de nombres que o bien nunca antes habían actuado en Sevilla o hacía mucho que no lo hacían. Les damos ahora la bienvenida no solo para poder gozar de su talento, ni para comparar con las rutas seguidas por nuestros músicos locales, sino también para quitarnos los habituales complejos y constatar que nuestros conjuntos gozan de tanto brillo y mérito como los más afamados que cuentan con el prestigio y la categoría que les han otorgado los mejores sellos discográficos y las salas más icónicas de la geografía europea.

Giovanni Antonini nos ofreció el pasado fin de semana un extraordinario concierto junto a la Barroca de Sevilla, con las cuatro suites orquestales de Bach en los atriles, y volvió anoche junto al conjunto que fundó hace treinta y siete años y que tanta fama le ha reportado a lo largo y ancho del mundo, Il Giardino Armonico. Lo hizo con un programa protagonizado fundamentalmente por Vivaldi y completado con su contemporáneo Pietro Antonio Locatelli y el precedente Carlo Farina, además de una serie de exóticas piezas de corte entre contemporáneo y asiático que sirvieron para que su director desplegase su habilidad en la madera. Un programa ciertamente ecléctico y definitivamente dialogante entre culturas y épocas, en el que sin embargo lamentamos primara la pirotecnia y el artificio por encima de la emoción y la mera expresividad, a pesar de esos afectos a los que hacía alusión su título genérico.

Impecable técnica y mucha experiencia

Antonini trajo a Sevilla a buena parte de su plantilla histórica, con músicos de la talla de Stefano Barneschi, que sirvió de apoyo al conjunto portugués Divino Sospiro que acompañó a Andreas Scholl en su recital del pasado domingo, Marco Bianchi, Mara Cristina Vasi, Elena Russo o Riccardo Doni, también presente en aquella cita del domingo, aunque el programa de mano no lo testimoniara. Del resto sobresalieron algunos integrantes muy jóvenes, todos y todas demostrando una férrea compenetración y una extraordinaria habilidad técnica a la hora de abordar las páginas programadas, empezando por toda una exhibición de fuerza y temperamento en el Concierto para cuatro violines de L’estro armonico de Vivaldi que Bach convirtió posteriormente en el célebre Concierto para cuatro claves que los más cinéfilos identificarán con la adaptación que Stephen Frears hizo de Las amistades peligrosas. Barneschi, Bianchi, Fabrizio Haim Cipriani y Francesco Colletti se entregaron en esta pieza a una batalla dialéctica de enorme potencia y virtuosismo, aunque en el camino se resintiera esa línea melódica tan inspirada que ofrece la pieza. Antes ya habían dado muestra de su inusitada energía y magistral dominio del contrapunto en el Concierto para cuerdas RV 134, para finalizar con el Concierto para violín Op. 8 nº 5 (los cuatro primeros son Las cuatro estaciones) de Il cimento dell’armonia e dell’inventione, que sirvió para que Barneschi diera renda suelta a un fraseo diabólico y una agilidad frenética y desenfrenada.

De Vivaldi se interpretó también la muy contenida y peligrosamente efectista Sinfonía Al Santo Sepolcro, encadenada a una transcripción del conmovedor Cum dederit del Nisi Dominus en la que el chalumeau, un precedente del clarinete, sustituyó sin demasiado acierto a la voz humana. La propuesta vivaldiana se completó con el archiconocido Concierto para flautino que sirvió a Antonini para desplegar su destreza al instrumento, aunque en su vertiginosa exhibición se dejara más de una nota en el camino. También las dos piezas seleccionadas del compositor surcoreano Isang Yun sirvieron para dar rienda suelta a su proverbial virtuosismo, esta vez adoptando un lenguaje tan idiomático como decisivamente exótico, como el empleado en la breve pieza del compositor y violonchelista italiano Giovanni Sollima, esta vez con un curioso piri (pequeño oboe de bambú) acompañado de cuerda sostenida. Muy sostenidos fueron también algunos de los múltiples pasajes del Capriccio Stravagante de Carlo Farina, que sustituyó al inicialmente programado Concerto grosso Op. 6 nº 3 de Händel, y que consiste en una serie de imitaciones de animales que queda muy bien como broma musical pero comporta poca enjundia musical, solo apta para una mayor exhibición de virtuosismo. Más apropiado resultó el Concerto grosso Op. 6 nº 6 de Locatelli, que habitualmente sirve para compararse con el mismo opus de Händel, como parecía ser la primera intención del programa, y que la plantilla acometió con idéntico entusiasmo y dedicación, pero siempre más centrada en una técnica impecable que en una expresividad natural y emotiva. En la propina el rock duro de Matthew Locke sirvió para agitar todavía más el ánimo entusiasmado del público.

Fotos: Aníbal González (Femás)
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 23 de marzo de 2022

MÉLISANDE, EL MAR Y LA TRÁGICA FAMILIA

Ópera de Claude Debussy. Libreto de Debussy y Maurice Maeterlinck, según la obra del último. Michel Plasson, dirección musical. Willy Decker, dirección escénica. Wolfgang Gussmann, escenografía y vestuario. Hans Toelstede, iluminación. Con Mari Eriksmoen, Edward Nelson, Kyle Ketelsen, Jérôme Varnier, Eleonora Dezeve, Marina Pardo y Javier Castañeda. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro Teatro de la Maestranza. Íñigo Sampil, director. Producción de la Staatsoper de Hamburgo. Teatro de la Maestranza, martes 22 de marzo de 2022


Son varias las grandes obras musicales que ha inspirado la tragedia de Pelléas y Mélisande, como la música incidental que compuso Fauré a finales del siglo XIX, o el poema sinfónico que Schoenberg escribió apenas un año después de estrenarse esta monumental ópera, la única que llegó a terminar el maestro del impresionismo, Claude Debussy. Nunca se había representado en Sevilla, aunque hace dieciocho años Marc Soustrot, ahora titular de la Sinfónica, ofreció en este mismo escenario una versión de concierto. Curiosamente es ahora el director honorario de la orquesta, Michel Plasson, que tantas veces ha demostrado su magisterio en el repertorio de su país, el encargado de este esperado y necesario estreno en la capital hispalense. Y la verdad es que su batuta no solo estuvo a la altura de lo esperado, sino que lo superó con creces, al proponer una lectura profunda, hermosa y poética de la extraordinaria partitura, cuya poderosa singularidad quedó patente en las manos expertas y sabias del veterano director de orquesta.

Para que triunfe una buena versión de este título único en su género, es necesario esmerarse en el timbre tanto de las voces como de los instrumentos, mientras en lo puramente escénico es necesario captar todo su contenido poético y lleno de simbología, tan intelectual como mágico. De lo primero se encargó Plasson, para quien la edad no parece ser ningún obstáculo a la hora de plasmar toda su energía y a la vez delicadeza, y para lo segundo se contó con una producción de primera categoría de Willy Decker, responsable de puestas en escena tan extraordinarias como la que realizó para La traviata del Festival de Salzburgo o la de Peter Grimes que pudimos ver en Valencia hace cuatro años. Un elenco perfecto, tanto a nivel de canto como de presencia física, puso el broche de oro a este excelente espectáculo para el que desgraciadamente solo se han programado tres funciones, lo que da idea de los pasos agigantados hacia atrás que estamos dando en esta ciudad en lo que a afición por la música se refiere.


Quince escenas bañadas por una luz prodigiosa

Todos los espacios son importantes en esta ópera, tanto como los personajes. Pero es suficiente con evocarlos, someterlos a la imaginación del público. Es lo que propone Decker en los cinco actos y quince escenas en las que se estructura el libreto del autor de El pájaro azul, y que esta producción resuelve con continuas bajadas y subidas de telón que dan paso a sugerentes interludios instrumentales cargados sensualidad e hipnótica poesía. En escena parece evocarse la atmósfera habitual en las tragedias familiares nórdicas, donde intrigas y desconfianzas parecen tomar las riendas de la historia. En cierto modo a este cronista le sobrevinieron imágenes relacionadas con el cine de Ingmar Bergman, algo potenciado por el sugerente vestuario de Wolfgang Gussmann. Pero fue la luz prodigiosa que proyectó Wolfgang Schünemann según el diseño de Hans Toelstede, lo que definitivamente ayudó a evocar esos paisajes, espacios y emociones que irradia el texto de Maeterlinck y la música de Debussy, cuyo característico mar parecía estar presente entre los gélidos elementos que invaden la a menudo escuálida escena de carácter circular, presidida por telones y grandes ventanales.


Tan importante como el talento musical se revela especialmente en este título la capacidad dramática, y todos y todas las intérpretes estuvieron en este sentido muy a la altura de las exigencias. La joven soprano noruega Mari Eriksmoen es una Mélisande delicada, contenida y llena de magia y dulzura, esa combinación de sirena, ángel y ninfa que demanda un personaje que esconde su naturaleza de femme fatale, patente cuando enreda a Pelléas como si fuera su presa entre sus cabellos, en una escena que Decker resuelve con proverbial maestría sugiriendo una tela de araña atrapando a su víctima. En lo musical, su voz cristalina y bien timbrada cautivó por su belleza y perfecta articulación. Kyle Ketelsen construye un Golaud atormentado en su justa medida, aunque protagoniza la escena más incómoda y violenta de la función, cuando desgrana su decepción por su esposa y la dirección le obliga a maltratarla expresamente sobre el escenario y ante la mirada inerte del Rey Arkel. La voz rotunda y potente de Ketelsen contrasta con la más lírica del barítono también americano Edward Nelson, que se ajusta a la perfección a su romántico aunque dubitativo personaje tanto en el canto como en lo actoral.

La voz clara y contundente del bajo francés Jérôme Varnier acusó algunas tiranteces sin importancia que no llegaron a enturbiar su autoritaria intervención, mientras la soprano franco-española Eleonora Daveze triunfó como el niño Yniold, en algún momento teniendo que mantener su firme línea de canto en actitud tan temeraria que llegamos incluso a temer por su integridad física. Peor resultó la veterana mezzo cántabra Marina Pardo, con poca proyección y mucho vibrato, como la sufrida madre de los enfrentados hermanos, aunque en lo dramático su personaje también se benefició de la contenida dirección repuesta por Stefan Heinrichs. La breve participación del coro fuera de escena contribuyó a ese clima espectral que Plasson tan bien supo insuflar a una orquesta que respondió a sus demandas con la excelencia a la que nos tiene acostumbrados. Si un buen espectáculo operístico es el que combina excelente teatro, plasticidad, creatividad y rendimiento musical de primer orden, este Pelléas y Mélisande cumple todas las condiciones. Como muy bien reflejó la dedicatoria recitada antes de empezar la función, en recuerdo a las víctimas de la infame guerra de Putin, la cultura es el único ámbito en el que la vida trasciende a la muerte. Un Pelléas y Mélisande defendido de esta manera tan ejemplar, lo demuestra.

Fotos: Teatro de la Maestranza
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 22 de marzo de 2022

EL MUNDO ES VUESTRO Uno, dos, tres... El gazpacho nacional

España 2022 102 min.
Dirección
Alfonso Sánchez Guion Alfonso Sánchez y Sergio Rubio Fotografía Alejandro Espadero Música Juan Cantón Intérpretes Alfonso Sánchez, Alberto López, Carmen Canivell, Teresa Arbolí, Carlos Olalla, Chacha Huang, José Chaves, César Cadaval, Ignacio de la Puerta, David Pareja, Juan Amodeo, Alfonso Valenzuela, Pedro Álvarez-Ossorio, Antonio de la Torre, Mari Paz Sayago Estreno 18 marzo 2022

La historia de los compadres es bien conocida
, de aquellos cortos distribuidos en las redes a su estreno en pantalla grande vía crowdfunding con El mundo es nuestro, pasaron a dirigir y protagonizar El mundo es suyo, dando la alternativa a su vertiente pija pero tiesa sevillana, que ahora repiten en esta El mundo es vuestro, después de ofrecernos aquel esperpento indigerible que fue Para toda la muerte, única ocasión en que se han intentado liberar de su pareja característica. Vamos a ponernos en modo valiente para reivindicar este sainete español que llega a las pantallas con absoluta puntualidad para celebrar por todo lo alto el centenario de Berlanga, en quien esta película se mira sin complejos ni disimulo alguno.

La película se revela pues como una revisión y puesta al día de la muy celebrada La escopeta nacional, para echarnos en cara que ni con nuestros votos ni nuestra presunta libertad hemos conseguido cambiar demasiado las cosas en este país de buitres y sinvergüenzas, donde la clase política se codea con la anquilosada aristocracia para hacer negocios y devastar aun más nuestra pertrecha economía. Sánchez y López, con el inestimable trabajo de Rubio al guion, tienen claro que en este país de monarcas y fascistas solo una guillotina podría enmendar en algo la cosa, aunque también tienen claro que nadie aquí se pone de acuerdo, ni para cortar cabezas ni para salvarnos de la quema. Y lo mejor es que lo hacen desde una perspectiva acomodaticia, sin compromiso ideológico alguno.

Todavía vamos más allá y nos atrevemos a comparar su ritmo frenético con el que el inigualable Billy Wilder fue capaz de impregnar en películas como Uno, dos, tres. Sánchez consigue una película vibrante, llena de chispa y mordacidad, plagada de personajes quizás demasiado identificables con la clase política actual, lo que lo convierte en un producto demasiado coyuntural y condenado así a perder actualidad con el paso del tiempo, a envejecer muy pronto. Pero mientras tanto la diversión está asegurada, con un guion brillante, a mil por hora que desgraciadamente será despreciado por doquier y no será candidato a ninguno de los reconocimientos que merece.

El rebaño de indeseables que ofrece su brillante reparto engloba nostálgicos fascistas, caciques pertrechados, políticos aprovechados, marquesas que fueron presidentas (excelente Teresa Arbolí como aquella innombrable cabeza visible de la peor derecha española), y hasta anticipa esa hegemonía china que la criminal invasión de Putin se está empeñando en asegurar. Todo este gazpacho está magníficamente condimentado, bien mezclado y agitado, dando como consecuencia una hilarante comedia satírica en la mejor tradición del género, resuelta con los mejores recursos y sin esas habituales estridencias y salidas de tono que malogran muchas de las películas que pretenden alcanzar el mismo podio. Hasta la música está en esta ocasión colocada en su sitio justo, cuando toca.

lunes, 21 de marzo de 2022

LA PIEDAD SEGÚN ANDREAS SCHOLL

39 Femás. Ecce Homo (Cantatas sacras y profanas para alto de Vivaldi y Bach). Andreas Scholl, contratenor. Divino Sospiro. Pedro Castro, oboe. Massimo Mazzeo, director. Programa: Cessate, omai cessate RV 684, Sinfonía en si menor RV 169 Al Santo Sepolcro, y Filiae mestae Jerusalem RV 638, de Vivaldi; Sinfonías de las Cantatas BWV 156 y 21, y Cantata Ich habe genug BWV 82, de Bach. Espacio Turina, domingo 20 de marzo de 2022

Foto: Aníbal González (Femás)

Contar con Andreas Scholl en cualquier escenario del mundo da prestigio, hacerlo en el seno de nuestro Festival de Música Antigua es sin duda todo un acierto. Lleva mereciendo el reconocimiento y la admiración del público y la crítica desde hace prácticamente tres décadas. Sus discos casi rivalizan con los de las estrellas de rock, y las entradas para sus conciertos se agotan desde el preciso instante en que se ponen a la venta. Su carácter mediático lo forjan una voz rutilante, de enorme homogeneidad y elegante fraseo, considerable potencia y generosa proyección, además del hecho de haber nacido alemán, lo que siempre constituye un plus; en realidad nacer en cualquier punto centrado o al este del continente ya constituye una primera garantía de éxito y reconocimiento al que los nacidos en el hemisferio sur de Europa les cuesta más cosechar.

A Sevilla ha venido con música de Vivaldi y su compositor favorito y el que le ha reportado sus mayores logros, Johann Sebastian Bach. Y lo ha hecho además acompañado de un conjunto que ahora está en plena efervescencia, Divino Sospiro. Integrado por músicos de distinta procedencia, y dirigidos por el prestigioso maestro italiano Massimo Mazzeo, esta orquesta de cámara barroca está afincada en Portugal, donde desde su fundación en 2004 trabaja por divulgar la música del país luso y acercar el gran repertorio de la época a un público que desde el principio le ha mostrado fidelidad. En Sevilla acertaron con un programa muy apropiado para las fechas, ahora que nos acercamos a la que para muchos y muchas es la época de mayor meditación y más comunión con la trascendencia humana, a la que tanta referencia hicieron las piezas seleccionadas, un encuentro entre lo humano y lo divino personalizado en dos compositores que cultivaron tanto lo profano como lo sacro, con más protagonismo de Vivaldi sobre lo primero, y absoluta presencia de lo divino en el segundo, Bach.

Un canto que cala en el corazón

Ah, ch’infelice
, la primera de las dos arias que integran la cantata Cessate, omai cessate de Vivaldi, sentó ya las bases de ese canto íntimo e introvertido del apuesto contratenor alemán, al que la orquesta se adaptó como un guante, potenciando ese estilo andante y punteado que caracteriza la conocida pieza. Pero su voz no parecía sentirse del todo cómoda, y eso se notó especialmente en Nell’orrido, donde unos impertinentes cambios de color malograron aunque solo fuera puntualmente la intervención ahora más fogosa del cantante. Por idénticos derroteros deambuló el aria Sileant Zephyri del motete Filiae mestae Jerusalem, concebido como introducción del Miserere RV 638 para los Santos Oficios del Jueves al Sábado Santo. Desde el escenario pudimos escuchar como entre bambalinas (la infraestructura del Turina no es grande y es fácil chivarse de los entresijos del interior) Scholl procuraba aclarar la voz. Como consecuencia, sus intervenciones en esa segunda parte dedicada a Bach fueron más lucidas e hicieron honor a su arte y su leyenda. Ich habe genug tuvo en su voz el vehículo perfecto para transmitir toda su belleza y candor, con piani sobrecogedores, que revalidó en las dos arias siguientes de la célebre cantata, y aun con más calidez y mayor sentido del dolor en la propina, siempre desde la piedad y la contención, el Agnus Dei de la Misa en si menor de Bach.

Divino Sospiro acompañó con oficio y sentido de la profesionalidad. Bien apoyada la cuerda aguda, a veces puntualmente mezclada con las violas, mientras la grave nos regaló momentos de indiscutible belleza, especialmente en el violonchelo solista, con acompañamiento medido y elegante de la cuerda pulsada, aunque con un continuo en el que echamos en falta mayor presencia y volumen. Así resolvieron la Sinfonía Al Santo Sepolcro, cuyo adagio constituyó un prodigio de contención y elegancia, así como las tres sinfonías de Bach que introducen sendas cantatas (BWV 156, 21 y la citada 82 Ich habe genug), que tuvieron en el oboe del especialista Pedro Castro el conductor ideal de toda su fuerza expresiva y carácter profundamente melancólico, resuelto con brillantez y ese carácter piadoso protagonista de tan memorable noche.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

MAMÁ O PAPÁ Reaccionaria pero simpática e inofensiva

España 2020 103 min.
Dirección
Dani de la Orden Guion Eric Navarro, según la película de Martin Bourboulon Fotografía Sergi Gallardo Música Zacarías M. de la Riva y Alfred Tapscott Intérpretes Paco León, Miren Ibarguren, Sofía Oria, Iván Renedo, Laura Quirós, Miquel Fernández, Eva Ugarte, Berto Romero, Ester Expósito, Julián Villagrán, Pedro Casablanc, Mari Paz Sayago Estreno en salas 17 diciembre 2021

Tras casi dos años esperando fecha de estreno debido a la pandemia, esta comedia fue todo un éxito las pasadas Navidades, y todavía se mantiene en cartelera. Se trata de la última propuesta del especialista en la materia Dani de la Orden, que muy atrás dejó ya aquel díptico de debutante, Barcelona, noche de verano y Barcelona, noche de invierno, para embarcarse en productos descaradamente comerciales como El mejor verano de mi vida o Hasta que la boda nos separe.

Como tantas otras comedias recientes surgidas en nuestro país, Mamá o papá se basa también en un éxito del cine francés –la italiana, la argentina o la mexicana son las otras cinematografías elegidas para hacer remakes patrios – que fue también un éxito de taquilla en su país de origen en 2015. Con un mensaje bastante reaccionario, plantea la historia de unos supuestos malos progenitores para quienes los hijos se convierten en el principal obstáculo en sus prometedoras carreras ahora que han decidido divorciarse. Arreglárselas para que sea el o la contrincante quien se haga cargo de la custodia, al revés de lo que suele ser habitual, da lugar a una serie de situaciones más o menos divertidas en las que el carisma y la vena cómica de su pareja protagonista se lleva el mayor peso, sin caer nunca en el mal gusto y con resultados estimulantes dentro de sus limitadas intenciones.

Se trata sin duda de alcanzar algún que otro mercado internacional, ahora que las plataformas digitales lo ponen más fácil, por lo que no se duda en importar estilos a menudo ajenos a nuestra cultura y forma de vida, y más identificables con modelos aprendidos en el cine americano, lujos caseros e institutos incluidos. Con todo, y a pesar de su conservador pero inofensivo mensaje, se disfruta por su indudable y sana comicidad, además de cierta frescura, sin mayores pretensiones.

CÓDIGO EMPERADOR Una intriga tan ambiciosa como malograda

España-Francia 2022 105 min.
Dirección
Jorge Coira Guion Jorge Guerricaechevarría Fotografía Pablo Rosso Música Xavier Font y Elba Fernández Intérpretes Luis Tosar, Alexandra Masangkay, Georgina Amorós, Denis Gómez, Laura Domínguez, María Botto, Miguel Rellán, Aarón Piper Estreno en el Festival de Málaga y en salas comerciales 18 marzo 2022

Jorge Guerricaechevarría, guionista habitual de Daniel Monzón y Álex de la Iglesia, recientemente galardonado con un Goya por el último trabajo del primero, Las leyes de la frontera, urde una complicada y rebuscada trama de intriga en la que los servicios secretos españoles se afanan en maquillar asuntos turbios que puedan perjudicar el ejercicio del poder desde las más altas esferas. El tema desde luego promete, pero se encalla por la cantidad de tramas que propone, el ambiente extremadamente sórdido con el que pretende dar un toque de mayor trascendencia a la empresa, y una dirección a la que la falta de experiencia y pericia añade solo más confusión.

Jorge Coira ha cosechado un considerable éxito con la serie de televisión Hierro, pero allí el dilatado metraje permitía desarrollar los personajes y tramas con más acierto que en esta película a la que le sobran tanto unos como otras. Por si fuera poco, una música supuestamente inquietante se empeña en ilustrar cada fotograma de la película, lo que acaba por resultar cansino. Sus múltiples localizaciones en Madrid, Bilbao, Panamá y Budapest no logran reflotar un batiburrillo en el que surgen varias de las miserias de este país y el resto del mundo conocido, pero de manera tan arquetípica que no logra servir ni como denuncia ni como crítica política o social. Hubiera estado bien que se conformara con ser un thriller clásico, como aquellos títulos de cine negro clásico donde las cloacas del poder desencadenaban los crímenes a resolver, tipo Chinatown. Pero aquí todo es excesivo, acaba resultando pretencioso y la falta de definición de los personajes provoca apatía.

Por si fuera poco, se insiste en utilizar cuestiones tan superadas como la homosexualidad como moneda de cambio para controlar bajo amenaza de escándalo, o se prostituye a jóvenes de forma poco plausible con el fin de lograr objetivos, sin olvidar ese recurrente vicio español de inmiscuirse en los ambientes más sórdidos aunque no sea necesario para el desarrollo de la intriga. Para rematar, echa mano de un romanticismo tan impostado como el resto de la función para justificar la reacción del antihéroe que interpreta Tosar con el habitual gesto doloroso y amargado con el que se empeñan en caracterizar a estos perdedores entregados a su trabajo… sucio.

domingo, 20 de marzo de 2022

INVITACIÓN A LA DANZA

39 Femás. Orquesta Barroca de Sevilla. Rafael Ruibérriz de Torres, flauta travesera. Giovanni Antonini, dirección. Programa: Suites orquestales nº 1 en Do mayor, nº 2 en si menor, nº 3 en Re mayor y nº 4 en Re mayor BWV 1066-1069, de Johann Sebastian Bach. Espacio Turina, sábado 19 de marzo de 2022

Foto: Luis Ollero

Hacia el siglo XVI las danzas y ritmos pretéritos entraron a formar parte del repertorio instrumental que antes las había despreciado. Las danzas más adaptables a los gustos europeos empezaron, a raíz del impulso de Johann Jakob Froberger, a combinarse y desarrollarse a lo largo del siglo siguiente. Bach las cultivó profusamente para teclado, violín y violonchelo, y solo en cuatro puntuales ocasiones para conjunto orquestal, sin una cronología precisa ni intención cíclica, aunque a la hora de catalogarse se decidiera una numeración en serie. Las suites de Bach siguen el modelo netamente francés, especialmente apreciable en sus largas y contundentes oberturas, pero se liberan de la estructura impuesta por Froberger y adoptan otras más libres y creativas. Telemann, contemporáneo suyo, las cultivó con carácter más generoso, y con él llegaron a identificarse más como oberturas que suites más específicas. Se cree que las número 1 y 4 son de su época en Cöthen, y las otras dos de sus años posteriores en Leipzig al frente del Collegium Musicum.

Interpretarlas en su orden numérico fue el ambicioso cometido que abordó anoche la Barroca de Sevilla como primer plato fuerte del Festival de Música Antigua, tras ese sensacional arranque que tuvo lugar a principios de semana de la mano de Jordi Savall y Xavier Díaz-Latorre. Para ello se armaron de una nutridísima formación, hasta veinticinco intérpretes llegamos a contar sobre el escenario. Añadieron además una concertino muy especial, la ibicenca Lina Tur Bonet, que ya está muy familiarizada con la forma de trabajar de la orquesta hispalense, y de un director excepcional, Giovanni Antonini, uno de los nombres de referencia en la interpretación de la música barroca con instrumentos y criterios de la época, que además el próximo miércoles participará de nuevo en el festival, esta vez al frente de su propio conjunto, el mítico Giardino Armonico. Maravilla comprobar cómo cada batuta que alquila la Barroca llega a comprometerse tanto hasta el punto casi de mimetizarse con ella y exhibir una extrema compenetración, no siempre fácil de atisbar en otras formaciones cuando se confían a titulares invitados.

Un conjunto vivaz y unos solistas inspirados

La Barroca evidenció sentirse cómoda en manos de un muy enérgico y vivaz Giovanni Antonini. El director milanés imprimió fuerza y entusiasmo en las complejas oberturas, resueltas con escalas considerablemente ágiles en la familia de la cuerda, y la participación de un continuo como siempre excepcional. El bajo de Mercedes Ruiz, el joven becado Víctor García, el especialmente contundente Ventura Rico y el siempre preciso y colorista Alejandro Casal, lograron dar cuerpo y volumen al contenido íntegro de la propuesta, mientras desde su labor como concertino, Tur Bonet consiguió suma agilidad y locuaz vivacidad en el resto de violines y violas. Así, la alternancia entre los ritmos de puntillo iniciales y los pasajes fugados a base de escalas afrancesadas se resolvió con maestría en la cuatro monumentales oberturas, sobre todo las dos últimas. También majestuosa resultó la Forlana de la primera suite, único ejemplo de esta danza en el catálogo bachiano. Lástima que donde en los pasajes ritmados encontramos tanta vivacidad y fuego, en los más relajados apreciáramos cierta languidez y un estilo desinflado, como sucedió a nuestro juicio en el famosísimo Aria de la suite número tres, sin que Tur Bonet ni Leo Ross acertaran a conmover.

Rafael Ruibérriz
Algo parecido le sucedió también a Rafael Ruibérriz como solista en la Sarabanda de la número dos, dicha de manera flácida y con cierto desencuentro con el resto del conjunto. Afortunadamente no fue la tónica general en una participación henchida de gracia y creatividad, a la que quizás faltó un poco de volumen y proyección, pero que se resolvió de manera magistral con ornamentaciones profusas e inspiradas, muy especialmente en una Badinerie que ya también en anteriores ocasiones apreciamos ha hecho suya. Su domino de la respiración, y la agilidad e indiscutible elegancia de su fraseo, hicieron el resto para lograr una interpretación excelente de esta singular suite. Antes los oboes de Jacobo Díaz y el también becado José Manuel Cuadrado, junto a la impagable aportación de Alberto Grazzi al fagot, lograron que sus partes solistas brillaran en la Suite nº 1, donde también las muy difíciles y traicioneras trompetas consiguieron un trabajo a la altura, todo un dechado de virtud que se repitió en la última suite, ahora con el añadido de Valle González como tercer oboe, demostrando una vez más que esta es una orquesta de gente brillante, entregada y comprometida, pero sobre todo entusiasta.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía