lunes, 16 de mayo de 2022

LA SENSACIONAL VENA CABARETERA DE RUTH ROSIQUE

10º Concierto del XXXII Ciclo de Música de Cámara de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Ruth Rosique, soprano. Óliver Díaz, dirección. Programa: Pierrot Lunaire, Op. 21, de Schoenberg; Tres canciones de Kurt Weill. Espacio Turina, domingo 15 de mayo de 2022


No vamos a engañar a nadie, nos encanta Ruth Rosique. Consideramos sin embargo que todo su potencial, flexibilidad y amplio espectro de actuación no están suficientemente aprovechados en nuestra tierra, donde ha nacido y ha desarrollado gran parte de una carrera que le ha llevado por todo el mundo cosechando merecidos éxitos. La hemos visto y oído enfrentarse a todo tipo de géneros y estilos, siempre con una extraordinaria capacidad de adaptación, dándolo todo de sí y encandilándonos no solo con una voz bien colocada y de hermoso timbre, sino con una gracia escénica de la que no todos ni todas pueden presumir. En solo un año hemos pasado en Sevilla de apenas disfrutar de una página emblemática de la música vocal del pasado siglo como es Pierrot Lunaire de Arnold Schoenberg, a poder hacerlo en dos ocasiones, quedando esta segunda para el justo recuerdo, mientras en la versión que
Gohai Ensemble y Marta Knorr ofrecieron en este mismo Espacio Turina hace justo un año encontramos serios desajustes de estilo y dramatización que dieron al traste con la propuesta. Rosique y un inagotable Óliver Díaz, que con este concierto culminó satisfactoriamente su periplo de una semana junto a la Sinfónica en tres espléndidas citas, acertaron notablemente con su versión de la página, a la que añadieron tres canciones de Kurt Weill que contaron con los arreglos del propio Díaz para adaptarse a la instrumentación convocada para la ocasión.

Como preludio, Rosique atacó Youkali del maestro alemán con un amplio sentido del lirismo y un afortunado toque exótico, haciendo hincapié en un melodismo que no habríamos ya de encontrar en el difícil ciclo con el que Schoenberg puso música a los poemas de Albert Giraud en torno a las conversaciones del payaso italiano y la luna en la que vierte sus miedos, pesadillas, anhelos, traumas y vicios. Un glosario de emociones y caracteres que Rosique supo traducir a la perfección en ligeras pero muy expresivas inflexiones de la voz, con el toque justo de ironía, sarcasmo e ingenio que la página demanda, y un extraordinario y muy disciplinado trabajo de declamación (Sprechstimme) que dio como resultado una versión excitante de la pieza, donde la irreverencia (Madonna) se alternó con lo grotesco (Parodie) y la melancolía (O Alter Duft) de manera ejemplar y significativa, mientras los imprescindibles subtítulos iban arrojando algo de luz sobre esta misteriosa y enigmática obra de arte. Díaz por su parte sacó muy buen provecho de un conjunto instrumental de primera categoría, sobresaliendo el siempre idiomático piano de Tatiana Postnikova, y las muy atinadas intervenciones solistas de Dirk Vanhuyse al violonchelo, además de la responsabilidad a la cuerda de Alexa Farré Brandkamp. Solo cabría reprochar al director asturiano que no hubiera medido mejor las dinámicas y el equilibrio entre la formación y la soprano, con el fin de arroparla más que solaparla en la zona en la que su voz encuentra menos defensas, que suele ser la media, mientras sus agudos siguen siendo rutilantes y llenos de brillo.

El concierto, que la tarde anterior se ofreció como cuarta y última entrega del ciclo ROSS in Camera, terminó con Rosique volviendo al estilo melódico con el que Weill triunfó primero en los cabarets berlineses pre Entartete Musik (Música degenerada), y después en Broadway. De esta singular forma encaró con sutileza y mucha gracia un Nanna’s Lied que luego derivó en perfecto estilo canalla con una depurada versión con tintes operísticos del Mackie Messer que Bobby Darin inmortalizó para la posteridad en el célebre Mack el navaja.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 13 de mayo de 2022

SOLO ELLA ES YA UN GRAN ESPECTÁCULO

3er Concierto del Ciclo Noches del Lope de la Temporada nº 31 de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Leonor Bonilla, soprano. Óliver Díaz, director. Programa: Obras de Ramón Carnicer, Manuel García, Gerónimo Giménez, Federico Moreno Torroba, Wolfgang Amadeus Mozart, Jules Massenet y Léo Delibes. Teatro Lope de Vega, jueves 12 de mayo de 2022


Desde que se hiciera con el primer puesto en el Certamen Nuevas Voces Ciudad de Sevilla, la paisana Leonor Bonilla se ha ido haciendo fuerte no solo en nuestro país sino con una carrera ya internacional que ha ido afianzando su peso en la profesión. Un camino que entre nosotros se ha ido consolidando en el Teatro de la Maestranza y el Espacio Turina, junto a la Sinfónica en óperas como Lucia di Lammermoor, El elixir de amor y más recientemente Capuletos y Montescos, con la Barroca en su último concierto de Navidad, y en galas como la que presentó Pedro Halffter junto a la Orquesta Nacional de España en un ya lejano 2016, o la que celebró el treinta aniversario del coliseo junto a figuras como Ainhoa Arteta o José Bros, así como la que reabrió el Maestranza tras la pandemia en julio del 2020. Han sido peldaños en los que hemos ido descubriendo cómo su talento, su esfuerzo y dedicación, y sobre todo la madurez de su voz han ido cosechando triunfos y confianza, hasta alcanzar cumbres tan indiscutibles como la que nos brindó ayer en el Lope de Vega en su primer concierto en solitario junto a la ROSS.

Podría decirse que el de ayer fue un concierto diseñado a imagen y semejanza de los que antes saludaban la Feria de Abril, justo antes de que de la otra Maestranza comenzara el precioso desfile de carruajes, el domingo que antes preludiaba la fiesta sevillana. En el programa, maestros patrios y extranjeros celebraron la gracia de nuestra tierra, desde Mozart y las aventuras de Fígaro a la zarzuela que Gerónimo Giménez dedicó a uno de nuestros monumentos más emblemáticos, pasando por el concepto que de una sevillanas tenía Massenet o el dominio del bel canto que llegó a cosechar el tenor sevillano Manuel García. Todos fueron invocados en este particular concierto en el que luciendo de nuevo el que parece ser su color favorito, un rojo apasionado y seductor, cautivó al público con una voz extraordinaria, profunda y perfectamente colocada y timbrada, sedosa y rutilante a la vez, tan precisa y llena de confianza que es capaz de las más elaboradas ornamentaciones y control de la coloratura sin llegar a resultar en ningún caso ni estridente ni exagerada. Y lo que es mejor, con esa capacidad para conectar y enganchar al público que es exclusiva de los grandes artistas. Ella constituye por sí sola un gran espectáculo.

Músicas con olor a jazmín

Estos días se está confirmando aquello de que en Sevilla no existe primavera, que pasamos de repente y casi siempre sin previo aviso al rigor del calor veraniego, y sin embargo seguimos mitificando esa supuesta primavera sevillana como un fenómeno no solo atmosférico sino cultural. Así lo demuestra el programa de este último concierto de la temporada de la ROSS en el Lope de Vega, marcado por el aroma a jazmín que tanto caracteriza esa ficticia primavera, y así lo demostró Bonilla en sus interpretaciones de Manuel García, con un aria y cavatina de Don Quijote, sobre agudo incluido, que en la propina convirtió hábilmente en seguidilla con solo la incorporación de unas idiomáticas castañuelas tocadas por ella misma con el mismo arte que tilda su canto. Una gracia y un desparpajo que lució también en la famosa romanza Me llaman la primorosa de El barbero de Sevilla de Giménez, rebelde mantón incluido, o portando abanico en la habanera de la zarzuela de Moreno Torroba Monte Carmelo. El mismo encanto y generosa proyección, pero ya con otro estilo, que destiló con la aludida Sevillana de la ópera rara, como aquel sello que recuperaba títulos poco divulgados del teatro lírico, Don César de Bazán, y la encantadora Canción española de Las hijas de Cádiz de Delibes.


Decíamos a propósito del concierto de la ROSS Joven del pasado lunes que esta era una semana muy comprometida y fatigosa para el director asturiano Óliver Díaz, que el próximo sábado y domingo acompañará a la orquesta en formación camerística y a nuestra querida Ruth Rosique en una interpretación de Pierrot Lunaire de Schoenberg. Y de nuevo demostró anoche que es un nombre solvente y muy a tener en cuenta, logrando en todo momento interpretaciones muy en estilo, vivaces y entregadas de la Sinfónica en piezas como la rossiniana obertura de El barbero de Sevilla de Ramón Carnicer, el majestuoso y variopinto preludio de La torre del oro y la enérgica obertura de Las bodas de Fígaro mozartiana, como adelanto de la nueva temporada del Maestranza conocida apenas unas horas antes. Pero sobre todo Díaz demostró un respeto y una compenetración extraordinarias con quien protagonizaba la cita, la cada vez más imprescindible Leonor Bonilla, tan joven y llena de talento.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 12 de mayo de 2022

RED ROCKET Simpático caradura

USA 2021 130 min.
Dirección
Sean Baker Guion Sean Baker y Chris Bergoch Fotografía Drew Daniels Intérpretes Simon Rex, Bree Elrod, Suzanna Son, Brenda Deiss, Ethan Darbone, Judy Hill, Marlon Lambert, Brittney Rodriguez, Shih-Ching Tsou Estreno en el Festival de Cannes 14 julio 2021; en Estados Unidos 3 diciembre 2021; en España 6 mayo 2022 


Aunque activo desde principios de siglo, Sean Baker no ha empezado a conocer la gloria entre los circuitos más cinéfilos y comprometidos hasta hace unos años, con Tangerine y especialmente la muy reveladora The Florida Project como principales logros. El éxito en festivales y los circuitos aludidos le llevaron inmediatamente a ser tildado como el nuevo cronista de la América de las oportunidades robadas o perdidas, la que los políticos pretenden salvar con sus proclamas y promesas, pero no hacen sino hundirla cada vez en una mayor miseria. Claro que esto ni muchísimo menos es monopolio del país trasatlántico, de hecho este mundo de subsidios, dolce far niente, trabajos al margen de la ley, timadores y buscavidas se parece asombrosamente a nuestro país, y mucho nos tememos que también al resto de nuestro entorno. Habría que trasladarse a esos países nórdicos que parecen guardar el secreto del eterno bienestar y los grandes logros en educación, cultura, civismo y comercio, para evadirnos de todo este pesar y mediocridad al que nos hemos acostumbrado.

En este entorno Baker nos cuenta la historia de un caradura muy simpático, embaucador y seductor al que da vida con tanta convicción como sentido del humor el actor Simon Rex, desde antaño anclado en personajes secundarios en sagas como Scary Movie y otras veleidades cinematográficas. Curiosamente parece ser que su carrera empezó en el porno, como el personaje al que da vida, aunque este haya vivido más directamente y exitosamente del negocio y sea ahora, en el declive de su talento, cuando de vuelta a donde creció en el condado de Galveston, Texas, y más específicamente a la casa de su esposa y suegra, a las que hace tempo abandonó, intente reflotar ahora como productor su carrera, valiéndose para ello de nuevos contactos, algunos en forma de subyugante Lolita.

Cabe plantearse esta jovial película desde un punto de vista político, interpretando las intervenciones de Trump o Clinton en la televisión como esa tierra prometida que nunca emerge, o como simple comedia ocurrente y divertida en la que este personaje sin escrúpulos está tan bien interpretado y dirigido que a pesar de concitar nuestras simpatías, nunca llegamos a empatizar con él como para preocuparnos cuál pueda ser su suerte. Mención merecen también sus numerosos personaje secundarios, todos perfectamente diseñados y concebidos para recrear ese paisaje humano que tan bien se desenvuelve en ese otro paisaje rural en el que viven, jalonado de centrales eléctricas, pozos de petróleo, pastelerías llenas de indigesta bollería, y patios traseros tan apropiados para la relajación como para el negocio sucio.

miércoles, 11 de mayo de 2022

LA DRAMÁTICA SOLEDAD DE CARLOS MENA

La soledad del héroe. Carlos Mena, contratenor y dirección. Lucía Astigarraga, dirección escénica. Capilla Santa María: Lorea Aranzasti, violín; Lixsania Fernández, viola de gamba; Daniel Zapico, tiorba; Alejandro Casal, clave y órgano; Pedro Estevan, percusión. Programa: Música española e italiana del siglo XVII (obras de Mazzocchi, Gagliano, Sanz, Monteverdi, Cesti, Guerau, Hidalgo, Santa Cruz, Ferrari, Durón y Martín i Coll). Teatro de la Maestranza, martes 10 de mayo de 2022


No sería mucha la afición que acudió ayer tarde al Maestranza sabiendo a lo que se enfrentaba, acostumbrada a disfrutar del contratenor Carlos Mena en recitales convencionales, a pesar de que desde las páginas del teatro se anunciaba cierta dramatización escénica del programa propuesto. El desconcierto que debió provocar encontrarse con semejante proyecto semi teatralizado, con un Mena completamente expuesto en cuerpo y alma a una reproducción de los fantasmas del alma cuando la soledad y la melancolía atizan, no fue sin embargo impedimento para dejarse arrastrar por la belleza de las piezas seleccionadas y la subyugante interpretación que de ellas hicieron la voz y el distinguido conjunto instrumental convocado al efecto. Quizás sirviera como celebración del nacimiento de la ópera en esa transición del Renacimiento al Barroco de la que fue protagonista el siglo XVII, con exponentes como Claudio Monteverdi como creador universal y Juan Hidalgo, doméstico.

El resultado fue un drama musical en toda regla perjudicado por una narrativa confusa a la que el público nos fue prácticamente imposible acceder debido a la falta de textos impresos que relacionasen aunque fuera mínimamente las piezas seleccionadas con el movimiento escénico al que fue sometido el artista vasco. Quizás haberlos incluidos en el programa de mano publicado en la web del Maestranza, o mucho mejor haberlos proyectado sobre la pantalla de subtitulado, hubiera solucionado al menos parcialmente esta imperdonable laguna. Así las cosas, lo que parecía desarrollarse sobre el escenario es una suerte de La voz humana de Cocteau adaptado al hombre, víctima también de la soledad y el desengaño supuestamente amoroso, que se pasea, arrastra y hasta retuerce por el escenario mientras parece esperar algún remedio a su tristeza, quizás en forma de llamada telefónica. Lamentamos que la soledad se asocie siempre a esas connotaciones negativas, cuando tantas veces puede ser un remedio perfecto ante la miseria y mediocridad que a menudo nos rodea.

Ceremonia de la soledad

Asistimos así a una ceremonia laica en la que el protagonista pasa de la ducha a oscuras entonando a capella el soneto de Domenico Mazzocchi Amar a Dios por Dios, para acto después quitarse el albornoz, quedarse desnudo por un segundo mientras se calza muy nerviosa y rápidamente los calzoncillos que le acompañan prácticamente durante toda la función, hasta que al final acaba vistiéndose y mostrándose como estamos acostumbrados a verlo. Este ceremonial supone emborronar el carácter elegante y delicado de la propuesta con un efecto grotesco innecesario que no ayuda a deleitarse como merece con el contenido musical en toda su belleza y amplitud.

No cabe duda de que el trabajo de Carlos Mena en todo este proceso es extenuante, sometido a una presión y a un esfuerzo que merece todos los elogios, sin que su línea de canto se resienta por ello. Ya sea arrastrándose, de espaldas, en las posiciones menos convencionales, la proyección de su voz no decae, su tono permanece inmune y su registro milagrosamente homogéneo y perfectamente equilibrado, lo que unido a la belleza de su timbre no hace sino convencernos del talento de quien es el mejor contratenor español y uno de los más serios y comprometidos del panorama internacional. De esta forma llegó a conmovernos con páginas tan espirituales como las cantatas Era la notte de Antonio Cesti y Queste pungenti spine de Benedetto Ferrari, con las que alcanzó a lucir ornamentaciones y colores muy elaborados, siempre con la complicidad de un conjunto instrumental instalado en la suavidad del sonido, la delicadeza de los timbres y la discreción del acompañamiento, entre los que cabe destacar la elegante y contenida percusión de Pedro Estevan, la siempre ejemplar solvencia de Alejandro Casal al teclado y sobre todo el dulce y sobrecogedor fraseo de Lorea Aranzasti al violín, sin menospreciar la magnífica contribución al continuo de Daniel Zapico en la cuerda pulsada y Lixsana Fernández en la viola de gamba.

Foto: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 10 de mayo de 2022

DEBUT CON PEDIGRÍ DE LA ROSS JOVEN

Proyecto Orquesta ROSS Joven. Óliver Díaz, dirección. Programa: Finlandia Op. 26, de Sibelius; Suite nº 1 de Peer Gynt Op. 46, de Grieg; Marte y Júpiter, de Los Planetas Op. 32, de Holst. Teatro de la Maestranza, lunes 9 de mayo de 2022


Podríamos considerar que existen en Sevilla y su entorno numerosas formaciones jóvenes de las que echar mano a la hora de renovar las plantillas de los conjuntos oficiales y más asentados. La Conjunta, la OJA, las orquestas de Bormujos y el Aljarafe, o incluso la más estandarizada Bética de Cámara podrían constituir plataformas ideales para saltar a las más icónicas de la ciudad, la Barroca y la Sinfónica. Sin embargo nunca es suficiente cuando de talento, especialmente el joven, se trata, y nunca serán bastantes las formaciones que sirvan para que los más aplicados y aplicadas estudiantes vayan acumulando aprendizaje y experiencia. Además, una formación que esté directamente controlada y tutelada por los propios maestros y maestras de la ROSS, asegura también que se perpetúe el modelo y su estética, procurando en la medida de lo posible que la excelencia acumulada a lo largo de estos años encuentre su debido legado y sigamos en un futuro próximo disfrutando de una orquesta solvente y digna.

La sesión de estreno de la Orquesta Joven de la Sinfónica de Sevilla tuvo ayer un marcado carácter humanista, por las connotaciones del proyecto y el evento en sí, y por las piezas programadas para la ocasión. No parece mera casualidad que el concierto arrancara con el poema sinfónico que Sibelius compuso justo al iniciarse el siglo XX para levantar los ánimos de una nación herida por la prepotencia imperialista que Rusia ejercía por aquel entonces sobre buena parte de la zona Báltica. Vivimos ahora una tesitura parecida, aunque más agresiva y dentro de una coyuntura global que la hace más inexplicable. Esta primera aparición en público de la orquesta tuvo a Óliver Díaz como maestro de ceremonias, que con este concierto inició una semana de trabajo duro e intensivo frente a la Sinfónica, con citas el próximo jueves en el Lope de Vega junto a la soprano Leonor Bonilla, y el sábado y el domingo en el espacio Turina con Ruth Rosique entonando a Schoenberg y Weill. Finlandia sonó en manos de Óliver y la ROSS Joven con un punto metálico excesivo, algunas entradas erráticas y metales poderosos solo puntualmente destemplados. Pero en general fue una interpretación más que correcta, dentro de lo esperable tratándose de una primera actuación en público, en la que se supo distinguir entre sus partes más fulgurantes y las más íntimas con pericia y profesionalidad.

Con un trabajo arduo y responsable por parte de los numerosos conservatorios de donde proviene el alumnado seleccionado para la ocasión, y un considerable número de horas de ensayo a las espaldas, nuestros más jóvenes intérpretes resolvieron de forma moderadamente aceptable la Suite nº 1 de Peer Gynt de Grieg, quizás algo morosa en La muerte de Ase, y un poco desequilibrada en La danza de Anitra, donde Díaz hizo hincapié en unos difíciles pianissimi que la cuerda abordó con mucha pericia y contención. Con La gruta del rey de la montaña la orquesta sonó equilibrada, sin los consabidos desajustes a los que son tan proclives estas páginas exacerbadas. No deja de sorprender que fuera con las dos piezas seleccionadas de Los planetas de Holst con las que el conjunto encontrara su momento más esplendoroso. La obra es muy compleja y requiere unos recursos sólidos y muy bien manipulados, que en Marte dieron como resultado una inusitada energía y absoluta habilidad para conjugar fuerzas, y en Júpiter una considerable alegría y un sentido de la majestuosidad muy bien desarrollado. Lo que empezó curando heridas, acabó reflexionando sobre nuestra propia alma, con estas piezas que aunque ofrecidas parcialmente conjuran nuestro ánimo y naturaleza, repasando el ciclo vital desde la juventud a la madurez. Los maestros y maestras de la ROSS pueden sentirse orgullosas y confiar en un futuro digno. Entroncando directamente con los aires marciales de Holst, el conjunto ofreció como festiva propina la Marcha Imperial de El imperio contraataca, del maestro Williams.

Foto: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 9 de mayo de 2022

DOCTOR STRANGE EN EL MULTIVERSO DE LA LOCURA Magisterio técnico y artístico para una propuesta muy trillada

Título original: Doctor Strange in the Multiverse of Madness
USA 2021 126 min.
Dirección
Sam Raimi Guion Michael Waldron, según el cómic de Steve Dikto y Stan Lee Fotografía John Mathieson Música Danny Elfman Intérpretes Benedict Cumberbatch, Elizabeth Olsen, Rachel McAdams, Xochitl Gomez, Chiwetel Ejiofor, Benedict Wong, Michael Stuhlbarg, Sheila Atim, Adam Hugill, Ako Mitchell Estreno en Estados Unidos y España 6 mayo 2022

El universo Marvel continúa su expansión sin freno, tanto como esos múltiples universos o multiverso que han inventado para justificar todo tipo de situaciones y circunstancias por disparatadas que sean, y de paso resucitar tantas veces como se quiera personajes que creíamos ingenuamente se habían ido quedando en el camino. El uso más significativo hasta el momento de este peregrino recurso lo encontramos hace apenas unos meses en la última aventura de Spiderman, con apariciones estelares de todos los hombres arañas más icónicos que han surcado la gran pantalla en las últimas décadas, incluido Tobey Maguire, que inició la saga a principios de siglo de la mano de Sam Raimi, aunque todavía sin el apadrinamiento directo de los Estudios Marvel nacidos a la sombra de esos primeros éxitos con la intención de controlar todo el proceso técnico y artístico de cuantas entregas fueran a producir en lo venidero, y que se acercan ya a la treintena, sin contar series de televisión y otras plataformas digitales.

Precisamente todos esos universos mediáticos paralelos son los que los y las fans más aplicadas de la marca deben dominar para entender cada giro argumental y cada relación de los personajes que aparecen en pantalla. Raimi, que se dio a conocer con otra saga muy distinta, la de Posesión infernal, hizo su primera incursión en el cine de superhéroes con Darkman, para después intentar no encorsetarse en un género concreto, con películas como Rápida y mortal, Un plan sencillo, Entre el amor y el juego y Premonición, antes de embarcarse en el proyecto Spiderman con tres películas, después de las cuales regresó a su estilo más icónico con Arrástrame al inferno y continuó por la senda de la fantasía aparatosa con Oz, un mundo de fantasía. Varas incursiones en el corto y la televisión preceden a esta espectacular nueva entrega de las barroquísimas aventuras del Doctor Strange en la piel de Benedict Cumberbatch. Con el personaje el reputado actor se asegura una vejez dichosa, mientras Raimi consigue dentro de la apabullante saturación de efectos visuales marcar su propio terreno y devolvernos el espíritu de ese Arrástrame al inferno con la que aparcó su mundo particular. Claro que guion y recursos mandan y no es posible que Raimi mantenga su propio estilo en toda su extensión, pero eso no quita para que aplaudamos el ingente esfuerzo de los y las numerosísimas técnicas que hacen gala de tanta creatividad artística y tecnológica a la hora de llenar la pantalla de imágenes, color y experiencias vertiginosas.

Esta vez en vez del villano habitual, se echa mano de una villana de lo más convencional, la sempiterna y socorrida bruja, claro que su extrema maldad viene provocada y hasta justificada por su instinto maternal, lo que le lleva a desear poder viajar por todos esos universos paralelos donde quizás poder saciarlo. Se trata de Wanda o La bruja escarlata, que tuvo su propia serie de televisión no hace mucho, mientras por ahí asoman otros personajes de la saga y uno nuevo, una adolescente que tiene la llave del peregrinaje por esos mundos distópicos. Con estos ingredientes solo cabe dejarse llevar por la catarata de ruidos y visiones que propone, sin pedirle mucho a cambio. Quienes no comulgamos con el género no llegaremos ni de lejos a interesarnos por sus descabelladas propuestas, aunque valoremos sus elaborados ingredientes, como la banda sonora de Danny Elfman, teñida inteligente y hábilmente de citas clásicas y populares.

jueves, 5 de mayo de 2022

EL SECRETO DE VICKY Un cariño terapéutico

Título original: Mystère
Francia 2021 84 min.
Dirección
Denis Imbert Guion Denis Imbert, Matthieu Oullion y Stéphane Vasseur Fotografía Fabrizio Fontemaggi Música Armand Amar Intérpretes Vincent Elbaz, Shanna Keil, Marie Gilain, Eric Elmosnino, Tchéky Karyo, Vincent Déniard Estreno en el Festival de Sevilla 6 noviembre 2021; en Francia 15 diciembre 2021; en España 29 abril 2022


Si no fuera porque está basada en un hecho real, diríamos que esta pequeña y entrañable película se parece mucho a E.T.. Su estructura, presentación, desarrollo y desenlace es prácticamente el mismo, solo que la criatura venida del espacio es sustituida por un lobito, igual de peligroso para los adultos no concienciados con el cariño que le profesa su pequeña protagonista, que lo era el carismático personaje de la película de Spielberg para científicos y autoridades empeñadas en estudiarlo hasta poner en peligro su integridad física.

Aquí la niña sufre un trastorno como consecuencia de la muerte de su madre, del que solo en compañía de su curiosa y juguetona mascota sabrá salir. Su director se esmera en dar al conjunto un aspecto de fábula combinada con drama y un poco de comedia que sirve perfectamente a sus cometidos, a la vez que nos permite disfrutar de unos hermosísimos paisajes, delicadamente potenciados con la música del veterano Armand Amar, y sin caer en el empalago ni el exceso a la hora de retratar esta bonita amistad teñida de mensaje ecológico y de sumo respeto a los animales, especialmente los que viven en libertad.

Su título original obedece al nombre del animal, mientras a la niña siempre la llaman por su nombre completo, Victoria, y no por el diminutivo del título español e internacional, lo que a su vez emparenta involuntaria e inconvenientemente esta con la anterior cinta de su realizador, llamada simplemente Vicky. Un mes antes de su estreno oficial pudimos verla en la sección Cine en familia del Festival de Sevilla.